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martes, 21 de diciembre de 2021

#hemeroteca #explotacionsexual #testimonios | Amelia Tiganus: "Me vendieron a un proxeneta español por 300 euros"

BBC News / Amelia Tiganus //

Amelia Tiganus: "Me vendieron a un proxeneta español por 300 euros".

Irene Hernández Velasco | BBC News, 2021-12-21

https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-59683812 

La violaron cinco hombres en Rumanía cuando tenía 13 años. Pero en lugar de considerarla una víctima, en su entorno comenzaron a responsabilizarla de la agresión que había padecido y a marginarla. "Me colgaron la etiqueta de 'puta'", le asegura a BBC Mundo. Las mafias que se dedican a la explotación sexual de mujeres la captaron cuando tenía 17 años. La vendieron a un proxeneta español por 300 euros (unos US$340). Y durante cinco años ejerció la prostitución en más de 40 prostíbulos por toda España, aguantando lo que califica sin ambages como una "tortura", en lugares que no duda en definir como auténticos "campos de concentración".

Pero Amelia Tiganus, nacida en 1984 en Galati, una localidad de Rumanía, no sólo logró sobrevivir a todo eso. Consiguió además dejar ese mundo atrás y hoy lucha por las que están aún metidas en él o en peligro de caer en sus redes. Se ha convertido en oradora, escritora y activista por la abolición de la prostitución, en un referente del movimiento feminista en España, donde sigue viviendo. Da charlas en colegios y acaba de publicar "La revuelta de las putas" (Ediciones B), un libro tan estremecedor como necesario.

P. Usted ha sido prostituta. ¿Durante cuántos años la han explotado sexualmente?


Durante cinco años, desde el año 2002 hasta el año 2007, desde que tenía 18 años hasta los 23.

P. ¿Cómo empezó todo? ¿Cómo se hace una prostituta?

Después de todos estos años, que son muchos porque yo ya voy para 38, he podido analizar un poquito la trayectoria. Mientras estaba dentro del sistema prostitucional no pude hacerlo porque creía, porque así se me había hecho creer, que si estaba allí era mi culpa, que era mi responsabilidad porque un día dije "sí" sin tener herramientas para poder analizar y entender en qué circunstancias dije "sí". Ahora claramente veo un patrón que se repite, no sólo en mi historia sino en la de la inmensa mayoría de las mujeres que acaban siendo prostituidas.

P. ¿Y cuál es ese patrón?


Por un lado está la pobreza. Pero también la violencia sexual que sufrimos desde edades tempranas y a la que se suma el rechazo social, porque aquí hay una responsabilidad social clara. Cuando el entorno nos expulsa, nos marginaliza, quedamos en una situación de alta vulnerabilidad en la que tenemos que sobrevivir. Y en esas circunstancias es muy fácil que seamos captadas por parte de los proxenetas.

P. En su caso concreto, ¿qué ocurrió?


Yo nací en 1984 en Rumanía, en una familia de clase obrera. Lo digo porque creo que la clase social tiene mucho que ver. Sin embargo, nada apuntaba a que yo iba a ser que la 'puta' de todos y de todas, porque no sólo lo somos de los proxenetas y de los puteros, lo somos de toda una sociedad que prefiere mirar hacia otro lado. Era una niña muy inteligente, soñaba con ser profesora o médica, y de hecho tenía muy buenos resultados académicos. Pero todo cambió cuando a los 13 años me violaron entre cinco en un portal volviendo del colegio. Ese fue el punto de inflexión, el punto en el que cambió mi vida. No sólo por lo que supusieron esas violaciones en sí, la devastación y el trauma, sino también por todo lo que vino después.

P. ¿Qué pasó después de que fuera violada en grupo?


Después vino la reacción del entorno y de la sociedad ante esa agresión. Es algo que vemos con frecuencia, cuando se pone en duda a la víctima, cuando se la culpabiliza, se la responsabiliza de su situación y se la expulsa y marginaliza. Yo sufrí un auténtico calvario y al final acabé por abandonar los estudios, porque sufría ‘bullying’. La etiqueta de "puta" ya me la habían puesto.

P. ¿Quiere decir que tras ser violada por cinco hombres su entorno no la consideró una víctima, sino que la culpabilizaron de esa agresión sexual?


Sí, exacto. Eso es algo que, por desgracia seguimos viendo. Antes de forma más clara, cuando muchos se preguntaban qué hacía en determinado lugar una mujer que había sido violada, cómo iba vestida, por qué no había denunciado, porque no habría escapado... Se trata de poner en duda la inocencia de la víctima. Yo sufrí eso y, sin encontrar una salida, a los 17 años me empezaron a hablar de la posibilidad de venir a España. Me decían que podría solucionar mi vida en un par de años, porque ese es el gancho más importante que utilizan los proxenetas: nos dicen que en poco tiempo vamos a poder solucionar nuestros problemas ganando mucho dinero.

