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miércoles, 13 de mayo de 2020

#hemeroteca #patriarcado | Diferencias entre sexo y género

Imagen: Google Imágenes / Fotograma de 'Ma vie en rose'
Diferencias entre sexo y género.
Barbijaputa | Público, 2020-05-13
https://blogs.publico.es/barbijaputa/2020/05/13/diferencias-entre-sexo-y-genero/

Si algo negativo está ocurriendo en la lucha feminista es, sin duda, la creciente confusión entre conceptos vitales para entender el feminismo como son el sexo y el género. Es tremendamente importante comprender estos dos elementos para poder conceptualizar bien, poder argumentar correctamente y no dejarnos colar concepciones misóginas y que invisibilizan a la mujer. El trabajo que está haciendo el "feminismo" neoliberal para confundir a este respecto está siendo chapó.

El patriarcado se refuerza especialmente cuando la tergiversación viene de corrientes autodenominadas feministas. El feminismo sabe defenderse claramente de discursos fascistas o abiertamente antifeministas, pero cuando en su seno hay voces y altavoces que niegan conceptos básicos o les dan una interpretación individualista, la confusión está servida. Y como dice Celia Amorós, "conceptualizar es politizar". Si no conceptualizamos correctamente, politizamos mal. Y en ese politizar mal, ya sabemos quienes son siempre las que pagan el pato.

SEXO:

El sexo es una realidad biológica. Empiezo así porque autores de la Teorías Queer insisten en que es una construcción, usando para cargarse de razones a las personas intersexuales. Pero no, los seres humanos nacemos con vulva o con pene (excepto las personas intersexuales, que presentan características sexuales de macho y de hembra en una u otra medida).

¿Para qué le sirve al patriarcado nuestro sexo? Le sirve para todo, y lo usa desde que nacemos para perpetuar el sistema de opresiones.

¿Cómo? Lo primero que una sociedad patriarcal necesita saber de un ser recién nacido es su sexo. Niño o niña. De hecho, antes de nacer, ya tendrá preparada toda una serie de elementos categorizados por sexo. En España, a las bebés se les agujereará las orejas para ponerles un ornamento que las diferencie de los niños. Su ropa será distinta y con diferentes colores y motivos. También, nada más nacer, recibirán un nombre típicamente femenino si nacen con vulva. Hay que tener en cuenta que, siendo bebé, la sociedad no distingue bien si es niña o niño, por lo que el patriarcado aprieta desde la cuna para que su propio entorno lo/la identifique correctamente.

Una vez identificado "correctamente", con sus colores correspondientes, sus adornos o ausencia de ellos, sus ropas y accesorios diferentes, la sociedad estará preparada para darle unos u otros mensajes. ¿Se trata igual a un bebé que una bebé? No. Aquí tienen uno de muchos ejemplos.

En torno al sexo, una realidad biológica que conlleva una anatomía concreta, se va construyendo el género, una construcción sociocultural excluyente y represora, y la principal herramienta del patriarcado para oprimir a las mujeres.

GÉNERO:

Después de hablarnos diferente, tratarnos diferente, llamarnos diferente, vestirnos y peinarnos diferentes, empieza a quedarnos muy claro a qué categoría pertenecemos, si a la privilegiada (hombres) o la oprimida (mujeres). Recordemos que con sólo seis años, las niñas ya nos consideramos menos brillantes que los niños. Es decir, el trabajo del patriarcado es excelente.

Algunos datos más sobre qué supone nacer con vulva a lo ancho y largo del mundo.
  • Como mínimo, 200 millones de mujeres y niñas entre 15 y 19 años de edad han sufrido la mutilación genital femenina en los 30 países en los que existen datos representativos sobre prevalencia.
  • Se calcula que hoy hay en el mundo 650 millones de mujeres y niñas que se casaron antes de cumplir los 18 años.
  • Las niñas también son víctimas de burlas por el aspecto de su rostro o de su cuerpo con más frecuencia que los niños. La violencia de género en el contexto escolar es un importante obstáculo para la escolarización universal y el derecho a la educación de las niñas
  • Alrededor de 120 millones de niñas menores de 20 años en todo el mundo (alrededor de 1 de cada 10) han experimentado relaciones sexuales por la fuerza u otros actos sexuales forzados
Esto es el género. Que haya una categoría social privilegiada, los hombres, que se crean con derecho a ejercer violencia de todo tipo contra niñas, adolescentes y mujeres. Y lo creen así porque el sistema patriarcal lo enseña, lo fomenta y lo perpetúa.

