Mostrando entradas con la etiqueta Club de mujeres. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Club de mujeres. Mostrar todas las entradas

domingo, 27 de mayo de 2018

#hemeroteca #feminismo | Casa de las Mujeres de Donostia: Un hogar para seguir creciendo en femenino

Imagen: Noticias de Gipuzkoa
Un hogar para seguir creciendo en femenino.
Tras ocho años en funcionamiento, las cifras del último ejercicio muestran que la Casa de las Mujeres ha ganado casi 250 nuevas socias. Cuatro de ellas, junto a dos más veteranas, reflexionan sobre su experiencia personal y sobre el proyecto.
Arantzazu Zabaleta | Noticias de Gipuzkoa, 2018-05-27
http://www.noticiasdegipuzkoa.eus/2018/05/27/vecinos/donostia/un-hogar-para-seguir-creciendo-en-femenino

No es un lugar donde acudir a llorar. “Bueno, eso también”. Pero sobre todo es un lugar al que las mujeres acuden a “reír, a gritar, a hacer, a actuar...” La Casa de las Mujeres de Donostia, tras ocho años de andadura, se ha convertido en algo más que un punto de encuentro. Cuenta con casi 1.000 socias y más de un centenar de personas atraviesa a diario la puerta de las instalaciones de la calle Okendo. Algunas vienen a un taller, a una charla, a un curso, a consultar el ordenador, a jugar al ajedrez, a organizar una protesta, a buscar ayuda o asesoría jurídica, a conocer gente... Y muchas de ellas se quedan, dan un paso más y se integran en algún grupo de trabajo o comisión.

“Te apetece devolver parte de lo que recibes y aportar tú algo”, cuenta Susana Hernández Aparicio. Lleva unos seis años en la Casa de las Mujeres y, sentada junto a otras cinco mujeres que han decidido integrarse en el proyecto más recientemente, reflexiona con este periódico sobre lo que significa y lo que ha supuesto para ella, que comenzó en la batucada, siguió participando en algunos cursos y ahora trabaja en distintas comisiones.

“Yo había venido a charlas y a cosas puntuales. Y al final te vas enganchando”, explica a su lado Arantza Lucas Ortega. Como ella, el resto de las participantes en esta cita comenzó visitando la casa atraída por alguna amiga o conocida y para acudir a actividades concretas: “A mí me hablaron del curso de autodefensa y me encantó cómo se trabaja, conecté con las demás y se convirtió en una cita casi religiosa”, apunta riendo Ane Baztarrika, que participa ahora en distintas áreas de trabajo de la Casa de las Mujeres.

“Es muy fácil, es cómodo”

Una de esas áreas es la comisión de ecofeminismos, en la que coinciden Maria Alonso del Val y Lidia Montesinos Llinares. “Para mí era importante trabajar en grupo estos temas”, cuenta Maria. De un modo u otro, las relaciones que se crean entre quienes se citan en las instalaciones de Okendo son claves para todas. “Hay mujeres de distinta edad, procedencia... la transversalidad del proyecto permite eso”, añade Lidia, que apunta que incluso hay un grupo de antropólogos haciendo un estudio sobre la Casa de las Mujeres como espacio de relaciones. La diversidad es muy amplia y, sin embargo, todas tienen en común la perspectiva feminista que les ha llevado a la calle Okendo. “Eso lo facilita, es muy fácil relacionarse con otras mujeres aquí, es muy cómodo; construir ese tipo de relaciones costaría más fuera de aquí”, reflexiona Arantza.

Disfrutar, emocionarse, maravillarse

“Aquí te das cuenta de que muchas cosas que te suceden no te suceden a ti porque estás loca, sino porque son resultado de la estructura que hay detrás y que nos condiciona a todas”, apunta June González Bertiz, coordinadora de la Casa de las Mujeres, que añade que esos factores comunes hacen que sea fácil ponerse en el lugar de las otras y compartir. “Es un paso hacia el empoderamiento el pasar de estar sola con tus problemas a tomar conciencia de ellos y actuar”, señala Maria. Por eso, es básico que las instalaciones de la calle Okendo sean un espacio de “seguridad, confianza y confidencialidad”.

Pero más allá de compartir experiencias o “de llorar”, el proyecto busca actuar. Y, para eso, el primer paso es dotar a las mujeres de un discurso, ponerle palabra y que cada una pueda responder a muchas preguntas desde una nueva perspectiva.

