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miércoles, 13 de enero de 2021

#hemeroteca #cine #mujeres | María Castejón: “El ama de casa española nunca ha interesado ni al cine ni al feminismo”

Cuerpos Periféricos / María Castejón
María Castejón: “El ama de casa española nunca ha interesado ni al cine ni al feminismo”.

Eduardo Nabal | Cuerpos periféricos en red, 2021-01-13

https://cuerposperifericosenred.com/2021/01/13/maria-castejon-el-ama-de-casa-espanola-nunca-ha-interesado-ni-al-cine-ni-al-feminismo/

María Castejón Leorza es profesora, historiadora, programadora y crítica de cine. Recientemente ha publicado la obra ensayística ‘Rebeldes y peligrosas de cine’.

Eduardo Nabal.- ‘Rebeldes y peligrosas de cine’ nos muestra, de entrada, dos cosas: tu cinefilia neta y tu compromiso militante con el feminismo ¿Crees que el placer y el peligro han ido de la mano de lo que se siguen considerando grandes clásicos del séptimo arte? O dicho de otra manera ¿Buscas resquicios a los que agarrarte o hay algo en el cine comercial que crees supeditado, desde tiempo muy lejano, a una ideología heteropatriarcal?

María Castejón.- Personajes que podemos definir como rebeldes y peligrosas han existido siempre en el cine. Como crítica y espectadora consumo lo que podemos definir grandes clásicos del cine y el cine más comercial o mainstream. Como espectadora me gusta consumir tanto películas más canónicas como películas muy comerciales. Como crítica y programadora creo que tengo la obligación de ver casi todo. Hay mucha subversión y mucho patriarcado en ambas vertientes. Clásicos como ‘Un hombre tranquilo’, ‘El padrino’ o ‘Casino’ que ocupan un lugar destacadísimo en la Historia del Cine son machistas y profundamente patriarcales y violentos hacia las mujeres, y películas populares como ‘Miss Agente Especial’ son muy rompedoras desde el punto de vista de género.

E.N.– Empiezas mostrando el rostro y la irrupción de las pioneras en géneros considerados “masculinísimos” como el western, el cine de acción, la ciencia-ficción, el cine policiaco… ¿El tiempo ha puesto las cosas en su sitio o siempre ha habido voces insumisas dentro de estas corrientes aparentemente tan varoniles?


M.C.- Voces insumisas, afortunadamente, han existido siempre, En parte creo que existe cierto prejuicio por parte de la crítica fílmica feminista a analizar géneros populares como los que mencionas. Como si solo películas militantes o que ponen a sus personajes femeninos en encrucijadas que tienen que ver con el hecho de que sean mujeres o que sufran algún tipo de violencia fueran los referentes en los que hay que fijarse, los más válidos. Antes de iniciar la investigación que ha supuesto el libro apenas conocía el western. He alucinado mucho al descubrir esos personajes tan potentes en un género tan masculino. Personajes como el de Annie Oakley, la famosa pistolera que existió en realidad, son muy sorprendentes. Películas sobre su vida rodadas en los años 30 del siglo pasado, si bien están cargadas de ideología del amor romántico -en la vida real fue el marido de Oakley el que se mantuvo siempre en un segundo plano- son muy inspiradoras y reivindicativas. No podemos realizar lecturas rígidas o intransigentes de las películas porque si no nos perderíamos las subversiones. En el cine de acción, las adaptaciones cinematográficas de ‘Los Ángeles de Charlie’, que son bastante malas desde el punto de vista cinematográfico, suponen un paso adelante porque vemos a mujeres en roles de acción, mujeres en roles de acción y no a mujeres haciendo cosas de tíos, que es muy diferente. Además, las películas son muy absurdas, muy kitsch, divertidas e incluso paródicas. Creo que del cine de acción vienen grandes transformaciones. No hay más que acordarse de las furibundas reacciones a adaptaciones muy testosterónicas como ‘Mad Max’ o ‘Los Cazafantasmas’. Ver a mujeres protagonistas en roles de acción que históricamente han asumido los hombres es muy significativo. Significa que hemos tocado una tecla delicada. Que nos estamos comiendo nuestra parte del pastel. Ya no nos quedamos solo como espectadoras en nuestros grupúsculos viendo películas románticas o de mujeres en crisis o mujeres que deben empoderarse. Y eso es muy importante.

E.N.- En tu trayecto citas gran cantidad de filmes, pero te detienes en algunos que apuntalan tus tesis sobre la ideología, el género y la gran pantalla. ¿Todo ha surgido sobre la marcha o sabías cuales eran esos filmes decisivos para el avance de la imagen de las mujeres?

M.C.- El libro es la continuación de un comisariado que realicé en el año 2017 para el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. Todo el trabajo que hice para el ciclo, el trabajo que he realizado en Píkara Magazine y el trabajo como programadora en mis ciclos de ‘Heroínas de Cine’ me hacen ver mucho cine. Así que es un proceso en el que a partir de ejes principales que me pongo voy encajando películas. En este caso ha sido un proceso muy natural. He escrito muy cómoda porque es de las primeras veces que no me he visto condicionada por el registro académico. No he sentido esa presión y creo que se nota. Lo que sí te digo también, es que se han quedado temas fuera como el de un análisis profundo de las prostitutas en el cine, de las locas, de las pandilleras, de lesbianas, del cine de adolescentes… Hay bastantes más rebeldes y peligrosas.

E.N.- Te atreves sin temor con una década para mí sembrada de incorrección política y despropósitos machistas como son los años ochenta del siglo XX, pergeñaos de ‘family values’ ¿Crees que el clima sociopolítico del momento influye en la representación del género y la diferencia sexual en la pantalla?

M.C.- Los 80 fueron años bastante terroríficos, sí. ‘Atracción fatal’, que tiene un gran peso en el libro, es una reacción patriarcal brutal a la emancipación femenina de la Segunda Ola del movimiento feminista. Las películas, las series, no son un reflejo de la sociedad porque son una interpretación personal de quien se pone detrás de una cámara o de quien escribe una historia. Pero es innegable que estos relatos se nutren de la realidad. Creo que todas las décadas son muy machistas en general. Los 80 también nos dejaron la gran joya que es ‘Dirty Dancing’. La autora, Hadley Freeman, tiene un ensayo maravilloso que se titula precisamente ‘The time of my life’, en la que afirma que los 80 la enseñaron a ser feminista…

E.N.-Uno de los capítulos más evocadores y documentados está dedicado a esa vamp, a la vez mítica y olvidada, que fue Mae West. ¿Qué papel ha jugado la censura en este trayecto hacia la libertad sexual?

