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jueves, 22 de julio de 2021

#hemeroteca #queer #inmemorian | El ideal Rampova (1956-2021), o la libertad tenía un precio

Google Imágenes / Rampova //
El ideal Rampova (1956-2021), o la libertad tenía un precio.

Alberto Mira | InfoLibre, 2021-07-22


Anastasia Rampova nos ha dejado, y aunque muchos no lo sepan, se va con ella una parte lúcida, irreverente, esperanzadora, de nuestra historia cultural. El nombre no será familiar a muchos lectores fuera de Valencia. Incluso allí, su leyenda perdura hoy especialmente entre quienes vivimos los ochenta. No sería del todo exacto decir que ha sido olvidada. Fue ignorada con descaro por aquellos que no querían que existiera alguien como ella, y en Valencia esa gente estuvo gobernando mucho tiempo. Pero incluso en años recientes, su presencia en exposiciones, y en diversos homenajes ha sido bastante notable.

En el recorrido por la contracultura valenciana que presentó el IVAM el año pasado, propuse la mirada rampoviana como quintaesencia de los años más interesantes de la vida cultural y estética de la ciudad. Existe una exposición permanente de su trabajo en La Errería, en Xátiva, curada por Graham Bell Tornado, y su legado ha sido protegido, archivado y cuidado con cariño y dedicación por Santi Gregori y por Juan Barba. Sus memorias, fragmentarias y destelleantes, fueron recogidas en el volumen ‘Kabaret Ploma 2. Socialicemos las lentejuelas’, publicadas por Imperdible, complementadas por lúcidos ensayos de especialistas como Juan Vicente Aliaga y Lourdes Santamaría, y sin duda perdurarán como la mejor introducción a su mundo, así como uno de los ejemplos indispensables de autobiografía ‘queer’ en nuestro país. Con todo, es quizá prueba del carácter radicalmente inasimilable de Rampova el hecho de que las instituciones no han sabido muy bien qué hacer con ella, darle un significado que la convirtiera en parte esencial de un nosotros, un nosotros ‘queer’, un nosotros valenciano, un nosotros español, alternativo a los mitos predominantes, tan necesario.

En realidad, Rampova representa, mucho mejor que otros personajes, lo mejor de una personalidad desbordante, mediterránea, poco productiva, caótica, que la gente de orden ha ninguneado. Y no digo que no tengan sus razones: puestos junto a Rampova, muchos de los próceres culturales de la época parecen desavahídos, algo anodinos, un poco lo de siempre, como a punto de disolverse.

Quería proponer un lugar para Rampova en nuestra historia y por ello no puedo permitirme hacer justicia a su obra. Baste decir que incluye cómic, música, ilustración, radio, poesía, diseño y ‘performance’ (la idea de la vida como cabaret radical está en el centro de toda su trayectoria). Tomada en su conjunto, constituye una propuesta esencialmente moderna. Fue un talento heterodoxo y oceánico, que supo crear desde los márgenes del sistema, que nunca perdió la capacidad de expresarse de maneras brillantes y provocadoras, que surgió de un entorno improbable y que lo hizo todo con casi nada. Sus materiales eran el papel, los rotuladores, los tejidos, su voz, su gestualidad, todo su cuerpo, y, sobre todo una inteligencia que supo asimilar y articular materiales que iban de Marlene Dietrich a David Bowie, de Joe Dallesandro a Kurt Weill. Algunos han sabido ver a William Blake y a Andy Warhol en su estética. No sé si para muchos todo esto podrá considerarse como ‘arte’, pero estoy seguro que toda reserva parte de una noción que reduce la práctica artística a sus aspectos más institucionales. De lo que no cabe duda alguna es que si su obra no es arte, tiene algo que va más allá y simplemente muestra las carencias de la práctica artística ortodoxa. En realidad, Rampova transformaba en expresión todo lo que encontraba, incluida su experiencia, a veces amarga, descorazonadora, pero nunca hasta el extremo de apagar su fuego. Resulta especialmente conocida como uno de los miembros fundadores de Ploma 2, que hizo ‘performance’ ‘queer’ radical mucho antes de que en las universidades estadounidenses se empezase a hablar del tema, y quizá esa ‘performance’, disparatada, elegante, siempre libertaria, fue su obra maestra.

La palabra ‘libertad’ es una de las más recurrentes en los textos sobre Rampova, a la vez que el término que se encuentra por doquier en su obra. No sé si en estos tiempos utilizarla en el título de un obituario resulta oportuno. Casi puede parecer una traición. Cuando la libertad simplemente se asocia con tomar cervezas en terrazas y se convierte en una noción cínica, cuando se trata de un lema decorativo que no implica casi nada para casi nadie, la noción se desgasta y pierde sus aristas, su urgencia y todo su valor. Quienes ningunearon a Rampova también le han robado el sentido profundo a la libertad. Y la libertad lo fue todo para ella. Recordar a Rampova, entrar en su obra, es reconocer el valor de la libertad, encontrarnos el concepto como un desafío, como una aspiración en la que realmente nos jugamos algo.

