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lunes, 26 de agosto de 2019

#hemeroteca #bromance | La tensión sexual no resuelta (o sí) en las ‘películas de colegas’

Imagen: El País / Leonardo DiCaprio y Brad Pitt
La tensión sexual no resuelta (o sí) en las ‘películas de colegas’.
Así ha evolucionado la masculinidad en Hollywood a través de las ‘buddy movies’.
Juan Sanguino | El País, 2019-08-26
https://elpais.com/elpais/2019/08/23/icon/1566552479_885993.html

Dos personas incompatibles que, por circunstancias de la vida, se ven obligadas a pasar tiempo juntas acabarán aprendiendo a tolerarse, a apreciarse y a hacerse mejores personas la una a la otra. Cuando son un hombre y una mujer se le llama comedia romántica. Cuando son dos hombres, ‘buddy movie’ (película de colegas). Y todos son hijos de Tom Sawyer y Huckleberry Finn.

La primera mitad del siglo XX, la de Laurel y Hardy o Dean Martin y Jerry Lewis, presentó las parejas masculinas como escapismo (ante la Gran Depresión o la Segunda Guerra Mundial), pero los setenta les dieron por fin un propósito: dinamitar el sistema con una detonación controlada que saciase el ansia del público por ver el orden caer. La excusa para juntarlos era el movimiento social ('Cowboy de medianoche'), literal ('Easy rider') o en huida hacia adelante ('Dos hombres y un destino'). Y entre el público masculino está mucho mejor visto emocionarse con una amistad entre dos tíos que con un romance entre un hombre y una mujer.

Con la 'buddy movie' interracial, los ochenta reintegraron el subgénero en el sistema: trabajar juntos para mejorarlo, tal y como pedía amablemente el presidente Reagan, era una misión más importante que sus diferencias de clase (‘Entre pillos anda el juego’), de metodología (‘Límite: 48 horas’), de capacidades (¡No me chilles que no te veo’) o de valores (‘Arma letal’). 'Thelma y Louise' consolidó una diversidad que ha acabado retrasando tres décadas la existencia de una ‘buddy movie’ con Leonardo DiCaprio y Brad Pitt (en la reciente 'Érase una vez en... Hollywod', de Quentin Tarantino).

Porque ellos llegaron a un Hollywood donde si dos protagonistas blancos, de sexo masculino y de la misma edad compartían póster, el público asumiría que eran idiotas (‘Dos tontos muy tontos’, ‘Wayne’s world’, ‘Beavis & Butthead’), dibujos animados ('Toy story’, ‘Shrek’, ‘Monstruos S.A.’) o enamorados sin saberlo (‘Le llaman Bodhi’, ‘Entrevista con el vampiro’, Matt Damon y Ben Affleck recogiendo su Oscar). Porque la ‘buddy movie’ de los noventa requería sensibilidad (‘Cadena perpetua’), diferencias reconciliables (‘Hombres de negro’), mentoría (‘Seven’), choque cultural (‘Hora punta’) y diversidad racial (todas las anteriores).

Y justo cuando la comedia romántica tradicional pasó de moda con el cambio de siglo, surgieron las comedias ‘brománticas’ (‘bromance’: dícese del amor no romántico entre dos hombres). En ‘Te quiero, tío’, Paul Rudd está a punto de casarse, pero de quien se queda prendado, con quien construye un espacio donde pasar tiempo juntos y discute, se separa y finalmente se reconcilia es con Jason Segel, su mejor amigo.

La comedia ‘bromántica’ derriba tabúes sociales sobre la intimidad entre hombres y sus protagonistas tienen menos reparos a pedir perdón, aprender lecciones, madurar y poner su felicidad en manos de otro si ese otro es su colega, porque no sentirán que su vulnerabilidad les está castrando. Si ‘Superfumados’ estuviese protagonizada por un chico y una chica, el 100% de sus espectadores asumiría desde la primera escena que acabarían juntos.

Porque los ‘buddies’ están hechos el uno para el otro. La tensión sexual no resuelta, que Santiago Segura resumió mejor que nadie en ‘Torrente, el brazo tonto de la ley’ en esa escena con Javier Cámara (“¿Nos hacemos unas pajillas?”, “sin mariconadas ¿eh?”), ha cancaneado en la ‘buddy movie’ desde que Laurel y Hardy hacían la cucharita para dormir. Y eso lo sabe Quentin Tarantino, uno de los primeros en proponer que ‘Top gun’ es, en realidad, una historia de amor no asimilado entre Tom Cruise y Val Kilmer.

'Érase una vez en... Hollywood' es también la primera ‘buddy movie’ de Tarantino con dos blancos (tras ‘Pulp Fiction’ y ‘Django desencadenado’) y ha tenido que ambientarla en la última década donde esa combinación no levantó cejas, los setenta, con un tipo que literalmente se juega la vida por su mejor amigo. La estrella de cine de tercera Rock Dalton (DiCaprio) y su doble en las escenas de acción, Cliff Booth (Pitt), escribirán una nueva página, atestada de diálogos chispeantes, en un subgénero que no pasará de moda mientras siga existiendo una crispación social que conciliar.

