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jueves, 9 de enero de 2020

#hemeroteca #homofobia | La invitación a Scott Card amenaza el festival Celsius

Imagen: El País / Orson Scott card
La invitación a Scott Card amenaza el festival Celsius.
Tres autores españoles rechazan asistir al evento de ciencia ficción por la presencia del novelista estadounidense
Laura Fernández | El País, 2020-01-09
https://elpais.com/cultura/2020/01/08/actualidad/1578507411_155081.html

La ciencia ficción española está en guerra. Desde que el Celsius, el festival de lo fantástico que se celebra cada verano en Avilés, anunció a Orson Scott Card como cabeza de cartel de la edición de este año, muchos han sido los autores, nacionales e internacionales, que han mostrado su incomodidad al respecto. Pero la cosa está llegando hasta el impensable extremo de que un grupo de, hasta ahora, seguidores del festival, han propuesto organizar este verano un acto de protesta que consistiría en “la quema de libros” de su más controvertido cabeza de cartel hasta la fecha. “¿Qué sentido tiene algo así en un festival que se llama Celsius 232 en honor de la obra de Ray Bradbury que precisamente ataca la censura que consiste en la quema de libros?”, se preguntaba ayer Cristina Macía, una de sus directoras, que “entiende perfectamente” la posición de aquellos que están declinando su invitación al festival por no compartir espacio con el autor de ‘El Juego de Ender’, pero insiste en que “no se le invita por lo que piensa sino por sus libros”.

Orson Scott Card fue un mito, de la altura literaria de Isaac Asimov, William Gibson, o el propio y más cercano, incluso en ideología, pues ambos son mormones, Brandon Sanderson, hasta que empezó a cargar contra el matrimonio homosexual hace ya más de una década. Entonces, aquellos que habían leído sus libros, el más famoso de todos ellos, ‘El Juego de Ender’ –premios Hugo y Nebula en 1986–, iniciaron una revisión de su obra en la que encontraron pistas por todas partes. Después de todo, el protagonista de la famosa saga es un trasunto de Joseph Smith Jr., fundador de la iglesia mormona. Pero la obra, llena de matices, nunca se juzgó, ni se ha juzgado, homófoba. Sin embargo, sus escritos y declaraciones, sí. Por ejemplo, ha dicho Card que el matrimonio gay iba a suponer “el fin de la democracia en Estados Unidos” y que la homosexualidad “es una enfermedad mental”. Y no solo lo ha dicho, se ha alineado junto a colectivos que han luchado activamente contra los derechos de los homosexuales considerando que “no deberían ser tratados como ciudadanos en igualdad de condiciones con el resto”.

Javier Ruescas, autor de ficción juvenil y pieza clave, desde sus inicios, del festival, es uno de los tres autores que han declinado por el momento la invitación este año –las otras dos son Iria G. Parente y Selene M. Pascual–, en la que, dice, ha sido una decisión “muy meditada”. “Podríamos haber decidido ir para no cederle nuestro espacio, como han hecho otros autores nacionales e internacionales, pero después de meditarlo mucho por separado y hablarlo entre nosotros, Iria, Selene y yo decidimos rechazar la invitación. Consideramos que darle voz a un hombre como él es dar un primer paso hacia algo muy peligroso: blanquear de una manera clara la homofobia, y el hecho de que nosotros vayamos, como se ha demostrado en otras ocasiones, le daría publicidad y contenido a una edición del festival que legitima la presencia de alguien que va contra nuestros derechos”, dice el escritor, que, como tal, asegura, no compra el argumento de la organización de que “una cosa son los libros y otra, el autor” porque, dice, “creo que todos dejamos parte de quienes somos en nuestro arte”.

El perfil de Card (Richland, 68 años), cada vez más radical, obligó a la productora de la adaptación al cine de ‘El Juego de Ender’ a prescindir de su figura durante la promoción de la película en 2013 por considerar que “iba a hacerle más mal que bien”. Por entonces, hizo unas declaraciones a la revista norteamericana ‘Wired’ en las que seguía cargando contra los homosexuales. “Nos piden que seamos tolerantes con ellos, pero ellos no toleran que pensemos lo que pensamos”, le dijo al periodista. “¿A qué nivel me duele todo lo que está pasando en el Celsius?”, tuiteaba ayer Ruescas para sus más de 80.000 seguidores. “Al nivel de que, aparte de amar el festival, yo era un gran admirador de Orson Scott Card, hasta hice cola para conocerle”, decía, y mostraba una fotografía con él. “Años después me enteré de lo que odiaba a la gente como yo y que luchaba por quitarme derechos”, concluía. Dos autoras internacionales, la china Marie Lu y la norteamericana V. E. Schwab, invitadas este año al festival, que se celebrará a mediados de julio, también discutieron en Twitter sobre la posibilidad de no acudir en acto de protesta.

“Muchos lectores me han pedido que decline la invitación como acto de protesta pero si cedo mi espacio a la intolerancia, la intolerancia gana”, escribió Schwab, bisexual y autora de ‘Una magia más oscura’ (Minotauro), que alerta al festival sobre “la postura terrible” que le parece que adopta al invitar a Card. “Creo que es un problema generacional", apuntaba Sofía Rhei, otra habitual del Celsius. "Es la cristalización del cambio de los tiempos. Lo que estamos viendo es un punto de inflexión. Mientras los menores de 30 tienen claro que se niegan a compartir espacio con alguien así, los mayores como yo, dudamos, y empezamos a cuestionarnos”, añadía. Desde la organización, se niega que el Celsius vaya a dejar de ser “un lugar seguro como lo ha sido siempre” para el colectivo LGTBI y se insiste en que “nada va a cambiar”. “Llevamos nueve años organizando un festival con unos objetivos muy claros, no solo en lo que respecta a la paridad, que la hemos conseguido, y censurarnos de esta manera a nosotros mismos sería dar marcha atrás, algo que no pensamos hacer, porque nuestro criterio ha respondido y responde a lo exclusivamente literario”, sentenciaba Macía.

