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domingo, 17 de marzo de 2019

#hemeroteca #derechoshumanos #poblacionromani | La ONU niega ayudas a los gitanos que mantuvo a sabiendas en campos contaminados

Imagen: Ideal / Éxodo gitano en Kosovo
La ONU niega ayudas a los gitanos que mantuvo a sabiendas en campos contaminados.
Las chozas estaban a 200 metros de los montículos de desechos industriales de las viejas minas.
Antonio Corbillón | Ideal, 2019-03-17
https://www.ideal.es/sociedad/malos-humos-20190317172241-ntvo.html

"Podíamos ver el polvo de Trepca soplando en el campamento. Sabíamos lo contaminado que estaba, pero no teníamos a donde ir". En casa de Naser y su esposa, Jollca, la guerra de los Balcanes no ha terminado del todo. Esta pareja de gitanos kosovares lucha por sacar adelante a sus dos hijos, Brendi (11 años) y Hasan (5), cuya sangre está llena de plomo. Las fiebres, convulsiones, calambres estomacales y dolores por todo el cuerpo son una rutina para la familia.

Brendi nació en uno de los cuatro asentamientos de refugiados que la ONU improvisó en los aledaños de Trepca, el mayor complejo industrial de la antigua Yugoslavia. Hasan vino al mundo en 2014, al año siguiente de que se cerraran los campos. Sus padres le transmitieron por vía genética una parte de la carga de veneno sobre la que sobrevivieron durante los quince años (1999-2013) que permanecieron abiertos los centros.

Como ellos, 8.000 romaníes, ashkalíes y egipcios fueron desplazados de sus casas en el distrito gitano de Mitrovica, al norte de Kosovo, cuando el estallido bélico entre albanokosovares y serbios invadió sus calles. Más de 600 -la mitad, niños menores de 14 años- acabaron en los barracones que Naciones Unidas instaló en la vieja planta industrial, orgullo del desarrollismo comunista anterior. Les llamaron 'los niños del plomo'.

El miércoles, el relator especial sobre Tóxicos de la ONU, Baskut Tuncak, sacó los colores al organismo internacional al reclamarle que pague de una vez una indemnización a estas familias. Tuncak se muestra comprometido con la desgracia de quienes fueron instalados allí a sabiendas de la elevada contaminación de sus suelos. Los expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) detectaron en julio de 1999 niveles de plomo doscientas veces superiores a los límites admitidos. La ONU obvió estos datos porque los barracones estaban previstos para unos meses, pero se prolongaron tres lustros. Ni siquiera se levantaron a partir de 2008, cuando Kosovo declaró su independencia.

Vivir sobre veneno
Las chozas, tiendas de campaña y barracas de Cesmin Lug, Kablare, Osterode y Zitkovac estaban a 200 metros de los montículos de desechos industriales de las viejas minas. Con los informes contaminantes se tomaron medidas para prevenir la exposición al plomo de los soldados que mantenían la paz a partir del año 2000. Pero nadie se ocupó de los residentes.

En 2016, y ya sin campamentos, el Panel de Derechos Humanos de la propia ONU sentenció que era responsable y debía compensar de alguna forma a este colectivo. Los informes médicos admiten que el envenenamiento por plomo, que actúa mucho más rápido en edades tempranas, «ha contribuido a la muerte de varios niños y adultos». Enfermedades renales, discapacidades físicas y mentales y pérdida de memoria son algunos de los síntomas que sufren estas personas, hoy diseminadas por el norte de Kosovo.

«En los más de diez años que los romaníes permanecieron en los sitios envenenados se perdió una generación completa de niños», argumentó la abogada estadounidense Dianne Post, que presentó la reclamación que firmaron 138 víctimas. La OMS sentenció que «los efectos neurológicos y conductuales del plomo son irreversibles». Además, en noviembre de 2018, el Parlamento Europeo aprobó una resolución que reclama «entregar rápidamente el apoyo necesario a las víctimas».

Ninguna de estas evidencias ha ablandado al organismo que preside hoy el portugués Antonio Guterres. En mayo de 2018, se limitó a expresar su «profundo pesar por el sufrimiento». Y anunció la creación de un fondo fiduciario para promover proyectos en la comunidad romaní. Un fondo de libre aportación. Nadie ha puesto un euro todavía.

Muchas familias afectadas malviven en paz recogiendo chatarra en los vertederos kosovares. Tras reunirse con ellos, Baskut Tuncak plasma en su informe que «las circunstancias exigen una compensación y una disculpa pública». También advierte a sus jefes en la sede central en Nueva York de que «debería ser un tema de integridad para la organización».

martes, 10 de octubre de 2017

#hemeroteca #lgtbi #orgullo | Kosovo celebra su primera marcha del Orgullo Gay

Imagen: El País / Primer Orgullo LGTBI en Pristina, Kosovo, 2017-10-10
Kosovo celebra su primera marcha del Orgullo Gay.
A la manifestación han acudido unas 300 personas, después de que los medios locales recibieran mensajes amenazando a los organizadores y participantes.
Agencias | El País, 2017-10-10
https://elpais.com/internacional/2017/10/10/actualidad/1507651757_202009.html

La capital de Kosovo, Pristina, ha celebrado este martes la primera marcha del Orgullo Gay en la historia del país —que declaró la independencia de Serbia en 2008—, entre grandes medidas de seguridad aunque sin incidentes. En torno a unas 300 personas han desfilado por la calle principal de la capital con música y pancartas que sostenían el lema “En nombre del amor” y bajo la mirada de algunos curiosos. La noche antes, varios medios locales habían recibido amenazas anónimas por email contra los organizadores y participantes. “En nombre de la moralidad, matad a aquellos que son inmorales”, decía el mensaje.

En la marcha, organizada por varias organizaciones defensoras de los derechos de la comunidad LGTBI, ha hecho una breve aparición el presidente kosovar, Hashim Thaçi, junto con algunos ministros y representantes de partidos políticos, mientras que el primer ministro, Ramush Haradinaj, no ha estado presente. “No permitamos amenazas a nadie en Kosovo”, ha declarado el presidente del país, de 1,8 millones de habitantes y donde casi la mitad de la población tiene menos de 18 años.

“Estamos aquí para mandar un mensaje de amor, incluso a aquellos que se oponen a nosotros, porque creemos en la diversidad y mantenemos el amor también hacia quienes nos odian”, ha declarado uno de los organizadores, Lendi Mustafa, de 21 años. La homofobia sigue estando muy presente en este país conservador y de mayoría musulmana. Prueba de ello han sido las amenazas recibidas el día previo a la marcha y la oleada de comentarios homófobos que han inundado las redes sociales durante la manifestación.

