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martes, 21 de noviembre de 2017

#hemeroteca #politica| Podemos denuncia que no se ha celebrado oficialmente el 84º aniversario del voto femenino

Imagen: Europa Press / Irene Montero
Podemos denuncia que no se ha celebrado oficialmente el 84º aniversario del voto femenino.
Europa Press | La Vanguardia, 2017-11-21
http://www.lavanguardia.com/vida/20171121/433060310707/podemos-denuncia-que-no-se-ha-celebrado-oficialmente-el-84-aniversario-del-voto-femenino.html

La portavoz de Unidos Podemos en el Congreso, Irene Montero, ha reconocido este martes estar "sorprendida" por que una "fecha tan simbólica" como la celebrada el pasado 19 de noviembre, cuando se cumplieron 84 años del voto femenino en España, no haya tenido "una celebración oficial".

"En una época en que las fechas se celebran con bombo y boato, esta celebración pasó desapercibida", ha denunciado la dirigente morada, quien ha hecho un repaso de los que supuso para las mujeres votar por primera vez en el país.

En este sentido, ha recordado el debate mantenido por Clara Campoamor en el Congreso, en el que tuvo que lidiar con diputados "que alegaban problemas biológicos" para rechazar el voto femenino, según ha recordado Montero. La diputada ha lamentado que, a pesar de la relevancia de Campoamor, en la Cámara Baja se le recuerde "con una sala situada en un sótano y un busto que no es de los más reconocidos de la Cámara".

Reconocimiento hacia la lucha de las mujeres
"Vaya, por parte de nuestro grupo parlamentario, un reconocimiento a la lucha de las mujeres", ha declarado durante la rueda de prensa posterior a la Junta de Portavoces del Congreso.

Además, ha destacado que las mujeres siguen defendiendo sus derechos en la actualidad y ha señalado las "multitudinarias" manifestaciones de los últimos días "exigiendo que las instituciones no reproduzcan los comportamientos machistas implantados en los últimos siglos", en los que "se cuestiona más a la víctima de una violación que al agresor". "Son tiempos de políticas feministas, de la revolución de las mujeres", ha concluido.

lunes, 20 de noviembre de 2017

#hemeroteca #mujeres #historia | A 84 años del voto femenino en España, el "pecado mortal" de las mujeres

Imagen: La Izquierda Diario / Mujeres republicanas
A 84 años del voto femenino en España, el "pecado mortal" de las mujeres.
Hace 84 años, el 19 de noviembre 1933 durante la Segunda República, las mujeres votaron por primera vez, tras la lucha de Clara Campoamor expresada en su libro "Mi pecado mortal. El voto femenino y yo". Una primera ruptura con el modelo de 'Ángel del hogar'.
Cynthia Lub | La Izquierda Diario, 2017-11-20
http://laizquierdadiario.com/A-84-anos-del-voto-femenino-en-Espana-el-pecado-mortal-de-las-mujeres

En España, las estructuras políticas del siglo XIX y XX eran limitadas para el desarrollo de movimientos sufragistas de mujeres como se dieron en Inglaterra por ejemplo, frente al lento desarrollo de las estructuras sociales y económicas en la España del siglo XIX.

La desintegración del Antiguo Régimen y de la monarquía absoluta dio paso a la consolidación de un nuevo sistema constitucional liberal a partir de los años 30. La fragilidad del Estado liberal y el profundo conservadurismo de los regímenes políticos a lo largo del siglo XIX se trasladó a carácter profundamente conservador respecto a las mujeres, con un peso de la Iglesia Católica muy fuerte.

De este modo, la estructura política de finales del siglo XIX fue poco propicia para el desarrollo del feminismo liberal político basado en el sufragio y los derechos políticos individuales, tal como había surgido en Gran Bretaña o EEUU donde se desarrollaba un procesos de secularización más profundo. Por lo menos hasta la Segunda República en 1931.

Primeras rupturas con los modelos de ’La perfecta casada’ y el ’Ángel del hogar’
“La perfecta casada” y el “Ángel del hogar” era el modelo femenino que se imponía a finales del siglo XIX y comienzos del XX. El discurso de la domesticidad, ejemplificado en el famoso folleto publicado en 1886 de la colección “Biblioteca para Señoritas” que describía las obligaciones de las mujeres en el hogar, tanto en el gobierno de la economía como en el rol moral de las mujeres.

Acompañaban estas instrucciones los famosos argumentos del doctor endocrinólogo Gregorio Marañón, que en 1920 alcanzaron un consenso notable en la sociedad española tras su teoría de “la diferenciación y el carácter complementario de los sexos”, que aunque sostenía que las mujeres no eran inferiores, sí eran diferentes en sus rasgos psicológicos y biológicos: la razón, la lógica, la reflexión, la capacidad analítica e intelectual y la creatividad eran características biológicas del hombre. La sensibilidad, sentimentalidad, afectividad, intuición, pasividad y abnegación eran de la mujer. Es decir, unas características biológicas que determinaban y reforzaban el rol exclusividad doméstica de las mujeres.

Contra este discurso, hubieron voces de mujeres como Concepción Arenal, reformista liberal; Lucía Sánchez Saornil, telefonista, poeta y anarquista, luego fundadora de Mujeres Libre en 1936; María Cambrils, socialista que se enfrentó directamente a Marañón. Fueron voces fuertes pero marginadas, excepcionales, ante una sociedad en la que el discurso dominante de la domesticidad estaba muy extendido. A pesar de ello pasaron a la historia como pioneras de la lucha por los derechos de las mujeres.

Se partía muy de atrás para emprender esta lucha. Por ejemplo, el Códigos Civil y Penal establecía claramente la subordinación femenina para la mujer casada. Según la ley la autoridad del marido debía obedecerse automáticamente, recibiendo castigos si no lo hiciese. Desobedecer o insultar implicaba ser castigadas con la cárcel, mientras el marido sólo era castigado si la maltrataba. Un femicidio era castigado con el destierro a una distancia mínima de 25km, durante un período de entre 6 meses a 6 años. Si las heridas eran leves, no había castigo. Para las mujeres, se los consideraba parricidios, y se castigaban con la cadena perpetua. El considerado adulterio tenía connotaciones diferentes, de 2 a 6 años de prisión para la mujer. Nada para el hombre ya que no se lo consideraba adulterio, a no ser que tuviera otra concubina en el hogar conyugal.

Esto se mantuvo hasta la Segunda República, aunque con desigualdades regionales siendo Catalunya la más avanzada. Pero incluso en este período la Nueva Ley de Contratos Laborales de noviembre de 1931, el hombre mantenía en control del salario de la mujer y lo que había cambiado fue que la mujer podría ejercer el control pero con autorización del marido.

Respecto a la educación, el lento avance en el ámbito escolar y cultural de las mujeres constituía otro factor decisivo en la cuestión de género; diferente a los Estados liberales en Europa Occidental donde se expandió la educación pública como medio de propagación de la cultura burguesa y consolidación de los regímenes liberales.

En España, en 1860 el 86% de la población femenina era analfabeta y a comienzos del siglo XX se había reducido a un 71% en contraste con el 55,57% de analfabetos masculinos. Sólo el 25% de las mujeres sabía leer y escribir. Hacia 1930, las cifras se modificaban de un 47,5% las mujeres y el 36% para los hombres. Contra ello, el movimiento obrero desarrolló estrategias alternativas de renovación pedagógica y educación popular, en ateneos y centros culturales de socialistas y anarquistas.