viernes, 26 de octubre de 2018

#hemeroteca #iglesiamormona #homofobia | La capilla de Deusto será el centro de culto del millar de mormones que vive en Bizkaia

Imagen: Deia / Proyecto del centro de culto mormón en Bilbao
La capilla de Deusto será el centro de culto del millar de mormones que vive en Bizkaia.
Los miembros de la Iglesia pretenden darse a conocer más con este edificio religioso que estará operativo en dos años.
Ane Araluzea | Deia, 2018-10-26
https://www.deia.eus/2018/10/26/bizkaia/bilbao/la-capilla-de-deusto-sera-el-centro-de-culto-del-millar-de-mormones-que-vive-en-bizkaia

Conforman una comunidad de unos 850 miembros en Bizkaia, donde siguen siendo bastante desconocidos a pesar de que se establecieron en 1977. Popularmente llamados mormones -término cuya utilización desaconsejan-, los devotos de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días iniciarán el próximo mes las obras de su futura capilla en Deusto, en el solar que quedó libre tras el derribo del colegio alemán de la céntrica calle Lehendakari Aguirre. Tras varios años de aplazamientos para conseguir las licencias necesarias, se prevé que el vistoso edificio, que será la sede central de su Iglesia en el territorio, esté erigido en 24 meses. Con ello, sus miembros pretenden darse a conocer más y, por qué no, sumar fieles.

“La nueva capilla de Bilbao va a llamar la atención”, asegura José Manuel del Molino, presidente del Quorum de Élderes y uno de los miembros con más memoria histórica dentro de la Iglesia. “Hemos ido creciendo poco a poco pero de forma continua, la capilla se construye en previsión de que sigamos aumentando”, añade el feligrés, quien puntualiza que este centro de culto supondrá la clausura de los locales en los que actualmente se congregan en la calle Henao y en Las Arenas. El nuevo edificio sumará cuatro plantas sobre rasante, con un total de 2.000 metros cuadrados, y tres plantas subterráneas destinadas a aparcamientos. “El salón grande tendrá capacidad para acoger 450 personas”, detalla Del Molino sobre el espacio en el que celebrarán sus reuniones sacramentales, equivalentes a las misas católicas, en las que se habla del Evangelio, entre otras cosas.

La pretensión de la Iglesia de Jesucristo, además, es abrirse al barrio de Deusto, para que sus vecinos también puedan aprovechar las instalaciones. “Tendremos un centro de historia familiar abierto a todos los ciudadanos”, explica Cristian Llaguno, segundo consejero de la Estaca de Gasateiz, quien afirma que el local también albergará clases religiosas -“como el programa de Seminarios e Institutos”- o diferentes actividades benéficas como la donación de sangre o la recogida de alimentos. “Nuestro objetivo siempre ha sido poder servir a la comunidad. Aunque creemos que no hay nada más importante que venir a Cristo. De ahí que hagamos obras de proselitismo”, admite Llaguno.

La Iglesia de Jesucristo se organiza en estacas, unidades administrativas similares a las diócesis conformadas por varias congregaciones que cuentan con su propia capilla. La estaca de la congregación vizcaina está conformada, a su vez, por las comunidades religiosas de Gipuzkoa, Araba, Nafarroa, Burgos, Logroño y Cantabria. Muchas de ellas están renovando sus centros de culto. En Donostia, por ejemplo, estrenaron capilla nueva el mes pasado. ¿Cómo se financian? “La iglesia es completamente independiente y autónoma, todos los ingresos se consiguen a través del diezmo de sus miembros”, concreta Del Molino. “No recibimos nada del Estado, en ningún país del mundo”, añade Llaguno sobre esta fe que cuenta con alrededor de 16 millones de miembros en 140 países. De la misma forma, tampoco cuentan con un clero profesional, sino que sus reuniones las ofician voluntarios.

Menos prejuicios
“Cada vez hay menos prejuicios. No es como hace treinta años que al escuchar mormón la gente lo relacionaba con la poligamia”, explica José Manuel del Molino, sobre una práctica que actualmente solo llevan a cabo los fundamentalistas. “Ahora hay un desconocimiento general, de gente que nunca ha escuchado cuál es nuestra Iglesia”, agrega Llaguno, que abrazó este creencia a la que sus padres se sentían cercanos. “Por el tiempo que llevamos en Bizkaia, todos somos conversos, menos nuestros pequeños y jóvenes”, relata el presidente del Quorum de Élderes, quien rememora los inicios de esta religión en Bizkaia.

“Empezó con una familia uruguaya que vinieron de misioneros aquí en 1977. Empezaron a enseñar, poco a poco fueron encontrando a personas y bautizándolas”, rememora Del Molino en relación a los inicios de esta religión que lleva a cabo el bautismo por inmersión -sus centros suelen contar con pilas que se asemejan a pequeñas piscinas-, una ceremonia que habitualmente realiza cuando los miembros tienen ocho años. “Al principio ocupábamos una capilla muy pequeña, en la Avenida del Ferrocarril, y en 1981 pasamos al local de la calle Henao”, señala Del Molino sobre la comunidad, que “al hacerse más grande se dividió con la de Las Arenas”.

Carolay Alcántara, encargada de Asuntos Públicos de la estaca que lleva un año viviendo en Bilbao, relata su toma de contacto con esta religión en su Perú natal, donde sus padres se convirtieron antes de que ella naciera. “Siempre he crecido con los principios, pero llega un punto de inflexión en tu vida donde decides si quieres seguir o no”, relata. En su caso, la lectura del ‘Libro de Mormón’, uno de los libros canónicos de la esta religión, a los 16 años fue decisiva. “Llegué a la conclusión de que todo lo que enseñaban en la Iglesia era lo que yo quería seguir en mi vida”, reflexiona.

