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jueves, 27 de marzo de 2025

#hemeroteca #sexo #animales | Ricardo Moure, biólogo y divulgador: “En la naturaleza no hay homofobia”

Ricardo Moure, autor de 'Sexo salvaje' //

Ricardo Moure, biólogo y divulgador: “En la naturaleza no hay homofobia”

En su primer libro, 'Sexo salvaje', el popular comunicador utiliza el humor y el rigor científico para mostrarnos la variedad de comportamientos sexuales que existen en la naturaleza y lo que podemos aprender de ellos
Antonio Martínez Ron | El Diario, 2025-03-27
https://www.eldiario.es/sociedad/ricardo-moure-biologo-divulgador-naturaleza-no-hay-homofobia_128_12163277.html

Desde que ganó el concurso de monólogos científicos Famelab en 2014, muchos sabían que Ricardo Moure era una bomba de relojería divulgativa. Además de biólogo y doctor en biotecnología biomédica, este divulgador científico, que se define a sí mismo como ‘showman’ y farandulero, ha convertido su punto alocado e irreverente en un sello muy reconocible.

Tras pasear su talento por platós televisivos como los de ‘En el Aire con Buenafuente’, ‘Órbita Laika’ o ‘La Roca’, Moure nos presenta ahora su primer libro, 'Sexo salvaje', un “kamasutra de la naturaleza” con el que aprender biología y soltar más de una carcajada. Sin renunciar a su procacidad ni al rigor, en sus páginas hace un recorrido por los más estrafalarios comportamientos sexuales del mundo vegetal y animal y nos recuerda que nosotros también somos parte de esa rueda evolutiva que se mueve por el impulso de perpetuar los genes. Sin olvidar nunca que los humanos nos movemos por otras muchas motivaciones, más allá de las meramente biológicas.

Si los espermatozoides no fueran tan baratos de producir, ¿el comportamiento de los machos sería diferente?

Pues no lo sé. Quizás hubiéramos evolucionado de otra forma. Podríamos ser como los hongos, que no se dedican a lanzar células sexuales por ahí, sino que se encuentran. Pero es verdad que sobran espermatozoides en el mundo, son muy baratos de producir y los hay a puñados. Los óvulos al final son mucho más caros, porque llevan la maquinaria celular y las reservas para crear al nuevo individuo.

Parece que claramente en muchísimas especies al macho le toca llamar la atención con estrategias más estrafalarias. ¿También en humanos?

Es cierto. Al final muchas de las cosas que hacemos en nuestra vida son para tener éxito en el sexo. Incluso el estatus y la imagen personal tienen mucho que ver en última instancia con el sexo. Creemos que no gastamos la misma energía que un león macho como los de los documentales, pero nuestra sociedad gira en gran medida en torno al éxito sexual.

Se aprenden muchas palabras con su libro. Una espermateca, por ejemplo, no es una colección de alguien un poco marrano y excéntrico, ¿verdad?

Ja, ja, ja. Pues no, las espermatecas son órganos que tienen las hembras de diferentes especies para guardar esperma de los machos durante un tiempo. Por ejemplo, las hormigas reina, cuando son fecundadas se pueden quedar 30 años en su hormiguero, poniendo huevos de ese macho. Un macho que, por cierto, murió devorado por cualquier bicho, incluidas otras hormigas, o de hambre, porque no tienen las mandíbulas bien desarrolladas y no sirven para nada.

Como tendencia general, los machos casi siempre están en la miseria...

Un poco sí. Otro ejemplo es el de los zánganos. Las abejas reinas también guardan el esperma de los machos. Salen cada varios años a buscarlos y se dan la “putivuelta” para “chuscar” con ellos. Y los zánganos cuando eyaculan lo hacen tan fuerte que revientan y se mueren. Las abejas reinas llevan durante años el esperma de varios machos que han muerto follando con ellas. Da para novela.

En el libro comenta que de pequeño veía a dos animales copular y le decía a su madre que se estaban “besando con el culo”. ¿Cuál es su primer recuerdo del sexo?

Eso me ha dicho mi madre que decía yo. Pero no sabría decirte cuál es mi primer recuerdo sobre el sexo. No tengo ni idea. Sí que recuerdo etapas de la adolescencia, de confusiones. Recuerdo a un niño de mi clase que me explicó que había estado probando y que le salía un poco de ‘leche’, y yo no sabía de qué me estaba hablando.

Su libro llegará a muchos adolescentes, ¿cree que andan un poco faltos de educación sexual?

La verdad es que creo que no hay buena educación sexual. En mi experiencia como docente, lo que les oyes decir son básicamente guarradas, sobre porno o contenidos de TikTok. Pero no saben lo que es un preservativo o que existen enfermedades que se pueden transmitir mediante el sexo. Y una cosa que me alarmó muchísimo es que cuando les hablan o se trata temas de agresiones sexuales y abuso, sobre todo los chicos, no tienen muy claro el eje víctima-agresor. Una vez estaban hablando del ‘grooming’, que es este tipo de acoso en redes en las que normalmente un adulto se hace pasar por un adolescente para conseguir fotografías, y ellos culpaban a las chicas.

Está todo el mundo muy impactado por la serie ‘Adolescence’ (Netflix), ¿las redes sociales están metiendo ideas raras sobre el sexo en los chavales?

Claro, porque el sexo tiene que ver también con cuestiones afectivas, con dinámicas de poder y roles de género. Y al final este tipo de discursos que se escuchan en redes perpetúan unos roles de género que parecía que estábamos superando. Es tremendamente triste. Mi libro ya advierto que es un poco “woke” y hago una definición de lo que son los ‘incels’, además de dedicar un capítulo a la adolescencia.

Los ‘incels’ son los célibes involuntarios, básicamente hombres que culpan de sus frustraciones sexuales a las mujeres, sin hacer una autocrítica y pensar que a lo mejor no follan porque son unos pedazos de misóginos y a ellas les dan asco. Es un hombre frustrado sexualmente que culpa a las mujeres de su frustración.

¿Cómo es eso de que usted descubrió su homosexualidad “chupando huesecillos”?

Yo hablo ahí de una revelación sexual que tuve cuando estuve de voluntario en una excavación arqueológica en La Garma, que es una cueva cerca de Santander. Cuando encuentras un trozo de algo entre la tierra, la forma de saber si es un hueso o una piedra es chuparlo. Si se queda pegado a la lengua es un hueso y si no se queda pegado es una piedra. Total, que llegué a la excavación y a mi lado había un chico que estaba muy apañado, con cresta, un poco punki… Al llegar a casa yo estaba caliente como una mona y me dije: aquí está pasando algo. Y hasta hoy.

Describe el sexo como “sucio, primitivo, invasivo y pringoso”, y dice que nos expone a enfermedades y peleas, ¿por qué es una gran solución, a pesar de todo?

Pues es una solución fantástica, básicamente, para crear diversidad, porque la diversidad mueve el mundo. Y no es lema, es una realidad científica. La diversidad genética es tremendamente necesaria para que las poblaciones puedan perdurar en el espacio, en el tiempo y además, para que puedan evolucionar.

En el libro lo explica con plátanos.


La variedad de plátanos que comemos mayoritariamente, los Cavendish, es estéril. Principalmente, porque es una especie de híbrido de varias razas creado para que no tenga pepitas y no esté lleno de semillas. El problema es que al ser estéril, los propagamos por esqueje, los vamos clonando. De modo que todos los plátanos que comemos son clones. Eso es un problemón. ¿Por qué? Porque cuando los organismos son todos iguales, si viene un virus o cualquier patógeno que pueda matar a uno, se puede cargar a todos. Y ya hay un hongo que se está cargando a los plátanos en medio mundo, el Fusarium oxysporum.

Ahora explíquemelo con la dinastía de los Habsburgo.

Para no repartir el imperio, los Habsburgo (o los Austrias) se liaban entre primos, tías y sobrinos... ¿Qué pasó? Que al final ahí vas perdiendo diversidad genética y vas cayendo en un problema de endogamia que lleva a malformaciones faciales.

Hay varios problemas de mandíbula que llevan nombres de los Habsburgo...

Mandíbula Habsburgo, labio Habsburgo y paladar Habsburgo. Son problemas maxilofaciales que se llaman de esa forma porque los tenían ellos. Y todo porque al final nosotros de cada gen tenemos dos copias. Una de nuestro padre y otra nuestra madre. Y es muy normal que una de las copias no funcione bien, que tenga alguna mutación o que esté un poco chuchurría, pero si tienes la otra copia normalmente no pasa nada. Pero si tú te vas durante siglos liándote con primos, primas, tíos, sobrinos, lo que sea, al final es muy fácil que termines teniendo un montón de genes en los que las dos copias son exactamente la misma. Las mismas averías en los mismos sitios. Se calcula que Carlos II, “el Hechizado”, que fue el último rey de los Habsburgo y murió sin descendencia por culpa de la consanguinidad, tenía la misma copia de padre y madre en una cuarta parte de sus genes. Eso es una barbaridad.

En su libro cita a un animal que hace poco se hizo muy viral, el pez diablo que se encontró en Canarias, los rapes abisales. ¿El sexo en las profundidades es un poco peculiar?

Ese es otro ejemplo de que los machos pintan muy poco en la naturaleza. Cuando nacen buscan desesperadamente una hembra en la oscuridad. Cuando la encuentran, se quedan pegados a ella y se mueren. La hembra va disolviendo y absorbiendo al macho hasta que solo quedan los genitales, los testículos, y se quedan pegados a ella. De modo que las hembras terminan teniendo unos 20 o 30 genitales de machos por el cuerpo como si fueran medallitas. Y cuando quieren reproducirse, tienen ahí los testículos pegaditos al cuerpo y utilizan el esperma directamente. Es una solución también a esa falta de alimento en las zonas abisales, porque como hay muy pocos individuos, no da para que haya una población también de machos.

