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miércoles, 20 de noviembre de 2024

#llibres #lgtbi #memoria | Hiperrevolucionaris i supergais : una historia de La Pluma i la C.C.A.G

Hiperrevolucionaris i supergais : una historia de La Pluma i la C.C.A.G. / João França, Adrià Rodríguez Castelló.

Barcelona : Ajuntament de Barcelona, 2024 [11-20].
184 p.

‎/ CAT / Libros / ENS / Activismo / CCAG / LGTBI+ / Maricas / Memoria histórica / Transgresión / Transición / Travestis

📘 Ed. impresa: ISBN 9788491565987 / 20.00 €
📝 Cita APA-7: França, João, Rodríguez Castelló, Adrià (2024). Hiperrevolucionaris i supergais : una historia de La Pluma i la C.C.A.G. Ajuntament de Barcelona.


Aquesta és la història de la revista 'La Pluma' i de la Coordinadora de Col·lectius per l’Alliberament Gai (CCAG), un col·lectiu que va tenir una vida curta, entre el 1978 i el 1980, però intensa i fonamental per entendre la lluita pels drets dels homosexuals de finals dels anys 70 a Barcelona. Publicació íntegra i original impresa del facsímil dels 6 números de La Pluma (1978 - 1980) respectant el format i les tintes directes de l'època, acompanyat d’un estudi en profunditat per entendre una època, una lluita i una revista. Donem una nova vida a una publicació mig segle després de la seva existència. Aquest testimoni ha quedat tancat als arxius durant 40 anys, i ara hem volgut que pugui ser accessible a tothom a qui li interessi. Alguns aspectes ens semblaran antics o superats, però ens ajudaran a saber d’on venim, i d’altres potser ens fan pensar que fa dècades que donem voltes al mateix.

Hi havia una vegada un grup de maricons i travestis que es revoltaven contra la transició, contra la normalitat, contra l’assimilació; que volien lluitar a la seva manera, amb el convenciment que la seva existència, la seva forma d’expressar el gènere i de relacionar-se eren revolucionàries; que van provocar, van ballar i van follar tant com van poder. Del sotrac que aquest grup va suposar a finals dels 70 potser es recorda poc, però ens en podem arribar a fer una idea resseguint el rastre de les seves plomes.

miércoles, 22 de mayo de 2024

#hemeroteca #inmemoriam | La deuda pendiente con Silvia Reyes y la generación de mujeres trans que se atrevieron a ser libres en el franquismo

Silvia Reyes, en una entrevista en el verano de 2023 //

La deuda pendiente con Silvia Reyes y la generación de mujeres trans que se atrevieron a ser libres en el franquismo

El adiós a la histórica activista fallecida este miércoles recuerda la urgencia de reconocer el papel que jugaron en la dictadura, pero también de crear las condiciones sociales para que hoy puedan vivir con toda la dignidad que merecen
João França | El Diario, 2024-05-22
https://www.eldiario.es/catalunya/deuda-pendiente-silvia-reyes-generacion-mujeres-trans-atrevieron-libres-franquismo_1_11388181.html

Cuando Silvia Reyes (Las Palmas de Gran Canaria, 1949 - Barcelona, 2024), histórica activista fallecida este miércoles, contaba su vida, no parecía tan duro ser una joven trans en plena dictadura franquista. En la mili pensaban que la harían “un tío de verdad”, pero no fue así, confesaba riendo. Mostraba las fotos en las que posaba, amanerada, junto a otros reclutas, y contaba que la apreciaban mucho.

En la cárcel Modelo de Barcelona se dedicaba a compartir con otras presas transexuales las historias de sus primeros amores. Cuando la condenaron al exilio por “peligrosa social” compró unas plumas, unos bikinis de ‘strass’, un diccionario, y se fue a Bruselas a trabajar en el espectáculo. De ahí a Suiza, a París...