Posteriormente llegó su obra misional, un periodo de dos años (algo menos para las mujeres) en el que los jóvenes miembros de la Iglesia -reconocibles por portar unas placas identificativas con sus nombres- se marchan a otro país para obtener conversos. “Está enfocada en invitar a todos a venir a Cristo, pero también sirve para hacer obras de caridad”, señala Llaguno sobre esta experiencia “que se disfruta muchísimo” y que, en su caso, llevó a cabo en Inglaterra, donde promulgó consignas como “la familia forma parte del pináculo de la Iglesia”. ¿Cualquier tipo de familia? “Se da la bienvenida a las personas que tengan una orientación sexual diferente, pero es cierto que nos oponemos al matrimonio entre personas del mismo sexo o al aborto, por lo que hablamos de la familia en un contexto tradicional”, concreta Llaguno.

Y TAMBIÉN…
Derriban un antiguo colegio de Deusto para construir una capilla mormona.

Vecinos recogen firmas para preservar el edificio, pero la comunidad religiosa cuenta con todos los permisos para desarrollar su proyecto.
Teresa Abajo | El Correo, 2015-09-08
https://www.elcorreo.com/bizkaia/201509/08/derriban-antiguo-colegio-deusto-20150907223053.html

sábado, 4 de agosto de 2018

#hemeroteca #testimonios #homosexualidad | De mormón reprimido a hombre libre: así superé la presión religiosa para aceptar mi homosexualidad

Imagen: El País / Christopher Dean
De mormón reprimido a hombre libre: así superé la presión religiosa para aceptar mi homosexualidad.
Incluso acudí a extrañas terapias que me ayudaran a "arreglar" mi condición.
Christopher Dean | Verne, El País, 2018-08-04
https://verne.elpais.com/verne/2018/07/23/articulo/1532332647_992588.html

Cuando un buen mormón tiene 18 o 19 años, sirve una misión de un par de años en otra ciudad u otro país, y a mí me tocó en Milán. Antes de salir de Estados Unidos, me enseñaron el idioma en un centro de capacitación, y ahí lo conté por primera vez en voz alta: "Me gustan los chicos", le balbuceé a un líder mormón entre sollozos, y me abrazó. En mi diario esa noche, escribí "Me siento libre", porque ese peso, al menos en parte, se había aligerado.

Pero no todos los líderes religiosos fueron tan comprensivos ni bondadosos, y pronto empecé a sentirme cuestionado. Para ser misionero, hay que superar algunas visitas médicas y un largo proceso de entrevistas. En mi caso, me hicieron muchas preguntas sobre mis preferencias sexuales. Me transmitieron la sensación de que tenían miedo a que me convirtieran en un mal ejemplo para el resto de misioneros.

Superados los exámenes, por fin me enviaron a Italia, donde volví a esconder mis sentimientos porque no quería enfrentarme a la vergüenza de volver a casa antes de cumplir mis dos años de estancia en el extranjero. Recuerdo que cuando veía a las parejas gais en Milán besarse en el metro o por la calle, me entraba un miedo espantoso. No quería ser como ellos.

Crecí en un entorno religioso donde se premiaba ajustarse a las normas y se penalizaban las ideas propias. Mi familia inmediata era mormona, incluso mis abuelos, que además eran nuestros vecinos. Tenían muchos valores y muy buenos, pero la independencia y la autoaceptación no estaban incluidas. Desde niño me habían enseñado en la iglesia que sentir atracción por otros hombres era una enfermedad, un pecado o simplemente algo que reprimir. Lo trataban exactamente como trataban una adicción a las drogas, a la pornografía o al alcohol. Por tanto, en cuanto me di cuenta de que me gustaban los chicos, lo reprimí y lo escondí, hasta para mí mismo, porque no quería ser "malo".

Como he mencionado, antes de mi viaje reuní el valor necesario para contárselo a un líder religioso. Pero aquella pequeña liberación que había anotado en mi diario se esfumó pronto. Después de mis años en Italia, volví a la vida normal en Utah para terminar mis estudios. Y en la Brigham Young University, una universidad que pertenece a la iglesia mormona y cuyo alumnado se formaba casi exclusivamente de mormones, la represión que sentía se volvió más fuerte.

En aquella época me obligaba a salir con chicas para cumplir con un mandato divino de Dios que me decía que tenía que casarme con una de ellas. Hice todo lo que un buen mormón debería y más allá para compensar la vergüenza que sentía dentro, y esperaba la llegada de esa mujer que por fin me gustara lo suficiente como para enamorarme y ser como mis amigos heterosexuales, que se estaban casando muy jóvenes.

Entonces salí del armario un poquito, contándoles a mis amigos y a algunos de mis familiares que me gustaban los chicos, pero que seguiría en la iglesia y que sería capaz de controlarme. A mis hermanos, que ya no eran mormones, no les supuso ningún problema y me siguieron tratando como siempre. Mis padres, que todavía lo eran, se mostraron sorprendidos, pero me ofrecieron su apoyo en cualquier decisión que tomara. Con el paso del tiempo, acabé abriéndome hasta compartir mi historia públicamente a través de un blog, para ayudar a otros chicos que estaban en lo mismo: quería ser un ejemplo de que se podía seguir siendo un buen mormón pese a este "problema".

Para armonizar mi sentimiento religioso y mi sexualidad, empecé sesiones particulares y grupales con un terapeuta al que iban muchos chicos mormones y gais como yo. De hecho, él también era mormón y gay, pero estaba casado con una mujer. En teoría, debía ser un ejemplo para nosotros. En las sesiones grupales, los chavales nos reuníamos con él para hablar de las dificultades de ser mormones con SSA ('same-sex attractions' o 'atracciones hacia el mismo sexo'). Rechazábamos la palabra gay porque no queríamos vivir ese tipo de vida.

El ideario de este grupo, que no trabajaba directamente para la iglesia, sino que era independiente, consistía en que nuestros sentimientos homosexuales eran aberraciones de la naturaleza y que se podían quitar. Nos decían que si llegábamos a sentirnos masculinos de verdad, las atracciones hacia los hombres desaparecerían y las atracciones hacia las mujeres volverían. Decían que todo esto tenía su raíz en la infancia e intentaban indagar en las relaciones con padres, hermanos y amigos que explicaran nuestra falta de autoestima y de masculinidad. Negaban la causa real de nuestro dolor: la falta de aceptación de nosotros mismos y vivir en entornos homófobos.

