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sábado, 24 de marzo de 2018

#hemeroteca #mujeres #sexualidad | Anna Freixas: “Es posible sentirse más libre sexualmente a los 60 años que a los 25”

Imagen: El Salto / Anna Freixas
Anna Freixas: “Es posible sentirse más libre sexualmente a los 60 años que a los 25”.
Anna Freixas es una de las psicólogas que más ha aportado al desarrollo de la gerontología feminista. En su último libro, ‘Sin reglas’, desmonta varios de los mitos y tabúes en torno a cómo viven la sexualidad las mujeres mayores.
Ter García / Ligia Pájaro | El Salto, 2018-03-24
https://www.elsaltodiario.com/sexualidad/entrevista-anna-freixas-posible-sentirse-mas-libre-sexualmente-60-anos-que-a-los-25

Desmontar mitos, saltar prejuicios, evitar generalizaciones y poner sobre la mesa un tema tradicionalmente invisibilizado e, incluso, negado: la sexualidad de las mujeres mayores. El último libro de Anna Freixas (Barcelona, 1946), ‘Sin reglas’ (Capitan Swing, 2018), explica los resultados de una investigación realizada a partir de 729 testimonios de mujeres de entre 50 y 82 años. Ellas cuentan cómo sienten la sexualidad cuando ya han abandonado su rol reproductivo.

P. ¿Se vuelve diferente el deseo en las mujeres cuando llegan a una edad madura?
R. Creo que el deseo evoluciona. No deseamos lo mismo a los seis años o a los 14 que a los 30 y a los 50. Es posible que, en un momento dado, tu deseo se centre en una mujer, después en un hombre, otra vez en nada... El deseo es realmente cambiante y ha habido una tendencia a patologizarlo, a considerar que, o tienes un deseo tremendo, o estás enferma. Simplemente hay una evolución a lo largo del ciclo vital que ahora es más evidente porque vivimos más años y, al vivir más años, tenemos más tiempo para mostrar todo.

P. Tu trabajo desmonta prejuicios, uno de ellos es que la menopausia acaba con el deseo.
R. La menopausia ha sido el gran chollo del patriarcado. Cuando se define a la mujer como un ser reproductivo, la menopausia se ha expuesto como el principio del fin. Pero es el fin de la reproducción, no el de la sexualidad. El patriarcado ha aprovechado toda oportunidad de liquidar la sexualidad.

Los hombres pueden buscar relaciones con mujeres más jóvenes pero, de alguna manera, se ha mantenido la idea de que la menopausia es el principio del fin del deseo en la mujer. Eso no es verdad, hay multitud de estudios que demuestran que las mujeres, después de la reproducción, sienten deseo. También hay otras que no lo tienen, y algunas de ellas igual tampoco lo tenían a los 40 y a los 30. La menopausia en sí misma no tiene por qué marcar.

Es cierto que hay un cambio hormonal, pero el deseo de las mujeres no está directamente relacionado con lo biológico. Para las mujeres tiene mucho más que ver con el contexto, con quién estamos, cómo estamos, qué tipo de relación tenemos y qué calidad tiene. Para nosotras esto es mucho más importante, ya sea a los 20, a los 50 o a los 80, que una hormona más o menos.

P. También está muy relacionado con la medicalización. Después del Viagra, hace pocos años llegó el Addyi, su equivalente para mujeres. ¿Qué opinas de esto?
R. Creo que las mujeres somos un enorme negocio a todas las edades. Imagínate cuantísimas postmenopáusicas hay en este mundo, ahora que las jóvenes no parís criaturas. Hay que hacer negocio y este consiste en tratar de encontrar una pastilla. Como explico en el libro, esta pastilla tiene cantidad de contraindicaciones.

Me parece absurdo porque, sobre todo, esto implica que no conocen cómo es el deseo femenino. El deseo femenino no está en las hormonas; está en la cabeza, en la relación, en el corazón, en la piel. Nuestro deseo está en el contexto, en el respeto, en la no dominación, en la comunicación, en la intimidad, en la confianza. También puede estar en un “aquí te pillo, aquí te mato”, que de vez en cuando nos sienta bien a todo el mundo. Buscar una pastilla para animar el deseo femenino es no comprender la sexualidad femenina.

P. Otro dato de tu trabajo es que el 14% de las entrevistadas optarían por una pareja sexual que no se corresponde con su orientación sexual declarada, ¿puede ser que, en la edad más madura, haya menos prejuicios?
R. No me gusta generalizar, pero creo que una conquista que hemos conseguido, sobre todo a partir de la situación de falta de educación afectivo sexual que tenemos en nuestro país, es la libertad para ser agente de tu propia sexualidad.

