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miércoles, 31 de enero de 2024

#hemeroteca #anofobia #homofobia | Por el culo

El trasero del bailarín Peter Reed visto por Robert Mapplethorpe //

Por el culo

Paco Tomás · Periodista y escritor | Público, 2024-01-31

https://blogs.publico.es/otrasmiradas/79518/por-el-culo/ 

Ahora que, gracias a la insistencia del feminismo, el argumento de que lo personal es político ha dejado de ser un razonamiento exclusivamente académico para instalarse en la calle y en las luchas cotidianas, ha llegado el momento de manifestar que nuestro culo, y lo que hacemos con él, es político.

De ahí que crea que uno de los principales logros de la generación ‘centennial’, esa que nació con el siglo, que es rotundamente digital y para quien un teléfono con dial rotatorio debería estar en los fondos del Museo Arqueológico Nacional, es haber incorporado al argot popular, con estatus de champú anticaspa, la expresión "por el culo". PEC. Un acrónimo que se emplea para señalar que algo es bueno, que les gusta. A mí, la versión que ha hecho _juno del tema "So payaso" de Extremoduro me parece tan buena que me la meto por el culo. Decir eso en una sociedad heteropatriarcal que ha edificado su concepto de masculinidad sobre la idea de impenetrabilidad del culo, es una victoria.

Apropiarse de esos cientos de expresiones homófobas cotidianas –"vete a tomar por culo", "le pusieron mirando a Cuenca", "te la han metido doblada", "cinco, por el culo te la hinco"-, símbolos de desprecio, menosprecio y burla, para desactivarlas con una sola palabra –"PEC"- es una forma de hacer política. Política anal.

Como escribieron Sejo Carrascosa y Javier Sáez hace doce años, en su estupendo ensayo ‘Por el culo’ (ed. Egales), el culo es el gran lugar de la injuria, del insulto. La penetración anal, la desventura del sujeto pasivo, lleva siglos instalada en el relato social como sinónimo de abyecto, despreciable, enfermizo, vicioso, indeseable. Hacer política anal es combatir precisamente esa vigilancia histórica sobre nuestros cuerpos y lo que hacemos con ellos. Y a eso también contribuye el lenguaje.

Cuando los hombres cishetero celebraron con carcajadas, allá por 2006, aquella casposa frase del que fuera seleccionador español de fútbol, Luis Aragonés, cuando llegó a Alemania y un comité de bienvenida le entregó un ramo de flores -recuerden que dijo "me van a dar a mí un ramo de flores, que no me cabe por el culo ni el bigote de una gamba"-, lo que estaban haciendo era perpetuar esa disparatada creencia, y me atrevería a decir que hipócrita, de que su masculinidad se sustentaba sobre la impenetrabilidad del culo patriarcal.

Por eso, históricamente, se ha rechazado el cuerpo del hombre homosexual, por su asociación directa con el sexo anal, como si eso nos definiese de forma absoluta. Incluso debemos hacer una lectura de género si observamos cómo el patriarcado concibe el cuerpo de la mujer como un cuerpo penetrable y, por lo tanto, adecuado para el sometimiento y la dominación.

El patriarcado ha diseñado una masculinidad en la que el culo es un templo sagrado. Muchas amigas heteros nos cuentan, a sus amigos gais, las reacciones de sus novios o parejas sexuales cuando ellas intentan jugar con su culo y son de descojone. Nos parecerá ridículo pero si observamos que no son pocos los hombres que aplazan su visita al urólogo por su rechazo al tacto rectal, para comprobar el estado de su próstata, comprobaremos que estamos ante un relato cultural que considera que ser penetrado es humillante. Y estamos hablando de un dedo.

La extrema derecha y los ultras religiosos no dudan en enarbolar la palabra 'sodomita' para señalar y estigmatizar a la comunidad de hombres homosexuales. Se nos reduce al culo. Primero, sitúan en la diana el cuerpo al que agredir. Luego, buscan la parte de ese cuerpo que van a atacar. Esa que consideran tu debilidad. El lugar por el que penetrar.

De la misma manera, se castiga aquello que sus ojos consideran perversión y pecado. Las milicias iraquíes, por ejemplo, llevaron a cabo, a partir de 2009, una persecución y detención de la población homosexual que finalizaba con torturas, denunciadas por Human Rights Watch, basadas en sellar los anos de esas personas con pegamento. Violencia centrada en cerrar esos cuerpos por donde se supone que el maricón disfruta. Y luego, darles laxantes.

El patriarcado, como todo sistema de dominio y privilegios, no solo precisa de un ejército. También necesita de un departamento de propaganda. Un régimen de poder basado en discursos, en actos, expresiones, conductas que, a partir de la repetición, conviertan sus dogmas en una realidad incuestionable. Ahí se fabrica el concepto de que la hombría, la dignidad, reside en el culo inaccesible, hermético. Una idea que va más allá de las ideologías. Aunque la izquierda haya tenido que ponerse las pilas para sacudirse el sexismo, la homofobia, el machismo, que llevaba incorporado -simplemente por ser un pensamiento político tradicionalmente liderado por hombres-, no es raro seguir encontrando restos de caspa patriarcal en los hombros de algunos líderes y ciudadanos autodefinidos como de izquierdas. ¿Qué otra cosa es, si no, escuchar expresiones como "bajarse los pantalones ante la patronal"?

Claro que aún quedan reliquias, dentro de la propia comunidad de hombres homosexuales, que siguen premiando a un rol activo, con la mitificación del empotrador, y ridiculizando el rol pasivo, como si, por asimilación a una mujer, fuera inferior y menos respetable. Pero por fortuna, esa misoginia está siendo barrida gracias, precisamente, a expresiones como "por el culo".

Ese imaginario cultural del patriarcado en torno al culo crea víctimas. Y ahora hay una generación que se rebela contra eso, que ya no estigmatiza el culo, que convierte en orgullo receptor (me gusta más que pasivo, que entiendo definitivamente como una lectura homopatriarcal del mismo relato) el placer de algo no marginal, destrozando la máxima machirula de que ser penetrado es algo indeseable. Solo espero que esta columna os haya gustado tanto que os la metáis por el culo. De todo corazón.

miércoles, 7 de agosto de 2019

#hemeroteca #trans #activismo | Mar Cambrollé: "Una mujer trans en una esquina era una bandera de libertad"

Imagen: Diario de Sevilla / Mar Cambrollé
Mar Cambrollé · Presidenta de la Federación Plataforma Trans: "Una mujer trans en una esquina era una bandera de libertad".
Tamara García | Diario de Sevilla, 2019-08-07
https://www.diariodesevilla.es/entrevistas/mujer-trans-esquina-bandera-libertad_0_1270672923.html

-Cuarenta años de lucha por la libertad sexual y de identidad en Andalucía, ¿tenemos mucho que celebrar?
-Ha sido como pasar de la foto en blanco y negro a la fotografía digital. No estamos en el mismo espacio. Antes las personas trans éramos objeto del exilio familiar, no podíamos estudiar e, incluso, la única salida laboral para poder subsistir era la prostitución o el espectáculo. Hoy podemos decir que el 90% de los jóvenes transexuales están todos en las universidades, que de las personas trans que se dedican a la prostitución en este país no llegan a un 5% las españolas o que si antes teníamos miedo a la Policía, hoy nos protege. Han cambiado muchas cosas, no sólo tenemos leyes que nos igualan en derechos sino que nos protegen de la discriminación. Y para mí esto, habiendo vivido lo que viví hace 40 años, significa que he podido tocar la utopía con la mano.

-Pero no es oro todo lo que reluce. El 60% de las personas transexuales han sufrido algún tipo de discriminación en el mercado laboral.

-Si el colectivo LGTBI ha sido durante mucho tiempo los olvidados, las personas trans han sido los olvidados de los olvidados. Es el mismo caso que la mujer dentro de la lucha social. La raíz que vertebra la discriminación es el patriarcado, el machismo lo atraviesa todo y el colectivo LGTBI no está exento de él. En el colectivo LGTBI existe un claro ‘gaycentrismo’ que reproduce el binomino poder-masculinidad, con lo cual las demás identidades pasamos a un segundo plano. Y aún más las personas trans. Fíjate que siempre se han postergado los derechos que tienen que ver con la identidad y se han antepuesto los derechos que tienen que ver con la orientación. Mira, un gay o una lesbiana pueden desempeñar cualquier puesto de trabajo, incluido de cara al público. ¿Has visto alguna vez una persona trans en un Burguer King, en un Zara...? Ahí se demuestra la crudeza de la discriminación laboral de las personas trans, en los trabajos donde no se exige ninguna cualificación.

-¿Desde cuando está instalado ese ‘gaycentrismo’?
-Desde el comienzo de nuestra lucha. El Orgullo nace un 28 de junio de 1969 en Stonewall, un bar que había en Nueva York de personas trans donde eran frecuentes las redadas policiales, las detenciones arbitrarias y el chantaje, y un día esas mujeres hechas de madera de valentía, de la valentía que surge de los correctivos que sufrimos desde que nacemos cuando nos decían "tú no eres", cuando te niegan la identidad, iniciaron unas revueltas encabezadas por las mujeres trans Sylvia Rivera y Marsha P. Johnson, revueltas a la que después se sumaron gais y lesbianas. Pues aquello se recuerda para el mundo como el Día del Orgullo Gay. Fuimos borradas de la Historia. Y se repite. Cuando una mujer trans en una esquina era, y siempre ha sido, una bandera de libertad.

