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domingo, 19 de abril de 2020

#hemeroteca #gais #arquitectura | El mayor estratega de la arquitectura

Imagen: El País / Philip Johnson en su estudio en 1979
El mayor estratega de la arquitectura.
Una nueva biografía analiza al camaleónico Philip Johnson, creador de modas que pasó de defender el nazismo a construir para Trump.
Anatxu Zabalbeascoa | El País, 2020-04-19
https://elpais.com/cultura/2020-04-18/el-mayor-estratega-de-la-arquitectura.html

Un ‘klee’ por menos de 100 dólares. Ese fue el primer lienzo que el estadounidense Philip Johnson (1906-2005) compró en Berlín. Tenía 23 años. Su padre había invertido en aluminio y él nunca tuvo que trabajar para vivir. Esa circunstancia decidió el tipo de arquitectura —siempre nueva, siempre arriesgada— que apoyó durante toda su vida. Otra cosa fue la que el autor del edificio ATT en Nueva York o de las Torres Kio en Madrid logró construir. Pero juzgar por sus edificios a quien llevó la arquitectura y el diseño a los museos, a quien donó al MoMA más de 2.000 obras, a quien consiguió para Mies van der Rohe uno de sus encargos más aplaudidos (la Torre Seagram de Park Avenue) o a quien, en ese rascacielos, diseñó el restaurante más famoso de Manhattan (el Four Seasons donde sedujo a Andy Warhol o Jackie Kennedy) sería minimizar lo mejor y lo peor de su legado.

Aunque el propio Johnson autorizó su primera biografía, y varios le dedicaron polémicos libros, un nuevo volumen, ‘Philip Johnson, a Visual Biography’ (ya disponible en la web de Phaidon), somete su historia a escrutinio al tiempo que indaga en el archivo personal del arquitecto. Con nuevas revelaciones de cartas, notas y cientos de fotografías de uno de los pocos arquitectos declaradamente homosexuales de la historia, el periodista Ian Volner logra esclarecer los vaivenes de un personaje camaleónico. Culto y cotilla, oscuro y festivo, fue secundario como arquitecto aunque decisivo como comisario arquitectónico. Johnson queda retratado como un hombre superficial capaz de provocar profundos cambios: un creador de tendencias con un ojo infalible que vivió en renovación continua hasta que murió con 99 años.

“Era defensor de lo contemporáneo antes de que lo contemporáneo fuera respetable”, dijo de él Alfred H. Barr Jr., el primer director del MoMA, que lo llevó a dirigir su departamento de arquitectura. Barr convertiría a Johnson en su comprador de mayor confianza. Lo pondría en contacto con clientes como los Rockefeller, le encargaría el primer jardín de esculturas del MoMA, recibiría de él generosas donaciones y asistiría con estupor a la conversión de su arquitecto de cabecera en un enfervorecido filonazi.

Corría 1931 cuando Johnson declaró sin reparo que quería ser influyente. Poco después abandonó el MoMA obsesionado con acercarse al círculo de Hitler. Aunque el primer Míster Johnson fue Jimmie Daniels, un cantante afroamericano al que conoció en un bar de Harlem, la pompa de los desfiles alemanes y la belleza aria de los fascistas lo tenían todo para gustarle: novedad, grandilocuencia y poder. Tras unos años tratando de fundar el Partido Nacional en EE UU, en 1940 intentó pasar página convirtiéndose, de nuevo, en estudiante de Harvard. Fue Barr quien le pidió que desapareciera. Y en Cambridge construyó su primera casa. Regresó a Nueva York dispuesto a abrir despacho. “Soy una puta. Me pagan muy bien”, contestaría años después al ser preguntado por el hotel que diseñó para Trump en Columbus Circle.

“Fue un creativo de segunda con un cerebro de primera. Mitad monstruo, mitad modelo de urbanidad”, sentenció el periódico 'The Guardian' cuando Johnson murió en su famosa Casa de Cristal, una de las más célebres de la historia de la arquitectura. Fue su obra más aplaudida. Cada movimiento que defendió desde el MoMA tuvo junto en esa vivienda su pabellón representativo. No construía el futuro, lo veía en los demás. Siempre defendió la arquitectura como un arte visual. Y su papel como generador de tendencias lo llevó hasta el pop de la mano de su pareja más longeva: David Whitney. Si en los años treinta Johnson fue importante en la carrera del exquisito Paul Klee, en los ochenta volvió a serlo en la del grafitero Keith Haring.

Demostró tanto ojo para comprar obras de arte como para acuñar -ismos arquitectónicos. En el MoMA organizó las exposiciones que formatearon cualquier manual de arquitectura. Y decidió quién entraba en el canon y quién no. Fue el caso de Louis Kahn, al que ninguneó, o de Frank Lloyd Wright, al que despachó como “el mejor arquitecto del siglo XIX”. Una fotografía recoge la fiesta de su 90º aniversario. Estaban todos: Gehry, Hadid, Koolhaas, Isozaki.

