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martes, 6 de marzo de 2018

#hemeroteca #feminismoblanco #afrofeminismo | Antoinette Torres Soler: "Las feministas negras no estamos al margen de la huelga, sino que hemos decidido seguir otro rumbo"

Imagen: El Diario / Antoinette Torres Soler
"Las feministas negras no estamos al margen de la huelga, sino que hemos decidido seguir otro rumbo".
Antoinette Torres Soler, fundadora y directora de Afroféminas, una comunidad en línea destinada a mujeres negras y afrodescendientes, explica por qué no se unen a la huelga del 8 de marzo. "En la unión encuentro marginalidad, así que me separo para construirme respetando que las demás tienen sus objetivos y sus luchas". "La deshumanización de la mujer racializada es un problema estructural que no se resuelve con una huelga, una foto o un cartel".
Miariam Salgado | El Diario, 2018-03-06
https://www.eldiario.es/desalambre/feminismo-mujer_racializada-afrofeminas_0_747176175.html

Antoinette Torres Soler es la fundadora y directora de Afroféminas, una comunidad en línea destinada a mujeres afrodescendientes/negras. Aunque, como recoge la página, no es necesario serlo para escribir en ella. Hace unos días, a través de su web, publicaron un comunicado en el que daban a conocer que dentro de su colectivo algunas mujeres habían tomado la determinación de no secundar la huelga del próximo jueves 8 de marzo.

- Parece que algunos feminismos se están "quedando al margen" de la huelga.
- Mira, yo prefiero darle otro enfoque. No estamos al margen, sino que hemos decidido seguir otro rumbo. Hace poco escribí un libro en el que explico este planteamiento, que es personal, una reflexión. El feminismo negro tiene una historia diferente. Es así, no es un capricho. Además, tiene unos referentes totalmente distintos, parte de las huellas que dejó la colonización y de cómo se construyó la mujer o, más bien, cómo se deshumanizó a la mujer negra. Nuestra lucha, nuestra reivindicación fundamental es la deshumanización de la mujer racializada. Pero esta deshumanización no viene solo de los hombres; también de las mujeres.

- Entonces, ¿cuáles es la relación entre el 'feminismo blanco' y el feminismo de mujeres negras?
- Primero pedíamos, exigíamos más bien, visibilidad dentro de un mismo proyecto, aún teniendo en cuenta que la historia es diferente. Que la historia sea diferente implica que obligatoriamente tienes que estar hablando de cosas distintas. Por esto he recibido muchas críticas. La gente piensa que se trata de excluir, pero nosotras siempre hemos estado excluidas. Mi reflexión es que si lo que incomoda es que nos separemos, lo que molesta es que haya una decisión de colectivo.

- Pero... ¿es así en todos los casos?
- Reconozco que hay muchas feministas blancas jóvenes que ya tienen una posición diferente o quizá muestran más empatía que las feministas académicas. En la academia te encuentras el peor racismo. Lo que quiero decir es que separarnos sí, pero no aislarnos. En las conferencias que doy me encuentro a menudo con que a muchas personas mi discurso les resulta incómodo, aunque a veces hay chicas jóvenes que se apenan de que nos vayamos, pero es que no nos vamos. Por ejemplo, yo respeto que haya grupos feministas que no quieran espacios mixtos, así que las afroféminas ahora igual tenemos que cultivar, ordenar y crear un discurso en lugar de sumarnos a una huelga que es un gesto. La deshumanización de la mujer racializada es un problema estructural que no se resuelve con una huelga, una foto o un cartel.

- ¿Cómo se repara esta situación?
- Yo creo que esta batalla se logra a largo plazo y a través de la educación. Estas opresiones y maneras de pensar completamente retorcidas están en la forma en la que nos han educado, por eso sigue habiendo adolescentes machistas y racistas. El cambio necesita políticas que deconstruyan y personas que hagan actividades como talleres, pero estamos aún muy lejos de todo eso.

