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martes, 3 de diciembre de 2019

#hemeroteca #lgtbifobia #activismo | Los “satánicos” gais de la última monarquía absoluta de África

Imagen: El País / Pinty Dludlu
Los “satánicos” gais de la última monarquía absoluta de África.
El colectivo LGTBI de Eswatini, la pequeña nación africana entre Mozambique y Sudáfrica, lucha por abrirse paso en una sociedad arcaica y obtener el reconocimiento del que ya gozan en naciones vecinas.
José Ignacio Martínez Rodríguez | Planeta Futuro, El País, 2019-12-03
https://elpais.com/elpais/2019/11/13/planeta_futuro/1573645520_630558.html

Pinty Dludlu, 28 años, empezó a automedicarse sola, sin recetas o consejos médicos, cuando apenas era una adolescente. Cuenta que la única información que tenía era la que llegaba de sus amigas, o la que veía por la televisión en las series o en las películas extranjeras. Por aquel entonces trabajaba en un hospital, por lo que tenía acceso a algunos productos para iniciar su transición, para liberarse de un cuerpo en el que no se reconocía. Dice que fue suficiente. “Mis pechos empezaron a crecer y mi madre a preguntarme que qué me pasaba. Pero solo tomé aquellas medicinas unos seis meses porque encontré algunas complicaciones; me sentía como enferma todo el día, perdí peso, siempre andaba enfadada... Tuve que parar”, afirma.

Dludlu explica que pertenecer al colectivo LGTBI en el reino de Eswatini, la última monarquía absoluta de África, una pequeña nación de 1,3 millones de habitantes situada entre Mozambique y Sudáfrica, no resulta sencillo. Que viven en una sociedad muy religiosa, muy conservadora, donde las personas como ella gozan de poca visibilidad y de mucho estigma. Que ni para ella ni para sus amigas, además, hay posibilidad de una operación de reasignación de sexo. Que nadie las apoya. Que nadie las reivindica.

La ley, herencia colonial de Inglaterra, castiga la sodomía entre dos hombres con 14 años de prisión, aunque actualmente no hay nadie en la cárcel por este delito y las autoridades no lo persiguen como tal con demasiado ahínco. Las mismas normas no dicen nada de relaciones entre dos mujeres, por lo que no se consideran ilegales. Sin embargo, y pese a esta actitud tan laxa, el colectivo tiene razones para permanecer intranquilo. El rey Mswati III, que ostenta el poder legislativo y ejecutivo y la potestad de nombrar al jefe de Gobierno, al resto de ministros y al presidente del Tribunal Supremo, entre otras muchas funciones, ha definido a los homosexuales como "satánicos", según han recogido diferentes medios. Barnabas Sibusiso, que ocupó el cargo de primer ministro hasta septiembre del año pasado, cuando falleció, afirmó que ser gay es una anormalidad y una enfermedad, y Khulani Mamba, jefe de comunicación de la policía, dijo que su país no toleraría a la comunidad LGTBI, según recogió el Times of Swaziland.

Pese a reconocer en la Constitución del 2005 el derecho de asociación, no permite el registro de colectivos LGTBI. Por eso la gente como Dludlu debe inventarse oficinas en bares y organizar sus reuniones en cibercafés. Así ha formado su asociación, TranSwati, una especie de colectivo informal que conforman actualmente unas 15 personas. “Se trata de abrir espacios de educación, de respeto y de tolerancia por todo el país. Aquí, el estigma más grande que sufrimos suele venir de la propia persona, que no se acepta a sí misma y debe aprender a hacerlo. A mí, por ejemplo, me resulta muy difícil conseguir un certificado para trabajar como mujer transgénero. Y eso que yo tengo suerte de poder expresarme; a mucha gente en mi situación la repudia su familia, no puede hablar con nadie o debe trasladarse a las ciudades grandes para vivir libremente, aunque esto conlleva muchas dificultades...”.