A pesar de que trató de encubrir su pasado fascista, o precisamente por eso, diseñó gratis para Israel una sinagoga y una central nuclear. Quiso “encontrar a los Medici de su tiempo”, escribe Volner. Así, fue moderno trabajando para los Rockefeller y posmoderno para Trump. Rápido al anticipar transformaciones, efectista en su vida social, despectivo con los problemas sociales, camaleónico en su moralidad y astuto en todas sus versiones, logró ser el arquitecto más famoso de América estando muy lejos de ser el mejor. Fue también el primer galardonado con el Pritzker, que recibió en 1979. Todo un signo para un premio que, como el propio Johnson, conseguiría ser el más célebre del mundo.

jueves, 9 de abril de 2020

#hemeroteca #gais #arte | Keith Haring contra la insumisión

Imagen: El País / Untitled (1982), de Keith Haring, en el MoMA de Nueva York
Keith Haring contra la insumisión.
Los museos han cerrado sus puertas, pero la contemplación del arte sigue abierta. Cada día, recordamos la historia de una obra que visitamos a distancia. Hoy: 'Untitled (1982)'.
Peio H. Riaño | El País, 2020-04-09
https://elpais.com/cultura/2020/04/09/babelia/1586441125_777125.html

Imaginar un lenguaje significa imaginar una forma de vida. Lo hizo Keith Haring en Nueva York, en los ochenta. Una década, hasta su muerte en 1990, en la que actuó sin pausa, en cualquier lugar y a la vista de todos. Tres virtudes que el arte sublime contempla como perversiones de la creación auténtica, que se hace sin prisa, en un lienzo y en secreto. Los mandamientos dictan que sin óleo no hay gloria ni posteridad. Haring vivió el arte con la urgencia de lo que va a desaparecer. Tan frágil como un ‘graffiti’ en la pared, tan fuerte como una rebelión. A Roy Lichtenstein le pareció que Haring tenía un enorme talento para componer sobre la marcha escritos que improvisaba y no corregía. “Supongo que Keith miró nuestro arte pop, nuestras figuras de dibujos animados y se dio cuenta de que podrían ser arte”, dijo uno de los padres del pop, cuyos orígenes se remontan al expresionismo abstracto. Haring, no: era el relevo pop neto, había mamado el ‘graffiti’ y la televisión como forma de expresión irremediable y natural, aunque nunca llegara a ser un escritor de grafito. No era un rebotado de la intelectualidad, ni un decepcionado con la angustia existencial. Era pura vida sin destilar procedente de Reading (Pensilvania), donde casi un cuarto de la población vive por debajo del umbral de pobreza.

“Keith era un ‘showman’”, remató con ternura Lichtenstein, que vio en el joven la culminación de su proyecto de fama en Nueva York. En parte tenía razón: la gente lo veía trabajar con sus tizas sobre los carteles del metro y Tseng Kwong Chi lo seguía y lo fotografiaba mientras ejecutaba los dibujos. Era una ‘performance’, era algo más que fama. Como escribía recientemente Álex Vicente en estas páginas, Haring adoptó “los códigos gráficos del mundo capitalista para inocular en él ideas susceptibles de destruir su dogma blanco y heterosexual. Cada dólar gastado en los productos derivados que reutilizan los motivos de sus obras supone una victoria para su causa”. El lenguaje imaginado por Haring fue la expresión desobediente de un diccionario contra la docilidad. Y uno de sus mejores ejemplos está en las paredes del baño The Center: Lesbian, Gay, Bisexual & Transgender Community Center, en Manhattan, donde en 1989 pintó un mural para celebrar el vigésimo aniversario de los disturbios de Stonewall, considerado el comienzo del movimiento de Liberación Gay y Derechos LGBT. El MoMA de Nueva York conserva un enorme mural de papel, de 1982, dividido en dos partes y con una extensión que supera los 17 metros de longitud.

Jeffrey Deitch, galerista, escribió en 1982 que “Haring nunca ha tenido que esperar a que alguien se le ofrezca para organizar una exposición. Su arte emerge directamente cuando está listo e invade las calles”. Tenía el metro. Haring encuentra en los vagones la edad dorada del ‘graffiti’ y “una increíble sensibilidad pop de dibujo animado”, que provenía de chavales que crecieron viendo dibujos animados y con “un concepto del color aprendido en la televisión”. Haring también incumplía todos los mandatos del ‘graffiti’ cuando sacaba sus tizas y actuaba sobre la publicidad de las paradas sin esconderse. Con una tiza dibujó una nueva forma de vida, era el arma perfecta de la insumisión.

martes, 25 de febrero de 2020

#hemeroteca #arte #sida #memoria | Un virus en la institución: por qué el arte vuelve al sida

Imagen: El País / 'Ignorance = Fear', de Keith Haring (1989)
Un virus en la institución: por qué el arte vuelve al sida.
El homenaje de Arco a Félix González-Torres demuestra el creciente interés que museos e instituciones (y, ahora, también el mercado) demuestran por los años de la epidemia.
Álex Vicente | El país, 2020-02-25
https://elpais.com/cultura/2020/02/24/babelia/1582564844_427444.html

“Quiero ser un virus en la institución”, anunció Félix González-Torres en 1994, durante una conversación con el artista estadounidense Joseph Kosuth. “Todos los aparatos ideológicos se están replicando porque es así como funciona la cultura. Si funciono como un virus, un impostor, un elemento infiltrado, podré replicarme con estas instituciones”. En tres frases escasas, el artista cubano sentaba las bases de su práctica artística, pero también de su proyecto político. Uno de sus correligionarios en el Nueva York de los ochenta, Keith Haring –que nació un año después y murió seis antes que él, víctima de la misma enfermedad—, funcionaba, pese a las diferencias de forma, de una manera casi idéntica: adoptando los códigos gráficos del mundo capitalista para inocular en él ideas susceptibles de destruir su dogma blanco y heterosexual. Cada dólar gastado en los productos derivados que reutilizan los motivos de sus obras supone una victoria para su causa.

