Mostrando entradas con la etiqueta Carmen Domingo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carmen Domingo. Mostrar todas las entradas

viernes, 6 de marzo de 2020

#hemeroteca #feminismo #transfobia #interfobia | Asedio al feminismo

Imagen: El Diario / Movilización feminista
Asedio al feminismo.
¿Está siendo el feminismo objeto de ataque global liderado por homosexuales y trans para acabar con el sujeto político “mujer” y sustituirla al frente del movimiento feminista?
Pablo Morterero | El Diario, 2020-03-06
https://www.eldiario.es/andalucia/enabierto/Asedio-feminismo_6_1003059689.html

Afortunadamente, en los últimos dos, tres años, el debate feminista ha desbordado los espacios asociativos y académicos de antaño para encontrar acomodo no sólo en las redes sociales sino, sobre todo, en medios de comunicación on-line, los cuales han creado secciones específicas sobre feminismo.

Esto, por supuesto, no ha sido casual. Es el resultado de un trabajo tenazmente desarrollado por cientos, miles de activistas e intelectuales, así como al acierto en la elección de los ejes reivindicativos, donde, por ejemplo, la lucha contra la violencia machista ha hecho abrir los ojos a muchas mujeres, y a no pocos hombres. Pero como todo en la vida, la “socialización” de esta lucha también ha traído efectos no deseados en varios sentidos.

Uno, previsible, ha sido la sobre-reacción de las fuerzas ultraderechistas, que ha colocado en el centro de la diana a las feministas y sus reivindicaciones. En este sentido, el término “feminazi” ha sido uno de los éxitos terminológicos de la ultraderecha para demonizar esta lucha.

Pero otro, que a mí personalmente me ha cogido por sorpresa, ha sido la reacción de no pocas destacadas mujeres feministas, que tanto han aportado a la lucha por la igualdad. Intelectuales de la talla de Victoria Sendón de León, Carmen Domingo, Luisa Posada Kubissa y Alicia Miyares, por poner cuatro ejemplos recientes, han publicado artículos donde denuncian las estrategias que cuestionan a la mujer como sujeto político y que, a la postre, cuestionan la propia la lucha feminista. Es evidente que se trata de una legítima preocupación, con la que cualquiera puede empatizar.

Artículos como ‘Borrar el “sexo” y a “las mujeres”: delirio y misoginia’, de Alicia Miyares, ‘El feminismo tiene que ponerse a pensar’, de Luisa Posada, ‘En defensa del Partido Feminista’, de Carmen Domingo, o ‘El entrismo en el movimiento feminista’, de Victoria Sendón, producen la impresión de haberse escrito por personas que se sienten amenazadas por un enemigo que nunca duerme. Escritos articulados entorno a la idea de que existe un ataque organizado contra el feminismo al que hay que pertrecharse intelectual y moralmente, y al que hay que plantear batalla incluso utilizándose términos bélicos.

Y sorprende que sitúen como enemigo, que agazapado está preparando el asedio del feminismo, no a la reacción de la ultraderecha, no a los think tank del neoliberalismo, sino al lobby gay que presuntamente usa como arma de destrucción masiva la teoría queer.

Como hombre homosexual activista, que se ha manifestado públicamente como “aprendiz” feminista, estos argumentos me producen un terrible impacto, rozando la ansiedad. Pero si algo he aprendido de mis amigas psicoterapeutas, es que los señalamientos deben ser tenidos en cuenta, aunque sea para posteriormente descartarlo si tras ser meditados no nos convencen. Por eso, me he preguntado ¿será cierta esta argumentación, y desde mi ignorancia estoy contribuyendo a descabezar la lucha feminista que admiro y reconozco?

Por eso, en primer lugar, he querido centrarme en el aspecto formal, en las palabras que tejen los argumentos. Como bien sabe el feminismo, la elección de adjetivos y sustantivos no es inocente. La utilización de un término u otro determinan y condicionan los pensamientos, y su elección se convierte así en parte esencial del discurso. Porque corrigiendo a Sendón, no es “que cierto lenguaje puede llegar a ser performativo” sino que, por definición, todo lenguaje lo es.