De todos los comportamientos extremos animales que menciona en el libro, como el bicho palo que copula durante meses o el pulpo que dispara su pene como un misil, ¿cuál es su favorito?


Mis favoritas son quizás las lagartijas lesbianas. Hay un grupo dentro de las lagartijas de cola de látigo en el que son todo hembras y se reproducen mediante un proceso que se llama partenogénesis, que literalmente significa parto virginal, en la que esos óvulos evolucionan sin que haya fecundación por un macho. Lo curioso es que el estímulo para que las lagartijas hagan partenogénesis y tengan descendencia es tener sexo con otra hembra, tener relaciones lésbicas. Es decir, hacen la ‘tijera’ reptiliana. Me encanta.

También cuenta en el libro que el padre de Nemo, de haber sido realista la película de Pixar, habría cambiado de sexo. ¿Cómo de habituales son estas transformaciones en la naturaleza?

Sí, el hermafroditismo secuencial, que es como se llama a cambiar de sexo a lo largo de la vida, es bastante común, especialmente en especies marinas. En los peces payaso, cuando la hembra reproductora muere, el macho reproductor se convierte en hembra y el siguiente macho en la jerarquía se vuelve el macho reproductor.

Y en los meros pasa algo parecido, ¿no?

En los meros pasa al revés. Empiezan su vida como hembras y cuando alcanzan un tamaño muy grande, normalmente cuando tienen ya más de 16 o 17 años, se vuelven machos. ¿Por qué? Porque como los machos no importan, ¿para qué tener una población de mitad machos, mitad hembras, cuando basta con unos poquitos machos que vivan muchos años? Pero esto hace que sea muy sensibles las poblaciones a la sobrepesca, porque normalmente los peces que se pescan son los grandes.

Todo este conocimiento de la complejidad biológica, incluidos los casos de intersexualidad que se producen en humanos con una cierta frecuencia, ¿puede ayudar a reducir la transfobia?


Supongo que sí, aunque yo en el libro enseguida hago una advertencia. En los humanos, la sociedad, la cultura y la historia son tan importantes como la biología. Hablar de la transexualidad solo desde la biología sería tremendamente injusto para las personas trans. Pero sí que creo que puede ayudar a la gente a entender que es verdad que el sexo biológico no es tan binario como creemos. De hecho, no lo encontramos ni siquiera en nuestra propia especie. Las personas intersexuales, es decir, personas que tienen características en sus genitales un poco ambiguas entre los dos sexos, son muy habituales. Y se debe a que el sexo no es solo una cuestión cromosómica, sino también de cómo reacciona el cuerpo ante las hormonas sexuales.

Eso es lo que pasa con los “güevedoces”, ¿no?

Los “güevedoces”, que es como llaman a estas personas en la República Dominicana, son un caso muy claro. Se desarrollan como chicas y, de repente, a los 12 años les bajan los testículos y les sale pene. Básicamente, porque el cuerpo de estas personas reacciona a la testosterona de forma diferente y en su caso no empieza a hacer efecto en su cuerpo, a masculinizarlo, hasta que tienen unos niveles muy altos propios de la adolescencia, pero no durante la niñez. No sé cómo explicarlo sin entrar en el fango, pero digamos que muestra que nuestro sexo cromosómico puede no ser tan determinante sobre cómo van a ser nuestros caracteres sexuales primarios y secundarios.

Durante años se repitió que el clítoris es un pene atrofiado y, sin embargo, dice usted que es al revés y que es el pene el que es un “clítoris mutante”.

Sí, sí, porque el sexo ‘por defecto’ es el femenino. Todos nosotros empezamos nuestro desarrollo embrionario como hembras. Hasta que se activa el cromosoma Y durante el desarrollo embrionario, en la semana 11, se nos forma algo que se llama el tubérculo sexual, que tiene la forma de los genitales externos femeninos. En los machos, los labios mayores se fusionan para formar el futuro escroto, que es esa línea que tenemos en el escroto, el rafe, es una cicatriz formada por nuestros antiguos labios vaginales. Y el pene se forma a partir del clítoris. Empieza a salir hacia afuera y lo que hace es que se fusiona con la uretra y se rodea de los labios menores. Y esa especie de taco o de burrito, es el pene. Coges el clítoris, le pones una uretra y lo rodeas con la tortilla.

Hablemos de la “falacia naturalista”. Insistir en que la homosexualidad existe en cientos de especies, ¿no es seguir el juego a los que juzgan el comportamiento humano por su semejanza con lo natural?

Claro, es que es un arma de doble filo. A mí me encanta hablar de homosexualidad y bisexualidad en el mundo animal, pero trato de huir de ese discurso de “mira, es natural porque lo hacen los animales y entonces eso nos legitima”. No podemos determinar qué está bien y qué está mal en función de lo que sucede en la naturaleza. No quiero ayudar a una minoría como las personas LGTBI hablando de animalitos gays. No necesitamos que haya animalitos gays, lésbicos o bisexuales para legitimar nuestra existencia. Nuestra existencia la legitima que somos y que estamos y que estaremos y que siempre hemos estado.

Lo que seguro que no hay en la naturaleza es homofobia, ¿no?

Efectivamente, en la naturaleza no hay homofobia. Existen un montón de especies animales con comportamientos homosexuales tanto entre machos como entre hembras o sexo en grupo, y ahí nadie se queja, es superhabitual. Incluso entre algunos animales que son como estandarte de la masculinidad tóxica, como los leones. Los leones se dan por el culo como si no hubiera un mañana (risas).

¿Ser “cuidador de sobrinos” puede tener un valor evolutivo?

Es un término para referirse a los homosexuales que a mí no me molesta. Lo utilizo como ejemplo cuando hablo de qué teorías existen sobre por qué la homosexualidad o los comportamientos homosexuales existen en la naturaleza y no, y no tienden a desaparecer.

¿Qué está pasando ahí? Una de las teorías es la del cuidador de sobrinos, de que al final esos individuos pueden ayudar a cuidar a las crías de otros miembros de la sociedad. Y pasa, por ejemplo, con los carneros y las cabras montesas, entre los que hay un mariconeo brutal. Se suelen emparejar de por vida y quedarse con el rebaño, en el que normalmente solo hay un macho adulto y el resto son hembras o juveniles. Pero esos machos adultos son aceptados, se quedan también allí porque cuidan, protegen también al rebaño. Al final es lo mismo que el tío gay que da la propina al sobrino, el tío gay que, como no ha tenido hijos, cuando son mayores les paga el viaje a Tailandia.

miércoles, 12 de marzo de 2025

#libros #animales #sexo | Sexo salvaje : el kamasutra de la naturaleza

Sexo salvaje : el kamasutra de la naturaleza / Ricardo Moure ; prólogo de Luis Piedrahita.

Madrid : La Esfera de los Libros, 2025 [03-12].
288 p.

/ ES / Libros / ENS / Animales / Biología / Homosexualidad / Intersexualidad / Procreación / Sexo / Sexualidad / Transexualidad

📘 Ed. impresa: ISBN 9788410940109 / 19.90 €
📝 Cita APA-7: Moure, Ricardo (2025). Sexo salvaje : el kamasutra de la naturaleza. La Esfera de los Libros.


Este libro descubre la más sucia, sorprendente y festiva intimidad de las especies. Ahí fuera se vive una orgía permanente en la que los chimpancés blanden sus penes con espinas y los patos, sus enormes «sacacorchos»; los pájaros se ponen los cuernos sin remordimiento alguno y las ranas se hacen las muertas para escapar de los pretendientes más insistentes; los hongos tienen tres, cuatro o hasta miles de sexos, algunos peces cambian de género y otros llevan los genitales de sus examantes pegados a sus escamas; los zánganos eyaculan tan fuerte que revientan; los carneros le dan a pelo y a pluma; las koalas se montan bacanales lésbicas y unos murciélagos ejercitan el sexo oral entre los pétalos de plantas tan seductoras que son utilizadas como consolador por abejorros deseosos de placer carnal. Pero no se asusten, porque estas páginas no son el desahogo fantasioso de un pervertido animalista, sino un asombroso recorrido por la diversidad sexual y la procreación de los seres vivos. Su autor, el conocido biólogo Ricardo Moure, uno de los mejores divulgadores de la televisión, ha conseguido con ‘Sexo salvaje’ lo más difícil: combinar el rigor científico y el más provocador sentido del humor.
«Aunque leas mucha guarrada, mucho chorrazo, mucho ‘froti froti’ y palabras tan técnicas y científicas como huevada o chichi, detrás de todo esto hay un ya no tan joven biólogo que utiliza la risa y el chiste tonto para contagiarte su amor por la biología».
😏 ¿Quién es Ricardo Moure? Es una buena pregunta porque ni él mismo lo tiene claro.Es biólogo y tiene un doctorado en cosas bastantesesudas sobre biología molecular, pero no se le nota nadacuando aparece en la tele disfrazado de pollo, oso hormiguero o Cupido para explicar maravillas sobre culos de mono, langostas inmortales o supergonorreas. Nacido con vocación de biólogo, creció (bastante poco, la verdad) recogiendo bichitos en los prados de Cantabria. Pero un día la diosa Comedia lo picó, puso huevos en su cerebro y las larvas tomaron el control de sushemisferios. Desde entonces, combina humor y rigor científico con un toque ácido y gamberro, convirtiéndose en uno de los divulgadores más peculiares e irreverentes del panorama actual. Todo comenzó hace más de diez años, cuando ganó el concurso de monólogos científicos Famelab (sí, eso existe). Desde entonces ha abrazado farándula y ha sido miembro del grupo de monologuistas científicos Big Van Ciencia, ha colaborado en programas como ‘En el aire’, con Buenafuente, ‘El Club de la Comedia’, ‘La roca’ y ‘Órbita Laika’ (donde, según quién opine, es la estrella o la mascota). También es un habitual de la radio, con maravillas del podcast a sus espaldas como ‘Materia absurda’, ‘Órbita Laika el podcast’ o ‘®Moure oye voces’, un peculiar consultorio científico dentro del programa ‘Serendipias’, de la Cadena SER, donde Ricardo intenta por todos los medios que este mundo absurdo se entienda un poco mejor o que, al menos, nos haga reír mientras se desmorona.

lunes, 21 de febrero de 2022

#hemeroteca #prehistoria #sexo | El sexo con neandertales protegió a los humanos del VIH y les hizo más vulnerables a la covid

El País / Reproducción de un neandertal en el Museo de Historia Natural de Londres //

El sexo con neandertales protegió a los humanos del VIH y les hizo más vulnerables a la covid.