-En 1976 crea el primer grupo organizado en Andalucía para defender la libertad sexual. ¿No tuvo miedo?
-Yo ya era una persona que estaba implicada en la lucha social de los barrios. Tenía una conciencia de izquierda y empatía contra cualquier situación de opresión, porque si algo me ha golpeado en la vida ha sido la pobreza y mi identidad. ¿Era peligroso? Sí. Cuando hacíamos pintadas pidiendo pan o libertad la respuesta del dictador era un tiro en la cabeza, pero el ímpetu, la valentía o la ligereza de la juventud, junto con una entrevista que cayó en mis manos a Armand de Fluvià, me decidió a luchar contra las leyes que penaban los actos de homosexualidad. Y te digo que con 18 años que tenía, no tenía claro qué era yo, porque yo también había aprendido el discurso del opresor, y el opresor decía que todos éramos homosexuales. Cuando yo me comportaba como lo que era, un niña, el corrector social del entorno lo que me decía era maricón, mariquita. Pero, aun así, me dije: si soy un maricón, soy un maricón revolucionario. E inicié este movimiento.

- Que fue importantísimo.
-Mucho. En Sevilla, en 1978, logramos reunir a todos los colectivos del Estado y marcamos una estrategia común que derivó en unas manifestaciones el mismo día en diferentes puntos del país para exigir al Gobierno de derechas de Adolfo Suárez que despenalizara los actos de homosexualidad, con lo que también obligamos a la izquierda, que no lo había hecho antes, a posicionarse. Y esto dio lugar a que el 26 diciembre del 78 en un Consejo de Ministros se aprobara excluir los actos de homosexualidad de la Ley de Peligrosidad Social, siendo efectivo en enero.

-¿La izquierda fue tibia?

-En ese tiempo es que estaban superados. Pero a partir de los 90, sobre todo, tuvimos su apoyo, pero también supeditado a un rédito. Hicieron cálculos y se dieron cuenta que 8 o 9 millones de gais y lesbianas eran muchos votos. El PSOE, por ejemplo, ha favorecido al colectivo cuando ha gobernado en algunos momentos, pero también ha tenido un discurso de que nos han regalado esto y no han reconocido que el movimiento social es el que se ha ganado a pulso esos derechos.

Una activista histórica y contemporánea
La sevillana Mar Cambrollé es pasado y presente de la historia de la lucha por la identidad y la orientación sexual en Andalucía. Creadora del primer grupo organizado de la comunidad para defender estos derechos, impulsora de la Ley Trans de Andalucía, que considera su "mayor logro", y de la futura Ley Trans estatal, su "mayor reto", la activista ha recibido un reconocimiento a su trayectoria en el Ayuntamiento de Cádiz, donde dijo que es "una activista contemporánea, no solamente histórica" y se emocionó al rememorar el verdadero ‘apartheid’ que han sufrido las personas trans.

domingo, 4 de agosto de 2019

#hemeroteca #gais #machismo | En la homosexualidad también se replica el machismo

Imagen: Newsweek
En la homosexualidad también se replica el machismo.
Alex Toledo | Newsweek México, 2019-08-04
https://newsweekespanol.com/2019/08/machismo-arcoiris-discriminacion-homosexualidad/

Muchos hombres gais sienten la necesidad de comportarse de la manera viril que exige la sociedad machista para no ser discriminados.

Todos hemos crecido inmersos en la cultura patriarcal de exagerada y exaltada masculinidad que, sin importar orientaciones sexuales, afecta a hombres y mujeres por igual. De tal manera que, como yo, muchos hombres fuimos educados y criados dentro de la ideología machista que prohíbe la vulnerabilidad y la sensibilidad. Así hemos vivido desde siempre y lo reproducimos, sin darnos cuenta, con las personas que nos rodean, al grado de normalizarlo tanto que pasa inadvertido.

El machismo es ese comportamiento psicocultural que pone lo masculino como superior a lo femenino, que fomenta un culto exacerbado a la virilidad y hombría —producto de una cultura falocéntrica— y, por lo mismo, le exige al hombre un cierto nivel de masculinidad (muchas veces tóxico), pues pone a la virilidad como la única forma de ser hombre y, por lo tanto, le da la creencia de que puede usar su poder para someter a todo lo que no entre en esa masculinidad.

En el caso de la homosexualidad también hay comportamientos que replican el machismo con base en la idea de la “masculinidad deseable” que hay que alcanzar para poder ser tomado en cuenta dentro de una comunidad donde, aparentemente, ser gay no es suficientemente bueno.

“Muchos homosexuales de manera inconsciente sienten que su homosexualidad los hace menos hombres, y en una cultura que alaba lo masculino y desprecia lo femenino, hacen esfuerzos enormes por pertenecer a ese mundo viril y heteronormado que es el mismo que los rechaza, para reafirmar que, a pesar de ser gais, siguen siendo muy hombres”.

Según Gabriel J. Martín, experto en atención psicológica a personas gais y autor de 'Quiérete mucho, maricón' y 'Cómo sobrevivir al ambiente', en las relaciones entre hombres homosexuales no nos damos cuenta de conductas evidentemente machistas como las que se dan en relaciones heterosexuales, pero sí que encontramos algo denominado “plumofobia”, que consiste justamente en despreciar comportamientos femeninos, como respuesta a esta necesidad que muchos homosexuales tienen de desprenderse de todo lo relacionado con ello y tratar de heteronormarse, o sea, pertenecer y encajar con las reglas heteropatriarcales para no ser discriminados.

Una de las formas más comunes de machismo entre hombres homosexuales es esa en la que muchas veces, para referirse a la promiscuidad o libertinaje, se usan calificativos en femenino como “puta”, “zorra”, “pasiva”, “loca”, “puerca”, etcétera. Este tipo de actitudes transpola al ámbito gay la privación y contención que el patriarcado ha ejercido desde siempre sobre la sexualidad femenina, convirtiéndola en algo “malo”, “pecaminoso” e inclusive “sucio”.

Según datos del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), el machismo entre la comunidad gay es tan normalizado que, al hablar de diversidad sexual, los hombres homosexuales son los únicos representantes del colectivo LGBT+, pero se olvida muchas veces a las mujeres lesbianas y totalmente se invisibiliza a las mujeres trans.

Aquí la pregunta, como expone la antropóloga y feminista Marta Lamas, es: ¿qué significa ser masculino? ¿Para qué o para quién queremos ser masculinos? Tal vez ya va siendo hora de que comencemos a deconstruir esa masculinidad tóxica y empecemos a asumirla desde otra perspectiva, una más sana. Entendamos que para ser hombre hay muchas formas, matices y facetas, todas igual de válidas. Solo cuando logremos comprender lo anterior podremos comenzar a dejar de ser dañinos para nosotros mismos y para los demás.

martes, 12 de marzo de 2019

#hemeroteca #gais #homopatriarcado | Cosas que NO te hacen más o menos gay

Imagen: Homosensual
Cosas que NO te hacen más o menos gay.
Creer que hacer o dejar de hacer ciertas cosas te hacen más o menos gay es totalmente erróneo. Esto solo crea estereotipos y divide a la comunidad.
Luis García | Homosensual, 2019-03-12
https://www.soyhomosensual.com/lgbt/cosas-que-no-te-hacen-mas-o-menos-gay/

Pareciera mentira, pero dentro de la misma comunidad LGBT+ existen estereotipos. Lamentablemente, entre los ‘gais’ prevalecen muchos prejuicios que se exportan a la sociedad y generan discriminación, todo esto por creer en estas ideas de lo que hace o no un gay. Para que no los repliques, te contamos algunas cosas que NO te hacen más o menos gay.

Ser pasivo
Ser pasivo es un prejuicio muy marcado entre los ‘gais’. Muchos discriminan por motivo del rol sexual, lo cual es totalmente reprobable. Hay que entender algo muy puntual: el rol en el sexo de un hombre gay no lo hace mejor ni peor persona, tampoco lo hace superior o inferior a otros. Algunos relacionan ser pasivo con la sumisión y lo hacen causa de vergüenza. Pero ¿adivinen qué? Aunque seamos activos o pasivos, somos parte de la comunidad y eso no nos hace más o menos que alguien.

El drag
El drag es un motivo de discriminación muy fuerte, no solo fuera, también dentro de la comunidad. Los comentarios más comunes en contra de las drags es que se ven ridículas y le dan una mala imagen a los LGBT+. Solo como dato para los que creen esto: ¿sabían que la persona que inició el movimiento LGBT+ y la lucha por nuestros derechos fue una drag? Su nombre fue Marsha P. Johnson. Además, el drag es una forma de arte, y ponerse tacones y peluca para salir a la calle requiere valor. Así que ser drag o admirarlas no te hace ridículo ni hace que des mala imagen.