Si en el pasado el movimiento feminista ha sido capaz de promover un discurso narrativo propio, no deja de sorprender que de la lectura de dichos textos se perciba trazas de discursos narrativos promovidos desde el neoliberalismo. Uno de ellos es el que se nuclea entorno a la expresión “lobby gay”, producido por la misma factoría que inventó la “ideología de género” y “feminazi”, y que parece incorporarse al discurso de estas autoras, bien de forma implícita, o bien de forma explícita, como hace Carmen Domingo.

Parece una obviedad tener que aclararlo, pero si por “lobby gay” entendemos un grupo de hombres homosexuales influyentes, organizados para promover la teoría queer y presionar así en favor de la gestación por subrogación / vientres de alquiler, hay que volver a insistir en su inexistencia. Como no hubo en el pasado ningún frente “judeo-masónico” para destruir el alma y la nación española.

No niego que haya empresas mediadoras en estos procesos interesadas en favorecer marcos legales que mejoren sus beneficios empresariales. Pero esos intereses empresariales no tienen sexo ni género, y menos aún orientación sexual. Detrás de sus accionistas seguramente encontraremos a hombres y mujeres heterosexuales o fondos de inversión gestionados por hombres y mujeres heterosexuales. Si hablamos desde el activismo, la Asociación por la Gestación Subrogada fue creada por un grupo de mujeres heterosexuales, movilizadas entorno a una mujer heterosexual que debido a una enfermedad no podía ser madre más que por esta técnica. Y como he argumentado en algún que otro artículo, es incierto que la mayoría de las personas que han sido progenitores mediante esta técnica sean hombres homosexuales.

Pero es que tampoco hay “lobby gay” para promover cosa alguna. Ni siquiera los establecimientos de ambiente homosexual masculino o aplicaciones de contacto homosexual (cara sin duda del mal llamado gayempresariado) son siempre propiedad de hombres homosexuales, sino que los hay también propiedad de personas heterosexuales o de fondos de inversión, que, como he dicho con anterioridad, carecen de sexo, género y orientación sexual. En este sentido hay que recordar que la aplicación más popular, Grindr, tras ser fundada en EEUU es actualmente propiedad de una empresa multinacional china.

Por desgracia tampoco existe un “lobby gay” de académicos, catedráticos y profesores, que en universidades públicas dispongan de recursos para teorizar y desarrollar estrategias de lucha homosexual masculina, ni de potentes y exclusivas asociaciones y fundaciones de hombres homosexuales donde implementar las estrategias desarrolladas desde el ámbito académico.

También la utilización por parte de Posada de la expresión “preferencias sexuales” chirría a estas alturas. Por el contexto, debe entenderse que se refiere a la orientación sexual, es decir, hacia las personas que te sientes atraído/a efectiva y sexualmente. Pero el término “preferencias sexuales” nos retrotraen a tiempos pasados, en los que se sostenía que el sexo y género de la persona hacia la que te sentías atraído/a era un acto volitivo, una opción, y que, por lo tanto, en cuanto a acto voluntario, debía de ser objeto de reproche social e incluso penal.

Siguiendo en el ámbito terminológico, cuando Sendón se pregunta “¿Por qué un gay o un trans tienen que pertenecer ‘per se’ al movimiento feminista?” parece que se refiere no a lo que legalmente y socialmente se considera un hombre trans (es decir, aquel hombre nacido con vulva y clítoris) sino de forma despectiva a una mujer trans (aquella mujer nacida con pene y testículos). Y respondiendo a su pregunta pretendidamente retórica, habría que responder que no. Que un hombre homosexual, una mujer transexual o una mujer cisexual (no transexual) no tienen que pertenecer ‘per se’ al movimiento feminista.

Entrando en el debate argumental, en los artículos citados, explícita o implícitamente se establece una relación causal entre “teoría queer” y “lobby gay”, siendo la primera el arma utilizado por los segundos con el fin de acabar, cual caballo de troya del neoliberalismo, con la categoría de mujer como sujeto político y eliminar así la lucha feminista.