Rampova viene de una coyuntura asfixiante en la cual todas sus aspiraciones vitales estaban prohibidas, cualquier expresión vital se encontraba con muros y amenazas. Nace en 1956 y su adolescencia se lleva a cabo en un mundo, el creado por el régimen franquista, en que la individualidad despertaba sospechas en las instancias de poder. Homosexual, trans plumífera, anarcoide y descarada, incapaz de ocultar su brillo. Fue víctima de esas instancias desde que era casi un niño: a los catorce años fue condenado a prisión a causa de la infame Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social por el crimen de besar a otro hombre. No sería la única ocasión en la que sufrió la etiqueta de “socialmente peligrosa”, que abrazaría con pasión durante el resto de su trayectoria. La cárcel fue una experiencia traumática y en varias ocasiones ha hablado de violencia, por parte de las autoridades y de otros presos, así como de la violación como algo casi cotidiano. El brutal tratamiento a que la sometió la autoridad franquista la convirtió en una republicana vehemente.

Y sin embargo su discurso no cae en el victimismo o lo doctrinario. Hay que recordar que fue disidente sexual cuando la izquierda radical no aprobaba tales desmanes. Rampova desarrolla un orgullo de la marginalidad, de todas sus marginalidades, que le permite enfrentarse a todo. Tampoco se dedica a predicar y regañar a su público: en su trabajo hay más pedagogía que sermón. De hecho algo a lo que jamás renunció fue a la fuerza de la frivolidad como algo que podía transformar el dolor: sentido del humor e ironía se entrelazan siempre con la crítica descarnada a la injusticia. La frivolidad es, de hecho, central a su estética, y su trabajo contrasta con las expresiones confesionales, vehementes y literales que proliferan hoy en día. En sus ‘performances’ había un talento farandulero que permitía comunicar el mensaje libertario de manera inteligente. Política y estética radicales van de la mano. En el cabaret, en sus cómics, en todas sus intervenciones, identificó muestras de racismo, de sexismo, del machismo brutal de la época, de totalitarismo. En el mundo de Rampova hay muchas opresiones y todas coartan el desarrollo de la persona. Rampova logró su libertad y nos ayudó a muchos a tomárnosla más en serio. La amó tanto más por ser consciente del precio que había pagado.

Es tentador hablar de una estética fallera en el arte de Rampova. Ciertamente el Mediterráneo y el sur en España han dado lugar a personalidades coloristas y explosivas y no creo que sea casual que estos rasgos estéticos se den ahí especialmente. Pero este potencial a menudo acaba abocado al mero folclorismo. El torrente de imágenes, palabras y actitudes que es Rampova puede acabar encauzado, controlado por estructuras convencionales. En Rampova encontramos de manera intensa el potencial crítico y liberador de una estética basada en el caos, en la burla carnavalesca, que huye de toda institucionalización, de toda narrativa épica. A finales de los setenta y en los primeros años ochenta esta estética tuvo su momento antisistema, brevemente expresado (después institucionalizado) en las diversas movidas españolas (en Barcelona primero, luego en Madrid o Vigo), y es aquí donde el personaje tiene un significado simbólico. De alguna manera, en la evolución de las cosas, se abandonó el caos, el mediterráneo, el cabaret, la ironía, el color, el collage, para hacernos más ‘europeos’. Puede que fuera necesario o incluso conveniente. Pero conservemos siempre un espacio en nuestra memoria para un ideal cultural alternativo, algo que nos recuerde que otros espacios son posibles. Rampova representa lo mejor de una época, el sueño de un cambio profundo que nos haga menos intolerantes, más abiertos, más libres. Carezco de cualquier sentimiento de orgullo nacional, pero de alguna manera me parece reconfortante, excitante, encontrar afinidades culturales con la imaginación mediterránea de Rampova.

Otra palabra que la coyuntura actual está desgastando hasta hacerle perder su efectividad es ‘queer’. Situemos a Rampova en el contexto de los debates actuales sobre la ley trans y percibiremos la pobreza conceptual que ha cortado las alas de esos debates. La simplificación de una noción revolucionaria como comprensión de la naturaleza humana para servir intereses concretos es una estrategia que, con su proliferación, nos está haciendo perder el sentido real de la propuesta. Incluso antes de que el ‘movimiento queer’ o la ‘teoría queer’ entrasen en cualquier lengua o en cualquier agenda, Rampova representó lo mejor que la idea tenía que ofrecer. Y es algo que tenemos que recordar una y otra vez: la posición de Rampova era libertaria, no doctrinaria. Veía todo aquello que pudiera hacernos más libres dejando atrás lo que nos atenazaba. Y no se refería a las cervezas. Frente al simplismo en que se apoyan muchas posiciones encontradas, en Rampova encontramos una verdadera posición trans radical, revolucionaria, que realmente supera las minucias con que nos ciegan los esencialismos. Reivindicar la figura de Rampova es reivindicar lo que significa, su potencial para abrir puertas, para crear desde la experiencia y para el mundo.

miércoles, 21 de julio de 2021

#hemeroteca #queer #inmemoriam | Fallece la artista Rampova, icono LGTBIQ+

Imagen: Valencia Plaza / Rampova //

Fallece la artista Rampova, icono LGTBIQ+

Carlos Garsán / E.P. | Valencia Plaza, 2021-07-21

https://valenciaplaza.com/fallece-la-artista-rampova-icono-lgtbiq 

Artista transgénero y activista pre-queer, Rampova ha sido un símbolo de la cultura ‘underground’ y de la lucha LGTBIQ+ en València, una figura clave para reconstruir una historia que cogió forma desde los márgenes. La artista ha fallecido dejando un legado que puso negro sobre blanco hace bien poco con la publicación del libro ‘Kabaret Ploma 2. Socialicemos las lentejuelas’ (Editorial Imperdible), una crónica alternativa de una València tan combativa como restrictiva. Rampova sacudió el país al frente del grupo musical Ploma 2 (“Cabaret ácido contra una sociedad hipócrita’) o de programas de radio como La Pinteta Rebel, en Radio Klara, una trayectoria en la que arte y política eran uno, porque, ¿acaso había otra opción?