“No se trata solo de detectar que estamos en una situación peor por el hecho de ser mujeres, sino que se trata de actuar y ver que tenemos capacidad de incidencia, que podemos movilizarnos, y eso da mucho chute”, sonríe June mirando a las demás. “Se trata de gritar; en autodefensa gritamos mucho”, añade Ane.

“Y también de reír”, coinciden. “Nos lo pasamos muy bien”, apunta June, que ha detectado cómo muchas mujeres mayores que vienen, por ejemplo, a talleres o cursos concretos, además de descubrir una nueva perspectiva que les hace revisar su relato de vida, disfrutan, se entusiasman, se maravillan y se ríen. “El proyecto no se centra solo en la idea de víctima, es mucho más”, señala Lidia.

Un colectivo y una red, no un servicio
Esto es posible por la perspectiva transversal de la Casa de las Mujeres, que enlaza ocio, política, arte, formación y ayuda. “Había una necesidad muy clara de un espacio como éste. Creo que por eso hay ya casi 1.000 socias”, apunta June. De todas ellas, casi 250 han sido nuevas incorporaciones en 2017, señal de que el proyecto goza de buena salud y está creciendo. “Hace unos años no se conocía apenas, ahora sí, se ha ido consolidando, haciendo su sitio, y también hay menos reticencias de las que podía haber hace unos años”, considera Susana.

Gran parte de lo que es ahora el proyecto se debe a su estructura: además de contar con financiación de la Diputación, el centro está cogestionado por técnicos del Ayuntamiento y por las propias asociaciones de mujeres, a través de comisiones y grupos de trabajo, una reivindicación clara desde que se empezó a gestar el proyecto. “Eso hace que los temas que se tratan, la agenda, los marcamos nosotras, se trabajan entre todas, no depende una institución externa”, apunta Lidia. Por eso, la Casa de las Mujeres no es un servicio con determinadas usuarias, “sino un colectivo” y una “red bidireccional”, porque “recibes y aportas”. Hay usuarias, pero muchas de ellas en algún momento deciden dar el paso y convertirse, también, en organizadoras. “Y eso, el formar parte de la gestión del centro, es también una herramienta de empoderamiento, te ayuda a contribuir”, apunta Macarena Múgica Urbistondo, recién incorporada al debate.

Todas insisten en que parte del éxito del centro ha sido que distintas asociaciones y distintos feminismos han conseguido sentirla como suya y hacerse su sitio y, en ese sentido, también cada una de las socias ha encontrado su lugar. “Puedes pensar que no tienes nada que aportar y te das cuenta de que sí”, apunta Arantza. “Además de ir sanando, vamos aportando y descubriendo y desarrollando nuestras fortalezas, porque aunque hemos oído el mensaje contrario desde el otro lado de la calle, sabemos que estamos preparadas para muchas cosas y que somos capaces”, añade June.

Tías, abuelas, madres, amigas...
Y es que más allá de la experiencia en las instalaciones de Okendo, todas inciden en que su participación en el proyecto les está suponiendo también un desarrollo personal, “es parte de un proceso de aprendizaje”. Y ese proceso lo están desarrollando mujeres de 18 años, de 30, de 50 y de 70. “Aquí se ve a mujeres de 18 y de 80 entendiéndose y creando juntas y eso en otros espacios no es tan común”, señala Susana. Por eso, además de a sus amigas, invitan a la casa a “tías, abuelas, madres...”. “Se hacen muchísimas cosas, hay de todo. Que se acerquen y lo descubrirán”, apunta Ane.

Algunas de esas actividades, como la fiesta de la Casa de las Mujeres o algunas reuniones, tienen que hacerlas fuera de las instalaciones de Okendo que, tras ocho años, se les han quedado pequeñas. “Por las tardes suele estar todo ocupado a diario, no tenemos un espacio multicultural debidamente acondicionado... Para cuadrar alguna reunión nueva hay que hacer un puzle... No cabemos”, afirma June, que cree que contar con instalaciones mayores ayudaría a reforzar la tendencia al alza y el crecimiento del proyecto.