No nos dicen que vamos a estar constantemente acumulando una deuda, no nos hablan de las consecuencias tanto físicas como psicológicas como a nivel de salud que va a tener el paso por la prostitución, y además yo era menor de edad cuando me captaron. En la situación en la que me encontraba, dije "sí". Y si dices "sí", tanto para los proxenetas como para toda la sociedad, eres culpable y te mereces todo lo malo que te vaya a pasar. No se tiene en cuenta nuestra vulnerabilidad y cómo se aprovechan de esa situación de vulnerabilidad tanto los proxenetas como los puteros, unos para enriquecerse y los otros, los puteros, para divertirse.

P. Si no me equivoco, usted fue vendida en Rumanía a un proxeneta español por 300 euros. ¿Es así?

Sí, me vendieron a un proxeneta español por 300 euros. Y no fue una transacción de película, con un secuestro. Simplemente era como un pacto, como algo de lo más normal. "Mira, te presento a este señor que te va a hacer el favor", me dijeron, porque en todo momento se hablaba de que me estaban haciendo un favor, que estaban cumpliendo con un deseo mío. "Luego le tendrás que pagar esos 300 euros (unos US$340) más el dinero que cueste el pasaporte, la ropa, el viaje...". Y así llegué a acumular una deuda de más de 3.000 euros (unos US$3.400) .

P. ¿Consiguió pagarla?

Sí llegué a pagarla, pero con muchísimo esfuerzo. Porque lo que no nos contaban era que del dinero que íbamos a ganar a través de la explotación sexual teníamos que pagar la deuda pero, además, gastos que supuestamente generan las mujeres que están en prostitución. Y eso no nos los explican, porque ahí está el gran sistema de explotación. No era sólo la deuda, sino que además todos los días teníamos que pagar una fortuna por las habitaciones en las que dormíamos hacinadas, por la cocaína y el alcohol al que se nos enganchaba desde el primer día. Nos la daban para hacernos creer que íbamos a ganar mucho dinero y acabábamos enganchadas para poder soportar el día a día.

Teníamos también que pagar multas por no respetar todo un sistema de normas que había dentro. Una vez conseguías pagar esos gastos diarios, lo poquito que te podía sobrar lo ibas descontando de la deuda. Y aunque llegaras a pagarla con mucho esfuerzo, constantemente estabas en peligro de acumularla de nuevo, por ese sistema que nos despoja de todo, no sólo de la humanidad, sino también del dinero que supuestamente ganamos. La realidad es que la situación de las mujeres no mejora, ni económicamente ni en ningún otro sentido.

P. En los cinco años que fue explotada sexualmente, ¿en cuántos prostíbulos estuvo en España?

Estuve en más de 40 prostíbulos a lo largo y ancho del país.

P. ¿Y por qué la cambiaban tanto de local?

En primer lugar, por el deseo los proxenetas de tener "mercancía nueva". Nosotras, las mujeres y niñas, somos la "mercancía", y las "chicas nuevas", "chicas nuevas 24 horas", es el gran reclamo que utilizan los proxenetas. Además, los proxenetas trabajan en red y son socios de varios prostíbulos. La gran movilidad de las mujeres prostituidas tiene que ver con tener "culos nuevos", como los propios proxenetas dicen. Y también lo dicen los clientes. Dicen que para ver el mismo ya tienen a la parienta. Hablan así, con ese profundo desprecio hacia todas las mujeres, tanto hacia sus compañeras de vida como a las que somos las "putas" a las que utilizan como meros receptáculos de semen. Asimismo, esa movilidad tiene que ver con mantenernos a las mujeres en continuo desarraigo, para que no podamos entablar relaciones más profundas con la panadera o con las propias chicas de los prostíbulos, y estemos constantemente en situación de abandono y de soledad.

P. Usted llega a definir los prostíbulos como campos de concentración. ¿Por qué?

No sólo yo, muchas supervivientes definimos de ese modo los espacios prostitucionales: los prostíbulos, los pisos, incluso las rotondas o las esquinas de las calles. Sí, son campos de concentración. Hay muchas personas que me dicen que si al calificarlos de ese modo no estoy banalizando lo que fueron los campos de concentración durante el Holocausto. No, lo que pasa es que la sociedad no es capaz de entender ni de ver qué es lo que realmente ocurre en los espacios prostitucionales. Si por un momento pudiéramos imaginar cómo sería nuestra vida si durante las 24 horas del día tuviéramos que estar al servicio del otro, vestir como el otro quiere, comer y dormir cuando nos dejen... Ponernos en fila cada vez que llegue un putero para que escoja, tener que aguantar aquello que fuera de la prostitución se considera agresión sexual, soportar comentarios humillantes relacionados con nuestro aspecto o con aquello que nos van a hacer...