Es posible que me sienta más libre con 50 o 60 años que cuando tenía 25, porque a los 25 tenemos que demostrar muchas cosas: que somos femeninas, que somos estupendas, que somos hiperheterosexuales... Y llega un momento en el que tienes que demostrar menos, eres más mayor, la vida pasa más de ti, y tú también pasas más de cosas de la vida, por lo que puedes ser más libre.

P. ¿Crees que la visibilidad lésbica ha ayudado a las mujeres heterosexuales en su liberación sexual?
R. Sí. De hecho, es gracioso porque en las encuestas han salido muchas veces respuestas de mujeres que se definen como “heterosexual, por ahora”. O cuando preguntas sobre si te parece que una nueva pareja animaría tu vida sexual, las que dicen que sí, al preguntarles si esa nueva pareja prefieren que sea un hombre o una mujer, bastantes mujeres heterosexuales dicen que prefieren que sea una mujer.

Es decir, creo que la mayor visibilidad lésbica, las leyes a favor del matrimonio homosexual y la normalización contribuyen a la libertad. Hay mujeres que en un momento determinado no se niegan a esto, están abiertas, aunque también hay muchas que dicen que estarían abiertas pero no darían un paso ni para conseguir una pareja sexual hombre ni mujer. Hay veces que simplemente están abiertas a lo que surja.

P. En tu investigación también hay un grupo de mujeres que ya niega el deseo.
R. Sí, y esto también es libertad. Hay mujeres que con 70 años siguen deseando encontrar una pareja y tener una relación en la que haya piel y pasión, y hay otras mujeres que con 50 años dicen que hasta aquí han llegado y que la energía que les supone poner en marcha todo esto prefieren enfocarla en otra cosa.

P. Y cuando no se tiene pareja sexual y apetece tenerla, ¿cómo se plantean la búsqueda?
R. Creo que, en esto, internet ha ayudado mucho. Muchas de las mujeres de mi investigación han hecho incursiones en internet y han encontrado amigos o amigas, relaciones. Esto es un tema importante. Además, internet permite privacidad. No te expones en lo público, al menos inicialmente.

P. Hablas también de los conceptos ‘viejecita sexy’ o ‘mujer puma’. Recuerdan al de MILF —madre que me follaría—. ¿Por qué esta manía de señalar a la mujer activa sexualmente según su momento reproductivo?
R. Me sorprende que se destaque. De toda la vida los hombres lo han hecho y nadie les ha llamado ‘leones’ o ‘tigres’. Por ejemplo, se ha hablado mucho de la mujer de [Emmanuel] Macron, que es 20 años mayor que él, pero no de la de [Donald] Trump, que es 20 años más joven. Al usar términos como ‘puma’ de alguna manera se intenta estigmatizar, limitar, en plan “¿qué pasa, que ahora las tías van a ir a la caza?, ¿ya no van a ser las virgencitas que están en casa esperándome a mí?”. Ellos siempre han ido de caza, pero las mujeres no.

P. También abordas cómo influye en la vida sexual de las personas mayores vivir en una residencia o con los hijos, cómo este cambio lleva a una infantilización.
R. Sí, realmente hay un momento dramático en la vida en cuanto a las posibilidades sexuales de las mujeres y es cuando dejan de vivir por su cuenta. Cuando vas a vivir a casa de tus hijos, que suelen ser muy puritanos y ven mal que sus madres y padres tengan líos de cama, despídete de llevar a casa a un hombre o a una mujer. En las residencias también es como si volvieras a la guardería. No se plantea como un hotel en el que pones un cartelito en la puerta de “no molestar”. No hay cerrojo en la puerta, entran cuando les da la gana, tienes que compartir habitación... No hay respeto a la intimidad de una persona que puede tener deseos de tener una relación. En nombre del amor se hacen auténticas barbaridades. Se controla el dinero, la vida afectiva, sexual, social. Dejas de poder decidir y poder tomar decisiones por tu cuenta para que tus hijos e hijas las tomen con la dirección del centro.

P. Cada vez hay más experiencias de residencias autogestionadas en las que el control y vigilancia desaparece o se disminuye.
R. Conozco estas experiencias y sé que hay algunas residencias también en Estados Unidos en las que no solo se permiten, sino que se estimulan las relaciones sexuales, corporales y afectivas. Poco a poco, habrá mayor reflexión y más sensibilidad y respeto con la dignidad de las personas mayores.

