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domingo, 25 de julio de 2021

#hemeroteca #bisexualidad | Elisa Coll: "La bisexualidad no es un complemento: es una identidad válida y política"

Público / Elisa Coll //

Elisa Coll: "La bisexualidad no es un complemento: es una identidad válida y política".

La escritora y activista bisexual Elisa Coll ha escrito ‘Resistencia bisexual: mapas para una disidencia habitable’, una obra en la explica las violencias que sufren las personas de este colectivo, pero también cómo tejer alianzas para combatir estas discriminaciones.
Paula Ericsson | Público, 2021-07-25
https://www.publico.es/entrevistas/elisa-coll-bisexualidad-no-complemento-identidad-valida-politica.html 

Las personas bisexuales son aquellas que se sienten atraídas por más de un género. Cuando se habla de bisexualidad y sus discriminaciones se acostumbra a disparar a ciertos (falsos) tópicos: son promiscuas, viciosas, indecisas o no son de fiar. Son estigmas que se quedan en la parte superficial, de anécdota, dando a entender que son los únicos que sufre el colectivo. Pero la bisexualidad es mucho más que deseo: es una identidad disidente. Así lo explica la escritora y activista bisexual Elisa Coll (Madrid, 1992), autora de ‘Resistencia bisexual: mapas para una disidencia habitable’ (Melusina, 2021). "Cuando solo se habla de nuestra identidad desde el deseo para mí es un peligro porque hace que no veamos toda la carga de la violencia estructural que hay detrás", explica Coll. "La bifobia consiste no solo en decirnos viciosas, sino en sufrir violencia sexual, psicológica, física o tener graves problemas de salud mental. Es violencia con todas las letras", aclara.

El 46% de las mujeres bisexuales han sido violadas y el 75% han sufrido algún tipo de violencia sexual, según publicó ‘The National Intimate Partner and Sexual Violencie Survey’ el 2013 en los Estados Unidos. De todos los grandes grupos de identidad sexual, las personas bisexuales tienen los peores problemas de salud mental, incluyendo altas tasas de depresión, ansiedad, autolesión y suicidio, según el informe ‘Bisexual Invisibility report’, publicado el 2012 en Reino Unido. Estos solo son algunos de los ejemplos que Coll expone en su libro, donde pone nombre y cifras a estas violencias que quedan escondidas. La escritora deja claro que no se trata de hacer una competición sobre cuál es el colectivo que sufre más discriminaciones, sino de ponerles nombre a través de un libro y así ayudar a aquellas personas que tienen dudas o quieren informarse.

¿Qué impulsó a Coll a escribir este libro? Coll narra que salió "muy tarde del armario en comparación al resto" —alrededor de los 25 años— y que los referentes que ella tenía sobre la bisexualidad como algo "válido, identitario y político" eran de referencias muy lejanas de artículos en internet o de libros en inglés. "Quería hacer una referencia sólida y más completa, porque en el Estado español no he visto nada escrito desde la perspectiva en la que lo he hecho. Fue un trabajo muy emocionante, pero tenía mucho miedo porque me faltaban referencias", confiesa.

"De adolescente conocía la palabra bisexual, pero nunca la vinculaba a una identidad, sino a una cosa mucho más liviana que nada tenía ver con lo que yo era. Creía que era un lugar de paso y feo, no un lugar donde me podía quedar, crecer y crear comunidad", recuerda la autora. Con el tiempo, esta idea ha cambiado y uno de los objetivos del libro es defender que la bisexualidad es "una categoría válida, identitaria y completa". "La bisexualidad no es un complemento", añade. En este sentido, la autora protesta porque parece que las personas bisexuales sean objetos de deseo y no sujetas de este. "Somos sujetos de pensamiento, no es suficiente sacar la bisexualidad de la fantasía de los hombres cis y heterosexuales. Lo que tenemos que hacer es considerarnos sujetos con memoria histórica con deseo, sí, pero con muchísimas cosas más", argumenta.

¿La bisexualidad asusta?
Históricamente, se ha hablado de la bisexualidad como un punto medio entre la línea de la homosexualidad y la heterosexualidad. En un fragmento del libro, Coll se refiere a las sexualidades como un mapa, y no como una línea. "Por parte de la heterosexualidad asusta mucho que no haya una línea definida que nos separe a unas de las otras. Por parte del colectivo LGBTIQA+, hay miedo a que las bisexuales seamos el caballo de Troya que llevamos ideas heterosexuales y esto nos delega a ser una disidencia de segunda", lamenta.

Para evitar esta discriminación, Coll considera que hay que tener en cuenta la bisexualidad y la bifobia también dentro de los feminismos y del movimiento ‘queer’, porque si se rechaza contar con esta parte del colectivo, el movimiento deja de ser interseccional y de acoger a toda la diversidad. Por otro lado, remarca que, tal y como pasa con la lesbofobia, a las mujeres bisexuales que sufren violencias se las encasilla en las violencias por ser mujeres, sin tener en cuenta el componente de su identidad. "Es machismo u homofobia. La lesbofobia es una violencia estructural, tal como la bifobia misma. No se trata de ponerse ninguna medalla, sino de entender el problema, dar recursos y prevenirlo".