El homenaje a González-Torres que le dedica ahora Arco, que arranca mañana en Madrid, es sintomático del creciente interés que las instituciones –y, ahora, también el mercado— demuestran por una generación de creadores que, mientras el sida hacía estragos, cambiaron la manera de hacer arte y activismo político. En los últimos tiempos, los nombres de artistas como Nan Goldin, David Wojnarowicz, Mark Morrisroe, Dana Wyse o Zoe Leonard –que exigía “una persona con sida de presidenta” en una obra firmada en 1992— se han vuelto omnipresentes en museos y bienales de todo el mundo, a la vez que el legado de colectivos como General Idea o Group Material, que forzaron la conversión de los museos en espacios para el debate y el pensamiento, parecía cada vez más relevante en el contexto actual.

“No es una simple moda, sino una puesta al día, que sigue el paso de la cultura popular, donde la cuestión está más avanzada que en los museos. Siempre ha habido exposiciones sobre el sida, pero ha hecho falta un salto de generación para ver las cosas con perspectiva”, analiza la crítica de arte francesa Élisabeth Lebovici, que acaba de publicar 'Sida' (Arcàdia), que reúne sus ensayos sobre esta cuestión. La autora lleva años indagando en la relación entre el arte de los ochenta y noventa y las distintas formas de militancia que surgieron durante la epidemia. “Los activistas de la época fueron a buscar herramientas en el arte conceptual. Por eso, la lucha contra el sida empezó a usar la fotocopia, la instalación y la ‘performance’, produciendo una contracultura que se oponía a la representación mediática del enfermo de sida como un ser monstruoso”, señala Lebovici. El más conocido de todos fue el llamado ‘die-in’, variante del ‘sit-in’ de los ‘hippies’ que popularizó la organización Act Up. Los manifestantes se tumbaban en el espacio público y simulaban estar muertos, en una puesta en escena simbólica de las defunciones masivas que tenían lugar ante la indiferencia general.

Los museos y los investigadores llevan años regresando a este turbulento periodo y corrigiendo su deficiente representación. En 2015, una exposición itinerante, ‘Art AIDS America’, lanzó una mirada sobre la época en Nueva York y Los Ángeles. Pero, por bienintencionada que fuese, la iniciativa levantó protestas, recordando el difícil encaje de estas radicales propuestas en un contexto institucional: un colectivo organizó un 'die-in' en las salas de la muestra para protestar contra la ausencia de artistas negros, que consideraban sistemática en las instituciones del arte. En 2018, sucedió algo similar con una gran retrospectiva dedicada a David Wojnarowicz, que luego recaló en el Museo Reina Sofía de Madrid. Durante su paso por Nueva York, la muestra no gustó a Act Up, en la que militó el mismo Wojnarowicz, que murió de sida en 1992. La asociación acusó al museo de inscribir la epidemia del VIH en un pasado lejano y de no reconocer que seguía matando, mientras que la revista especializada ‘Frieze’ denunció que la muestra vehiculaba una versión “saneada” y “digerible” de la obra de Wojnarowicz, azote de la sociedad estadounidense que llegó a tildar a sus compatriotas de “esvásticas andantes”. ¿Era correcto hacer entrar en el canon occidental a un artista que escupía sobre él?

Los ejemplos abundan. Dos muestras recientes en Nueva York y Berlín han rescatado la figura del artista y director teatral Reza Abdoh, iraní establecido en Los Ángeles que murió en 1995 por complicaciones ligadas al sida. Al mismo tiempo, ‘Ángeles en América’, la obra que Tony Kushner estrenó en 1991, regresaba a Broadway, protagonizada por una estrella como Andrew Garfield. La Comédie Française de París, el gran templo del teatro público que fundó Luis XIV en 1680, acaba de incorporar ese texto a su repertorio, con un montaje del director Arnaud Desplechin. Mientras tanto, en Bruselas, el museo Bozar propone una retrospectiva dedicada a Keith Haring que presta atención a ese compromiso político que el ‘merchandising’ ha logrado disimular.

En España, existe la iniciativa del Anarchivo Sida, ambicioso proyecto de investigación que recopila prácticas artísticas y experiencias colectivas relacionadas con el VIH, atendiendo al espacio geográfico no anglosajón, a cargo del Equipo Re, formado por Aimar Arriola, Linda Valdés y Nancy Garín. El resultado ha sido visto, entre otros lugares, en centros como el Macba, en Barcelona, donde el proyecto se expuso en 2018 y 2019. "En nuestro proyecto museográfico figura la idea de releer la década de los noventa e introducirla en la narrativa del museo, que hasta hace poco estaba anclada en los setenta", explica el jefe de programas del Macba, Pablo Martínez. "Cuando se analiza ese momento histórico, es imposible no entender que el sida fue un acontecimiento fundamental, que afectó no solo a los artistas como individuos, sino también a sus formas de hacer. La crisis del sida reclamó una concurrencia pública del arte, un compromiso claro ante un conflicto concreto". Además, el genio individual y las prácticas en primera persona regresaron contra pronóstico, invalidando la muerte del autor enunciada por Roland Barthes y Michel Foucault. "Vuelve el yo, aunque sea un yo distinto al de antes. Ya no se puede entender como una entidad individual o atada al sujeto", añade Martínez.

