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jueves, 15 de noviembre de 2018

#hemeroteca #sexualidad | Análisis de la revolución sexual de mayo del 68: Sexo es drama… del bueno

Imagen: ABC
Análisis de la revolución sexual de mayo del 68: Sexo es drama… del bueno.
Fabrice Hadjadj y Jean Sèvilla analizan la revolución sexual en un congreso internacional sobre mayo del 68 celebrado en la Universidad Francisco de Vitoria.
Ricardo Benjumea | ABC, 2018-11-15
https://www.abc.es/cultura/abci-analisis-revolucion-sexual-mayo-68-sexo-drama-bueno-201811151337_noticia.html

«Nos guste o no, todos somos hijos del 68. Y como todos los hijos, tenemos el derecho, incluso el deber, de cuestionar el legado recibido, de elegir lo que queremos hacer con él, de decidir con qué nos quedamos y qué rechazamos». Con esta cita del filósofo francés André Glucksmann explicaba María Lacalle el objetivo del congreso internacional 50 años de Mayo del 68. Una época de cambios, un cambio de época, que la Universidad Francisco de Vitoria celebró del 8 al 10 de noviembre en Madrid.

«Es cierto que las barricadas duraron unas semanas, que lo imposible no se hizo realidad y que la imaginación no llegó al poder, pero también es cierto que el mundo ya no fue igual después de aquello», añadió la máxima responsable de la organización de un evento que reunió a diversos expertos internacionales, que se focalizaron en la llamada «revolución sexual» y en sus aspectos más controvertidos.

«Tenemos que hablar de muchas cosas sobre las que hoy parece que se ha impuesto un silencio en cierta manera totalitaria», prosiguió Lacalle. «La sociedad actual seguramente es mejor que la de los años 60», admitió, «pero junto a muchas luces hay algunas sombras en el legado recibido».

Más allá del mayo francés
En realidad, resaltó en la inauguración el periodista e intelectual francés Jean Sèvilla, Mayo del 68 supuso la eclosión de profundos cambios que venían produciéndose desde hacía ya tiempo, con distintas especificidades en cada país de Europa occidental y América del Norte. De una sociedad rural se pasó a otra urbana, pacífica y próspera, con supermercados llenos de productos hasta hace poco inimaginables. Irrumpieron en los hogares el teléfono y la televisión, y la incorporación al trabajo de las mujeres, unido a la llegada de los anticonceptivos, provocó grandes cambios en la vida de las parejas. Por aquellos años –destacó Sèvilla–, salvo personas «en situación marginal» o «intelectuales bohemios», era muy raro el nacimiento de niños fuera del matrimonio, mientras que ahora esa es la situación más generalizada en Francia.

Clave, a su juicio, fue el cuestionamiento de la autoridad en todos los ámbitos, desde la el sacerdote a la del líder político, pasando por el jefe de la propia empresa. «El individuo se convierte en la norma suprema», subrayó. La reivindicación de los derechos individuales se antepone a la búsqueda del interés colectivo. «El hombre se convierte en un ser autónomo capaz de definir por sí mismo cuáles son las normas que quiere o no aceptar». Es la génesis del relativismo.

Uno de los resultados de esas transformaciones ha sido una deconstrucción de la sociedad, una «crisis cultural» que, para llenar el vacío generado, ha propiciado el auge de una nueva derecha populista, autoritaria e hipernacionalista. Ante la pérdida de las raíces culturales y espirituales en Europa, necesarias para afrontar los retos y problemas de cada tiempo, existe el peligro de que «la gente va a buscar respuestas [en esa nueva derecha] si no las ofrecen los católicos», dijo, pidiendo un mayor esfuerzo por involucrar a la juventud católica en la política, al modo de anteriores generaciones de políticos cristianos que «se alimentaban de la oración» y concebían el servicio público como «una noble actividad», al tiempo que, conscientes del «pecado original», rechazaban una concepción mesiánica del poder.