El cambio genético heredado de la especie extinta apareció en la última edad del hielo y se expandió de forma excepcional entre los humanos modernos.
Daniel Mediavilla | El País, 2022-02-21
https://elpais.com/ciencia/2022-02-21/el-sexo-con-neandertales-protegio-a-los-humanos-del-vih-y-les-hizo-mas-vulnerables-a-la-covid.html 

Existe la tendencia a pensar en la evolución humana como una historia de progreso, como si fuese una sucesión de gamas de teléfonos inteligentes en la que la última siempre es mejor que la anterior. Sin embargo, es poco probable que el proceso que ha dado lugar a nuestra especie y a todas las demás fuese del agrado de un ingeniero perfeccionista. Las variantes genéticas que permiten a los seres vivos adaptarse mejor a un entorno cambiante surgen tras aprovechar los errores que se producen en un organismo cuando replica su ADN para mantenerse con vida. La mayor parte de esos errores desaparecen, pero algunos son beneficiosos y facilitan que quien los experimente sobreviva y se reproduzca. Otras mutaciones resisten porque al menos no hacen daño, y se quedan agazapadas en el genoma, pasando de generación en generación, hasta que un cambio en el entorno las convierte en un peligro o en una ventaja para quien las alberga.

En nuestra especie, algunos de estos cambios han llegado de unos ancestros a los que hasta hace poco no considerábamos parte de la familia directa. En 2006, Bruce Lahn, de la Universidad de Chicago, descubrió que el gen microcephalin, relacionado con una drástica reducción del tamaño cerebral en algunos bebés, había aparecido en nuestro genoma hace 40.000 años. La fecha y sus características hicieron pensar al investigador que tenía que ser ADN de origen neandertal llegado a nuestro genoma cuando algún sapiens tuvo sexo y se reprodujo con un miembro de aquella especie desaparecida. Según contó Lahn a este periódico, los revisores de las revistas científicas más prestigiosas rechazaron la publicación de aquel resultado porque un cruce entre esas dos especies “era imposible”. Pocos años después, la publicación del genoma neandertal completo confirmó que aquello había sucedido en multitud de ocasiones.

Hoy, la revista PNAS publica un trabajo en el que, de nuevo, se recuerda la importancia de la herencia neandertal y la relevancia del azar en la evolución. Su autor, Hugo Zeberg, del Instituto Karolinska (Suecia), publicó en otoño de 2020 junto a Svante Pääbo, el principal responsable de la secuenciación del genoma neandertal, que el mayor factor de riesgo para sufrir una covid grave, hallado en el cromosoma 3, se introdujo en el linaje humano hace entre 50.000 y 70.000 años por un cruce con los neandertales. En un segundo trabajo, Pääbo y Zeberg observaron que aquel vestigio de los cruces con los neandertales había incrementado su frecuencia desde la última edad del hielo de un modo excepcional. Frente al 4% que suelen ocupar los genes neandertales, como máximo, en las poblaciones europeas y algo más entre algunos asiáticos, la variante de riesgo alcanza el 16% y el 50% en Europa y el sur de Asia, respectivamente.

Zeberg se planteó que el incremento tuvo que deberse a algún efecto protector de aquella herencia neandertal y se propuso encontrarlo. En su último análisis, apunta a que las personas que portan la variante nociva frente a la covid tienen un 27% menos de riesgo de contraer VIH. Pero el virus del sida no se cruzó con la especie humana hasta tiempos recientes. El autor especula con la posibilidad de que el factor que pudo favorecer la expansión de esta variante protectora frente al VIH y nociva cuando se contrae SARS-CoV-2 se pudo deber a que también protegía frente a la viruela, un patógeno que apareció hace más de 10.000 años. El surgimiento de esa enfermedad o de alguna otra amenaza para la especie humana hizo que la variante neutra que ya estaba ahí convirtiese esa herencia neandertal en una ventaja evolutiva.

Cristian Cañestro, líder del grupo de investigación de Evolución y Desarrollo de la Universidad de Barcelona, recuerda que “la evolución es una cuestión de equilibrio”. En el caso de CCR5, uno de los genes de la región del genoma asociada a una covid más grave, “se ha visto una variante mutagénica que reduce la probabilidad de ser infectado por el VIH y que pudo proteger frente a otras infecciones en el pasado”, continúa. “Es posible que esa mutación diese algunas desventajas porque la proteína no cumple bien su función, pero si te da más probabilidades de sobrevivir frente a un virus mortal, vas a tener una ventaja frente al resto de la población”, añade.

Cañestro rememora a Stephen Jay Gould para recordar el papel clave del azar en la evolución. “Podemos tener al mejor pez del mundo, al más superdotado, pero si está en una laguna que por el motivo que sea se seca, el pez no sobrevive y no transmite sus genes”, cuenta. “Al final, la supervivencia depende de las ventajas que ofrecen unas variantes genéticas, pero también de muchos eventos azarosos”, concluye.

La herencia neandertal ofrece más ejemplos de cómo una mutación beneficiosa en una circunstancia puede no serlo en otra. Un estudio publicado en Science en 2016 mostraba cómo un gen procedente de la especie extinta hacía más espesa la sangre y, por lo tanto, facilitaba la aparición de coágulos. Para unos humanos sin médicos que suturasen las heridas fruto de una mala caída o el enfrentamiento con un animal, esa rápida coagulación suponía una ventaja clara. Para nosotros, mucho más longevos y con hábitos de vida que favorecen las enfermedades cardiacas, esa misma variante genética se ve como un peligro para la salud.

Esta ambivalencia de las variantes genéticas también se debe tener en cuenta al evaluar la posibilidad de modificar embriones con la intención de crear humanos mejorados. En 2018, en China, nacieron dos gemelas a las que se había editado el gen CCR5 para inactivarlo. Preguntado por la posibilidad de que las niñas pudiesen tener un mayor riesgo de sufrir una covid grave, Zeberg responde: “Por el momento no tenemos razones para pensar que ese sea el caso”. Pero plantea que este tipo de efectos cruzados, en los que una mutación es buena noticia para una enfermedad y mala para otra, debería hacernos ser “generalmente humildes sobre nuestra comprensión del genoma y de las variantes genéticas”.

jueves, 13 de mayo de 2021

#libros #biologia | Competencia o cooperación : sobre la ideología que domina la biología

Competencia o cooperación : sobre la ideología que domina la biología / Javier Ugarte Pérez.

Rubí, Barcelona : Letra Minúscula, 2021 [05-13].
650 p.

/ ES / ENS / Libros / Animales / Biología / Cooperación / Ideologías / Naturaleza
📘 Ed. impresa: ISBN 9788418640742 / 28,08 €

[.es] El título ‘Competencia o cooperación’ se debe al hecho de que los biólogos debaten si los organismos compiten por los recursos o cooperan. En relación con lo primero, los científicos discuten si la competencia se da dentro de la misma especie u ocurre entre ellas como, por ejemplo, la que mantienen zorros y águilas por cazar conejos. Charles Darwin defendió una idea de evolución que insiste en que la competencia más despiadada se da entre congéneres. Sin embargo se puede sostener que la evolución se basa en una cooperación entre elementos de la misma o distintas especies; en el último caso se habla de "simbiosis". La microbiología juega un papel ambiguo en ese debate sobre evolución.

👤 Javier Ugarte Pérez es Doctor en Filosofía y autor de ‘Sin derramamiento de sangre. Un ensayo sobre la homosexualidad’ (Egales, 2005), ‘Las circunstancias obligaban. Homoerotismo, identidad y resistencia’ (Egales, 2008) y ‘Placer que nunca muere. Sobre la regulación del homoerotismo occidental’ (Egales, 2011). Además, el autor contribuyó al inicio de los estudios sobre biopolítica en España como compilador de ‘La administración de la vida. Estudios sobre biopolítica’ (Anthropos, 2005) y coordinador de ‘Hacer vivir, dejar morir. Biopolítica y capitalismo’ (Arbor-La Catarata, 2010).

viernes, 8 de noviembre de 2019

#hemeroteca #inmemoriam | Muere Margarita Salas, referente de la ciencia española

Imagen: El País / Margarita Salas
Muere Margarita Salas, referente de la ciencia española.
La investigadora inició el desarrollo de la biología molecular y realizó importantes aportaciones sobre cómo funciona el ADN.
Daniel Mediavilla | El País, 2019-11-08
https://elpais.com/elpais/2019/11/07/ciencia/1573124363_991474.html

Margarita Salas (Asturias, 1938), una de las científicas más destacadas de España, ha fallecido este jueves a los 80 años de una parada cardiorrespiratoria tras una complicación de una dolencia digestiva por la que llevaba tres semanas en observación y de la que iba a ser operada. Inició el desarrollo de la biología molecular en España. Su estudio del fago Phi29, un virus que infecta a las bacterias, permitió conocer cómo funciona el ADN y cómo la información que contiene se transforma en las proteínas que hacen funcionar al virus.