¿Cómo se hace red?
Mientras que la comunidad gay o lésbica está más arraigada, la bisexual siempre se ha encontrado en una especie de no-lugar, apoyando en las luchas feministas y lésbicas, pero con dificultades para encontrar su propio espacio. Ahora, esta situación está cambiando. ¿Pero cómo ha empezado? "La creación de la comunidad bisexual en mi caso vino por mis amigas", señala Coll. Cuando la escritora salió del armario, otras chicas de su alrededor hicieron el mismo paso. "Hacen falta referencias próximas para sentirte cómodo por cómo eres. El activismo colectivo es esencial para generar un cambio y estar presente en las luchas ‘queer’", señala.

Por otro lado, considera que las personas bisexuales tienen que trabajar por un activismo que trate de forma directa la bifobia y a partir de aquí tejer alianzas con los otros miembros del colectivo LGBTIQA+.

¿Todos somos bisexuales?
La bisexualidad es una identidad, remarca en todo momento la escritora, y la afirmación de "todos somos bisexuales" le saca la carga política a una identidad disidente, porque la norma continúa siendo ser heterosexual. Ahora bien, señala que no se tiene que caer en la trampa de vincular una identidad con una práctica.

"No tenemos que hacer distinción entre las bisexuales de verdad y las de mentira, las que nos han demostrado que lo son y las que no", alerta. Si se juega a este juego de bisexual buena o mala, para Coll se vuelve a caer en la misma desconfianza y acusación que hay respecto a las personas bisexuales por parte de la heterosexualidad y la homosexualidad. Es por eso que, si una persona tiene curiosidad para tener relaciones sexoafectivas con personas de su mismo género, no tiene que ser nada negativo si esto se verbaliza previamente y tiene el consentimiento de la persona con la que mantendrá la relación.

viernes, 5 de febrero de 2021

#hemeroteca #bisexualidad | Dibujar los mapas de la resistencia bisexual: una conversación con Elisa Coll

El Salto / Elisa Coll //

Dibujar los mapas de la resistencia bisexual: una conversación con Elisa Coll.

La resistencia bisexual que plantea Elisa Coll en el libro que acaba de publicar supone dibujar los mapas para una disidencia habitable.
Cristina Arrojo | El Salto, 2021-02-05
https://www.elsaltodiario.com/sexualidad/dibujar-mapas-resistencia-bisexual-conversacion-elisa-coll 

No puedo recordar cuándo empecé a nombrarme bisexual. Sí recuerdo el largo tiempo en que no podía nombrarme como tal y, en consecuencia, habitaba un limbo identitario en el que mi modelo relacional eran las experiencias heteronormativas que siempre suponían la represión de una amplia y diversa parte de mi deseo —que nunca fue binario aunque lo desarrollase en esos términos—. Recorrer el camino de la identidad que se construye desde fuera de la pauta muchas veces supone no saber que se está construyendo desde ahí, es decir, estar en el armario sin saber que lo estás, no ponerle nombre, no reconocerlo. Nunca estuve cómoda con la etiqueta “hetero”, de alguna forma sabía que yo no estaba ahí; pero tampoco sabía dónde estaba, puesto que no soy lesbiana. Mucho tiempo estuve creyendo que mi identidad habría de desarrollarse dentro de esos binarismos, sin más opciones: hetero/homo, mujer/hombre, bueno/malo..., muchos años en los que “ni soy hetero, ni soy lesbiana”, impostora de los espacios y las relaciones porque no me sé reconocer en ellas. Hay un momento en que le pongo nombre: soy bisexual. Ahora sí me reconozco, aunque no sé bien todavía qué significa ser bisexual. Hay quien me dice que lo que soy es heterocuriosa. Hay quien me dice que ya se me pasará. Hay quien me recrimina que “mucha bisexualidad pero solo has estado con tíos”. Hay quien cree que lo que soy es transitorio, producto de la confusión y las ganas de experimentar, y que al final solo será una etapa de mi vida previa al asentamiento definitivo (casarme, comprarme una casa, tener hijes).

Un día cualquiera descubro que Elisa Coll ha escrito un libro al que ha llamado ‘Resistencia bisexual: mapas para una disidencia habitable’ (Melusina, 2021) y siento una irreflenable necesidad de leerlo: ver sobre el papel esos mapas, pensar las posibilidades de habitacionalidad de esta identidad que ahora reconozco como propia, darle palabras, crear relato.

“Cuando se piensa la experiencia bisexual como una combinación de la experiencia homosexual y la heterosexual se le niega el reconocimiento de ser una vivencia en sí misma, distinta y única. Incluso cuando pensaba que yo era heterosexual, mi vivencia era bisexual, porque convivía con la bifobia interiorizada, con las dudas y la negación. No me convertí en bisexual por nombrarme como tal. Mi vivencia ya era la de una persona bisexual, porque el tiempo dentro del armario cuenta (vaya si cuenta) y dentro del armario se puede estar de forma más o menos consciente”, dice Coll en sus páginas.