Lebovici coincide en que esa primera persona fue "un yo plenamente político, como demuestran los casos de Wojnarowicz o González-Torres". A esta especialista, la presencia estelar de este último en Arco no le supone un problema, pero sí le genera ciertas dudas. "Nunca dijo que no quisiera vender su trabajo, pero puso condiciones drásticas: él no vendía bienes ni objetos, sino posibilidades", señala la crítica de arte. Es decir, las características de sus relojes de pared o el número de caramelos necesarios para recrear una de sus obras, pero nunca la instalación en sí. "Cuando esa potencialidad se reserva a quienes tienen el poder de comprar esas obras –es decir, un círculo reducido de coleccionistas e instituciones muy ricas— se produce una contradicción respecto a su concepción del arte", apunta Lebovici. Para Martínez, si el sida se infiltra incluso en una feria como Arco es porque nuestra época no es tan distinta a la que se enfrentó a aquella epidemia desbocada. "La era de la expansión del sida coincide con un momento ultraconservador, el del thatcherismo y el reaganismo, cuando se atacan los avances de las mujeres y los de las minorías negras y homosexuales. Hoy vuelven a estar en peligro las identidades subalternas", concluye. Y las lecciones de aquel tiempo remoto siguen siendo útiles.

jueves, 4 de julio de 2019

#hemeroteca #lgtbi #activismo | El Orgullo es historia: 6 activistas que continuaron la lucha de Stonewall

Imagen. El Periódico / Harvey Milk
El Orgullo es historia: 6 activistas que continuaron la lucha de Stonewall.
Carlota Miguel | Port, El Periódico, 2019-07-04
https://www.elperiodico.com/es/port/ideas/20190704/orgullo-gay-historia-6-activistas-stonewall-harvey-milk

Este año, las celebraciones del Día del Orgullo LGBT coinciden con el 50 aniversario de los disturbios de Stonewall, que dieron origen al moderno activismo en favor de la diversidad sexual. Hoy recordamos a grandes pioneros como, Stacy Lentz o Harvey Milk, que hicieron posible con su esfuerzo y su ejemplo que la llama encendida en Stonewall llegase a las nuevas generaciones.

Todo empezó el 28 de junio de 1969 cuando, en un Nueva York donde las relaciones homosexuales estaban prohibidas, la policía decidió irrumpir a la fuerza en el Stonewall Inn. Este pub regentado por la mafia y frecuentado por homosexuales, transexuales y drags era un espacio de tolerancia que las autoridades respetaban a regañadientes. De hecho, era habitual que se practicasen registros y detenciones periódicas que la clientela del local aceptaba con resignación forzada.

Sin embargo, al contrario de lo que había ocurrido en las anteriores redadas, esa vez el grupo opuso resistencia. Así, y en un contexto de lucha contra la guerra de Vietnam y de auge del movimiento hippie, se organizaron por las calles una serie de manifestaciones, los disturbios de Stonewall, que sembraron la semilla para la formación de colectivos LGTB e incluso publicaciones de prensa que defendieran sus derechos. Con el tiempo, pasó de ser un movimiento de rebeldía y rechazo a la represión de la diversidad a convertirse eb motivo de orgullo. En los últimos tiempos, se conmemora cada 28 de junio lo que ocurrió en el 53 de Christopher Street, y que sirvió de impulso a muchos activistas que han cambiado la historia del colectivo. Estos son algunos de los que se han encargado de avivar la llama en las últimas décadas.

1) Stacy Lentz (Kansas, 1970)

Activista lesbiana que ahora es copropietaria del Stonewall Inn y cofundadora del Stonewall Inn Gives Back Initiative. La organización nació en 2017 para proporcionar ayuda económica, estratégica y educativa a otras organizaciones que ayudan a miembros de la comunidad LGTB. Actualmente, la propia Stacy es la CEO de la organización.

2) Harvey Milk (Nueva York, 1930 - San Francisco, 1978)

Este político y activista fue el primer hombre abiertamente homosexual en ocupar un cargo público en Estados Unidos. Tuvo clara su orientación desde muy joven, pero tardó bastante más en hacerlo público. Cuando se mudó a San Francisco, abrió la tienda Castro Camera, que sería más tarde la sede de sus campañas y el punto de reunión con sus colaboradores. En 1973, Milk decidió presentarse como candidato al cargo de supervisor del ayuntamiento y, aunque no consiguió los votos suficientes, la extravagancia y el descaro de su campaña le dieron gran notoriedad en los medios.

Infatigable y de una personalidad arrolladora, Milk volvió a presentarse en las elecciones sucesivas hasta que consiguió ser elegido supervisor de San Francisco en el 77. En el poco tiempo que duró en el cargo llevó a cabo medidas importantes en favor de los derechos de las minorías sexuales, aprobando una novedosa y estricta ordenanza antes de su asesinato en 1978. El asesino, Dan White, había dimitido recientemente de su puesto como supervisor y quería recuperar el cargo. Por todo ello, Milk se ha convertido en un icono de la lucha por la colaboración entre todos y en contra de la división, siendo muy influyente dentro de la comunidad LGTBI. El colectivo le considera un mártir por los derechos de los homosexuales.

