Mostrando entradas con la etiqueta Comercio justo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Comercio justo. Mostrar todas las entradas

jueves, 27 de abril de 2017

#hemeroteca #explotacionlaboral | Ropa transparente y justa: deseos a los cuatro años del derrumbe de los talleres del Rana Plaza

Imagen: El País / Activistas reclaman justicia por Rana Plaza, Dacca, Bangladesh
Ropa transparente y justa: deseos a los cuatro años del derrumbe de los talleres del Rana Plaza.
En el aniversario de la tragedia en Bangladesh, donde murieron más de mil personas, ONG instan a informar sobre el origen de nuestra ropa y atenuar la desigualdad salarial en el sector
Alberto G. Palomo | Planeta Futuro, El País, 2017-04-27
http://elpais.com/elpais/2017/04/26/planeta_futuro/1493220716_151377.html

Ya eran muchos los que denunciaban las condiciones de los trabajadores en fábricas textiles asiáticas, pero el golpe de realidad llegó para todos hace cuatro años. El 24 de abril de 2013 se desplomó el edificio Rana Plaza de Dacca, la capital de Bangladés. Esta rotura de cimientos se saldó con 1.134 muertes, unos 2.000 heridos y la certeza de que la ropa que viste a Occidente esconde explotación e inseguridad laboral. En el aniversario de la tragedia, organismos como Human Rights Watch (HRW) o Oxfam Intermón exigen transparencia a las marcas y estrechar los márgenes salariales que conducen a la desigualdad.

Una tarea complicada. La deslocalización y la subcontratación de servicios añaden peldaños a la línea de control empresarial. Y si se endurece la inspección en uno, se traslada a otro. Conclusiones que ya se habían alcanzado en dos desastres previos: el incendio de la factoría Ali Enterprises en Pakistán y el de Tazreen Fashion en Bangladés, ambos en 2012. En total, más de 350 personas perdieron la vida. En su momento, la opacidad ni siquiera permitió saber para quiénes trabajaban las víctimas, y a los defensores de los derechos de los empleados les tocó investigar recogiendo muestras con etiquetas o preguntando a los testigos.

¿Ha cambiado esto en el último lustro? Según el documento de HRW Siguiendo el hilo: la necesidad de transparencia en la cadena de suministro de la industria de la indumentaria y el calzado, que insta a las empresas del sector a entregar información sobre las actividades corporativas, a finales de 2016 al menos 29 empresas habían facilitado datos sobre la elaboración de sus productos. Una coalición de sindicatos y organizaciones de defensa de derechos humanos avaló el compromiso de transparencia y valoró el avance.

“La apertura en la cadena de suministro de una empresa es mejor para los trabajadores, favorece los derechos humanos y demuestra que a las empresas les interesa prevenir los abusos en sus cadenas de suministro”, enfatizó Aruna Kashyap, asesora legal de la división de derechos de la mujer de Human Rights Watch, tal y como recogió el observatorio. “Un nivel básico de transparencia en la cadena de suministro de la industria de la indumentaria debería ser la norma en el siglo XXI”, incidió.

HRW se puso en contacto con 72 empresas (13 de ellas, líderes) y afirma que 17 estarán cumpliendo con los estándares mínimos para finales de 2017. Del resto, cinco incumplen los mínimos por poco, 18 están progresando, siete dando pasos “modestos” y 25 se han desmarcado, negándose a asumir el compromiso. “Adoptar el nivel mínimo de transparencia estipulado en el Compromiso es importante para la de rendición de cuentas”, expresó Judy Gearhart, directora ejecutiva de International Labor Rights Forum. “Las empresas pueden hacer mucho más, pero al menos deberían empezar con esta medida básica”.

Entre las que se han responsabilizado a publicar información sobre los proveedores, llevar a cabo prácticas comerciales éticas o ejecutar lo establecido en los Principios Rectores de la ONU sobre las Empresas y los Derechos Humanos están, por niveles, Adidas, C&A, Nike o Levis (las que lo cumplen totalmente), Columbia o Benetton (en “la dirección correcta”); Mizumo y Abercrombie&Fitch (“pasos modestos”) y Primark, Carrefour, Desigual o Hugo Boss (ningún compromiso). Escogiendo algunas compañías significativas.