- ¿Ha sentido alguna vez que las feministas blancas se olvidan de vuestra posición?
- Creo que no la olvidan, sino que no la quieren poner. Dicen que la diferencia quiere acabar con el feminismo, pero esa no es mi posición. Yo respeto que en este país el feminismo blanco tenga un problema con el género como punto fundamental. Comparto sus objetivos, pero no son los míos. En la unión encuentro marginalidad, así que me separo para construirme respetando que las demás tienen sus objetivos y sus luchas. Si algún día tenemos que coincidir, que la coincidencia nazca sola, pero que no sea una obligación porque yo no me siento representada: a mí me discriminan mujeres también.

- Algún ejemplo que se le venga a la mente...
- Una exposición de mujeres negras nacidas en Zaragoza. Mujeres que rompen el estereotipo, mujeres negras que en lugar de necesitar ayuda la ofrecían. Cuando me acerqué, nunca olvidaré esa frase, me dijeron: "Pero esto no es aquí, esto tiene que ser en la Casa que atiende a personas migrantes". Ese fue mi primer choque. Me di cuenta de que ser mujer con experiencia migrante te hace menos mujer.

- "Menos mujer" es una idea dura.
- Sí. A la mujer racializada o migrante se la presupone ignorante, que no sabe hablar ni tiene formación. En total, que tienen que hablar por ella. En mi libro, por ejemplo, aclaro que ser pobre no quiere decir que no puedas ser brillante. Piensa que en el siglo XIX las mujeres negras se vendían en la sección de animales, así que imagínate de dónde viene nuestra deconstrucción.

- Así que, ¿las feministas blancas tienen una actitud paternalista con las mujeres negras?
- Recuerdo una vez estuve en un debate con mujeres blancas feministas, aunque también había un hombre. Para mí el debate fue un horror porque entre ellas se creó un ambiente opresivo. El hombre, al final, me dijo: "Estas señoras se han puesto contigo como los hombres se ponen con las feministas".

- Pues solo queda la pregunta evidente: ¿cómo ha llegado al feminismo?
- Cuando comencé Afroféminas fue por el deseo de empoderamiento, pero yo no conocía el feminismo negro, a él llegue después, cuando me di cuenta de que mi experiencia no era casual. Mi experiencia era la misma que tenía la mujer negra de México o Francia. El feminismo negro tiene historia, pero está poco visibilizada. Yo tenía claro que ante cualquier tipo de microagresión quería saber responder, entonces me di cuenta de que había una teoría, así que empecé a prepararme y saqué el discurso del feminismo negro al mundo real y en 2015 fue cuando comencé a impartir talleres, que son espacios para que la gente pueda conocerlo y se sienta bien. En ellos nadie se siente agredido. Hay diferencias en el discurso entre Europa y Estados Unidos, pero la historia al final es trasladable a cualquier país que haya sufrido colonización.

lunes, 5 de marzo de 2018

#hemeroteca #feminismoblanco #afrofeminismo | Por qué Afroféminas no se suma a la Huelga Feminista

Imagen: Afroféminas
Por qué Afroféminas no se suma a la Huelga Feminista.
Afroféminas, 2018-03-05

https://afrofeminas.com/2018/03/05/porque-afrofeminas-no-se-suma-a-la-huelga-feminista/

El próximo 8 de Marzo está convocado el paro femenino. Un enorme número de asociaciones, colectivos, partidos políticos, medios de comunicación, y todo tipo de entidades se han sumado a este movimiento, que une a muchas mujeres. Pero algunas de nosotras hemos decidido, después de mucha reflexión, no sumarnos y queremos explicar algunas de las razones ante la insistencia de nuestras seguidoras y aliadas.

Primero diremos que estamos en nuestro derecho como entidad de no sumarnos. Ante los previsibles ataques, que ya se han producido (muy escasos eso sí), por parte de algunos colectivos feministas, acusándonos de estar en un lado del tablero político que no es el nuestro, solo decir que no tenemos lado en la política actual, nadie nos representa. Somos independientes y autónomas. Somos mujeres negras empoderadas. No se nos puede acusar de colaborar con el “enemigo” o ser cómplices del machismo. Nos han estado atacando durante dos meses desde posiciones racistas y muy pocas que hoy nos piden adhesión se interesaron por el tema, porque el racismo no les toca.

