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lunes, 8 de mayo de 2023

#hemeroteca #cine #homoerotismo | La mirada homoerótica en el cine antes de los tiempos de Instagram y Onlyfans

'The Rocky Horror Picture Show', clásico de culto homoerótico //

La mirada homoerótica en el cine antes de los tiempos de Instagram y Onlyfans

Alberto Mira analiza en el ensayo 'Entre la cámara y la carne. El cine homoerótico en 25 películas' cómo los directores han mirado y creado erotismo a través del cuerpo masculino
Javier Zurro | El Diario, 2023-05-08
https://www.eldiario.es/cultura/libros/mirada-homoerotica-cine-tiempos-instagram-onlyfans_1_10185621.html

Una de las clásicas preguntas del quesito rosa del Trivial es qué película ganó el primer Oscar de la historia. Cualquier cinéfilo respondería rápidamente que ‘Alas’, la película de William A. Wellman sobre dos jóvenes que comparten interés romántico por la misma chica y que acabarán alistados juntos para convertirse en pilotos de combate. Lo que no suele preguntar el Trivial y muchos no saben es que ‘Alas’, estrenada en 1927, ya incluía el que se considera el primer beso gay de la historia del cine. Esos dos hombres, rivales por el amor de una mujer, acababan compartiendo una amistad que con el paso de los años ha sido estudiada como una de las primeras representaciones homosexuales en pantalla.

Al final del filme, con uno de los jóvenes a punto de morir, el otro le besará en la boca mientras le acaricia el pelo consolándole en sus últimos instantes. No es un beso pasional, y muchos consideran que ahí solo hay una amistad, pero en un momento en el que la representación del amor y la pasión entre personas del mismo sexo estaba oculta o prohibida, aquella escena se convirtió en algo liberador y erótico para muchos hombres que veían su propia fantasía plasmada en una sala de cine. ¿Hay algo homoerótico en aquella escena? ¿Puede alguien sentir deseo al ver aquel beso que hoy nos parece inocente?

Hollywood siempre ha usado a la mujer como reclamo erótico, como mercancía para vender fantasías sexuales y fetichistas a los consumidores y fruto de la mente de los directores. El cine crea un lenguaje que está basado en esas fantasías. La mirada de arriba a abajo, el plano corto de las piernas... También narrativamente. Pero en algún momento, el deseo homoerótico entra en juego. Ya no son solo ellas las que se convierten en objetos mirados, sino que son ellos los que lo son. Un deseo homoerótico que también avanza con el paso del tiempo y que se va despojando de ataduras según se consiguen derechos para la comunidad LGTBI. Aquel beso de 1927 hoy no se rodaría así. Hoy el deseo homoerótico puede estallar en pantalla en obras como 'El poder del perro' o incluso en una escena aparentemente nimia como el juego de vóley playa en Top Gun y su secuela o en películas que son clásicos entre el público heterosexual como ‘Le llaman Bodhi’.

Visto ahora, aquella escena es timorata. En una época donde todo se mira y se vende es difícil construir un deseo basado en el misterio, en el suspense cinematográfico. ¿Qué es deseable en tiempos de mostrar el culo en Instagram? ¿Qué hay de misterioso cuando todos los cuerpos adolescentes salen sin camiseta en cualquier serie en ‘prime time’? ¿Qué puede excitar las bajas pasiones cuando el cuerpo es algo que se observa en Onlyfans pagando un módico precio? Todas esas preguntas son las que se hace Alberto Mira en su ensayo ‘Entre la cámara y la carne. El cine homoerótico en 25 películas’ (Editorial Egales).

Lo erótico nos posiciona

No es solo un compendio de películas con escenas homoeróticas, sino un ensayo concienzudo y minucioso sobre la evolución en la construcción del deseo homoerótico a través de la historia del cine y si ese concepto tiene algún sentido en el momento actual. Lo hace, primero, preguntándose qué es el erotismo y dejando claro que todo depende de la mirada y que toda mirada está “invadida de ideología”. “Aunque el deseo es personal y fluido, la ideología hace que se prefieran ciertas manifestaciones y actualmente la ideología que determina las formas del deseo en el arte comercial occidental es capitalista. Otras tradiciones eróticas en torno al hombre implican otras preferencias. Lo erótico siempre nos posiciona. Están quienes contemplan y está lo contemplado. El espectador es el vértice de un triángulo; los otros dos son la cámara y el cuerpo representado”, dice el autor en su libro.

La evolución del cuerpo masculino deseado también es clara. Poco tienen que ver Paul Newman o Robert Redford con aquellos años 80 donde el cuerpo culturista de Arnold Schwarzenegger o Sylvester Stallone era el que se ponía como centro de la mirada homoerótica. Y nada tienen que ver ellos con el gusto por la figura griega y cercana a los efebos que se ve en series como ‘Élite’ o en el éxito de actores como Timothée Chalamet, aunque la tónica dominante siempre responde a la belleza grecolatina que hemos visto desde tiempos inmemoriales en cuadros y esculturas.

25 películas que van desde aquella 'Alas' que dio comienzo a todo a ‘Beachrats’, la más reciente, pero pasando por ejemplos capitales como el cine de Almodóvar, ‘The Rocky Horror Picture Show’, Pasolini o Eloy de la Iglesia. Un trabajo que es la condensación de décadas de lectura sobre “representaciones del cuerpo masculino como objeto erótico”. De esas lecturas salió una idea que provocó este libro. “Todos estos libros sobre cine gay, incluyendo los míos, muestran que el deseo, nuestras obsesiones eróticas, muchas veces en lugar de liberarnos nos esclavizan”, asegura el autor, que cree que hablar sobre “la cuestión erótica como fantasía” era algo que no había sido tan transitado. Especialmente en el cine.

“Esto en parte es porque durante mucho tiempo no se podía representar el cuerpo masculino como objeto erótico en el cine. Tú podías ver objetos eróticos, podías ir al cine y ver a William Holden, o quien fuera, como algo erótico, pero la cámara no hacía nada al respecto. Me interesaba mucho ver cómo, en realidad, aunque no se hacía mucho, sí que había un montón de directores que fueron buscando esto y a veces hay algunos casos muy sorprendentes. Por ejemplo, me di cuenta de que quien hace esto mucho es Andy Warhol, que tenía una gran fama de ser alguien como muy distante, de ser alguien que no hablaba mucho de carne, y sin embargo realmente fue de los primeros que miró el cuerpo masculino erótico de una manera explícita, era el objeto de la mirada”.

La mirada del director
Ese deseo homoerótico no tiene que ver con la trama, ni con la imagen positiva o negativa de la homosexualidad, sino que tiene que ver con cómo el director rueda y transmite el cuerpo masculino al espectador y qué provoca en ellos. “El cine sí que establece miradas, y estas miradas pueden ser miradas de placer que no siempre son liberadoras y no siempre son políticamente correctas”, apunta Alberto Mira, que cuenta cómo cuando inició su investigación y compartía sus dudas en Facebook muchos acusaban al cine de erotizar “siempre a los mismos cuerpos”. Algo que “es verdad” y que une al cine con las esculturas griegas, donde también hay siempre “el mismo tipo de cuerpo”. “El mismo que está en las pinturas del Renacimiento, el mismo que hay en los anuncios de Calvin Klein, el mismo tipo de cuerpo en el cine. El cuerpo erotizado masculino tiene unas determinadas características. Entonces me interesaba mucho cómo la cámara lo captaba, qué aporta el cine a esto”.

Cuando se habla de la ‘mirada’ en el cine siempre se menciona a Laura Mulvey, la teórica que mostró cómo siempre responde a una mirada masculina y machista. ¿Ocurre lo mismo cuando esa cámara patriarcal trata a otro hombre como objeto de deseo? Para Alberto Mira, el simple hecho de que sea un hombre quien es mirado ya supone “un cambio” y “un gesto radical”. “Esta sería mi respuesta personal. Que sí, que tiene algo radical, que va a contracorriente, que va un poco a contrapelo. Ahora bien, al dedicarnos a ensalzar la figura del hombre como como objeto de deseo, en realidad estamos dando más poder al hombre”.

En ‘Entre la cámara y la carne’, el autor esboza en su introducción y conclusión los cambios en el homoerotismo en la actualidad, donde en las series “los hombres son bellos y tienen más protagonismo en series como ‘Élite’” donde “suelen ser hombres cis que, generalmente, tienen unos cuerpos privilegiados”. Pide tiempo para valorar si lo que está pasando es bueno o malo, y serán otros los que lo juzguen, pero para él tiene una parte positiva que “de repente haya cuerpos a los que se puede mirar sin tener que pedir permiso y sin tener que pagar consecuencias”. Pero también piensa en la parte negativa. “Tener ahora 20 años tiene que ser muy, muy complicado, porque hay un énfasis en el cuerpo que en mi época no estaba. En mi época se nos decía aquello de ‘el hombre y el oso, cuanto más feo, más hermoso’. No teníamos ninguna obligación de ser guapos y ahora para hacer cine y televisión hay que serlo, y eso tiene que generar una competitividad muy grande dentro de los chavales”.

Esa liberalización del erotismo ha hecho que también pierda parte de su atractivo y su misterio el hecho de mirar desde la butaca del cine. Un momento en el que “sin ningún tipo de fantasía, todo se exhibe y no tiene nada que ver con el lugar donde tú estás” como espectador. Antes era como “mirar a través del ojo de la cerradura”. “Esto sería una cuestión para sociólogos, pero es verdad que ha habido un cambio y que estos nuevos fenómenos, como Onlyfans, son una cosa muy distinta a la elaboración de la fantasía por parte del espectador. Antes había una mirada de la cámara sobre el cuerpo de los actores. Ahora, de repente, lo que tienes es que los propios chavales se miran al espejo y hacen sus propios vídeos sobre su propio cuerpo. Esto es una dinámica totalmente nueva y totalmente distinta a la del libro”.