Estas sesiones me condujeron a reuniones de otros grupos asociados que tenían convivencias de exgais, donde usaban todo tipo de "terapias" que, según ellos, nos ayudarían a superar estas atracciones. Por ejemplo, usaban el cariño físico para desexualizar el contacto con otros hombres, para intentar ver a los hombres como hermanos en vez de parejas potenciales. En otra convivencia usaron la desnudez para que nos acostumbráramos al cuerpo masculino como algo normal, como los chicos que ves en el vestuario de un gimnasio, en vez de un objeto sexual. En esa época estaba convencido de que estas prácticas me ayudarían, pero ahora veo que eran mentira y tan solo retrasaban mi proceso de aceptación.

La primera vez que vine a España fue para visitar a un compañero de estos grupos que era de Alicante. Más adelante, cuando había aprendido mejor el idioma, volví en 2016 para estudiar un semestre en Alcalá de Henares, gracias a un acuerdo de mi universidad estadounidense.

Durante aquella época, echaba de menos los grupos y las terapias de conversión, sintiéndome solo y débil a nivel espiritual. Para rellenar ese vacío, empecé a frecuentar un grupo para adictos al sexo que seguía el formato de Alcohólicos Anónimos. Yo no compartía los mismos problemas que ellos, pero aún creía que mi atracción por los hombres era parte de una adicción que tenía que curar y con ellos me sentía cómodo. Durante esos meses, lejos de Utah y de mi familia, intenté hablar con algún chico por Tinder o Grindr, pero me faltaba valor para llegar más allá de la conversación. El miedo y la vergüenza no me dejaron superar la soledad intensa que sentía en todo momento.

La vuelta a Utah después de mi primera breve estancia en España fue aún más dura y empecé a perder el control que había mantenido durante tantos años. Salía con chicos de Tinder solo para bloquearlos en todas las redes al día siguiente, abrumado por mi culpa, y luego empezaba el ciclo con otro. Despreciaba a los gais que vivían su vida fuera de la iglesia. Creía que yo era más fuerte porque no había caído en esa trampa, la promesa engañosa que lanzaba el mundo de que teníamos que ser "nosotros mismos" a toda costa.

Un día hablé por teléfono con un compañero de mi grupo en Madrid. Le conté con un tono de desprecio y superioridad que un amigo había dejado la iglesia para vivir con su novio. Le expliqué que si yo tuviera novio, nunca podría tener una posición igual a la de los miembros heterosexuales en la iglesia: siempre sería un miembro de segunda clase. No podría ser un líder, ni enseñar ni nada, porque no estaría siguiendo las normas.

Este compañero, que no era mormón, me contestó: "Pues no creo que la iglesia de un Dios que ama a todos igualmente haya creado una organización con tanta desigualdad". Esa pequeña frase fue la clave para mí y, desde ese momento, todo empezó a cambiar.

Había pasado toda mi vida sirviendo a un Dios con una iglesia que me despreciaba. A pesar de eso, no me había ido de allí. ¿Por qué era tan masoquista? El dolor y la soledad que me atormentaban no se iban ni con las mejores terapias ni con las oraciones más fuertes, porque era un juego que nunca podría ganar. Para hacerlo, tendría que romper las reglas y dejar de jugar completamente. Empecé a pensar de otra manera en mi amigo que lo había dejado todo para estar con su novio: tenía envidia y quería amar a alguien tanto como para hacer algo tan valiente. Y ya estaba harto de estar tan solo.

En ese momento, aún no había roto del todo con la iglesia. Pero antes de regresar a España, donde vivo ahora, tuve que esperar mi visado, así que me mudé a Kentucky para vivir con mis padres. En el trayecto largo de coche desde Utah a Kentucky, tuve el valor de contárselo a mi madre: "Me estoy planteando salir con chicos y quiero que lo sepas". Ella asintió, pero no hablamos más del tema.

Durante esos meses de espera, me puse a conocer chicos gais de la zona, no para follar, sino para salir, conocer y tener amigos. Cuando volvía de mis citas, me di cuenta de que, o bien salir con chicos no era pecado, o bien ese concepto de pecado con el que había vivido toda mi vida no existía porque no me sentía mal y me pareció lo más natural del mundo. Fue un proceso muy largo, pero necesario y duro. Dejé de orar. Dejé de leer la Biblia. Dejé de pedir perdón por pecados que no existían. Me di cuenta de que no necesitaba nada de todo eso y que eran cadenas que me ataban.

Cuando me instalé en Madrid comprendí que era la oportunidad perfecta para empezar de nuevo y recrear mi vida como yo la quería. Al principio me enamoraba de cualquier chico que me hablaba y todo me parecía nuevo y excitante, pero a la vez tenía mucho miedo. Quería conservar alguna parte de mi existencia como mormón y esas mentalidades enfermizas sobre la sexualidad y la orientación sexual no se quitarían tan fácilmente. Me llevé muchas decepciones en los primeros meses, pero poco a poco hice amigos que me ayudaron a adaptarme y aprendí a ser el tipo de persona que quería ser yo.

Madrid ha sido el lugar perfecto para normalizar mi homosexualidad y quitarme la homofobia reprimida que había ido acumulando durante años. Aquí nunca me he sentido raro o diferente por ser gay y nunca he tenido que salir del armario, porque mi orientación era una parte integral de mí. Recuerdo las primeras veces que salí por los bares y las discotecas de Chueca. No podía creer que hubiese tanta gente como yo y no entendía cómo vivían con tanta libertad.

Antes hacía lo que una buena persona haría porque me sentía obligado, o para evitar algún castigo. Creía que siendo bueno Dios me daría algún premio o me quitaría la maldición de la homosexualidad. Ahora quiero serlo porque es como quiero ser, nada más, y siento que tengo la motivación más pura y más fuerte para ser el mejor Christopher que exista. Además, veo que ser homosexual es un punto fuerte que me ha permitido conocerme mejor a mí mismo y me ha dotado de más empatía y amor hacia las personas que no se ajustan a la norma.