Pero lo que ella contaba con alegría tenía detrás una historia de represión y persecución. En la escuela las cosas le iban bien y le ofrecieron una beca para ir a la universidad, pero le dijeron que tendría que cortarse las uñas y el pelo “como un hombre”. “Si lo hago voy a estar toda la vida disfrazada, y eso va a ser un trauma”, se dijo.

Optó por empezar a trabajar en el Hotel Palace de Gran Canaria y de los 16 a los 20 años se ganó la vida en la hostelería. Cuando se mudó a Barcelona buscando nuevas oportunidades, en los hoteles de Lloret de Mar le dijeron que le podían dar trabajo... Si se vestía como un hombre. A falta de otras opciones, empezó a alternar en el Passeig de Gràcia con otras mujeres trans mayores que ella. Muchas de aquellas jornadas acababan en la jefatura de policía, donde podía pasar hasta tres días sin comer ni beber. “Nos detenían un viernes y nos soltaban el lunes”.

Pero aquella represión no detuvo a Silvia, quien estuvo en la primera fila de la primera manifestación por la liberación sexual y de género que se celebró tras la muerte del dictador. El 26 de junio de 1977, en las Ramblas de Barcelona, las mujeres trans arrancaron con la pancarta, dejando atrás a los organizadores del Front d’Alliberament Gai de Catalunya.

Ella, como muchas de su generación, fue pioneras de la lucha, pero sobre todo del vivir en libertad a pesar de todo. Aguantaron los golpes —simbólicos y literales— con los que conquistaron derechos y libertades de los que podemos disfrutar hoy, y no se lo hemos agradecido suficiente.

Cuando el año pasado me propusieron crear un fondo de memoria oral LGTBIAQ+ para el Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona, tenía claro que uno de los testimonios que tenían que quedar preservados era el de Silvia. Siempre estuvo dispuesta a contar su historia, a participar en debates y a marchar en las manifestaciones. Sin embargo, cuando se lo propuse, tanto ella como Antonio Ruiz, su amigo y compañero de la Asociación de Expresos Sociales, mostraron reticencias.

En 2009 la asociación empezó a conseguir indemnizaciones para las personas que la dictadura había encarcelado por su sexualidad o su identidad de género, pero eran muy pocas las que daban la cara en público para defender su lucha. Eso, decían, también las desgastaba.

Y, por otro lado, la reparación económica había hecho muy poco por reparar realmente el daño sufrido por la represión franquista (y postfranquista). Son muchas las que no han podido llegar hasta aquí, como Sonia Rescalvo, amiga de Silvia que fue asesinada de una paliza en 1991.

A las mujeres trans de esta generación nunca les gustó hacerse las víctimas. Habiéndose ganado la vida en la noche, el espectáculo o el trabajo sexual, además de supervivientes, han sido divas. Sin embargo, el hecho de estar limitadas a esos trabajos fuera del mercado formal —y en los que se premia la juventud— acarrea consecuencias hasta nuestros días.

Mujeres con trayectorias como la de Silvia viven hoy con una pensión no contributiva de menos de 500 euros. Las más afortunadas han podido tirar adelante porque en su momento ganaron lo suficiente como para comprarse un piso y no tener que enfrentar hoy el salvaje de alquiler.

Ante ese escenario, la conversación con Silvia y Antonio dejó a un lado la entrevista para centrarse en cómo ayudarla a acceder a otros recursos. Fuimos al Ayuntamiento de Barcelona a hablar de ello con la concejal de Feminismos, LGTBI y Servicios Sociales, Laura Pérez. Era el mismo día que la edil estaba recogiendo sus cosas del despacho, cuando el mandato de Ada Colau llegaba a su fin.

Ambas hablaron de cuáles de los recursos que ofrecía el Ayuntamiento podrían interesar a Silvia, pero también de los límites de las ayudas económicas existentes para alguien en su situación. A la salida, la concejala saliente ofreció a Silvia una ruta por las salas y los pasillos del Ayuntamiento y se sorprendió de que no hubiera estado antes allí. “Señal de que no hemos hecho las cosas tan bien como nos hubiera gustado”, le dijo.