El género no dejan de ser mandatos y roles categorizados en dos: los que se dirigen a niñas y mujeres y los que se dirigen a niños y hombres, moldeándolos de distinta forma para que encajen sí o sí en uno u otro compartimento estanco: el género que le corresponde según su sexo. La violencia que se recibe por no encajar en el compartimento que se te asigna la conocemos todas y todos muy bien, llegando a la muerte, por supuesto.

Por eso el feminismo busca la abolición del género. Sin género, sin mandatos diferenciados, sin mensajes que nos esculpen como dos tipos de personas diferentes, nadie tendrá la necesidad de encajar en ninguna casilla rígida. Las mujeres nos diferenciaremos de los hombres únicamente en nuestra anatomía. Ninguna persona recibirá una educación distinta por nacer con pene, y ninguna persona será tratada con violencia por nacer con vulva.

Otra consecuencia del género que sufrimos, obviamente, las mujeres simplemente por nacer con una anatomía femenina, o como escribió Simone de Beauvoir, con "el segundo sexo":

ANDROCENTRISMO:

Que el mundo tome como estándar el modelo masculino nos repercute a las mujeres, que somos la otredad. Nuestro cuerpo y anatomía son "lo otro". Esto se evidencia de muchas maneras, pero una de las graves para nuestra salud y nuestra vida es el androcentrismo médico: la medicina toma el cuerpo masculino como modelo y esa visión que nos excluye, además del sesgo machista que se aplica -como en cualquier otro campo- afecta directamente a nuestras vidas simplemente por nacer con vulva, útero, ovarios...

¿Por qué se toma como modelo la anatomía masculina si las mujeres somos el 52% de la población? Porque existe el género: los hombres son lo importante, lo estándar, lo genérico -incluso en el lenguaje-, lo UNO. Las mujeres somos lo accesorio, la otredad, lo DOS.

La jerarquización de los sexos en nuestra sociedad es obvia gracias al género. El primer sexo puede oprimirnos -y nos oprime- allí donde haya población. El primer sexo saca beneficio de la explotación sexual y reproductiva del segundo sexo, de nuevo, gracias al género. Por ello existe la trata, la prostitución, los vientres de alquiler, la violencia machista, la violencia sexual, etc. Porque hay hombres y porque hay mujeres, en el sentido sociocultural del término.

lunes, 25 de noviembre de 2019

#hemeroteca #feminismo #queer | La teoría queer y la institucionalización de la misoginia

Imagen: El Salto / Paula Fraga
La teoría queer y la institucionalización de la misoginia.
Paula Fraga · Jurista | Público, 2019-11-25
https://blogs.publico.es/otrasmiradas/25997/la-teoria-queer-y-la-institucionalizacion-de-la-misoginia/

Explicaba Kate Millett que el sexo es una categoría social impregnada de política, que la relación entre los sexos es política porque es una relación de poder. Así era y es; las mujeres nos encontramos en una posición subordinada respecto a los hombres y esta subordinación se ha construido a través del género. El género es una unidad analítica fundamental de la teoría feminista que sirve para explicar el establecimiento y la reproducción de la desigualdad estructural de las mujeres. Es el conjunto de estereotipos y funciones que se asignan a la mujer por nacer mujer y al hombre por nacer hombre, y que se aprenden e interiorizan mediante la diferente socialización de los sexos. El género explica realidades como la división sexual del trabajo o el mecanismo de exclusión de las mujeres, de la esfera de lo público. Es la piedra angular sobre la que asienta la jerarquía sexual, uno de los instrumentos de sometimiento patriarcal más perfectos y que como feministas, tenemos que luchar por erradicar.