En cuando al mundo del trabajo, existía una gran segregación laboral y discriminación de la mujer. Y sobre todo, una enorme hostilidad hacia el trabajo remunerado femenino y la entrada de las mujeres al trabajo. El culto a la domesticidad propagado sobre todo por la Iglesia católica, reforzaba el discurso de la dependencia económica de la mujer como elemento vital para ejercer su rol en el hogar: la “mujer asalariada” era un símbolo de la degradación masculina.

A 84 años del voto femenino en España, el "pecado mortal" de las mujeres

Publicamos este artículo, al cumplirse 80 años desde que, en las elecciones generales del 19 de noviembre 1933 durante la Segunda República, 6.800.00 mujeres pudieron votar por primera vez. Estas habían sido las segundas elecciones generales de la República proclamada el 14 de abril de 1931. En junio del mismo año habían transcurrido las primeras elecciones, convocadas tras la aprobación de la Constitución de la República en el Congreso de los Diputados el 9 de diciembre de ese mismo año, en las que las mujeres no podían votar.

El derecho al voto fue una conquista de las propias mujeres que, mientras luchaban por el sufragio femenino, fueron avanzando en otros derechos. Fue Clara Campoamor quien peleó en solitario como mujer parlamentaria y contra su propio partido. La vivencia de lo que fue un gran debate en el parlamento con otras mujeres diputadas, fue recogida por Campoamor en su libro "Mi pecado mortal. El voto femenino y yo".

En las elecciones de junio de 1931 fueron elegidas dos mujeres diputadas de un total de 465 diputados: Clara Campoamor (Partido Radical) y Victoria Kent (Izquierda Republicana). En el mes de diciembre ingresó a las Cortes Margarita Nelken (Partido Socialista).

Pero de las tres, sobresalió una solitaria aunque vigorosa voz, defensora de los derechos de la mujer y del sufragio femenino: Clara Campoamor (Madrid 1988- Lausanne 1973), costurera, empleada de telégrafos, abogada (interesada por la situación jurídica de las mujeres) y periodista. Fundadora de la Unión Republicana Femenina en 1931, una organización sufragista que planteaba “la defensa y protección de los derechos políticos, jurídicos y sociales de la mujer” (Mary Nash, 2014).

Como diputada radical y miembro de la comisión parlamentaria, debatió contra el proyecto presentado por una comisión parlamentaria, presidida por el abogado socialista Luis Jiménez de Asúa. En dicho proyecto del 27 de agosto de 1931, respecto al sufragio femenino decía: “No podrán ser fundamento de privilegio jurídico: el nacimiento, la clase social, la riqueza, las ideas políticas y las creencias religiosas. Se reconoce en principio la igualdad de derechos de los dos sexos.”

Campoamor protestó porque sólo se reconociese “en principio” la igualdad de derechos. Y tras una dura batalla en solitario, en contra de su propio partido, consiguió finalmente que se incorporara la enmienda siguiente: “No podrán ser fundamento de privilegio jurídico: la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas, ni las creencias religiosas. El Estado no reconoce distinciones o títulos nobiliarios (art. 25).

Pero el debate no quedó entre enmiendas jurídicas. Lo que se estaba cuestionando era todo un sistema de valores ideológicos y políticos sobre el rol social de la mujer, muchos de ellos sostenidos con argumentos biológicos y esencialistas arraigados durante siglos.

Así lo planteó uno de los representantes parlamentarios, el doctor Novoa Santos de la Federación Republicana Gallega, quien hablaba de la incapacidad natural femenina y del ’histerismo’ como componente esencial de su carácter: “El histerismo no es una enfermedad, es la propia estructura de la mujer” (Nash, 1995). Motivo por el cual la mujer, dominada por los sentimientos y no por la razón y el espíritu crítico, no estaría apta para ejercer el derecho a voto.

Otro de los argumentos más adoptados por todas las fuerzas parlamentarias, de carácter político, era que la mujer se encontraba influenciada por la Iglesia y por tanto su voto iba a ir a favor de las fuerzas de la derecha conservadora contrarias a la República. Fueron los republicanos de izquierda, radicales y radicales-socialistas los que más se opusieron.

Después de los debates en las Cortes, las mujeres de la Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), —una organización muy combativa para la época que defendía los derechos sociales y profesionales de las mujeres, contra la violencia de género, la Iglesia Católica y acabó luchando por el sufragio femenino—, se enfrentaron a los parlamentarios y distribuían panfletos exigiendo el sufragio femenino.

Mientras Campoamor defendía decididamente sufragio femenino, la abogada Victoria Kent (Partido Radical Socialista) se oponía argumentando que no era por la ’capacidad’ de la mujer, sino de oportunidad para la República y proponía aplazar el voto femenino para cuando las mujeres pudiesen valorar la necesidad de construir una República, diciendo: “Lo pido porque no es que con ello merme en lo más mínimo la capacidad de la mujer; no, señores diputados, no es cuestión de capacidad, es cuestión de oportunidad para la República. Si las mujeres españolas fuesen todas obreras, si las mujeres españolas hubiesen atravesado ya un período universitario y estuvieran liberadas en su conciencia, yo me levantaría hoy frente a toda la Cámara para pedir el voto femenino”.

Lo mismo planteó la socialista Margarita Nelken, más tarde diputada por Badajoz, quien justificó el aplazamiento del voto femenino en su libro “La mujer ante las Cortes Constituyentes”, publicado en 1931, en el que planteaba que las mujeres no estaban preparadas para votar al estar influenciadas por fuerzas conservadoras y eclesiásticas.

Campoamor, en solitario, respondía que la mujer había demostrado sentido de la responsabilidad social, que sólo aquellos que creyesen que las mujeres no eran seres humanos podían negarles la igualdad de derechos con los hombres. Así respondía a Kent: “Al hablar de las mujeres obreras y universitarias ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a otra? ¿No sufren éstas como las otras las consecuencias de la legislación? ¿No recae sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? ¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad?”.

También advirtió a los diputados de las consecuencias de defraudar las esperanzas que las mujeres habían puesto en la República. Así se enfrentó a las mujeres parlamentarias y a su propio partido: “Yo, señores diputados, me siento ciudadana antes que mujer y considero que sería un error político dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros… No cometáis, señores diputados, ese error político de gravísimas consecuencias.”

Finalmente, fue aprobado por 161 votos a favor y 121 en contra, el artículo 34º que establecía la equiparación de derechos electorales para los ciudadanos de uno y otro sexo mayores de veintitrés años.

Por primera vez en la historia de España las mujeres habían logrado el derecho al sufragio femenino. También otros derechos como el del divorcio o el artículo 40 sobre la contra discriminación en puestos oficiales. El artículo 46 declaraba que regularía los casos de seguro de enfermedad, accidente, paro forzoso, vejez, invalidez y muerte; el trabajo de las mujeres y de los jóvenes y especialmente la protección a la maternidad; la jornada de trabajo y el salario mínimo y familiar, etc.

Sin embargo, estos avances fueron efímeros. Después de la derrota la de revolución española y el nuevo Estado Franquista impuesto el 1 de abril de 1939 se retrocedería a siglos pasados en cuanto a los derechos de la mujer.

domingo, 19 de noviembre de 2017

#hemeroteca #mujeres #historia | 84º aniversario del voto femenino. Campoamor y la sororidad

Imagen: El Diario / Clara Campoamor
84º aniversario del voto femenino. Campoamor y la sororidad.
Paloma Lafuente | El Diario, 2017-11-19
http://www.eldiario.es/aragon/elprismatico/aniversario-voto-femenino-Campoamor-sororidad_6_709439060.html

He hablado mucho de ella. De Clara. De su lucha. De sus logros. De las consecuencias políticas de su empeño, de su rabia contenida, de su sufrimiento, de su dignidad. De las consecuencias personales de sus ideas. No me canso de recordarla, de reconocerla. De ella se conoce sobre todo su gran victoria en pro de la igualdad de las mujeres. La posibilidad del ejercicio de un derecho que, hasta el 19 de noviembre de 1933, sólo ostentaban los hombres en este país. El derecho a voto en unas elecciones legislativas.