En una investigación sobre lo que llaman “terrorismo de Estado anti-trans” en Chile, los historiadores Hillary Hiner y Juan Carlos Garrido hablan de cómo “la ausencia de políticas reparativas para mujeres trans y travestis complica más la situación actual de ellas”.

Reclaman que se reconozca que las violencias anti-trans no acabaron con la dictadura —sea en Chile o en España—, sino que perviven hasta la actualidad. Eso incluye discriminaciones económicas. Pero cuando se piensa en procesos de reparación, poco se tienen en cuenta los impactos de la desposesión que perviven en nuestros días.

En un texto sobre las batallas por la memoria histórica en el Cono Sur, el historiador Peter Winn destaca que, cuando se reivindica el “nunca más” después de las dictaduras, se pone el foco en los derechos civiles y políticos, pero se piensa muy poco en los derechos económicos y sociales de las personas excluidas o marginalizadas.

Luchar exclusivamente por los derechos políticos, dice, “a menudo ha hecho muy poca diferencia en la vida de gran cantidad de personas en el mundo, cuyas vidas están determinadas por la pobreza y la exclusión social a causa de su género, clase, raza, origen étnico o religión”.

La justicia y la reparación para Silvia Reyes y las de su generación pasa por reconocer el papel que jugaron para que hoy estemos aquí, pero también por crear las condiciones sociales para que puedan vivir con toda la dignidad que se merecen.

Al final de la entrevista para el Archivo Histórico, le pregunté a Silvia por qué se había prestado finalmente a participar del proyecto: “Porque yo quiero que Catalunya se entere de lo que estamos viviendo las transexuales y los gays mayores de 72 años, y que las personas gays se involucren más en lo que estamos luchando; si hay un evento gay tenéis que apoyarnos, porque si vais a lo vuestro y no os presentáis a ninguna manifestación...”.

Silvia dejó la frase inconclusa porque, como diva que era, no entró a hablar de la precariedad en la que viven muchas de su generación. Cuando le pregunté cómo era la vida de una mujer trans de 72 años, contó que hay algunas “que son más tranquilas y se quedan en casa viendo una película en la tele”. Pero ella no era así. “La que es más cachonda de todas, si un fin de semana se quiere poner guapa y se maquilla como yo, y va a una discoteca, pues es una ilusión”.

La deuda que tenemos con Silvia y su generación es enorme. A ella la añoraremos, también por su generosidad contándonos tantas veces de dónde venimos. Y yo al menos celebro nuestro encuentro del pasado verano, y que el archivo preserve su testimonio contando, divina, cómo seguía arreglándose despampanante, con tacones y vestido transparente, llevándose piropos de chicos de veintitantos en el ambiente barcelonés.

miércoles, 27 de junio de 2018

#hemeroteca #lgtbi #orgullo | La liberación LGTBI va de no dejar a nadie atrás

Imagen: El Diario / Marcha LGTBI en Nueva York
La liberación LGTBI va de no dejar a nadie atrás.
Tenemos mucho que celebrar, sí, pero también mucho que luchar. Si celebramos olvidándonos del racismo, de la precariedad, del capacitismo, del machismo y de tantas otras opresiones presentes en nuestra sociedad, estaremos dejando atrás a muchas personas y celebrando unas conquistas sólo para unas pocas.
João França · Periodista y director del documental ‘El Fil Rosa’ | El Diario, 2018-06-27
https://www.eldiario.es/tribunaabierta/liberacion-LGTBI-va-dejar-nadie_6_786781332.html

El 26 de junio de 1977, pocos días después de las primeras elecciones generales, el Front d’Alliberament Gai de Catalunya, arropado por muchas más gente y organizaciones, salió a la calle para reclamar libertad para las personas homosexuales, todavía perseguidas por la ley, por primera vez en España. Más allá del hito histórico, es especialmente destacable que desde aquel año en Barcelona se ha celebrado ininterrumpidamente a final de junio la manifestación por la liberación LGTBI. Y es “por la liberación” porque los derechos y libertades se conquistan día a día.