A esta campaña se le ha sumado otra. Oxfam Intermón ha redactado un informe sobre la situación alcanzada en este tiempo y sobre la necesidad de un comercio justo. La organización internacional destaca que el gobierno bangladesí firmó un Acuerdo para la Seguridad en Edificios y Contra Incendios en 2013 y que aumentó el salario mínimo en un 77%. “Insuficiente, pero encaminados hacia algo dignos”, evalúan. El marcaje de las autoridades a los agentes sociales o la presión que ejercen las transnacionales complica, no obstante, las mejoras.

Como contrapeso han presentado No les rebajes, una iniciativa que ejemplifica proyectos donde el trabajador es la prioridad. “¿Por qué importa que el comercio sea justo?”, se cuestionan. Porque, señalan, los beneficios corporativos no siempre se reparten de forma equitativa. “La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) reconoce que las ganancias no llegan a quienes se encuentran en los últimos eslabones de las cadenas de producción. Son los colectivos más vulnerables –marginados y/o sin cualificación– quienes quedan fuera de las oportunidades de desarrollo económico, social y humano asociadas al comercio internacional”, afirman.

“El comercio justo es un sistema que intenta fortalecer la posición de quienes están en los últimos puestos, reequilibrando desigualdades y procurando que más personas tengan mejor acceso a las oportunidades que el comercio genera. Es un sistema basado en el diálogo, la transparencia y el respeto que busca una mayor equidad en el comercio internacional, prestando especial atención a criterios sociales y medioambientales”, agregan. “Y contribuye al desarrollo sostenible, ofreciendo mejores condiciones comerciales y asegurando los derechos de las personas trabajadoras más vulnerables”.

Dentro de esta alternativa empresarial, indican, ya se engloba a más de 1.200 organizaciones y 1,65 millones de personas en 75 países. “De todas ellas, 250 grupos y organizaciones se dedican al sector textil y la artesanía, y la mayoría de sus integrantes son mujeres”, detallan. “A nivel mundial, las ventas crecieron un 16% en 2015 respecto a 2014, llegando a los 7.300 millones de euros. También la llamada prima de comercio justo –una suma de dinero adicional que reciben las organizaciones productoras para invertir en la comunidad– sigue la misma tendencia, en aumento desde 2012 y alcanzando la cifra de 138 millones de euros en 2015, un 30% más que en 2014”.

Las cifras para España que muestra la Coordinadora Estatal de Comercio Justo (CECJ) en el periodo comprendido entre 2000 y 2015 también son esperanzadoras: las ventas han pasado de apenas 10 millones de euros a casi 35 millones, creciendo a un ritmo más o menos constante, incluso durante la actual crisis económica. “Comprar ropa de comercio justo se convierte en un auténtico acto de reivindicación y rebeldía contra las malas prácticas del sector. Quienes elegimos consumir este tipo de productos tenemos la oportunidad real de influir para que las grandes cadenas de la moda aseguren condiciones dignas en sus cadenas de valor: con los trabajadores y trabajadoras, con los clientes y con el planeta”, ha apuntado Juanjo Martínez, responsable de las Tiendas Ciudadanas de Comercio Justo, a miles de kilómetros de la tragedia que sacudió una de las vigas de nuestra conciencia. Reconstruirla pasa por la transparencia, la igualdad salarial y la justicia, caiga o no en efeméride.

El ejemplo indio
Creative Handicrafts y otras asociaciones de fabricación textil en el país asiático han empezado a emplear prácticas laborales justas y equitativas.

A Shakuntala Sanjay le habría encantado ir a la escuela. Nunca tuvo esa oportunidad. Por eso, fantaseó con que sus hijos, cuando los tuviera, no se perdieran ese privilegio. A los 23 años nació su única hija. Ahora tiene 21 y ha terminado sus estudios. Envidia que sepa leer desde pequeña y su soltura en un montón de habilidades que a ella le fueron negados. Con 44 años, no obstante, se puede vanagloriar de llevar más de dos décadas en un grupo de confección. Sin saber coser, la mano tendida le llegó desde Creative Handicrafts, organización de comercio justo que apuesta por dar empleo a la población para favorecer la independencia económica individual.

