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viernes, 29 de julio de 2022

#hemeroteca #trans #cisexismo | ‘Cisexismo y Salud. Algunas ideas desde otro lado' de An Millet: reflexiones y propuestas sobre la experiencia trans desde el otro lado del consultorio

El Diario / An Millet //

‘Cisexismo y Salud. Algunas ideas desde otro lado' de An Millet: reflexiones y propuestas sobre la experiencia trans desde el otro lado del consultorio.

Otra de las cuestiones fundamentales que me parece que se plantean en este libro es el tema de la accesibilidad que las personas trans y personas no binarias tienen al Sistema de Salud.
Lucía Barbudo | El Diario, 2022-07-29
https://www.eldiario.es/murcia/cultura/cisexismo-salud-ideas-lado-an-millet-reflexiones-propuestas-experiencia-trans-lado-consultorio_1_9206919.html 

An Millet (Buenos Aires, 1990) tiene una identidad amplia. Miembro de la disidencia sexual desde que descifró que nunca fue una chica, lesbiana desde los 16 años y militante de asambleas que propulsan y accionan el cambio social (Asamblea Lésbica Permanente y Serigrafistas Queer, entre otros espacios), se podría decir, citando a Whitman, que Millet es vasto y contiene multitudes. Como muches de nosotres, habita lugares diferentes simultáneamente y vive las contradicciones que resultan de complejizar lo personal y lo político. “Mi nombre es An, no fue el primer nombre que tuve y el costo que significó cambiarlo ha pedido mucho de mí. Soy humano, blanco, flaco, capaz, neurotípico o cuerdo, soy bajito, universitario, caderón, me crié en el conurbano norte de la Ciudad de Buenos Aires. En mí se intersectan una diversidad de privilegios y opresiones que tienen mucho que ver con que esté escribiendo este libro.” Desde la intersección de ser trabajador social y activista lesbiana transmasculina por los Derechos Humanos y, más concretamente, por los derechos de las personas lesbianas y trans, ha escrito su primer libro 'Cisexismo y salud. Algunas ideas desde otro lado', publicado por la editorial independiente argentina Puntos Suspensivos dentro de la colección Justicia Epistémica. “Apostamos por un conocimiento desde nosotres y para todes”, señala la editorial, mostrándose muy consciente del borrado de las personas trans en los campos de producción y difusión del conocimiento.

An Millet viene a expaña* en un momento en el que el feminismo hegemónico sigue insistiendo en su cruzada por el apartheid genital. Este verano está de gira de presentación de su texto, haciendo parada en Barcelona, Girona, Madrid y Menorca. La ruta lo llevará a presentarlo también en portugués en un centro cultural de Oporto para finalmente acabar el tour en Brasil. “Me he encontrado con relatos y trayectorias muy parecidos en territorios muy diferentes. Esto nos da la pauta de que el cisexismo, en tanto que sistema y estructura, opera de maneras muy similares incluso en contextos geopolíticos muy distintos.”, señala An. “Siento que hay una potencia inconmensurable en que textos producidos en el Sur Global puedan ser escuchados, atendidos, usados en otros territorios, sobre todo, en el Norte Global. Esto pone en jaque la historia eurocentrada, traza puentes intercomunitarios y crea una red que me parece preciosa, con una potencia enorme”, reflexiona el autor sobre la acogida de su texto en las distintas presentaciones.

El libro de An nos presenta un texto que está a caballo entre el ensayo político, el diario personal, las memorias laborales y, como siempre pasa con la política, la terapia: “A mí me pasa que darle sentido a mis angustias y encontrarles sus bases sociales me ayuda a sentirme un poco mejor”. Millet aprovecha muy bien este eclecticismo para llevarnos de la mano a través de la búsqueda de su propia identidad (que no es otra que la de encontrar sus propias palabras para nombrarse), compartirnos reflexiones sobre las (siempre) múltiples realidades trans, y cuestionar su propio papel como trabajador social dentro del engranaje del Cistema** en el ámbito de la salud pública. Como buen activista asambleario de fuertes creencias y prácticas en el valor de lo colectivo, podemos leer que An hace en varias ocasiones hincapié en eso de “pensar juntes”. Efectivamente, pensar es un verbo colectivo. El resultado es un texto que nos hace, literalmente, muchas preguntas, nos interpela proponiéndonos participación y diálogo, una herramienta pedagógica en el formato de un libro-conversatorio con el que poder desmantelar las estructuras cisheterosexistas haciendo las preguntas pertinentes; parafraseando al autor: preguntar para aprender a preguntar.