Y luego hacer fila para entrar a las habitaciones para ser penetradas, donde la repetición durante horas se convierte en un acto de tortura. Y tener después que dormir hacinadas en esos mismos colchones. Todo eso para generar dinero, muchísimo, para el crimen organizado, para los proxenetas y para satisfacer a quienes consideran ocio y diversión que se siga ejerciendo violencia sexual sobre las mujeres. Porque mientras avanzamos a través de la lucha feminista, de la lucha de las mujeres, para conseguir un mundo mejor, hay hombres que no quieren escuchar un "no". Y lo que hacen es comprar un "sí" a los proxenetas que utilizan a las mujeres como mercancía.

P. ¿Cuándo y por qué decidió salir de ese mundo?

A lo largo de los cinco años que estuve prostituida siempre tuve muy presente el deseo de salir. De hecho, me escapé a los tres meses del primer proxeneta. Pero al no tener a dónde ir ni saber qué podía hacer me quedé atrapada en ese sistema. A lo largo de esos cinco años intenté varias veces salir, y en una tuve éxito. Lo que ocurrió es que después de cinco años siendo prostituida colapsé. Ya había dado todo lo que podía dar. Los propios proxenetas dicen que la vida útil de una prostituta es de dos a tres años, que después de ese tiempo queda inservible. Sobre todo porque tenemos que hacer el papel de la "puta feliz": no sólo tenemos que someternos para sobrevivir, sino que encima lo tenemos que hacer con una sonrisa en la boca, que es lo más perverso.

Después de esos cinco años yo colapsé, simplemente ya no podía seguir haciendo ese papel. Al último con el que estuve le mordí el labio, porque me quería besar. Después de ese episodio me quedé sentada en una silla. No podía pensar, estaba absolutamente paralizada, pero lo que sabía era que no quería que me tocaran más. Después de una semana acumulando deudas, porque todos los días había que pagar todos esos gastos no implícitos de los que ya he hablado, los proxenetas dueños del prostíbulo me invitaron a irme porque me dijeron que aquello no era una casa de beneficencia.

P. ¿Y a dónde fue?

En ese momento la única forma que encontré de salir —y por desgracia es la única forma para muchas mujeres— fue a través de un putero. Le pedí que me llevara a su casa y que a cambio podía tener sexo gratis conmigo. Porque las mujeres prostituidas es lo único que tenemos, el cuerpo madre. A los tres días encontré un trabajo de camarera. Fue muy dura esa vuelta a la vida laboral. Yo llevaba cinco años en España, pero realmente no conocía nada más allá de las estaciones de tren o de autobús y de los propios prostíbulos. No conocía el mundo exterior. Incluso me daba miedo la luz del día, las voces, las risas de los niños... Absolutamente todo me daba miedo. No estaba acostumbrada a ese mundo.

P. Usted sostiene que las mujeres no ejercen la prostitución. ¿Quién la ejerce?

La prostitución la ejercen los proxenetas y los puteros. Las mujeres simplemente somos tratadas como mercancías, como objetos desechables, utilizables y desechables. Creo que es importante hablar en estos términos para poner el foco en quien realmente comete esta injusticia y trata de la peor manera posible a las mujeres y a las niñas que más y más atención necesitamos.

P. Con el pasar de los años, usted se ha convertido de explotada sexual a activista contra la prostitución. ¿Cómo ha recorrido ese camino?

Ha sido un camino que he recorrido paso a paso. A la gente le encanta creer que existen los héroes y las heroínas, que surgen de la nada con una capa y que todo lo pueden. Pero la realidad es que ese camino tiene mucho que ver con el entorno con el que me he topado y los lazos que he podido crear con toda esa gente que ha sabido desde el primer momento ver en mí algo más que un cuerpo. Gente que ha confiado en mí, como quienes fueron mis jefes en el restaurante donde trabajé durante 11 años como camarera o mi pareja, que hoy en día es mi marido. Supieron cuidarme, creyeron en mí y me ofrecieron esa oportunidad que cambió radicalmente mi vida.

Tomé la decisión de convertirme en activista cuando primero descubrí el feminismo y, al poco tiempo, a Sonia Sánchez, una activista argentina por la abolición de la prostitución que también fue explotada sexualmente durante su tierna juventud. Tener ese referente me dio el impulso de decir: "Quiero ser como Sonia Sánchez. Yo también puedo hacer lo que ella".

Y también pensé que así podía focalizar todo el dolor que me producía no sólo mi vida, sino también el pensar que todos los días hay niñas que sueñan con ser profesoras, médicas, peluqueras o astronautas, que tienen sueños y deseos, y que son convertidas en 'putas' a través de la violencia sexual, de la discriminación. En sus países no se garantizan los derechos humanos y acaban siendo convertidas en una mercancía de esta gran industria criminal que es la de la explotación sexual. Mueve la economía global y es crimen organizado.

