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sábado, 2 de noviembre de 2019

#hemeroteca #fascismo | El Ateneo de Madrid fascista

Imagen: El Diario / Acto falangista en el Ateneo de Madrid
El Ateneo de Madrid fascista.
Lidia Falcón | Público, 2019-11-02
https://blogs.publico.es/lidia-falcon/2019/11/02/el-ateneo-de-madrid-fascista/

El Ateneo de Madrid ha albergado un acto de exaltación fascista. Allí, en el impresionante y cargado de símbolos y de historia salón de actos de la bicentenaria institución, el sábado 26 de octubre se dieron cita varias sectas falangistas para exaltar la figura del Caudillo, cantar los himnos franquistas, alzar el brazo con la mano extendida y afirmar que hay que derogar la Constitución por antiespañola. Y semejante espanto lo aprobó la Junta de Gobierno de la institución a la que tanto respeto teníamos.

En ese Ateneo se creó, hace doscientos años, un espacio de libertad en tiempos en que era tan escasa, para forjar proyectos de estudio (es el Ateneo Científico, Literario y Artístico) avance y progreso político, social, económico, cultural. Allí se habló, se discutió, se conspiró por salvar a España de la mugre monárquica y lograr la proclamación de las dos Repúblicas que asesinaron sangrientamente los fascistas. Allí crecieron las asociaciones republicanas, laicas, masónicas, anarquistas, feministas.

“Desde 1820 el Ateneo vivió con su creación y asentamiento en la nueva sociedad liberal del primer tercio del siglo XIX, una trayectoria de institución de la sociedad civil: autónoma del Estado y fiel a sus postulados, con plena autoconfianza en la razón y la libertad como guías, así como en la realización de un programa de capacitación social y humana. El Ateneo fue capaz, sin edificio propio ni gran patrimonio material, de ensanchar el horizonte intelectual entre generaciones, con gran intercambio de ideas y experiencias diversas, para contraste y enriquecimiento cultural de la sociedad española.”, escribe Alejandro Díez Torres.

Lo fundaron, entre otros, el Duque de Rivas, Mesonero Romanos, Alcalá Galiano. Mariano José de Larra, Harzentbusch, Zorrilla, Bravo Murillo, Donoso Cortés, que honraron y engrandecieron la institución y construyeron un espacio liberal de encuentro, de investigación, de enseñanza y de conocimiento. Crearon una biblioteca que hoy es la más dotada sobre la historia de España y que estuvo abierta para ofrecer un espacio de estudio, durante decenas de años, desde las 9 de la mañana a las 2 de la madrugada. En sus pupitres se ha estudiado y escrito durante interminables horas y días permitiendo que sus usuarios ganaran oposiciones, colaboraran en periódicos y revistas, publicaran libros. No hubo intelectual, político ni científico –Ramón y Cajal se formó en su biblioteca- que no fuera ateneísta. La historia intelectual, política y artística española no se entiende sin el Ateneo de Madrid. De esa institución salieron 16 Presidentes del gobierno.

Allí dio la primera conferencia una mujer, Rosario de Acuña, mi tía abuela, genial dramaturga, atea, masona, que escribió: «Habiéndome separado de la religión católica por una larga serie de razonamientos derivados de múltiples estudios y observaciones, quiero que conste así, después de mi muerte, en la única forma posible de hacerlo constar, que es no consintiendo que mi cadáver sea entregado a la jurisdicción eclesiástica testificando de este modo, hasta después de muerta, lo que afirmé en vida con palabras y obras, que es mi desprecio completo y profundo del dogma infantil y sanguinario, cruel y ridículo, que sirve de mayor rémora para la racionalización de la especie humana«. Emilia Pardo Bazán con su amante Benito Pérez Galdós contribuyeron a elevar el nivel de la institución.

Ese Ateneo fue presidido por Manuel Azaña y por Carlos París.