Sèvilla tiene la esperanza de que se produzca una reacción de este tipo. «Lo hemos visto en la contestación en Francia al matrimonio homosexual: se despertaron fuerzas que estaban dormidas», dijo. «Tenemos importantes recursos para la reconstrucción en las familias, en las Iglesias… Las fuerzas están ahí».

De la liberación sexual al #MeToo
Otro intelectual francés, el filósofo Fabrice Hadjadj, clausuró el congreso con una conferencia sobre La restauración de la carne. El autor de La fe de los demonios o Últimas noticias del hombre se presentó como «hijo de padres del 68». «Es mi cultura de origen, pero al mismo tiempo escapé de ella», dijo en alusión a su fulgurante conversión. Coincidió sin embargo con Sèvilla en que Mayo del 68 fue más un síntoma que una causa. «La cultura de la muerte existía antes, también en las buenas familias católicas y burguesas». Igual que las ideologías de género. «Si pensáis que unas pocas lesbianas americanas han logrado cambiar la faz del mundo deberíais venerarlas», bromeó. Esa idea de «una sociedad con un solo género ya existía en la antropología liberal».

Una de las mayores paradojas de mayo del 68 para Hadjadj es que la liberación sexual ha derivado en el hashtag #MeToo, en la denuncia de la violación. «Todas las revoluciones empiezan con el regocijo y terminan con el terror. En todas las revoluciones se empieza con un sentimiento de fusión y derivan hacia el litigio permanente».

Como ejemplo de ese nuevo puritanismo aludió a la redefinición propuesta por el Gobierno de Pedro Sánchez de la violación como cualquier relación sexual sin consentimiento explícito. O a la app LegalFling, que permite concertar citas en las que previamente cada persona accede a según qué prácticas. «Ningún gesto queda imprevisto». «Hemos pasado de la liberación sexual a tener relaciones en presencia del abogado», a «una hipervigilancia con una desconfianza generalizada».

Carne contra cuerpo
Individualismo fue una palabra no pronunciada por el filósofo pero que sobrevoló la mayor parte de su intervención. En 1967 se legalizaba en Francia la píldora anticonceptiva, que permitió «controlar de manera química la sexualidad». Para Hadjadj, aun admitiendo cierta lógica en la reacción frente a Mayo del 68 significó «un esfuerzo por liberarse de la sexualidad, por deshacerse de la naturaleza y hacer de ella un objeto de consumo. Por entrar en una artificialidad total», cuya meta es el «seg-sex, el sexo seguro», algo así como «la cuadratura del círculo, puesto que el sexo es drama. Porque «hay momentos en que perdemos el control». Y ese sexo «nos lleva a entrar en una historia que nos supera». A tener problemas. «A vivir con una mujer, con hijos...», en una familia que nunca será idílica. «Y lo más loco es que la Biblia no deja de hablar de la familia como espacio donde nos podemos gritar unos a otros como nunca vamos a gritar a nadie; nos muestra que hay una violencia intrafamiliar que no existe en la calle». Pero también «se nos revela que la familia es el lugar del perdón». De modo que «se trata, sí, de un drama, pero es un buen drama, el drama de la vida, no un falso drama artificial».

Pretender abolir ese drama es un planteamiento propio de «una lógica de la tecnología: se piensa en que hay un problema y se aplican las soluciones». Algo coherente desde una óptica liberal que concibe el cuerpo como una especie de posesión con la que el individuo puede hacer con él lo que quiera.

