Mostrando entradas con la etiqueta Ciutat Morta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ciutat Morta. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de febrero de 2016

#hemeroteca #violencia | 4F: de error en error hasta la condena final


Imagen: La Vanguardia / Fotograma de 'Ciutat Morta'
4F: de error en error hasta la condena final.
Se cumplen diez años de unos lamentables hechos que han cambiado la vida de muchas personas y que han puesto en evidencia un sistema judicial incapaz de reconocer sus propios errores. El documental 'Ciutat Morta' relata con precisión tanto los hechos como las incidencias procesales que se produjeron durante el juicio.
Gonzalo Boye Tuset | El Diario, 2016-02-03
http://www.eldiario.es/contrapoder/Ciutat_Morta-derecho_a_un_juicio_justo_6_480561955.html

El 4 de febrero de 2006, en la calle Sant Pere Més Baix de Barcelona, un grupo de la Guardia Urbana se enfrentó a unos jóvenes que intentaban entrar a una fiesta en un centro social ocupado. Fruto de esos altercados alguien, aún por determinar, arrojó una maceta desde el tejado de dicha casa causando serias, lamentables y permanentes lesiones a uno de los guardias allí presentes. Ese fue solo el comienzo de una historia que no ha tenido ni tendrá final feliz.

Como abogado, se me pidió que me encargase de la defensa de Rodrigo Lanza Huidobro, uno de los jóvenes detenidos y enviados a prisión por dichos hechos. Era un caso que preocupaba -y mucho- a las autoridades chilenas de ese entonces. Un estudio de la causa, de las circunstancias y de la información aparecida en diversos medios me llevó a una clara conclusión: nada era como se decía y no existía un buen pronóstico.

Era evidente que en ese procedimiento había múltiples piezas que no encajaban. La primera era que los imputados -varios de ellos en prisión- no tenían relación entre ellos. Además, las versiones que daba la policía y los imputados diferían en todo. Peor aún. Todos los imputados tenían explicación y acreditación de no haber participado en los hechos. Finalmente, varios de los detenidos habían sido objeto de malos tratos y torturas.

También era evidente que los entonces responsables municipales habían cambiado de versión sobre lo sucedido y que no existía una voluntad clara de investigar, según hemos podido comprobar años más tarde.

Después de mucho tiempo e incidencias procesales, todas abocadas al fracaso por razones que se han explicado muy bien en el documental ‘Ciutat Morta’, comenzó el juicio oral. Era el único momento en que podríamos tener una oportunidad de hacer visibles las contradicciones, las limitaciones impuestas a las defensas y, sobre todo, poder demostrar que los hechos estaban allí -un guardia urbano con lesiones irreparables-, pero que las personas que se sentaban en el banquillo nada tenían que ver con esos hechos. Mucho nos equivocamos. Lo único que se acreditó en el juicio era que todo estaba resuelto desde antes de comenzar.

¿Por qué nos equivocamos tanto? La respuesta es muy sencilla: existía una clara intención política de zanjar el tema con una condena ejemplar a quienes fueron expuestos como responsables de los hechos. Ante una decisión de estas características es muy difícil defender.

¿Qué había detrás de esa decisión política? Sigo pensando que el deseo de eludir responsabilidades patrimoniales y políticas por parte de los entonces responsables del Ayuntamiento de Barcelona y respaldar una actuación policial que nunca debió producirse, al menos no así. La casa en que se realizaba la fiesta, un centro social ocupado, dependía de dicho Ayuntamiento y la unidad policial que realizó la intervención no solo no estaba preparada para ese tipo de actuaciones, sino que, además y como se demostró años después, estaba compuesta por personas que nunca debieron ostentar la condición de agentes de la autoridad, siendo incluso algunos de ellos condenados en otro caso de torturas.

El juicio se desarrolló en un ambiente tenso. Fue una defensa compleja y, si bien contábamos con el apoyo incondicional de las familias, los amigos y las correspondientes embajadas de varios de los acusados, no contamos con algo esencial: un tribunal que se aproximase imparcialmente al caso y ello por algo fundamental. Se habían resuelto muchas incidencias previas y tenían un prejuicio claro sobre los hechos, la participación de los acusados y el Derecho a aplicar.

