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viernes, 19 de enero de 2018

#hemeroteca #transfobia #justicia | Cassandra Vera: “La Fiscalía hace el ridículo al decir que mi nombre es un seudónimo”

Imagen: El Salto / Cassandra Vera
Cassandra Vera: “La Fiscalía hace el ridículo al decir que mi nombre es un seudónimo”.
Ni la Audiencia Nacional ni el Tribunal Supremo han respetado la identidad de género de esta mujer transexual condenada por varios tuits en los que hacía chistes sobre Carrero Blanco. Arcópoli elevará una queja por el tratamiento a la tuitera.
Patricia Reguero | El Salto, 2018-01-19
https://elsaltodiario.com/transfobia/cassandra-vera-la-fiscalia-hace-el-ridiculo-al-decir-que-mi-nombre-es-un-seudonimo-

“El fiscal sabe de sobra que soy una mujer transgénero y utiliza el argumento de que Cassandra es un seudónimo para humillarme”, dice la tuitera condenada por varios chistes sobre Carrero Blanco. En el caso de Cassandra Vera, la transfobia se mezcla con una aplicación de la Ley de Seguridad Ciudadana que ha llevado a la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información a definir el 2017 como “el año de los delitos de opinión”.

En marzo de 2017, la Audiencia Nacional hacía pública la sentencia por la que condena a un año de prisión a Cassandra por “humillación a las víctimas del terrorismo”. Su delito: doce tuits irónicos sobre la muerte de Carrero Blanco. Sus abogados interpusieron recurso en el Tribunal Supremo, un recurso que la Fiscalía pide inadmitir, como se ha podido saber este mes de enero. El este escrito, la Fiscalía no solo no reconoce la identidad de Cassandra, mujer transexual, sino que va un poco más lejos al asegurar que utiliza un seudónimo para cometer delitos. Un “seudónimo” con el que figura en las listas de la Facultad o en su contrato de alquiler, mientras espera resolver el cambio en el DNI, que ya ha solicitado.

La Asociación Arcópoli ha anunciado su intención de elevar una queja a la Fiscalía del Tribunal Supremo por su tratamiento a la tuitera. Hablamos con @kira_95, Cassandra Vera, autora de doce tuits con chistes sobre Carrero Blanco que la llevaron hasta la Audiencia Nacional en el marco de la Operación Araña que ha encausado a una veintena de personas, entre ellas César Strawberry o Alfredo Remírez.

Primero la Audiencia Nacional, que se dirigió siempre hacia ti con un nombre que no se corresponde con tu actual identidad de género, y ahora la Fiscalía en el escrito en el que pide que no se admita tu recurso contra la sentencia. ¿Falta de conocimiento o falta de respeto?
Evidentemente es falta de respeto a mi identidad como mujer, porque el fiscal sabe de sobra que soy una mujer transgénero y así ha constado siempre en las investigaciones de la Guardia Civil y en las redes sociales. Mi identidad sexual se está utilizando como un argumento para humillarme, lo que ha demostrado lo bajo que se está cayendo para intentar mantener una condena que la sociedad ha rechazado.

La Fiscalía va un paso más allá al decir que “te escondes tras un seudónimo”. ¿Ensañamiento?
Sí. Por desgracia se ha avanzado mucho en materia LGTB, pero creo que la Fiscalía se ha quedado atrasada en esto. No tiene conocimiento de cómo va la sociedad actual y en todo momento ha ignorado que soy una mujer transgénero, no solo ahora: durante el juicio no se tuvo un mínimo de consideración con este tema.

A lo largo de este proceso, ¿ha habido alguna persona sensible a tu identidad de género?
A lo largo del proceso, de parte de la Fiscalía la única persona que ha tenido alguna consideración es una funcionaria que me llamó para confirmar una citación por teléfono y me trató en femenino. Pero durante el juicio no se tuvo ninguna consideración a pesar de que en otros caso cuando una persona transgénero ha acudido a un juicio como testigo, como víctima o como querellada se ha tenido en cuenta y tanto juez como Fiscalía o Abogacía la han tratado conforme a su identidad de género aunque no tuviera sus papeles cambiados. En mi caso no se ha tenido esa consideración pese a que mi defensa intentó contactar con la mesa que se forma para el juicio para aclarar esto.

Arcópoli, en Madrid, que coordina un Observatorio de Delitos de Odio, ha dicho que está valorando en qué forma se puede elevar una queja a la Fiscalía del Tribunal Supremo por el tratamiento que te ha dado. ¿Has tenido otros apoyos?
Arcópoli, organizaciones LGBT, periódicos como Dos Manzanas, Compromís en Valencia… Estoy contenta porque está demostrado que la sociedad no tolera estos ataques a las personas trans en plenos siglo XXI.

El Congreso aprobó a finales de 2017 una propuesta del PSOE que facilitaría la modificación de los documentos de las personas trans. ¿Cómo hubiera sido tu paso por la Audiencia Nacional con esta ley en la mano?
Estoy muy contenta con estas leyes nuevas, pero luego tienen que aplicarse en la realidad y no solo sobre el papel. Efectivamente con una ley así en la mano hubiera tenido más recursos para hacer frente a este tratamiento.

