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domingo, 27 de abril de 2025

#hemeroteca #lgtbi #queer #musica | El folk español hace añicos el armario

El músico Dulzaro //

El folk español hace añicos el armario

Mondra, Dulzaro, Davide Salvado, Juanjo Bona o Rodrigo Cuevas exteriorizan la diversidad afectiva desde el amor por la tradición y la vida rural
Fernando Neira | El País, 2025-04-27
https://elpais.com/cultura/2025-04-27/el-folk-espanol-hace-anicos-el-armario.html 

Allá por 1999, al calor de la inopinada y colosal repercusión de su disco ‘Tierra de nadie’ (800.000 ejemplares vendidos), el gaitero electrónico asturiano José Ángel Hevia formuló una reflexión elocuente sobre los atuendos y actitudes estéticas de los músicos de filiación tradicional. “Los ‘folkies’ tenemos que cuidar más nuestra imagen. Muchos artistas siguen respondiendo al arquetipo del varón de barba desarreglada y jersey de pico”, anotaba.

Un cuarto de siglo después, la situación al respecto ha experimentado un giro copernicano, pero la sacudida de los armarios no ha sido solo literal, sino también metafórica. La generación que ha tomado el testigo de Hevia, Carlos Núñez, Berrogüetto, Budiño o Luar na Lubre no solo exhibe poses audaces, atrevidas y transgresoras; además, se ha convertido en un paradigma de la diversidad afectiva y una plataforma para la expresión y visibilización del colectivo LGTBIQ+. Los tataranietos de nuestros músicos de aldea y de tantos cantores y cantoras anónimos que transmitieron y preservaron todas esas coplas de procedencia secular y valor incalculable son hoy artistas orgullosos que se muestran tal y como son, sin ambages. Portadores de un mensaje de tolerancia y futuro a partir de un ideario tradicional.

El caso más visible y paradigmático es el del asturiano Rodrigo Cuevas, emblema ‘queer’ que ha sabido integrar la tonada asturiana, el revestimiento sonoro de la electrónica y un concepto de ‘performance’ que abraza la imaginería agrícola, el cabaret y la parafernalia folclórica. Pero Cuevas (Premio Nacional de las Músicas Actuales en 2023) no está solo. Los folcloristas gallegos Davide Salvado y Mondra, los zamoranos Ringorrango —con un matrimonio masculino entre sus integrantes—, el vallisoletano Dulzaro o el aragonés Juanjo Bona coinciden en tiempo y lugar como artistas arcoíris que provienen de la cultura rural y tradicional, o al menos se inspiran en ella, para desarrollar un discurso musical propio. Y a la nómina bien podemos agregar el nombre de Álvaro Lafuente, alias Guitarricadelafuente, de procedencia turolense e inspiración igualmente terruñera, aunque en su caso haya derivado en un sonido con menos trazas folclóricas e indisimulada carga homoerótica en sus vídeos musicales.

Dulzaro (Valladolid, 31 años), nombre escénico del cantante, pianista, compositor y productor Alberto Domínguez Buitrón, es un buen ejemplo de artista que lleva toda la vida reduciendo a añicos cualquier tipo de armario. El firmante del reciente ‘Ícaro’, un rutilante primer elepé de ‘folktrónica’ con fuerte aroma castellano, acostumbra a lucir faldas y demás prendas de corte femenino, además de reivindicar con su denominación artística un instrumento tradicional no pocas veces denostado. “La dulzaina posee un sonido muy identitario”, argumenta. “Se concibió para la plaza, la calle y el baile, tiene demasiado volumen en sitios cerrados, precisa de muy buenos pulmones y oído. Y siento que me va a acompañar toda la vida”. Y así, presumiendo sin rodeos de sonidos “antiguos” y hasta estigmatizados, Alberto/Dulzaro ha sido capaz de erigir coqueteos musicales tan suculentos como el de ‘Un labradorito’, donde él y el coruñés Mondra se intercambian piropos y requiebros nada tangenciales. “Una jota, dos muñeiras y tres charros te canté / Toda la noche bailamos y de ti me enamoré”, proclama uno. “Como tú eres tan gallego y yo soy tan castellano / nos envidia todo el pueblo cuando vamos de la mano”, le responde el otro.

“Me encantaba la idea de expresar un amor que también sucede en los pueblos”, recalca la nueva sensación folclórica vallisoletana. “Todos sabemos que la comunidad LGTBI está muy asociada al éxodo a las grandes ciudades, pero quería aportar un ápice de esperanza, mostrar con un poquito de comedia que en los pueblos también viven con naturalidad parejas de chicos o de chicas sin que nadie los juzgue. Y sin que tengan que huir a Madrid de Barcelona, que es muy triste”.

Desde el municipio coruñés de Teo, el propio cantante, bailarín y pandereteiro Martín Mondragón (Mondra, 26 años) toma el testigo mientras ultima la puesta de largo a principios de mayo de ‘De ronda’, su segundo elepé; un trabajo temático sobre “el arte de la seducción” que describe como “personal, íntimo, irreverente y desenfadado”. Martín recuerda que en todos los cancioneros e imaginarios populares han sido “constantes” las referencias a otras identidades sexuales. “Eran coplas cantadas en la intimidad, con un trato marginal. Lo interesante es que ahora nos las hemos reapropiado, les damos un nuevo sentido y les quitamos esa connotación tabú que a menudo tenían en origen”. En su caso, percibe una “relación muy potente” entre el amor por el folclore y la homosexualidad. “Vivir en este mundo con una identidad de género distinta de la heteronorma es un acto de resistencia en sí mismo”, argumenta, “y también lo es el hecho de escoger cantar las coplas de pueblos minoritarios en lenguas minorizadas. Son, en ambos casos, actos de disidencia”.