Otra de las cuestiones fundamentales que me parece que se plantean en este libro es el tema de la accesibilidad que las personas trans y personas no binarias tienen al Sistema de Salud. En el momento en el que una persona trans pone un pie dentro de una de sus instituciones, se activan una serie de violencias que las personas con privilegio cis nunca tenemos que soportar. Como describe Millet lúcidamente, el Sistema de Salud te mira sin ojos, y es desde ahí que juzga y discrimina sin entender ni ver lo que tiene delante. Si por algo se ha caracterizado históricamente la ciencia médica es por ser el baremo legitimador de todo tipo de discriminaciones y desigualdades, intentando revestir de Verdad Absoluta, bajo el pretexto de ser indiscutible porque es ciencia, lo que no es más que pura subjetividad ideológica. “Me interesa especialmente saber qué se ve desde nuestro lado del consultorio”, escribe An.

Me parece interesantísimo, desde el punto de vista dialéctico, desde la re-codificación de la violencia y desde la agencia del sujeto trans, el juego de espejos que propone An Millet en el subtítulo de esta primera obra: “Algunas ideas desde otro lado”. Ese otro lado es la otra parte de la mesa de la consulta; es hacia donde apunta el altavoz de la sala de espera que anuncia el nombre equivocado; es el uso del pronombre que ya te han dicho que no es, pero la administración se sigue empeñando en usar; son los formularios desenfocados; son las casillas que faltan. “Les vemos la mirada”, anuncia An mientras sostiene el espejo, “Les vemos las ideas y las prácticas, las preguntas desubicadas, los comentarios que no vienen al caso, ¿no se dieron cuenta de que de este lado del lente también se ve?” La propuesta de An, desarrollada en la segunda parte de su ensayo y que lleva por título “Descisexualización”, es potente, revolucionaria e increíblemente ambiciosa: desaprender las violencias, desgenitalizar las instituciones, desheterosexualizar el Cistema entendido como espacio público, cuestionar (en todos los ámbitos y, más concretamente, en la salud) los códigos relacionales donde opera el género envuelto en la carcasa tramposa y equívoca del aspecto físico. Se hace necesario, para ello, reconocer, en un ejercicio de memoria y justicia histórica, que les profesionales se han formado en toda su trayectoria educativa dentro de unas dinámicas de poder que han sido naturalizadas y asimiladas como “normales” creando espacios de injusticia y desigualdad: “Pienso que el conflicto no radica tanto en la ausencia de formación profesional, sino más bien en el cisexismo imperante en todas las trayectorias educativas.”

La crítica fundamental de Millet al cisexismo se desarrolla en paralelo con la dinamitación de “la normalidad”, entendida como un espacio de producción de lógicas hegemónicas que generan exclusión. Las estructuras cisexistas operan entonces en las personas trans de la misma manera que lo hace el racismo, el patriarcado o el capacitismo sobre otros grupos discriminados, violentados y oprimidos. La normalidad es el glosario sociocultural que explica y desarrolla las normas, lo que es y lo que no, lo que debes ser y lo que no, dónde debes entrar y dónde no. La normalidad es el espacio seguro donde se mueven, de manera automática, privilegiada e irreflexiva, todas las personas que encajan. “El motor de este libro reside en la convicción de que podemos aportar a la producción de procesos de salud-enfermedad-atención-cuidados más justos, de mejor calidad y menos dolorosos”, concluye. Brindemos por eso, An. Gracias por este ensayo imprescindible.