Salas tuvo que irse en 1964 a trabajar a Nueva York con el Nobel Severo Ochoa, escapando de lo que ella recordaba como “un páramo científico” sin financiación para hacer investigación. Allí estuvo trabajando durante tres años y aprendió cosas que marcarían su carrera posterior. “Hay que hacer investigación básica de calidad, pues de esta investigación saldrán resultados que no son previsibles a priori y que redundarán en beneficio de la sociedad", recordaba Salas que decía su maestro.

Regresó a España al Centro de Investigaciones Biológicas (CIB) con una ayuda de la organización estadounidense Jane Coffin Childs Memorial Fund for Medical Research y comenzó a trabajar con su virus phi29, en principio para conocer su funcionamiento a nivel molecular, buscando esa investigación de calidad a la que se refería Ochoa. Sin embargo, el conocimiento de ese microorganismo le permitió crear una tecnología que revolucionó las pruebas de ADN y ha reportado al CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) importantes beneficios económicos. Este mismo año, la científica ha recibido el premio de honor de la Oficina Europea de Patentes por toda su carrera. La presidenta del CSIC, Rosa Menéndez, ha lamentado la pérdida para la ciencia española y ha destacado la ilusión que le hizo a la investigadora ese premio y en particular otro que se otorgaba por reconocimiento del público a sus esfuerzos.

El trabajo en el laboratorio de Margarita Salas le permitió conocer cómo se replicaba el ADN del virus, que tenía unas cualidades óptimas para multiplicar el material genético. Esta característica lo hacía interesante como herramienta para hacer las copias de ADN que muchas veces se necesitan para los análisis de pequeñas muestras recogidas en un lugar del crimen o en un yacimiento arqueológico. La investigadora, que estuvo casada con el también científico Eladio Viñuela (fallecido en 1999) e iba a cumplir 81 años el próximo 30 de noviembre, patentó su sistema de amplificación de ADN en EE UU en 1989 y después en Europa en 1997 a nombre del CSIC. Durante los seis años en que la patente estuvo activa, entre 2003 y 2009, generó más de seis millones de euros. Se estima que los productos que incorporan la tecnología desarrollada por Salas rondarán los 150 millones de euros en 2020.

La investigadora también es conocida por su labor como formadora de científicos. María Blasco, directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas y discípula de Salas, recuerda que ella “trajo la biología molecular a España” y enseñó a muchos de los líderes de la ciencia española actual a hacer ciencia. “Apoyó a los científicos durante toda su carrera y creaba unos vínculos científicos y humanos intensos”, señala. Científicos destacados como Marisol Soengas, del CNIO, Jesús Ávila, uno de los más destacados en el estudio del alzhéimer, o la exministra de Ciencia y empresaria Cristina Garmendia recibieron sus enseñanzas. Blasco destaca también el énfasis que les transmitió en que una investigación básica de excelencia proporcionaría después, aunque no se buscase directamente, beneficios prácticos. Garmendia ha expresado su cercanía a toda su familia, "en particular a su hija Lucía", y ha asegurado que de la fallecida aprendió su "pasión por la ciencia y el rigor de todos y cada uno de los experimentos pero también la cultura del esfuerzo y el valor del trabajo en equipo".

Durante muchos años, Salas fue reacia a ocupar puestos administrativos. Trabajadora y formadora incansable, no quería dedicar tiempo a actividades que le alejasen de una pasión a la que siguió dedicada hasta sus últimos días. Sin embargo, con el tiempo comenzó a ceder y asumió su papel como figura representativa de la ciencia española en general y de las mujeres científicas en particular.

Blasco recuerda cómo durante los primeros años de Salas trabajando como investigadora en España tuvo que enfrentarse a las reticencias de grandes figuras como Alberto Sols respecto a la capacidad femenina para la ciencia. En EE UU, en un entorno más profesionalizado, eso cambió, pero a su regreso a España, a finales de los sesenta, tuvo que volver a pelear para demostrar que era una gran investigadora, además de la esposa de Eladio Viñuela. Lo logró, sin duda. En 1988 fue nombrada presidenta de la Sociedad Española de Bioquímica y en 1992 directora del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa. En 2007 se convirtió en la primera mujer española en ingresar en la Academia Nacional de Ciencias de EE UU y en 2003 entró en la Real Academia Española (RAE).

Precisamente, el director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, desde el Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, que se celebra en Sevilla, se ha referido a Salas, que fue elegida para la silla i de la institución en diciembre de 2001, como "una persona muy cumplidora en sus tareas en la RAE". Salas entró en la Academia en 2003 con el discurso ‘Genética y lenguaje’ y en 2008 depositó en la Caja de las Letras, del Instituto Cervantes, dos cuadernos con notas de sus investigaciones en el laboratorio de Severo Ochoa en la Universidad de Nueva York, informa Manuel Morales.

Hace pocos meses, cuando recibió el premio de la Oficina Europea de Patentes, Salas aseguraba que seguía yendo al laboratorio todos los días. Garmendia recordaba hoy que en su última conversación con ella planeaban una comida "para hablar de la empresa que junto a Luis Blanco y Antonio Bernard", los otros descubridores de las capacidades biotecnológicas del phi29, lanzaron hace unos años. Nunca dejó de disfrutar de su pasión.

Incansable contra el machismo
La bióloga molecular Margarita Salas ha fallecido este jueves a los 80 años viendo un pequeño sueño cumplido. “En el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) no ha habido ninguna mujer presidenta todavía”, criticaba Salas en una entrevista con este periódico en 2015. “Es evidente que a los puestos más altos no han llegado todavía las mujeres”, denunciaba. Dos años después, la química asturiana Rosa Menéndez cogió las riendas del CSIC, el mayor organismo público dedicado a la ciencia en España y la institución en la que Margarita Salas desarrolló casi toda su carrera.

Además de investigadora excelente, “Margarita fue también incansable en la denuncia de la situación de discriminación de las mujeres en la ciencia”, aplaudió ayer la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (Amit) en un comunicado. “Ella misma reconocía que tardó en darse cuenta de ese hecho y de cómo había afectado a su propia carrera, pero una vez que fue consciente ya no se detuvo en la denuncia pública de esa discriminación”.

viernes, 25 de enero de 2019

#hemeroteca #prehistoria #sexo | Svante Pääbo: “El sexo de neandertales con otras especies demuestra que eran mucho más sociables que nosotros”

Imagen: El País / Svante Pääbo
Svante Pääbo · Padre del genoma neandertal: “El sexo de neandertales con otras especies demuestra que eran mucho más sociables que nosotros”.
El científico sueco alerta de que la modificación genética en embriones puede desembocar en la creación de una nueva especie.
Rafa Burgos | El País, 2019-01-25
https://elpais.com/elpais/2019/01/24/ciencia/1548355820_636546.html

Los neandertales mantuvieron relaciones con los homo sapiens. No solo sociales, también sexuales. Lo sabemos porque el biólogo sueco Svante Pääbo (Estocolmo, 1955) secuenció el genoma de los restos de una niña hallados en los montes Altái, en Siberia, y demostró que era hija de madre neandertal y padre sapiens. A juicio de Pääbo, esta mezcla confirma que nuestros ancestros eran mucho más sociables que nosotros. “Dos seres que eran mucho más diferentes entre sí que nosotros respecto a cualquier otro humano mantuvieron relaciones sexuales y tuvieron hijos. Eso describe a la perfección lo distintos que eran de los humanos actuales”, sentencia.

Por lo demás, para este científico, que esta mañana imparte una charla en Alicante, invitado por el Instituto de Neurociencias UMH-CSIC, determinar con exactitud si sapiens y neandertales eran especies distintas es irrelevante. Lo que cuenta es que parte de nuestro código genético guarda trazas de nuestros inmediatos ancestros. “La influencia neandertal se puede ver a lo largo de todo nuestro genoma”, asegura Pääbo. Continuamente aparecen estudios científicos que inciden en la herencia neandertal de los genes relacionados con “la diabetes, enfermedades de la piel o del sistema inmune o con los abortos espontáneos”. También de ellos procede “la resistencia a las enfermedades procedentes de la bacteria helicobacter pylori”, que afecta al estómago.

Sin embargo, donde menos huella han dejado es en toda la parte genética que afecta a los testículos. “Eso podría indicar algún aspecto negativo en la reproducción”, sostiene Pääbo, que podría explicar la prevalencia del sapiens frente a su antecesor, entre otros factores. “Quizá solo acabaron sobreviviendo las hembras”, aventura el director del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig (Alemania), “y sabemos que morían mucho más jóvenes y su vida reproductiva era más corta”. Aunque la capacidad tecnológica del humano moderno parece mucho más determinante. “La tecnología de los neandertales es homogénea, es igual en España que en Siberia”, explica, “pero los sapiens supieron evolucionar muy rápidamente y se puede saber la procedencia de un resto solo por su grado de avance tecnológico”.