¿Hablarías de transfobia?
Por supuesto. Durante el juicio y ahora, en el escrito de la Fiscalía... hace el ridículo al decir que mi nombre, con el que me identifico en todo en mi vida, es un seudónimo.

¿Has sufrido también esa transfobia en Twitter?
En redes sociales lo que he encontrado sobre todo es apoyo, pero también insultos transfóbicos y amenazas de todo tipo que no he denunciado porque no pienso que sea procedente. Simplemente trato de reportar estas cuentas a Twitter para pedir que tome medidas y que las redes sean más seguras.

Desde tu condena por “humillación a las víctimas del terrorismo”, ¿tuiteas igual?
Sigo muy activa en Twitter, sobre todo en el tema de la libertad de expresión. Pero me aplico cierta autocensura, como les pasa a humoristas o periodistas que ahora no pueden expresarse como quisieran y tienen que tener al abogado al lado para consultarle antes de publicar nada. Como dice Amnistía Internacional y otras organizaciones, en España se está atacando la libertad de expresión.

¿Qué supone la condena de la Audiencia Nacional para tu vida?
Pues teóricamente, aunque la pena está en suspenso, estoy condenada aun año de cárcel y queda el estigma de tener una condena de cárcel y de ser una delincuente para la sociedad. Y no se trata solo del año de cárcel, sino que hay siete años de inhabilitación, que es el motivo por el cual por ejemplo no puedo tener una beca del Estado para seguir estudiando. Este año he seguido estudiando gracias a un donativo en concepto de beca que me dio Ganemos Móstoles. Y además, después de los siete años de inhabilitación luego hay diez de antecedentes penales…

¿Qué crees que ha conseguido esa sentencia?
Esta condena quería ser ejemplarizante, pero si quería censurar a gente creo solo lo ha conseguido conmigo, porque los chistes por los que se me ha condenado no solo están reproducidos tal cual en redes como método de apoyo, sino que se han disparado fuera de las redes sociales.

¿Cuáles son los plazos ahora?
El Supremo en casos penales, al parecer, suele tardar unos siete meses. Pero tiene dos años y es respetable que se tome este plazo para decidir bien y a su criterio si la sentencia es firme.

¿Qué esperas que ocurra?
Espero ser absuelta porque no he cometido ni he humillado a nadie, y para que mi día a día vuelta a la normalidad.

En alguna ocasión has mencionado la posibilidad de acudir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, ¿crees que hará falta?
No lo sé, en algunos casos de enaltecimiento el Supremo ha absuelto, y otros casos ha confirmado la condena. Yo espero ser absuelta porque opinar en redes y hacer chistes no es un delito. Y si la confirman iríamos al Constitucional a pedir que la echen par atrás.

martes, 9 de enero de 2018

#hemeroteca #transfobia #justicia | Cassandra Vera: "Me he sentido humillada por la Fiscalía. En las instituciones hay mucha transfobia"

Imagen: Público / Cassandra Vera
Cassandra Vera: "Me he sentido humillada por la Fiscalía. En las instituciones hay mucha transfobia".
La Fiscalía ha acusado a la joven de utilizar el seudónimo de Cassandra para esconder su identidad en las redes sociales. La joven denuncia que se trata de un ataque "transfóbico" que muestra el escaso respeto de las instituciones hacia su identidad de género.
Alejandro Torrús | Público, 2018-01-09
http://www.publico.es/sociedad/entrevista-cassandra-cassandra-me-he-sentido-humillada-fiscalia-prueba-hay-transfobia-instituciones.html

Cassandra Vera fue condenada por la Audiencia Nacional a un año de prisión por publicar chistes en Twitter sobre Carrero Blanco. Su defensa recurrió ante el Supremo que la joven desconocía que realizar bromas sobre el asesinato del almirante franquista fuera delito. Sin embargo, la Fiscalía argumentó en un escrito remitido al Supremo que la joven conocía que sus tuits eran delictivos y que una muestra de ello es que utilizó el seudónimo de Cassandra. Sin embargo, Cassandra no es ningún apodo o sobrenombre. Es el nombre de esta joven trans. El mismo que ella se dio, que está acorde con su identidad y que está en trámites de formalizar ante el registro civil.

En conversación telefónica con ‘Público’, la joven denuncia haber sido "humillada" por el Ministerio Público". Y no por primera vez. Durante su juicio en la Audiencia Nacional, la Fiscalía se refirió a la joven transexual en masculino, obviando su identidad de género. "En el juicio podría haber tenido un trato diferente. Pero hay que tener en cuenta que esa gente me ha juzgado por hacer chistes de un fascista... por lo que no espero ningún respeto por su parte", asegura la joven, que está a la espera de que el Supremo resuelva su caso.

P. ¿Cómo se ha sentido al leer que la Fiscalía considera que el nombre de Cassandra es un sinónimo que usted utiliza en las redes?
R. Me he sentido humillada por la Fiscalía, pero me lo esperaba. Que la Fiscalía realice ese argumento es una muestra de que en las instituciones sigue habiendo mucha homofobia y transfobia. Era difícil superarse y lo han conseguido. Se han lucido. Muestra lo bajo y lo ridículo que ha caído el fiscal de mi caso. Cassandra es mi nombre, es el que todo el mundo usa conmigo y así me presento. Es ridículo que diga que lo utilizo para esconder mi identidad cuando yo he subido fotos mías a Twitter, de mi vida cotidiana, del sitio donde estudio... Es ridículo y además no representa la realidad.

