Mostrando entradas con la etiqueta Andy Warhol. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Andy Warhol. Mostrar todas las entradas

sábado, 6 de agosto de 2022

#hemeroteca #gais #lgtbi #memoria | Andy Warhol, cuando se cumplen 94 años del nacimiento del padre del pop art y un férreo defensor LGTBI

El Cierre Digital / Andy Warhol //

Andy Warhol, cuando se cumplen 94 años del nacimiento del padre del pop art y un férreo defensor LGTBI.

El artista neoyorkino, uno de los más importantes del siglo XX, aprendió esta disciplina postrado en una cama cuando era niño.
Alejandra de la Llave | El Cierre Digital, 2022-08-06
https://elcierredigital.com/cultura-y-ocio/6109664/andy-warhol-noventaycuatro-anos-nacimiento-padre-pop-art-defensor-lgtbi.html 

Con su pelo rubio platino, sus gafas y su aspecto enfermizo, Andy Warhol fue uno de los artistas más influyentes del movimiento pop art. Durante su estancia en Nueva York se codeó con personalidades como Elizabeth Taylor o Mick Jagger. Por su estudio pasaron representantes del mundo de la música, el arte o el cine. Su obra ha sido expuesta en algunas de las instituciones artísticas más relevantes como el Museo MOMA de Nueva York.

Andy Warhol siempre fue un niño con una gran destreza a desarrollar en el mundo del arte. Fue la enfermedad la que hizo que aquel niño sensible e introvertido comenzara a familiarizarse con los dibujos y la ilustración. Aquel hombre delgado, con cierta imagen enfermiza, de pelo color rubio platino y con sus grandes gafas le convirtieron en una de las figuras más aclamadas del pop art.

Al cumplirse el 94º aniversario de su nacimiento, el artista neoyorquino ha dejado un gran legado en el mundo de la cultura pop, de hecho supo plasmar el estilo revolucionario e inquietante que tanto le caracterizaba en obras como ‘El díptico de Marilyn’, ‘Latas de sopa Campbell’ o ‘100 botellas de Cola’. Sus grandes dotes artísticas sucumbieron a representantes del mundo de la moda, el arte, la música, el cine e incluso a miembros de la realeza como a la reina Isabel II de Inglaterra.

El niño que aprendió del arte postrado en una cama
Andrew Warhola nació en el seno de una familia de emigrantes procedentes de Eslovaquia el 6 de agosto de 1928 en Pittsburgh, Pennsylvania. Sus padres, Andrej y Julia Warhola se asentaron en Estados Unidos antes del nacimiento del pequeño Andy. Durante su niñez, Andy empieza a sufrir severos problemas de salud debido a una rara enfermedad de carácter neurológico llamada Corea de Syndeham y que provoca que pase largas temporadas ingresado en un hospital o postrado en una cama en su casa.

Ante la imposibilidad de poder llevar una vida con normalidad, Andy busca hobbies que le distraigan. Comienza a dibujar y a coleccionar recortes de revistas y periódicos de sus estrellas de cine favoritas. En 1929, una gran crisis financiera conocida como La Gran Depresión llevará a muchas familias a la ruina absoluta y la familia de Andy también sufrirá las consecuencias.

El padre de Andy, logrará sacar a su familia adelante y consigue un oficio como obrero, bien remunerado. En la década de los 40, Andy junto a su familia se mudan a un barrio más decente y los altos ingresos de su familia permiten que el joven artista pueda graduarse en la Escuela Secundaria Schenley y obtener el Scholastic Art and Writing, un galardón a jóvenes ingenios en arte. La carrera de Andy comenzaba a despegar.

El máximo exponente del Pop Art
El éxito no tardaría en llegar y tras obtener la licenciatura en Bellas Artes , se trasladará a Nueva York. Andy sentía un gran interés por el cine, la televisión, la publicidad o la comunicación y no dudó en introducirlos en su obra. Desde sus comienzos algunas de las instituciones educativas más relevantes en Estados Unidos, Andy Warhol recibía encargos para revistas como ‘Glamour’ o ‘Vogue’ e incluso algunas de las firmas más exclusivas como ‘Tiffany´s’.

Andy Warhol se convirtió en un visionario e introdujo en el campo artístico algunas de las técnicas pictóricas más novedosas como la “línea seca”. El pop art era su mayor pasión y se convirtió en uno de los máximos exponentes de aquel movimiento surgido durante el siglo XX caracterizado por el uso de imágenes del cine o la publicidad. Además, comenzó a realizar pinturas cuyas piezas centrales fueran símbolos de los Estados Unidos. De ahí que retratara a la actriz Marilyn Monroe, botellas de Coca Cola o al rey del rock, Elvis Presley e incluso llegó a pintar al cantante Miguel Bosé.

Largas noches en Studio 54 y férreo defensor de la comunidad LGTBI
En la década de los sesenta, Andy Warhol ya era un artista de gran notoriedad pública en nueva York y no tardó en inaugurar The Factory, su estudio donde daría rienda suelta a sus habilidades creativas. El halo misterioso y elegante que le caracterizaba no tardó en llamar la atención de seguidores e incluso personalidades del mundo del cine o la música. Por su estudio pasaron cantantes como Mick Jagger, David Bowie o Lou Reed. Del mundo del cine también retrató a la actriz Elizabeth Taylor o Marilyn Monroe. También se atrevió con celebridades como Jackie Kennedy o los diseñadores Jean Paul Gaultier, Yves Saint Laurent o Carolina Herrera.

La discoteca Studio 54 era el lugar donde Andy Warhol pasó largas noches en compañía de un exclusivo y heterogéneo grupo de amigos. La noche neoyorquina era uno de los momentos favoritos del artista pictórico y disfrutaba de las fiestas hasta altas horas de la madrugada.

El artista se unió a la revolución de la década que comenzó a dar visibilidad a los grupos sociales minoritarios. Se declaró homosexual y no dudó en retratar a miembros del colectivo. La línea ‘Ladies and Getlemen’ incluye retratos a mujeres transgénero y drag Queens.

Su muerte, una gran pérdida en el mundo del arte contemporáneo
El talento de Andy Warhol como artista pictórico, fotógrafo, ilustrador y cineasta no pasaba desapercibido. De hecho, fue su éxito como director de cine lo que le llevó a sufrir las consecuencias de una mujer con ansias de fama. Valerie Solanas había obtenido un pequeño papel en la película ‘Yo, un hombre’ que Warhol había dirigido en 1967. Sin embargo, no quiso producir la obra que ella misma había escrito y cuyo guión había dejado al artista para que pudiera leerlo.

Valerie Solanas, padecía esquizofrenia y mantenía un gran odio hacia el género masculino. De hecho a finales de los sesenta publicó ‘Manifiesto SCUM’, un texto que abogaba por la aniquilación de los hombres. Y en el caso de Andy Warhol, lo consiguió. El 3 de junio de 1968, armó en cólera y se presentó en el estudio del artista decidida a acabar con su vida. Disparó a bocajarro contra Warhol y contra el crítico artístico Mario Amaya.

Los disparos dañaron varios órganos del artista y su salud comenzó a deteriorarse hasta tal punto que tras varias intervenciones, el artista falleció el 22 de febrero de 1987 en el Hospital de Nueva York. Posteriormente, la familia del ilustrador acusarían a la institución médica por negligencia.

La muerte de Andy Warhol supuso una gran pérdida para el ámbito del arte contemporáneo. El padre del pop art, a día de hoy sigue siendo uno de los artistas más recordados y adoraba la corriente que le llevó a lo más alto. “El Pop Art trata de las cosas que te gustan. Yo creo que todo tendría que gustarle a todo el mundo. Que te guste todo es un poco como ser una máquina. Hacer lo mismo una y otra vez”.

miércoles, 11 de agosto de 2021

#hemeroteca #arte #testimonios | Jean-Michel Basquiat, un genial pintor neoexpresionista en los 1980

Imagen: Cultura Inquieta / Jean-Michael Basquiat //

Jean-Michel Basquiat, un genial pintor neoexpresionista en los 1980.

Cultura Inquieta, 2021-08-11

https://culturainquieta.com/es/arte/pintura/item/18440-jean-michel-basquiat-un-genial-pintor-neoexpresionista-en-los-1980.html 

El arte evoluciona al ritmo de la sociedad. Cada ciertos años aparecen nuevas corrientes artísticas que buscan revolucionar los esquemas tradicionales e insertar elementos innovadores.