Pääbo está considerado como el padre de la paleogenética y recibió el año pasado el Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica por sus descubrimientos. Entre otros, los realizados con el material que va aflorando en el yacimiento burgalés de Atapuerca. En sus manos está la raíz de nuestro árbol genealógico. Nuestro antepasado más antiguo, de hace unos 430.000 años. Pääbo confía en que este año consigan descifrar “el 10% del genoma del hombre de la Sima de los Huesos”. “Pero no estamos seguros de poder lograrlo”, añade.

El biólogo escandinavo cree que “tan solo estamos en el inicio” de la revolución científica que nace del genoma. Pero, al mismo tiempo, admite que se ha generado cierto “hype [bombo mediático, podría ser la traducción] en torno al ADN”. ADN para descifrar nuestro pasado, para descubrir a los criminales, para comprender hasta el último rincón del planeta, como panacea para todos los males. “La genética contiene una parte importante de nuestra historia”, subraya, “pero no toda la información que hemos reunido como especie”. “Si voy a Grecia, me impacta estar en la cuna de la civilización occidental, de la democracia, de la arquitectura”, pone como ejemplo, “pero ni uno solo de mis genes tiene nada que ver con Grecia”. Pääbo insiste en restar presión a su especialidad. “El ADN hallado en la escena de un crimen te puede indicar quién es el asesino, pero en el estudio genético de esa misma persona nada va a indicar que pueda ser un asesino”.

Advierte el biólogo, además, de que conviene delimitar los usos del conocimiento del código genético. Y se refiere al caso de He Jiankui, el científico chino que anunció el nacimiento de los primeros bebés modificados genéticamente. “El consenso general en la comunidad científica es que no se puede manipular el ADN en la línea germinal”, es decir, en la fase de gestación embrionaria. Los peligros se desconocen, pero “en la gestación de un hijo modificado genéticamente podría crearse incluso una nueva especie”, porque “no sabemos qué repercusiones tiene en el genoma introducir un cambio en un solo gen”. En su opinión, las nuevas técnicas genómicas deben dedicarse en exclusiva “en usos terapéuticos, para curar enfermedades”.

miércoles, 31 de octubre de 2018

#hemeroteca #transfobia #feminismo | Del quiénes somos al qué queremos: sujetos feministas y “cierres vulnerables”

Imagen: Pikara / Manifestación 8M
Del quiénes somos al qué queremos: sujetos feministas y “cierres vulnerables”.
Lo que trae de vueltas al feminismo clásico se llama interseccionalidad y lo que lo desborda son los nuevos sujetos que emergen desde dentro del movimiento feminista sin solicitar permiso para hablar. Decidiendo las reivindicaciones que compartimos definiremos el sujeto político, pero eso implica el reto de abordar viejas heridas y fantasmas excluyentes.
Sam Fernández | Pikara, 2018-10-31
http://www.pikaramagazine.com/2018/10/sujetos-feministas-sam-fernandez/

Llevamos más de 40 años transformando y arriesgando el sujeto político del feminismo a la manera en que lo entendía el statu quo del movimiento y hoy, como antaño, tampoco lo hacemos exentes de debate tal y como hemos revivido las últimas semanas. En los años 80, el feminismo negro y el feminismo lesbiano abrieron una crisis en torno al sujeto político al denunciar la “confusión” interesada del feminismo occidental entre el sujeto “mujeres” y una parte de él (las mujeres blancas heterosexuales de clase media). Sería reduccionista leer este conflicto como el retorno de las lesbianas y de las negras al feminismo, quienes siempre habían estado ahí construyendo feminismos. El reclamo de ambos movimientos puso sobre la palestra algo más incómodo que el color diferente y la sexualidad diversa: nos mostró el modo en que el racismo y la lesbofobia -entrelazadas con el clasismo- se habían constituido como elementos históricos que perfilan el sujeto político del feminismo occidental. Es decir, el modo en que habíamos construido una agenda política cuyas preocupaciones formaban a posteriori un sujeto que excluía a las lesbianas y las negras –y de un golpe a las negras lesbianas-.

Entonces, a ¿qué me refiero con “sujeto político”? ¿Estoy hablando del “nosotres”? ¿Se trata, otra vez, de ese inagotable “quiénes somos”? Lo cierto es que no sé quiénes somos porque para ello hace falta responder antes otra pregunta cuyo calado es ético y político: ¿quiénes queremos/necesitamos ser para poder vehicular los reclamos éticos que nos movilizan contra ese heteropatriarcado que vivimos cada día en contextos complejos? Y esos contextos no pueden definirse únicamente en términos de género, que obviamente es una realidad, una que nos une tanto como nos diferencia por la sencilla razón de que no hay patriarcado que no sea cis-heteropatriarcado, que no tenga clase o que no recaiga de manera diferente sobre las personas migrantes. Quiero entender el debate actual sobre el sujeto político del feminismo como otra crisis epistemológica -una de sentido- en un mundo social que ofrece pocas certezas. Desconocemos demasiadas cosas, a veces ni siquiera sabemos ya cuáles son nuestros derechos (al menos ‘de facto’), pero al menos podemos afirmar (o creemos poder afirmar) quiénes son las mujeres y quiénes son los hombres. Y el mundo ya parece más recto –más ‘straight’–, incluso dentro del feminismo. Demasiada incertidumbre en tiempos de esa transformación político-ideológica del sistema en el que vivimos que algunes llaman crisis en lugar de capitalismo financiero atentando contra lo común. Claro que ¿qué es “lo común” en el feminismo? (aparte de una forma más mundana y productiva de preguntar por el sujeto político).

Una opción para resolver la incerteza es recurrir a la autoridad de la biología. Decimos entonces que el sujeto del feminismo son las mujeres y que esas son “las hembras”; y ahí ya sí que no hay ningún género de dudas sobre quién se queda dentro y a quién le toca abandonar la palestra dentro de esta lucha de poder interna. Bromeo porque nunca me queda claro qué hay que hacer para saber si una es hembra. ¿Encargo un cariotipo o me miro los genitales? ¿Los miro o los mido? ¿Las dos cosas? ¿Y si no “coinciden” qué hacemos? ¿Pido una ecografía o mejor un análisis hormonal -porque ya se vuelve caro y complicado y quizás saber si una es hembra no quede al alcance de todas-?. No es un juego, aunque pueda parecerlo. Que se lo digan al Comité Olímpico Internacional, enredado durante décadas en resolver si determinadas atletas (atletas con nombres y apellidos, no casos teóricos de una tal Butler) deben competir en la categoría de mujeres o en la de hombres, sin que los estudios científicos acaben de resolver el asunto [1]. Y es que para comprobar de qué sexo es una persona primero tienes que definir qué es el sexo y ese es el “quid” de un embrollo que ningún laboratorio es capaz de resolver porque no es una pregunta de escuela de biología. Pero quizás las corrientes TERF [2] tengan ahí un filón profesional que, paradójicamente, desbanque a la ciencia a la hora de definir el sexo. Mi interés en este artículo no es poner el acento en la forma polarizada del conflicto (TERF – Transfeminismo), tal y como se ha visibilizado últimamente en las redes, sino hacer dos tipos de reclamo político y ético que van más allá de ese conflicto minoritario y poner de manifiesto que en el seno de esa polarización poco frecuente subyacen tensiones más reales y mundanas que es productivo pensar-articular. No es una interpelación a las corrientes TERF, es justamente una interpelación al resto de los feminismos.

El primer reclamo es tomar la responsabilidad de definir conscientemente dónde ponemos los anclajes del feminismo. Una posibilidad es anclarnos a la biología del binarismo sexual, un tipo de relato sobre la diferencia sexual asentado en el presupuesto de que existen dos entidades biológicas (sexos) cerradas y claramente separables. Si bien este es el relato hegemónico no es el único, como hemos aprendido de biólogas como Anne Fausto-Sterling o pensadoras como Helen Longino. En la intersección entre ciencia y feminismo hay narrativas más complejas sobre el cuerpo y el continuum de las diferencias sexuales que forman parte de la historia del pensamiento feminista. Pero el regreso a las versiones binaristas -y poco emancipadoras- de determinados relatos científicos sobre el sexo empieza a parecer un asunto cíclico en el feminismo, un as en la manga sacado en el momento justo en el que el sujeto del feminismo amenaza con perder sus contornos conocidos. Y creo que la aparente confusión entre abrir, ampliar o arriesgar el sujeto hegemónico del feminismo y destruirlo, usurparlo o perderlo adquiere sentido dentro de esa estabilización de los contornos de siempre. Quizás los reclamos políticos que desplazan la autoridad de definir “quiénes somos” a la versiones binaristas de la biología del sexo habrían de plantearse a quién están empoderando en este camino de vuelta a la seguridad y la certeza. Aún más, ¿qué aporta este desplazamiento de la autoridad a los feminismos, entendidos como proyectos emancipadores, en el contexto actual de medicalización, patologización y mercantilización de los malestares, un asunto que, justamente, el feminismo conoce muy bien?