Para nosotras, que nos mantuvimos expectantes ante los acontecimientos y acciones que llevaban a la huelga, y que vimos el tratamiento de los medios y de las cabezas visibles de la política, opinamos que nuestra decisión es la única posible como mujeres negras y racializadas en este país.

A pesar de los tímidos intentos del manifiesto por ser inclusivo, los hechos son más fuertes que las palabras, y en realidad la invisibilización de las mujeres racializadas en este movimiento es prácticamente absoluta. Los medios apenas se hacen eco de las posturas de nuestras líderes, e incentivan un feminismo mainstream expresamente blanco.

Se nos pide que nos sumemos a la huelga en la suposición de que 1+1 es igual a 2, pero resulta que con el feminismo hegemónico en este país 1+1 es solamente 1 con un lavado de cara inclusivo, con una mujer negra en el cartel y poco más. No hay representación, ni visibilización de nuestras posturas, y nuestra principal reivindicación como mujeres racializadas, que es el racismo, se obvia, ya que en realidad, no se le da ninguna importancia. La brecha más grande es entre blancxs y racializadxs.

Lo que tenemos es un movimiento que nos dice que nos unamos, que marchemos juntas, pero que a la hora de la verdad le importamos poco, y nuestras reivindicaciones menos.

En las innumerables entrevistas y declaraciones que han dado estos días mujeres relevantes de la cultura, la política, el periodismo, etc., (en casi su totalidad blancas) queda claro lo que decimos. Nadie ha hecho ni una sola mención a nuestras reivindicaciones, ni a las de las gitanas, musulmanas, etc. Ellas tienen su agenda, que podemos compartir, pero que se olvida de que las mujeres racializadas sufrimos una doble o triple discriminación, y que en muchísimas ocasiones, esas discriminaciones también vienen de las propias mujeres blancas. Lo hemos sufrido incluso en círculos feministas. Hasta que no empecemos por ahí, tenemos poco que reivindicar en conjunto. Entendemos que esto se hace duro de escuchar, pero hay que decirlo.

Desgraciadamente la interseccionalidad sigue siendo una palabra que el feminismo hegemónico vacía de contenido cuando la tiene que poner en práctica. Hay un gran número de periodistas, cadenas de televisión y periódicos que están haciendo un gran esfuerzo por la huelga. ¿Cuántos de esos medios tienen personas negras trabajando? ¿Cuántas de esas periodistas, casi en su totalidad blancas, se han acordado de las mujeres racializadas? En una esfera tan blanca es poco probable vernos representadas.

Sabemos el riesgo de asumir esta postura en un ambiente de euforia. Otros colectivos afrofeministas se han sumado, y lo respetamos. Nuestras redactoras tomaran sus propias decisiones de secundarla o no, ya que no hay unanimidad. Pero Afroféminas no lo hará.

Pensamos que hacemos más no haciéndola y poniendo el punto de mira en el problema que sigue teniendo el feminismo blanco con las mujeres racializadas y su propio racismo. Creemos que no se puede arreglar el mundo si no eres capaz de arreglar tu propia casa, y tirar para adelante pidiendo uniformidad en las filas sin haber abordado seriamente tus problemas con nosotras, las mujeres racializadas.

Sinceramente pensamos, que nuestra postura hará mucho más efecto que una adhesión sin matices. Se ha demostrado que los matices quedan borrados en los medios. No estamos, no existimos. De nuevo invisibilizadas y olvidadas. ¿Acaso no somos mujeres?

Aun así, aplaudimos a muchas de nuestras aliadas que se sienten interpeladas por el llamamiento de esta huelga, es su historia o más bien una parte de ella. Sin embargo Afroféminas ha decidido trazar su propio camino. La deshumanización de la mujer racializada es nuestra principal prioridad y una cuestión tan compleja, no se resuelve con una huelga. Seguid vosotras vuestro camino, que al menos Afroféminas, buscará sus propias soluciones: Separarnos, que no aislarnos, como bien ha explicado Antoinette Torres en reiteradas ocasiones.

