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domingo, 3 de septiembre de 2017

#hemeroteca #mujeres #historia | Elena Tuduri: La gran estudiosa del traje vasco

Imagen: El Diario Vasco / Elena Tuduri
La gran estudiosa del traje vasco.
Este jueves se presenta el trabajo etnográfico que realizó Elena Tuduri y que ha sido editado por iniciativa de su nieto.
Juanma Goñi | El Diario Vasco, 2017-09-03
http://www.diariovasco.com/tolosa-goierri/tolosa/gran-estudiosa-traje-20170903000856-ntvo.html

El importante trabajo sobre el traje vasco que realizó Elena Tuduri (Tolosa, 1893-San Sebastián de los Reyes, 1979), sale ahora a la luz gracias al empeño y esfuerzo de su nieto, Emilio Latorre, que vio en este documento escrito por su abuela un «trabajo etnográfico riguroso de relevancia, el testimonio directo de una época, principios del siglo XX, de la que escasean datos referidos a la vestimenta de los vascos de la época».

Según nos cuenta Emilio, entre las muchas conclusiones que se pueden extraer de este trabajo destacaríamos especialmente dos. En primer lugar, está el hecho de que no podamos hablar de un solo traje vasco que haya perdurado hasta el momento, aunque sí de algunos elementos que lo caracterizan y diferencian del resto. En segundo lugar, el importante trabajo empírico llevado a cabo por la autora -una mujer adelantada a su tiempo-, nos permite concluir que la sociedad vasca de principios del siglo XX era pobre, «lejos de la idílica visión que algunos quisieron transmitirnos del mundo rural como esencia de lo vasco», y que Elena Tuduri trata de una forma aséptica y objetiva.

Elena Tuduri nació en Tolosa en 1893, es decir, hace ahora 124 años. Cuando finalizó sus primeros estudios, se trasladó a Madrid y allí se matriculó en la Escuela Superior del Magisterio. Tras aprobar las preceptivas oposiciones, fue catedrática de Escuelas Normales hasta su jubilación, ejerciendo como tal en las de Las Palmas de Gran Canaria, Vitoria-Gasteiz y, tras la guerra civil, en las de Toledo y Guadalajara.

En cuanto a su labor etnográfica, se especializó en el ámbito textil. Participó durante sus años de estudiante en la fundación de la Sociedad de Estudios Vacos-Eusko Ikaskuntza, y en el I Congreso de la misma celebrado en Oñati en 1918. En sus años de profesora de la Escuela Normal de Vitoria-Gasteiz, impartió conferencias y publicó alguno de sus trabajos en la revista de Eusko Folklore, fundada por José Miguel de Barandiarán. Tras la guerra se trasladó a vivir a Madrid. Los últimos años de su vida padeció una enfermedad degenerativa, falleciendo en 1979 en su casa de Fuente del Fresno (Elena-Enea) en San Sebastián de Los Reyes (Madrid) pocos días antes de cumplir 86 años. Sus restos reposan en Tolosa.

Testimonio de una época
El trabajo, que hasta la fecha no se había publicado, lleva por título 'El traje y otros asuntos de etnografía vasca (1920)'. En realidad, se trata de la exhaustiva memoria que presentó la joven Elena Tuduri como trabajo de fin de carrera. Inicialmente concebido como un estudio sobre el traje popular vasco, se amplió también a otras cuestiones etnográficas.

El estudio se puede dividir en dos partes. La primera hace referencia al traje vasco y estudia los elementos que pervivieron hasta la época en la que se realizó la tesis (entre 1918 y 1920), haciendo un recorrido por su historia, con el fin de definir si existe o no un traje vasco, con unas características específicas y diferentes de las de otras vestimentas de pueblos limítrofes. Todo el estudio se apoya, por otra parte, en numerosas fotografías y dibujos de la propia autora, patrones de las piezas, etc.

En cuanto a la segunda parte del trabajo -'otros asuntos de etnografía vasca'-, nos cuenta Emilio, la propia investigación de campo, caserío por caserío, puso a su alcance otros elementos textiles, no propiamente vestimentas, que le sacaban de sus kutxas los baserritarras. «Ello le llevará a ampliar su trabajo a estas otras cuestiones. Estos otros lienzos estaban ligados al culto a los muertos o eran piezas del arreo de los recién casados, como 'hil-zapiak' (paños mortuorios), 'ohazalak' (fundas de edredón vasco) o 'zamauak '(paños para ofrendas). Y el estudio de las costumbres mortuorias, le conducirá a las argizaiolak, recogiendo muchas de ellas en imágenes y dibujos de las mismas.