La última ganadora del Oscar, Green book, conectaba a los dos polos más opuestos posibles: un artista negro homosexual y un obrero blanco heterosexual. Quizá la única forma de revitalizar el género sea poner a dos tíos que están tan de acuerdo en todo que no se soportan. Claro que para eso ya está la vida real.

jueves, 13 de junio de 2019

#hemeroteca #sexoanal | Sexo anal, el último tabú del hombre hetero

Imagen: El País
Sexo anal, el último tabú del hombre hetero.
Algunos hombres heterosexuales empiezan a interesarse por experimentar, en carne propia, el placer de la parte de atrás y lo incorporan a sus relaciones con mujeres.
Rita Abundancia | SModa, El País, 2019-06-13
https://smoda.elpais.com/moda/sexo-anal-el-ultimo-tabu-del-hombre-hetero/

No cabe duda de que el ano es una zona erógena con una enorme carga simbólica, cultural y social. Durante mucho tiempo el anticonceptivo más seguro y la única manera que tenían las mujeres de llegar vírgenes al matrimonio, aunque no inexpertas. Tal vez por eso, entregar el culo era sinónimo de lascivia y entrañaba también un grado importante de sumisión.

En la Grecia y Roma antiguas, como cuenta Valérie Tasso en un artículo al respecto, “no existía ningún impedimento por el que esa zona no pudiera ser utilizada por un varón para el placer, independientemente de que fuera el ano de una mujer o el de otro hombre. Sólo había una regla de oro que ningún varón que se preciara como tal pudiera vulnerar; debía ser siempre el agente activo, el “que daba” y nunca un mero sujeto pasivo (eso era cosa de mujeres, esclavos o efebos).

Hace algunos años que se empezó a hablar del ‘bud sex’, (‘bud’ significa colega o compañero). Hombres heteros que mantienen relaciones homosexuales pero que no se consideran a sí mismos gais. Es más, muchos exhiben, incluso, conductas un tanto homófobas.

En el 2017, un sociólogo de la Universidad de Oregón, Tony Silva, se dedicó a estudiar este fenómeno, que ocurría generalmente entre hombres blancos que vivían en un medio rural, en EEUU. Silva, a quien entrevisté para un artículo, relacionaba esta práctica con los múltiples factores que afectan a la identidad sexual como la cultura, el contexto social, el lugar, el momento histórico y las interpretaciones personales. “De hecho”, decía este sociólogo, “las identidades sexuales, tal como las conocemos hoy en día (heteros, gais, lesbianas, bisexuales, etc.), no se clasificaron hasta mediados-finales del siglo XIX y la forma de entenderlas no es la misma en todo el mundo. Pero no solo eso, además, y como se ha visto en el estudio, personas con la misma cultura pueden tener prácticas sexuales similares pero interpretarlas de formas distintas, dependiendo del concepto que tengan de su propia sexualidad”.

Para Silva el término ‘bud sex’ se aplicaría a aquellas relaciones que sus participantes interpretan como ‘ayudar’ a un amigo (en la que está exento el factor romántico), entre hombres blancos y heterosexuales o, escondidamente, bisexuales. Encuentros secretos, sin consecuencias y sin asociación ninguna con ideas como feminidad u homosexualidad.

En esta evolución de la conducta sexual, algunos hombres se plantean ahora explorar, en carne propia, el placer que pueden proporcionarles el sexo anal con sus parejas femeninas. “Aunque lo hacen muy tímidamente y buscando siempre un permiso profesional o social”, señala Raúl González Castellanos, sexólogo, psicopedagogo y codirector de Ars Amandi, centro de terapias sexológicas y psicológicas, en Madrid.

“El beso negro o ‘anilingus’ (estimulación oral del ano), practicado por su pareja femenina, es algo más fácil de aceptar para un hetero, pero el hecho de ser penetrado es ya otro asunto”, señala González Castellanos. Serena, masajista erótica, que trabaja en Madrid y se anuncia en Internet, reconoce que muchos hombres le piden el extra del ‘pegging’ (penetración anal con un dildo y un arnés). “Son heterosexuales pero quieren probar esta práctica o ya la han probado y les resulta muy excitante. Sin embargo, no se atreven a pedírsela a sus mujeres o parejas por temor a su reacción”, señala Serena.

Hace años guardé un recorte de El País referente a un espectáculo, un monólogo que la actriz Isabelle Stoffel presentó en la capital española y en el Festival de Edimburgo, allá por el 2013. La obra se llamaba ‘La rendición’, hablaba del sexo anal y Stoffel argumentaba teorías como esta: “en el culo, la verdad siempre sale a la luz. Una polla en un culo es como la aguja de un detector de mentiras. El culo no puede mentir: si mientes, te duele”. O esta otra, “en la sodomía, la confianza lo es todo. Si te resistes, pueden hacerte daño de verdad. Con esta práctica he aprendido mucho, pero sobre todo he aprendido a rendirme”.