Según Agim Margilaj, otro de los organizadores, en Kosovo “el 80% de la comunidad LGTBI ha sufrido violencia física, presiones o chantaje” por su condición sexual. “La mayoría —ha añadido— se ve obligada a llevar una doble vida”. Los organizadores han denunciado que, según varios informes, Kosovo es uno de los países más homófobos de los balcanes y han pedido a las autoridades que hagan cumplir las “obligaciones legales” para poder sentirse “realmente protegidos”. En 2004, el Parlamento aprobó una ley que prohíbe la discriminación hacia la comunidad LGBTI.

martes, 7 de febrero de 2017

#hemeroteca #testimonios | De refugiado a estrella en el Liverpool

Imagen: El País / Dejan Lovren
De refugiado a estrella en el Liverpool.
Lovren, central croata del club inglés, relata en un documental su infancia marcada por la guerra de los Balcanes y la huida con su familia a Alemania.
El País, 2017-02-07
http://deportes.elpais.com/deportes/2017/02/07/actualidad/1486492610_123909.html

Su imagen, como la de casi todos los futbolistas profesionales, se asocia al éxito y al dinero. Pero en la historia personal de Dejan Lovren se encuentra también la marca trágica que dejó en su infancia de la Guerra de los Balcanes. El central del Liverpool e internacional con Croacia vivía en un pequeño pueblo de Bosnia-Herzegovina cuando estalló el conflicto. Y tras una noche en la que “simplemente cambió todo”, se subió a un coche con su madre y unos tíos para iniciar una nueva vida en Alemania. “Nos fuimos prácticamente con lo puesto. No teníamos bolsas. Nada”, aseguró en una entrevista reciente el jugador. Su relato completo se cuenta en ‘Lovren: mi vida como refugiado’, un documental que estrenará mañana el canal de televisión del Liverpool FC y del que ya ha ofrecido un avance que deja alguna lección para el presente: “Cuando veo lo que está pasando hoy, me acuerdo de mi historia”.

lunes, 29 de febrero de 2016

#hemeroteca #poblacionrefugiada | Los migrantes buscan romper el bloqueo de la frontera de Macedonia

Imagen: El País
Los migrantes buscan romper el bloqueo de la frontera de Macedonia.
Un grupo de refugiados logra rasgar la valla y penetrar en el país.
El País, 2016-02-29
http://internacional.elpais.com/internacional/2016/02/29/actualidad/1456743359_978373.html

La situación en la frontera entre Grecia y Macedonia continua empeorando. Un grupo de inmigrantes ha intentado esta mañana superar a la fuerza el bloqueo en la frontera y ha logrado romper una sección de la valla que separa Grecia de Macedonia con el uso de un poste de acero, lo que ha provocado un enfrentamiento con las fuerzas policiales. Se desconoce hasta el momento cuántos inmigrantes han logrado entrar. Mientras, las organizaciones humanitarias trabajan a contrarreloj para ampliar las capacidades de acogida en puerto del Pireo, a donde esta mañana llegaron dos millares de refugiados procedentes de las islas del mar Egeo.

La policía macedonia ha respondido al intento de entrada de los manifestantes lanzando gases lacrimógenos y bombas aturdidoras para dispersar a la multitud, ha informado el Ministerio del Interior de Macedonia. "El incidente ocurrió esta mañana en la frontera cerca de la ciudad macedonia de Gevgelija. Los migrantes siguen bloqueando las vías de ferrocarril entre Grecia y Macedonia", han señalado fuentes del Ministerio del Interior.

La organización Médicos sin Fronteras (MSF) informó a través de su cuenta de Twitter que atendió a 15 pacientes por problemas respiratorios, nueve de ellos niños, y a siete, tres de ellos menores, por heridas debido a la rotura de la valla.

Unas 7.000 personas esperan, algunos desde hace varias semanas, en el puesto fronterizo de Idomeni a poder cruzar hacia la Antigua República Yugoslava de Macedonia (ARYM), que tan solo permite el paso varias horas al día. Anoche, las autoridades fronterizas macedonias abrieron este cruce siete horas, durante las que permitieron el paso a 300 sirios e iraquíes.

El campamento de refugiados habilitado en Idomeni —un pueblo de unos 150 habitantes— está saturado, el lugar sólo tiene plaza para acoger a unas 1.500 personas, lo que complica la situación; y más con el frío clima. Mientras tanto, se han habilitado ya dos campamentos provisionales en las cercanías de esa localidad, en sendos aeropuertos militares, donde la agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) ha instalado tiendas de campaña, y donde han sido trasladadas ya un millar de personas.

Mientras tanto, en el puerto del Pireo en Atenas, varios centenares de refugiados se han instalado en las cuatro salas de espera habilitadas como centro de acogida provisional. Esta mañana llegaron en un transbordador algo más de 1.800 procedentes de Lesbos y Quíos, las islas que más llegadas reciben, y se espera que a lo largo de la mañana lo hagan otras 200 desde Leros. En un esfuerzo por mejorar la situación en estas salas, las autoridades han asignado personal y equipos de limpieza adicionales.

El ministro de Migración, Yannis Muzalas, ha solicitado a la Unión Europea 450 millones de euros de ayuda para sufragar los gastos adicionales de infraestructuras, personal y material. En declaraciones a la cadena de televisión privada Mega, Muzalas ha explicado que en las próximas semanas la cifra de migrantes y refugiados puede llegar a alcanzar los 70.000, por lo que es necesario crear nuevos centros de acogida temporal en todo el país.

El ministro ha precisado que se abrirán cuatro nuevos campamentos de emergencia, dos en el norte del país y dos en la región capitalina de Ática.

DOCUMENTACIÓN
Bruselas prepara un plan de ayuda urgente para los migrantes bloqueados.

La policía macedonia emplea gases lacrimógenos contra refugiados.
Lucía Abellán | El País, 2016-02-29
http://internacional.elpais.com/internacional/2016/02/29/actualidad/1456767193_311400.html
Unos 6.000 refugiados esperan bloqueados en la frontera de Grecia con Macedonia.
Los refugiados han protestado pacíficamente durante todo el fin de semana por el bloqueo de las fronteras por parte de Macedonia. Las organizaciones humanitarias piden el paso para los solicitantes de asilo: muchos, entre ellos niños, llevan aguantando al raso hasta una semana. El Gobierno griego calcula que, si perduran los bloqueos en la ruta de los balcanes, en marzo puede haber 70.000 refugiados en el país respecto a los 22.000 actuales.
EFE / El Diario, 2016-02-28
http://www.eldiario.es/desalambre/Grecia-contrarreloj-acogida-refugiados-atrapados_0_489251273.html
Los países de la ruta balcánica solo dejarán pasar a 580 migrantes diarios.
Las nuevas restricciones afectan a todo el recorrido de los refugiados hasta Alemania.
Lucía Abellán | El País, 2016-02-26
http://internacional.elpais.com/internacional/2016/02/26/actualidad/1456509543_033319.html

lunes, 16 de noviembre de 2015

#hemeroteca #violenciamachista | Rada Boric: "Las mujeres vivimos permanentemente en una guerra"

Rada Boric: "Las mujeres vivimos permanentemente en una guerra".
La activista y feminista croata, que trabajó con refugiadas en la guerra de Bosnia, advierte de que sabe muy poco sobre las mujeres que huyen ahora hacia el norte de Europa y que, denuncia, viven "violencia sexual pre-guerra, durante el conflicto y después de la guerra".
Jennifer Tejada | Público, 2015-11-16
http://www.publico.es/sociedad/rada-boric-mujeres-vivimos-permanentemente.html

La activista Rada Boric cree que las mujeres "viven en guerra todos los días". Es más, asegura que no hay mucha diferencia entre estar o no estar en la guerra, o entre ser o no ser una refugiada porque, según la ONU, una de cada cuatro mujeres sufrirá algún tipo de violencia de género a lo largo de su vida. Lo dice con conocimiento de causa porque lleva más de 20 años trabajando en la lucha por los derechos de las mujeres.