Participar en la Marcha del Orgullo
Esta es una cuestión muy polémica dentro de la comunidad. Sí, aunque parezca increíble, hay miembros de la comunidad que se oponen a que haya una Marcha del Orgullo LGBT+. ¿La razón? Dicen que es un carnaval, que solo es una fiesta. Y sí, en parte tienen razón: es una fiesta de la diversidad. Pero el no asistir o estar en contra de ella no te hace menos gay e ir tampoco te hace más gay. Lo que deberíamos hacer es apoyar y no criticar, después de todo la Marcha del Orgullo nos da visibilidad y ayuda en la lucha por nuestros derechos.

Llevar una vida ‘buga’
Este “comentario” es muy común sobre todo en las ‘apps’ de ligue. Muchos ‘gais’ dicen llevar una “vida heterosexual”, y es perfectamente válido; cada quién vive a su manera. Solo hay que recordar que no debemos fomentar los estereotipos y prejuicios, y la cosa es, ¿quién dice qué debe hacer o no un gay?. No existe una “vida heterosexual” o una “vida gay”. Quizá algunos se refieran a estar dentro o fuera de lo que llaman “ambiente gay”, pero volvemos a lo mismo: relacionarte con otros miembros de la comunidad no influye en ser más o menos gay.

Ir a antros ‘gais’
Este punto va relacionado a lo que mencionamos en el anterior, respecto al “ambiente gay”. Hay hombres ‘gais’ que evitan asistir a antros para la comunidad LGBT+ y está bien, las personas deciden dónde y cómo divertirse. Pero hay que dejar en claro que no ir a un antro gay e ir a uno buga no significa que eres mejor o superior a otros. Asimismo, si vas a un antro LGBT+, esto tampoco influye para nada en tu calidad como persona.

Jotear
Jotear 30 minutos al día es benéfico para la salud. Bueno, quién sabe, lo acabamos de inventar. Pero, a ver, por hacer esto no te va a pasar nada, no se te va a pintar la cara con los colores del arcoíris o mágicamente aparecerá un letrero sobre ti que diga “gay”, no. Muchas personas “jotean” por mera diversión y relajo, y está padre. Y si no lo haces, también. Lo que debes saber es que no está mal hacerlo y no debes juzgar a quien lo haga.

Usar maquillaje
En los últimos años, el maquillaje ha dejado atrás el género. En el siglo pasado se creía que solo las mujeres podían usar maquillaje y, si algún hombre lo hacía, inmediatamente era catalogado como “maricón”. Pero hoy las cosas cambiaron, muchos hombres se maquillan, incluso hay empresas que usan a chicos en sus campañas. Usar maquillaje no te hace más gay, y juzgar a los hombres que lo usan tampoco te hace menos gay.

Usar accesorios ‘femeninos’
La ropa y los accesorios no tienen género. Entonces siéntete en total libertad de usar y vestir como mejor te plazca. Recuerda que en el estilo hay total libertad para expresarse, por lo que si eres gay y tienes ganas de ponerte una falda o quieres usar unos lentes “de mujer”, hazlo. Que no te importe lo que digan los demás. Si alguna prenda te luce fabulosa, póntela. La ropa y los accesorios no te definen.

Ser un ‘macho varonil’
Lamentablemente en la cultura mexicana el estereotipo del macho sigue presente. Aunque ya ha ido desapareciendo este paradigma que mucho daño ha hecho, muchos ‘gais’ lo tomaron y lo llevaron a la comunidad LGBT+. “Soy hombre, actúo como hombre y me gustan los hombres que se comportan como hombres”, es una frase muy común entre este tipo de ‘gais’. La interrogante es: ¿cómo actúa un hombre? ¿Dónde dice cómo se hace esto? Con este estereotipo solo se reproduce la discriminación y se esparce odio.

martes, 18 de diciembre de 2018

#hemeroteca #transfobia | Mar Cambrollé: "El transexual ha sufrido un 'apartheid'. Con Vox no será peor"

Imagen: El Mundo / Mar Cambrollé
Mar Cambrollé: "El transexual ha sufrido un 'apartheid'. Con Vox no será peor".
Silvia Moreno | Papel, El Mundo, 2018-12-18
https://www.elmundo.es/papel/lideres/2018/12/18/5c16a60afc6c831d748b4653.html

Mar Cambrollé. Sevilla, 1957. Superviviente de mil y una batallas desde el franquismo, la presidenta de la Asociación de Transexuales de Andalucía está en las antípodas ideológicas de Vox, pero no teme el auge de la derecha populista.

P.- Fue en las listas de Adelante Andalucía en las elecciones andaluzas del 2-D en un puesto en el que no ha logrado escaño. ¿A qué se debe el mal resultado?
R.- A una falta de conexión con la gente que sufre el paro y no llega a fin de mes. El discurso de la izquierda no ha llegado a la gente.

P.- En cambio, el subidón de Vox ha sido espectacular. De cero a 12 escaños. Casi 400.000 andaluces los votaron.
R.- ¿Eso quiere decir que hay 400.000 andaluces de extrema derecha? No. Estas personas están hartas de miseria y precariedad y un discurso populista les ha llegado. El resultado electoral es bastante elocuente. Es un grito de ¡váyanse ya!

P.- El programa electoral de Vox incluye suprimir de la sanidad pública las intervenciones quirúrgicas "ajenas a la salud", entre las que citan las de reasignación de sexo a las que se someten los transexuales.
R.- No me preocupa para nada, porque los políticos, tanto de derechas como de izquierdas, prometen muchas cosas y no cumplen nada. Ni se van a cargar la Ley de Violencia de Género, ni las autonomías porque políticamente no tienen capacidad para hacerlo, y ni el PP ni Ciudadanos lo van a apoyar. Son gritos que lanzan a cierto electorado, lo mismo que cuando las izquierdas dicen "vamos a hacer" y no hacen. Todos se dedican a hacer su teatro.

P.- ¿Hay que temer a Vox?
R.- Las personas ‘trans’ hemos sufrido un ‘apartheid’ político, afectivo y laboral. Una generación entera ha vivido fuera del cariño del hogar, buscándose la vida con los únicos recursos que el sistema nos dejaba: la prostitución o el espectáculo. Ahora con Vox no será peor.

P.- Los casos de corrupción son escandalosos.
R.- Sí, pero aquí hemos llegado a normalizar el fraude. Se gastaron 20.000 euros en un puticlub con las tarjetas ‘black’ de la Junta de Andalucía, ¿no nos duele que un partido que dice que es feminista se gaste ese dinero público en prostitutas? Y ahora salen los jóvenes a manifestarse tras las elecciones contra el fascismo, ¿y aquello no fue motivo para salir a la calle?

P.- Su asociación ha visto de cerca cómo funcionan las redes clientelares del PSOE.
R.- En el movimiento LGTB [lesbianas, gais, transexuales y bisexuales], nos pusieron un coordinador a dedo. Gana al año más de 50.000 euros y funciona de comisario político para que los recursos de la Junta sólo lleguen a los suyos, a su red clientelar; y sean castigadas aquellas personas o entidades que no están todo el día aplaudiendo las políticas del gobierno socialista en Andalucía.

P.- ¿A ustedes les han recortado?
R.- Sí, nos rebajan las subvenciones a una cuarta parte, a pesar de que llevamos once años trabajando en Andalucía y fuimos impulsores de la ley más avanzada. Han dado las subvenciones a sus amigos. Y esto podría ser un fraude porque es dinero público, no del partido. Lo vamos a impugnar.

P.- ¿Hay mucho dinero para repartir?
R.- La Junta da 100.000 euros para toda Andalucía, y ¿sabes cuánto se gasta el Ayuntamiento de Sevilla en el carnaval del día del orgullo? Más de 150.000 euros. El PSOE no hace política, sino cosmética para quedar bien. Después de casi cuarenta años de gobierno en la Junta ha conseguido crear una tela de araña y que el movimiento social sea dócil, no crítico porque es gente de su propio partido. Muchas veces digo con sorna y sarcasmo: "tres maricones y un NIF, tres maricones y un NIF" porque cogen a tres gais del PSOE y su NIF y montan una asociación que luego les sirve para validar las políticas que hace la Junta, pero detrás de estas asociaciones no hay nada. Lo más tremendo es que no hay disidencia ni resistencia porque ya se han encargado ellos de dejar maniatado y dócil a todo un movimiento social, y no me refiero solo al colectivo LGTB, sino también a sindicatos, asociaciones de usuarios, la propia prensa, mucha de ella subvencionada.

P.- ¿El PSOE ha defendido los derechos del colectivo gay?
R.- ¿El PSOE ha creído más en los derechos más que otro partido? Yo creo que cogieron la calculadora y vieron que si un 14% de la población es gay, como mantienen los sexólogos, ellos dijeron "¿cuántos maricones me salen? ¡Seis millones!". Y pensaron, "vamos a hacer un guiño, que estos nos inclinan la balanza a nuestro favor". Pero ha sido pura cosmética.

