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domingo, 8 de julio de 2018

#hemeroteca #mariconeo #testimonios | «La palabra ‘maricón’ no me resulta ofensiva»

Imagen: El Correo de Andalucía / Nazario Luque
«La palabra ‘maricón’ no me resulta ofensiva»
El pintor Nazario publica la segunda entrega de sus memorias, ‘Sevilla y la casita de las Pirañas’ en Anagrama.
Alejandro Luque | El Correo de Andalucía, 2018-07-08
https://elcorreoweb.es/cultura/la-palabra-maricon-no-me-resulta-ofensiva-KD4342963

Tras inaugurar sus memorias con 'La vida cotidiana del dibujante underground', Nazario Luque (Castilleja del Campo, Sevilla, 1944) da a la imprenta una segunda entrega, 'Sevilla y la casita de las pirañas' (Anagrama), esta vez evocando sus años juveniles en Sevilla y Morón, sus escapadas a Torremolinos –que empezaba a ser importante centro de peregrinación gay– o a la isla de Ibiza, pero sobre todo el florecimiento de su sexualidad y su formación como artista.

Entre sus hazañas sexuales, está la de haber sido amante ocasional del papa Clemente del Palmar de Troya, aunque le quita importancia. «Eso lo vivimos todos allí en Sevilla, donde lo conocimos por los váteres públicos y privados de los bares, como un homosexual más. Hasta que empezó a salir en la prensa hablando de aquella especie de visiones que tenía, y luego la creación de la Iglesia del Palmar...»

«Todo eso lo seguíamos porque un amigo mío pintor mantenía también relaciones con el que sería el segundo papa después de Clemente, Manuel Alonso Corral, a quien llamábamos El Monjo. Le daban ataques de arrepentimiento por su homosexualidad y se iba a un monasterio de Ávila a apartarse de todo, pero siempre volvía. Este fue un poco el cerebro gris de aquella iglesia, ya que Clemente era un patán. Me río recordando esto porque mi amigo y yo estamos santificados», evoca.

También cuenta sus años en Morón de la Frontera, cuando esta localidad era una de las mecas del flamenco, y en especial el magisterio de Diego de Morón a la guitarra, instrumento que Nazario acabaría abandonando. «Diego era uno de los intérpretes máximos de la guitarra, equivalente a Ravi Shankar en la india o a cualquier gran instrumentista iraní», asevera. «Además, era un creador, no de los que se dedican a repetir lo que hacen otros. Sonaba su guitarra diferente a todos, incluidos sus sobrinos, que tocaban muy bien pero no llegaban al alma».

También conoció a Fernanda y Bernarda, otras grandes artistas de aquel tiempo, y que llevaban su lesbianismo en relativo secreto. «Como ocurría con La Paquera, Fernanda y Bernarda eran superfamosas y llevaban esa conducta semioculta, aunque había voces que decían que mantenían relaciones con Fulanita o Menganita», dice Nazario. «En general no se comentaba nada de eso, todo era en voz baja. No solo en el caso de ellas, sino de cualquier lesbiana. Era algo incomprensible por parte de muchos machos, no se entendía que hubiera relaciones sin penetración por medio. Otro tipo de sexo no existía para ellos», añade.

Sea como fuere, Morón supuso para el joven artista un baño de jondura que acabó haciendo de él un purista, por más que a él no le guste la etiqueta. «Que me guste María Callas y no Elisabeth Schwarzkopf no es purismo, es conocimiento. Si conoces, puedes decir ‘este me gusta más, este menos’. No me considero purista porque me gusten Proust o Celine. Hay montones de obras que son superfamosas y me gustan, y otras no. Que me guste Diego del Gastor, Juan Talega o Borrico, y que Menese, Curro Malena o El Lebrijano no me hicieran gracia, es una forma de ver el arte como otra cualquiera», comenta.