*Digo ‘expaña’ por sentir la patria como algo flácido y minúsculo y por haberme divorciado felizmente de este país y de sus tantas decisiones necropolíticas de fronteras.
**Juego de palabras que hace uso del prefijo –cis para denunciar que el mundo (Sistema) en el que vivimos invisibiliza o excluye a las personas trans.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

#hemeroteca #transfobia #feminismo | No podéis incluir a las mujeres trans en el feminismo

Imagen: Pikara / CIS-TERS
No podéis incluir a las mujeres trans en el feminismo.
Los avisos de contenido sensible de este texto son: transmisoginia, mención de genitales, ablación de clítoris, mutilación genital, violencia médica a personas neurodiscapacitadas y trans, violencia obstétrica, esterilización trans, discursos terf, vinculación mujer trans – señor pederasta y racismo.
La CISterna Transfemmenista | Pikara, 2018-11-07
http://www.pikaramagazine.com/2018/11/comunicacion-transinclusiva/

El feminismo, como concepto, engloba un conjunto de movimientos que, a partir de distintas bases teóricas y prácticas, luchan por la liberación de todas las mujeres (y personas cuyo género está en el espectro femenino y, por tanto, están afectadas por la misoginia) de las estructuras de opresión a las que estamos sometidas por nuestro género. Un género que, como bien sabéis, está atravesado en mayor o menor medida por muchísimos factores más que crean experiencias diversas y complejas: colonización, raza, clase, discapacidad, orientación sexual... La experiencia como mujer de una mujer negra de Senegal no será la misma que la de una mujer blanca, o nicaragüense, o trans, o autista. Una mujer cis euroblanca difícilmente experimentará el miedo a la ablación de clítoris, una mujer cis de Egipto nunca vivirá con la presión asfixiante institucional y social por mutilarse el pene que sufrimos las mujeres trans, una mujer trans nunca experimentará la violencia obstétrica en el embarazo, a una mujer trans que no sea susceptible de ser diagnosticada con trastorno de identidad múltiple no le negarán nunca el acceso a hormonas por ser neurodiversa. No hay violencias patriarcales que nos hagan más o menos mujer. Todas somos mujeres, y todas sufrimos misoginia, aunque sea de forma diversa. El patriarcado, maldito sea, tiene para todas.

Sin embargo, como estaréis hartas de ver, los discursos que más calan y más se expanden entre una población ávida de feminismo son aquéllos que representan sólo a ciertas mujeres. ¿Quién no ha leído nunca un artículo de Barbijaputa, o ha escuchado un mitin de Lidia Falcón, o ha visto un tweet de Towanda Rebels? Igual hay quien no sepa quiénes son, pero cualquiera habrá escuchado alguna vez sus mensajes, sea a través de ellas, o a través de otras personas. Porque su discurso es hegemónico, y a su vez, excluyente por naturaleza. Excluyente por no decir violento y misógino, porque agrede a una gran cantidad y diversidad de mujeres.

Hasta aquí no he dicho probablemente nada nuevo, pero creo que es importante contextualizar esto para sostener la afirmación del título. Una afirmación que nace de la propuesta de tema que me hizo llegar Pikara Magazine a la hora de decidir cómo enfocar este artículo. La propuesta -completamente bienintencionada- de esta revista era escribir un artículo sobre “cómo lograr una comunicación feminista transinclusiva”.

Y la respuesta de La CISterna Transfemmenista es: no se puede. No podéis incluir a las mujeres trans en la comunicación feminista.

La razón es sencilla. Las mujeres trans no podemos ser incluidas en un movimiento que ya nos pertenece de raíz. Nuestra identidad nos hace partícipes del movimento, somos mujeres. No somos la otredad que tiene que ser incluida y encajada en un discurso hegemónico. Hay que derribar lo construido y volver a empezar porque el hecho de que no nos consideréis la base de éste es un error fundamental.

No podemos encajar en una comunicación feminista que va con el coño por bandera, con los ovarios como escudo y con el “sexo débil los cojones” como himno. No se puede incluir a las mujeres trans en una comunicación feminista cis, blanca y burguesa que insiste en alcanzar los puestos de poder que tradicionalmente han pertenecido a los hombres blancos. Un feminismo cis, blanco y burgués que pretende, desde ahí, alcanzar una posición de (mayor) privilegio y así, a cambio de mantener el status quo de lo que no les afecta, separarse más de las mujeres que están en una posición más vulnerable que ellas. No se puede incluir a las mujeres trans en un discurso que nace del “a las mujeres nos discriminan por tener coño”, en el que preocupan mucho los métodos anticonceptivos para mujeres cis mientras a las mujeres trans nos están esterilizando sistemáticamente sin que nadie escuche nuestras voces gritar que ya basta.

