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lunes, 11 de enero de 2021

#hemeroteca #gais #testimonios | Homofobia y tortura: Aaron Lee saca a escena su infierno personal


Homofobia y tortura: Aaron Lee saca a escena su infierno personal.

El músico, castigado por su padre por ser homosexual, actúa con su violín en la obra ‘Yo soy el que soy’, que relata su biografía y echa el cierre a la sala Pavón Kamikaze.
El País, 2021-01-11
https://elpais.com/cultura/2021-01-11/homofobia-y-tortura-aaron-lee-saca-a-escena-su-infierno-personal.html

Aaron Lee no muestra ni pizca de venganza o rencor. A sus padres, dice, les perdonó hace mucho tiempo. Este músico madrileño de origen surcoreano ya puso palabras a su tragedia vital que comenzó el día en el que, con 17 años, les habló a sus padres de su condición homosexual. “Creo que me gustan los chicos”, confesó Aaron, el primogénito de una familia centrada obsesivamente en la música y la religión —su padre era un pastor evangélico bautista—. A esta confesión siguieron años de rechazo, secuestro, tortura y persecución. En el libro 'Yo soy el que soy' (Letrame, 2020) Lee volcó no solo toda su tragedia y frustración, sino también su capacidad y orgullo para superar esta situación sin odios ni morbos añadidos.

Ahora, con 32 años (Madrid, 1988), acompañará con su violín la puesta en escena de su historia en primera persona, pero en la voz de la actriz Verónica Ronda. Su duro e increíble viaje va desde 2005, fecha de su confesión, hasta 2010, año en el que fue admitido en la Orquesta Nacional de España. El montaje 'Yo soy el que soy' se estrena esta semana (estaba previsto para mañana, pero dependerá de las restricciones causadas por el temporal Filomena y la ola de frío en la capital), en el que será el último espectáculo en el Teatro Pavón Kamikaze antes de su anunciado cierre, el 30 de enero. Dirigido por Zenón Recalde, 'Yo soy el que soy' contará con el propio Aaron Lee tocando el violín, Gaby Goldman el piano y Verónica Ronda, la intérprete de esta insólita y trágica historia.

El salón de la vivienda de Goldman, en el centro de Madrid, ha servido estos días de lugar de ensayos del espectáculo, que nació en pequeño formato para apoyar el lanzamiento del libro de Lee y que vio Miguel del Arco. El dramaturgo y socio del Teatro Pavón Kamikaze, les animó a ampliarlo y a convertirlo en una obra teatral. 'Yo soy el que soy' no es la adaptación literal del libro, sino que ha buscado una dramaturgia potente y especial. El resultado final consigue entrar en la intimidad dolorosa, pero esperanzadora de una historia que va mucho más allá de la persecución de alguien por su orientación sexual.

“Por más que los sucesos que se describen sean terribles, estamos ante una tragedia sin sordidez. Se cuenta de manera natural, sin pelos en la lengua, sin soberbia ni altivez. Estamos ante una historia universal que habla de la intolerancia, del sectarismo, de las persecuciones por ideología, raza u orientación sexual. Es una vida digna de película, de superación en positivo”, asegura, admirado, el director del montaje, Zenón Recalde, nacido en Buenos Aires en 1974 e instalado en Madrid desde 2002.

Partituras y misas
“Mi nombre es Aaron... que en hebreo significa fortaleza y luz en la montaña... un niño criado entre el violín y Dios... mis días pasaban entre partituras y misas”. Así comienza el relato, mientras suena el 'Concierto para violín y orquesta' de Chaikovski. En un escenario oscuro, con solo un piano de cola y dos taburetes, la voz de Ronda va narrando esos cinco años en la vida de este joven, presente en el escenario con su violín y la música que le ayudó a superar los trágicos momentos de su existencia, que fueron desde amenazas de muerte hasta su secuestro, orquestado por sus padres, en una isla de Corea, pasando por palizas y actuaciones en la calle para poder comer. Las partituras elegidas e interpretadas junto a Goldman, —director musical del espectáculo—, son una mezcla de música clásica, popular, tangos y hasta piezas de bandas sonoras de películas, y todo cumple la premisa de formar parte de la vida de Lee.