A Mondra no le ciega ninguna idealización de los entornos rurales, “donde, por cuestiones obvias, aún falta mucho trabajo por hacer”, pero matiza: “Al mismo tiempo creo que es un mundo muy agradecido con las identidades diversas, y la única manera de normalizarlo es habitando el mundo rural desde la diversidad”. Por eso se enorgullece de su creciente influencia como “referente escénico ‘queer’”, puesto que todo artista, agrega, “debe ser consciente de la importancia de transformar la realidad a través de su pequeña plataforma”.

Es el mismo posicionamiento que ha sostenido siempre el ya popularísimo Rodrigo Cuevas (Oviedo, 39 años), un folclorista de mirada panorámica que se autodefine como “moderna de pueblo” y que ha convertido en lugar de peregrinaje la aldeíta de apenas 15 habitantes donde reside, en el ya de por sí aislado concejo asturiano oriental de Piloña. Su salto a la vida campestre, hace ya una década, resultó sonado. “Me presenté uno por uno a los seis vecinos que encontré”, rememora, “plantifiqué una bandera arcoíris a la puerta de mi casa y me puse a trabajar en mi primer disco”.

Nadie torció el morro en Piloña. Y si lo hizo, disimuló muy bien. Al contrario, cada vez que acontece un concierto importante por tierras asturianas, los parroquianos fletan un autobús para asistir desde las primeras filas al espectáculo de su vecino más ilustre. Incluso alguno de ellos ha mantenido conversaciones muy cómplices con el autor de álbumes como ‘Manual de cortejo o Manual de romería’. Sobre todo, aquel señor “de más de setenta años” que le visitó para relatarle que había tenido que “guardar las apariencias” en sus años mozos y casarse con una mujer. “Luego se fue de emigrante a Ámsterdam para vivir su condición sexual de manera natural. Son ejemplos de regresión que ahora no podemos permitirnos de ninguna manera”.

A Rodrigo Cuevas tendemos a verlo como pionero en este folk que ha salido del armario para no volverlo a pisar, pero unos cuantos años antes ya andaba haciendo de las suyas el cantante y bailador Davide Salvado, un pontevedrés de Marín que acuñó el término “agrogay”. A 2015 se remonta su composición Muiñeira Maronda, un inequívoco ritmo tradicional que convirtió en un modernísimo relato sobre el ‘cruising’, el ligoteo anónimo al aire libre. Allí cantaba, en gallego y con intensa sensualidad: “Solo se canta a quien se pierde, y solo se pierde a quien se extraña / dando su cuerpo en el bosque entre hombres que se aman”.

Salvado, folclorista y criador equino, hombre “frívolo y místico a la vez”, desatiende por un momento la caballada para responder al teléfono desde Liulfe (Palas de Rei), la remotísima aldea del interior lucense donde fijó su morada veintitantos años atrás. “La conexión entre folk y otras orientaciones sexuales no es casualidad, sino más bien la consecuencia natural de algo más profundo. Cuando vives conectado con la tierra, con la tradición y con lo auténtico, también te conectas contigo mismo. El folclore, lejos de ser un disfraz, te lleva hacia lo esencial, y desde ese lugar es difícil sostener máscaras. Muchos de los que trabajamos con la música de raíz lo hacemos desde la verdad, y eso incluye mostrarnos tal como somos. La coherencia vital que no admite fingimientos”.

Salvado se enorgullece de la proliferación de artistas del colectivo, porque entre todos construyen una realidad cotidiana que ya no precisa siquiera de discursos militantes. “Cuando las personas LGTBI nos colocamos ahí, sin escondernos, en realidad estamos diciendo que también somos partes de la tradición y herederos de la memoria. Cuando eres parte visible del colectivo, cantar una copla, una alborada o una canción de siega equivale a reescribir el relato desde dentro, sin necesidad de pedir permiso”. ¿Y el machismo?, le interrumpimos. “Claro que existen mentalidades cerradas en el pueblo, pero no más que en otros entornos”, rebate. Y matiza: “De hecho, he sentido muchas veces más prejuicio o incomprensión en ciertos sectores del colectivo LGTBI más intelectualizado o urbano que entre los propios paisanos. Yo hoy me expreso como un aldeano más, con la certeza de que en el campo hay muchas formas de sabiduría, respeto y convivencia que a menudo se subestiman desde fuera”.

La albaceteña Carmen Toledo (Bogarra, 43 años), Karmento a efectos artísticos, es cantante, compositora y folclorista, pero también sexóloga en ejercicio desde 2001. Muy popular a raíz de que en 2023 concurriera al Benidorm Fest con ‘Quiero y duelo’, Toledo ha reflexionado mucho sobre las conexiones entre el arte, la sexualidad y los entornos rurales, y se confiesa “emocionada” con un panorama que, más que solo novedoso, constituye a su juicio una “revolución”. “La cultura siempre ha sido un espacio de expresión de la diversidad”, anota, “pero ahora se ha erigido en referente para que la sociedad aprenda a celebrar la diversidad como un valor positivo y de belleza, no como un castigo que merece ocultación”. Y a su juicio, buena parte del cambio proviene de un factor casi sociológico que comenzó a fraguarse hace no menos de tres décadas. “Con la marcha de las familias a las ciudades y la incorporación de la mujer al trabajo, los matrimonios necesitan más que nunca la red de los abuelos, abuelas, y hasta tíos y tías. El encuentro del nuevo folclore con la raíz proviene de ahí, de los nietos criados muy cerca de sus abuelos y que han aprendido el cuidado, el reconocimiento y el respeto hacia lo que te precede”.

Todo ello es mucho más evidente entre los artistas masculinos, puesto que la esfera lésbica, por la experiencia laboral de Karmento, “se mantiene en un lugar semioculto y semiestable en cuanto a su exposición pública”. Los chicos, en cambio, han logrado canalizar a través del arte “ese momento hermoso de la masculinidad gay en el que cualquiera es libre de expresarse como quiera; también pintándose los ojos, poniéndose flores en el pelo o teniendo pluma, porque cuentan con el respaldo de gente que los quiere y está dispuesta a luchar por ellos”. Y añade: “Es cierto que en los pueblos hay una normativa heredada en cuanto a heterosexualidad, familia nuclear o monogamia permanente, pero también es muy fuerte el sentimiento de pertenencia. Por eso, si Manuel es maricón o a Lucía le gustan las chicas está bien, aunque siga habiendo dificultades en la expresión pública”.