Algunas de estas autoras utilizan expresiones como “planteamientos de la postmodernidad queer” (Posada), o “propuesta queer de proliferación paródica de los estereotipos genéricos” y “relatos queer” (Miyares), pero ninguna parece interesada en aclarar que la “teoría queer” no nace en el seno del movimiento homosexual masculino ni en el del transexual, sino en el feminismo, con autoras como Monique Wittig, Judith Butler y Eve Kosofsky Sedgwick. Si la teoría queer es una evolución (errónea o acertada) del feminismo ¿cómo ha podido pasar en 30 años a ser considerada por una parte del feminismo como una estrategia de gais y trans en alianza perversa con el neoliberalismo para acabar con el sujeto político mujer?

Ricardo Llamas, en su Teoría Torcida, ya nos advertía de la ‘otredad’ que se aflige a la homosexualidad. Esta otredad, le ha convertido en el chivo expiatorio perfecto para todo tipo de prejuicios. Algunas intelectuales, algunas de ellas lesbianas o bisexuales, han podido tener la tentación, de forma inconsciente, de descargar la responsabilidad en el hombre homosexual y en la mujer transexual. Miyares hace un relato muy interesante sobre esa estrategia política que une lo gay con la teoría queer, cuando afirma en relación a la ley que se promueve en Argentina: “La secuencia política queer es muy evidente: primero, lograr a nivel nacional de país leyes de “identidad de género” para posteriormente, amparándose en las leyes sobre “identidad de género”, proceder a promulgar leyes de borrado de la categoría sexo.“

Pero obvia realidades que imagino es debido a su desconocimiento. Las propuestas de eliminar la categoría sexo en las leyes de registros a efectos de filiación, no responden ni exclusiva ni plenamente a los postulados queer. De hecho, en países como Alemania, las personas que se auto identifican como queer o no binarias han luchado, y conseguido, la inclusión de una tercera opción ante la casilla “varón” y “mujer”.

Por otro lado, las propuestas de eliminación de dichas categorías registrales, responden a un hecho biológico como es el de las personas intersexuales, realidad por la que creo que el feminismo no parece mostrar ningún interés. Porque es falso que solo existan corporalmente bebés XX con vulva, clítoris, vagina y ovarios; y bebés XY con pene y testículos.

Hay bebés que nacen con una corporalidad de sus órganos sexuales que no responden al binomio varón/mujer, pero que por mor de la necesidad imperiosa (en días) de las leyes registrales, deben ser categorizados como “varón” o “mujer”. Bebés con sufren violencia patriarcal mediante operaciones correctoras de carácter estético para ajustarla a un patrón sexo-corporal.

Bebés con grandes clítoris (que pueden llegar a parecer penes sin serlo) que sufre ablación para que adopten el tamaño “estándar”, si ese concepto es posible. O bebés que se les injertan fragmentos de intestino para crear vaginas “penetrables”. O bebés a los que se les extirpan las gónadas para adaptar su morfología al fenotipo femenino. Y es que contra lo que defiende el feminismo de estas autoras, no existe per sé una categoría biológica de varón y mujer. Sí existen corporalidades mayoritarias y minoritarias, pero no únicas.

Tampoco he encontrado reflexiones dentro del feminismo en relación a la realidad de las mujeres SIA. Mujeres nacidas con vulva y vagina, que al crecer desarrollan sus rasgos sexuales secundarios femeninos (pechos, caderas, voz), han sido socializadas con mujeres, se auto perciben como mujeres, pero que al llegar a la pubertad descubren (si no se les oculta por familiares y profesionales de la salud) que tienen gónadas, carecen de útero y ovarios y sus cromosomas son XY.

Son mujeres que sufren la violencia machista, han podido ser abusadas sexualmente, sufren el techo de cristal, pero que sus cromosomas son de varón. Según su artículo, para Miyares algunas de las características del concepto “mujer” supone “parir con dolor, evitar la preeclampsia, menstruar durante largos años de nuestra vida y la endometriosis asociada, no sufrir cáncer de mama o de útero y por relajarnos un poco no tener celulitis”. ¿Significa acaso que para el feminismo que representa esta autora una mujer SIA que nunca podrá parir (ni con dolor ni sin él), no menstruará nunca, no sufrirá cáncer de útero… no es mujer?