El punto G masculino
“La zona localizada entre los testículos y el ano (incluyendo también éste), es una zona muy sensible”, apunta Marta Jesús Camuñas, sexóloga y psicóloga de Amaltea centro de educación y medicina sexual en Zaragoza. “Ahí está el perineo y muchos localizan el punto G masculino (en el interior del recto, a unos 4 ó 6 centímetros de profundidad). “Es una zona en contacto con la próstata, que algunos hombres la relacionan con una sensación muy placentera. Aunque como ocurre en el sexo, el placer depende de muchos factores, a parte del fisiológico. Está la situación o la compañía, que influyen poderosamente en el deseo”, subraya esta experta.

Los beneficios del masaje prostático es otro de los argumentos que esgrimen los curiosos o los amantes de esta práctica. “Cualquier parte del cuerpo que reciba una correcta estimulación se va a ver beneficiada”, comenta González Castellanos, “pero todavía se sabe poco al respecto. Aunque sí se ha demostrado que la eyaculación frecuente no solo es buena para la espermatogénesis (producción de espermatozoides) sino también para retrasar los problemas de próstata, a pesar de que antiguamente se decía que estos trastornos eran el castigo divino a los hombres promiscuos. Tener en cuenta la zona anal puede ser también una opción sexual más en varones que, por determinadas circunstancias, no tengan erecciones”, concluye este sexólogo.

Para los que estén dispuestos a explorar su puerta de atrás, sin miedo a las etiquetas o a los prejuicios, González aconseja que “sea algo consensuado entre las partes y que haya un mínimo ingrediente de curiosidad-deseo. Hay también que extremar la higiene e ir muy despacio, ya que la musculatura del esfínter anal es concéntrica y hay que dilatarla poco a poco”. La juguetería erótica dispone ya de pequeños dildos y de lubricanes especialmente diseñados para esta delicada área. El área de la verdad, como la llamaba Stoffel.

martes, 12 de diciembre de 2017

#hemeroteca #violenciasexual #homofobia | Carta abierta a Lucía Etxebarria: no es homosexualidad reprimida, es dominación

Imagen: Magcedonia
Carta abierta a Lucía Etxebarria: no es homosexualidad reprimida, es dominación.
Pablo Herrera | Magcedonia, 2017-12-12

http://magcedonia.com/carta-abierta-a-lucia-etxebarria/

Pedía Lucía Etxebarria en este artículo, que si veíamos homofobia en su artículo de El Periódico le respondiéramos en una entrada de blog. Para los que habéis llegado tarde, Lucía recoge una teoría que afirma lo siguiente: los violadores como el caso de La Manada son en realidad homosexuales reprimidos.

Utiliza el concepto de budsexers, hombres que tienen sexo con otros hombres pero se sienten heteros. Sería, también, el caso de los marineros o los presos. Personas que tienen tendencias homosexuales por las circunstancias.

Para Lucía Etxebarría, la víctima de la violación es solo la excusa para poderse ver las pollas unos a otros. Argumenta la escritora que el estado inconsciente de la víctima, a diferencia del papel activo de la mujer en una gangbang, muestra como ella era irrelevante. Ella era la forma de poder tener sexo juntos.

¿Cuál es el problema, Lucía Etxebarria?
Tu teoría tiene varios problemas. El principal es que invisibiliza la cultura de la violación. La cultura de la violación no existe porque haya homosexuales reprimidos. La cultura de la violación es cisheterosexual y tan antigua como nuestra civilización.

Afirmar que los chicos han violado porque es la forma de estar juntos es, cuanto menos, simplista. Los chicos violaban y jaleaban no para verse las pollas. Era, más bien, una manifestación de poder.

Que la chica sea un recipiente, un consolador, no quiere decir que el objeto de deseo sean los otros chicos. El objeto de deseo es la dominación. Es demostrar que su deseo está por encima de la capacidad de decisión de la chica.

Por eso, aunque tengan novias y mujeres, los chicos de La Manada violaban en grupo. No para compartir sus cuerpos. De hecho, no los compartían. Era camaradería.

La homofobia interiorizada
Tu artículo, además, tiene otro problema. Quizá sea solo una percepción nuestra. Quizá, por el contrario, sea un ejemplo de la homofobia interiorizada que tenemos todos. Sé que eres bisexual declarada. Como tal, estarás harta de escuchar opiniones y comentarios que te denigran o anulan tu deseo.

Cuando se lee tu artículo parece que ser homosexual reprimido tiene una fuerte carga negativa. Parece que se está utilizando para insultar a los miembros de La Manada. Parece, y esto es, además, mucho más grave, que se está utilizando para justificarlo.