“En el libro hablamos de películas donde alguien mira un cuerpo y lo introduce en una narrativa. Ahora es alguien que exhibe un cuerpo y lo emite por todas partes. Estamos en un nuevo periodo, pero yo creo que esto sí que sería otro libro, porque este nuevo periodo no tiene narrativas. Para mí es muy importante que la mirada conduzca hacia una narrativa. Ahora no hay ningún obstáculo, y por lo tanto toda la teoría que yo tengo de que había que vencer ciertos obstáculos para ejercer una mirada democrática, toda esa teoría se va a pique con el momento actual”, subraya.

Cuerpos fascistas y proletarios
Entre los 25 ejemplos, algunos rompen con lo establecido. Alberto Mira cuestiona también esa fascinación por el cuerpo obrero que muchos artistas burgueses han tenido a lo largo de la historia. La que tenía Gil de Biedma y la que tenía Eloy de la Iglesia cuando captaba con su cámara el erotismo del cuerpo de José Luis Manzano en películas como ‘Navajeros’ o ‘Colegas’. Un capítulo donde el autor muestra “que el deseo a veces no tiene corrección política en absoluto”. “Casi todos los artistas homosexuales eran burgueses que utilizaban cuerpos proletarios para sus fantasías porque al proletario se le podía pagar. Y entonces había un tema que era y es incómodo, pero me gusta entrar en terrenos incómodos y Eloy de la Iglesia lo es. Me parece que es un gran cineasta y me parece que no es incompatible el hecho de que sea alguien radical, el hecho de que sea alguien claramente de izquierdas en sus películas, y que al mismo tiempo estuviera ejerciendo un tipo de mirada que el activismo contemporáneo lo ve problemático, porque es problemático”.

También dedica un artículo a ‘300’, donde califica lo que hace Zack Snyder como “fascismo corporal”. Aquí se demuestra que “cierto tipo de películas, a pesar de nuestra fascinación, están hechas desde una ideología que es muy reaccionaria y muy conservadora”. “En esta película, la frase clave que creo que está citada en el artículo es cuando el director dijo que puso este tipo de cuerpos porque esta película era para adolescentes y a un adolescente nada le da más pánico que alguien le penetre. Quería que estuviera toda la fantasía de la penetración para un adolescente y que esto le diera terror o que se tratase de imponer a esto. Entonces sí que es verdad que esa película para mí ideológicamente es muy problemática. Otra cosa es que cuando la veo estéticamente me parece muy interesante”, zanja. 25 formas de mirar el cuerpo masculino que sirven para entender cómo una cámara puede provocar los deseos más salvajes en el espectador.

lunes, 17 de abril de 2023

#libros #homoerotismo #cine | Entre la cámara y la carne : el cine homoerótico en 25 películas

Entre la cámara y la carne : el cine homoerótico en 25 películas / Alberto Mira.
Barcelona [etc.]: Egales, 2023 [04-17]
418 p.
Colección: G.

/ ES / Libros / ENS / Cine / Homoerotismo / Homosexualidad / Homosexualidad en el cine

📘 Ed. impresa: ISBN 9788419728043 / 21,95 €
📝 Cita APA-7: Mira, Alberto (2023). Entre la cámara y la carne. El cine homoerótico en 25 películas. Egales.

[.es] Un interesante paseo por las 25 películas de la historia del cine que marcaron el deseo masculino. De Genet, Visconti o Warhol a Almodóvar y Villaronga. Entre la cámara y la carne, entre el ojo que contempla y la materialidad de los cuerpos, está la imaginación. Este libro selecciona veinticinco películas, ejemplos de fantasías que orbitan en torno al cuerpo masculino: de la homosocialidad de ‘Alas’ y el exotismo de ‘Tabú’ al porno de ‘The boys in the sand’, el ‘kitsch’ de ‘Pink Narcissus’, el lirismo de ‘Beau travail’ o el voyerismo de ‘Taekwondo’. Penes y penas, lujurias desbordadas, poesía y prosa, cuerpos ideales y cuerpos mortíferos, Apolo y Dionisos. Frente a la literalidad de la pornografía, la mirada erótica requiere una actividad creativa por parte de los espectadores, un ponerse en juego, revelar sentimientos íntimos. Los textos que conforman el volumen incluyen diversas perspectivas sobre la sexualidad y el homoerotismo en el cine con numerosas anécdotas, marcos históricos, experiencias y lecturas a contrapelo. De Jean Genet a Fassbinder, de George Cukor a Pedro Almodóvar, ‘Entre la cámara y la carne’ ofrece una amplia gama de ensoñaciones eróticas, de cineastas y de espectadores.

sábado, 5 de noviembre de 2022

#hemeroteca #cine | ¿Por qué el cine LGTBI no llega al gran público?

Luke Macfarlane y Billy Eichner (c), protagonistas de 'Bros' //

¿Por qué el cine LGTBI no llega al gran público?
El fracaso de ‘Bros’, la primera comedia romántica gay producida por Hollywood, subraya las dificultades de las películas de tema homosexual, lésbico y trans para encontrar un público amplio. Pese a los avances sociales, directores españoles de cine y series denuncian obstáculos de financiación y falta de interés del público heterosexual
Álex Vicente | El País, 2022-11-05
https://elpais.com/cultura/2022-11-05/sigue-siendo-un-estigma-comercial-lo-lgtbi.html 

'Bros' se parece mucho a una película de 'Meg Ryan'. Solo que, en lugar de conocerse en una bonita librería de Manhattan o en lo más alto del Empire State Building al filo de la medianoche, sus protagonistas se encuentran en un club nocturno lleno de cuerpos musculosos durante la presentación de The Zellweger, una ‘app’ de citas en la que los usuarios hablan de actrices famosas y otras divas gays antes de irse al catre. Si la broma no le ha hecho gracia, forma parte de la inmensa mayoría de espectadores que consideraron que esta comedia romántica, la primera de temática homosexual producida por un estudio de Hollywood, no era para ellos.

La película se estrenó hace un mes en Estados Unidos con buenas críticas y después de una enfática campaña promocional que subrayaba su carácter histórico. “Es un momento monumental”, aseguró su protagonista y guionista, Billy Eichner, revelado gracias al programa de entrevistas callejeras 'Billy on the Street', que llegó a decir que las películas como ‘Bros’ eran “el futuro”. El problema fue que el público no acudió a la cita. Su primer fin de semana en taquilla fue calamitoso. Cinco semanas después, ha recaudado menos de 12 millones de dólares, la mitad de lo que costó. Sin contar unos 30 millones más en promoción, cifra considerable que indica lo mucho que Universal apostaba por ‘Bros’. En España no le ha ido mejor. Estrenada el viernes pasado, recaudó solo 34.000 euros durante el fin de semana, pese a poder verse en casi 200 cines. Quedó en 16ª posición, con el peor promedio por sala de la clasificación y por debajo de ‘Argentina, 1985’, estrenada cinco semanas antes, que se podía ver solo en 37 pantallas y que ya estaba disponible en alguna plataforma.

¿A quién hay que culpar ante ese fracaso? Eichner no tiene ninguna duda. “Incluso con críticas entusiastas y excelentes puntuaciones en Rotten Tomatoes, los heterosexuales, especialmente en ciertas partes del país, no han ido a verla”, dijo en Twitter, instando a hacerlo a todo aquel que no fuera “un bicho raro homófobo”. El director Nicholas Stoller le secundó: “Los hombres gays son los únicos que han visto la película”. La paradoja es que 'Bros' es un producto de laboratorio diseñado para gustar a un público mayoritario. Producida por un pope del género como Judd Apatow, es una copia literal de los modelos heteronormativos y está cortada con el patrón dramatúrgico de las comedias románticas de toda la vida.

Lo mismo sucedía en otros productos recientes como 'Fire Island' (Disney+), sobre un grupo de amigos de vacaciones en ese cotizado destino del turismo gay, o 'Desparejado' (Netflix), la serie protagonizada por un homosexual recién separado que descubre las lindezas de la soltería a los 40. Ambas siguen la misma estrategia que el caballo de Troya: usar recetas familiares para no alienar al público y luego ‘adulterarlas’ con temas LGBTI. ‘Fire Island’ no deja de ser un cruce de ‘Orgullo y prejuicio’ y ‘Supersalidos’, solo que con escenas ambientadas en un cuarto oscuro y chistes sobre la PrEP, y 'Desparejado' es un calco gay de ‘Sexo en Nueva York’ bajo la batuta del mismo creador, Darren Star, que hizo ruido mediático pero tampoco obtuvo buenas métricas. Tres meses después de su estreno, no tiene asegurada una segunda temporada.

Pese a los innegables avances sociales y a la voluntad exhibida por una industria que aspira a contar historias más diversas que en el pasado, ¿sigue siendo lo LGTBI un estigma comercial? Los directores españoles que trabajan con estos temas sospechan que sí. “Se sigue considerando que hacemos productos de nicho. Es lo primero que dicen las plataformas y las cadenas. Lo que pasa es que ese nicho es cada vez más grande”, expresa Héctor Lozano, creador de la serie 'Merlí', que contaba con varios personajes LGTBI, encabezados por Pol y Bruno, dos jóvenes que vivían una larga historia durante cuatro temporadas, lo que no frenó su éxito. “Era una serie gay pero ‘heterofriendly’. Los LGTBI estaban encajados en un mundo mayoritariamente heterosexual, como sucede en la vida real. Creo que eso influyó en su éxito, porque todo el mundo se veía representado en algún personaje. Mi intención siempre fue gustar a un público amplio y no solo al gay”, expresa Lozano.

