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viernes, 20 de mayo de 2022

#hemeroteca #transfobia #terf | De maestras y transfobia

El Salto / Acción contra la transfobia del PSOE en MADO 2021 //

De maestras y transfobia.

Si difícil es dejar caer los mitos, más aún lo es disentir de quienes en algún momento fueron nuestras maestras y referentes y, todavía más, afirmar abiertamente que algunos de sus postulados son hirientes y más propios de una actitud reaccionaria que de una preocupación genuina por deshilar un poco más la malla opresiva del patriarcado.
Sonia Herrera Sánchez | El Salto, 2022-05-20
https://www.elsaltodiario.com/el-rumor-de-las-multitudes/de-maestras-y-transfobia
“Cada una de nosotras tenía sus propias necesidades y sus objetivos y alianzas muy diversas. La supervivencia nos advertía a algunas de nosotras que no nos podíamos permitir definirnos fácilmente ni tampoco encerrarnos en una definición estrecha… Ha hecho falta cierto tiempo para darnos cuenta de que nuestro lugar era precisamente la casa de la diferencia, más que la seguridad de una diferencia particular”. -- Audre Lorde, ‘Zami: A New Spelling of My Name’, 1982
Me pregunto cómo puedo escribir sobre transfobia, ni siquiera esbozar una sola palabra, desde mi propia ignorancia respecto a las vidas tangibles de las personas trans, queer o con identidades disidentes y no binarias, en general. Cómo hacerlo desde mi realidad de mujer cis, hetero, blanca, en condiciones “plenas” de ciudadanía y de clase media, si es que existe tal cosa. La respuesta, sin duda parcial y en construcción, es que lo voy a hacer conociendo y reconociendo mis privilegios y descalzándome ―figurada y literalmente―, como quien pisa terreno sagrado, y admito de antemano que nada de lo que diga estará a la altura de sus luchas y sus heridas.

Abordo este texto, también, con mucho pesar, como el inicio de un duelo, porque implica una pérdida y porque parte de mí aún se niega a dilapidar la esperanza en el encuentro, en el diálogo, en la escucha… aunque cada vez me cueste más vislumbrar esa posibilidad. Pero escribo este artículo impelida por los acontecimientos de las últimas semanas, que solamente reflejan un capítulo más del conflicto contemporáneo dentro del movimiento feminista.

Por un lado, lo hago aún removida por la campaña emprendida por Juana Gallego contra las alumnas del Máster de Comunicación y Género de la Universitat Autònoma de Barcelona, contra la coordinación del mismo y, por extensión, contra gran parte del equipo docente del que formo parte desde su primera edición, después de que las alumnas tomaran la decisión colectiva de no asistir a sus clases como forma de protesta frente a sus posicionamientos transexcluyentes.

Por otro, y aunque ya no me sorprendan, lo hago indignada una vez más por las palabras profundamente discriminatorias que la filósofa Amelia Valcárcel ha sumado a su cruzada contra lo trans, lo ‘queer’ y todo aquello que ella no considera feminismo, en un conversatorio virtual auspiciado hace algunas semanas por la Universidad Nacional Autónoma de México donde, entre otras cosas, afirmó rotundamente que las personas intersex no existen y que son “una anomalía” o que para la tranquilidad de ‘su’ agenda, la de ‘su’ feminismo, habría que dejar “que el género duerma en paz un rato” y abandonar el término. Unas opiniones que comparte una parte del movimiento feminista que se autodenomina “radical”, incluidas algunas profesoras de las que mucho aprendí y con las que me une un vínculo personal.

Opiniones y discursos muy vinculados, por otra parte, al esencialismo biológico del que tanto renegaron muchas de ellas en los 70 y lanzados ahora por quien se toma la libertad de definir quién es y quién no es una “mujer auténtica”, o qué caminos y reflexiones debe o no emprender todo un movimiento social, convirtiéndolo así en algo estático y monolítico, en un dogma. Y quien ni duda ni pone nunca en cuarentena sus certezas desde la empatía, el acuerpamiento de la experiencia y el dolor ajeno, abona el autoritarismo y los fundamentalismos que dice combatir.

Volviendo sobre el tema del feminismo radical, me resulta paradójico que hablen en nombre de esta corriente con argumentos que tan poco tienen que ver con la base o con la raíz, y sí con la atalaya, el privilegio, la desigualdad de poder y la jerarquización patriarcal de experiencias y saberes que construyen un ‘otras’ cada vez más amplio y heterodoxo.

Hemos visto cómo paulatinamente ese relato de negación de la diversidad sexual y de género se ha ido inflamando a base de infantilización, insultos, deslegitimación, ninguneo y desacreditación, además de tornarse cada vez más personal y virulento en todos los foros y medios en los que estos discursos carentes de hondura y matices encuentran altavoz. Un relato torticero que obvia toda evidencia científica (y también lo dinámico y lo subjetivo de esta) para afirmar que el sexo biológico es “binario e inmutable”, que las mujeres trans “son seres extraños que pretenden ser las protagonistas del feminismo”, que la interseccionalidad es una trampa o que “las mujeres trans remarcan a una mujer estereotipada y sexista”, sin tener en cuenta todos los despropósitos criminalizadores y patologizantes que se han vertido por activa y por pasiva sobre “los peligros de la autodeterminación de género” y de los “actores del género”, como sucedió en la edición de 2019 de la Escuela Rosario de Acuña de Gijón.

Mientras escribo todo esto, me vienen a la cabeza algunas secuencias de la estupenda miniserie 'Mrs. America' (HBO), creada por la canadiense Dahvi Waller, como aquella situada en la Conferencia Nacional de Mujeres celebrada en Houston en noviembre de 1977 en la que se narra el cambio de posicionamiento de Betty Friedan, quien se había referido a las mujeres lesbianas dentro del movimiento feminista de la época como la “amenaza lavanda” cuyas reivindicaciones diluían tanto el sujeto como la lucha política del feminismo. Pero hay otra escena que vuelve a mi cabeza a menudo, particularmente una frase que el personaje de Bella Abzug le dice a Shirley Chisholm durante una llamada telefónica tras la victoria de Reagan: “Hold the door for the next bunch” (“Sujétale la puerta a la siguiente generación”). Y es que, más que sujetarla, hace tiempo que siento que nos la están cerrando en las narices.

Lo cierto es que no sé si ahora nos encontramos ante un nuevo “salto generacional ideológico”, como escribió Cynthia Martín en un artículo a propósito de la serie. Creo que el cisma actual es mucho más complejo, aunque pueda tener sus semejanzas con las diferencias ideológicas que ha habido dentro del movimiento desde sus orígenes...

Por suerte, no es algo puramente generacional ni algo freudiano en el sentido de “matar al padre” ―o a las madres, en este caso― y puedo igualmente traer a colación las palabras que le leí a Justa Montero a principios de este mismo año en una entrevista a propósito de esta cuestión y que recupero con esperanza: “Si el feminismo es un proyecto emancipador es imposible pensar en un proyecto emancipador estanco y solo para algunas”. Ahí radica el meollo: la ampliación de derechos para todas las mujeres y para diferentes sujetos disidentes y subalternizados, atendiendo a las diferencias y al cruce de opresiones sobre nuestros cuerpos y vidas, no resta derechos ni borra a nadie, solo suma. Y es ahí, en la aprehensión de esa “interseccionalidad de las luchas” a la que nos impulsa constantemente Angela Davis, donde nos jugamos el futuro, no solo del propio movimiento feminista, sino de todo movimiento emancipador.

Vendrán los insultos y las desacreditaciones, porque las que no aplaudimos sus argumentos a pesar de reconocerles trayectoria y enseñanzas e, incluso, agradecerles sinceramente todo lo compartido, seguramente seamos tildadas de ignorantes, de alienadas, de traidoras... Yo, qué queréis que os diga, lo asumiré con dolor, pero convencida de que la libertad de expresión no puede amparar más odio y discriminación. Yo, militante en la duda y en el diálogo, seguiré del lado de esas otras ―las trans, las racializadas, las migradas, las precarias, las putas...― que ‘algunas’ sitúan en los márgenes, pero que a mí ―y permitidme que parafrasee a Lorca― no hay quien me las arranque de los centros. Porque, como escribía bell hooks, “la política feminista pretende acabar con la dominación para que podamos ser libres para ser quienes somos, para vivir vidas en las que abracemos la justicia, en las que podamos vivir en paz”. Todas, todos, todes...

Que nos descalifiquen cuanto quieran y nos llamen ‘inqueersidoras’. Defender derechos humanos y colaborar para que nuestras criaturas vivan en un mundo que sea “la casa de la diferencia”, donde se sientan libres y reconocidas de ser quienes quieran y sientan que son, no me parece un asunto menor ni banal. La dignidad humana no lo es. Mi único y humilde objetivo es, en la medida de mis posibilidades, mantener la puerta del respeto y el reconocimiento abierta para quienes vengan detrás, para todas las personas a quienes el patriarcado, el capitalismo y el colonialismo les/nos daña la vida cada día. Que me quiten el carnet de eso tan mimético y encorsetado que algunas consideran “la buena feminista”. Mejor le tomaré prestada la firma a Sor Juana Inés de la Cruz: “Yo, la peor de todas”.

Sonia Herrera Sánchez. Investigadora, docente y crítica audiovisual. Especialista en estudios feministas y comunicación para la paz.

jueves, 20 de enero de 2022

#hemeroteca #feminismo | Justa Montero: “Algunos debates niegan una realidad: la incorporación de las mujeres trans a la lucha feminista”

ctxt / Justa Montero //

Justa Montero / Activista y cofundadora de la Asamblea Feminista de Madrid: “Algunos debates niegan una realidad: la incorporación de las mujeres trans a la lucha feminista”.