Frente al cuerpo entendido en clave individualista, Fabrice Hadjadj reivindicó la carne como «el lugar de encuentro conmigo mismo y con la otra persona». El lugar del placer pero también donde experimentamos «la debilidad, el envejecimiento y la muerte». «En la carne vemos la miseria y el pecado, y por ello podríamos querer ya no ser carne sino cuerpo, incluso un cuerpo ciborg», para liberarnos de nuestras vulnerabilidades. «Podría querer sustraerme de todo ello. ¿Qué me impide hacerlo?», se preguntó. «Es algo que yo calificaría como la confianza en la carne», posible «a partir del misterio de la encarnación y de la resurrección de la carne». Porque si antes se decía que Dios se hizo hombre para que el hombre pueda ser Dios –concluyó–, cada vez vamos a ver más que fue así para que el hombre pueda seguir siendo humano». Para mostrar que «la carne es el lugar de la miseria, del sufrimiento, de la herida…, sí, pero también el lugar de la misericordia, de la donación y del perdón».

miércoles, 16 de mayo de 2018

#libros #mayodel68 | Mayo del 68 : la palabra anónima : el acontecimiento narrado por sus participantes

Mayo del 68 : la palabra anónima : el acontecimiento narrado por los participantes / Nicolas Daum ; traducción de Marisa Pérez Colina.
[Mai 68 raconté par des anonymes. Español].
Madrid : Acuarela & Antonio Machado, 2018 [05-16].
Colección: Acuarela Libros ; 45
ISBN 9788477743484 / 22 €

/ ES / ENS
/ 1968 / Francia / Historia – Siglo XX / Mayo del 68 / Memoria histórica / Movimientos sociales / Paris / Política / Testimonios

Esta obra recoge entrevistas realizadas por Nicolas Daum a antiguos miembros del Comité de Acción –hoy diríamos «asambleas de barrio»– de los distritos III y IV de París, uno de los más duraderos. Daum, miembro él mismo de aquel Comité, localizó entre 1988 y 2007 a veinte de sus miembros originales –obreros, artistas, profesores, ingenieros, de diversas edades– y conversó largamente con ellos sobre su experiencia de Mayo del 68, sobre su vida antes y después del acontecimiento. Son todos participantes anónimos, ni celebridades ni mártires, sino personas profundamente implicadas en aquel momento en la actividad cotidiana y de base del movimiento: asambleas, acciones, iniciativas descentralizadas. Son las voces que han desaparecido casi totalmente de los relatos del 68, eclipsadas por las estrellas, los líderes y los portavoces designados a posteriori por los medios de comunicación y la cultura oficial. El método de este libro constituye, por tanto, un ataque deliberado contra las estrategias de personalización, recuperación y espectacularización que han reducido y estrechado tanto la memoria de Mayo del 68 a un movimiento puramente estudiantil, localizado en el Barrio Latino, que reclamaba simplemente un cambio superficial, en las costumbres, etc. Y al mismo tiempo nos ofrece la mejor descripción que puede encontrarse de lo que se experimentó en el 68 cuando el imaginario de la política de emancipación se infiltró en la vida cotidiana de la gente, permitiendo superar las divisiones alienantes entre vida pública y privada, vida política y ordinaria, actividad social y maneras de vivir. Justo lo que el filósofo Henri Lefebvre llamó «lo cotidiano transformado» y que es aún el desafío verdadero de toda política de transformación.

miércoles, 2 de mayo de 2018

#libros #mayodel68 | De la miseria en el medio estudiantil

De la miseria en el medio estudiantil : considerada en sus aspectos económico, político, psicológico, sexual y sobre todo intelectual, y de algunas formas para ponerle remedio ; y otros documentos / presentación de Miguel Amorós ; traducción del francés de Diego Luis SanRomán.
Logroño : Pepitas de Calabaza, 2018 [05-02]
134 p.
Colección: Ensayo ; 74
ISBN 9788415862741 / 15,80 €

/ ES / FR* / ENS
/ 1968 / Documentación / Francia / Historia – Siglo XX / Liberación sexual / Mayo del 68 / Movimientos sociales / Política / Vida intelectual

‘De la miseria en el medio estudiantil considerada en sus aspectos económico, político, psicológico, sexual y sobre todo intelectual, y de algunas formas para ponerle remedio.’ ‘De la miseria en el medio estudiantiles’ —en su génesis, aplicación y efectos prácticos— además de uno de los escándalos más bellos del siglo xx, la verdadera antesala de Mayo del 68, del que se celebra ahora su cincuenta aniversario. 