De nuevo, es importante resaltar que la culpa no es de tener un instinto sexual diverso. Achacarlo a eso es homofobia. La culpa es de haber crecido en un sistema que les dice que pueden tener lo que quieran. Que son hombres cis y heterosexuales y el resto del mundo está a su servicio.

Siempre. Quieran o no. El hombre de verdad coge lo que quiere.

Si La Manada quisiera verse las pollas se harían pajas en grupo. Y a lo mejor se las hacen. Pero no es la necesidad de ver una polla lo que lleva a drogar a una chica, grabarla y violarla. Lo que pone es el poder. Es ser una manada capaz de cualquier cosa.

Las manadas de lobos atacan a su presa para beneficiarse de ella. Todos juntos y a una. Y en esa sensación de amistad y lealtad no hay nada erótico. Lo erótico es la dominación. El poder. No es casualidad que alguno de sus miembros trabajasen en las fuerzas del orden.

El problema de todo
¿Por qué te escribo esta carta? Te escribo porque me parece importante que reflexionemos juntos sobre tu artículo y sus implicaciones. Porque, en el marco teórico, todas las teorías pueden ser válidas, pero cuando somos altavoces de opinión hay que tener cuidado con lo que decimos.

Porque no todos tenemos el carnet de MENSA y crear una sociedad mejor es responsabilidad de todos. No vale decir que la audiencia no te entiende. Si hay peligro de ser malinterpretados, si hay peligro que lo que estamos diciendo conlleve una mayor LGTBfobia hay que rectificar.

Y tu artículo ayuda a que los homosexuales seamos vistos como violadores en potencia. Como personas a las que nuestro instinto sexual, siguiendo tus palabras, nos lleva a cometer actos despreciables. La verdad es que ya tenemos bastante con lo nuestro, para que una aliada como tú venga a echar más leña al fuego.

De nuevo, queremos repetir que NO hay que invisibilizar la cultura de la violación. El heteropatriarcado está ahí y es el culpable. Decir que es una orientación sexual el origen latente, hace desaparecer años de esfuerzo por mostrar que la violencia de hombres a mujeres es estructural. Que es una manifestación de dominación y poder.

Por favor, Lucía, no entres en el juego. Te queremos, como has estado hasta ahora, de nuestra parte.

sábado, 9 de diciembre de 2017

#hemeroteca #violenciasexual #homofobia | Budsexers, homosexualidad reprimida, misoginia y machismo

Imagen: El Español
Budsexers, homosexualidad reprimida, misoginia y machismo.
Lucía Etxebarria | El Periódico, 2017-12-09

http://www.elperiodico.com/es/opinion/20171209/budsexers-homosexualidad-reprimida-misoginia-machismo-etxebarria-6478411

Málaga: cinco hombres practican sexo con una chica, le roban el bolso y el móvil y la dejan tirada en un descampado en la madrugada. Ella les denuncia por violación. Se llega a un acuerdo entre partes: ella retira la denuncia y ellos dejan de amenazar con demandas por denuncia falsa. Pamplona: cinco hombres tienen sexo con una chica, le roban el móvil y la dejan tirada en un portal de madrugada. La segunda chica tiene un abogado mejor y no acepta acuerdo ninguno.

Estos grupos de hombres no hacen más que recrear una imagen muy común en el porno: tecleen en internet «mujer con varios hombres» y les saldrán 7.580.000 resultados. ¡7 millones y medio de vídeos en los que varios hombres perforan por todos los orificios a una mujer absolutamente pasiva!

Los chicos de La Manada, por ejemplo, son chicos jóvenes y atractivos. Todos tenían novia, algunos están casados. No podían estar tan necesitados de sexo. Y si tan desesperados estaban, siempre podrían haber recurrido a una profesional. Pero no, querían hacerlo todos juntos con la misma.

¿Por qué? Porque ella no cuenta. Lo que querían era verse la polla los unos a los otros. Porque están tan reprimidos que no pueden reconocer en alto su parte homosexual. Porque no pueden reconocer que les encanta ver a otro hombre excitado, teniendo sexo, teniendo un orgasmo.

La chica es la coartada: estamos con una chica, por lo tanto no somos homosexuales. Pero sí lo sois, en parte o en todo. Como casi todos los hombres.

Porque casi ninguna persona en el mundo tiene una identidad sexual monocroma. Todos tenemos identidades sexuales flexibles. Estos hombres también la tienen, pero la reprimen. Y ya de paso, los de La Manada probablemente tengan rasgos psicopáticos.

Los chicos de La Manada son budsexers. Hombres que tienen sexo con otros hombres pero que no quieren reconocerse a sí mismos sus tendencias homosexuales.

Budsexers. Presos que practican el sexo con compañeros de celda. Militares y sacerdotes que tienen sexo con hombres en privado y que en público se muestran homófobos. Hombres que viven con mujeres, a veces casados y/o con hijos, que tienen sexo con otro hombre cuando están borrachos o bajo los efectos de drogas. Que interpretan ese encuentro sexual como una ayudita secreta a un colega.

