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lunes, 6 de junio de 2016

#hemeroteca #mujeres #deportes | Duras como la piedra

Imagen: El País / Udane Ostoloza
Duras como la piedra.
Idoia Etxeberria, récord del mundo al levantar una mole de 163,4 kilos, lucha para que este deporte no sea algo exclusivo de los hombres.
Mikel Ormazabal | El País, 2016-06-06
http://politica.elpais.com/politica/2016/05/31/actualidad/1464727460_860073.html

De todas las disciplinas del deporte rural vasco, todas de una alta exigencia física, Idoia Etxeberria ha elegido la más dura: el levantamiento de piedras. Piedras de más de 100 kilos de peso que ella maneja con una habilidad y un poderío asombrosos, algo que está al alcance de muy pocas personas. Acaba de batir un récord del mundo al colocarse sobre el hombro una mole de 163,4 kilos. Esta joven de 23 años, natural de Orio (Gipuzkoa), se ha quedado sin contrincantes que quieran hacerle sombra en los campeonatos, pero ella se resiste a que este deporte vuelva a ser, como sucedió durante todo el siglo pasado, algo exclusivo de los hombres. En las escuelas de harrijasotzailes (levantadoras de piedra, en euskera) escasean las chicas y eso dificulta su tarea de formar a futuras campeonas.

“Yo estoy deseando que se animen más chicas. Es verdad que es un deporte muy duro, pero a la vez te da muchas satisfacciones y recibes el apoyo de los aficionados. Yo me siento muy mimada por el público”, comenta Etxeberria, quien antes de cumplir los 18 años ya levantaba 140 kilos y ha sido campeona de Euskadi en 2010 y 2014.

Etxeberria jugaba al fútbol de pequeña en un pueblo donde todos los niños quieren ser remeros. Ella también tiene antepasados (los Oliden) que marcaron una época dorada con la trainera de Orio, pero en una ocasión, con 15 años, se fijó en una chica que levantaba una piedra de 50 kilos durante una exhibición de deporte rural. “Yo también quiero probar eso”, le dijo de repente a su padre. “Unos días después me puse el chaleco y la faja y comencé a probar con un tronco de 35 kilos. Me gustó desde el primer día”, recuerda.

Aquellos pinitos con la piedra, que hacía muy a pesar de su madre y de algunos comentarios poco estimulantes —”estás loca”, “eso no es para las chicas”, le decían—, dieron paso a una carrera meteórica. Había entonces dos levantadoras, la judoca María José Sardón y Miren Urkiola, que competían por ser la más fuerte, hasta que llegó Etxeberria y les destronó de un plumazo: “Yo no pensaba que aquello iba a ser posible. Parecían inalcanzables”.

La campeona no ha dejado de ganar títulos, el último hace dos años frente a Estitxu Almandoz, que como las anteriores ha renunciado a los torneos oficiales y ahora solo realiza exhibiciones. “Me he quedado sola, y es una pena porque los campeonatos tienen un sabor especial. Lo más bonito es medir tus fuerzas con una rival”, explica esta fortachona de 1,70 de estatura y 87 kilos de peso, aún hoy invicta. Ese espíritu competitivo ha sido siempre la esencia del deporte rural vasco o ‘herri kirolak’. El desafío y la apuesta eran, en origen, la forma que los vascos empleaban para demostrar que eran más fuertes que el del caserío de enfrente, así fuese en el corte de troncos (‘aizkolaris’), el arrastre con bueyes, la siega de hierba (‘segalaris’) o el lanzamiento de fardos.

En una modalidad que históricamente solo han practicado los hombres, la primera referencia que se tiene de una 'harrijasotzaile' es una fotografía tomada en enero de 1935 en la que aparece Dámasa Agirregabiria, vestida de calle, con una cilíndrica de ocho arrobas (casi 100 kilos) sobre su hombro. Muchos años después, a comienzos de este siglo, surgieron las figuras de Urkiola y Sardón, hasta que poco después se intercalaron Etxeberria y Almandoz.

La técnica no tiene ningún misterio, aunque sí mucha dificultad. La piedra tiene que pasar del suelo a los muslos, de ahí hay que subirla hasta el pecho y, por último, darle un fuerte impulso para apoyarla sobre el hombro. Dicho así, parece sencillo. Miguel Saralegi tiene la mejor marca desde 2001, cuando levantó una mole de 329 kilos, y el carismático Iñaki Perurena -regenta un museo de la piedra en su Leitza natal- ha sido el único en alzar 1.000 veces una de 100 kilos en cinco horas y cuatro minutos de esfuerzo ininterrumpido.

En las escuelas que dirigen Joseba Ostolaza, en Orio, y José Ramón Iruretagoiena ‘Izeta II’, en Zarautz, no quieren llegar a tanto. Se afanan por mantener viva la llama, descubrir nuevas figuras y también tratan de que el levantamiento de piedra femenino no desaparezca. Jakes Iruretagoiena tiene siete años, es nieto de Izeta II, y con solo tres ya coqueteaba con las piedras. “Todo comienza como un juego y una forma de practicar deporte, sin ningún ánimo competitivo”, explica Ostolaza, siete veces campeón de Euskadi en 30 años de dedicación y preparador de Etxeberria. Su hija Udane, de 10 años, es una de sus alumnas, capaz de alzar la cúbica y la esférica de 20 kilos. “También juego a balonmano, pero me gusta ir con mi ‘aita’ a los pueblos a hacer exhibiciones con la piedra”, dice con timidez.

