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sábado, 19 de julio de 2025

#hemeroteca #lgtbi #lgtbifobia | Lo que hay fuera de nuestra pequeña y preciosa burbuja

Una manifestación del Orgullo LGTBI+ //

Lo que hay fuera de nuestra pequeña y preciosa burbuja

Andrea Momoitio | Público, 2025-07-19

https://www.publico.es/opinion/columnas/hay-fuera-nuestra-pequena-preciosa-burbuja.html

Fuimos a Logroño a celebrar el cumpleaños de una amiga. A celebrar su cumple y al Morrete Fest, sí. Es un festival gratuito que, cada verano, trata de inundar Logroño de música y cultura. ¿El objetivo concreto? Visibilizar el talento LGTBQIA+. Tocaba Jimena Amarillo y, claro, aquello estaba lleno de lesbianas. Es fácil que un grupete de gente queer de Bilbao en Logroño caiga en la tentación de creer que nuestra vida, en una ciudad más grande, es más amable. Las personas LGTBQIA+ tendemos a huir de nuestros lugares de origen. Sobre todo, si son pequeños. Hemos llamado a esos movimientos sexilio. 

En Armarios de paja, un especial de Pikara Magazine sobre el tema, decíamos que el sexilio "son movimientos a las grandes ciudades en busca de libertad, anonimato, tolerancia y afecto". Lo cierto es que este mismo monográfico, así como en otros trabajos después, cuestiona también que la ciudad sea siempre, per se, un lugar de mayor libertad. En las urbes, sobre todo las más grandes, la sensación de libertad y anonimato es mayor. Pero, claro, también nuestros agresores son más libres y anónimos. Óliver Solano explicaba para el reportaje Identidades rurales LGTBI: los tonos grises de Extremadura que "en el pueblo prima la identidad del hijo de la Emilia o el nieto de, en lugar del Óliver gay". Entonces vivía en uno de los núcleos con mayor población de Extremadura y ahí, en ese municipio más grande, había sufrido agresiones verbales directas que no había vivido nunca en su pequeño pueblo: "En mi pueblo, si alguien me agrede, sé quién es y le voy a señalar". 

El caso es que, a pesar de saber todo esto, es fácil que un grupete de gente queer de Bilbao en Logroño caiga en la tentación de creer que nuestra vida, en una ciudad más grande, es más amable, que tenemos más herramientas, más opciones, más libertad, más de todo. Es cierto que, en mi caso, salir de mi pueblo fue la mejor decisión que he tomado en mi vida, pero Bilbao no ha sido nunca el paraíso soñado. No lo es tampoco Logroño, por supuesto. Aunque, eso sí, mientras Jimena Amarillo cantaba eso de «cuando me tocas siento que floto», el pequeño parking en el que se organiza el Morrete Fest sí se parecía mucho a la gloria. 

Y nos fuimos contentas de Logroño, pero, de pronto: la realidad. Unos días después, el 28J, en Logroño, varias personas LGTBQIA+ sufrieron agresiones físicas y verbales. Dos mujeres trans terminaron en Urgencias. Una de ellas con lesiones que necesitaron de una cirugía reconstructiva facial. Varios activistas de la asociación GYLDA fueron increpados por un grupo de hombres, aparentemente en una despedida de soltero. Uno de ellos, disfrazado de plátano y en actitud violenta, intentó agredir a una de ellas mientras gritaba "putos maricones a Gaza" [qué casualidad que también sea sionista, vaya] o "iros con las banderitas a vuestra puta casa". En Fuenmayor, un pueblo a 15 minutos de Logroño, una vecina recibió un huevazo contra la bandera que tenía colgada en su balcón. 

Parece que querían recordarnos que da igual cuánta música pongamos, cuánta alegría llevemos, cuántas veces gritemos "aquí estamos". El peligro sigue ahí. Y sí: somos muchas. Y sí: ocupamos las calles cuando nos dejan. Pero fuera de nuestra pequeña y preciosa burbuja, todavía hay quien se cree con el derecho a señalarnos, a insultarnos o a pegarnos dos hostias. Porque sí. Durante el festival me fijé muchas veces en una chavala trans que estuvo sola toda la noche. Tuve la tentación de acercarme, pero no lo hice. ¿Sería alguna de las agredidas? 

Es fácil caer en la tentación de creer que ya hemos atravesado todos los dolores que nos toca atravesar por ser quienes somos, pero, de repente, así, sin previo aviso, vuelve a inundarnos esa sensación de rabia y miedo. ¿Hasta cuándo? Es innegable que aquí, aquí y ahora, existen mecanismos que pueden ayudar a defendernos de la violencia, pero ¿hasta cuándo vamos a tener que ponerlos continuamente en marcha? No es solo que te insulten, que te den un puñetazo, que lancen un huevo a la bandera o que te chisten por la calle. Es el silencio que viene después, es la sensación de estar continuamente expuesta, en riesgo. En Fuenmayor, en Logroño o en Bilbao. Da igual. Porque, en todos lados, nuestra existencia parece una mera provocación. 

Será que el paraíso, para nosotras, está en construir redes sólidas, en no normalizar lo insoportable, en no callarnos y, por qué no, en saber callar cuando el peligro es evidente. En señalarnos entre nosotras y decir: "Yo te veo", "yo te creo", "yo te cuido". En seguir levantando festivales, casas, espacios, proyectos y memorias en los que arroparnos entre nosotras. En hacerlo juntas: con miedo y sin él, claro. 

Un abrazo larguísimo a las compañeras de GYLDA, a las víctimas de las agresiones, a la vecina de Fuenmayor y a todas las que lo necesitéis.

sábado, 15 de julio de 2023

#hemeroteca #homofobia #memoria | Maricones en los arrabales del idioma

Público / Federico García Lorca (c) en Cuba //

Maricones en los arrabales del idioma
Andrea Momoitio · Periodista y escritora | Otras miradas, Público, 2023-07-15

https://blogs.publico.es/otrasmiradas/74312/maricones-en-los-arrabales-del-idioma/

Justo estos días, que ando dándole vueltas al miedo, ha caído en mis manos un libro que ha resultado ser una joya tenebrosa. ‘El sexo de sus señorías. Sexualidad y tribunales de justicia de España’, de Juan J. Ruiz-Rico (1947-1993), catedrático en Derecho Constitucional. Esta obra, que apareció ante mis ojos en un mercadillo, fue publicada un par de años antes de la muerte de Ruiz-Rico. Es un repaso, pormenorizado, por diferentes sentencias de tribunales españoles sobre asuntos relacionados con la sexualidad, la homosexualidad, el travestismo y un largo etcétera de maneras distintas de vivir. Desconozco qué opinión tenía el autor, en su fuero interno, sobre la homosexualidad, pero en el libro asegura que, según su parecer, "la homosexualidad es solamente una (diversificada) forma de expresión de la sexualidad, minoritaria si se quiere pero que, como tal, no implica nada positivo o negativo". Él mismo asegura que no ha sido ese el parecer de las leyes españolas históricamente.

Ahora, que nuestros derechos parecen estar, una vez más, en riesgo, quizá conviene recordar qué ha opinado la justicia española sobre nosotras. Algunos datos recogidos aquí y allá: El fuero de Cuenca (1190) condenaba bajo pena de muerte en la hoguera a las personas que "se viciaran por el ano". El ‘Fuero Juzgo’ –código legal elaborado en León en 1241 bajo el reinado de Fernando III– y el Fuero Real –texto promulgado por Alfonso X de Castilla para homogeneizar las leyes vigentes– castigaban la homosexualidad con la castración. Los Reyes Católicos ordenaron en 1497 que fuera quemado un individuo acusado de un delito "no digno de ser nombrado" y, durante la Inquisición, ni siquiera podemos aproximarnos a saber cuántas personas pudieron ser condenadas por sodomía. Sin embargo, a excepción del código penal de 1928, ninguno –excepto el Código de Justicia Militar– ha condenado directamente la homosexualidad como un delito. Eso sí, se han llevado a cabo distintas estrategias para condenarnos al ostracismo, para imponernos castigos y penas de todo tipo.

Juan J. Ruiz-Rico asegura en ‘El sexo de sus señorías. Sexualidad y tribunales de justicia de España’ que "no hay un solo comportamiento sexual delictivo (exhibicionismo, abusos deshonestos, violación) que merece un lenguaje tan duro como el que emplea el Tribunal Supremo para referirse a este grupo con un comportamiento sexual que, en cuanto tal y si no existen determinadas circunstancias, ni siquiera es delito. Por tanto, la animadversión a los homosexuales tiene tal entidad que donde no es posible efectuar una condena jurídica se formula una intensa condena moral". Pero la estrategia siempre ha sido la misma y, ojalá me equivoque, lo seguirá siendo: Si no existen circunstancias, se provocan.

Es curioso porque el autor dice que esa beligerancia es propia de las condenas relacionadas con actos de homosexualidad entre dos hombres –hablaremos más adelante del único caso que encontró de lesbianismo– y ni siquiera se presenta tan violento en las sentencias relacionadas con las personas trans. Según sus palabras, puede deberse a que las primeras sentencias relacionadas con la transexualidad aparecieron ya con la Constitución, pero cree que con ese argumento se queda corto: "Hasta hace poco tiempo la jurisprudencia –y seguramente la sociedad– no reconocía al transexual como tal; más bien lo confundía con un homosexual de la especie ruidosa". Tremendo.

En sentencias de tribunales españoles podemos encontrar todavía alusiones a la homosexualidad como "anormalidad o desviación sexual", "antinatural práctica"; "vicio antinatural"; "vicio nefando" –que resulta abominable por ir contra la moral y la ética–; de "naturaleza enfermiza". Recuerden: sin ser considerado delito. Las leyes de Vagos y Maleantes primero y la de Rehabilitación y Peligrosidad Social tampoco entendían la homosexual como delitos sino como faltas y, por eso, no se aplicaban ‘penas’ sino medidas de rehabilitación.