Hoy tengo la libertad de hacer lo que me apetece de verdad. En lugar de estar en una guerra constante conmigo mismo, he dejado de luchar y he abandonado el campo de batalla para vivir en paz. No tengo miedo a ser quien soy y, cuando miro atrás, a cómo pensaba y actuaba antes, estoy agradecido por haber vivido todo eso para ser quien soy.

Al final, no puedes elegir tu naturaleza, pero sí que puedes elegir cómo respondes a ella. No cambiaría la libertad que tengo hoy por nada del mundo. Incluso he vuelto a compartir mis sentimientos en redes sociales, pero ya no explicando que es posible ser mormón pese al "problema" de la homosexualidad, sino celebrando el nuevo Christopher que está libre. Así lo conté en el siguiente hilo de Twitter, que tuvo mucha repercusión.

Mis amigos y familiares, cuando vienen de visita, comentan lo feliz que parezco. Además, no soy el único que se ha liberado: varios amigos de mis grupos de terapia han hecho lo mismo y ahora gozan de la misma libertad. Es más, me han contado que uno de mis terapeutas, que estaba casado con una mujer y trabajaba para convertirme en heterosexual, ahora vive feliz con su novio. Las vueltas que da la vida.

A veces pienso en lo que me diría a mí mismo cuando era niño, y es lo mismo que quiero decir a cualquiera que lea esto: eres perfecto como eres; no eres un error. Te van a decir que hay partes de ti que son malas y que no valen, pero es mentira. De hecho, un día, esas partes que te dan vergüenza son las que te harán fuerte y único. No estás solo y las personas (y los dioses) que valen de verdad te querrán siempre, independientemente de cómo seas o a quién ames.

domingo, 29 de enero de 2017

#hemeroteca #iglesiamormona #poligamia | Mi vida feliz como mujer de un polígamo

Imagen: El País / Comunidad mormona de Hildale, Estados Unidos, 2008
Mi vida feliz como mujer de un polígamo.
Un hombre, dos mujeres, cuatro hijos. La boda fue pactada. Pasado el tiempo dicen ser una familia feliz. Cómo reacciona la sociedad.
M. E. Torres | El País, 2017-01-29
http://elpais.com/elpais/2017/01/19/icon/1484844930_340659.html

La canadiense Twyla Quinton tenía 16 años cuando, en otoño de 1997, aceptó casarse con un hombre cinco años mayor que ella y al que apenas conocía. Dos años antes, a los 14, había podido rechazar un arreglo matrimonial parecido gracias la complicidad de su madre, que estuvo de acuerdo en que Twyla era aún demasiado joven para casarse.

El matrimonio entre la adolescente y el joven adulto se llevó a cabo el 31 de octubre, víspera de Halloween, en Bountiful, una colonia mormona de 600 habitantes de la Columbia Británica (Canadá) donde había crecido Twyla. La identidad de su marido le había sido revelada unas horas antes. Se trataba de un vecino con el que había coincidido en alguna ocasión, pero con el que apenas tenía trato.

Aunque la legislación canadiense rechaza los matrimonios forzosos, Twyla se casó por su propia voluntad y lo hizo estando ya en la edad legal de consentimiento, que por entonces estaba fijada en 14 años (Canadá la elevó a los 16 en 2008). Lo irregular llegó dos años después. Esta vez, instigado por Twyla, que por entonces ya había tenido a su primer hijo. La joven madre pidió a Winston Blackmore, líder de la comunidad, que permitiese a su marido y a ella ampliar la familia tomando una nueva esposa. La candidata era April, media hermana menor de Quinton, hija de distinta madre y mismo padre. “Habíamos crecido juntas y me pareció perfectamente natural que compartiésemos marido y criásemos a nuestros hijos juntas”, explica Twyla a la publicación ‘Vice’.

Sin embargo, el nuevo arreglo matrimonial, autorizado sin problemas por Blackmore y consumado en invierno de 2000, sí entraba en conflicto con el código penal canadiense, que en su artículo 293 prohíbe de manera explícita la práctica de la poligamia. Twyla, su marido y su hermana-esposa pasaron a formar parte de un modelo de familia que su país considera fuera de la ley. Un detalle que ellos ignoraban y que no tuvo la menor importancia mientras siguieron residiendo en Bountiful, oasis polígamo en el que la acumulación de esposas resultaba normal y frecuente.

Los problemas llegaron años después, cuando la familia decidió mudarse a otro municipio, a apenas media hora de carretera de la colonia mormona. Por entonces, en 2006, la apacible Bountiful se había convertido en epicentro de un escándalo mediático de grandes proporciones. Acababa de descubrirse que, durante años, esta población de 600 habitantes había sido punto de origen de una ilegal caravana de mujeres. 50 niñas canadienses de entre 12 y 17 años habían sido enviadas al sur de la frontera, a las ciudades estadounidenses de Hildale, Eldorado y Colorado City, para casarse contra su voluntad con hombres mucho mayores que ellas, como el líder mormón Warren Jeffs y otros líderes destacados de su comunidad. Entre las víctimas de esta red de contrabando de menores estaban las dos hijas de 14 y 13 años del patriarca de Bountiful, el citado Winston Blackmore, que fue acusado de trata de blancas y complicidad con un delito continuado de abuso infantil.

Para Twyla Quinton, el escándalo Warren Jeffs y su profundo impacto en Bountiful marcaron el punto de inflexión que la llevó a romper con su iglesia, su comunidad y gran parte de su familia. A lo que no quiso renunciar es a su matrimonio a tres y a sus hijos. En 2009, Twyla convenció a su marido de la conveniencia de dejar atrás la atmósfera viciada de Bountiful, matricular a sus hijos (tienen cuatro, dos de cada una de ellas) en una escuela pública, más moderna y diversa, y empezar una nueva vida al margen de la comunidad. “Cuando nuestros hijos explicaron en la escuela que tenían dos madres, todo el mundo dio por supuesto que éramos una pareja de lesbianas”, cuenta Twyla a ‘Vice’, “algo que despertó curiosidad, pero no un abierto rechazo”.