Ante esta decisión la directora de esta revista ha recibido muchas críticas. Sin embargo nos preguntamos si hasta ahora no existimos, ¿por qué ahora se molestan porque nos queramos marchar? Lo dejamos para vuestra reflexión.

jueves, 6 de octubre de 2016

#hemeroteca #afrofeminismo | Afrofeministas: “Sabemos emanciparnos solas”

Imagen: Pikara
Afrofeministas: “Sabemos emanciparnos solas”.
Esta lucha interseccional contra el sexismo, el machismo, el capitalismo empieza a hacerse fuerte en países europeos con gran población negra como Francia. Sus impulsoras reivindican su ascendencia africana, apuestan por la lucha no mixta y se niegan a ser tuteladas por el feminismo blanco.
Andrea Olea | Pikara Magazine, 2016-10-06
http://www.pikaramagazine.com/2016/10/afrofeministas-sabemos-emanciparnos-solas/

“Feminismos como el de Femen no buscan la abolición del patriarcado ni de otros sistemas de dominación. Su objetivo es elevar a las mujeres blancas de clase media y alta al mismo nivel que los hombres blancos, reforzando la división racial y social. Su liberación feminista es imperialista, occidental y colonialista”. Bum. Son palabras de Fania Nöel, militante del colectivo afrofeminista francés Mwasi. Nöel, directa y polémica, es una de las cabezas más visibles en Francia de un movimiento, el afrofeminismo, que busca superar la pretendida universalidad promovida por la corriente feminista mainstream, apuntando a una lucha interseccional contra la discriminación por sexo, pero también por raza, religión o clase social.

“El afrofeminismo nace de un cruce de combates”, explica con algo menos de virulencia la periodista senegalesa Rokhaya Diallo, radicada en París. “Las mujeres negras se dieron cuenta de que dentro del movimiento feminista, la mayoría blanca privilegiada descuidaba las problemáticas propias de sus hermanas de color, y que en el movimiento antirracista eran víctimas del sexismo de sus hermanos, por lo que no lograban hacer oír su voz en ninguno de los dos espacios. Esta constatación llevó a desarrollar un feminismo específico de mujeres ‘racializadas’, que miran por sus intereses sin depender de la agencia feminista o antirracista global”.

Tras años mirando con una mezcla de admiración y envidia hacia Estados Unidos, en Europa empieza a tomar cuerpo un nuevo feminismo negro, más desacomplejado e irreverente, que se aproxima a sus raíces africanas y abunda en la problemática de la colonización y las migraciones. Blogs, Youtube, Twitter… Internet está permitiendo eclosionar un movimiento que se nutre de la teoría nacida con las experiencias de discriminación cotidianas. Y Francia, uno de los países europeos con mayor población negra y afrodescendiente, abandera esta nueva ola de feminismo afroeuropeo.

“No nos liberen, nosotras nos encargamos”
“Hay mujeres a favor del velo como había negros a favor de la esclavitud”. “¿Colonización? Francia no es culpable de haber querido compartir su cultura con los pueblos de África, Asia o América”. Son perlas lanzadas en 2016 por miembros de la clase política francesa. En Twitter o en Youtube, activistas como Mrs. Roots, Naya, La Copine Doudou o Haitiano Molotov vapulean sin piedad y con una ironía corrosiva a los autores de cada salida de tono racista, al tiempo que entretejen alianzas con otras feministas negras.

A falta de academia donde teorizar, las afrofeministas francesas se encuentran en las redes sociales. Fue allí donde nació en 2014 el colectivo 'Mwasi' (mujer, en lengua lingala). Combativas y viscerales, excesivamente radicales para algunos, las 'Mwasi' emplean la lucha no mixta como primera herramienta de autoemancipación y multiplican sus acciones de denuncia, tanto virtuales como en las calles: de foros de debate a manifestaciones, pasando por acciones de apoyo a mujeres migrantes. Fuertemente politizadas, se declaran anticapitalistas, antiimperialistas, pro-velo y pro-legalización de la prostitución, lo que en el paisaje feminista francés, mayoritariamente opuesto al trabajo sexual y a la vestimenta islámica, es toda una declaración de principios.