P. Usted está a favor no de que se prohíba la prostitución, sino de abolirla. ¿Cuál es la diferencia?

Sí. Hay un matiz muy importante. El modelo que prohíbe la prostitución simplemente lo que pretende es que no se vea y persigue y castiga a todos los actores del sistema prostitucional. Es así en la teoría, porque en la práctica son las mujeres las que acaban siendo perseguidas, multadas y en muchos países incluso encarceladas. El abolicionista se diferencia en que pone en el centro los derechos humanos de las mujeres, a las que considera víctimas. Por lo tanto, exige que no se las persiga ni se castigue, y que además se las dote de derechos. Nosotras entendemos por derechos ayudas económicas, acceso a la vivienda, formación, terapia, trabajo... Es lo que lo exigimos para las mujeres que están en prostitución y para las que están en peligro de caer en ella.

Hay muchísimas mujeres, cada vez más, en situación de alta vulnerabilidad, y no es justo ni ético decirles que, como son pobres, no tienen nada de comida que poner sobre la mesa o no tienen con qué pagar sus facturas, pueden ganar dinero siendo utilizadas por hombres a los que les sobra el dinero. Lo que sí que hay que perseguir son todas las formas de proxenetismo. Y hay que educar a las generaciones más jóvenes y a los profesionales de todos los ámbitos sobre esta realidad, para que tomen conciencia de que las mujeres en prostitución somos personas y no cosas. También pedimos que se multe a los puteros, porque entendemos que son agresores sexuales que no deberían tener ninguna legitimidad, mientras que la realidad es que son incluso los propios Estados los que les permiten que accedan al cuerpo de mujeres que no los desean sexualmente.

jueves, 9 de septiembre de 2021

#libros #abolicionismo #testimonios | La revuelta de las putas : de víctima a activista

La revuelta de las putas : de víctima a activista / Amelia Tiganus.

Barcelona : Ediciones B, 2021 [09-09].
304 p.
Serie: Sine Qua Non.

/ ES / Libros / Abolicionismo / Feminismo / Patriarcado / Prostitución / Testimonios
📘 Ed. impresa: ISBN 9788466668859 / 19,90 €.
Cita APA-7: Tiganus, Amelia (2021). La revuelta de las putas. Ediciones B.

[.es] Amelia Tiganus es un referente en su activismo y se ha convertido en una voz fundamental del movimiento feminista en España, así como entre quienes construyen una teoría abolicionista de la prostitución. A raíz de su experiencia personal y de su manera de entender y practicar la militancia, nos transmite la importancia de entender por qué «lo personal es político» y nos carga de razones para luchar por un mundo más justo, igualitario y sin prostitución, para las mujeres y las niñas. «comprendí que mi historia personal era una cuestión profundamente política, era la historia de las mujeres que el patriarcado pone a disposición de los hombres como mujeres públicas. Las abolicionistas nos exponemos mucho al enfrentarnos a una perversa, mafiosa, poderosa y dañina industria millonaria, que pretende que nuestro destino sea servir sexualmente a los hombres. Es una batalla larga y dura, pero será un orgullo saber que hemos formado parte de un movimiento noble y justo, que ha dejado como legado, para las que quizá aún no han nacido, un mundo sin prostitución. Hagamos la «revuelta de las putas». Por las niñas de hoy y las mujeres de mañana.»

martes, 6 de abril de 2021

#hemeroteca #prostitucion #tratadepersonas | Tiganus, superviviente de trata: “Así me fabricaron como puta”

Imagen: Efeminista / Amelia Tiganus

Tiganus, superviviente de trata: “Así me fabricaron como puta”.

Iratxe Rodríguez · EFE | Efeminista, 2021-04-06

https://www.efeminista.com/tiganus-superviviente-de-trata-asi-es-como-me-fabricaron-como-puta/ 

Amelia Tiganus (Galati, Rumanía, 1984) fue violada a los 13 años en un portal al salir del colegio. A partir de entonces, las violaciones se convirtieron en habituales. “Así es cómo me fabricaron como puta”, explica. Tardó en descubrir que los proxenetas aprovechaban la vulnerabilidad de las mujeres, muchas veces menores, para venderles la prostitución como su salvavidas. Ahora presenta “Amelia: historia de una lucha”, su historia hecha cómic.