P.- Los autobuses de Hazte Oír han recorrido las calles de muchas ciudades con el lema "Lo dice la biología: los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. No al adoctrinamiento de género".
R.- Las personas trans forman parte de la condición humana. No somos un experimento nuevo, ni un capricho, ni algo contemporáneo, ni una enfermedad, ni una opción. Cuando gobernaba el PP de Rajoy, muchos colectivos pedimos que retirase a Hazte Oír la condición de entidad pública porque fomentaba discriminación y el odio. Sin embargo, se ha cambiado de gobierno y ¿qué ha hecho Pedro Sánchez? Seguir con lo mismo que hacía Rajoy.

P.- Hace 20 o 30 años era aún peor.
R.- Las ‘trans’ somos las más maltratadas de la dictadura y las olvidadas de la democracia. Cuando se dice que el franquismo tuvo cerca de 5.000 homosexuales en las cárceles a nosotras nos anulan. ¡No me cuente milongas porque más del 80% de los encarcelados eran ‘trans’!

P.-¿Merecen la pena los más de 30 años que lleva de activismo?
R.- Sí, para mí ha sido muy gratificante porque puedo decir que, aunque aún queda mucho, parte de la utopía la he tocado con los dedos. Los chicos ahora no tienen que pagar el peaje que me tocó a mí, en forma de insultos y palizas de mi padre que no quería tener un niño maricón, como se decía en esa época.

P.- ¿Cómo se puede detectar si un niño es transexual?
R.- Me lo preguntan mucho las familias. Si un niño juega a las cocinitas no es una niña, ¡eh! O una niña que le guste un día jugar al fútbol tampoco es un niño. ¿Cuándo entonces? Si hay una actitud persistente y constante, que va acompañada de infelicidad. Aquí llegan las familias con niños que dicen: "mamá, no quiero vivir porque no soy una niña, soy un niño".

P.- Se queja de que el colectivo gay fue injusto con los transexuales.
R.- Mucho. Sufrimos una colonización y tutelaje de los gay. El patriarcado y el machismo lo dominan todo, también en los colectivos LGTB.

P.- Su infancia fue muy dura. Se crió en uno de los barrios más pobres de Sevilla y con 13 años dejó el colegio.
R.- Mi padre me dio dos palizas. Me pegaba porque era muy femenina. El colegio lo dejé pronto porque mi familia era muy pobre y con 14 años ya se podía trabajar. Empecé en una cafetería como aprendiz para fregar cacharros. Ganaba 1.200 pesetas al mes.

P.- Muchos transexuales se ven abocados a la prostitución, usted misma la ejerció en Madrid, Barcelona y Milán.
R.- Estuve 14 años vendiendo artesanía en Sevilla y quería montar una tienda, pero no tenía dinero suficiente. Decidí irme para ejercer unos meses la prostitución. Fue un dinero rápido, pero no fácil. Con lo que gané en Barcelona amueblé mi casa y con lo de Italia monté la tienda. Gané tres millones y medio de pesetas en un mes y medio en Italia. Te podías enganchar al dinero fácil, pero yo regresé cuando conseguí lo que quería.

P.-¿Hay que legalizar la prostitución?
R.- Aquí hay un falserío. Diría que le pregunten a los que han ido al puticlub don Angelo [donde se usaron las tarjetas ‘black’ de la Junta]. Es mi opinión, no de la organización, pero creo que más que abolición o regulación es si queremos que la prostitución sea clandestina o haya derechos para quienes la ejercen. Y creo que tienen que tener derechos porque es fácil decir abolición de la prostitución desde el feminismo de moqueta y de bolso de Louis Vuitton que practican algunas. Ese feminismo parece una santa cruzada, como una nueva Inquisición.

jueves, 28 de junio de 2018

#hemeroteca #lgtbi #orgullo | El homopatriarcado y el capitalismo han matado al Orgullo LGTB+

Imagen: PlayGround
El homopatriarcado y el capitalismo han matado al Orgullo LGTB+.
El Orgullo LGTB+ ha permutado en un Orgullo Gay donde manda un homopatriarcado. El capitalismo ha hecho del Pride el producto estrella de un público exponencial: hombres gais blancos de clase media alta con la cartera llena de billetes.
Rubén Serrano | PlayGround, 2018-06-28
https://www.playgroundmag.net/lit/el-homopatriarcado-y-el-capitalismo-han-matado-al-orgullo-lgtb_30004615.html

En junio de 1977 tuvo lugar la primera marcha del Orgullo LGTB+ en España. Fue en Barcelona, donde 4.000 personas recorrieron Las Ramblas para exigir que la Ley franquista de Peligrosidad Social no incluyera a los homosexuales. Aparte de gais, lesbianas, familias, activistas y militantes políticos, la marcha la encabezaron personas trans, que fueron las primeras que se enfrentaron a la policía cuando empezaron a dispersarla. 41 años después, la imagen del Orgullo de Barcelona tendrá unos protagonistas muy diferentes.

Las fotografías que circularán este año serán, siguiendo la tónica habitual, las de hombres gais musculados bailando encima de carrozas. Ellos se han convertido en la cara más visible del Orgullo porque, aunque las siglas LGTB+ queden muy bien juntas y den sensación de hermanamiento, hay una que queda siempre más representada que las otras.

Mujeres lesbianas, bisexuales, personas trans y otras identidades de género y orientaciones sexuales están totalmente eclipsadas por el varón homosexual. El Orgullo LGTB+ ha permutado en un Orgullo Gay donde manda un homopatriarcado calcado a la heteronorma. Consecuentemente, el Orgullo se ha convertido en el producto estrella de un público cada vez más exponencial: hombres gais blancos de clase media alta. Muchos eventos están pensados por y para ellos. En nuestro país sólo hay que pensar en destinos como Sitges, Madrid o Barcelona, cuya población masculina se dispara durante la semana del Pride.

No es de extrañar que la manifestación del Orgullo haya mutado en una cabalgata de marcas luciendo banderas arcoíris para intentar sacar tajada. Los grandes nombres del sector textil y de la informática solo se acuerdan del colectivo durante unos días al año. Muchas de estas firmas que hoy ondean los seis colores tienen fábricas en China, Bangladesh, Pakistán o Marruecos donde los derechos LGTB+ son prácticamente inexistentes, además de patrocinar eventos deportivos mundiales en países donde ser gay te puede costar una paliza y hasta la vida. Pura hipocresía. Se han apropiado de una lucha que no es suya para hacer comercio rosa y lucrarse a nuestra cosa. Y lo peor es que nosotros les estamos dejando.

Que las grandes empresas apoyen al movimiento es una gran noticia, sin embargo, podrían mostrar una implicación real antes de colgarse la medalla. ¿Cuántas de ellas dan a alguna organización o causa LGTB+ al menos una parte de lo que recaudan con sus productos hechos para el Orgullo? ¿Cuántos de sus empleados pueden expresar su orientación sexual o identidad de género con tranquilidad sin tener miedo a ser rechazados? ¿Fomentan espacios inclusivos o es solo un lavado de imagen?

Hemos pasado de ser los marginados del sistema a ser una de las joyas de su corona. El Orgullo LGTB+ nació en Stonewall en 1969 fruto de una protesta ciudadana, liderada por mujeres trans afroamericanas y latinas que decidieron enfrentarse a la represión policial tras soportar años de redadas y porrazos. Si hoy Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera vieran una lucha despolitizada y sumida en el capital, como mínimo, se llevarían las manos a la cabeza. A veces parece que como colectivo hemos olvidado toda nuestra historia o que quizá nunca llegamos a aprender nada.

La fiesta se ha apoderado del Orgullo para celebrar avances y logros legales como el matrimonio homosexual. No obstante, también es ella la causante de que parte del colectivo se haya acomodado. Algunos creen que sus derechos ya han sido lo suficientemente reconocidos y han dejado tiradas en el suelo las necesidades del resto de compañeros.

El colectivo trans es el más vulnerable ahora mismo. Si bien la OMS acaba de eliminar la transexualidad de su lista de enfermedades mentales, todavía hace falta mucha legislación que garantice la igualdad y la protección de las personas trans. Del mismo modo, aunque avancemos en materia legal, la gran asignatura pendiente es conseguir una aceptación real entre la sociedad que impida de una vez los asesinatos de personas trans, los suicidios de menores LGTB+, las palizas por ir cogido de la mano con tu pareja y otros crímenes de odio.

Dentro de la burbuja que supone vivir en España y en Europa, hablamos como colectivo LGTB+ privilegiado. Si ponemos nuestros ojos en Oriente Medio, África o Asia descubriremos que nuestros hermanas y hermanas no corren la misma suerte y ni pueden adoptar, ni casarse o ni siquiera estar protegidos por ley en sus puestos de trabajo. Aparte de bailar, tenemos que salir a la calle para gritar por todos aquellos que no pueden hacerlo: en 72 países del mundo ser homosexual es ilegal y en otros 8 supone la pena de muerte.