“La visión del feminismo blanco occidental tiende a olvidar la realidad de otros continentes, otras culturas, otras clases y otras religiones”, señala Aminata Coulibaly-M’Bengue, francesa de 21 años de origen senegalés. “Mi familia es musulmana e incluso si no somos practicantes, las críticas constantes al uso del velo me molestan profundamente. Siento que vivimos una doble, véase una triple opresión: como mujeres, como negras y como musulmanas”.

Las afrofeministas exigen reparación y memoria sobre el pasado esclavista y colonial de Francia, que se estudie en el colegio “de la misma forma que se estudia el colaboracionismo durante la época nazi”. También critican el neocolonialismo francés en el continente africano. Stéphanie, feminista marfileña de 25 años que vive desde una década en el Hexágono, se expresa con dureza: “Es una vergüenza cómo actúa Francia en África, como si fuera el patio trasero de su casa. Interviene en Mali, en República Centroafricana, nos dice cómo tienen que hacerse las cosas y nosotros lo compramos. La Françafrique nos sigue atando a una especie de esclavitud mental”, asegura.

De los reductos del pasado colonial en Francia saben bien el resto de sus víctimas, especialmente las descendientes de la emigración procedente del Magreb, igualmente sublevadas contra la discriminación, el racismo y la xenofobia omnipresentes en el día a día de la República. Posiblemente, una de las fuerzas del afrofeminismo francés radica en su alianza con el feminismo islámico, ambos insertos en el feminismo poscolonial, así como con el movimiento antirracista. También en este empiezan a destacar activistas con nombre de mujer.

En julio, la muerte cerca de París de un chico negro de 24 años, Adama Traoré, cuando se encontraba bajo custodia policial, dio fuerza al movimiento Black Lives Matters en Francia. Al frente de las movilizaciones pidiendo verdad y justicia se situaba una de las hermanas del joven muerto, Assa Traoré. Y dos mujeres, la mwasi Fania Nöel y Sihame Assbaghe, otra conocida militante antirracista de origen magrebí, fueron las organizadoras en agosto del primer “campamento decolonial” en Francia, un espacio dirigido y limitado a personas racializadas, aquellas “que han sufrido el racismo de Estado en carne propia”. El evento ha hecho correr ríos de tinta en los medios y entre la clase política francesa, acusando a sus promotoras de comunotarismo, segregacionismo y racismo antiblanco. Con este evento se ha vuelto a poner sobre la palestra la cuestión de la lucha no mixta, muy presente también en el afrofeminismo y defendido a ultranza por las 'Mwasi'. Su grito de guerra es “No nos liberen, nosotras nos encargamos”.

“Esto no es un movimiento segregacionista. Simplemente, es necesario crear espacios no mixtos en un lugar y tiempo limitados, espacios de paréntesis en los que no haya miedo a someterse a la mirada de quienes forman parte del grupo opresor”, argumenta Rokhaya Diallo.

Invisibilizadas
Las entrevistadas coinciden: el racismo institucional sigue siendo una triste realidad en Francia. “En este país ni siquiera hay estadísticas oficiales de tipo étnico. Existe una especie de necesidad de decir ‘somos todos iguales’. Aunque no lo seamos”, denuncia Aminata. No exagera: la palabra ‘raza’ fue tachada de la Constitución gala en 2013, como si borrarla sirviera para borrar la discriminación cotidiana en función del color de piel.

En el caso particular de las mujeres negras, las afrofeministas ponen el acento en su invisibilización absoluta en todas las esferas -social, económica y política- de la vida cotidiana de la República. “Si miras a los políticos, si ves la Asamblea Nacional francesa, te das cuenta de que no te representan en absoluto. ¿Cuántas mujeres negras hay? Ninguna. Estaba Christiane Taubira (exministra de Justicia francesa de origen antillés) y ya ni eso”*, se exaspera Aminata. “En cuanto a los medios de comunicación, las películas, las series… encuentras una ausencia total de mujeres negras, y cuando están, aparecen representando únicamente clichés”.

Contra esos estereotipos se revuelve una de las voces más autorizadas del panorama afrofeminista francés, la exactriz y realizadora Amandine Gay: “En mi época como actriz, casi siempre interpreté a sin papeles, drogadictas, prostitutas, bailarinas de striptease, mujeres que entran y salen de prisión. Aquí, si eres negra en una película, eso forma parte de la historia obligatoriamente”, denunciaba recientemente.