La sentencia no tardó en llegar, imponiendo penas inferiores a las solicitadas por las distintas acusaciones, pero muy graves. Fue una resolución que no se correspondía ni con los hechos ni con la prueba practicada, pero que era de esperar a la vista de lo sucedido tanto en el juicio como en la fase de instrucción. Contra la misma recurrimos, primero al Tribunal Supremo, luego al Tribunal Constitucional y, finalmente, tendremos que esperar a Estrasburgo para no decaer en la esperanza de alcanzar una resolución más justa en la que la verdad jurídica se acerque, lo más posible, a la verdad material.

¿Cómo se pudo llegar a un escenario tan injusto? La respuesta no es sencilla, pero, seguramente, hay que buscarla en una suma de elementos como son: la firme voluntad política de trasladar las responsabilidades a los detenidos; la ceguera endogámica de quienes no son capaces de aceptar que las "versiones policiales" no son "verdades reveladas"; y la aceptación acrítica de dicha "versión policial" por parte de quienes tenían la obligación de informar de manera imparcial. Nadie estaba preparado para creer a los jóvenes acusados, cuyo único elemento o característica en común era la estética ("estética okupa" en palabras policiales), resultando más sencillo asumir la versión oficial que investigar si se estaba o no cometiendo un grave error.

Hoy a nadie le parece increíble un guión como el de la serie ‘Making a Murderer’, pero en esos momentos predicábamos en el desierto y, peor aún, no se trataba de un guión televisivo sino de una dura realidad que ha cambiado las vidas de muchos jóvenes inocentes, de sus familias y amigos. Incluso ha costado la vida a una de las condenadas (Patricia), quien ya no podrá ver jamás respetado su derecho a ser reconocida como inocente y víctima de los sucesos del 4F.

Tuvieron que pasar ocho años hasta el estreno del magnífico y esclarecedor documental Ciutat Morta para que la sociedad tomase consciencia de lo que sucedió el 4F, de lo que se hizo para evitar conocer la verdad y el mucho daño que en dicho empeño se generó a personas cuyo único "delito" consistió en parecer okupas.

Diez años después de los lamentables sucesos del 4F, el caso solo tiene víctimas pero ningún responsable. No es posible pasar página ante unos hechos de esta gravedad y consecuencias, pero sí colocar las vivencias y sufrimientos en el baúl de los malos recuerdos. El problema es que para hacerlo resulta necesario que la verdad triunfe sobre los intereses espurios de quienes tanto empeño han puesto en que no se haga justicia. Una sociedad madura no debe olvidar este tipo de errores. Debe exponerlos y enmendarlos para que no vuelvan a repetirse. En eso consiste parte del vivir en un Estado democrático y de Derecho.

Y TAMBIÉN…
‘Ciutat Morta’ se convierte en libro en el 10º aniversario del caso 4F.

La obra, autoeditada, se presenta este jueves en el mismo inmueble de los hechos, entonces okupado y hoy equipamiento municipal.
La Vanguardia, 2016-02-04
http://www.lavanguardia.com/local/barcelona/20160204/301908359227/ciutat-morta-libro-10-anos-4f.html

#hemeroteca #violencia | Diez años del 4-F, el caso que retrató 'Ciutat Morta' y sacudió la sociedad catalana

Imagen: Público
Diez años del 4-F, el caso que retrató 'Ciutat Morta' y sacudió la sociedad catalana.
La enorme repercusión que tuvo la emisión del documental sobre el caso ha cambiado la percepción ciudadana sobre los cuerpos de seguridad, que lo ven injusto porque constituyó una "crítica general" a la institución. La película mostró el 4-F como un montaje policial y judicial con varias víctimas inocentes.
Marc Font | Público, 2016-02-03
http://www.publico.es/sociedad/diez-anos-del-f-caso.html

Diez años atrás, el PSC era todavía el partido hegemónico en Barcelona y Joan Clos ostentaba la alcaldía de la capital catalana. Las ahora omnipresentes redes sociales eran muy embrionarias -Twitter, por ejemplo, ni tan siquiera existía- y las denuncias por abusos policiales y montajes judiciales difícilmente trascendían más allá de círculos muy activistas. Hoy, los socialistas son sólo la quinta fuerza de la ciudad, millones de personas consultan diariamente sus perfiles en las redes y una parte significativa de la población ya no acepta acríticamente la versión oficial cuando aparecen quejas ante una determinada actuación policial. Y una de las razones de este último cambio es lo que sucedió en Barcelona hace justo una década, el 4 de febrero de 2006. Fue el punto de partida del llamado caso 4-F, que sacudió a gran parte de la sociedad catalana en enero del año pasado con la emisión en el Canal 33 del documental ‘Ciutat Morta’.