"Muchas transformistas nos decían que politizándonos no íbamos a llegar a nada. ‘Vosotras sí que no llegaréis a nada y os quedaréis siempre en València, moviendo la boca como los muñecos de Mari Carmen’, les decíamos. Recorrimos todo Euskadi, toda Galicia, toda Catalunya, toda Andalucía... Llegamos a ir a Finlandia, a las repúblicas bálticas, porque yo dominaba el ruso", relataba en una charla junto a José de Lamo, director general de Igualdad, publicada por este diario. “Eso fue lo que nos diferenció de otras muchas cabareteras, y lo que nos llevó por los estadio de toda España. Lo que nosotras hacíamos no lo hacía nadie en todo el país, y nos llamaban para actuar hasta en mítines o Conciertos de Viveros”. Rampova ha fallecido dejando atrás un legado tanto artístico como político y social de vital importancia para València.

Rampova nació en Valencia en 1957 y la detuvieron por primera vez en 1971 cuánto tenía 14 años por besar a un chico. Por ello fue encarcelada, víctima de la nefasta Ley de Peligrosidad Social. Desde este momento empezó su lucha por la transgresión y la libertad en su vertiente artística. Creó el grupo de music hall 'Ploma 2' que, integrado por Rampova, Clara Bowie, Greta Guevara, Amador y Antonio Ruiz, se transformaría "muy pronto en un grupo de Cabaret Transgènere". Fue también autora de cómics underground; activista en el origen del movimiento LGTB+ valenciano; colaboradora de 'La pinteta rebel' de Radio Klara, y de InfoGay. El año pasado publicó el libro ‘Kabaret Ploma 2: Socialicemos las lentejuelas’, en el que cuenta la historia del grupo y como muchos de sus integrantes sufrieron, por su orientación sexual, la represión en prisiones o manicomios franquistas.

miércoles, 17 de febrero de 2021

#hemeroterca #queer #politica | Podem rinde homenaje a la artista trans valenciana Rampova con el título de 'Carnavalera mayor'

Imagen: Levante / Rampova //

Podem rinde homenaje a la artista trans valenciana Rampova con el título de 'Carnavalera mayor'.

Levante, 2021-02-17

https://www.levante-emv.com/valencia/2021/02/17/podem-rinde-homenaje-artista-trans-34965595.html 

Podem València ha decidido nombrar 'Carnavalera mayor' de 2021 a la artista trans valenciana Nastasia Rampova con el objetivo de rendirle un homenaje a su trayectoria artística y activista.

Rampova nació en Valencia en 1957 y la detuvieron por primera vez en 1971 cuánto tenía 14 años por besar a un chico. Por ello fue encarcelada, víctima de la nefasta Ley de Peligrosidad Social, ha explicado la formación en un comunicado.

Desde este momento empezó su lucha por la transgresión y la libertad en su vertiente artística. Creó el grupo de music hall ' Ploma 2' que, integrado por Rampova, Clara Bowie, Greta Guevara, Amador y Antonio Ruiz, se transformaría "muy pronto en un grupo de Cabaret Transgènere".

Fue también autora de cómics underground; activista en el origen del movimiento LGTB+ valenciano; colaboradora de 'La pinteta rebel' de Radio Klara, y de InfoGay.

El año pasado publicó el libro "Kabaret Ploma 2: Socialicemos las lentejuelas". Cuenta, en sus páginas, la historia del grupo y como muchos de sus integrantes sufrieron, por su orientación sexual, la represión en prisiones o manicomios franquistas.

La portavoz de Podem València, Chelo Poveda, fue la encargada de comunicarle a Nastasia Rampova la decisión de concederle el reconocimiento, que ella "aceptó gustosamente y aprovechó para relatar su historia hasta tres vueltas a la prisión de donde salía cada vez más travestónica".

Por las circunstancias sanitarias especiales, la entrega del detalle conmemorativo de este nombramiento se hará cuando se restablezca la normalidad de movimiento y el próximo año se entregará en un acto festivo si es posible.

martes, 11 de agosto de 2020

#hemeroteca #rampova #testimonios | Rampova: “Maribollotrans no es un insulto porque cuando admites el término se convierte en arte”

Imagen: El Salto / Rampova

Rampova: “Maribollotrans no es un insulto porque cuando admites el término se convierte en arte”.