Tras varios cortos de tema lésbico, la joven Zaida Carmona debuta como directora en 'La amiga de mi amiga', comedia de enredo que se estrenará a comienzos de 2023. “Es una película underground, por su presupuesto ínfimo, pero también ‘mainstream’, porque es una comedia romántica. Quise que fuera una película muy bollera, una celebración de mi identidad, pero también que trascendiera el entorno LGBTI”, afirma Carmona. “Llevo toda la vida viendo relatos heterosexuales que yo, como lesbiana, consumo con normalidad. ¿Por qué no puede suceder lo contrario? Es importante generar referentes fuera de nuestro círculo”. Aunque sabe que solo algunas películas logran salir de él. Y no es casualidad que casi siempre sean historias trágicas, de ‘Brokeback Mountain’ a ‘Moonlight’, pasando por la moda efímera de los dramas lésbicos de época, como ‘Ammonite’ o ‘Retrato de una mujer en llamas’. “Nuestro relato siempre se construye desde lo dramático. Cuando una película habla de nosotros desde la celebración, parece que moleste. Solo gustan los buenos gais y lesbianas, que suelen ser los mártires o, como mucho, las comparsas graciosas del protagonista”.

Antes de triunfar con 'La trinchera infinita', Jose Mari Goenaga codirigió ‘En 80 días’, la historia de un amor lésbico en la tercera edad rodado en euskera. No era una película con gran potencial comercial, por lo que su temática no importó a ETB, que la financió. “Con otros inversores más poderosos sí hubiera sido un problema. Y, una vez terminada, hubo gente de nuestro entorno que nos hizo entender que no iría a verla”, recuerda. “A veces, los que hacemos cine vivimos en una burbuja”. Apunta también a los gustos y referentes distintos para cada grupo en un mercado cada vez más segmentado. “Mis socios, que son heterosexuales, no saben quién es RuPaul. Eso sucede incluso en nuestro entorno más íntimo, donde hay cosas que no les suenan de nada. Por otra parte, los nuevos modelos de consumo pronuncian todavía más esta fragmentación: el algoritmo te aconseja cosas parecidas a las que hayas visto antes”, dice Goenaga, que estos días trabaja en la posproducción de una serie sobre Balenciaga para Disney+, que abordará la homosexualidad del diseñador “de manera explícita”.

El director Adrián Silvestre, que ha firmado dos películas sobre personajes trans como 'Sedimentos' y ‘Mi vacío y yo’, señala “las resistencias del sistema de financiación” en España, que tiende a penalizar lo que no es mayoritario. “El yugo al que estamos sometidos los que hacemos cine LGTBI es la dificultad para dar un paso adelante y trabajar con grandes presupuestos. Cuando tu película se considera demasiado de nicho, no obtienes muchas ayudas públicas, al depender de las televisiones, por ejemplo, que siempre buscan un público masivo”, apunta Silvestre desde el Festival de Tel Aviv, donde presenta su nuevo filme. “Suelo retratar vidas no normativas, pero soy consciente de que no puedo trabajar para una minoría. Tienen que ser digeribles para el mayor número de espectadores, o me arriesgo a que mi circuito se vuelva demasiado limitado y que no pueda seguir haciendo cine”.

Otra cuestión importante es que el cine y la televisión ya no tienen el mismo papel que en otros tiempos para las minorías sexuales. “En los ochenta y noventa buscábamos el cine gay por dos motivos: la visibilidad y la mirada erótica”, opina Alberto Mira, profesor en la Brookes University de Oxford y autor de distintos volúmenes sobre cine homosexual. “Hoy ambas cosas se hacen por otros canales que el cine. Las películas solían ser centrales en el proceso de identidad y afirmación. Hoy ya no lo son”. Es decir, que nunca ha habido tanto contenido LGBTI al alcance de todos, como demuestran series como ‘Love Victor’, ‘Heartstopper’, el nuevo ‘Queer as Folk’, ‘It’s a Sin’ o, en España, 'Veneno' y 'Maricón perdido', pero eso no significa que los espectadores se hayan multiplicado por milagro, sino que las plataformas han entendido el interés de cuidar sus ‘microaudiencias’.

“Todavía hay prejuicios, pero cada vez menos. El público femenino, por ejemplo, es muy sensible a estas temáticas”, apunta Lozano, que prefiere escudarse en el optimismo. “Veo un futuro donde los hombres heterosexuales lograrán disfrutar con una historia gay”, confía. “Tengo una idea en el cajón. No me la compró nadie hace dos años, pero lo voy a volver a intentar. Y esta vez creo que lo conseguiré”. Mientras tanto, los neófitos pueden ir familiarizándose con conceptos como Grindr, ‘Glee’, Abercrombie & Fitch, Debra Messing y otras materias primas de este subtipo de humor. Tal vez, en ese caso, a Billy Eichner le vaya mejor en el futuro.

jueves, 22 de julio de 2021

#hemeroteca #queer #inmemorian | El ideal Rampova (1956-2021), o la libertad tenía un precio

Google Imágenes / Rampova //
El ideal Rampova (1956-2021), o la libertad tenía un precio.

Alberto Mira | InfoLibre, 2021-07-22


Anastasia Rampova nos ha dejado, y aunque muchos no lo sepan, se va con ella una parte lúcida, irreverente, esperanzadora, de nuestra historia cultural. El nombre no será familiar a muchos lectores fuera de Valencia. Incluso allí, su leyenda perdura hoy especialmente entre quienes vivimos los ochenta. No sería del todo exacto decir que ha sido olvidada. Fue ignorada con descaro por aquellos que no querían que existiera alguien como ella, y en Valencia esa gente estuvo gobernando mucho tiempo. Pero incluso en años recientes, su presencia en exposiciones, y en diversos homenajes ha sido bastante notable.

En el recorrido por la contracultura valenciana que presentó el IVAM el año pasado, propuse la mirada rampoviana como quintaesencia de los años más interesantes de la vida cultural y estética de la ciudad. Existe una exposición permanente de su trabajo en La Errería, en Xátiva, curada por Graham Bell Tornado, y su legado ha sido protegido, archivado y cuidado con cariño y dedicación por Santi Gregori y por Juan Barba. Sus memorias, fragmentarias y destelleantes, fueron recogidas en el volumen ‘Kabaret Ploma 2. Socialicemos las lentejuelas’, publicadas por Imperdible, complementadas por lúcidos ensayos de especialistas como Juan Vicente Aliaga y Lourdes Santamaría, y sin duda perdurarán como la mejor introducción a su mundo, así como uno de los ejemplos indispensables de autobiografía ‘queer’ en nuestro país. Con todo, es quizá prueba del carácter radicalmente inasimilable de Rampova el hecho de que las instituciones no han sabido muy bien qué hacer con ella, darle un significado que la convirtiera en parte esencial de un nosotros, un nosotros ‘queer’, un nosotros valenciano, un nosotros español, alternativo a los mitos predominantes, tan necesario.

En realidad, Rampova representa, mucho mejor que otros personajes, lo mejor de una personalidad desbordante, mediterránea, poco productiva, caótica, que la gente de orden ha ninguneado. Y no digo que no tengan sus razones: puestos junto a Rampova, muchos de los próceres culturales de la época parecen desavahídos, algo anodinos, un poco lo de siempre, como a punto de disolverse.

Quería proponer un lugar para Rampova en nuestra historia y por ello no puedo permitirme hacer justicia a su obra. Baste decir que incluye cómic, música, ilustración, radio, poesía, diseño y ‘performance’ (la idea de la vida como cabaret radical está en el centro de toda su trayectoria). Tomada en su conjunto, constituye una propuesta esencialmente moderna. Fue un talento heterodoxo y oceánico, que supo crear desde los márgenes del sistema, que nunca perdió la capacidad de expresarse de maneras brillantes y provocadoras, que surgió de un entorno improbable y que lo hizo todo con casi nada. Sus materiales eran el papel, los rotuladores, los tejidos, su voz, su gestualidad, todo su cuerpo, y, sobre todo una inteligencia que supo asimilar y articular materiales que iban de Marlene Dietrich a David Bowie, de Joe Dallesandro a Kurt Weill. Algunos han sabido ver a William Blake y a Andy Warhol en su estética. No sé si para muchos todo esto podrá considerarse como ‘arte’, pero estoy seguro que toda reserva parte de una noción que reduce la práctica artística a sus aspectos más institucionales. De lo que no cabe duda alguna es que si su obra no es arte, tiene algo que va más allá y simplemente muestra las carencias de la práctica artística ortodoxa. En realidad, Rampova transformaba en expresión todo lo que encontraba, incluida su experiencia, a veces amarga, descorazonadora, pero nunca hasta el extremo de apagar su fuego. Resulta especialmente conocida como uno de los miembros fundadores de Ploma 2, que hizo ‘performance’ ‘queer’ radical mucho antes de que en las universidades estadounidenses se empezase a hablar del tema, y quizá esa ‘performance’, disparatada, elegante, siempre libertaria, fue su obra maestra.