Hombres que dicen que tienen relaciones sexuales con otros hombres solo para satisfacer su instinto. ¿Qué coño instinto? Si tu instinto te dirige hacia otro hombre, lo siento cariño, pero tú no eres heterosexual.

Los budsexers son tan homófobos porque todo lo que les suene a homosexual les da pánico. Por eso se inventan ese extraño juego de "tengo sexo con hombres pero en realidad no es sexo". Son machistas porque desprecian lo que entienden como femenino: a los homosexuales que no se avergüenzan de serlo y a las mujeres.

Sus mujeres no son más que señoras que están en casa con los niños. La verdadera intimidad la viven con sus amigotes. Por eso los de La Manada se fueron todos juntos de viaje y de juerga, sin sus mujeres o novias. Porque a ellas no las perciben como a compañeras, solo como a ésa que les cuida la casa y los niños.

Porque se han limitado a hacer lo que la sociedad espera que hagamos todos y cada uno de nosotros: echarse novia, casarse y reproducirse. A cubrir el expediente social. Porque saben que ser homosexual, bisexual, poliamoroso o abierto sexualmente sigue siendo un problemón para mucha gente. Que sus relaciones sociales, familiares o laborales, sus carreras profesionales... su vida, en suma, podía verse afectada.

El instinto sexual del que tanto hablan para justificar sus actos no es simplemente una urgencia desesperada por tener sexo. De ser así, no habría tanta gente que puede vivir sin sexo: monjas, curas o gente como yo, que puedo pasar meses sin sexo si estoy concentrada en un trabajo. La ficticia y arquetípica construcción en nuestra sociedad de las identidades de género, las identidades sexuales y las orientaciones sexuales son absurdas. Porque las relaciones sexuales son actos tremendamente complejos que, a menudo, no están ligados al género ni sujetos a etiquetas.

Los budsexers son personas que se niegan a reconocer lo evidente: que todos los humanos nos sentimos atraídos por personas que nos gustan. Personas. No hombres o mujeres. Personas.



Violación en grupo y homofobia internalizada.
Lucía Etxebarria | Allegramag, 2017-12-12

https://allegramag.info/violacion-grupo-homofobia-internalizada/

A partir de los años 70-80 una serie de psicólogos sociales empiezan a estudiar un fenómeno callejero muy común en Estados Unidos, la violación en grupo. Cuando una banda escoge a una mujer y la violan entre varios hombres. Esta práctica suele responder a un ritual de iniciación. Es decir, es algo en lo que el neófito participa para poder iniciarse en el grupo. Es exactamente lo que ha pasado en el caso La Manada, en el que la violación y el viaje constituían la prueba para que el nuevo fuera aceptado o no.

Después, esta práctica pasa al porno, donde la escena se hace común. Si uno busca en google puede verificar que en estas escenas se abusa de la víctima. Es decir, en la representación de la escena la mujer no parece disfrutar, sino que está allí contra su voluntad.

Si la razón de que esta práctica fuera excitante para los hombres fuera exclusivamente la dominación, lo lógico sería ver a un grupo de hombres violando a un grupo de mujeres. Es decir, si tu objeto sexual son las mujeres, no es lógico que solo te muestran una

Bien, Lo que subyace en esta práctica es una profunda homofobia.

Todas las personas, todas, albergamos deseos sexuales variados. Y podemos dirigirlos hacia personas de cualquier género. Todas las personas hemos albergado alguna vez fantasías hacia personas de nuestro mismo sexo. Pero en ambientes extremadamente reprimidos este deseo no se puede mostrar. Ni siquiera se puede pensar. Un hombre machista no puede reconocerse a sí mismo que se excita viendo a otros hombres. La violación en grupo le permite vivir esta fantasía sin culpas. Si se excita viendo una violación en grupo pensará que se excita por la violación, no que se excita por los hombres. O eso se dirá a sí mismo. Por otra parte, puesto que los deseos reprimidos se transforman en odio (odio hacia uno mismo), le permite proyectar ese odio hacia otros: hacia la mujer en este caso, en un ambiente que fomenta y legitima este odio

Cuando expuse esta teoría en un artículo para El Periódico de Cataluña (que no es mía, por cierto, lleva años en vigencia) se me llamó homófoba.