Los ejemplos ya no hacen ahora más que multiplicarse. Con sus apenas 21 años, el zaragozano Juanjo Bona ha colocado su pueblito de Magallón (1.050 habitantes) como epicentro inspiracional y creativo de ‘Recardelino’, un muy reciente debut discográfico en el que aplica las enseñanzas de la jota ―hace un par de años arrasó en el Jotalent de Aragón Televisión— a una canción de autor bisoña y sentimental en la que la elección de pronombres deja siempre claro que los destinatarios de sus amores y desvelos son también masculinos. Su televisivo noviazgo con Martín Urrutia, también concursante en la edición de 2023 de Operación Triunfo, hizo correr ríos de tinta, pero bastante más llamativa es, en realidad, la progresión estilística de un muchacho que se presentó a la tele proclamando su devoción por David Bisbal o Luis Miguel y que “renegaba” de la música tradicional antes de comprender que formaba parte de su “esencia”.

El folk sin miedo al qué dirán ya es, por lo que se ve, una realidad imparable. Y en esa tesitura es imposible no recordar al maestro Eliseo Parra (Sardón de Duero, Valladolid, 75 años), indiscutible pionero peninsular y profesor de canto y percusión de centenares de artistas jóvenes, entre ellos del propio Rodrigo Cuevas. Hace ahora dos años, cuando anunció su retirada de los escenarios, Parra explicó en EL PAÍS que nunca había ocultado a nadie su condición sexual porque tampoco había sufrido ningún rechazo en el entorno cultural ni campestre. “Me fui de casa a los 18 años”, explicó, “y jamás se me repudió por ser como soy. Cuando salía el tema de las novias en alguna conversación, simplemente, yo advertía con toda naturalidad: ¡uy, yo es que soy maricón!”. Algo que, como la música tradicional, existe desde siempre y nos sobrevivirá de por vida.
La rebeldía del rock hizo aguas frente a la causa arcoíris
También el rocanrol y las demás expresiones de la música popular tardaron una barbaridad en asumir la homosexulidad. Más allá del contraejemplo clamoroso de Little Richard, los artistas homosexuales o cómplices de la causa arcoíris debieron conformarse con la insinuación tácita o la connotación para mentes cómplices. Richard protagoniza con todo merecimiento la portada de ‘The secret public. How the LGBTQ+ aesthetic shaped pop culture: 1955–1979’ (ACE Records), reciente y fabuloso doble CD en el que el septuagenario escritor, crítico y presentador televisivo londinense Jon Savage recorre esta historia agridulce y fascinante a lo largo de 41 canciones. Dos horas y media en las que pasamos del recato pudoroso de los pioneros a la gran eclosión ‘queer’ de la música disco, con himnos tan clamorosos como ‘I was born this way’, de Carl Bean.

En el cancionero solo hay hueco para dos canciones rescatadas de los años cincuenta: el adelantadísimo ‘Tutti-frutti’, de Little Richard, y ‘Esquerita and the voola’, de aquel Esquerita que era aún más explícito, manierista y escandaloso que él. A partir de Joe Meek, Billy Fury o Frank D’Rone nos adentramos ya en los sesenta, década de esplendor musical en el que el armarizado público homosexual hubo de conformarse con las insinuaciones. La maravillosa Lesley Gore (‘It’s my party’, ‘You don’t own me’), tardó años en destaparse como lesbiana, mientras que la extraordinaria cantautora Norma Tanega, que vivió un intenso romance con Dusty Springfield nunca despegó del ‘underground’.

Todo sería muy distinto en cuanto las bolas gigantes de espejos comenzaron a girar y por las cabinas de los pinchadiscos desfilaron LaBelle (‘Lady marmalade’), Grace Jones (‘I need a man’), Michele (‘Disco dance’), o Sylvester (‘I need somebody to love tonight’). Pero en realidad, hasta la llegada del efímero y desdichado Jobriath ‘(I’maman’, 1973), un pionero que pagó cara su coraje explícito, no era nada sencillo relatar pasiones amorosas entre dos hombres, y mucho menos aún entre dos mujeres.

viernes, 4 de abril de 2025

#hemeroteca #gais #testimonios | Martin Urrutia, más allá de ‘OT’: “Yo soy otras cosas, muchas cosas”

Martin Urrutia, más allá de ‘OT’: “Yo soy otras cosas, muchas cosas”
Salió de la academia de ‘Operación Triunfo’ como uno de los concursantes más queridos del programa y aun hoy, cuando estrena ‘Mariliendre’, una producción de Los Javis, su trayectoria solo parece haber empezado
Tom C. Avendaño | El País, 2025-04-04
https://elpais.com/eps/personajes/2025-04-04/martin-urrutia-mas-alla-de-ot-yo-soy-otras-cosas-muchas-cosas.html 

Martín Urrutia //
El 30 de marzo de 2024, Martin Urrutia cumplió 19 años. Su familia le organizó una celebración en Bakio, el municipio vizcaíno donde han veraneado toda la vida. Él lo recuerda especialmente porque fue el momento en que por fin le pudo la ansiedad. Lo que veía: una estampa familiar en todos los sentidos, para un hito personal, anual, cotidiano. Lo que pensaba: que en los últimos meses había pasado de ser un alumno más del instituto Ibarrekolanda de Bilbao a ser un personaje extremadamente público por haber entrado en la academia de ‘Operación Triunfo’ (OT) y haber llegado hasta la final. Que tras tres meses de encierro en el programa, había salido hacía unas semanas, bajo todo el chaparrón de la fama, y su vida era algo irreconocible. Que en tres semanas debía estar cantando el primero de los 13 conciertos de la gira de OT por ciudades de toda España que en muchos casos él nunca había pisado. Que también tenía que promocionar el ‘single’ que su discográfica publicaría en un par de días, la primera piedra de su carrera musical. Que debía preparar el papel como actor que le habían asignado en una producción de Atresmedia y Suma Content, la productora de Los Javis, en lo que sería su primer rodaje y su primera experiencia audiovisual. Que todo lo que hacía resonaba en redes como si él tuviera una cartera ministerial y que por tanto todo lo que hacía podría tener ramificaciones impredecibles en su futuro. Que por primera vez en su vida tenía novio estable, Juanjo Bona, otro concursante del programa, a quien su familia estaba, además, conociendo ahora también. Que tenía que irse de casa por primera vez y mudarse a Madrid. Que aún no tenía piso. Que tenía que madrugar, ensayar, probar vestuario, probar cámara, responder, aprovechar, asimilar. Y que tenía que cumplir 19 años.