El neoexpresionismo fue uno de los movimientos artísticos contemporáneos más populares e irreverentes de la historia. Surgió en respuesta a la corriente del minimalista y en contra del arte conceptual a principios de la década de los 70 en Alemania. Sin embargo, no fue hasta comienzos de los 80 cuando este movimiento pictórico se consolidó internacionalmente.

En Estados Unidos, el neoexpresionismo evolucionó en arte urbano, cambiando los lienzos y los pinceles por arte con grafitti. Los temas eran más agresivos y recurrían a la ironía y la sátira para expresar su mensaje. Uno de los principales exponentes de este arte posmodernista en el país norteamericano fue Jean-Michel Basquiat.

Basquiat, también conocido como SAMO, fue un dibujante, pintor, artista de graffiti, poeta y músico de ascendencia Puertorriqueña y Haitiana nacido en Nueva York el 22 de diciembre de 1960.

Basquiat demostró sus habilidades creativas y su aptitud para el arte desde muy pequeño. Sin embargo, tuvo una infancia y adolescencia truculentas. Sufrió un grave atropello, soportó la separación de sus padres y a los 15 años decide escaparse de su casa y dejar la escuela.

A la edad de 16 años inicia su carrera como artista urbano, junto a sus amigos empieza a hacer murales en las paredes de edificios abandonados en SoHo y en el metro de la ciudad de Nueva York, firmando sus obras como “SAMO” (Same Old Shit).

Sus obras neoexpresionistas estaban dotadas de una alta carga filosófica y mensajes políticos. Era anti-burgués, antirracista y antipolicial. Asimismo, utilizaba iconografía del ambiente urbano, arte tribal, simbología afroamericana, motivos egipcios antiguos, pictogramas, logotipos, texto y collages.

Su carrera creció muy rápido, llegando a relacionarse con personajes muy representativos del ambiente artístico neoyorquino, tales como Andy Warhol.

Lamentablemente, a la corta edad de 27 años, Basquiat falleció por una sobredosis. En su corta carrera, dejó un legado increíble de más de 40 exposiciones individuales y más de 100 colectivas que lo convertirían en uno de los artistas posmodernos más famosos de la historia y una de las figuras más importantes del neoexpresionismo.

sábado, 1 de julio de 2017

#hemeroteca #transgenero | Candy Darling, el reverso de la primera figura transexual de la cultura pop

Imagen: Vanity Fair / Candy Darling
Candy Darling, el reverso de la primera figura transexual de la cultura pop.
La musa de Andy Warhol defendió su naturaleza en una época en la que existían muy pocos precedentes y menos aún ejemplos a seguir.
Cristina Plaza | Vanity Fair. 2017-07-01
http://www.revistavanityfair.es/celebrities/articulos/candy-darling-primera-figura-transexual-musa-andy-warhol-david-bowie-lou-reed/24884

Hoy es el día grande de las celebraciones del Orgullo LGTBI, con desfiles y manifestaciones en muchos lugares del mundo y con Madrid como Capital Mundial y epicentro, no solo festivo, sino también reivindicativo. Las reivindicaciones este año incluyen, entre otras, que se deje de tratar la transexualidad como algo patológico. Es cierto que se avanza en derechos e igualdades, quizá lentamente, pero si echamos la vista atrás no podemos más que maravillarnos ante la fuerza y el coraje que muchos hombres y mujeres transexuales demostraron en su vida hace 60 años.

Si hubo una auténtica pionera para las mujeres transexuales, esa fue Candy Darling, la musa que Andy Warhol primero usó y después tiró, que cautivó a fotógrafos de la talla de Avedon o Mapplethorpe, a la que Lou Reed también retrató con palabras en su canción más famosa, ‘Walk on the Wild Side’, y a la que lloraron en su funeral celebridades como David Bowie o Gloria Swanson.

Defendió su naturaleza en una época en la que existían muy pocos precedentes y menos aún ejemplos a seguir. Hablamos de un tiempo en el que si ibas por la calle vestida de mujer y la policía comprobaba que tus genitales eran masculinos, acabas en el calabozo (o algo peor). Ni si quiera existía una palabra para definir su condición pues el término “transgénero”, por ejemplo, no se acuñó hasta 1965.

Para cuando Andy Warhol se fijó en su melena rubia y sus largas piernas, su voz suave y ese aire de cierto candor, ya hacía tiempo que la joven Candy Darling, que entonces contaba 23 años, sabía que estaba llamada a ser una estrella. Es posible que el camino recorrido hasta entonces hubiera sido menos duro si no hubiera nacido en el cuerpo de un chico al que pusieron por nombre James, y que asistía a escondidas a cursos de cosmética. Ni si quiera era mayor de edad cuando le tocó admitir ante su madre que los rumores sobre sus escapadas a bares gais de la zona vestido de mujer, eran ciertos. Tuvo que dejar atrás Long Island y empezar su nueva vida en Manhattan. Necesitaba no solo encontrarse a sí misma, sino también encontrar un entorno en el que no tuviera que esconderse ni traicionarse para poder alcanzar sus sueños.

Candy sentía una absoluta fascinación por las estrellas del Hollywood dorado. Creció viendo una y otra vez las películas de Lana Turner, Susan Hayward o Joan Bennett que pasaban por la tele. Siendo aun adolescente, llegó a pedir un autógrafo de Kim Novak por correo. Cuando al cabo de unas semanas recibió una foto firmada de la estrella, no pudo despegar sus ojos de ella por un buen tiempo. Aquel fue uno de los momentos mas determinantes de su vida: convertirse en una actriz bella y admirada pasó a ser el motivo principal de su existencia. Sus imitaciones de Jeanne Eagels – actriz de teatro y de las primeras películas sonoras- o la propia Kim Novak eran muy certeras, y de ellas tomó no solo el rubio platino de sus cabellos, sino también el gusto por el melodrama, siempre salpicado de un humor socarrón que la hacía adorable.

Para transformar su cuerpo, ingería estrógenos en grandes cantidades, pero nunca llegó a someterse a una cirugía de reasignación de sexo. Ponía copas en bares gais y actuaba en las obras de teatro que escribía su amiga Jackie Curtis – un travesti que actuaba indistintamente como hombre o como mujer. Y así fue como las dos captaron la atención de Andy Warhol y pasaron a formar parte de su corte de acompañantes.

A pesar de que fuera la estrella protagonista en ‘Flesh’ (1968) y en ‘Women In Revolt’ (1971), dos películas experimentales de una larga lista de filmes rodados por Warhol en colaboración con Paul Morrisey, Candy jamás recibió sueldo alguno por su trabajo, pues Warhol podía tener mucho talento, podía ser un mecenas del arte, pero también era muy tacaño. De hecho estaba convencido que aquellos a los que él mismo daba el estatus de superstars, se daban por pagados simplemente con tener el privilegio de poder estar cerca de él.

La cuestión es que Candy Darling no se conformaba solo con ir de fiesta en fiesta y tener acceso al reservado de los clubes más exclusivos de Nueva York. De toda la ‘troupe’ de Andy Warhol, era la única que mostraba verdadera determinación y un profundo deseo de emular a sus ídolos cinematográficos.

“Candy vino de fuera de la isla / en la trastienda se lo hacía con todos / pero nunca perdía la cabeza, ni siquiera cuando te la estaba chupando”. La actriz aparece así mencionada en la legendaria canción “Walk On The Wild Side” incluida en el primer disco en solitario de Lou Reed, y en la que se relatan los excesos y decadencia de algunos personajes habituales en la noche neoyorkina. “Cuando la escuche, va a querer sacarme los ojos” – pensó Lou Reed. Lejos de enfadarse, Candy le expresó su deseo de grabar un disco cantando sus composiciones, aunque Reed dudaba de que aquella hipotética colaboración pudiera llegar a vender más de 100 copias. Tres años antes, cuando aún existía el grupo de rock The Velvet Underground, Lou Reed había escrito “Candy Says”, una canción más empática que ponía en su boca frases como “he llegado a odiar mi cuerpo” y “¿qué crees que vería si pudiera alejarme de mí?”. Es más que probable que Reed - que también tenía que bregar con lo suyo – sintiera compasión no solo por lado más salvaje, sino también por el más vulnerable de Candy.