En la organización de esa manifestación no han sido bienvenidas las empresas destinadas al público homosexual, porque sus convocantes entienden que la lucha por los derechos y libertades es eminentemente anticapitalista. De ahí que en 2008 surgiera en paralelo el Pride de Barcelona, como ya existía en otras grandes ciudades, de manos de la Asociación Catalana de Empresas para Gais y Lesbianas (Acegal), la patronal del “ambiente”, una celebración que ha ido ganando adeptos año tras año, hasta el punto que la mayoría de organizaciones que convocan la manifestación histórica también participan en el Pride. Pero sigue habiendo una resistencia crítica, que pretende plantar cara al capitalismo rosa.

Por capitalismo rosa se entiende la integración a través del consumo de las disidencias sexuales y de género, que parte de una necesidad básica: espacios propios, de seguridad, de socialización… Cuando la propia comunidad no tiene capacidad de proveerse estos espacios es el mercado quien lo hace, porque de ahí puede sacar un beneficio. Jordi Barceloneta era un militante gay en la transición que en 1981 fundó el primer ‘gay shop’ de España, la Sextienda, que todavía resiste en el centro de Barcelona. Hoy podría ser un sexshop como otro cualquiera, pero al principio, recuerda, lo puso en marcha por la necesidad de referentes, y donde ahora hay películas porno había montones de libros que no se podían encontrar fácilmente. Ahí nos recibió para hablar en el documental ‘El Fil Rosa’ y nos contó que él ha vivido de su tienda, pero la abrió con ese objetivo, en cambio para otros “el negocio estaba ante todo”. “El que tenía un bar que no le funcionaba lo ponía en un ambiente gay porque recogía una cantidad de gente que no podía ir a otro sitio, entonces automáticamente funcionaba”, rememora.

A través de esta libertad vinculada al consumo se va construyendo también un imaginario, de qué es ser gay, que es tener un poder adquisitivo determinado, unos cuerpos normativos, unos gustos similares… y se van invisibilizando otras realidades presentes en las luchas y vivencias LGTBI. Lo gay es central, y difícilmente tienen cabida las mujeres lesbianas y bisexuales o las personas trans en este modelo, que reproduce el machismo imperante en la sociedad. Mientras, muchas empresas (o también estados) aprovechan para lavarse la imagen, y sacar del foco prácticas no muy bien vistas, gracias a la bandera del arcoíris, lo que se conoce como ‘pinkwashing’, un lavado de imagen rosa.

El Pride ha ido poniendo sobre la mesa reivindicaciones sociales, que sirven para mostrar el compromiso de las empresas implicadas. Este año se dedica a dar visibilidad a las personas refugiadas LGTBI, y lo hace de la mano de ACATHI, la principal entidad dedicada al tema en Catalunya. De forma muy oportuna, este año han cambiado la imagen corporativa del Pride. Hasta el año pasado tenía como elemento central una silueta rosa de Cristóbal Colón, que poco debe agradar a personas que llegan aquí viniendo de países empobrecidos por un expolio colonial.

Esta edición iba a contar con el apoyo de Airbnb, que patrocinaba las conferencias sobre refugio LGTBI como parte de su despliegue publicitario en Barcelona. No es que la empresa tenga una imagen especialmente buena en una ciudad donde hay una guerra abierta ante el modelo turístico y la subida de los alquileres. Tampoco es la primera campaña que impulsan focalizada en las personas LGTBI. Finalmente, tras las críticas recibidas el festival ha desistido de la colaboración con la compañía de alquiler turístico, pero de todas formas Acegal tiene un objetivo muy claro, y el Pride es su punta de lanza: “mejorar la rentabilidad de las empresas del sector, potenciando Catalunya como destino turístico LGBT”. De cara al 2022 pretenden postular Barcelona como sede del EuroPride. Mientras tanto, en mi escalera hay un Airbnb (sin licencia) que seguramente acogerá ese esperado turismo gay mientras a mí me suben un 40% el alquiler. ¿No debería un ayuntamiento que pretende cambiar este modelo de explotación turística cuestionarse su apoyo a una iniciativa de estas características?