“Sé que me voy a exponer mucho más que con el libro, que solo pude empezar a escribir cuando supe que no me iba a romper por ello. No me he roto, ha sido todo muy duro, pero aquí estoy. Ha sido muy terapéutico. La música no me ha salvado, pero sí me ha ayudado. Más allá de que me echaran de casa con 19 años por el hecho de ser gay, mi alegato es un grito a favor de la libertad en todos los sentidos” explica. “Esta obra no es teatro de temática LGTB. Eso sería quedarse corto. Es una historia de resistencia, que termina de una forma feliz cuando soy yo el que toma las riendas de mi propia vida. Ya sé que es un manotazo duro de realidad, pero cuando eres consciente de una realidad como la que me ha tocado vivir te obliga a una responsabilidad”, asegura. Lee es un hombre tranquilo, para quien el hecho de que sea una mujer quien ponga voz a sus palabras aporta de manera clara universalidad a la historia.

No es hasta el final de la obra —en la que, entre otras muchas piezas musicales, se interpreta la Chacona, de Johann Sebastian Bach, “un lamento, un grito desgarrador”— cuando Lee toma el micrófono y con su voz proclama: “No soy ningún héroe. Pagué un peaje muy alto por ser quien soy, para ser libre. Cada dificultad, cada herida y cicatriz las he convertido en algo bello. El sufrimiento en sí no hace madurar al hombre. Es el hombre el que da sentido al sufrimiento. Y gracias a ello, yo soy el que soy”. Las luces del escenario se van apagando hasta quedarse oscuro.

miércoles, 21 de octubre de 2020

#hemeroteca #gais #homofobia | Secuestrado y torturado por su familia: historia de Aaron Lee, un prodigio del violín español


Secuestrado y torturado por su familia: historia de Aaron Lee, un prodigio del violín español.

Aaron Lee fue el integrante más joven de la Orquesta Nacional, adonde logró llegar después de vivir un infierno personal que se desató al declarar su homosexualidad. Una dura historia con música clásica y una pincelada almodovariana.
Ulises Fuente | La Razón, 2020-10-21
https://www.larazon.es/cultura/20201021/gkpvfmrawrehxbvvnuqofzjnju.html

Su nombre es Aaron Lee. Nació en Chamberí, Madrid en 1988, en el seno de una familia surcoreana de costumbres tradicionales. Su madre es pianista y su padre director de orquesta y Aaron estudió violín desde los cuatro años, con los maestros más estrictos. Como el primogénito de la familia, tenía que ser en hijo perfecto y lo era. Buen estudiante y talentoso músico. Se especializó en violín en música española y los jurados de los concursos no daban crédito. Un niño tan pequeño y de rasgos asiáticos clavando el sentir del espíritu ibérico. “Lo difícil con la música española no es dar las notas, es transmitir el calor”, explica. Llegó a ser el instrumentista más joven admitido por la Orquesta Nacional de España, con 20 años. Sin embargo, llegar a ello no fue fácil, más bien al contrario. Cuando Aaron reveló su homosexualidad, se desató el infierno en su propia casa.

De la amenaza (con un cuchillo) y la agresión física (azotes y golpes) su padre pasó a una estrategia que, por peliculera, no deja de resultar terrible. Engañado con una vacaciones en Corea, Aaron fue encerrado en una diminuta isla del Pacífico de donde no saldría hasta que se “curase” de su enfermedad. Su padre, pastor evangelista, le acusaba de romper a la familia y decidió secuestrarle (aunque en rigor no sea secuestrarle, porque tenía 17 años y él era su tutor legal) hasta que se “deshiciese” gay. Estamos en 2005. Lee cuenta todo en su autobiografía, “Yo soy el que soy” (Letrame), escrita a partir de sus propios diarios, en los que, con apenas 15 o 16 años trata de comprender y de dejar de culparse. La escritura del libro, por cierto, empezó a raíz de una campaña en la que colaboró con la Policía Nacional. “En ella, animaba a que el colectivo LGTBI denunciase a la Policía cuando somos atacados por nuestra condición. Esto sigue pasando y la gran mayoría de la gente no lo hace porque piensa que la Policía no les va a apoyar o se va a reír. Es algo muy habitual. Y así es como comencé a contar mi historia”, explica Lee.