Su figura esbelta y sus maneras elegantes la distanciaban de buena parte de los personajes que pululaban alrededor de la Factory, lo que no evitó una terrible conmoción cuando Warhol dejó de contar con ella, prácticamente de la noche a la mañana. Aparentemente, ya no le interesaban los transexuales de los que se había rodeado durante los últimos 4 años. Candy aún consiguió algunos papeles pequeños en películas comerciales. Su amiga Jane Fonda, por ejemplo, consiguió que apareciera en ‘Klute’ (Alan J. Pakula, 1971) en lo que podríamos considerar casi un cameo.

El gran dramaturgo americano por antonomasia, Tennessee Williams, a pesar de que ya no se encontraba en su momento de mayor inspiración, escribió un papel ex profeso para ella en la obra “Small Craft Warnings”. Los dos se habían conocido durante una fiesta de cumpleaños en la que Candy le había causado muy buena impresión. El regalo que supuso poder interpretar a Violeta, una golfilla pero cautivadora joven a la que todos los personajes masculinos desean, tuvo un reverso triste: no le estaba permitido compartir camerino ni con los actores ni con el resto de actrices de la obra. La crítica del estreno, aparecida el 3 de Abril de 1972 en el New York Times, ni si quiera la menciona.

En su diario escribió un poema titulado “El ocaso de una estrella”: “Cuando entras en una fiesta y nadie se vuelve para mirarte / cuando le das un sorbo a tu Bacardí, y empiezas a ponerte roja /… eso es el ocaso de una estrella. (…) Cuando el foco se oscurece lentamente, y te arrepientes de todos tus pecados / Y los recuerdos a los que te aferras, son lo único que queda de tu carrera /…eso es el ocaso de una estrella.” Sus diarios personales revelan un profundo sentimiento de soledad e incomprensión, así como el deseo constante de ser respetada y amada incondicionalmente. Incluso en un ambiente supuestamente desprejuiciado como el del Greenwich Village de finales de los 60 y principios de los 70, Candy sintió a menudo que era tratada más como un bicho raro que como una artista.

Hubo grandes fotógrafos de la época como Cecil Beaton, Richard Avedon, David Bailey, Bruce Weber o Robert Mapplethorpe, que le pidieron que posara para ellos. Mostrada en ocasiones como una mujer fuerte, de gran belleza en otras, puramente sexy, tierna o glamurosa, lo cierto es que en todas ellas trasciende un magnetismo innato, cualidad esencial para convertirse en un icono.

Pero su retrato sin duda más conmovedor es una foto en blanco y negro que ha llegado hasta la mayoría de nosotros gracias al músico y artista Anhoni, quien la utilizó en 2005 como portada de su disco (como Antony and the Johnsons) “I’m a Bird Now”. Cuando en 1974 le diagnosticaron un tumor y Candy tuvo que ingresar en un hospital, el fotógrafo Peter Hujar acudió allí para realizar una serie de fotografías. En ellas la actriz aparece recostada sobre una almohada, bajo las sábanas, mirando directamente a la cámara, como suspendida entre la vida y la muerte, la luz y la sombra, lo masculino y lo femenino. Desde esa cama en la que finalmente moriría a causa de un linfoma, se despidió de sus amigos con una nota en la que confesaba estar literalmente “muriéndose de aburrimiento”. No llegó a cumplir los 30.

Una mujer que en su lucha por intentar alcanzar la felicidad, se convirtió en inspiración para muchos y ojalá hubiera ganado el respeto de todos. Candy, cariño, yo creo que este Madrid de 2017 te hubiera querido.

martes, 21 de febrero de 2017

#hemeroteca #exposiciones #testimonios | Cuando Warhol visitó España por última vez

Imagen: El País / Andy Warhol en Toledo, 1983
Cuando Warhol visitó España por última vez.
Una exposición recuerda el paso del artista pop e icono moderno en 1983.
Jesús Ruiz Mantilla | El País, 2017-02-21
https://elpais.com/cultura/2017/02/17/actualidad/1487329306_876493.html

Antes de ser musa de la movida y dueña del bar Cock, Teresa Nieto fotografió a Andy Warhol durante todo un día. Fue en Toledo, un gélido febrero, allá por 1983. “Había venido para exponer en la galería de Fernando Vijande y quiso hacer una excursión. Me colé en un grupo de siete y no paré de hacerle fotos. Estuvo de lo más amable, no le importaba”, cuenta Nieto.

Guardó las copias en un cajón y, hace poco, su amiga Patricia Reznak le dijo que bien valían una exposición para calentar un poco el ambiente previo a Arco. Así que hoy cuelgan en las paredes de su bar en Chueca, del que Nieto es propietaria junto a dos socios. De aquel día pelón escoltando al marqués del arte pop, guarda recuerdo de vivos y muertos. “Estaban Fred Hughes, su secretario personal, Christopher Mako, amigo íntimo y fotógrafo artista de la Factory, Carlos Astiárraga, a quien Warhol llamaba ‘my spanish boyfriend’, Lorenzo Larios y Vicente Carretón. Estos dos, ya murieron”. Precisamente, el 22 de febrero se cumplen 30 años de la muerte del artista nacido en Pittsburgh.

Pero también le vienen a la memoria gustos extraños para quien se presentaba en la ciudad como templado icono moderno con fama de ‘vouyeur’ asexuado: “Estaba obsesionado con la arquitectura fascista. Además de Toledo, quiso que le llevaran al Valle de los Caídos. También con que le presentaran a ricos y aristócratas. Al final venía a vender y, esta gente, ya sabes”, comenta Nieto. “De mí no le podía atraer ningún relumbrón. Yo, de títulos, el de bachiller. No tengo ni el de Farmacia: lo dejé en cuarto”.

De lo primero, esa atracción por el lado oscuro de los monumentos, allá él. Lo segundo tenía su justificación. Venía a colocar unas obras valoradas entonces en torno a los 10.000 o 12.000 dólares. “Salvo los retratos, que costaban 25.000. De haber tenido algo, me hubiese llevado uno y hoy andaría retirada. Un amigo me acaba de decir que se deshizo del que le compró entonces y ha sacado más de dos millones de euros”.

Quien estuvo a punto de formar parte de uno de sus retratos fue Javier Cavero, hoy duque de Bailén. Cuando Warhol cayó con sus siete amigos por Toledo, le organizaron una comida en La Quinta de Mirabel, el cigarral que el aristócrata posee en los alrededores de la ciudad. “Se empeñó en hacerme un retrato ecuestre, pero, en vez de a caballo, montado en mi Harley Davidson”.

Cuando Cavero le preguntó qué sello original aportaría, Warhol le dijo: “Mi técnica propia. Cuando acabo las copias, las extiendo por el suelo y las meo encima”. Al final no lo hizo, lamenta hoy Cavero. “Oye, hubiese sido un honor”. ¿Y del Greco quiso saber algo? “Me parece a mí que el Greco se la ‘refanfinflaba’...”.

Warhol prefirió ver el Alcázar, y cuando en la casa le mostraron los tapices, las habitaciones y los aljibes, todas esas cosas de tanto pedigrí, se quedó alucinado con los reflejos invernales del agua sucia que salían, como fantasmas gélidos, de la piscina. “Tenía esa visión propia del artista, le gustaba lo que menos esperas”, comenta Piedad Aguirre, esposa entonces de Cavero y anfitriona aquel día. “Cuando quisimos saber qué le parecía realmente Toledo, contestó: como Disneylandia, pero de verdad”.

La escapada le dejó impertérrito. Paseaba por la ciudad y por las habitaciones del cigarral tan solo alerta al clic de su cámara Chinon. “La llevaba colgada, y para sacar fotos ni miraba por el objetivo, simplemente pulsaba mientras iba andando sin ni siquiera enfocar”, recuerda Nieto. En la cazadora iba poniendo los carretes gastados en el bolsillo izquierdo y sacando los nuevos del derecho. Todo mecánico, como un robot, picado de viruela, con el pelo blanco de hechicero pop y las gafas de pasta bien graduadas para detectar coleccionistas y cuentas corrientes.

Distante, pero amable. Divo discreto con un montón de ‘gruppies’ alrededor en el tiempo propicio para su evangelio entre rupturista y algo pedorro de la movida. "Su llegada fue un acontecimiento", recuerda Teresa. Le organizaron también fiestas en casa de la familia March y de Jacobo Hachuel. “Fabio MaCnamara se tiró a la piscina nada más llegar y, qué mono, le encantó que enseguida apareciera un mayordomo con un albornoz”, dice Nieto.