M.C.- Mae West le dio un vuelco muy grande a cómo leía el cine. Lo mismo me ocurrió como historiadora cuando me leí el libro ‘Mujeres, raza y clase’, de Ángela Davis. Vi cómo es posible que un personaje femenino construya su sexualidad desde el poder. Mae West fue muy consciente del poder que le daban sus curvas. Se comía el deseo de los hombres, lo masticaba y se lo escupía en su cara. Ese poder sexual no lo había conocido en el cine. Creo que Sharon Stone, en ‘Instinto Básico’, es de las pocas que lo recupera. Además, las películas de West son muy locas y divertidas y tienen una reivindicación de clase social muy potente, y es muy interesante cómo se relaciona con las mujeres, porque lo hace desde unos pactos muy reivindicables. Más allá de sus películas, Mae West fue una persona muy influyente y poderosa. Escribía sus propias historias, controlaba sus películas, salvó a la Paramount de la bancarrota y fue capaz de llegar al dinero. Y esto pocas mujeres lo han conseguido. Su descaro fue tal que tuvo que lidiar con la censura. Ella le dio la vuelta y se benefició. Pero sí que es verdad que en sus últimas películas se ve que la censura influyó. La censura funciona en dos direcciones. Prohíbe, pero al mismo tiempo crea interés. Lo prohibido siempre nos atrae, siempre nos llama. Censurar actitudes sexuales de mujeres conscientes de su sexualidad es muy sintomático de una sociedad judeocristiana que define la sexualidad femenina como peligrosa. Y es verdad. Porque pocas cosas hay tan poderosas como una mujer libre y consciente de su sexualidad. Es curioso, porque en estos últimos tiempos la censura también viene de cierto sector del feminismo que quiere prohibir conciertos, o canciones. Me acuerdo que cuando estrenaron ‘50 sombras de Grey’, un grupo de feministas llamó al boicot… Francamente me parece tan ridículo como peligroso este tipo de acciones que animan a la censura. En este país tenemos una historia demasiado larga con el tema…

E.N.-Hay filmes a los que dedicas capítulos enteros, como es el caso de ‘Carmina’ dirigida por su hijo Paco León ¿puedes explicarnos algo de la evolución de la figura del ‘ama de casa’ en el cine español?


M.C.- Para mí el personaje de Carmina es una diosa. Tiene la capacidad de hablarnos directamente desde su cocina, desde ese espacio doméstico al que han estado condenadas muchísimas mujeres españolas durante décadas para contarnos su verdad. Carmina es un personaje muy excepcional porque es muy brutal en sí misma. Las estrategias que desarrolla para afrontar la vida y la precariedad no las puede desarrollar cualquiera. El ama de casa española no le ha interesado demasiado ni al cine ni al feminismo. El modelo mayoritario ha sido el de madre complaciente y sumisa sin especial relevancia en las tramas. O la madre terrorífica de Furtivos. Hay una gran revolución en la representación de las mujeres españolas con las cineastas de la Transición, Cecilia Bartolomé, Josefina Molina y Pilar Miró, y sus películas ‘Vámonos Bárbara’, ‘Función de noche’ y ‘Gary Cooper que estás en los cielos’. En las tres películas se analizan de forma muy radical y profunda qué significa intentar salirse del modelo de ama de casa española. Creo que es un proceso muy interesante.

E.N.–Y, por último, algún apunte sobre el papel jugado por los críticos de cine en todo esto.

M. C.- La crítica de cine, como otros muchos ámbitos culturales, ha sido un mundo muy patriarcal y masculino. Además no podemos olvidar que el cine en general tiene un punto de vista muy androcéntrico. Hay mucho rechazo por gran parte de esta crítica tradicional a asumir la perspectiva de género en sus lecturas. Es muy curioso cómo lo pueden ver como una amenaza. Hace pocos días emitieron ‘El hombre tranquilo’, de John Ford, y vi en redes como un crítico ridiculizaba una crítica que apuntaba al machismo de la película. A mí ‘El hombre tranquilo’ me parece una obra de arte. Pero si la veo no puedo obviar que John Wayne arrastra a Maureen O’Hara por la campiña irlandesa casi de los pelos durante más de dos minutos. Ese hecho no la invalida como obra de arte, pero sí que hay que visibilizarlo. Se suele decir que ‘El hombre tranquilo’ es un reflejo de la sociedad en la que se rodó en el año 1952 y que verlo de otra manera es ser casi unas histéricas. Será reflejo de cierta sociedad, porque solo tres años antes Simone de Beauvoir había escrito ‘El segundo sexo’ y estaba comenzando la Segunda Ola de los feminismos. La perspectiva de género hay que asumirla en todas las lecturas culturales y unirla al resto de elementos de análisis. Creo que enriquece cuando lo hacemos desde las ciencias sociales. En su día escribí sobre el tema a propósito de El último tango en París. No somos unas caprichosas y unas taradas a las que ahora se les ocurre prohibir películas como ‘Lo que el viento se llevó’ o ‘Blancanieves’. Queremos lecturas críticas y enriquecedoras. De todas maneras es un tema que me produce cada vez más pereza. Tanto la resistencia y los supuestos dignos cabreos de la crítica canónica porque nos ven como una amenaza y nos infravaloran, como las personas que piensan que Cruela de Vil fomenta el maltrato animal. A mí lo que realmente me gusta es seguir viendo películas y seguir buscando rebeldes y peligrosas...

jueves, 19 de noviembre de 2020

#hemeroteca #cine #mujeres | Rebeldes y peligrosas de cine : vaqueras, guerreras, vengadoras, femme fatales y madres

Rebeldes y peligrosas de cine : vaqueras, guerreras, vengadoras, femme fatales y madres / María Castejón Leorza ; prólogo de Jon Sistiaga.

Lengua de Trapo, 2020 [11-19].
234 p.

/ ES / ENS / Libros / Cine / Feminismo en el cine / Mujeres en el cine
📘 Ed. impresa: ISBN 9788483812549 / 18,50 €

«¿En serio que los únicos modelos posibles son los de mujeres cansadas, imperfectas, con estrías? ¿De verdad que no es compatible estar jodida por limpiar la mierda ajena y disfrutar con un personaje como el de Wonder Woman? El cine va de denunciar realidades injustas, pero también de construir imaginarios, de satisfacer deseos, de disfrutar de la fantasía».

Rebeldes y peligrosas son las mujeres que en el cine se alejan de las normas, dinamitan los mandatos de género y encarnan nuevos referentes. Pero romper con lo impuesto siempre tiene un precio. Aquí nos proponemos reflexionar sobre las protagonistas que pueblan las pantallas de cine: mujeres fatales, rebeldes, pistoleras, piratas, aventureras, malas madres y esposas, prostitutas, lesbianas, locas, violentas... Que ahora queramos recuperarlas, visibilizarlas, deconstruirlas y hacer nuevas lecturas de lo que significaron es uno de sus triunfos.

