miércoles, 24 de junio de 2015

#textos #transmarikabollo | Cuerpos y anticuerpos


CUERPOS Y ANTICUERPOS
Julen Zabala, 2015-06-24

Gorputza eta Sexualitatea Bizitzen | Donostiako Emakumeen Etxea

Antes de nada agradeceros esta oportunidad para participar en la mesa redonda “Gorputza eta sexualitatea bizitzen”. Quiero compartir con todas vosotras estas reflexiones sobre el activismo actual, en el marco de las dinámicas de colectivos como Medeak y EHGAM o la Transmarikabollo Koordinadora, con el único propósito de suscitar el debate y la participación de todas vosotras. Deciros que he titulado mi intervención de este modo: “Cuerpos y anticuerpos”.

Cuando estaba intentando ordenar unas cuantas ideas, no he podido obviar dos temas de plena actualidad y que me permitan, de alguna manera, plantear un discurso más o menos coherente y mantener, al menos, vuestro interés y atención.

Por un lado se acaban de celebrar unas elecciones municipales, forales y autonómicas: podemos constatar un aire nuevo que recorre de norte a sur y de este a oeste la península. Y su mayor interés reside en que nos presenta un panorama bastante desconocido, basado, fundamentalmente, en alianzas y pactos: asistimos a unos tiempos llenos de promiscuidad, tríos y hasta orgías de diferentes rangos políticos.

La primera cuestión que me planteo es si esta promiscuidad, inédita en la mayor parte de los casos, dará sus frutos. Ya lo veremos y tendremos tiempo para obtener conclusiones. Pero desde el inicio hemos visto unas imágenes nuevas, diferentes, que al menos nos pueden dar cierta ilusión.

Sin duda alguna, Manuela Carmena nos está dando en Madrid alguna de esas imágenes inéditas hasta ahora: es impagable la caricia tierna de esta señora a Gallardón, ni más ni menos, ante una Botella desencajada, la misma de las peras y las manzanas. Con una sola imagen hemos pasado del “cuidado con la política” a la “política de los cuidados”, a la que Manuela hizo alusión en su discurso de investidura. ¡Toma ya!

Un aire nuevo, como digo, recorre la nueva política. Podemos apuntar algunos signos del cambio para estas fechas de celebración del 28-J, Día para la Liberación Sexual: se volverá a colocar la bandera arcoíris en el Ayuntamiento de Madrid, algo que no se hace desde 1995; ya ondea esta bandera, desde la pasada semana, en el Ayuntamiento de Cartagena; y lo hará los próximos días por primera vez en su historia en Córdoba y en Valladolid, gracias a las nuevas y promiscuas mayorías políticas.

Ada Colau, por su parte, crea en Barcelona la concejalía de Ciclo de la Vida, Feminismos y LGTBI, algo que no puede dejar de asombrarnos, pues, además de visibilizarnos, convierte la "igualdad" en "feminismos". ¡Toma ya!. Ayuntamientos como Ripollet y Mérida también crean concejalías o áreas específicas sobre derechos y políticas LGTBI. También hemos conocido que en todas las poblaciones extremeñas con gobiernos socialistas se van a pintar pasos de cebra con los colores arcoíris. Y más visibilidad: ni uno, ni dos, sino tres son los concejales gais de Compromís en el Ayuntamiento de Valencia.

Más cambios en menos de una semana. El despacho del nuevo alcalde de Cádiz, José María González “Kichi”, está presidido por el regidor anarquista de la Primera República. Y cómo olvidar el acto, lleno de simbolismo, del alcalde de A Coruña, Xulio Ferreiro, de homenajear a la científica María Wonenburger: “donde tenía que estar” aseguró. Tanto él como el resto de los regidores de las mareas gallegas (de Compostela y Ferrol) muestran auténtico laicismo y no acuden a la ofrenda de las ciudades del Antiguo Reino de Galicia, casposa “devoción” al Santísimo Señor Sacramentado.

Desde luego, algo está cambiando, y no solo son gestos. También se está abriendo un debate para cambiar el modelo de Orgullo para próximas ediciones. Pero también se abordan otras cuestiones más importantes: las primeras medidas de Manuela y Ada se centran en paliar la malnutrición infantil durante este verano y hacer frente a los desahucios. Frente a estas acciones sociales podemos poner el ejemplo del asunto tratado en el primer pleno del Ayuntamiento de Bailén, en Jaén, convocado con carácter urgente: nombrar “alcaldesa perpetua” a la patrona del municipio, la Virgen de Zocueca. Sobra decir que el gobierno municipal está en manos del PP y una agrupación de “independientes”. Sin más palabras.