Mientras tanto, de todas formas, siguen trabajando y animando a quien las quiera escuchar a que se acerque al número 9 de la calle Okendo. “Seguro que todas encuentran su espacio”, añade Susana. Ellas lo han encontrado y aseguran: “Esto engancha”.
  • Los datos
  • 2010. Año de creación de la Casa de las Mujeres, una demanda histórica de colectivos de mujeres.
  • Objetivos. Pretende ser un punto de encuentro para articular a colectivos que trabajan por la igualdad. También hacer crecer el movimiento feminista y atraer a más mujeres a él.
  • Socias. El curso 2016-2017 se cerró con 843 socias, un 30% más que el año anterior. Más de un centenar de mujeres acuden a diario a Okendo.
  • Cogestión. Cuentan con financiación foral y municipal y el Consistorio aporta también las instalaciones y una trabajadora que colabora en la gestión con las representantes de las distintas asociaciones, organizadas en comisiones y grupos de trabajo.

El Consistorio busca un nuevo emplazamiento.
La fuerte subida de socias y de actividades deja pequeñas las instalaciones de la calle Okendo.
Arantzazu Zabaleta | Noticias de Gipuzkoa, 2018-05-27
http://www.noticiasdegipuzkoa.eus/2018/05/27/vecinos/donostia/el-consistorio-busca-un-nuevo-emplazamiento

La Casa de las Mujeres cerró el curso pasado con 843 socias, 243 más que el anterior, y cuenta ya con cerca de un millar. Recientemente, además, ha recibido el premio Elkarlan que otorga el Gobierno Vasco a proyectos que promuevan la generación de valor público compartido para satisfacer las necesidades y retos sociales y que sean capaces de activar procesos de empoderamiento de personas y colectivos.

Crear este espacio era una demanda histórica de movimientos feministas y colectivos de mujeres de la ciudad y, una vez creado, pretende ser un espacio de encuentro para conectar a colectivos y asociaciones que luchan por erradicar la desigualdad, generando fortalezas y sinergias. Es también un espacio para hacer crecer y fortalecer el movimiento feminista a través de la sensibilización y de atraer a mujeres individuales que no estaban asociadas.

Las comisiones y grupos de trabajo de la Casa de las Mujeres conforman, de este modo, una amplia oferta de servicios y actividades en torno a siete ejes: violencia, autonomía económica, ‘artivismo’, cuidados, interculturalidad, autoestima y teoría de género.

Así, en la variada programación de este año, por ejemplo, la Casa de las Mujeres ofrece talleres para comunicar de manera eficiente, para lograr herramientas para un proyecto laboral y elaborar el currículum sin que se invisibilice, para construir nuevos modelos de cuidados o sobre la moda como instrumento de empoderamiento, entre otras cuestiones.

También hay grupos de empoderamiento a través de distintas actividades: hay un teatro de las oprimidas, autodefensa feminista, un banco del tiempo, un laboratorio de arte, una mirada feminista a la historia del arte, grupos de clown, ajedrez, batukada, de ciudades literarias y una escuela feminista de lectoras, por ejemplo.

La Casa de las Mujeres ofrece, asimismo, distintos tipos de servicios o ayuda a quien se acerque a sus instalaciones: asesoría para trabajadoras del hogar, asesoría jurídica en distintos ámbitos, campañas de convalidación de estudios, asesoramiento social, servicio de ordenadores y acceso a Internet, asesoramiento, apoyo o autoayuda.

Consciente de que el equipamiento actual en el número 9 de la calle Okendo se está quedando pequeño, la concejala de Igualdad, Duñike Agirrezabalaga, afirma que el Ayuntamiento pretende buscar un emplazamiento más adecuado.

lunes, 14 de mayo de 2018

#hemeroteca #mujeres #empoderamiento | Reino Unido abre el primer club exclusivo para mujeres

Imagen: La Vanguardia / Un salón de The AllBright
Reino Unido abre el primer club exclusivo para mujeres.
‘The AllBright’ llega a la capital británica con el objetivo de conseguir la igualdad de género y “para acabar con el machismo imperante de la ciudad”.
Lara Gómez Ruiz | La Vanguardia, 2018-05-14
http://www.lavanguardia.com/vida/20180514/443471423000/reino-unido-primer-club-mujeres.html

Los clubs exclusivos para caballeros son un clásico en el Reino Unido. En algunos de estos lugares, considerados templos para muchos, se han cerrado alguno de los negocios clave para la economía británica. Pero no todo es positivo en ellos, pues sus reglas están dotadas de un pronunciado sexismo, motivo por el que diferentes colectivos femeninos les han denunciado en más de una ocasión.