María Rosón / Maite Garbayo-Maeztu (Re-Visiones) | ctxt, 2022-01-20
https://ctxt.es/es/20220101/Politica/38478/feminismos-justa-montero-historia-aborto-maria-roson-maite-garbayo.htm

María Rosón: Buenas tardes. Estamos aquí con Justa Montero, una militante de los feminismos en el Estado español de largo recorrido, que además tiene todo un proyecto de articulación del feminismo con las luchas por la justicia social.

Justa Montero: Hola, María y Maite, encantada. Qué gusto pasar esta tarde charlando, y qué bien que estéis haciendo este proyecto.

Maite Garbayo-Maeztu: Un placer para nosotras estar aquí. Queríamos arrancar con la idea de este número de ‘Re-visiones’, que está centrado en las revueltas y las resistencias feministas. Queríamos preguntarte por cuál es tu experiencia, tu recorrido como activista dentro de los feminismos en el Estado español, y cómo entenderías la cuestión de las resistencias feministas. Hablábamos de las diferencias que podrían existir entre resistencias y revueltas. Decíamos que, a veces, la revuelta es algo más vistoso o que se ha relacionado más con una forma masculina de lucha, de militancia, y nos interesaba incorporar la idea de resistencia, porque muchas veces “la política” que han hecho las mujeres, ha tenido más que ver con ciertas resistencias, desde ciertos lugares particulares.

JM: Bueno, de esto podríamos hablar tantísimo... Como dices, la historia y la vida de las mujeres está llena de ejemplos de ello. Para empezar, cuando se habla de las víctimas del franquismo, muy pocas veces se menciona a las mujeres que estuvieron encerradas en los centros del Patronato de Protección a la Mujer, que era una institución que en un momento dado llegó a tener novecientos centros, y donde estaban encerradas las mujeres que llamaban “descarriadas”. O sea, las mujeres que se habían rebelado de alguna forma ante cualquier tipo de comportamiento establecido: porque las habían pillado por la calle besándose o porque se habían quedado embarazadas sin estar casadas. Mujeres que, de alguna forma, estaban resistiendo al franquismo, a las normas imperantes. Así, podríamos construir un hilo que explicara la conformación de la lucha feminista. Sí que me parece interesante señalar cómo el movimiento feminista desde el inicio, hacia el año 75 –desde el inicio quiere decir cuando empieza a expresarse públicamente, nunca hay un inicio que dice: “ahora es cuando empieza”–, señaló esto muy claramente cuando en la lucha por la amnistía el movimiento dijo que la amnistía tenía que ser amnistía también para lo que se llamaban “los delitos específicos de las mujeres”.

Mujeres que estaban en la cárcel por, como se decía entonces, haber cometido adulterio –que ya sólo la palabra tiene lo suyo–, o por haber abortado, o por haber ejercido la prostitución. Entonces, esa idea de mujeres que se han saltado y se han enfrentado a las normas tiene que ver también con una reivindicación política y, por lo tanto, se exigía la amnistía para los delitos políticos tradicionales –las mujeres que habían estado por su opinión y por su actividad en partidos o sindicatos– y también para las mujeres por delitos específicos. Esto me parece importante y de mucha actualidad, porque ahora es algo que se tiene que plantear en la Ley de Memoria Democrática: que se reconozcan como víctimas también a estas mujeres. Yo creo que el feminismo va acumulando desde el principio otra forma de entender lo que es lo político y la política. Me parece muy significativo este ejemplo.

MGM: Sí. Yo recuerdo que hubo una lucha desde el feminismo muy fuerte en aquel momento para que la izquierda y los partidos de izquierdas entendieran y reivindicaran que las mujeres presas por delitos específicos eran presas políticas. Y eso no se llega nunca a...

JM: No, no. No se llega. De hecho, hay una diputada que presentó una moción en el Parlamento para que oficialmente se reconociera y no salió aprobada. Pero bueno, luego, como todo esto tiene que ver con la lucha feminista que empieza a haber con mucha fuerza, pues ya se recoge de otra forma. Pero vamos, lo que fue la lucha por la amnistía es un claro ejemplo de lo que tú decías: esas resistencias en situación de dictadura. También son las resistencias que se han ido ejerciendo en el ámbito de las relaciones, en el ámbito de lo privado, en el ámbito de la casa. Está plagado de ejemplos.

MR: En esta idea que estás trayendo de que lo personal es político, que sería uno de los grandes lemas que introduce ese feminismo de los años setenta, de la Transición, nos interesaba también trazar genealogías, que en el monográfico haya un aporte específico en torno a la cuestión de nuestra genealogía, nuestras maneras, nuestras memorias, enfocado a prácticas que pasan por lo material, que pasan por lo visual, que pasan por poner el cuerpo de otras maneras. Bueno, pues queríamos aprovecharnos de tus memorias para esto.

JM: Antes de entrar en lo que me preguntas, hay una cosa bien importante y es que nosotras partimos de cero, es decir, nosotras, hasta pasados unos años, no nos encontramos con lo que hicieron nuestras antecesoras: las mujeres durante la República y, muy particularmente, las mujeres durante los años de la revolución, todo lo que organizaron las ‘Mujeres Libres’, que en materia de cambios en la vida cotidiana, en las relaciones, en la educación, eran súper avanzadas. Y, sin embargo, eso quedó totalmente apartado por lo que supuso la dictadura. En ese sentido, es como que nacimos un poco desheredadas de cosas extraordinarias que hicieron las mujeres en otras épocas. En lo que tú dices, de cómo se plasma esa genealogía en imágenes, en formas de hacer, para empezar, estéticamente... cómo íbamos vestidas no tiene nada que ver con cómo vamos ahora. Veníamos de un momento muy conservador a todos los niveles. El feminismo lo que supone es poner todo eso patas arriba y que las mujeres podamos empezar a hablar de todo: del placer sexual. Además, estamos en un contexto de cambio de régimen. Al pasar de una dictadura a un sistema que está por definir, vemos la posibilidad de ponerlo todo patas arriba. Ahí se combinan el reconocimiento de lo que nos ha sido negado y de la fuerza que tenemos. Empiezan cosas muy interesantes, que es todo el recorrido que se hace reclamando derechos y justicias para todo tipo de situaciones. Por ejemplo, una de las cosas más significativas de aquel momento es la lucha contra la cuestión de que adulterio fuera un delito y cómo las mujeres salimos a la calle con carteles diciendo “yo también soy adúltera”. Eso lo repetimos cuando es la lucha por el derecho al aborto a finales de los setenta. “Yo también he abortado” tenía además riesgo de tener consecuencias legales. Finalmente, nuestros carteles afirmando “yo también soy lesbiana”. Digamos, una voluntad de construir un nosotras en el que nos reconocemos todas a partir de la negación de derechos para todas. El franquismo y la dictadura habían sido la negación absoluta de cualquier derecho y de cualquier reconocimiento de las mujeres como sujetos. Entonces, eso va articulando ese sujeto del feminismo que va a ser muy potente y fuerte, y que vamos a ir haciendo. Creo que es un movimiento, como lo es ahora también, particularmente creativo, muy contundente en sus planteamientos, muy radical, nada moralizador en el plano de la sexualidad, eso a diferencia de lo que sucede ahora con algunos feminismos –que es algo que a mí me llama bastante la atención– y luego muy desafiante en las formas. O sea, muy, muy desafiante. Creo, o me gusta pensar, que esa impronta es algo que tenemos como una herencia importante.

MR: ¿De esos desafíos en las formas te viene ahora algún ejemplo a la cabeza?, porque nos parecen fundamentales.

MGM: Sí. Hablábamos de cómo pensar una genealogía feminista en imágenes del movimiento feminista en el Estado español. ¿Cuáles son esas imágenes de la revuelta, de la resistencia, de nuestro feminismo?

JM: Yo creo que esa imagen, de la que hay una foto muy conocida del “yo también soy adúltera”, a mí me parece que es muy significativa.

MGM: La fotografía de Pilar Aymerich.

JM: Sí, la de Pilar Aymerich. Me parece muy potente por todo lo que significaba, porque además era ponerse, por primera vez, en primera persona diciendo –lo que decíamos era que tenía que cambiar todo el planteamiento–: “si esto es un delito, yo también lo he cometido, yo también soy adúltera, yo también tengo relaciones sexuales con quien quiero independientemente de si tengo una pareja o, en este caso, un marido”. Entonces era muy desafiante.

Cuando empezamos con la lucha por el derecho al aborto lo que hacíamos en las manifestaciones era repartir perejil, porque el perejil lo asimilábamos a una hierba abortiva, que entonces era una forma de denuncia. O bueno, en el tema del aborto cuando hicimos unos abortos ilegales en el marco de unas jornadas feministas, que no sé si os acordáis, eran las Jornadas Feministas Estatales en Barcelona.

MGM: Sí, en Barcelona, en las Llars Mundet, en el 85, me parece.

JM: Exactamente. Con todas las condiciones sanitarias e higiénicas que había, los hicimos en el mismo recinto donde se hacían las jornadas. Los hicieron unas médicas, obviamente. Tres abortos para denunciar la ilegalidad y la clandestinidad en la que se tenían que practicar.

Ya un poco más adelante, las besadas que hicimos en la Puerta del Sol convocadas por el Colectivo de Feministas Lesbianas, porque la guardia civil había detenido a dos mujeres en la Puerta del Sol porque se estaban besando. Se habían tenido que ir a los juzgados de Plaza de Castilla. Claro, el juez o la jueza las soltó, pero había que tener en cuenta el miedo; que veníamos de toda una legislación que en materia de sexualidad era la negación absoluta y donde existía una ley, la Ley de Peligrosidad Social, que condenaba a homosexuales, a mujeres lesbianas a penas de cárcel. Entonces, se hizo una besada en la Puerta del Sol. Debíamos de ser como cien mujeres y era un escándalo total. Teníamos que dar octavillas para que la gente que estuviera alrededor entendiera un poco el sentido y explicar los motivos.