Mujeres vulnerables, migrantes de zonas rurales o sin acceso al mundo laboral, son las mayores beneficiadas. Con el sistema de castas vigente de forma implícita, la dificultad de algunos estamentos sociales de escalar hasta un puesto ordinario y con ingresos suficientes es una quimera para los escalones más bajos de la pirámide. Si nos fijamos en el sector textil, tal y como ha analizado Oxfam Intermón para la campaña No les rebajes, encontramos que existen “faltan graves de seguridad y salud en los centros de trabajo”. La asociación sindical es limitada (sólo está representada por un 4% de los asalariados) y el trabajo forzoso constituye uno de los problemas más graves. “En la fase de tejido aún se recluta a mujeres jóvenes campesinas a cambio de la promesa de un buen sueldo”, avisan desde la organización. “La realidad es que estas trabajadoras soportan horas de trabajo excesivas, sufren casos de acoso y abuso sexual, e incluso violaciones”. A pesar de la regulación internacional y las normas estatales, la falta de aplicación y control lleva a miles de personas a sufrir estas vejaciones.

No es el caso de Guddiya Subhash. A sus 26 años ya tiene tres hijos. Contrajo matrimonio de forma ilegal con 15 y ahora trabaja en el mismo grupo que Nadar de Creative Handicrafts. “El trabajo no te saca necesariamente de la pobreza. Hace que tu familia deje de pasar hambre o te permite un sitio donde vivir. Pero lo que te saca realmente de la pobreza es tener una educación para tus hijos. Porque eso les permite moverse al siguiente nivel económico”, asiente junto a su compañera, según las declaraciones recogidas por Oxfam Intermón.

Con 1.311 millones de habitantes y un crecimiento del 7,9% del Producto Interior Bruto (PIB) en 2015, según cálculos del Banco Mundial, los ingresos de la población india oscilan entre “lo medio y lo bajo”. Llegando a situarse en menos de un dólar al día, marcador del umbral de la pobreza, para millones de personas: “India ocupa el puesto 131 de 188 en el Índice de Desarrollo Humano de 2016 (IDH). Su IDH es de un 0,624 (2015), habiendo mejorado un 45,7% entre 1990 y 2015. Sin embargo, cuando este dato se ajusta a la desigualdad del país, su índice se reduce hasta un 0,454, pierde un 27,2% de desarrollo y retrocede hasta la posición 135 de 151 países sobre los que se calcula este índice”, señala el estudio.

La existencia de ocupación informal es otro de los puntos clave. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) subraya que es uno de los países con tasas más altas de empleo irregular. Esto conlleva la exclusión del sistema de protección y seguridad social y también de su contribución pública. “Los últimos datos de empleo del país apuntan a una tasa del 51,9% en 2016, del cual un 81% es empleo vulnerable, es decir, trabajo autónomo y trabajo familiar no remunerado”, resaltan en el informe. “El trabajo infantil entre 5 y 14 años alcanza el 12%, con el impacto que puede tener en la escolarización y educación”.

“Muchas mujeres no tienen confianza en sí mismas. Una de las principales dificultades es afrontar el ego de los hombres. Muchos no las dejan trabajar fuera de casa, beben mucho, se gastan el dinero… Afrontan situaciones muy difíciles”, declaraba Anjali Takpire en el terreno. Su ejemplo es paradigmático en esta mejora de condiciones gracias a un trabajo más equitativo: empezó con 18 años y con 50 ya ha pasado por un puesto directivo. Mejor aún: sabe leer los ojos de las nuevas. Y eso infunde respeto, confianza y una calidez impensable para el 25% que representan las mujeres en el pastel laboral indio.