El libro de Elisa Coll viene como un jarro de agua fresca que, al caer sobre la tierra, permite que las flores crezcan coloridas. ‘Resistencia bisexual’ es un texto-conversación en el que los “mapas para una disidencia habitable” que dibuja Elisa constituyen precisamente eso: un nombre, una identidad propia que es disidencia y, como tal, cuestiona el régimen político de la heterosexualidad desde una alternativa bisexual que no acepta la sexualidad normativizada. ‘Resistencia Bisexual: mapas para una disidencia habitable’ salió a la venta este lunes 1 de febrero bajo el sello Melusina y, a propósito de su publicación, le sugerí a Elisa mantener una charla acerca de las cuestiones que aborda el libro. Cuando empezamos a hablar le cuento que tengo el libro subrayado por todas partes, con anotaciones al margen, corazones dibujados al lado de aquellos párrafos que más me tocan, que son muchos porque, como ella y como tantas otras, también busco las maneras de habitar la disidencia.

Narro esto en primera persona porque no estamos hablando aquí de teorías ni objetos de estudio, sino de experiencias corporales propias. Elisa se reconoce como sujeto situado dentro de esa Resistencia Bisexual y la narra desde el cuerpo-escritura. Hay un poner-el-cuerpo en la escritura de este libro, que es personal pero también colectivo. Hablando con ella acerca de las referencias que utiliza como soporte para el texto aparece la ‘Fenomenología queer’ de Sara Ahmed, las ‘Bisexualidades feministas’ editado por Madreselva y una fuente que utilizamos de manera constante pero pocas veces la mencionamos: las amigas. Las conversaciones con aquellas con las que compartimos las experiencias de búsqueda y encuentro y que tanto nos ayudan a clarificar ideas, a nombrarlas y a sentirnos seguras. Aquí es donde entiendo el cuerpo colectivo como herramienta política de construcción de alianzas. Y cuando hablamos de bisexualidad resulta fundamental construir ese cuerpo colectivo contra el estigma y la invisibilización.

Comprender que la bisexualidad carga sobre ella el peso de lo invisible es una tarea complicada incluso para quienes la habitamos. Desde el imaginario colectivo, se entiende la bisexualidad como una tierra de nadie que no es un lugar propio, sino un punto intermedio entre la heterosexualidad y la homosexualidad: una suerte de lugar de paso que en ningún momento es concebido como un lugar que habitar, un lugar-casa. Esa idea de “estar-en-medio” parte de filtrar la experiencia bisexual a través de otros discursos identitarios y supone entender el deseo a través de lo lineal (lo hetero – lo bi – lo homo). Si podemos pensar fuera de esta lógica binaria de la línea, expandirla y des-simplificar las potencialidades del deseo y los cuerpos, entonces hablamos de mapas: las identidades se construyen en la amplitud de los espacios, que no se configuran solamente en torno a los deseos. Cuando le pregunto a Elisa sobre esta idea, me la explica así: “Mi casa está aquí y aquí es solo una zona del mapa, y puedo pasear por otras zonas y mi casa no deja de estar aquí porque esa casa no está definida únicamente por mi deseo o mis prácticas afectivo-sexuales, también la definen todas las violencias que la atraviesan”. Me encanta la metáfora de la línea y el mapa porque al salir de la lógica recta (‘straight’) podemos pensar en los desvíos, en plural. Y al no definirnos solo a través del deseo, podemos también pensarnos desde algunos de los interrogantes de la disidencia sexual: cómo permea el deseo en nuestra vida, qué relación tenemos con sus distintas partes, de qué manera incorporamos el género y otras opresiones que nos atraviesan y sobre todo —y esto es lo que me parece más definitorio— qué vivencias y violencias concretas derivan de todo esto, explica Elisa en su libro.

Cuando le pregunto a Elisa acerca de los modos en que podemos construir relato, establecer genealogías, formar un argumentario para visibilizar las violencias bífobas cuando aún no tenemos las herramientas para que sean reconocidas como tal; ella me habla de un capítulo de ‘Girls’ en el que el personaje de Elijah le dice a Marnie que “los bisexuales son el único grupo de gente del que todavía está permitido reírse”. Me impacta bastante esa sentencia y la realidad material que trae consigo. Elisa dice que esa frase le parece que resume el problema nuclear de la bifobia: si puedes reírte de ello es porque no te lo estás tomando en serio, y si no te lo tomas en serio es porque no lo reconoces como violencia. Y, entonces, como no hay un reconocimiento de la violencia, tampoco lo hay de la opresión ni de los individuos opresores. “Para mí, una de las bases más fuertes de la bifobia es la invisibilización no ya de la bisexualidad, sino de la propia bifobia: pensar que no nos atraviesa ninguna violencia concreta. Eso es lo que yo creo que nos deja sin recursos, sin redes y sin reconocimiento, que son las principales herramientas para defendernos de una violencia. (...) Vivimos violencias muy fuertes, que repercuten y se ven en estudios sobre salud mental en personas bisexuales – la violencia sexual, la discriminación – y no solo tenemos que pensar en ellas, sino también en cómo interseccionan con otras violencias como la de género, la racialización, la clase social, etc. Desdeñar una violencia significa dejarnos sin recursos para enfrentarla”.