Si alguien es capaz de decirme dónde se encuentra la homofobia en esta teoría, le agradeceré que me escriba un artículo en su blog.

domingo, 19 de febrero de 2017

#hemeroteca #heterocuriosidad | 'Bud Sex': sexo entre hombres que no son homosexuales sólo por placer

Imagen: El Mundo
'Bud Sex': sexo entre hombres que no son homosexuales sólo por placer.
Los miembros de este colectivo no buscan amistad, ni cariño esporádico, ni entablar conversaciones... sólo saciar el apetito sexual.
Diego Bermejo | F5, El Mundo, 2017-02-19
https://www.elmundo.es/f5/comparte/2017/02/19/58a74881e2704ea2488b45bb.html

¿Se pueden mantener relaciones homosexuales sin ser gay o bisexual? Aunque muchos lo consideren imposible, entendiendo la homosexualidad tal y como es definida por la Real Academia de la Lengua Española (RAE), es decir, como la "inclinación erótica hacia individuos del mismo sexo", hay quien sostiene que ni mucho menos lo es.

Esto es lo que reivindica un colectivo, apoyado por la ciencia. Un estudio elaborado por la Universidad de Oregon (Estados Unidos), ha analizado el comportamiento sexual de un grupo de hombres de raza blanca afincados en algunos de los estados más conservadores del país. Los sujetos estudiados se declaraban abiertamente heterosexuales -en muchos casos casados y con hijos- admitiendo al mismo tiempo mantener aproximaciones sexuales esporádicas con otros varones con el único fin de satisfacer así sus instintos más primarios.

Es tras esta investigación cuando se ha acuñado el término Bud Sex (en español, sexo entre colegas). El doctor Silva, al frente de la publicación, explica que, en estos actos sexuales, "los participantes lo interpretan como una ayuda en secreto a un amigo". Además de en ambientes rurales, el otro entorno donde se suelen dar este tipo de prácticas es en las cárceles.

Lejos de lo que pueda parecer, y a pesar de alternar a lo largo de su vida encuentros heterosexuales rutinarios con sus parejas con el ‘Bud Sex’, aquellos hombres que lo practican no suelen sufrir ninguna crisis de identidad sexual a lo largo de su vida debido a cinco factores que, para ellos, les diferencian claramente de los puramente homosexuales y que se también recogían en el citado estudio:

1º.- Ven el ‘Bud sex’ como un entretenimiento, una diversión o un pasatiempo. Los asistentes a estos encuentros no buscan relación personal alguna con la otra parte, ni cariño esporádico, ni una persona con la que compartir una charla de bar.

2º.- Relacionado con el primero, el segundo punto aboga porque en sus gélidos encuentros no hay más deseo que el de saciar el apetito sexual evitando besos, gestos cariñosos y hasta mirarse a los ojos, alejándose de cualquier posible connotación emocional.

3º.- Aún formando parte de sus vidas, estos acercamientos no se producen con una regularidad meridianamente pautada. No tienen por qué ser diarios, ni semanales, si no cuando vuelve el deseo irrefrenable de volver a practicarlo e independientemente de quién sea la pareja de baile.

4º.- Muchas de estas relaciones se desencadenan justo después de una fuerte discusión con sus parejas o cuando los implicados se encuentran bajo los efectos del alcohol y otras drogas.

5º.- Hace referencia al intercambio económico que se produce en muchos de los ‘Bud Sex meetings’ subrayando la ausencia de cualquier ápice de romanticismo en este tipo de desahogos ocasionales. Es un ‘aquí te pillo, aquí te mato’, sin cruce de palabras ni miradas.

Otra publicación, en este caso realizada por Jane Ward, profesora de la Universidad de California, ahonda en la realidad de este colectivo asegurando que sus miembros, a pesar de mantener sexo con otros hombres, "rechazan fuertemente los comportamientos gais", poniendo el acento en lo prosaico de estos desahogos sexuales, cosificándolos y calificándolos en muchos casos como simples "juegos". En estas quedadas no hay sitio para ‘buddies’ mínimamente afeminados.

Unas tesis que, para muchos, no hacen más que confirmar su obsesión por diferenciar sus juegos sexuales de las relaciones homosexuales tradicionales. Algo que les ha valido el calificativo de homosexuales homófobos por parte de miembros de colectivos como el LGTB, quienes creen encontrar en las arraigadas tradiciones socioculturales de muchos de los ‘budsexers’ la raíz del empecinamiento enfermizo en no asumir su verdadera tendencia sexual. Sin embargo, otros como los ‘queer’ ven en su visibilización otra muestra más de la "ficticia y arquetípica construcción social de las identidades de género, las identidades sexuales y las distintas orientaciones sexuales".

Más psicológica pretende ser la reflexión publicada por la teórica Judith Butler, quien entiende las relaciones sexuales como actos tremendamente complejos en los que, a menudo, se manifiestan sensaciones como la atracción o la repulsión, llegándose a veces a dar el caso de que el asco, el deseo y el miedo se entremezclan en un mismo encuentro carnal, pudiendo ser este el caso de muchos ‘budsexers’.