Presentamos, para uso y disfrute de las jóvenes generaciones, una nueva traducción, a cargo de Diego Luis Sanromán, del célebre texto situacionista, acompañado de algunos documentos apenas conocidos relacionados con el opúsculo: el prólogo-epílogo que la Sección Inglesa de la Internacional Situacionista hizo para la edición en inglés; algunos textos de Guy Debord y Mustapha Khayati relacionados con la redacción y edición (así como la polémica que hubo con su reimpresión comercial); un texto de la IS a propósito del escándalo de Estrasburgo; y el cómic El regreso de la Columna Durruti, entre otros documentos. Y todo ello va precedido por una introducción de Miguel Amorós en la que disecciona cómo se perpetró el llamado Escándalo de Estrasburgo. 

[...] La «rebelión de los jóvenes» ha sido y sigue siendo objeto de una auténtica inflación periodística, que hace de ella el espectáculo de una «rebelión» posible, dada a la contemplación para impedir que se la viva, la esfera aberrante —ya integrada— necesaria para el funcionamiento del sistema social; esta rebelión contra la sociedad tranquiliza a la sociedad porque se supone que seguirá siendo parcial, que estará confinada al apartheid de los «problemas» de la juventud —del mismo modo que habría problemas de la mujer o un problema negro— y que no durará más que una parte de la vida. En realidad, si hay un problema de la «juventud» en la sociedad moderna, es que la juventud siente con mayor intensidad la crisis profunda de dicha sociedad. Producto por excelencia de la sociedad moderna, la juventud es ella misma moderna, ya sea para integrarse en ella sin reservas, ya para rechazarla radicalmente. Lo que debería sorprender no es tanto que la juventud sea rebelde, sino que los «adultos» estén tan resignados. [...]

sábado, 28 de abril de 2018

#libros #mayodel68 | 1968 : el año en que el mundo pudo cambiar

1968 : el año en que el mundo pudo cambiar / Richard Vinen ; traducción de Héctor Piquer Minguijón.
Barcelona : Crítica, 2018 [04-28].
528 p.
Colección: Memoria Crítica
ISBN 9788498929898 / 26,90 €

/ ES / EN* / ENS
/ 1968 / Historia – Siglo XX / Liberación sexual / Mayo del 68 / Movimientos sociales

Richard Vinen, profesor del King’s College de Londres, trata de recuperar los acontecimientos de 1968 para la historia, situándolos en un contexto más amplio y analizando lo que quedó de positivo para el futuro, una vez se hubo renunciado a la utopía, incluyendo aspectos como la liberación sexual, la transformación de las relaciones de familia o la influencia a largo plazo sobre el movimiento sindical y la lucha obrera. Vinen comienza estudiando el medio en que nació aquella generación de militantes, las universidades en que se desarrolló el movimiento, sus orígenes en los Estados Unidos, donde confluían la oposición a la guerra de Vietnam, la creación de una nueva izquierda y el poder negro, para pasar después al mayo de 1968 en Francia, al «largo 68» de Gran Bretaña y al papel de la violencia, para acabar debatiendo si el resultado final fue una derrota o una acomodación.

lunes, 16 de abril de 2018

#libros #historia #mayodel68 | Utopías del 68 : de París y Praga a China y México

Utopías del 68 : de París y Praga a China y México / Antonio Elorza.
Barcelona : Pasado & Presente, 2018 [04-16].
345 p.
ISBN 9788494769450 / 23 €

/ ES / ENS
/ 1968 / Historia – Siglo XX / Mayo del 68 / Memoria histórica / Movimientos sociales / Política / Testimonios

Las rebeliones estudiantiles y los proyectos de cambio surgidos en 1968, que querían romper con la sociedad existente y construir un mundo nuevo, solo alcanzaron a ser sueños de revolución. Fueron utopías fragmentadas e inacabadas que nacieron tanto en los países occidentales (Francia, Italia) o en el este de Europa (Checoslovaquia), como en China (deificación de Mao) o en México (sincretismo utópico que culminó en Chiapas). La génesis de estas movilizaciones sociales, el alcance político que tuvieron y lo que ha quedado de ellas en la conciencia colectiva, es la materia de este libro, a cuyo término el autor incluye un relato de sus vivencias en el año de las utopías.