Rampova es artista y autora del libro Kabaret Ploma 2: Socialicemos las lentejuelas, donde narra en primera persona la historia de un grupo en el que algunos de sus integrantes vieron pasar su juventud en cárceles o manicomios franquistas, “vapuleados por la siniestra Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social por nuestra opción sexual”.
Teresa Díaz Guzmán | El Salto, 2020-08-11
https://www.elsaltodiario.com/lgtbiq/rampova-cabaret-ploma-2-maribollotrans-no-insulto-porque-cuando-admites-termino-convierte-arte 

Rampova es una de las artistas que rompieron con las convenciones sociales sobre el género o la sexualidad, y apostaron por la construcción de identidades propias muy adelantadas a su época. Conocida principalmente como artista de cabaret transgénero, fue también autora de cómics underground que publicó en diferentes publicaciones y fanzines, y activista en el origen del movimiento LGTB+ valenciano de los años 70, colaboradora de La pinteta rebel, en Radio Klara, e InfoGay en los 80-90.

“En mi generación, en los 80, daba igual lo que fueras, hablábamos en femenino y nos besábamos todas en la boca”, arranca ella la conversación en una terraza del Cabanyal, en València. Rampova, que se refiere a sí misma a lo largo de la entrevista tanto en femenino como en masculino, a día de hoy sigue siendo un símbolo de la lucha contra los estereotipos de género y la deconstrucción de género, y sus ideas al respecto son plenamente actuales. “En el momento en que tú admites un término, se convierte en arte. Por eso digo ‘maribollotrans’ y no es un insulto”.

Su infancia
Rampova nació en València en 1957, hija de un sindicalista represaliado por el franquismo, enviado a la Legión y luego, en los 60, pasó tres años de exilio en Francia. Habla mucho de su madre y su abuela, y afirma que tuvo “una infancia y adolescencia muy libre”, exceptuando el tiempo que pasó en la cárcel: “Yo estudié en un colegio católico y nos separaban en el patio niños a un lado y niñas a otro. Nosotros teníamos que cantar el 'Cara al sol', y yo hacía ‘playback’”.

“Si quitamos que me hayan metido en la cárcel, con la gente nunca tuve problemas. En la niñez sí me decían maricón, y yo ya respondía con toques cabareteras pero en el colegio yo tenía un montón de novios y nos veía todo el mundo, porque era todo huerta, pero no tuve ningún problema”, relata.

Su relación con la música empezó bien pronto: “He cantado desde pequeña. Veía a las niñas cantando ‘albaes’ o algo parecido y me daban mucha envidia, y la niña que cantaba como solista, yo pensaba: ‘Fíjate, si canto yo mejor que ella’”. Más tarde, como con antecedentes penales no se podía trabajar, aprovechó esas dotes artísticas para sobrevivir.

Ploma 2
En los años 80 comenzó en el mundo del espectáculo, haciendo teatro y más tarde cabaré político en Ploma 2, en lo que ellas llamaban transformismo crítico. “Amador [otro de los miembros de Ploma 2] y yo fuimos a un espectáculo de danza-jazz, que mezclaba swing, jazz, piruetas... y nos iba muy bien para el Music Hall, que era como definían lo que hacíamos”. Marlene Dietrich, relata, cantaba a dúo con Nana Mouskouri, una cantante francesa. “Ambas aparecían vestidas de hombre, y hacían una canción llamada ‘Masculino y femenino’, así que decidimos seguir ese camino del cabaret». Después formó parte del primer grupo rock gay español, los Gore Gore Gays.

Rampova habla también de Marisol, “esa niña que cantaba y bailaba” que aparece de forma recurrente a lo largo de la charla y que la marcó desde su infancia: “Yo la imitaba y la Marisol adolescente me salía ‘niquelá’. Actuaba delante de mis primos y primas, que éramos unos 40 en la familia, y yo quería ser como ella”. Sin embargo, fue por la diseñadora de Hollywood de los años 20, Natacha Rambova, por quien eligió su nombre, aunque cuenta que antes de ese se puso un montón de nombres y pseudónimos para firmar sus cómics: “’Star’ era una revista de mujeres similar a ‘Ajo Blanco’, y envié ‘Quiero la cabeza de Lulú García’ con el nombre de mi madre porque yo no podía presentarlo por ser menor de edad y menos con los antecedentes que yo tenía”.

La cárcel
En un viaje a EE.UU, Rampova preguntó por la situación del colectivo LGTB+ en ese país y le explicaron que en algunos estados la homosexualidad estaba penalizada con hasta 20 años de cárcel —lo que siguió vigente hasta 2003— “a pesar de ser una democracia”, apunta. En España, la Ley sobre Peligrosidad y Rehabilitación Social de 1970 establecía desde simples multas hasta penas de cinco años de internamiento en cárceles o centros psiquiátricos para la “rehabilitación” de los individuos.

Rampova apenas nombra la cárcel de pasada un par de veces: “A mí la primera vez me detuvieron un mes, sin juicio”, por actos de homosexualidad, cuando tenía 14 años, “y mes y medio, en Barcelona donde acabé en el hospital de la paliza que me dieron”. Lo que no cuenta es que fue víctima, además, de una red de prostitución en la que dentro de la celda los delincuentes comunes pagaban a los vigilantes para colarse y violar a los jóvenes recluidos. “Después de pasar por la cárcel, para mí, todos los hombres, aunque fueran homosexuales, eran criminales en potencia, así que me alejé incluso de mis amigos. Me rodeé solo de amigas y nos juntábamos en mi casa, de reunión —como se decía entonces—, nosotras y mi abuela”, explica.