Todo esto no implica que no tengamos que celebrar con confeti y música pop todo lo que hemos alcanzado, pero supone que no se nos puede olvidar todo lo que aún nos falta por conseguir. Tenemos que ser solidarios entre nosotros y volver a ser una comunidad. No podemos ser complacientes, subirnos semidesnudos una vez al año encima de una carroza y creer que con eso ya estará todo hecho. El Orgullo tiene que volver a ser político, inclusivo y atento a nuestra diferencia. Todo esto depende única y exclusivamente de nosotros. Si bajamos el puño para levantar un ‘gin tonic’, estamos poniendo en pausa nuestras propias victorias.

lunes, 7 de mayo de 2018

#hemeroteca #misoginia | Por qué los hombres homosexuales también pueden ser machistas y misóginos

Imagen: Código Nuevo
Por qué los hombres homosexuales también pueden ser machistas y misóginos.
"Mírala que fea", "que gorda" o "que mal vestida va", son algunos de los comentarios misóginos que han hecho algunos hombres homosexuales.
Alba Losada | Código Nuevo, 2018-05-07
https://www.codigonuevo.com/sociedad/hombres-homosexuales-machistas-misoginos

Mostrar asco hacia los coños, tocar a una mujer sin su consentimiento, recibir a otra con comentarios como “¡vaya tetas!” o querer que se vaya de un bar de ambiente, son algunas de las actitudes misóginas y machistas que, todavía hoy, protagonizan algunos hombres homosexuales. Es cierto que son conductas que pueden darse entre hombres de todas las orientaciones sexuales, pero choca más cuando se produce por parte de quienes presuntamente deberían sentir más empatía hacia las mujeres porque saben en carne propia lo que es ser discriminado. Sin embargo, en algunos casos la cosa está muy lejos de ser así, por lo que hemos querido saber a qué se debe su machismo y misoginia y cómo se materializa.

Rechazo al cuerpo de la mujer
A lo largo de los años, Stephen Lyne, un asturiano de padres británicos y 23 años de edad, se ha cansado de escuchar a hombres homosexuales denigrando gratuitamente a mujeres por su físico. “En muchas ocasiones he llegado a escuchar: 'mírala que fea', 'que gorda' o 'que mal vestida va'. Es como si fueran esas páginas de la Cuore en las que se criticaban las arrugas o michelines de las famosas’”, explica Stephen al hablar de un desprecio al cuerpo femenino que, en ocasiones, también llegan a materializarse ante las narices de la mujer aludida. Un ejemplo es el comentario que escuchó años atrás: "cuando le presenté una amiga a mi ex, que iba borracho, no se le ocurrió nada mejor que decirle: '¡Hostia, qué tetas más grandes tienes!'". Incluso el propio Stephen tampoco pudo evitar decir “hostia”, aunque fue para, acto seguido, decir a su amiga: “lo siento, lo siento”.

El comportamiento del que habla este joven se debe a que, como apunta el valenciano Rubén Serrano, de 25 años: “no hay que olvidar que los hombres gais nos hemos criado en el patriarcado con nuestras madres cocinando, nuestras abuelas cuidándonos y los hombres trabajando. Nos hemos intoxicado de todo eso”. Una teoría con la que, además, coincide el secretario de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales, Bisexuales (FELGTB), Loren González. "La comunidad gay no está exenta del sistema patriarcal, que ha atacado a la mujer por todos los flancos: vestimenta, comportamiento y cuerpo", admite para, al mismo tiempo, recalcar que también ha influido que inicialmente el colectivo LGTBI solo estaba conformado por hombres. Con la llegada de lesbianas y transexuales tuvo que empezar a reformarse, pero aún falta camino por recorrer.

Pero no todo queda en el patriarcado ni en los orígenes de la comunidad LGTBI. También hay actitudes misóginas que radican en que el cuerpo femenino está demasiado lejos de su realidad y, por tanto, de su sexo. "El sexo femenino es algo muy ajeno y desconocido para ellos. Eso hace que algunos lo rechacen y sientan asco. De ahí que digan que los coños son asquerosos", cuenta la sexóloga Nuria Jorbà al hablar de un repudio al que refuerza Loren reconociendo que "dentro de la comunidad gay hay mucho falocentrismo". Prueba de ello es que uno de los puntos de reclamo más comunes en apps como Grindr es el tamaño del pene, y eso, inevitablemente, “hace que aún haya más rechazo al cuerpo con vulva" y que las distancias entre hombres y mujeres se acrecenten.

Rechazo a la mujer
Del mismo modo que Loren ha visto como en encuentros de la comunidad LGTBI más de una mujer ha sido ignorada y los hombres aplaudidos, ha presenciado como la discriminación también tiene cabida en clubes de ambiente: "Cuando entra una mujer es normal que se escuche: 'xoxo caca', '¿qué hace una mujer aquí?', 'nos están invadiendo...'". Lamentablemente, Rubén también ha presenciado esta aversión de la mano de amigos que han entrado incómodos en la discoteca diciendo: “esto está muy lleno de tías" o "hay muchos xoxos". En otras ocasiones, ha habido otros que se han atrevido a decirle que la lucha de las mujeres no es su lucha, como si no supieran o no quisieran saber que, en realidad, su presencia en los entornos LGTBI les ha ayudado a salir de la sombra.

“Lo que dicen es mentira. Si tú tienes los derechos y libertades que tienes ahora, como poder darte la mano por la calle, es en parte porque mujeres lesbianas, no lesbianas y transexuales, se unieron a la lucha del colectivo LGTBI. Solo tenemos que remitirnos a las protestas de Stonewall”, cuenta Rubén al recordar una lucha contra la discriminación que, según Jorbá, es otro de los orígenes de la misoginia y el machismo que protagonizan algunos hombres homosexuales. "Muchos tienen el pensamiento de que lo que han sufrido las mujeres no es nada en comparación con lo que han pasado ellos, y eso les hace menospreciarlas. Es como el maltratado que acaba maltratando por rabia, venganza”, explica la sexóloga sobre una actitud que no hace más que enemistar a dos colectivos que han sido víctimas de la desigualdad.

Tocar sin consentimiento
Hay homosexuales que se creen con derecho de tocar a las mujeres cuando quieren y como quieren porque no sienten atracción hacia ellas. Stephen ha sido testigo de ello en situaciones en las que chicos que prácticamente no conocían a chicas se tomaban la libertad de tocarlas “sin que nadie les hubiese dado permiso”. Algo que, según Jorbà se debe ser "misógino, al querer ridiculizar o sentirse superior demostrándole que puede hacerle lo que quiera". O, lo que es lo mismo, a enseñarle que puede tener el control sobre su cuerpo.

Estas situaciones que, al no ser consentidas solo generan incomodidad a la mujer que es tocada, se pueden erradicar con un cambio de mentalidad, según Stephen. "Una posible solución sería que la gente entienda que la intención nunca justifica la acción. Hay gente que piensa: ‘si le toco no pasa nada porque no me gusta', pero seguramente ella se siente incómoda". Porque nadie se basa en si al otro le gustan los penes o los coños para dejarse tocar, sino en que le atraiga la otra persona.

Para Loren cualquier tipo de discriminación es una “vergüenza” y la que ejercen algunos hombres homosexuales hacia las mujeres es una forma de buscar las diferencias, atacar y así seguir con los privilegios que “nos hemos dado a nosotros mismos”. Una realidad que a pesar de que le enerva, no le arrebata la esperanza. “Creo que ahora vamos a mejor. El feminismo está inundando ciertos sectores y ha calado también en gais tradicionales”, cuenta al recalcar que el feminismo es la mejor arma. La misma que para Rubén es la única que puede acabar con el machismo y la misoginia entre los hombres. "Que las mujeres sigan saliendo a las calles, reivindicándose, que acaben con el patriarcado e inicien un sistema social igualitario. Y eso nos concierne tanto a hombres homosexuales como heterosexuales. Tiene que ser a todos los hombres".

jueves, 1 de febrero de 2018

#hemeroteca #binarismo | Akai Baena: “El sistema binario de género está en crisis”.

Imagen: El Salto / Akai Baena
Akai Baena: “El sistema binario de género está en crisis”. Comunicadora audiovisual y Máster en Estudios Feministas por la Complutense, Baena defiende que el feminismo se adapte a nuevos modelos e identidades para destruir la subyugación de lo femenino frente a lo masculino.
Alfonso Torres | El Salto, 2018-02-01
https://www.elsaltodiario.com/genero/akai-baena-sistema-binario-genero-crisis-transexualidad-feminismo

La andaluza Akai Baena participaba en diciembre en el debate ‘La realidad invisible: sexualidad y género’, organizado por la Diputación de Córdoba y la asociación Todes Transformando. Comunicadora audiovisual y Máster en Estudios Feministas por la Complutense, Baena defiende que el feminismo se adapte a nuevos modelos e identidades para destruir la subyugación de lo femenino frente a lo masculino.

