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lunes, 16 de julio de 2018

#hemeroteca #neoliberalismo | Frida Kahlo y el mercadeo de la diversidad

Imagen: El Mundo
Frida Kahlo y el mercadeo de la diversidad.
Leticia Blanco | El Mundo, 2018-07-16

http://www.elmundo.es/cataluna/2018/07/16/5b4c8474e5fdea46508b46fb.html

La nueva ola feminista ha vuelto a resucitar la 'fridamanía'. La pasión por Frida Kahlo parece no tener límites, pero ¿en qué se ha convertido la vida de la pintora mexicana comunista si hasta Theresa May luce brazaletes inspirados en su obra? Daniel Bernabé indaga en esa línea en la que política y consumo se entrecruzan en 'La trampa de la diversidad' (Akal), un ensayo en el que defiende que el afán por ser únicos, especiales y diversos lo que hace, en realidad, es acabar con lo colectivo.

La ‘fridamanía’ ha vuelto. El Victoria & Albert Museum de Londres alberga una exposición que reúne más de 200 objetos íntimos de la pintora que nunca habían salido de su México natal. San Diego, en California, acogió el pasado domingo un concurso de dobles de la mexicana como actividad paralela a una muestra con reproducciones (!!) de todos sus cuadros. Y si el pasado marzo saltaba la noticia de que los herederos de Kahlo estaban enfrentados por la muñeca Barbie inspirada en la artista, hace poco se ha publicado en España ‘Efecto Frida’ (Espasa), un libro en el que Susana M. Vidal resume las «enseñanzas vitales» de la artista en algo así como un decálogo de vida con eslóganes del tipo: «la lealtad no es fidelidad» (para explicar los cuernos que le ponía Diego Rivera, que la engañó hasta con su hermana, y los amantes que tuvo Frida), «Tu historia es tu marca» o «El dolor es inevitable; el sufrimiento, opcional», una afirmación decididamente osada teniendo en cuenta que Kahlo sufrió un grave accidente que rompió su columna, pasó por una treintena de operaciones, poliomelitis, varios abortos, sufrió dolor crónico la mayor parte de su vida y la amputación de una pierna. ¿De verdad en esas circunstancias es el sufrimiento algo «opcional» y el dolor «un talismán que cura»? ¿De verdad «si Frida Kahlo viviese hoy sería una it girl»?

Sabemos que Kahlo fue una artista fuertemente politizada: que cambió su fecha de nacimiento para hacerla coincidir con la de la revolución en México, que ingresó en el Partido Comunista, que acogió en su casa, la Casa Azul, a Trotski y que durante la Segunda Guerra Mundial participó en mítines antifascistas (aunque ‘Efecto Frida’ obvie toda esta información). Y sin embargo, hasta la conservadora Theresa May lució una pulsera inspirada en la obra de la mexicana en el congreso anual de los tories el pasado octubre, tal y como recuerda Daniel Bernabé en 'La trampa de la diversidad', donde analiza el proceso de «vaciamiento y apropiación» de Kahlo, ya convertida en un objeto de consumo que tiene poco que ver con la Kahlo real. La política, afirma Bernabé, se ha convertido en otro objeto de consumo.

El ensayo analiza cómo el neoliberalismo atraviesa sutilmente otros fenómenos culturales recientes (de ‘Operación Triunfo’ a la famosa cabalgata de reyes LGTBI de Madrid) y resulta especialmente interesante cuando desarrolla la teoría de que el individualismo, el creerse más especial que el vecino, más único y diverso que la masa, más rebelde y guapo que el resto, es el fin de lo colectivo, de lo que había conseguido la lucha de clase.

Las guerras culturales, aquellos conflictos centrados en lo simbólico más que en lo material, son lo que nos define hoy. «Nuestro yo construido socialmente anhela la diversidad pero detesta la colectividad, huye del conflicto general pero se regodea en el específico», sostiene Bernabé. Dicho de otro modo: nunca hemos necesitado ser tan diferentes, pensarnos tan diversos. Y para diferenciarnos del resto, inventamos etiquetas para todo, cuanto más exóticas, mejor. Ecoansiedad, freegans, ¡dendrofilia! Un ejemplo sonrojante, el favorito del autor: las meatmares, las pesadillas que tienen los veganos cuando sueñan que comen carne. Lo curioso es que no son pesadillas, sueñan que disfrutan comiendo un entrecot. Lo anécdotico, la chorrada como centro de la vida.