Amparados por muchas de las tesis surgidas a raíz de la revolución sexual de los 60, que aseguraban que las prácticas sexuales no están ligadas al género ni sujetas a etiquetas, además de estar expuestas a una constante evolución en función de los deseos del ser humano, los practicantes del ‘Bud Sex’ lo tienen claro: tener sexo homosexual y no serlo es posible.

martes, 17 de enero de 2017

#hemeroteca #heterocuriosidad | ‘Bud sex’: hombres con relaciones homosexuales que reivindican ser heteros

Imagen: El País / Fotograma de 'Brokeback mountain'
‘Bud sex’: hombres con relaciones homosexuales que reivindican ser heteros.
Hombres con prácticas hetero y homosexuales rechazan la etiqueta bisexual. ¿Por qué el miedo a ser estigmatizados?.
Rita Abundancia | SModa, El País, 2017-01-17
http://smoda.elpais.com/placeres/bud-sex-mantener-relaciones-homosexuales-reivindicar-hetero/

Hombres heterosexuales con relaciones homosexuales que reivindican su condición de heteros. No se trata de un trabalenguas y si lo piensan detenidamente tampoco es algo nuevo, sino tan antiguo como la humanidad. Presos que, debido a su imposibilidad de estar con mujeres, practican el sexo con compañeros de celda porque ‘son muy machos’, como reflejaba la excelente novela ‘Hombres sin mujer’, del cubano-gallego Carlos Montenegro. Militares y hasta sacerdotes, que no dudan luego en exhibir desde el púlpito su nada escondida homofobia.

Recientemente, este fenómeno ha vuelto a salir a la luz a raíz del trabajo de investigación que ha llevado a cabo un sociólogo de la Universidad de Oregón, Tony Silva, entre un grupo de hombres blancos que viven en un medio rural, todos los componentes del estudio pertenecían a las áreas de Missouri, Illinois, Oregon, Washington o Idaho– lugares conocidos por su ideología conservadora–; que se definen como heterosexuales –muchos están casados y con hijos– y que, sin embargo, tienen sexo con sus compañeros, aunque no se identifiquen para nada con alguno de los protagonistas de ‘Brokeback Mountain’ (2006).

La intención de Silva, como comenta a S Moda, era estudiar el fenómeno y “relacionarlo con los múltiples factores que afectan a la identidad sexual como la cultura, el contexto social, el lugar, el momento histórico y las interpretaciones personales. De hecho, las identidades sexuales, tal como las conocemos hoy en día –heteros, gays, lesbianas, bisexuales, etc.–, no han existido hasta mediados-finales del siglo XIX y la forma de entenderlas no es la misma en todo el mundo. Pero no solo eso, además, y como se ha visto en el estudio, personas con la misma cultura pueden tener prácticas sexuales similares pero interpretarlas de formas distintas, dependiendo del concepto que tengan de su propia sexualidad”.

Para Silva el término ‘Bud sex’ (‘bud’ significa algo así como colega, compañero) se aplicaría a “aquellas relaciones que sus participantes interpretan como ‘ayudar’ a un amigo -en la que está exento el factor romántico-, entre hombres blancos y heterosexuales o, escondidamente, bisexuales. Encuentros secretos y sin asociación ninguna con ideas como feminidad u homosexualidad. A través de una interpretación compleja, los participantes tienen sexo con hombres, algo generalmente no compatible con la heterosexualidad o el tradicional concepto de masculinidad”.

Imagino ya lo que muchos estarán pensando. Ok, hombres bisexuales que no quieren reconocer esta condición, pero la cosa no es tan simple o puede tener diversas interpretaciones. En el 2015, Jane Ward, profesora de Género y Estudios sobre la Sexualidad de la Universidad de California, publicó un libro titulado Not Gay: Sex between straight white men (‘No gay: Sexo entre hombres blancos heterosexuales’) en el que exploraba varias subculturas en las que se da lo que se podría llamar ‘sexo hetero-homosexual’. Y no hablamos solo de militares o presidiarios sino desde ‘hell angels’ hasta vecinos de barrios respetables y conservadores. Ward busca en su libro alguna explicación al fenómeno que no sean las muchas, y de Perogrullo, que se han dado a lo largo de la historia. La más estrambótica y una de las que menciona en su obra es una por parte de un sociólogo de los años 60, que argumentaba que los flirteos homosexuales de muchos maridos se debían a que puesto que la Iglesia Católica prohibía usar condones y muchos matrimonios no querían tener más hijos, él se veía obligado a buscar sexo con otros hombres en los baños públicos. Otra típica argumentación es la de esgrimir que no es sexo en realidad sino ‘juegos’ o que la sexualidad entre hombres es más fácil, práctica y está desprovista de sentimentalismo y, por lo tanto, de problemas.