Acostumbrarse a los problemas
Pertenecer al colectivo LGTBI en Eswatini es sinónimo de encarar una vida con más problemas. Los testimonios que así lo argumentan son múltiples y diversos. El informe Are we doing allright?, de The Southern and East African Research Collective on Health, que contó con el apoyo de ‘The Rock of Hope’, una comunidad local que realiza trabajos de abogacía y concienciación pro LGTBI. Este estudio basó sus conclusiones en una encuesta realizada a más de 100 personas en el país y que desglosa los resultados por género, arrojó que el 63% de las lesbianas había sufrido depresión, el 24% signos de ansiedad severa, cuatro de cada cinco declararon haber sido atacadas verbalmente por su identidad sexual y más de la mitad aseguró haber sido víctima de agresiones físicas o sexuales. Y, para hombres, más de lo mismo; el 39% reconoció haber intentado suicidarse alguna vez en la vida, el 64% dijo haber sufrido insultos por su orientación sexual y uno de cada dos, violencia sexual.

Este nuevo estudio afirma, además, que las personas que se declaran gais, lesbianas, transgénero o intergénero en Eswatini sufren exclusión social, marginación y estigma y que ello tiene un impacto en la salud mental y física y en la forma de vida de todos ellos; que quedan más expuestos, si cabe, a los problemas endémicos de este país. En esta nación más del 60% de la población, unas 700.000 personas, viven bajo el umbral de la pobreza, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Un ejemplo: no son pocas las acciones que la comunidad LGTBI ha llevado a cabo para concienciar y poner freno al sida, uno de los peligros más temidos en la nación; no en vano, el 27’7% de la población vive con VIH, la prevalencia más alta de cuantas estudió Unicef en su informe Una Oportunidad para cada Niño, de 2017, que incluye en sus estadísticas a más de 180 naciones.

Hay también otras peculiaridades suazis que ayudan a comprender el porqué de esta persecución social. Las explica Federica Masi, coordinadora para África del Sur de la ONG italiana Cospe, que presta ayuda logística a las organizaciones que defienden los derechos LGTBI. “En este pequeño país todo el mundo se conoce, todo el mundo está relacionado; esto ayuda a que se dé una especie de control social basado en la tradición y en la religión, muy arraigada aquí, que hace de esta una nación tranquila, sin altos índices de criminalidad, pero también un lugar muy difícil para acoger ciertos cambios sociales”. Y dice Masi que la concentración absoluta del poder en manos del monarca Mswati III tampoco ayuda.

Más visibilidad, mayor encaje legal
Con todo, el país está siendo escenario de importantes pasos hacia la normalización del colectivo. El más significativo despegó en junio del año pasado, cuando se celebró por primera vez el Día del Orgullo, que logró congregar a unas 500 personas. En 2019 se ha vuelto a repetir esta jornada festiva, aunque la participación ha sido algo menor. “Pese a que aquí, por lo menos, podemos hablar de lo que significa ser gay, que en otros lugares no sucede, para ser justo hay que decir que este es un país muy represivo. La gente no puede votar para elegir nuestro gobierno, por ejemplo. Pero nosotros libramos otras batallas; tener derecho a un empleo sin prejuicios, poder formar a una familia con nuestras parejas...”, afirma Melusi Simelane, fundador y actual director de ‘Esuatini Sexual & Gender Minorities’, que lucha por convertirse en la primera asociación LGTBI que se inscriba en el registro gubernamental del país.

La historia de Melusi es similar a la de muchos chicos que, aún creciendo en un ambiente religioso y tradicional, se atreven a dar un paso adelante para imponerse a insultos, homofobia y prejuicios. Él la cuenta así: “Mi familia era muy cristiana. Cuando yo tenía 9 años mi padre murió, así que me tuve que ir a vivir con mis abuelos. Allí no había oportunidades de hablar de sexo. Yo, conforme me fui haciendo mayor, lo único que sabía era que no me gustaban las niñas como a los demás. Poco a poco me fui dando cuenta de que había gente que me llamaba cosas como ‘homosexual’; gente que me quería y gente que no”.

viernes, 6 de julio de 2018

#hemeroteca #lgtbi #orgullo | Suazilandia celebra su primera marcha del Orgullo LGTBI