«Yo antes de conocer a Diego y a los flamencos de Morón odiaba el flamenco, porque lo identificaba con Valderrama y Antonio Molina. Me gustaban solo los fandangos, porque soy casi de Huelva, pero no lo consideraba un arte superior. Cuando me meto a fondo, veo que como cantaba Rosalía de Triana o La Piriñaca no ha salido nadie que valga la pena. ¿Dónde está el Bambino de hoy? No hay nadie ni con la garra ni con la calidad de su voz. Y no niego el valor que puedan tener Camarón u otra gente, pero no me compraría un disco suyo. No es mi música».

Pero sobre todo, 'Sevilla y la casita de las pirañas' recuerda su biografía homoerótica sin escatimar pelos y señales. «Eran los años 60, estábamos en plena Ley de Peligrosidad Social. Los maricas descarados acababan en cárceles de Huelva, de Badajoz. Eso genera tanto miedo que no vas por la calle soltando plumas como hoy. Incluso había un argot para que no se enteraran de lo que hablábamos. Había que esconderse en estudios de amigos, de artistas... Y también era de dominio público que en cines como el Coliseo o el Trajano había relaciones entre hombres en el gallinero, en los asientos y en los váteres. También en los jardines», recuerda.

Y los baños públicos: «Un váter es el mejor sitio para ver la mercancía. Es una forma de tomar contacto. En el libro cuento que había muchos que no querían ir a estos sitios. Pero yo nunca lo consideré así, me atraían los meaderos lo mismo que me encantan los mercados, allá donde iba tenía que visitarlos, echar un vistazo».

La doble moral imperaba. «Mira el Rocío, era un mariconeo horroroso, toda aquella gente que se hartaba de follar aprovechando las borracheras. Siempre se hablaba de La Chester, un homosexual que tenía un puesto de tabaco en La Campana, y luego en el Rocío tenía una tienda de campaña en la que había colas de tíos para follar. Y no solo la Chester, cualquier maricón de pueblo se hartaba de follar en el Rocío, se desinhibía».

En sus páginas, usa con naturalidad el término maricón, sin connotaciones negativas. «Si me lo llaman por la calle a gritos en plan agresivo no me gusta, claro, pero en sentido coloquial me resulta más entrañable que gay. Maricona sí es ofensivo, pero me parece un insulto sin connotación sexual, no quiere decir que el insultado sea homosexual, sino una persona no legal o algo así. No tiene nada que ver».

jueves, 28 de junio de 2018

#hemeroteca #lgtbi #memoria | ¿Dónde está la historia LGTBI?

Imagen: InfoLibre / Manifestación del 26 de junio de 1977 en Barcelona
¿Dónde está la historia LGTBI?
Varios libros publicados en el último año evidencian un vacío en la historiografía y en los archivos, cuidados por los activistas e ignorados aún por la academia. Los nuevos investigadores tratan de construir un campo de estudio y de abrir el foco a relatos no triunfalistas mientras luchan contra la precariedad.
Clara Morales | InfoLibre, 2018-06-28
https://www.infolibre.es/noticias/cultura/2018/06/28/donde_esta_historia_lgtbi_84458_1026.html

El World Pride, la celebración del Orgullo Mundial celebrada el año pasado en Madrid, dejó en la ciudad el paso de 2,2 millones de personas, 1,4 millones en la gran manifestación que corona las fiestas, 2,5 millones de euros de gasto público y una ocupación hotelera media del 84%. También dejó algo menos cuantificable: la exposición de varios archivos que contienen la memoria del movimiento LGTBI español y el encuentro entre quienes que lo estudian. La exposición 'Subversivas' exponía los de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais Transexuales y Bisexuales (FELGTB); las muestras '¿Archivo queer?' y 'Anarchivo sida', los de los grupos LSD, la Radical Gai o RQTR, además de fondos privados coordinados por Fefa Vila Núñez... Muchas de esas piezas no se habían mostrado jamás. En torno a ellas, una generación de investigadores que se pregunta dónde está la historia del colectivo y que está decidida a ir a buscarla, cuatro décadas después de la primera marcha del Orgullo en España, un 26 de junio (el 28 es la fecha oficial), en Barcelona.