La palabra ‘libertad’ es una de las más recurrentes en los textos sobre Rampova, a la vez que el término que se encuentra por doquier en su obra. No sé si en estos tiempos utilizarla en el título de un obituario resulta oportuno. Casi puede parecer una traición. Cuando la libertad simplemente se asocia con tomar cervezas en terrazas y se convierte en una noción cínica, cuando se trata de un lema decorativo que no implica casi nada para casi nadie, la noción se desgasta y pierde sus aristas, su urgencia y todo su valor. Quienes ningunearon a Rampova también le han robado el sentido profundo a la libertad. Y la libertad lo fue todo para ella. Recordar a Rampova, entrar en su obra, es reconocer el valor de la libertad, encontrarnos el concepto como un desafío, como una aspiración en la que realmente nos jugamos algo.

Rampova viene de una coyuntura asfixiante en la cual todas sus aspiraciones vitales estaban prohibidas, cualquier expresión vital se encontraba con muros y amenazas. Nace en 1956 y su adolescencia se lleva a cabo en un mundo, el creado por el régimen franquista, en que la individualidad despertaba sospechas en las instancias de poder. Homosexual, trans plumífera, anarcoide y descarada, incapaz de ocultar su brillo. Fue víctima de esas instancias desde que era casi un niño: a los catorce años fue condenado a prisión a causa de la infame Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social por el crimen de besar a otro hombre. No sería la única ocasión en la que sufrió la etiqueta de “socialmente peligrosa”, que abrazaría con pasión durante el resto de su trayectoria. La cárcel fue una experiencia traumática y en varias ocasiones ha hablado de violencia, por parte de las autoridades y de otros presos, así como de la violación como algo casi cotidiano. El brutal tratamiento a que la sometió la autoridad franquista la convirtió en una republicana vehemente.

Y sin embargo su discurso no cae en el victimismo o lo doctrinario. Hay que recordar que fue disidente sexual cuando la izquierda radical no aprobaba tales desmanes. Rampova desarrolla un orgullo de la marginalidad, de todas sus marginalidades, que le permite enfrentarse a todo. Tampoco se dedica a predicar y regañar a su público: en su trabajo hay más pedagogía que sermón. De hecho algo a lo que jamás renunció fue a la fuerza de la frivolidad como algo que podía transformar el dolor: sentido del humor e ironía se entrelazan siempre con la crítica descarnada a la injusticia. La frivolidad es, de hecho, central a su estética, y su trabajo contrasta con las expresiones confesionales, vehementes y literales que proliferan hoy en día. En sus ‘performances’ había un talento farandulero que permitía comunicar el mensaje libertario de manera inteligente. Política y estética radicales van de la mano. En el cabaret, en sus cómics, en todas sus intervenciones, identificó muestras de racismo, de sexismo, del machismo brutal de la época, de totalitarismo. En el mundo de Rampova hay muchas opresiones y todas coartan el desarrollo de la persona. Rampova logró su libertad y nos ayudó a muchos a tomárnosla más en serio. La amó tanto más por ser consciente del precio que había pagado.

Es tentador hablar de una estética fallera en el arte de Rampova. Ciertamente el Mediterráneo y el sur en España han dado lugar a personalidades coloristas y explosivas y no creo que sea casual que estos rasgos estéticos se den ahí especialmente. Pero este potencial a menudo acaba abocado al mero folclorismo. El torrente de imágenes, palabras y actitudes que es Rampova puede acabar encauzado, controlado por estructuras convencionales. En Rampova encontramos de manera intensa el potencial crítico y liberador de una estética basada en el caos, en la burla carnavalesca, que huye de toda institucionalización, de toda narrativa épica. A finales de los setenta y en los primeros años ochenta esta estética tuvo su momento antisistema, brevemente expresado (después institucionalizado) en las diversas movidas españolas (en Barcelona primero, luego en Madrid o Vigo), y es aquí donde el personaje tiene un significado simbólico. De alguna manera, en la evolución de las cosas, se abandonó el caos, el mediterráneo, el cabaret, la ironía, el color, el collage, para hacernos más ‘europeos’. Puede que fuera necesario o incluso conveniente. Pero conservemos siempre un espacio en nuestra memoria para un ideal cultural alternativo, algo que nos recuerde que otros espacios son posibles. Rampova representa lo mejor de una época, el sueño de un cambio profundo que nos haga menos intolerantes, más abiertos, más libres. Carezco de cualquier sentimiento de orgullo nacional, pero de alguna manera me parece reconfortante, excitante, encontrar afinidades culturales con la imaginación mediterránea de Rampova.

Otra palabra que la coyuntura actual está desgastando hasta hacerle perder su efectividad es ‘queer’. Situemos a Rampova en el contexto de los debates actuales sobre la ley trans y percibiremos la pobreza conceptual que ha cortado las alas de esos debates. La simplificación de una noción revolucionaria como comprensión de la naturaleza humana para servir intereses concretos es una estrategia que, con su proliferación, nos está haciendo perder el sentido real de la propuesta. Incluso antes de que el ‘movimiento queer’ o la ‘teoría queer’ entrasen en cualquier lengua o en cualquier agenda, Rampova representó lo mejor que la idea tenía que ofrecer. Y es algo que tenemos que recordar una y otra vez: la posición de Rampova era libertaria, no doctrinaria. Veía todo aquello que pudiera hacernos más libres dejando atrás lo que nos atenazaba. Y no se refería a las cervezas. Frente al simplismo en que se apoyan muchas posiciones encontradas, en Rampova encontramos una verdadera posición trans radical, revolucionaria, que realmente supera las minucias con que nos ciegan los esencialismos. Reivindicar la figura de Rampova es reivindicar lo que significa, su potencial para abrir puertas, para crear desde la experiencia y para el mundo.

martes, 6 de julio de 2021

#hemerotoca #homofobia #lgtbifobia | Miedo y orgullo

Cadena SER / Protesta en la Puerta del Sol contra el asesinato de Samuel //

Miedo y orgullo.
Alberto Mira | InfoLibre, 2021-07-06

https://www.infolibre.es/noticias/opinion/plaza_publica/2021/07/07/miedo_orgullo_122452_2003.html

No es fácil de explicar. Va mucho más allá de lo que muchos de ustedes saben, de lo que ven, de lo que son conscientes. Lo entenderán mejor las mujeres que sufren algo similar durante la mayor parte de sus vidas. Y es algo así, pero no exactamente así. En el caso de los hombres y mujeres gays, maricas, homosexuales, bisexuales, lesbianas, trans, todo el tema es que “se nos note” o “que se sepa”. Si se nota, si se sabe, puede pasarnos lo que le ha sucedido a Samuel. Hemos crecido con esa idea. Y lo que sucede a muchos de nosotros, cada año, cada semana, cada día. No es fácil saber cómo empieza lo que puede terminar con un muchacho asesinado por unos cobardes. Está en el aire, pero acaba precipitándose en formas de violencia simbólica y real. Para quienes tenemos cierta edad era algo omnipresente, dominaba nuestras vidas, pesaba como el plomo y nos ponía un nudo en la garganta en el patio del colegio, al salir de ciertos sitios a ciertas horas, o en nuestros gestos, o al caminar.

Puedo contar cómo lo vivía yo. A veces sucede de día, pero solía ser de noche. Ante ti, en tu camino, un grupo de hombres jóvenes, en un banco, apoyados a una pared, con todos los signos de la masculinidad heterosexual, ociosos, a la espera de que algo suceda. Por favor, por favor, te dices, que no se fijen en mí. Pero es tarde para cruzar a la acera de enfrente o para dar un rodeo: te han visto y sabes que sería peor. Y sientes arañazos por dentro, algo se eriza. Te miran. Se fijan. Es una mirada provocadora, en tensión, como si esperase cualquier excusa para convertirse en dagas, en puños, en esputo. Pasas por delante, rígido, la mirada clavada en el suelo, contienes la respiración. Dicen algo. Intentas no escuchar. Intentas no reaccionar, intentas que no se te note y sabes que ya han olido tu miedo. Unos pasos más, los oyes murmurar algo. Y esperas (por favor, por favor) que no vaya a más. Sabes que te están llamando maricón, pero sigues adelante. No quieres oírles. Unos pasos más. Si tienes suerte, has conseguido escapar. Respiras hondo. Hasta la próxima vez.

Era el miedo. De hecho es algo que nos hizo tan conscientes de nuestra apariencia que al final no sabíamos distinguir entre la máscara con que nos protegíamos o la expresión de lo que éramos. Y para solucionar el miedo vivimos en la angustia. Esa muñeca. Esa voz. Esos andares. Culturalmente, perder la angustia, reivindicar la pluma, la voz, los andares, fue uno de los triunfos del movimiento gay: desde el movimiento en todas sus facetas (la política y la cultural) se difundió la idea de que el hecho de que se nos note, el hecho de que se sepa, no es algo que tengamos que ocultar. Sí, siempre hubo quien nos dijo que teníamos que ocultarnos, pero las máscaras asfixian tanto como el miedo. Pero la idea de que todos tenemos derecho a que se nos note y que se sepa, que los patrones de masculinidad o feminidad no son absolutos ha ido ganando terreno. Incluso los políticos han llegado a aceptar esta premisa. Y pensamos que no volveremos al miedo. Algunos no superaremos nunca los terrores de la adolescencia. Al ver a quienes han crecido en otras circunstancias no podemos sino sentir placer y un poquito de envidia.