En el colegio siempre había sido “el chino” y “el marica”. Sentía el más completo desarraigo y apenas tenía amigos. Se aplicó en los estudios y experimentó el camino más duro del aprendizaje musical, el de los maestros más estrictos que le golpean en los dedos y le gritan. En el instituto la cosa va a peor y opta por la automarginación. Pero mantiene la cabeza alta y sobrevive. En casa, son la familia musical, la familia modelo. Y todo el peso de la perfección recae sobre Aaron. Hasta que el castillo se derrumba cuando llega una factura de teléfono extraña, con un número sospechoso que precipita la conversación en casa y el joven se ve obligado a declarar su homosexualidad.

Quizá no estaba preparado para anunciarlo y desde luego sus padres no estaban preparados (nunca lo han estado) para aceptarlo. Pero ni siquiera cuando otros miembros de su congregación evangelista en Madrid les trataban de explicar a los indignados padres que todo estaba bien, ellos no podían aceptarlo. “Mis padres llegaron a Madrid en el 87 y traían los valores de la Corea de entonces, que no son los mismos de ahora. Lo del K-Pop y todo esto ha cambiado mucho pero muy recientemente. Ellos aterrizan con un bagaje educativo y llegan solos. Hacen todo lo que pueden para sacarnos adelante”, dice Lee. Al enterarse de su homosexualidad, su padre le amenaza con un cuchillo, le golpea, le azota, le insulta. Le siguen cuando sale de casa. Has arruinado esta familia, ¿cómo nos haces esto?, le dicen.

Como Aaron no se “cura”, sus padres deciden llevarle a Corea. El pretexto son unas vacaciones pero en realidad su destino es la pequeña isla volcánica de Ulleung Do, a unos 120 kilómetros de la península de Corea, entre esta y Japón. Le quitan el móvil y le dicen que no saldrá de la isla hasta que deje de ser homosexual. Tras varias semanas de aislamiento y un fallido intento de escapada que termina en paliza, fingirá. Regresa a Madrid declarándose heterosexual pero al poco tiempo se mudan a Corea por exigencias laborales de sus padres. Y allí, en un giro casi almodovariano de la historia, cuando toda la familia asume que ha “dejado de ser gay”, un disco de la Terremoto de Alcorcón le delata. Ya no puede mentir más. Deja a su familia para siempre y vuelve a Madrid, su Madrid, donde vive desde entonces como un desheredado.

“No, nunca he sido rencoroso. En el libro digo que yo perdoné a mi padre. Que no comparto las cosas que hace ni que ha hecho ni su forma de comprender la vida. Pero entiendo que él pensaba que era lo mejor para mí. No lo hizo por maldad, sino como una medida desesperada por salvar el alma de su hijo”, explica Aaron en 2020. “Y una cosa importante que quiero decir es que nadie que lea esto o mi libro debe demonizar a mi padre. No es el malo de un cuento Disney barato. Vayamos más allá. Mis padres tienen unas profundas complejidades. No es el malo que tiene un cuchillo o un látigo y me golpea. Me pregunto en el diario: ¿Qué habrá detrás para que responda de esa manera tan dura?”, se pregunta.

Aunque sufrió el castigo físico, lo que más dolió siempre fue la incomprensión, la negación de su identidad, el rechazo de toda su familia. Sentirse una decepción era algo de lo que solo se olvidaba tocando música, que es una situación en la que Aaron no es capaz de pensar a la vez con palabras. “Vale, pero mira: no me gusta nada eso de la música me salvó la vida, me suena a mensaje de Instagram”, bromea Lee. “La música fue un bálsamo, especialmente en la isla... Pero no lo es todo en la vida. Si quieres un porcentaje, sería un 2, 3 o 5%. La gente se sorprende cuando lo digo, porque le dedico horas, esfuerzo y pasión. Pero si mañana tengo un accidente y no puedo seguir tocando el violín seguiré creando y para mí es importante pero no lo es todo”.