P. También señalas que, en muchos casos, en la sexualidad también influye el miedo a cargar con las tareas de cuidados.
R. Creo que una parte de los hombres, sobre todo los mayores de hoy —quizás los del futuro sean diferentes, pero tampoco estoy segura—, buscan intendencia o compañía. Las mujeres también quieren compañía, pero lo tienen claro. Es curioso porque, en esta investigación, las que quieren más sexo esporádico son las más mayores, las de más de 70 años. Prefieren una relación sexual que no implique vínculos como compartir vivienda, no tienen ganas de cargar con nadie. Luego, muchas mujeres afirman que les gustaría tener una relación, pero no con cualquiera. Ya saben lo que da de sí una relación heterosexual y están poco dispuestas a volver a pasar por determinadas cosas.

P. Desear también es sentirte deseada. ¿Hasta qué punto influyen el propio cuerpo y el imaginario estético de la sociedad?
R. Desde que eres pequeña quieres querer y que te quieran, desear y que te deseen. Gustar gusta a todas las edades. Uno de los problemas con los que nos encontramos de cara a la sexualidad es el tema de la imagen corporal. En qué medida yo tengo un cuerpo que no es el que tenía hace 30 años, lo acepto y me reconcilio con él o tengo tanto problemas de imagen corporal que no quiero que me vean desnuda.

El tema del cuerpo es muy importante a todas las edades. A los 8 años, las niñas ya sufren por su cuerpo, pero, cuando te vas haciendo mayor, el cuerpo tiene sus propias leyes. En algunos casos hay sentimiento de ira o vergüenza y dificultad para aceptarlo. Pero también depende mucho de la pareja que tienes, porque si está por tus huesos, sientes que gustas. Claro, los modelos estéticos son muy restrictivos, están basados en chicas jóvenes hiperdelgadas y tal. Si eres mayor no puedes ser joven, y mantenerte delgada con la edad es difícil porque no hemos sido educadas para tener un cuerpo atlético sino estético. Y un cuerpo estético es estático.

P. En tu estudio, alrededor de la mitad de las encuestadas afirman estar satisfechas con su vida sexual. Son cifras que pueden que no sean tan distintas a las que se den en mujeres de otras edades.
R. Es que las mujeres somos muy condescendientes, hacemos sexo complaciente. Nos lo montamos muy mal, pero desde pequeñas. Las adolescentes practican sexo sin querer para que el otro no la abandone, empezamos mal desde los 14 años. Hasta que llegas a lo que nombro como tener agencia, tener capacidad para ser agente de tu propia sexualidad, para decir sí o no, o así sí y así no, conocer tu cuerpo y tu deseo… Todo esto es una asignatura que se aprende con el tiempo y si tienes suerte. Depende de las parejas que hayas tenido, y en eso nuestros queridos compañeros masculinos dejan bastante que desear, los jóvenes y los mayores. Y con más delito en el caso de los jóvenes, que, en teoría, no han vivido la educación franquista. Por desgracia, no hay tanta diferencia como debería.

jueves, 22 de febrero de 2018

#hemeroteca #mujeres #sexualidad | Anna Freixas: "Mujeres de todas las edades y opciones sexuales reclaman más intensidad, pasión y frecuencia sexual"

Imagen: El Diario / Anna Freixas
Anna Freixas: "Mujeres de todas las edades y opciones sexuales reclaman más intensidad, pasión y frecuencia sexual".
Anna Freixas es gerontóloga feminista y autora de ‘Sin reglas’, un libro sobre la erótica y la libertad femenina en la madurez que critica la medicalización de la menopausia. "Si identificamos la sexualidad femenina con estar disponible siempre para el coito, tendremos estadísticas equivocadas", asegura. "El mundo del trabajo, de la familia, de las amistades, de la pareja, si la hay, suelen invisibilizar y ridiculizar la vida sexual de las mujeres pasados los 50 años", sostiene.
Cristina Barchi | El Diario, 2018-02-22
http://www.eldiario.es/nidos/DESEO-MUJER-DESPUES_0_742975757.html

Anna Freixas, gerontóloga feminista, psicóloga, profesora universitaria, es una mujer a la que le gusta poner luz en la oscuridad. En el mundo de las mujeres sobre todo. Por eso ventila en su libro ‘Sin reglas. Erótica y libertad femenina en la madurez’ (Capitán Swing) los resultados de su encuesta a 729 mujeres españolas que han pasado los 50 años, que confirman que la vida erótica de las mujeres no desaparece en absoluto al perder la capacidad reproductiva. Y que los mitos culturales de talla única y la medicalización inducida por la industria son propios de un mundo juvenista que castiga la madurez y la edad, y se deja llevar por el millonario consumo preventivo.