Profesora y escritora, fue vicepresidenta del Lobby Europeo de Mujeres hasta octubre de 2014 e integrante del Comité Directivo de la Iniciativa de las Mujeres Premio Nobel, ha participado este mes en el ciclo "Mujeres contra de la impunidad" en la Casa Encendida de Madrid con una conferencia bajo el título: "Los Balcanes, 20 años después: de Srbrenica a las refugiadas y refugiados de Siria" en la que ha analizado el hecho de que la península balcánica se haya convertido en la principal puerta de entrada a Europa para las personas refugiadas de Siria y de otros países en conflicto. Entre sus éxitos, destaca su trabajo en el Centro de Mujeres Víctimas de la Guerra en Zagreb en los años 90 y la elaboración del primer diccionario finlandés–croata que contempla el género femenino.

¿Cuándo decidió involucrarse en la defensa de derechos de las mujeres?

Creo que fui feminista mucho antes de ser profesora. En los años 80 me dieron una beca para dar clases en Indiana (Estados Unidos) y me sorprendió algo que descubrí haciendo una investigación sobre mujeres en la educación. El decano de la universidad afirmó que las mujeres, por nuestras habilidades vocales (es decir, que no podemos levantar la voz tanto como los hombres y que no somos lo suficientemente autoritarias), no podemos enseñar a una clase con un público grande, y que sólo podíamos dar clases a grupos pequeños. ¡Esto me revolvió el estómago! Me enfadó mucho porque yo soy muy vocal, se me oye muy bien cuando hablo. Yo era socialista y venía de Yugoslavia, donde las mujeres y los hombres eran iguales. Saber que existía injusticia hasta en la educación, habiendo igualdad en la educación europea entre hombres y mujeres, fue lo que me convirtió en feminista.

En 1991, simplemente, tuve que volver a casa porque la guerra había empezado y miles de mujeres, niños y ancianos de Bosnia y Herzegovina necesitaban ayuda. Entonces empecé a trabajar con mujeres en campos de refugiados y fundamos el Centro de Mujeres Víctimas de la Guerra en Zagreb. Creo que si no lo hubiese hecho no me hubiese mantenido “mentalmente sana”. En los 90 predominaba el discurso del odio hacia los otros, al igual que hoy, estábamos “nosotros” y “ellos”. Yo veía llegar mujeres que venían de Bosnia, mujeres sin más. Para mí no eran serbias, musulmanas o croatas. Eran mujeres que necesitaban apoyo y así es como comencé.

En 2010, la revista 'Forbes' la nombró una de las feministas más poderosas del mundo. ¿Qué influencia real cree que tiene en la sociedad?

Sobre Forbes tengo que decir que, como feminista, me disgustan estas top list, no creo que sea ni la séptima ni la mujer número 77.777 que tiene influencia en el mundo. Las mujeres deberíamos estar en contra de esta forma de jerarquía en la que hay algunas que van en primer lugar, segundo o tercero. Creo que somos más defensoras de una jerarquía horizontal. Y en cuanto a ser influyente, creo que en mi sociedad sí lo soy. Diría que soy una creadora de opinión porque los periodistas me piden que hable sobre justicia y también llevo el centro para estudios sobre la mujer. Intento corregir el lenguaje que usan nuestros medios de comunicación también. En el día a día sí influyo, pero no diría que son una persona influyente a nivel mundial.

Además, acabé el diccionario finlandés-croata y recibí de la presidenta finlandesa una medalla de honor que se llama Caballero finlandés de la Rosa Blanca. Normalmente va dirigido a los caballeros por lo que fue muy bonito ver ese cambio, que fuese una mujer, Tarja Halonen, la expresidenta finlandesa que estuviese dando un premio (conocido por su titularidad masculina) a una mujer. Creo que son cambios muy pequeños que sí demuestran lo que las mujeres pueden conseguir.

Ha sido profesora, activista, escritora, vicepresidenta del Lobby Europeo de Mujeres hasta octubre de 2014 e integrante del Comité Directivo de la Iniciativa de las Mujeres Premio Nobel. ¿De qué éxito profesional o personal está más orgullosa?

Mi mayor éxito ha sido acabar el diccionario finlandés–croata, que incluye el género femenino. El finlandés es muy difícil. No tiene género, no tienen ni siquiera un pronombre como “él” o “ella” como tenemos en la mayoría de los idiomas. Pero en el croata, sí. De modo que traducir cada palabra finlandesa me llevó el doble de tiempo, y es más, tuve que inventarme algunas palabras para incluir el género femenino. Sólo el hecho de reescribir 40.000 palabras de un idioma a otro es mucho. Además, también fue un éxito personal porque me demostré a mí misma que podía hacerlo, aunque me llevase seis años acabarlo.

En el Centro de Mujeres Víctimas de la Guerra en Zagreb, fundada en 1992, ¿cómo era su trabajo con las refugiadas?

Cuando empezamos, evidentemente, no las dividíamos por su etnia o por su nivel socioeconómico o por su sexualidad. Para nosotros, eran mujeres. Sabíamos exactamente que cuando habían sido violadas era por el simple hecho de ser mujeres, no por ser de un sitio u otro. No preguntábamos a las mujeres de dónde venían, estábamos ahí para ayudarlas. Ahora tenemos la misma situación con la crisis migratoria en Europa. Hasta nuestro propio presidente está diciendo que “no todos los refugiados son sirios, ya que algunos son de Irak o Afganistán”, y yo me pregunto: ¿Qué pasa, que hay un ambiente maravilloso y pacífico allí? Están juzgando vidas humanas. Nuestro enfoque (en Zagreb) era confiar en las mujeres y escucharlas, apoyarlas y, paralelamente, intentar trabajar como ‘lobby’ para defender sus derechos y cambiar la situación. Trabajábamos con mujeres en grupos pequeños, de 15 mujeres y dos profesionales. Yo no tenía un título profesional, hice un curso intensivo de tres meses para darme suficiente formación para poder reconocer un caso de violencia de género, pero luego yo remitía los casos a verdaderos profesionales. Mi tarea era la de luchar para que se cambiasen las leyes.