El 4 de febrero de 2006 durante el desalojo de una finca ocupada en la calle Sant Pere Més Baix -en el distrito de Ciutat Vella- un agente de la Guàrdia Urbana de Barcelona recibió un fuerte impacto en la cabeza y quedó en coma. La noche terminó con varios jóvenes detenidos y, posteriormente, cuatro de ellos fueron condenados a prisión, acusados de ser los responsables de la agresión. El 26 de abril de 2011, Patricia Heras, una de las encarceladas, se suicidó durante un permiso penitenciario. Las versiones policial y judicial del caso 4-F difieren radicalmente de la que aparece en 'Ciutat Morta', que muestra cómo aquella noche Heras ni tan siquiera se encontraba en el inmueble de Sant Pere Més Baix.

Heras y el agente de la policial local herido -y que quedó tetrapléjico- han sido las víctimas más graves del caso. Pero también se deben añadir Rodrigo Lanza, Álex Cisternas y Juan Pintos, los otros tres jóvenes que pasaron varios años entre rejas por una acción que siempre negaron haber cometido. Además, denunciaron haber sufrido torturas por parte de la policía. Inicialmente el caso tuvo poca repercusión mediática y tan sólo la revista Masala -una publicación local de Ciutat Vella- y, sobre todo, la Directa -entonces un semanario y hoy un diario digital que además publica un quincenal en papel- lo siguieron a fondo y cuestionaron la versión oficial.

Mayor fiscalización ciudadana
El periodista de la Directa Jesús Rodríguez, seguramente la persona que más ha escrito sobre el tema, afirma a Público que la principal consecuencia del caso 4-F ha sido que “ha cambiado la lupa con la que la sociedad y los periodistas observan las denuncias de abusos policiales, impunidad e injusticias varias”. “Ahora hay una mayor fiscalización y un seguimiento más de cerca de estas denuncias”, añade Rodríguez. Con todo, este no fue una consecuencia inmediata sino que llegó a raíz del enorme impacto que tuvo la emisión de Ciutat Morta, que retrata el caso como un montaje policial que se pudo llevar a cabo gracias a la cobertura política y judicial. Víctor Gibanel, exjefe de información de la Guàrdia Urbana de Barcelona, demandó al periodista por lo que dice sobre él en el documental.

La opinión sobre las consecuencias de la película no es unánime. Para Félix García, secretario general del Sindicato Autónomo de Policía de las Policías Locales de Catalunya (SAP-PL), se “generó un impacto muy negativo, porque constituyó una crítica general a toda la institución [policial] y no se señaló como un hecho puntual”. Según él se tradujo en un “prejuicio injustificado contra toda la policía, olvidando que lo que hacemos es defender derechos y libertades”. El dirigente sindical añade que a raíz de ello se ha provocado “cierta inhibición en el policía, porque se siente cuestionado y en el punto de mira”.

Una audiencia récord
La idea del documental surgió durante el 15-M, cuando pocos días después del suicidio de Patricia Heras coincidieron Xapo Ortega y Xavier Artigas, a la postre directores del documental a través de Metromuster, la productora que fundaron. Estrenada en 2013, la cinta pasó más o menos desapercibida a pesar de su exitosa trayectoria en festivales. Las resistencias de la dirección de Televisió de Catalunya (TVC) a emitirla, su programación un sábado por la noche y en su segundo canal -y sólo tras una fuerte presión social y político- y el intento de censura previa ordenada por un juez -que obligó a proyectar una versión recortada en varios minutos a causa de la petición de Víctor Gibanel, alto cargo de la Guàrdia Urbana de Barcelona durante los hechos- desencadenaron un efecto Streisand de manual. Y el resultado fue rotunda. 569.000 personas vieron el documental en directo -un récord en la historia del Canal 33- y cientos de miles lo hicieron posteriormente a través de las redes.