Grave vicio sodomítico

En 1970 se publica una sentencia que, según Ruiz-Rico, solo refleja la posición que mantenía la sociedad española en ese momento ante la homosexualidad. El caso es que un tipo denuncia a otro porque le ha llamado "maricón". El denunciado, además, decía que podía demostrar el "grave vicio sodomítico" del denunciante porque lo había encontrado "con un tío" con los calzoncillos a la vista. El Tribunal aseguraba que ese "maricón" se trataba de una expresión creada "en los arrabales del idioma", pero que no podía presentar un "propósito injurioso" por sí mismo. Eso sí, asegurar que le había visto en esa actitud sí que constituía una grave injuria al atacar su "dignidad varonil y su buen nombre". En otra ocasión, en 1964, un hombre denuncia a otro por haber tratado de besarle en una habitación. Tras el escándalo del ofendido, el Tribunal declara que su actitud estaba completamente justificada pues había reaccionado a "tiempo contra la perversidad sexual de su atacante".

Los ejemplos se suceden en ‘El sexo de sus señorías. Sexualidad y tribunales de justicia de España’, pero, a pesar del ejercicio de buceo en la jurisprudencia, Ruiz-Rico solo encuentra una sentencia relacionada con el lesbianismo. En este caso, la demandada es acusada de corrupción de mujeres. La procesada, de la que no sabemos qué edad tenía entonces, era acusada de iniciar en "prácticas homosexuales" a una niña de trece años. Tras tres años manteniendo relaciones, ambas escaparon de su ciudad natal y estuvieron 18 días escondidas en otra ciudad andaluza hasta que el padre de la más pequeña dio con ellas. Esto, aseguraba el Tribunal, fue tiempo suficiente para "para producir los peculiares efectos degradadores de la moral sexual" y producir en ella "secuelas que en su formación normal e inestabilidad psiquiátrica".

Acusada de corrupción de menores, en 1978 presentó un recurso de casación que no fue admitido a trámite. Aseguran que "la víctima" fue "pervertida y desviada" "de sus naturales inclinaciones", que continuó con dichas relaciones "en relativa clandestinidad" hasta que trascendieron "únicamente ciertos rumores". Tanto el vecindario como las familias sufrieron "los naturales sentimientos de escándalo y reprobación". La más mayor fue condenada a "tres años y siete meses de prisión menor, seis años y un día de inhabilitación especial, con sus efectos genéricos y en los concretos para todo cargo que lleve consigo educación o guarda de menores y 10.000 pesetas de multa".

Dónde estarán ahora

Justo estos días, que ando dándole vueltas al miedo, propongo que estemos más atentas que nunca a cómo retuercen las palabras porque, en el fondo, lo único que pretenden es ahogarnos.

sábado, 25 de junio de 2022

#hemeroteca #lgtbi #memoria | Ni OTAN, ni Reagan, ni Papa que nos bendiga

Público / Protesta de EHGAM por la visita de Reagan, 1985 //

Ni OTAN, ni Reagan, ni Papa que nos bendiga.

Andrea Momoitio · Periodista en 'Pikara'. Autora de 'Lunática' | Público, 2022-06-25

https://blogs.publico.es/otrasmiradas/61112/ni-otan-ni-reagan-ni-papa-que-nos-bendiga/ 

EHGAM [Euskal Herriko Gay-Les Askapen Mugimendua] lleva dando caña desde los años setenta. Un encuentro casual en la feria Durango fue la semillita para organizarse y el contexto sociopolítico les marcó los primeros objetivos de su agenda. En junio de 1977, en Barcelona, se celebraba la primera manifestación del Orgullo y en noviembre de ese mismo año, en Bilbao, la segunda. EHGAM, el Comité de Prostitutas de Cortes, el Comité de Apoyo a la COPEL, la Asamblea Feminista de Bizkaia y los primeros objetores de conciencia se organizaron en la Coordinadora de Marginados de Bilbao para pedir la abolición de Ley de Peligrosidad tras la muerte en prisión de María Isabel Gútierrez Velasco.

EHGAM sabía ya que la agenda del movimiento LGTBQI+, aunque entonces no lo nombrasen así, iba más allá de aquellas siglas y apostaron por moverse cerca de otras luchas. La diversidad de su agenda se vislumbra en los temas de los que se preocupan en los textos de ‘Gay Hotsa’, la revista que estuvieron publicando entre 1977 y 1995. En su primera portada, por ejemplo, denunciaban la situación de las y los presos sociales en las cárceles españolas. Trabajaron en la clandestinidad hasta 1983, tres años después de que Euskadiko Ezkerra, PCE y PSE-PSOE, gracias al trabajo previo de EHGAM en esa línea, presentasen en el Parlamento Vasco una proposición no de ley solicitando la legalización y reconocimiento de EHGAM y de ESAM [Emakumearen Sexual Askatasunaren Mugimendua]. Ese mismo año, por cierto, se reformó también el Código Penal para la despenalizar la operación de reasignación de sexo.

La revista ‘Gay Hotsa’ es una fuente muy poco explorada hasta ahora para conocer cuáles fueron las primeras demandas y acciones del movimiento LGTBQI+, pero, además, sirve también para entender en qué situación se encontraban las personas del colectivo. La sección de contactos da pistas, por ejemplo, para entender hasta qué punto era complicado entonces estar fuera del armario; a través de la publicidad podemos intuir qué bares de la ciudad eran los más concurridos y cuáles eran las primeras librerías y saunas; decenas de textos evidencia su preocupación por la lucha contra el VIH; sabemos también cuáles eran sus demandas de reconocimiento público, los cambios legislativos que exigían, a qué jornadas acudían o en qué debates andaban enredados y enredadas. En el Dipòsit Digital de Documents de la UAB encontramos muchos de ellos.

Hay tanto para explorar que es muy fácil encontrar joyitas.

El número 27 de la revista se editó entre abril y mayo de 1985. Es el número 27 y es de 20 páginas. En esa época ya ofrecían la posibilidad de suscribirse. Por 500 pesetas podías recibir la revista en cualquier punto de Andorra, España o Portugal y, por 1500 pesetas, en cualquier parte del mundo. Debía de llegar a otros territorios porque es habitual encontrar mensajes internacionales en la sección de contactos. Este, por ejemplo: "Estudiante norteamericano guapo, rubio, ojos azules, buen físico y masculino, quiere conocer a un muchacho español, guapo y no afeminado para establecer amistad". La dirección es de Lousiana (Estados Unidos).

Ese número, el número 27, la portada recoge una protesta.

En mayo de 1985, Ronald Reagan visitó España. El país había entrado en la OTAN en 1982, pero Felipe González, ganador de las elecciones ese mismo año, aseguraba estar en contra de la permanencia en la alianza. En 1984, cambió de postura y las calles protestaron por su engaño. En ese contexto, la visita de Reagan se encontró ante la oposición del pueblo. ‘El País’ publicaba entonces que en Madrid se manifestaron en contra de esa visita "decenas de miles de personas –500.000, según los organizadores, y 75.000, según la cifra dada por la dotación del helicóptero de la Policía Nacional que sobrevoló la zona–". En Bilbao, por supuesto, también se protestó. El 5 de mayo, jueves, estaba convocada una protesta por parte de movimientos sociales, sindicatos, partidos políticos. Eso sí, EHGAM puso a la protesta un aire un poco distinto. Imanol Álvarez, memoria viva del aquel EHGAM, estaba allí. No solo estaba allí sino que era el mismísimo Reagan. ¿Y quién era Nancy Reagan? Antonio Gracia José, conocido como Pierrot, uno de los más famosos transformistas de esa época.

Sí. Sí.

La protesta en Bilbao fue festiva. En un coche descapotable, vestidos para la ocasión, un Ronald Reagan y una Nancy Reagan paseaban por la ciudad. ¿El lema? El titular de este artículo: "Ni OTAN, ni Reagan, ni Papa que nos bendiga". Álvarez se acuerda "más o menos", de los disfraces que llevaba también el resto: "Matones con metralleta, animadoras con falditas y barba, y un Reagan, o sea yo, rejuveneciendo por momentos, ya que la incipiente lluvia me iba borrando las arrugas maquilladas. Nancy, o sea Pierrot, me dijo: "Oh, Ronald, ¡cada vez estás más joven! con un acento que ni Doña Croqueta". Iban en un coche, "un dos caballos descapotable", con la bandera de EEUU. Por su parte, Pierrot, que falleció en 2011, recordaba también la anécdota en su libro ‘Memorias trans: transexuales, travestis, transformistas’. Contaba, además, que a raíz de esa protesta y porque esos días presentaba uno nuevo espectáculo en Bilbao, el periódico ‘Egin’ le dedicó una página completa. El titular: "Pierrot. Espektakulo gay-an sarturiko catalán abertzalea" [Pierrot. El catalán ‘abertzale’ que llega al espectáculo gay].

En ese mismo número, el mismo Imanol Álvarez entrevista al mismo Pierrot. Le preguntaba, para acabar, que si quería decir algo más: "Sí. Que me gustaría que la próxima entrevista se publicara en la misma revista vuestra, pero a todo color y con 80 páginas, y que yo pudiera decirte que estoy haciendo el espectáculo que a mí me gustaría poder hacer ahora". Si esa entrevista se hizo, no la he encontrado.

Este año, en Madrid, la Cumbre de la OTAN obliga a retrasar el Orgullo.

lunes, 28 de marzo de 2022

#hemeroteca #feminicidio #memoria | Andrea Momoitio: “Seguramente, yo me apartaría de María Isabel si me la cruzase en la calle”

El Salto / Andrea Momoitio //

Andrea Momoitio: “Seguramente, yo me apartaría de María Isabel si me la cruzase en la calle”.

La periodista Andrea Momoitio ha publicado el libro ‘Lunática’ (Libros del KO, 2022) en el que recupera una historia que tiene todos los ingredientes para emocionar.
Gessamí Forner | El Salto, 2022-03-28
https://www.elsaltodiario.com/trabajo-sexual/andrea-momoitio-seguramente-yo-me-apartaria-de-maria-isabel-si-me-la-cruzase-en-la-calle 

La periodista feminista bilbaína Andrea Momoitio pidió el pasado año unos meses de excedencia de su lugar de trabajo, la revista Pikara, para escribir un libro. En ‘Lunática’ (Libros del KO, 2022) aborda temas que le apasionan: su barrio, lo quinqui, la salud mental, el incipiente movimiento feminista de los años 70, los márgenes. Su protagonista es una vecina que murió en comisaría con 23 años. Era prostituta, la detuvieron por robar en El Corte Inglés y su fallecimiento conmocionó a sus compañeras, que se organizaron en un comité y propiciaron una huelga. No desea mitificar a María Isabel ni a esa huelga que no consiguió ninguna de sus reivindicaciones, pero recupera una historia que tiene todos los ingredientes para emocionar. Como sus reportajes, está maravillosamente escrita y no le falta rigor. “En periodismo, el rigor es un valor seguro”, asegura.