No tengo espacio en este artículo para rememorar la historia del Ateneo de Madrid, sus personajes, sus estudios, sus logros, su enseñanza. Por ello, cuando los criminales franquistas se hicieron con el Madrid republicano Falange Española y de las JONS, entraron a sangre y fuego en el Ateneo, lo incautaron, se llevaron los archivos, que no se han recuperado, robaron las obras de arte, hasta arrancaron los frisos masónicos, persiguieron a sus socios, los denunciaron, los encarcelaron y los fusilaron, y se instalaron en una farsa que llamaron Delegación de Educación, donde mandaron a su gusto hasta que nos vimos libres del dictador. Que no de sus secuaces, como hemos comprobado este infausto sábado en que los herederos del ideólogo de la Falange José Antonio Primo de Rivera celebraron el aniversario de la constitución de ese partido el 29 de octubre de 1933.

Y se dieron el gustazo de ofenderlo y a todos los que son y hemos sido ateneístas, con la exaltación de la barbarie y la ignorancia fascista. Y yo me pregunto, ¿qué Junta de Gobierno ha permitido semejante ofensa? Leo los nombres de los mandatarios de hoy y es evidente que nunca había llegado a menos el Ateneo de Madrid. Y vuelvo a preguntarme, ¿qué clase de socios y socias los eligieron en vez de la candidatura de la Convergencia que creó Carlos París en 2002, y que durante los diez años de sus mandatos, dio pruebas de la brillantez de ideas, de la innovación en la filosofía y del buen talante y de la tolerancia que rigió su presidencia?, tarea que sus discípulos y compañeros han proseguido después de su muerte.

También yo creé allí en 2002 la Plataforma Feminista del Ateneo, donde durante largos 14 años reuní a las más inteligentes y activas militantes feministas que organizaron la serie de encuentros, conferencias, jornadas, teatro y el homenaje que me rindieron en 2005. En sus salas celebramos debates sobre todos los temas de actualidad y reunimos a representantes de todos los partidos políticos, en un ejercicio inteligente de apertura y tolerancia.

Y vuelvo a preguntar, ¿qué quieren hacer del Ateneo sus ilustres socios y socias? La Vicepresidenta, Asunción Valero, que estuvo en nuestro grupo un tiempo, ha tenido ahora la vilantez de explicar que se alquiló el salón de actos a los grupos falangistas porque hay que “respetar la libertad de expresión” y que al fin y al cabo únicamente se les alquiló el salón, como si se tratara de un almacén que sirve lo mismo para guardar zapatos que lechugas.

Y pregunto nuevamente, después de este episodio, ¿Qué van a hacer los ateneístas que han trabajado duramente para mantener el nivel y el rigor de la calidad de la institución durante muchos años? ¿Qué determinación van a tomar ahora las juntas directivas de las numerosas secciones que trabajan allí, la tertulia republicana, la agrupación Juan Negrín, literatura, política, lectura de poesía? ¿Se harán los desentendidos y seguirán reuniéndose como si no hubiese sucedido nada? ¿Y los miembros de la Junta que votaron que no a ese horrible despropósito, se sentarán nuevamente a la misma mesa con los que lo aprobaron, como si lo sucedido no tuviese importancia? ¿No dimitirán en bloque manifestando así que no quieren ser cómplices de semejante vergüenza, para que se tengan que convocar nuevas elecciones?

Ciertamente estamos en tiempos de involución cuando ni siquiera el Ateneo de Madrid se ha salvado de incluir en su mítico salón de Actos la exaltación de Franco y la defensa de los horrores del fascismo. Este episodio no solo quedará en la historia de la institución, y no sé cómo podrá redimirse de él, sino que temo que sea emblemático de los tiempos que nos esperan con la resurrección de la bestia fascista que ya empieza a ocupar los espacios más importantes: primero los escaños del Parlamento de Andalucía, después los del Congreso de los Diputados y ahora los del Ateneo de Madrid. ¡Qué dolor!