Nacer con sexo femenino o masculino, hembra o varón, determina tu posición estructural en el mundo. Ser mujer supone, entre otras cosas y en función de cuán explícito sea el patriarcado en que te has desarrollado, que te casen a la fuerza, que te mutilen genitalmente, que sirvas sexualmente en prostitución o que te violen. Todas estas realidades son consecuencias del género, materializan el papel y lugar que el patriarcado nos ha asignado a las mujeres. Por tanto, es vital para entender la teoría feminista y sobre todo, para tratar de acabar con la opresión sexual, entender el sistema sexo-género y señalarlo como mecanismo de reproducción de desigualdad a desactivar. Esto pone de manifiesto la necesidad de conceptualizar debidamente. Como dice la maestra Celia Amorós, “conceptualizar es politizar” y si lo hacemos erróneamente las consecuencias práctico-políticas serán adversas. Y si hay una conceptualización incorrecta sobre la opresión por razón de sexo, esta es elaborada por la teoría queer. No supondría esto mayor relevancia si la teoría queer se hubiese quedado en mera teoría explicativa de la realidad, pero el problema es que se ha institucionalizado a través de parte de la academia con sus “estudios de género” que deberían ser estudios feministas o de la mujer, y a través de las leyes de identidad de género.

La teoría queer niega la base misma de la opresión sexual. El sexo es una realidad biológica. Sin embargo, esta teoría lo define como constructo. Referentes teóricas queer como B. Preciado llegan a animarnos a las mujeres a realizar una suerte de tránsito a través de hormonación y cirugía para escapar a la opresión sexual. Y no estaría aquí explicando y rebatiendo tales ocurrencias si no hubiesen pasado a formar parte del ordenamiento jurídico de diferentes países. En el caso español, tenemos varias leyes autonómicas y una proposición de ley estatal presentada por Podemos que supone de facto, la institucionalización de los estas ideas. Hablo de la Proposición de Ley del derecho a la libre determinación de la identidad sexual y expresión de género. Esta ley reproduce el concepto queer de “género”. Entiende el género como identidad, como categoría de la personalidad. Observamos que es un entendimiento totalmente opuesto al feminista. Donde el feminismo ve roles impuestos, la teoría queer ve manifestación espontánea de la personalidad. Resulta que ahora la feminidad y todas sus características asociadas (sometimiento, obediencia, determinado canon estético...) es, tal y como define la propuesta de ley de Podemos, una vivencia interna, algo con lo que nacemos. La “identidad de género” está fundada en los roles sexuales que el feminismo pretende abolir.

La teoría queer habla de personas agénero, de género no binario, de trangénero... La multiplicación de los géneros, la identificación de cada quien con que lo que desee es un solución muy lícita, pero individualista y que en modo alguno es capaz ni de cuestionar la jerarquía sexual. La solución colectiva y feminista es la abolición del género. Solo sin género, el derecho al libre desarrollo de la personalidad será efectivo.

Más allá de las cuestiones teóricas, hay una de mayor transcendencia y que como feministas, como sociedad en general, debemos abordar ya: tenemos que conocer las implicaciones jurídicas, prácticas y políticas de las leyes de identidad. Estas leyes se asientan en dos principios fundamentales: el concepto antifeminista de la “identidad de género” y el derecho a la libre determinación de la identidad sexual. Supone la regulación del esencialismo del género y de las percepciones subjetivas de las personas, pasando por encima de las realidades materiales y constatables. Estas leyes (y podemos fijarnos en el caso canadiense) socavan los derechos basados en el sexo y ponen en peligro los espacios de mujeres que nuestras predecesoras nos han legado. Si el sexo se autodetermina, si se elimina el indicador y la base de la opresión sexual ¿cómo protegeremos los derechos basados en el mismo? Pongamos unos ejemplos prácticos: las leyes de identidad comprometen al deporte femenino, busquen los casos en los que las competiciones femeninas son ganadas por hombres que se identifican como mujeres. Asimismo, ponen en riesgo las políticas de paridad (cuotas) vulnerando de esta forma el derecho a la igualdad efectiva y a la no discriminación. Especialmente preocupante es que cualquier hombre con “identidad de género” femenina pueda acceder a espacios exclusivos de mujeres, tales como vestuarios o casas de acogida de mujeres arriesgando la seguridad física y la privacidad de las mujeres. También se propone la sustitución de la categoría “mujeres” por términos como personas gestantes o menstruantes. Estas solo son algunas de las consecuencias de las leyes de identidad y una cosa está clara, es que nadie nos las está explicando. Y por supuesto, se deben elaborar leyes que garanticen los derechos del colectivo trans y que corrijan la situación de discriminación que sufren. Las feministas críticas de género pedimos que se instituyan estas leyes y que sean compatibles con la protección y garantía de los derechos basados en el sexo.