Y es que el feminismo de Sendón de León, Domingo, Posada y Miyares parten de un determinismo biológico, la existencia universal de las categorías biológicas de varón y mujer, que no se corresponde con la realidad. Y cuestionar desde la realidad biológica ese determinismo no pretende eliminar la categoría mujer como categoría política, ni busca, en palabras de Sendón de León que “la batalla contra este sistema quede en manos de los gais y de los trans.” Lo que pretende es sumar a la lucha por la igualdad y contra el patriarcado a personas que no se ajustan al patrón sexual varón y mujer.

Y para finalizar sobre los argumentos, quiero compartir una última reflexión que apuntaba al principio. Leyendo los artículos citados tengo la impresión que están escritos por quienes se sienten amenazadas por enemigos un tanto difusos que ponen el riesgo los avances del feminismo. Y no puedo dejar de ponerme en su piel. Como miembro del movimiento LGTBI sólo puedo decirles que por parte de las asociaciones de homosexuales, bisexuales, transexuales e intersexuales que conozco no tienen como objetivo acabar ni con el movimiento feminista ni con las mujeres feministas que lo hacen posible, y menos aún buscan sustituirlas al frente del mismo.

Si hay algún sentimiento que compartimos es de gratitud con el movimiento feminista, junto con cierto sentimiento de pesadumbre por sentir que las otrora compañeras de lucha observan con sospecha nuestra lucha y nuestros objetivos.

Pablo Morterero es presidente de la Asociación Adriano Antinoo y co-autor de “Los personal es político. Historia del Movimiento Homosexual en Andalucía”.

martes, 25 de febrero de 2020

#hemeroteca #trasfobia #terf | En defensa del Partido Feminista

Imagen: Cuarto Poder / Lidia Falcón o el Partido Feminista de España

En defensa del Partido Feminista.

"Decir que no se acepta que nacidos hombres sean considerados mujeres solo por hecho de sentir que lo son, sentir, no es transfobia, es biología". "Hablar de lobby gay creado para legislar, o tratar de legislar, todo lo relativo a vientres de alquiler, tampoco es un ataque al movimiento LGTBI". "Se podrá tener discrepancias con la postura de Lidia Falcón, pero ¿de verdad no se le cae la cara de vergüenza a aquellos que la tachan de tránsfoba?".
Carmen Domingo | Cuarto Poder, 2020-02-25
https://www.cuartopoder.es/ideas/2020/02/25/en-defensa-del-partido-feminista-carmen-domingo/ 

“Con el 85% de votos a favor, la Asamblea Político y Social aprueba revocar la pertenencia del Partido Feminista de España a Izquierda Unida por reiterados incumplimientos estatutarios y mantener posiciones contrarias a las aprobadas en los órganos de IU”, decía el tuit de Izquierda Unida del pasado sábado 22 a las once de la noche. Y desde entonces, nada desde la coalición para explicar la expulsión de un partido de la coalición. Ni comunicado en su web (hasta ayer), ni declaración de ningún dirigente, ni más información sobre el debate. Les debió parece que con ese tuit habían cumplido, no hacía falta decirle a la ciudadanía, a los simpatizantes, a los afiliados que no asistieron cuál era el punto de partida, cuántas personas habían votado, qué paso, qué se dijo, cuáles eran los incumplimientos estatutarios, cuál fue el documento final. No sé, dar una explicación argumentada y razonada para tal despropósito. Solo “adiós Partido Feminista”, casi con la misma concreción con la que antes se habían “cargado” el Área de la mujer, que a su juicio no llevaba a cabo muchas funciones. Dejadme decir que curiosamente, sí existe área para trabajar por los derechos de las personas LGTBI+. Vaya.

El sábado las redes ardieron. Ardieron, digo, porque la mayoría de las que ayer no dábamos crédito de la decisión tomada recordamos las “airadas reacciones” que hubo hace unos meses frente al comunicado que en diciembre hizo el Partido Feminista manifestando su disconformidad con respecto a la posición de Izquierda Unida en distintos temas.

“Habiendo tenido conocimiento esta Comisión de que se están desarrollando diversas estrategias organizadas por el lobby gay y sus acólitos, dirigidas a imponer en la sociedad el discurso queer, con las consecuencias nefastas de lograr la legalización de los vientres de alquiler, la aceptación de que los menores que se declaran transexuales puedan proceder a tratamientos médicos y quirúrgicos para cambiar de sexo, y la invisibilidad de la mujer como categoría, viene a declarar lo siguiente: Esta Comisión tiene que hacer constar su absoluto rechazo a tales proyectos legislativos y los movimientos de propaganda ideológica para que la sociedad admita semejantes objetivos”, arrancaba el Manifiesto del Partido Feminista.