En el libro ‘Bisexualidades feministas’ —escrito por varias autoras y publicado por Madreselva en 2019—, Alejandra Sardá habla de la sexualidad como el “lugar de mayor vulnerabilidad humana, donde rozamos la muerte y la desnudez, donde el lenguaje adulto nos es insuficiente y donde construimos las mayores rigideces, los imperativos más tiranos”. Me resulta muy significativa esta idea porque creo en las insuficiencias del lenguaje como fracturas que condicionan y marcan la pauta. Desde hace varios meses vengo leyendo acerca de esto mismo: cómo nombrar aquello que no está recogido bajo los códigos de la comunicación lingüística, dónde ubicar esos conceptos que conviven con nuestrxs cuerpxs pero que no tienen nombre, cuáles pueden ser algunas estrategias de reparación del lenguaje y reinvención de los signos… Y aunque este sea un tema que no atañe específicamente a la bisexualidad, sí tiene que ver con ella y con esta ausencia de recursos de la que habla Elisa: si no podemos cifrar un lenguaje propio, no podemos asumir unas violencias propias. ‘Resistencia bisexual’ habla de esto en términos de búsqueda de los lugares propios, que actualmente responden con los códigos de otras luchas. Se asume que, en el caso de las mujeres bisexuales, si se nos lee como lesbianas sufrimos violencias lesbófobas, mientras que si somos leídas desde la heterosexualidad aceptamos el privilegio de la norma. La realidad es que nuestra identidad (y, por tanto, las violencias que trae consigo) no la define la pareja sexual que determina nuestra lectura en uno u otro lado de la línea: Esta forma de (no) concebir la bisexualidad proyecta en el pensamiento colectivo la idea de que somos las únicas personas que pueden saltar libremente a un lado u otro de la línea que separa la heterosexualidad de homosexualidad, norma y disidencia, algo imposible, dado que estos son conceptos opuestos y excluyentes, mantiene la autora de ‘Resistencia bisexual’.

No obstante, este texto-cuerpo de Elisa no solo parte de la necesidad de reconocimiento de las violencias y deseos bisexuales: sabe que, para ello, necesitamos cogernos de las manos unas a otras, construir comunidad, establecer alianzas. Es decir: detrás de todo el análisis estructural y sistémico están los cuerpos sobre los que cae. Y esos cuerpos son los nuestros, claro, pero también los de muchas otras. Ya sabemos que contar, narrar, hacer público, ponernos voz es un principio de reparación fundamental porque reconocemos que no estamos solas, porque mi historia se ve reflejada en la tuya, porque compartimos un cuerpo colectivo que se abraza para sanar. Sabemos, también, que nuestras realidades son diversas y que las opresiones no fluctúan de los mismos modos en todos los cuerpos y que no todas las opresiones nos atraviesan a todas. Me dice Elisa, y lo comparto mucho, que esto no se trata de hacer un concurso de opresiones, sino de entenderlas en sus propias realidades múltiples, complejas y dolorosas. Y esta comprensión pasa por ensalzar los afectos, por cifrar un lenguaje de mimos que no esté basado en el modelo relacional heteronormativo que impone una jerarquía en la que las amigas y, en general, cualquier vínculo fuera de la monogamia de la pareja queda relegado a un segundo plano de importancia.

En ‘Resistencia bisexual’, Elisa rescata la idea de la no monogamia que plantea Brigitte Vasallo: “descentralizar la pareja y desdibujar el papel que tienen en nuestra vida las distintas personas a las que queremos”. Encuentro aquí una potencia subversiva muy poderosa, que pasa no solo por reconocer que nuestres amigues no ocupan posiciones secundarias en nuestros vínculos sino que también nuestros vínculos se forjan fuera de esa jerarquía.

Para Elisa, “ser vistas es una parte esencial de nuestra reivindicación como bisexuales, y es ahí donde empieza a resquebrajarse nuestro aislamiento: necesitamos que nuestras amigas se vuelvan compañeras, así como encontrar entre nuestras compañeras alguna amiga. Porque con ellas es más amable el reconocimiento propio y más feroz la lucha por el ajeno [...]. Para ser concebibles primero tenermos que ser visibles. Mientras chavalas adolescentes sigan creyendo que lo que sienten es una admiración rara por su compañera a costa de su autoestima, o pensando que hay algo malo y sucio en ellas por desear a personas de distintos géneros, seguirá siendo necesario visibilizar la bisexualidad. Y hacerlo no significa simplemente señalar que la bisexualidad existe y ya está, sino definirla”.

Es decir: “Cargarnos las líneas y convertirnos en mapas”. Y que esos mapas propongan la disidencia como lugar habitable y propio.

lunes, 1 de febrero de 2021

#libros #bisexualidad | Resistencia bisexual : mapas para una disidencia habitable

Resistencia bisexual : mapas para una disidencia habitable / Elisa Coll Blanco ; prólogo de Isa Duque.

Santa Cruz de Tenerife : Melusina, 2021 [02-01].
168 p.