Hasta aquí una serie de ejemplos desde la promiscuidad. Puede que no nos parezcan grandes cosas. Pero sabemos lo que nos costó que en Donostia se izara la bandera multicolor o los triángulos rosa y negro en la balconada del edificio consistorial, tras múltiples excusas socialistas. Podemos recordar también el sectarismo con el que se nos ha tratado a las transmarikabollos en las ruedas de prensa con ocasión del 28-J en el mismo Ayuntamiento.

Vayamos a una segunda reflexión. Frente a esta promiscuidad, ¿qué ocurre en nuestro ámbito más cercano? Pues que, en este lugar en el que la mayoría es, sin ninguna duda, de izquierdas, los pactos son de cuarto oscuro, de políticas de infidelidades y cuernos y vuelven a gobernarnos meapilas y quienes persiguen cruising y “alardean” con ordenanzas sobre ocupación y uso del espacio público.

La sensación es más bien amarga, pues quienes pudieron iniciar unas verdaderas políticas para la diversidad sexual no lo han hecho: sin visibilidad, apagando incluso la iluminación del Kursaal arcoíris; sin afrontar políticas contra la lgtbifobia en la ciudad, en la educación, en el ámbito laboral, en la atención social, por poner solo algún ejemplo. ¿Nos parece suficiente incrementar la dotación económica de los premios de la regata femenina de La Kontxa? ¿Hablamos del Alarde de Hondarribia y de sus consecuencias políticas? ¿No hubiera sido decisivo abordar las necesidades de las bollos y las maricas más viejas, creando, tal vez, un centro de día, siguiendo el ejemplo de la Fundación 26 de Diciembre en Madrid? ¿Por qué no se ha sustituido el voto de la ciudad a la Virgen del Coro por un homenaje a Teresa de Escoriaza, periodista donostiarra que dio por radio el primer discurso feminista allá por 1924?

Lo mínimo que podemos pedir a quienes se consideran nuestras aliadas son verdaderas políticas para la diversidad sexual. Pero, además, me parece que estas políticas para la diversidad sexual se nos quedan ya muy cortas y que, desde la perspectiva transmarikabollo, nuestra “biodiversidad sexual” exige una nueva “biopolítica”. Y ahí os dejo este nuevo concepto, “biodiversidad sexual”, que ojalá abra nuevas líneas de reflexión y debate.

Hasta ahora hemos visto algunos apuntes sobre las elecciones y sus resultados, pero ahora quiero abordar una tercera (y última) reflexión. Estos días también se ha desarrollado un intenso debate sobre la vacunación infantil, a raíz del lamentable caso de difteria en Olot, algo que no se daba ya desde hace 28 años. Igual os parece que hasta el momento no he hablado mucho del tema de este ciclo sobre “Cuerpo y Sexualidad”. Pero este asunto de las vacunas me ha llevado a relacionar nuestro activismo, desde esa idea de la “biodiversidad sexual” con los “anticuerpos”.

En ocasiones hemos tratado la homofobia y, por extensión, la lgtbifobia en todas sus formas, como auténtica enfermedad: de ahí nuestro mensaje “vacúnate contra la homofobia”. Los “anticuerpos” se encuentran en la sangre u otros fluidos corporales y son empleados por el sistema inmunitario para identificar y neutralizar elementos extraños tales como bacterias, virus o parásitos. Las vacunas son un preparado de antígenos que una vez dentro del organismo provoca la producción de anticuerpos y con ello una respuesta de defensa ante microorganismos patógenos.

He aquí una de las claves para afrontar las agresiones que sufrimos. Me parece que el activismo transmarikabollo debe desarrollar múltiples vacunas sociales frente al heterosexismo y el machismo que nos rodea. Debemos considerar su violencia, sus agresiones, incluso su discurso, como verdaderos elementos extraños y organismos patógenos. Debemos desarrollar un plan de inmunización de nuestros cuerpos y también de nuestras vivencias, de nuestra “biodiversidad”.