Vaya... ahora resulta que a IU no le gusta que se condenen los vientres de alquiler, ni que se denuncie que se cambie el sexo quirúrgicamente a los menores, ¡menores! Se puede o no estar de acuerdo, pero ¿se expulsa de IU a los que piensan eso? Decir que no se acepta que nacidos hombres sean considerados mujeres solo por hecho de sentir que lo son, sentir, no es transfobia, es biología. El Partido Feminista y Lidia Falcón no tienen nada que objetar a que cada uno haga con su cuerpo lo que considere, y se sienta atraído sexualmente por quien le parezca y tenga relaciones y las formalice con cualquier sexo. En realidad el Partido Feminista no considera que una persona tenga menos derechos que otra. El Partido Feminista tiene demasiados frentes abiertos ⎯violencia machista, vientres de alquiler, abolición de la prostitución, defensa de la laicidad⎯ como para irse preocupando de todo lo que no atañe a las mujeres. Por eso se llama Partido Feminista, si no se llamaría de otro modo. ¿Dónde está la transfobia?

Hablar de lobby gay creado para legislar, o tratar de legislar, todo lo relativo a vientres de alquiler, tampoco es un ataque al movimiento LGTBI. Es simplemente constatar una realidad, la existencia de un colectivo de presión dentro de los gais que busca un determinado objetivo: comprar niños en España, porque de momento se tienen que ir al extranjero. Un lobby, no lo digo yo, lo dice la RAE, es ‘un grupo de personas influyentes, organizado para presionar en favor de determinados intereses’ y eso hacen y en IU, parece que les dejan. Como hay lobby heterosexuales, lobby de agricultores, lobbys enfermeros. Sin ir más lejos, un sindicato es también un lobby. ¿Acaso el movimiento feminista no es un lobby, no somos un colectivo de presión que intenta defender los derechos de las mujeres?

Hasta aquí no hay odio, hay política. Una política que, si leemos la convocatoria del próximo Congreso del Partido Feminista en Madrid habla de mujer, reproducción, violencia machista, prostitución, brecha salarial, vientres de alquiler, trabajo doméstico, tercera república... en fin, postulados no solo feministas sino de izquierdas.

El único discurso de odio que yo he leído ha venido de la presidenta de la Federación Plataforma Trans, Mar Cambrollé, que, emulando la terminología nazi, ha celebrado la expulsión de Partido feminista apelando a un “ejercicio de limpieza” (casi dice “solución final”). La misma Federación que, dicho sea de paso, firmó el manifiesto a favor de los vientres de alquiler. Aten cabos señoras y señores. Aten cabos.

No sé si en este país hace falta hablar del pasado militante de izquierdas y comprometido de Lidia Falcón, de que se ha dejado la piel luchando por la igualdad (incluida la de los gais y lesbianas), creo que no, sinceramente. Se podrá tener discrepancias con su postura, incluso, podremos decir que a veces le “pierde” la vehemencia pero ¿de verdad no se le cae la cara de vergüenza a aquellos que la tachan de tránsfoba? ¿No le da vergüenza a IU de haberla echado del partido? ¿Se puede estar tan enloquecido para decir que su discurso es el de Vox?

He coincidido con ella suficientes ocasiones para afirmar que si Billy el Niño no pudo con ella (para algunos será la primera de Vox que fue torturada por Billy el Niño, hasta ahí llega la demencia), difícil será que todos los modernos ⎯en su mayoría ocultos tras un pseudónimo, y muchos de ellos defensores de libros y teorías que no han leído⎯ que el sábado se felicitaban de haberse “cargado” al Partido Feminista y a Lidia Falcón, pueden sentarse a esperar, porque ni el feminismo, ni ella, van a dejar de defender el derecho de las mujeres. Porque somos muchas las que, recordando una de sus afirmaciones de hace unos años, pensamos que si quieren hacernos creer que "la mujer no existe, que somos únicamente género, no debemos olvidar que las bofetadas se las dan a las mujeres no al género". No esperéis que nos quedemos a poner la otra mejilla. Porque, como ha dicho Helena Villar en Twitter:” Izquierda Unida tragándose todo lo que se exporta desde Estados Unidos. Os tengo un ‘spoiler’: aquí estáis extinguidos”.