P. No es la primera vez que denuncia la falta de respeto de la Fiscalía por su identidad sexual. Durante el juicio lamentó que se refiriera a usted todo el tiempo en masculino.
R. Sí. En el juicio se me trató en masculino, con mi antiguo nombre, y me pareció una falta de respeto. Me pareció paradójico que en un juicio que busca reparar la dignidad de una persona se denigrara la mía. Como si yo tuviera menos derecho a la dignidad. En la sentencia también se escribió mi antiguo nombre, en masculino. No sé hasta qué punto debe de ser así en los documentos legales, pero es cierto que en el juicio podrían haber mostrado más respeto, pero nada. Hay que tener en cuenta que hablamos de una gente que me juzgó y condenó por hacer chistes de un fascista. No espero ningún respeto ni comprensión de esta gente.

P. ¿Esperas que la Fiscalía, una vez conocido el revuelo y el error de su argumento, dé marcha atrás y modifique o retire ese escrito?
R. La verdad es que no tengo ninguna esperanza en la Fiscalía. A mí me ha tocado una sala conservadora y no espero que el Fiscal me pida disculpas. Lo único que me queda es denunciar este comentario atroz.

P. ¿Cómo ha cambiado tu vida desde que fuiste condenada por menosprecio a las víctimas del terrorismo?
R. El efecto más directo e inmediato es que ya no puedo tener la beca del Estado por la inhabilitación que me imponen. También me he quedado con antecedentes penales, lo cual significa que estoy marcada, estigmatizada socialmente, y que además no puedo aspirar a cosas tan comunes como una beca Erasmus o a determinadas prácticas, en las que te piden el certificado de antecedentes.

P. ¿Su aspiración sigue siendo ser profesora de Historia, a pesar de la condena que la inhabilita?
R. Sigo estudiando Historia con el ánimo de ser profesora, sí. Me quedan varios años de carrera, más las oposiciones, por lo que confío en que en este tiempo la Justicia rectifique. Ya sea el Supremo, que estamos a la espera de que resuelva, el Constitucional y si es necesario el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

P. ¿Cree que sentencias como la suya han provocado una mayor autocensura en las redes sociales?
En mi caso, sí. Sin duda. Pero los chistes sobre Carrero Blanco siguen estando en Twitter. De hecho, creo que ahora hay más chistes.

P. ¿No le sorprende que usted tenga un castigo penal por estos chistes mientras que el resto de usuarios que hacen esos comentarios no son investigados por la Justicia?
R. Me sorprende, claro. Parece que se trataba de buscar una cabeza de turco para sentar ejemplo. Como en el caso de César Strawberry, que también fue condenado para tratar de amedrentar a los músicos críticos. Con mi sentencia buscaron acallar a los tuiteros. Pero si lo piensas detenidamente... Es evidente que no tiene ninguna lógica. Si se ponen a perseguir a toda la gente que ha hecho o hace chistes sobre Carrero Blanco pues nos quedamos sin cárceles en España.

viernes, 23 de junio de 2017

#hemeroteca #orgullo | No quiero sacar a pasear a la policía, perdonen las molestias

Imagen: Nueva Revolución
No quiero sacar a pasear a la policía, perdonen las molestias.
Eduardo Nabal | Nueva Revolución, 2017-06-23
http://nuevarevolucion.es/opinion-no-quiero-sacar-pasear-la-policia-perdonen-las-molestias/

Se ha generado una polémica, entre otras muchas, porque en el World Pride madrileño van a desfilar policías uniformados bajo la bandera del arco iris. Incluso algunos activistas de izquierdas han llegado a decirme “hay que educar a la policía”, “hay de todo”, etc. En el año en el que se han absuelto a los Mossos de Esquadra que asesinaron a patadas a Juan Andrés Benítez, un empresario gay del Gaixample nada sospechoso de radicalismo, en el que las okupas de Madrid se han enfrentado casi más que nunca a las llamadas fuerzas de seguridad, en el que se ha aprobado la Ley Mordaza, en el que la transexual Casandra ha visto destrozado su futuro por efectos de esta última, en el que la policía rusa ha asesinado a nuestro colectivo en las calles…; lo siento pero pasear al lado de la policía no es mi lucha ni lo será nunca.

Si alguien quiere educar a la policía que lo hagan ellos, pero no es mi labor ni creo que deba ser prioritario de un movimiento que surgió de la rabia de trans latinas y negras que malvivían en las calles de EEUU contra el acoso policial, ese acoso policial que siguen sufriendo las prostitutas del Raval o los manteros de muchos barrios del Estado. Esas travestis racializadas protagonizaron las revueltas de Stonewall contra esos empresarios de locales clandestinos que controlaba la policía, esos que hoy se lucran o pretende lucirse en el World Pride madrileño. No hay nada de fetichismo subversivo en sus uniformes, nada que ver con la imaginería leather y su poder subversivo o paródico.