/ ES / ENS / Libros / Bifobia / Bisexualidad / Disidencia sexual
📘 Ed. impresa: ISBN 9788415373841 / 14,90 €

[.es] Una mirada potente y sin tapujos sobre la bisexualidad y la bifobia en primera persona. La escritura de Elisa Coll recurre a la investigación y las vísceras para proponernos una aproximación a la vez personal y política a la bisexualidad como identidad en constante disidencia, más allá del deseo y en abierta resistencia a la violencia estructural. La bisexualidad se transforma así en punto de encuentro, en un lugar de celebración, en un espacio habitable.

lunes, 23 de septiembre de 2019

#hemeroteca #bisexualidad | ¿Donde están nuestras amigas bisexuales? Sobre bifobia y amistad

Imagen: El Salto / El símbolo de la bisexualidad //

¿Donde están nuestras amigas bisexuales? Sobre bifobia y amistad.

A pesar de sufrir altos niveles de violencia, por encima incluso de otras orientaciones sexuales disidentes (gays, lesbianas), las personas bisexuales apenas tenemos vínculos de amistad con otras personas bisexuales. Si la alianza de la amistad es uno de los pilares más importantes a la hora de luchar contra la cisheteronorma, ¿por qué no nos hemos juntado?
Elisa Coll Blanco | El Salto, 2019-09-23
https://www.elsaltodiario.com/revolutionontheroad/donde-estan-nuestras-amigas-bisexuales 

El año pasado hubo un periodo de varios meses en los que algunas de mis amigas más cercanas y yo nos veíamos constantemente en manifestaciones, charlas y otros eventos relacionados con el activismo, pero nos costaba horrores encontrar un hueco para tomar un café y contarnos qué tal nos iba la vida. Entonces surgió una broma que estiramos hasta lo inestirable porque, la verdad, nos parecía graciosísima, aunque probablemente pierda toda la gracia al explicarla: si llegara el día en que se acabaran todas las opresiones, ya no tendríamos nada de lo que hablar ni manera de relacionarnos y nuestra amistad quedaría obsoleta. Nos imaginábamos a todas sentadas en torno a una mesa camilla, con una mantita y tés, sumidas en un incómodo silencio sin saber qué decir mientras el mundo celebraba la paz mundial.

Por muy divertida que nos pareciera esta imagen, lo cierto es que tiene una base de realidad: los grupos de amistades suelen tener en común circunstancias estructurales, opresiones o privilegios. Hace poco leí un artículo publicado en 2006 (1) de M. Paz Galupo, profesora en la Universidad de Towson que ha realizado investigaciones sobre las amistades en el colectivo LGTBIQA+ (dentro de un contexto occidental) que muestran la tendencia, dentro de dicho colectivo, a construir vínculos con personas del mismo género, raza [sic] u orientación sexual. Leyendo este artículo caí en la parte más dura de esta broma: nuestra amistad está marcada, en sus propias palabras, "en parte por el heterosexismo y la homofobia [sic] dominantes". Si todo esto no existiera, ¿nos habríamos hecho amigas?

Sin embargo, Galupo encontró una excepción. Una excepción que, a pesar de serlo, apenas ha sido estudiada y mucho menos visibilizada, y que a mí me dejó planchada al leerlo: las personas bisexuales apenas tenemos vínculos de amistad con otras personas bisexuales. La mayoría de la gente de la que nos hacemos amigas se nombran como homo/heterosexuales, especialmente estas últimas. ¿Por qué? ¿Dónde estamos las bisexuales? Teniendo en cuenta que, en términos de orientación sexual, tenemos las tasas más altas de violencia sexual, de violencia en pareja (incluida la violencia de género), de riesgo de sufrir depresión o ansiedad ¿por qué no nos hemos juntado?

Otra autora y activista bisexual a la que admiro, Shiri Eisner, menciona en su libro ‘Bi: Notes for a bisexual revolution’ un estudio publicado en 2011 en Estados Unidos (2) que recogía la frecuencia de angustia mental ("mental distress") de mujeres lesbianas y bis en áreas rurales y urbanas. Ambos colectivos muestran niveles similares en el entorno rural, pero al estudiar zonas urbanas, los de las lesbianas "se reducen significativamente, mientras que los de las bis prácticamente se duplican". Una de las razones principales tiene mucho que ver con los estudios de Galupo: en las ciudades existen comunidades LG que acogen, validan y empoderan, haciendo de colchón y refugio frente a las violencias derivadas de la cisheteronorma. Sin embargo, apenas existen en el estado español comunidades o colectivos bisexuales, y los que hay se han formado muy tardíamente, careciendo a día de hoy de la afluencia, la cohesión y el amplio discurso político que tienen otros colectivos con más recorrido histórico.

Lo cierto es que les bisexuales siempre hemos estado ahí: en nuestros grupos de amigues heteros, bolleras, maricas. Pero estas amistades han estado condicionadas, en parte, por nuestras prácticas. En un encuentro Bi-Bollo que organicé con algunas compañeras el año pasado en Madrid, varias chicas/es bisexuales contaban que en sus entornos cercanos el trato cambiaba significativamente en función del género de la pareja con la que estuvieran. Esta historia se repite una y otra vez, y Galupo la recoge en el mencionado artículo: en amistades entre chicas bis y heteros, una dinámica muy extendida es omitir el hecho de que las bis son, precisamente, bis, y centrarse en todo lo que se tiene "en común", creando una imagen falsa de heterosexualidad compartida, traducida al final en un armario translúcido. Y aunque no he encontrado aún estadísticas parecidas respecto a las amistades bi-bolleras, en aquel encuentro quedó claro que se da una dinámica parecida y a veces más difícil de encajar por venir de un colectivo con el que se comparten tantas violencias: si estás con un tío es que tan disidente no serás. Todo esto, además, normalmente marcado por una visión binarista del género y dejando a un lado una vez más a las identidades no binarias.