Interseccionalidades
Rampova habla también de interseccionalidades: “Quien siembra recoge, es mi opinión. Una manifestación contra el adulterio o el día 1 de mayo, allí estábamos y ellas nos veían que íbamos con las pancartas del Front Homosexual del País Valencià: ‘Libertad sexual, amnistía total’”, recuerda. Cuando iba a Madrid, prosigue, acudía a “la cárcel modelo” para pedir la libertad de otros presos encerrados por otros motivos. “Si a las feministas las metían en la cárcel por adúlteras, allí estábamos, y luego venían a apoyar nuestras manifestaciones”, narra.

Y ahora, ¿qué queda de aquellas feministas radicales de los 70 que hoy se enfrentan a las mujeres trans y a las personas no binarias? “Siguen la máxima de esa época”, contesta, “que es que a los 20 soy revolucionario, mañana con 60 soy reaccionario”.

sábado, 2 de mayo de 2020

#libros #transgresion #memoria | Kabaret Ploma 2 : socialicemos las lentejuelas

Kabaret Ploma 2 : socialicemos las lentejuelas / Rampova ; con textos de Juan Vicente Aliaga Espert, Lourdes Santamaría y Abelardo Muñoz.

Madrid : Imperdible, 2020 [05-02].
220 p.

/ ES / ENS / Libros / Activismo / Artistas / Cabaret / Gais / Homosexualidad / LPRS / Memoria sentimental / Testimonios / Transgresión / VIH-Sida
📘 Ed. impresa: ISBN 9788409177554 / 12,00 €

En “Kabaret Ploma 2 Socialicemos las lentejuelas” se narra en primera persona las frenéticas vidas de un grupo de Music Hall que evolucionó al Cabaret, entendiendo esto último como un guiño al Berlín de la República de Weimar. Dentro de nuestro contexto socio-político, los principales integrantes teníamos un pasado común: adolescencia y juventud en cárceles o manicomios franquistas, vapuleados por la siniestra Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social por nuestra opción sexual. Activismo político y LGTBI, con doble vida en algunos casos que te podían llevar a ser Salvador de día y Greta de noche viviendo en un pueblo donde todxs se conocen. Relato como les unió la muerte con un sida devastador y fulminante, pero no se alarmen que está contado al estilo cabaretero, despojado del panfleto, como si de una actuación estelar se tratara, con marabús, boas, collares, Art-Decó y en un riguroso directo. Porque Ploma 2 fue el único grupo de Kabaret que, aparte de antros y teatros, actuó en las Universidades y, exceptuando las Islas Canarias, Ceuta y Melilla, en todas las provincias españolas. Tampoco se alarmen al pensar que está escrito de forma excesivamente intelectual. Como he relatado antes, el lenguaje es tan cabaretero como las fotos y dibujos que ilustran esta obra. ¡Viva la frivolidad! tal como la “entendía” Oscar Wilde. – Rampova

Prólogo. Furia de libertad
 
Hubo un tiempo en el que andábamos bailando entre tinieblas por el lado salvaje de la existencia. La ciudad era un laberinto oscuro poblada de depredadores trajeados que elevaban la mediocridad a la categoría de norma. Hubo heroínas que se enfrentaron al sistema y esta es su historia, o parte de ella. Una pieza clave en el puzle de nuestro pasado. Un manual de libertad para el presente desolador.

‘Un maldito sin antorcha que desciende / por viejas escaleras sin barandilla / cerca de un abismo cuyos olores / pregonan su húmeda profundidad’, anticipaba Baudelaire nuestras inquietudes de radicales y revoltosas contra la inaudita realidad.

‘Voraz y chillona, en mi voz está; su negro veneno en mi sangre; y siniestro espejo soy par que esa Furia pueda mirarse.’ Era necesario un espíritu de revuelta que fuera más allá de lo político. Un furor de los cuerpos desnudos, un desafío sexual.

Y cavamos la trinchera más luminosa con que contábamos, la lucha por nuestra independencia y libertad como personas. Y contábamos con la potente arma de la ambigüedad. Lo incierto y peligroso, el delicioso placer de la transgresión.

Luchamos contra los monstruos de la intolerancia y el fascismo desde nuestras imberbes posiciones, reivindicamos el derecho a la libertad sexual y nos gustaban las orgías con música potente, los Stones, Bowie, la Velvet Underground, en donde los roles de género desaparecían y se creaba una hermandad sensual que traspasaba los límites. Eran tiempos de una clandestinidad que luego nos imprimió carácter. Nos hizo igualitarios, ambiguos en lo sexual y adictos al espectáculo con lentejuelas; ojos cincelados de cool, colores y disfraces. “Todo lo que es profundo ama la máscara”, leímos en Nietzsche, y nos pusimos a ello.

Por entonces aparecieron instrumentos que eran placer y munición libertaria a un tiempo, como el Transformer de Lou de 1972, cuya contraportada con aquel maravilloso travesti nos llenó de gozo y esperanza en el futuro. No teníamos la varita mágica para saber que ese impulso sería devorado por el sistema apestoso.