Gay, autora del vibrante documental ‘Ouvrir la Voix’, que aborda la experiencia de las afroeuropeas, se explayaba contra la imagen que ofrecen ciertas producciones audiovisuales como la película 'Bande de Filles', de Céline Sciamma (estrenada en España en 2015 como 'Girlhood'): en ella, pese a ceder –cosa rara- el protagonismo a las mujeres negras, aparecen todos los estereotipos de la Niafou, apodo peyorativo para designar a la chica negra de ‘banlieue’ (barrios de renta baja, generalmente problemáticos, del extrarradio francés): vulgar, malhablada, violenta, en permanente coqueteo con la delincuencia. “Una vez más, las mujeres negras de la ‘banlieue’ según la visión… de una directora blanca”, resumía.

Esa representación simbólica recurrente de las mujeres negras como elemento exótico, salvaje, sin palabra, es unánimemente criticada por las afrofeministas. “Existe en Europa una especie de fantasma de la mujer negra, que viene de la época colonial”, opina Stéphanie. “Nos exotizan, nos consideran únicamente seres sensuales y sexuales. Nos deshumanizan”.

Aún así, lamentan, lo peor llega cuando ese desprecio de la mayoría blanca privilegiada se transforma en paternalismo. Aminata, estudiante de Ciencias Políticas en la Sorbona, se rebela: “Odio cuando se dirigen a mí en tanto que mujer negra y me dicen ‘tú no eres como las otras negras, tú eres civilizada’, como si fuera un halago”.

Rohaya Diallo abunda en esa llamada política de la respetabilidad: “Para ser aceptada y digna de respeto, para no sufrir racismo, hay que estar inscrita en todos los códigos dominantes. Esto pasa por actuar, hablar o ir vestida y peinada de una determinada forma: como las blancas”.

La estética como arma de empoderamiento
Para rebelarse contra ese estigma, desde sus inicios el afrofeminismo ha empleado la estética como forma de reapropiación de una identidad que ha sido sistemáticamente ninguneada. “El pelo es importante por ser una parte de las mujeres negras que siempre se intenta borrar. Hoy la mayoría de nosotras lleva su pelo afro alisado o escondido bajo extensiones. Hemos nacido en un mundo que no ve ese rasgo como la estética aceptable y por eso es un combate tan importante como el color de la piel”, afirma la periodista, autora de un libro llamado “Afro!” en el que retrata a 120 franceses y francesas negras o mestizas con su cabello al natural.

Este intento de revalorizar la estética afro se hace patente en la blogosfera y en Youtube, donde empiezan a surgir numerosas páginas de moda y belleza centradas en las mujeres negras. Algunas, con tanto éxito como la youtuber Fatou Diaye, autora del blog Black Beauty Bag, que colabora con L’Oréal y aparece con frecuencia en las revistas de moda. Diallo se entusiasma: “Es superinteresante que gente como Diaye inscriba en el paisaje público a mujeres negras, desacomplejadas respecto a su físico y sus formas”.

“Tenemos una cultura rica que debemos abrazar y no necesitamos que Occidente la reinterprete para hacerla interesante”, recuerda. “Miley Cirus no inventó el twerking, las trenzas de las Kardashian no estaban inspiradas en Björk sino en un viejo peinado bantú, y aunque todo el mundo encuentre increíblemente original el bubú o el wax cuando un diseñador blanco lo exhibe en la Fashion Week, son típicamente africanos y llevan ahí toda la vida”, sentencia.

Mirar a las raíces africanas

El afrofeminismo se abre paso en Europa y busca su propia identidad frente a la corriente estadounidense, entendiendo que buena parte de su población negra es de origen africano, descendiente de esclavos o hija y nieta de inmigrantes, por lo que tiene una proximidad más inmediata, al mismo tiempo geográfica y sentimental, con el continente de sus padres, abuelos y ancestros.