Y digo que he hablado mucho de Clara, de su magnanimidad como mujer, como persona, como parlamentaria y como ciudadana. Pero también quiero mencionar el papel de sus coetáneas intelectuales, políticas y sindicalistas de esa época.

Campoamor consiguió mucho. Mucho más de lo aparente, que ya es bastante. Se enfrentó a una sociedad que nos consideraba inútiles, incapaces, sin criterio propio.

Una sociedad, unas leyes, una justicia que no nos consideraba seres humanos de pleno derecho, que nos relegaba al ámbito privado y que nos quería sumisas a una sociedad misógina y machista. Algo tan pasado y tan presente.

No todas sus compañeras apoyaron su causa. Sus cercanas cuestionaron el fondo de su reivindicación, no tenían claro que las mujeres estuvieran preparadas para votar en consonancia con lo que se jugaba en ese momento histórico. Pero ella siguió adelante. Si las mujeres habían trabajado, luchado y defendido la República, también debían poder participar de ella con pleno derecho.

Además de Victoria Kent, hubo reconocidas mujeres de la generación de Campoamor que dudaban de la libertad y la autonomía que las mujeres tenían a la hora de ejercer el voto con criterio propio, una de ella fue la escritora y militante comunista Luisa Carnés.

Luisa, de clase obrera, fue defensora de los derechos de las mujeres, pero consideraba que: “Es necesario que la mujer investigue, que hable y que haga por su propia cuenta. Que se emancipe de toda influencia; influencia que, en unos casos proviene de la voluntad del padre; en otro, del marido; del patrono de la fábrica; del jefe de la oficina…”. Recalcaba que “hay que dotar a la mujer de educación política, de la que hoy carece; cuando esta cultura la haya desligado de las influencias, el voto de la mujer tendrá verdadero valor”.

Tanto Luisa como Clara provenían de entornos obreros, de orígenes humildes. Ambas tuvieron que recorrer solas un mundo que no era el suyo y fueron muy buenas en sus profesiones: escritora y jurista. Las dos apostaban por la dignificación de la mujer, en pro de una justicia que equiparara los derechos de ambos géneros.

Con la victoria del Frente Popular, Luisa Carnés y otras muchas mujeres decidieron homenajear a Clara Campoamor, porque “ninguna más que ella supo reclamar, ejercer y obtener los derechos que le correspondían como ciudadana”.

Y es por ello, que en junio de 1936, tributan a Clara Campoamor y organizan “un homenaje por haber promovido la concesión del voto femenino y como firme defensora de los derechos de la mujer. Dicho homenaje consistió en la edición de un folleto donde aparecían las reiteradas intervenciones de la presidenta de la Unión Republicana Femenina de las Cortes Constituyentes, al discutirse la igualdad política y civil de uno y otro sexo”.[1]

Esta iniciativa fue firmada por brillantes y reconocidas mujeres. Entre muchas otras:

María Martínez Sierra, Concha Espina, María de Maetzu, Matilde de la Torre, Matilde Muñoz, Consuelo Berges, Elena Fortún, Matilde Ras, Luisa Trigo, Josefina Carabias, María Teresa de León, Nieves Pi, Magda Donato, Eulalia Vicenti, Carman Karr, Victoria Durán y Luisa Carnés.[2]

Y yo no puedo más que estar eternamente agradecida. Por su ejemplo. El de Clara, y un derecho que consiguió para todas a pesar de las duras consecuencias. Y el del resto de sus coetáneas, que no teniendo claro la prioridad del sufragio femenino supieron ser una auténtica manada y demostrar un ejercicio de sororidad con Campoamor. Sororidad que hemos ido heredando las feministas. Las de ayer y las de hoy.

Y es que hay legados tan imprescindibles, que después de 84 años, son más actuales que nunca. Gracias a todas por ser y existir. Nunca seríamos si no hubierais sido.

[1] El Sol (Madrid), 11 de junio de 1936, p.4: “Edición de un folleto. Homenaje a Campoamor”
[2] Tea Rooms. Mujeres Obreras, p. 233, Edit. Hoja de Lata.

viernes, 14 de abril de 2017

#hemeroteca #claracampoamor | Clara Campoamor, artífice del sufragio universal en la II República española

Imagen: Público / Clara Campoamor
Clara Campoamor, artífice del sufragio universal en la II República española.
Sara Álvarez Pérez | Radicales Libres, Público, 2017-04-14
http://radicaleslibres.es/clara-campoamor-artifice-del-sufragio-universal-la-ii-republica-espanola/

Clara Campoamor formó parte de la Comisión emanada de las Cortes constituyentes republicanas de 1931. La abogada madrileña, afiliada al Partido Radical, luchó denodadamente en esa comisión por la conquista del sufragio universal, derecho hasta entonces limitado a una mitad de la población: la masculina. Lo consiguió con la oposición no sólo de su propio partido, sino también enfrentándose a otros elementos que preferían mantener la doble moral de abogar por la libertad masculina mientras preferían que las mujeres continuasen bajo el yugo de la Iglesia católica. «Es bueno que la mujer tenga el freno de la Iglesia», le dijo un compañero republicano liberal, que defendía las libertades de los hombres mientras prefería beneficiarse de las ataduras sociales de las mujeres. «Estamos ciertos de que es desgraciada una sociedad donde la mujer no se contenta con ser esposa y madre», rezaba un periódico de la época.

El sufragio clerical
Son éstos los mismos hombres que, con el advenimiento de la República el 14 de abril de 1931 y la promulgación en mayo del conocido como «decreto de las faldas», habían declarado elegibles a las mujeres… y a los sacerdotes, «curiosa amalgama» – dice Clara Campoamor en 'El voto femenino y yo: mi pecado mortal'-. Amalgama que, lejos de igualar derechos, apuntalaba una desigualdad, puesto que los sacerdotes con este decreto podían elegir y ser elegidos -ya que éstos sí podían votar, no así las mujeres-.

El sufragio menopáusico
Fue precisamente esa desigualdad la que se propuso hacer desaparecer Clara Campoamor, luchando contra atavismos varios como los que pretendían que la menopausia fuera un criterio válido para conceder el voto, puesto que se llegó a abogar por un sufragio universal en el que los hombres pudieran votar a los 23 años y las mujeres a los… ¡45 años! Sesudos diputados como Manuel Hilario Ayuso justificaban este hecho mediante argumentos científicos tales como que a esa edad «se fija por los tratadistas la estandarización de la edad crítica de la mujer latina». Vamos, que al parecer la regla te impide pensar.

El sufragio a conveniencia
Además de en medievalismos varios, la oposición al sufragio universal se basó en una pirueta argumentativa que se ha seguido propagando hasta el día de hoy, según la cual las mujeres votarían la opción defendida por la Iglesia católica y, por lo tanto, habrían sido las responsables de la victoria de las derechas en 1933, primeras elecciones en las que en España se votó respetando el principio del sufragio universal. La paradoja es notable: las mujeres, anteriormente subyugadas bajo unas leyes-cerrojo que les robaban el derecho al trabajo, el derecho a la propia nacionalidad (adquirían la nacionalidad del marido tras el matrimonio), el derecho al reconocimiento de la paternidad de los hijos habidos fuera del matrimonio (con lo que los hombres se libraban de la obligación de mantener a los llamados entonces hijos «naturales»), el derecho a decidir sobre su propio cuerpo o el derecho a ejercer la ciudadanía mediante el voto, tendrían en sus manos la posibilidad de decidir el destino político de toda una nación que, dos años antes, se había levantado en las urnas contra un régimen monárquico liderado por un Borbón, mal rey, cobarde y vividor.