La teoría queer tiene otras implicaciones. Uno de sus textos fundadores, “El género en disputa”, ya en sus primeras hojas llama a la deconstrucción del sujeto político del feminismo negando pues, que el sujeto político seamos “nosotras, las mujeres” y pretendiendo ampliarlo para convertir al feminismo en una amalgama de colectivos con las más diversas demandas. Las mujeres no somos un colectivo, ni una identidad ni una diversidad más. Somos más de la mitad de la humanidad y tenemos una delimitada agenda de emancipación que luchamos por materializar.

La desigualdad también se nutre de la falta de claridad conceptual. Esta confusión sexo-género y otros propuestas queer forman parte, como algunas teóricas feministas han advertido, de un contragolpe o reacción patriarcal. Esta teoría atenta contra lo desarrollado por la teoría feminista y pone en riesgo los derechos y espacios de las mujeres. La novedad es que lo hace en nombre de la diversidad y la inclusión, pero es una trasgresión ficticia. No se puede clamar por un mundo igualitario instituyendo teórica y legislativamente como identidad, las asignaciones culturales y sociales impuestas a las mujeres. Es la defensa de la clásica dicotomía “rosa-azul”, del antiguo argumento patriarcal que habla de cerebros femeninos y cerebros masculinos para justificar la desigualdad. La única diferencia es que lo queer propone transitar de unos roles a otros o crear nuevas categorías de género; cuando lo idóneo, lo liberador sería abolir estos roles. Esta sería verdadera libertad para ejercitar todo nuestro potencial humano.

Una teoría que defiende ideas que conllevan la invisibilización de las mujeres a través de términos como personas gestantes o que niega la transcendencia política del sexo, por mucha pátina de trasgresión con que sea revestidas, solo puede ser catalogada como teoría antifeminista y misógina. La teoría queer es una teoría individualista que compromete la acción colectiva, que ataca a las bases mismas de la teoría feminista y que puede acabar por despolitizar al movimiento feminista.

La retórica subversiva confunde a muchas compañeras, pero aparecida la primera duda, se acaba desengranando la trampa queer. El acoso, el hostigamiento, las amenazas y las acusaciones falaces de fobias que recibimos las feministas críticas de género acaban por silenciarnos a muchas. Pero también somos otras tantas, las que creemos que es un deber feminista denunciar que la institucionalización de las premisas queer daña a las mujeres y al feminismo. No exigimos más que debatir sin miedo. Se acabó transigir y ceder en favor de los demás. Porque eso, también es género.

domingo, 17 de marzo de 2019

#hemeroteca #feminismo | Celia Amorós: “El feminismo es una revolución y está absorbiendo las demás”

Imagen: El País / Celia Amorós
Celia Amorós: “El feminismo es una revolución y está absorbiendo las demás”.
La filósofa observa, a sus 74 años, la fuerza del movimiento de las mujeres como una apoteosis.
Carmen Morán Breña | El País, 2019-03-17
https://elpais.com/sociedad/2019/03/15/actualidad/1552663877_409540.html

El cuarto propio de Celia Amorós está al acabar el pasillo y después de una gran cocina diáfana en un piso céntrico de Valencia. En las estanterías, bien acompañados, saludan a las visitas Simone de Beauvoir, Sartre, Virginia Woolf, pero su mesa de trabajo parece congelada, sin papeles ni lápices, y aventura la mala salud de la que se duele esta mujer sabia. El tablero del pensamiento y la creación lo ocupan ahora las fotos risueñas de sus colegas feministas años atrás.

El pasado está muy presente. Un buen puñado de libros publicados y cientos de artículos académicos, charlas y viajes a lo largo de su vida sitúan a Amorós entre las grandes responsables de la solidez que exhibe hoy en día el movimiento feminista. El 8 de marzo, para alegría de muchos, se la vio en su silla de ruedas al lado de la pancarta que agrupaba a los universitarios en Valencia, donde nació, en 1944, y donde ahora tiene su retiro de clima templado.