Porcentaje que asciende hasta el 60% en el sector del textil y de confección, segundo por volumen del país, después de la agricultura. Su alcance engloba a 45 millones de personas de forma directa y 60 de forma indirecta, suponiendo un 4% del PIB. De estas, apenas un 20% dice no haber escuchado ni padecido amenazas o abusos. Por eso, aunque una cantidad aceptable esté a gusto (65%), la mayoría (un 88%) preferiría que sus hijos no trabajaran en él. Para darle la vuelta a esta sensación está Creative Handicrafts, pero también Rajlakshmi Cotton Mills Ltd, Craft Resource Center o Co-optex, EMA. Todas unidas en la red del comercio justo que ahora promueve Oxfam Intermón con la campaña ‘No les rebajes’ y que busca, desde la India o cualquier otra parte del mundo, la “libertad y poder” de los seres humanos.

miércoles, 4 de enero de 2017

#hemeroteca #mujeres #trabajo | Galicia lanza la leche feminista

Imagen: El País / Concha Laje
Galicia lanza la leche feminista.
Mujeres rurales crean una marca con producto vendido solo por ganaderas y a precios justos para reivindicar su trabajo.
Sonia Vizoso | El País, 2017-01-04
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2017/01/04/galicia/1483536178_858236.html

Begoña Pardellas cría y ordeña vacas sin descanso desde hace 27 años, pero su nombre solo consta en los papeles como cotitular de su granja desde menos de una década. Esta ganadera de Guntín (Lugo) es una de las miles de mujeres que lideran explotaciones lácteas en Galicia y cuya faena, silenciada siempre entre las paredes del establo, ha inspirado el nacimiento de Rural Muller, la primera marca que solo embotella leche comprada a productoras.

“En los supermercados tienen que ver que estamos aquí y que llevamos las riendas de muchas explotaciones, como cualquier hombre”, reivindica Begoña. “Necesitamos una marca así de simbólica porque a las ganaderas se nos suele encerrar en los establos, fuera de ellos nunca se nos reconoce”. La Federación de Asociacións de Mulleres Rurais de Galicia (Fademur), creadora de la marca, vende de momento solo leche fresca en establecimientos de Lugo pero mantiene negociaciones con la industria y las distribuidoras para comenzar a lo largo de este trimestre a envasar en tetra brik y tomar los estantes de los supermercados.

Las botellas de Rural Muller acristalan la historia de una virulenta crisis, la de las familias ganaderas gallegas, que en unos años ha aupado a las mujeres al frente de la mitad de las 8.500 explotaciones que perviven en Galicia. Parece la cúspide de un empoderamiento, pero no lo es. Ha sido la incesante caída de precios la que, como en su día la emigración, las ha dejado a ellas a cargo del pobre negocio de la leche mientras los hombres han salido de casa para buscar un empleo más industrializado que reflote las finanzas del hogar.

La federación gallega de mujeres rurales quiere darle la vuelta a este reparto de roles nacido del sexismo y convertirlo en una oportunidad para el progreso de las ganaderas y de sus vecinos. Ellas son las que se han quedado dirigiendo las granjas más pequeñas y vinculadas al pastoreo, a una producción pegada al territorio y ecológica. “Queremos que sea una leche de consumo masivo pero que nunca pierda ese sello ambiental y social que las convierte en motores de la economía de las aldeas y que garantice que en su producción nadie avasalla a nadie”, subraya Rosa Arcos, presidenta de Fademur.

Como apunta Arcos, la cadena de producción de la leche también encierra la historia de una imposición, la de los precios, en la que los ganaderos siempre han cobrado lo que la industria y las superficies comerciales mandan. A finales de 2015, con la bendición del Gobierno, todos los implicados en el proceso llegaron a un acuerdo que establecía por primera vez criterios objetivos para fijar lo que debe percibir cada uno por su trabajo. “No se está cumpliendo”, lamenta Arcos. “La Xunta acaba de reconocer que hay más de 600 explotaciones que cobran menos de 22 céntimos por litro cuando el acuerdo no permite precios por debajo de 31”.