En Francia, como en otros países del continente, la población negra se divide entre quienes llevan generaciones en suelo europeo y quienes acaban de llegar. Sus realidades son muy distintas: frente a quienes han crecido en un contexto blanco y han experimentado el racismo desde la infancia, están quienes se confrontan con él al llegar a Francia convertidos repentinamente en el otro, el extranjero. Pero esa otredad la sienten todas, de una u otra forma, y por eso las afrofeministas tratan de aglutinar: “Queremos reapropiarnos de todos los términos peyorativos: negra (nègre, muy ofensivo, frente al neutro noire o black), Niafou, etc. No quiero que me distingan de otras mujeres negras, que no hablan bien francés, que no van vestidas como yo, no quiero que me digan ‘tú eres mejor que las otras’, no quiero desolidarizarme de otras mujeres negras porque sean inmigrantes o de clase popular”, afirma Rokhaya Diallo.

De la búsqueda de referentes propios se habló a principios de septiembre en la conferencia ‘Black Feminism, Womanism, and The Politics of Women of Color’, en la universidad de Edimburgo, en Escocia, donde las participantes, provenientes de Reino Unido, Irlanda, Holanda o Francia, debatieron sobre temas como las migraciones, el desarraigo, la discriminación o la violencia física y simbólica hacia las mujeres negras desde una perspectiva europea. Por las mismas fechas en Brasil, la celebración del Foro internacional de AWID (la Asociación para los Derechos de las Mujeres y el Desarrollo) tuvo como preludio un foro sobre feminismos negros, que permitió abundar en su diversidad, con participantes de Europa, África, Estados Unidos, América Latina y Caribe.

“A pesar de las similitudes, nuestras realidades europeas no son las de las afroamericanas. De hecho, nosotras nos esforzamos por concebir un afrofeminismo local, lo que no nos impide solidarizarnos con las luchas desarrolladas por nuestras hermanas de las diásporas negras en todo el mundo”, explicaba en la web de AWID, otra mwasi, Sharone Omankoy.

*La entrevista fue realizada después de la dimisión de Christianne Taubira por oponerse al proyecto del Gobierno francés a la retirada de la nacionalidad francesa a los acusados de terrorismo, y antes de que fuera nombrada como ministra de Ultramar la reunionesa Ericka Bareigts.

Una lucha que no es nueva
El movimiento afrofeminista no es nuevo. El ‘black feminism’ empezó a andar en Estados Unidos en los años sesenta y setenta, de la mano de activistas como Angela Davis, Alice Walker o Audre Lorde, que ya hablaban de la necesidad de una corriente específica para dar voz a las mujeres que se salían del patrón de ‘mujer blanca, occidental, de clase media’. Como precursora de esta corriente podríamos recular hasta Sojourner Truth, exesclava, abolicionista y militante por los derechos de las mujeres, cuyo discurso “Ain’t I a Woman?” (“¿Acaso no soy una mujer?”), pronunciado en la Primera Convención Nacional de Derechos de la Mujer en 1851 en Worcester, EEUU, se convirtió en el primer alegato por la especificidad de las mujeres negras. En los ochenta, bell hooks popularizó el término interseccionalidad, poniendo nombre a la doble opresión surgida de ser mujer, negra y en muchos casos, pobre.

En los últimos años, han surgido nuevos tótems del afrofeminismo, como Ntozake Shange o la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, cuyos textos ha contribuido a popularizar la propia Beyoncé. Pero fuera del mundo anglosajón, en Latinoamérica y el Caribe, también empezó a construirse un feminismo específicamente racializado hace más de un siglo. La historiadora y pensadora cubana Inés María Martiatu Terry sitúa las primeras manifestaciones afrofeministas en Cuba a finales del siglo XIX. A día de hoy sigue construyéndose, con autoras como la propia Martiatu o la dominicana Ochy Curiel, que llevan décadas contribuyendo a visibilizar un feminismo alejado del modelo hegemónico.

En el terreno práctico, las feministas negras se sitúan actualmente en la vanguardia de las luchas por la justicia social, desde el movimiento ‘Black Lives Matter’ en Estados Unidos, a la lucha contra la ocupación de tierras o a favor de los derechos reproductivos de las mujeres en África y América Latina.