Y ahora, el misterio de Cuarto Milenio: si las bisexuales no estamos juntas, pero a su vez las heteros y bolleras se rodean principalmente de heteros y bolleras, ¿dónde estamos, entonces? Muchas de nosotras, nosotres, metidas en armarios. Desde que me nombré abiertamente como bisexual, no son pocas las amigas (y compañeras, conocidas o personas con las que he compartido dos cervezas) que me han confesado que ellas también son bisexuales aunque gran parte de su entorno no lo sabe. La mayoría de ellas se nombraban heterosexuales, pero algunas se nombraban lesbianas. Varias han dejado de nombrarse, simplemente. Porque nuestra "transición" a nombrarnos bisexuales muchas veces es, simplemente, la omisión: no concretar, no situarnos en ningún lado. Y esto significa, muchas veces, ocultar (de forma más o menos consciente) una parte de quienes somos, cercenar parte de nuestra identidad sin dejarla crecer, florecer, sin compartirla con quienes más queremos: nuestras amigas.

¿Lo bonito? En comunidades donde otras opresiones son tan fuertes que sobrepasan o se funden con la bifobia, a las que no pertenezco por mis privilegios (soy blanca, cis, sin diversidad funcional): que el concepto de ‘disidencia sexual’ puede resultar mucho más amplio y menos divisorio, demostrando una vez más que ni una sola violencia estructural caerá si no caen todas. En mi entorno: que hablar de bifobia nos ha hecho, a mis amigas y a mí, acercarnos y cuidarnos más y mejor. Crear la verdadera alianza bihetero, la verdadera alianza bibollo: dejar de omitir las partes inconvenientes, incómodas de nuestra amalgama de vivencias y deseos y dolores y ponerlas desnudas sobre la mesa, señalando cariñosamente los privilegios y dando espacio a las preguntas cuidadosas sin miedo a ofender, para poder convertir ese ‘unas/otras’ en un ‘nosotras’ diverso. Y, por favor, estando atentas a nuestro lenguaje cuando hablemos de disidencia afectiva/sexual, y no sólo respecto a la bisexualidad sino también considerando disidencias aún más invisibilizadas como la asexualidad - porque es posible que nuestras palabras condicionen la decisión de un ser querido de salir del armario con nosotres, o de seguir escondiéndose en él. Los armarios están llenos de bisexuales y la amistad es la patada más fuerte que se puede dar a la puerta para destrozarla y no volver dentro nunca más.

1/ M. Paz Galupo (2006), Sexism, Heterosexism and Biphobia, Journal of Bisexuality, 6:3, 35-45
2/ San Francisco Human Rights Comission LGTB Advisory Committee (2011), Bisexual Invisibility: Impacts and Recommendations. San Francisco, California (EEUU)

Elisa Coll Blanco.
Activista bisexual, creadora del taller "Viajar solas sin dinero y sin miedo" y autora del fanzine "Mitos del amor romántico".

miércoles, 10 de abril de 2019

#hemeroteca #lgtbi #memoria | Memoria histórica en clave LGBTIQ

Imagen: El Comercio / Mesa redonda sobre memoria LGTBI en el Festival de Avilés
Memoria histórica en clave LGBTIQ.
Una mesa redonda repasa los avances conseguidos en los últimos años por los colectivos no heterosexuales.
J. F. G. | El Comercio, 2019-04-10
https://www.elcomercio.es/aviles/memoria-historica-clave-20190410002159-ntvo.html

El Festival de Cine LGBTIQ de Avilés echó ayer la vista atrás para repasar en una mesa redonda el camino recorrido en los últimos años hacia la normalización y el reconocimiento de los derechos de los colectivos de lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, intersexuales y queer, colectivos cuyo acrónimo da nombre al festival. «Legislativamente hemos avanzado mucho. Hemos conseguido cosas que hasta hace no mucho tiempo eran impensables, pero todavía queda bastante por hacer para conseguir una sociedad verdaderamente tolerante», manifestó Valeria Vegas, autora de libros como 'Ni puta ni santa. Las memorias de La Veneno', biografía del controvertido personaje televisivo.

Junto a ella y bajo el título 'Identidades alternativas y memoria histórica', completaban la mesa redonda César Vallejo, Alberto Berzosa y Elisa Coll, con Jordi García 'Hidroboy' como moderador .

Editor en el informativo de TVE La 2 Noticias, Vallejo dirige la serie documental «Nosotrxs Somos», que recorre cuarenta años de historia LGTB en España. «Es una serie de siete capítulos que narra la lucha por la despenalización de la homosexualidad y la legalización de derechos como el matrimonio entre personas del mismo sexo o de la transexualidad», señaló durante su intervención.