Creo, de verdad, que este feminismo ha sido súper creativo. Estoy recordando los primeros años. Claro, los carteles van variando mucho. Si los comparas en relación con lo que ahora se hace, eran muy elementales. Por ejemplo, los carteles o los dibujos que hacía Núria Pompeia: esa imagen de la mujer aplastada por la cantidad de tareas domésticas y la plancha y la lavadora. Esa sensación de que el trabajo doméstico para las mujeres es algo que les pesa en la vida enormemente, aunque ahora tendría otro tratamiento distinto. Entonces en las manifestaciones se decía: “mujer sal de la cocina, únete”, o también: “las amas de casa trabajan todo el día y luego las llaman mujeres inactivas”, que esto enlaza más con lo que ahora se dice de la importancia del trabajo doméstico, del trabajo de cuidados, la revalorización. Hay cosas que sí tienen un hilo que conecta, otras no, pero muchas sí, aunque se formulen de formas distintas, pero el tipo de preocupaciones está vinculado. En el aspecto más visual, las pancartas – comparado con lo que se hace ahora eran unas pancartas muy elementales– las hacíamos con plantillas que teníamos ahí para cada vez que había que hacer algo. No había los camiones que hay ahora con los altavoces, sino que era a veces megáfono o a veces ni tan siquiera, porque si venía la policía había que salir corriendo y el megáfono era un estorbo.

Hay en cosas que también innovamos. Creo que era el 86 cuando hubo un problema en relación con fichas médicas de mujeres que habían abortado y hubo detenciones. Organizamos la primera marcha de antorchas a la Moncloa, que visualmente era impresionante. Luego hubo muchas veces que se hicieron, muchos colectivos y muchas luchas, hasta que las prohibieron. Pero aquella era la primera vez. Por la noche ir a la Moncloa, vosotras lo conocéis, es un recorrido en el que no hay nada. Rodeadas por la policía y con las antorchas. Era muy valiente, porque yo creo que este movimiento ha sido muy osado y valiente en las formas de hacer y que ha combinado cosas muy caseras con enfrentamientos si era necesario. Me acuerdo también de cuando, a raíz de los juicios de las once mujeres de Bilbao por aborto, hacíamos unas estampillas y nos plantábamos a las seis de la mañana, que era cuando dejaban los fardos de periódicos en los kioscos, y antes de que llegaran los kiosqueros íbamos y periódico a periódico: “aborto libre y gratuito”, “aborto libre y gratuito”.

Luego ya hay cosas que se han ido haciendo ahora que son bien interesantes y performativamente organizadas, porque nosotras hacíamos performances sin darles ese nombre, porque no existía el concepto. Bueno, cosas que se hacen ahora, por ejemplo, las empleadas de hogar que en toda su lucha por el reconocimiento de sus derechos organizan una pasarela, que llevan años haciendo, por la calle, donde van denunciando las distintas situaciones en las que se encuentran las empleadas de hogar con sus jefas o sus jefes. También hemos hecho concentraciones, encierros en iglesias. Hay que tener en cuenta que la jerarquía católica aquí desde el principio, y ahora sigue igual, tiene un papel muy, muy determinante en la negación de derechos. Entonces hacíamos encierros en las iglesias de Madrid y prácticamente en todas las ciudades.

MGM: Yo recuerdo unos encadenamientos en los tribunales eclesiásticos del 76, de los que hay unas fotos.

JM: Sí, hay unas fotos muy gráficas. O aquí, que hicimos un encierro en el Ayuntamiento y nos sacaron a palos, que era cuando estaba de teniente alcalde Barrionuevo y nos sacó a palos, pero a palos, la policía municipal. O sea, que, cuando hablamos de revueltas, en el caso del feminismo, como es un continuum, como venimos de un movimiento que, con sus altos y sus bajos, ha dado continuidad, hay todo tipo de ejemplos.

Se me ocurre también, por parte del feminismo antimilitarista, en la época de la lucha contra la OTAN y las bases y a raíz del ejemplo de las mujeres en Inglaterra de Greenham Common –que eran unas mujeres que hicieron una acampada antimilitarista y estuvieron un montón de meses–, se hicieron acampadas en el marco de la campaña contra la OTAN y las bases en Zaragoza, en Barcelona, aquí en Madrid, en Euskadi, por su puesto. Acampadas cerca de instalaciones militares. Por supuesto, participación con todo tipo de lemas creativos.

Y luego, mira, una cosa que se ha actualizado mucho son las canciones, o consignas muy musicalizadas.

MR: Estamos viendo que hay unas formas culturales que no han entrado dentro de lo que se entiende como, por un lado, cultura con mayúscula y, por otro lado, acción política más clara, y que un poco son esta especie de llámalo resistencias, pero que se utilizan como formas culturales que tienen que ver con la canción.

JM: Y son importantísimas porque dan mucho cuerpo. O sea, porque una consigna es algo breve y rápido, más o menos, y la canción permite dar más cuerpo y poner tú más cuerpo. La consigna la gritas y sigues, como que vas acumulando consignas. Mientras que la canción, de alguna forma, es más encarnada en el cuerpo, tienes que expresarte de alguna forma.

MR: ¿Y qué canciones recuerdas?

JM: Recuerdo una muy divertida, ahora que hemos recordado este año pasado la muerte de Raffaella Carrà. Bueno, yo es que canto fatal...

MGM y MR: (risas).

JM: Una canción con el tema del aborto de cuando estaba el PSOE en el Gobierno que era la de: “¡porque tenía que abortar!”, y decíamos todas: “¡qué dolor!, ¡qué dolor!”. ¿Te acuerdas?

MGM: ¡Sí!

JM: “dentro de un armario. / Y el PSOE decía, / que el aborto tu tía, / que somos mayoría, / que el aborto que no. / ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!”. Esto que digo: que tiene más expresividad. No siempre es fácil, pero tiene más expresividad. A ver de qué otras me acuerdo... A ver si mientras hablamos recuerdo alguna más. Bueno, por ejemplo, no es canción, pero, para entender un poco el impacto de estas formas de expresión, yo creo que lo máximo para entenderlo es el efecto que ha tenido la performance de “Un violador en tu camino”.

MGM: La de Las Tesis.

JM: ¡La de Las Tesis!

MGM: que es canción, baile...

JM: ¡Claro! Que es todo.

MR: Y que es marea.

JM: ¡Claro! Que además ellas lo reivindican como algo desde el cuerpo. Y que eso que surge en Valparaíso, en Chile, ha sido algo que no solamente lo hemos hecho mujeres de todo el mundo, sino que además se ha adaptado. Por ejemplo, aquí en Madrid, las mujeres de la Comisión de Antirracismo del 8M adaptaron la performance, la letra, para poder hacerla delante del CIE y denunciar que los poderosos que encierran, que violentan, son también el CIE (Centro de Internamiento de Extranjeros). Es de una versatilidad que creo que es el ejemplo máximo de la importancia que tienen la reivindicación y la performance y, bueno, la composición como formas de protesta. Ellas vinieron hace poco a Madrid y lo contaban: se ha traducido y lo han hecho mujeres de todas partes del mundo, hasta las de Kurdistán, las japonesas, en toda América Latina, aquí en todas las ciudades. O, por ejemplo, la potencia de la canción que hicieron, bueno, que reprodujeron en Euskadi, en concreto en Bilbao, el 8 de marzo, creo que fue el del 2019, que era la de: “¡A la huelga compañeras! / ¡No vayáis a trabajar!”. No sé si os acordáis de que era una imagen de la plaza llena de mujeres y era una cosa que se te ponían los pelos de punta, era épico. ¡Era algo épico! Era un llamamiento realmente a la participación, a la lucha, a la movilización. “¡A la huelga compañeras! / ¡No vayáis a trabajar!”. Yo me sé la versión tradicional: “dejad puesta la naná, / que es la hora de luchar. / ¡A la huelga diez! / ¡A la huelga cien! / A la huelga madre, que yo voy también. / ¡A la huelga cien! / ¡A la huelga mil! / ¡Yo por ellas, madre, y ellas por mí!”. Canto fatal.

MGM y MR: ¡No, no!

JM: Pero esto es para verlo cantado por mil.

MR: Me lo estoy imaginando y me emociono.

JM: Da una fuerza colectiva tremenda.

MR: Uniéndolo con el “yo también soy adúltera”, hay una interrelación brutal con la otra canción. Como una necesidad por un lado del yo y el nosotras, pero por otro lado esta conexión de abrirte con las prácticas. Comentábamos antes cómo, de alguna manera, en el gran debate sobre el sujeto del feminismo hay también una genealogía o toda una línea hasta hoy en día.