A partir de aquí se desató una tormenta política y mediática y, esta vez sí, el debate público giró durante un par de semanas alrededor del tema. Varias formaciones políticas reclamaron la reapertura del caso -como habían pedido año tras año los familiares y grupos de apoyo a las víctimas- pero la Fiscalía la rechazó, con el argumento que el documental no constituía “ninguna prueba jurídica”. Tras la emisión, tanto el Síndic de Greuges -el equivalente catalán al Defensor del Pueblo- como el Ayuntamiento de Barcelona -todavía gobernado por el convergente Xavier Trias- publicaron informes sobre el caso.

A diferencia del relato del consistorio -construido a través de las versiones policiales y judiciales-, el Síndic, Rafael Ribó, detectó indicios de maltrato a los detenidos. Ribó dio credibilidad a las denuncias por torturas presentadas contra los agentes de la Guàrdia Urbana Víctor Bayona y Bakari Samyang, que testificaron contra los detenidos y actualmente están en prisión condenados por maltrato en otro caso.

Xavier Artigas, uno de los codirectores de Ciutat Morta, explica que “desde el primer momento teníamos la voluntad de trascender y llegar a un gran público” y que con el documental se consiguió “de largo” que la gente conociera el caso. “El juicio histórico se ha ganado”, afirma Artigas. Para el cineasta, antes de que se abriera la caja de Pandora con su emisión en el Canal 33, “los medios fueron muy cautelosos al hablar del documental. Creo que había una cuestión de cobardía porque [en él] quedan retratadas personas que están en activo. Denunciábamos a exalcaldes, policías en activo, una juez,...”.

"Un símbolo del abuso de poder"
“Desde que se emitió el documental, la gente común está al caso y cree que estos casos de abusos suceden en Barcelona y en el mundo. Era el muro contra el que luchábamos”. Quién habla es Mariana Huidobro, madre de Rodrigo Lanza, uno de los jóvenes encarcelados en el caso. La situación de su hijo implicó un giro radical en la vida de Huidobro, ya que “cambié de país [es chilena], dejé de trabajar, me quedé sin pareja y caí en la bancarrota” tras implicarse totalmente en la campaña para pedir la libertad de los acusados. Huidobro lamenta las consecuencias del caso que arrastra Lanza -una deuda de más de un millón de euros y los antecedentes penales que le han dificultado encontrar trabajo-, pero a pesar de todo subraya que el 4-F se ha convertido “en un símbolo del abuso de poder”. Convertida en activista, defiende la necesidad de contar la historia para ayudar también a otras y fruto de esta idea surge el libro Ciutat Morta. Crónica del caso 4F, que se presenta este jueves.

El periodista Jesús Rodríguez recuerda que el jefe de los Mossos, el comisario Josep Lluís Trapero, dijo que las balas de goma se prohibieron “porque la sociedad catalana ya no las acepta”. Y cree que “ha pasado algo similar con la fiscalización y el control de las prácticas policiales después deI ‘Ciutat Morta’", ya que ahora algunos cuerpos incorporan “elementos de sociedad vigilante en sus actuaciones”. Rodríguez considera que “fiscalización no se debe detener” y que los cuerpos policiales deberían ver como “normalizada” la existencia de entidades como la Coordinadora para la Prevención de la Tortura, el Síndic de Greuges o el Centro Irídia -surgido hace unos meses para defender los derechos humanos- y no como a sus enemigos.

Para el sindicato SAP-PL, “con la aplicación del actual código penal y con los regímenes disciplinarios que tiene cada cuerpo policial” ya se persiguen los posibles abusos. En todo caso, la organización subraya que ha solicitado “cámaras en los centros de detenidos, en las zonas de custodia e incluso en los vehículos policiales, porque entendemos que genera una doble seguridad. Da tranquilidad al ciudadano y, a la vez, es una seguridad jurídica para el policía y hemos comprobado que con ellas caen en picado las falsas denuncias [por abusos]”. Diez años después, el caso 4-F sigue bien presente.