- ¿Qué son los géneros no binarios?
- Los géneros no binarios son categorías de identificación que van más allá del sistema binario hombre/mujer. Esto significa que han existido y existen individuos que se han identificado con otras categorías. Cuando oímos esto por primera vez nos puede resultar extraño a priori. En el caso de las sociedades europeas y descendientes de estas, apenas ha habido referentes de género más allá de hombre o mujer. No porque no hayan existido, sino porque nuestros referentes han sido acallados por la tradición. Las personas que se identifican en el espectro no binario se podrían polarizar en dos ramas: las personas que no se identifican con ningún género y aquellas que se sienten una mezcolanza entre hombre y mujer. Teniendo en cuenta que estos relatos sobre la identidad son muy recientes, no se han podido estudiar en profundidad, pero podemos avanzar que las personas de género no binario son el resultado de la incomodidad que produce la estrechez de unos géneros tradicionales basados en estereotipos e imposiciones hechas por un supuesto carácter innato.

- ¿Dentro del colectivo trans se ha abierto el melón de la ruptura de géneros? Una parte de la sociedad aún visualiza la transexualidad como una mera transición entre dos géneros definidos.
- Lo veo más como una adición. Es cierto que la posibilidad de identificarse como no binarias ha hecho que algunas personas que se habían identificado como hombre trans o mujer trans repensaran su identidad y su forma de relatar su experiencia. Las personas de género no binario, al menos desde mi punto de vista, entran en el espectro trans porque presentan un profundo desacuerdo con el género que le asignaron al nacer y tienen la necesidad de comunicarlo y actuar al respecto.

El problema sobre la transición es que se intente computar cómo de binaria eres según las acciones que hayas llevado a cabo. Esto no solo acaba por entender a las personas no binarias como una “transición sin acabar”, sino que tampoco permite a mujeres y hombres trans que se identifican con la etiqueta binaria configurar su transición respecto a sus necesidades y posibilidades. Es decir, puede llevar a pensar que una mujer que no tiene intención de operarse los genitales se siente y es “menos mujer” por ese motivo. Realizar ciertas acciones y decisiones sobre el cuerpo o el modo de vida depende de muchos factores: de experiencias concretas, educación, estereotipos de género, capacidad económica...

- ¿Debe caminar el feminismo hacia la ruptura del binarismo de género?
- Creo que el feminismo ya camina hacia ello. Es cierto que ha habido una respuesta muy virulenta vestida de feminismo de la diferencia, que busca una identificación pura y estricta en el sistema binario para alcanzar esa utopía de un movimiento que funcione como universo por y para mujeres completamente separado del universo de los hombres.

Pero incluso en visiones tradicionales, que suelen ser excluyentes con las personas trans existe la huella de la crítica de Butler al sujeto “mujer” del feminismo. Muchas de las críticas en este sentido a las personas trans es que algunas feministas no están de acuerdo con la categoría “mujer” y lo que conlleva, pero no realizan transiciones por ello. Aunque sea una visión corta de miras nos sirve como prueba de que el sistema binario de género está en crisis.

- ¿Cómo se visualizan las personas trans en los medios de masas y la cultura de consumo?
- Es terrible, aunque hemos evolucionado desde la mujer trans como objeto de morbo sexual y personaje de entretenimiento para programas del corazón o reportajes sensacionalistas. Nos encontramos ahora muchos documentales, reportajes o ficción narrativa cuyos protagonistas son personajes trans que son puro “trauma porn”. Se centran en la transición de las personas trans como culmen de su vida y se regodean en todos los padecimientos que sufren las personas trans y todo su entorno por su condición, creando un drama lacrimógeno para las personas cisgénero “progresistas” que empatizan con la lucha trans, y con un terrible mensaje aleccionador para personas trans entre líneas: “Tu futuro es terrible”, “tu vida será un valle de lágrimas”, “la transición es un esfuerzo infructuoso”.

- ¿Existe gaypatriarcado en el colectivo LGTBI?
- Por supuesto. La cultura LGTBI gira en torno a la figura mercantilizada del hombre homosexual, y en los ámbitos del activismo es igual. Sólo hay que mirar el contenido de las jornadas con temática LGTBI y los negocios relacionados con el colectivo. La mitad de cualquier actividad es exclusiva de hombres homosexuales, peleando lesbianas, bisexuales y trans por un segundo o tercer puesto. Es entendible que aún escasee la representación de la I (intersexual) puesto que se acaba de incorporar, pero la desventaja del resto de las letras respecto a la G está causada por pura despreocupación y desprecio de las asociaciones principales, ocupadas en sacar rédito económico de la mercantilización del hombre gay, que en la conquista de derechos más allá del matrimonio homosexual.

martes, 18 de julio de 2017

#hemeroteca #gestacionsubrogada | “¡Cuidado, Gaychirulo!” El ‘movimiento LGTB’ ante el reto feminista

Imagen: Agora Alcorcón / Orgullo Crítico en Madrid
“¡Cuidado, Gaychirulo!” El ‘movimiento LGTB’ ante el reto feminista.
Ramón Martínez · Doctor en Filología. Activista LGTB | Tribuna Feminista, 2017-07-18
http://www.tribunafeminista.org/2017/07/cuidado-gaychirulo-el-movimiento-lgtb-ante-el-reto-feminista/

Más de dos semanas han pasado ya desde el 28 de junio y en la manifestación del Orgullo Crítico que se organiza en esa fecha me encontré una pancarta que llamó mi atención especialmente. Un joven de poco más de veinte años, alto, delgado, con gafas de buen lector, enarbolaba un cartón donde había escrito a mano “¡Cuidado, Gaychirulo!”. Acontecimientos recientes, como la negativa socialista a modificar la regulación en España de los vientres de alquiler -prohibida, por más que la postverdad insista- y el debate producido antes y después del congreso del PSOE, y el recentísimo error histórico de sus juventudes, que pretenden transformar la explotación reproductiva de las mujeres en un derecho de quienes la promueven vuelve a recordarme esa modesta y pequeña pancarta.

Desde hace unos años viene siendo costumbre habitual que en nuestro movimiento reivindicativo, que llamamos ‘LGTB’ a falta de otra denominación más certera, se emplee el concepto ‘heteropatriarcado’ para hablar, de manera específica, de cómo el sistema patriarcal se reconoce como exclusivamente heterosexual y trata de conculcar recurrentemente nuestros derechos. Y desde hace unas semanas algunas feministas han comenzado a evidenciar la ineficacia de ese concepto, pues es una obviedad, una redundancia, llamar hetero- al patriarcado que no puede ser otra cosa. Pero en este punto de nuestro devenir me pregunto, y me preguntan ya en no pocas ocasiones, si no sería preciso comenzar a emplear sin trabas dicho concepto de ‘heteropatriarcado’ cuando parece evidente que empieza a conformarse de forma bastante reconocible un patriarcado rearticulado en torno a unos supuestos de, principalmente, los varones gais. Es necesario plantearse si frente a ese heteropatriarcado es posible distinguir ya un homopatriarcado que sabe sostenerse sobre la irreflexividad de algunos varones que, a pesar de no ser heterosexuales, pueden -y así lo hacen- seguir perpetuando en su modo de reivindicar, en su modo de desear y convertir esos deseos en supuestos derechos, los patrones más arcaicos de una cultura que subyuga a las mujeres a la voluntad de los varones. No es necesario indicar a estas alturas del debate que el ejemplo más palmario de esta práctica es la pretendida demanda social de ese cambio en la regulación del vientre de alquiler, para convertirlo de un contrato nulo de pleno derecho en un pleno derecho de quienes quieren contratar.

Durante mucho tiempo una pequeña parte del movimiento que llamamos ‘LGTB’ ha ido avanzando en torno a esta reivindicación, sabiamente convencido por quienes más intereses guardan ante este gran negocio de que este era, fundamentalmente, un derecho fundamental de los gais. Si una pareja heterosexual, se decía, del mismo modo que una pareja de mujeres, pueden acceder a la descendencia biológica, no permitir esto mismo para una pareja de varones es una discriminación. No creo preciso dedicar espacio a desmontar la falacia de la afirmación, que constata fundamentalmente una interpretación bastante peregrina de qué significa lo biológico tanto en la literalidad como en cuanto a los patrones culturales que en torno a ello se articulan; pero sí me parece necesario dirigir el foco de nuestra atención a que, en tanto esta demanda minoritaria y carente de una fundamentación teórica bien formulada avanzada, se han ido olvidando, de manera bastante interesada a mi entender, reivindicaciones de otras formas de filiación por las que tanto luchó nuestro movimiento. La adopción y la acogida, derechos de la infancia en los que una vez fuimos referentes, han ido quedando relegados al olvido en buena parte por la nula atención que se les ha prestado desde el poder público en los últimos años. Y hay quien ha llegado a argumentar, incluso, que no son estos procedimientos tan adecuados para ejercer la crianza de un menor como la reproducción biológica tradicional con una mujer más o menos voluntaria puesta en medio. “Esos no son nuestros hijos”, parecen decir. “Esos son una labor social”, dijeron.