Evidentemente el Partido Feminista no es todo el feminismo, pero tampoco el feminismo español sería lo que es sin Lidia Falcón. Resulta paradójico que esos mismos que dicen que para ampliar la base social del feminismo y de las manifestaciones del 8M debemos incluir, transgéneros y sindicatos de prostitutas teledirigidos por empresarios de casas de alterne, ahora les sobren las mujeres del Partido Feminista.

#hemeroteca #transfobia #feminismo | En defensa del Partido Feminista

Imagen: Cuarto Poder / Lidia Falcón
En defensa del Partido Feminista.
Decir que no se acepta que nacidos hombres sean considerados mujeres solo por hecho de sentir que lo son, sentir, no es transfobia, es biología. Hablar de lobby gay creado para legislar, o tratar de legislar, todo lo relativo a vientres de alquiler, tampoco es un ataque al movimiento LGTBI. Se podrá tener discrepancias con la postura de Lidia Falcón, pero ¿de verdad no se le cae la cara de vergüenza a aquellos que la tachan de tránsfoba?.
Carmen Domingo | Cuarto Poder, 2020-02-25
https://www.cuartopoder.es/ideas/2020/02/25/en-defensa-del-partido-feminista-carmen-domingo/

“Con el 85% de votos a favor, la Asamblea Político y Social aprueba revocar la pertenencia del Partido Feminista de España a Izquierda Unida por reiterados incumplimientos estatutarios y mantener posiciones contrarias a las aprobadas en los órganos de IU”, decía el tuit de Izquierda Unida del pasado sábado 22 a las once de la noche. Y desde entonces, nada desde la coalición para explicar la expulsión de un partido de la coalición. Ni comunicado en su web (hasta ayer), ni declaración de ningún dirigente, ni más información sobre el debate. Les debió parece que con ese tuit habían cumplido, no hacía falta decirle a la ciudadanía, a los simpatizantes, a los afiliados que no asistieron cuál era el punto de partida, cuántas personas habían votado, qué paso, qué se dijo, cuáles eran los incumplimientos estatutarios, cuál fue el documento final. No sé, dar una explicación argumentada y razonada para tal despropósito. Solo “adiós Partido Feminista”, casi con la misma concreción con la que antes se habían “cargado” el Área de la mujer, que a su juicio no llevaba a cabo muchas funciones. Dejadme decir que curiosamente, sí existe área para trabajar por los derechos de las personas LGTBI+. Vaya.

El sábado las redes ardieron. Ardieron, digo, porque la mayoría de las que ayer no dábamos crédito de la decisión tomada recordamos las “airadas reacciones” que hubo hace unos meses frente al comunicado que en diciembre hizo el Partido Feminista manifestando su disconformidad con respecto a la posición de Izquierda Unida en distintos temas.

“Habiendo tenido conocimiento esta Comisión de que se están desarrollando diversas estrategias organizadas por el lobby gay y sus acólitos, dirigidas a imponer en la sociedad el discurso queer, con las consecuencias nefastas de lograr la legalización de los vientres de alquiler, la aceptación de que los menores que se declaran transexuales puedan proceder a tratamientos médicos y quirúrgicos para cambiar de sexo, y la invisibilidad de la mujer como categoría, viene a declarar lo siguiente: Esta Comisión tiene que hacer constar su absoluto rechazo a tales proyectos legislativos y los movimientos de propaganda ideológica para que la sociedad admita semejantes objetivos”, arrancaba el Manifiesto del Partido Feminista.