Estamos, sin duda, ante un trabajo muy bien planificado, que sigue un guion predefinido de forma exhaustiva y rigurosa. Emilio Latorre opina que, para los profesionales de la etnografía, su importancia radica en el hecho de que se trate de un testimonio directo de una época, principios del siglo XX, de la que escasean datos referidos al traje vasco. Sin duda, supone una nueva fuente en la que poder investigar.

Pero, más allá de los especialistas en la materia, el gran público puede adentrarse con entusiasmo en este libro. Está escrito de una forma muy amena, y nos acerca a una época no tan lejana, «en la que las costumbres comenzaban a cambiar rápidamente, y en la que muchos se resistían a perder el contacto con formas de vida que habían perdurado a lo largo de siglos», explica Latorre. «Las guerras carlistas, el desarrollo de las comunicaciones con el ferrocarril como bandera y la creciente industrialización, estaban cambiando unas costumbres hasta entonces más ligadas al mundo rural, a un calendario marcado por los diferentes cultivos estacionales, en definitiva, una vida más ligada a la tierra y al entorno más cercano», añade.

Una mujer adelantada
Hay que subrayar la importancia que tiene el trabajo desde el punto de vista de la igualdad de género. Emilio valora la gran labor de su abuela y dice lo siguiente al respecto: «En una época en la que la vida de las mujeres estaba limitada a conseguir un buen matrimonio y a los trabajos de casa, es loable comprobar que hubo mujeres que lucharon desde sus posibilidades por un mundo más igualitario, y que con su actitud y sus vidas nos transmitieron a quienes les conocimos una visión más justa de las relaciones interpersonales, simplemente con su ejemplo».

Hay que tener en cuenta en la Tolosa de principios del siglo XX, los estudios universitarios estaban al alcance de muy pocas personas, pero no es menos cierto que en los casos en los que había posibilidades, se enviaba a la Universidad a los hombres, «relegando a las mujeres a un papel secundario, dándoles a lo sumo una formación musical, enfocada a que las buenas señoritas además de otras habilidades como cocinar o coser, fuesen capaces de amenizar una velada con su piano», explica con buen tino Emilio. Y por ello hay que reconocer a los padres de Elena, que fuesen capaces de permitir y apoyar a aquéllas de sus hijas que quisieron cursar estudios superiores.

Latorre ha tenido también causas emotivas y personales para lanzarse a recuperar y editar este trabajo, que ha sido posible gracias al departamento de Cultura de la Diputación, Museo San Telmo, Andia Kultur Elkartea y Ayuntamiento e Tolosa. «Mi amona padeció una enfermedad degenerativa en los últimos años y muchas veces nos queda una imagen de las personas a las que conocemos distorsionada por el paso del tiempo o la enfermedad, ignorando que fueron jóvenes con sus inquietudes e ilusiones y me parece injusto. Cuando falleció, yo tenía 18 años y aún pude conocerla en plenitud, pero por ejemplo para mis primos más pequeños no fue así», rememora Emilio.

La labor que ha llevado a cabo Latorre en la edición del trabajo, no ha consistido sólo en transcribir el original, sino que ha incluido numerosas notas que ayudan al lector a comprender aquellos aspectos que los casi 100 años transcurridos pudiesen hacerlos incomprensibles hoy día, como términos textiles, costumbres, personajes citados, etc... ampliando también algunos aspectos que creía merecían interés. Por otra parte, y al carecer el trabajo original de una bibliografía específica, aunque sí que contenía numerosas citas y referencias, ha localizado la procedencia de estas últimas y ha añadido al final la bibliografía utilizada.

martes, 27 de junio de 2017

#hemeroteca #antropologia #salud | Un hospital público en Campeche ofrece a sus pacientes la opción de descansar en hamacas

Imagen: El País
Un hospital público en Campeche ofrece a sus pacientes la opción de descansar en hamacas.
La práctica de antropología médica busca adaptarse a las costumbres de la población rural, en su mayoría de etnia maya.
Eugenia Coppel | Verne, El País, 2017-06-27
https://verne.elpais.com/verne/2017/06/27/mexico/1498515867_688088.html