La ACNUR informó recientemente de que ha recibido repetidas denuncias de abusos sexuales a niños y mujeres refugiados durante su travesía hacia los países del norte de Europa por parte de los traficantes de personas. Desde su experiencia, ¿cómo se puede ayudar a estas víctimas?


Mi preocupación es que conocemos muy poco sobre las mujeres que están haciendo este camino y lo que está pasando en este viaje. Existen diferentes tipos de violencia sexual cuando hay un conflicto. Está la violencia sexual pre-guerra, que consiste en violar a dos o tres de un pueblo para que los residentes tengan miedo y los rumores se extiendan. Hay violaciones durante el conflicto, inmediatamente después de la guerra, las hay en los campos de refugiados… La violación va de la mano de la guerra. Yo diría que las mujeres vivimos permanentemente en una guerra. No hay una gran diferencia para nosotras entre estar o no estar en una guerra o entre ser una refugiada o no serlo. Mientras hablamos ahora mismo, una mujer en España estará siendo violada. Es horrible admitirlo, pero gracias a la guerra de Bosnia tenemos los casos que se juzgaron en el Tribunal de la Haya, donde por primera vez se consiguió que se considerase la violación en la guerra como un crimen contra la humanidad. Por otro lado, si pensamos en la cultura que hemos recibido... por ejemplo los secuestros a mujeres que hacían los dioses griegos… ¿qué secuestro? Era violación. En ese sentido, vemos la cultura de la violación a diario.

V-day es un movimiento global no muy conocido en España. Como coodirnadora local en Croacia, ¿podría explicar en qué consiste?

Lo organiza One Billion Rising (un movimiento activista que lucha para acabar con la violencia de género en el mundo, en español, ‘Un Billón de Pie’). Comenzamos en 2002 con una campaña muy grande. Un grupo de mujeres nos enviaron propuestas creativas para combatir las violaciones. V day comenzó por ‘Los monólogos de la vagina’, una obra escrita por la feminista estadounidense Eve Ensler que se ha convertido en el epicentro del movimiento activista. Gracias a esta activista y a su obra, se creó One Billion Rising. ¿Por qué un billón? La ONU ha publicado datos que aseguran que una de cada cuatro mujeres sufrirán algún tipo de abuso sexual a lo largo de su vida, esto se traduce en un billón de mujeres. Es un dato horrible. Cada 14 de febrero, cuando se celebra San Valentín, se organiza un evento en la plaza central de cada ciudad, normalmente una coreografía que todo el mundo se anima a bailar. Un año fue “un billón por la justicia” por lo que nos plantamos delante de los ministerios de justicia o de los juzgados exigiendo justicia para las mujeres. Es importante incluir a hombres, hombres conocidos, artistas, presidentes, presentadores de TV… Además, el acto es muy bonito, las mujeres suelen vestir de rojo, bailan una coreografía llamada ‘Rompe la cadena’, pero cada país lo hace de una manera muy diferente. El año pasado se celebró en 206 países. Lo que quiero hacer diferente este año es ir a una zona marginada, no a las ciudades centrales, para concienciar a esa parte de la población.

lunes, 18 de mayo de 2015

#hemeroteca #transgenero | El hombre de la casa

Imagen: Pikara
El hombre de la casa
¿Renunciar para siempre a tu sexualidad a cambio de tener más derechos y libertades? Decenas de mujeres de los Balcanes tomaron esta decisión, a menudo para evitar matrimonios concertados, jurando castidad para vivir como hombres. Emilienne Malfatto y Jelena Prtoric han entrevistado a dos de las últimas “vírgenes juradas”.
Emilienne Malfatto y Jelena Prtoric | Pikara Magazine, 2015-05-18
Este reportaje se publicó inicialmente en Le Monde y luego en The Guardian. Ha quedado finalista del European Press Prize 2015.
http://www.pikaramagazine.com/2015/05/virgenes-juradas-balcanes/

El aduanero italiano no sabía qué hacer. ¿Habría leído mal? No, el pasaporte albanés abierto ante sus ojos pertenecía a una mujer. Y sin embargo, la persona que veía detrás del vidrio grueso y sucio era un hombre. Un viejito con pinta atípica, la verdad. La cara surcada por las arrugas, los cabellos blancos y la boina de estilo militar. Y esa voz. Baja, y sin embargo muy clara. Aparcando sus vacilaciones, el encargado del control de pasaportes declaró lo evidente: “Hay un problema, señor, este es el pasaporte de una mujer. Y usted es hombre”.

Varias semanas después, Diana sigue contando la anécdota, medio divertida, medio indignada. ¿Quién se creía ese funcionario italiano? Su voz destila orgullo cuando llega al final de la historia: “Sí, soy yo, le digo que este es mi pasaporte. Y el funcionario se disculpa: Siga, señora. Digo, señor”.

¿Señora o señor? La pregunta es legítima. Diana es una burnesha, una de las últimas “vírgenes juradas” albanesas, mujeres que decidieron vivir como hombres para escapar de un sistema patriarcal. Que escogieron volverse socialmente hombres, haciendo voto de virginidad y celibato. Sólo socialmente: no implica transformaciones físicas más allá de cortarse el cabello y vestirse con ropa de hombre, y tampoco supone una puerta al lesbianismo (aunque sí es una estrategia para desobedecer el mandato del matrimonio heterosexual) ya que se comprometen a renunciar a toda vida sexual y amorosa.

El fenómeno de las vírgenes juradas, que se descubrió después de la caída de los regímenes comunistas de los Balcanes, se conoce aún bastante poco, y está desapareciendo. Se ha documentado sobre todo en Albania, pero ha traspasado fronteras hacia el norte, Montenegro y Kosovo. En Albania quedan algunas, la mayoría ya viejas, y en Montenegro sólo una. Se les llama “burneshe” (feminización de “burra”, “hombre” en albanés) en Albania, y “virdžine” (de “virgo”, “virgen”) en Montenegro. Permanecieron vírgenes por razones diversas, como la ausencia de heredero varón o el rechazo a un matrimonio arreglado; razones en todo caso relacionadas con el honor, no con lo religioso. Por lo tanto, el uso de los verbos “decidir” o “escoger” para evocar el voto de las vírgenes juradas puede llegar a ser problemático. En efecto, si bien la decisión de volverse burnesha partía de la misma mujer, solía acontecer en contextos sociales y familiares particulares.

“Me contaron un caso muy triste: una chica que andaba enamorada de un chico, pero su familia le había concertado un matrimonio con otro. La única solución que encontró fue volverse burnesha”, lamenta Diana. Si bien las uniones concertadas ya no son mayoritarias en Albania, lo eran hace unas décadas. Los matrimonios se concertaban a veces incluso antes de que nacieran los futuros cónyuges, y representaban un compromiso inquebrantable entre dos familias. Rechazar el matrimonio, la alianza, era una afrenta para el honor de ambas familias y podía acarrear “vendettas”; la venganza por la sangre, un uso que rige el “kanún”, el código de honor del siglo XV. Volverse burnesha, pronunciando ante testigos un voto de virginidad, permitía deshacer la promesa de unión sin herir el honor, y evitar la “vendetta”.