Era invierno y nadie le siguió en eso del chapuzón. Una lata ponerse a bailar empapados cuando Alaska comenzara con sus himnos de homenaje a Warhol... Con Almodóvar, cómo no, también en el ajo... Y los Costus... Y toda la parafernalia ‘movidesca’, pasada y presente, varios caídos no tanto por Dios y por España sino por culpa del exceso y las papelinas. Aquella fue la última vez que Warhol visitó España. Murió en 1987, al complicársele la convalecencia de una operación de vesícula. Dejó una estela que hoy perdura en la música, el cine, las artes visuales, así como el recuerdo de su educada impenetrabilidad por Madrid.

#hemeroteca #andywarhol | Andy Warhol: el mago de la transgresión

Andy Warhol: el mago de la transgresión.
Enigma, leyenda, atrezo y malentendido. Así retrata el autor de 'Nueva York / Babilonia' el artista que inventó una nueva forma de modernidad. Este miércoles se cumplen 30 años de su muerte.
Luis Antonio de Villena | El Mundo, 2017-02-21
http://www.elmundo.es/cultura/2017/02/21/58ab2dece2704e43768b458f.html

Para muchos ese retrato sensual y pop que es la ‘Marilyn’ de Andy Warhol (hecho después del suicidio de la estrella) es uno de los iconos del siglo XX. Otros -más críticos con el llamado «Papa del pop»- dudan de si una pintura basada en una foto y en medios casi totalmente mecánicos de coloración es un logro de la pintura o del consumo. Todos creen que Andy fue un genio visionario de su época (aquello de los 15 minutos de fama que todos tendríamos) pero las valoraciones profesionales distan mucho... Andrew Warhol nació en agosto de 1928, hijo de una familia católica de emigrantes eslovacos. Su madre, llegada a América en 1921, tardó en hablar bien inglés, y el propio Andy en el colegio sufrió aún de esa deficiencia. Mucho quiere decir de ese país que hoy se resiente de la emigración, que una de las figuras arquetípicas de su modernidad fuera hijo de emigrantes centroeuropeos...

Hay dos sesgos fundamentales en Andy Warhol al llegar a los 30 años de su muerte (el 22 de febrero de 1987): uno es su lado de pintor y cineasta avanzado, que se desarrolla sobre todo en los años 60, y otro -complementario pero distinto- su exitoso papel de jefe de la ‘Factory’ neoyorquina, padre de todas las transgresiones y novedades que abren esos años malditos que he querido retratar en mi libro ‘Nueva York/ Babilonia’.

El arte pop (no olvidemos que pop es de popular) se resuelve en el triunfo absoluto de sus retratos de figuras icónicas, de Elvis Presley a Mao. Warhol escoge la foto, los colores, el modo de disponerlos y una máquina hace el resto, con leves retoques manuales -como máximo- al fin del proceso. Así surgen las botellas de Coca-Cola o las series dedicadas a Marilyn a partir de un fotograma muy glamuroso de la película ‘Niágara’. De 1962 a 1972 (cuando retrata doble a la esposa del dueño de la Fiat, Marella Agnelli), desde Jackie Kennedy y Marlon Brandon hasta Liz Taylor, Warhol pone brillos, colores y duplicidades a todo el panteón de las divinidades contemporáneas.

Se valore como se valore su calidad de arte, lo cierto es que Warhol se convirtió en una absoluta celebridad, con su peluca, su mala piel y su aire muy informal que se tornará, a la postre, en la moda del ‘dirty chic’, o sea la elegancia desgalichada... Warhol crea la revista ‘Interview’ -todo lo moderno pasará por ella- o hace tediosas películas de seis horas (como ‘Sleep’, ‘Sueño’, de 1963) en la que sólo vemos interminablemente dormir a un hombre. Pero eso era un rasgo nuevo. Por supuesto ‘Chelsea girls’ (1966), rodada en torno a las chicas y travestis que vivían en ese hotel neoyorquino, es mejor, pero ¿vale más la modernidad y su patente de corso o el cine en sí? Todas estas preguntas sobre Andy no se han contestado satisfactoriamente y siguen ahí.

Warhol (así me pareció al conocerlo en enero de 1983) era un personaje enigmático, de aire imperturbable o que tal parecía. Pidió en Madrid ir rodeado por cuatro modelos muy guapos. Nadie pensó que se acostara con ellos, eran puro atrezo. Dicen que Warhol era frígido, y, aunque obviamente homosexual, no se le conocen historias. Le encantaba ver cómo los demás transgredían, bajo su bendición, pero él sólo les sacaba fotos. En la discoteca Studio 54 -ya en los 70 finales- Andy pasa las noches con Truman Capote, al que siempre admiró. Truman se pone ciego de coca. Andy, a su lado, la encarga pero no la prueba... ¿Era la, según algunos, terrible influencia de su madre Julia, muy católica y fallecida en 1972? Andy vivía en la verdadera bohemia, pero, al morir, muchos descubrieron que tenía una casa, elegante y convencional, en el centro de Manhattan. La ‘Factory’ estaba abierta a todo: transgresiones o belleza o ambas. A aquella casa aburguesada (que, creo, compró después Elena Benarroch) casi nadie había ido.

Con esto llegamos al segundo plano de Andy que, a lo mejor, es el primero o el que en buena medida sigue más vivo: el de padre y promotor de las transgresiones artísticas y humanas. Dejamos de lado -no es del todo posible- al pintor y cineasta pop, y nos hallamos con el gran valedor de la ‘Factory’, el que expide los carnés de «moderno» desde Nueva York. Sin el carnet firmado por Andy es imposible ser moderno. Por ello apadrinó (no sé si dándose plena cuenta) la Movida Madrileña, desde el palacete de los March.

Warhol está detrás del cine transgresor de Paul Morrissey, especialmente de la trilogía que se abre con ‘Flesh’ –‘Carne’- de 1969 y que presenta a un bello Joe Dallesandro haciendo de chapero, con toda normalidad, en Nueva York. Warhol está detrás del lanzamiento como grupo de rock de Velvet Underground con un Lou Reed que se convierte en estrella y en el creador del himno de la época, la canción ‘Take a walk on the wild side’.

También inventa a la modelo alemana Nico, cantando en inglés. Nico como la mujer moderna, diferente. Después, Warhol descubre a un chico mulato y grafitero de origen haitiano, Jean Michel Basquiat (atractivo, además) al que convierte en un pintor renovador, caro y revolucionario en un tiempo récord. Muchos volverán a preguntarse si Basquiat fue un gran pintor o sólo un truco seductor de Andy. Como fuese, Jean Michel apenas sobrevivió un año a su descubridor, pues murió de sobredosis en 1988. Muchos eran jóvenes y casi todos -una buena temporada- yonquis. Pagaron su precio. Ya hemos dicho que Warhol jamás se pinchó aunque estuvo delante y sacó fotos como quiso hacerlo con el cuerpo de un chico de la ‘Factory’ que se suicidó. Qué pena que no lo advirtiera -comentó al enterarse- habríamos tomado fotos... Las frases de sus libros (especialmente ‘Mi filosofía de A a B y de B a A’) casi siempre sugerentes u ocurrentes pasan del ingenio al atrevimiento, como él mismo: «Todo el mundo tiene una idea distinta del amor. Una chica que conozco dijo: Supe que me amaba porque no se corría en mi boca». Dandi con playeras, peluca platino y un cutis decididamente malo, Andy fue el inicio de lo que aún somos. Todavía no se le juzga bien. El mito es absoluto y ya está servido.

jueves, 26 de enero de 2017

#hemeroteca #fotografia #exposiciones | Peter Hujar, la cámara y la intimidad

Imagen: Fundación Mapfre / Susan Sontag (1977), por Peter Hujar
Peter Hujar, la cámara y la intimidad.
Hoyesarte, 2017-01-26
http://www.hoyesarte.com/evento/2017/01/peter-hujar-la-camara-y-la-intimidad/

La Sala Garriga i Nogués de Fundación MAPFRE en Barcelona acoge 'A la velocidad de la vida', una exposición del fotógrafo estadounidense Peter Hujar (Nueva Jersey, Trenton, 1934 - Nueva York, 1987) que reúne 160 obras que van desde 1950 hasta su fallecimiento. Sus retratos ejercieron una influencia clave y transformadora en la fotografía de la segunda mitad del siglo XX. La muestra se organiza, según las preferencias del artista, en yuxtaposiciones enérgicas, sorprendentes y a veces desconcertantes.