JM: Claro. Yo creo que se parte de esa construcción del sujeto, de ese ‘nosotras’ que era un ‘nosotras’ inexistente, o sea, que había que construir y que además necesitábamos que tuviera legitimidad porque no la tenía, ya que la izquierda no le daba legitimidad al sujeto del feminismo. Era la idea de, bueno, primero la lucha por las libertades, luego vendrá lo otro. El feminismo sí, pero lo importante es la lucha de clases. Todo este movimiento tiene que poner en valor el sujeto protagónico de su lucha, su agenda, sus ritmos, todo. Entonces, se construye ese nosotras a partir de la confrontación ante la negación de la condición de sujetos y de ir construyendo a ese sujeto que va abriendo grietas, va abriendo nuevas puertas, va abriendo ventanas a muchas voces. Y esas nuevas voces cuestionan ese sujeto que parecía homogéneo de las mujeres en abstracto y así se van expresando otros feminismos, se va expresando el feminismo descolonial, el feminismo, digamos, popular, por decirlo de alguna forma, el feminismo trans, el ecofeminismo. Entonces, todo eso va abriendo enormemente y va también cuestionando. El primer cuestionamiento, aquí en el Estado español, es por parte de las feministas lesbianas. No es un cuestionamiento estrictamente de: “nómbreme a mí”, sino que es un cuestionamiento de: “tu idea de cuando hablas de mujer no me representa porque, además, no estás diciendo, no estás apelando a los problemas que yo tengo. Es decir, estás hablando de unos problemas como genéricos que no se expresan de la misma forma para todas las mujeres y hay algunos que ni tan siquiera aparecen”. Yo creo que eso es la grandeza, y la fuerza y la potencia. O sea, ¿cuál es la potencia de las huelgas feministas? La potencia de las huelgas feministas es que se plantea una propuesta que es totalmente inclusiva, en la que todas las mujeres y todos los feminismos pueden manifestar sus propuestas como parte de un todo, pero de un todo en el que se articula la diversidad, no un todo que acalla la diversidad y que habla en representación de, porque lo que hay son muchas voces. Yo creo que esa es la potencia del feminismo. Por eso a mí me resultan realmente incomprensibles algunos de los debates que hay ahora mismo, que lo que hacen precisamente es querer retrotraernos a una situación que, además, era enormemente dinámica y negar lo que es una realidad: la incorporación de las mujeres trans a la lucha feminista. Ya que esto es gracias a que ha habido un feminismo que ha hecho posible que emerjan otras desigualdades. Porque si el feminismo es un proyecto emancipador es imposible pensar en un proyecto emancipador...

MGM: estanco.

MR: y solo para algunas.

JM: estanco y solo para algunas.

MR: Que, además, efectivamente tienen una serie de privilegios concretos.

JM: Claro. Que están en un estatus de poder, de alguna forma, o un estatus más privilegiado, por ser blancas, por ser hetero, por todo lo que queramos.

MR: Hablabas, Justa, de las huelgas feministas de 2017, 2018, 2019. ¿Cuál es un poco el ciclo? Digamos, ¿de dónde provienen para ti esas estrategias, esos modos de hacer? Esa explosión, que yo creo que la máxima cota fue 2018, seguramente, o 2019, tiene una historia también.

JM: Sí, a ver, siempre decimos que nosotras nos remitimos a toda la genealogía, pero yo creo que hay un punto de inflexión, porque hay unos años donde el feminismo tiene menos capacidad de movilización, está ahí profundizando, pero tiene menos capacidad de movilización.

MR: ¿Y cuáles son esos años?

MGM: Y menos activos. Lo que yo te comentaba.

JM: Sí. Decías que había habido un proceso de institucionalización de algunos sectores.

MGM: Bueno, te preguntaba si tú creías que era por esto. O sea, yo me refería a que hay un momento, que es cuando yo empiezo a militar en el feminismo, en los noventa, en los 2000, en que no había chicas jóvenes. Yo era casi la única muchas veces, y luego eran de tu generación y algunos años menores. Como que hay unos años muy baldíos y de realmente resistir. Luego, de repente, ahora asistimos a esta masificación. Entonces, ¿qué pasa ahí?, ¿qué pasa en ese momento? Yo te preguntaba porque a veces se me había ocurrido pensar: bueno igual tiene que ver con que en los ochenta se institucionaliza un poco todo esto e igual pierde. Pero hay un movimiento que nunca se institucionaliza también.

JM: ¡Claro! ¡Sí! ¡Por favor!

TODAS: (risas).

JM: Sí, pensando un poco en lo que tú preguntabas, yo creo que el tema de la institucionalización de sectores del feminismo tiene efectos no solamente porque hay mujeres que pasan al ámbito institucional y se debilita un poco, sino por el mensaje. O sea, el mensaje fundamental que supone el peso de la institucionalización a partir de mediados de los ochenta es que, bueno, que ya está más o menos conseguida la igualdad, que se trata de que haya un desarrollo legislativo que permita ir profundizando. Que ya más o menos las bases están puestas y que eso se pueda hacer más desde las instituciones. Entonces empiezan los planes de igualdad, es decir, iniciativas de políticas públicas, que no digo que no sean necesarias, pero que ponen el foco en otro lugar y hacen creer que a partir de ahí es donde los conflictos que vivimos las mujeres se pueden resolver, cuando eso tiene un límite claro, porque es un problema estructural.

Entonces, yo lo que decía es que en todo este proceso que hemos vivido de movilizaciones últimamente, para mí un punto de inflexión muy importante, para mí una clave son las Jornadas Feministas que organiza la Coordinadora Estatal en 2009 en Granada. En 2009 existían diversos discursos de feminismo y nos juntamos tres mil activistas, porque lo que se juntan ahí son tres mil activistas, tengan que ver con la academia o tengan que ver con las instituciones, pero ahí están en condición de activistas, no están por representar a instituciones. Activismo puro y duro. Y somos tres mil. Además, estamos en el 2009, justo el inicio de la crisis. Y ahí ya hay un momento en el que se hacen varios análisis, en esas mismas jornadas, en los que aparecen cosas que van a ser muy claves. Uno, un análisis muy certero del momento en el que estamos, es decir, estamos en un momento de crisis sistémica que es crisis ecológica, crisis financiera, crisis democrática, y hay una mesa redonda muy interesante donde se plantea. Y ahí se expresa claramente todo lo que es la crítica al binarismo que existe y todo un planteamiento trans, que luego todo eso va a ir evolucionando claramente, pero ahí ya se expresa. Además, recuerdo que, como siempre en el feminismo, hay debates que son debates intensos y apasionados y por lo tanto con cierto nivel de tensión, que no tiene nada que ver con las tensiones que ahora vivimos, sino la tensión desde el diálogo. Y yo recuerdo una reacción que me encantó de unas chicas jóvenes que yo conocía y que de repente las veo por la calle con un bigote pintado y les pregunté: “¿Hala, como es que vais con bigote?”. Y la respuesta era: “nosotras somos de un feminismo que, si nos dicen que esto hay que cuestionarlo, hay que ir a ello, porque efectivamente esto supone una afrenta a las mujeres, a la diversidad”. O sea, una reacción visceral, radical, de decir: ahí es donde hay que estar.

Esas jornadas son tres mil mujeres, es el 2009, tres mil activistas y es como un laboratorio de experiencias, de debate, de aprendizajes y estamos en diciembre del 2009 y en 2011 es el movimiento de los indignados, es el 15-M: las acampadas, primero en Madrid, en Sol, luego en otras ciudades, en Barcelona y en otros sitios. Es en el movimiento del 15-M donde las feministas estamos y donde se empieza, digamos. Es el primer momento después de las jornadas donde aparece claramente una presencia importante de mujeres muy jóvenes que van a hacer toda una experiencia de movilización muy importante, y que va a ser al final esa generación la que lidera los procesos de las nuevas feministas. Porque no es lo mismo estar en el feminismo, en el movimiento, en momentos más o menos calmos que en momentos de efervescencia, que efervescencia quiere decir creación de pensamiento colectivo, creación de formas de contestación, de formas de comunicación.

Luego, en 2013 están todas las movilizaciones porque estaba Gallardón de ministro de Justicia y plantea que va a haber un cambio en la ley del aborto negando derechos, todavía más, porque es una ley que ya es limitada, y hay una revuelta de mujeres jóvenes. Yo recuerdo aquí una manifestación impresionante en la Gran Vía donde la mayoría eran mujeres jóvenes y era: “pues este señor no dice qué tenemos que hacer, ni cómo tenemos que hacer, ni quiénes somos”. Porque era otra vez esto de que la mujer lo que tiene que hacer es...; como los mandatos de género cerrados. Además, eso se salda con una victoria, porque en 2014 dimite Gallardón. Es la primera vez que conseguimos en este país que dimita alguien. Y más de una movilización feminista.

TODAS: (risas).

JM: Me parece importante que resaltemos cuando tenemos éxitos, porque un movimiento social necesita también tener éxito de vez en cuando y analizarlo.

Luego está la movilización súper masiva de denuncia a las violencias machistas y después ya empieza todo el proceso de las huelgas feministas, con una cosa que me parece muy importante: ese proceso de las huelgas feministas no es explicable sin todo esto que he contado, y tampoco es explicable sin la influencia de los feminismos latinoamericanos, porque la propuesta de huelga feminista viene de América Latina, de Argentina, y viene de temas y de prácticas tan contundentes como todo lo que acompañó al “ni una menos, vivas nos queremos”. Surge de ahí y, en sí misma, la huelga es una expresión de contestación y de revuelta cultural de las más potentes que hay, porque se plasma de forma muy distinta, porque se plasma en debates en las casas, en las familias, se plasma en expresiones de muchos colectivos de formas muy distintas. Si se analizaran los distintos cartelitos que aparecían en las manifestaciones, veríamos hasta qué punto era un llamado a la revuelta general de las mujeres. Entonces, yo creo que lo que sucedió en 2018 y 2019 es de gran importancia para el feminismo, porque nos ha situado de otra forma, en otro momento. Es algo impresionante, es de las mayores movilizaciones de este país que se recuerdan, después de la movilización contra la guerra, y supone una disputa por el sentido del feminismo y una disputa por el contenido cultural, el contenido formal y el contenido político del feminismo, que yo creo que es un poco el momento en el que estamos. No sé si opináis lo mismo.

MR: Yo sí que creo que es un momento un tanto de disputa, sin duda alguna, pero también creo que, a veces, le damos demasiada presencia a esto cuando, en realidad, creo que es una minoría con mucha voz. O sea, yo nunca lo había vivido así, pero veo una enorme cohesión social apoyando.