De ‘Rebeldes y peligrosas’. María nos regala un ensayo divertido, documentado, sorprendente, muy militante (...) Su libro se construye con mimo y encanto, como la chistera de una prestidigitadora de la que no sabes muy bien qué va a salir. Lo mismo te saca a las heroínas del ‘western’ y después, en un abracadabra, aparecen las víctimas vengadoras de finales de las décadas pasadas, las Lisbeth Salander o las Najwas Nimris. Puede despiezarte a las míticas Thelma y Louise y, cuando ya estás viajando con ellas en ese cochazo en busca de su libertad, María te ha dado el cambiazo y te encuentras en la cocina de Carmina, la inclasificable madre de Paco León.—Del prólogo de Jon Sistiaga 

DOCUMENTACIÓN
María Castejón reivindica a las 'Rebeldes y peligrosas' del cine.

Jon Sistiaga prologa el ensayo en el que la historiadora navarra analiza y reivindica a las vaqueras, guerreras, vengadoras, 'femme fatales' y madres.
Ana Oliveira Lizarribar | Noticias de Navarra, 2021-01-19
https://www.noticiasdenavarra.com/cultura/2021/01/19/maria-castejon-reivindica-rebeldes-peligrosas/1112737.html 
María Castejón: “El ama de casa española nunca ha interesado ni al cine ni al feminismo”.
Eduardo Nabal | Cuerpos periféricos en red, 2021-01-13
 

viernes, 1 de marzo de 2019

#libros #television #feminismo | SCI-FEM : variaciones feministas sobre teleseries de ciencia ficción

SCI-FEM : variaciones feministas sobre teleseries de ciencia ficción / Irati Jimenez Uriarte, Itziar Ziga, Rebeca Suárez Arduengo, María Castejón Leorza.
Tafalla, Navarra : Txalaparta, 2019 [03-01].
200 p.
Colección: Gebara.
ISBN 9788417065744 / 17 €

/ ES / ENS
/ Ciencia ficción / Feminismo / Mujeres / Televisión

Desde la temática sobrenatural hasta ficciones especulativas sobre el futuro, pasando por el realismo mágico o las narraciones sobre pasados míticos, las series de ciencia ficción nos han ofrecido los relatos más transformadores, feministas y degenerados de la televisión. Las periodistas María Castejón, Irati Jimenez, Rebeca Suárez e Itziar Ziga analizan de forma amena, irónica a veces y divulgativa cómo nos han cambiado y cómo nos pueden cambiar series como ‘Star Trek’, ‘Expediente X’, ‘V’, ‘Juego de Tronos’, ‘Supergirl’, ‘Battlestar Galactica’ o ‘The Walking Dead’. Este libro cambiará nuestra forma de ver la televisión, demostrándonos que la ciencia ficción -y un libro sobre la ciencia ficción- puede ser y es un campo particularmente fértil para la subversión de los roles de género, la creación de arquetipos enfrentados a la dominación patriarcal y para la transformación feminista de las relaciones humanas. Un excelente vehículo para combatir el fascismo, la desigualdad y el sexismo.

martes, 2 de mayo de 2017

#hemeroteca #cine #mujeres | María Castejón: “El matriarcado vasco es un mito, las mujeres no podían heredar ni el caserío”

Imagen: Noticias de Gipuzkoa / María Castejón
“El matriarcado vasco es un mito, las mujeres no podían heredar ni el caserío”.
María Castejón Leorza, doctora en Historia, explica la representación de género en el cine en un curso en Iruñea.
Araitz Garmendia | Noticias de Gipuzkoa, 2017-05-02
http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2017/05/02/ocio-y-cultura/el-matriarcado-vasco-es-un-mito-las-mujeres-no-podian-heredar-ni-el-caserio

A lo largo de la Historia, el cine ha reflejado diferentes modelos de mujer: sexuadas, madres abnegadas, santas, mujeres objeto... ya que el séptimo arte ha sido siempre un vehículo eficaz para trasmitir mensajes patriarcales. Sin embargo, han existido personajes femeninos que han dinamitado los códigos cinematográficos y se han impuesto como heroínas. Este es el tema escogido por la doctora en Historia María Castejón Leorza, que ofrece en Iruñea durante este mes de mayo, en el Civivox del Ensanche, un curso titulado ‘Criaturas cinematográficas. Mujeres rompedoras, desde el cine clásico hasta la actualidad’.

Pero no todos los productos audiovisuales deben tener solamente la misión de educar y poner sobre la mesa las desigualdades, “también pueden y deben servir para la diversión, la evasión y el sueño, a veces vamos al cine para no pensar y pasárnoslo bien”, explica Castejón. Sin embargo, al margen de ese factor de entretenimiento, la historiadora asegura que “tampoco hay un interés por fomentar una conciencia crítica audiovisual, de saber que, por ejemplo, detrás de ‘La bella y la bestia’ hay muchas cosas”.

Castejón, que ha dedicado toda su vida académica a estudiar temas relacionados con las mujeres y el cine, colabora actualmente en la revista ‘Pikara Magazine’ y cuenta con un blog llamado ‘Las princesas también friegan’. En su opinión, “el cine es una profesión tradicionalmente masculina”, y las mujeres que han tenido la oportunidad de trabajar en este espectáculo “lo han hecho, casualmente, en puestos tradicionalmente femeninos, como peluquería o vestuario, es decir, con todas las labores que han ejercido históricamente las mujeres”.

Como ejemplo, establece el número de directoras de fotografía que existen actualmente: “Son muy pocas las que se dedican a esta parcela. En comparación entre hombres y mujeres, directoras hay muchísimas menos, porque ¿qué es dirigir? Es un puesto de poder, y por eso los hombres han tenido más presencia”.

A esto añade los presupuestos que se les otorgan a las mujeres cuando logran este tipo de tareas de responsabilidad: “Este es un dato muy significativo, porque los hombres suelen disponer de mucho más capital. En el séptimo arte, en según qué puestos, las mujeres son todavía una minoría muy minoría”. “Soy de la generación que fue joven en la década de los años 90, y creo que siempre ha existido la idea de que, desde el momento en el que las mujeres habían conseguido el derecho al voto, ya iba a llegar todo lo demás rodado, pero no, la igualdad de oportunidades total es algo muy complejo”, afirma Castejón.

Por ello, la doctora cree que “para los años que las mujeres llevamos teniendo presencia en el ámbito público, que puede ser desde finales de los 70 o comienzos de los 80, todavía no han cambiado tanto las cosas. No porque vayan a pasar 50 años las mujeres van a representar un 60% en estos trabajos, la Historia nos dice que no es así. Tienen que cambiar muchísimo las cosas, factores que son estructurales, y eso es algo mucho más complejo”.