La campaña misógina que acusaba al sufragio universal de la victoria de las derechas fue un reflejo de la excusa esgrimida por el partido laborista inglés en los años 20, que también culpó a las mujeres a la derrota de su partido porque suponía un elemento nuevo y difícilmente previsible en términos electorales.

El sufragio galante
Resulta cuanto menos paradójico incriminar únicamente a un sector de la población, como si las derivas políticas o los cambios socioeconómicos solamente las afectaran a ellas, dejándolos a ellos al margen de todo devenir histórico, político, económico o social. O como si los derechos civiles no fueran precisamente eso, derechos, y constituyesen más bien galantes cortesías que quedasen a merced de los intereses de los legisladores que los conceden. Así, la filósofa Amelia Valcárcel atribuye a la «pereza» estas afirmaciones. En el mismo sentido se sitúa la historiadora Rosa María Carel, quien considera que la campaña misógina fue «la excusa perfecta para evitar un autoanálisis y una autocrítica de por qué las fuerzas republicanas habían perdido las elecciones», recogiendo el pretexto esgrimido por el partido laborista inglés algo más de una década antes.

El gobierno de las faldas
El sistema electoral de la época, que favorecía a las mayorías, y por tanto a las coaliciones electorales, penalizó en las elecciones de 1933 a los socialistas y republicanos de izquierdas, quienes decidieron presentarse por separado y quienes pagaron en las urnas los errores cometidos durante su legislatura. El Partido Radical en el que prestó sus servicios Clara Campoamor, partido que tanto temía conceder el sufragio universal por miedo a una victoria de las derechas, gobernó tras las elecciones en 1933 con el apoyo parlamentario de la CEDA de Gil-Robles -partido que se abstuvo de realizar una declaración pública de adhesión a la República y al que se acusaba de estar gobernado por las faldas, pero por las del traje talar-. Resulta cuanto menos irónico que determinados miembros del Partido Radical, como el iracundo Guerra del Río, se opusieran al sufragio universal para evitar la victoria de las derechas y luego -a instancias del presidente de la República, Alcalá-Zamora- contasen con el apoyo de un partido antirrepublicano y con intenciones de instaurar una República corporativista, como es el caso de la CEDA.

El pecado mortal de Clara Campoamor
Una vez en el poder, el Partido Radical organizó una durísima represión de la Revolución de Asturias en octubre de 1934, constituyendo este hecho uno de los principales motivos por los que Campoamor abandonó el partido de Alejandro Lerroux. Solicitó la sufragista poco después la filiación a Izquierda Republicana, a instancias de Casares Quiroga, filiación que le fue denegada. Su propio mentor protagonizó un cobarde mutis por el foro que le ocasionó su desengaño absoluto con las instituciones políticas de la República. Clara Campoamor abandonó España tras el estallido de la Guerra civil, y vivió exiliada en Argentina y Suiza hasta el fin de sus días.

Su obra ‘El voto femenino y yo: mi pecado mortal’, además de suponer un valiosísimo documento para conocer desde dentro el tenso ambiente político de la Segunda República, constituye una joya ensayística plagada de ironía, escrita en un castellano delicioso en el que merece la pena sumergirse. Recomendamos vivamente la obra de Clara Campoamor. Feliz lectura.

viernes, 30 de diciembre de 2016

#hemeroteca #sufragismo | La mujer y el voto en España

Imagen: El Diario / Mujer votando por primera vez en 1933
La mujer y el voto en España.
El sufragio femenino dio lugar a una las batallas más recordadas de la historia parlamentaria española, de la cual fueron protagonistas dos eminentes mujeres: las abogadas Victoria Kent y Clara Campoamor.
Keruin P. Martínez | Amberes, El Diario, 2016-12-30
http://www.eldiario.es/norte/cantabria/amberes/mujer-voto-Espana_6_596400372.html

«Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes». Artículo 36, Constitución de la II República Española, 1931.

Con este artículo de la Constitución de la Segunda República (capítulo III, «Derechos y Deberes de los españoles»), promulgada a finales de 1931, España se convertía en la primera nación latina que otorgaba iguales derechos electorales a hombres y mujeres. La concesión se enmarca en el cuadro de la ampliación de los derechos ciudadanos llevada a cabo y recogidas en el texto legislativo republicano.

Ya desde el inicio de dicho texto se aprecia la voluntad y el talante del que pretende revestirse el nuevo régimen, como en el artículo 2, donde se reconocía la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley; o la libertad de expresión, reunión y asociación, recogidos en los artículos 34, 38, 39 y 40, por citar algunos ejemplos más. Pero mayor relevancia tiene a razón del tema que nos ocupa, exceptuando el citado más arriba, el número 43, en el capítulo referido a la familia, donde se eliminan una vez más los privilegios por distinción del sexo: «El matrimonio se funda en la igualdad de derechos para ambos sexos», dándole un carácter netamente jurídico a dicha institución y poniéndola bajo potestad de la República.

Tratándose de un tema de concesión y ampliación de derechos y no, por la contra, de restricción o limitación de los mismos, podría pensarse que la medida establecida por el artículo 36 no tuvo que superar obstáculo alguno. Es más, lo suscitado en torno al sufragio femenino dio lugar a una de las batallas más recordadas de la historia parlamentaria española, de la cual fueron protagonistas dos eminentes mujeres: las abogadas Victoria Kent y Clara Campoamor. Aunque curiosamente en bandos distintos.

Dada la naturaleza de la cultura política española, podemos entender la pasividad de la que las mujeres fueron partícipes con respecto a la vida política. Existía, en efecto, cierta cultura del ciudadano, pero escasísima o ninguna de la ciudadana. Los valores tradicionales, emanados en su mayoría desde el púlpito y las cabinas de confesión y respaldados íntegramente por las instituciones, eran de raíz profunda, tanto que las corrientes renovadoras no hacia mella en ellas. Para una mujer española de finales del siglo XIX y primer tercio del XX ser una ejemplar ama de casa, buena administradora del capital que el marido llevaba al hogar o una católica observante, fiel y decente suponía la mayor aspiración según la escala de valores establecida para su condición.

El llevar pantalón, hacer vida pública, entre otras cosas, era considerado por la castiza mujer española como «entretenimiento de señoritas desocupadas», si no frescas e inmorales. Efectivamente, era mínimo el número de mujeres que tenían algún tipo de formación o se interesaba por cuestiones que fueran más allá de sus labores cotidianas, y las que así lo hacían eran generalmente de un estrato social medio-alto y alto. Más del 70 por ciento eran analfabetas.

Una vez más esto supone si no la principal razón, sí una de las de mayor importancia, para entender por qué el feminismo y el sufragismo apenas tuvieron relevancia en España. La concesión del voto a la mujer no vino por una presión ejercida desde abajo por movimientos sufragistas o por años de enconadas luchas, como había ocurrido en Estados Unidos y Gran Bretaña, sino más bien por la convicción ideológica de algunos sectores políticos.