#hemeroteca #violencia | Caso 4F: lecciones de 10 años de lucha contra la impunidad

Imagen: El Diario / Aniversario 4F en 2015
Caso 4F: lecciones de 10 años de lucha contra la impunidad.
El documental ‘Ciutat Morta’ permitió romper el silencio después de años de lucha por cuestionar la versión oficial en un caso que llevó cuatro personas a la cárcel. "A nivel jurídico no hemos conseguido nada, pero sí a nivel moral", reivindica Mariana Huidobro, madre del condenado que pasó más tiempo en prisión. "La resiliencia y las experiencias de resistencia alrededor del caso 4F nos ha marcado a la gente que hemos empezado a trabajar en materia de derechos humanos durante estos años", asegura el abogado Andrés García Berrio.
João França | El Diario, 2016-02-03
http://www.eldiario.es/catalunya/Caso-lecciones-anos-lucha-impunidad_0_480502907.html

Este jueves se cumplen 10 años del caso 4F. Una fiesta en una casa okupa de la calle Sant Pere Més Baix del centro de Barcelona acababa en disturbios con la intervención de la Guardia Urbana. Una maceta lanzada desde el edificio –según la primera versión del entonces alcalde Joan Clos– impactaba contra un agente, produciéndole heridas graves que lo dejaron en estado vegetativo. Nueve personas que no estaban en el interior del edificio fueron condenadas por el caso y cuatro de ellas ingresaron en prisión.

Durante estos diez años han defendido su inocencia y hace un año el documental 'Ciutat Morta' mostraba en la televisión pública catalana la historia de un montaje judicial. Patricia Heras, que fue detenida en las urgencias del Hospital del Mar y que siempre negó haber estado en el lugar de los hechos, se suicidó tras seis meses en la cárcel de Wad-Ras. Rodrigo Lanza, uno de los condenados, no salió de la cárcel hasta el 28 de diciembre de 2012. "Después de 10 años, la gran conclusión que saco es que en este caso solo han habido víctimas", asegura Gonzalo Boye, abogado de Lanza.

"Los primeros ocho años fueron años de mucha lucha, pero muy silenciosa, y después de Ciutat Morta la cosa cambió bastante, porque el caso se dio a conocer y permitió cambiar la opinión pública, al menos generar dudas sobre la versión oficial y sobre como funcionan los poderes", asegura Mariana Huidobro, madre de Lanza. "A nivel jurídico no hemos conseguido nada, pero sí a nivel moral", apunta. En la misma línea, Boye apunta que "el gran progreso que ha habido en el caso es la divulgación del documental, porque la gente ha tomado consciencia de lo que familias, amigos y abogados venimos diciendo desde hace años".

Rodrigo Lanza vive hoy en Zaragoza, tratando de rehacer su vida fuera de Barcelona. Desde que salió de la cárcel, denuncia que sufre acoso por parte de la Guardia Urbana. "Siempre tiene problemas, como que lo para la policía para registrarlo o que no querían renovarle el NIE", cuenta su madre, que añade que el documental ha sido una experiencia dura a nivel emocional para todos los implicados.

Estructuras para fiscalizar
Jesús Rodríguez, periodista de La Directa y parte del equipo que hizo ‘Ciutat Morta’, lleva informando sobre el 4F desde 2006, cuando pocos se atrevían a salir de la versión oficial, y valora lo que se ha conseguido. "Ha cambiado la visión que se tiene de la denuncia de irregularidades o abusos por parte del poder judicial o la policía, y ahora hay una percepción más fiscalizadora, que se cuestiona más las cosas, tanto por parte de los periodistas como de la opinión pública", asegura, pero evita pecar de optimista. "No son cambios que se mantienen en el tiempo si no se crean estructuras que mantengan esta fiscalización", dice. Apunta a la creación el pasado octubre del centro de derechos humanos Irídia como una de estas estructuras que reclama, y añade que lo considera fruto del contexto creado por la emisión del documental.