sábado, 27 de abril de 2019

#hemeroteca #mujeres #memoria | Cuando se quemaban libros también se asesinó a la bibliotecaria Juana Capdevielle

Imagen: El Salto / Juana Capdevielle (i) en el Ateneo de Madrid
Cuando se quemaban libros también se asesinó a la bibliotecaria Juana Capdevielle.
La primera jefa de biblioteca de la universidad española, que estaba embarazada, fue asesinada en una cuneta el mismo día que fusilaron a García Lorca en Granada.
Félix Población | El Salto, 2019-04-27
https://www.elsaltodiario.com/los-nombres-de-la-memoria/cuando-se-quemaban-libros-tambien-se-asesino-a-la-bibliotecaria-juana-capdevielle

Recientemente se celebró un año más la llamada Fiesta del Libro, que en Cataluña se acompaña de rosas, y la ocasión se presta a rememorar la importancia que el libro, la escuela y las bibliotecas tuvieron durante la República. También se presta para recordar que procedemos de una larga autarquía cuya primera y marcial andadura, al paso alegre de la paz, no sólo consistió en llevar a cabo una en extremo cruel y vengativa oleada de represión con numerosas ejecuciones, encarcelamientos y destierros de todos aquellos ciudadanos comprometidos en la defensa de la segunda República, sino en quemar miles de libros que se consideraban peligrosos para la salud y pervivencia del nuevo Estado nacional-católico.

A imagen y semejanza de lo ocurrido en la Alemania nazi, aliada de Franco en la Guerra de España, en nuestro país hubo quemas de libros a cargo de las tropas golpistas en muchas de las ciudades ocupadas. Recomiendo a este propósito el interesante artículo de Francesc Tur ‘El bibliocausto en la España de Franco (1936-1939)’. Cuenta Tur que la primera quema pública de libros tuvo lugar en La Coruña el 19 de agosto de 1936. Ardieron en varias hogueras prendidas en la dársena del puerto, frente al Club Náutico. Se trataba de la biblioteca personal de quien había sido fugaz presidente del Consejo de Ministros ese año, Santiago Casares Quiroga, y de la biblioteca del centro de estudios sociales Germinal. Se calcula que más de un millar de volúmenes fueron pasto de las llamas. La selección había sido obra, como en El Quijote, de un cura apellidado Maseda y la gacetilla periodística fue redactada de este modo en el diario El Ideal Gallego: “A orillas del mar, para que el mar se lleve los restos de tanta podredumbre y de tanta miseria, la Falange está quemando montones de libros y folletos de criminal propaganda comunista y antiespañola y de repugnante literatura pornográfica".

Pero no sólo se quemaron libros nocivos para la salud e integridad del viejo régimen. También fueron asesinadas, y precisamente en Galicia, algunas de aquellas personas que llevaron a cabo una importante labor social y educativa al frente de editoriales y bibliotecas, como son los casos del director de la editorial gallega Nos, Anxel Gasol, y el de Juana María Capdevielle San Martín (Madrid, 1905-Rábade, Lugo, 1936), una joven pedagoga y bibliotecaria cuyo nombre tiene una especial significación, pues se trata de la primera mujer que fue jefa de una biblioteca en la universidad española, en concreto, de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid. Accedió al cargo en 1933, compatibilizando esa función, además, con una labor no menos destacada como jefa técnica de una de las más importantes bibliotecas del país, la del ateneo de Madrid.

Cuenta Clara Herrera Tejada en ‘Juana Capdevielle, bibliotecaria del Ateneo de Madrid (1933-1936)’ que por los años treinta la biblioteca de ese centro era un hervidero de ideas y de jóvenes ávidos de conocimiento. En un artículo firmado en la revista Crónica el 1 de julio de 1934 por la periodista Josefina Carabias se refiere al ambiente femenino que se respiraba en aquellos salones, en los que suponíamos mucho más consistente la presencia y prestancia masculinas: "Hoy en día en el ateneo se ven casi tantas mujeres como hombres -escribe Carabias-. Las jóvenes estudiantes están en mayoría, y las viejas sabihondas que alternaban con Unamuno han desaparecido por completo".