Imagen: El País / Primer Orgullo LGTBI en Eswatini
Suazilandia celebra su primera marcha del Orgullo LGTBI.
Centenares de personas han vencido el miedo y salido a las calles de la última monarquía absoluta de África, donde las relaciones sexuales entre hombres son un delito.
EFE | Planeta Futuro, El País, 2018-07-06
https://elpais.com/elpais/2018/07/04/planeta_futuro/1530699537_427238.html

"Convierte el odio en amor". Con este lema, el pasado 30 de junio centenares de personas se atrevieron a tomar las calles de Suazilandia en medio de un ambiente festivo para celebrar la primera marcha del Orgullo LGTBI del país, que es la última monarquía absoluta de África y en el que las relaciones sexuales entre hombres son todavía un delito.

"La comunidad y sus aliados han pintado las calles del país del arcoíris con una marcha preciosa y colorida que ha explotado de alegría", aseguró Matt Beard, director de la ONG internacional en defensa de los derechos del colectivo All Out tras el fin de la manifestación.

La marcha transcurrió con alegría, festividad, cánticos, bailes y de forma pacífica, y contó con la asistencia de unas 500 personas, según la organización, que fue la encargada de organizar este acto reivindicativo gracias a una campaña de recogida de fondos a través de internet.

Durante el evento, diversas organizaciones sanitarias aprovecharon para repartir preservativos e información sobre el VIH y las pruebas de detección, ya que Suazilandia es un país donde una de cada cinco personas está infectada por el virus del sida, según datos de ONUSIDA. No obstante, el país ha logrado reducir en los últimos años la incidencia de la enfermedad: en el 2011 se registraron unos 12.000 nuevos infectados por VIH, mientras que en 2016 fueron 8.800.

¿Un delito a medias?
Suazilandia, recientemente renombrada por su monarca como Reino de Eswatini, es un pequeño país africano de menos de 1,3 millones de habitantes donde las relaciones sexuales entre hombres no son un delito 'per se', pero sí por derecho consuetudinario, de modo que aunque que no están explícitamente prohibidas, hay condenas a hombres homosexuales por sodomía. "Espero que después de hoy cambien mentalidades", aseguró uno de los organizadores y portavoz de la organización local Rock of Hope durante la marcha al canal sudafricano SABC.

Para las relaciones sexuales entre mujeres, sin embargo, la normativa no es clara, así como para la transexualidad, que no está prohibida explícitamente, pero tampoco cuenta con regulación que permita el cambio legal o médico de sexo.

A la marcha han acudido personas como Lindokuhle Mthupha, una joven que se define "entusiasta" y "feminista". "Muchos de mis amigos y familiares forman parte de la comunidad LGTBI y siento que tengo que devolverles un poco y mostrarles mi apoyo", aseveró.

Las redes sociales, tanto en Suazilandia (o Eswatini) como en otros países, han recogido numerosas muestras de apoyo a la marcha, que irrumpió en un país conservador que sigue siendo uno de los menos desarrollados de África (se halla en el puesto 148 de los 188 países recogidos en el último Índice de Desarrollo Humano de la ONU). "Se está haciendo historia"; "Es un gran día para estar viva"; "Como gay participo en este hito histórico para celebrar la diversidad y cambiar el odio por amor", son algunas de las frases que se compartieron durante la jornada en Twitter.

Las relaciones entre personas homosexuales solo están permitidas en 21 países de África subsahariana, entre ellos Sudáfrica, República Democrática del Congo (RDC), Chad, Ruanda o Costa de Marfil, ya sea porque se haya despenalizado o porque haya una situación de alegalidad.

En el resto de países subsaharianos, los "delitos contra natura", que es como se suelen denominar las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, conllevan penas de prisión que van desde la cadena perpetua en Uganda o Tanzania hasta los 25 años de prisión en Ghana, pasando por los seis meses a tres años en otros países como Guinea, Somalia, Burundi. Incluso conllevan la pena de muerte por lapidación para hombres en Mauritania (tres meses a dos años de cárcel para mujeres) o castigos físicos como latigazos en Sudán o trabajos forzados en Mauricio.