Ante la cámara
Para la historiadora la situación varía un poco en cuanto a la evolución que ha tenido el papel de la mujer ante las cámaras. “Se han diversificado muchísimo los tipos de mujeres que aparecen como personajes en el cine. Por supuesto hay más cine del que conocemos y personajes super rompedores, aunque todavía funciona y se ven personajes de mujer santa, de madre cuidadora, madre que se sacrifica, o incluso la mujer objeto”, explica Castejón.

A este respecto, señala que hay muchas actrices que han roto con esa imagen, como Katherine Hepburn o Barbara Stanwyck, “o incluso Concha Velasco o Carmen Maura en la actualidad”. A este respecto recuerda la película ‘Thelma y Louise’, de la que el pasado año se cumplió el 25 aniversario: “Siguen siendo personajes que tienen mucha fuerza y el tema es muy vigente. Impresiona que después de 25 años sea un argumento tan actual, y continúe como modelo de referencia”.

Cine vasco
A pesar de considerar “el matriarcado vasco como un auténtico mito”, Castejón señala que es un tema que ha quedado recogido en el cine vasco. “Existe el patriarcado, que es un sistema de poder en el que los hombres tienen todo el poder económico y político, pero el matriarcado vasco no, de hecho las mujeres en Euskadi ni siquiera podían heredar el caserío, aunque es cierto que había mujeres con gran carácter”, agrega la historiadora.

En ese sentido Castejón apunta la película ‘Amama’, dirigida por Asier Altuna en 2015, como ejemplo “porque en ella se reivindica el protagonismo de las mujeres y se critica la construcción patriarcal”. “Los filmes ambientados en Euskadi cuentan con paisajes muy determinados, y además pueden rodarse en euskera. Sin embargo, creo que cualquier tema es válido en cualquier lugar, porque las miradas temáticas son universales”, concluye Castejón.

María Castejón
Especialista en cine. Es Doctora en Historia por la Universidad de Salamanca con la Tesis ‘Feminidades y masculinidades en el cine español de la democracia (1975-2000). Rupturas conflictos y resistencias’. Es Licenciada en Humanidades y cuenta con un Doctorado en Historia Contemporánea. Actualmente es escritora y también se dedica a la docencia.

Cine y mujeres. Desde sus comienzos académicos, se decantó por la historia de las mujeres y el séptimo arte, temas a los que se dedica en su blog ‘Las princesas también friegan’.

miércoles, 27 de abril de 2016

#hemeroteca #cine | ‘Julieta’: emoción y forma | Desmontando a ‘Julieta’

Imagen: Pikara / Fotograma de 'Julieta'
La filmografía de Pedro Almodóvar desata pasiones. Tanto las altas que consideran su obra como el culmen de la modernidad y alaban su visión feminista de la realidad, como la bajas, que consideran que su obra no hace sino reforzar los estereotipos de género más rancios e incurren en la misoginia más atroz. Dadas las filias y fobias que despierta el cineasta, para hablar de ‘Julieta’, su última película, hemos decidido contar con dos miradas y voces píkaras que tienen una visión muy distinta de ‘Julieta’. Con la de María Castejón Leorza, nuestra crítica cinematográfica y con Carlos Bouza, responsable de la sección #MúsicA.


‘Julieta’: emoción y forma.
Almodóvar es un cineasta obsesionado por la construcción plástica, por trabajar con la emoción en estado puro a través de sus personajes femeninos. Esto es algo que se ha acentuado en ‘Julieta’.
Carlos Bouza | Pikara, 2016-04-27
http://www.pikaramagazine.com/2016/04/julieta-emocion-y-forma/

‘Julieta’ es un objeto relativamente extraño en la filmografía de Pedro Almodóvar. Aun extensa y llena de pliegues, su obra había estado dominada hasta el momento por un intransferible abordaje del melodrama y la comedia: en líneas generales, cada una de sus películas avanzaba entre súbitos cambios de tono e interferencias de un género en otro, movidas por una tendencia al barroquismo que se había convertido en toda una marca de estilo. Todo esto ha desaparecido en su más reciente estreno. Por el contrario, y esto es algo que se ha acentuado en ‘Julieta’, Almodóvar es cada vez en mayor medida un magnífico formalista en proceso de depuración: un cineasta obsesionado por la construcción plástica, cuyas historias parecen dirigirse hacia el trabajo con la emoción en estado puro.

A partir de ‘Hable con ella’ (2002), su cine se ha ido poblando con insistencia de personajes encerrados (en hospitales, internados, aviones, casas, secuestrados o ciegos) y esa misma concentración parece haber contagiado a esta película de forma radical. Resulta interesante compararla con ‘Tacones Lejanos’ (1991), otra obra sobre el abismo que se abre entre una madre y su hija, y comprobar qué sucede al cabo de veinticinco años, cuando Almodóvar ofrece una especie de reescritura seca y esencial de aquella: cuando la tragedia no explota, y las digresiones y respiros cómicos se reprimen de forma deliberada. Esta economía narrativa inédita ofrece en ‘Julieta’ resultados extraordinarios. Sobre todo porque lo más importante de la historia parece ocurrir fuera de la pantalla, a través de constantes sugerencias y elipsis. Algo que nos obliga a repensar la película una y otra vez, viajando entre zonas oscuras y no explicadas como nunca antes lo habíamos hecho en el cine del manchego.

Las mujeres en ‘Julieta’: los silencios enquistados
Todo en ‘Julieta’ gira alrededor de silencios enquistados, conversaciones que no se produjeron y sentimientos de culpa almacenados durante demasiado tiempo. Esa es la pesada carga que comparten y termina separando a la propia Julieta y su hija Antía: los personajes femeninos más complejos y enigmáticos, respectivamente, de toda la filmografía de Pedro Almodóvar.

Julieta es en esencia un personaje de acción, si entendemos el término en su sentido (melo)dramático. Es decir, como una intensa corriente que discurre en el interior de una persona. En los años ochenta es una mujer vital e independiente, que veinte años después se ha convertido en un ser agarrotado por el dolor. La historia de la película es sobre todo la historia de su viaje desde un lugar de luz a otro de sombra, de los sucesos que han tenido (o no han tenido) lugar entre medias y de las razones por las que es incapaz de extirpar su sufrimiento.

La pregunta que lanza Almodóvar es clave: ¿qué razones puede haber para que una hija abandone a su madre sin ofrecer ningún tipo de explicación? La información se escatima a Julieta durante años, pues Antía opta por desaparecer: se convierte en un fantasma soplando entre su madre y esos objetos y espacios tan importantes en la película como los propios personajes. Y es que ‘Julieta’ es en esencia una película de fantasmas. De fantasmas aterradores conviviendo con un grupo de mujeres.