Esto se veía seriamente respaldado por el empeño que la II República puso en la incorporación de la mujer al campo educativo, implantando la coeducación y dando acceso a las llamadas profesiones liberales. Fue importante, en este aspecto, la retirada del monopolio de la educación al clero, desde donde su influencia era notable.

Esto es un esbozo somerísimo de la situación a la que se llega en 1931. Sin embargo, no era aquella la primera vez que el tema del sufragio femenino se abordaba en España. Entre 1907 y 1908, con Antonio Maura como presidente de Gobierno, durante la discusión sobre la reforma de la Ley Electoral, se presentaron dos enmiendas que abogaban por la concesión del voto a la mujer. Eran aún muy limitadas, pues restringían el derecho a casos particulares, como las viudas que hacían las veces de cabeza de familia y pagaban impuestos.

Huelga decir que las enmiendas no prosperaron: a la atmósfera social de ese momento, en modo alguno favorable a la aceptación de tales privilegios para la mujer, se une el desinterés de éstas por asuntos de esta índole, con lo que de ser aprobada una ley que la favoreciera en el sentido político, sería inane, ya que no respondería a una realidad palpable ni a una necesidad auténtica. Lo mismo da fe de lo ya mencionado más arriba: las reformas pro-feministas vienen dadas por influjo ideológico exterior, más que por una demanda verdadera de este sector social.

Zanjada las discusiones en 1908, el tema quedó ralentizado y hasta mediados de la década de 1920 no se retomó, aunque el germen había penetrado en la sociedad española, al menos entre las clases acomodadas. Fueron causa principal del letargo que vivió la cuestión del sufragio femenino los difíciles sucesos a los que hubo de enfrentarse el país a partir de 1910 (guerra marroquí, crisis económica, luchas obreras, y un largo etcétera).

Pero el germen se había hecho hueco y así, en 1920, surgieron diversas asociaciones exclusivamente de mujeres, de las cuales la más importante fue la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, con sede en Madrid. Desde estos centros se van organizando y promoviendo ciclos y actividades, cuyo objetivo principal es denunciar la situación de inferioridad e incultura en la que se encuentra la mujer española. Se sirven de manera prolija de los medios de comunicación, con publicaciones de diversos artículos destinados a acabar con los arraigados prejuicios sobre la capacidad de la mujer.

Esto constituía una prueba fehaciente de que la situación interna estaba cambiando en lo que la cuestión feminista se refiere. Lo mismo evidencia, además, la creación progresiva de un sustrato fértil propicio para la forja y toma de conciencia necesaria para materializar los anhelos reivindicados desde estas sociedades.

Idóneo es, por otro lado, lo que está sucediendo allende las fronteras nacionales, donde todos los países europeos desarrollados, excepto Francia, Suiza e Italia, habían aprobado el sufragio universal absoluto. Pero, a pesar de todo, la realidad es que el florecimiento de las entidades arriba mencionadas y lo ventajoso de la coyuntura, si bien positivo y alentador, no deja de plasmarse, en España, en un movimiento aún muy minoritario y elitista, que se orienta a la consecución de derechos laborales y mejoras relativas a la educación, más que de derechos políticos.

El incipiente feminismo que se estaba dando en España vio, no sin asombro, como sus reivindicaciones eran satisfechas de manera inimaginable. En abril de 1924, Miguel Primo de Rivera promulga un Decreto Real, firmado por él como presidente del Directorio Militar y por Alfonso XIII, según el cual otorgaba el derecho a voto a la mujer. El documento presentaba ciertas restricciones, ya que ni la mujer casada ni la mujer prostituta podrían tomar parte en la política. Así, «el sueño por el que tanto habían tenido que luchar las mujeres inglesas y americanas (…), se consiguió en España de manera inesperada», como escribió Rosa Capel.

No se sabe muy bien a qué razones respondía esta inesperada concesión, pero todo parece indicar que Primo de Rivera quería atraerse el favor del sector femenino en futuros comicios. En efecto, del Directorio Militar se pasa, en 1925, a un Directorio Civil, con vistas a convocar una Asamblea Nacional que elaborase un nuevo texto constitucional. Primo de Rivera había fundado Unión Patriótica, un partido carente de ideología definida en el que buscaba acaparar el mayor número de seguidores, sin importar sus principios, entre los que contaba con las mujeres, pues estas sin duda favorecerían a aquél que les había otorgado voz y voto.

En 1925, por tanto, se convocaron elecciones. A pesar del clima antidemocrático en el que se iban a desarrollar, tanto las derechas como las izquierdas hicieron campaña para atraerse el voto del sector femenino, que, según el censo elaborado por Primo de Rivera, constituía más de millón y medio de mujeres.

Aunque los comicios nunca llegaron a celebrarse, dos años más tarde (1927) se abrió la Asamblea Nacional, si bien vaciada de poder, con carácter meramente consultivo. En ella se contaban trece mujeres, de diversas tendencias ideológicas y variadas profesiones (maestras, catedráticas o licenciadas en Derecho). Este fue el saldo final de las acciones del feminismo español a lo largo de la década.

La mujer, aun mínimamente, estaba dentro del sistema político y contaba con asientos en la Asamblea, desde donde podía al menos hacerse oír. Y un dictador –paradojas de la historia– había sido el responsable de otorgarles la posibilidad de beligerancia política, a pesar de las considerables limitaciones.

A finales de enero de 1930 Miguel Primo de Rivera presentó su dimisión al rey. Con este acto provocó un efecto dominó que arrastró consigo a la toda la institución monárquica. El distanciamiento que existía entre ésta y el pueblo, que se había exacerbado con la crisis de 1898 y con la dictadura, era ahora insalvable. El dictador se iba y el rey quedaba sin apoyos de ningún tipo, ni político ni social ni militar. La masa obrera ahora sin trabajo (recuérdese la crisis de 1929) se mantenía indiferente, en el mejor de los casos, ante la monarquía; los políticos e intelectuales antes afines, o no quedaban o habían pasado a engrosar las filas republicanas; el cuerpo castrense había visto mermados sus privilegios por el dictador ante la indolencia del rey, algo que no sería olvidado con facilidad.

La situación de la monarquía, por tanto, era precaria. Los que aún quedaban en torno al rey no quisieron darse cuenta del estado en el que se encontraba y su solución para el país, tras la marcha de Primo de Rivera, pasaba por el restablecimiento de la Constitución de 1876 (no había otra y tampoco creyeron necesario hacer una nueva) y la reactivación del régimen parlamentario. Nada más lejos de la realidad, pues el texto canovista ya no daba más de sí y la realidad actual del país reclamaba hondas reformas e innovación.

No obstante, se aceptó la vuelta del sistema ideado por Cánovas del Castillo más de medio siglo atrás. El Gobierno presidido por Dámaso Berenguer convocó elecciones generales, pero su sucesor Juan Bautista Aznar las convirtió sólo en municipales y bajo su Gobierno se celebraron, el 12 de abril de 1931. En principio no se trataba de un plebiscito para elegir entre monarquía o república, pero los partidarios de esta última se encargaron, con sus campañas, de que así fuese. El bando monárquico, confiado en demasía, se descuidó y se mostraba ciertamente dividido, mientras que el republicano ganaba en adeptos día a día y era fuerte y compacto.

Pero antes de que llegara el momento de acudir a las urnas se habían sucedido unos acontecimientos importantes: reunidos en San Sebastián en el verano de 1930, los próceres pro-república del país, tanto de derechas como de izquierdas, acordaron la formación de un Gobierno Provisional, que estuviese presto para asumir el poder en cualquier momento y cuyo deber era la radical oposición al régimen oficial.