JM: Sí, a ver, yo creo que hay un cambio, que hace seis años todavía tenías que ir explicando qué era eso de ser feminista y ahora mismo no.

MGM: Bueno, eso ha cambiado totalmente.

JM: Claro, y eso en muy pocos años.

MGM: Es que ahora el feminismo es hegemónico de alguna manera. Y esto también tiene algunas problemáticas. Yo sé que hemos conseguido muchas cosas que queríamos y que hace tiempo hubieran sido impensables, pero a mí también, a veces, me preocupa un cierto vaciamiento de sentido que puedes ver cuando estos discursos se hacen hegemónicos, se masifican.

JM: A ver, yo creo que dentro del feminismo hay efectivamente una disputa. A mí me parece, por ejemplo, que la lucha por los derechos trans a nivel social se ha ganado. Otra cosa es que si la ley, que si no sé qué. Pero, pese a toda la bronca que ha habido, yo creo que eso se ha ganado. Me he perdido, no sé por qué decía esto. ¿Qué era lo último que tú has dicho, Maite?

MGM: Hablaba de que, a veces, pienso que me preocupa un cierto vaciamiento discursivo. Hay una disputa, de la que también hemos hablado antes, por qué feminismo queremos, por qué feminismo cultural, qué feminismo político, como decías tú. Pero, a parte de esa disputa, que viene también de una genealogía, yo creo que hay otra cosa, y es, que esta –no me gusta decirlo así– generalización, masificación del feminismo, hace que, a veces, se vacíen un poco los discursos, porque también es complejo pensarse como feminista, vivir como feminista. Yo creo que también todas nosotras hemos hecho unos recorridos que no se hacen en dos días.

JM: Pero yo sí que creo que el feminismo está muy vivo. Claro, si entendemos por feminismo algo que va más allá de las cosas que todo el mundo tiene en la cabeza. Para mí, que esté vivo el feminismo significa ver también cómo el feminismo, cómo las mujeres feministas han hecho suyo y han defendido y cuando se ha podido se ha apoyado todo lo que ha sido el trabajo de cuidados durante la pandemia, las despensas populares, etc. Para mí es un feminismo que se ha situado claramente en la defensa de lo público y de los servicios esenciales y ha dicho: aquí es donde están las mujeres y en qué condiciones están y se ha denunciado. O un feminismo que, como tú decías al principio, también tiene una materialidad, o sea, que aterriza las cuestiones materiales y que es un feminismo que tiene que ver con las mujeres que están luchando contra los desahucios, que entronca con las condiciones de vida de todas las mujeres. Yo creo que ese feminismo está muy vivo. Otra cosa es que es verdad que hay una tendencia, sobre todo en los medios, a plasmar esa imagen del feminismo reducida a cosas que son muy importantes pero que no son todas, según la cual el feminismo son dos cosas: la violencia, trascendental, por supuesto –las mujeres a las que asesinan, mujeres a las que agreden sexualmente– , y la diferencia salarial. Esa reducción a dos temas no expresa la complejidad y la profundidad hoy de la realidad de las mujeres y de la propuesta feminista, porque yo creo que lo que tiene la propuesta feminista tan potente es esa capacidad para tener una mirada de conjunto de todos los conflictos que atraviesan la vida de las mujeres.

MR: Y diversa también. O sea, que la riqueza yo creo que está en saber acoger esa diversidad. Por eso a veces esas disputas de las que hablábamos antes restan muchísima fuerza, porque son al final elementos bastante tóxicos. Y luego, en relación con lo que tú decías, Maite, yo creo que hacemos lo que podemos todas, tampoco hay que repartir carnés de buena feminista.

MGM: No, no me refería tanto a eso. Tampoco lo quiero decir así, pero recuerdo a Inés Arrimadas hablando de feminismo...

JM: Ah, bueno, el feminismo liberal.

MGM: Me refería al feminismo liberal, exacto, no me salía la palabra. Que esta masificación, generalización, lo ha llevado un poco ahí también, y a mí esto me trae muy preocupada en los últimos tiempos.

MR: Seguramente siempre ha existido, ¿no?

MGM: No.

MR: Yo pienso en aquella Sección Femenina de Falange.

MGM: Ah, bueno, supongo que sí.

MR: Es que ellas se veían a sí mismas como defensoras de las mujeres. Otra cosa es que haya también una genealogía conservadora, muy conservadora, y que no queramos reflejarnos ahí, sino en Mujeres Libres.

TODAS: (risas).

MGM: Esto además me permite rescatar algo que has dicho antes, Justa, que me ha interesado y sé que es algo que a María también le interesa mucho. Has dicho que, en el año 76, pongamos ese momento de inicio, aunque ya sabemos que es un inicio que no aparece de repente, en las primeras jornadas estatal de Madrid, que creo que son en diciembre...

JM: En el 75.

MGM: En el 75, sí. Has dicho: “veníamos de la nada”, y me ha parecido muy impactante ese veníamos de la nada. Te has referido a toda esa genealogía de la República, que ha sido una genealogía tapada, silenciada.

Recordaba yo ahora cuando Nuria Capdevila-Argüelles habla de los fantasmas en la historia del feminismo español. ¿Cómo esas mujeres de la República se convierten en fantasmas durante el franquismo, pero no desaparecen, son fantasmas? Hay un hilo invisible, si quieres un hilo oculto, que llega de ahí hasta nosotras ahora, y que vosotras agarráis en el año 75. ¿Qué pasa con todo eso? María ha trabajado mucho el franquismo.

JM: Por rescatar, yo he dicho que partíamos de cero en el sentido de que hay una ruptura clara, pero existen esas resistencias, que decía María al principio, de muchas mujeres en la clandestinidad, desde las mujeres presas a las mujeres en el exilio, a las mujeres que van a las cárceles en apoyo a los presos y menos a las presas, pero van, y las mujeres que van organizándose al calor de cuestiones materiales. Hay movilizaciones importantes de mujeres contra la carestía de la vida. O movilizaciones en los barrios, lo que luego explica que haya un movimiento de mujeres en los barrios muy importante en los años setenta, porque se van organizando por donde aprieta el zapato. O las movilizaciones de las mujeres en las fábricas que hay en Euskal Herria, en Cataluña; aquí en Madrid es muy emblemática la lucha de las mujeres de Induyco, una empresa con mayoría de mujeres. O sea, mujeres en las empresas –en este caso eran todas del textil– que pelean por las condiciones en el trabajo. Porque existía la dote. La dote existió hasta muy entrados los setenta y es lo que se daba a las mujeres como un incentivo cuando se casaban para que dejaran el puesto de trabajo, lo que significa una concepción del salario como salario familiar del varón. En fin, que eso apuntala toda una ideología y ya digo que es hasta inicios del ochenta, yo creo, que sigue existiendo la dote. Son esas resistencias las que luego van aflorando, que se van larvando, y en este caso de mujeres en la dictadura, que yo creo que bastante todo lo que hicieron.

MR: Y al respecto de eso, lo que estamos viendo es que existe una doble violencia, porque es una violencia en torno a la que vivieron directamente las mujeres ya sea al final de la Guerra Civil o durante la Guerra Civil. Toda la violencia, casi toda, es una violencia sexual que difícilmente va a dejar una huella en los archivos y la otra violencia, que también está en torno a esas formas de resistencia, es la violencia de la memoria. Porque estas maneras de hacer, tanto desde quien impone la violencia hasta la que de una manera más subrepticia, podríamos decir, trata de resistirse, como están más desestructuradas, no dejan tampoco una huella clara para poder hacer una historiografía. Tienes que ingeniártelas muchísimo para poder encontrar archivo, para poder encontrar el eco de sus voces en los juicios sumarísimos, por ejemplo, uno de los artículos que nos ha llegado a este número de Re-visiones. Entonces, te queríamos preguntar por esta cuestión, porque tú además de con Candelas Feministas, has trabajado mucho la memoria y los archivos. ¿Cómo lo ves tú?

JM: Sí, a mí me parece muy importante lo que dices porque, por ejemplo, ahora pensando en que la Ley de Memoria Democrática tendría que reconocer como víctimas a las mujeres que fueron víctimas del Patronato de Protección a la Mujer, es que no hay archivos. De esto que duró como hasta el 85 y que luego se derivó a las distintas autonomías, no queda constancia y esas mujeres a ver dónde están.

MR: Historia oral, las que quieren hablar.

JM: Hay una cosa muy bonita a la que asistí hace unos años en un IES, aquí en, no me acuerdo del nombre del IES en concreto...

MR: El Isaac Newton, porque ahí es donde estaba la Maternidad de la Almudena.

JM: Eso es.

MR: Que ahí fue tremendo.

MGM: ¿Ahí hubo un patronato?

MR: Era un centro para mujeres gestantes, enorme, además.

JM: Ahora es un IES y hace unos años, una asociación de estudiantes del instituto organizó un acto. Ellos decían que sabían que ahí había pasado algo, en ese edificio donde ellos estudiaban, pero que no sabían qué.

MR: Fíjate, son las fantasmas.

JM: Las fantasmas de todas. ¡Que no sabían qué! Entonces, fueron indagando, indagando por el barrio hasta que dieron con que, efectivamente, eso había sido un centro del Patronato. Lograron localizar a algunas mujeres que habían estado en el Patronato ahí e hicieron un acto con testimonios presenciales de algunas de ellas. Y era impresionante, porque decían: “aquí donde estáis, en este salón de actos, esto era la iglesia y a nosotras nos hacían, embarazadas, estar fregando los suelos de rodillas hasta la extenuación”. Fue impresionante y era muy bonito por eso de enlazarlo: estudiantes de ahora en un centro que narran, que escuchan la historia de las mujeres que sufrieron ahí represión.