“Mientras haya una mujer explotada sexualmente y, sobre todo, mientras los hombres no entiendan que es absolutamente ilegítimo acceder al cuerpo de una mujer a cambio de un billete sin tener en cuenta la ética, los cuidados, el placer, el deseo mutuo... las mujeres no seremos libres”. Tiganus relata a EFE que la primera violación la cambió para siempre, pero “lo peor vino después”. Habla de desprotección, estigmatización y marginalización en su propio entorno. Por eso quiere resaltar la responsabilidad de la sociedad con la prostitución.

El daño que se ejerce sobre las mujeres prostituidas no solo recae en ellas, sino también en sus familias. “Muchas veces no vuelven a saber nada de sus hijas, porque nos desaparecen, nos asesinan. Ni siquiera somos cifras oficiales”, destaca la fundadora de la asociación Emargi, un espacio de encuentro en Bilbao para víctimas de violencia sexual.

Vendida a un proxeneta español por 300 euros
Según la base de datos de feminicidio.net, desde el año 2010 hasta ahora se han cometido al menos 51 feminicidios por prostitución en España. “Si a nadie le importan las mujeres asesinadas en general, las prostituidas asesinadas aún menos”, porque “en el patriarcado, las mujeres tachadas de putas son mujeres desechables, que nada valen, que no tienen ese reconocimiento de ser humano”, subraya.

Durante la entrevista, Tiganus ha recordado cómo fueron “aquellos cinco largos años” en los que tuvo que ejercer la prostitución en 40 prostíbulos, por haber sido vendida a un proxeneta español por 300 euros. Tenía 17 años y medio cuando llegó a España.

“Durante los 6 meses que tardé en cumplir la mayoría de edad nos adiestraron a mí y a otras mujeres sobre cómo ser unas buenas putas. En un piso nos enseñaban a andar con tacones, a hablar fino... eso de la feminidad multiplicada por mil. Todo para poder convertirte en una buena profesional decían”.

Totalmente en contra de “la mirada romantizada” que el cine ha creado de la prostitución, relata que “los prostíbulos son auténticos campos de concentración para mujeres empobrecidas” con los que la sociedad convive “con toda tranquilidad”. “Muchos dicen que solo van a tomar una copa, como banalizando que en un sitio donde se explota y se esclaviza a las mujeres es absolutamente legítimo ir a tomar una copa y a divertirse con los colegas”, añade.

“El feminismo salva vidas. Salvó la mía”
Tiganus fue víctima de trata y descubrió en el feminismo la “solución” a esta lacra: “El feminismo salva vidas. Salvó la mía y salva la de miles y miles de mujeres todos los días”. Ahora lucha por conseguir la abolición de la prostitución. “No tenemos un cuerpo en propiedad, somos cuerpo. Sentir mientras nos penetran por boca, vagina y ano desconocidos a los que no deseamos sexualmente, sentir los manoseos, los babeos, que nos suden encima gota a gota... No sé si alguien pensándolo desde ese punto de vista lo puede considerar un trabajo, porque absolutamente en ningún trabajo ocurre algo así”.

Por eso, su insistencia en recordar que “la prostitución es una multinacional que se nutre con mercancía (las mujeres y niñas) de los países más empobrecidos”. Para la activista se trata de “una situación en la que no hay salida, no porque haya barrotes, no porque estás encerrada bajo llave, sino porque entre el prostíbulo y esa puerta abierta y el mundo real hay un abismo, porque la propia sociedad te condena a eso siempre que repita “ellas lo han elegido, ellas lo quieren, es que van a lo fácil, no quieren trabajar”. Todo eso se convierte en una jaula con la puerta abierta”.

‘Amelia: historia de una lucha”
Como referente en la lucha contra la violencia sexual, Tiganus utiliza como armas el feminismo y la formación. Hace dos años le ofrecieron la posibilidad de crear un cómic basado en su experiencia y en los próximos meses verá la luz bajo el título “Amelia: historia de una lucha”. Para la formadora, esta iniciativa podría ser “una herramienta muy potente a la hora de llegar a la gente más joven, que es el público al que va dirigido todo el marketing que utiliza la industria de la explotación sexual para convertir a nuestros jóvenes barones adolescentes en agresores sexuales, utilizarlos para sacar todo ese dinero y a la vez seguir destruyendo mujeres”.

Dibujado por Roberto García y guionizado por Alicia Palmer y la propia Tiganus, el cómic “es un trabajo muy serio y muy elaborado” que tendrá un formato de tapa dura y 80 páginas a color. “No es un proyecto personal, es un proyecto social, porque hemos lanzado una campaña de micromecenazgo (a través de Verkami) para que todas las personas que quieran o puedan, sean partícipes de todo esto”, explica.

La realidad es que, actualmente, los tres objetivos económicos que se plantearon en la campaña han sido superados en solo diez días y la participación de las mecenas sigue creciendo y apoyando la iniciativa.