Fallaron en un intento de pronunciamiento en diciembre de ese mismo año, por lo que todos sus esfuerzos los dedicaron a las inminentes elecciones. Algunos de los participantes del llamado Pacto de San Sebastián fueron declarados en rebeldía y apresados, pero, para cuando llegaron las fechas claves, ya habían sido declarados inocentes tras un accidentado juicio.

El resultado de los comicios de abril fue sorprendente: mientras que los monárquicos habían ganado en el mundo rural, las ciudades habían votado republicano. El mismo rey fue consciente de la derrota y al día siguiente (13 de abril) emite un comunicado según el cual el ejercicio del Poder Real quedaba suspendido. El 14 de abril de 1931 se proclamó la Segunda República española, en un ambiente de celebración.

El siguiente paso era dar al nuevo régimen una base legal y diluir el Gobierno provisional presidido por Alcalá-Zamora, constituyendo uno de pleno derecho. En mayo se promulgó un Decreto que regulaba las elecciones para diputados de la Asamblea Constituyente. En el tercer artículo del mismo se introdujo una reforma a la Ley Electoral vigente (la de 1907), por la cual se le reconocía a la mujer el derecho a sufragio pasivo, esto es, la posibilidad de ser elegida, muestra clara del afán integrador del nuevo sistema. Sin embargo, de los 470 diputados, solo tres mujeres fueron elegidas para las Cortes: Victoria Kent, Clara Campoamor y Margarita Nelken.

El 14 de julio de 1931 quedaron inauguradas las Cortes Constituyentes, de cuya labor habría de surgir una nueva Constitución.

miércoles, 6 de abril de 2016

#hemeroteca #memoria | Eibar reconoce la lucha de las mujeres en el 85º aniversario de la II República


Imagen: Noticias de Gipuzkoa / Mujeres votando en Eibar, 1933-11-05
Eibar reconoce la lucha de las mujeres en el 85º aniversario de la II República.
El programa conmemorativo incluye la presentación de un libro, visitas guiadas, charlas, proyecciones y teatro.
Jabi Leon | Noticias de Gipuzkoa, 2016-04-06
http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2016/04/06/vecinos/debabarrena/eibar-reconoce-la-lucha-de-las-mujeres-en-el-85-aniversario-de-la-ii-republica

El calendario marcaba el 14 de abril de 1931 cuando Eibar se convirtió en la primera localidad del Estado en proclamar la II República. Por todo ello, el jueves de la próxima semana se cumplirán 85 años de aquella efeméride; todo un acontecimiento histórico que desde 2001 (fecha del 70º aniversario) el Ayuntamiento de la ciudad armera recuerda cada cinco años con un amplio programa de actividades.

El preparado para esta ocasión se desarrollará bajo el lema 'Mujer y República'; toda vez que el Consistorio eibartarra ha querido aprovechar la conmemoración del 85º aniversario de la proclamación de la II República para “poner en valor la lucha y el papel que desempeñaron las mujeres para avanzar en el terreno de la igualdad durante el periodo republicano”.

El concejal de Cultura, Patxi Lejardi, el técnico de ese departamento municipal, José Luis González, el historiador local Jesús Gutiérrez y la edil y presidenta de la comisión para la recuperación de la memoria histórica Ego Ibarra, Idoia Sarasketa, presentaron ayer el programa elaborado para las próximas semanas.

Este girará en torno a la histórica imágen que Indalecio Ojanguren dejó para el recuerdo colectivo el 5 de noviembre de 1933; el día en el que la ciudad armera acogió la celebración del plebiscito para la aprobación del Estatuto Vasco.

Y es que aquella fotografía se ha convertido en todo un icono del sufragio universal. No en vano, sirvió para inmortalizar el momento en el que tres mujeres del barrio rural de Aginaga (Josefa Gervasia Aguirrebengoa, Josefa Suinaga y María Josefa Acha) ejercían su derecho a voto. O lo que es lo mismo, sirvió para dejar constancia de la jornada en la que las mujeres vascas, por fin, pudieron ejercer un derecho fundamental que habían reclamado sin éxito durante los periodos históricos precedentes.

En cualquier caso, el programa conmemorativo del 85º aniversario de la II República arrancó el pasado lunes con la apertura de un punto de interés sobre Mujeres y República en la biblioteca Juan San Martín (estará a disposición de la ciudadanía todo este mes) y no se detendrá hasta el 7 de mayo. Mientras tanto, la ciudadanía podrá disfrutar con actividades de la más diversa índole; todas ellas organizadas “en pro de la recuperación de la memoria histórica de la localidad”.

Visitas, charla y libro Entre los días 11 y 29 de este mes, el alumnado de secundaria eibarrés tendrá la posibilidad de participar en unas curiosas visitas guiadas al Ayuntamiento que la historiadora Nerea Alustiza ofrecerá “sobre la base de la fotografía de Indalecio Ojanguren”.

Esas visitas empezarán frente al Consistorio “con una explicación de los hechos acontecidos en la ciudad el 14 de abril de 1931”; continuarán en el patio del Ayuntamiento “con una breve charla sobre los derechos conseguidos por la mujer durante la II República y un photo call para que los escolares se fotografíen junto a una reproducción de la imagen en la que aparecen las tres vecinas de Aginaga votando” y concluirán “con una visita al balcón del Ayuntamiento”; el lugar desde el que se izó la bandera republicana hace ahora 85 años.

Los colegios que estén interesados en participar en estas visitas pueden inscribir a los grupos en la casa de cultura (teléfono 943 708 435).

Por otro lado, ese mismo edificio de Portalea acogerá el próximo día 11 de abril (a las 19.30 horas) una conferencia en la que la magistrada del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco Garbiñe Biurrun departirá (en euskera) sobre el tema 'Mujer, Derechos y II República'.

Un día más tarde la atención se trasladará a la Casa Consistorial, donde a las 19.00 horas se procederá a la presentación del libro 'Mis Memorias'; un trabajo publicado por la Comisión Ego Ibarra que se basa en las cartas que escribió el republicano eibarrés Santiago Arizmendiarrieta durante los veinte meses que estuvo prisionero, en plena guerra civil.

Y es que, las misivas remitidas por Arizmendiarrieta a personalidades locales de la época como Toribio Echeverria o Juan De los Toyos constituyen “un testimonio vivo de cómo se vivió el fin de la II República y el inicio de la guerra en una ciudad con claro ambiente republicano”.

Documental, recorrido y teatro
Los actos conmemorativos tendrán continuidad el miércoles día 13 de abril con la proyección (a las 19.00 horas en Portalea) del documental 'Biblioteca en Guerra', protagonizado “por María Moliner y las Misiones Pedagógicas”.

El día 14 las celebraciones correrán a cargo de las formaciones políticas; mientras que el programa elaborado por el Ayuntamiento se reanudará el 16 de abril con el primero de los cuatro recorridos históricos “por el Eibar de la II República” que se llevarán a cabo de la mano del historiador Jesús Gutiérrez (los demás serán los días 23 y 30 de abril y 7 de mayo).

Esas salidas, que se prolongarán durante tres horas, acercarán a los participantes a lugares como la casa del Pueblo, el Batzoki, el Ayuntamiento, Alfa o la calle Estación.

Y es que, al fin y al cabo, “lo más relevante que pasó en Eibar durante la II República se puede resumir en unos pocos centenares de metros”, explica el propio Gutiérrez.

Las personas interesadas en tomar parte en esos recorridos históricos por la Eibar republicana pueden inscribirse hasta el próximo martes en Portalea. Esas salidas se realizarán en grupos de 20 personas por lo que “conviene apuntarse cuanto antes para no quedarse sin sitio”.