Me pregunto si elegimos la biología como anclaje del feminismo, o cierta autoridad que arrastran los discursos biológicos —seductora y aparentemente empoderante— nos ha elegido a nosotres. Y pienso que no, que muchas están eligiendo la biología —ciertas versiones—, aunque a otres no nos guste, porque les sirve para delimitar el sujeto del feminismo de una forma que permita ceñir las agendas políticas, lo más estrictamente posible, a las realidades más inmediatas de un sujeto político que recuerda los tiempos de las mujeres blancas heterosexuales de clase media como epicentro del feminismo. Es tentador pensar que primero sabemos quiénes somos y luego decidimos nuestras agendas (qué queremos). Sin entrar en el dilema del huevo y la gallina, el camino es bidireccional y, frecuentemente, el carril inverso juega un papel decisivo: decidiendo las reivindicaciones definimos el sujeto político. Hacemos lo que tenemos que hacer para que el resultado sea ser quienes somos. Es en el proceso de reclamar donde nos reconocernos entre “nosotras” e identificamos a “les otres”. Son nuestras apuestas las que (re)generan el “nosotras” aunque la ficción de la identidad como origen del mundo nos suele hacer percibirlo al contrario. Y este es el segundo reclamo ético que quiero introducir aquí: en el centro del sujeto hay un asunto de agendas, de toma de decisiones políticas sobre qué tipo de transformaciones importan, qué condiciones de vida es prioritario o deseable cambiar desde las políticas feministas. Así que definan la agenda y, con ella, el sujeto político que deseen pero no nos digan que es consecuencia del feminismo. Y aún menos de la naturaleza.

Existe una cierta “política de centro” (en término de hegemonía) dentro del feminismo que se traduce en las prácticas de los permisos, que siempre van precedidas de la antesala de la duda: ¿pero seguro que si (nosotras/os) abrimos el sujeto político no nos estaréis diluyendo a las que (decimos que) llegamos antes? ¿Si damos cabida a “vuestras” preocupaciones y opresiones de género, no perdemos espacio para las que nos afectan a “nosotras”, aquellas genuinamente importantes? Porque estamos en competencia y ni siquiera esto podemos ponerlo en duda sin dudar de nosotras mismas. Como si nuestra lucha contra la violencia patriarcal en las calles perdiera afuera porque nos acojamos a una comprensión de la violencia que de cuenta de la que sufren las mujeres y hombres trans, las lesbianas visibles o las personas sin papeles.

Angela Davis [3] plantéo recientemente que la criminalización de los hombres negros mediante la inculpación sistemática de violaciones a mujeres blancas es un asunto que debía movilizar al feminismo norteamericano. Habrá sectores (neo)machistas que quieran utilizar el reclamo de Davis para diluir la violencia patriarcal, no me queda la menor duda de ello, pero no podrán limitar nuestra capacidad colectiva para denunciar la usurpación del discurso. Por ello, estoy segura que el reclamo de Davis es oportuno y transformador, aunque para no correr el riesgo de involucrarnos podríamos replegarnos sobre la vigilancia de fronteras de la identidad -por aquello de “lo que pueda pasar”-. En nuestro contexto, dicha vigilancia traslada cíclicamente a las trans y las lesbianas fuera del sujeto “mujeres”, como ejemplifican algunos deslices en los que emergen como esos otros sujetos con los que “las mujeres” pueden coaligarse si así lo desean [4]. Imaginemos una mesa: a un lado, las mujeres, al otro las trans y las lesbianas. Lo que trae de vueltas al feminismo clásico se llama interseccionalidad, no transfeminismo (y no el concepto sino lo que se vive). Y lo que lo desborda es una realidad compleja donde nuevos sujetos emergen desde dentro del feminismo sin pasar por la sala de espera a recibir el permiso para luchar por parte de quienes se otorgan el privilegio de dispensarlo.

Creo que tenemos dos retos complejos en el momento actual. El primero es cómo abordar las vísceras y las tripas del feminismo en momentos de corrección política (me refiero a las cosas mundanas que nos pasan a les humanes que estamos ahí). Creo que hay una simpatía real en el movimiento feminista hacia las identidades trans y no binarias y hacia el movimiento en sí. Ello no impide que, en petit comité, las viejas heridas se reabran y emerja el fantasma sobre si, en el fondo del todo, el género no estará en la biología (ya sea en la de partida -caso de las mujeres trans- o en la de llegada -caso de una parte de los hombres trans-). Quizás desde los espacios de lo pequeño sea posible profundizar en debates internos que nos vuelvan políticamente más conscientes de donde estamos aún a riesgo de perder algo de nuestra autocomplacencia y nuestra autoimagen por el camino -valga para todas las partes-. La política del cuidado será esencial aquí así como renunciar a la sanción como forma de gestión de las diferencias que producen malestares (quizás toque hacer un uso tirando a conservador de la palabra ‘transfobia’ en espacios internos). La sanción es un grandísimo aleccionador en la corrección política dentro de los grupos. Contribuye a crear esa paradoja que hay cuando parece que todo va bien aun cuándo sabemos que no es cierto.

En el paso de la política centrada en la identidad a la política del qué queremos, el segundo reto es cómo hacer cierres parciales, provisionales y precarios de los sujetos que construimos. Cualquier cierre del sujeto del feminismo (quiénes somos) es imparcial y, por consiguiente, podríamos decir que falso. Pero necesitamos hacer cierres falsos. Esto es una versión de lo que Gayatri Spivak [5] llama esencialismo estratégico. Pero como el lenguaje siempre es más inteligente que nosotres, acostumbra a llevarnos la delantera y nos desborda, yo quiero prescindir del término “esencialismo” -que al final, aunque sea por ósmosis, nos lo acabamos creyendo-. Prefiero llamar “cierres vulnerables” a la forma en que destacamos sujetos provisionales para luchas concretas. Sujetos que van cambiando y que no hallan ni coherencia ni anclaje en la biología sino en el modo en que nos acercan a una apuesta feminista por una transformación global de las vidas y los mundos que todes habitamos (humanes y no humanes) que nos permite (re)crear y reconocernos en eso que llamamos feminismos.

Nota: Como fórmula de lenguaje inclusivo opto por la “e” en lugar del asterisco porque este último interfiere con sistemas de lectura empleados por personas ciegas.

[1] Veáse Bárbara Vilariño: ‘CIStius, altius, fortius’: Medallas olímpicas a la normatividad” en http://www.pikaramagazine.com/2016/07/olimpiadas-deporte-trans-intersex/ (31/07/2016)
[2] Las corrientes TERF se definen a sí mismas como Feminismo Trans-Excluyente y plantean que las mujeres trans no deben formar parte del sujeto del feminismo ya que no son “hembras” en el sentido biológico clásico. Estas corrientes, que optan por asimilar el término mujer al de hembra, han adquirido mayor visibilidad mediante su actividad en Twitter durante las últimas semanas a raíz del debate sobre el sujeto político del feminismo que ha tenido lugar en las redes.
[3] “El feminismo será antirracista o no será”. Conferencia de Angela Davis (Madrid, 25/10/2018). Puede verse en: https://www.youtube.com/watch?v=1zBDpGI9RTw
[4] “Las mujeres, repitámoslo, pueden coaligarse con otros sujetos que como los homosexuales, las lesbianas, los transexuales, los bisexuales o los transgénero están embarcados en una lucha contra el orden patriarcal heteronormativo” (Luisa Posada en El diario_es, 22/10/2018)
[5] Spivak, G. (1987) In Other Worlds. Essays in Cultural Politics (New York: Methuen).

martes, 30 de octubre de 2018

#hemeroteca #intersexualidad | Por qué el sexo no se limita a ser mujer u hombre

Imagen: The New York Times
Por qué el sexo no se limita a ser mujer u hombre.
Anne Fausto-Sterling | The New York Times, 2018-10-30

https://www.nytimes.com/es/2018/10/30/sexo-no-es-binario/

Dos sexos jamás han sido suficientes para describir la variedad humana. Ni en tiempos bíblicos ni ahora. Antes de que supiéramos gran cosa sobre la biología, establecimos reglas sociales para administrar la diversidad sexual. Por ejemplo, el antiguo código rabínico de los judíos conocido como la Tosefta a veces trataba a la gente que tenía genitales masculinos y femeninos (testículos y vagina, por ejemplo) como mujeres: no podían heredar propiedades ni fungir como sacerdotes; en otras ocasiones, como hombres: se les prohibía rasurarse o estar en un lugar apartado con mujeres. Lo más brutal es que los romanos, que creían que la gente intersexual era un mal augurio, podían llegar a matar a una persona cuyo cuerpo y mente no se ajustaran a una clasificación sexual binaria.

Actualmente, algunos gobiernos parecen seguir el modelo romano y si bien no matan a las personas que no se ajustan a una de dos categorías sexuales, por lo menos tratan de negar su existencia. Este mes, Viktor Orbán, primer ministro de Hungría, prohibió los programas universitarios de Estudios de Género y declaró que “la gente nace siendo hombre o mujer” y que es inaceptable “hablar sobre géneros socialmente construidos, en vez de sexos biológicos”. Ahora, el Departamento de Salud y Servicios Humanos durante el gobierno de Donald Trump quiere seguir ese ejemplo y definir legalmente el sexo como “el estatus de una persona como hombre o mujer con base en rasgos biológicos inmutables e identificables al nacer o antes del nacimiento”.

Esto es incorrecto en muchos aspectos, tanto morales como científicos. Habrá quien explique el daño humano que provoca ese tipo de resolución. Yo me apegaré al error biológico.

Desde hace mucho se ha sabido que no hay una sola medida biológica que coloque de manera contundente a cada ser humano en una de dos categorías: varón o mujer. En la década de los cincuenta, el psicólogo John Money y sus colegas estudiaron a la gente que nació con combinaciones inusuales de marcadores sexuales (ovarios y pene, testículos y vagina, dos cromosomas X y escroto, y más). Pensando en estas personas, a quienes hoy en día llamaríamos intersexuales, Money desarrolló un modelo con varios niveles de desarrollo sexual.