"El año pasado fue clave para la historia del movimiento en España, porque aparecieron varias publicaciones sobre la materia después de un gran vacío", señala Ramón Martínez, doctor en Filología por la Universidad Complutense. Su libro 'Lo nuestro sí que es mundial. Una introducción a la historia del movimiento LGTB en España' (Egales) apareció, de hecho, a finales de 2017, con una segunda edición ya en 2018. Por las mismas fechas se publicaba 'Tiran al maricón. Los fantasmas queer de la democracia (1970-1988)' (Akal), de Brice Chamouleau, doctor en Estudios Hispánicos por la Universidad Burdeos-Montaigne. El pionero 'Deseo y resistencia (1977-2007). Treinta años de movilización lesbiana en el Estado español' (Egales), de Gracia Trujillo, ha visto también una nueva edición. El dibujante Nazario Luque sigue retratando en sus memorias ('Sevilla y la Casita de las Pirañas', recién salido, es el segundo tomo) el mundo del underground gay de los setenta y ochenta. Y, en las universidades, se presentan cada vez más trabajos de fin de grado y tesis doctorales que abordan esta cuestión.

¿De dónde beben estos nuevos trabajos? La bibliografía de unos y otros es elocuente. Figuran las memorias de quienes protagonizaron las primeras revueltas en los setenta, como Armand de Fluvià o Jordi Petit, militantes históricos del Front d'Alliberament Gai de Catalunya, fundado en 1975. Hay relatos sobre la cultura homosexual en España, como 'De Sodoma a Chueca', de Alberto Mira, o 'Lorca y el mundo gay', de Ian Gibson. Hay estudios puntuales sobre la represión franquista, como 'Redada de violetas', de Arturo Arnalte, con testimonios de quienes la sufrieron. Con alguna excepción, como 'Al margen de la naturaleza. La persecución de la homosexualidad durante el franquismo', de Víctor Mora, publicada en 2016, se ve un cierto vacío bibliográfico en los últimos diez años. "Es una materia tan sumamente amplia que no hemos hecho más que empezar. Hemos barrido la capa de polvo superficial", asegura Martínez. Chamouleau, desde París, matiza: "Hay mucho hecho, pero solo en un sentido, el del reconocimiento de la protección estatal a través de las leyes. La discusión que cuesta un poco es esta: ¿contamos solo una historia de los logros que se han conseguido o bien pasamos a explicar otras cosas?".

Construyendo un campo de estudio
Sucede que ni Ramírez ni Chamouleau tiene, en origen, una formación clásica como historiadores. El primero es filólogo y el segundo comenzó su formación en estudios hispánicos y se doctoró luego en Civilización e Historia española contemporánea. Gracia Trujillo, por ejemplo, es socióloga, y Víctor Mora se dedica a los Estudios de la Cultura. Pareciera que la memoria del movimiento no está, como en otros casos, al cuidado de los historiadores, sino en manos de investigadores activistas de formación variada, más o menos cercanos a los Estudios de Género. "Es un problema más de campo académico que de desinterés por parte de la historiografía", defiende Martínez. "En España, este campo de estudio no existe. Somos un grupo de personas que nos hemos ido acercando al tema". Paralelamente, se ve cómo en los libros de historia que estudian, de manera general, la represión franquista o la Transición, pocos dedican un apartado específico a las vivencias de las personas homosexuales, bisexuales y trans, pese a la violencia específica que sufrió esta parte de la población.