Es el epitome del asimilacionismo denunciado desde plataformas como el Orgullo Crítico. La policía de nuevo al servicio de los empresarios que no quieren “locas” molestas ni lemas subversivos. La historia se repite, de otra forma. Por eso me sigue pareciendo un retroceso bestial y no un avance que la policía se ponga la medalla del arcoíris y acuda a ninguna marcha LGTB, por muy despolitizada que se encuentre ya ésta.

sábado, 15 de abril de 2017

#hemeroteca #transfobia | Cassandra sí es una víctima humillada

Imagen: El Asombrario / Cassandra Vera
Cassandra sí es una víctima humillada.
Paco Tomás | El Asombrario, 2017-04-15
http://elasombrario.com/la-humillacion/

El autor pone el dedo en la llaga y en el discernimiento. Aparte del despropósito de la condena por un mal chiste sobre un fascista, Cassandra ha sido condenada por un delito de humillación a las víctimas del terrorismo en un juicio por sí mismo ya humillante, humillante con su identidad de género. ¿Tiene sentido condenar por algo que el propio tribunal está haciendo? Estamos hablando de transfobia y es muy difícil dar lecciones de justicia cuando uno, aunque sea juez, se está burlando de la justicia.

Entro en Internet con precaución. Desde hace un tiempo, navego entre redes sociales, foros y comentarios con la prudencia del que se esconde de la agresión. Habitamos unos tiempos jodidos. Unos tiempos en los que la humillación ha adquirido rango de habilidad social. Un tuit, un error, un desliz es suficiente para que hordas de seres anónimos, con su comentarios, burlas y chistes, hagan leña del árbol herido. Yo mismo he participado de algún ejercicio de ingenio para redes a costa del error, el despropósito o la arrogancia de alguien. Pero estás últimas semanas he pensado mucho en el concepto de humillación que emplea nuestra sociedad. Y lo he hecho a raíz de la condena a Cassandra Vera por las bromas tuiteadas sobre Carrero Blanco, el que fuera primer ministro de la dictadura franquista.

Creo que en la propia esencia del humor, del chiste, hay un ligero componente de humillación. Tolerable, porque el humor es eso, además de otras muchas cosas, pero nos reímos ‘de’ cuando deberíamos hacerlo ‘con’. Nos reímos del torpe, del que se cae, del tartamudo, del hombre cornudo, del mariquita, del que la tiene pequeña, del feo, de la gorda,… El humor es un ejercicio de inteligencia desde el momento en que nos obliga a distinguir la gracia de la humillación, aunque la primera contenga trazas de la segunda. Tragedia más tiempo, como decía Woody Allen. Un ejercicio de discernimiento, mi palabra favorita del último cuarto de siglo.

Los chistes de Cassandra son malos. Muy malos. Tengo la sensación de que no nacen del sentido del humor ni de la ironía; siento que nacen del rencor pero ¿quién soy yo para valorar eso si ni siquiera conozco personalmente a Cassandra? Pero lo que tengo claro es que la calidad de un chiste no tiene nada que ver con leyes, ni con códigos penales, ni con justicia y, mucho menos, con sentencias condenatorias.

Ante ese asunto pensé que las leyes mordaza, los artículos del Código Penal que plantean conceptos tan arbitrarios como el enaltecimiento del terrorismo y la humillación de las víctimas, son una puerta abierta al abuso de autoridad. Esos dos conceptos, enaltecimiento y humillación, en una sociedad tan compleja y llena de aristas como la actual, acaban siendo aliados de la susceptibilidad en lugar de argumentos de justicia. Lo vimos cuando se detuvo a dos titiriteros por un espectáculo de marionetas para adultos y se ha vuelto a repetir ahora, con la sentencia contra Cassandra.

Hay dos cosas realmente molestas en ese caso y esa sentencia. Una es la propia posibilidad de poder condenar a una persona a un año de cárcel por hacer un chiste en una red social. Eso ya es un despropósito y un atentado a un derecho fundamental. Primero, porque ningún ordenamiento jurídico, ningún código penal, puede estar sometido a la susceptibilidad de un individuo o de una asociación. Lo fina que tengamos la epidermis para tolerar o no un chiste no es un principio jurídico. Deberíamos haber aprendido ya que la libertad de expresión no significa exclusivamente que podamos decir lo que queramos; también supone que nos acostumbremos a escuchar cosas que no nos gustan. Hay chistes de mariquitas que me hacen gracia y chistes de mariquitas que no. Hay personas que cuentan esos chistes y me divierten y hay quien los cuenta y me ofende. No los denunciaría jamás porque el hecho de que me moleste su chiste, desde dónde nace la broma, no es más que una cuestión de tolerancia al otro. Dos libertades enfrentadas. Solo la voluntad desnivela ese equilibrio. Tiene que quedar muy clara, en ese chiste, broma, comentario u opinión, la voluntad de favorecer o promover la violencia, el hostigamiento, la discriminación o el odio hacia una persona o un colectivo. Y nada de eso aparece en los tuits de Cassandra. Excepto, o al menos es lo que yo percibo, rencor. Un rencor muy parecido al que sienten billones de adolescentes en esta sociedad. Pero ¿verdad que nadie piensa meter en la cárcel a todos los adolescentes de este país? Muy mal hemos progresado si un chiste que hicieron Tip y Coll en 1984 no se puede hacer treinta y tres años después.