¿Por qué María Isabel?
Conocía la historia a través de la gente del barrio y echando una mano a la Asamblea de Mujeres de Bizkaia, ayudándoles a transcribir las primeras entrevistas que hicieron a las primeras activistas de la Asamblea, que también la nombraban. En 2018, Pikara preparó un especial de otras huelgas y escribí un reportaje titulado “Las putas que clamaron por María Isabel”. Me quedé más o menos satisfecha, porque pude entender a grandes rasgos qué quería el Comité de prostitutas de Cortes y por qué convocaron la huelga, pero me quedé con curiosidad por saber quién era ella. Se muere quemada, dicen que por un pastel, tiene un hijo pequeño…

Para un reportaje no había lugar a indagar más, pero poco a poco empecé a mirar cosas: un día fui a Basauri para ver si conseguía su partida de defunción y, al leerla pensé, “mira, es de Santander”. Y fui a Santander a ver si me daban la de nacimiento, donde aparecían el nombre de su madre y su padre. Tiré del hilo y conociéndola comprobé que había historia. Se lo propuse a Libros del KO y les encajó.

Dices en el libro que te obsesionaste.
Sí, es una tipa que para hablar de ella tenía que hablar de cosas que me gustan y me interesan mucho: este barrio, el barrio chino de Santander, mucha cárcel, presos sociales, la locura, la Ley sobre peligrosidad y rehabilitación social [entró en vigor en 1971 y no fue derogada completamente hasta 1995], el Patronato de Protección a la Mujer, el incipiente movimiento feminista. María Isabel reunía todos los temas que me interesaban. Todo puede vincularse con ella o su momento. Y luego, lo quinqui, que también me llama mucho la atención.

Has sido muy meticulosa.
Sí, porque de las cosas que nos enseñaron en la carrera de Periodismo con lo único que me quedé es con el rigor. Me parece un valor absoluto, por eso me gusta leer periodismo, porque hay una confianza importante con lo que te cuenta entre quien escribe y quien lee. Y yo quería eso, una historia contrastada para que quien lee el libro confíe en mí, y que sepa que cada cosa que digo ha sido comprobada y que, cuando no he podido comprobarla, así lo digo, para que no se rompa esa relación.

Yo confío en ti. ¿Qué dirías que significó esa huelga de prostitutas?
Poca cosa.

¿Por qué?
De hecho, me da miedo que el libro la distorsione y haga que parezca más de lo que fue y, aunque no le quiero restar valor, ni muchísimo menos, porque fue importante, lo cierto es que no consiguieron ninguna de sus reivindicaciones y que el Comité prácticamente desapareció un mes después de su creación. Entendemos que surge con la muerte de María Isabel, el 9 de noviembre de 1977, en el funeral, probablemente, donde se juntan y se constituyen. Pero un mes después, en diciembre y en Leioa, donde se organizan las jornadas feministas de Euskadi, ya han desaparecido. Cosa que a mí lo que me hace pensar es que es muy atrevido afirmar que llegaron a constituirse.

¿Ha habido algún otro intento de constitución de algo así?
Que yo conozca en el barrio, no. Las Oblatas es una orden religiosa que está bastante vinculada al mundo de la prostitución y al mundo de la trata; no sé si por ahí ha podido darse alguna iniciativa por parte de las prostitutas. Y lo más parecido quizá es Askabide, que se constituye bastante más tarde y nunca ha sido un espacio de prostitutas autónomas.

¿Por qué ‘Lunática’? Dices que no te gusta hablar de enfermedad mental.

El título viene por varias razones: por un lado, es una palabra que se vincula a menudo a la locura y me parecía que, sin ser evidente, podría ser una palabra bonita. También tiene que ver con que una compañera de María Isabel declaró en ‘Cuadernos para el diálogo’, un periódico de la época, que tenía muy mala luna, pero que cuando estaba con ellas estaba bien. El problema llegaba cuando se la llevaban psiquiatrizada en contra de su voluntad y cuando la detenían. Además, uno de los capítulos es su carta astral, que no sé si es muy riguroso pero sí muy divertido, dice que la luna tiene cierta relevancia, tanto en su nacimiento como en su muerte. Y también por la famosa canción titulada “La luna de Bilbao”.

¿El hermano se ha leído el libro?
No creo. Ni siquiera me ha confirmado que lo ha recibido.

¿Cómo dirías que ha cambiado tu barrio y el de María Isabel de 1977 a ahora?
Muchísimo, tanto que cuando me cuentan como era antes me cuesta creerlo. En la calle San Francisco falta todo el comercio de entonces: joyerías, peleterías, y el cine. Y la calle Cortes prácticamente está desconfigurada, con una calle perpendicular que desapareció. Y faltan los cientos de clubs que había. Los bilbaínos y bilbaínas me dicen que esto era como un París, que debe de ser una exageración, pero debía de ser impresionante. Dicen que era un barrio al que acudían los matrimonios. Eso me hace mucha gracia, parece que si iban matrimonios lo convertían en un lugar más digno. La gente venía a ver espectáculos, los travestis que actuaban, música en directo. Era un lugar con mucha vida, bullicio y luces de neón. Una fantasía que ahora no tenemos.

¿Y los márgenes de hoy se parecen a los de 1977?

Son los mismos. Las personas que se veían afectadas por la Ley de peligrosidad y rehabilitación social son las mismas que hoy siguen completamente reprimidas y oprimidas. Podían aplicártela si tenías problemas de salud mental, si ejercías la prostitución, si eras trans, marika o bollera, si eras un menor de edad rebelde de su familia y, bueno, eso de menores no acompañados nos suena mucho hoy en día.

¿Puedes contarnos brevemente la historia de María Isabel sin hacer spóiler?

Es una chavala que se queda huérfana de padre a una edad temprana y, con su madre y hermanos, se muda de Astillero a Santander, donde empiezan los problemas. Imagino que la madre se encuentra en una situación muy complicada para sacar adelante a sus hijos y empieza a tener problemas para controlar, por decirlo de alguna manera, a María Isabel y su hermano Lolo. Empiezan las detenciones y su custodia cae en manos del Patronato de Protección a la Mujer. De Santander la mandan a Salamanca, de ahí la rebotan y, calculo que a los 19 años, llegó a Bilbao a trabajar de prostituta, como declaró en algunas detenciones.

Y muere por un pastel.

No, ese es el gran mito. Es verdad que ella tuvo una movida con un pastel en el bar Alisas. Cogió un pastel de la barra y al camarero le pareció que no tenía actitud de querer pagarlo, aunque ella siempre afirmó que lo quería pagar, y la detuvieron. No por eso, sino porque reventó el garito. Volvió de manera recurrente a montarles cristos, intentó incluso apuñalar a uno de los camareros. Eso del pastel le hizo mucho daño y quedó como algo recurrente. Por eso cuando apareció muerta, y al estar detenida por robar, sus compañeras pensarían que tenía que ver con el pastel, pero no. Ese día la detuvieron por robar en El Corte Inglés. Me imagino que hablaba tanto de ese pastel que todo el mundo creyó que murió por él.

¿Qué simboliza María Isabel?

El hartazgo. Imagino que esas mujeres empezaban a ver ciertos cambios. Estamos en el 77, se movían cosas, se empiezan a hacer demandas, como la amnistía, y entiendo que intuyeron rápido que para ellas no iba a haber nada. Que esa democracia, esos cambios y esas reformas que se estaban poniendo en marcha, a priori, con ellas iban a pasar de largo. Y entonces aparece una chavala de 23 años muerta en la cárcel. Una chavala que sus compañeras sabían que era problemática, con problemas de salud mental, que conocían a su niño, que sabían que necesitaba de una protección mayor y dijeron: hasta aquí hemos llegado. María Isabel fue una chispa. Siempre pasan estas cosas. Mi profe Igor Ahedo llamaba a esto “imposición repentina de agravios”. Es habitual.

¿Cómo está yendo la promoción?
Estoy muy contenta porque está teniendo mucha visibilidad y las presentaciones han ido bien. Toca tantos temas que es fácil que pueda llegar a mucha gente.

¿Con qué te quedarías de todo lo que abordas en el libro? ¿Lo quinqui, el ambiente?
Todo eso está. Esa gente, ese ambiente. Es la gente de la que nos avergonzamos hoy también. María Isabel es la típica tía que si la tienes en tu familia te avergüenza. Y probablemente, nadie lo diga con esa crudeza, pero es la gente que da problemas, da la nota, dificulta la vida a su entorno porque con la mierda de estructura de psiquiatría que tenemos, esas personas tienen muchas dificultades. Sigue dándose supongo que de una manera distinta, pero tenemos muchas maría isabeles en el barrio. La típica tía de la que te apartas un poco, porque viene a comerte la oreja y no la entiendes. Y no quiero que parezca otra cosa porque ella tiene un libro. Seguramente, yo me apartaría de ella si me la cruzase.

¿Va a cambiar un poco eso ahora que se habla más de salud mental?
No es lo que están diciendo las personas psquiatrizadas, que tienen muy claras sus demandas y siguen denunciando las mismas violencias. Parece que la psiquiatría franquista era terrible, y lo era, pero en el Hospital de Bilbao seguro que hay personas atadas en contra de su voluntad.

¿Cómo valoras el debate sobre el abolicionismo?
He intentado que mi opinión no esté muy presente, al menos en la promoción del libro, porque me gustaría que lo lea cualquier persona al margen de mi opinión respecto a la prostitución. Espero que el libro sirva para que cometamos errores nuevos, porque creo que he recogido errores que se han cometido sobre cómo abordar la prostitución y espero que conocerlos sirva para cometer otros nuevos.