Volviendo a Kahlo: otro fenómeno que rodea a la mexicana es la incesante romantización de sus desgracias, el hacer pasar el dolor por amor, desesperación por liberación, debilidad por coraje. Encumbrar al artista torturado no es algo nuevo, pero afortunadamente, cada vez son más los que se niegan a glamurizar el sufrimiento creativo. De eso habla, y muy bien, Hanna Gadsby en el monólogo ‘Nanette’, la última sensación de Netflix, donde comparte un desagarrador relato sobre su salida del armario y por qué la comedia no la ha ayudado a superar sus problemas porque hacer el mismo chiste sobre uno mismo durante décadas no siempre es la mejor terapia. Gadsby arremete contra el tópico que dice que si Van Gogh se hubiera medicado, no tendríamos los girasoles. De hecho, sí se medicaba, con digitalina, para tratar la epilepsia, un fármaco que puede causar que alguien vea en amarillo o en focos de amarillo. Y respecto a los girasoles: no tendríamos ni uno sin su hermano Theo.

martes, 8 de mayo de 2018

#hemeroteca #feminismo #poder | Tomar el poder: leonas y zorras

Imagen: El País / Compostela feminista contra la sentencia a la Manada
Tomar el poder: leonas y zorras.
La cultura patriarcal nos ha negado a las mujeres el derecho a la individualidad.
Clara Serra | El País, 2018-05-08
https://elpais.com/elpais/2018/05/03/opinion/1525373361_751843.html

"Vosotras sois mucho mejores que nosotros los hombres” es la nueva versión galante, pero en el fondo igualmente peligrosa, de asignar a las mujeres una esencia, un modo de ser específico que contribuye a asentar en el imaginario social las diferencias entre hombres y mujeres en lugar de deshacerlas. Las feministas luchamos desde hace siglos contra los discursos que, ya sea en nombre de la tradición o la ciencia, han servido para definir la naturaleza femenina y explicar que las mujeres somos diferentes a los hombres e idénticas entre nosotras mismas. Es obvio que hay diferencias en un mundo que nos asigna papeles desiguales y la lucha feminista surge precisamente por hacernos cargo de ellas.

Pero comprender la injusticia de las mismas es comprender que no hemos ocupado determinados lugares en sintonía con la naturaleza sino que se nos han impuesto a través de la fuerza y la violencia. Lo primero que la cultura patriarcal nos ha negado a las mujeres es el derecho a la individualidad, el reconocimiento de que somos diferentes unas de otras, que somos tan distintas como lo son los hombres entre sí y que somos, por tanto, unos y otras igualmente capaces de las mismas cosas.

Eso nos obliga a tener mucho cuidado con el argumento de la supuesta bondad de las mujeres que a menudo aparece en escena. A veces en nombre del feminismo se cuestiona que las mujeres accedan a cuotas de poder si es para “parecerse a los hombres” o “hacer políticas no feministas” o “ser como Tatcher o Merkel”. Si van a hacer lo mismo que ellos con el poder —se dice—, ¿para qué querríamos que las mujeres accedieran a donde ahora no acceden? Pensemos hasta qué punto sería absurdo plantearlo al revés. ¿Tendría sentido decir que para que los hombres hagan políticas como las que hace Rajoy no los queremos en lugares de poder? Los hombres, con independencia del uso que hagan del poder político, tienen ya garantizado su derecho a acceder a él.

¿Tenemos las mujeres feministas que defender que el poder en manos de mujeres debe estar condicionado a hacer solo determinadas políticas? ¿Tenemos nosotras que cumplir más condiciones que los hombres para ganarnos el derecho a disputar el poder? ¿No tienen nuestras adversarias políticas derecho a no encontrarse con techos de cristal en sus respectivos partidos? ¿No tienen derecho todas las mujeres a hacer política en igualdad de condiciones con los hombres incluso si es para hacer políticas con las que no estamos de acuerdo entre nosotras? ¿No tendremos las feministas, frente a la apelación de la virtud femenina y la exigencia de que seamos buenas si queremos ser poderosas, que defender incluso el derecho al mal de las mujeres? ¿No tendremos que defender que podamos ser igualmente capaces de las mismas cosas?

En mi reciente libro ‘Leonas y zorras’ trato de explicar y combatir algunos de los modos tradicionales de apartar a las mujeres de la política. Si esta consiste, como sostenía Maquiavelo, en el uso de la coacción (del león) y el uso de la seducción (de la zorra), tiene sentido preguntarnos cómo podríamos desactivar los estereotipos culturales a través de los cuales se ha naturalizado la fuerza como algo esencialmente masculino y cómo se ha estigmatizado la seducción —la astucia y la estrategia— como algo que las mujeres no deben o no saben practicar.

Tiene sentido preguntarnos por qué, cuando las mujeres representan el éxito de la política del cambio y las Adas y las Manuelas demuestran que saben ganar y tomar el poder, tendemos a leer la “feminización de la política” que ellas representan como algo que tiene que ver con “la cultura femenina”, el modo de ser de las mujeres y, en última instancia, que el mundo las ha hecho así. Naturalizar lo femenino en política, aunque siempre sea en nombre de las bondades de las mujeres, puede servir para que los hombres piensen que ellos juegan en otra liga y no se planteen lo que esto comporta: que un modo menos retador y agresivo de hacer política es, no una manera femenina de hacer política sino, simplemente, una mejor manera de hacerla.

Lo menos asumible por quienes han monopolizado el poder hasta hoy es que el feminismo y las mujeres puedan dar una excelente lección de inteligencia y estrategia política mientras los hombres (igualmente capaces de las mismas cosas) no pueden sino tomar buena nota.

Clara Serra es diputada en la Asamblea de Madrid por Podemos. Ha publicado recientemente ‘Leonas y Zorras’ (Catarata)