El otro aspecto indignante de este caso tiene que ver con el trato que recibió Cassandra durante el juicio. Y eso me lleva al comienzo de esta columna y al concepto de humillación. No voy a valorar las redes sociales, donde los imbéciles y la peor calaña encuentra un altavoz para canalizar su odio, sus miserias y su inhumanidad. Es su cárcel, allá ellos con su mezquindad. A mí me ofende la Justicia, con jota mayúscula. Cassandra ha sido condenada por un delito de humillación a las víctimas del terrorismo en un juicio humillante con su identidad de género. ¿Tiene sentido condenar por algo que el propio tribunal está haciendo? Un juez que se dirige a Cassandra en masculino, llamándola Ramón, está demostrando una falta de sensibilidad, un desinterés por las buenas prácticas, una falta de respeto que le deslegitima, moralmente, para hablar de humillación, ofensa y consideración. No fue desconocimiento, ya que Cassandra se reconoce en una identidad femenina. Fue un uso irrespetuoso con una realidad que pone en evidencia las dificultades de las personas trans a tener un reconocimiento de su identidad de genero. Cassandra tiene un dni que no se corresponde con la identidad con la que ella se identifica. Tal vez es urgente una ley de transexualidad, a nivel estatal, que facilite estos trámites e impida que se pueda seguir juzgando la humillación humillando. Porque al final estamos hablando de transfobia y es muy difícil dar lecciones de justicia cuando uno, aunque sea juez, se está burlando de la justicia.

Llevo años caminando por la cuerda floja. El sentido del equilibrio nunca fue tan determinante en nuestra propia supervivencia como ahora. Siento habitar en el despropósito. Por un lado, energúmenos que ondean su transfobia impunemente. Por otro, personas que convierten a Cassandra, a Wyoming o a Dani Mateo, en símbolos de la libertad de expresión. Los primeros, me repugnan y si sus afirmaciones son constitutivas de un delito penal o una sanción civil o administrativa, denunciemos. A los segundos, mesura. Que Cassandra no es Clara Campoamor, ni Wyoming y Mateo son Assange y Raif Badawi. Que al final, frivolizar con la historia y con las víctimas de este país, que murieron en la lucha y la defensa de la libertad de expresión y pensamiento, acaba siendo igual de ofensivo.

jueves, 6 de abril de 2017

#hemeroteca #libertades | El "nacionalcatolicismo" cabalga de nuevo

Imagen: El Diario / El Gran Wyoming y Dani Mateo en 'El Intermedio'
El "nacionalcatolicismo" cabalga de nuevo.
Una parte minoritaria y ultra de la sociedad, usando las leyes restrictivas que aprobó el PP de Mariano Rajoy durante su mayoría absoluta, quiere amordazar al resto.
Gumersindo Lafuente | El Diario, 2017-04-06
http://www.eldiario.es/zonacritica/nacionalcatolicismo-cabalga-nuevo_6_630347000.html

Decía el inefable José María García que el rumor es la antesala de la noticia y aunque en esos años los periodistas de bien nos echábamos a temblar, viendo todo lo que le ha sucedido al oficio después, quizá a "Butanito" habría que proponerle para un premio Pulitzer. Si trasladamos el razonamiento de García a la política, podríamos asegurar –y en este caso sin temblar– que la mentira es el pasillo que lleva inevitablemente a la corrupción. Y a la vista del panorama parece que ha habido políticos de todos los colores decididos a pasar por esa zona estrecha y oscura que conduce directamente a la cueva de los ladrones.

José María Aznar se vanagloriaba hace unos días en un programa de televisión de su tristemente famosa foto en las Azores. A pesar de que esa reunión y lo allí decidido estaba presidido por la mentira, algo que ya nadie discute, y que desencadenó una guerra terrible, parece que al expresidente del Gobierno y expresidente del PP le da lo mismo. Quizá porque él, que con tanto convencimiento logró engañar a casi todos los directores de los más importantes diarios durante el 11-M asegurándoles que la autoría de la masacre correspondía a ETA, ha encontrado su lugar natural en la negación de la realidad.

Pero lo más sorprendente de estos tiempos en los que la sociedad empieza por fin a condenar con dureza a los corruptos y mentirosos –según el CIS, la segunda preocupación después del paro–, es que los tribunales se dedican a perseguir con ahínco a los que dicen la verdad, reclaman derechos o simplemente cuentan chistes. Muy especialmente si en los tres casos resultan afectados los restos del nacionalcatolicismo que reinó durante cuarenta años a la sombra del dictador y que aún hoy, otros cuarenta años después, sigue enquistado en muchas áreas de los tres poderes en los que se sustenta nuestra democracia.