Freixas ha descubierto que con la edad el sexo de las mujeres tiene menos práctica pero más disfrute, que no se identifica con el coito, que no existe la llamada disfunción sexual femenina. Y que los nuevos mitos vigorizantes de la edad madura pueden ser igual de opresivos que los que dejamos atrás. No, el deseo no desaparece. Pero el de la mujer madura es el secreto mejor guardado.

P. ¿Por qué se hizo gerontóloga y por qué gerontóloga feminista?

R. Hice una tesis hace 30 años sobre autopercepción del proceso de envejecimiento de las mujeres, y en paralelo profundizaba en mi propia formación feminista con lecturas y grupos de trabajo hacia un trabajo de conciencia con otras mujeres. Estudiábamos qué habían dicho otras mujeres para abrirnos camino. Y una cosa me llevó a la otra. Apliqué la mirada feminista al significado del cuerpo de la mujer mayor y desde entonces analizo las normas culturales en las que se desarrolla esto tan complicado que es nacer mujer y hacerse mayor.

P. ¿Cómo diferenciarla de la otra gerontología?

R. Porque la feminista cree que no hay enfermedad sino dificultad en la vida sexual de la mujer. Porque antes que en causas biológicas piensa e investiga en el contexto afectivo, social, laboral y familiar y de ciclo vital de la mujer. Escuchamos, apoyamos, favorecemos y protegemos la intimidad de las mayores. La gerontología feminista habla de una práctica sexual donde sexo no es igual a coito y puntúan igual otras formas legítimas de relacionarse físicamente con una pareja o amante eventual, de tener voz propia para producir esos encuentros y a la vez poner límites, de revindicar el propio deseo cualitativa y cuantitativamente, ante los hijos, las amigas, la sociedad y el mundo.

Pero, sobre todo, como en la gerontología no feminista, si identificamos la sexualidad femenina con estar disponible siempre para el coito, tendremos estadísticas equivocadas. El diseño de cualquier pensamiento sobre la vida erótica de la mujer donde el sexo significa penetración nos llevará a creer que el deseo en la mujer efectivamente se desvanece con la llegada de la madurez.

P. ¿Con qué se encuentra la mujer a la hora de conciliar edad y sexualidad?

R. Su mundo del trabajo, de la familia, de las amistades, de la pareja, si la hay, suelen invisibilizar la madurez y la vejez y sobre todo ridiculizan su vida sexual. Se encuentra con que las parejas son poco estimulantes o difíciles de encontrar. Si las hay, entonces los hijos son puritanos y nos les dejan llevar al amante a casa o las sobreprotegen. Se encuentran con la propia creencia personal sobre el "principio del fin" que representa la menopausia. Las dificultades con la propia imagen corporal y los cánones estéticos (no esperan ser atractivas, se autoexcluyen). El estrés derivado de ser cuidadoras de sus padres, de sus hijos, y profesionales y parejas.

Así que la disminución de la actividad sexual post-menopausia no tiene que ver con un cambio hormonal sino con un cuadro multifactorial que aleja a la mujer momentáneamente de un disfrute personal y contacto consigo misma, de su capacidad de concentrase en su placer en un momento del ciclo vital tan comprometido. Si se producen cambios y mejoras en esos factores, lo probable es que todo mejore también.

P. 'Sin Reglas', su último libro, contra todo estereotipo social dice que después de los 50 el deseo de la mujer no solo no desaparece sino que cualitativamente mejora, y que aunque la frecuencia disminuye, hay más disfrute.

R. Muchas mujeres de esa edad pasan de una sexualidad más pasiva y subordinada al placer masculino a una erótica más implicada y activa en la edad mayor. El cambio hormonal prelude en la mayoría una liberación, autonomía y capacidad de gobierno sexuales. El conocimiento del propio cuerpo permite superar pudores aprendidos. Estas mujeres desean una sexualidad más sensualizada y desdramatizada. Con ritmos más pausados. Prefieren parejas esporádicas pero sobre todo que tengan casa propia como ellas. Las relaciones de larga duración les aportan más afectividad pero limitación en la actividad sexual. Lo que está claro es que mujeres de todas las edades y opciones sexuales reclaman más intensidad, pasión y frecuencia sexual. El autoerotismo es practicado en mujeres de toda las edades. Y trae salud.