Y sin embargo vemos que aquello que nos atenazaba sigue ahí. Se llama homofobia y hoy hemos visto que sigue matando. A veces tiene formas sutiles. De repente te das cuenta de que alguien te trata de manera distinta, que no te aceptan en un trabajo. A veces es un poco más notable: un insulto, un rumor maligno. Llegamos a pensar que podemos vivir con estas cosas. Me gusta decir que no ofende quien quiere, ofende quien puede, y lo cierto es que años de conciencia, de resistencia, me han convencido que quien me llama maricón simplemente se pone en evidencia. No pertenece a lo mejor de este mundo y esta vez es esa persona quien es asfixiada por su odio. Siempre habrá gente así. Hay veces que tenemos que aceptar que no gustaremos a todos y siempre va a haber algo que provoque celos, reservas, resentimiento. Pero la homofobia tiene grados, debe ser contenida porque si no lo es tiende a ir más allá del insulto. El odio acaba produciendo muerte.

Pero el miedo no es sólo algo abstracto, invisible. Tampoco es fácil de explicar por qué hay gente que se convierte en agente del miedo. Los asesinos de Samuel querían ser temibles. Dar miedo puede hacer que alguien se sienta algo. Querer dar miedo es cobardía, y hay grupos que están fomentando esta nueva forma de terrorismo que quiere borrar al diferente y volver a una sociedad intolerante.

La homofobia se aprende. Nadie nace homófobo. Hay gente que probablemente nace ignorante, insegura, con tendencia al resentimiento, pero la homofobia es un discurso cultural, perfectamente articulado, continuamente difundido. Y existe gente que lo difunde, insistiendo en que quienes no somos hombres y mujeres heterosexuales merecemos menos, que tenemos que ocultarnos, que robamos derechos a otros. Durante años pensábamos que el discurso retrógrado de la homofobia andaba de capa caída. Teníamos suficientes imágenes afirmativas: empresas ‘gay friendly’, banderas arcoiris en las instituciones, series de televisión, columnas en prensa, incluso en los programas de los partidos se nos decía que éramos merecedores de un lugar visible en el espacio público, que existíamos y que teníamos los mismos derechos que el resto de los ciudadanos. Pero la homofobia siempre vuelve. Y era de esperar que la polarización que se da a todos los niveles de la sociedad la hiciese resurgir. Así ha sido. Un partido como Vox necesita recurrir al odio a los homosexuales para romper consensos precarios. El resentimiento es una emoción que, como todas, produce cierta seguridad al extremarse. No sé si los líderes de Vox “son” o “no son” homófobos. A veces suenan exactamente como sus predecesores en el fascismo y parece que les molestamos. Pero sobre todo su mensaje se alimenta de las inseguridades de otros, se alimenta de un terror histórico a la diferencia, se ceba en emociones irracionales. Vox ha vuelto a hacer de la homofobia un discurso que se convierte en violencia. Y una vez el discurso se pone en circulación es imparable: está claro que los asesinos de Samuel aprendieron en algún sitio su homofobia, está claro que pensaban estar presentando una ofrenda a quienes la aplauden. Los aliados políticos de Vox, el PP y Ciudadanos, no saben o no quieren librar la batalla contra estos mensajes de odio. Y los promueven por omisión. Algunos grupos de izquierdas o de centro están cayendo en la trampa y poniendo peros a las formas olvidando que el problema sigue siendo el mismo: crear odio contra los que sienten de manera diferente.

Este lunes he estado en la concentración de la Puerta del Sol pidiendo justicia para Samuel, solidarizándome con los suyos, llamando a las cosas por su nombre. Homofobia. No es cuestión de siglas. Ni de grupos que buscan una voz. A veces nos preguntamos por el orgullo, por si hace falta. Recientemente hemos sentido divisiones, y desde la política se han favorecido estas divisiones porque somos más manejables si no nos entendemos, si nos limitamos a gritar. La concentración en la Puerta del Sol, convocada por el Movimiento Marika de Madrid ha sido seguida por miles de nosotros que hemos superado facciones, siglas, diferencias de perspectiva y de edad. Hoy un asesinato brutal nos ha unido y lo llamamos crimen homófobo. Nosotros sí sabíamos qué es la homofobia y que la homofobia mata. Los hombres y mujeres que había en Sol mostraban lo mejor de esta sociedad: la capacidad de superar diferencias para estar frente a lo que realmente importa, para decir que no queremos volver a escondernos, para decir a los medios que dejen de invisibilizarnos, para solidarizarnos con el dolor que produce el asesinato de uno de nosotros. Todos los años por estas fechas, el orgullo es cuestionado, o transformado en una épica vacía, o descalificado o se presenta como frivolidad o algo superfluo. Lo que he visto en Sol era algo totalmente distinto, esperanzador. No era un “Orgullo Gay”, ni siquiera un “Orgullo LGTBI”. Creo que todos, dentro y fuera de las siglas, podemos sentir verdadero orgullo ante la solidaridad de quienes no van a dar un paso atrás, quienes están diciendo claramente que la homofobia no es tolerable.

Alberto Mira es escritor y profesor en la Oxford Brookes University.

lunes, 17 de febrero de 2020

#hemeroteca #contracultura #transformismo | Cuando el transformismo y las fallas fueron contraculturales en València

Imagen: El Periódico / 'Contracultura', exposición en el IVAM
Cuando el transformismo y las fallas fueron contraculturales en València.
Una muestra en el IVAM repasa las huellas de la contracultura valenciana de finales de los años 60 y los 70. "Nos enseñaron que siempre hay que criticar la ortodoxia, que siempre hay que pensar, tener espíritu crítico", apunta el comisario.
Nacho Herrero | El Periódico, 2020-02-17
https://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20200217/exposicion-contracultura-ivam-valencia-7849652

«Cuando les preguntas ahora, dicen que solo querían divertirse», cuenta el comisario Alberto Mira, pero entre el final de los años 60 y de los 70 hubo quienes con esa excusa se enfrentaron a una dictadura, plantaron cara a la Iglesia, cuestionaron los roles de género y la sexualidad y, en general, cualquier idea impuesta con el rodillo de la oficialidad.

La contracultura fue su arma de subversión. Música, libros, carteles, pintadas, fancines, películas o transformaciones que rompieron barreras y abrieron mentes y que ahora recoge la exposición 'Contracultura. Resistencia, utopía y provocación en València', que estará en el IVAM hasta el 17 de mayo.

«La contracultura nos enseña que siempre hay que criticar la ortodoxia, que siempre hay que pensar, tener un espíritu crítico», explica Mira. Una cosa es que dos generaciones debatan sobre si Sinatra o Elvis y otra cuestionarlo todo, como pasó primero en los países anglosajones y luego en España. Aquí, además, frente a un descarnado franquismo (o una titubeante transición).

«En España se empieza a entender que se puede ser político de muchas maneras. Hasta entonces todo era antifranquista y antifascista pero entonces llegan el feminismo, el movimiento gay o el vecinal. Se abren muchos frentes de lucha», apunta Mira. «Se trataba de no aceptar ciegamente la realidad que se imponía con la religión, el nacionalismo o la idea de Levante feliz cuando lo que había era desigualdad y abusos», recalca. Y se trataba de divertirse, claro.

No solo mucha calle
Había mucha calle, remarca, pero no solo eso. «Hace falta sentimiento popular pero también un artista que sepa estructurar las cosas. Había mucha gente que leía, que sabía de lo que hablaba, que veía lo de fuera y trataba de adaptarlo», señala.

Esas pequeñas y grandes batallas cuelgan ahora de las paredes del museo entre pintadas. Unas fueron comunes a otras ciudades ('La democracia de Fraga es como follar con bragas', 'La primavera ha llegado y el PC no se ha enterado' o 'No te drogues, somos muchos y hay poco') y otras pintadas tuvieron carácter propio ('Folleu, folleu que el món s’acaba').

La muestra confirma que lo que antes escandalizaba ahora está en los museos. «Se ha asimilado, pero hasta cierto punto. Cuando se crean instituciones como filmotecas o museos, asumen la contracultura pero yo digo que no se trata solo de contenidos. Está la actitud crítica, el no me importa lo que digas o el ¿por qué no?», reflexiona. Actitudes difíciles de domesticar.

Fallas cáusticas
La música es ejemplo de ese tránsito. El punk surgió «como un revulsivo contra la comercialización del rock», recuerda, pero llegó «un momento en el que también se acusó a los grupos punk de estar demasiado comercializados». Ahí está colgada la foto de los miembros de Seguridad Social con firmes crestas para ilustrarlo.

No tuvo València la potente escena musical de Bilbao o la explosión de cómics de Barcelona, pero la contracultura valenciana tuvo rasgos propios. Uno fue el transformismo, del que asegura Mira que fue «capital». Desde la versión política de Rampova a otras más festivas como la Margot, una especie de alter ego underground de Sara Montiel.

El otro fueron las fallas, el particular carnaval valenciano. «Estaban muy controladas por el franquismo para que no fueran críticas y lo desequilibraran todo, pero en esa época recuperaron el espíritu cáustico», explica el comisario, que no olvida el mítico número fallero de 'Ajoblanco' para apoyar esa revolución. Si lo que buscaba era levantar ampollas, lo consiguió con creces.

Internet hace casi imposible hablar en ese marco hoy. En buena medida, incide el comisario Mira, porque «es difícil encontrar frentes comunes cuando todo el mundo está tecleando detrás de un ordenador».