Rural Muller quiere ser una leche de precios justos, con la que el consumidor tenga garantías de que lo que paga en el supermercado por encima de una marca blanca va a parar a la ganadera. Que llega a los bolsillos de esa campesina gallega con fama de matriarca, que se subía con poderío al tractor cuando en otras zonas de España las mujeres de campo eran enclaustradas en la cocina pero que, entre otras desigualdades, sigue ausente de los órganos de decisión de las cooperativas y asociaciones agrarias y carga sobre sus hombros todas las tareas y cuidados domésticos. Como Begoña Pardellas, que además de a sus vacas, crió dos hijos entre la sala de ordeño y los establos, y atendió a tres ancianos.

sábado, 14 de noviembre de 2015

#hemeroteca #mujeres | Namlieh, una ventana económica al cambio social de las mujeres en Oriente Medio

Imagen: Google Imágenes / Hala Ghamlouche, de Namlieh, Líbano
Namlieh, una ventana económica al cambio social de las mujeres en Oriente Medio.
Una cooperativa formada íntegramente por mujeres busca sacar adelante a sus familias en entornos como Líbano o Gaza a través del comercio justo. Para economías domésticas en las que muchas veces los hombres no pueden trabajar debido a los conflictos bélicos, el papel de la mujer es decisivo. La principal dificultad para exportar es que en Israel "eliminan las pruebas de que son productos hechos por mujeres de Gaza" y cuando intentan exportar sus productos desde Líbano, Egipto los bloquea porque han sido elaborados por mujeres.
Moha Gerehou | El Diario, 2015-11-14
http://www.eldiario.es/economia/Namlieh-economica-mujeres-Oriente-Medio_0_451805619.html

Un grupo de mujeres procedentes de zonas tan conflictivas como Líbano y Palestina une fuerzas para, a través del comercio justo, intentar sacar adelante a sus familias y contribuir al empoderamiento económico y social de otras mujeres en su misma situación.

Es la filosofía de Namlieh, iniciativa que esta semana ha participado en Biocultura, la Feria de Productos Ecológicos y Consumo Responsable que este domingo se clausura en el recinto ferial Ifema de Madrid y en la que se dan cita productores, distribuidores, profesionales y consumidores del sector.

Entre las propuestas destaca la de Namlieh, que une los cuatro perfiles anteriores y suma la dureza de un entorno poco propicio con la lucha por los derechos de las mujeres. Englobada dentro del Proyecto Ruwomed (Rural Women Mediterranean), la cooperativa, con base en Beirut, capital de Líbano, se creó en 2012 y a día de hoy une a más de 500 mujeres del entorno rural, apoyándolas en la producción ecológica y la comercialización de más de 100 productos alimentarios asociados a culturas agrarias tradicionales.

Una de las mujeres asociadas a Namlieh es Afaf A.S. Abughali, procedente de la Franja de Gaza y que define así la situación que les llevó a montar la cooperativa: “Como mujeres rurales, queremos vender nuestros productos y sobre todo mejorar nuestra situación económica, pero tenemos muchas dificultades para poder comercializarlos. No sólo por el entorno político, sino también por el hecho de ser mujeres”.

Mediante ferias como Biocultura y reuniones con colectivos dedicados a actividades similares, pretenden aprender de otras experiencias y establecer un vínculo que les permita desarrollar su negocio sin los impedimentos a los que se enfrentan en su día a día. “La economía es una puerta a través de la cual podemos evolucionar socialmente”, dice Afaf.

Entre las restricciones para vender sus productos desde Gaza están las condiciones que impone Israel, cuyas autoridades comprueban todo el material que se va a exportar y “eliminan las pruebas de que son productos hechos por mujeres de Gaza”, asegura. Una situación que se repite cuando intentan exportar sus productos desde Líbano, bloqueados en Egipto por el mismo motivo: haber sido elaborados por mujeres.

En zonas en conflicto, el papel de la mujer es muchas veces decisivo para la economía familiar, en la que en ocasiones los hombres no pueden trabajar debido a la situación de la zona. “Somos nosotras las que con estas pequeñas actividades mantenemos a toda la familia”, corrobora Afaf.

Gracias al comercio justo, una práctica que llegó a España con un retraso de 20 años con respecto a Europa, productores como los de esta cooperativa reciben un 33% del precio final de venta de sus artículos. Además, disponen de unas condiciones de prefinanciación y seguridad en el proceso (contratos de producción de varios años, ayudas a las familias…) que muy difícilmente pueden obtener mediante el comercio convencional.

No obstante, si en Europa este tipo de comercio supone un gasto medio por habitante de 13,4 euros al año, en España apenas representa 0,7 euros anuales. El principal motivo, el alto precio de estos productos en comparación con los convencionales.