“La gente de la península de Yucatán nace, crece, se reproduce y muere en una hamaca”, asegura el doctor Roberto Campos Navarro, un médico cirujano con estudios de posgrado en Antropología Social. Fue él quien puso en marcha, hace más de 20 años, un proyecto de hamacas hospitalarias que ahora se ha retomado en Campeche. La delegación del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en ese Estado anunció el 22 de junio que reanudaba esta “práctica de antropología médica” en el hospital rural de Hecelchakán, una comunidad a 72 kilómetros de la capital campechana.

La clínica cuenta con 30 camas de hospital, a las que se añadieron cuatro hamacas color verde elaboradas por artesanos de la zona. “El éxito de este programa, probado tiempo atrás, es parte de la adaptación sociocultural maya, [a los] usos y costumbres que identifican a los habitantes de la región”, se lee en la publicación de Facebook que ha sido compartida más de 5.700 veces en cinco días. Las mujeres que ocupan las hamacas en las fotografías son pacientes que acaban de dar a luz.

Ellas eligieron abandonar la cama hospitalaria cuando se les ofreció la alternativa que les es más familiar, explica a Verne el Delegado Estatal del IMSS en Campeche, Rafael Rodríguez Cabrera. El médico también es originario de ese Estado, en el sureste de México, y cuenta que toda su infancia usó una hamaca para descansar por las noches. “Vivimos en una tierra calurosa”, argumenta Rodríguez Cabrera en favor de esta cama suspendida hecha de hilos de algodón, tan popular en las regiones tropicales.

Muchas personas de esa comunidad -en su mayoría indígenas de la etnia maya- “no toleran la cama porque no están acostumbrados a ella”, dice el médico, quien defiende este programa intercultural por buscar que el espacio hospitalario sea lo más cercano posible a la casa. “Estar en un hospital ya tiene bastantes puntos en contra: la alimentación, el ambiente, el olor... y encima la cama, para los que nunca se acuestan ahí”, comenta Rodríguez Cabrera.

Él siguió los pasos del médico y antropólogo Roberto Campos Navarro, que en 1995 implementó las hamacas hospitalarias en la misma clínica. Pero antes de hacerlo, el también profesor de la Facultad de Medicina de la UNAM llevó a cabo una investigación académica, cuyos resultados se publicaron en un artículo de la Revista Médica del IMSS. En ese entonces, “100% de las pacientes que utilizaron las hamacas estuvieron de acuerdo con la innovación y 96% manifestó mayor comodidad”, se lee en el mismo.

En entrevista con Verne, Campos Navarro aclara que la hamaca solo se puede utilizar en ciertos casos médicos. Su uso no es adecuado para los pacientes que sufren “operaciones grandes, quemaduras de tercer grado o problemas traumatológicos”, explica. Tampoco para los pacientes en coma y, en general, nada que tenga que ver con una situación de emergencia: “son para dar comodidad y para el restablecimiento de la salud”, explica.

En su primera fase, las hamacas hospitalarias se mantuvieron en el hospital de Campeche durante más de diez años. Luego se eliminaron a raíz de un cambio en la administración pública, pero ahora se retoman. De acuerdo con el actual delgado del IMSS en el Estado, habrá un periodo para evaluar la recepción de la iniciativa antes de tomar el siguiente paso.

Un invento de El Caribe
Las hamacas tienen su origen en los pueblos indígenas arahuacos, que se encontraban asentados en las Antillas y El Caribe cuando los españoles conquistaron América. La cama colgante se extendió más tarde por Europa y por el resto de las colonias, incluyendo lo que hoy es México.

El doctor Roberto Campos Navarro también es autor de una investigación histórica y etnográfica de la hamaca, donde comparte una descripción antigua de la misma hecha por el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo:

"..bien es que se diga qué camas tienen los indios en esta isla Española, a la cual llaman hamaca; y es de aquesta manera: una manta tejida en parte, y en partes abierta, a escaques cruzados, hecha red (porque sea más fresca) Y es de algodón hilado de mano de las indias [...] son buenas camas e limpias, e como la tierra es templada, no hay necesidad de ropa encima".