Pero este no es el mayor impedimento para la investigación. Ramón Martínez denuncia que "la precariedad en España, que afecta más a las Humanidades, que con las Sociales son la tercera regional de la investigación". La historia de los movimientos sociales, o de las minorías o disidencias sexuales, advierte, apenas reciben fondos por no considerarse "útiles o productivas". "No es el campo más prestigioso", se queja. "Hay una generación de investigadores en condiciones muy difíciles", se suma Chamouleau, "y es urgente que mejoren para que esta generación pueda continuar con su trabajo". Desde 2009 hasta 2017, los programas dedicados a fomentar la I+D+i en España acumulan un recorte de 20.000 millones de euros. El sector se ve, además, especialmente afectado por la temporalidad, lo que deja imaginar un futuro oscuro para los jóvenes (y no tan jóvenes) investigadores.

La escasez de recursos afecta también a los archivos que contienen documentos, panfletos y memorias del movimiento LGTBI. La FELGTB y el Colectivo de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM) cuentan con sus propios fondos pero, como apunta Ramírez, no están todavía catalogados. Este trabajo recae en los sucesivos investigadores que lo consultan y que contribuyen, poco a poco a la indexación de las obras. En peores condiciones están los materiales de otras asociaciones ya extintas o mucho más precarias, que reposan en cajas, con frecuencia en casa de los propios activistas. "Los papeles corren peligro y hay que preocuparse mucho por ellos", urge Martínez. Una pequeñísima parte de estos fondos, pertenecientes a Radical Gai, LSD y RQTR, están alojados en el Museo Reina Sofía, como resultado de una estancia de investigación que dio lugar al ‘¿Archivo queer?’, y aunque están bien conservados, su acceso es restringido. En Cataluña, el Casal Lambda (fundado en 1976) tiene un archivo catalogado, y el Front d'Alliberament Gai de Catalunya y el Collectiu Gai de Barcelona cuentan también con sus fondos históricos. Por comparar: en Estados Unidos, los ONE Archives, el mayor repositorio de materiales sobre la lucha por la diversidad sexual del mundo, están auspiciados por la Universidad del Sur de California.

Los archivos públicos también plantean problemas. Chamouleau se acercó, para su investigación, a los del Fondo de Vagos y maleantes, en el Arxiu de la Ciutat de la Justícia de Barcelona, que incluyen también los expedientes de la Ley de peligrosidad social. La primera, que criminalizaba a vagabundos o proxenetas, fue modificada en 1954 para incluir expresamente a los homosexuales. La segunda entró en vigor en 1970 y creaba centros de detención especializados. "Fue el único archivo de este tipo que se me abrió", dice el investigador, y subraya que se hizo bajo un régimen muy estricto, tratándose, como señala en el libro, de "datos sobre la vida sexual considerados, con otros, 'especialmente protegidos". Para ello le hizo falta una autorización especial condicionada a una divulgación parcial de los datos. Chamouleau apunta que desde la publicación de su trabajo, otros se han hecho accesibles a los investigadores, como el de Sevilla, pero que en ningún caso son cauces que se abran con facilidad.

Focos diversos y genealogía recuperada
En otros casos, dice, "la documentación está, pero hay que cambiar las gafas: los archivos de Peligrosidad Social están, y siempre me sorprendo de que no se cuente la parte de los años ochenta y nos centremos solo en la preconstitucional". Aunque en 1978 se suprime de la Ley de peligrosidad social la referencia a los "actos de homosexualidad", pero esta norma sigue castigando a la población LGTBI en nombre de la "convivencia social". Las detenciones se extienden no solo hasta 1985, cuando se desmantelan los tribunales y jurisdicciones especiales de peligrosidad social, sino hasta 1989, fecha de cierre del último expediente según la investigación de Chamouleau. Esta es una de las reivindicaciones del autor. En su opinión, la historiografía mayoritaria es aquella "que cuenta un reconocimiento progresivo de la democracia de las formas de vida no heterosexuales", pero reivindica que esta "no explica que sigue habiendo violencia homofóbica en España". "La Transición abre un espacio de derechos, pero mientras eso se produce, muchos siguen sometidos a la Ley de peligrosidad social", critica. Y confía en que la producción de más investigaciones haga más diverso el foco de estudio.