—Y mi familia ahí, todos superfelices, celebrando el cumpleaños de alguien que es ajeno a mí, porque yo no sé qué estoy haciendo aquí, en este pueblo, en este día que hace malísimo.

La semana pasada, Martin Urrutia cumplió 20 años. El diagnóstico más tacaño que se le podría hacer es que, como mínimo, es alguien que ha sobrevivido a aquella racha. Muy seguramente se puedan decir otras cosas: que es uno de los mayores iconos españoles por debajo de los 25, que es una estrella en ciernes que empieza, con calma, una carrera que puede durar décadas. Su primer álbum está en marcha, aquel aterrador rodaje hoy es ‘Mariliendre’, una serie que estrena atresplayer este 27 de abril y que por ahora ha sido aclamada allá por donde se ha exhibido (el Festival de Málaga, el Séries Mania de Lille, el Crossover Series Festival de San Sebastián) y él finalmente vive por su cuenta en un piso en Madrid. Casi todo lo que tenía por delante sigue ahí, todavía, en el futuro: él todavía es una promesa, un veinteañero. Pero es un veinteañero que ha pasado por todo eso. No hubiera podido cualquiera.

A simple vista esta buena mañana de lluvia, en la Casa de Campo de Madrid, se diría que mantiene el carácter llano que mostraba en OT y que le convirtió en uno de sus concursantes más populares de los últimos años. Esa capacidad de hablar como si fuera, precisamente, cualquiera, de estar igualado con el interlocutor que se le ponga delante. Es un veinteañero que ha pasado por todo y que sigue aferrado a su normalidad.

Si se le pregunta cómo lo ha hecho, responde con cierta reverencia, como si el preguntador no fuera encabezado a una obviedad: “Me he apoyado en mi familia, en mis amigos y en Juanjo”. Pero una respuesta tan obvia que solo puede darla alguien que tenga esa rara combinación de tablas de estrella y una red familiar que le permita ser estrella sin perder la cabeza. Si Martin está en este camino es porque la tiene.

Para conocer a Martin, en fin, hay que conocer su hogar.

Nacido en 2005, se crio en un piso en Las Arenas, uno de los mayores barrios de Getxo, con sus padres y sus dos hermanos pequeños (hermano y hermana). Daba ya el perfil de alguien que acabaría en un escenario. “Era un terremoto. Siempre por ahí cantando, bailando, haciéndole espectáculos a mi familia con mis hermanos. Canciones de Abba de ‘Mamma Mia!’, temas de otras ediciones de OT”. Sentía vocación de actuar y de cantar (en ese orden), una inevitabilidad más bien: “Para mí, nunca ha sido ‘una cosa que me gustaría hacer’ y ya está. Era fundamental. Había muchos comentarios de: ‘Bueno, tienes que tener un plan B’. Yo era muy cabezón: ‘No hay plan B, no existe’. No veía verdaderamente otro camino”.

Se empapó de los clásicos de la época. “Viví mucho la época de Disney Channel: yo me veía ahí bailando, haciendo esos números, algo en mí me decía que iba a acabar en algo de eso”. (Otras obsesiones más recientes: “Timothée Chalamet”, “la filmografía de Luca Guadagnino”, “la fotografía”, “la serie Victorious, ¿la has visto?”). No estaba solo: “Tenía también a mi mejor amiga, Lea, que también ha bailado y cantado siempre. Éramos como Pin y Pon, siempre por ahí, por los pasillos del colegio. Creo que éramos un poco pesados”.

Socialmente, era del bando de los populares. “Pero tampoco el más popular. Mi colegio era: amigas, descubrimiento personal, estar en las nubes, ser un poco soñador”, resume. El salto a la ESO. “No quiero ir de especial, pero verdaderamente a mí salir de fiesta no me motivaba nada. Yo era de quedar en un banco a hablar, hacer esos planes. También soy muy casero, de estar en casa jugando a videojuegos o lo que sea”. Ese rasgo resultaría fundamental dentro de unos años. Alerta que ahora, en Madrid, es más fiestero (si no lo es ahora…).

Dos hitos vitales de entonces. Primero, el despertar sexual: “Hubo un descubrimiento a los 13 años, primero de la ESO. Pues que había tíos en mi colegio que me gustaban, en los que me fijaba”, asiente con la cabeza. “Yo me metía en la cama por las noches y, lo típico, te pones a pensar la gente que te gusta, pues mi mente se iba a los tíos. Me forzaba un poco a mí mismo a decir, a ver, esta chica, tal. Pero al final me decía: Martin, no”. ¿Por miedo? “Claro, en los primeros momentos… Cómo voy a decir esto, cómo se lo va a tomar la gente, va a cambiar la percepción que tienen de mí”. Por si alguien espera el drama tradicional de una salida del armario: “En mi familia jamás fue algo negativo. En el colegio, ese año mucha gente de repente empezó a abrirse con su sexualidad. O sea, que fue increíble”. Lo impensable hace 15 años.