3) Sylvia Rivera, (Nueva York, 1951 - 2002)

Activista transgénero, Rivera fue miembro del Frente de Liberación Gay (Gay Liberation Front) y cofundadora de la Alianza de Activistas Gais (Gay Activists Alliance) junto con Marsha P. Johnson, entre otros. También ayudó a fundar STAR (Revolucionarios de Acción Travestis Callejeros), dedicado a la ayuda de transexuales sin techo.

Su vida estuvo marcada por la tragedia desde el principio, siendo abandonada por su padre al poco tiempo de nacer. Su madre se suicidó cuando ella tenía solo tres años, por lo que pasó a estar al cuidado de su abuela, de origen venezolano. Pero la abuela nunca aceptó su actitud afeminada, y le reprochaba que le gustara el maquillaje. Por eso, cuando solo tenía 11 años se fue de casa y empezó a vivir en las calles, en las que llegó a ejercer la prostitución.

Tiempo después se unió a una comunidad de drag queens, donde comenzó a responder al nombre de Sylvia. Con 17 años participó en las revueltas de Stonewall y, más tarde, dio charlas y discursos hablando de ello, así como de la necesidad de unión de las personas transgénero, defendiendo en general el empoderamiento gay. En la Millenium March a la que asistió en Milán en 2000, fue aclamada como madre espiritual del LGTB. Intentó suicidarse en 1995, pero murió en 2002 por un cáncer de hígado. Fue ese mismo año cuando se fundó el SRLP (Proyecto de Ley de Sylvia Rivera), una organización de ayuda legal para dar acceso a miembros de la comunidad LGTB a servicios legales.

4) Gilbert Baker, (Kansas, 1951 - Nueva York, 2017)

Este activista estadounidense diseñó la bandera del orgullo en 1978, justo a tiempo para poder mostrarla al público en el festival del Orgullo de San Francisco. El diseño original era distinto al actual, que consiste en seis franjas de color horizontales en el orden del arcoíris (de arriba a abajo, rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta). Originalmente había más colores para representar la diversidad de la comunidad LTB (rosa de sexualidad, rojo de vida, naranja de salud, amarillo de luz del sol, verde de naturaleza, turquesa de magia y arte, azul de serenidad, violeta de espíritu). El diseñador falleció en 2017 después de haber participado en películas y publicado un libro autobiográfico.

5) Monica Helms y Michael Page

Inspirados por la creación de Baker, diseñaron la bandera del orgullo transgénero (en 1999) y la del orgullo bisexual (1998), respectivamente. La trans lleva el color azul para representar al género masculino, el rosa para el femenino, y el blanco para representar a la gente no binaria, que se siente sin género. Tras diseñarla, Monica comenzó a llevarla a todas partes, a manifestaciones, concentraciones y marchas, y pronto vio como se popularizó por todo el mundo. Por su parte, la bandera de Michael Page, tiene una franja rosa para representar la homosexualidad, una azul para representar la heterosexualidad, y una más pequeña de color morado para representar la combinación de ambas. La bandera bisexual también fue aceptada por el público poco tiempo después.

6) Keith Haring, (Pensilvania, 1958 - Nueva York, 1990)

Un artista cuya obra se inspiró en el arte pop y que reflejó en ella los problemas sociales del Nueva York de los 80. Ahora es un referente de la moda y el diseño, con sus dibujos de siluetas de hombres en distintas posiciones (normalmente bailando). Aunque empezó con los graffitis, sus obras también se llegaron a vender, pero murió en 1990 víctima del SIDA. Conociendo la enfermedad que padecía, fundó antes de su muerte la Fundación Kaith Haring, para promover el arte y ayudar a niños con VIH.

Como ellos, han sido muchos los que han luchado por la conquista de derechos LGTBI, desde Eric Marcus con sus ensayos, a Martha Shelley como activista lesbiana que presidió el Frente de Liberación Gay (DOB), o Edmond de Bries, nombre artístico del primer transformista español. Además, muchos de los que lucharon por los derechos humanos han dado visibilidad a esta causa desde el siglo pasado, como Frida Kahlo, Virginia Woolf, Bayard Rustin, o Karl Heinrich Ulrich. Hoy en día, personas influyentes del mundo de la música, el cine o la moda, aprovechan su notoriedad para coger el relevo de todos esos activistas y recordar que todavía queda mucho camino por recorrer.

#hemeroteca #lgtbi #orgullo #arcoiris | La bandera que acabó con un símbolo nazi e imaginó un mundo de color

Immagen: El País / Gilbert Baker
La bandera que acabó con un símbolo nazi e imaginó un mundo de color.
Diferentes teorías sobre su creación acompañan al emblema de la lucha por los derechos del colectivo internacional. Te contamos su significado y el de las distintas versiones, y compartimos un sueño más allá del arcoíris.
Esperanza Balaguer | Icon Design, El País, 2019-07-04
https://elpais.com/elpais/2019/07/02/icon_design/1562087596_637697.html

En el comienzo de la célebre película ‘El Mago de Oz’, Dorothy Gale cantaba "en algún lugar sobre el arcoíris" antes de volar desde un mundo en blanco y negro hasta otro en tecnicolor. Ni el director, Victor Fleming, ni su protagonista, Judy Garland, pudieron imaginar entonces que ese momento cinematográfico se convertirían en la referencia visual para el movimiento LGTBI y la celebración del Orgullo Gay. Era tan solo 1939. Pero su impacto se consolidó a través de los años. Y cuando en 1978 los organizadores del Orgullo Gay y Lésbico de San Francisco pidieron al activista Gilbert Baker que creara un símbolo unificador para el colectivo, buscó inspiración en la adolescente de Kansas. Él también nació allí.