Otra empresa sorprendente en el programa de actividades que tiene como núcleo el derecho al refugio es B The Travel Brand, la antigua Barceló Viajes, que hizo el pasado viernes un acto de presentación de sus viajes LGTBI a Punta Cana o la Riviera Maya. Sorprendente porque durante el último año dos compañías del mismo grupo, Evelop Airlines y Orbest, han estado efectuando los macrovuelos de deportación contratados por el Estado español, que ahora volverán a manos de Air Europa y Swiftair. En esos vuelos también habrá habido muchas personas LGTBI y también personas solicitantes de asilo que lo hayan tenido denegado. Ahí se plantaron personas del Encierro Migrante que lleva desde abril dando guerra en el centro de Barcelona para denunciarlo.

Hace pocas semanas se deportaba desde el Centro de Internamiento de Extranjeros de Barcelona a Mohamed, un chico marroquí gay que solicitaba asilo en España porque en su país estaba amenazado de muerte por miembros de su propia familia. El Encierro Migrante intentó generar una movilización que parara la deportación de Mohamed, pero no fue posible. Ahora nos ponen encima de la mesa que no es posible defender a las personas refugiadas LGTBI sin cuestionar las políticas que menosprecian a personas migradas, refugiadas y racializadas.

Decía Javier Sáez [sic, Paco Vidarte] en su ‘Ética Marica’ que “la lucha contra la homofobia sólo es posible y realmente eficaz dentro de una constelación de luchas conjuntas solidarias en contra de cualquier forma de opresión marginación y persecución”. “No por caridad”, añadía, “sino porque la homofobia, como forma sistémica de opresión, está imbricada con ellas, articulada con ellas de tal modo que, si tiras de un extremo, el nudo se aprieta por el otro, y si aflojas un cabo, tensas otro”.

Tenemos mucho que celebrar, sí, pero también mucho que luchar. Si celebramos olvidándonos del racismo, de la precariedad, del capacitismo, del machismo y de tantas otras opresiones presentes en nuestra sociedad, estaremos dejando atrás a muchas personas y celebrando unas conquistas sólo para unas pocas. El 30 de junio a las 18:30 nos convocan a salir a la calle a reivindicar nuestros derechos y libertades como cada año desde 1977. Aprovechemos para poner todo esto sobre la mesa.

Y TAMBIÉN…
"Las empresas del Orgullo hacen negocio con nuestras opresiones".

El Orgullo Crítico sale a las calle este jueves 28 de junio para reivindicar los derechos LGTBI frente a la "mercantilización" de estos en el "Orgullo oficial".
El Diario, 2018-06-27
https://www.eldiario.es/carnecruda/llamada-a-la-actualidad/Orgullo-Critico_6_786781319.html

domingo, 25 de junio de 2017

#hemeroteca #memoria | 1977: El día en que la homosexualidad salió de la clandestinidad para tomar la calle

Imagen: El Diario / Manifestación por la Liberación Gay en Barcelona, 26 Junio 1977
1977: El día en que la homosexualidad salió de la clandestinidad para tomar la calle.
Hablamos 40 años después con quienes organizaron la primera manifestación del movimiento gay en España. La marcha por las Ramblas de Barcelona reunió multitud de militantes políticos, no sólo gais y lesbianas, y sufrió la represión de los ‘grises’. La homosexualidad formó parte de la Ley de Peligrosidad y Reforma Social hasta el año 1978.
João França | El Diario, 2017-06-25
http://www.eldiario.es/catalunya/barcelona/homosexualidad-salio-clandestinidad-calles-Barcelona_0_657585022.html

A los pocos días de las primeras elecciones democráticas tras la muerte de Franco, una organización clandestina convocó una manifestación en las Ramblas de Barcelona que sería también histórica. Era el Front d'Alliberament Gai de Catalunya (FAGC), que por primera vez en España tomaba la calle para reivindicar los derechos de gais y lesbianas. "Teníamos que conseguir libertad en el momento en que el resto de la población alcanzara libertad", recuerda Eliseu Picó, uno de los fundadores del FAGC. Por eso después de la llamada a las urnas del 15 de junio de 1977, organizaron su primera manifestación el domingo 26.