‘Walking on the wild side’ se convirtió en un himno de batalla. Rock’n’roll, sexo, drogas y mucho espectáculo. La fiesta en los setenta y ochenta devino frenética, como si sospecháramos que pronto se iba a acabar. Que vendrían los jodidos salvadores de la patria y pondrían orden. Y así fue, y así estamos.

Antes de que todos los valores libertarios y libertinos fueran descafeinados por lo políticamente correcto existió una vanguardia de heroínas que anticipó lo que todos claman hoy como innegociables derechos de la gente. Es una historia de desdichas y logros, de pequeñas subversiones cotidianas, de voraz resistencia a la orwelliana sociedad bienpensante, avatares que costaron sangre y lágrimas.

Un tiempo agrietado, de placer y disfrute, de fiestas interminables, en donde el gusto absoluto fue traspasar los límites, aquello que no te enseñarían nunca en la escuela. El derecho de todos a sentirse sexualmente libres, a vivir las maravillosas transformaciones de la mariposa. A ser crisálidas de un mundo nuevo y diferente.

‘Donde vigilan los monstruos viscosos / cuyos grandes ojos fosfóricos / ponen aun más negra la noche / y así ellos solos resaltan.’

En aquellas noches negras de la dictadura un grupo de guerrilleras de la libertad hacían lucha callejera con las armas del glamour y la provocación. Eran lobas agresivas, cultas y bellas en un mundo de machos unidimensionales.

Esa historia había que contarla y Rampova lo hace con una pluma que posee alas. Su mirada, irónica y provocadora, sobrevuela con regocijo e indisimulado placer las sombras y luces del pasado de una ciudad desaparecida. Recorre, con la deliciosa cadencia de un bolero, las cumbres de una década prodigiosa en la California mediterránea. Sus personajes, sus locales, sus fiestas, sus luchas.

Para muchos y muchas las trepidantes aventuras del legendario grupo transformista Ploma 2 serán una sorpresa. Las agitadas vidas de Greta, Clara, Amador y Rampova transportarán a un universo fascinante valenciano en donde suceden muchas cosas. Es imposible repetir la ejemplar peripecia de esta banda de transformistas subversivas que encendió los cuerpos y las mentes en los felices ochenta de Valencia. Fueron pioneras de la lucha de género, desafiaron al sistema sin cortarse un pelo, libertinas, libertarias, amorosas, siempre subversivas.

Y sembraron el espíritu de resistencia en aquellos jóvenes corazones, ateridos por el sistema patriarcal, y el inicio de su liberación en una ciudad que estallaba tras los años de plomo.
 
‘Más seductores que los Ángeles del mal, avanzaban / para turbar lo apacible de mi alma y para perturbarla allí en el peñón de cristal / donde se había sentado, tranquila y solitaria.’

El ‘skyline’ de la ciudad se está tiñendo de un violeta sangriento, como el color de los versos de ‘Les Fleurs du Mal’. El barrio del Cabanyal se agita bajo la noche de otoño; las bandas de niños y niñas, revueltos y alegres, corretean por entre los bloques donde habitan los parias. Es como una película de Pasolini. Ese añil siniestro parece amenazar la ciudad, pero los niños, como pájaros, agitan la existencia cargándola de futuro.

Abelardo Muñoz
Cabanyal, otoño 2019

DOCUMENTACIÓN
Ploma 2. Libro Rampova

https://ploma2.wordpress.com/tag/libro-rampova/
Ploma 2. El mundo de Rampova
https://ploma2.wordpress.com/category/rampova-cabaret/el-mundo-de-rampova/
Ploma 2. Cronología Rampova
https://ploma2.wordpress.com/cronologia/
Ploma 2. 31 octubre, 40 aniversario de Ploma 2
https://ploma2.wordpress.com/2020/10/25/31-octubre-40-aniversario-de-ploma-2/
Ploma 2. Clara Bowie
https://ploma2.wordpress.com/tag/clara-bowie/
Rampova Cabaret
La Errería (House of Bent)

https://erreriahouseofbent.wordpress.com/rampova-cabaret/
81 programa Tofuria! 16 septiembre 2020 Kabaret Ploma-2. Socialicemos las lentejuelas
Ràdio Malva, 2020-09-16

https://radiomalva.org/2020/09/16/81-programa-tofuria-16-septiembre-2020-kabaret-ploma-2-socialicemos-las-lentejuelas/

lunes, 17 de febrero de 2020

#hemeroteca #contracultura #transformismo | Cuando el transformismo y las fallas fueron contraculturales en València

Imagen: El Periódico / 'Contracultura', exposición en el IVAM
Cuando el transformismo y las fallas fueron contraculturales en València.
Una muestra en el IVAM repasa las huellas de la contracultura valenciana de finales de los años 60 y los 70. "Nos enseñaron que siempre hay que criticar la ortodoxia, que siempre hay que pensar, tener espíritu crítico", apunta el comisario.
Nacho Herrero | El Periódico, 2020-02-17
https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20200217/exposicion-contracultura-ivam-valencia-7849652

«Cuando les preguntas ahora, dicen que solo querían divertirse», cuenta el comisario Alberto Mira, pero entre el final de los años 60 y de los 70 hubo quienes con esa excusa se enfrentaron a una dictadura, plantaron cara a la Iglesia, cuestionaron los roles de género y la sexualidad y, en general, cualquier idea impuesta con el rodillo de la oficialidad.