Su trayectoria, que estuvo marcada por su evolución personal más que por éxitos palpables, se desarrolló durante las décadas de los años 1950, 1960 y 1970, coincidiendo con un Nueva York que era escenario de los primeros movimientos de liberación homosexual y de los estragos causados por el sida en la década de 1980.

La utilización del blanco y negro, junto con un estilo definido por la sencillez, hace que sus fotografías resulten profundamente evocadoras y conmovedoras. A través de su cámara, Hujar profundiza en el que es su principal interés: generar una atmósfera de intimidad que le permita establecer una relación directa con el retratado y adentrarse en su verdadera naturaleza.

En el primer tramo de la exposición se encuentran las fotografías que realizó entre 1950 y 1960. Hujar aspiraba a ser fotógrafo de moda como sus ídolos, Lisettet Model, Irving Penn y Richard Avedon, de quien recibió clases magistrales.

Sontag y Warhol
Entre los años 1958 y 1963 vivió principalmente en Italia y tras estudiar un año de cinematografía en Roma regresó a Nueva York. De esta época destacan las fotografías sobre las catacumbas de Palermo.

Una vez establecido en la Gran Manzana se movió en el círculo de la escritora Susan Sontag, a la que retrató en 1975, y la Factoría de Andy Warhol, y durante cuatro años se dedicó a ser fotógrafo de moda. Publicó sus fotografías en ‘Harper’s Bazaar’ y ‘GQ’ antes de llegar a la conclusión de que el ajetreo del trabajo en las revistas no era lo suyo.

La segunda parte de la exposición muestra sus obras más tardías, fotografías que van desde 1970 hasta su muerte. En 1973, Hujar dejó sus aspiraciones profesionales para centrarse en lo que verdaderamente le motivaba. Fotografió, siempre en blanco y negro, el ambiente bohemio y radical del ‘downtown’ neoyorquino de estos años, donde los protagonistas son escritores, cineastas, actores y las subculturas.

Destacan los retratos que hizo a su amigo el actor ‘drag’ Ethyl Eichelberger y las que realizó en las zonas más deprimidas de los alrededores de la ciudad. Aquí fotografió las ruinas industriales y los muelles abandonados del Hudson en la parte baja de Manhattan.

Peter Hujar murió en 1987, 11 meses después de ser diagnosticado de sida.

domingo, 27 de noviembre de 2016

#hemeroteca #libros #contracultura | Luis Antonio de Villena: "Cuando esta cultura falló, vino la amenaza"

Imagen: El Mundo / Andy Warhol y su 'troupe' en el rodaje de 'Chelsea Girls', 1966
"Cuando esta cultura falló, vino la amenaza".
Luis Antonio de Villena repasa en 'Nueva York/Babilonia, los años de la edad maldita' la efervescencia de la contracultura en los años 70.
Antonio Lucas | El Mundo, 2016-11-27
http://www.elmundo.es/cultura/2016/11/27/583acc75ca47418b758b45be.html

Fue el escritor Norman Mailer el que le puso culpable y seña de inicio al tifón de contracultura que surfeó Nueva York alrededor de los años 70. "Todo el rollo empezó de veras con Paul Bowles". Aquel hombre, que pisó muy poco la ciudad, fue el faro de costa de su propia revolución espiritual. Era como si el mundo estuviese por hacer. O por destruir del todo para levantarlo completamente de nuevo. Y un par de generaciones preguntándose cosas a la vez activaron una pequeña Weimar de músicos, poetas, bailarines, periodistas, fotógrafos, directores de cine, artistas y tropa de muy varia lección al cobijo de galpones y discotecas, de bares que vivían sin vistas a Wall Street, de sed de catacumba y cocaína.

Fueron los años que suceden al fracaso de Mayo del 68 y al incienso moribundo de los hippies de manual. Una juventud ensalzada desde el Village encabezó esta expedición con gusto a tolerancia internacional. Los años felices que fueron el paraíso abierto de unos pocos, su venganza preventiva contra tanta derrota. Algunos hombres y mujeres fueron generadores de este voltaje. Y en ellos cifra su entusiasmo Luis Antonio de Villena con un libro que es una balanza loca de nostalgia y deseo, de desengaño y esperanza: ‘Nueva York / Babilonia, los años de la edad maldita’, publicado por la editorial Stella Maris. "En un momento en el que las libertades individuales se miran de reojo, en que los políticos de cualquier signo aburren, hoscos, cegatos, muy poco imaginativos, es posible volverse a esas décadas pasadas y preguntar si todo aquel estallido libérrimo, tan lejos de hoy, fue siquiera verdad", cuestiona el autor y colaborador de El Mundo.

Pero lo fue. Y tuvo gentes de toda mar y toda tierra concretando su porqué y su vivísimo sentido al sinsentido. La Factory propiciada por Andy Warhol fue uno de los centros de alto rendimiento de la contracultura neoyorquina. "Fue el icono moderno y esencial de una época que se quería moderna a todo trance. Y digo icono, que no maestro. Lo permite todo porque sabe que la modernidad lo debe permitir todo. No sé si fue un gran pintor, aunque tampoco sé si eso le importó tanto. Fue ‘voyeur’ de un mundo desatado al que dio forma sin desatarse. Promotor de transgresiones, la sensación opuesta que produce es que llevó una vida muy convencional, casi asexuada, sin amores conocidos, probablemente religioso en secreto y con un extraño sentimiento burgués que hacía convivir, calladamente, con todo lo demás". Y lo demás era el hedonismo del exceso, los travestis, los modelos jóvenes, los artistas jóvenes, los rockeros jóvenes, los actores jóvenes, los chaperos, jóvenes también, los torcidos, los que se acercaban a él con la cabeza llena de vientos. La modernidad extrema era eso, según Warhol: vivir desde el vértigo, pero sin probar el vértigo.

Todos estaban conectados en aquella ciudad, con Nueva York, que se reducía a un puñado de calles a la manera de un fabuloso fortín sin puertas. La creatividad era extrema, urgente, excitante. "La idea de contracultura es lo más importante del siglo XX. Más necesaria que la Revolución de Octubre. Más que la revolución de Fidel Castro incluso", dice Luis Antonio de Villena.

Pero los referentes se fueron diluyendo. En aquella ciudad de todos los demonios coincidían Patti Smith con el fotógrafo Robert Mapplethorpe; Nico con Lou Reed; el gurú y poeta Allen Ginsberg, uno de los bucardos del movimiento beat; John Lennon y el pintor afroamericano Jean Michel Basquiat; un decadente Truman Capote y la estela feroz de William Burroughs, inteligente hasta el crimen. Y Mick Jagger. Y David Bowie. Y la discoteca Studio 54, que era, sin duda, un personaje más de la ciudad, la ballena de Jonás.

"Los que vivimos de algún modo aquellos años pensábamos el mundo de siempre como un mundo nuevo", explica De Villena, que formó parte de la tribu que apuró con intensidad la miniatura de todo aquello en los días de la Movida madrileña. "El núcleo duro de la contracultura es la libertad individual y un cambio del sistema de valores. Un cambio de moral, que es lo que en verdad permite que las cosas cambien profundamente. Por eso el fracaso de algo así debe de ser entendido como una pérdida". ¿Qué queda de todo aquello en lo de hoy? Y en este punto el autor de ‘Nueva York / Babilonia, los años de la edad maldita’ se desata: "Nada. Absolutamente nada. Lo nuevo no lo van a hacer ni Trump ni Pablo Iglesias. Ambos representan tiempos muy viejos. En algún momento vendrán gentes mejores, ¿pero cuánto tardarán?".

Cuando la fiesta comenzó a decaer (Reagan en la Casa Blanca, Thatcher en Downing Street, Karol Wojtyla en el Vaticano) aquella capital mundial de los excesos empezaba a estar muy laminada de heroína y de sida. De intemperies. De muertes prematuras. Aquel modo alternativo de vivir perdía protagonistas, fuerza, sitio y gracia. "Cuando esta cultura (que implicaba libertad y moral nueva) falló vino la amenaza".