Quedan, apunta el director del IVAM, José Miguel García Cortés, estos homenajes a «los hombres y mujeres creadores que se rebelaron contra la España oscura y se interesaron por temas como el deseo, el placer o la irreverencia». Eso y su legado. «Sin su trabajo nuestra vida sería más fea, más aburrida, más gris», recuerda. Menos divertida.

martes, 9 de enero de 2018

#hemeroteca #cultura #visibilidad | Cultura para salir del armario

Imagen: Levante / Alberto Mira
Cultura para salir del armario.
El valenciano Alberto Mira hablará en el IVAM sobre la visión del niño homosexual en la historia de la literatura y el cine. Considera que la cultura gay es ahora «menos necesaria» al haber derivado de «cuestión de supervivencia» para convertirse en un «objetivo de marketing».
Voro Contreras | Levante, 2018-01-09
http://www.levante-emv.com/cultura/2018/01/09/cultura-salir-armario/1663671.html

La niñez propia, la visión de lo que uno fue y cómo ese «fue» desembocó en un adulto, es un terreno inabarcable en la literatura y el cine. Alberto Mira (Alzira, 1965), profesor de cine en Oxford Brookes University y uno de los mayores expertos en España en culturas homosexuales, recorrerá este jueves a las 19.00 horas en el IVAM un terreno algo más pequeño pero tremendamente interesante: el lugar que ocupa la infancia queer (o, lo que es lo mismo, no heterosexual) en ciertas reflexiones autobiográficas, y cómo es tratada esa infancia en el trabajo de escritores como Terenci Moix, Reinaldo Arenas o Eduardo Mendicutti, y en películas como 'La vie en rose', 'Tomboy', 'The Hanging Garden' o 'Marvin'. 

Alberto Mira explicaba ayer a Levante-EMV que su intención es iniciar su conferencia (organizada por la Cátedra de Estudios Artísticos. Siglos XX/XXI), con una referencia a la polémica ocurrida la pasada semana por la participación de «drag queens» en la cabalgata de los reyes magos de Vallecas. «Aquí lo que hay son dos visiones de cómo han de ser los niños. Una que dice que los niños tienen que respetar la tradición, y otra que desarticula esto. ¿Qué tipo de niños queremos? ¿Niños que piensen en fantasías o niños educados en la igualdad y ser individuos normalizados el día de mañana?».

Así, destaca Alberto Mira (autor de libros como 'De Sodoma a Chueca', la primera historia de las culturas homosexuales masculinas en España; o 'Miradas insumisas', un ensayo sobre la mirada queer y el cine) cómo la cultura queer, incluyendo esos relatos sobre la infancia de los que hablará en el IVAM, ha contribuido a normalizar la homosexualidad en la sociedad y, lo que quizá es aún más importante, en millones de individuos.

«Siempre ha estado ahí y darle nombre a las cosas es importante. Hay un concepto que a mí me parece clave, que es el concepto de gay. No es sólo un manera de llamar a un grupo de gente, sino que para el niño queer puede ser una manera de gestionar su lugar en el mundo. No es lo mismo no ser nada, que decir "soy gay", con lo que tomas una posición que te permite tener fuerzas y crecer como el individuo que quieres ser».

¿La normalización de la homosexualidad ha contribuido a que la cultura gay haya pasado de algo elitista a algo popular? «No es tanto una cuestión de elitismo, sino que todo estaba más oculto y cuando lo encontrabas, acababas reducido a un círculo que también estaba oculto. Cuando te encontrabas a ti mismo te dabas cuenta de que pertenecías a una minoría que no se podía expresar. Esto no sucede ahora, los niños tienen un montón de imágenes a su alrededor. Más que una popularización, lo que hay es una visibilidad mayor».

En el terreno literario, pero sobre todo en el cinematográfico, la necesidad de ocultar el mensaje queer obligaba a los sobreentendidos (como la famosa relación entre Judá y Mesala en 'Ben Hur') o a la creación de «iconos» del tipo Judy Garland o Barbara Streisand y sus canciones que «expresaban sentimientos profundos». «Tenía que ser todo subtextual y cuando te encontrabas algo así sólo lo podías hablar con un círculo reducido de gente. Ahora se habla mucho, pero esto también puede ser problemático, porque el hecho de que los padres o los adultos sean más conscientes de la posibilidad del niño se convierta en queer también puede poner limitaciones».

Mira señala que en el presente la cultura gay está mucho más diversificada que antes, pero que, al mismo tiempo, «es menos necesaria». Pese a películas tan reciente como 'La llamada', aquel periodo entre 1977 y 1981 que en España dio títulos como 'Arrebato', 'Pepi, Luci y Bom', 'Los placeres ocultos' o 'El diputado' han quedado muy atrás. «La cultura gay como algo de supervivencia va a menos, y todo va hacia una cultura donde tratan de venderte cosas por ser gay. Antes había una necesidad más emocional de consumir esa cultura, ahora se ha convertido en una identidad de mercado», asevera.

Pese a todo, no duda en que «la época actual es mejor que la del pasado» e incluso reconoce sentir «envidia de estos chavales de 15 años que cuando tienen dudas se meten en internet. Hay una serie de miedos, dudas, desajustes, ambivalencias, que internet no te va a resolver, pero al menos tienes un punto de diálogo y un lugar concreto en el que hablar. En nuestra época no había nada. Es una percepción totalmente distinta cuando tienes a tu disposición un discurso externo y cuando no lo hay»

lunes, 27 de noviembre de 2017

#libros #lgtbi #historia | Lo nuestro sí que es mundial : una introducción a la historia del movimiento LGTB en España

Lo nuestro sí que es mundial : una introducción a la historia del movimiento LGTB en España / Ramón Martínez ; prólogo de Alberto Mira.
Barcelona [etc.] : Egales, 2017 [11-27].
346 p.
Colección: G
ISBN 9788417319007 / 20 €

/ ES / ENS
/ Activismo / Derechos / España / Historia – Siglo XX / Historia – Siglo XXI / LGTBI / Movimiento gay / Movimientos sociales / Testimonios

En apenas cuatro décadas el «Movimiento LGTB» ha transformado España. Un país que en 1975 se declaraba mayoritariamente favorable a la eliminación de la homosexualidad a través de leyes represivas es hoy, gracias a la reivindicación política de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales, uno de los Estados que más derechos y libertades garantiza a las personas no heterosexuales, y que en 2013 defendía en un 88% que la diversidad sexual y de género debe ser reconocida e integrada en la sociedad.

¿Cómo ha sido posible esta transformación radical? Los partidos políticos de todas las ideologías no siempre se interesaron tanto por los derechos LGTB como ahora lo hacen –o fingen hacerlo–, y durante muchos años lesbianas, gais, transexuales y bisexuales tuvieron que organizarse para conseguir, primero, la eliminación de la legislación represiva y, después, el paulatino reconocimiento de derechos que llevó hasta la consecución del Matrimonio Igualitario. Pero queda mucho trabajo por hacer hasta la erradicación de la homofobia, transfobia y bifobia, y la mejor forma de comprender el presente y elaborar una reivindicación adecuada con vistas al futuro es conocer nuestro pasado: responder a la pregunta ¿de dónde venimos? puede ofrecer las claves necesarias para afrontar otras cuestiones como quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos.

Este libro ofrece un análisis del desarrollo histórico del «Movimiento LGTB» en el Estado español a través de numerosa documentación y bibliografía y de los testimonios de sus protagonistas; y recupera la genealogía de la lucha social de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales en defensa de sus derechos como herramienta para seguir elaborando un discurso reivindicativo que, más allá de un WorldPride, pueda seguir diciendo con la voz bien alta que lo nuestro sí que es mundial.

«El trabajo de Ramón Martínez traza con encomiable precisión una genealogía compleja de lo que es el movimiento. [...] El inmenso valor de Lo nuestro sí que es mundial es entrar en los callejones sin salida, en los atajos y en los terrenos pedregosos, en los errores y en los triunfos, contar cómo se ha llegado hasta aquí y rescatar una historia casi olvidada, dando nombres, resucitando voces.» -- Alberto Mira

Ramón Martínez (Madrid, 1982) es doctor en Filología por la Universidad Complutense. Como experto en literatura española y diversidad sexual y de género, ha publicado diferentes artículos de investigación e impartido numerosas conferencias. Fue finalista del IX Premio Odisea con su primera novela, “Esta noche tú decides” (2007), y es columnista de opinión habitual en ‘Cáscara amarga’. Activista LGTB y feminista, ha participado en varios colectivos. En la actualidad forma parte de Arcópoli.

domingo, 19 de marzo de 2017

#hemeroteca #cultura | Lo que significa Berkana

Imagen: Miradas insumisas / Berkana
Lo que significa Berkana.
Alberto Mira | Miradas insumisas, pensamientos impuros, 2017-03-19

https://albertomirablog.wordpress.com/2017/03/19/lo-que-significa-berkana/

La librería Berkana se encuentra en un momento crítico que podría conducir al cierre. Desaparecería así parte de nuestro patrimonio. Era un lugar al que acudir, donde se encuentran voces que hablan de lo que nos importa. En sus estanterías se acumula nuestra historia de lucha y nuestras fantasías más guarras, nuestros ideales, nombres de chamanes, historiadores, voces en las que nos sentíamos reflejados, emociones que otros no nos contaban, mundos sobre los que podíamos soñar. Esto es serio para los sentimentales como yo, pero probablemente menos para quienes tienen un repertorio de argumentos neodarwinistas sobre la competencia y la supervivencia, ideas afines, por cierto, a las que hacen de nuestros políticos reptiles sin corazón o proyecto, a las de quienes propugnan un mundo de mercados en el que no se presta atención a los valores o el bien común. Pero dado que son ideas populares y son ideas que tanta gente vota, algún atractivo tendrán. Sin embargo creo que más allá de lo que sucede objetivamente, es el momento de preguntarnos por las implicaciones simbólicas, de lo que significa históricamente, para la llamada comunidad gay. Las cosas parecen suceder en un instante del tiempo, pero sus reverberaciones sobre lo que somos, qué tenemos que celebrar y nuestro futuro van más allá de este instante concreto. En la desaparición de Berkana habría todo un veredicto sobre lo que somos, lo que merecemos. La vida continuará, sin duda, pero cierta historia sobre la cultura gay en España tendrá el final que quizá merezca.