DOCUMENTACIÓN
Utopías del 68.
Rafael Núñez Florencio | El Cultural, El Mundo, 2018-05-04

https://www.elcultural.com/revista/letras/Utopias-del-68/40987

jueves, 25 de enero de 2018

#libros #historia #mayodel68 | 1968 : el nacimiento de un mundo nuevo

1968 : el nacimiento de un mundo nuevo / Ramón González Férriz.
Barcelona : Debate, 2018 [01-25].
272 p.
ISBN 9788499928012 / 18,90 €

/ ES / ENS
/ 1968 / Crónicas / Historia – Siglo XX / Mayo del 68 / Movimientos sociales / Política / Violencia

Un recorrido por el revolucionario 1968, el año en que se rebelaron los jóvenes de todo el mundo. 1968 se ha convertido en una especie de mito. Pero más allá de esa imagen idílica o confusa, fue un año lleno de acontecimientos políticos que provocaron la extendida sensación de que el mundo estaba al borde del colapso. En Francia y en Estados Unidos, en Checoslovaquia, México, Japón, Italia, Alemania y España, 1968 fue el año en que los sistemas políticos fueron cuestionados, sobre todo, por unos jóvenes estudiantes convencidos de que el mundo que les legaban sus padres era aburrido, injusto y criminal. Sin un plan concreto, pero armados con nuevas ideologías de izquierdas, una retórica audaz y unas tácticas de protesta que imitaban a las de las guerrillas, rompieron los grandes consensos políticos y culturales que habían estado en pie desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Este libro es una crónica de ese convulso año de grandes esperanzas y de sueños de un mundo mejor, pero también lleno de muertes violentas como las de Martin Luther King y Bobby Kennedy y disturbios como los de París, Tokio, Roma, Berlín y Madrid. Fue el año en que gobiernos como el de México se volvieron contra sus ciudadanos, las fuerzas del Pacto de Varsovia invadieron Checoslovaquia, se estableció el embrión de varios grupos terroristas como la Fracción del Ejército Rojo y las Brigadas Rojas, y ETA cometió su primer asesinato. Todo ello con el trasfondo ineludible de la guerra de Vietnam.

DOCUMENTACIÓN
Ramón González Férriz: ‘1968. El nacimiento de mundo nuevo’.
Alfredo Crespo Alcázar | El Imparcial, 2018-03-11

https://www.elimparcial.es/noticia/187606/los-lunes-de-el-imparcial/ramon-gonzalez-ferriz:-1968.-el-nacimiento-de-mundo-nuevo.html

domingo, 12 de diciembre de 2004

#hemeroteca #cine #mayodel68 | Del cine como una enfermedad transmisible: ‘Los soñadores’, de Bernardo Bertolucci

Imagen: Tiempo de Cine / Fotograma de 'Los soñadores', de Bernardo Bertolucci
Del cine como una enfermedad transmisible: ‘Los soñadores’, de Bernardo Bertolucci.
Juan Carlos González A. | Revista Universidad de Antioquia, 278 (2004-10/12) 133-136.
Recogido por: Tiempo de Cine, 2004-12-12
http://www.tiempodecine.co/web/del-cine-como-enfermedad-transmisible-los-sonadores-de-bernardo-bertolucci/

A diferencia del resto de su filmografía, para los créditos iniciales de ‘Besos robados’ (‘Baisers volés’, 1968) François Truffaut introdujo una dedicatoria y una referencia visual que se relacionan directamente con los hechos que se vivían en París durante el rodaje de su filme. La dedicatoria, escrita de su puño y letra, se ofrece a Henri Langlois, fundador y director de la Cinemateca francesa, mientras la referencia visual es al portón de la misma entidad en el palacio de Chaillot, donde se lee en un aviso que se encuentra cerrada hasta futuras noticias.