Errores nuevos es un concepto interesante.
La prostitución es una realidad que no tiene resolución posible, no está en nuestras manos, es un fenómeno muy complejo. Pero ya sabemos que si optamos por una actitud abolicionista, esta no cambia nada, sino que aboca a las mujeres a trabajar en situaciones de vulnerabilidad más grave, porque ya se aprobó un decreto en ese sentido. Y me parece importante que lo conozcamos, porque si la propuesta es un decreto abolicionista, que sea mejorar al que ya hubo. Si la propuesta es esa, que no sé cuál debe ser.

miércoles, 2 de marzo de 2022

#hemeroteka #feminizidio #memoria | Andrea Momoitio. Kazetaria: «Maria Isabelek ez du zertan heroia izan haren istorioa kontatzeko»

Berria / Andrea Momoitio //

Andrea Momoitio. Kazetaria: «Maria Isabelek ez du zertan heroia izan haren istorioa kontatzeko».

1977an, Maria Isabel Gutierrez Velasco prostitutaren gorpua kiskalita agertu zen, Basauriko kartzelan. Momoitiok haren bizitzaz eta heriotzaren ondorioez dihardu 'Lunática' ikerketa liburuan.
Amaia Igartua Aristondo | Berria, 2022-03-02
https://www.berria.eus/paperekoa/1886/032/001/2022-03-02/maria-isabelek-ez-du-zertan-heroia-izan-haren-istorioa-kontatzeko.amp.html 

1977ko azaroaren 9an, Maria Isabel Gutierrez Velascoren gorpua kiskalita agertu zen, Basauriko kartzelan (Bizkaia). Kantabriatik zetorren (Espainia), Bilboko Gorte kalean aritzen zen prostituta, hainbat psikiatrikotan sartua zuten, eta, hil zenean, 23 urte zituen, eta 4 urteko seme bat. Sei urteko ikerketa sakon baten ondoren, Gutierrez Velascoren bizitza irudikatu du Andrea Momoitio kazetariak (Ortuella, Bizkaia, 1989) ‘Lunática’ liburuan (Libros del K.O., 2022). Heriotzaren azalpen ofizialak konbentzitu ez, eta prostitutek greba efimero bati ekin zioten. «Hainbeste gauza txiki ohiko gertatu zitzaizkion, ezen eragin baitzuen zerbait historikoa, garrantzitsua eta ezohikoa».

Zergatik interes hori Maria Isabel Gutierrezengan?
Lehenengo, Gorte kaleko prostituten greba ezagutu nuen, auzoan entzuna nuelako. Mugimendu feministak lehen greba orokorrera deitu zuenean, 2018an, ‘Píkara’-n [‘Píkara Magazine’ aldizkaria] beste greba batzuei buruzko atal berezi bat egin genuen, eta nik horren inguruko erreportaje bat egin nuen. Grebari buruzko jakin-mina ase nuen, baina ez Maria Isabeli buruzkoa.

Zer dela eta?
Zalantzak geratu zitzaizkidan: nor zen emakume hori? Zergatik zegoen preso? Nondik zetorren? Ikertzen hasi nintzen, eta mendean hartu ninduen, indarkeria piloak zeharkatutako emakume batekin topo egin bainuen: haren egoerak bikain azaltzen du frankismoak zer jarrera zuen zorotasunaren, homosexualitatearen, emakumeen, eta abandonatutako eta desegituratutako eremuetako nesken inguruan. Interesatzen zaidan dena zen.

Liburuan inplikazioa nabari da.
Psikiatrizatutako pertsona bat zela jakin nuenean, jabetu nintzen lotura berezia sortuko zela. Asko kostatu zitzaidan irudikatzen hastea, jakitea Santanderrekoa edo Asturiaskoa zen [Espainia], ea Maria Isabel deitzen zen... gauza txikiak dira, baina lotzen zaituztenak, prozesu astunak direlako. Bizitza osoan akordatuko naiz haren argazki bat ikusi nuen lehen aldiaz: urtebete baino gehiago neraman ikertzen, anaia aurkitu nuen, lortu nuen hark kasu egin ziezadan, Gijonera [Espainia] joan nintzen, eta argazkia eman zidan.

Liburuan diozu anaia maite duzula, esaterako. Ez duzu inpartzialtasuna helburu.
Egia esan, ez. Liburu oso zehatza da, datu bakoitza askotan egiaztatu baitut, baina ez da inpartziala. Gustatzen zaidan kazetaritza ez da inpartziala. Ni ezin naiteke inpartziala izan Maria Isabelen moduko norbaitekin, eta ez dut nahi. Lotura emozional estua dut harekin, nahiz eta uste dudan gaizki konponduko ginatekeela; bizitza aldatu dit. Halere, kezkatzen nau Lunática-ren bidez har dezan heroiaren tokia, ez delako heroia, eta ez duelako zertan heroia izan haren istorioa konta dadin.

Justizia egin, idealizatu gabe.
Bai, halako zerbait. Eta duintasun apur bat itzuli nahi diot. Ez dakit hura galtzearen kontziente izatera heldu zen edo ez; agian nire aurreiritzi bat da.

Iturrietatik jasotakoa tentuz hartu duzu. Maria Isabel Gutierrezen bertsio propioa du bakoitzak?
Esaten zidatena itzuliz joan naiz, baita haren anaiak eta amak esandakoa ere, urte asko pasatu direlako, eta memoria oso konplexua delako. Testigantzekin egin ohi da: filtroa pasatu, badakigulako jendeak oroitzapenak distortsionatzen dituela, nahigabe. Ba, berdin dokumentazio ofizialarekin. Izan ere, zer iritziko zion epaile frankista batek Maria Isabelen jokaerari? Edo polizia eta psikiatra frankistek. Maria Isabelen adierazpenak ere badaude jasota poliziaren, psikiatren eta kartzelako parteetan, baina horiek ere ezin ditut jo erabat ontzat.

Baliteke Gutierrezen heriotza istripu bat izatea. Izan duzu gertatutakoa argitzeko asmorik?
Bai. Egia da hasieran zerbait deskubritu nahi nuela, familiari zerbait itzuli, baina jabetu nintzen hori ez zela nire rola, niri ez zegokidala ezer argitzea, baizik eta hizpidera ekartzea. Baina amorrua eman dit: gustatuko zitzaidakeen gertatutako zerbait ezohikoa izatea: erabaki txarrak hartu zituen bata bestearen atzetik, topatu zuen gizon bakoitza aurrekoa baino tentelagoa zen, eta hil zen agian lo geratu zelako. Benetan? Heriotza apur bat epikoa ere ezin izan zuen eduki?

Uste duzu biktima bat izan zela?
Egia da ez diodala biktima deitu nahi, saiatu naizelako azpimarratzen haren agentzia eta hartu zituen erabaki guztiak. Baina, noski: dominazio sistema piloaren biktima izan zen, hala nola familiarena. Halere, gustatuko litzaidake gera dadila oso borrokalaria izan zelako ideia, hori guztia ikusita matxinatu egin zelako ideia.

viernes, 18 de febrero de 2022

#hemeroteca #drogas #testimonios | Conchi tuvo suerte con Camelia

Público / Un gaztetxe en Bilbao a proncipios de los 80 //

Conchi tuvo suerte con Camelia.

Andrea Momoitio | Público, 2022-02-18

https://blogs.publico.es/otrasmiradas/57034/conchi-tuvo-suerte-con-camelia/ 

Hay libros que son como un mordisco en el estómago. Algunos te sobrecogen por su tono, por la historia que cuentan, por las voces de sus protagonistas, por los silencios, por lo que explican o por lo que dejan de explicar. ‘La atracción del abismo: Auge y caída del consumo de heroína en Euskadi (1970-2000)’, de Álvaro Heras-Gröh, es un bocado por todas las puertas que abre, por las historias que esboza.

No es un libro fácil de leer. Son 841 páginas en las que se exponen todos los aspectos necesarios para entender cómo la heroína arrasó con los sueños de miles de personas en Euskadi. Acabará convertido, probablemente, en una obra de consulta imprescindible para entender lo que nos pasó, pero tiene una pega. Las voces son mayoritariamente masculinas y, aunque encontramos a algunas mujeres, no son suficientes. En términos generales, solo es suficiente la paridad y, en algunos casos, ni eso. Entre tantas páginas y entre tantos hombres, sin embargo, a mí se me han quedado clavados dos nombres: Conchi Bernal y Camelia Vázquez.

Conchi era una niña cuando, Camelia, su madre descubrió una jeringuilla en el paragüero. Sus hijos mayores, los hermanos de Conchi, tuvieron que explicarle lo que estaba pasando. Su hija se había enganchado al caballo. Tal y como se recoge en el libro de Heras-Gröh, Camelia declaró a ‘El Diario Vasco’ que ella entonces no sabía todavía lo que era la heroína: "Me parecía que con mimos, cariño y buenos consejos podría quitarle de ella". Conchi empezó a pincharse con 11 años y murió con 20 de sida. Había logrado desengancharse en uno de los centros de El Patriarca, una asociación que ha sido cuestionada en decenas de ocasiones y catalogada como secta.

El testimonio de Camelia Vázquez es desgarrador. Habla de del dolor insoportable de su hija, del suyo propio: "Anduve mucho tiempo como loca, no hacía más que dar vueltas a la idea de suicidio, incluso de matar a la niña. Pensaba en abrir el butano por la noche para que se quedara dormida, no veía ninguna salida". Ayudó alguna vez a su hija a inyectarse la droga y apostó, como tantas mujeres entonces, por organizarse con otras familias para tratar de hacer frente a la situación.

Qué sería de nosotras sin las madres que se organizan.

Camelia Vázquez, como otras muchas mujeres que vieron cómo sus hijos e hijas se sumían en el abismo, se unió con otras para tratar de hacer frente a la heroína, una droga que se hizo pasar por rebeldía. En ‘A los pies del caballo. Narcotráfico, heroína y contrainsurgencia en Euskal Herria’, de Justo Arriola Etxaniz, aparecen también algunas pinceladas sobre su historia, pero poco más sabemos hoy de aquella pelea que debió de dejarla agotada. No solo a ella. Fueron muchas las mujeres que hicieron frente al caballo tanto en Euskadi como en otros muchos territorios del Estado español. Sus nombres, salvo alguna excepción, están sepultados por otros en la historia, en los libros, en las hemerotecas.