El segundo hito, dos años después, cuando Martin ya tenía 15: “La covid”, baja el mentón. “Pues en casa, en un momento muy de adolescencia. Estaba superrebelde. Antimascarilla, antiencierro, antitodo. Quería salir, no me creía nada. No hacía los deberes virtuales que nos mandaban, nada. Tuve muchas movidas con mi madre”. Y encontró un refugio: OT, edición 2020 (TVE). Según miraba, sentía como cuando veía Disney Channel y sabía que él eso lo podía hacer, como cuando cantaba por casa y sabía que no había plan B. Lo mismo, pero multiplicado. “Me enganché al formato y dije: vale, aquí tengo que estar yo. Lo vi claro. Hasta los 18, estuve pensando, visualizando, diciendo a la gente: cuando yo esté en OT...”. Al poco, Prime Video anunció que había comprado el formato y que habría edición en 2023. “Cuando fue al ‘casting’ en Bilbao [el 12 de julio], me presenté a tiro fijo, como que solo era un primer paso hasta entrar”. Y OT sería el primer paso hasta todo lo demás.

Operación Triunfo 2023 se estrenó el 20 de noviembre. Martin era uno de los protagonistas de la edición en cuestión de semanas. Era ese concursante con tendencia natural a la tierra, a estar en el presente, sin historias ni máscaras. Una estrella aferrada a su normalidad. Su presencia resultaba fácil de descifrar y eso le hacía magnético.

“Enamora cuando lo ves”, resume Noemí Galera, directora de la academia del programa. “En OT los fans votan por afecto. Puedes cantar peor o mejor, pero si logras traspasar pantallas, te apoyan. Y Martin tiene una voz muy propia, pero sobre todo es muy buen tío. Una mezcla de verdad, dulzura. Una mirada limpia”.

Martin es más parco al intentar explicar su éxito: “La versatilidad que mostré, mi personalidad... Digo yo”, se traba.

—No todo el mundo podría entrar en la academia.

—Eso lo oigo mucho, ‘Yo no podría, yo no podría’. Puede ser. O no. Estar en OT es algo muy específico. Una vez entras, el cuerpo se acostumbra al entorno: una casa donde tienes un horario, una rutina. No va más allá de eso. Tú vives tu vida con tus compañeros y estáis todos igual de perdidos. Eso es lo especial de OT y de la gente que entra. Ves las cámaras moverse, te mides un poco, hay cosas que no dices, pero no estás constantemente pensando en eso.

Se empezó a hablar de él como una versión 2023 de Amaia Romero: esa mezcla de talento, ambición y una falta de pretensiones. “Es un honorazo, la verdad”, sonríe. “Será por la manera de fluir, por la calma. Aunque yo de puertas afuera soy tranquilo, pero soy puro nervio. Como todo el mundo, supongo”. Actuaciones memorables: ‘Murder on the Dancefloor’ (la undécima semana), ‘Ya no te hago falta’ (la décima), ‘Golden Hour’ (la final). Se enamoró de Juanjo: “Un programa que nos tiene encerrados; las condiciones vitales de Juanjo; las mías. Conectar, apoyarnos mucho en un entorno muy concreto. Salir apoyándonos aún más. Eso crea una unión que no es una relación normal”.

Cuando le tocó salir, el 11 de febrero, un empleado de la productora Gestmusic le leyó todas las ofertas que le esperaban. “Te comentan lo que pasa contigo, qué ofertas tienes, cuál va a ser tu ruta ese mes, esas semanas”, explica Martin. “Fue muy especial salir de un programa como OT y ver que tenía gente del mundo actoral interesada”.

La noticia inesperada del día: Los Javis querían hacerle un ‘casting’ para su nueva producción.

“Cuando conocimos a Martin en una visita a la academia de ‘Operación Triunfo’, sentimos algo parecido a lo que sentimos con Amaia, una mezcla de inocencia, determinación y talento bastante difíciles de ver en alguien tan joven”, explica Javier Calvo, productor de ‘Mariliendre’. “Martin solo tenía 18 años. Él quería ser actor y así lo había manifestado y le gustaba mucho nuestro trabajo. Supimos que teníamos que hacer algo con él, porque veíamos ahí el talento y veíamos el potencial”.

Aquel 11 de febrero era lunes. “Pues ese mismo jueves, cuatro días después, estaba haciendo su primera prueba”, cuenta Javier Ferreiro, creador y director de Mariliendre. La oferta fue todo un giro de guion, un serio reto en la vorágine de un exconcursante recién salido de OT. Estaba la gira, la presión por el primer álbum. Estaba Juanjo. Estaba la mudanza a Madrid. “[Los participantes de OT] Teníamos una agenda que no sabíamos por dónde cogerla. Eventos, estrenos... Íbamos a todo, los 16, rondando por Madrid, una ciudad en la que yo había estado dos veces en mi vida. No tenía mucho tiempo para pensar en lo que te está pasando, para asimilar. Estás en modo automático”.

Pero también estaba esa sensación de ser pequeño de Las Arenas: no había otra opción. Martin sintió que podía. Aceptó. “Venga va, a rodar, lo que sea”, recuerda haber pensado.

“La primera parte del rodaje recuerdo ir muy disociado, muy perdido, automático”, abunda. “Muy dudoso de mí mismo. No me dejaba fluir”.

“Tenía mil cosas en la cabeza”, rememora Ferreiro. “Recuerdo un día, rodando un exterior de noche, a las cuatro o cinco de la madrugada, en Tribunal. Martin en su posición, esperando a oír el grito de ‘acción’. Veías que se dormía, se dormía de pie. De repente veías que esa era su versión más niño”.

Si Martin aceptó es porque tenía esa fórmula no tan secreta pero sí inusual: talento pero también la familia, las amigas, el novio y la cabeza para acompañarle. “La familia es muy importante con esta gente tan joven que le pasan estas cosas tan ‘heavies’”, alerta Galera. “Te ponen los pies en la tierra. Los amigos pueden hacerlo, sí, pero también pueden decirte solo lo que quieres oír. Si alguien no te pone en tu lugar te vas a la mierda”.