Para Tiganus, el 8 de marzo “es más necesario que nunca, porque la extrema derecha ha avanzado demasiado”. Señala que, debido a la pandemia, “quizás no se puedan llenar o invadir las calles como en los últimos años, sí se pueden hacer acciones para seguir mandando nuestros mensajes y poner a la opinión pública de nuestro favor”, porque “un mundo mejor para las mujeres y las niñas es un mundo mejor para todos”.

domingo, 4 de marzo de 2018

#hemeroteca #pr* | Amelia Tiganus: “La sociedad asume un discurso px*: como las mujeres quieren, hay que dejarles ser pr*”

Imagen: Deia / Amelia Tiganus
Amelia Tiganus · Activista de Feminicidio_net: “La sociedad asume un discurso px*: como las mujeres quieren, hay que dejarles ser pr*”.
Amelia Tiganus es una activista feminista que trabaja en favor de los derechos humanos, después de haber conocido en su propia piel lo que es ser explotada sexualmente y lo que es ser víctima de trata.
Harri Fernández | Deia, 2018-03-04
http://www.deia.com/2018/03/04/sociedad/euskadi/la-sociedad-asume-un-discurso-proxeneta-como-las-mujeres-quieren-hay-que-dejarles-ser-prostitutas

La vida de Amelia Tiganus no ha sido para nada fácil. Nació en Galati, Rumania, y desde muy joven sufrió abusos y después fue explotada sexualmente durante cinco años en el Estado español. Ahora vive en Gipuzkoa y es una activista feminista que lucha por los derechos humanos de las mujeres. Actualmente, es secretaria y coordinadora de formación ‘online’ de Feminicidio_net.

- ¿Le resulta duro rememorar su historia tanto en sus talleres como en entrevistas como esta?
- Me genera bienestar. Siento que estoy sanando a través del relato. Encontré la respuesta cuando oí a un terapeuta decir que hay varias maneras por las cuales la gente responde al trauma y ponía el ejemplo de los campos de concentración nazis. Tras ser liberados, algunos se suicidaron, otros se callaron y otros tuvieron que hablar para poder sobrevivir. Además, creo que estoy aportando cosas y documentando lo que la industria del sexo no quiere que se sepa.

- ¿Qué es para usted la prostitución?
- La prostitución es ese lugar en el neoliberalismo en el que la violencia sexual queda justificada por el intercambio de dinero. Es ahí donde la mayoría de los hombres tienen acceso a ejercer esa violencia sexual. Nos llevamos las manos a la cabeza cuando vemos violaciones en grupo pero tenemos que saber que hay un lugar en concreto donde se llevan a cabo esas prácticas, donde se entrenan para ejercerlas con todas nosotras.

- A usted también la violaron.
- Antes de ese momento ya había sufrido el desamor de mis padres. Nunca me ha faltado alimento, ni he pasado frío, pero me sentía desprotegida. Yo era una buena estudiante y como niña que era quería demostrar que me merecía ese amor. Con trece años todo eso cambió cuando cinco chicos jóvenes me violaron. Pero eso no fue lo peor; apenas recuerdo nada de aquello.

- ¿Y qué fue lo peor?
- La sociedad me marginó y me señaló como puta. Los adultos que debían haber tomado partido a mi favor se encargaron de culpabilizarme.

- ¿Y después?
- Las violaciones se volvieron sistemáticas. Abandoné los estudios por toda la presión que sufría. Tenía dos opciones: suicidarme o aceptar el papel que me habían impuesto. Es decir, dejar de resistirme. Además, me convencieron de que mi mejor destino era ser prostituta.

- ¿Cuánto tiempo vivió esa situación?

- Desde los trece hasta los 17 y medio. Uno de esos hombres me dijo que si quería me presentaba a otro que me iba a ayudar a salir del país. Me vendió a un proxeneta por 300 euros. Acepté porque me creí todo lo que me habían dicho: que si era lista en un par de años podía tener una casa, un coche y una vida tranquila.

- ¿Viajó inmediatamente?
- Me tuvieron recluida seis meses en Rumania, en un piso en el que me enseñaban cómo ser una buena profesional. Por allí pasaban un montón de hombres... Se entiende de qué iba el tema. Nos recalcaban que teníamos que ser listas y usar nuestras armas de mujer, lo que hoy el día el neoliberalismo llama el capital erótico.

- ¿Usted daba su consentimiento para todo ello?
- Era un consentimiento limitado. Hay que tener cuidado cuando se habla de esto. Parece que si consientes, lo que te ocurre es tu responsabilidad y nadie va más allá de ello. En aquella situación pensaba que ni siquiera tenía derecho a quejarme. Pensaba que toda esa situación la había buscado yo, porque era lo que me habían dicho toda la vida. La sociedad tiene asumido ese discurso proxeneta: como las mujeres quieren, hay que dejarlas.