“Yo me volví burnesha para tener más libertad”. Diana detiene la cuchara cargada de helado rosado, color bombón químico. Cuando evoca su decisión - con énfasis en el término – se anima. Mejor dicho, él se anima. Diana habla de sí mismo en masculino, a pesar de haber conservado su nombre femenino – no había por qué cambiarlo ya que era el suyo, explica, con una mirada que indica que la pregunta sobra. Su pasado militar está escrito en su rostro y en su actitud. Viste corbata roja y boina negra. Su mirada es dura. Sonríe poco, pero su sonrisa resulta franca. Diana tenía 17 años cuando decidió volverse burnesha. Cumplió 61 en febrero. Pero la edad no le impide nadar casi todos los días en el mar que contempla desde las ventanas del café, uno de sus favoritos en Durrës, un puerto sobre el Adriático donde vivió casi toda su vida. Cuando entra, abraza al mesero, deja sus cigarrillos sobre el mantel amarillo como lo hacen los parroquianos habituales. Y enciende el primero.

“Nací en las montañas del Norte, después de la muerte de mi hermano”. Su madre era de Kosovo, su padre oficial del ejército albanés, radicado en Tropojë cuando nació Diana. Creció en esta ciudad chiquita hasta los nueve años, en una región conservadora y fronteriza con lo que hoy es Kosovo. Luego, Durrës. El puerto, el mar gris en invierno, azul cerúleo en verano. Pero en Tropojë la niña ya era niño. Entre las nueve hermanas y hermanos de la familia, Diana contaba como varón. “Mi padre siempre me consideró como varón, reemplazaba a mi hermano mayor, que murió antes de mi nacimiento. Y yo mismo me sentía varón”. En la escuela, y luego en el liceo, a pesar de los códigos sociales y las miradas pesantes, Diana llevaba pantalones, jugaba a fútbol y peleaba a puños. Sus cabellos largos, hermosos - “más hermosos que los tuyos” – eran la única concesión al género que le asignaron al nacer. Cortó su cabellera a los 17 años. Fue un acto simbólico fuerte, como cortar los últimos vínculos con la feminidad. Lo hizo ante sus padres, pronunciando un juramento: ”Padre, quiero ser burnesha, es mi decisión y no debes oponerte”.

Al recordar su voto, golpea duro la mesa, con la palma de la mano. Luego retoma las largas caladas de su cigarrillo. Diana empezó a fumar a los siete años, con una lula, una larga pipa albanesa. Fumar era entonces un privilegio de hombres.

“De hombres y mujeres como yo”. Encorvada sobre sus rodillas, Stana lía un cigarrillo con cuidado. Lo intenta una vez, dos veces. Tres veces. Le tiemblan las manos. Por el frío y la vejez. A Stana se le olvidó su edad – “72, 75, qué sé yo” – pero sí se acuerda de que tenía cinco años cuando empezó a fumar. Lenta y cuidadosamente, termina de liar su tabaco, recogiendo las briznas que cayeron sobre sus pantalones de pana roja y usada.

Sentada en el único cuarto caliente – gracias a una estufa de madera – de la casa, la última virgen jurada de Montenegro parece tener cien años. Stana Cerović vive en la misma casa donde nació, en la salida del pueblito de Tušine, en el norte del país. Una región de montañas y tradiciones, donde un hijo varón es considerado – aún hoy en día – una bendición. Por el contrario, no tener heredero varón era “una desgracia” cuando ella nació, explica. Ella. A diferencia de Diana, la última virdžina habla de sí misma en femenino.

Los años la volvieron jorobada. Lleva una boina de lana roja que le da un toque vaga y extrañamente revolucionario. Tiene la cara apergaminada, surcada por arrugas. A primera vista resulta difícil saber si es hombre o mujer. Sus actitudes y posturas masculinas contradicen la fragilidad de su silueta.

Un gato blanco y negro, con un tajo en el morro, se cuela en el cuarto. Busca comida en el desorden que cubre el piso. En un rincón, la estufa de madera. Stana frota un fósforo. Un mueble se hunde bajo piezas de loza. En la mesa, una imagen de la Virgen, un corazón de manzana. En el piso, trozos de madera, cacerolas, baldes de agua sucia. Contra la pared, una cama chiquita, deshecha. En frente, otra cama; encima, una sombrilla azul, abierta. En la pared, viejas fotografías. Huele a viejo, a sucio. Hace frío. “No esperaba visitas”, se excusa.

Vive terriblemente sola. El reloj de péndulo desgrana los segundos. Tiene la espalda rota y las piernas cansadas. “Ya no me puedo mover sin bastón”, explica. Y añade que sus orejas “cantan todo el tiempo”: “No oigo bien, les digo a mis orejas ‘canten, canten’ “. Pero aún logra cuidar la vaca que tiene. Y un sobrino le corta trozos de madera para tener con qué calentar el cuarto.

“Mis sobrinos son buenos”. Son los hijos de su hermana. “Tenía cuatro hermanas y dos hermanos, pero los varones murieron cuando eran chiquitos. Las niñas se quedaron… ¡Qué feo destino!”. Stana afirma alto y claro: una hembra vale menos que un varón. “La hembra es para la casa de los demás. Cuando se casa, se va a vivir con desconocidos, y pierde el apellido”. Stana señala los retratos enmarcados en la pared. Entre una foto de su madre y una de su hermana están los que conservaron el apellido Cerović. Un antepasado que fue magistrado, otro que fue un héroe de la región en la época de los Otomanos. Y su padre.

“Amaba mucho a mi padre”. Imita con la mano a un niño chiquito: ”Cuando era muy pequeña y él volvía del campo, yo tomaba una silla pequeña y me sentaba a su lado”. Y cuando sus hermanas se casaron, Stana se negó a dejar su padre y su casa. No quería obedecer a ningún esposo, a ninguna suegra. Escogió el celibato, se volvió virdžina. “Y eso que era muy bonita. Todo el pueblo se sorprendió”, recuerda.

Se quedó en esta casa de piedras en la orilla de la vía, que desaparece bajo la nieve en invierno. Vivió como un hombre, siempre afuera, en el campo, con el ganado, menospreciando el trabajo doméstico asignado a las mujeres. Nunca le gustó ningún chico y nunca se arrepintió de su decisión, afirma con altivez mientras bebe un trago de rakija, aguardiente local. Esta botella no es casera, “pero es muy fuerte, así que esta bien”.

Nunca se arrepintió. “Pero ahora todo el mundo tiene a alguien en su casa, y yo no tengo a nadie”. Sus hermanas fallecieron, el mundo está cambiando. “Ay, si mi pobre Tito estuviera vivo…” A veces, al anochecer, mira por la ventana para ver si hay luces. “La otra noche había luz en casa de mi vecino Brana, aún no se había acostado… “ Luego, mirando a las visitantes, añade: “Dios las guarde de quedarse solas como yo”.