Tanto Martínez como Chamouleau coinciden en que una de las dificultades de la investigación es la ruptura generacional. El segundo tuvo dificultades para encontrar testimonios del paso de los setenta a los ochenta: "Las personas con las que me cruzaba siempre me devolvían a Armand de Fluvià, a Jordi Petit, y te encontrabas con que los propios actores históricos volvían a contar sus propias vidas". Este eco se agravaba por la dentellada del sida: "La enfermedad abre un nuevo militantismo, pero sobre todo cierra una etapa de la juventud de los años setenta, que se va muriendo, y sus prácticas y lenguajes mueren con ellos". "Yo siempre hablo de la maldición de la desmemoria", añade Ramón Martínez, "porque las mujeres, con el movimiento feminista y de madres a hijas, establecen algún tipo de genealogía. Pero las personas LGTB no tenemos progenitores LGTB que nos transmitan una historia, y hay una especie de adanismo". Frente al "corte generacional", historia.

miércoles, 13 de junio de 2018

#libros #testimonios | Sevilla y la Casita de las Pirañas

Sevilla y la Casita de las Pirañas / Nazario Luque.
Barcelona : Anagrama, 2018 [06-13].
280 p.
Colección: Crónicas.
ISBN 9788433926197 / 17,90 €

/ ES / BIO
/ Escándalo público / Franquismo / Gandula / Historia – Siglo XX / Homosexualidad / Memoria histórica / Testimonios / Underground

En ‘La vida cotidiana del dibujante under­ground’, centrado en sus andanzas en la efervescente Barcelona de la Transición, Nazario se reveló como un memorialista excepcional. Confirma sus dotes en este segundo volumen de sus memorias, en el que aborda la etapa inmediatamente anterior. Nos encontramos aquí con Na­zario en su etapa de formación sexual y cultural, en el periodo que recorre los años sesenta y los inicios de los setenta del pasado siglo, antes de instalarse en Barcelona. Y si en la entrega precedente esa ciudad acaparaba todo el protagonismo, aquí se reparte entre Sevilla, To­rremolinos, Morón de la Frontera, Ibiza, Madrid, París, Londres... Estamos en un periodo no menos efervescente que el de Barcelona, pero todavía en pleno franquismo. Y en el sur de España todo es mucho más clandestino pero igualmente estimulante. El autor evoca una ava­lancha de experiencias en las que se entremezclan el flamenco y el LSD, la co­pla y el underground, progres, hippies, comunas gais (la Casita de las Pirañas del título), norteamericanos que quieren aprender a tocar la guitarra española, amigos del alma, novios, amantes ocasionales y personajes estrafalarios de lo más variopinto a los que trató en aquellos años de aprendizaje y desenfreno. Años en los que se independiza gracias a su sueldo de profesor, asume su ho­mosexualidad, descubre la alocada vida nocturna de Torremolinos, el mundillo gay clandestino de Sevilla y los aires de libertad de las ciudades europeas, donde se ve envuelto en situaciones que van de un lance sadomasoquista en una elegante casa parisina a un encuentro sexual con un cura en el exterior de un teatro en el que se representa ‘Aida’, pasando por la detención por escándalo público en unos lavabos de Piccadilly.

Nazario (Castilleja del Campo, Sevilla, 1944) es uno de los pioneros del cómic underground español, uno de los mejores retratistas de los bajos fondos de Barcelona y un destacado pintor, escritor y fotógrafo. Entre sus libros sobresa­len ‘La Piraña Divina’, ‘San Reprimonio y las Pirañas’, ‘Anarcoma’, ‘Turandot’, ‘Plaza Real Safari’, ‘La Barcelona de los años 70 vista por Nazario y sus amigos’ y el primer volumen de sus memorias ‘La vida cotidiana del dibujante underground’, este último publicado por Anagrama.