Andrés García Berrio, uno de los impulsores de Iridia, asegura que el 4F "ha representado durante mucho tiempo un símbolo de la impunidad, pero a la vez ha sido símbolo de como, colectivamente y con imaginación, se puede romper esta impunidad o generar procesos de reparación social, como fue la emisión en TV3 de Ciutat Morta". "Hemos aprendido de lo bueno y lo malo que ha pasado alrededor del caso 4F en estos diez años, la resiliencia y las experiencias de resistencia nos han marcado a toda la gente que hemos empezado a trabajar en materia de derechos humanos durante estos años", reconoce.

Muchos 4F
Al otro lado, Huidobro cuenta como su experiencia la ha llevado a implicarse en la lucha contra la impunidad. "Como Mariana, estos 10 años han sido horribles, y más como madre", dice, pero también explica que contar su caso ha llevado mucha gente con experiencias similares a acercársele. "Se nos acerca la gente con cierta esperanza, y no podíamos generar expectativas, pero cuando unimos fuerzas hay algo positivo, se puede hacer una lucha práctica, concreta, para cambiar estas cosas", apunta Huidobro, que también se encuentra entre los impulsores de Irídia. "Hay mucha gente ahora presa injustamente, que está sufriendo esto, que está sufriendo el 4F, y no podemos seguir cerrando los ojos", dice.

"Hoy en día se producen casos 4F continuamente, pero la cuestión es si se tiene capacidad de sacarlos de la invisibilidad", remarca Jesús Rodríguez. "Hay víctimas de injusticias y abusos fuera de los movimientos sociales, en ámbitos de invisibilización o marginación, gente que tiene dificultades para acceder a medios de comunicación o a herramientas que permitan acceder a la denuncia, pasa con mucha más regularidad de la que creemos", denuncia.

García Berrio asegura que este "romper el silencio" de ‘Ciutat Morta’ ha servido para producir "pequeños cambios en los operadores jurídicos si llegan casos como estos". Sin embargo, asegura que "hace falta voluntad política para hacer cambios estructurales en el modelo de control de los cuerpos policiales". "Todavía son los cuerpos policiales los que se controlan a sí mismos e investigan si hay una investigación judicial, y este control debería ser efectivo a cualquier cuerpo funcionarial que tenga el monopolio de la fuerza", reivindica. El abogado defiende que debería depender directamente de Presidencia en el caso de los Mossos d'Esquadra y de Alcaldía en el caso de la Guardia Urbana y ser llevado a cabo por personas especializadas en derechos humanos.

Cuestionar la versión oficial
"Este caso abre los ojos a la sociedad sobre cosas que pasan más de una vez en el ámbito judicial, que es la comisión de errores", asegura Boye. El abogado lamenta que "como sociedad tenemos muy asumido que la versión policial siempre es cierta". También desde los medios, apunta Rodríguez. "En relación a los grandes medios no ha cambiado mucho en este tiempo, sobre todo porque hay unas dinámicas y rutinas de producción que mantienen esta manera de hacer en que las fuentes oficiales acaban controlando gran parte de los contenidos de las secciones de sucesos, judicial o policial", asegura el periodista.

Rodríguez asegura que el día siguiente a la emisión de ‘Ciutat Morta’ en la televisión pública catalana tuvo "una extraña sensación". "Se ha convertido en un tópico en los últimos años que hoy la gente se informa a través de las redes, pero a pesar de que centenas de miles de personas habían sabido de la existencia de este caso, solo hubo una reacción cuando apareció en televisión, y me impresionó ver el impacto que todavía tiene la televisión en marcar la agenda de lo que es y de lo que no es importante", cuenta.

Mariana Huidobro cree poco en la justicia. "La legalidad ya hace tiempo que no existe como tal si uno no está corrupto, no tiene poder o no tiene dinero, y yo no soy nada de esto, y menos mal", asegura. El abogado de su hijo, sin embargo, no desiste. "Vamos a ir hasta donde haga falta para demostrar que estos chicos son inocentes", dice Boye. García Berrio confía en aprovechar toda la experiencia de estos diez años para crear estructuras que eviten que se repitan casos como este. Y Jesús Rodríguez tiene claro que el mejor antídoto para nuevos 4F es acabar con la pasividad ante la impunidad. "Los implicados en el caso 4F pasaron por centenares de personas que no actuaron ante los abusos judiciales o policiales", concluye.