Comenzó con el sexo cromosómico, determinado durante la fertilización cuando un esperma que tiene un cromosoma X o Y se fusiona con un óvulo que tiene un cromosoma X. O por lo menos eso es lo que pasa generalmente. En casos menos comunes, un óvulo o un esperma quizá carezcan de un cromosoma sexual o tengan uno adicional. El embrión resultante tiene un sexo cromosómico poco común —XXY, XYY o XO—. Así que, incluso si se considera solo la primera capa del sexo, hay más de dos categorías.

Pero esa es solo la primera capa. De ocho a doce semanas después de la concepción, un embrión adquiere el sexo gonadal fetal: los embriones con un cromosoma Y desarrollan testículos embrionarios; los que tienen dos cromosomas X desarrollan ovarios embrionarios. Esto establece la base para el sexo hormonal fetal, cuando los testículos o los ovarios embrionarios fetales generan hormonas que ayudan a que el embrión se desarrolle aún más como mujer u hombre (según las hormonas que aparezcan). El sexo hormonal fetal orquesta el sexo reproductivo interno (formación del útero, el cérvix, las trompas de Falopio en las mujeres o los conductos deferentes, la próstata y el epidídimo en los hombres). Durante el cuarto mes, las hormonas fetales completan su trabajo dándole forma al sexo genital externo —pene y escroto en los hombres; vagina y clítoris en las mujeres—.

Así, al nacer, un bebé tiene cinco capas de sexo. Sin embargo, como con el sexo cromosómico, cada capa subsecuente no siempre se convierte estrictamente en un binario. Además, las capas pueden entrar en conflicto entre sí, una siendo binaria y la otra no: un bebé que tiene cromosomas XX puede nacer con un pene, y una persona que tiene cromosomas XY puede tener una vagina, etcétera. Este tipo de discrepancias frustran cualquier plan de asignar el sexo como hombre o mujer, de manera categórica y a perpetuidad, tan solo mirando los genitales de un recién nacido.

Aunada a esa complejidad, la estratificación no se detiene en el nacimiento. Los adultos que rodean al recién nacido identifican el sexo a partir de cómo perciben el sexo genital (al nacer o con base en una imagen de ultrasonido) y así comienza el proceso de socialización de género. Las hormonas fetales también afectan el desarrollo cerebral y producen otra capa más llamada sexo cerebral. Un aspecto del sexo cerebral se vuelve evidente en la pubertad cuando, generalmente, ciertas células cerebrales estimulan los niveles y patrones hormonales del hombre o la mujer adultos, los cuales provocan la maduración sexual adulta.

Money llamó a estas capas sexo hormonal puberal y sexo morfológico puberal. No obstante, estas también podrían variar mucho, más allá de una clasificación binaria. Este hecho es la fuente de discusiones continuas acerca de cómo decidir quién puede competir legítimamente en eventos deportivos internacionales femeniles.

Ha habido muchas investigaciones científicas nuevas sobre el tema desde la década de los cincuenta. Sin embargo, quienes recurren a la biología para obtener una definición de aplicación fácil acerca del sexo y el género no lograrán su objetivo si observan el más importante de estos hallazgos. Por ejemplo, ahora sabemos que, en vez de desarrollarse en la dirección de un solo gen, los testículos o los ovarios embrionarios fetales lo hacen según redes genéticas opuestas, una de las cuales reprime el desarrollo masculino mientras estimula la diferenciación femenina, y la otra hace lo opuesto. Entonces, lo importante no es la presencia o la ausencia de un gen en particular, sino el equilibrio de poder entre las redes genéticas que trabajan en conjunto o en una secuencia específica. Esto socava la posibilidad de usar una prueba genética simple para determinar el ‘verdadero’ sexo.

El cambio de políticas propuesto por el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos es un retroceso. Ignora el consenso científico sobre el sexo y el género, y pone en peligro la libertad que tiene la gente de vivir sus vidas de una manera que se ajuste a su sexo y su género conforme estos se desarrollan a través de cada ciclo de vida individual.

Anne Fausto-Sterling es profesora emérita de Biología y Estudios de Género en la Universidad Brown.

domingo, 16 de abril de 2017

#hemeroteca #prehistoria | Karin Bojs: “Los humanos inventaron la agricultura para hacer cerveza”

Imagen: El País / Karin Bojs
“Los humanos inventaron la agricultura para hacer cerveza”.
En su libro 'Mi gran familia europea' Karin Bojs hace un repaso a los últimos 55.000 años de prehistoria en Europa, desde el sexo con neandertales a la llegada de la agricultura.
Daniel Mediavilla | El País, 2017-04-16
http://elpais.com/elpais/2017/04/10/ciencia/1491844482_674868.html

La prehistoria europea escrita por Karin Bojs (Lundby, Suecia, 1959) comienza con una violación. Un encontronazo sexual entre dos especies humanas distintas sucedido hace unos 55.000 años en la región que hoy ocupa Israel. Aunque el carácter consentido o no de la relación es fruto de la especulación, el sexo entre neandertales y sapiens se confirmó experimentalmente gracias al trabajo del científico sueco Svante Pääbo. Este pionero del análisis de ADN antiguo logró secuenciar el genoma completo de la especie extinta y ahora sabemos que el 2% de nuestros genes es fruto de aquel cruce.

En su libro ‘Mi gran familia europea’ (Ariel), la periodista científica Karin Bojs reúne la información más actualizada sobre la vida de los habitantes del continente antes de la aparición de la escritura. Los datos acumulados por distintos métodos de investigación, desde la arqueología más clásica a las innovaciones científicas introducidas por gente como Pääbo, sugieren que los europeos de hoy son el fruto de tres oleadas migratorias. La primera, poco después del encuentro con los neandertales en Oriente Medio, trajo a los cazadores y, probablemente, supuso la extinción de aquella especie que hasta entonces era la especie humana de Europa. Una segunda ola trajo a los agricultores desde lo que hoy es Siria y con ellos su conocimiento del cultivo de las plantas. Por último, hace unos 5.000 años, desde el sur de lo que hoy es Rusia, llegó un pueblo de pastores que trajeron consigo las lenguas indoeuropeas que ahora se hablan en Europa, los caballos y una sociedad patriarcal y estratificada.

Pregunta. Antes del conocimiento que ha proporcionado la secuenciación de ADN antiguo, se creía que la agricultura se había inventado en muchos sitios muchas veces.

Respuesta. Sí, era como una especie de dogma. A la teoría que dice que la agricultura vino de Siria con la migración de los propios agricultores que la habían inventado, que ahora parece la correcta, lo llamaban "migracionismo" con un tono peyorativo. Los hijos de la generación del 68 vivieron una reacción al nazismo. Antes de la Segunda Guerra Mundial, la arqueología y la historia estuvo muy influida por los nazis y cuando llegó la reacción, fue un poco exagerada. Se rechazó todo, se negó que hubiese influencia de las migraciones o los genes, todo era cultura y sociología y afirmaban que los cazadores se reeducaron y decidieron que no querían ser ya cazadores y se pusieron a ser granjeros. Si practicas la agricultura, sabes que es muy difícil. Hacen falta muchos años para aprender a cultivar. Había una minoría de arqueólogos que quería explicar la aparición de la agricultura en Europa a través de la migración y el ADN ha probado que esta minoría estaba en lo cierto.

P. Pero parece que la agricultura ha aparecido en muchos lugares separados sin contacto aparente, como en América o en la India.

R. Eso fue un poco después y de hecho no podemos estar seguros. Lo que sí sabemos por los datos de Europa es que la agricultura llegó acompañada de los humanos que la conocían y migraron con ella a través de grandes distancias.

P. En su libro también habla de la hipótesis que plantea que la agricultura se inventó, entre otras cosas, para producir bebidas alcohólicas.

R. Arqueólogos alemanes han encontrado en un lugar llamado Göbekli Tepe, en la parte este de la actual Turquía, copas y grandes cubos del tamaño de una bañera donde han visto enzimas que serían restos de la fabricación de cerveza. Ellos están convencidos de que había un culto en este lugar levantado por culturas tardías de cazadores. La gente llegaba desde muy lejos, hasta cientos de kilómetros de distancia, con el fin de reunirse allí para celebraciones. Estos arqueólogos creen que el consumo de cerveza era una parte importante de esas celebraciones y eso tiene sentido. No creo que comer gachas fuese un impulso lo bastante importante como para comenzar una nueva cultura y un nuevo estilo de vida.

Los granos ya eran parte de la dieta durante muchos años antes de la aparición de la agricultura. Recogían trigo y cebada, eso era parte del proceso, pero si de repente necesitas grandes cantidades de grano para producir cerveza creo que es un incentivo interesante. La agricultura por supuesto fue un proceso muy complicado y también tiene que ver con el cambio climático. Hubo un cambio climático muy brusco cuando acabó la última glaciación y Oriente Medio se volvió más húmedo y facilitó el cultivo. Si habías probado a cultivar algunas plantas, estabas en el lado ganador cuando se produjo ese cambio de condiciones.

P. Algunos científicos plantean que adoptar la agricultura fue el peor error de la humanidad, que empeoró sus condiciones de vida. Usted discrepa.

R. No me gusta esa idea. Creo que hay varios divulgadores científicos que también insisten en que la agricultura fue una catástrofe y que los cazadores vivían en un estado feliz y natural, y que la agricultura y la ganadería fueron una catástrofe. Creo que es una forma demasiado simple de analizar el cambio. Si miras a la prehistoria hay subidas y bajadas del nivel de vida, en el periodo de los cazadores y en los periodos de la agricultura. Como otras invenciones no es algo que surgiese de una decisión premeditada. Se trataba de ir resolviendo pequeños problemas en la vida de aquellas personas. Por ejemplo, la cerveza pudo surgir así. Sabemos que te puedes poner un poco achispado si tomas una sustancia, y los agricultores lo hicieron. Y luego pensaron en producir más de eso que les gustaba y para hacerlo necesitaban cultivar. Y así se acumularon muchas soluciones a pequeños problemas prácticos que acabaron por producir una gran transformación.