Un clásico.

Las mujeres también se vieron afectadas por la heroína, claro. Es más complicado saber exactamente cómo porque, en este ámbito también, la perspectiva de género brilla por su ausencia. Esa falta de perspectiva no solo afecta al análisis de esta realidad, afecta también a la manera en la que se ha intervenido históricamente desde las instituciones. La situación no es muy distinta hoy. Lo explica mucho mejor Patricia Martínez Redondo, del proyecto ‘Género y drogas’ en un artículo para ‘Pikara Magazine’: "Hay una gran brecha de acceso a los centros de atención: llegan muchísimas menos mujeres que hombres, y las que llegan abandonan en general antes y en mayor proporción que los hombres". Hay dos razones, principalmente, los recursos están pensados desde una mirada androcéntrica —esa que pone el foco en las necesidades de los hombres al tomarles a ellos como medida de todas las cosas— y, muchas veces, las mujeres con adicciones cuentan con menos apoyos que los hombres. Suele pasar lo mismo, por ejemplo, con las mujeres que están en prisión. Las mujeres que rompen que traicionan las expectativas de género pagan las consecuencias. Muchas de las mujeres que se engancharon a la heroína en Euskadi, tal y como recoge el libro de Álvaro Heras-Gröh, optaron por el trabajo sexual para hacer frente a sus adicciones. Optar, en este caso, es mucho decir. Ante esa necesidad tan voraz por conseguir dinero, las posibilidades de negociar con los clientes son muy pocas y la violencia está garantizada.

Ella nunca ocultó de qué había muerto y se mostró orgullosa del proceso que llevó a cabo su hija. Consiguió desengancharse: "Yo nunca he ocultado su muerte. Cuando empezó con la droga, sí intenté escapar de la realidad, luego ya no. Hay muchas madres que han visto morir a sus hijos con sida y lo niegan. Y así lo único que hacen es avergonzarse de sus hijos y ellos no han hecho nada malo. Mi hija no hizo nada malo, ella es la que ha muerto, la víctima", declaraba a ‘El Correo’ en 1995.

Conchi tuvo suerte con su madre.

lunes, 14 de febrero de 2022

#libros #feminicidio #memoria | Lunática

Lunática / Andrea Momoitio.

Madrid : Libros del K.O., 2022 [02-14].
232 p.

/ ES / Libros / ENS / Activismo / Feminicidio / LPRS / Marginalidad / Prisiones / Trabajo sexual / Transición / Violencia
📘 Ed. impresa: ISBN 9788417678746 / 19,90 €
Cita APA-7: Momoitio, Andrea (2022). Lunática. Libros del K.O.
 
[.es] En 1977, el cadáver de María Isabel Gutiérrez Velasco aparece calcinado en una celda de la prisión de Basauri (Bizkaia). Sus compañeras no se creyeron la versión oficial y esos días declararon una huelga de prostitutas en Bilbao. De la mano de otros colectivos políticos, organizaron manifestaciones y encierros para exigir la amnistía de las y los presos sociales y la derogación de leyes franquistas que afectaban especialmente a la chusma. ¿Pero quién era María Isabel? La periodista Andrea Momoito, cofundadora de la revista ‘Pikara Magazine’, emprende en ‘Lunática’ una búsqueda originalísima, apasionada, a ratos caótica, callejera, marginal, intuitiva, detectivesca, desesperada y torrencial. Un crudo y tierno retrato de los márgenes de la sociedad, y una denuncia ácida y sistemática de los mecanismos de represión.

«Una historia fascinante y sobrecogedora, real pero ignorada hasta ahora, que nos habla de explotación, machismo, mentiras oficiales, desidias criminales y prejuicios, contada con sensibilidad y extraordinaria potencia narrativa. Un gran libro». Rosa Montero

👤 Andrea Momoitio. 1989, Ortuella (Bizkaia). Periodista. Estudió un Máster de Estudios Feministas y de Género y otro de Periodismo Digital. Todo gracias a las becas solidarias de Esther, su ama, y Pablo, su aita. En realidad, lo ha aprendido todo en ‘Pikara Magazine’. Le interesa la memoria histórica, la locura, las drogas, la cárcel. Lleva en la coordinación de la revista desde 2010. ¿Eso qué quiere decir? Que hace un poquito de todo. Conoce al dedillo un proyecto que ha parido con mucho orgullo. Escribe también en ‘Público’ y ha colaborado con otros medios amigos como ‘El Salto’, ‘Ctxt.es’, ‘La Marea’ o ‘Eldiario.es’. Lesbiana y feminista, en ese orden. Adicta a los macarrones con tomate y al indie pop.

martes, 24 de marzo de 2020

#hemeroteca #saludpublica | Pura ansiedad

Imagen: Público / La Rambla de Barcelona, desierta por la cuarentena
Pura ansiedad.
Andrea Momoitio | Público, 2020-03-24
https://blogs.publico.es/otrasmiradas/30673/pura-ansiedad/

He abierto miles, pero soy incapaz de describir el ruido que suena cuando se abre una lata de cerveza. Tampoco es fácil explicar la sensación que provoca el primer trago, ni el segundo, ni mucho menos, el último. Desde el balcón de mi casa, cerrado con una malla verde porque antes aquí vivían gatos, lo veo todo enmarcado en pequeños cuadraditos mientras me bebo una birra. Fuera, dos docenas de policías paran a todas las personas que caminan por mi calle. Quizá la muestra no sea representativa, pero sí es reseñable: paran al 100% de las personas racializadas que pasan por aquí abajo mientras yo apuro el último trago. Nos paran también a algunas blancas, pero parece que es para disimular. Lo que más me gusta de mi casa es el bullicio de la plaza y el sonido de los trenes cada 10 o 15 minutos. Ya no hay bullicio y pasan menos trenes.

Llevo aquí dentro muchos días. No me he aburrido, pero sí he sentido cómo la angustia me agarra el pecho con firmeza. Es más difícil todavía explicar qué es la ansiedad que describir el sonido de una lata de cerveza al abrirse. Hace unos meses estaba dando una conferencia en Santander y pedí que me llevasen al médico porque pensaba que necesitaba oxígeno. El aire no llegaba a mis pulmones, apenas podía caminar. Se me nublaba la vista y, por mi cabeza, pasaban miles de pensamientos atormentados. El médico que me atendió hizo caso omiso a mi petición: "No necesitas oxígeno". Era pura y puta ansiedad. Estos días, claro, no he corrido a urgencias, pero necesitamos mecanismos de contención para las personas que, como yo, sufrimos el mal de este siglo, que se propaga al mismo ritmo que el capitalismo y que no tiene cura más allá de aprender a echar el freno: la puta y pura ansiedad. Tampoco hay vacuna.

Respira.

Respira.

Respira.

Debajo de mi casa unos chavales hacen bromas sobre el coronavirus y no puedo evitar reírme. Yo tampoco entiendo nada. Me he recluido, atemorizada. No sé si tengo más miedo a que me contagien o a contagiar; no sé qué está pasando, me faltan respuestas, pero lo que más me preocupa es que me faltan preguntas. Es una pesadilla. Una pesadilla blanca, sí; una pesadilla de la que no vamos a despertar, ni muchísimo menos, en otros 15 días. Sé que cuando vuelva a salir a la calle, mi ciudad ya no será la misma y no me ha dado tiempo a despedirme. ¿Cuántos pequeños comercios habrán cerrado? ¿Cuántos entierros me habré perdido? ¿Cuántas pintadas faltarán en las calles? ¿A cuántos de mis vecinos y vecinas se habrán llevado? He visto pasar, también desde el balcón, a un yonqui mítico de mi barrio. Está descojonado. Llevaba puesta la mascarilla y una bolsa de deporte que apenas podía sujetar. Puede que no vuelve a verle. Las consecuencias de este virus son ya evidentes y no me refiero, ni mucho menos, a la crisis económica de la que va a costar tanto que nos recuperemos, ni de las personas fallecidas. Hablo de cómo todo esto va a afectar al tejido social, a las relaciones personales, a nuestra manera de movernos por el mundo, a nuestros derechos más básicos.

No sé si se podía haber hecho de otra manera. Imagino que sí, pero yo no sé cómo. Sin embargo, sí sé que este encierro es insostenible. Ahora mismo yo tengo pánico a salir a la calle. No me lo puedo ni plantear. Me da miedo. Pienso en ir a ver a una amiga que vive aquí al lado, saltándome, como tanto me gusta hacer a mí habitualmente, todas las prohibiciones, pero me bloqueo. Soy incapaz de pensar en abrir la puerta y salir a la calle. Me he tragado todo el pánico que estamos generando. Me dan asco los aplausos de las ocho. El otro día un vecino daba las gracias desde el balcón a los policías que paseaban por debajo de mi casa intimidando a todas las personas migradas que se encontraban. Mi compañera Teresa, en un diario que está escribiendo en ‘Pikara Magazine’, se preguntaba qué estaría pasando en la calle cuando nadie mira y, desde aquí, que apenas veo unos metros cuadrados, lo que veo es racismo y abuso de poder. Dirán que lo hacen por nuestro bien, pero mentirán, como mienten siempre. Hace un rato se han llevado detenido a un chaval marroquí de muy malas maneras.

Los planes para hacer ‘online’ se solapan. Las cervezas desaparecen de la nevera. El encierro empieza a hacer mella. Yo pensaba que sería incapaz de encerrarme y ahora me siento incapaz de salir. Hace poco que me he mudado a esta casa y, hasta ahora, no me había fijado en mis vecinas. En frente, dos hombres charlan de balcón a balcón. Uno pinta y le enseña sus lienzos al otro cada día. Una señora, muy mayor, está sentada en una banqueta mirando al infinito. Otra mujer mira entre las cortinas y nunca abre la ventana. En otro pequeño balcón, una familia muy numerosa se pelea por ver la calle. Desde un mirador, dos señoras gritan a las que pasan por la calle: "¡Se está muriendo gente!", dicen sin pudor a estar equivocándose. Esta crisis está sacando a relucir la policía interna que tenemos dentro. ¿No es suficiente con los que cobran?