Mientras tanto, una gran parte de nuestro movimiento ‘LGTB’ ha permanecido en silencio. A pesar de oponerse de forma radical a la práctica de la explotación reproductiva, del vientre de alquiler o, en la neolingua de la postmodernidad liberal, ‘la gestación subrogada’, una parte importante de nuestras filas no ha querido manifestarse. La afirmación única de que este no es un tema específicamente LGTB ha servido para seguir aplazando un debate que se pensaba perdido, que se temía por las consecuencias que pudiera tener en cuanto a las relaciones con el movimiento feminista. Y, si bien ha servido para no ocasionar varios cismas en diferentes puntos de nuestra solidaridad interna y externa, es preciso señalar que ha permitido que el otro discurso siguiera calando ante el silencio de nuestros líderes, y llegara a pensarse que esta cuestión de los vientres son centrales en la agenda ‘LGTB’, a falta, claro está, de una reformulación de nuestra agenda tras la consecución del Matrimonio Igualitario.

Llegados a este punto, creo necesario romper el silencio, por fin, y manifestarnos. Son muchas, demasiadas, las personas involucradas en nuestro movimiento reivindicativo que evitan a toda costa posicionarse sobre la cuestión, manteniendo esa argumentación de que no es este un tema ‘LGTB’ y, ante todo, aterrorizadas por desacreditarse públicamente si expresan su opinión, apreciando entre nuestras filas individuos ya tan convencidos de que su individualidad permite convertir cualquier deseo en un derecho fundamental. Pero es urgente ya cambiar el paso, renovar nuestra estrategia, y no ceder ante la ofensiva de un naciente patriarcado entre nosotros mismos que lucha, quizá sin ser del todo consciente, por acabar con los derechos de las mujeres.

Si durante tanto tiempo hemos defendido que el vientre de alquiler no supone una cuestión ‘LGTB’, hemos de reunir ahora la valentía para afirmar que sí, que la explotación reproductiva de las mujeres es y debe ser una cuestión fundamental de nuestro discurso en defensa de los derechos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales, y que nuestras ideas de reivindicación no nos permiten otra cosa que oponernos de manera radical, claramente y sin fisuras, ante tamaño ataque contra la dignidad de nuestras compañeras de batallas. El vientre de alquiler es un problema ‘LGTB’, y es preciso posicionarse en contra.

Y, como es tristemente posible que aún sea pertinente demostrar la vinculación entre los derechos de las mujeres y los de aquellas personas que no somos heterosexuales, creo necesario argumentar esta afirmación, para la que quizá haga falta, incluso, una redefinición de cuáles son los puntales sobre los que se asienta el discurso reivindicativo del movimiento ‘LGTB’. Hoy solemos pensar, tras tantos años sumidos en la política de las identidades, que nuestra tarea es la defensa de los derechos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales. Pero estas identidades tan nuestras suponen ya, según entiendo, más un obstáculo para seguir avanzando que una buena estrategia de reivindicación. No, nuestro movimiento no trata sobre las peticiones de cuatro letras fosilizadas. El movimiento que llamamos ‘LGTB’ busca erradicar la homofobia, la transfobia y la bifobia y, ante todo, persigue un objetivo que compartimos con el movimiento feminista. Si Simone de Beauvoir dio un paso clave en la vindicación feminista cuando afirmó que pretendía que el hecho biológico no supusiera un destino concreto para la mitad de la población mundial, nosotras y nosotros hemos de volver a ser conscientes, como lo fuimos hace algunas décadas, de que nuestro trabajo fundamental consiste en que una forma de desear o de comportarnos no se convierta en un destino similar. Más allá de la homosexualidad, de las identidades de lesbianas, gais y bisexuales, está el deseo hacia personas de nuestro mismo sexo que ha sido perseguido durante siglos y que, por ser una expresión del placer que consideramos rotundamente lícita, debe ser liberada. Más allá de la transexualidad o el transgenerismo, de todas las identidades abarcables bajo el concepto trans, está la necesaria abolición de los géneros que nos subdividen en dos o más clases de personas, está la reivindicación de que cualquiera pueda expresarse libremente, sin tener por qué responder a estereotipos concebidos hace más de mil años.

El nuestro, movimiento ‘LGTB’ o como se pretenda llamar, habla fundamentalmente del derecho al propio cuerpo, al deseo propio y a la propia expresión. El movimiento feminista habla de lo mismo, exactamente, y es muy necesario recordar que no es hasta que el Feminismo avanza en sus reivindicaciones y consigue, entre otros, el derecho al aborto, y así se evidencia que la sexualidad tiene más fines que el meramente reproductivo; no es hasta entonces que nuestros deseos no reproductivos, por pura biología, no pueden ser realmente liberados.

Aunque hoy se pretenda argumentar la postura favorable a través de la vindicación de ese derecho de las mujeres a disponer de su cuerpo la falacia cae por su propio peso. Cuando las mujeres firman, más o menos voluntariamente, un contrato cainita a través del que se comprometen a entregar sin rechistar el fruto de su vientre a una tercera persona no están disponiendo libremente de su cuerpo, sino cediendo su autonomía sobre él a otra persona que podrá controlarlo, aprobarlo y demandarlo a placer, por mucho solidario altruismo con que se pretenda disfrazar lo que, en otra parte del planeta a la que nos vinculamos de manera irrenunciable, no es sino un negocio millonario de explotación.

​Suele argumentarse, como digo, que malo es aquel Feminismo que defiende el derecho al aborto pero no el derecho a objetualizarse como máquina reproductora. Y casi parece que la sumisión a esta reproducción subrogada no es otra cosa que el precio que se exige pagar a las mujeres por haber tenido la osadía de defender la propiedad de sus propios cuerpos.

Llegado este momento, quienes trabajamos para que nuestros deseos y expresiones sean libres, quienes perseguimos también la autonomía de nuestros cuerpos, debemos manifestar sin lugar a duda nuestro apoyo a los derechos de las mujeres en su reivindicación. Porque si las mujeres pierden la autonomía sobre sus cuerpos ‘por decisión propia’, podremos ser los siguientes en ser obligados a renunciar a nuestra corporalidad. Porque si un contrato puede impedir a una mujer ejercer el derecho al aborto, podrá aparecer un futuro contrato laboral que nos obligue a renunciar ‘voluntariamente’ al derecho al matrimonio, a esconder nuestras plumas, a volver a comportarnos como se nos dijo que debíamos hacer en el momento de nuestro nacimiento. Porque Feminismo y movimiento ‘LGTB’ son, en realidad, un mismo movimiento social. El más antiguo, y el más liberador, que ha conocido nuestra civilización. No es viable un movimiento ‘LGTB’ que sostenga un homopatriarcado. No es sostenible una actitud machista por parte de un varón que desea a otros varones. El vientre de alquiler es un problema ‘LGTB’, porque pone en riesgo los derechos que ya hemos conseguido ver reconocidos. Hoy es una responsabilidad activista posicionarnos sin fisuras en contra de la explotación reproductiva de las mujeres. Los próximos podemos ser nosotros.

lunes, 12 de junio de 2017

#hemeroteca #moda #homopatriarcado | La gaycracia en la moda

Imagen: El Mundo / Pedro Almodóvar en la campaña de Prada
La gaycracia en la moda.
Beatriz Miranda · Sin noticias de Dior | El Mundo, 2017-06-12
http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/sinnoticiasdedior/2017/06/12/la-gaycracia-en-la-moda.html

Espero no ofender a nadie con este texto, y deseo que no sólo me entiendan quienes me saben leer y conocen el tono de mis artículos. El post de hoy es reflexivo y está relacionado con mi interés creciente por el postfeminismo. Después de haber ido a tantos actos relacionados con la moda, fiestas, exposiciones y desfiles varios, y haber escrito tanto sobre el quién es quién en la industria, creo que es hora de hablar sobre la gaycracia en la moda, fenómeno también llamado gaypatriarcado.

No quiero que mis palabras se interpreten como un radicalismo o una vuelta de tuerca excesiva, tampoco como una ida de olla, porque es un hecho objetivo: ¿Cuántos varones muestran sus colecciones en Cibeles, por poner un ejemplo? ¿Cuántos de ellos son heterosexuales, aparte de los diseñadores gallegos que conocemos todos? ¿Se os ocurre algún nombre aparte de Adolfo Domínguez, Roberto Verino...? Sé que la orientación sexual de alguien no es algo relevante en nada, pero me llama la atención que abunden en el sector.

Aun consciente de que quizás no se sepa entender esta cuestión que me interesa, hago la pregunta en voz alta. No se trata de una denuncia de una situación, pues no me incomoda en absoluto, sólo me llama la atención desde hace tiempo esta realidad a la que nunca he encontrado explicación convincente. Los datos están ahí, aunque ninguna estadística. ¿Por qué hay tantos varones gais vinculados al mundo de la moda en los puestos de poder? ¿Por qué suena mejor la palabra modisto que modista?