P. ¿Hay alguien que piense que después de los 50 la mujer no tiene deseo sexual? ¿De verdad son tan invisibles?

R. Es una concepción basada en la reproductividad la que considera que la mujer post menopausia no tiene deseo sexual. Hay una tendencia transmitida de que algo le pasa al cuerpo femenino que no puede más con ello, se rinde o no siente apetito. Es una mirada biologicista que tiende a la medicación y a la negatividad, aunque solo un 3% padecen consecuencias físicas, esta es la que prevalece.

P. Su estudio dice que la satisfacción (que no el deseo) con la sexualidad propia disminuye con la edad, pero más en mujeres heterosexuales que en lesbianas.

R. La satisfacción depende en todos los casos de la buena gestión, de ser agente de la propia sexualidad, actuar como sujeto sexual supone un elemento central para la satisfacción sexual. Decir sí o no, pedir, sugerir, poner límites…

Las niñas la pierden a los 14 años cuando hacen sexo porque alguien les exige o chantajea. Es muy bueno recuperar lo que perdimos en la adolescencia. De esos barros vienen estos lodos; la carencia de una educación afectivo-sexual en la familia y en la escuela trae estas consecuencias y las relaciones de dominación que sufre una parte de la gente joven. Desde ese comportamiento emocional nace un largo camino hasta que la mujer puede ser dueña de su cuerpo, poner sus límites y adquirir agencia sexual.

Las mujeres maduras heterosexuales, además, todavía son víctimas del yugo del mito social de la belleza, que las mujeres lesbianas supuestamente ya han superado, y dependen de un modelo de sexualidad de corte masculino que a veces a ellas ya no les satisface, lo que posiblemente las lleve a la soledad por periodos.

P. ¿La llamada disfunción sexual femenina no es real?

R. El concepto nació ligado a la disfunción eréctil masculina, así se descargaba cierta responsabilidad sobre la mujer. El primer intento fue entre 1997 y 2004 cuando la farmacéutica Pfizer promueve esta idea investigando a 3.000 mujeres. Los resultados fueron vergonzantes para ellos que lo dejaron, no había mujeres enfermas. El pastel millonario seguía ahí. En 2015 sale al mercado Addy, o el viagra rosa.

Es increíble pero no se habla de las consecuencias y efectos secundarios. El primero, que la mujer soportara hipotensión, desmayos, pérdida de consciencia, a cambio de un afrodisíaco mediocre. Y en segundo lugar, ver el sexo de la mujer de forma descontextualizada y a ella como el único factor a tratar. No hay problema biológico, hay conflicto de relación, falta de pareja, incomunicación, o rutinas poco estimulantes. Creemos que en lugar de medicalizar hay que saber que la posible dificultad sexual de una mujer es contextual y la comunicación, la cercanía, la confianza, la intimidad, son de primer valor porque sin ellas no hay sexualidad placentera, por lo tanto no hay lubricación y, por lo tanto, no hay deseo. El deseo para nosotras esta muy en la cabeza.

P. ¿Son seguros los nuevos cuidados preventivos?

El ‘disease mongering’ o incitación a la enfermedad presiona al público para que se traten los procesos naturales como la menopausia y nos lancemos a consumir. Yo sostengo que las estadísticas sobre los beneficios farmacológicos se manipulan y se magnifican los riesgos del proceso natural. Y se recomienda la tecnología sin importar los riesgos secundarios. Los investigadores Moynihan y Cassels han denunciado el clima de temor creado por las farmacéuticas contra procesos o estados del ciclo vital para favorecer una comercialización intensa de productos (como con la osteoporosis, el síndrome premestrual o la disfunción sexual femenina).

P. ¿Cómo ve los modelos eróticos de las nuevas generaciones?

R. Creo que la presión social y estética es muy fuerte. Es difícil sustraerse a un modelo de belleza o medicalizado de la vida, pero aun así las nuevas generaciones tienen una realidad mejor que la nuestra. Tienen más conciencia, más preparación, más información, más modelos de mujeres que han hechos otros caminos.