La presencia de las mujeres en los espectáculos que se organizan para amenizar las fiestas locales es cada vez más reclamada: “Son un buen atractivo para la gente, lo que pasa es que no hay muchas chicas dispuestas”, comenta Ostolaza. Cuenta la anécdota de que algunos aficionados se acercan a las piedras que levantan las mujeres y comentan desconfiados que pesan menos que las de los hombres, aunque en realidad, les responde él, “las de 100 kilos son iguales para ellos y para ellas”. De gira popularizando este deporte, han hecho en mayo un bolo en Málaga, en junio actuarán en Sevilla y después, del 29 de junio al 10 de julio, intervendrán en el Smithsonian Folklife Festival de Washington, adonde acudirá Idoia Etxeberria con las piedras que no puede levantar ninguna otra mujer del mundo.

domingo, 12 de julio de 2015

#hemeroteca #mujeres #deportes | Mujeres y herri kirolak, cuando no hay con quien competir

Imagen: El Diario
Mujeres y herri kirolak, cuando no hay con quien competir
En algunas modalidades de deporte rural vasco la falta de mujeres imposibilita la celebración de campeonatos, con lo que la única manera de practicarlo es en exhibiciones. “En herri kirolak a las chicas nos tratan mejor que en otros deportes porque nos necesitan”, dice la segalari Irati Astondoa. “Te tiene que gustar muchísimo porque requiere mucha dedicación”, reconoce Alazne Etxaburua, que tras aficionarse a la sega está aprendiendo a manejar la aizkora.
Patricia Burgo Muñoz | El Diario, 2015-07-12
http://www.eldiario.es/norte/euskadi/Mujeres-herri-kirolak-competir_0_402110271.html

El deporte rural vasco es duro, sacrificado y necesita de mucha dedicación para conseguir buenos resultados. El problema llega cuando después de tanto esfuerzo y entrenamiento no hay posibilidad de demostrar la capacidad en un campeonato. Y ese problema se lo encuentran a menudo las mujeres que han elegido alguna de las disciplinas de herri kirolak en las que no es habitual su participación.

El levantamiento de piedra o la siega son dos de las modalidades en las que menos chicas participan por lo que lo más normal es que la participación, por ejemplo de las haizkolaris y segalaris, quede relegada a exhibiciones.

Irati Astondoa y Alazne Etxaburua son dos de las mujeres que han dado el paso de participar en un deporte tradicionalmente ocupado por hombres, ayudando a revertir así una dinámica que ha ido cambiando desde la década de los 80. En este sentido la ‘Guía para la enseñanza de herri kirolak’, editada en 2009 por el departamento de cultura del Gobierno vasco señala que “durante siglos la mujer ha tenido que compartir las labores de agro con las labores domésticas, y apenas les quedaba tiempo para el ocio. La mayoría se quedaba en casa y estaba mal visto que acudiera a las pruebas de herri kirolak”.

Pero los tiempos han cambiado, ni las mujeres quieren quedarse en casa, ni los hombres quieren impedir su participación en este deporte tradicional. “A las chicas nos tratan mejor en herri kirolak que en otros deportes porque nos necesitan”, dice convencida la segalari Irati Astondoa, que niega cualquier tipo de discriminación. Su compañera Alazne Etxaburua es de la misma opinión, “los chicos nos valoran mogollón, nos apoyan y nos enseñan”, repite.

La historia de estas dos mujeres con la siega es totalmente diferente. Mientras Irati Astondoa lo ha vivido desde pequeña en su pueblo, Zeanuri, -su padre Pabi Astondoa es una leyenda de la siega-, Alazne Etxaburua, se ha enfrentado a este reto desde cero, “yo no sabía ni cómo se cogía la guadaña, pero probé cogí el gusto”, dice después de cinco años entrenando.

Campeonatos con dos participantes
Desde que se iniciaron en herri kirolak, el objetivo de ambas es aprender y superarse, pero la falta de contrincantes impide que puedan probar nuevos retos. “Casi siempre competimos la una contra la otra, ya nos tenemos la medida cogida”, dice Astondoa, que echa de menos más participación femenina en algunas modalidades de herri kirolak.

Así como en sokatira el número de deportistas permite la celebración regular de campeonatos, en otras disciplinas la Federación ha tenido incluso que cambiar el reglamento en alguna ocasión para celebrar algún campeonato. “La harrijasotzaile Idoia Etxebarria no tiene contrincantes”, pone como ejemplo Astondoa, “es verdad que si no hay nadie más te llaman siempre a ti para las exhibiciones, pero la ilusión de todo deportista es superarse, y si no tienes con quién competir”, reflexiona. También en esto Etxaburua está de acuerdo, “para celebrar un campeonato se necesitan como mínimo tres participantes, y en una ocasión la Federación llegó permitir que con solo dos participantes se celebrara un campeonato”, explica.

“Este deporte te tiene que gustar muchísimo, requiere mucha dedicación”, reconoce Etxaburua, que ve en esto una razón para que las chicas no den el paso. “El material supone mucho gasto”, añade Astondoa que aclara que “no se saca dinero” con la siega. Todos estos obstáculos no impiden que ambas continúen con una dedicación absoluta a este deporte.

Primera apuesta entre dos mujeres
Su inquietud, por ejemplo, les ha llevado a ser las primeras mujeres que han protagonizado una apuesta en la que combinaron su disciplina, la siega, con otra que nunca habían practicado, la aizkora (hacha). “No hay precedentes de ninguna apuesta individual entre dos mujeres”, aclara Astondoa. El desafío se celebró el pasado mes de junio en la localidad guipuzcoana de Zizurkil y consistía en cortar cuatro troncos y conseguir más kilos de hierba en una hora. Aunque la apuesta se la llevó Alazne Etxaburua, ambas están satisfechas porque consiguieron crear expectación, llegar a los medios de comunicación y visibilizar la participación de la mujer en este deporte.