Me duele todo el cuerpo. No sé si es el puto virus o que el otro día hice 3 minutos de deporte. Me duele la cabeza, pero puede que sea porque me paso el día delante de la pantalla del ordenador. Siento cómo crujen mis articulaciones y cómo se me nubla la vista a ratitos. No tengo fiebre, pero me duele un poco la garganta. Tengo frío, pero creo que es porque paso mucho tiempo en el balcón. No soy capaz de concentrarme en el curro. Bebo asustada y rebusco entre mis estrategias alguna que me sirva para contener la ansiedad. Entiendo que alguien habrá pensado en todo, pero la alarma que se está generando nos está afectando mucho a todas las que vivimos siempre al límite. El miedo a que se me vaya la olla vuelve con fuerza cada 15 o 20 minutos. De momento, me sostengo, pero ¿cuánto voy a aguantar? No lo sé. Respiro para sostener mis privilegios y pienso en el infierno que estarán viviendo tantas mujeres que viven con sus maltratadores, todas las que no tienen una casa, las que cuidan, las que están en la cárcel, las que están enfermas, las que no entienden qué está pasando, las que tienen miedo a salir a la calle y las que salen porque no son capaces de quedarse en casa. No seré yo quien juzgue a nadie, que acepto visitas y doy abrazos. Es difícil mantener la distancia de seguridad.

El único día que me atreví a salir a la calle se me bloqueó el cuello. Tuve una contractura durante horas. Aproveché para tocar el timbre a una pareja de hombres, octogenarios, que pasan cada día por la puerta de la redacción de Pikara y me dicen que soy muy hermosa. No pude hablar con ellos, pero su vecina me dijo que estaban bien. Echo de menos sus pasos frágiles, sus sonrisas, sus batallitas.

El silencio de la calle es estremecedor.

miércoles, 11 de marzo de 2020

#hemeroteca #feminismo #interseccionalidad | Los feminismos enfrentados

Imagen: Público / Manifestación 8M en Madrid
Los feminismos enfrentados.
Andrea Momoitio | Público, 2020-03-11
https://blogs.publico.es/otrasmiradas/30151/los-feminismos-enfrentados/

La gente debe andar flipando con el movimiento feminista. Primero, que si los de Izquierda Unida echan al Partido Feminista porque es un nido de 3 o 4 tránsfobas. Ahora, que unas se saltan los acuerdos y se plantan con una pancarta que no está consensuada a la cabeza de la manifestación en Madrid. Menudo percal tenemos entre manos, compañeras. Qué difícil es explicar, fuera de nuestra burbujita, qué está pasando. Nadie entiende nada. Están sucediendo cosas gravísimas, se están legitimando discursos muy salvajes que están afectando a la organización del movimiento y, lo más grave, nos están afectando emocionalmente a muchas. Dan ganas de llorar, de tirar la toalla. La fractura ya es un hecho, pero ahora nos toca preguntarnos si estamos dispuestas a llegar a ciertos consensos o si preferimos destrozarlo todo definitivamente. No sé ni por dónde empezar, no quiero parecer naif ni derrotista, pero insisto en algo que últimamente repito mucho: puede que vayamos en el mismo barco, pero unas viajan en los camarotes y otras, en cubierta. Y la mar está revuelta.

En los últimos años, cierto sector del movimiento feminista se está mostrando atemorizado por la participación de las mujeres trans y el debate en torno a la prostitución no para de polarizarse. La tensión es terrible, pero, por si eso fuera poco, ahora se empieza a cuestionar que el feminismo sea una lucha que tenga que atender a todas las formas de opresión. Dicen algunas que el feminismo no puede ser un saco de demandas, que tenemos que centrarnos en lo nuestro y, claro, pues flipo. ¿Qué se supone que es eso nuestro? ¿De qué están hablando? Partiendo de la idea, muy obvia, de que las mujeres no somos un colectivo sino la mitad del planeta, ¿a quién puede extrañarle que nos afectan múltiples violencias? Si hay mujeres trans, ¿cómo no va a ser la lucha contra la transfobia una cuestión feminista? Si hay mujeres con diversidad funcional, ¿cómo no vamos a denunciar el capacitismo? Si hay mujeres negras, ¿cómo no vamos a querer desmontar el racismo? Si tenemos compañeras con una situación administrativa irregular, ¿cómo no vamos a denunciar la ley de extranjería? Dicen que la interseccionalidad del feminismo puede despistar del objetivo último, que digo yo que será alguno que han establecido ellas, esas mujeres que no sufren ningún tipo de violencia más allá de la opresión de género. Esas que son incapaces de mirar más allá de su ombligo. Hablan de igualdad real, pero pretenden obviar las estructuras de opresión que impedirían el acceso a todos los derechos a muchas mujeres incluso si hacemos caer el patriarcado.

No quiero entrar en el juego de dar y quitar carnés de feminista. Me horrorizan las pintadas amenazantes, los carteles que señalan. No quiero caer ahí, pero, desde luego, hay feminismos enfrentados. Es difícil comprender a qué y a quién tienen miedo algunas. Ahora, su caballo de Troya son las personas trans porque, dicen, están apropiándose del movimiento feminista. Nos están robando el sujeto, dicen. Los comentarios tránsfobos se suceden ante nuestro desconcierto en cierto entorno feminista. ¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí? ¿En qué momento ha sucedido todo esto? ¿Cómo algunas mujeres, que nosotras consideramos nuestras compañeras, pueden decir que las mujeres trans son hombres con falda? ¿En qué momento el discurso de cierto sector feminista se ha empezado a parecer tanto al discurso de la extrema derecha? Dicen que el género es una herramienta de opresión y es cierto, pero ¿cómo negar que es también un sentir?

El problema, en el fondo, no lo tienen con las personas trans, ni con las putas, ni con las personas no binarias de las que también se ríen, el problema lo tienen con el propio concepto de interseccionalidad que, algunas, no entienden, y otras que no comparten. Porque cuestiona su manera de entender la lucha feminista. Porque revierte las prioridades. Porque señala los privilegios y exige su revisión. Porque enfrenta las desigualdades de cara. Decía Sam Fernández en ‘Pikara Magazine’ que "lo que trae de vueltas al feminismo clásico se llama interseccionalidad, no transfeminismo (y no el concepto sino lo que se vive). Y lo que lo desborda es una realidad compleja donde nuevos sujetos emergen desde dentro del feminismo sin pasar por la sala de espera a recibir el permiso para luchar por parte de quienes se otorgan el privilegio de dispensarlo". Nuevos sujetos, ignorados hasta ahora, que no están interesados en consejerías ni decanatos. Nuevos sujetos que trascienden la idea tradicional de mujer, en singular, burguesa, blanca, hetera, una mujer que aspira a romper el techo de cristal para que otras limpien su mierda.

La guerra discursiva ya está declarada y estamos batallando ante los ojos, curiosos, de una sociedad que cada vez escucha hablar más de feminismo y cada vez entiende menos qué queremos. Algunas queremos destruirlo todo porque lo que tenemos nos violenta. Otras solo pretenden hacerse un hueco arriba.

miércoles, 12 de febrero de 2020

#hemeroteca #lesbianismo | Paula Alcaide: “En las relaciones entre lesbianas a veces se pierde el contacto físico”

Imagen: Pikara / Paula Alcaide
“En las relaciones entre lesbianas a veces se pierde el contacto físico”
Hablamos con Paula Alcaide, psicóloga, de su trabajo terapéutico con mujeres lesbianas: de amor, sexo, celos, maternidad y bollodramas, el fénomeno lésbico que Alcaide ha analizado en profundidad en su primer libro.
Andrea Momoitio | Pikara, 2020-02-12
https://www.pikaramagazine.com/2020/02/las-relaciones-lesbianas-veces-se-pierde-contacto-fisico/

Paula Alcaide (Barcelona, 1989) ha sido mi terapeuta. Acudí a ella, como tantas otras, porque no sabía cómo gestionar una ruptura. Ella agarró mi mano y ahí fuimos, poquito a poco, saliendo de la tormenta. Dice que le gustaría que su profesión se extinga en algún momento, pero, por ahora, tiene mucho trabajo. El año pasado publicó ‘Cómo superar un bollodrama’ (Egales), su primer libro, que a muchas nos ha servido de salvavidas. Las relaciones entre lesbianas son tan complejas como todas las relaciones, pero hay factores sociales que, a veces, añaden un extra de dificultad a eso del amor. Relacionarse no es tan ideal como nos hace creer la industria cinematográfica, pero formar un equipo con alguien sigue siendo la apuesta vital de muchas personas. Algo tendrá. Encontrar el equilibrio entre tus necesidades y las de la otra, en un contexto de lesbofobia evidente, es un reto que muchas asumimos sin tener el material necesario en la mochila para soportar las inclemencias del clima.

¿Por qué hacía falta un libro como el tuyo, Paula?
Desde 'Más que amigas', de Jennifer Quiles, se han publicado muy pocos libros que hablen del sufrimiento entre mujeres desde la perspectiva más psicológica de los procesos. Lo podríamos catalogar como un libro de autoayuda. Lo planteo como una conversación profunda, un diálogo con las lectoras. Es un libro muy descriptivo, se quedan muchas preguntas abiertas: “¿Qué estoy haciendo?”, “¿Cómo me estoy relacionando con otras mujeres?”, “¿Por qué estoy sufriendo por amor?”. Se llama ‘Cómo superar un bollodrama’ porque es una expresión que se repite mucho en consulta y quería empoderar el concepto.

No hay muchas psicólogas que se dediquen en exclusiva a trabajar con lesbianas.
Muchas psicólogas generalistas, por decirlo de alguna manera, se están perdiendo algunos procesos de las minorías porque no los ponen en el foco. Se pierden algunos puntos, cierto lenguaje, un código en común. Es una especialización que en Estados Unidos e Inglaterra sí tiene más peso. A España lo trajimos sólo hace 10 años. Gabriel J. Martin y yo montamos un grupo LGBTI en el Colegio de Psicología e impartimos una formación online en el Colegio de Madrid. Todavía estamos en las antípodas de construir esa psicología afirmativa LGBTI.