La mayoría de los expertos en el mundo maya señalan que las hamacas fueron introducidas por los conquistadores españoles en la península de Yucatán. En la actualidad, todavía son usadas para dormir en esta región, igual que en las costas de Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Veracruz.

jueves, 24 de diciembre de 2015

#hemeroteca #etnografia | Emilio Xabier Dueñas: “Olentzero era un personaje de cuento y ha terminado como un elemento de puro consumo”


Imagen: Noticias de Gipuzkoa / Emilio Xabier Dueñas
Emilio Xabier Dueñas · Etnógrafo e investigador: “Olentzero era un personaje de cuento y ha terminado como un elemento de puro consumo”.
Estos días Euskal Herria se llena de figuras de Olentzero, un personaje de la mitología vasca que se ha ido transformando por una sociedad consumista.
E. Santarén. / J.M. Martínez | Noticias de Gipuzkoa, 2015-12-24
http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2015/12/24/sociedad/olentzero-era-un-personaje-de-cuento-y-ha-terminado-como-un-elemento-de-puro-consumo

En los últimos años, la sociedad vasca ha ido amoldando la figura de Olentzero en busca de un elemento identitario para la Navidad vasca. Emilio Xabier Dueñas, etnógrafo, investigador y expresidente de la sección de Folclore de Eusko Ikaskuntza, ha profundizado en el personaje, su origen y su transformación. Es editor del único estudio monográfico sobre Olentzero, junto a otros autores, titulado ‘La tradición de Olentzero en la Navidad de Lesaka y Euskal Herria’.

Estamos en Navidad, tiempo de “tradiciones”.
-Sí, las tradiciones en época navideña implican que el pueblo asume que son cosas que lleva haciendo desde hace mucho tiempo, lo cual, dependiendo de qué tipo de evento, acto o hecho, puede variar muchísimo.

Porque no siempre es verdad que se lleve haciendo desde siempre.
-Se dice “se lleva haciendo siempre”, es “de toda la vida”... aunque no es lo mismo, por ejemplo, desde el punto de vista de una persona de 30 años o de otra de 80. Luego, también la memoria es frágil. He oído de una persona que tenía cincuenta y tantos años decir que toda la vida lleva haciéndose Olentzero en Bilbao. Y otra de esa edad, pero de Getxo, decir que se hacía pero como lo prohibió Franco se dejó de hacer. Ninguna de las dos cosas es verdad.

Sigamos con Olentzero, que ya está en nuestras calles. ¿Cuánto de “tradición” tiene, al menos tal y como ahora lo conocemos?

-Olentzero es un personaje que tiene dos vertientes muy claras. Una, como componente mitológico o de cuento y otra como elemento físico, bien sea como muñeco o como persona disfrazada, haciendo un recorrido en cuestación por las casas. Las primeras informaciones sobre Olentzero son de 1922 aproximadamente y son del Padre Donostia y de Lekuona y posteriormente de Barandiaran, que es el que más lo recoge. Al mismo tiempo, se hacía una cuestación, que era costumbre en ciertos pueblos entre Nafarroa y Gipuzkoa. En esos sitios sí que se llevaba el personaje.

Pero en un momento, eso evoluciona, se extiende y cambia.
-Parece ser que en los años 60-70 hubo colectivos en Iruñea o incluso en Bilbao y en Donostia que, viendo que había ese personaje de la Navidad vasca, lo tomaron como punto de referencia identitario para suprimir o relevar a los Reyes Magos. Entre los años 60-70 se empieza a extender la figura de Olentzero, sacar el muñeco o una persona disfrazada, generalmente el 24 de diciembre. Posteriormente, en los años 80-90 se empieza a implantar que quien trae los regalos es Olentzero. Algunos dicen que fue El Corte Inglés, yo no lo tengo muy claro, pero se inventa eso, que Olentzero es el que trae regalos y baja por la chimenea, cuando curiosamente en algunos relatos también bajaba por la chimenea, pero con una hoz porque alguien no la había limpiado.

Entonces, originalmente es un personaje de cuento.
-Es un personaje ligado a un relato corto, que luego se queda en los cuentos y de ahí se extiende. Y era el personaje que se utilizaba en cuestación para que los niños y jóvenes sacaran un dinero y pasar las fiestas.