El rechazo vino después, al descubrirse que Twyla y su hermana no eran amantes, sino exiliadas de la comunidad mormona del sur del estado, y formaban parte de una relación polígama. Es decir, que el suyo no era un modelo de convivencia avanzado, sino un atavismo propio de una secta religiosa de mentalidad pre-moderna. Varios empresarios locales a los que Twyla pidió trabajo llegaron a decirle que no podían contratarla porque al continuar con su relación matrimonial estaba cometiendo un delito. Por primera vez, Twyla se planteó que no solo su marido, también su hermana-esposa y ella misma estaban violando la legislación canadiense y se arriesgaban a acabar entre rejas.

La poligamia solo es legal en 58 de los 200 estados soberanos del planeta. Está completamente prohibida y perseguida judicialmente en todos los estados de la Unión Europea, incluida España, y en el continente americano en su conjunto. Hay países que la toleran o no la persiguen activamente, como la Federación Rusa, pero solo es completamente legal en algunos estados africanos y asiáticos de mayoría musulmana.

En Canadá, a raíz del escándalo de la red de jóvenes esposas de Bountiful, la Corte Suprema de Justicia de la Columbia Británica dictaminó en 2011 que prohibir y perseguir activamente la poligamia es compatible con la constitución canadiense. Según el jurista Robert Bauman, eso se debe a que se trata de una práctica común en comunidades religiosas “fuertemente patriarcales” y por tanto las mujeres que participan en relaciones polígamas lo hacen, en la mayoría de los casos, “coaccionadas por su entorno y no en condiciones de verdadera libertad”.

Bauman argumenta también que penalizar esta práctica y perseguirla de oficio es la única manera de que la sociedad se mantenga vigilante y proteja a las víctimas, “porque ellas, al estar inmersas en comunidades religiosas que aprueban la poligamia, muy difícilmente denunciarán su situación”. En el caso de las hermanas Quinton, la decisión de seguir adelante con su modelo de convivencia a tres después de dejar atrás Bountiful y soltar amarras con la comunidad mormona da pie a un explosivo debate.

Twyla reconoce que en sus orígenes fue una relación polígama, fruto de un matrimonio de conveniencia instigado por líderes religiosos. Sin embargo, en su opinión, ha acabado convirtiéndose en un pacto de convivencia libre entre más de dos personas. Algo no muy distinto de un trío o una relación poliamorosa (tener más de una relación simultánea y tolerada con varias personas), que no son perseguidas en los mismos países que sí persiguen la poligamia. “En un sentido formal”, según apunta el jurista canadiense Tom Dickson, “lo que convierte en delito la poligamia tal y como la practican los mormones es la existencia de una ceremonia en la que ese pacto de vida se hace público”. Para Twyla, “a estas alturas, ya nadie persigue a un adúltero o a un hombre que tenga dos familias”. Lo que se penaliza, en el caso de la poligamia, es hacerla oficial. Salir del armario.

Aunque su unión polígama es ilegal, es muy improbable que se les detenga. Las autoridades de Canadá solo han detenido a adultos mormones casados con menores de 16 años. En la práctica, la ley contra la poligamia es constitucional y no se deroga, pero tampoco se aplica de manera estricta. Twyla, de momento, sigue viviendo en forma de trío.

Al margen de consideraciones legales, para la escritora y periodista peruana Gabriela Wiener, “poligamia y poliamor están en las antípodas la una del otro, aunque tal vez sí pueden llegar a tener un parecido superficial en algún caso concreto”. La misma Wiener ha relatado su propia relación poliamorosa en su libro ‘Llamada perdida’ (Malpaso Ediciones) y dedicado una crónica al polígamo Ricardo Badani y sus esposas en ‘Sexografías’ (Melusina). “La clave está en hasta qué punto hablamos de una relación libre y simétrica. En la poligamia, todo gira entorno a las necesidades sexuales y afectivas del hombre, por muy conformes y muy sumisas que lleguen a estar las mujeres implicadas. En el poliamor, en cambio, sí hay (o debe haber) verdadera libertad y simetría”.

Wiener recuerda cómo la convivencia con el polígamo Badani resultaba “confortable y más o menos plácida para sus esposas, que se sentían como hermanas y aliadas en la tarea de ‘cuidar’ a su hombre, que a su vez ‘cuidaba’ de ellas”. Un escenario, según lo describe, no muy distinto de la serie ‘Big Love’, que aborda frontalmente (y con verosimilitud y sensatez) las contradicciones que afrontan mujeres mormonas del siglo XXI inmersas en una relación polígama.

Pero, tal y como Wiener misma apunta, “que se llegue a un cierto punto de equilibrio y de comodidad no quiere decir que estemos hablando de una relación sana y libre. Y, desde luego, algo así no tiene nada que ver con el poliamor”.

En el caso de Twyla Quinton, Wiener señala: “Podríamos estar hablando de una relación poliamorosa sobrevenida si entre ellas dos hubiese atracción sexual o amor romántico. Al no ser, obviamente, el caso, lo que tenemos es un modelo de convivencia atípico, alejado tanto del poliamor como de la forma más tradicional de poligamia y que, en todo caso, despierta curiosidad y merece respeto”. Para la escritora y activista del poliamor Juliette Siegfried, una relación poliamorosa es aquella en la que “se acepta la diversidad sin preguntarse qué es la norma, no se cuentan mentiras y se convive sin dramas”.