Habla de esa manifestación, recurriendo a Sartre, como del “apocalipsis” en el que ha desembocado un movimiento fraguado con los años con muchas levaduras, desde la toma de las calles hasta la conquista de los hogares, con coloquios, literatura, grupos de trabajo, concienciación social, educación. Esto es imparable, dice todo el mundo, pero ella recela: “Todo movimiento tiene marcha atrás. Hay que ser cuidadosos, tenaces, tener capacidad de acción y de convicción". Simone de Beauvoir asiste sus pensamientos: “No olvidéis jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos, debéis permanecer vigilantes toda vuestra vida”, decía la francesa.

La filósofa valenciana, hija de notarios y nieta de una abuela que le enseñaba piano, pide que le acerquen el busto de Clara Campoamor, que la observa desde la mesa, para hacerse la foto con él. “Una persona que dijo ‘soy ciudadano antes que mujer”... Amorós dirigió algunos años el Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense. Allí se creó el seminario Feminismo e Ilustración, por donde han pasado algunos de los nombres que ahora dan lustre con sus ensayos al pensamiento feminista: Alicia Puleo, Rosa Cobo, Ana de Miguel, todas ellas en las fotos del despacho rodeando a la maestra. En la Ilustración basa Amorós los principios del feminismo como un movimiento emancipatorio que exige para la mujer no la igualdad con el hombre (“que aunque ellos pudieran y nosotras quisiéramos, no tendríamos nunca”, ha dicho alguna vez), sino la igualdad bajo el genérico humano, es decir, ni más ni menos que los derechos de ciudadanía de los que ellos disfrutan (o deben disfrutar). La revolución francesa propició ese lenguaje emancipatorio: si los amos eran déspotas, si los aristócratas tenían siervos, en las mismas condiciones estaban las mujeres respecto a sus compañeros. Y así lo hicieron ver. Amorós cita varias veces a Mary Wollstonecraft, la abuela de Frankenstein. Si la condición de ciudadanía, por primera vez, se adjudicaba a nobles y plebeyos sin distingos, ¿por qué se le negaba a la mujer? Dichoso orden natural en el que la mujer, por serlo, estaba condenada a un segundo lugar. “Qué vamos a decir del misógino de Rousseau”, se ríe Amorós.

El feminismo ha rodado mucho desde entonces. Ahora tiene muchos apellidos. La filósofa es tajante: “Feminismo solo hay uno, el emancipatorio”. Pero los partidos políticos diseñan un traje a su medida… “El feminismo es de izquierdas”, zanja. Pero los de derechas dicen que ellos también lo son, a su manera... “À sa façon... Para quien se lo crea”, responde Amorós.

En 2006, la escritora, por primera vez una mujer, recibió el premio nacional de Ensayo por su libro ‘La gran diferencia y sus pequeñas consecuencias... para la lucha de las mujeres’. Su nombre ya figuraba entre las grandes feministas de Europa y la influencia de sus publicaciones académicas se hacía sentir con fuerza en Latinoamérica. Frente al sillón desde el que responde ahora a los periodistas y sobre una máquina de coser Singer que fue de su suegra cuelga un cuadro con una frase bordada que le reconoce haber “introducido el feminismo filosófico en la filosofía hispánica”. Y en los estantes, decenas de libros muestran un penacho de papeles amarillos que sobresalen sobre sus páginas, signo de un estudio concienzudo. Casi se puede decir que les ha dado a cada uno una buena paliza.

Maestra entre maestras, sigue prudente y ejerce una sororidad sin fisuras cuando se le recuerda su mucha influencia en el actual movimiento de las mujeres: “Y muchas otras”, dice. “Nada surge de repente cuando se trata de movimientos sociales. Es un trabajo que se va forjando, que tiene fases, que evoluciona, se agita, se amalgama, aparentemente no pasa nada, pero la gente va haciendo suyo el movimiento Y entonces ocurre algo especial, por ejemplo el caso de La Manada y todo lo asumido deviene en apocalipsis. Como ocurrió en el París de la Bastilla”, explica.

La revolución francesa siempre está presente en sus pensamientos, aunque alguno se resista a bajar a su boca cuando ella lo reclama. “Sí, el feminismo es una revolución y está absorbiendo las demás. Si no hay feminismo, no hay lucha revolucionaria, porque ¿qué se puede hacer si solo se cuenta con la mitad de la población? Nada”, asegura. Amorós tiene una hija, que la llamó por teléfono el 8-M “exultante”, y un nieto, Guillermo, de 10 años que estaba “como el primero, levantando el brazo” en la manifestación que reunió en las ciudades españolas a más de un millón de personas aquel viernes de “apocalipsis”. Ríe, ahora solo Celia, con el recuerdo del niño, también empoderado. Y su risa se ensancha cuando se le recuerda cómo cerraron aquel día la manifestación en Valencia, al modo fallero: “Señora pirotécnica, puede comenzar la Revolución”.