Afirmar que el Valle de los Caídos es un monumento fascista, o que la cruz que lo preside es un horror, incluso hacer ironía o chistes sobre su pervivencia o, más aún, desear su desaparición, nunca jamás en una sociedad democrática puede ser delito. Y sin embargo ahí tienen a Dani Mateo y a José Miguel Monzón (El Gran Wyoming), empapelados por la Audiencia Provincial de Madrid por sus comentarios en El Intermedio, ese gran programa satírico que ante la pasividad periodística de los informativos convencionales de la televisiones comerciales y la complicidad partidista de los de las públicas, se ha convertido en una especie de faro para marcar el sendero de lo que sucede en realidad.

La semana pasada vimos cómo se las gastan algunos jueces durante el juicio y la condena a Cassandra Vera, ahora les va a tocar el turno a Dani y a Wyoming, pero en realidad ellos son solo la punta del iceberg de una situación alarmante. Una parte minoritaria y ultra de la sociedad, usando las leyes restrictivas que aprobó el PP de Mariano Rajoy durante su mayoría absoluta, quiere amordazar al resto. Y la explicación es sencilla. El poder engancha y une voluntades. Los que lo tuvieron tanto tiempo siempre se han resistido a perderlo del todo. Y los que más recientemente mintieron y se corrompieron no están dispuestos ni a dejarlo ni a que se descubra fácilmente el tamaño y el coste real de sus engaños.

miércoles, 5 de abril de 2017

#hemeroteca #transfobia | Los insultos y comentarios transfóbicos que Cassandra soporta a diario

Imagen: Público / Cassandra Vera
Los insultos y comentarios transfóbicos que Cassandra soporta a diario.
Christian González | Tremending, Público, 2017-04-05
http://www.publico.es/tremending/2017/04/05/los-tuits-sobre-carrero-blanco-los-insultos-y-comentarios-transfobicos-que-cassandra-soporta-a-diario/

El linchamiento personal al que Cassandra se enfrenta por su condición de transexual es diario. Desde que fue imputada y posteriormente condenada por hacer chistes en Twitter sobre el asesinato de Carrero Blanco, los insultos y comentarios transfóbicos son continuos.

Los ataques están alimentados desde diferentes medios de comunicación por columnistas, tertulianos y políticos del PP que se escandalizan por un chiste sobre el asesinato del número dos de la dictadura (hace 40 años y cuando la tuitera ni había nacido), pero no tienen reparos en insultar y burlarse de la condición sexual de una joven de 21 años.

A continuación, algunos ejemplos de los insultos y comentarios que Cassandra ha tenido que soportar:

“La barítona Cassandra”
“Lo primero que me sorprendió de la entrevista que ayer le hizo Ferreras a Cassandra Vera […] fue el timbre de su voz”. Así comienza el artículo titulado “Condenada Cassandra”, de Jorge Bustos, que fue publicado el pasado 31 de marzo en ‘El Mundo’. Y sigue: “Confieso que esperaba algo más melódico, o menos pedregoso, pero en todo caso no se me ocurriría bromear al respecto de la condición trans de la entrevistada, porque yo soy un hombre de mi tiempo”.

El texto también tilda a Cassandra de “barítona”: “Yo jamás diría en público que si las niñas del autobús tienen vulva, la barítona Cassandra en su lugar tiene Twitter”.

El “bigote” de la “perturbada”
Rafael Latorre es el autor de un artículo publicado en ‘El Español’ y titulado, nada más y nada menos, que “Una pobre perturbada”. En el cuerpo del texto, firmado por Rafael Latorre, se burla de su transexualidad con frases como esta: “No está bien reírse de los perturbados y no hace falta ser psiquiatra para deducir -no porque tenga bigote, por dios, sino por sus textos- que Cassandra es una pobre perturbada”.

Una concejal del PP: “¿Y esa cosa con bigote de dónde ha salido?”
La concejal del PP de Paiporta (Valencia) Amparo Císcar se burló de Cassandra, también haciendo alusión a su transexualidad. “¿Y esa cosa con bigote de dónde ha salido…? ¡Qué hartazgo por Dios!”, escribió en su cuenta de Facebook, como recoge el diario ‘Levante’.

Su comentario recibió varias críticas por su transfobia y Císcar se defendió, primero haciendo alusión a su "libertad de expresión". Posteriormente aseguró lo siguiente: “No sé qué hay de despectivo llamando Ramón a un señor que se llama Ramón. Su DNI da fe de ello. Y decir que tiene bigote, si lo tiene…”

Albiol: “Es evidente que estamos ante una anormal”
El presidente del PPC, Xavier García Albiol, llamó “anormal” a Cassandra durante una entrevista en el canal 13TV. Albiol, famoso por sus frases y comentarios xenófobos, dijo, tras contemplar una serie de tuits supuestamente escritos por Cassandra: “Es evidente que estamos ante una anormal. Una anormal. Porque si tú quieres ser profesor y te da asco, te da repugnancia los niños, pues la cosa es como bastante esquizofrénica”.