Diana también afirma que no se arrepiente de haber renunciado a casarse, tener hijos o relaciones sexuales. Pero matiza que, de haber nacido en otro país, en otra época, bajo otro régimen, tal vez hubiera escogido otra cosa. Tal vez. “Yo era tan hermosa, ¡hubiera podido ser actriz en Hollywood!” Pero, ¿de qué sirve preguntarse eso ahora? Desecha la pregunta con un gesto de la mano. Le gusta la vida que lleva. Se jubiló tras una carrera en la policía aduanera del puerto de Durrës, y ahora se dedica a pintar, hacer fotografía, pasear en el muelle con su bicicleta. Su condición de “hombre” le permite participar en grupos de reconciliación que trabajan con familias involucradas en casos de vendetta. También tiene los amigos, y la familia – donde asume el papel de “jefe de la familia”, a pesar de tener dos hermanos. Cuando una de sus hermanas se quiso casar con un italiano, fue Diana quien cruzó el Adriático para “informarse” sobre el pretendiente antes de dar su aprobación.

En cuanto a los amigos, prefiere andar con hombres. Las mujeres son celosas, chismosas, débiles, afirma. Pero, sin miedo a incurrir en contradicciones, asegura que lucha por causas feministas. “Claro, me visto de hombre, me volví burnesha, pero siempre luché para que las mujeres pudieran tener los mismos derechos que los hombres”, insiste. Enumera sus “luchas”. Para que las mujeres puedan ser taxistas, para que sus amigos hombres dejen más libres a sus esposas e hijas.

“Hoy en día, las chicas tienen más libertad. Ya no tienen que volverse burnesha para escapar a su condición”. Pero matiza de inmediato: aquí mismo, en Durrës, a una madre de familia su marido y su hijo la pegaron y le cortaron el pelo hace poco. Había llegado tarde de misa.

viernes, 10 de abril de 2015

#hemeroteca #libros #homofobia | Miguel Rodríguez: “Los políticos y los líderes religiosos de los Balcanes deberían condenar la violencia contra el colectivo LGTB”

Miguel Rodríguez: “Los políticos y los líderes religiosos de los Balcanes deberían condenar la violencia contra el colectivo LGTB”
Juli Amadeu | Dos Manzanas, 2015-04-10

http://www.dosmanzanas.com/2015/04/miguel-rodriguez-los-politicos-y-los-lideres-religiosos-de-los-balcanes-deberian-condenar-la-violencia-contra-el-colectivo-lgtb.html

Se considera “un apasionado de la antigua Yugoslavia y de la cultura balcánica”. Rodríguez vive actualmente en Belgrado (capital de Serbia), aunque es natural de Vigo. Es licenciado en derecho, además de politólogo, y acaba de publicar el libro "Homofobia en los Balcanes". Para este autor, la homofobia arraigada en la región está vinculada a las complejidades políticas, económicas y sociales. En esta entrevista, Rodríguez explica las diferencias existentes en el ámbito LGTB entre los distintos países que conformaban la antigua Yugoslavia. También critica sin tapujos los discursos sobre los que se construye y se justifica el clima de violencia homófoba en los Balcanes y aporta algunas pistas sobre el camino a seguir de cara a la normalización y la visibilización del colectivo LGTB.

¿Por qué cada vez que se anuncia o se organiza alguna actividad de carácter LGTB en los Balcanes planea sobre los participantes la amenaza y la violencia?

Existe una violencia monopolizada principalmente por los hooligans, que está vinculada al soporte ideológico de algunos líderes religiosos —que son las grandes autoridades morales en la región—, o a un sector de la clase política, que rentabiliza a nivel mediático el nacionalismo homófobo en términos electoralistas o publicitarios. No son una mayoría, pero la indiferencia, la falta de compromiso de las instituciones y la apatía política de la gran masa social les convierten en protagonistas. Hay una gran ignorancia entorno a lo que es el colectivo LGTB, un fuerte conformismo político que no cuestiona la violencia porque implica enfrentarse a la opinión acrítica de la mayoría y una vinculación interesada del movimiento a la comunidad internacional, que es utilizada por los demagogos para acusar a la comunidad LGTB de ser un agente externo o directamente de ser un “enemigo de la nación”.

No obstante, la situación no es exactamente igual en todos los países de la región, en parte por las diferencias culturales, religiosas y políticas…

No hay grandes diferencias en lo que a la percepción de la homosexualidad se refiere (visto como si fuera una patología o una desviación antinatural por la mayoría), aunque la situación para el colectivo en cada ex república yugoslava es diferente. Sin embargo, pueden tener las repúblicas mucho en común. Por ejemplo, la Iglesia católica entre los croatas, la Iglesia ortodoxa entre los serbios o la comunidad islámica entre los bosníacos han asentado un fuerte colectivismo identitario que ha ahogado o ha impedido desarrollarse a la sociedad civil. El cóctel de colectivismo identitario e individualismo económico es común en todas las repúblicas.

Lo que cambian son los contextos, más o menos favorables. No solo en función de la república, su política o su legislación, sino también en función de si es un contexto rural o urbano. Las sociedades balcánicas son eminemente rurales, y la vida en el pueblo o en las pequeñas ciudades para las personas LGTB es opresiva sea en Croacia, Serbia o Macedonia. Lo que también es importante: se extiende hacia las capitales por la emigración campo-ciudad. Se producen otras paradojas. Croacia ya desde los tiempos de Yugoslavia era más avanzada que Bosnia y Herzegovina en lo que a la aceptación de la homosexualidad se refiere, pero eso no impidió que en 2013, por ejemplo, la iniciativa “En nombre de la familia” reuniera más de 700.000 firmas para que el matrimonio constitucionalmente solo fuera reconocido entre hombre y mujer (Croacia tiene poco más de 4 millones de habitantes).

Extraigo una cita de su libro: “La homofobia […] aumentó con las guerras de secesión de Yugoslavia, aunque curiosamente fuera durante, o inmediatamente después de los conflictos, cuando se produjeron los mayores avances en el terreno legal”. ¿Por qué se produce esta paradoja?

Una de las características de la funesta transición en la región, es que al mismo tiempo que en la UE, por ejemplo, se firmaba el Tratado de Maastrich (1992) y se vivía un fuerte periodo de eclosión y de interacción social a nivel europeo, multiplicándose los estímulos económicos, tecnológicos y culturales, la región se sumía en el nacionalismo étnico. Cuando se terminó la guerra en Bosnia y Herzegovina en 1995, el planteamiento era que el proceso de integración europeo llegaba tarde, pero llegaba a los Balcanes para resolver los conflictos de vecindad. El problema era triple: los conflictos habían comenzado en Eslovenia en 1991 pero todavía no habían llegado a Kosovo (1998) y Macedonia (2001), la involución hacia el nacionalismo étnico había silenciado a la sociedad civil, y había una gran crisis económica e institucional que suponía entonces y ahora, como estamos viendo, grandísimos esfuerzos para que cada Estado logre entrar en la UE.