jueves, 15 de octubre de 2015

#hemeroteca #derechoshumanos | Iridia, un proyecto para recorrer acompañados el camino de los derechos humanos

Imagen: El Diario / Iridia
Iridia, un proyecto para recorrer acompañados el camino de los derechos humanos.
Activistas de varios movimientos sociales se unen para crear un centro que haga frente a las vulneraciones de derechos con una perspectiva transversal, desde las políticas migratorias hasta la violencia machista. Pondrán en marcha a principios de 2016 un Servicio de Atención y Denuncia ante situaciones de Violencia Institucional para ofrecer asistencia jurídica y psicosocial a las víctimas de malos tratos en el marco del sistema penal catalán.
João França | El Diario, 2015-10-15
http://www.eldiario.es/catalunya/Iridia-proyecto-recorrer-acampanados-derechos_0_441656858.html

"En materia de derechos humanos nos encontramos en un momento que es bueno y malo, porque por un lado hay un empoderamiento colectivo y es un momento de ilusión en determinados sectores, pero también es un momento muy duro a nivel represivo", comenta Anaïs Franquesa. Está sentada junto a Andrés García Berrio. Ambos son abogados de referencia para los movimientos sociales de Barcelona, y han defendido desde a huelguistas represaliados hasta internos del Centro de Internamiento de Extranjeros. Ahora son parte del grupo que impulsa el Centro para la Defensa de Derechos Humanos Iridia.

El objetivo de Iridia es dar una respuesta amplia, no sólo judicial, a violaciones de derechos humanos que van desde las políticas migratorias hasta la violencia machista. Por eso hay otras tres personas que comparten mesa con Franquesa y García Berrio pero que no son abogadas, sino que abordan los derechos humanos desde otros ámbitos. Irene Santiago es psicóloga social, y añade a la valoración de su compañera que es positivo que haya "un auge de movimientos sociales que no era hace años". Aparecen en la conversación la lucha por el cierre de los CIE o la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. "Hay una revalorización de las redes de apoyo, y en este sentido creo que el feminismo ha hecho mucho", añade Carla Alsina, investigadora social proveniente de movimientos como el feminista o el del cierre de los CIEs. "Esto nos da perspectivas para pensar que una visión integral es más importante", dice.

El quinto lugar en la mesa del despacho donde trabaja Franquesa lo ocupa Mariana Huidobro, madre de Rodrigo Lanza, uno de los condenados por el caso 4F. Acusado de haber dejado tetrapléjico a un agente de la Guardia Urbana, sigue luchando para defender su inocencia tras cumplir las penas de prisión. Otra condenada por el caso, Patricia Heras, se quitó la vida durante un permiso mientras cumplía condena. El documental Ciutat Morta dio difusión a su historia buscando poner luz sobre un montaje policial y judicial. "Vengo de una lucha que se ha sumado a muchas otras luchas, mucha gente se nos acerca y no sabe dónde acudir", explica. Iridia quiere ser la respuesta.

"Hay muchas entidades que trabajan cada uno de los temas que estamos planteando, y nosotros somos parte de este tejido, pero también vemos que hay un vacío", asegura Alsina. Los impulsores de Iridia presentan el centro como un nodo más de una red ya existente y de la que forman parte, pero confían en que pueda servir para trabajar con una visión más integral. Y convertirse en una referencia para que la gente sepa dónde acudir, remarca Huidobro.

Violencia institucional
El primer proyecto en el que trabajan es la creación de un Servicio de Atención y Denuncia ante situaciones de Violencia Institucional (SAIDAVI), que estará en marcha a inicios de 2016, y pretende ofrecer asistencia jurídica y psicosocial a las víctimas de malos tratos en el marco del sistema penal catalán.

"A menudo la palabra violencia ha sido utilizada precisamente contra el ciudadano. Se habla de violencia contra las cosas, por ejemplo a quemar un contenedor, cuando no es posible ejercer violencia contra los bienes, en todo caso hablaríamos de daños", apunta Franquesa, que lamenta que en cambio no se habla mucho de la violencia institucional. Muchos informes internacionales denuncian que es una realidad en España, y tiene muchas caras.