La contracultura fue su arma de subversión. Música, libros, carteles, pintadas, fancines, películas o transformaciones que rompieron barreras y abrieron mentes y que ahora recoge la exposición 'Contracultura. Resistencia, utopía y provocación en València', que estará en el IVAM hasta el 17 de mayo.

«La contracultura nos enseña que siempre hay que criticar la ortodoxia, que siempre hay que pensar, tener un espíritu crítico», explica Mira. Una cosa es que dos generaciones debatan sobre si Sinatra o Elvis y otra cuestionarlo todo, como pasó primero en los países anglosajones y luego en España. Aquí, además, frente a un descarnado franquismo (o una titubeante transición).

«En España se empieza a entender que se puede ser político de muchas maneras. Hasta entonces todo era antifranquista y antifascista pero entonces llegan el feminismo, el movimiento gay o el vecinal. Se abren muchos frentes de lucha», apunta Mira. «Se trataba de no aceptar ciegamente la realidad que se imponía con la religión, el nacionalismo o la idea de Levante feliz cuando lo que había era desigualdad y abusos», recalca. Y se trataba de divertirse, claro.

No solo mucha calle
Había mucha calle, remarca, pero no solo eso. «Hace falta sentimiento popular pero también un artista que sepa estructurar las cosas. Había mucha gente que leía, que sabía de lo que hablaba, que veía lo de fuera y trataba de adaptarlo», señala.

Esas pequeñas y grandes batallas cuelgan ahora de las paredes del museo entre pintadas. Unas fueron comunes a otras ciudades ('La democracia de Fraga es como follar con bragas', 'La primavera ha llegado y el PC no se ha enterado' o 'No te drogues, somos muchos y hay poco') y otras pintadas tuvieron carácter propio ('Folleu, folleu que el món s’acaba').

La muestra confirma que lo que antes escandalizaba ahora está en los museos. «Se ha asimilado, pero hasta cierto punto. Cuando se crean instituciones como filmotecas o museos, asumen la contracultura pero yo digo que no se trata solo de contenidos. Está la actitud crítica, el no me importa lo que digas o el ¿por qué no?», reflexiona. Actitudes difíciles de domesticar.

Fallas cáusticas
La música es ejemplo de ese tránsito. El punk surgió «como un revulsivo contra la comercialización del rock», recuerda, pero llegó «un momento en el que también se acusó a los grupos punk de estar demasiado comercializados». Ahí está colgada la foto de los miembros de Seguridad Social con firmes crestas para ilustrarlo.

No tuvo València la potente escena musical de Bilbao o la explosión de cómics de Barcelona, pero la contracultura valenciana tuvo rasgos propios. Uno fue el transformismo, del que asegura Mira que fue «capital». Desde la versión política de Rampova a otras más festivas como la Margot, una especie de alter ego underground de Sara Montiel.

El otro fueron las fallas, el particular carnaval valenciano. «Estaban muy controladas por el franquismo para que no fueran críticas y lo desequilibraran todo, pero en esa época recuperaron el espíritu cáustico», explica el comisario, que no olvida el mítico número fallero de 'Ajoblanco' para apoyar esa revolución. Si lo que buscaba era levantar ampollas, lo consiguió con creces.

Internet hace casi imposible hablar en ese marco hoy. En buena medida, incide el comisario Mira, porque «es difícil encontrar frentes comunes cuando todo el mundo está tecleando detrás de un ordenador».

Quedan, apunta el director del IVAM, José Miguel García Cortés, estos homenajes a «los hombres y mujeres creadores que se rebelaron contra la España oscura y se interesaron por temas como el deseo, el placer o la irreverencia». Eso y su legado. «Sin su trabajo nuestra vida sería más fea, más aburrida, más gris», recuerda. Menos divertida.

miércoles, 10 de julio de 2019

#hemeroteca #queer #arte | La Errería celebra sus 10 años en Las Naves.

Imagen: Valencia Plaza / Rampova
La Errería celebra sus 10 años en Las Naves.
Valencia Plaza, 2019-07-10
https://valenciaplaza.com/la-erreria-celebra-sus-10-anos-en-las-naves

Las Naves celebran, en el marco de Museari Queer Art, los 10 años de activismo cultural de La Erreria (House of Bent), un espacio que se dedica a promover performance, artistas queer y arte “ex-céntrico”. Para ello, el colectivo ha realizado una instalación dentro de la exposicion y, con la colaboración de Mostra la Ploma, se ha organizado la conferencia X-centrica LaErreria Xposé para el día 12 de Julio.

El programa consiste en una ponencia performática sobre La Erreria (House of Bent) por sus propias impulsoras, Graham Bell Tornado y Anna Maria Staiano. Más tarde se presentará el libro y proyecto "(r)Evolucionario" -según reza el comunicado- ‘Ecogénero/Ecogender’ con Verónica Perales, Transnational Temps y Rafael Tormo i Cuenca. El libro tiene un prologo de Annie Sprinkle y Beth Stephens y textos de Verónica Perales, William James y la pornoterrorista Diana Junyent.