Constantes insultos en Intereconomía: “Es una pobre desgraciada”; “Tiene un problema mental”
Los ataques a Cassandra en canales ultras como 13TV o Intereconomía son diarios. En este último, eligiendo un programa al azar y escuchándolo un rato, podemos ver cómo se asegura que “tiene un problema mental” y la llaman “pobre desgraciada”. Además algún tertuliano se refiere constantemente a ella como "persona" o "Ramón" y, cuando le indican con cierta sorna que se llama Cassandra, asegura que no está "al tanto de las veleidades de género de esa persona"

En ese mismo programa, un tertuliano, el empresario y periodista Román Cendoya, se anima a hacer un chiste sobre Cassandra y Carrero Blanco: “Qué pensaría Cassandra si se hace algún chiste sobre ella y Carrero Blanco a la vez… Que se pueden hacer muchos… Sobre la sorpresa que se pueden llevar sobre su sexualidad y el susto que te puedes llevar, que puedes subir y bajar más rápido que el coche de Carrero Blanco”. […]

#hemeroteca #transfobia | Y la transfobia salió a la luz en el caso de Cassandra

Imagen: El Diario / Cassandra Vera durante el juicio
Y la transfobia salió a la luz en el caso de Cassandra.
La identidad de género de las personas trans es un juguete en manos de ciertos sectores de la sociedad, se utiliza para deshumanizarnos y, una vez desprovistas de nuestro carácter de ser humano, todo vale.
Amanda Azañón Teruel - Dinamizadora del Grupo de Políticas Transexuales de FELGTB | El Diario, 2017-04-05
http://www.eldiario.es/tribunaabierta/identidad-genero-subterfugio-criminalizacion_6_629997010.html

En principio, la ley es igual para todos los ciudadanos y las ciudadanas de este país. La expresión 'en principio' no es por casualidad. Se me viene a la cabeza cómo sacaba de quicio a Clara Campoamor la expresión "los derechos de la mujer serán en principio iguales a los del varón", por la carga de duda que conlleva.

El pasado 29 de marzo, la tuitera Cassandra Vera fue condenada a un año de cárcel y siete de inhabilitación por publicar una serie de tuits con chistes sobre el atentado a Luis Carrero Blanco. Según la sentencia, dichos tuits "constituyen desprecio, deshonra, descrédito, burla y afrenta a las personas que han sufrido el zarpazo del terrorismo", que son "una realidad incuestionable que merecen respeto y consideración", haciéndose una aplicación literal del artículo 578 del código penal.

Pero no son ni los tuits ni la sentencia lo que me lleva a escribir este artículo. Son las circunstancias de la acusada. En este caso ella, como yo, es una mujer trans que, según se desprende del transcurso del juicio, no debía de tener hecho el cambio registral.

Durante todo el juicio la sala trató en masculino a la acusada, un ejemplo evidente de transfobia. Esto no sólo es una falta de respeto, sino que supone una humillación innecesaria. Una cosa es identificar a la procesada pidiendo que diga en voz alta al presidente del tribunal su nombre legal, el que viene en el DNI, y otra muy distinta tratarla en masculino indiscriminadamente durante todo el juicio.

Me extraña que el magistrado no encontrara ninguna fórmula adecuada para salir al paso tal como utilizar un lenguaje neutro o utilizar el apellido en vez del nombre de pila. ¿No pudo? ¿No supo? ¿No quiso? ¿No vio necesidad? Sea cual sea la respuesta, todas nos conducen a la conclusión de que la transfobia está muy presente todavía en nuestra sociedad y se manifiesta en muy diversos ámbitos y formas.

Resulta especialmente preocupante que esta situación se dé en un juicio donde la sentencia está basada precisamente en castigar el desprecio, deshonra, descrédito, burla y afrenta a víctimas.

Cierto es que la ley de enjuiciamiento criminal no dice expresamente que haya que tratar con respeto a los procesados de una causa; en cambio, sí que se pide explícitamente para los miembros del tribunal o de las víctimas si las hubiere durante el juicio oral. Todo esto resulta preocupante si se supone que rige el principio de presunción de inocencia.

Cassandra también está siendo sometida al juicio paralelo de la calle y los medios de comunicación (y, claro está, de las redes sociales, origen de toda la polémica), y con ellas las frases odiosas y frívolas: "No le falta al respeto, es lo que dice el DNI", "no le falta al respeto, es que es un tío", "no lo digo yo, es que la ciencia dice que….".

La identidad de género de la acusada pasa a convertirse en una agravante a ojos de la calle. ¡Si cometes un delito y eres trans, el delito es mayor! La identidad de género de las personas trans es un juguete en manos de ciertos sectores de la sociedad, se utiliza para deshumanizarnos y, una vez desprovistas de nuestro carácter de ser humano, todo vale.

Ser trans te convierte en sospechosa de facto. Recuerdo aún con gran detalle un soleado día de principios del verano de 2011 mientras esperaba el tren en la estación de Madrid Chamartín para volver a casa al después de un largo día de oficina. Me senté en una de las sillas enfrente de los indicadores de las salidas y llegadas, había todo tipo de gente: un señor mayor con sus nietos, oficinistas, mochileros… En esto que se me acercó la policía. Habría más de cien personas, pero se acercó a mí. ¿Por qué precisamente a mí? "Documentación por favor. ¿Qué haces aquí? ¿A dónde te diriges?", me preguntaron mientras me trataban en masculino todo el rato y de tú (obviamente no era merecedora del usted para ellos).