Profesor asociado en el departamento de Humanidades de la Universidad Carlos III de Madrid, Berzosa repasó la historia desde el punto de vista cinematográfico a través de una serie de películas filmadas en los años setenta y ochenta «que no atendían a la norma heterosexual de la época y caían en los que se consideraban herejías sexuales». Entre ellas destacó un título, 'Mariquitas felices'.

Elisa Coll es activista bisexual, «un colectivo que históricamente ha estado marginado por la sociedad y por el propio movimiento LGTB. La bisexualidad no está aún reconocida como una orientación sexual válida. Freddy Mercury no era gay, era bisexual, como también lo era Brenda Howard, la mujer que organizó la primera marcha del orgullo».

lunes, 27 de noviembre de 2017

#hemeroteca #bisexualidad | Mujeres bisexuales, tierra de nadie

Imagen: El Salto / Bloque Bisexual en el Orgullo Crítico 2017, Madrid
Mujeres bisexuales, tierra de nadie.
"Huy, yo de las bisexuales huyo como del diablo." "Eso dije yo cuando aún no quería admitir que era gay". "Entonces, ¿ahora vuelves a ser hetero?" A pesar de los grandes avances logrados por la comunidad LGTBIQA+, la "B" sigue siendo a día de hoy una fantasía para el mundo heterosexual y una broma para el mundo homosexual.
Elisa Coll Blanco | El Salto, 2017-11-27
https://elsaltodiario.com/revolutionontheroad/mujeres-bisexuales-tierra-de-nadie

Hace un tiempo me senté con una amiga a tomar unas cervezas que llevaban meses pendientes. Yo quería darle una noticia: que tenía pareja, y que esa pareja era una mujer. Había conseguido la fuerza necesaria para poder salir, por fin, del armario como bisexual en mi entorno. En este caso no estaba demasiado nerviosa, porque mi amiga es lesbiana y yo daba por sentado que lo iba a recibir con naturalidad, o que incluso ya se lo habría imaginado. Así que se lo solté.

Su reacción fue decir: "¡Huy, yo de las bisexuales huyo como del diablo!" Me quedé muda. No esperaba esa respuesta y tampoco la entendía. Le pregunté el por qué. Ella me dijo algo así como que éramos muy complicadas, y me recomendó que "no me pusiera ninguna etiqueta todavía", que esperara a ver. Yo le insistí en que no era lesbiana, que lo tenía claro, pero ella no pareció tomárselo muy en serio y ahí se terminó la conversación.

Éste no es más que uno de los innumerables ejemplos de bifobia que las personas bisexuales aguantamos cada vez que nuestra orientación o nuestra vida sexual o amorosa aparecen en una conversación. Nuestra identidad es constantemente cuestionada, banalizada, invisibilizada y estigmatizada (y, en el caso de las mujeres bisexuales, también sexualizada), no sólo desde la heteronormatividad, sino también, y en una enorme proporción, desde la propia comunidad LGTBIQA+... sobre todo desde la L y la G.

LGT¿B?: la bifobia desde la homosexualidad
"Espacio libre de agresiones homófobas y tránsfobas". Leerás letreros con este mensaje a la entrada de numerosos centros sociales autogestionados, espacios de corte izquierdista, anarquista, feminista, antirracista. Sin embargo, a día de hoy no recuerdo estar en ningún espacio donde se mencionaran también las agresiones bífobas, a pesar de que la B es una de las siglas principales del movimiento, a pesar de que las dos personas más icónicas de los disturbios de 1969 en Stonewall (Sylvia Rivera y Martha P. Johnson), además de ser trans eran bisexuales. Todos los años Madrid se vanagloria de su espectacular desfile del Orgullo, a la vez que desde el activismo se organiza la manifestación del Orgullo Crítico, pero apenas se sabe que quien organizó la primera marcha fue una mujer bisexual llamada Brenda Howard.

La bisexualidad es una identidad que sufre una tremenda invisibilización dentro del movimiento LGTBIQA+. Es posible que ya conozcas los estigmas a los que estamos eternamente vinculadas: se nos dice que estamos confusas, que es una fase hacia la homosexualidad, que es una fase que nos devolverá a la heterosexualidad, que lo que nos pasa es que somos personas viciosas, infieles o promiscuas. Esto, en el caso de que nuestra orientación se mencione en una conversación sobre diversidad sexual, porque la mayoría de veces se habla de gais y lesbianas, de relaciones homosexuales, y la bisexualidad ni siquiera se nombra. Las personas bisexuales, de forma parecida a las personas de género no binario, desafiamos con nuestra existencia el eterno binarismo (valga la redundancia) en el que estamos clasificadas las personas: o eres una cosa, o eres otra. Y por ello sufrimos una cantidad extra de violencia, por parte de heterosexuales y del propio movimiento LGTBIQA+, por no adaptarnos "ni a un lado ni a otro": somos tierra de nadie.