Vaya... ahora resulta que a IU no le gusta que se condenen los vientres de alquiler, ni que se denuncie que se cambie el sexo quirúrgicamente a los menores, ¡menores! Se puede o no estar de acuerdo, pero ¿se expulsa de IU a los que piensan eso? Decir que no se acepta que nacidos hombres sean considerados mujeres solo por hecho de sentir que lo son, sentir, no es transfobia, es biología. El Partido Feminista y Lidia Falcón no tienen nada que objetar a que cada uno haga con su cuerpo lo que considere, y se sienta atraído sexualmente por quien le parezca y tenga relaciones y las formalice con cualquier sexo. En realidad el Partido Feminista no considera que una persona tenga menos derechos que otra. El Partido Feminista tiene demasiados frentes abiertos ⎯violencia machista, vientres de alquiler, abolición de la prostitución, defensa de la laicidad⎯ como para irse preocupando de todo lo que no atañe a las mujeres. Por eso se llama Partido Feminista, si no se llamaría de otro modo. ¿Dónde está la transfobia?

Hablar de lobby gay creado para legislar, o tratar de legislar, todo lo relativo a vientres de alquiler, tampoco es un ataque al movimiento LGTBI. Es simplemente constatar una realidad, la existencia de un colectivo de presión dentro de los gais que busca un determinado objetivo: comprar niños en España, porque de momento se tienen que ir al extranjero. Un lobby, no lo digo yo, lo dice la RAE, es ‘un grupo de personas influyentes, organizado para presionar en favor de determinados intereses’ y eso hacen y en IU, parece que les dejan. Como hay lobbys heterosexuales, lobbys de agricultores, lobbys enfermeros. Sin ir más lejos, un sindicato es también un lobby. ¿Acaso el movimiento feminista no es un lobby, no somos un colectivo de presión que intenta defender los derechos de las mujeres?

Hasta aquí no hay odio, hay política. Una política que, si leemos la convocatoria del próximo Congreso del Partido Feminista en Madrid habla de mujer, reproducción, violencia machista, prostitución, brecha salarial, vientres de alquiler, trabajo doméstico, tercera república... en fin, postulados no solo feministas sino de izquierdas.

El único discurso de odio que yo he leído ha venido de la presidenta de la Federación Plataforma Trans, Mar Cambrollé, que, emulando la terminología nazi, ha celebrado la expulsión de Partido feminista apelando a un “ejercicio de limpieza” (casi dice “solución final”). La misma Federación que, dicho sea de paso, firmó el manifiesto a favor de los vientres de alquiler. Aten cabos señoras y señores. Aten cabos.

No sé si en este país hace falta hablar del pasado militante de izquierdas y comprometido de Lidia Falcón, de que se ha dejado la piel luchando por la igualdad (incluida la de los gays y lesbianas), creo que no, sinceramente. Se podrá tener discrepancias con su postura, incluso, podremos decir que a veces le “pierde” la vehemencia pero ¿de verdad no se le cae la cara de vergüenza a aquellos que la tachan de tránsfoba? ¿No le da vergüenza a IU de haberla echado del partido? ¿Se puede estar tan enloquecido para decir que su discurso es el de Vox?

He coincidido con ella suficientes ocasiones para afirmar que si Billy el Niño no pudo con ella (para algunos será la primera de Vox que fue torturada por Billy el Niño, hasta ahí llega la demencia), difícil será que todos los modernos ⎯en su mayoría ocultos tras un pseudónimo, y muchos de ellos defensores de libros y teorías que no han leído⎯ que el sábado se felicitaban de haberse “cargado” al Partido Feminista y a Lidia Falcón, pueden sentarse a esperar, porque ni el feminismo, ni ella, van a dejar de defender el derecho de las mujeres. Porque somos muchas las que, recordando una de sus afirmaciones de hace unos años, pensamos que si quieren hacernos creer que "la mujer no existe, que somos únicamente género, no debemos olvidar que las bofetadas se las dan a las mujeres no al género". No esperéis que nos quedemos a poner la otra mejilla. Porque, como ha dicho Helena Villar en Twitter:” Izquierda Unida tragándose todo lo que se exporta desde Estados Unidos. Os tengo un ‘spoiler’: aquí estáis extinguidos”.

Evidentemente el Partido Feminista no es todo el feminismo, pero tampoco el feminismo español sería lo que es sin Lidia Falcón. Resulta paradójico que esos mismos que dicen que para ampliar la base social del feminismo y de las manifestaciones del 8M debemos incluir, transgéneros y sindicatos de prostitutas teledirigidos por empresarios de casas de alterne, ahora les sobren las mujeres del Partido Feminista.