La región siguió la dinámica venida desde afuera, porque la ciudadanía veía la alternativa europea con buenos ojos, pero los capítulos de la fragmentación de Yugoslavia no habían sido cerrados. Macedonia en 1996 despenalizó la homosexualidad para poder ser miembro del Consejo de Europa, y Bosnia y Herzegovina lo hizo en ese mismo año (primero la Federación de Bosnia y Herzegovina en el 96 y luego en 1998 la República Srpska). Croacia, Eslovenia, Montenegro o Vojvodina, como provincia autónoma, ya lo habían hecho en tiempos de Yugoslavia, en 1977. Se da la curiosidad de que fue Slobodan Milošević en Serbia y Kosovo en 1994 el responsable de la despenalización, aunque no fuera por simpatía hacia el colectivo LGTB, sino para adecuar la legislación penal de la Vojvodina a su estrategia política de centralización del poder en Belgrado. Un proceso incongruente respecto al clima social, donde la geopolítica aclara más que la evolución de la sociedad civil.

En Macedonia la visibilidad LGTB era prácticamente inexistente hace solo unos pocos años en la esfera pública. La llegada de organizaciones como el Comité de Helsinki incide positivamente en dicha visibilidad, al tiempo que agita a los radicales. ¿Cómo lo ve?

La comunidad internacional tiene un papel fundamental en la región, a nivel de financiación, organización, seguimiento, visibilidad, concienciación, apoyo o presión política. No se puede entender en parte el activismo del colectivo LGTB en la región sin el papel que juegan las ONG, las embajadas, la UE… y no solo en lo que respeta a la lucha contra la discriminación por razones de identidad o expresión de género o identidad sexual, sino también en lo que se refiere a la defensa de los derechos humanos en general. Sin embargo, tiene costes inevitables a nivel de imagen, porque desde la homofobia se asocia al colectivo LGTB con los intereses de la comunidad internacional y, por tanto, con la intromisión, la ingerencia o la intervención en asuntos que la sociedad considera que son de su exclusiva soberanía (familia, relaciones sexuales, matrimonio, códigos sociales…).

A eso se une, que si los activistas reciben un salario por su trabajo, en un contexto de fuerte crisis económica y de falta de perspectivas laborales, se desnaturaliza su labor acusándoles de lucrarse con su identidad sexual o de desviar fondos que podían dedicarse a otras cosas. Por eso la vinculación a organizaciones internacionales no implica necesariamente que el movimiento se vea beneficiado en términos de credibilidad, pero sí sirve al argumentario de la homofobia, de los inmovilistas o de los escépticos para desacreditar cualquier activismo.

La activista Mariña Barreiro, en una entrevista concedida a dosmanzanas, aseguraba que “La sociedad de Bosnia y Herzegovina es muy patriarcal y eso perjudica al colectivo LGTB”. ¿Comparte este análisis?

Lo comparto. La homofobia y el patriarcalismo ya existían durante el periodo yugoslavo, pero las guerras de secesión de Yugoslavia han ayudado a afianzarlo todavía más, especialmente porque la guerra fue muy cruenta. El resultado ha sido tan negativo por los efectos de la guerra en sí, como también por el modelo institucional que se implementó a posteriori, y que ha dividido al país étnicamente entre serbios, croatas y bosníacos en perjuicio de una sociedad bosnia más plural e integradora. A su vez, la sociedad ha involucionado hacia la heteronormatividad, la religión y la identidad étnica en un contexto donde la familia ha sido el gran sustento social.

Los valores patriarcales se han visto fortalecidos por el contexto de constricción social que han provocado los estragos de la guerra, la crisis de valores y la mala situación económica. Además de estar en un periodo de post-guerra muy complejo, Bosnia y Herzegovina ha visto desaparecer gran parte su tejido social urbano, ha sufrido grandes desplazamientos de población y la fuerte desindustrialización ha terminado por reorientar los valores sociales a lo tradicional y a lo colectivo, algo más cercano para la mayoría que otros valores relacionados con la libertad y la diversidad. Aunque Sarajevo haya creado sus propias dinámicas aperturistas a partir de la llegada de cooperantes durante las dos últimas décadas o a partir de una burguesía urbana ex yugoslava preexistente, la comunidad LGTB sigue yendo a contracorriente.

¿Cree que las administraciones y las distintas jerarquías religiosas tienen alguna responsabilidad por sus discursos homófobos cuando se producen disturbios?

Pienso que tienen una gran responsabilidad. Si bien nadie puede obligarles a que se posicionen a favor del colectivo LGTB, sí deberían condenar la violencia contra los miembros del colectivo. Y, por supuesto, deberían de prevenirla con declaraciones que no inviten a justificar las agresiones o a desviar la atención hacia cuestiones de segundo orden como son los daños al mobiliario urbano o la crispación que genera en la sociedad la celebración del Orgullo. El problema se agrava cuando el político o el líder religioso de turno quiere sacar rentabilidad política de los incidentes, y convertirse a ojos de la población en custodio de unos presuntos valores nacionales de pureza étnica. Son sociedades donde hay un fuerte conformismo político, y si las autoridades del ámbito de la política o de la religión no se han volcado en la lucha por mejorar las condiciones de vida de la población, parece oportunista y manipulador que reaccionen de manera encendida cuando la comunidad LGTB tiene visibilidad.

Recuerdo pintadas y proclamas homófobas en Belgrado con motivo del festival de Eurovisión celebrado en esta ciudad en 2008 del tipo “aquí no queremos maricones”. ¿Considera que la visibilidad de la diversidad sexual y de género es proporcional a la visibilidad de los grupos LGTBfóbicos en los Balcanes?

La visibilidad de los grupos LGTBfóbicos es habitual y está normalizada, a partir de la celebración de partidos de fútbol o baloncesto donde se escuchan proclamas homófobas, a partir de la presencia mediática de intelectuales, políticos y líderes religiosos que hacen declaraciones homófobas o frivolizan sobre la situación del colectivo o, sin ir más lejos, a partir de la construcción de un relato único en cafeterías, charlas y terrazas o cualquier foro público donde no haya un debate equilibrado.

Si bien es cierto que la presencia del colectivo LGTB en la televisión o en el cine no es algo ajeno a la población, y que el colectivo puede organizar actividades como movimiento (conferencias, semana del Orgullo, videoforums, fiestas…) según la república, las circunstancias y las condiciones de seguridad, en cualquier caso, el Orgullo es el acto con mayor visibilidad y trascendencia, pero también parece el único porque es el que genera más divergencias entre opositores y seguidores y eso es lo que interesa mostrar a los medios. Y, desgraciadamente, si logra organizarse, que no ha sido así en Kosovo, Macedonia o Bosnia y Herzegovina, éste está más envuelto en cuestiones relativas al despliegue policial, los costes para la seguridad o la amenaza de los hooligans que en lo que supone como reivindicación de los derechos del colectivo.