La fuerza centrífuga de Julieta y Antía es tan grande que los demás personajes femeninos quedan reducidos a fuerzas abstractas o conectores: son hilos débiles entre ambas, desencadenantes involuntarias de la tragedia, depositarias del gran secreto que ocupa el centro del relato o encarnaciones de una maldad sibilina que tendrá consecuencias inesperadas en la vida de las protagonistas. Esta abstracción se radicaliza en el caso de la madre de Julieta, cuyo personaje cobra una forma prácticamente alegórica: enferma como la Julieta futura, engañada por su marido, se convierte en el espejo roto en el que su hija no quiere, pero no puede evitar mirarse.

Los hombres objeto
En la fase de destilación del guión, Almodóvar decidió reducir a los personajes masculinos a esculturas omnipresentes y simbólicamente mutiladas. Esas figuras que Ava y Julieta moldean con insistencia y envuelven en plástico de burbujas tienen tantas lecturas como espectadores y espectadoras. Donde María Castejón ve “una construcción de la masculinidad muy patriarcal y ciertamente caduca”, yo veo algo diferente: una materialización obsesiva de los sentimientos de culpa que golpean el interior de la película, originados en parte por tragedias en las que se han visto involucrados hombres. Hombres ausentes que, como Antía, se han convertido en espectros y son evocados a través de objetos.

Xoan, el marido de Julieta, termina convertido en una esas esculturas. Pero antes, durante su breve paso por la pantalla, su caracterización no parece interesar demasiado a Almodóvar. En lo que parece un simple guiño a los protagonistas masculinos de los viejos dramas en Technicolor que tanto ama, le bastan tres trazos para dibujarlo: es marinero, es atractivo y es infiel. Esta reducción afecta igualmente a Lorenzo, la pareja de la Julieta madura, un hombre silencioso y escurridizo que apenas parece subrayar una idea: la imposibilidad de la protagonista de reiniciar su vida hasta que no consiga saldar las deudas con el pasado.

No es arbitrario que el padre de Julieta, como Xoan, sea también infiel, teniendo en cuenta la evidente simetría que Almodóvar establece entre la familia de la que procede Julieta y la que ha intentado construir. Una rima que permite al director incidir en asuntos como el acecho del pasado o el miedo a la repetición de patrones.

Lo tuyo es puro artificio

En una entrevista concedida a la periodista Nuria Vidal en 1988, Pedro Almodóvar aseguraba que “el neorrealismo sacó las cámaras a la calle porque quería fotografiar la vida de verdad. Y eso es mentira, porque el cine no es nunca la realidad”. Siete años después, en sus famosas conversaciones con el crítico francés Frederic Strauss, añadía que “lo que me gusta del cine es el artificio, la representación”. Las películas de Almodóvar absorben la vida, por lo que no son en absoluto ajenas a cuestiones como el abandono, el deseo o los celos, pero habitan siempre en el marco de la más estricta representación cinematográfica: un espacio de libertad que permite que la distorsión de la realidad desemboque en una determinada ficción personal.

La representación de las mujeres en el universo almodovariano, en cualquier caso, no puede desligarse del entorno familiar y social del director. Antes que ninguna otra cosa, Almodóvar fue un niño criado en un matriarcado, dentro de un contexto más general dominado por el machismo: nada extraño si hablamos de un pequeño pueblo manchego, en la España de los años cincuenta. Su primer contacto con las historias, con los pequeños o grandes dramas que en el futuro llenarán sus películas, se produce en los patios vecinales y escuchando seriales radiofónicos: en entrevistas posteriores, evocará la forma en que los relatos sobre maridos infieles y mujeres tan desesperadas como para arrojarse a un pozo conformaban un eco cotidiano en el que realidad y ficción se solapaban de forma natural. Poco a poco, este niño que se consideraba a sí mismo un extraterrestre comienza a refugiarse en el cine, y a vivir la vida dentro del cine. Al fin y al cabo, nadie le hablaba de forma tan directa e íntima como el personaje de Monica Vitti en ‘El Desierto Rojo’ (Michelangelo Antonioni, 1964): una mujer aburrida incapaz de liberarse de su propio aburrimiento.

No es extraño, pues, que sus personajes también vivan a menudo en el cine, y que se expresen a través de las películas sobre grandes pasiones con las que el director ha poblado su propio mundo. En ‘Matador’ (1986), Nacho Martínez y Assumpta Serna ven su propio destino reflejado en la escena final de ‘Duelo Al Sol’ (King Vidor, 46), otra historia que orbita alrededor de la pasión irracional. Raimunda (Penélope Cruz), la protagonista de ‘Volver’ (2006), se nos presenta según el director como una síntesis de “la Sofía Loren de los inicios, la que vendía pescado en Nápoles con el peinado de Claudia Cardinale” y de “Anna Magnani en ‘Bellísima’ de Luchino Visconti”. La obra de Almodóvar está significativamente empedrada de momentos y evocaciones como éstas, de la misma forma en que las letras de boleros o rancheras se incrustan en sus películas como si fuesen una línea de diálogo más. Considerando lo anterior, ¿podemos exigir a sus personajes que actúen como modelo o reflejo del mundo real, o que se involucren en las luchas y compromisos que se libran en éste, máxime cuando se dirigen a un público al que se supone lo suficientemente adulto como para aceptar el artificio deliberado que los envuelve?

Desde luego, a Almodóvar parece interesarle poco el cine como herramienta de intervención y transformación social: todo su trabajo se consagra al trabajo sobre la forma y la emoción, con la particularidad de que esa emoción suele vehicularse principalmente a través de determinados personajes femeninos. Personajes que, en cualquier caso, están tan apegados al imaginario cinematográfico que, sacados de su contexto, tienen tan poco sentido como un pez fuera del agua. Recordemos: “el cine nunca es la realidad”, aunque a veces se (con)fundan.

Pese a todo, el director nunca ha dejado de plantear cuestiones incómodas, estimulando la reflexión y la controversia. Quienes hoy le tachan de reaccionario suelen olvidarlo, pero él fue uno de los pioneros en normalizar la representación de las relaciones sexuales entre hombres en el cine español (en ‘La Ley Del Deseo’, 1987) o la forma en que las mujeres hablan sobre sexo y comparten sus experiencias. El problema es que, en ocasiones, corremos el riesgo de aterrizar en la superficie de sus películas. El caso de ‘Átame’ (1989) es paradigmático. A simple vista, nos encontramos ante una historia sobre la relación afectiva que se establece entre una mujer y su secuestrador, aunque por debajo discurre una compleja reflexión sobre la familia tradicional o la dificultad que tienen algunos hombres para expresar sus sentimientos. Tal vez este sea el eterno problema de Almodóvar: que le exigimos respuestas y posiciones maniqueas, cuando su intención pasa a menudo por arrojar preguntas al patio de butacas.