En los movimientos y entornos lésbicos aún sigue existiendo una fuerte resistencia a reconocer a las mujeres bisexuales como tales. Se nos insiste en que es una fase que nos llevará al lesbianismo, y cuando no, se nos tacha de "heterocuriosas". Por lo visto, existe una idea recurrente de que las "chicas heteros" (como se nos llama muchas veces a las bisexuales) siempre acabamos hiriendo emocionalmente a las lesbianas por irnos con un hombre. En la serie 'Orange Is The New Black' hay constantes referencias de este tipo a su protagonista, Piper (que aun siendo claramente bisexual es tachada de "heteroconfusa") con frases como: "Chicas heteros... te joderán siempre". Yo misma, que he vivido todo esto, he sentido muchas veces la necesidad de dar explicaciones sobre mi orientación sexual y subrayar constantemente que yo no era heterosexual (cuando tenía pareja masculina) u homosexual (cuando la tenía femenina). Curiosamente, cuando tuve novia empecé a notar que se me incluía más en entornos homosexuales, especialmente entre lesbianas. Más tarde, leyendo el libro 'Bifobia' de Ignacio Elpidio he descubierto que todas éstas son sensaciones muy comunes entre mujeres bisexuales.

La eterna fantasía heterosexual

Tal vez te suene el concepto "unicornio". Es el nombre común que se les da a las mujeres bisexuales dispuestas a tener relaciones sexuales con una pareja hombre-mujer. Se usa este término precisamente para destacar que éstas son personas difíciles de encontrar y de "atrapar", bellos animales escurridizos y avariciados por el imaginario heterosexual masculino. Este concepto y todo lo que conlleva se traduce en dos problemas principales: la sexualización de las mujeres bisexuales al ser reducidas a una fantasía masculina heterosexual, y la estigmatización de ser, efectivamente, un unicornio.

Una vez un hombre heterosexual me dijo que le encantaría ser bisexual. Yo le respondí que sí, que le encantaría por un lado, pero que sufriría mucho por otro. Él se quedó a cuadros y me preguntó que a qué me refería, así que le relaté mi dolorosa salida del armario en ciertos entornos muy cercanos que yo consideraba seguros y las agresiones que había vivido en la calle al pasear con mi pareja femenina. Él, que no daba crédito, me preguntó: "¿Ah, pero tú has tenido relaciones sentimentales con mujeres?" No se le había pasado por la cabeza que me identidad sexual existiera de forma autónoma más allá de sus fantasías.

Y es que una de las formas más extendidas de presentar la bisexualidad femenina es como fantasía sexual para el disfrute de la mirada masculina heterosexual. No hay más que meterse en cualquier portal de pornografía para comprobar que entre los vídeos más vistos se encuentra el típico trío de dos mujeres con un hombre. Trío, por supuesto, coitocentrista, en el que el hombre es el eje central y todas las prácticas sexuales están dirigidas a darle placer a él, ya sea físicamente (mamadas a dos) o visualmente (incluso cuando las mujeres interactúan, es para que él mire y se masturbe). Pero esto no se limita al ámbito del porno: podemos verlo en nuestra televisión, en forma de cine o publicidad. Y ésta es una opresión que también sufren de forma interseccional las lesbianas, porque lo que se sexualiza desde el imaginario heterosexual masculino es el sexo entre mujeres, dando exactamente igual nuestra orientación o deseo. Si eres bisexual, se da por sentado que estás deseando hacer un trío. Si eres lesbiana, no pasa nada, "eso es que aún no has probado una buena polla".

Llevando este problema un poco más allá, descubrimos que muchas veces los intentos de la comunidad bisexual por liberarnos de las eternas etiquetas de "promiscuas" o de unicornios hace que, precisamente, caiga un estigma sobre las mujeres bisexuales que sí son, o somos, promiscuas o unicornios. Parece que hay que demostrar que sí, que eres bisexual, pero oye, que no eres una viciosa, que eres una bisexual muy decente, mientras que, por ejemplo, la promiscuidad en los hombres heterosexuales no sólo no es castigada, sino que se aplaude y se refuerza como medidor de masculinidad.

Al igual que el mundo se rige por una asunción constante de heterosexualidad, es decir, que asumimos automáticamente que todas las personas que nos rodean son heterosexuales hasta que se demuestre lo contrario, de la misma forma cuando vemos una pareja de personas del mismo sexo caemos en la asunción de homosexualidad: gais o lesbianas hasta que se demuestre lo contrario. Y así, en ambos casos, pasamos por alto la idea de que tal vez haya una tercera opción (u opciones) que estemos ignorando. Pero la bisexualidad existe, es válida y seguimos trabajando por visibilizarla. No somos una fase: hemos venido para quedarnos.

Aclaración: "bisexual" no significa que sólo existan dos sexos o géneros

El término "bisexual" se aplica a cualquier persona con la capacidad de sentir atracción sexual, romántica o afectiva hacia personas de más de un género o sexo. Erróneamente se suele creer que la palabra "bisexual" implica que sólo existen dos sexos, pero lo cierto es que desde el activimo bisexual se recogen todas las realidades de género y sexo, y se usa este término como "paraguas" para abarcar las diversas formas de vivir la atracción hacia personas de más de un género o sexo. Existen debates en torno a esto y el uso de la palabra "pansexual", que no cabrían en este artículo, pero en este vídeo se explica y resume el tema bastante bien.

Elisa Coll Blanco es autora de ‘Revolution on the Road’ (blog feminista sobre viajes y activismo) y del taller ‘Viajar solas sin dinero y sin miedo’.