A pesar de todas las dificultades, también se producen pequeños avances como la primera celebración pacífica del Orgullo LGTB de Montenegro o del Orgullo de Belgrado, tras años de incidentes. ¿Se trata de oasis en el desierto?

Creo que cuando el Estado o el Gobierno apoyan la organización del Orgullo, la celebración de un festival de temática LGTB o la construcción de un discurso positivo la reacción de la sociedad no es positiva pero sí es contenida, aunque a una parte importante de la población el Orgullo les parezca una provocación. El problema es que los liderazgos políticos en la región son mucho más fuertes que la ideología, y estos liderazgos no crecen en popularidad apoyando a la comunidad LGTB, sino todo lo contrario.

La celebración del Orgullo en Belgrado o Podgorica son un oasis no solo en lo que se refiere a la comunidad LGTB, sino en lo que se refiere a la militancia política en general, porque apenas hay manifestaciones de ningún tipo. Su organización es un avance indudable, pero no refleja una corriente de apoyo creciente al colectivo LGTB, sino el consentimiento de la sociedad frente a la voluntad de las autoridades que gobiernan en ese momento, condicionados por la imagen internacional, el proceso de adhesión europeo o las acusaciones de un sector que cuestiona a las instituciones del Estado por no imponerse a los hooligans. El ciudadano medio en Serbia o Montenegro no acaba de entender que no haya manifestaciones contra los abusos de poder, las privatizaciones o la corrupción, pero se tenga que celebrar el Orgullo cuando la mayoría está en contra. Queda por hacer mucho trabajo de concienciación, y lo que se ha hecho hasta el momento es resultado de las presiones internacionales y, especialmente, de la valentía y arrojo de los activistas.

Kosovo, un país que declaró la independencia unilateral de Serbia en 2008, según dice usted mismo en su libro “tiene las leyes más modernas” y “sin embargo, la violencia y los prejuicios siguen presentes”. ¿Cómo es posible esto?

Bosnia y Herzegovina o Kosovo han sido sometidos a un gran escrutinio, precisamente porque su contexto postbélico ha generado mayor presencia internacional, hasta el punto de que para muchos analistas siguen siendo, incluso hoy, dos protectorados que no han demostrado todavía una autonomía real. No es polémico asumir que en ambos casos su soberanía ha sido determinada por la comunidad internacional, y no por sus ciudadanos y, por consiguiente, aunque la homofobia se manifieste con niveles muy elevados, la legislación puede mostrar progresos, en relación, por ejemplo, a Macedonia, que no tiene legislación alguna que proteja al colectivo LGTB de la discriminación y donde desde hace unos años el gobierno de Gruevski tiene una agenda manifiestamente homófoba. La situación legal entre el resto de países de la región se ha ido emparejando. Respecto a los casos de Serbia o Montenegro, tanto Bosnia y Herzegovina como Kosovo aprobaron leyes antidiscriminatorias para la comunidad LGTB mucho antes aunque el impacto de las guerras de secesión indudablemente fuera en términos generales mucho mayor en estos últimos.

¿Cuál es el camino para revertir en un futuro próximo la intolerancia frente a la comunidad LGTB en los Balcanes?

Hace poco me preguntaban si no se podía hacer algo revolucionario para combatir la homofobia. Lo cierto es que el trabajo que se realiza desde el colectivo ya es revolucionario. Las sociedades locales todavía están en un proceso de construcción nacional, donde los elementos étnicos sobresalen porque son los valores que cristalizaron con la desaparición de Yugoslavia. Es muy difícil situar el debate al nivel de la sociedad civil, y neutralizar la heteronomatividad imperante que sigue situando la relación heterosexual-homosexual en términos de conflicto de identidades. Para ello creo que el objetivo del LGTB es primeramente seguir existiendo y, luego, lograr salir del estado de aislamiento al que está condenado por la sociedad, incluso de parte de muchas personas pertenecientes a las mismas minorías sexuales, para integrarse en la sociedad no solo al nivel del activismo y la reivindicación sino como parte normalizada del paisaje social.

La tarea pendiende es que no sean estigmatizados por su condición sexual. Sería importante que para ello diferentes figuras públicas con éxito dentro de las sociedades reconocieran su homosexualidad —se dan pocos casos— o que el movimiento llegara a los críticos para exponerles que el colectivo LGTB tiene problemas comunes con la sociedad en general como la corrupción, el desempleo, los malos servicios públicos o el mismo inmovilismo político, como también intereses compartidos relacionados con la política, los negocios o el entretenimiento. Como ocurre con la religión, la lengua, el origen étnico o la interpretación del pasado, el objetivo es que las relaciones sociales fluyan sin que estén mediatizadas, condicionadas u obstruidas por la identidad sexual. Tan fácil de decir como complicado de hacer.

sábado, 31 de enero de 2015

#libros #homofobia | Homofobia en los Balcanes

Homofobia en los Balcanes / Miguel Rodríguez Andreu
UOC, Barcelona : 2015 [01]
116 p.
Colección: 360º ; 6
ISBN 9788490645598 / 12 €

/ ES / ENS
/ Activismo / Balcanes / Europa / Homofobia / LGTBIfobia / Persecuciones políticas / Religiones / Testimonios / Yugoslavia

En los Balcanes occidentales, el colectivo LGTBIQ (Lésbico, Gay, Trans, Bisexual, Intersex, Queer) es ampliamente discriminado. En las dos últimas décadas, Belgrado, Split, Sarajevo, Budva o Skopje han sido escenarios de ataques contra este colectivo por parte de grupos extremistas que, en muchos casos, disfrutan del apoyo de las autoridades religiosas, de sectores importantes de la clase política o de la indiferencia del conjunto de la población. Más de veinte años después de la desintegración de Yugoslavia, el día del orgullo gay se ha convertido en motivo de tensiones sociales, cuyo rechazo por una gran parte de la sociedad hunde sus raíces en claves muy complejas. Lejos de instalarse en el estereotipado primitivismo balcánico, este reportaje hace un recorrido por la homofobia desde los tiempos de Yugoslavia, pero también del colectivo LGTBIQ, sobre todo, para tomarle el pulso a su actualidad: sus desafíos, divisiones y autocríticas. Un análisis profundo de la homofobia y el LGTBIQ en la región a través de sus protagonistas, sus testimonios y las circunstancias en las que viven. 

Y TAMBIÉN…
La Gay parade o cómo es la homofobia en Serbia
Miguel Rodríguez Andreu | Eurasia, 2014-10-01

http://eurasianet.es/2014/10/la-gay-parade-o-como-es-la-homofobia-en-serbia/
¿De dónde viene la homofobia de Ivan Rakitić?
Álvaro Corazón Rural | Jot Down, 2014-07-00

http://www.jotdown.es/2014/07/de-donde-viene-la-homofobia-de-ivan-rakitic/