-¿Qué amenaza?

-La del regreso de la represión por obra y gracia de la seguridad y porque el mundo mestizo comenzó a asustar a los bienpensantes. Hoy todo aquello ha desaparecido por entero.

- ¿En qué años sucedió lo que narra en estos ensayos?

- Diría que de 1965, cuando Bob Dylan canta ‘Blowin' in the wind’ hasta el año 85, cuando muere de sida el actor Rock Hudson. Aquella cultura diferente y de ánimo global llegó a su fin. Hoy no existe una capital del mundo, ninguna ciudad emblemática. Y desconocemos si la cultura, como lo fue entonces, volverá a ocupar el lugar que le corresponde.

- ¿Esto de ahora cómo lo ve?

- Si te refieres al mundo actual, estoy convencido de que algo terrible tiene aún que suceder, pero no sabemos qué. Como decía Ortega y Gasset: "No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa". Nuestra realidad es muy insegura.

viernes, 10 de junio de 2016

#hemeroteca #arte | Andy Warhol, música y vinilos


Imagen: Hoyesarte
Andy Warhol, música y vinilos.
Hoyesarte, 2016-06-10

http://www.hoyesarte.com/evento/2016/05/andy-warhol-musica-vinilos/

MUSAC, Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León, presenta 'All Yesterday’s Parties. Andy Warhol, Música y Vinilos (1949-1987)', la primera exposición organizada por una institución española que analiza el papel jugado por la música en la obra de Warhol, trazando una genealogía de las relaciones entre el arte y la música popular durante la segunda mitad del siglo XX a través de más de 200 piezas relacionadas con su universo, incluyendo portadas de discos, libros, revistas, pósters, fotografías, serigrafías, dibujos, películas, videoinstalaciones, ‘screen tests’, videoclips y diversos objetos y documentos.

‘All Yesterday’s Parties’ intenta demostrar que la música –y particularmente el pop– fue uno de los sustratos emocionales, iconográficos y conceptuales sobre los que se construyó la producción artística del padre del pop art. Un componente a veces invisible, pero esencial para entender su proceso creativo y algunos de los ejes temáticos de su trabajo.

Así, la exposición recorre desde la apropiación y la seriación –nacidas bajo la influencia de músicos como John Cage y La Monte Young a principios de los años sesenta– a la puesta al día del concepto wagneriano de obra de arte total –materializado en espectáculos multimedia como ‘Exploding Plastic Inevitable’, con The Velvet Underground–; del culto a las celebridades –plasmado en sus retratos de estrellas como Mick Jagger, Diana Ross o Debbie Harry– a su activa participación en medios de comunicación vinculados de modo directo o colateral a la industria musical, a través de proyectos editoriales como la revista Interview, la dirección y producción de videoclips para bandas de los ochenta –como The Cars o Curiosity Killed The Cat– o innovadores programas de televisión, como ‘Fifteen Minutes’ para la MTV.

Lecturas transversales
El punto de partida es un aspecto de la producción artística de Warhol considerado marginal hasta hace poco: su aportación a la historia del diseño gráfico musical a través de las portadas de discos. Realizó entre 1949 y 1987 más de 60 portadas para grupos de todos los géneros. El diseño gráfico musical fue una actividad que le acompañó a lo largo de toda su carrera, desde su juventud –su primer diseño data de 1949, cuando tenía tan solo veintiún años y aún no era reconocido como artista–, hasta la plena madurez.

En sus últimos meses de vida, entre 1986 y 1987, realizó portadas de discos para artistas de la talla de John Lennon, Aretha Franklin o Debbie Harry. Analizando estos diseños se revela que en muchas de estas portadas se anticipan soluciones formales e iconográficas que Warhol incorporaría posteriormente a su producción pictórica y cinematográfica, lo que les dota de especial valor para los investigadores y plantea lecturas transversales de su trabajo.

La visión más completa
La exposición está estructurada en varios ejes temáticos ordenados cronológicamente, que se entrecruzan a fin de dar una visión lo más completa posible del papel jugado por la música en el proceso creativo de Andy Warhol.

En cada capítulo, las portadas de discos se exhiben junto a obras sobre diferentes soportes del propio Warhol y de artistas que colaboraron con él en diferentes periodos de su carrera como Ronald Nameth, Nat Finkelstein, Christopher Makos, Hervé Gloaguen, Richard Bernstein o Dan Munroe, y que permiten comprender el modo en que el diseño gráfico musical y la producción plástica se retroalimentaron en los momentos más significativos de su vida.

martes, 8 de diciembre de 2015

#hemeroteca #inmemoriam | Recordando a Holly Woodlawn, estrella de The Factory, y musa de Lou Reed

Imagen: I-D Vice / Holly Woodlawn
Recordando a Holly Woodlawn, estrella de The Factory, y musa de Lou Reed.
"Valió la pena, las drogas, las fiestas, fue fabuloso”.
Wendy Syfret | I-D Vice, 2015-12-08
https://i-d.vice.com/es_mx/article/recordando-a-holly-woodlawn-estrella-de-the-factory-y-musa-de-lou-reed

En 1972, Lou Reed lanzó ‘Walk On The Wild Side’, una canción sobre la cultura trans, el trabajo sexual, el sexo oral y la rebeldía adolescente. A pesar de ser subversivo para la época, el hipnótico contrabajo del track y sus letras inmersivas lograron recibir amplia reproducción en la radio.

Mientras que cada verso se refiere a un habitual superestrella del Factory de Andy Warhol distinta, Holly Woodlawn, el tema de la viñeta de apertura, es el personaje con la que la canción está eternamente ligada. Ella es la que vino de Miami, Florida, se fue de aventón a través de los EE.UU., y se depiló las cejas en el camino.

La verdadera Holly era una actriz transgénero que se escapó de casa a los 15 años, después de años de bullying. Al llegar a Nueva York en 1962, cambió su nombre a Holly como referencia a su heroína Holly Golightly, después agregando el apellido Woodlawn que tomó de una señalización que vio en un episodio de ‘I Love Lucy’. Después de conocer a Andy Warhol en una proyección de ‘Flesh’ en The Factory, protagonizó dos de sus películas ‘Trash’ y ‘Women in Revolt’.

Escribió sobre su experiencia en su libro de memorias ‘A Low Life in High Heels: The Holly Woodlawn Story’ de 1994. Al describir su llegada a la mayoría de edad poco ortodoxa, dijo: "A los 16 años, cuando la mayoría de los chicos estaba estudiando para los exámenes de trigonometría, yo me estaba prostituyendo, viviendo en las calles, y preguntándome cuándo volvería a comer".

A pesar de sus conflictos a temprana edad, su actuación en Trash le atrajo reconocimiento como actriz. Continuó actuando hasta su muerte esta semana, a los 69 años. Más recientemente apareció en el popular programa de televisión ‘Transparent’.

En una entrevista en 1970 con ‘The Village Voice’ describió cómo gran parte de su memorable interpretación fue su propia creación: "Paul Morrissey dijo: 'Haz esto, haz aquello, fabuloso', y así le siguieron añadiendo a mi parte. Trabajé seis días por $25 dólares por día. A excepción de la última escena, todo se hizo en una sola toma. La ropa, el diálogo, todo era mío porque el personaje que interpretaba era yo. He estado en esas situaciones".

A pesar de ser inmortalizada en las letras de Lou Reed y en las películas de Warhol, Holly no se dejó atrapar en el ‘hype’. En una entrevista con la activista transgénero Penny Arcade, dijo: "No sé si éramos artistas, estábamos haciendo lo que estábamos haciendo... Simplemente estábamos viviendo nuestras vidas... Éramos unos fracasados: no podías conseguir trabajo, todos estábamos en asistencia social".

Pero en un reciente artículo de The Guardian dijo que todo había valido la pena: "¡Me sentía como Elizabeth Taylor! No me di cuenta de que no solo no habría dinero, sino que tu estrella brillaría solo dos segundos y eso era todo. Pero valió la pena, las drogas, las fiestas, fue fabuloso".