La jornada acabará con un coloquio de Rampova sobre la exposición ‘El Mundo de Rampova Cabaret’, realizada en 2009, en que hablara de su grupo de cabaret Ploma Dos, Gore Gore Gays, sus cómics, dibujos y cuadros entre otras cosas.

miércoles, 27 de diciembre de 2006

#hemeroteca #franquismo | Homosexuales 'peligrosos'

Imagen: El País
Homosexuales 'peligrosos'
La ley franquista de vagos y maleantes les envió a prisión. Hoy recuerdan su pesadilla y esperan indemnizaciones del Gobierno
Natalia Junquera | El País, 2006-12-27
http://elpais.com/diario/2006/12/27/espana/1167174016_850215.html

La primera vez que Rampova fue a la cárcel, en 1970, tenía 14 años. Ingresó en prisión "por maricón", según le oyó decir a los policías que le detuvieron en Valencia al sorprenderle en las rocas de la playa con un hombre casado. La segunda vez tenía 15 años y estaba en Barcelona. Le detuvo un policía "de la secreta" que le había esperado a la salida del cine, después de haberle pedido dentro relaciones sexuales. La tercera y última fue con 17 años. Nunca tuvo un juicio.

Es uno de los cerca de 100 homosexuales represaliados por el franquismo que podrían acogerse a la indemnización que reclaman al Gobierno. Rampova forma parte de la Asociación Ex Presos Sociales, que lleva diez años luchando por el reconocimiento social y económico de los gays que fueron torturados durante la dictadura. Antonio Ruiz, su presidente, asegura que cuenta con el apoyo de todos los grupos políticos, excepto del PP, que no ha respondido a sus llamamientos, y confía en que las indemnizaciones lleguen pronto. "Estamos muy satisfechos por el apoyo de los partidos, pero, al mismo tiempo, nos pesa que haya muchos compañeros que también sufrieron mucho y ya han muerto y no van a poder disfrutarlo".

Rampova representa a la segunda generación de presos homosexuales de la dictadura franquista, la que había que "rehabilitar". En 1970, la Ley de Vagos y Maleantes, que declaraba "en estado peligroso" al homosexual, cambió su nombre por el de Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Seguían siendo "peligrosos", pero el régimen planteó la cárcel como una rehabilitación. Había que "curar" a los gays en la cárcel.

"En la prisión de Barcelona me enviaron a un pabellón de invertidos para menores. Los presos pagaban a los vigilantes para colarse y violarnos. Luego nos pegaban palizas para demostrar que ellos no eran gays. Venían cinco, seis veces al día. A veces hasta ocho". Rampova hace recuento, a punto de cumplir 50 años: "He tenido más violaciones que relaciones consentidas", afirma. "Cuando le confesé al cura de la cárcel lo que nos hacían allí, se chivó al jefe de prisiones y me castigaron toda la noche contando los adoquines del patio. Me tuvieron así hasta que se hizo de día", recuerda.

Según los cálculos de la Asociación de Ex Presos Sociales, cerca de 4.000 personas fueron a la cárcel por ser homosexuales durante el franquismo. La cifra es sólo una aproximación, porque los historiales están repartidos por instituciones penitenciarias y policiales y, en muchos casos, la condena alegaba delitos de prostitución en lugar de homosexualidad.

A Antonio Ruiz le denunció una vecina monja en 1976. Franco ya había muerto y él tenía 17 años. A las seis de la mañana fueron a buscarle a su casa cuatro secretas. Pasó tres meses en el penal de Badajoz, una de las cárceles que el régimen había preparado para "curar" a los gays. A Badajoz iban los llamados "pasivos" y al penal de Huelva, los "activos". Las lesbianas eran enviadas al manicomio. "Era la época del electrochoque y las terapias aversivas, que consistían en secuenciar imágenes con hombres y mujeres, propinando descargas eléctricas al homosexual cuando aparecían hombres", relata Ruiz.

"Cuando salí de la cárcel la última vez", relata Rampova, "me resultaba imposible relacionarme con hombres porque me recordaban las violaciones. Tuve varias novias y una hija, que ahora cumplirá 30 años".

Después de la cárcel, llegaba el destierro. De uno a dos años. Los presos no podían volver a sus antiguos domicilios y nadie quería darles trabajo. Rampova comenzó en los años 80 a trabajar en el mundo del espectáculo, haciendo cabaré- teatro y en grupos como Ploma-2, hasta que tuvo un infarto y lo tuvo que dejar. "El pánico escénico y el infarto no eran compatibles", afirma. Hoy vive de una pensión de incapacidad.

"No me interesa mucho la indemnización. Se habla de 12.000 euros, ¿a cuánto toca eso por violación? Si al final nos lo dan, creo que lo donaré a alguna organización de defensa de los derechos de los homosexuales. No cometimos ningún delito. Lo que me gustaría de verdad es que los que nos hicieron esto pidieran perdón", asegura Rampova.

"Estoy muy contento porque España va a ser el primer país que indemnice a los homosexuales de la dictadura. Va a ser un momento histórico. En las conversaciones con los grupos políticos barajamos unas indemnizaciones de 12.000 euros y pensiones vitalicias de unos 750 euros. Después, seguiremos trabajando para defender los derechos humanos de los homosexuales en otras partes del mundo", afirma Ruiz.