Según cuenta Jane Ward a S Moda, “los hombres heterosexuales de raza blanca, es decir, los que tienen el poder, tienen mucho que perder si reconocen sus deseos hacia el otro sexo, porque la masculinidad ha estado muy específicamente definida durante mucho tiempo y porque ha sido el único y estrecho camino para ser un hombre de verdad. La atracción hacia otros varones se ha percibido como algo femenino, que resta autenticidad y poder al hombre, aunque esta regla no funciona con las mujeres, que pueden besar o tocar a otras sin ningún estigma y sin que se traspasen las fronteras, más flexibles, de la normatividad sobre lo femenino”. Algo que confirma Silva que subraya que “la razón por la que hay más mujeres abiertas a probar relaciones con el mismo género es por la heteronormatividad, que afecta de forma distinta a los dos sexos; ya que la heterosexualidad en el varón está más firmemente atada a las diferentes formas de masculinidad”.

De hecho, como comenta Ward en su libro, algunos de estos hombres heteros con prácticas homosexuales, muestran incluso un cierto rechazo a los comportamientos gays que, en algunos casos, rayan la homofobia. En su investigación muestra algunos anuncios publicados por miembros de este grupo en la sección de contactos de los periódicos norteamericanos en los que se repiten las expresiones “solo hombres masculinos”, “porno estrictamente hetero” o “sin entrar en prácticas gays”. Ideología que el detective Torrente sentenció en aquella frase ya mítica: “¿Nos hacemos unas pajillas?, ¡pero sin nada de mariconadas, ehhh!”.

Lo que se consideran o no prácticas gays entra dentro de una visión muy flexible y personal del término; ya que, como comenta Tony Silva, “la mayoría de los hombres que entrevisté para mi estudio estaban casados y mantenían sus prácticas homosexuales en secreto; excepto uno que tenía una relación abierta con su pareja. Algunos asociaban el concepto de ‘penetración’ con ideas de feminidad u homosexualidad, pero otros no. Penetrar o ser penetrado podía también marcar una diferencia para algunos pero no para todos y algunos diferenciaban entre la penetración anal u oral; pero ninguno cuestionaba su masculinidad o heterosexualidad en términos de ser penetrado o no. Su interpretación del sexo era la llave para identificarse como hetero y masculino, no sus prácticas”.

¿Con miedo a salirse de las etiquetas establecidas?
Es muy probable que las identidades sexuales, tal como las conocemos hoy día, sean algo en peligro de extinción, como indica la ideología ‘queer’ o el hecho de que los ‘millennials’ no necesiten, tanto como sus padres, etiquetarse o encajar en un apartado de preferencias u orientaciones eróticas; o puedan llevar a cabo prácticas homosexuales sin hacerse demasiadas preguntas. Pero, ¿responde la conducta de estos hombres a esta filosofía? Según comentaba Ward en una entrevista al New York Magazine, “en los últimos quince años ha habido mucho interés y comentarios en EEUU sobre la sexualidad más fluida y la heteroflexibilidad, pero siempre se han centrado en las mujeres o en los hombres de comunidades negras o latinas. Sin embargo, nadie se pregunta nada sobre está nueva manera de entender la masculinidad entre hombres blancos y heteros. O, como mucho, la justifican diciendo que no es sexo en realidad. Uno puede pensar que éstos hombres tal vez pertenezcan a la subcultura ‘queer’, en la que entonces los calificativos de ‘homo’ o ‘hetero’ sobran, pero no creo que sea esa la razón. No quieren entrar en ese mundo, por eso su homosexualidad es utilizada al servicio de la heteronormatividad. Por eso he escrito mi libro, porque creo que es tiempo de analizar estas conductas con más detalle”.

Según Iván Rotella, sexólogo, director de Astursex, centro de atención sexológica en Avilés y miembro de La Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS), “ninguno de nosotros somos 100% heterosexuales u homosexuales, y hay hombres y mujeres que exploran su parcela de atracción hacia el mismo sexo cuando ya son adultos, están casados y tienen una vida diseñada. Entonces puede ser un conflicto, especialmente si descubren que estas nuevas prácticas les gustan más que las anteriores. Pero el deseo es más amplio que los conceptos que han tratado de acotarlo y lo que hay que tender es a romper los encasillamientos y tener relaciones con personas, independientemente del sexo. Eso es a lo que se tenderá en el futuro y yo creo que vivimos una época en la que se está formando un nuevo paradigma, donde los conceptos tradicionales empiezan a entrar en crisis. A nivel práctico, uno puede aceptar lo que siente o le apetece y tratar de llegar a acuerdos, en caso de que se esté inmerso en una relación, o si no es posible cerrar un capítulo en su vida. Puede también negarlo y seguir con su vida normal. En ambos casos habrá conflicto, porque negarse a si mismo lleva también implícito un alto precio a pagar”.

La mayoría de los hombres que entrevistó Silva, experimentaron cambios en sus atracciones sexuales después de décadas de matrimonio. “Algunos reconocen que empezaron a tener sexo con sus amigos cuando éste se volvió complicado o inexistente con sus mujeres”, comenta éste sociólogo, “o cuando empezaron a tener problemas de erección. Necesitamos más estudios sobre la sexualidad masculina, ya que, como vemos, la naturaleza de ésta puede cambiar a lo largo de la vida”.