En esa misma época y a ese mismo portón parece estar encadenada Isabelle, una de las protagonistas de ‘Los soñadores’ (‘The Dreamers’, 2003), del maestro italiano Bernardo Bertolucci. Ella, su hermano mellizo Theo y un joven norteamericano que conocen allí, Matthew, hacen parte del enorme grupo de cinéfilos que en febrero de 1968 se agolpó alrededor de la cinemateca para protestar por la destitución de Langlois, desencadenada por una lucha de poderes en la que estaban involucrados Pierre Moinot, presidente de la cinemateca, André Holleaux, cabeza del Centro Nacional de la Cinematografía y el propio ministro de cultura, André Malraux.

Truffaut interrumpió el rodaje de ‘Besos robados’ para participar activamente en las protestas, que llegaron a un punto culminante el 14 de febrero, cuando la policía se enfrentó a los cerca de tres mil manifestantes agrupados alrededor del palacio de Chaillot. Mayo del 68 se había anticipado unos meses para la comunidad del cine, que, por medio de presiones, cartas de solidaridad de directores y de actores alrededor del mundo, y las virulentas denuncias del grupo de ‘Cahiers du Cinéma’ en otros medios periodísticos, logró que se restituyera a Langlois en su cargo a finales de abril. El inicio de las protestas y huelgas sindicales en mayo coincidió con la apertura del Festival de Cannes, obligado a cancelarse en solidaridad con el movimiento gestado en París.

Bertolucci ha querido capturar esa época en su filme con una combinación de elementos: ser joven, ser cinéfilo, estar en París y vivir en 1968. Pero ‘Los soñadores’ no es una película histórica. El asunto Langlois subyace sólo como telón de fondo, como motivo que da inicio a la relación entre Isa (Eva Green, en su debut en el cine), Theo (Louis Garrel, precisamente el hijo del director Philippe Garrel) y Matthew (Michael Pitt), que es el verdadero tema del filme. El director hace, sin duda, un homenaje a la época y a la intoxicación de cine en la que muchos vivían. Como si de un alucinógeno se tratara, las imágenes de la gran pantalla los excitan, los hacen volar, los transportan. Isa afirma que nació en 1959 y que sus primeras palabras fueron “New York Herald Tribune”, las mismas que Jean Seberg vocifera en los Campos Elíseos en ‘Sin aliento’ (‘A bout de souffle’, 1960) de Godard. Le creemos. Muchas mujeres nacieron a la vida con esa imagen libérrima y misteriosa de la Seberg, que proponía para ellas un nuevo modelo de vida.

Un modelo. Eso era el cine para ellos, que en su cinefilia no veían otra representación válida. Buscaban transgredir lo establecido por la realidad dominada por sus mayores, querían ser como los actores y estrellas que admiraban, recrear las escenas de sus películas favoritas, discutir de cine, pensar en el cine, comer cine, emborracharse de celuloide. No eran personas, eran personajes de un filme interpretando un rol. Víctimas del contagio de una enfermedad transmisible por contacto ocular, los tres no tienen remedio. Bertolucci se solaza en mostrarnos ese frenesí en que deambulan, intercalando al trío protagonista con clips de las películas que evocan, en un bello montaje donde alcanzamos a vislumbrar que tanto tenían tatuado el cine en la piel. Son gente rara, freaks como el filme homónimo de Tod Browning que se cita en la película.