Por eso invito a quienes quieran lograr una verdadera comunicación feminista que se preocupen menos por la comunicación y más por el fondo de lo que quieren comunicar. El problema no está en la comunicación, está en el imaginario colectivo del concepto “feminismo”. El problema no está en que haya pocas mujeres trans publicando en Pikara Magazine, el problema es que haya todo un sistema cediendo espacio a mujeres como Towanda Rebels, Barbijaputa, Lidia Falcón, y demás. Mujeres que atentan directamente, mediante sus discursos, a la vida de mujeres trans, de trabajadoras sexuales, de mujeres racializadas...

Por supuesto que se pueden hacer cosas para corregir la comunicación feminista y hacerla menos TERF. Están empezando a florecer los casos de grandes medios que prescinden de los servicios de hombres por sus discursos y sus agresiones (de todo tipo) a ciertas mujeres. ¿Os imagináis por un momento que un periódico grande decide prescindir de los servicios de una feminista de renombre por su discurso de odio contra las mujeres trans? ¿Os imagináis por un momento que algún partido político convoca a los medios para anunciar que deciden romper su vínculo con el Partido Feminista Español por las declaraciones de su secretaria general en las que insinúa que las mujeres trans somos “señores pederastas impunes”? ¿Os imagináis espacios de formación universitaria en género y feminismos en que no se actúe con equidistancia y conciliación ante discursos transmisóginos constantes, que desplazan a compañeras trans hasta el aislamiento y el abandono de la formación? ¿Os imagináis que la dirección de la universidad y las compañeras feministas abordaran estas situaciones desde el enfoque de lo que son (agresiones)? ¿Os imagináis que en vez de cuatro ‘tweets’ sueltos de las cuatro feministas cis estupendas, el feminismo se enfrente organizadamente contra todo el acoso transmisógino que recibimos a diario las mujeres trans que hablamos de feminismo?

O una de mis favoritas, ¿os imagináis que el feminismo respondiera en bloque a las mujeres que dicen que tienen miedo a hablar por si las acusan de transmisoginia igual que se responde en bloque cuando un tío dice que ya no se puede ligar sin que los acusen de machismo?

Si no sabéis ligar sin ser acusados de machismo, señores, igual no estáis ligando, sino que estáis agrediendo.

Si no sabéis hacer feminismo sin ser acusadas de transmisóginas, señoras, igual no estáis haciendo feminismo, sino que estáis agrediendo.

Así que mi recomendación para que el feminismo sea un movimiento revolucionario es que, quien lo quiera, se oponga claramente contra todo tipo de violencia estructural a una mujer, que se exija que rectifiquen, que expliquen por qué se han equivocado, que se disculpen clara y públicamente y que reparen daños materiales y simbólicos (tanto emitiendo comunicados, como pagando dinero a las personas afectadas por sus agresiones, cediendo espacios –seguros- a las personas agredidas para explicar lo que ha ocurrido, adaptando a su dañada salud las condiciones necesarias para poder seguir realizando sus cometidos –trabajar desde casa, por ejemplo-…).

Si se quiere hacer de nuestra lucha feminista un movimiento revolucionario, dejémonos de corporativismos y amiguismos, cuidemos a las agredidas y enfrentémonos frontalmente contra todas aquellas personas que quieran hacer de éste una forma de extender el ‘status quo’ para su propio bien.

¿O esto es pedir demasiado compromiso con nuestra propia causa?

viernes, 7 de septiembre de 2018

#hemeroteca #trans #interpretacion | Las personas y las historias trans, excluidas del mundo audiovisual

Imagen: Pikara / Elsa Ruiz
Las personas y las historias trans, excluidas del mundo audiovisual.
Los escasos personajes transexuales que se pueden ver en pantalla son interpretados en la mayoría de los casos por actores y actrices cis del género opuesto, hecho que agrava la estereotipación y la exclusión laboral de las personas trans.
Fátima Elidrissi | Pikara, 2018-09-07
http://www.pikaramagazine.com/2018/09/trans-audiovisual/

Los personajes transexuales brillan por su ausencia en el cine y la televisión de todo el mundo, a pesar que, en España, por ejemplo, las personas trans representan el uno por mil de la población. De ahí que su presencia en películas y series todavía genere titulares, tanto por el hecho de existir como por el intérprete que los encarna. Especialmente cuando un actor cisgénero es elegido para meterse en la piel de una mujer trans –como ha ocurrido recientemente con Paco León en la serie de Netflix ‘La casa de las flores’– o una actriz cis hace lo propio con un hombre trans –véase el caso de Scarlett Johansson en ‘Rub and Tug’ y su posterior retirada tras conversar con la comunidad trans y comprender los problemas detrás de su selección. Desde la perpetuación de estereotipos que denigran a las personas trans y niegan su identidad a la exclusión laboral. Porque si los pocos personajes trans del audiovisual recaen en intérpretes cis, parece utópico imaginar que un actor o una actriz trans pueda encarnar a un personaje cis.