Baker murió en marzo de 2017. Su creación ya era un símbolo universal. Cuatro años antes confirmó en una entrevista para el documental ‘El día que nevó en Miami’ sobre la historia del movimiento, que la balada de la película le influyó en la creación de la bandera. "Cariño, yo soy Dorothy", le dijo al entrevistador.

No aclaró la segunda teoría que corre entre los expertos del diseño gráfico ‘queer’. En ella, se asegura que fue una copia de la bandera de la raza humana utilizada por el movimiento hippy en los sesenta con rayas horizontales de color rojo, negro, marrón, amarillo y blanco. Según esta teoría, el resultado fue la adaptación de los colores del arcoíris a este modelo. "Yo era una de las ‘drag queens’ más conocidas de San Francisco en los setenta. Sabía coser. Estaba en el lugar correcto en el momento adecuado", explicó en una entrevista publicada por el MoMA en 2015, con motivo de la incorporación de la tela a su colección permanente de emblemas contemporáneos.

El objetivo principal de Baker fue eliminar de la lucha del movimiento LGTBI la exhibición de los triángulos —rosa para ellos, negro para ellas—, utilizados por los nazis en los campos de concentración para identificar a los prisioneros. "El arcoíris era perfecto porque se ajustaba a la diversidad de raza, género, edades, todas esas cosas", apuntó Baker.

La ejecución final fue un éxito inmediato, tanto para el movimiento como para los intereses comerciales. "Es un símbolo tan poderoso que el colectivo no necesitó nada más", sentencia Debbie Millman, presidenta del programa de Diseño de Marcas de la School of Visual Arts (SVA) de Nueva York, y autora del podcast Design Matters.

Se puede comprobar estos días en las calles de Manhattan durante la celebración del World Pride con motivo del 50 aniversario de los disturbios del Stonewall Inn el 28 de junio de 1969, fecha oficial del inicio del movimiento por los derechos LGTBI. El arcoíris luce en las tarjetas de metro, en lo alto de más de una docena de rascacielos, en las gigantescas escaleras del Parque Roosevelt y en un tobogán de nueve metros instalado en Union Square por Tinder. Son solo algunos de los miles de ejemplos.

"El éxito de la bandera es una evidencia de la profunda necesidad instintiva de los humanos de representar sus creencias y afiliaciones. De marcar su lugar en el mundo", explica Millman. Los dos primeros ejemplares cosidos por Baker ondearon por primera vez el 25 de junio de 1978 en la Plaza de las Naciones Unidas de San Francisco. La original estaba compuesta por ocho franjas: rosa intenso para el sexo, rojo para la vida, naranja para la curación, amarillo para el sol, verde para la naturaleza, turquesa para la magia, añil para la serenidad y violeta para el espíritu. Debido a la escasez de oferta de telas de algunos colores, se eliminaron más tarde el rosa y el turquesa.

Múltiples versiones en pro de la diversidad
La actual también tiene sus versiones como el añadido del marrón y el negro para representar a la raza negra, y la bandera del Orgullo Trans con cinco franjas en rosa, blanco y azul. Otro símbolo gráfico anterior, fue la undécima letra del alfabeto griego, llamada Lambda, adaptada en 1970 por el activista y diseñador Tom Doerr. Símbolo de catalizador, en el ámbito químico, que presenta el intercambio de energía, la introdujo para representar el trabajo político de la Alianza de Activistas Gay, fundada en Nueva York seis meses después de los sucesos del Stonwell Inn, entre los que se encontraban las legendarias líderes Sylvia Rivera y Marsha P. Johnson. La ciudad de Nueva York anunció el 3 de junio que las honrará con el que será el primer monumento a dos mujeres transgénero del mundo.

En esa época inicial, surgieron también los círculos entrelazados con cruces para representar a los gais hombres y con flechas para las mujeres. Ya entrados los ochenta, el pintor y activista Keith Haring creó toda una iconografía gay y anti-VIH con sus sencillos dibujos de figuras danzando y abrazándose, donde no faltan los corazones ni los miembros sexuales masculinos, y a la que la Tate de Liverpool le dedica una exposición que puede visitarse hasta el 10 de noviembre.

Nada comparado con el impacto de la obra de Baker. "Pintemos la ciudad de orgullo", tuiteó el lunes el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, para dar comienzo a la semana clave del World Pride, que culminó el sábado con el desfile, en el que se hizo homenaje al creador de la bandera con un coche dedicado a él. Además de las instituciones, las empresas, los pequeños comercios y, sobre todo, las grandes marcas, llevan ya varios meses subidas a la carroza LGTBI.