Te contesto a lo de los archivos, pero una cosa con esto de los símbolos que me parece también súper bonita es –no tiene nada que ver, o sí tiene algo que ver– lo de los pañuelos. Una imagen que me parece muy impactante en estos años pasados, en el 19-20, en la lucha de las mujeres argentinas que salieron a la calle en plena pandemia en defensa del derecho al aborto que iban con su pañuelo verde, es la imagen de Nora Cortiña, que es una de las madres de Plaza de Mayo, con una de las activistas del derecho al aborto y cómo unían sus pañuelos. Ella su pañuelo blanco contra la represión, como hacen las madres de la Plaza de Mayo en la búsqueda de justicia por sus hijos, lo anuda con el pañuelo verde de las mujeres de ahora.

MGM: Ana Longoni tiene un texto muy bonito sobre esto que, precisamente, yo creo que parte de esta imagen.

JM: Es que es muy bonito lo de los símbolos.

MR: Es justo lo que hablábamos. Esa plasmación material y de práctica de cuerpo sobre la que tú también, Maite, has escrito mucho. Esa otra manera de poner el cuerpo que es lo que producen también los feminismos.

MGM: A mí me parecía, por ejemplo, que en el feminismo de los setenta, que yo he tratado de trabajar visualmente mirando esas imágenes, había algo de un nuevo sujeto político. O sea, que son otras formas de subjetivación política, formas inéditas de subjetivación política que, de algún modo, son muy diferentes a cómo es el sujeto político hegemónico masculino de la izquierda de aquel momento. Porque lo tú hablabas, Justa, el “yo también soy adúltera”, el “yo también he abortado”, son subjetivaciones políticas de la alineación, del solapamiento de unos cuerpos con otros cuerpos. Para mí hay algo ahí.

JM: Como dicen hoy las mujeres del territorio doméstico: “de la capacidad para acuerparnos”. Es que es eso.

Contestando a lo decías de los archivos, María, hay muy poco realmente. Bueno, eso lo sabéis vosotras, que sois investigadoras, más que nadie. Hay por un lado un problema de que nosotras en aquella época, y en general el feminismo de aquella época, éramos bastante ágrafas. Ahora pasa cualquier cosa y tienes un artículo, tienes un tweet o tienes enseguida una imagen y cuando grabas con el móvil captas una imagen en cualquier momento. A nosotras no se nos ocurría ir con una máquina de fotos, para empezar no teníamos. Es otro momento.

MR: Otra idea del registro.

JM: Otra idea del registro. Por ejemplo, nada está fechado. No hay fechas. MGM: Sí, eso con los carteles es...

JM: Es impresionante.

MGM: Porque pone el día en muchos, 14 de tal, pero no pone el año.

JM: Es una idea de atemporalidad. O de que es todo el momento. No sé.

MR: Y de no tener esa necesidad porque al fin y al cabo es una necesidad de hacer historia. No es la preocupación. Estás más a otra cosa.

JM: Exactamente, no es la preocupación. Entonces, yo creo que hay iniciativas extraordinarias en mujeres que han visto esa necesidad y que van haciendo. Yo creo que el que es más potente a mí me parece que es el de... ¡ay!, ¿el de Vizcaya cómo se llamaba?

MR: El de Bilbao.

MGM: Maite Albiz.

JM: ¡Maite Albiz! También tienen un apoyo institucional, si no esto es imposible, porque es pensar que las mujeres tenemos que ir como hormiguitas en plan María Moliner, haciéndote tú tus fichitas en casa poco más o menos. Luego están Ca la Dona, donde existe también un archivo importante, y el archivo de la Biblioteca de Mujeres, pero este es un archivo que es impresionante y del que la administración nunca se ha hecho cargo. Está, de hecho, en unas cajas en una institución imposible de utilizar prácticamente para las investigadoras y es una pena. Y luego, bueno, en instituciones o en fundaciones que haya. Es un problema, porque las que tenemos archivos personales de cierta envergadura no sabemos muy bien dónde darlos para que puedan preservarse, porque si no es una pena. Y yo creo que es imprescindible, además ahora se está viendo. Para hacer una historiografía fidedigna necesitas sustentarla. La historia oral es importante.

MR: Es fundamental.

JM: Pero la historia oral también se pierde.

MR: Pero al final hay mucho del feminismo en la historia oral y en los archivos vivos. Tradicionalmente hemos encarnado toda esta idea de contarnos. El franquismo trata de bloquear eso, o lo bloquea de alguna manera, porque la transmisión es exponencial, o sea, tú me cuentas algo, nos cuentas a nosotras, nosotras contamos y esto va creciendo y creciendo.

JM: Como una bola. Por eso es tan importante lo que hacéis y, desde luego, tenéis toda mi admiración y agradecimiento. Porque al final, es decir: “oye sirve para algo y ahí queda”. Y que además se haga con la mirada que lo hacéis, que es una mirada abierta, porque hay muchas cosas que se hacen y que se limitan a lo que es el feminismo institucional. Entonces, igual encuentras muchas cosas de lo que es desde las instituciones, pero no de ese feminismo vivo, de base, fuerte, que ha ido rompiendo y abriendo y articulando. La verdad es que me emociona.

MR: Ha sido una maravilla.

MGM: Gracias a ti, Justa.

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  • Esta entrevista se publicó originalmente en Re-Visiones.
  • Maite Garbayo-Maetzu es profesora Serra Húnter en la Universidad de Barcelona.
  • María Rosón es investigadora y docente.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

#hemeroteca #feminismo #politica | La deuda de la Constitución con las mujeres

Imagen: ctxt / Manifestación 8M 2018 en Madrid
La deuda de la Constitución con las mujeres.
Se necesita un proceso constituyente popular y rupturista que establezca nuevas bases para nuestra vida en común, incompatible con cualquier vestigio patriarcal.
Justa Montero | ctxt, 2018-11-28
https://ctxt.es/es/20181129/Firmas/23060/constitucion-feminismo-iglesia-justa-montero.htm

La celebración oficial de los 40 años de la Constitución da una imagen inequívoca, todo son parabienes a los “padres de la Constitución”, no deja el más mínimo resquicio para la crítica, para conocer la disidencia que se expresó en el momento de su aprobación, en 1978.

La hubo desde diversos ámbitos, por ejemplo en las entonces consideradas “nacionalidades históricas” por no recoger el derecho de autodeterminación. También el movimiento feminista participó activamente en el proceso de debate previo, siguió las propuestas que se fueron planteando, elaboró propuestas alternativas a algunos articulados y finalmente hizo una crítica contundente a la Constitución. La Coordinadora Estatal de Organizaciones Feministas calificó la propuesta de machista y antidemocrática, en octubre de 1978, al igual que la Plataforma de Organizaciones Feministas de Madrid, organizaciones feministas de Euskal Herria, y la Coordinadora Feminista de Barcelona, que se movilizaba bajo el lema “Dona, la Constitució ens ignora”.

Lo que reflejaba la posición de las feministas era el rechazo a que sus aspiraciones se redujeran a una vaga declaración de igualdad (Artículo 14: “los españoles son iguales ante la ley”), en lugar de responder a la urgencia de dibujar otra sociedad en la que, entre otras cosas, los derechos de las mujeres estuvieran blindados.

Y sucedió que frente a la propuesta de una enseñanza laica, mixta, gratuita, obligatoria con la coeducación efectiva, la Constitución abrió las puertas al concierto de los centros religiosos, defensores de principios en clara confrontación con los planteados por las feministas; frente a la aspiración de cambiar la estructura familiar patriarcal y el reconocimiento de otras formas no institucionalizadas de convivencia, la Constitución consagró la familia patriarcal nuclear como la única institución central de la organización social; (Art. 39: “los poderes públicos aseguran la protección social, económica y jurídica de la familia”); frente al derecho a decidir de las mujeres fijó una redacción que abre la puerta a los recursos de los movimientos anti-elección contra el reconocimiento real del derecho al aborto; frente a la exigencia del derecho al trabajo asalariado, la Constitución estableció el principio de la no discriminación, en un texto atravesado por la idea del varón como el sujeto proveedor y de la complementariedad del empleo y salario de las mujeres. Un derecho que, al igual que otros como el de la vivienda, se ha quedado en una declaración de principios para la inmensa mayoría de las mujeres.

Sin duda la Constitución representó un cambio respecto al anterior régimen, a la Dictadura franquista, y estableció libertades y derechos, pero no recogió ni garantizó las aspiraciones de un movimiento feminista con una potente fuerza transformadora.

Aunque la oposición de la derecha franquista, la Iglesia y otros poderes era fuerte, se prescindió de las aportaciones y el empuje del feminismo: la lógica de pactos y consensos con la derecha, la Iglesia y demás poderes, que caracteriza el régimen del 78, acabó determinando los contenidos del texto constitucional. Además la izquierda parlamentaria actuó, en algunos casos, con la concepción patriarcal que desliga la consecución de la democracia de los derechos de las mujeres, dejándolos “para otro momento”. Nada nuevo bajo el sol. El resultado fue una Constitución que está en deuda con las mujeres.

El Manifiesto de la Plataforma de Organizaciones Feministas de Madrid acababa con una consideración que no deja lugar a dudas: “La Constitución ya está hecha. Ni la hemos hecho nosotras, ni tenemos posibilidad de modificarla. Lo único que podemos hacer es dejar constancia de nuestra protesta”. Finalmente las organizaciones feministas, a nivel estatal, formularían distintas propuestas de voto a la Constitución.

Durante 40 años el movimiento feminista ha ido abriendo brechas en el desarrollo de algunos derechos que se han concretado en leyes y distintas disposiciones. Pero la situación actual está marcada por los efectos en la vida de las mujeres de las salidas neoliberales que se plantean a la crisis social, de cuidados, económica, territorial, ecológica, democrática y de valores. A ello no es ajena la crisis de legitimidad de la monarquía, del poder judicial patriarcal, del propio poder legislativo con la modificación del artículo 135 de la Constitución, algo que ya adelantó el 15M.