#hemeroteca #inmemoriam | La vida salvaje de la musa transexual de Warhol y Lou Reed

Imagen: La Vanguardia / Holly Woodlawn
La vida salvaje de la musa transexual de Warhol y Lou Reed.
Muere Holly Woodlawn, protagonista de la canción ‘Walk on the Wild Side’.
La Vanguardia, 2015-12-08
http://www.lavanguardia.com/cultura/20151208/30669716353/holly-woodlawn-warhol-lou-reed.html

Haroldo Danhakl nació en Puerto Rico. Llegó a Nueva York a los 16 años. Fue en la ciudad de los grandes rascacielos donde se convirtió en Holly, Holly Woodlawn. En pocos años era ya una auténtica musa transexual capaz de hechizar a artistas y músicos de la talla de Andy Warhol y Lou Reed. Hoy, a sus 69 años, ha fallecido en Los Angeles a causa de un cáncer.

Hija de un soldado, se crió en Miami. Cuando se muda a Nueva York, y cambia su identidad, escoge su nuevo nombre, Holly Woodlawn, combinando el de la protagonista de ‘Breakfast at Tiffany’s’ y el del cementerio Woodlawn del Bronx.

Bailarina y modelo, aunque nunca se operara para cambiar su sexo, protagonizó los años de más efervescencia cultural de Nueva York. El propio Reed la inmortalizaría para siempre en su canción ‘Walk on the Wild Side’.

“Holly vino de Miami, Florida / Atravesó los EE UU haciendo autoestop Se depiló las cejas de camino / Se afeitó las piernas y entonces él era ella”, canta Lou Reed en un tema que se convertiría en himno y emblema de una época en la que los excesos eran una forma de revolución urbana.

Holly Woodlawn representó los años salvajes de una ciudad indomesticable: sexo, drogas y rebelión se daban la mano en una juventud que no parecía tener fin.

Paul Morrissey también se interesó por el fascinante personaje. Tanto, que le invitó a uno de sus películas, ‘Trash’, filmada en 1970.

Woodlawn no fue la estrella de un día. Después de sus colaboraciones con Morrissey y Warhol se centró, ya en los finales de los ochenta, en el cabaret. El éxito fue constante. Así lo explica en la biografía que publicó en 1991 bajo el título de ‘A Lowlife en Highheels’.

No todo han sido flores y glamour en su larga trayectoria. Sus últimos años, con la salud ya deteriorada, estuvo cerca de la indigencia. Cuando estaba a punto de ser expulsada de un hospital por no poder pagarlo, una campaña de algunos de sus antiguos fans y amigos consiguió que viviera sus últimos días con dignidad.

lunes, 7 de diciembre de 2015

#hemeroteca #inmemoriam | La chica de la canción que (casi) todos saben silbar

Imagen: El Español / Holly Woodlawn
La chica de la canción que (casi) todos saben silbar.
Fallece en Los Ángeles la actriz transexual Holly Woodlawn, musa de Lou Reed en su mitica canción 'Walk on the wild side'.
Carlos Fuentes | El Español, 2015-12-07
http://www.elespanol.com/cultura/20151207/84991527_0.html

Hay musas imposibles que sobreviven a su historia efímera. Holly Woodlawn fue una de ellas. Hace 40 años inspiró una de las canciones emblemáticas de su época, acaso un retrato apresurado de su generación: 'Walk on the wild side'. Aunque antes de aquellos versos melancólicos de Lou Reed muy pocos sabían de su existencia y, desde entonces, poco más se supo de ella. O de él, porque en realidad Holly fue primero Haroldo Santiago, nacido hombre en el pueblo rural de Juana Díaz, al sur de Puerto Rico, y emigrado pronto al otro lado del mar en busca de un chance para vivir su vida soñada en Estados Unidos.

Hay que tener suerte para que alguien escriba una canción con tu vida. Para que la letra ejerza de foto fija de un instante. Y que tu historia se agarre como el buen primer párrafo de una novela superior, apenas dos frases: "Holly came from Miami, Fla. Hitchhiked her way across the USA"... aunque la historia real de Haroldo Santiago Franceschi Rodríguez Danhakl tampoco es excepcional. Antes al contrario, por desgracia, fue una vida bastante habitual para toda una generación de jóvenes latinoamericanos, sobre todo los caribeños, que comprobó pronto que los aires nuevos de la izquierda más o menos revolucionaria se olvidaban de ellos. No es casualidad que Holly Woodlawn, cuando fue primero Haroldo Santiago, hubiera nacido el mismo año que Guillermo Rosales, el suicida cubano poeta del desarraigo. Ni que coincida en el tiempo, y en los sueños, con el paradigma literario del exilio latino hacia la tolerancia de la diversidad. De la diversidad sexual, se entiende.

Holly Woodlawn no estaba aquí para escribir novelas sangrantes como Reinaldo Arenas, pura herida abierta en la Cuba comunista que declaró la guerra a la pluralidad sexual y encerró la dignidad en campos de trabajo forzado. Ni tampoco para ser carne de novela, en la senda abierta por otro cubano, Carlos Montenegro, con su novela de 1938 Hombres sin mujeres, hito pionero de la literatura de temática homosexual en América Latina.

El sueño americano de Holly
No, los sueños de grandeza Holly Woodlawn no se detenían en la punta del muelle. No estaba Holly para conformarse con un sucedáneo doméstico. Su sueño era el sueño americano de tantos, y estaba al otro lado del mar. Allí donde un gay podría vivir como dios manda.

Holly Woodlawn nació, ya se dijo, en 1946, el sábado 26 de octubre. De madre latina y de padre, ex soldado, de origen alemán. Pero pronto voló del nido. La adolescencia ve crecer a Haroldo Santiago en las calles de Miami, donde también rápido cambió de nombre por Holly en un guiño al personaje de la novela de Truman Capote Desayuno con diamantes. Aunque el paraíso artificial de Miami pronto se hizo pequeño. En 1962 tomó rumbo norte, destino Nueva York. Así se lo contó hace ocho años a The Guardian: "Tenía quince años y suspendía siempre en el instituto porque estaba demasiado ocupada yendo de fiesta. Ese verano debía ir a clases de recuperación, pero no tenía ningunas ganas. Así que me reuní con algunas queens cubanas, vendí unas joyas y todas fuimos juntas para Nueva York".

El desembarco no fue fácil. Holly Woodlawn durmió primero en las calles hasta que por amigos sobrevenidos consiguió acomodo en una casa de Queens. Ya se hacía pasar por mujer, empezó a tomar hormonas y encontró pareja masculina con la que normalizar una doble vida. Entre semana, además, ejercía como modelo ocasional, vestida ya de mujer, para marcas de gama alta como Saks Fifth Avenue. "Durante seis o siete años nadie supo que yo era un chico", recordó mucho después. Se trataba de resistir, sobrevivir la ciudad y esperar una oportunidad surgida de la noche, el arte y la farándula. En 1968 se produjo su primer encuentro con Andy Warhol, apóstol de la revolución pop con sede en The Factory. Una ocasión de oro: Warhol y su troupe de excéntricos estaban en pleno traslado de local y Holly Woodlawn aterrizó en la sexta planta del edificio Decker como si jugara en cancha propia. No se equivocó. Al año siguiente Paul Morrissey escribió para ella un papel, breve pero crucial, en Trash y generó un primer gesto. George Cukor promovió su candidatura a "mejor actriz" aunque, escándalo efímero aparte, la batalla quedó en nada para todos los que, como en la canción, soñaban con tener los senos de Madonna y las piernas de Cher.

15 minutos de fama
No eran tiempos, aún, para la guerra pública; sí para disfrutar del reconocimiento de la sociedad, o al menos de tu parte de la sociedad. Contaba, divertida, sus encuentros con Mick Jagger o Federico Fellini en los salones de la alcurnia arty, y reivindicaba su carrera de actriz sin ambages. A principios de los años 70, ya con el aval de su primer trabajo en Trash, Woodlawn se hizo con varios papeles teatrales y en cine repitió con Morrissey en aquel trío de actrices trans en Women in revolt (1971), las mismas con las que comparte letra en la famosa canción de Lou Reed. Fue durante su estancia en la ciudad cuando coincidió con Reed y el resto de The Velvet Underground, asiduos también de la factoría Warhol y aspirantes a un peldaño en la escalera hacia los cielos. "Me sentía muy feliz al convertirme en una estrella Warhol, ¡me sentía como Elizabeth Taylor!", recordó en su apartamento de West Hollywood al repasar el libro de memorias ‘A low life in high heels’.