Y podemos extraer otra lección de la vacunación. Las vacunas son múltiples, dependiendo de los organismos patógenos a combatir. Me parece que aquí tenemos otra de las claves. Poner una bandera arcoíris en un Ayuntamiento como el de nuestra ciudad durante este fin de semana igual ya no crea ningún “anticuerpo” social, porque nuestra comunidad ya es inmune a este hecho. Pero esta misma bandera que, por primera vez, se ha colocado en Cartagena o se va a colocar en Córdoba o Valladolid sí es una primera dosis de vacunación social.

Cada ámbito social necesita sus propios anticuerpos. Me parece que ésta es una gran lección que debemos asumir. Hay que desarrollar “anticuerpos”, aquí y allá, en todas partes, pero no podemos pretender que sea de la misma forma ni con los mismos ritmos. Pongamos algunos ejemplos.

Empecemos por lo más cercano: nuestros cuerpos transmarikabollos identifican e intentan neutralizar elementos extraños tales como el Orgullo mercantilizado, el dinero rosa que aflora con iniciativas como la de Ayuntamiento y comerciantes de Bilbo o la entrada de 20€ para acceder al Pride de Sitges, pero no estoy seguro de que hayan identificado de la misma forma la iniciativa “Escapadas LGTB – Festival de Cine” de hace dos años, presentada en rueda de prensa nada más y nada menos que por el mismo concejal Josu Ruiz, "versátil" donde los haya, pues lo mismo defiende el turismo gay que renueva votos al Coro.

Vayamos un poco más allá: tal vez a estos cuerpos estereotipados de la celebración del Orgullo gay en Tel Aviv todavía no podamos considerarlos como cuerpos patógenos, teniendo en cuenta el contexto en el que se celebran, un Oriente Próximo asediado.

Y lo mismo parece que sucede con los desfiles festivos de lugares como Murcia, donde la imagen del “anticuerpo” es absolutamente extraordinaria.

Extraordinario también es el debate que se ha abierto en Marruecos estos últimos días y del que debemos aprender cómo generar “anticuerpos”. La coincidencia de varios hechos ha abierto un debate sin precedentes pero no podemos considerarlo como positivo. Algunas acciones, como la de Femen, ha desarrollado la enfermedad y las consecuencias han sido más terribles para la propia comunidad gay local, que intenta generar anticuerpos adecuados a su realidad social frente al artículo 489.

No deberíamos olvidar nuestro pasado, nuestra propia lucha, nuestra forma de generar anticuerpos: empezamos con una tímida campaña frente a la despenalización de la homosexualidad, avanzamos combatiendo el escándalo público, seguimos con la legalización del movimiento, aprendimos a compartir nuestra desesperación en los tiempos oscuros del sida, nos hicimos más fuertes luchando contra cualquier discriminación, abordamos los derechos y la igualdad legal y continuamos en el combate por la igualdad real y la erradicación de la lgtbifobia y todavía nos queda defender la diferencia y un largo etcétera.

No, no parece, pues, muy adecuado pretender crear anticuerpos enseñando, en un lugar medio sagrado (el del “héroe de la descolonización”, como dicen Brigitte Vasallo y Gerard Casas) y en un ambiente totalmente hostil, unas tetas “con un lema de inspiración estadounidense”. Se alimenta así, de forma contraproducente, “una amenaza ligada a las potencias coloniales”. ¿Olvidamos dónde estamos y cuáles son las consecuencias de otras tetas, las que se mostraron en la capilla complutense? Descolonicemos, también, el feminismo y el activismo transmarikabollo y apoyemos para que el activismo de cada lugar consiga con sus medios y ritmos avances significativos, como acaban de conseguir las mujeres marroquíes la ampliación de los supuestos para abortar.

Se trata, en definitiva, de crear los anticuerpos adecuados en tiempo y lugar. Podríamos hablar de muchísimos cuerpos y de cómo los organismos patógenos intentan controlarlos de mil maneras. Aquí batallamos contra la talla 38, que es la que nos aprieta el chocho.

Y contra la indumentaria femenina que marque las curvas para deleite del heteromacho: tallas ajustadas en baloncesto, faldas en bádminton, bikini para el balonmano playa o aquel impresentable maillot “transparente” del equipo colombiano de ciclismo. Y, sin embargo, allá, en Irán por ejemplo, es el hiyad el que “mantiene vivo el amor por el deporte de las mujeres”: “el velo es parte de su cuerpo”.