Sea como fuere, la programación elaborada con el objetivo de conmemorar el 85 aniversario de la proclamación de la II República se completará con la puesta en escena de ‘El florido pensil - neskak’; una obra teatral que la compañía Tanttaka representará el 21 de abril en el teatro Coliseo (a las 20.30 horas). Las entradas para ese espectáculo escénico (en euskera) se podrán adquirir por los cauces habituales al precio de 10 euros.

lunes, 16 de noviembre de 2015

#hemeroteca #mujeres | El CD Larraina termina con 83 años de veto a las mujeres

Imagen: Noticias de Navarra
El CD Larraina termina con 83 años de veto a las mujeres.
El club deportivo pamplonés las admitirá en breve como socias. El 72% de los asociados votantes apoyaron la histórica decisión.
Andrea Apezteguia / Javier Bergasa | Noticias de Navarra, 2015-11-16
http://www.noticiasdenavarra.com/2015/11/16/vecinos/pamplona/el-cd-larraina-termina-con-83-anos-de-veto-a-las-mujeres

El Club Deportivo Larraina terminó ayer con 83 años de veto a la entrada de la mujer como socia en una histórica decisión en una Asamblea Extraordinaria. Fueron 425 socios de las 924 personas mayores de edad del club, requisito para poder participar en la votación, los que determinaron la modificación del estatuto que solo admitía a los hombres como socios. De estos, 308 participantes se mostraron a favor y 117 se opusieron.

Así, el 72% de los participantes en la decisión abrieron a las mujeres la posibilidad de formar parte “en breve” de la sociedad deportiva pamplonesa que actualmente cuenta con 1.181 socios. Carlos Rodríguez, presidente del club, se mostró “muy contento” ante “este cambio contra la discriminación de género ya que no tiene sentido que las mujeres cuenten hoy con menos derechos que los hombres”.

“Estamos satisfechos por la buena participación porque ha venido a votar el 45,85% de los socios, la cual suele ser escasa. Además no se ha visto ninguna cara rara ante este tema que es conflictivo”, según manifestó el presidente y añadió que “ahora solo falta presentar esta propuesta a la Administración para que la apruebe y la legalice”.

De esta manera, el Club Deportivo Larraina dejará de ser el único de la ciudad que no permite que las mujeres sean socias. Sin embargo, la Junta Directiva recalcó que con su llegada a la dirección en 2012 se creó la figura de usuaria deportiva que permitía “a las mujeres utilizar las instalaciones solo en sus horas de clase, sin poder venir fuera de esos horarios o tenían que acudir acompañadas. Hasta entonces, solo entraban como invitadas o a las verbenas. Actualmente, contamos ya con la participación de 85 usuarias deportivas que pueden realizar cualquier actividad deportiva, ir a clases o competir. Incluso contamos con un equipo de waterpolo femenino”, expresó el presidente del club.

Este cambio se verá reflejado con modificaciones en las instalaciones y normativas del club deportivo que se irán realizando “poco a poco”. Con la posibilidad de convertirse en socias “pueden venir cuando quieran y tendrán el mismo derecho de estar en los órganos decisorios del club”, según afirmó el presidente. En cuanto al propio establecimiento, “se realizarán varias obras para adecuar las instalaciones. Por ejemplo, tenemos que habilitar un vestuario más grande para ellas aunque ya contamos con uno para 20 personas pero es escaso así como habilitar la zona de sauna y jacuzzi. En el caso de que todo quede aprobado, las mujeres no podrán disponer de estas facilidades hasta junio del año que viene”, según informó Rodríguez.

Por ello, el club beneficiará a las mujeres que se quieran unir al club con descuentos respecto a los varones además de que existe la idea de realizar un descuento a las mujeres de los socios.

su tradición inglesa Desde la Junta Directiva, que apuesta por un modelo “más social y familiar”, justifican los 82 años de blindaje en materia de género en el componente “tradicional” de un club que, en sus orígenes, quiso emular a los clubs ingleses. “El fundador estuvo en Inglaterra y copió aquel modelo. No ha sido un club elitista, ni siquiera en precio, pero se ha priorizado la tranquilidad, mantenerse como un club pequeño”, aseguraron desde el club en el cual la presencia de mujeres es ya una realidad.

domingo, 15 de noviembre de 2015

#hemeroteca #mujeres | 82º aniversario del voto femenino. Clara Campoamor y las mujeres del S.XX

Imagen: El Diario / Clara Campoamor
82º aniversario del voto femenino. Clara Campoamor y las mujeres del S.XX.
Esta semana se cumplirá el 82 aniversario de la primera vez que las mujeres pudimos ejercer nuestro derecho al voto en España.
Paloma Lafuente | El Diario, 2015-11-15
http://www.eldiario.es/aragon/elprismatico/aniversario-femenino-Clara-Campoamor-SXX_6_452564747.html

Corría el 19 de noviembre de 1933 cuando se produjo un hito en la historia de la democracia española, fueron las primeras elecciones legislativas en las que las mujeres pudimos votar.

Había sido dos años antes cuando Clara Campoamor defendió el voto femenino en las Cortes Generales, con este fragmento del discurso como una de sus partes fundamentales: “¿Y es en nombre de esa personalidad, que con vuestra repulsa reconocéis y declaráis, por lo que cerráis las puertas a la mujer en materia electoral? ¿Es que tenéis derecho a hacer eso? No; tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis como ese poder no podéis seguir detentándolo.”

Cuando nos encontramos a puertas de unas elecciones generales se hace prioritario recordar que, cualquier modelo de un estado democrático que se precie llamarse así, debe ser todo un modelo de igualdad entre su ciudadanía. Las mujeres y el reconocimiento de la igualdad entre nosotras y los hombres portan el nombre de República. Un recorrido breve en un período más breve de tiempo, como es el siglo XX y el primer tercio del siglo XXI, es suficiente para aseverar que no todos los modelos de Estado son iguales y nos tratan como tal a la ciudadanía ante la ley y las políticas que las desarrollan.

“República, república siempre, la forma de gobierno más conforme con la evolución natural de los pueblos». Así respondió Clara Campoamor a un medio de comunicación cuando le preguntó sobre el modelo de Estado en el Ateneo de Madrid. Corría el año 1931.

La República es femenina e igualitaria y la historia así lo demuestra. Recorramos estos últimos cien años de historia.

Principios del S.XX: Los movimientos feministas y asociaciones de mujeres exigían desde principios de siglo la instauración de un régimen democrático en el que las políticas económicas, sociales y legales dieran pasos a una sociedad más igualitaria entre mujeres y hombres. Como no podía ser de otra manera, a raíz de la instauración de la II República y de la aprobación de la Constitución de 1931 fue cuando sucedieron este tipo de avances en la igualdad: se aprobó el sufragio femenino y las mujeres pudieron votar en 1933; se implantó el matrimonio civil y la aprobación del divorcio en 1932. Sanciones legales en la igualdad al acceso en puestos oficiales. Descenso en un 20 % del analfabetismo de las mujeres.

Fueron las mujeres feministas y republicanas las que pusieron voz a los genocidios provocados por el nazismo y lo que ocurría en los campos de concentración.

Federica Montseny, política y anarcosindicalista, ministra de Sanidad y Asistencia Social por un corto periodo de tiempo, planteó el primer proyecto de Ley del Aborto en España.

La Guerra Civil y el nuevo Estado impuesto tras la victoria de las fuerzas franquistas el 1 de abril de 1939 eliminaron a golpe de fusilamiento todo lo logrado hasta ahora.