El movimiento, por supuesto, no nace en ese momento. Desde 1970 se había ido articulando una respuesta a la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social que aprobarían ese año las Cortes franquistas. Era una evolución de la Ley de Vagos y Maleantes, que provenía de la República pero a la que en 1954 se incorporó la homosexualidad. En ese contexto se organiza lo que más tarde vendría a ser el Movimiento Español de Liberación Homosexual (MELH), y sus impulsores envían primero cartas anónimas a los obispos presentes en las Cortes y más tarde, con el apoyo de la revista francesa ‘Arcadie’, hacen llegar a todos los miembros de la cámara información sobre homosexualidad y ley.

"Fue el primer éxito que nos dio coraje para seguir, porque hubo un debate en las Cortes y la ley ya no perseguía a los homosexuales por el simple hecho de serlo, sino a quienes cometieran actos, en plural, de homosexualidad", explica Armand de Fluvià, uno de los impulsores de ese movimiento. A partir de ahí el MELH siguió su trabajo, y en 1972 empezó a publicar una revista, ‘Aghois’, que se enviaba por correo desde Francia a los "valientes suscriptores" y pretendía romper con la soledad de los homosexuales.

Si bien las fuerzas del orden no perseguían activamente a los homosexuales de la misma manera que a los militantes políticos, sí había detenciones, y cárceles destinadas a este fin en Badajoz y Huelva. "Básicamente a partir de denuncias de familia y de vecindario", explica Jordi Petit, fundador de la Coordinadora Gai-Lesbiana de Catalunya y más tarde secretario general de la International Lesbian and Gay Association (ILGA). "Ese período significó problemas de autorechazo y autohomofobia, de no aceptarse, y más en una cultura nacionalcatólica donde la iglesia imponía una determinada moral", apunta. Él mismo aceptó la recomendación de ponerse el silicio para "educar la voluntad".

La represión durante el franquismo, sin embargo, no afectaba de igual manera a hombres y mujeres. "Como siempre, las mujeres tenemos una sexualidad que no es reconocida, que se considera subsidiaria de la masculina, y por tanto en el caso de las lesbianas quedaba todo más escondido, sin nombre, también en cuanto a la persecución, y aún hoy cuesta conseguir la visibilidad lesbiana", apunta Mercè Otero, militante feminista y miembro de Ca la Dona.

La necesidad de salir a la calle
En este contexto, el cerco alrededor del MELH se fue estrechando. En 1973 Armand de Fluvià recibió una llamada de alguien que decía que quería recibir la revista Aghois. Reconoció la voz de Vicente Juan Creix, de la Brigada de Investigación Social de la policía, y supo que ya habían descubierto de dónde salía la publicación. "Les dije a los chicos que nos habían pillado y que teníamos que disolver los grupos, y sólo mantuvimos el que editaba la revista, que duró hasta el año 75, poco antes de morir Franco", explica.

Con la muerte del dictador el movimiento hizo un cambio importante. "Si bien el MELH era un movimiento reformista, con muchos de los que éramos y muchos más que reunimos, fundamos el Front d'Alliberament Gai de Catalunya (Frente de Liberación Gay de Catalunya), que era un movimiento revolucionario, con un manifiesto todavía muy vigente que fue la base para todas las otras organizaciones que se formaron después en toda España", explica Fluvià. El cambio de nombre representaba la adopción de una perspectiva antipatriarcal y anticapitalista, y una estrategia frentista, que acabaría llevando el movimiento a salir a la calle.