Por cierto, habría que abrir un capítulo solo para el maltrato y burla al deporte femenino. ¿Nos parece peor jugar con el velo como las iraníes o que el club campeón de la Liga femenina cobre aquí un premio de 1.352,28€? Así daban la bienvenida a Primera división al equipo de chicas del Oiartzun en Marca: “Botas de fútbol: 80 euros; cintas del pelo: 10 euros; sueldo de las futbolistas: 0 euros; entrada al campo: 3 euros. Subir a Primera división: no tiene precio.” Y ya lo dijo un tal Felice Belloli, responsable del fútbol femenino italiano: “Basta ya de dar dinero a cuatro lesbianas”. En fin, dejemos para otra ocasión la verificación de sexo, la última humillación para las futbolistas.

Y si aquí batallamos contra la talla 38 y la indumentaria sexista, también defendemos el derecho a utilizar el transporte público con velo integral en Gasteiz. Pero allá, en la tiranía del Estado Islámico por ejemplo, las mujeres nos dan una lección de anticuerpos despojándose de burkas y niqabs al alcanzar territorio kurdo y mostrar coloristas vestimentas que, por cierto, siguen tapando todo su cuerpo. Cuerpos y anticuerpos. Como si no fueran anticuerpos los que desarrollan las mujeres de Argelia y Túnez que lanzan en las redes sociales la campaña “mi dignidad no está en el largo de mi falda”.

Como si no fueran anticuerpos los que desarrollan las iraníes que desafían a la policía de la moral, que en 2014, según cuentan, multó, llamó la atención y arrestó hasta 3 millones y medio de mujeres. Eso, que te presentas allí y enseñas tus tetas colonizadoras y occidentales. Occidentales también los cortes de pelo para ellos en Irán, a los que se les prohíbe los peinados satánicos, la depilación de cejas masculina y los tratamientos de bronceado. Más anticuerpos.

Acabo ya, pues la lista de vacunas a desarrollar sería interminable y, además, cualquier antídoto debe ser transversal y responder al “movimiento de las intersecciones”: gais gitanos, lesbianas obesas, trans afroamericanas, migrantes seropositivas, prostitutas viejas, mariliendres sordas…

Testimonios como el de la exmodelo Patricia Soley Beltrán, que asegura que lo que da lustre al glamour es la existencia de la pobreza. Y ante la pregunta: “¿Hay un modelo de consumo ideal o está por inventar?”, responde: “A mí me gusta mucho el modelo de los años 60 del siglo XX. Una sociedad concienciada que luchaba contra guerras estúpidas y un modelo de industria con propuestas pero sin imposiciones. Se podía elegir. Ese sería un buen modelo a seguir.”

Testimonios tan vivos como el de Fátima Djarra Sani que nos dice que, como su madre, cuida la tradición, pero solo aquella que lo merece: “La ablación, no. Si no nos levantamos las mujeres africanas en la lucha contra la mutilación, nadie lo va a hacer por nosotras."

Abramos nuestra mirada, porque el mundo está lleno de testimonios increíbles que han sabido desarrollar anticuerpos para sobrevivir, como Sisa Abu Daooh, una egipcia que decidió vestir como hombre tras la muerte de su marido y por la necesidad de mantener a su hija Hoda: debía escapar de las restricciones contra el empleo de las mujeres en una cultura patriarcal y ha trabajado en la construcción, otros trabajos manuales y, finalmente, entre los lustradores de zapatos de Luxor. Después de cuatro décadas decidió dar a conocer su secreto, ante las persecuciones gubernamentales contra las expresiones poco convencionales de género y sexualidad. Sin embargo lo que empezó como una manera de sobrevivir a la pobreza se ha convertido en su forma de vivir preferida y no tiene intención de cambiar. Su hija, Hoda, ha dicho: “No es sólo mi madre. Es mi madre, mi padre, todo en mi vida.”

Ahora vais y le contáis -ahora vamos y le contamos- a Sisa Abu Daooh lo que es la performatividad drag-king, la teoría queer, lo que es el activismo transmarikabollo y lo que son los anticuerpos. ¡Ea!

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