- No obstante, hay mujeres y prostitutas que abogan por la regularización. Un ejemplo es María Riot.

- Yo lucho por los derechos humanos de las mujeres. Otras luchan por su pan. Hay una diferencia muy grande entre defender algo global y algo personal. Lo que yo no entiendo es cómo se pone en el centro del debate la libre elección, cuando no tenemos acceso a ella. Cómo podemos poner como eje la legalización de algo tan destructivo y no ponemos en el centro el proxenetismo, la masculinidad tóxica… Que haya mujeres que a nivel personal e individual hayan elegido ser prostitutas no significa que deba ser regulado. Me parece bien que lo hagan como algo privado, pero regularlo significa que tiene que ser un trabajo para todas nosotras. Ha habido una lucha constante por la liberación de las mujeres. Hemos podido estudiar, tener una carrera, emanciparnos… Y ahora qué vamos a dejar a nuestras hijas, ¿el derecho a ser prostitutas?

- ¿Qué sintió cuando llegó a España?
- Cumplidos los 18 viajé a Alicante. Cuando llegué al primer prostíbulo lo pasé bastante mal porque no se parecía en nada a lo que me habían contado. Nadie me explicó que cada dos minutos debía salir a competir con otras para convencer a un hombre de que yo era la mejor pieza a comprar.

- ¿Tenía una deuda adquirida con el proxeneta?

- Sí, la pagué a las tres semanas. Decían que adquirí una deuda de 3.000 euros por los seis meses en los que estuve en aquel piso en Rumania, por el viaje y el pasaporte. El trato era que a partir de ese momento las ganancias se repartían al 50% entre el proxeneta y yo. Cuando llegó ese momento me percaté de que de mi mitad me quitaban una gran parte por el alojamiento en el prostíbulo, la comida, la ropa, los perfumes, el alcohol, la cocaína que me hacían tomar... Veía que me estaban desplumando.

- ¿No intentó irse?
- Me escapé un día, cuando un policía avisó al proxeneta que esa noche iba a haber redada. Esa noche todas teníamos pasaporte y las que tenían apariencia de ser menores de edad, no estaban. Pedí a varios puteros que me llevaran a otro sitio. La mayoría se negaron, pero uno accedió a llevarme a otro prostíbulo. En aquel entonces seguía engañada y pensaba que aún podía conseguir todo lo que me habían prometido.

- Pero no fue así.
- No. Estuve cinco años y pasé por más de 40 prostíbulos. Y la dinámica de todos ellos para quitarnos el dinero era la misma: nos empujaban a engancharnos al alcohol y la cocaína, porque se suponía que así ganaríamos más dinero. Cambiábamos de campo de concentración, como yo los llamo, cada 21 días.

- Se quedó atrapada por el sistema.

- Es una experiencia concentracionaria, que te anula. Hay quien te pregunta: “¿Por qué no salías?” La puerta estaba abierta pero, ¿adónde íbamos a ir? No participábamos en el tejido social. Tampoco teníamos fuerzas después de trabajar doce horas sometidas, a disposición del putero y del proxeneta.

- ¿Y acudir a la Policía?
- Vengo de un país donde la Policía es muy corrupta, ya he contado cómo me escapé del primer prostíbulo, también había policías puteros... No era la salida que más confianza me daba.

- ¿Se sentía atrapada?
- En los casos más brutales existen cadenas físicas, pero también las hay psicológicas, que atan y son más difíciles de detectar y de romper.

- La soledad sería absoluta.

- La activista Sonia Sánchez dice que la soledad de la puta es estremecedora. Sobre todo te encuentras sola cuando quieres contar cosas que nadie quiere escuchar.

- ¿Ha sentido también soledad por parte del Estado?

- Sí, vivimos en un Estado proxeneta, que se lucra del dinero que se genera de la prostitución y la trata. En el año 2014, Jorge Fernández Díaz dijo que la prostitución generaba al día cinco millones de euros y a partir de ese año ese dinero se incluye en el cálculo del PIB. Ese dinero es fruto del sufrimiento, de la tortura y de la devaluación de las putas. Podríamos añadir que en este Estado no hay una ley integral contra la trata.

- ¿Usted era consciente de que había sido víctima de trata?
- Lo hice muchos años después, cuando empecé a formarme en feminismo y descubrí el protocolo de Palermo, donde se especifica en qué condiciones se da la trata. Con cumplir una sola de ellas, ya se es víctima. Me quedé muy impactada por aquello. Ha sido necesario que yo me forme en algo específico para descubrirlo. Después de esos cursos también desarrollé lo que yo llamo el proceso de fabricación de la puta.