“He tenido muchos factores a favor”, desentraña él. “Había algo en mí yo creo que innato de seguir el camino y perseguirlo. Pero mis padres nunca me han parado los pies, ni me han hecho sentir mal por tener estas ambiciones. Mi entorno de amigas también ha sido siempre muy soñador y artístico”.

A mitad de ‘Mariliendre’, algo cambió. “En una serie humorística con el sello Suma, hay que fluir mucho, darte permiso para improvisar, a veces. Reír. Eso lo fui cogiendo a medida que fue avanzando el rodaje”, cuenta Martin.

Empezó a estar más ubicado. “Le veías relajarse, disfrutar”, cuenta Ferreiro. “Un día, grabando en una discoteca una versión de ‘Cuando tú vas’, de Chenoa [presentadora en su edición de OT], le estaba mirando y decía: ‘Está disfrutando como un niño chico’. Al acabar, me abrazó: ‘Está siendo uno de esos días más felices de mi vida”.

En la serie, Martin interpreta a Jeremías, el mejor amigo de la protagonista un tiempo. “Guaperas, encantador, un poco pijo”, enumera Ferreiero. Además de cantar, el papel le permite mostrar un lado más sexual que en el chaval dulce de OT solo se intuía: “No me da pudor porque es un personaje en una serie con un tono específico”, alerta. “Me gusta verme ahí porque yo también tengo un punto así. Pasional”.

Incluso para las docenas de miles de fans que le han seguido hasta ahora, esta nueva etapa va a resultar reveladora. Martin Urrutia es Martin de OT, pero Martin de OT no es todo lo que es él. “La gente entiende que te ha visto de un contexto en el que sales de un programa de televisión, que tampoco te conocen en la realidad. Tú sabes que no te conocen tanto como la gente cree y eso te da un poco de seguridad. De decir: no estoy tan descubierto. Me han visto en un contexto pero yo soy otras cosas, muchas cosas”.

—¿Aun ve vídeos de aquella época?

—Soy muy de que me entra la nostalgia a saco y puedo estar una hora viendo vídeos. No es muy beneficioso porque me anclo ahí bastante. Luego me acuerdo de que ya no estoy ahí, que estoy en Madrid, haciendo una vida muy diferente y muy posterior, y me amargo un poco. Pero es tan bonito ver los momentos, los recuerdos, las actuaciones.

Y, en el futuro, ¿lo mejor que podría pasar? Calvo cree que ya ha sucedido: “Superó todas nuestras expectativas. Es una persona que se transforma radicalmente cuando canta, baila y actúa. Eso es lo que para nosotros es una estrella”.

¿Y lo peor que podría pasar? Martin, sin pestañear: “Que ‘Mariliendre’ no guste”.

Galera: “Que se lo crea. Que se duerma en los laureles. Dejar de estar en formación constante. En un año ha pasado de salir del instituto a compartir mesa con Pedro Almodóvar [en casa de Los Javis]. Con 18 me pones a mí en una mesa así y yo pierdo el oremos”.

Ese problema quizá ande lejos aún. La mayor tentación del chaval de Las Arenas al que se le acaban de cumplir todos los sueños de golpe es haber descubierto que no hacer nada, lo impensable hace un año, tampoco está mal. “Me estoy permitiendo más descanso”, admite. “A veces lo paso mal: joder, Martin, haz algo. Pero no, no, no, no. Tírate y disfruta. Parece que es un tabú. Pero acabar de comer y estar tres horas tirado…, qué placer”. Todas las historias de éxito, en algún momento, suenan así.

domingo, 14 de abril de 2024

#hemeroteca #gais #testimonios | Juanjo Bona: "No esperaba ese odio, incluso de personas a las que seguía y admiraba"

Juanjo Bona //

Juanjo Bona: "No esperaba ese odio, incluso de personas a las que seguía y admiraba"

El aragonés quedó en cuarto lugar en el 'talent' musical, pero considera que el crecimiento personal (sin contar su amor con Martin) es uno de los mayores premios que se ha llevado.
Inés Álvarez | El Periódico, 2024-04-14
https://www.elperiodico.com/es/tele/20240414/entrevista-juanjo-bona-ot-2023-odio-amor-martin-urrutia-101039636 

Entró en ‘OT 2023’ exhibiendo una calidad vocal y un ‘aragonismo’ fuera de lo común y salió del concurso, además de con un cuarto puesto, más expresivo al cantar, con su amor por Aragón reforzado tras el encierro y siendo un referente del colectivo LGTBIQ+ por el solo hecho de permitirse vivir con toda la naturalidad del mundo el amor que nació entre Martin y él en la Academia. Acaba de sacar su primer single, ‘Lo que no ves de mí’, en el que aprovecha para explicar todos esos sentimientos que aún está gestionando. Son muchas cosas buenas las que le han pasado en tan poco tiempo a Juanjo Bona, y con solo 20 años. Y muchos los premios que se lleva de la experiencia más allá de ese cuarto puesto.

Nada más salir del ‘talent’ recibía con Naiara, la otra maña de la edición, el Premio Itinerante de Difusión de Aragón, por mostrar lo orgullosos que se sienten de su tierra, y juntos hicieron un pase de honor en la Romareda. Y serán pregoneros en el Pilar. Además, ha sido jurado invitado del concurso ‘Jotalent’ (fue el ganador de la primera edición). “Desde pequeño he llevado mi pueblo, mis tradiciones y la jota por bandera. Pero con ‘OT’, al estar en otro nivel, se ha hecho como aún más eco. Estoy muy contento de haber podido acercar nuestra cultura a todo el mundo”, dice con orgullo maño. “Ojalá seguir creciendo y poder ir llevando lo mío allí por donde vaya”, insiste.

Y ese apego a las raíces le sirve también para mantener los pies en la tierra, algo que parece difícil con todo lo que está viviendo en poco tiempo: “Es importante juntarte con tu gente. Y estar muy concentrado y atento a todo lo que pasa. En esas dos primeras semanas ha sido de ponerme al día para entenderlo todo rápidamente. Y tenerlo todo muy atado. Quiero llevar las riendas de mi carrera”, dice, mostrando al Juanjo que conocimos al entrar, al que le costó adaptarse al caos que suponía vivir en la Academia con 16 desconocidos.