La Constitución del 78 no da respuesta a los graves conflictos que genera todo ello en nuestras vidas, por eso urge abrir un proceso, que sin duda no es fácil, que permita repensar las bases de la sociedad, resituar lo que significa poner en el centro el bienestar de las personas y no a los mercados; el reconocimiento real de las mujeres como sujetos de derechos, así como de otras identidades no normativas; establecer una igualdad que no sea un principio abstracto como proclama el liberalismo, que deje de invisibilizar y actuar sobre zonas de desigualdad entre varones y mujeres y que haga efectivos los derechos a todas, todas las mujeres; que responda a una distinta configuración económica del Estado donde se sitúen en el centro los trabajos de cuidados como responsabilidad del Estado y responsabilidad colectiva, acabando pues con la división sexual del trabajo; que garantice el derecho a una vida libre de violencias machistas y de violencias institucionales, y todo lo que lleva implícito los derechos sexuales y reproductivos, el derecho de decisión de las mujeres sobre sus cuerpos; que proclame la laicidad y acabe con los privilegios educativos, fiscales, políticos de la Iglesia fijados en los acuerdos con el Vaticano, firmados siete días después de aprobada la Constitución; que rompa el pacto de silencio y restituya la verdad, justicia y reparación para las víctimas de los crímenes de la Dictadura.

Esas son algunas de las urgencias para pensar en un nuevo marco constitucional que garantice una vida digna para todas y todos. Desde una perspectiva feminista requiere abordar todos los conflictos que generan las relaciones de poder de género, sexo, clase, raza, nacionalidad, las diversidades funcionales, y la depredación de recursos naturales. Todo ello atraviesa la vida de las mujeres. No se trata de reformas, ni de algo que se solucione a base de pactos entre partidos, sino de la posibilidad de un proceso constituyente popular, participativo y rupturista que establezca nuevas bases para nuestra vida en común, una vida incompatible con cualquier vestigio patriarcal.

Justa Montero es activista feminista.

miércoles, 2 de marzo de 2016

#hemeroteca #feminismo | Feminismo y ¿Procesos Constituyentes?

Imagen: Plan B / Justa Montero en primer término
Feminismo y ¿Procesos Constituyentes?.
Justa Montero | Coordinadora Feminista, 2016-03-02
http://feministas.org/feminismo-y-procesos.html

Este artículo recoge la intervención revisada de Justa Montero en el taller del “eje de feminismos” de las “Jornadas Plan B Europa” (Madrid 19, 20, 21 de febrero 2016).

Por muy de Perogrullo que parezca un proceso constituyente es, ante todo, un PROCESO, una movilización social y por tanto también de ideas, para deliberar sobre cómo queremos organizar nuestra vida en común y el espacio en el que transcurre, sobre qué valores, cómo nos queremos relacionar entre nosotras y nosotros y con la naturaleza y lo que necesitamos para resolver las necesidades y los problemas de la vida en común.

Pero lamentablemente, ni a nivel estatal ni a nivel europeo, esto no está hoy en la agenda porque las organizaciones políticas no se lo plantean y su preocupación se limita a una reforma más o menos cosmética de la Constitución que vertebró el Régimen del 78. Tampoco hay una movilización social suficiente para la transformación que ese proceso requiere. Conviene por tanto no confundir los procesos constituyentes a los que aspiramos con un maquillaje de la Constitución, reduciéndolo a la negociación por arriba de algunos cambios en sus artículos.

Tenemos un referente propio, lo que sucedió en el Estado español al final de la Dictadura y se ha llamado “la transición”. El movimiento feminista participó muy activamente en el proceso social y político que aspiraba a reflejar un cambio en la correlación de fuerzas y un nuevo modelo político, económico y social en una Constitución. Se plantearon propuestas muy claras para garantizar un marco de derechos que realmente garantizaran esa transformación y acabara con el sufrimiento que conlleva la limitación de derechos a las mujeres.

Sirva como botón de muestra la propuesta alternativa que se formuló en relación a un aspecto básico de la organización social: “la familia no será objeto de especial protección por parte del Estado. El Estado reconocerá el derecho que toda persona tiene al desarrollo y a la libre disponibilidad de su afectividad y su sexualidad mediante la institución matrimonial o cualquier otro sistema no institucionalizado, elección que en ningún caso podrá traer consigo discriminaciones, no pudiendo el estado civil de las personas ser causa de discriminación alguna”.

Y el resultado lo conocemos. Los “padres” de la Constitución aplicaron una política de pactos y consensos que dejó a un lado estas propuestas. Y así ocurrió también en el redactado del Artículo 15, ya no se habla de “todas las personas tienen derecho a la vida” como proponían las organizaciones feministas, sino que se afirma “Todos tienen derecho a la vida”, formulación que sirve de excusa para rechazar las propuestas feministas de reconocimiento del derecho de las mujeres a decidir, del derecho al aborto.

No hubo ruptura, y hubo acuerdo con los poderes que habían sustentado el franquismo (entre otros la jerarquía católica) y hoy vivimos con ese “déficit” de legitimación democrática, como muy bien saben quienes reclaman “verdad, justicia y reparación” para recuperar la memoria histórica.

Este es el régimen del 78 que ha entrado en crisis y que el 15M impugnó, recogiendo la indignación por la crisis democrática, la corrupción y los efectos devastadores de las políticas austericidas y biocidas que se aplican para salir de la crisis civilizatoria y que deja a millones de personas en situación de exclusión social.

El feminismo ha señalado que esta involución democrática no se fija solo en el plano institucional, sino que también hay que poner el foco en la vida privada, en las relaciones de las personas, en ese espacio privado que esconde desigualdad, discriminación y relaciones de poder patriarcal.

La situación es insostenible y urge cambiar el escenario y el orden social, porque los conflictos que existen o se abordan o se agudizan y se está profundizando la fractura social. Y de momento más que procesos constituyentes hay que responder a procesos destituyentes: porque el neoliberalismo ha impuesto y trata de imponer reformas que cercenan los derechos sociales, incluso los formalmente reconocidos en las Constituciones europeas: me refiero a la modificación del artículo 135 de la Constitución al dictado de las necesidades de los mercados, a los tratados de libre comercio, el TTIP y las políticas migratorias de la Europa fortaleza de los muros, las vallas y los mares en que miles de personas se dejan la vida.

Esto forma parte de nuestra realidad y nos urge a las mujeres enfrentarlo y porque los conflictos que plantea la alianza criminal del patriarcado y el neoliberalismo los están pagando las mujeres con sus cuerpos y sus vidas. Porque se recrudece el patriarcado, se profundiza la crisis de los cuidados crece la homofobia y el racismo, yse agotan los recursos.

Y sin embargo la movilización social ha disminuido y, si no hay movilización social, la salida a la situación será por la derecha neoliberal y patriarcal más feroz. Por eso necesitamos mayorías sociales, voces disruptivas, prácticas contra hegemónicas, todo es necesario para disputar la hegemonía social y cultural y para que las propuestas feministas sean centrales en estos procesos por los que apostamos y que se tendrían que plasmar en una nueva Constitución.

Algunas de las propuestas a las que me referiré ya tienen un recorrido en el discurso feminista y en las movilizaciones que se vienen prolongando desde hace tiempo. No me invento nada. Son propuestas que se tienen que transformar en derechos de facto. Porque el papel lo aguanta todo, pero la vida digna de las mujeres requiere más que un artículo en una Constitución, la solución es más compleja y necesita de cambios en las ideas, los imaginarios, los comportamientos y las actitudes como garantía para ejercer los derechos entendidos no solo como normas.La mejor Constitución puede derivar en políticas contrarias a los principios que recoge. Algo nos suena. No tenemos más que ver en qué se concreta para las mujeres ese “todos somos iguales ante la ley”, o el lacerante“todas las personas tienen derecho al trabajo”.

Por cuestión de tiempo voy a señalar solo tres grandes epígrafes que, entre otros, debería recoger una Constitución para establecer un marco de derechos y obligaciones del Estado para un cambio de modelo.

En primer lugar, una auténtica equiparación del trabajo productivo y del trabajo de cuidados. Lo que requiere un cambio en el modelo de reparto del trabajo propio de la sociedad patriarcal en la que vivimos y la reorganización de los trabajos de cuidados para que sean asumidos como responsabilidad social. Por tanto supone cambios en las prioridades económicas, en la consideración de lo que son trabajos socialmente necesarios, en lo que hay que producir, cómo y para qué.

En segundo lugar, el reconocimiento de la soberanía de las mujeres sobre sus cuerpos, como parte de la propuesta feminista de justicia social. Esto supone el reconocimiento del derecho de las mujeres a decidir, que obviamente incluye el derecho al aborto; el reconocimiento a la diversidad de cuerpos e identidades y por tanto la extensión de derechos reales a lesbianas, gais, transexuales y bisexuales. De modo que nuestros cuerpos dejen de ser objeto de control social patriarcal.

En tercer lugar, el reconocimiento del derecho a la seguridad y a la integridad personal. La seguridad no tiene que ver con ejército o políticas criminalizadoras (léase ley mordaza) por la que están pendientes de juicio mujeres que protestaron en distintas ciudades contra las restricciones al derecho a decidir, sino con garantizar que las mujeres podemos vivir una vida digna, sin el temor a ser agredidas, acosadas o asesinadas.