Igual es que la “comunidad gay” ya no existe. No digo nada nuevo si especulo con la idea de que el ciclo político gay que se inicia con Stonewall, un ciclo del que Berkana es resultado contundente, ha llegado hoy a un momento crítico. De hecho para muchos es un ciclo que ha llegado a su fin. Se han logrado algunas de las demandas más centrales, se han alcanzado cotas de visibilidad impensables en aquellos momentos, y esta visibilidad está llegando a lugares clave. Y por muchos homófobos que queden, la verdad es que es una posición menos sostenible, menos cool. Son cambios que han afectado a mucha gente, y gracias a ellos la mayoría de las lesbianas, homosexuales y otros raritos sienten que se vive lo suficientemente bien como para evitar el conflicto. La mayoría salimos del armario sin dramas, la mayoría podemos ir por la vida sin sentir que la homofobia nos coarta, hay cine gay, hay teatro gay (si es que el teatro no lo fue siempre un poco), e incluso el Teatro Real anuncia óperas dirigiéndose a ese sector del público. Y en consecuencia la mayoría puede pensar que el ciclo de reivindicaciones ha concluido y no es necesario. Esto no es cierto: al niño queer todavía se le trata de heterosexualizar y nuestra actitud hacia las personas trans está llena de prejuicios, ignorancia y ocasional estupidez. Pero el hecho de que tanta gente pueda permitirse el lujo de opinar así (y es un lujo) hace urgente que realmente nos replanteemos “qué significa el orgullo gay”, “de qué tenemos que estar orgullosos”, “en qué sentido somos una comunidad o un grupo”, “¿hay un ‘nosotros’ queer?” y para los pragmáticos, “¿de qué sirve que lo haya?”

¿En qué consiste ese hipotético “nosotros” gay? Todo grupo se constituye como tal de dos maneras: unas mitologías y un sentimiento de frente común frente a la hostilidad de otros, se producen así fantasías, barricadas y artillería. Nadie crea estas cosas individualmente, surgen poco a poco, durante años o décadas, con sus resistencias y asentimientos. Esas herramientas de lucha pueden ser físicas, pero también son discursivas. Esto es aplicable a todos: el feminismo, las comunidades profesionales, el catalanismo, el socialismo, cada uno tendrá las suyas. La comunidad tiene un sentido emocional y un sentido estratégico. La activamos cuando se ataca lo que somos, la habitamos con placidez, comunicando y compartiendo experiencias en otros momentos, pero si no existe nos convertimos simplemente en individuos que luchan contra ideologías. No creo que la historia de la homosexualidad sea simplemente una historia de opresión. Es una historia de vidas, imaginarios, placeres y máscaras que se parece mucho a la vida de los no homosexuales (de ahi que resulte tan complicado definirnos en términos reales y durante tanto tiempo hayamos permitido que lo hagan por nosotros). En esto, la homosexualidad es como otras comunidades imaginadas. Uno pertenece a un grupo por simpatía con otros miembros o por resistencia frente a la injuria y la injusticia, y una vez formada se ve lo positivo de la comunidad: refugio y placer.

Dos pilares sustentan esta comunidad. A través del activismo produce cambio, a través de la cultura produce discurso. Activismo y cultura son complementarias (aunque habría mucho que hablar sobre sus relaciones en nuestro país, siempre problemáticas, reflejo de las reservas que España siempre ha tenido frente a todo lo que sea cultura y pensamiento). El activismo hace, la cultura ayuda a dar sentido a lo que se hace. Un lema es simplista, la historia es compleja y los detalles de la vida cotidiana tienen menos peso si no se les da sentido a través de estructuras que apuntan a la moral o a la historia. Pero la efectividad de lo primero se articula mejor si se conoce lo segundo. Por esto todas las comunidades necesitan un engranaje cultural, necesitan crear discurso, contenidos y argumento. Se mantienen a flote a través de comunicar fantasías, de comunicar experiencias, de crear narrativas. Perdemos el movimiento político y perdemos la conciencia cultural y nos quedamos sin nada. Desaparece todo esto y quizá durante algún tiempo sigamos teniendo homosexuales que viven bastante cómodos. Pero el concepto de igualdad irá siendo socavado. El sentimiento de comunidad significa que prestamos atención a esos procesos reaccionarios que nos dicen que algunos de “nosotros” son menos que otros. Que el gay rico sí, pero la prostituta trans no, que hay ópera gay, pero el niño queer lo educamos contra sus tendencias. Una comunidad debe ser educada en el discurso. Y una comunidad que carece de discurso, historia, conocimiento o solidaridad no es una comunidad. El orgullo no es un rasgo que merezcamos por el hecho de ser gays, sino el resultado de algo que nos hemos ganado con el tiempo, argumentando, luchando, dialogando para cambiar leyes y actitudes. A mí también me produce orgullo que existan lugares como Berkana. Desde el momento que lo gay se piensa exclusivamente en términos de estilo de vida sin armazón simbólica o política no somos una comunidad, no tenemos nada de qué sentirnos orgullosos.

Sería retóricamente débil por mi parte decir que Berkana a solas representase todo esto y que desapareceremos sin un local concreto en un lugar concreto. Existen otras fuentes de información, existen otros lugares, los libros seguirán vendiéndose en otros sitios, incluso en sitios que antes de Berkana y Egales no habrían aceptado trabajos con la etiqueta “gay”. Pero perder un espacio siempre es una derrota. Serán los más débiles, quienes más necesitan información, quienes van a perder. Se habrá perdido un punto focal para nuestra cultura, un lugar donde se articula, se discute y, sí, se vende. Un lugar en el que “nuestras” cosas se hacen en “nuestros” términos. Un espacio que no hemos sabido defender porque no sentíamos necesitar estas cosas. Pero más allá del lugar, la parte que me duele en el alma es lo que significa simbólicamente su desaparición: el hecho de que cierto sentido de comunidad cultural se está evaporando y nos vamos a quedar simplemente como individuos sin un discurso que nos articule, el hecho de que demos por sentado que el espíritu de Stonewall ha muerto porque, de momento, la mayoría de nosotros estamos cómodos y no nos tiran piedras. Hay una historia detrás de Berkana de la que quienes nos percibimos como parte de una comunidad nos sentimos orgullosos. Es una historia de lo mejor que hemos producido. Pero es una historia que abrazamos o que vamos a perder.

Berkana necesita ayuda. Podemos ayudar todos y daremos prueba de que nos merecemos seguir siendo una comunidad. Pincha aquí si quieres contribuir a mantener el sueño vivo. Y piensa que, como todos los sueños compartidos, lo haces por reforzar un “nosotros”. Puedes pensar que no te hace falta hoy, pero seguro lo necesitarás con los años.

viernes, 7 de marzo de 2008

#hemeroteca #politica | Gays de derechas

Gays de derechas
Alberto Mira | Universo Gay, 2008-03-07
http://tribuna.universogay.com/gays-de-derechas__07032008.html

“¿Cómo se puede ser gay y de derechas?”, se preguntaba mi pareja exasperado, refiriéndose a uno de los novios (es una larga historia) de mi amigo Jorge. Ciertamente es un fenómeno que algunos gays no alcanzan a comprender, como si la expresión perteneciera al ámbito del oxímoron o simplemente como si se quisiera llevar la contraria al orden normal de las cosas. Según este punto de vista, la derecha es lo más contrario al bienestar de los homosexuales, resulta inflexible en esta cuestión, es, en una palabra, “homófoba”, así en bloque y sin ambigüedades. Todo lo más, de existir, los gays de derechas serían unas armarizadas insufribles, presas de sus contradicciones, probablemente con cosas mentales raras, y sin duda incómodos con su sexualidad. Pero la actitud hacia la propia sexualidad no está relacionada de manera unívoca con el posicionamiento político.

Lo cierto es que existen gays de derechas y están tan cómodos con su homosexualidad como los gays de izquierdas. Mucho más que algunos gays de izquierdas, incluso. Y ya puestos (espero que nadie se escandalice), a veces me siento mucho más cercano y mucho más cómplice con mis amigos gays de derechas que con un hetero homófobo de izquierdas. La distancia ideológica puedo salvarla, ignorar la homofobia me cuesta más.

Históricamente encontramos que tanto la izquierda como la derecha han utilizado la idea de la homosexualidad para desautorizar a aquellos que se consideran enemigos. En "De Sodoma a Chueca" comentaba que al inicio de la Guerra Civil, la derecha propagó el rumor de que Azaña, presidente de la Segunda República, era maricón, y los rojos hicieron lo propio con José Antonio Primo de Rivera, ideólogo de la Falange. Por otra parte, hay una larga tradición de homosexuales conservadores, aunque es cierto que acabamos por saber menos de ellos. Se me ocurre Noel Coward, sin ir más lejos. Los curas homosexuales (y hay muchos) serían, asumo, de derechas así como todos los militares homosexuales, lo que pasa es que la homofobia es parte escencial de estos ámbitos, así que en general se abstienen de declaraciones y hacen todo lo posible por pasar desapercibidos, con lo cual son menos identificables. El ensayista gay más influyente de las últimas décadas, Andrew Sullivan, se declara de derechas. A lo largo del siglo XX, tanto los regímenes de extrema derecha como los de extrema izquierda han dado muestras de homofobia, lo cual sugiere que ésta va más allá de las opciones políticas: por cada Hitler hay un Stalin, un Castro.