Algo parecido a lo que cree tener Twyla Quinton, hoy 36 años, que ha dado la espalda a los aspectos más tóxicos y opresivos de la comunidad en la que creció para quedarse con lo esencial: las personas que le importan.

viernes, 1 de abril de 2016

#hemeroteca #transgenero | Las dificultades de ser mormón y transgénero: "No estoy loco. Es lo que soy"

Imagen: El Diario / Emmett Claren
Las dificultades de ser mormón y transgénero: "No estoy loco. Es lo que soy".
Emmett Claren podría ser excomulgado por su activismo trans, pero cree que dejar su iglesia tendría consecuencias peores: "¿Cómo voy a ayudar a la gente y cambiar las cosas si me voy?". "El género forma parte de la identidad eterna que nos ha dado Dios. Por eso, la Iglesia no bautiza a quienes planean someterse a operaciones transexuales", defiende un portavoz de la institución mormona. "En lugar de tener miedo a lo que no conocemos, me gustaría que aceptáramos a todo el mundo y amáramos incondicionalmente", pide Brigit Pack, que ha creado un grupo de Facebook de apoyo a los mormones trans.
Sam Levin · The Guardian / Traducción de Jaime Sevilla Lorenzo | El Diario, 2016-04-01
http://www.eldiario.es/theguardian/dificultades-mormon-transgenero_0_499750781.html

A los 13 años, Emmett Claren solía tumbarse en medio de un campo de fútbol que había detrás de su casa, mirar al cielo y suplicar a Dios que le golpeara con un rayo y cambiara su cuerpo. "Le decía: 'Tengo mucha fe. Creo en ti. Sé que puedes hacer cualquier cosa'", recuerda Claren, que ahora tiene 22 años.

Este habitante de Utah y miembro de la Iglesia mormona es un hombre transgénero. Eso significa que al nacer se le asignó el sexo femenino, pero que desde muy pequeño supo que se identificaba como chico, aunque no aprendió el término "transgénero" hasta muchos años después. "Conviérteme en un chico ahora mismo", dice Claren que le pedía a Dios todos los días. Pero sus oraciones nunca tuvieron respuesta.

Tras batallar con su fe y su identidad durante años y sufrir épocas de grave angustia mental, salió del armario como transgénero a los 21 años, y ahora presiona para que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (SUD) acepte a miembros trans. Claren pertenece a un movimiento cada vez mayor de mormones trans de Utah que luchan públicamente por la aceptación en una iglesia conservadora que lleva mucho tiempo marginando a las personas LGTB.

El activismo de Claren, en YouTube y en entrevistas en medios de comunicación de Utah, es arriesgado. Podría enfrentarse a medidas disciplinarias e incluso a la excomunión de una iglesia que siempre ha sido una parte fundamental de su comunidad, su fe y su identidad. Pero Claren también sabe de primera mano que, si los mormones trans no alzan su voz y si la iglesia no cambia de opinión sobre sus miembros LGTB, las consecuencias seguirán siendo nefastas y, en algunos casos, mortales.

La iglesia SUD –cuya sede principal está en Salt Lake City, a unos 60 km al norte de donde vive Claren, en Orem– provocó un rechazo significativo en noviembre de 2015. Desveló una nueva política anti-gays que establecía que los hijos de parejas del mismo sexo no pueden entrar en la iglesia hasta que cumplan los 18 años y no serán bautizados salvo que se vayan de casa de sus padres y repudien las relaciones homosexuales. Estas normas generaron preocupación sobre un posible aumento de la depresión y los suicidios entre los mormones LGTB y llevó a muchos a abandonar esa iglesia.

Ese es un motivo por el que el caso de Claren es único: se niega a irse. Al contrario, espera que su historia anime a otros miembros transgénero a salir del armario y quedarse en la iglesia, o a plantearse volver si ya han renunciado por miedo a la discriminación y a la excomunión. Mientras que la institución lleva tiempo oponiéndose al matrimonio entre personas del mismo sexo, no tiene una postura clara sobre las personas trans.

Personas trans excomulgadas
Presionados por este tema, los líderes mormones manifestaron hace poco que la iglesia no está familiarizada con asuntos trans y que tiene que aprender más sobre el tema. Algunos activistas LGTB han interpretado esas declaraciones con optimismo y esperan que la iglesia pueda plantearse aceptar a miembros trans.

Al ser preguntado por la política de la iglesia SUD sobre este tema, su portavoz Eric Hawkins responde por email que los obispos "reconocen que estas situaciones son difíciles y sensibles", pero añade: "Creemos que el género forma parte de la identidad y el destino eternos que nos ha dado Dios. Por eso, la la Iglesia no bautiza a quienes planean someterse a operaciones transexuales, y quienes optan por ese proceso pueden ver en peligro su pertenencia a la institución".

Bajo esas ambiguas directrices, algunos miembros transgénero de la iglesia, como Claren, han podido seguir activos bajo el amparo de obispos tolerantes. Pero, según Brigit Pack, que cofundó un grupo de Facebook de apoyo a los mormones trans y a sus familias, ha habido otras personas que han afrontado medidas disciplinarias, que en algunos casos implicaban tener que comprometerse a no presentarse según su identidad de género. Cuenta que otros miembros trans han sido excomulgados, es decir, formalmente expulsados.

"En la mayoría de los casos quieren de verdad seguir activos en la iglesia", afirma Pack, una mujer de 37 años de Syracuse (Utah) cuya pareja salió del armario hace poco como transgénero. "En lugar de tener miedo a lo que no conocemos, me gustaría que aceptáramos a todo el mundo y amáramos incondicionalmente".

No hay datos fiables sobre mormones transgénero. Pack dice que su grupo de Facebook tiene ya 87 miembros que se identifican como trans, y es probable que haya muchos más que aún no han descubierto el grupo o que se han dado a conocer.

Claren afirma que siempre supo que no era una chica, pero que pasó muchos años en su infancia intentando amoldarse a las normas de género y a las expectativas de su iglesia y de sus padres. A los catorce años intentó suicidarse por primera vez. No fue hasta los 17 cuando oyó a un amigo hablar de las personas transgénero, e inmediatamente supo que encajaba en esa identidad. "Fue algo como: 'No soy el único que se siente así. No estoy loco. Es lo que soy'", relata.