Eugeni Rodríguez, que fue portavoz del FAGC desde 1985 y hoy preside el Observatori Contra l'Homofòbia, explica el carácter de esta nueva organización: "El emblema del FAGC es muy claro, tenemos el triángulo equilátero invertido, que era el símbolo que se ponía a los homosexuales en los campos de exterminio nazis, para recordar de dónde venimos; tenemos las cuatro barras, porque nos reivindicamos de una tierra oprimida, que es Catalunya; y el puño alzado, porque es una lucha que se hace desde una perspectiva obrera".

El FAGC empezó a salir a la calle para acompañar las otras luchas sociales del momento. La primera vez fue en la manifestación por la amnistía convocada por la Assemblea de Catalunya en 1976. "Salimos con miedo, con una pancarta tapándonos hasta los ojos, y en cambio nos encontramos aplausos en todas partes, ningún insulto ni nada, todos nos aceptaban, y eso nos alentó", recuerda Armand de Fluvià. A partir de aquí el FAGC empezó a hacer acto de presencia en el Día de la Mujer, el Primero de Mayo, en la Diada de Catalunya y mítines por la mayoría de edad a los 18 años o por el derecho al divorcio. Hasta que con las redes de apoyo tejidas con todo tipo de movimientos se vieron con fuerzas para convocar su propia manifestación.

Una manifestación unitaria
En la primera marcha por los derechos LGTBI que tenía lugar en el Estado, lo que pedía el FAGC, en ese momento todavía una organización ilegal, era la derogación de la Ley de Peligrosidad y Reforma Social, y a pesar de la represión la respuesta fue muy amplia. "La convocaba el FAGC pero nos añadimos enseguida movimiento feminista, movimiento vecinal, sindicatos y partidos, y allá no había sólo militantes políticos y gais y lesbis, también matrimonios y parejas heterosexuales, porque se había contagiado mucho esta lucha antirrepresiva, y la gente respondía", explica Empar Pineda, militante feminista lesbiana y en ese momento dirigente del Movimiento Comunista. "Fue una manifestación muy unitaria y te sentías muy acompañada, y vale la pena recordarla aunque se haga una cada año", añade Mercè Otero.

La marcha subió las Ramblas de Barcelona casi enteras. "No nos lo pensábamos y llegamos casi hasta el final, en la Fuente de Canaletas", recuerda Eliseu Picó. Fue entonces cuando la policía dispersó la manifestación con golpes y balas de goma. "La presencia de los grises hacia la mitad de las Ramblas hizo que la gente se empezara a dispersar, y quien hizo de escudo y nos protegió fueron transexuales y travestis, a quienes no habíamos dejado ocupar la cabecera de la manifestación porque nos preocupaba la imagen", lamenta Pineda. "Las feministas decían que aquello era una caricatura de la mujer objeto y los gais decían que esto nos sacaba la seriedad, sólo después hemos visto que aquello fue un error", remacha Jordi Petit.

Una vez el movimiento tomó la calle ya no paró, y este 1 de julio se celebrará la 40ª manifestación por la liberación LGTBI en la ciudad de Barcelona, que resiste con un fuerte carácter político a la sombra del Pride. Al año siguiente el FAGC sufrió su primera escisión, con la formación de la Coordinadora de Col·lectius per l'Alliberament Gai (CCAG), de carácter más libertario, y las pocas lesbianas que militaban abandonaron la organización para integrarse en el movimiento feminista. Por otra parte, la manifestación de 1978 tuvo réplicas también en Madrid, Bilbao y Sevilla y a finales de ese año se consigue la retirada de la homosexualidad de la Ley de Peligrosidad y Reforma Social.

En 1979 el FAGC convocará la manifestación reivindicando la legalización de las organizaciones gais, que finalmente se conquista en 1980. Desde entonces el movimiento ha tenido altos y bajos con multiplicidad de organizaciones y reivindicaciones, pero todos los que lucharon entonces coinciden en reivindicar la importancia de ese momento histórico y que hoy todavía queda mucho por hacer para combatir la LGTBIfobia.