Los "años duros y divertidos"
En la cabeza de Celia Amorós, que tantos frutos ha dado a lo académico, van ganando terreno los recuerdos del pasado. Aquellos días en que su marido de entonces, Josep Vicent Marqués, y el de Carmen Alborch, Damià Mollà, habían sido despedidos y la economía doméstica no daba un respiro. Los domingos se iban los cuatro a contar coches al Saler. “Había allí algunos cruces de carreteras y contábamos coches porque esas cifras se necesitaban para futuros planes de viabilidad”, se ríe Amorós. “Carmen y yo acabábamos contando mujeres”, recuerda. Aquellos años, “duros y divertidos”, un día hacía la comida una y al siguiente la otra, como una forma de aliviar la escasez. Su amiga Alborch, para quien le faltan las palabras tras su muerte reciente, se metió a política y, aunque esta feminista ahora no ve la televisión, ni oye la radio, ni está al tanto del avance de la extrema derecha, ni del problema del separatismo catalán, cree que la lucha feminista sí ha ido trasladándose a medidas concretas en el ámbito político. Amorós cree que la cuarta ola del feminismo está aquí y que uno de sus objetivos fundamentales será la erradicación de la prostitución, “esa esclavitud humillante”. Nada más y nada menos. Pero sigue prudente. “¿Un mundo igualitario? Qué va, eso tardará siglos”.

sábado, 28 de febrero de 2009

#libros #feminismo | Vetas de Ilustración : reflexiones sobre feminismo e Islam

Vetas de Ilustración : reflexiones sobre feminismo e Islam / Celia Amorós
Madrid : Cátedra, 2009 [02]
312 p.
Colección: Feminismos
ISBN 9788437625324 / 20 €

/ ES / ENS
/ Etnocentrismo / Feminismo / Filosofía / Multiculturalidad / Patriarcado / Población musulmana
Biblioteca UPV/EHU
https://millennium.ehu.es/record=b1620155~S1*spi

El presente libro trata de situar el feminismo frente a dos de sus referentes polémicos en la era de la globalización: el multiculturalismo y el etnocentrismo. Constatamos que las culturas son realidades sociales e ideológicas complejas en las que se producen hibridaciones y procesos crítico-reflexivos, disensos, relevos de legitimidades: llamamos a estos fenómenos "vetas de Ilustración". Y podemos contrastar, estudiando el caso del Islam, que en estas "vetas" se producen problematizaciones e irracionalizaciones de la condición femenina que son características del feminismo. Analizamos cómo tienen lugar en los relevos de los discursos patriarcales acerca de las mujeres, que dejan un espacio para que éstas procedan a su propia autodesignación. Ilustramos, por fin, este análisis y lo contrastamos con movimientos sociales como el francés "Ni putas ni sumisas".

DOCUMENTACIÓN
Celia Amorós: «El relativismo cultural resulta suicida para el feminismo»
Aritz Insausti | Naiz, 2010-02-08

http://gara.naiz.eus/paperezkoa/20100208/181796/es/El-relativismo-cultural-resulta-suicida-para-feminismo
Feminismo e Islam vistos por Celia Amorós
La filósofa presentó en IPES su libro "Vetas de Ilustración. Reflexiones sobre feminismo e Islam". Pensadora feminista, Amorós aprueba la propuesta francesa de eliminar el burka de espacios públicos.
Michelle Unzué | Diario de Navarra, 2010-01-31
http://www.diariodenavarra.es/20100131/culturaysociedad/feminismo-e-islam-vistos-celia-amoros.html?not=2010013101145773&idnot=2010013101145773&dia=20100131&seccion=culturaysociedad&seccion2=culturaysociedad&chnl=40
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RESEÑAS
Vetas de Ilustración. Reflexiones sobre feminsimo e islam / Herminia Luque Ortiz

http://www.lacavernadeplaton.com/resenasbis/celia0910.htm