Desmontando a ‘Julieta’.
La última película de Almodóvar aburre, y mucho. Estoy cansada de la glamurización del sufrimiento y la culpa.
María Castejón Leorza | Pikara, 2016-04-27
http://www.pikaramagazine.com/2016/04/desmontando-a-julieta/

Tras una dilatada carrera respaldada por un éxito internacional más que notable, llega ‘Julieta’, la película número veinte de Pedro Almodóvar. A lo largo de toda su filmografía, Almodóvar se ha decantado por construir un peculiar universo femenino repleto de mujeres protagonistas que han ido asumiendo, conforme evolucionaba su obra, diferentes roles y modelos, bajo un denominador común: el exceso.

‘Julieta’ es una película excesiva y sobria al mismo tiempo, protagonizada por una mujer atormentada que vive instalada en el sufrimiento y en la culpa. Almodóvar sigue con su tendencia de rodar películas protagonizadas por mujeres a las que les resulta muy difícil ser felices, con una factura cinematográfica impecable llena de belleza visual y elegancia, con una estructura que necesita de la implicación del público por los saltos temporales y los secretos. Lo de casi siempre. Almodóvar no va a defraudar al público que acuda a ver ‘Julieta’ y busque su particular visión de las mujeres.

De la libertad a la culpa
En este particular viaje de la heroína, que nos recuerda más a un vía crucis que a un viaje heroico, destacan Julieta (interpretada por Adriana Ugarte y Emma Suárez) y una serie de personajes secundarios. Julieta es una mujer independiente, sin grandes traumas pasados: su padre no la ha violado en su más tierna infancia; ningún hombre la ha abandonado ni destrozado la vida. Pero, como buena protagonista ‘almodovariana’, ve truncada su felicidad por una fatalidad.

Esta fatalidad supone de forma inmediata que se vea abocada al sufrimiento. No se trata de un sufrimiento que ella haya propiciado de forma directa, pero siempre queda la duda de si lo habrá hecho de forma indirecta. Y en este vacío Julieta sufre y sobre todo se siente culpable. Una culpa, aumentada por silencios, medias verdades y secretos que destroza la relación que tiene con su hija Antía. Esta relación entre madre e hija nos remite de nuevo a los vínculos maternofiliales dolorosas y dramáticas y a dos personajes atormentados que no son capaces de coincidir. Únicamente otra desgracia hará que la relación entre madre e hija ¿pueda? restablecerse tras años rota.

Almodóvar nos remite de nuevo a la amistad femenina como estrategia de supervivencia: los apoyos son Ava (Inma Cuesta), escultora amiga de Julieta, y Bea (Michelle Jenner) la amiga de Antía que la ha cuidado cuando Julieta no podía consigo misma.

No falta el personaje cercano a las raíces rurales. Marian (Rossy de Palma) recuerda más a la adusta ama de llaves de ‘Rebeca’ (Alfred Hitchcock, 1940) que a los personajes que interpretaba la recientemente fallecida Chus Lampreave -alter ego de Francisca Caballero, madre de Almodóvar-, que inspiraban sabiduría, mala leche, rebeldía suprema, ternura y muchas dosis de empatía. Ella es la máxima garante del orden patriarcal y quien inocula la culpa a las protagonistas. La ruralidad, que también vemos en el entorno paterno de Julieta, ya no es la idílica solución a todos los problemas femeninos. Ya no se glorifica el universo doméstico en el que tanto le ha gustado recrearse el cineasta.

Masculinidades patriarcales, caducas y secundarias
Las figuras de bronce, terracota y barro, con esa posición central del falo que esculpe Ava, anuncian una construcción de la masculinidad muy patriarcal y caduca. Xoan (Daniel Grao) y Samuel (Joaquín Notario), el padre de Julieta, no hacen felices a sus mujeres, a las que traicionan de forma recurrente, como si se tratara de un hábito que asumen con cierta fatalidad. Son masculinidades secundarias muy estereotipadas pero necesarias para que los personajes femeninos tengan conflictos y evolucionen. Frente a ellos, Lorenzo (Darío Grandinetti) asume una masculinidad amable, comprensiva y cómplice.

¿Misógino o genial retratista de mujeres?
Me resulta difícil hablar del cine de Pedro Almodóvar. Como espectadora y especialista tengo una relación muy conflictiva con el cineasta, ya que ha sido capaz de retratar como pocos a personajes femeninos rompedores y subversivos, mientras que al mismo tiempo naturalizaba y envolvía en lirismo el sufrimiento, la culpa y, lo que es más grave, diversas violencias de género. Llego a ver ‘Julieta’ aburrida de su obra, de sus repeticiones respecto a las representaciones de género y de su aparente capacidad de retratar personajes femeninos.

Almodóvar fue un cineasta muy transgresor en sus primeras películas, llenas de mujeres modernas, mujeres que decidían sobre sus destinos, mujeres activas sexualmente, mujeres ninfómanas, monjas irreverentes drogadictas e insumisas, amas de casa machacadas y acabadas que renovaron el imaginario colectivo de una forma radical. Tampoco nos podemos olvidar de sus desnaturalizadas madres, que inciden en esta renovación, por muy odiosas que puedan resultar.

Incluso en su deriva melodramática, cuando se decanta por un tipo muy concreto de mujeres -mujeres excesivas, que padecen y se desmoronan, como la Leo (Marisa Paredes) de ‘La flor de mi secreto’– existe cierta grandeza. Y aquí reside uno de los mayores peligros: la glamurización del patetismo y victimismo, porque este patetismo y victimismo siempre obedece a patrones desiguales. Porque la culpa y el sufrimiento (ese “sufrir por amor”) son construcciones patriarcales de la realidad en la que Almodóvar se ha instalado e incluso se regodea.

Esta tendencia choca con la idea preconcebida de que las mujeres Almodóvar son rompedoras. Todas ellas son valientes. Para superar la culpa y el sufrimiento hace falta mucha valentía y mucha fuerza, tanta, que hay ocasiones en las que no la encuentran e incluso no poder afrontar las dificultades supone cierto derecho femenino a la disidencia y a la insumisión. Pero, no hay nada de heroico ni rompedor, ni subversivo en superar los mandatos patriarcales a los que Almodóvar aboca a todas sus heroínas. Pedro, eres libre –de hecho creo que eres el único que a día de hoy te lo puedes permitir- de construir las heroínas que te dé la gana y te motiven, faltaría más. Pero ya no nos ponen en absoluto esos patrones tan desiguales que caen en los binarismos de género más básicos y burdos. Porque las mujeres no hemos nacido para sufrir ni los hombres para hacernos sufrir. Afortunadamente la realidad es más compleja. Nos aburre tanto planteamiento maniqueo y desigual.