Empezando a valorarse
Y si ese fue el primer rasgo de personalidad que desveló, como cantante mostró una voz que le permitía una perfecta ejecución de las canciones que hizo que nunca le nominaran. Por lo que todo el mundo le veía en el top 3. Sorprendió ese cuarto lugar. “Durante todo el concurso me he puesto muchas piedras en el camino, siempre me he hecho de menos y ahora es cuando estoy empezando a valorarme. También en mi vida. Por lo que no me veía en el top 3”, asegura. “Pero me sentí ganador cuando Noemí Galera me dijo unas palabras muy bonitas: ‘Tú en el momento que has crecido tanto personalmente ya has ganado”. No necesito más. Aunque estoy contento de que me vieran en un puesto más alto”, confiesa.

En el concurso aprendió a soltarse, a ganar en presencia escénica y a expresar en las canciones. “Todo eso nace de creértelo, de la actitud. Me he dado cuenta de que lo más importante, más allá de ser hiperprofesional o aprender una coreografía perfectamente, es creértelo. Porque lo que me paralizaba son las vergüenzas y los miedos que traía. Me han enseñado a quitarme todo eso, aunque aún queda”, reconoce.

A eso también le ha ayudado su historia de amor con Martin. “Todos éramos conscientes de que nos están grabando, pero no de qué se dice ni qué se está viendo. Y sí, costó un poco. Pero no lo cambiaría. Creo que ha sido un camino muy bonito, muy real y lo dejaría tal y como está”, sostiene, mientras relata que era imposible esconderse. “Al final todo sale y todo salió. Es bonito que cada día nos fuéramos permitiendo ser libres a pesar de las cámaras”, rememora. 

El orgullo de ser referente
Por eso le sorprende que haya gente que le pregunte si realmente lo habían hecho por interés. Y le duele aún más que una parte del ‘hate’ venga del propio colectivo. “No me esperaba ver ese odio, incluso de personas a las que seguía y admiraba. Pero es una minoría a la que no le debemos dar importancia. Me quedo con todo el amor que ha venido de colectivo y de todo el mundo”. Por eso lo de ser referente lo lleva con orgullo. “Estoy supercontento de haber llegado a la gente en cualquier ámbito. Es uno de los premios que me llevo de ‘OT’. Mi madre esté emocionada porque que le llegan mensajes al móvil cada día de madres, de profesores, a los que hemos podido ayudar. Con eso ya me voy feliz”, asegura.

Con tal viaje introspectivo no es de extrañar que su primer 'single', ‘Lo que no ves de mí’, sea casi como un monólogo musicado. “Fui cogiendo frases de la libreta que tenía apuntadas en la Academia y otras las escribí fuera, con más intimidad. Porque allí componer era complicado. Y muchas cosas las metí tal cual, como lo de “zagal”. Estoy muy contento con la letra. Eso es el final del proceso de todo lo que hice en la Academia y el principio de todo lo que voy a hacer en mi vida”, cuenta.

Por eso la melodía casi queda en segundo plano. “Es más fácil el tema musical que abrirte, contar una historia y mostrarte desnudo”, advierte. Justo lo que le pedían en ‘OT’: “Yo sacaba todo procesado y miraba pero sin mirar y cantaba las letras sin decirlo. Me insistieron bastante con la interpretación y a veces era frustrante. Pero me vino bien que me dieran caña, porque al final conseguí abrirme. Aunque aún no lo he conseguido del todo”, admite. En cuanto al estilo por el que discurrirá su carrera no quiere definirse: “Si la canción la haces tú y sale de ti, eso ya va a tener tu identidad y ya da igual el estilo, porque ya va a ser tuyo”, sostiene. 

Mostrarse en las redes
Eso es lo que apreciarán sus muchos fans, que, por cierto, no paran de pedirle que se asome más por las redes. “Es normal, porque la gente llevaba 24 horas al día viéndonos y, de repente, como no te vean una foto al día... Hasta te sientes hasta mal. Me siento como con la obligación de, a la gente que nos quiere, enseñarles todas las cosas que hacemos, aunque a veces no pueda por tiempo. Pero sí me gustaría a lo largo de mi carrera mostrarles mi vida, a nivel redes o vital. Que no todo sea música”, avanza.

En el horizonte más cercano está la gira de conciertos de ‘OT’. Y otro hito: la participación en el himno español de los JJOO de París con cinco de sus compañeros. “Otra suerte. Es que en cuatro días recibí las noticias más grandes que me podían dar en mi vida: ser pregonero con Naiara, el ‘single’, lo de París... La cabeza ni procesa. Dentro de un tiempo nos daremos cuenta de la importancia de este evento. Estoy superfeliz de la canción que nos ha quedado. Y será muy guay reencontrarnos los seis finalistas. Y los 16 en la gira”, dice ilusionado. De Magallón al mundo. Y, aunque parezca el título de una película, es muy real lo que está viviendo.

lunes, 29 de enero de 2024

#hemeroteca #gais | Por qué la historia de amor de Juanjo y Martin en 'Operación Triunfo 2023' se ha convertido en nuestro 'Heartstopper'

Juanjo y Martin en una gala de OT //

Por qué la historia de amor de Juanjo y Martin en 'Operación Triunfo 2023' se ha convertido en nuestro 'Heartstopper'

Ambos concursantes han iniciado una relación dentro de la famosa academia de canto, generando todo un movimiento de fans en las redes sociales. Analizamos las claves del fenómeno
Álvaro Rey | Vanitatis, 2024-01-29
https://www.vanitatis.elconfidencial.com/famosos/2024-01-29/historia-de-amor-de-juanjo-y-martin-operacion-triunfo-2023-detalles-nuestro-heartstopper_3820141/

Juanjo, 20 años, natural de Magallón (Zaragoza), estudiante de Ingeniería Naval, apasionado de la jota, de carácter fuerte, divertido, amante de las celebrities y la cultura pop y trash reciente. Además, perteneciente a una familia concebida como “más tradicional”, que surte con su tienda de electrodomésticos, desde hace décadas, a toda la comarca. Martin, 18, nacido en Getxo (Bilbao), formado en Artes Escénicas, innovador, experimental, soñador, fan acérrimo de Harry Potter y los animales. A priori, dos mundos completamente opuestos, pero que, en un punto, han chocado de manera casual; también inesperada. Lo lógico frente a lo ilógico. Lo racional frente a lo irracional. Dicho relato parece marcar el inicio de una de las estereotípicas películas románticas, ¿no?