El 6 de diciembre de ese mismo año, en el diario Ahora se publica un artículo del ateneísta José Pérez Bojart en el que aparece una fotografía de "la bella y culta bibliotecaria" trabajando en su despacho. El autor define a Juana Capdevielle como una bibliotecaria "asectaria, amplia e integral, en que la han nutrido su espíritu todos los izquierdistas y derechistas españoles que tienen algo en la cabeza".

También sabemos, a modo de muestra fehaciente de la actividad cultural que fomentaba la joven bibliotecaria en la prestigiosa institución madrileña, que por petición expresa de Capdevielle el grupo de teatro ambulante La Barraca, tan querido y unido a la memoria de Federico García Lorca, realizó en el ateneo la última representación antes de la Guerra Civil de la obra de Lope de Vega ‘El caballero de Olmedo’, en la primavera de 1936, según hace constar la actriz María de Carmen García Lasgoyti en el libro de Luis Sáenz sobre La Barraca. Es una pena que de aquella representación no queden testimonios documentales en los archivos del centro, del que se hizo socio y voraz lector de su biblioteca García Lorca a su llegada a Madrid, según cuenta en una carta a sus padres en 1919. El poeta sería elegido en 1934 vicepresidente de la Sección de Literatura, por lo que cabe colegir su amistad con Juana.

Fue en ese ambiente de gran pujanza cultural e intelectual donde Capdevielle conoció al que luego sería su marido, Francisco Pérez Carballo, militante de Izquierda Republicana y socio del ateneo madrileño desde 1926, en el que llegaría a ocupar importantes cargos. Fue en la biblioteca de ese centro donde estudió la carrera universitaria y preparó sus oposiciones para oficial letrado del Congreso de los Diputados. Juana y Francisco se casaron en marzo de 1935, siendo ya oficial letrado de las Cortes de la República, cargo que dejaría al ser nombrado en abril de ese mismo año gobernador civil de La Coruña, por lo que su esposa pidió un permiso de tres meses sin sueldo para trasladarse a la capital gallega.

Una vez en marcha el golpe militar en julio de 1936 y habiendo caído de inmediato Galicia en manos de los facciosos, el marido de Juana quiso que se refugiara en la casa de unos conocidos mientras él permanecía en la sede del gobierno civil. Al cabo de unos días, al no tener noticias suyas, Juana llamó al gobierno civil para saber el paradero de su marido, según cuenta Clara Herrera en la aludida comunicación. Obtuvo como única respuesta que se la recogería para ser conducida a su lado. De este modo fue detenida y encarcelada, sabiendo entonces que su marido había sido fusilado el 24 de julio en Punta Herminia, cerca de la Torre de Hércules. Antes de ser asesinado a lo veinticinco años de edad, Francisco tuvo tiempo para escribir una breve carta de despedida a su esposa, en la que le decía que era lo más hermoso que tenía en la vida y que mientras pudiera pensar, pensaría en ella. En los primeros días de agosto fue liberada con la prohibición de que siguiera residiendo en A Coruña. Fue recogida en Culleredo en casa del diputado de Izquierda Republicana Victorino Veiga y allí recibió la orden de deportación que no le dio tiempo a cumplir. La noche del 17 de agosto fue a buscarla la Guardia Civil para correr la misma fatal suerte que su marido. Fue asesinada a los treinta años en el kilómetro 526 de la carretera N-VI, cerca de Rábade.

Ese mismo día había sido fusilado en Granada su amigo Federico García Lorca, con quien compartió los años en que el ateneo de Madrid fue un hervidero de ideas y La Barraca dio su última función. Es seguro que el poeta se espantaría de dolor y rabia ante el cadáver de Juana, en cuyo vientre se gestaba una nueva vida, como la de aquella República a la que no dejaron crecer.