viernes, 25 de septiembre de 2015

#hemeroteca #activismo | Activismo y boicot cultural

Imagen: Google Imágenes / Barash
Activismo y boicot cultural.
Un grupo de solidaridad con Palestina ha llamado al boicot a la película de temática lésbica 'Barash' proyectada en el Festival de Cine de Donostia. ¿Cómo nos relacionamos las feministas con el boicot como medida de presión contra productos culturales que consideramos represivos?.
María Castejón | +Pikara, El Diario, 2015-09-25
http://www.eldiario.es/pikara/Activismo-boicot-cultural_6_434016614.html

En éstas ando, reflexionado sobre las producciones culturales y el activismo (también) cultural y político que lleva a pedir que se boicoteen ciertas manifestaciones culturales. Y en estas ando, a partir del boicot que ha realizado la asociación Palestinarekiko Elkartasun Taldea con motivo de la proyección en el 63 Festival de Cine de San Sebastián Zinemaldia a la película Barash (Michal Vinik, Israel, 2015). Esta acción se inscribe en una campaña internacional que plantea el boicot como una forma de presión general contra Israel.

Confieso que me enteré de la protesta en las puertas del cine, que entré a ver la película, que sin duda resulta una deliciosa historia de iniciación de Naama Barash, una adolescente israelí que transita por una relación con una compañera de instituto, narrada y construida desde un registro y un punto de vista que huye de maniqueísmos y dramatismos. Supone todo un referente de construcción positiva del amor entre dos chicas jóvenes, que no termina bien, pero termina sin dramas, e incluye una secuencia de sexo entre ambas digna de entrar en el olimpo de las representaciones lésbicas positivas. Luego ya Naama tiene una familia: Liora, una hermana soldado que acaba en la cárcel por tener una relación con un chico árabe; un hermano adolescente; una madre preocupada y un padre orgulloso de ser judío.

Me alegra mucho haber visto la peli sin ningún tipo de condicionamiento político. A nivel cinematográfico mi análisis es neutro. Pero grandes dudas se plantean. ¿Podemos ver una película como Barash obviando el contexto político y las certeras críticas que suscita? Por un lado una obra de arte es un producto vivo que siempre va a tener su lugar en el espacio cultural per se. Pero, por otro, no entiendo las películas de Cecilia Bartolomé, Pilar Miró o Josefina Molina sin contextualizarlas en el momento en el que se rodaron, el de la Transición, sin apenas referentes. Contextualizadas aún son más grandes. De la misma manera, Joaquín Sabina me parece un impresentable, pero en una época adoré sus canciones, y sigo disfrutando de ellas.

No soy muy ducha en el conflicto judío-palestino. En este sentido me calan las palabras de Brigitte Vasallo en el artículo Burkas en el ojo ajeno: el feminismo como exclusión en el que introduce el concepto pinkwashing como "captación (el secuestro) de los derechos de las comunidades LGTBI para hacer “limpiezas de cara” a políticas represivas, racistas y xenófobas, que utilizan las libertades sexuales como excusa para negar a algunos grupos de población sus derechos de ciudadanía".

Vasallo pone como ejemplo el caso que nos ocupa:

"El caso paradigmático es el Estado de Israel, que se publicita como el mayor defensor de los derechos de las personas homosexuales en Oriente Medio, sin llegar a matizar que esa defensa se refiere solo a algunos derechos y para un tipo de personas que responden a un prototipo de raza, clase y pertenencia nacional". Esta pátina de liberalismo se utilizaría para reforzar medidas represivas contra “los otros”, aquellos y aquellas que se presupone que no son liberales y que, por lo tanto, no merecen tener derechos. En el caso concreto de Israel, esto refiere a la población palestina. Así, se crea una división de identidades totalmente binaria y ficticia, generando la idealización de un grupo y la demonización del otro en base a una categoría escogida de manera totalmente interesada y tendenciosa. Por ejemplo, el pinkwashing israelí nunca da cuenta de la opresión que ejercen sus políticas discriminatorias y su sistema de ocupación sobre la población queer palestina".

Claro, ante estas palabras, la recepción de Barash varía.

¿Entonces, gana el contexto? La respuesta es complicada. El contexto marca y define. Pero este contexto colonizador, negador y opresivo no quita que la película, para quien no tenga este contexto sea una referencia válida. De hecho, desde la representación de jóvenes lesbianas lo es. Lo ideal sería que todo el público tuviera los instrumentos para hacer una lectura integradora de la película. Es lo que a mí me pasa. Es mucho más que válida como referente, de hecho es necesaria, pero no puedo olvidar las palabras de Vasallo, que inteligentemente retumban en mi cabeza.

Además, a cuenta de esta necesaria polémica reflexiono sobre otros dos aspectos. El primero, ¿tendríamos la misma fuerza y repercusión un grupo de feministas que clamaremos al cielo y boicoteáramos una película misógina? Es verdad que no nos daría la vida, y en el fondo soy jodidamente partidaria de no boicotear nada y de que la gente extraiga conclusiones, pero ahí queda la pregunta.

El segundo viene al hilo del boicot al grupo punk 'Penetrazion Sorpresa' por sus supuestas letras misóginas y sexistas, y que tantas opiniones está suscitando en un feminismo más acostumbrado al inmovilismo, al cotilleo y matar a la mensajera que a la profunda reflexión. ¿Tenemos el derecho de boicotear sus actuaciones? ¿Estamos todas de acuerdo con esta lectura y con lanzarnos a censurar? [Si alguien no conoce el contexto, lean esto y esto]

Me acuerdo del artículo De Charlie Hebdó a la ley contra la LGTBfobia: discursos de odio y censura estatal de Pablo Pérez Navarro en el que se reflexiona sobre el derecho a la blasfemia y el derecho a la ridiculización e incide en la idea de que, si condenamos y fiscalizamos, nunca podremos nosotras blasfemar ni ridiculizar. Me quedo con su última reflexión:

"Las políticas combativas y contestatarias pueden exigir más energía, pero tienen la ventaja de que su potencial transformador es de mucho mayor alcance que el de las políticas de la censura. Y quien crea que son compatibles, mal que nos pese a veces, se engaña".