Carla Antonelli
, actriz y diputada de la Asamblea de Madrid por el PSOE, explica la cuestión del siguiente modo: “El problema no es de actores o actrices a los que ofrecen un papel. Yo entiendo que para él o ella suponga un reto y no voy a estigmatizar. La falta de concienciación viene de las productoras, los jefes de casting y los directores. Creo que hay cantera suficiente y que no ha habido propósito ninguno de encontrar actores trans para interpretar a personajes trans”. Habla con conocimiento de causa: ella dio vida al primer personaje principal trans de nuestra televisión, Gloria, en ‘El síndrome de Ulises’, cuyas tres temporadas emitió Antena 3 entre 2007 y 2008. “Está muy bien la intención de visibilizar las realidades trans, pero al final no somos protagonistas de nuestra propia visibilización, lo que se convierte en una paradoja. Por muy buena que sea la interpretación, que las ha habido y las habrá, al espectador le quedará en la cabeza que algo falla, que algo no encaja”, añade Antonelli.

En esta línea se expresa también la CISterna Transfemmenista, proyecto para denunciar la transmisoginia en las redes creado por una activista trans, que señala: “Todavía está muy arraigado el concepto de mujer trans = hombre vestido de mujer y ridículamente afeminado, y el de hombre trans = mujer valiente que se corta el pelo y es fuerte”. Y continúa diciendo: “A las mujeres trans nos insultan en masculino, nos llaman maricones, nos pegan por vernos como tíos afeminados que se ponen vestidos. Por mucho que la serie [se refiere a ‘La casa de las flores’] sea una oda a la maravillosidad de las mujeres trans, el espectador seguirá viendo a las mujeres trans como señores vestidos de tía. Y eso es un problema enorme para una comunidad como la trans, que tiene una tasa de suicidio altísima por culpa de este tipo de violencias cotidianas”.

De la misma opinión es Mar Cambrollé, presidenta de la Federación Plataforma Trans y presidenta de la Asociación de Transexuales de Andalucía-Sylvia Rivera. “Primero, no dan espacio a las actrices trans y nos siguen situando en ese estereotipo que niega la identidad trans como algo natural. Es vejatorio y niega la autenticidad de las identidades trans porque se sigue haciendo hincapié en el sexo asignado al nacer”, señala. Segundo, el hecho de otorgar un personaje trans a un actor cis niega el acceso a un trabajo a las personas transexuales, cuya presencia en el audiovisual es prácticamente nula. En términos generales, Cambrollé recuerda que la exclusión laboral de las personas trans alcanza el 85% de desempleo, según la Organización Internacional del Trabajo, que por consiguiente lo considera uno de los colectivos más vulnerables. “Y después hay un factor añadido y es que, una vez tienen un trabajo, siguen sufriendo discriminación por parte de compañeros, encargados, jefes, el ‘mobbing’ o acoso laboral”, añade Cambrollé.

Abril Zamora, actriz, guionista y directora de teatro y televisión, es la excepción que confirma la regla. “Yo comencé la transición hace prácticamente un año y empecé a trabajar justo después porque tuve mucha suerte. Pero no es lo que pasa”, señala la intérprete, Luna en el drama carcelario de Fox España Vis a Vis. “Yo creo que me benefició haber trabajado antes como actor, sobre todo porque estaba muy metida en el meollo. Cuando me llamó la directora de casting me dijo que el personaje era una chica con un problema con las drogas y una secuencia, que no tenía nombre y que creía que yo podría hacerlo bien. Y como les gustó mucho la prueba la hicieron crecer”, explica. “Nunca se habló de que fuera trans, aunque era obvio porque lo interpretaba una actriz trans en un proceso muy inicial de la transición. Sin embargo, su trama no se centra en la transexualidad: se puede mencionar en algún momento como un rasgo, pero nunca se incide en eso. Creo que eso es la integración”, asegura. Por desgracia, lo más habitual es todo lo contrario.