Cuando regresó a Madrid, perdido, se buscó la vida. Y hasta qué punto. Obtuvo una plaza en la Orquesta Nacional de España, con 20 años, el instrumentista más joven en ese momento. Estuvo en la orquesta un tiempo, en la seguridad de un sueldo, de un puesto de funcionario al que aspiran los mejores músicos de España. De repente, era “maestro”, “señor profesor” y esas cosas. “Me vino muy bien porque durante la crisis de 2008, recién vuelto a Madrid, pasé necesidades y hambre. Pero al poco de ese acomodamiento o aburguesamiento, lo dejé. Hice las giras que tenía que hacer, grabé con la Deutsche Gramophon, lo llevo con orgullo”. Pero se quemó. Después de todo lo que había vivido, cuando al fin tenía el puesto por el que matarían todos los violinistas de España, se fue. “Sabía que no estaba hecho para ser una pieza más en el engranaje. Al perder el miedo me di cuenta de que esa no era para mí una forma de vivir. Para algunos, el instrumento musical es una herramienta, pero para mí es mucho más”.

Abrió una fundación, Arte que Alimenta, en 2015. “Hemos dado un montón de becas a mucha gente. Jóvenes con historias tremendas, en situación de drogas o prostitución que han tenido que huir. Me llena esto más que la seguridad de la orquesta. Pero bueno, que con el coronavirus ya me habría gustado estar con la nómina y la paga extra en casa...”, bromea.

Lleva años sin hablarse con su padre. “Ha habido muchos altibajos, pero el trato es casi inexistente. Ya nos hemos hecho suficiente. Simplemente, habrá que esperar sentado en lugar que tratar de cambiar al otro desde tu orilla. Si llega, pues llegará, si no, yo seguiré haciendo mi trabajo sin esperar nada”. Pero quiere una cosa: vivir su vida y ayudar, si puede. Abrió una fundación, Arte que Alimenta. “Nunca me ha hecho mucha gracia arrastrar una mochila toda la vida ni ir de víctima. Sé que el morbo vende y que cuanto más truculenta sea una historia más atrae al salseo, pero no quiero vivir del pasado con la pena toda la vida. Las cosas malas pasan, pero quería dirigir la rabia y la frustración, que son energías tan potentes como el amor, en una dirección positiva”. Lo contará en un musical que estrenarán en enero en el Kamikaze de Madrid, si todo va bien. Un montaje que combina a Tchaikovsky con «La jaula de las locas» y donde contará esta pesadilla «sin dramatismo barato». Porque lo más importante es “vivir en el aquí y en el ahora”.

martes, 15 de septiembre de 2020

#libros #gais #homofobia | Yo soy el que soy

Yo soy el que soy / Aaron Lee.

Madrid : Letrame, 2020 [09-15].
350 p.

/ ES / Libros / Gais / Homofobia / Iglesia evangélica / Relaciones familiares / Testimonios
📘 Ed. impresa: ISBN 9788418398988 / 21,50 €

[.es] Cuando tenía quince años decidí que viviría hasta los treinta. Ahora tengo diecisiete. Mi vida gira en torno a la música y a la iglesia: el Violín y Dios. Del instituto al conservatorio, del conservatorio a los cultos, de los cultos a los ensayos y vuelta a empezar. Nací en Chamberí, aunque soy de origen surcoreano. Me educaron para ser la fortaleza y la luz en la montaña, pero hoy me siento sucio y culpable. ¿Esto es el sexo? Aún no sé si me ha gustado o no. No, no me ha gustado… ¿o sí? No lo sé. Y de repente, me quito la venda. Mis padres me notan raro. Me preguntan qué me pasa. ¿Qué les digo? No estoy preparado para contarles la verdad. Me dicen que soy su primogénito y que, sea lo que sea, me querrán y apoyarán. ¿Me están poniendo la alfombra roja? «Creo que me gustan los chicos».

«No te echarás con varón como con mujer; es abominación». «Tu talento no sirve para nada si no estás con Dios. ¿Acaso eres una mujer? ¡Levántate y quítate la ropa!». Se dirige a la encimera, abre el primer cajón y coge un cuchillo de cocina…