Y todo esto desde unos valores normativos que, como el de igualdad, fundamente los relatos y propuestas. Pero hay muchas formas de significar este concepto, el resultado de un modelo de igualdad totalizadora, que encubre profundas desigualdades de género, clase, etnia, sexo o estatus migratorio ya lo padecemos. La apuesta debería ser otra, radicalmente distinta, una igualdad que garantice la universalidad de derechos en el respeto a la singularidad de cuerpos y sujetos, que no convierta a la mujer blanca, occidental y heterosexual en EL sujeto de los procesos. El etnocentrismo de esos planteamientos no solo invisibiliza las diversas formas en que viven las mujeres el sexismo sino también los distintos procesos que levantan para hacerle frente. Y, además, puede llegar a hacer cómplice al feminismo de campañas xenófobas e islamofóbicas en esta Europa crecientemente racista.

Lo que plantea el feminismo no es fácil porque apunta a causas estructurales sobre las que se asienta el sistema patriarcal y capitalista, y trastoca convicciones y valores que forman parte del marco cultural dominante que marca nuestras vidas. En definitiva, como ya he comentado, porque las propuestas feministas se sitúan en un horizonte de transformación social profunda.

Y para que los procesos constituyentes sean una realidad necesitamos espacios de participación, de ejercicio de democracia radical en los que confluir desde distintos ámbitos, movimientos, partidos y lugares. Porque una transformación del modelo plantea cosas que, con diferentes miradas y a veces no exentas de conflicto, nos son comunes: replantear el sentido de la justicia, de la economía, de la laicidad, de una sociedad inclusiva, redefinir las relaciones entre mujeres y hombres, con las naturales, entre los territorios desde los planteamientos del movimiento feminista de Catalunya y Euskal Herria, y así hasta un larguísimo etcétera.

Y desde luego requiere una actitud decidida, un movimiento feminista fuerte y valiente, como siempre lo ha sido porque, igual que las sufragistas, sabemos que nos jugamos mucho y que nunca nadie nos ha regalado nada.

domingo, 13 de diciembre de 2009

#hemeroteca #feminismo #memoria | 30 años después... ¿aún es necesario el feminismo?

Google Imágenes / Jornadas Feministas de Granada, 1979

30 años después... ¿aún es necesario el feminismo?

Más de 4.000 mujeres certifican la vigencia de la lucha feminista. "Las cosas han cambiado tanto que parece increíble", dice Empar Pineda.
Mónica Ceberio Belaza | El País, 2009-12-13
https://elpais.com/diario/2009/12/13/sociedad/1260658806_850215.html 

Más de 4.000 feministas inundaron Granada durante el puente de la Constitución. Mujeres de todos los colores, edades y orientaciones sexuales. Jóvenes con piercing y pañuelo palestino, mayores de pelo blanco, rapadas, chicazos, mujeres de larga melena con tacones altos y carmín, históricas del feminismo, transexuales, lesbianas, heterosexuales, españolas y extranjeras. Algunas, activistas las 24 horas del día. Otras, recién llegadas al asunto o simplemente curiosas. Ciento veintidós ponencias y mesas redondas en tres días. Salas a reventar. Sin hombres. A ellos no se les permitía la asistencia porque ellas entienden -aunque el debate está abierto y no exento de polémica interna- que aún hacen falta espacios específicos de encuentro en los que las mujeres puedan intercambiar sus experiencias.

Se celebraban los 30 años de las primeras jornadas organizadas por la Coordinadora Estatal de Organizaciones Feministas. La España de 1979, recién salida de la dictadura franquista, no tenía divorcio ni aborto, los anticonceptivos y el adulterio (de las mujeres) se acababan de despenalizar y los dos sexos no tenían los mismos derechos dentro del matrimonio ni fuera de él. Ahora hay un Gobierno paritario, una Ley de Igualdad, una Ley Integral contra la Violencia de Género... Hay un cuerpo de derechos reconocido Sobre el papel, no hay diferencias. ¿Sigue siendo necesario el feminismo? Las 4.000 mujeres de Granada no tienen dudas: la revolución de las mujeres está aún a medio camino y el mundo está a años luz de ser igualitario.

Han cambiado muchas cosas dentro del movimiento en estos 30 años. Para empezar, la relación entre el feminismo y una única opción política. Uno de los temas clave de las jornadas del 79 fue la lucha de clases, la vinculación entre la liberación de la mujer y la transformación del capitalismo en socialismo. "Llegamos a esas jornadas después de cuatro años muy intensos tras la muerte de Franco", explica Justa Montero, que tenía entonces 22 años. "Buscábamos el origen de la opresión de las mujeres; cuál era el sistema que la sustentaba".

Frente a estos planteamientos, la diversidad ideológica y política del feminismo actual es absoluta. Se habla de "los feminismos". Hay feministas de izquierdas, de centro, de derechas. Cercanas al poder y críticas con él. Las jornadas de Granada representan lo que ellas denominan "feminismo de base": mujeres que trabajan en sus comunidades, por lo general de forma voluntaria y no retribuida. Algunas ponentes hicieron referencia, contraponiéndolas a ellas mismas, a las "feministas institucionales", con influencia en el poder. "Nosotras no pretendemos representar a todas con estas jornadas", explica Justa Montero, una de las organizadoras. "Las hemos convocado y abierto a todo el que ha querido venir, eso sí".

"En 1979 se partió el movimiento", explica Teresa Meana. Tenía 27 años y llevaba militando desde 1975, cuando se unió a los comités clandestinos de mujeres de Asturias. "Fueron unas jornadas muy duras". Se abrió una brecha entre el llamado feminismo de la igualdad y el de la diferencia, que propugnaba la búsqueda de caminos propios para las mujeres en función de sus propias características y que rechazaba la toma del poder en un mundo creado a la medida del hombre. Hubo también problemas entre las mujeres que defendían que el movimiento feminista debía ser autónomo de cualquier partido, sindicato o institución y las que formaban parte de alguna de estas estructuras (las dobles militantes).

"Entonces éramos más sectarias y dogmáticas", dice Empar Pineda, una de las pocas mujeres que se atrevía a declararse lesbiana ante la sociedad homófona posfranquista. "Hemos aprendido que la identidad de las mujeres es múltiple. No existe 'la mujer', sino mujeres con intereses diversos, incluso contradictorios. Antes teníamos una especie de ‘feministómetro’ para decidir quién era realmente feminista. Ahora, con algunas mujeres puedes caminar tres kilómetros, con otras 20 y con otras 100, pero debemos ir juntas. Ése es el reto". "Sin unión no hacemos nada", coincide Beatriz Moreno, de 31 años y estudiante del máster de estudios de género de la Universidad de Valencia. "Tienen que tener cabida todas las miradas"

En el 79 no tenían claro si los compañeros de la izquierda eran amigos o enemigos. "Los hombres del pueblo son también nuestros opresores", dijo entonces Pineda. "Son esos padres despóticos: esos compañeros de fatigas a los que no conmueven sino sus propias fatigas y desprecian las nuestras; esos esclavos aristócratas a quienes su dignidad de hombres les impide colaborar en las faenas de la casa; esos pésimos y apresurados amantes... esos hombres revolucionarios cuyo progresismo acaba donde empieza su machismo".

Aunque esta cuestión dista de estar resuelta, ahora hay grupos de hombres organizados para fomentar la igualdad. "Las cosas han cambiado tanto que parece increíble", dice Pineda, 30 años después. "Entonces había locutores de radio que se jactaban de ser machistas. Hemos pasado de ser el segundo sexo, como decía Simone de Beauvoir, a tener conciencia de que somos seres importantes, valiosos".

¿Debe crearse un nuevo movimiento formado por hombres y mujeres que crean en la igualdad? Algunas jóvenes tampoco lo ven tan claro. "Está muy bien que se conciencien", dice Alba, estudiante de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, de 23 años. "Pero no pueden apropiarse de nuestra historia. Mis experiencias son distintas de las de ellos". La afluencia de mujeres jóvenes en las jornadas es brutal. "Las mujeres no estamos donde queramos estar ni en lo sexual, ni en lo laboral, ni en lo personal", dice Montero. "Y hay chicas de 18 años dispuestas a pelear por ello".

Sexo, crisis... pero no se habló de trata
Crisis, prostitución, violencia de género, aborto, sexualidad, falta de derechos de las empleadas del hogar, de las inmigrantes... casi todos los debates del feminismo, algunos eternos y otros nuevos, han estado presentes en las jornadas de Granada. Se ha hablado del mito del amor romántico, del mal que hace a las mujeres esperar al príncipe azul, del tabú que sigue siendo el placer sexual, de "biohombres" y "biomujeres" (personas que son biológicamente de un sexo u otro) en un mundo que se empeña en mantener un mundo dividido entre lo femenino y lo masculino...

Pero un aspecto ha estado ausente: la trata de mujeres. De más de 100 ponencias, ninguna ha versado sobre uno de los mayores problemas que asola nuestras calles porque el debate sobre la prostitución está tan enconado que no permite hablar tranquilamente de la lucha contra el tráfico de mujeres. La mesa redonda sobre prostitución se saldó con una bronca monumental entre las ponentes, defensoras de reconocer derechos a las prostitutas, y unas asistentes abolicionistas que defendían que todas son víctimas. Nadie habló a fondo de los matices de la historia, de la grave vulneración de derechos humanos que supone la trata y de la forma de combatirla. Es un tema complicado que, al final, siempre queda al margen.

Y TAMBIÉN…
Simone de Beauvoir estuvo en Granada.

La filósofa francesa participó en las segundas jornadas feministas del Estado español, celebradas en Granada en 1979. La ciudad acogió otra cita histórica en diciembre de 2009. Una década después, recordamos parte de lo abordado aquellos días.
Mª Ángeles Fernández | Pikara, 2019-12-03
https://www.pikaramagazine.com/2019/12/simone-de-beauvoir-estuvo-en-granada/