Pese a las múltiples críticas que reciben, la justicia parece no hacer nada por obligarles a cambiar sus normas, y aceptar a mujeres. Por ello, han decidido tomar las riendas de la situación creando The AllBright, el primer club “sólo para mujeres” que existe en el Reino Unido. Existían pequeñas asociaciones femeninas en el país, pero a ninguna se le había permitido tener la categoría de club hasta ahora. Su nombre que rinde homenaje a la política estadounidense y se inspira en un mitin que en su día ofreció la que fuera primera secretaria de Estado de la historia en EE.UU., Madeleine Albright, en el que popularizó la frase “hay un lugar especial en el infierno para las mujeres que no se ayudan entre sí”.

Sus fundadoras, Debbie Wosskow y Anna Jones han querido aportar su granito de arena al movimiento #MeToo y Time’s Up, que tanto resuena estos meses en Hollywood y el mundo entero. Ambas dejaron sus respectivos trabajos para volcarse de pleno en esta iniciativa, que consideran necesaria para acabar con “el machismo imperante en la ciudad”. Wosskow vendió su compañía de intercambio de casas de vacaciones, ‘Love Home Swap’, el pasado año para poder llevar a cabo el proyecto. Por su parte, Jones abandonó su jefatura en ‘Hearst Magazines’ en el Reino Unido.

Juntas abrieron el pasado 8 de marzo, coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer, lo que consideran un “oasis” para las profesionales que quieran “crear, conectar y colaborar”. Y es que The AllBright no está exclusivamente pensado para hacer negocios (que también) como el resto de clubs ingleses, sino que en él también se imparten desde talleres de marketing hasta programas para buscar inversores.

Su ubicación, en el barrio de Bloomsbury, no es cosa del azar. Fue allí donde varias intelectuales urdieron sus estrategias sufragistas y donde vivió una de las figuras del feminismo anglosajón del siglo XX, Virgina Woolf. Allí sobresale un caserón de cinco casas y de estilo georgiano, rehabilitado por las arquitectas Katie Earl y Emma Rayner. En su interior, todo, desde el vino hasta las toallas y el jabón, es provisto por empresas dirigidas por mujeres.

En su interior, figuran varias salas de reuniones, comedores, sala de exposiciones, cafetería, coctelería y un espacio para ‘fitness’ y belleza, con objeto de atender las diferentes necesidades de sus socias, quienes buscan “un ambiente para sentirse relajadas y cómodas lejos de casa”, según Wosskow. El nombre de cada uno de estos lugares es de inspiración feminista. Así, en la planta baja encontramos la sala Lopokova, Bell en la primera, Woolf la segunda y West la tercera. Por su parte, la recepción está bautizada como Morell.

Pero, ¿está verdaderamente teniendo éxito la iniciativa? Así es. Con sólo un mes y medio de vida, The AllBright ya cuenta con 600 mujeres empresarias de todos los ámbitos, desde las ciencias y el deporte hasta el arte y los negocios, y cuentan con una larga lista de espera. Su tarifa de ingreso es de 300 libras (unos 340 euros), más una cuota anual de 750 libras (850 euros).

“La paridad de género es el objetivo final”, explican sus creadoras. “Gran Bretaña ha tenido seis reinas y dos primeras ministras, pero solo siete empresas que cotizan en el índice bursátil de Londres están dirigidas por mujeres y tan solo el dos por ciento de todo el capital inicial se destina a mujeres empresarias. Las estadísticas son tan lejanas, que no nos arrepentimos de que nuestro club sea solo para mujeres”, asegura Jones.

martes, 8 de agosto de 2017

#hemeroteca #mujeres #empoderamiento | The Wing, el club exclusivo para mujeres donde ir a empoderarse

Imagen: El País
The Wing, el club exclusivo para mujeres donde ir a empoderarse.
El feminismo tiene un ‘meeting point' en Manhattan. Su fundadora, Audrey Gelman, trabajó en la campaña presidencial de Hillary Clinton y es amiguísima de Lena Dunham. En el club organiza encuentros culturales y actividades para mujeres.
María Trigo | SModa, El País, 2017-08-08
https://smoda.elpais.com/feminismo/the-wing-club-exclusivo-mujeres-donde-ir-empoderarse/

Que The Wing naciera el mes de marzo de 2016 seguramente no es casualidad. Justo cuando se celebra el Día Internacional de la Mujer, Audrey Gelman, alma máter del proyecto, se pone manos a la obra junto a Lauren Kann (cofundadora) y dan vida a un espacio al que las mujeres, y solo las mujeres, pueden ir a reunirse, trabajar y a nutrirse en lo profesional y personal. “Audrey contactó conmigo y su propuesta de formar parte me sonó ingeniosa y bastante conveniente para alguien como yo, que escribo desde casa. Allí tendría un lugar donde ir a editar que no fuese una cafetería o una oficina desorbitadamente cara”, nos cuenta la escritora Sloane Crosley, una de sus miembros fundadoras.