“El gran tópico al que se reducen prácticamente todos los personajes trans es que sus arcos argumentales, sus historias, siempre giran alrededor del tránsito, normalmente muy medicalizado y a través de operaciones”, explica Pol Galofre, activista trans y coordinador de la iniciativa Cultura Trans. “Normalmente los personajes trans están puestos en la ficción para sorprender al espectador, explicar el proceso de tránsito médico en concreto o hablar de cosas que giren en torno al hecho de que sea trans. Eso genera personajes unidimensionales cuando las personas trans son personas con historias de amor, problemas laborales, problemas familiares y muchas otras historias”, cuenta mientras desgrana los estereotipos que dominan la representación del colectivo trans en el cine y la televisión.

“Siempre que aparece un personaje trans hay un desnudo integral porque parece que el público tiene la necesidad de saber qué tiene entre las piernas”, señala Galofre. “Otro tópico muy utilizado con las mujeres trans cuando no son visiblemente reconocibles como trans es revelarlo para que el personaje heterosexual que se ha sentido atraído por ella tenga un momento dramático donde vomite y llore porque piensa que se ha enrollado con un hombre. Hace referencia a una transfobia clásica que es negarle la identidad de mujer a las mujeres trans no solo cuando aparecen físicamente, sino que es una broma muy recurrente. Piensan que es un hombre y si se ha sentido atraído hacia él entonces será homosexual”, asegura. Y desde esta perspectiva se introduce otro conflicto habitual: si una persona hetero cis puede amar a una persona trans.

Respecto a los hombres trans, “es muy curioso porque hay muy poca representación en el audiovisual”. Y Galofre profundiza en el tema diciendo: “En la Historia del cine, si analizas los personajes masculinos que han aparecido vistiendo ropa de mujer siempre es para denostarlos, reírse de ellos o decir que son psicópatas. En cambio, cuando son mujeres que se visten de hombre suelen ser relatos de empoderamiento. Esas mujeres nunca llegan a transitar y ese proceso es una manera de liberarse, conseguir el amor o tener una vida más libre. Esto me hace pensar en las formas diferentes que tenemos de entender el travestismo y las presiones de género que aparecen sobre la masculinidad y la feminidad, cómo la feminidad es algo de lo que reírse y en cambio la masculinidad está premiada en todos los aspectos”.

Repasando estos tópicos, Zamora advierte: “Si existiera todo eso en la ficción española me daría con un canto en los dientes. Me parecería un avance que hubiera personajes trans, aunque fuera una prostituta que quiere operarse”. Y este será, precisamente, el debut como actriz de la fotógrafa Freyja Autumn en la película independiente de Isaac Ulam Bronko, una crítica a la sociedad normativa cuya presentación está prevista para 2019. “Yo tengo amigas que se están prostituyendo para poder operarse. Sé que no debería mostrarse solo eso, pero es real. Mi personaje quiere cambiar de vida y hace esto porque lo necesita, no porque le guste”, explica. Sobre su producción fotográfica, un medio de expresión donde trabaja temas sobre identidades trans y se utiliza a sí misma como modelo, Autumn señala: “Encuentro necesario y terapéutico hablar de nosotras”. Y reconoce que todavía se encuentra con rechazo en las redes sociales, por lo que añade: “El hecho de salir a la calle ya es hacer activismo para mí. Porque existo y es visibilizarnos: no solo estoy en la noche, también voy al médico, a trabajar o a comprar. Eso nos ayuda tanto a nosotras como al resto de la gente cis”.

Hablando de narrativa trans y de protagonizar su propio discurso, la cómica y humorista gráfica Elsa Ruiz lo tiene claro: “Yo estoy muy cansada de las historias que se cuentan siempre en los medios. Hay que hablar de las personas oprimidas y los problemas que enfrenta el colectivo para ponerlo de relieve, pero también hay que contar historias bonitas”. Como hace ella en sus monólogos y sus cómics. “Yo siempre digo de broma que estoy teniendo una transición tan bonita que ya le hubiera gustado a España porque mi familia, mis amigos, todo el mundo me apoya mogollón. En la ficción hay muy escasos referentes trans y lo que tenemos que hacer como sociedad es como en ‘Españoles en el mundo’. Ahí no te sacan a alguien que está viviendo en Taiwán en un contenedor de basura: sacan a un tipo que vive en un casoplón como la plaza de toros de Las Ventas y que luego tiene las narices de decir yo vine aquí por amor. Necesitamos los casos de éxito”.