¿Qué es la psicología afirmativa?
Es una corriente que se focaliza en la orientación afectivosexual y en la identidad de género como una fortaleza y no como vulnerabilidad. Es una corriente, un tipo de psicología, centrada en el colectivo LGTBI, que nace como contrapuesta a las terapias de conversión, a las terapias que en el siglo pasado estigmatizaban la diversidad.

¿Nos podría ayudar a superar un bollodrama una psicóloga hetera?
Creo que no. Creo que tiene más potencia si te acompaña alguien que está especializada, que reconoce esa vivencia como personal y la reconoce en sus entornos próximos. Le da una dimensión y una profundidad mucho mayor.

En tu libro hablas mucho de la ‘simbiosis lésbica’. ¿Es una tendencia especialmente común entre lesbianas? ¿No tienden todas las parejas a parecerse?

Desde las premisas del amor romántico, yo creo que estamos empujadas todas a tener esas fusiones o simbiosis bajo la idea de la complementariedad y media naranja. Sí creo que las mujeres hemos sido más instruidas en el amor y menos en la autonomía. Las mujeres, en la consulta, hablan mucho más del amor que los hombres. Si una pareja es compromiso, intimidad y pasión, las mujeres fomentamos mucho la intimidad y el compromiso y a veces perdemos la pasión. Precisamente porque hay mucha intimidad. Falta oxígeno, faltan espacios personales y el deseo se va mermando. No tienes a nadie a quien desear sino alguien pegado a ti.

¿Pasa lo mismo en las relaciones entre dos hombres?
No. No pasa tanto. Tienen mucho más claro cuál es su espacio y cuál es su autonomía. Hay una lectura de género evidente.

¿Qué pasa con el sexo en las relaciones entre lesbianas? ¿Se acaba antes?
No hablaría de relaciones entre lesbianas sino de relaciones lésbicas entendiendo que puede haber una relación entre una mujer lesbiana y una bisexual o dos mujeres bisexuales pueden tener una relación lésbica.

Lo que dicen los estudios es que hay mayor satisfacción sexual al principio de la relación pero, luego, en gran parte la falta de espacios personales, al no echarse de menos, al no tener este puente que cruzar, que dice la sexóloga Esther Perel, puede acabarse. Perel habla del deseo que se construye cuando no tienes a la otra persona, cuando la deseas y te quieres acercar a ella. Eso creo que lo construimos mal entre mujeres. Hablamos mucho más. Hay una hipercomunicación para nada efectiva. Le damos más vueltas en las discusiones a la parte emocional. A veces hay una parte de contacto físico, de cuerpo a cuerpo, que se pierde.

Nos falta analizar otros modelos de relaciones porque nos encontramos con muchas situaciones de monogamia en serie: tienes una relación, funciona, pero cuando se deteriora porque ya parece más tu compañera de piso, normalmente lo que hacemos es sustituir a esa persona por otra. Parece que se entiende el enamoramiento como el único elemento que hace que volvamos a desear.

¿Qué factores, además de esa simbiosis lésbica de la que hablas, pueden provocar que dos mujeres dejen de mantener relaciones sexuales? ¿Nos interesa menos el sexo?
No creo que nos interese menos el sexo, pero sí creo que hay un condicionante social importante. Sobre todo a la hora de ser asertiva en relación al sexo y en eso estamos en desventaja.

Hay muchos factores que influyen: las preocupaciones, estados de ánimo depresivos, ansiedad, estrés crónico, que hace que baje la libido; también las mujeres reconocemos en menor medida cuándo estamos excitadas por una cuestión de fisionomía evidente, excepto en el caso de las mujeres trans que no se han sometido a una cirugía de reasignación genital; y porque a veces estamos mucho en la mente y le prestamos poca atención al cuerpo. Vemos parejas que no es que no tengan ese deseo sino que no están generando espacios para que es deseo fluya desconectándose de las preocupaciones.

¿La falta de sexo afecta menos a las relaciones lésbicas?
No lo sé. Conozco menos las relaciones heteros, pero depende de qué entendamos por afectar.

¿Se puede tener una relación sana con alguien si tú no te sientes bien contigo misma?
Tendríamos que definir qué es una relación sana, tendríamos que debatirlo. Todo el mundo, en algún momento, nos sentimos mal. Para mí lo importante no es sentirte bien o mal sino cuánto dura esa emoción y qué haces a continuación. ¿Te responsabilizas de tu propio bienestar o proyectas hacia fuera para que las otras personas sean tus dianas o tus salvadoras? Todo eso que nos inventamos sin acabar de entender que una pareja es un espejo.

En el libro hablas de los celos como los reyes del bollodrama. Dices que tienen el origen en el miedo a perder a alguien y en el instinto territorial de autoprotección. ¿No es una visión muy naif de una emoción horrible?
Soy partidaria de reconciliarnos con nuestras emociones, también con esas que se consideran malas. Tú puedes estar en pareja y tener manía a tu pareja. Puedes estar en pareja y sentir celos. Puedes sentir muchas cosas. Es una emoción que no podemos negar. Si coges una emoción y la demonizas, estás perdiendo una oportunidad para analizarla, para ponerla encima de la mesa y trabajar individualmente con ella. No digo que en la pareja sea normal tener celos, pero sí que es normal en la condición humana tener ese punto de territorialidad. La pregunta es: “¿Cómo vamos colocar eso?”; “¿Cómo lo vamos a trabajar?”; “ Vale, sí, siento celos, ¿ahora cómo actúo?”

Si los celos los sufren ellos, en el feminismo no lo entendemos tanto.

Todo depende de qué hagas para operativizar esos celos. Puedes sentir celos y que eso te lleve a una conversación superhonesta en la que puedes decir: “Mira, eso me ha hecho sentir vulnerable” o “Esto me ha conectado con aquello que me pasó hace tiempo”. Esos celos, de punto de partida, no tienen una resolución negativa para la propia pareja. Yo creo que el punto está en hacerte cargo de tus propios celos. He sentido celos, sí; igual que sientes rabia si algo te saca de quicio, pero te haces responsable de ello. En un momento determinado, puedes explicárselo a tu pareja, pero sin culpabilizarla. Ese es el problema.

¿Hasta dónde se pueden entender los celos?

¿Entender? Yo diría que la palabra entender... Si los celos nos están apelando, pues como cualquier otra emoción. Has sentido celos, bien, pues como si sientes alegría. Hay que ir al fondo de eso. A veces, por lo políticamente correcto, no acabamos de entrar en el tema. En relaciones poliamorosas, los celos son el mecanismo a partir del cual se empiezan muchas negociaciones y se establecen límites.

¿Hay cierta imposición del poliamor en entornos feministas?
Creo que no. El poliamor plantea alternativas en contra de la doctrina del amor romántico y del emparejamiento en base a mitos como la media naranja y es superpositivo. Ahora bien, sí que creo que tenemos que aterrizar cosas. A nivel teórico hay propuestas que pueden ser muy potentes, que apelan al sentido de la libertad, pero luego en consulta ves como se complican. Es difícil gestionar los afectos tanto en una pareja monógama como en parejas múltiples, en parejas abiertas o permeables. Cuantos más elementos introduces, más importante que te centres en lo que te estás pasando y en cómo puedes ser más asertiva para comunicarlo a una pareja o a varias. Toda esa articulación implica más revisión emocional y hay que hacerlo.

En el libro pones un ejemplo. Tu novia habla mucho con su ex y esto te hace sentir celos. Propones negociar cómo va a ser esa relación. Determinar cuánto vais a hablar, por ejemplo. ¿No es ceder mogollón?
Hay gente que recoloca las relaciones con sus ex, que construyen una nueva etapa y una nueva relación; pero también hay quien no deja ir. Y no es tanto por lo que te aporta sino por nostalgia. A veces mantenemos a gente en nuestra vida porque nos sentimos más coherentes: “Si esta persona ha sido importante, tiene que seguir siéndolo”. Pues a lo mejor sí o, a lo mejor, no.

¿Hay mucha diferencia entre los celos en una pareja hetera o lésbica?
Bueno, hay elementos diferenciales de género, pero la raíz es la misma. Lo que sí que creo que la modulación es distinta.

¿Tenemos más alarmas activadas en las relaciones heterosexuales?
Probablemente. Por eso es importante decir que a partir de un momento no se está hablando de un bollodrama sino de violencia intragénero. Hay puntos ciegos aún en las relaciones entre mujeres. Probablemente toleramos cosas que nos costaría más tolerar en una relación heterosexual.

¿No te da miedo hablar de violencia intragénero y que eso sirva de excusa para poner en cuestión la lectura feminista de la violencia machista?

Sí, claro. Ponerlo encima de la mesa no deslegitima y no puede quitar esa fuerza al movimiento feminista en la reivindicaciones en contra de la violencia de género. Eso sí, yo soy partidaria de, por lo menos, nombrarlo. Eso ayuda a muchas pacientes que, en un momento determinado, necesitan entender la campaña de desprestigio que está haciendo su exnovia tras dejar la relación o cómo está tratando de aislarla. Esos mecanismos de culpa, de control, se tienen que poner sobre la mesa. Yo no lo equiparo, pero hay que hablar del tema.

En tu libro hablas de cómo hay quien genera ciertos triángulos para provocar celos a su parejas.

Sí, hay gente que, desde su propia baja autoestima, intenta que la otra se insegurice. Al final es otro tipo de violencia psicológica.

Las redes sociales han sido una vía muy importante para el ligoteo entre lesbianas. De Chueca.com a Wapa. Nos movemos bien ahí.
Sí, porque somos una comunidad mucho más pequeña. Es difícil que encuentres a una persona que te atraiga, que te guste, que haya ‘filing’, intereses en común... y que justo viva en tu mismo pueblo. En ciudades más grandes no pasa tanto y hay mucha migración interna a ciudades. Las relaciones a distancia o ciber relaciones son complicadas. Siempre recomiendo conocer a la persona lo más pronto posible porque se dan casos de relaciones a distancia en las que ni se ven y acaban con sorpresa.

¿Qué especificidades tienen este tipo de relaciones?