¿Qué hay de verdad en que es un personaje precristiano?
-Ahí no voy a entrar. Sí que hay un relato un poco más largo y es el tema de los gentiles, que el último gentil es el que antes de tirarse por el precipicio dice que ha venido Kixmi, entendiéndose Kixmi por Jesucristo.

Esa nueva variante de que es quien trae los regalos por Navidad, ¿es la búsqueda de un elemento identitario vasco?
-Sí, y ahora ya se entiende como propio. Jóvenes de 30 años de Bilbao dicen que es “de toda la vida”.

Antes, según algún relato, no era precisamente un personaje bonachón como ahora, sino casi el coco, el hombre del saco.
-Ha sido el hombre del saco. Ha tenido muchas versiones, no solamente era malvado. Ha tenido las dos caras. El carbonero, el que baja por la chimenea con una hoz, el que hay que poner un tronco más grueso para que el fuego dure durante la noche, por eso se le llama Olentzero enborra,...

¿La canción cuándo nace?
-No se sabe. La versión más antigua es la que se podría decir que es de viva voz, la que te podría contar un anciano que tiene 70 años y al que se le ha hecho la entrevista en los años 80 en Lesaka y dice que lo conoce desde niño, por lo que se podría ubicar la letra a comienzos del siglo XX. De hecho, Pío Baroja ya había recogido estrofas, en los años 30-40. Eso no quiere decir que no tenga más tiempo, pero los datos más antiguos son de esa fecha.

¿A qué se debe esa diversidad en su representación: muñeco, personaje vivo, con barba, sin barba, barba negra, blanca, la blusa...?
-El dibujo posiblemente más antiguo del personaje es el que aparece en el libro de las obras completas de Joxe Miel de Barandiaran, y era una figura un poco ancha, con una blusa, con la cara tiznada, una txapela y algún instrumento al hombro como carbonero que, según alguna versión, es. ¿En qué ha ido variando, o desvariando, eso? Alguien empezó a ponerse barba negra, porque era el profesor de un colegio y para que no le reconocieran los alumnos o incluso en la propia calle, para que no se supiera quién era. Así que entramos en la variante de disfraz. El siguiente paso ha sido subirle de nivel, ponerle un chaleco, unas alforjas, un pantalón de mil rayas... txukun-txukun. Luego viene la barba blanca, que entiendo que es porque la negra igual no quedaba estéticamente bien y para asemejarlo más a San Nicolás o Santa Claus. Pero no es en todos los sitios igual. El de Bilbao, por ejemplo, es de otro nivel. Es, como si dijéremos, ‘de Bilbao ‘(ríe).

Y ahora hasta sale en cabalgata.
-Todo el montaje que se hace en los últimos años de cabalgatas, de llegada en barco o en burro o en camello... es copia ni más ni menos que de los Reyes Magos. Y no sé si es copia buena ya.

Incluso se impone la corrección política y la última moda es que le acompañe su supuesta esposa, Mari Domingi.
-En uno de los libros de Azkue aparece la canción de Mari Domingi. En los años 70 hay un libro, ‘Viejas canciones donostiarras’, en la que aparece la canción de Olentzero como propia de Donostia y a renglón seguido la de Mari Domingi. Coincidencias. Por esos años la asociación de ikastolas publica un librito que se titula ‘Olentzero eta Mari Domingi’, donde aparece como una cenicienta, con ropas andrajosas. Ahora, de repente, aparece con Olentzero con ropas elegantes. Y en los años 80 en un pueblo guipuzcoano se saca por primera vez a Olentzero y Mari Domingi, ésta vestida con ropas de un corte aparentemente copia de los vestidos que aparecen en ciertas pinturas de los siglos XV y XVI. Hay que entender que esa vestimenta era propia de la gente noble, con lo que Mari Domingi, vestida de noble y a su lado el carbonero gordinflón y sucio, la verdad es que no pegaba. Por eso también Olentzero ha ido cambiando la imagen. Lo mismo que Olentzero era un elemento identitario vasco, este es un elemento de paridad. No entro en si necesario o no. Si hay Olentzero tiene que haber ‘Olentzera’, y como no la hay, pues ponemos a Mari Domingi.

Al final, se ha convertido en un objeto de consumo.
-Totalmente. Por eso digo que el inicio de Olentzero como el que trae los regalos tuvo que ser invención de alguna empresa de comercio. Es totalmente para el consumo.