Los tres corren por el Louvre tratando de romper el récord establecido por el trío de ‘Bande à part’ (1964), pelean por la preeminencia entre Chaplin y Keaton en el reinado de la comedia muda o se trenzan en adivinanzas imposibles que involucran a ‘Top Hat’ (1935), ‘Queen Christina’ (1933), ‘Blonde Venus’ (1932) y ‘Scarface’ (1932). Más que vivir, imitan, representan, sueñan. Lo decía Eric Rohmer recordando su época como escritor de cine: “No vivíamos. La vida era la pantalla, eran las películas, era discutirlas y escribir sobre ellas”.

Pero toda filia tiene su lado perverso y Bertolucci lo sabe. Desde su nombre, ‘Los soñadores’ es una obra escapista y por eso los personajes deciden huir de la realidad en que viven y entregarse a unos juegos privados y perversos a los que el cine acaso los ha llevado, o a los que -por lo menos- ha convocado. Con la cinemateca cerrada parecen haber perdido el cable que los ha unido al mundo y se encierran en sí mismos, dentro del enorme apartamento que los padres de Isa y Theo dejan al cuidado de estos. Bertolucci suelta las amarras y el lastre, y el globo en el que los tres viajan empieza a elevarse hasta el infinito. Como mencionábamos, el episodio de las protestas alrededor de la cinemateca era sólo una disculpa (pero no por eso menos lograda; incluso Bertolucci consiguió que los actores Jean Pierre Léaud y Jean Pierre Kalfon recrearan la activa figuración que tuvieron en esos días). El director quiere mirar de cerca sus personajes, estudiarlos, saber hasta dónde son capaces de llegar en ese juego sexual perverso en el que van descendiendo en una espiral peligrosa.

Muchos han criticado a Bertolucci por haber perdido la oportunidad de mostrarnos su versión de lo ocurrido en esa primavera del 68, pero igual ocurrió con Truffaut: ‘Besos robados’ no es una obra políticamente comprometida. Antoine, su protagonista, es enamoradizo e indeciso y trabaja como portero de un hotel y luego como detective. Nada de declaraciones políticas, nada de toma de conciencia, ni de manifiestos filosóficos. El cine refleja el mundo de su director, no necesariamente el mundo real. Bertolucci no desea hacer una crónica sobre Langlois, quiere hacerla sobre tres personas que vivían allí y que compartían un nexo tan especial como complejo.

Como en ‘El último tango en París’ (1972), el aislamiento de los personajes es el detonante que los lleva a explorarse, en un juego perverso que conduce a Isa y a Theo hasta los límites del incesto, iniciando a Matthew en un obligado despertar sexual que al principio lo embriaga, pero que después rechaza, cuando las cosas van tomando rumbos menos diáfanos. Sin embargo -a diferencia del filme con Marlon Brando y María Schneider- la actitud del director hacia la conducta de los personajes de ‘Los soñadores’ es muy compasiva, por completo idealizada, sin juzgarlos o criticarlos. Y esa misma actitud es la de su mirada: la cámara de Fabio Cianchetti, con su paleta sensual, embellece sus actos a un grado en el que hay más una complacencia estética que un acercamiento fiel a lo real, despojando a las imágenes de todo lo que indique qué tan bajo van cayendo en su degradación personal. Lo que en realidad ocurre sólo lo vemos cuando los padres de los mellizos vuelven a casa y los encuentran a los tres dormidos, entrelazados en medio del caos en que han convertido al apartamento y que sólo ahora parecemos percibir, despertados todos del ensueño hipnótico en que estábamos.

A eso nos condujo Bertolucci: a imaginar que todo era posible, que las utopías eran viables y que la revolución estaba cruzando la calle. Que sexo, política y cine eran una combinación precisa. Cuando en realidad andábamos desnudos y no lo sabíamos: “Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales”, nos recuerda el texto bíblico. El director nos despierta del sueño juvenil que teníamos. Ahora somos adultos, ahora las calles están llenas de manifestantes. Nos unimos a ellos sabiendo que ya nada volverá a ser igual, que lo que soñábamos terminó. La película llegó a su fin. El proyector se apagó, alguien prendió las luces del teatro. Es hora de irnos: la vida nos aguarda.