Son siempre varones los mejores (mejor dicho, más alabados) diseñadores, maquilladores, peluqueros, comisarios de exposiciones, directores de agencias de comunicación de moda, conferenciantes y críticos de moda, salvo excepciones [Este fenómeno se repite en otros segmentos como la prensa del corazón]. ¿Se trata esto también de una discriminación femenina que afecta a la parte creativa de la profesión? En efecto, hay mujeres en la moda en todos los apartados mencionados antes, pero son las menos y tienen menos poder. Son mayoría y tienen más responsabilidad cuando desempeñan una labor editorial en la prensa femenina como periodistas o estilistas. Es decir, dando voz e importancia a los protagonistas, que son, reitero, en mayoría, varones y homosexuales, por este orden.

¿Es cierto que los hombres nos visten y comprenden mejor? ¿Y que las mujeres sólo diseñamos ropa que nos pondríamos nosotras mismas? ¿La competencia entre nosotras y el supuesto viborismo es real o lo fomenta la sociedad heteropatriarcal? ¿Es ésta una manifestación homopatriarcal?

Tengo una amiga lesbiana editora de una revista que siempre se queja de esta situación -lo de que es lesbiana es anecdótico porque no milita en ningún colectivo- y su pretensión es trabajar y tener las mismas oportunidades que el resto de personas independientemente de su género y orientación sexual. ¿Sufren las lesbianas doble marginación entonces? Bueno, este es otro tema. Pero también un hecho objetivo, porque no están tan integradas ni aceptadas en la sociedad como los gais. Hagan la cuenta y piensen en cuántos gais reconocidos trabajan en la tele de cara al público y cuántas lesbianas no vinculadas a algún colectivo. ¿Es esto otra forma de machismo?

En fin... Todo apunta que, a la vista de los acontecimientos, el lobby gay en la moda, también llamado marica entre los propios gais (no es una ofensa esto, por favor) es una realidad. Me niego a etiquetar a los varones gais por su supuesta mayor sensibilidad en estos asuntos, porque me parece un topicazo y a mí, si fuera gay y varón, no me gustaría nada que me redujeran a eso o que sólo me representara una cabalgata del Gay Pride. En efecto, en cifras me salen muchos más diseñadores gais que heteros. Los homosexuales suelen dedicarse a profesiones liberales como ésta y sería interesante que fuera objeto de estudio... no discriminatorio, por supuesto. Sino científico o estadístico. Para mí tiene interés.

Siempre he pensado que donde hay homofobia hay machismo: porque si vamos más allá, detrás de todo esto está la sociedad heteropatriarcal y no gaypatriarcal: quienes de verdad mueven los hilos, quienen tienen la pasta en el mundo de la moda son varones heterosexuales. los Arnault (LVMH) y los Pinault, por ejemplo. La jequesa de Qatar, como propietaria de Valentino, Tiffany y otras etiquetas, es a la industria como empresaria lo que antaño Coco Chanel o Elsa Shiaparelli al diseño de moda: una rara avis.

Esta situación está empezando a cambiar de verdad gracias a Miuccia Prada (que ha fichado a Almodóvar en su última campaña), a María Grazia Chiuri para Dior, a Claire Waigh Keller para GIvenchy, a Laura Kim para Oscar de la Renta y Carolina Herrera, a Bouchra Jarrar para Lanvin, a Natacha Ramsay-Levi para Chloé, a Vivienne Westwood y a Stella McCartney.

Aún queda camino por andar, chicas.

lunes, 6 de febrero de 2017

#hemeroteca #homopatriarcado | Esos gais a los que no les gustan los “maricas”

Imagen: 20 Minutos
Esos gais a los que no les gustan los “maricas”.
Andrea Puggelli · Activista italiano LGBTQI | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2017-02-06
http://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2017/02/06/esos-gais-a-los-que-no-les-gustan-los-maricas/

Duro”, “Extra” o “MXM”… estos son los nombres de algunas fiestas gay. Nombres que nos recuerdan el poder simbólico del hombre, del macho como una dimensión superior mas infalible que la mujer, a la hembra.

Todo lo que es femenino es considerado a menudo como un subordinado y eso hay quienes lo trasladan también a la comunidad gay haciendo de lo femenino algo problemático. Por ejemplo, cuando surge la controversia cada año en el Orgullo (o en otras fechas importantes para el colectivo LGTB) sobre si los gais no debería llevar pelucas, máscaras, maquillaje sino que deberían ir con traje y corbata. Otro ejemplo está en las apps para gais donde cada vez hay más perfiles que dicen “solo hombres masculinos, no afeminados” como si hubiera algo mal en ser afeminados.

Son tiempos difíciles para las maricas (utilizo esto termino como reivindicación política) que en el pasado fueron símbolo de la lucha contra la sociedad machista y heterosexista y que, ahora, se reducen a ser la comparsa en una comunidad, que al menos en muchos países, parece haber interiorizado bien las reglas simbólicas del patriarcado. Esa ‘comunidad gay’, lugar donde se criticaba el patriarcado y el machismo a pesar de ser muchas veces objeto de burlas, hoy en día cada vez da menos espacio a la curiosidad sobre las identidades, la provocación y la rebelión de los cuerpos contra definiciones impuestas por la sociedad heterosexista que si sigue aceptándonos es solo como excepciones. Como si en nuestra comunidad no hubiera lugar para aquellos que cuestionan la masculinidad con sus cuerpos y sus vidas, para quienes afirman su sexualidad como un espacio infinito de posibilidades e incluso rebelión.

En muchas ciudades extranjeras las ‘identidades queer’ son una realidad en el tejido urbano de la ciudad y no viven en la sombra. Esa es una rebelión que comienza a partir de los cuerpos, en la vida cotidiana y que significa (según Beatriz Preciado, autora del ‘Manifiesto contrasexual’) un “momento de ruptura contra la normalización y las reglas exclusivas de todas las identidades sexuales y también una forma de sentar la nuestra individualidad por encima de la lógica de una sociedad basada en la heterosexualidad y en el dominio masculino”.

Pero, ¿qué hay de malo en ser maricas? ¿Por qué tenemos un sentimiento de culpa hacia la sociedad heteronormativa?

No necesitamos permiso de nadie, debemos ser aceptados, cada uno como es. El problema es que hoy en el movimiento gay hablan solo los “machos” mientras que todo lo demás está marginado. También se podría decir lo mismo sobre las identidades trans: estas no tienen espacio en ningún lugar ya que cuestionan las reglas de una sociedad heterosexista. Hay poco espacio para una crítica al heterosexismo y esto conlleva el riesgo de un resurgimiento de la misoginia y el sexismo así como nuevos conservadurismos entre la población LGTB. Esto hace que lesbianas, gays, bisexuales y transexuales sigan un camino ya trazado por los demás, en lugar de reclamar su trayectoria autónoma.

R.W Connell, la principal estudiosa de las masculinidades (una rama de los estudios de género dedicado a los hombres) explica cómo el macho se construye, en el nivel material y también simbólico, de acuerdo con el sistema de poder patriarcal, para mantener esencialmente el poder de los hombres y sus privilegios.

Las identidades LGBTQI surgen como una declaración de guerra contra la sociedad de los hombres a partir de los deseos de control, de la represión y de la libertad. Representan a una nueva forma de amar basado en la reciprocidad, la igualdad y el respeto. El amor LGTB, de hecho, rompe las normas del patriarcado y afirman la absoluta igualdad de las partes. Es por eso que, desde el principio, el movimiento LGTB ha encontrado como grandes aliadas las feministas, que también participan en el debilitamiento de las reglas de una sociedad hecha por los hombres para los hombres.

Hoy el movimiento gay no es capaz de expresar cualquier crítica al poder patriarcal. Esto lo he visto personalmente en la controversia sobre las uniones civiles en Italia con parte de las asociaciones LGTB que trabajaban para buscar la imposición de la fidelidad conyugal, antigua reliquia del matrimonio heterosexual en lugar de reclamar la diferencia de nuestras relaciones donde la lealtad es una opción y no una obligación impuesta por el otro. También se crearon tensiones con los movimientos de lesbianas y feministas sobre los derechos reproductivos y el cuerpo de la mujer.

No es que haya nada malo en los hombres: el problema es cuando el hombre/macho no se deconstruye y cuando no se desafían las reglas del sistema de poder. O cuando se utiliza la división binaria de géneros para replicar jerarquías masculino-femenino dentro de la comunidad gay.

En su momento eran los hombres heterosexuales los que se burlaban de la ecuación homosexualidad-afeminamiento, hoy en día son cada vez más los varones homosexuales los condenan al ostracismo y ridiculizan lo femenino que vive en nosotros. Y en algunos casos, incluso las mujeres. Es por eso que es esencial analizar el machismo y el sexismo que vive dentro de la nuestra comunidad. En este sentido, la temporada post-derechos podría representar un regreso a una dimensión crítica a los movimientos LGBTQI porque es obvio que las injusticias no terminan con el reconocimiento de las uniones entre personas del mismo sexo. Después de la igualdad todavía hay mucho que luchar por la libertad de nuestros cuerpos y nuestras identidades.

Existe ante nosotros un espacio para reclamar una nueva era de la lucha civil: ser LGTB no es sólo una categoría descriptiva de amor, también significa cuestionar el sistema de poder masculino, la LGTBfobia y la discriminación estructural que nos rodea.