Sobre la elección de actores cis para interpretar a personajes trans, Ruiz es tajante: “No es por ser políticamente correcta, ni por ser buenista, ni por la cuota de paridad, es que el sistema audiovisual no es más que una representación especular de la realidad”. En respuesta al argumento, bastante extendido, de que utilizar un actor cisgénero puede ser lo adecuado si el personaje trans aparece antes de la transición, defiende: “No. Hay una cosa que se llama caracterización y encima le vamos a dar más trabajo a otro sector del audiovisual”. Y pone como ejemplo al Brad Pitt anciano de 'El curioso caso de Benjamin Button'. En este sentido, Zamora añade: “El medio audiovisual es algo más que entretenimiento, es cultura y educa a mucha gente. Si no ves algo no existe”.

Todas las personas consultadas aportan algunas soluciones a la escasa representación de la comunidad trans. Mar Cambrollé defiende las políticas de acción positiva que favorezcan el empleo: “Yo pienso que es importante abordar la situación de las personas trans de una forma integral y transversal. Se ha hecho con otros grupos humanos objeto de exclusión: diversidad funcional, mujeres con maltrato de género o personas de edad avanzada. En todas estas situaciones ha habido políticas activas para favorecer el empleo”.

El resto de fuentes consultadas rechazan en general la aplicación de cupos en el audiovisual aduciendo el rechazo que habitualmente generan. Además, Galofre apunta: “Hay cosas que ya se están haciendo. Primero, los actores y actrices tienen que estar formados. En Barcelona la Sala Beckett tiene un proyecto piloto que se llama Espai DebuT, un proyecto formativo dirigido a personas trans para trabajar interpretación, representación, pensarse y pensar qué historias queremos contar y cómo las queremos contar”.

Agencias de modelos y de actrices y actores dedicadas al colectivo trans –en exclusiva o no– y directorios de profesionales trans, son otras propuestas mencionadas. Además, apuestan por la creación y no huyen de la comedia. “Lo que haría falta, y es un proyecto en el que me encantaría participar, es una serie de humor con personajes trans para visibilizar de una manera divertida y accesible esta realidad”, apunta Ruiz. Zamora señala en este sentido: “A mí me parece fenomenal que se frivolice con la transexualidad en la ficción. Hay que quitar el estigma y la comedia no puede ser un campo minado”.

Para terminar, ninguno rechaza que un actor o una actriz cis interprete un personaje transexual siempre que sea de su mismo género. Como ha ocurrido en la decana ‘Cuéntame cómo pasó’, que en su temporada número 19 introdujo en San Genaro a Angie, una mujer transexual interpretada por la actriz Julia Piera. A diferencia, por ejemplo, de ‘La que se avecina’ y la joven trans Alba Recio, interpretada por el actor Víctor Palmero. Galofre lo explica del siguiente modo: “Si la historia está bien contada y no es para reírse de nadie no tengo ningún problema en que un actor cis lo haga. Me interesa más cómo está explicado el personaje que la identidad del actor. Pero es complicado porque se niega fácilmente la identidad de la persona trans”.

En resumen, la CISterna Transfemmenista concluye: “Las personas trans estamos ganando en visibilización, pero no en normalización. Mientras sigamos haciendo películas sobre personas trans centradas en sus transiciones, en lo mal que lo pasan, en las familias que las abandonan y las rechazan; y estén interpretadas por personas del género contrario, seguirán viéndonos como bichos raros y las personas trans seguiremos sin tener referentes positivos en los que vernos reflejadas. La gran mayoría de contenidos audiovisuales actuales no hacen otra cosa que reproducir y extender estereotipos violentos hacia las personas trans. Basta de gente cis ocupando espacios y explicando nuestras movidas desde su perspectiva dramática, apocalíptica y morbosa. Dejadnos contar nuestras historias y que seamos nosotras quienes lo hagamos en primera persona”.