Gelman viene del mundo de la política, comenzó su carrera colaborando en la campaña de Hillary Clinton a la presidencia en 2008. Su nombre figura en la lista Forbes de los 30 menores de 30 a los que tener en cuenta en Derecho y Política y es también una de las 50 mujeres más poderosa de Nueva York, según The NY Daily News. Aunque decidió dejar Washington y optó por alejarse de la política al crear The Wing, cuyo concepto inicial se centraba de forma más exclusiva en el ‘cowork’ y club social, ese background y el inicio de la era Trump han hecho que el proyecto adquiera un cariz aún más activista.

Esto se hizo definitivo durante la Women’s March del pasado enero. Entre las más de 500 mil personas que se manifestaron en Washington por los derechos de las mujeres, del colectivo LGTBIQ o el derecho a la salud, un equipo de 100 mujeres de The Wing se desplazó hasta allí en autobús. Durante los días previos, el club mantuvo sus puertas abiertas a todas las mujeres que se sintieran amenazadas tras la investidura del Presidente (entre ellas muchas inmigrantes) y desde allí organizaron la marcha.

Un espacio de trabajo abierto con librería, mesas, sofás, cafetería, sala de lactancia, de conferencias, tocadores y “un buen wi-fi”, explican desde su web. En palabras de Sloan Crosley para S Moda: “The Wing es un lugar bastante tranquilo para estar. Durante el día hay un ambiente de biblioteca que se da de manera natural y si las mujeres no está hablando en voz baja, son por lo menos diligentes como para mantener conversaciones breves o relegarlas a las secciones con más tránsito del espacio. Como cualquiera que viva en el mundo podría decir, este es un rasgo femenino”.

En lo que respecta a su planteamiento como club social y lugar donde practicar ‘networking’, la escritora cuenta su experiencia: “Aunque he conocido a muchas mujeres interesantes ahí: abogadas, diseñadoras, periodistas.… no uso el espacio demasiado para socializar. Pero tiene más que ver con que soy una loba solitaria de 38 años y hay elementos sociales de The Wing que probablemente son más adecuados para una generación más joven. Cuando estoy por allí escucho una buena cantidad de conversaciones sobre marcas y apps que me son extrañas. Pero sé que habría sido bastante feliz si hubiese existido algo como The Wing cuando tenía 25 y el único sitio comparable entonces era Soho House”.

Pero lo que más define a The Wing son los ‘happenings’ por y para mujeres que allí se celebran. Entre sus próximos eventos, una mesa redonda para discutir la experiencia de las mujeres negras en América, un encuentro dedicado a la historia de Sylvia Plath o el ‘baby shower’ en la azotea de una de sus miembros fundadoras, Marianna Martinelli, inspirado en la estética de Beyoncé y su posado embarazada de mellizos. También han pasado por allí para hablar de poesía las chicas de Lenny Letter, Jenni Konner y Lena Dunham, amiga desde el instituto de Audrey Gelman. Lena cuenta que se basó en ella para crear el personaje de Marnie en ‘Girls’.

Las raíces de The Wing son los primeros clubes de mujeres que nacieron entre el siglo XIX y principios del XX. “Mujeres pioneras que se alentaban mutuamente y a la comunidad en un momento en que más lo necesitan. Había unos 600 grupos así en Nueva York en los años 30 y unos 5.000 por todos los Estados Unidos”, cuentan en su página. Y también beben algo de la influencia de grupos feministas de los 70 como las W.I.T.C.H., sobre todo en esa identificación de brujería y feminismo y el concepto de aquelarre como reunión de mujeres empoderadas. “Somos una asamblea de brujas, no una hermandad”, se definen en su cuenta de Instagram.

El proyecto está creciendo, a su sede en Manhattan se le sumará en otoño otro centro en Brooklyn, The Wing SoHo, que ofrecerá un espacio similar y las mismas posibilidades de encuentro a sus socias. Y quieren expandirse aún más, desde su propia web invitan a solicitar a qué lugar del mundo quieres llevar The Wing y también se puede hacer desde redes sociales usando el ‘hashtag #BringTheWing’. Las condiciones para pertenecer, en palabras de Sloane Crosley, son “no tener pene”, pero hay más: una cuota mensual de 215 dólares.