Pues afortunada o desgraciadamente, en ocasiones, la realidad supera la ficción. Tales descripciones no hacen más que definir a los dos grandes protagonistas de la historia de amor del momento e incluso de la temporada. Con la academia más popular de la televisión como escenario, sin querer queriendo, ambos jóvenes se han enamorado delante de las cámaras, llegándolas a traspasar y arrebatando, a su vez, los corazones de toda España. Un fenómeno habitual, vinculado a la marca 'Operación Triunfo', pero que este 2023 cuenta con un matiz diferenciador.

Todas y cada una de las ediciones de 'OT', esa famosa magnificación de los sentimientos dentro de los realities televisivos ha llevado a dos de sus participantes a formar una pareja que se ha transformado en la absoluta protagonista del concurso. David Bisbal y Chenoa, Hugo y Nika, Alfred García y Amaia Romero... Las antes definidas carpetas, ahora ‘shippeos’, nunca se olvidan. No solo por su pasión, también por sus inesperadas, sonadas y traumáticas rupturas que provocan una especie de duelo nacional. Sin embargo, la de Martin y Juanjo menos todavía, ya que se trata de la primera relación homosexual nacida en el centro de formación del Parc Audiovisual de Catalunya, ubicado en Terrassa (Barcelona).

Un hecho que, a día de hoy, a pesar de ser considerado absolutamente natural por el grueso de la población española, marca un hito dentro de la historia del colectivo LGTBIQ+ a nivel nacional. ¿El motivo? Nunca antes habíamos presenciado el desarrollo libre de un amor gay dentro de un reality nacional. ¡Aleluya! 2024. Ya iba siendo hora. Aunque es cierto que encontramos un precedente en la relación de Han y Aritz en ‘GH 16’, uno de los concursantes nunca llegó a normalizar la pareja ni ante las cámaras, ni dentro de la casa. Los cantantes sí han ido un paso más allá.

En este punto, se me hace fundamental recordar la importancia de los referentes dentro del desarrollo de la sociedad. De lo que no se habla, no existe. Y lo que no existe se margina, porque no se enmarca en las reglas de la normalidad y lo común. Un claro ejemplo visto con ‘Veneno’. Todos construimos nuestra identidad y nuestros propósitos en base a lo que observamos. Solo así podemos trazar nuestro camino a seguir. Aquí reside el impacto del fenómeno de esta historia de amor, a la par que su importancia.

"Si alguien, algún niño, niña o persona me está mirando y tiene miedo, siente que está perdido, que sepa que le van a querer, que va a encontrar su sitio y que va a cumplir su sueño. Yo y él vamos a escribirte historias para que tú te sientas inspirado", afirmaba Javier Calvo al ser galardonado en los Premios Feroz 2018. Precisamente, esa es la magia de Martin y Juanjo. Su diferencial relato vital podría estar marcando el del resto de los espectadores -cruzo los dedos por ello-. ¿Quién puede tener miedo o avergonzarse por ser quien es si se ve reflejado en una persona exitosa y admirada ante los ojos de los demás?

Además, para seguir sumando elementos atractivos a esta relación, también contó en sus inicios con ese toque melodramático, ideal para la construcción de un blockbuster recurrente en la sobremesa televisiva de los fines de semana. Explotando el éxito de la pareja y siguiendo, una vez más, la estela de la fórmula de ‘Escondidos’ o ‘City of Stars’, 'Operación Triunfo' decidió que ambos interpretaran a dúo ‘God Only Knows’ de The Beach Boys, una canción de fuerte mensaje romántico con la que se definía lo vivido y sentido por los dos. Sin embargo, al no haber hablado en ninguna ocasión con su familia y amigos sobre su orientación sexual, Juanjo no se mostró cómodo en un inicio con la decisión. El dilema despertó la empatía del público y le hizo héroe de una causa que hasta entonces ni abanderaba.

Lejos de reprochar esta actitud, el vasco no hizo más que reforzar y apoyar al que es su pareja dejando, en una íntima conversación con Abril Zamora, una de las frases más memorables de la edición: “Me encantaría poder ir fuera con él al cine”. Este gesto provocó una liberación absoluta en su compañero. Por otro lado, las dudas acabaron en final feliz, también a nivel familiar. “Ole por ti, hijo, te quiero tal y como seas, solo quiero que seas feliz”, escribía la madre del de Zaragoza en redes sociales.

Así, fuera de la ficción, Martin y Juanjo han traído a España la flor en el desierto del colectivo LGTBIQ+, es decir, el fenómeno ‘Heartstopper’ e incluso ‘Young Royals’. Dos series recientes, centradas en tramos de edad de la comunidad absolutamente ignorados por el audiovisual como el primer amor adolescente, que han supuesto una absoluta revolución y cambio a nivel internacional. Sin duda, los cantantes son ahora nuestros Nick Nelson y Charlie Spring, pero, aún mejor, existen en la vida real.

Tras meses de emisión, la intensidad del fenómeno está generando desgaste en sus seguidores y a algunos ya les cansa este amor, pero ¿a quién, a días y a ratos, no le cansa el amor? Pregúntenselo a los matrimonios de décadas, quizás también a las parejas más recientes. Sea como fuere, esta pareja ya forma parte de la historia reciente de la televisión de nuestro país.