Ayer, hoy y mañana. Finales del XX y principios del XXI. La modernidad España a finales del siglo XX y principios del XXI se recogen los siguientes avances en derechos y cobertura legal a las mujeres.

- La brecha salarial entre hombres y mujeres sigue ampliándose, situándose en el 19,3%.
- La Reforma de Ley del Aborto, y su nunca despenalización por ningún ejecutivo desde la muerte del dictador.
- 1383 mujeres asesinadas por hombres y casi un 25 % de recorte en prevención, educación y actuación para mujeres víctimas de terrorismo machista.
- ….y seguid completando el listado hasta el infinito y más allá.

Sí, ¡claro que eran otros tiempos! Para nuestra desgracia “lo eran”. Y, evidentemente, se entiende a quién promulga que “no se quiera remover el pasado” sobre todo cuando éste da lecciones al presente y además lleva nombre de mujer.

¿Qué tal si pensamos un poco en ello antes de depositar el voto en las urnas el próximo 20-D? Es obligación recuperar ese pasado para conquistar el futuro y la revolución será feminista o no será. O perderemos las de siempre.

jueves, 1 de octubre de 2015

#hemeroteca #mujeres #historia | 6 'zascas' del discurso de Clara Campoamor por el voto femenino que nos siguen emocionando

Imagen: El País / Clara Campoamor en San Sebastián
6 'zascas' del discurso de Clara Campoamor por el voto femenino que nos siguen emocionando.
Hace 84 años la diputada de Madrid entonó en las Cortes un memorable alegato sufragista que merece ser rescatado y ensalzado.
S Moda | El País, 2015-10-01
http://smoda.elpais.com/articulos/discurso-de-clara-campoamor-voto-femenino-cortes-1-octubre-1931/6817

Las españolas emitieron su voto por primera vez en las elecciones generales de 1933. No había sido un camino fácil, los políticos de la época aseguraban que incluir a las féminas en la ecuación electoral significa contar con "seres incapaces". No ha pasado ni un siglo de este logro: en España nos creían incompletas y pocos años antes, en Reino Unido, a las defensoras del voto las llamaban 'hooligans' y "mentirosas". Si en España hay que agradecer a alguien este hito en los derechos femeninos es a Clara Campoamor. La política y fundadora de la Unión Republicana Femenina fue la impulsora del sufragio femenino en nuestro país. Hoy se cumplen 84 años de su mítico discurso en las Cortes (Campoamor era diputada del Partido Radical; por aquel entonces las mujeres se podían presentar a unos comicios pero no podían votar). Rescatamos 6 fragmentos que todavía nos emocionan:

1) Cuando ensalzó la lucha femenina en el proceso político:

"¿Cómo puede decirse que cuando las mujeres den señales de vida por la República se les concederá como premio el derecho a votar? ¿Es que no han luchado las mujeres por la República? ¿Es que al hablar con elogio de las mujeres obreras y de las mujeres universitarias no está cantando su capacidad? Además, al hablar de las mujeres obreras y universitarias, ¿se va a ignorar a todas las que no pertenecen a una clase ni a la otra? ¿No sufren éstas las consecuencias de la legislación? ¿No pagan los impuestos para sostener al Estado en la misma forma que las otras y que los varones? ¿No refluye sobre ellas toda la consecuencia de la legislación que se elabora aquí para los dos sexos, pero solamente dirigida y matizada por uno? ¿Cómo puede decirse que la mujer no ha luchado y que necesita una época, largos años de República, para demostrar su capacidad? Y ¿por qué no los hombres? ¿Por qué el hombre, al advenimiento de la República, ha de tener sus derechos y han de ponerse en un lazareto los de la mujer?"

2) Cuando exigió respeto para las mujeres:

"Pero, además, señores diputados, los que votasteis por la República, y a quienes os votaron los republicanos, meditad un momento y decid si habéis votado solos, si os votaron sólo los hombres. ¿Ha estado ausente del voto la mujer? Pues entonces, si afirmáis que la mujer no influye para nada en la vida política del hombre, estáis -fijaos bien- afirmando su personalidad, afirmando la resistencia a acatarlos. ¿Y es en nombre de esa personalidad, que con vuestra repulsa reconocéis y declaráis, por lo que cerráis las puertas a la mujer en materia electoral? ¿Es que tenéis derecho a hacer eso? No; tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el derecho natural fundamental, que se basa en el respeto a todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis como ese poder no podéis seguir detentándolo".

3) Cuando recordó que había más analfabetos hombres que mujeres en aquella época.

"¿De qué acusáis a la mujer? ¿Es de ignorancia? Pues yo no puedo, por enojosas que sean las estadísticas, dejar de referirme a un estudio del señor Luzuriaga acerca del analfabetismo en España […] Esto quiere decir simplemente que la disminución del analfabetismo es más rápida en las mujeres que en los hombres y que de continuar ese proceso de disminución en los dos sexos, no sólo llegarán a alcanzar las mujeres el grado de cultura elemental de los hombres, sino que lo sobrepasarán. Eso en 1910. Y desde 1910 ha seguido la curva ascendente, y la mujer, hoy día, es menos analfabeta que el varón. No es, pues, desde el punto de vista de la ignorancia desde el que se puede negar a la mujer la entrada en la obtención de este derecho".

4) Cuando recordó que no somos incapaces y que no hay un derecho natural que nos aparte:

"Aunque no queráis y si por acaso admitís la incapacidad femenina, votáis con la mitad de vuestro ser incapaz. Yo y todas las mujeres a quienes represento queremos votar con nuestra mitad masculina, porque no hay degeneración de sexos, porque todos somos hijos de hombre y mujer y recibimos por igual las dos partes de nuestro ser, argumento que han desarrollado los biólogos. Somos producto de dos seres; no hay incapacidad posible de vosotros a mí, ni de mí a vosotros […] Desconocer esto es negar la realidad evidente. Negadlo si queréis; sois libres de ello, pero sólo en virtud de un derecho que habéis (perdonadme la palabra, que digo sólo por su claridad y no con espíritu agresivo) detentado, porque os disteis a vosotros mismos las leyes; pero no porque tengáis un derecho natural para poner al margen a la mujer".

5) Cuando alegó que más que dos sexos diferenciados, somos ciudadanos:

"Yo, señores diputados, me siento ciudadano antes que mujer, y considero que sería un profundo error político dejar a la mujer al margen de ese derecho, a la mujer que espera y confía en vosotros; a la mujer que, como ocurrió con otras fuerzas nuevas en la revolución francesa, será indiscutiblemente una nueva fuerza que se incorpora al derecho y no hay sino que empujarla a que siga su camino".

6) Cuando apostó por el poder femenino como una fuerza para impulsar el progreso:

"No cometáis un error histórico que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar; que no tendréis nunca bastante tiempo para llorar al dejar al margen de la República a la mujer, que representa una fuerza nueva, una fuerza joven; que ha sido simpatía y apoyo para los hombres que estaban en las cárceles; que ha sufrido en muchos casos como vosotros mismos, y que está anhelante, aplicándose a sí misma la frase de Humboldt de que la única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad y de hacerla accesible a todos es caminar dentro de ella".

DOCUMENTACIÓN
Texto íntegro del discurso de Clara Campoamor en las Cortes.

El 1 octubre de 1931, las mujeres obtuvieron el derecho al voto en España por 161 votos frente a 131. La diputada Clara Campoamor lo defendió así frente a Victoria Kent.
El País, 2015-10-01
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2006/10/01/actualidad/1159653602_850215.html