Sin duda el grueso de la cultura gay se acerca a la izquierda en los años sesenta, y esto resulta especialmente cierto entre los activistas. Esto sucede porque es la izquierda la que adopta la causa de la revolución sexual, y los gays del momento pensaban que esto les incluía a ellos. En España a esto hay que añadir que la derecha que nos gobernó entre 1939 y 1976 las hizo pasar canutas a los homosexuales (como las hizo pasar canutas a cualquiera que no siguiera ciertas pautas de comportamiento). El caso es que es fácil ver que coincidiendo con la emergencia de una izquierda que se convirtió en alternativa política, la situación de los homosexuales mejoró. Y los homosexuales en 1977 buscaron siempre el apoyo de opciones a la izquierda del espectro, porque con la derecha ya se sabía que no podía ser.

Sin duda la situación ha cambiado. El gobierno del Partido Socialista se ha mojado, sin tener por qué hacerlo, por los derechos de los homosexuales. Pero también cabe señalar que esta derecha no es la de los años setenta en la cuestión homosexual. Por una parte, la causa de la Revolución sexual, que antaño era determinante en la división entre izquierda y derecha, ha dejado de ser tema candente. Cierto que la derecha es más puritana en estas cuestiones, pero ya no hacen del sexo caballo de batalla. A ver, ciertamente se declaran contra “el matrimonio homosexual”, pero en su discurso ya no encontramos, salvo excepciones como los Polainos y compañía, la homofobia de antes. No sería de recibo. Líderes del PP declaran que a ellos lo único que les molesta del asunto es que se llame “matrimonio”. El argumento es implícitamente homófobo, pero hace una década probablemente habría dado pie a expresiones de homofobia mucho más brutales. La mayoría cuestionarán, un poco por lo bajines, el tema de la adopción. Pero seamos sinceros, la derecha ya no es lo que era. Se puede ser gay dentro del PP, y no pasa gran cosa. Tampoco en el PSOE tiene que ser un camino de rosas, cuando un reciente candidato a un puesto importante optó por el armario.

La gente no vota sólo “como homosexual”, y la sexualidad no ocupa el mismo espacio en las vidas de todos. Algunos, por trabajo o por inclinación, vivimos a gusto en esta idea de subcultura. Otros, una vez pasan los rituales de salir del armario y emparejarse, dan la espalda a cualquier cosa que sugiera esa subcultura con la que no se sienten relacionados. Esta distinción siempre me ha parecido más relevante entre los gays que la ideológica. Hace una década, en los Estados Unidos el partido republicano empezó a admitir homosexuales visibles en sus filas: la idea era que los homosexuales podían votarles de manera natural, porque al no vivir en familias (generalmente) y con su tendencia a constituir parejas en que había dos sueldos, preferían políticas que les permitiesen administrar su dinero, en lugar de una actitud más social que se dedica a escuelas, protección familiar y apoyo a madres solteras (a menudo heterosexuales). Socialmente, cuando se supera la amenaza de leyes opresivas, tiene cierto sentido que los homosexuales viren hacia la derecha y creo que no sirve de nada escandalizarse al respecto. Es decir, que no se trata de acusar a los gays de derechas de incoherencia, sino de producir un discurso que reivindique el hecho de que son gays, y por lo tanto “de los nuestros”, y que, en cierta medida, hay motivos por los que además de votar con la mano en el bolsillo o con la mente en una visión de la sociedad, tengan en cuenta otras razones que tendrán lo suyo de egoísmo.

En estos términos, el tema del matrimonio me parece que invita a que los gays de derechas, esta vez, voten como gays y no como conservadores. La reforma de la definición del matrimonio que realizó el gobierno de Rodríguez Zapatero en el 2005 hace que exista una división entre los dos principales partidos en este sentido. De hecho yo diría que dejando de lado la cuestión de principio, los gays de derechas tienen más que agradecerle que los gays de izquierdas: al fin y al cabo, los gays conservadores son, intrínsecamente, más proclives al matrimonio y la profesión de monogamia. Así que, dado que, según el señor Rajoy, ya no hay ni derechas ni izquierdas (es decir el que uno sea de derechas no significa que tenga que votar al señor Rajoy), ¿por qué no dejarnos de exclusiones? La opción política es cosa de cada uno, pero, por su propio interés, aunque sólo sea por mantener vivo el principio conservador de que el matrimonio es la base de la sociedad y las parejas sólo serán normales si son legítimas, hay motivos para que los gays de derechas, en esta ocasión, voten por partidos distintos al PP que son los únicos que van a proteger su estatus legal.

jueves, 31 de enero de 2008

#libros #cine | Miradas insumisas

Miradas insumisas / Alberto Mira
Barcelona [etc.] : Egales, 2008
610 p.
Colección: G
ISBN 9788488052513 [2008-01] 

/ ES / ENS
/ Homosexualidad en el cine
Biblioteca UPV/EHU
https://millennium.ehu.es/record=b1801209~S1*spi

Más allá de una idea convencional y limitada del «cine gay» y más allá de los silencios y distorsiones de la crítica (casi siempre masculina y casi siempre hetero), Miradas insumisas repasa las relaciones entre la experiencia homosexual, la fantasía homoerótica y el cine. Constituye una introducción a las diversas aproximaciones de los homosexuales al séptimo arte como espectadores, como críticos y como artistas, pero sobre todo es una invitación a cultivar una experiencia provocadora y heterodoxa del cine.

Los placeres cinematográficos siempre han tenido que ver con el deseo y el sexo. Unas veces invitaban a la exploración, otras trataban de imponer cierta ortodoxia. Muy a menudo se producían y se leían en clave heterosexual. La mirada insumisa, tal como se describe en este ensayo, se ofrece como una alternativa a esta forma de ver, hacer y hablar de cine.

Miradas insumisas de los espectadores gays, quienes, saltándose la censura y los estereotipos homófobos, proyectan deseo homoerótico, sacan del armario a camaradas y a amigas de toda la vida, descubren a la butch en Bette Davis, a la cómplice en Elizabeth Taylor y se ven reflejados en musicales, melodramas y películas Disney.

Miradas insumisas de los creadores homosexuales, de Cukor a Almodóvar, pasando por Visconti, Pasolini, Fassbinder, Ventura Pons o Todd Haynes, que buscan modos de dar forma artística y narrativa, de maneras más o menos codificadas, a una experiencia personal y subcultural, a una perspectiva que siempre será mejor cuanto más individual y a unas fantasías que no se someten al imaginario tradicional.

DOCUMENTACIÓN
Miradas insumisas. Alberto Mira
José Antonio López | Prótesis, 2013-10-00

http://www.revistaprotesis.com/2013/10/miradas-insumisas-alberto-mira.html
Miradas insumisas
Banquete a la tropa, 2009-09-10

http://banquetealatropa.blogspot.com.es/2009/09/miradas-insumisas.html
Miradas insumisas
elputojacktwist | Dos Manzanas, 2008-10-24

http://archivo.dosmanzanas.com/index.php/archives/5729
Miradas insumisas
M. Francisco Reina | ABC, 2008-07-13

http://www.abc.es/hemeroteca/historico-13-07-2008/abc/Domingos/cultura-miradas-insumisas_1641999520827.html
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ENLACES
Egales | Miradas insumisas

http://www.editorialegales.com/libros/miradas-insumisas/9788488052513/
Blog | Miradas insumisas
http://lizhamilton.blogspot.com.es/

jueves, 31 de marzo de 2005

#libros #testimonios | Oscar Wilde : una vida en cartas


Oscar Wilde : una vida en cartas / Merlin Holland ; traducción de Alberto Mira.
Barcelona : Alba, 2005 [03].
592 p.
Colección: Clásica Biografías ; 7.
ISBN: 9788484282495 / 27 €

/ ES / EN* / BIO
/ Correspondencia / Historia - Siglo XIX / Literatura / Oscar Wilde / Testimonios

Este volumen ofrece una selección explicada y cronológicamente ordenada de las cartas de Oscar Wilde realizada por Merlin Holland, nieto suyo y especialista en su obra, de manera que componen la autobiografía que él nunca escribió. Todo Wilde está aquí, en la escritura ligera o acerada, en el ingenio o en la desesperanza, en el deseo o en su retractación: el joven abanderado del esteticismo, el moderno árbitro de la elegancia que ilustra a rudos mineros norteamericanos, el chispeante autor de comedias de sociedad, el marido y padre, el amante de Bosie −de sus cabellos dorados y de su «egoísmo sin imaginación»−, el preso de Reading, el hombre caído, −«un problema patológico a ojos de los científicos alemanes»−, el arrepentido que abjura del paganismo, el amante que vuelve a amar, «el perro paria del siglo XIX» que pide prestado a todo el mundo, incluido el conserje de su hotel. «Cuando los salaces y los impotentes te atacan, ten por seguro que tienes razón», le escribía a un amigo en 1894; en 1898, le confesaría a otro: «La vida, que tanto he amado –demasiado− me ha despedazado como un tigre, así que cuando vengas a verme comprobarás la desastrosa ruina en que se ha convertido lo que en otro tiempo fue maravilloso y brillante y terriblemente improbable».

‘Oscar Wilde: Una vida en cartas’ es la crónica espléndida de una mudanza terrible, y un auténtico espejo de la vida y la literatura de uno de los genios del siglo XIX.