Después fue misionero mormón en Salt Lake City y entró en la Brigham Young University, un centro de educación superior gestionado por la iglesia SUD. Pero aún tenía dificultades para darse a conocer como transgénero, y al menos una terapeuta le aconsejó lo contrario: "Me dijo: 'Si este es el camino que vas a tomar, no puedo ayudarte', y me abandonó", recuerda Claren.

Cayó en una profunda depresión y volvió a intentar suicidarse a los 21. "Mi vida estaba acabada", cuenta. "Rogaba a Dios para que me mantuviera vivo".

Sin embargo, en un momento en el que estaba solo rezando en el campus, tuvo una revelación: que Dios lo amaba y lo aceptaba. Sabía que la universidad lo expulsaría en el momento en el que empezara a presentarse como un hombre e iniciase un proceso de transición, así que dejó la institución. El portavoz de la universidad Brett Crandall confirma por email esa normativa: "Vestirse o presentarse deliberadamente como miembro del sexo biológico opuesto es una expresión incompatible con el Código de Honor de la institución".

Claren se trasladó a Utah, cambió de nombre y de pronombres y empezó a tratarse con testosterona. Este mes de abril tiene cita para someterse a un proceso de cirujía para que le quiten los pechos. Explica que sus padres han tenido dificultades para entenderlo y aceptarlo, pero que lo están intentando. Añade que, si la iglesia diera a su familia una orientación positiva, tendrían mucha más facilidad para aceptarlo.

Esa es una de las razones por las que permanece en la iglesia. "¿Cómo voy a ayudar a la gente y cambiar las cosas si me voy? Tengo que estar aquí para defenderme a mí y a otras personas como yo". En este tiempo, Claren ha encontrado una comunidad de apoyo de mormones trans en Utah, y más personas en esta situación están alzando la voz.

"Nos apoyamos los unos a los otros"
"Todos nosotros sabemos lo que es estar solo y creer que eres el único", afirma Ann Pack, la pareja de Brigit, que pasó por un proceso de transición hace dos años y sigue activa en la Iglesia mormona. "Acabar conectando no solo con otras personas trans, sino con personas trans en la iglesia, y ver que han pasado por experiencias similares a las tuyas, es muy grande".

Grayson Moore, hombre transgénero de 21 años que pasó por su transición cuando tenía 16, da gracias a Dios por ayudar a los mormones trans de Utah a contactar y animarse unos a otros. "Parece que el señor de verdad está haciendo su trabajo al reunirnos a todos", dice. "La comunidad SUD trans ahora existe. Cuando pasé por mi transición, no había nada".

El lento crecimiento del activismo trans mormón ha sido emocionante de presenciar pero también estresante, cuenta Sara Jade Woodhouse, mujer trans de 50 años que vive en South Ogden, al norte de Salt Lake City. Espera que sus esfuerzos animen a la iglesia a acoger a las personas trans, pero teme que pueda tener el efecto contrario y llevar a la creación de una política anti-trans explícita. "Hemos visto lo que ha ocurrido con los mormones gays y lesbianas. Podrían hacer lo mismo con nosotros y emprender algunos cambios terribles".

Moore dice que quiere ver un cambio en las actitudes de los líderes y miembros de la iglesia. No obstante, para él la principal prioridad por el momento es ayudar a los mormones trans a quererse y aceptarse a sí mismos: "Estamos muy centrados en apoyarnos y mantenernos vivos los unos a los otros".

martes, 5 de enero de 2016

#hemeroteca #lesbianismo | Salt Lake City: Toma cargo alcaldesa abiertamente homosexual

Imagen: MSN / Jackie Biskupski y su prometida Betty Iverson
Salt Lake City: Toma cargo alcaldesa abiertamente homosexual.
Associated Press | MSN, 2016-01-05
http://www.msn.com/es-us/noticias/estados-unidos/salt-lake-city-toma-cargo-alcaldesa-abiertamente-homosexual/ar-AAglOPm

Jackie Biskupski prestó juramento el lunes como la primera alcaldesa abiertamente homosexual de Salt Lake City, un hito que la ex legisladora estatal admitió poco después de haber sido juramentada al cargo.

Biskupski, de 49 años, dijo que el histórico momento no debía ser tomado a la ligera, y señaló que se han conseguido grandes avances para personas lesbianas, homosexuales, bisexuales y transgénero en el estado.

"Sé que aún tenemos trabajo por realizar; y es el trabajo lo que yo tomo seriamente", dijo a los reporteros. "Pero soy una firme creyente de que para lograr una verdadera igualdad para todos debemos buscarla para todos, y esa es una de mis metas".

En un discurso en las escalinatas del edificio del Ayuntamiento después de prestar juramento al cargo, Biskupski citó una batalla por los derechos de los homosexuales en la capital de Utah hace dos décadas que la motivó a entrar en la política.

Después de que la Escuela Secundaria East de la ciudad formó el primer club alianza entre homosexuales y heterosexuales en 1995, el Distrito Escolar de Salt Lake City prohibió todos los clubes no curriculares para tratar de bloquearlo. El distrito revocó su decisión varios años después luego de protestas y demandas.

"Eso encendió en mí una responsabilidad para con mi propia comunidad", comentó Biskupski.

La nueva alcaldesa dijo que cuando se convirtió en la primera legisladora abiertamente homosexual de Utah en 1998, concilió para trabajar con gente de diferentes ideologías y culturas. Ella utilizó un tono similar en su discurso, girando hacia temas como la calidad del aire y el desarrollo económico. Biskupski ha dicho que planea trabajar en ambos asuntos con la conservadora Iglesia Mormona, con sede en Salt Lake City.

Su ascenso a la alcaldía sigue a nuevas reglas por parte de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días respecto a miembros homosexuales y sus hijos. La nueva política, la cual ocasionó una amplia reacción negativa, prohíbe el bautismo de hijos de padres homosexuales hasta que los menores cumplan 18 años y rechacen relaciones entre personas del mismo sexo.

Biskupski no es miembro de la Iglesia mormona y dijo que espera que ésta reconsidere su política.