- ¿Cómo se construye una puta?
- Me puse a pensar qué ha pasado en mi vida para que yo quiera dejar de estudiar y para que dentro de un contexto determinado acepte, de cierta manera, prostituirme. ¿Cómo ha ocurrido esto? La puta se fabrica quebrando a una mujer, rompiéndola, deshumanizándola… Estoy en contacto con otras mujeres que han salido de la prostitución o están en ello y me doy cuenta de que todo es parecido.

- ¿Cuántas prostitutas puede haber en el Estado víctimas de trata?

- Se manejan muchas cifras y fuentes. Yo creo que la inmensa mayoría. Rondará el 90% como afirman varias asociaciones. Pero es muy difícil de detectar una víctima de trata aunque la tengas delante.

- ¿Cómo consiguió salir de la prostitución?
-No aguantaba más. Estaba muy agresiva y eso me traía mala fama. Comencé a acumular deuda con el prostíbulo. Pedí a un putero que me llevase a su casa para encontrar trabajo, lo hice a los tres días en un restaurante de un municipio de Tolosaldea, a pocos kilómetros de mi último prostíbulo. Estuve diez años y medio en ese trabajo.

- ¿Cómo se reconstruye una vida después de vivir lo que ha vivido?
- Empecé a trabajar un domingo de camarera. Y muchos de los puteros venían a hacer el hamaiketako o a tomar el vermouth con sus familias. Ellos cuchicheaban cuando me veían. Después conocí a mi pareja, con la que llevo nueve años. Y cuando mejor estaba, cuando tenía todo lo que había soñado, caí en depresión. Solo pensaba en suicidarme, pensaba que no me merecía todo eso. Me habían dicho tantas veces que no valía nada...

- ¿No recibió atención?
- Fui al psiquiatra, y me dieron pastillas. Me recordaba mucho a cuando me daban alcohol y cocaína en el prostíbulo para no sentir y para no pensar. No tenía ganas de suicidarme, pero tampoco de nada más. Como soy muy inquieta empecé a leer compulsivamente, hasta que descubrí el feminismo y cuando descubrí la existencia del patriarcado lo entendí todo. Vi que lo que me había ocurrido no era algo personal, sino parte de un gran entramado. Dejé de sentir esa vergüenza y me quité el estigma.

- Y empezó a contar su historia.
- Ha habido gente que me ha dejado de saludar y que no me ha podido volver a mirar a los ojos. Entiendo que no es algo personal, entiendo que puedo ser incómoda. Porque saco una realidad que está muy cerca de nosotros. También ha habido muchos que me han apoyado.

- ¿Existe un perfil del putero?
- No hay un perfil porque lo único que tienen en común es que son hombres que se piensan que las mujeres hemos nacido para satisfacer sus deseos. E, incluso, los que van porque necesitan afecto anteponen sus problemas a la situación de la otra persona. Pueden coger ese dinero e ir a terapia. Entran desde jóvenes atractivos con dinero, deportistas, informáticos, a adultos casados o solteros, mayores, empresarios, sindicalistas, jueces… El prostíbulo es donde los hombres dejan a un lado todas las diferencias. No obstante, cada vez hay más consumo de chicos jóvenes y las prácticas que llevan a cabo son muy violentas porque a su vez son consumidores de pornografía dura desde edades más tempranas.

- En un estudio de Feminicidio_net se afirma que el número de prostitutas asesinadas desde 2010 hasta la actualidad son 40.
- La gran mayoría son asesinadas por puteros. La brutalidad que sufren en muchos casos es desmesurada. No es algo individual, es matar para la fratría. Piensan que las prostitutas son lo peor y que deben ser castigadas. Destruir a una mujer así es un acto simbólico y ni siquiera están reconocidos como asesinatos machistas.

- ¿Que no se reconozcan las muertes de las prostitutas como asesinatos machistas entra dentro de la idea del Estado proxeneta?
- Sí, son mujeres desechables, de usar y tirar. Hablamos de asesinadas, pero no perdamos de vista las desaparecidas. Si teniendo un cuerpo nada importa, ¿a quién le va a importar una puta desaparecida? Hay que exigirle al Estado que haga su papel y que ponga a disposición de todas las mujeres todo lo necesario. Y si no tiene capacidad que lo reconozca, que no diga que lucha por la igualdad y que diga que va a legalizar el trabajo sexual. Eso es cruel, no nos lo merecemos.
  • Las claves
  • “Creo que las prostitutas víctimas de trata rondan el 90% del total, tal y como afirman varias fuentes y organizaciones”
  • “No hay un perfil del putero. Solo tienen en común que piensan que las mujeres hemos nacido para satisfacer sus deseos”
  • “Existe lo que llamo un proceso de fabricación de la puta, se consigue quebrando a la mujer, rompiéndola y deshumanizándola”
  • “Los jóvenes cada vez consumen más prostitución y de una manera más violenta, debido al consumo de la pornografía dura”