Alsina habla del papel de la violencia institucional entre las violencias machistas, "porque la administración juega un papel en la reproducción de la discriminación de género". Franquesa apunta que también lo son "todos los obstáculos que encuentras cuando pretendes denunciar o dar luz a casos de violaciones de derechos". Santiago recuerda que el nivel más extremo de violencia institucional es la tortura, que está definida como una violencia ejercida por cargos públicos.

Sistema penal
"Trabajamos a nivel de sistema penal, entendiéndolo como un sistema claramente coercitivo", dice Andrés García Berrio, que hace alusión a "todas aquellas muestras de golpes, agresiones, vejaciones o abusos de poder que se producen". Explica que hay que tener en cuenta que el sistema penal tiene una parte más estática, que es la legislación, y una parte más dinámica, que son los operadores que la ponen en práctica, sean jueces, policías o funcionarios de prisiones. Hay que incidir en ambos niveles, cuenta.

Lo que impulsan es un proyecto que pretende dar respuesta a casos particulares, pero también impulsar cambios políticos. Se trata, en palabras de Irene Santiago, de "poder aportar a la construcción de sociedades más democráticas, no sólo responder a vulneraciones puntuales de derechos humanos". Y eso, como admiten desde el abogado hasta la psicóloga social, no pasará necesariamente por un proceso judicial. Franquesa explica que "a menudo el proceso judicial no te da la reparación, a veces el muro de la impunidad puede ser doblemente victimizador". Por ello el objetivo de Iridia es dar todas las herramientas a las personas para que decidan qué vía están dispuestas a seguir.

Verdad y memoria
Mariana Huidobro tiene muy claro que no cree en el sistema judicial. En el caso 4F, además, los recursos judiciales que interpusieron sólo sirvieron para incrementar las condenas de los que defendían su inocencia. Uno de los objetivos que se marca Iridia con el SAIDAVI es "generar procesos de reconocimiento de la verdad tanto judiciales como extra-judiciales" y Huidobro tiene claro que quiere trabajar caso a caso con las personas afectadas para respaldarlas.

"No pretendemos hablar de la verdad como algo absoluto, sino de verdades concretas, personales, sinceras", explica Huidobro. "Queremos la verdad para recordar y que no se repita", añade Santiago. "Cuando puedes nombrar lo que está pasando también lo puedes cambiar, y eso tiene mucho que ver con los procesos de memoria", apunta. La madre de Rodrigo Lanza concluye que "las vivencias personales también se repiten en otros casos, lo que me pasa a mí le pasa a otras personas, y es aquí donde se crean situaciones que ya son polititzables".

Iridia pasará en gran parte por este apoyo mutuo. Tanto por una víctima como Mariana Huidobro que pueda acoger otras como ella, pero también en los procesos judiciales. "Cuando sales de la cárcel roto después de haber visitado a una persona que lleva tres años en aislamiento necesitas también un apoyo para cuidarte tú", apunta Andrés García Berrio, y Anaïs Franquesa, la otra abogada de la mesa asiente."No puedes ayudar solo, tienes que hacerlo con estructuras", asegura Huidobro, y Santiago aporta una conclusión aprendida de su trabajo social en América Latina: "Hay caminos que se recorren acompañados".

Obligación moral
Hablan mucho de corresponsabilidad. "Si como sociedad generamos estas situaciones de violencia, tenemos la obligación moral de cuidar a las personas que las padecen", afirma García Berrio. Santiago añade que "cuando hablamos de corresponsabilidad es porque la causa es social, no se debe perder de vista que estas vulneraciones son sociales, aunque acaban concretándose en vulneraciones individuales".

Para ir más allá, quieren que estos casos sirvan también para remover conciencias cuando las personas afectadas estén dispuestas. "Lo más importante en una campaña como la del cierre de los CIEs ha sido trasladarle a la gente lo que supone estar cerrado en el CIE, que vayas a ser deportado o deportada, que te maltraten dentro del CIE", dice García Berrio. Son estos procesos los que permiten llevar las exigencias al nivel político, y que, por ejemplo, el Parlament de Catalunya haya reclamado el cierre de estos centros.