P. En su libro considera probable que nuestra especie tuviese un papel importante en la extinción de los neandertales, pero habla de una convivencia pacífica entre la primera oleada de cazadores que llegaron a Europa y la de los agricultores.

R. Como la arqueología solo nos ofrece algunos vestigios, no se puede saber seguro, pero no hay hallazgos que indiquen que había grandes enfrentamientos. Tiene sentido, porque si eres un cazador necesitas animales para matar o peces para comer. Si eres un granjero, necesitas un buen suelo. Parece que ellos convivieron bien. Al cabo de un tiempo, hubo una fusión. Los cazadores y los agricultores se encontraron y tuvieron hijos. Y eso lo puedes ver muy claramente en España.

En España vivía una población de cazadores y después llegaron los agricultores. Llegaron en barco a través del Mediterráneo, hace unos 7.000 años, y se puede ver que después de cierto tiempo se fusionan. La población vasca de España, y eso se ve también en su ADN, son todavía los nietos de esta fusión, de la primera ola, los cazadores, y la segunda, los agricultores, pero no de la tercera ola, la que trajo las lenguas indoeuropeas. Ellos hablan euskera, que no es una lengua indoeuropea. Quizá el euskera es como un vestigio de una antigua lengua de los agricultores.
 
Y TAMBIÉN…
Mi gran familia europea. Los primeros 54.000 años: una historia de la humanidad.
Juan Avilés | El Cultural, El Mundo, 2017-03-24

http://www.elcultural.com/revista/letras/Mi-gran-familia-europea-Los-primeros-54000-anos-una-historia-de-la-humanidad/39403 

jueves, 23 de febrero de 2017

#hemeroteca #biologia | Por fin conocemos la razón por la que somos zurdos o diestros

Imagen: El País
Por fin conocemos la razón por la que somos zurdos o diestros.
Investigadores alemanes han encontrado la causa por la que nacemos prefiriendo usar una parte del cuerpo o la contraria y no está en el cerebro.
Buenavida, El País, 2017-02-23
http://elpais.com/elpais/2017/02/22/buenavida/1487788165_200071.html

Entre un 10% y un 15% de la población (las cifras oscilan dependiendo de la estadística que consultemos) es zurda. Su existencia no está determinada por la raza, ni el sexo ni su lugar geográfico: quizá usted lo sea, o su padre o su compañero de mesa. El halo de misterio que envuelve a los que escriben con la mano izquierda les ha relacionado con la pintura, la música y la introversión, mitos que la ciencia se ha ido encargando de borrar a su paso. La explicación de por qué algunas personas muestran destreza con una mano (o un pie) y el resto con la contraria, o con ambas, hasta ahora se antojaba un enigma. Aunque se relacionó durante mucho tiempo con el resultado de la actividad que registraba el hemisferio derecho o izquierdo del cerebro durante el desarrollo del feto, un nuevo estudio ha desechado esta causa y ha resuelto el misterio.

Los investigadores de la Universidad Ruhr de Bochum (Alemania) señalan en un artículo publicado en la revista 'eLife' que, aunque esta habilidad sí se desarrolla en el vientre materno, su causante no es el cerebro, sino la médula espinal. Los científicos detectaron que a las ocho semanas de gestación ya existen marcadas diferencias genéticas entre zurdos y diestros. La expresión de ciertos genes de la médula espinal, encargados de controlar el movimiento de las piernas y los brazos es distinta para cada uno de estos grupos.

Desde la década de los 80 se conoce que “la preferencia por utilizar una u otra mano se desarrolla en el útero ya en de la octava semana de embarazo. A partir de la decimotercera, ya eligen chupar el pulgar derecho o izquierdo”, cuentan los investigadores. Los movimientos de las extremidades de los niños están controlados por la médula espinal, que ordena un movimiento con las instrucciones de la corteza cerebral: sin embargo, y aquí viene el hallazgo, estas dos partes del cuerpo no están comunicadas en fases tan tempranas de la gestación, por lo que los investigadores concluyen que ser zurdo o diestro lo determina directamente la médula espinal.

¿Por qué somos diferentes?
Pero esto sigue sin explicar por qué unos usamos un lado de nuestro cuerpo y otros el contrario: rastreando la causa de esta asimetría, los expertos han hallado que la preferencia por usar la mano izquierda o la derecha no viene escrita desde el principio en el ADN, sino que depende de factores ambientales (aún por determinar) producidos durante el embarazo. Es decir, influye la epigenética: el ADN es una cadena de genes en la que algunos se expresan y otros no, dependiendo, en muchos casos, de estímulos externos. La explicación de la lateralidad, según los expertos, estaría en cómo "estas influencias ambientales afectan de distinto modo a la izquierda o la derecha de la médula espinal".

miércoles, 13 de abril de 2016

#hemeroteca #biologia | 80 millones de bacterias en un beso

Imagen: El País
80 millones de bacterias en un beso.
Las parejas comparten buena parte de su microbioma oral y el porcentaje está relacionado con la frecuencia de besos.
Miguel Ángel Criado | El País, 2016-04-13
http://elpais.com/elpais/2014/11/17/ciencia/1416211982_323848.html

Los humanos no son los únicos que practican el contacto boca a boca, pero los besos con lengua e intercambio salivar sí son exclusivos de nuestra especie. Esta práctica, presente en la gran mayoría de las culturas, provoca, según un estudio, que las parejas compartan las bacterias de sus bocas. Hasta 80 millones de ellas viajan en un beso de 10 segundos.

En el cuerpo de un humano adulto y sano puede haber alrededor de 100 billones de bacterias. Si se apilaran todas juntas, pesarían unos 1,5 kilogramos. Organizadas por especies, superan las 2.000 y, aunque la mayoría se encuentran en el estómago e intestinos, la mayor diversidad se da en la cavidad oral. Hasta 700 especies de Streptococcus, Rothia, Neisseria, Gemella, Fusobacterium... viven en la boca. Ahora, un grupo de investigadores holandeses ha querido averiguar cómo influyen los besos en el microbioma bucal.

Seleccionaron a 21 parejas tanto heterosexuales como homosexuales y tomaron muestras de su lengua y saliva antes de un beso prolongado, y después de besarse. Para compararlas, usaron una escala del 0 (completamente similares) al 1 (nada similares).

Tras analizar genéticamente las muestras para identificar la presencia de una molécula, el ácido ribonucleico ribosómico (rRNA), que les permitiera localizar a los distintos géneros bacterianos, vieron que los amantes tienen una tasa media de similitud de 0,37 frente al 0,55 de los no amantes. Para valorar la importancia de esta diferencia, hay que tener en cuenta que el perfil de la flora bacteriana del mismo individuo puede variar mucho entre muestra y muestra.

Esta similitud en el microbioma de las parejas es particularmente destacada en las muestras tomadas de la lengua. De hecho, en la saliva las diferencias son muy elevadas tanto entre los amantes como en comparación con los desconocidos (0,71 para los primeros y 0,72, para los segundos).

"La saliva es un entorno muy dinámico", dice el microbiólogo del TNO (organismo holandés similar al CSIC español) y principal autor del estudio, Remco Kort. "Al tragar constantemente, apenas podemos identificar similitudes", aclara. De hecho, la ciencia aún no tiene claro si la saliva cuenta con su flora bacteriana propia o si las bacterias que se encuentran en ella proceden de otras zonas de la boca.

Kort y su equipo realizaron un par de experimentos más para determinar cuánto influyen los besos en el microbioma de los amantes. Según explican en la revista Microbiome, entrevistaron a las 21 parejas para conocer su historial de besos. Tras descartar a una de ellas que aseguraba besarse unas 50 veces al día por poco creíble, vieron que había una correlación entre los besos declarados y la similitud bacteriana de la saliva. También vieron que, con nueve besos con lengua al día, la similitud entre floras bacterianas era significativa. Sin embargo, no había correlación con las bacterias de la lengua.

Como el propio Kort reconoce, habría que seguir a los participantes a lo largo de años para determinar la verdadera influencia de los besos en el microbioma compartido. "Obviamente, hay otros importantes factores implicados como tener la misma dieta o usar la misma pasta de dientes", recuerda.

La última parte de su investigación buscaba cuantificar el efecto de los besos en los microbios. Para hacerlo, recurrieron a un yogur microbiótico. Al contener grandes cantidades de bacterias de los géneros Streptococcus, Lactobacillus y Bifidobacterium, pudieron usarlas como marcadores fáciles de diferenciar de las bacterias propias de la boca y, lo más difícil, contarlas.

Volvieron a medir la flora bacteriana de los dos miembros de la pareja antes de darle el yogur a uno de ellos. Repitieron la medición después de un profundo y largo beso para estimar que, de media, unos 80 millones de bacterias pasan de una boca a otra tras un beso de 10 segundos.

El estudio de Kort y su equipo ha sido el estreno científico de Microcopia, un museo dedicado al mundo invisible formado por los microorganismos que viven en el cuerpo humano, pero también fuera de él. También ha servido de sustrato para crear una especie de ‘besómetro’ que presentan el martes en Ámsterdam.
 
Y TAMBIÉN…
Día Internacional del Beso 2016
El País, 2016-04-13

http://elpais.com/elpais/2016/04/13/album/1460534842_936406.html