Todavía mucho que pensar y debatir. Las polémicas siempre son buenas, sin duda nos hacen crecer.

lunes, 22 de junio de 2015

#hemeroteca #feminismo | Cooperativas de mujeres y nuevas estrategias feministas

Imagen: El Diario
Cooperativas de mujeres y nuevas estrategias feministas
La mención de Manuela Carmena a contratar a madres para limpiar colegios denota buena voluntad, pero ha cabreado a muchas feministas. Si queremos ser protagonistas del cambio, debemos ser integradoras y pactar sobre unos mínimos, aparcando discusiones que restan energías.
María Castejón | +Pikara, El Diario, 2015-06-22
http://www.eldiario.es/pikara/Cooperativas-mujeres-nuevas-estrategias-feministas_6_401469855.html

A las feministas siempre nos han dicho que no era nuestro momento. Ha pasado desde los tiempos de la Revolución Francesa -que para algunas autoras marca el inicio de la lucha conjunta de las mujeres para superar la opresión y la desigualdad- en los que las mujeres lucharon y se implicaron como lo han hecho siempre en todas las luchas. Incluso hubo mujeres como la cortesana Théroigne de Mericourt, quien quiso crear un cuerpo de Amazonas y acabó apaleada, o la más conocida Olympe de Gouges, autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1791) frente a la vergonzosa Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789) que dejaba fuera de los derechos de ciudadanía a las mujeres, que habían sido vetadas de los Clubes Revolucionarios y atacadas por revolucionarios que consideraban inadmisible que las mujeres estuvieran en el espacio público y en la arena política.

A las sufragistas norteamericanas e inglesas les pasó lo mismo. Las primeras vieron cómo se les reconocía el voto a ¡¡los hombres negros!!! (en una exclamación racista) antes que a ellas y las británicas, tras 2.588 peticiones presentadas en el Parlamento, asistieron en mayo de 1917 a la aprobación de la ley de sufragio femenino casi como contraprestación a los servicios prestados durante la I Guerra Mundial, que supuso la fractura de la Internacional Sufragista, todo un trabajo común de mujeres de diversas nacionalidades. Ya se sabe, en tiempos de guerra la mujer de mi enemigo es también mi enemiga.

Ocurrió otro tanto en la II República en la Guerra Civil y en la Transición. Lo prioritario no eran las reivindicaciones feministas, era hacer la Revolución, ganar la Guerra o fundar la democracia, lo que dio como resultado una democracia incompleta a la que las mujeres hemos ido arañando conquistas.

El balance es claro. La lucha por los derechos de las mujeres no es lineal y está llena de obstáculos y de una escasa o nula implicación de los hombres en todo este asunto. Las feministas de la Segunda Ola con su “lo personal es político” identificaron con claridad que el enemigo de las mujeres no sólo estaba fuera de la izquierda, sino también en estructuras progresistas, en nuestras casas, y en nuestras camas. Como vemos, ejemplos, práctica y genealogía no nos falta. Además no podemos obviar que la lucha de las mujeres no ha sido generosa con mujeres no pertenecientes a la clase media, ni blancas ni heterosexuales.

Nos encontramos en un momento histórico crucial y nuevo, en el que la victoria en las urnas de partidos de izquierda y el gobierno en ciudades y comunidades autónomas ha traído consigo una brutal y esperada cacería por parte de la derecha que, a tan sólo 24 horas de la toma de posesión de Manuela Carmena de la alcaldía de Madrid, forzó la renuncia a la concejalía de Cultura de Guillermo Zapata por unos tuits sobre los límites del humor negro y cruel escritos hace cuatro años. Tampoco podemos olvidar el acoso a Rita Maestre por la acción realizada en la capilla de Somosaguas de la Universidad Complutense en marzo de 2011 y que las críticas se están centrando en el asalto a un lugar cristiano y no en las reivindicaciones de género que motivaron aquella acción.

Desde los feminismos se han alzado voces irritadas por la repercusión del Zapatagate y por la escasa repercusión de los tuits de Pablo Soto, que sin duda se deben a que a la derecha lo del machismo no le parece relevante y a que Carmena no va a abrir esa caja de los truenos. No es una prioridad discursiva ni parece que programática.

Que en la izquierda hay mucho machismo y que las estructuras son patriarcales lo sabemos todas. Que el feminismo no es una prioridad en los programas de la izquierda no es una sorpresa para ninguna. Ahora bien, ¿qué vamos a hacer las feministas que no militamos en estructuras políticas? Surgen muchas dudas en un escenario nuevo en el que hay que crear nuevas estrategias, sinergias y asumir tanto la transversalidad como la interseccionalidad desde fuera de los partidos y desde dentro. Ya no estamos sólo ante el feminismo institucional o el feminismo de la igualdad, lo primero porque muchas representantes electas vienen desde otras luchas y lo segundo porque el ciberfeminismo puede tener la capacidad de colarse en decisiones y debates.

Podemos poner el ejemplo de Carmena, que la semana pasada mencionó la propuesta de formar cooperativas de madres para limpiar los colegios (luego en Twitter incluyó a padres en el enunciado). A nivel teórico y académico me pueden parecer unas declaraciones aberrantes, por sexistas e incluso misóginas y clasistas. Pero como madre que chupa mucho patio escolar, sé que hay muchas precarias para quienes las cooperativas de limpieza podrían ser una oportunidad de tener unos ingresos compatibles con la crianza y de moverse por un espacio conocido. Podría ser un punto de partida para emprender y crear otro tipo de trabajos y trascender lo privado, así que sin abrazar la propuesta con entusiasmo y con miles de alertas sonando y parpadeando en mi sentido académico, lo veo a priori como una oportunidad.

Las palabras de Carmena denotan buena voluntad, pero pueden llegar a entristecer y cabrear a las feministas. Hay que admitir que estamos desencantadas y más que cansadas. Que tener que apuntar a hombres y mujeres de la izquierda que dejen de lado el sexismo y la misoginia y asuman de manera radical (de raíz) y de forma contundente los feminismos es un sinsentido y es agotador. Pero no nos queda otra, y tenemos que asumir de una vez por todas que si las y los gobernantes no son feministas (no podemos olvidar que las personas que están en el poder no suelen ser o definirse feministas) siempre nos van a decepcionar. También tenemos que ser claras y admitir que, si no nos metemos en política porque no nos convence, no nos gusta o simplemente no nos apetece, no podemos esperar que hagan lo que nosotras haríamos.

Ahora bien, si de verdad queremos ser protagonistas de estos nuevos tiempos, si de verdad queremos dejar de ser el grupúsculo al que le dan las migajas, debemos de ser integradoras y pactar. Pactar es difícil cuando vemos que nunca es nuestro momento, pero los cabreos en las redes y los muchas veces estériles debates de quién es más feminista disgustan y restan energías, pero debemos llegar a unos mínimos básicos y reconocidos por todas. Y claro, no sólo se trata de hacer autocrítica y de trabajar en nuevos escenarios y direcciones, ya que de forma paralela los y las gobernantes deberán asumir sin ambages que el feminismo debe de ser uno de los ejes principales sobre los que debe vertebrarse este nuevo escenario que tanto demanda la ciudadanía. Es ahora y no puede ser de otra manera.

Y esperemos a lo de las cooperativas de madres. De momento no han sido una práctica usual, pero me da la impresión tienen un potencial y carácter subversivo innegable. Puede ser un punto de partida para algo positivo. Nuevas propuestas para nuevos tiempos.