El cuarto de hora de fama en Nueva York le duró a Holly Woodlawn hasta que la policía mandó parar. Primero, por hacerse pasar por la mujer del embajador de Francia ante la ONU, lo que provocó una excarcelación breve pero, sin duda más importante, confirmó a nivel administrativo su verdadera identidad civil: aún hombre, ya con el cuerpo de mujer. Continuó como pudo en la escena teatral, sección musical, de Nueva York, intercalando estancias temporales en San Francisco y en la casa de sus padres en Miami. Ya en los años 90, muerto Andy Warhol, se convirtió en una de sus embajadoras con apariciones en documentales sobre el artista pop, conferencias y homenajes. La última década del siglo llegó su reivindicación por parte de la generación de chicas riot grrrl, un mínimo revolcón musical con Lucid Nation y un par de películas livianas de temática gay o ¡de vampiros!

Asentada definitivamente en el barrio gay de West Hollywood, las apariciones de Holly Woodlawn fueron cada vez más esporádicas. El último verano trascendió su enfermedad, cáncer de hígado derivado al cerebro, y fue entonces cuando el declive se hizo imparable. La actriz fue obligada a abandonar su apartamento para ser recluida en un hospicio tras una colecta entre amigos. Apenas arropada por algún viejo aliado, Holly Woodlawn murió a los 69 años después de vivir la vida que quiso. Un viaje por el lado más bestia de la vida que Albert Pla hizo rumba hace veinte años y que Manuel Vilas acaba de utilizar como vía de escape en su libro Wild Side España. Siempre con aquel estribillo adhesivo que por no necesitar, no necesita ni letra. Seguro que usted lo recuerda: Du du dú, du du du dú...

lunes, 5 de octubre de 2015

#hemeroteca #arte | La mierda de siempre, pero exquisita


Imagen: El País / Andy Warhol y Jean-Michel Basquiat
La mierda de siempre, pero exquisita.
Cuando Capote murió, en 1984, Basquiat era un colgado. Warhol se largó del planeta en 1987. Basquiat esperó unos pocos meses.
Manuel Vicent | El País, 2015-10-05
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/10/04/actualidad/1443979963_459024.html

Hacia el año 1975, en una acera del Greenwich Village de Nueva York, un jovenzuelo se dedicaba a pintar camisetas en público para venderlas a los turistas. Cuando Andy Warhol pasaba por allí, a veces le compraba una por 10 dólares y cambiaba con el chaval algunas palabras. A simple vista era un golfo de la calle, uno de tantos chicos negros desarraigados que vivían en casas abandonadas. Un día, Warhol vio aquella esquina vacía. El tipo se había esfumado. Ahora tocaba el clarinete en algunos pubs con unos amigos.

Años después, un lunes de octubre de 1982, Warhol había quedado con el famoso galerista alemán Bruno Bischofberger, y este acudió a la cita acompañado por aquel chaval de las camisetas pintadas, que respondía con el nombre de Jean-Michel Basquiat. Aunque en la adolescencia había jugado a fugarse de casa, a ejercer de vagabundo y a coquetear con la droga, resulta que era un chico de clase media alta, nacido en Brooklyn, hijo de un haitiano y de una portorriqueña e incluso había ido a la escuela City-As-School para alumnos superdotados. Ahora vivía en un lujoso ‘loft’ en Christie Street. El marchante alemán lo había descubierto como pintor, lo había rescatado de la calle y comenzaba a ser famoso.

Aquel día, Bischofberger, Basquiat y Warhol almorzaron juntos en un restaurante vegetariano del Soho y Andy se enteró de que aquel joven era el que había iniciado con su colega Al Diaz la moda de llenar los vagones del metro y las tapias de los suburbios de Nueva York con ‘graffitis’ de aerosol. ¿De modo que eras tú —le dijo Warhol— ese ser misterioso que firmaba como SAMO en las paredes? SAMO era un acrónimo formado con las palabras ‘same old shit’, que significa “la misma mierda de siempre”. Los pasajeros del metro estaban lejos de imaginar que viajaban rodeados de obras de arte. Esos garabatos esquizofrénicos, protestas airadas contra el consumo, habrían alcanzado precios fabulosos si años después se hubieran vendido en Christie’s, pero a esa hora los vagones habían sido lavados con detergente, el metro transcurría impoluto por orden de la autoridad municipal y Basquiat ya pintaba cuadros al óleo que exponía en las mejores galerías.

Durante aquel almuerzo Basquiat quiso devolverle los 40 dólares que Andy, tiempo atrás, había gastado en sus camisetas. En este primer encuentro, Andy le hizo un retrato con la Polaroid y a cambio Basquiat le regaló un cuadro de los dos, que pintó esa misma tarde en una hora. A partir de ese día, Basquiat entró a formar parte de la tropa enloquecida de La Factoría, pero la aventura común duró muy poco. Basquiat falleció el 12 de agosto de 1988, a los 27 años, por una sobredosis de heroína en su apartamento de la calle Great Jones. En la última subasta por uno de sus cuadros se han pagado más de 50 millones de dólares.

Andy Warhol sintió por Basquiat la misma fascinación repentina que había experimentado con Truman Capote después de ver su foto en la solapa de su primera novela, ‘Otras voces, otros ámbitos’, en la que parecía un puto angelical. Desde aquel día, Warhol no cesó de acosarle, de escribirle cartas, de esperarle en la puerta de su casa hasta conseguir su propósito. Se hizo su amigo y lo fotografió, lo pintó y lo sacó en portada de ‘Interview’, la revista emblema de La Factoría, y desde ese momento ambos se exhibían juntos en los grandes saraos de Nueva York. La primera vez fue en 1966 en la inauguración del espectáculo lanzado por Warhol, su ‘The Exploding Plastic Inevitable’, con el grupo Velvet Underground y la cantante Nico interpretando canciones sobre la heroína, los transexuales y el sadomasoquismo, a la que siguió la legendaria fiesta de etiqueta, en blanco y negro, que organizó Capote ese mismo año en el hotel Plaza para celebrar el éxito de ‘A sangre fría’, repleta de divos, joyas y estrellas: Sinatra, Mia Farrow, Sammy Davis Jr., Norman Mailer, Harper Lee, Katherine Graham, entre otras celebridades fastuosas. Fue aquí, en el Plaza, donde una admiradora se acercó a Warhol, le arrebató el peluquín y salió corriendo. Al parecer este peluquín plateado se subastó en Sotheby’s y un coleccionista pagó 10.000 dólares.

Tanto aquel chaval de las camisetas pintadas como este puto angelical de la solapa se fueron degradando junto a Warhol como si se tratara de un elemento corrosivo. En su retrato de 1979, Capote empezaba a reflejar los efectos del alcohol y las drogas a las que permanecería enganchado. Atrás quedaban los años de fama y sus grandes éxitos, las noches de borrachera en la legendaria discoteca Studio 54, rodeado por sus amigos Warhol, Bianca Jagger, Elizabeth Taylor y otros canes dorados con collar de diamantes de Tiffany’s.

Aquel puto angelical acabó pareciéndose a un bulldog. Así lo describía Warhol: “Truman se sienta ahí y se frota los ojos como si estuviera amasando algo, luego aparta las manos y los tiene totalmente rojos, el blanco está rojo, los párpados también, y se parece realmente a su perro con las orejas bajas”. Capote zascandileaba todos los días por La Factoría tratando de escandalizar a aquella tropa de colgados con sus hazañas de sexo. Presumía, según Warhol, de habérsela chupado a John Huston más de cuatro veces. Truman hablaba también de Humphrey Bogart. Decía que una noche se lo había llevado a la cama y le había arropado. “Tendrías que dejarte que te lo hiciera”, le dijo Truman, y Bogart, muy nervioso, le contestó: “Bueno, pero no te la metas en la boca”. Cuando Capote murió, en 1984, Basquiat ya era un colgado. Warhol se largó de este planeta en 1987. Basquiat solo esperó unos pocos meses para unirse a ellos en el cosmos.

Según su secretaria, Pat Hackett, “a Andy Warhol le impresionaba la fama, vieja, nueva o decrépita. La belleza. El talento innovador. Cualquiera que fuera el primero en hacer algo. El descaro extravagante. El dinero, sobre todo las grandes, antiguas y sólidas fortunas”. O sea, la misma mierda de siempre, pero exquisita.