Son relaciones en las que tiene que haber una base de confianza muy grande, en las que es muy importante aprender a gestionar la frustración y negociar mucho: lo relacionado con el dinero, cuándo nos vemos, cómo, dónde, cuánto. Probablemente sean relaciones que duran más tiempo porque, cada cual, mantiene sus espacios personales. La base es una base, a veces, incluso más sana que la de las relaciones que empiezan viéndose todos los días y en las que se genera mucho más rápido esa fusión.

Al margen de la distancia, justo lo contrario: ¿Qué pasa con la endogamia? Acabamos todas en los mismos bares. El ambiente puede ahogar.
La parte positiva es que te permite una socialización en la que hay que trabajar mucho las relaciones. La parte negativa es que tienes que hacer más trabajo relacional. A veces, si estás mal, no te apetece. Da la sensación de tener que exponerte a personas y entornos ante los que no elegirías exponerte.

¿Qué necesidades suelen tener las lesbianas en terapia?

Compañía para el proceso de autoaceptación y para trabajar la lesbofobia interiorizada; crisis personales, de todo tipo. Muchas por rupturas; algunas por búsqueda de modelos alternativos de relación, cómo abrimos la pareja, cómo tenemos una relación poliamorosa; terapia de pareja, sobre todo por falta de deseo o problemas en la convivencia; y también cuestiones relacionadas con la maternidad lésbica.

¿Qué suele pasar con la maternidad lésbica?
La frustración que se genera por no poder quedarse embarazadas, por ejemplo. A veces, la elección: ¿Quién va a ser la madre gestante? También lo relacionado con los miedos vinculados a la LGBTfobia. Vale, vamos a tener una familia, ¿cómo trabajar para no transmitir esos miedos que nos quedan a nosotras?

¿Qué pasa con las relaciones armarizadas?
Yo suelo hablar de disparidad homofóbica, de esos diferentes niveles de lesbofobia y bifobia interiorizada, que hacen que en un momento determinado una se avergüence, se sienta culpable, ansiosa, hipervigilante. Si ocultas la relación, la estás degradando por miedo al estigma social. Se generan dinámicas perversas en la que una parece la amante. Esa ocultación genera mucho dolor y afecta al autoestima.

¿Tú estás a salvo de un bollodrama?

Ni yo ni nadie está a salvo de un bollodrama. Yo creo que con los años aprendes a conocerte más a ti misma, a entenderte más y a intentar ser más respetuosa con la persona que eres, a asumir más tus propias emociones. Entonces hay menos proyección hacia fuera y más entendimiento hacia dentro. Eso siempre consigue que la intensidad, la negativa, vaya disminuyendo.

¿Están idealizadas las relaciones lésbicas? Es habitual escuchar a compañeras feministas heterosexuales diciendo: “¡Me voy a hacer lesbiana!”

Son relaciones más igualitarias normalmente, hay mucha más comunicación. Otra cosa es que sea afectiva. Pero claro, luego está la cara B y ahí hay demasiada intensidad emocional. De todas formas, cuando alguien dice eso, está poniendo encima de la mesa una idea de elección que a mí no me parece tal. Que se lo expliquen a mujeres lesbianas que viven en países donde están condenadas a la pena de muerte o a la cárcel. ¿Desde qué lugar de privilegio se está diciendo eso?

sábado, 18 de mayo de 2019

#hemeroteca #trabajosexual #abolicionismo | Por qué me enorgullece decir que soy abolicionista

Imagen: Todo por Hacer
Por qué me enorgullece decir que soy abolicionista.
Paula Fraga · Jurista e integrante de Mujeres por la Abolición | Público, 2019-05-18

https://blogs.publico.es/otrasmiradas/20241/por-que-me-enorgullece-decir-que-soy-abolicionista/

Este artículo es una respuesta al publicado por Andrea Momoitio titulado Por qué me da vergüenza decir que soy abolicionista.

El pasado 11 de Mayo, en Barcelona, tuvo lugar la Primera Marcha Abolicionista en España. Mujeres de diferentes organizaciones feministas marchamos para exigir la abolición de la prostitución y la prohibición global de los vientres de alquiler. Ambas prácticas conforman, respectivamente, la explotación sexual y reproductiva de las mujeres y niñas. Son instituciones patriarcales que apuntalan y perpetúan la opresión sexual y que consecuentemente, debemos tratar de abolir, si queremos una sociedad de seres humanos cuya dignidad y derechos sean reconocidos.

Concienciar sobre ello y luchar activamente por el reconocimiento de estos derechos son las intenciones que han promovido la Marcha Abolicionista. Sin embargo, tanto en días anteriores como en posteriores, hemos tenido que escuchar que nos mueven diferentes motivos. Las convocantes somos un grupo apartidista, nuestra única militancia es la feminista y estamos decididas a desarrollar cuantas acciones sean necesarias hasta conseguir la abolición de la prostitución y la prohibición global de los vientres de alquiler.

Nos mueve el respeto a los derechos humanos, la creencia que de las mujeres no somos objeto de comercio y, de que no existimos para el servicio sexual ni reproductivo de quien pueda pagarlo. La vida de las mujeres prostituidas es una historia de expulsión. Las expulsan de sus entornos familiares y sociales, las privan de sus propias vidas, las despojan de su humanidad. Esto es lo que estamos denunciando y esto es, con lo que queremos acabar. Este es, ni más ni menos, el propósito de la Marcha pasada y de las que vendrán. Cualquier otra interpretación de nuestras intenciones es solo eso, una interpretación, una opinión errada que corregiremos vehementemente, porque no tenemos más causa que la paz de las mujeres.

Leía, con estupefacción, un artículo de alguien que se decía con “alma abolicionista”, en el que se afirmaba que marchar por las calles del Raval donde las mujeres – según sus palabras- ejercen la prostitución fue una provocación, que fuimos allí a estigmatizarlas y señalarlas. En primer lugar, las abolicionistas sabemos que la prostitución no se ejerce porque no es un trabajo. Las mujeres en prostitución son explotadas sexual y económicamente. No negamos que alguna mujer esté en prostitución teniendo alternativa, pero la excepción no se puede elevar a categoría general y por eso, no admitimos que se llame trabajo a lo que para la inmensa mayoría de mujeres es violencia sistemática, tortura. Además, con la expresión “ejercer la prostitución” se crea una realidad alternativa a la verdadera, diferenciando trata de seres humanos con fines de explotación sexual, de la prostitución, como si lo primero fuera lo malo, el crimen a erradicar y lo segundo, lo correcto, un trabajo como otro cualquiera; cuando lo cierto, es que trata y prostitución son realidades indisociables que se nutren recíprocamente.

En segundo lugar, y siguiendo con la crítica referenciada, es rotundamente falso que marcháramos por las calles del Raval para estigmatizar a las mujeres prostituidas. La razón de ser, la causa primera y última del abolicionismo es la liberación de las mujeres prostituidas. Tenemos perfectamente ajustado el foco, señalamos al putero y al proxeneta como responsables directos y copartícipes de la situación de explotación sexual y económica de las mujeres y niñas en prostitución. Y esto es lo que hemos hecho en las calles de Barcelona: ir a los lugares donde someten y vejan a las mujeres a decirles que basta, que se acabó su impunidad, que vamos a cerrar su negocio criminal y que las mujeres nacemos y debemos morir libres. Estas fueron nuestras consignas. Y con nosotras estaban varias activistas francesas y la superviviente de prostitución Rosen Hicher, que llevaron a cabo en Francia y otros países Marchas abolicionistas.

Rosen Hicher estuvo en situación de prostitución durante 22 años y es una de las más incansables activistas por la abolición, que muchas hemos conocido. Ha vivido la tortura en sus carnes y supongo que nadie, con un mínimo de decencia intelectual y emocional, le diría que con sus acciones pretende estigmatizar a las mujeres que ahora padecen, lo que ella sufrió antaño. Por tanto, esta crítica es una afirmación interesada, tiene por finalidad deslegitimar a la causa abolicionista. Es un clásico argumento regulacionista que rebatiremos cuantas veces sea necesario, porque obedece a la más pueriles de las tergiversaciones, tratando de enfrentarnos con quienes defendemos. Y no se trata, como aluden algunos, de ir de salvadoras sino de clamar por una sociedad sin explotación, sin esclavitud. Otros/as decían que esta protesta no es válida por no estar convocada por mujeres prostituidas. Pero, ¿de qué estamos hablando? ¿qué clase de ficción pretenden presentarnos? Las mujeres prostituidas están en los burdeles, en los pisos, en los polígonos y en las carreteras, en su inmensa mayoría destrozadas física y emocionalmente. Lean sino sobre las consecuencias que la prostitución acarrea en los cuerpos y mentes de las mujeres y escuchen a quienes lo han atestiguado y luego, díganme cómo mientras son víctimas de esta violencia, podrían pugnar por algo más allá que por su propia subsistencia.

El abolicionismo, como cualquier movimiento que pretenda crecer y mejorar y, las mujeres que luchamos por su instauración, como cualquier persona que pretenda ser parte de una causa, admitimos críticas. Asumimos que debemos debatir para mejorar nuestros postulados, porque se trata de establecer medidas que acaben con la esclavitud de millones de mujeres y niñas y por supuesto, no es fácil. Escucharemos a quienes, de buena fe, tengan algo que decir sobre nuestra teoría y nuestras acciones prácticas. Ahora bien, con las críticas malintencionadas que mienten sobre nuestro cometido y que nos achacan actitudes que frontalmente rechazamos, no podemos hacer otra cosa que desmentirlas y negar su aceptación.

Una no puede, como leía entre este tipo de críticas, decir que es abolicionista y afirmar a continuación que ello le avergüenza. Como todas, podemos cometer errores, pero si algo podemos estar las abolicionistas, es orgullosas. Orgullosas de lo que defendemos y de llamarnos a nosotras mismas abolicionistas. Orgullosas porque pugnamos por la erradicación de la opresión sexual. Orgullosas porque luchamos por una vida digna y libre de explotación y sometimiento.

Estamos orgullosas porque caminamos hacia la liberación y la paz de las mujeres; porque vamos a abolir la prostitución y nuestra herencia será una sociedad más justa.

Por todo esto, me enorgullece decir que soy abolicionista.