Por aquel entonces llevaba apenas una semana de transición, se reconocía a kilómetros mi condición de persona transexual. Yo me hacía muchas preguntas, ¿por qué a mí? ¿Me llevarían detenida? Tenía miedo, sentía vergüenza y también rabia, me parecía todo tan injusto. ¿De verdad que mis derechos eran los mismos que el resto de los ciudadanos? ¿O solo iguales "en principio"?

La gente nos miraba, y todavía me pregunto qué pasaría por sus cabezas: "A saber qué ha hecho", "si le han detenido por algo será", "que espera que le pase con esas pintas", "qué escándalo, cómo se atreve a venir así, con la de niños que hay aquí"... Me dejaron marchar, pero el daño ya estaba hecho. Me habían señalado y puesto en evidencia en público.

Es cierto que la transexualidad se empieza a contemplar con cierta cotidianeidad, pero está lejos todavía de que se nos considere iguales a las demás personas. Por eso, entre otros muchos motivos, necesitamos urgentemente la Ley de Igualdad LGTBI que presentó FELGTB hace unos días en la Comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados.

Porque queremos que nuestros derechos sean realmente iguales al resto de las personas y no sólo "iguales en principio".

jueves, 30 de marzo de 2017

#hemeroteca #transfobia | El juicio a Cassandra Vera, ¿despropósito o transfobia?

El juicio a Cassandra Vera, ¿despropósito o transfobia?.
Violeta Assiego | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2017-03-30
http://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2017/03/30/condena-cassandra-vera/

¿Quién humilló a quién? Esa es la pregunta que me surge tras ver algunas imágenes del juicio a Cassandra Vera y leer la sentencia que la condena a un año de prisión, siete de inhabilitación y a pagar las costas del juicio por considerarla culpable de un delito de humillación a las víctimas del terrorismo por 13 tuits publicados entre noviembre de 2013 y enero de 2016. Aunque para ser exactos deberíamos decir que le han considerado culpable a él, no a ella. Por cierto, mucha gente no sabía que Cassandra es una mujer trans hasta que en la vista del juicio se ha escuchado a D. Pedro Martínez Torrijos (el Fiscal) y a los tres magistrados dirigirse a ella como si fuera un varón y no como mujer.

Al margen de que se supiera o no que Cassandra es una chica transgénero, lo relevante es que ella no se identifica como varón y ni se nombra como tal ni desea ser reconocida con una identidad masculina. Partiendo de esto, la sala de lo Penal de la Audiencia Nacional debería haberla tratado como mujer durante la vista oral máxime cuando el eje central de la discusión era la humillación, el menosprecio, el descrédito, la perdida de estima, los amores propios heridos, la actitud irrespetuosa y… la dignidad de las personas.

Al leer la sentencia -además de discrepar con la calificación penal de los hechos- compruebo como en hasta (al menos) medio centenar de veces la Sección 4ª de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional se dirige a Cassandra como ‘el acusado’, ‘el declarante’, ‘el dicente’, ‘el detenido’, ‘el autor’… Es necesario señalar que este es un documento público, al igual que lo ha sido la vista oral donde en ningún momento se tuvo la consideración de dirigirse a a Cassandra como mujer.

No sería disparatado pensar -teniendo en cuenta que no han pasado ni 25 años desde que se derogó completamente la Ley de Peligrosidad Social- que este tratamiento pudiera responder no solo a la falta de protocolos internos para estos casos o al desconocimiento de las buenas prácticas que se aconsejan para respetar los derechos de las personas trans, sino a algo más. A algunos periodistas y colegas les he escuchado decir que este tratamiento como varón a Cassandra podría haber sido una ‘forma sutil de machacarla’, y yo les reconozco que no lo veo tan sutil pues solo encuentro ofuscación al nombrarla reiteradamente como varón.

Creo que es necesaria alguna explicación, aclaración o disculpa por esta situación, a mi juicio, no aceptable. Es importante un gesto que permita enmarcar, si es que es posible, esa falta de tacto, máxime en estos tiempos donde desde un sector ultraconservador se viene haciendo una campaña feroz contra la comunidad trans con el famoso ‘las niñas tienen vulva y los niños tiene pene’.

De lo contrario me surgirían muchas preguntas tras este proceso, este juicio y esta sentencia como por ejemplo que ¿quién buscaba desacreditar a quién si siendo mujer te nombran como varón?, o ¿quién menosprecia a quién si te juzgan sin reconocerte como eres?, o ¿quién resta valor y estima a quien si te obligan a responder bajo un nombre con el que no te identificas?, o ¿quién hiere el amor propio de quien cuando de forma pública y notoria te señalan como el hombre que no eres?. En definitiva, ¿quién menoscaba la dignidad de quién si en un juicio supuestamente justo te tratan de manera degradante?

Me uno a quienes consideran que la condena a Cassandra es un ataque a la libertad de expresión, pero añado que no solo por sus 13 tuits sino porque se le ha negado la posibilidad de defenderse bajo su verdadera identidad. ¿Quién ha humillado a quién? Para mi no ha quedado demostrado, máxime tras escuchar a la nieta de Carrero Blanco.