El mundo es plural y grande, junto a la erotización estética (sexualización explícita de la mujer) hay movimientos que reivindican la libertad y el cuerpo y el no sometimiento a determinadas normas culturales como el modelo de cuerpo famélico de moda que ha durado tanto tiempo. Hoy conviven todos ellos, no estoy segura de que se equilibren, pero conviven. Los cuerpos no modélicos pasan a llamarse curvy y son integrados para poder hacer más dinero. La industria también nos integra a las mayores porque se ha dado cuenta que somos tenemos más dinero que las chicas jóvenes. Hay que estar atentos a estos vaivenes del interés en el modelo estético de mujer tan cambiante y mantenerse crítico. El imperativo de la belleza es algo que persigue a la mujer en todas sus edades y la edad madura no está exenta; ataca su autoestima constantemente, lo que influye mucho en su desvalorización para mantener una práctica sexual plena. Las generaciones jóvenes ya llegan resabiadas, pero el impacto psicológico es similar.

P. Habla de la dictadura el silencio, pero ha hecho usted hablar a un colectivo sin voz y casi sin colectivo.

R. Nos faltan palabras femeninas para hablar de sexo. Gustar sexualmente es placentero, el placer que genera gustar sexualmente es legítimo en los mayores y los recientemente mayores. Es muy sano que tengan ganas de jaleo y es demostrable que ello existe en la tercera parte de la vida, que es gestionable y que ha de hablarse. El propósito de mi estudio es abrir el debate. Somos muchos, somos diversos y caben todos. La música de fondo sería esta.

lunes, 12 de febrero de 2018

#libros #mujeres #sexualidad | Sin reglas : erótica y libertad femenina en la madurez

Sin reglas : erótica y libertad femenina en la madurez / Anna Freixas ; prólogo de Soledad Gallego-Díaz.
Madrid : Capitán Swing, 2018 [02-12].
216 p.
ISBN 9788494740893 / 17€

/ ES / ENS
/ Cuerpos / Deseo sexual / Diversidad afectivo-sexual / Erotismo / Mayores / Mujeres / Mujeres – Conducta sexual / Sexualidad

La sexualidad de las mujeres mayores es uno de los secretos mejor guardados en nuestra cultura, a pesar de que la evidencia científica confirma que la edad no tiene por qué suponer una dificultad para el disfrute. Freixas aborda los diversos ámbitos que configuran la erótica femenina postmenopáusica, apoyándose en la voz de las propias mujeres mayores. Tras analizar la investigación y el conocimiento sobre el tema y las diversas posiciones teóricas que tratan de explicar la sexualidad después de la menopausia y las actitudes sociales y culturales al respecto, nos adentra en los grandes temas que afectan a la erótica femenina en la madurez. ¿Qué pareja desean las mujeres después de la etapa reproductiva?, ¿cómo se vive la sexualidad en nuestra sociedad globalizada, cuando no se dispone de una pareja cercana?, ¿cómo se viven las opciones sexuales diversas, más allá de la heterosexualidad? La erótica cotidiana se ve afectada por la vivencia de la imagen corporal, por la satisfacción o insatisfacción que sentimos con el cuerpo cambiado por la edad, y también por aspectos relacionados con la salud propia y la de la pareja. Conocer el cuerpo y el deseo y disponer de los recursos necesarios para marcar límites, expresar deseos y rechazos supone un plus de enorme importancia en la satisfacción sexual a todas las edades, que parece más fácil de alcanzar a medida que pasan los años.

Anna Freixas. Escritora feminista y profesora de universidad jubilada. Barcelonesa afincada en Córdoba, se licenció y doctoró en Psicología en la Universidad de Barcelona, donde desarrolló los primeros años de su actividad docente. En 1981 llegó a Andalucía, al ingresar en la Universidad de Córdoba, primero en el Instituto de Ciencias de la Educación y luego en la Facultad de Ciencias de la Educación. Entre 1994 y 2001 creó y dirigió el Aula de Estudios de las Mujeres, transformada luego en la Cátedra Leonor de Guzmán. Sus líneas de investigación han versado sobre el envejecimiento de las mujeres, coeducación y feminismo, y la evolución de la investigación y docencia en Psicología desde una perspectiva de género. Ha tenido aportaciones pioneras para el desarrollo de la gerontología feminista en España. Su obra ‘Mujer y envejecimiento: Aspectos psicosociales’ recibió el Premio Dr. Rogeli Duocastella de Investigación en el Campo de las Ciencias Sociales, otorgado por la Fundación La Caixa, en 1993. En 1999 le fue concedido el VI Premio de Divulgación Feminista Carmen de Burgos, otorgado por la Asociación de Estudios Históricos y sobre la Mujer de la Universidad de Málaga. En 2006 recibió la medalla de plata de la Junta de Andalucía y en 2009 el Premio Meridiana de la Junta de Andalucía, en reconocimiento a su labor en pro de la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.