¿Oportunismo o integración?
Ediciones especiales con los seis colores decoran las zapatillas de Nike, Converse o Adidas; la correa del Apple Watch, una nueva versión del clásico asiento Love Seat, de Lucian R Ercolani para Ercol, realizada por el estudio 2LG, o la popular bolsa azul de Ikea, entre otros. "Este oportunismo ayuda a integrar al movimiento, pero ¿dónde estaban hace 10 años?", reflexiona la experta en diseño. En el mismo mundo en blanco y negro en el que Dorothy le preguntaba a su perro si algún día conocería una realidad con color: "¿Crees que ese lugar existe, Toto?" Ochenta años después, esa nación imaginaria sigue sin ser realidad, pero ya tiene su bandera.

viernes, 7 de diciembre de 2018

#hemeroteca #sida | El día que Keith Haring hizo visible el Sida

Keith Haring pintando el mural en el Raval
El día que Keith Haring hizo visible el Sida.
El próximo febrero se cumplirán 30 años de la visita de Keith Haring a la ciudad. El mural que regaló a Barcelona, 'Todos juntos podemos parar el sida', provocó una pequeña revolución en el Raval y marcó la concienciación respecto al sida. Una exposición en el Macba y un documental recuerdan aquel momento.
Leticia Blanco | El Mundo, 2018-12-07
https://www.elmundo.es/cataluna/2018/12/07/5c0aa6e521efa015488b45eb.html

El próximo febrero se cumplirán 30 años de la visita de Keith Haring a Barcelona. El artista aterrizó en el Raval como un ovni: con una enorme sudadera, unas Air Max último modelo que fascinaron a todos los niños (y no tan niños) del barrio y un radiocassete gigante del que durante dos días, los que tardó en completar su famoso mural contra el sida, no paró de salir ‘acid house’, su música favorita para pintar. Haring escogió la calle más deprimida de lo que por entonces todavía se llamaba Barrio Chino (la leyenda dice que contó las jeringuillas que había por el suelo y donde más encontró, ahí se quedó) para pintar un mural con un mensaje activista, 'Todos juntos podemos parar el sida', que marcó un antes y un después en la lucha contra el VIH en España. La exposición ‘Anarchivo sida’ en el Macba y el documental '30 años +' de Lulu Martorell y Roger la Puente conmemoran el regalo que el artista pop hizo a la ciudad.

Haring aterrizó en España en febrero de 1989. La primera parada fue Madrid: visitó el Museo del Prado, le encantó ‘El jardín de las delicias del Bosco’ («contemplarlo te abre los sentidos», apuntó en su diario personal), le llevaron a Arco («aburridísimo, el efecto opuesto que el Prado») y al cabo de unos días vino a Barcelona. Allí visitó el Museo Picasso y en la inauguración de una exposición de Frederic Amat coincidió con Montse Guillén, a la que ya conocía de frecuentar El Internacional, el restaurante de tapas que Guillén tenía con su compañero, Antoni Miralda, en Nueva York. «Un día vino Andy Warhol con Haring y Basquiat al restaurante. Pidieron ‘butifarra amb mongetes’. Le pedí a Warhol que me firmara dos menús y recuerdo que dijo: ¡pero si ellos son mucho más importantes que yo!», cuenta Guillén en el documental.

Otro de los cicerones de Haring en Barcelona fue el DJ César de Melero, un gran admirador del artista que además tuvo la brillante idea de llamar a una amiga que tenía una videocámara (una ‘handycam’ de Sony) y grabó a Haring en acción aquellos 27 y 28 de febrero de 1989. El grafitero no derramó ni una sola gota de pintura roja en los dos días que tardó en pintar el mural. Lo hizo de memoria, sin bocetos, en la calle Salvador Seguí, rodeado de curiosos, niños que se arremolinaban junto a él en busca de chapas y una sonrisa y bastante prensa, para disgusto del tímido Haring. Más de un vecino con negocios no del todo legales se molestó, temeroso de que tanta atención mediática atrajera a la policía al lugar. De Melero también se llevó a Haring de fiesta al local donde pinchaba, el Club Billares ARS. El DJ recuerda cómo la primera noche, los gorilas del club no dejaron entrar a aquel joven que, con sus gafas redondas y su camiseta sin mangas, parecía un guiri más. Tuvo que salir a la puerta a buscarle y, una vez dentro, pidió champán para todos y Haring pintó un mural antidroga en la pared de la discoteca.

En el documental, Bonaventura Clotet se felicita por los avances que han permitido cronificar la enfermedad, pero recuerda que las diferencias entre ser portador del VIH en el primer y tercer mundo son más grandes que nunca:«Sigue muriendo un millón de personas cada año». «No era fácil estar vivo en aquella época», recuerda Ferran Pujol, impulsor de Bcncheckpoint, que recuerda el activismo de Act up en los años más duros de Reagan: «El sida afectó sobre todo a heroinómanos y homosexuales, así que hubo quien vio la pandemia como un limpieza social».

«Mis días están contados. Mis amigos están cayendo como moscas. No sé si me quedan cinco meses o cinco años de vida», escribía en su diario Keith Haring en febrero de 1989. En aquella época, antes de la aparición de los antirretrovirales, el diagnóstico del VIH era prácticamente una sentencia de muerte. Haring afrontó la noticia con miedo y tristeza, pero también con una insospechada entereza alimentada por la idea de que «el arte es más importante que la vida» y un objetivo: emplear el tiempo que el quedaba de vida en luchar contra el sida. «He de hacer todo lo que pueda, sacrificar comodidad y tiempo libre». Sus últimos meses fueron frenéticos: viajó por todo el mundo, pintando y concienciando. 353 días después de pintar el mural, Haring falleció en Nueva York, el 16 de febrero de 1990.

miércoles, 9 de agosto de 2017

#hemeroteca #arte #exposiciones | Keith Haring veranea en Ibiza

Imagen: Hoyesarte / 'On view: Keith Haring'
Keith Haring veranea en Ibiza.
Hoyesarte, 2017-08-09

http://www.hoyesarte.com/evento/2017/07/keith-haring-veranea-en-ibiza/

La Nave Salinas (Ibiza) acoge una retrospectiva dedicada a Keith Haring (Reading, Pensilvania, 1958 - Nueva York, 1990) gracias al coleccionista y mecenas neoyorquino Lio Malca. 'On view: Keith Haring' reúne, hasta el 30 de septiembre, cuatro monumentales trabajos de la carrera artística del estadounidense: 'Untitled (DV8)', 'Channel Surf Club - Knokke', 'Untitled (Headstand)' y 'Pop Shop Tokyo'.

Haring consideraba que el arte debía ser participativo y accesible a todos; una visión desarrollada desde el inicio de su carrera con los dibujos del metro en Nueva York que le hicieron conocido y en las grandes esculturas al aire libre y murales alrededor del mundo hasta su muerte en 1990. El artista desarrolló el amor por el dibujo a una edad muy temprana, aprendiendo las nociones básicas de las caricaturas de su padre y la cultura popular a su alrededor, como Walt Disney y el Dr. Seuss.

Haring se trasladó a Nueva York en 1978, donde se inscribió en la Escuela de Artes Visuales (SVA). Como estudiante experimentó con la interpretación, el vídeo, la instalación y el ‘collage’, manteniendo siempre un fuerte compromiso con el dibujo. En 1980 comenzó a utilizar la ciudad como su propia lona, usando primero tiza para crear sus dibujos en las estaciones de metro de Nueva York para pronto pasar a intervenir y exponer murales en espacios públicos y clubes nocturnos, galerías de arte y museos de todo el mundo.

Fallecido con tan solo 31 años, el arte de Haring, con su estilo engañosamente simple y sus temas más profundos de amor, muerte, guerra y armonía social, continúan atrayendo fuertemente al espectador.

Monumentales
En Ibiza se pueden ver cuatro obras monumentales. ‘Pop Shop Tokyo’ (1988) surgió tras el éxito del ‘Pop Shop’ en New York que abrió en 1986, espacio que se convirtió en un lugar clave de su práctica artística. A finales de 1987, Haring viajó a Japón y adquirió dos contenedores que se convertirían en la infraestructura de uno de sus proyectos de mayor escala. Los pintó y equipó los interiores con paneles de madera creando una experiencia de inmersión en su línea de trabajo estética. En enero de 1988, el ‘Pop Shop Tokyo’ abrió sus puertas en la capital con la intención de continuar con el espíritu de la tienda de New York.

‘Untitled (DV8)’ (1986) es un mural de cinco paneles que fue comisionado originalmente por Dr. Winkie, amigo del artista y dueño del icónico Club DV8 en San Francisco. Numerosos eventos de recaudación benéficos, culturales y sociales se llevaron a cabo en el espacio hasta que el club cerró en 1997, convirtiéndose en un icono del movimiento ‘Bay Area’, que definió la vida nocturna de la ciudad californiana en la época.

Por otro lado, ‘Channel Surf Club, Knokke’ (1987) es un mural pintado en el exterior de un gran contenedor que el artista descubrió en la playa de Knokke (Bélgica), usado para guardar las tablas de surf y equipos por el Channel Surf Club. Haring pintó todo el frente con pintura negra y roja en un solo día. El mural se convirtió en un símbolo de la ‘surfer culture’.

Finalmente, ‘Untitled (Headstand)’ (1988) hace referencia al auge que la música, la danza, la moda y el arte experimentaron en el entorno de energía e innovación de los años 80. El acto de la danza convirtió las imágenes de personas que bailaban ante Haring en rutinas de ‘breakdancing’ coreografiadas, que se reflejaron en sus piezas escultóricas. Entre 1985 y 1989, el artista creó 13 esculturas monumentales que tendrán su representación con esta obra en Ibiza.

Creación de vanguardia
La Nave Salinas fue convertida por Lio Malca en un espacio expositivo para la creación artística de vanguardia con el objetivo de acercar el arte al público de una forma más directa y compartir con la isla y sus visitantes su colección. Desde que se embarcó en el mundo del arte en Nueva York a principios de los años 90, Malca ha sido un coleccionista que ha disfrutado mostrando y compartiendo el arte con el público.

Especializada en arte contemporáneo desde mediados de los años 60 a la actualidad, la colección atesora obras de arte de artistas como Brody Condon, Hung Chi Peng, Quayola, Mark Ryden, Holton Rower, Zilvinas Kempinas, Royal Art Lodge Group, Andy Warhol, KAWS, Jean-Michel Basquiat, Kenny Scharf y Keith Haring. Artistas estos tres últimos con los que Lio Malca, desde el momento que los conoció, decidió iniciar su colección hasta ser considerado actualmente como uno de los principales coleccionistas y expertos del mundo en Basquiat y Haring, así como el principal prestamista de su obra para exposiciones públicas y privadas alrededor del mundo.

Además de La Nave Salinas, Lio Malca posee una galería en Chelsea (NYC) y un hotel en Tulum (México), donde se exponen las ilustraciones de su colección privada. Iniciando el programa de La Nave con KAWS (2015), seguido de Marco Brambilla (2016).