Mostrando entradas con la etiqueta Hipersexualización. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hipersexualización. Mostrar todas las entradas

viernes, 11 de julio de 2025

#hemeroteca #moralidad | Arrigorriaga prescinde de una orquesta en fiestas al considerar que “hipersexualiza” a sus mujeres artistas

Chicas de Vulkano en una de sus actuaciones //

Arrigorriaga prescinde de una orquesta en fiestas al considerar que “hipersexualiza” a sus mujeres artistas

El Ayuntamiento de EH Bildu justifica esta decisión argumentando que se debe “repensar el modelo actual de las fiestas y avanzar hacia unas celebraciones más igualitarias y respetuosas”, mientras desde la orquesta aseguran que el vestuario lo eligen las artistas “libremente”
Maialen Ferreira | El Diario, 2025-07-11
https://www.eldiario.es/euskadi/arrigorriaga-prescinde-orquesta-fiestas-considerar-hipersexualiza-mujeres-artistas_1_12458124.html

El Ayuntamiento de Arrigorriaga, en Bizkaia, ha prescindido de la contratación de la orquesta Vulkano que llevaba años participando en sus fiestas de las Madalenas, que se celebrarán del 18 al 25 de julio, al considerar que “hipersexualiza” a las cantantes del grupo musical. El Gobierno local, liderado por EH Bildu en coalición con las platagormas Arrigorriaga Gara y NOA, ha justificado la decisión argumentando que se ha tratado de un proceso de reflexión entre el Consistorio y la comisión de fiestas y que, tras tres jornadas abiertas, han considerado que se debe “repensar el modelo actual de las fiestas de las Madalenas y avanzar hacia unas celebraciones más igualitarias y respetuosas”, han señalado en un comunicado. 

“Fruto de esa reflexión, se han asumido una serie de compromisos y se han introducido cambios en la oferta festiva. El objetivo de dichos cambios no es otro que fomentar una participación igualitaria en un ocio plural y basado en el respeto”, han detallado para después enfatizar que son conscientes de que “el camino puede generar dudas, especialmente si no se ha participado directamente en todo el proceso”. “Creemos firmemente que estas decisiones forman parte de una apuesta clara por la igualdad”, han indicado. 

Por su parte, desde la orquesta Vulkano, que proviene de Salamanca pero realiza actuaciones desde hace años en distintos puntos de Euskadi como Vitoria, Ermua, Santurtzi, Zamudio, Leioa, Gallarta, Balmaseda o Derio, entre otros, defienden que el “vestuario artístico de toda la orquesta es elegido libremente por varias mujeres”. “Lo eligen con base en su criterio y experiencia profesional, teniendo en cuenta factores meramente artísticos. Entendemos que si a raíz de esta polémica cambiáramos el vestuario artístico de las mujeres que actúan en nuestra orquesta, estaríamos vulnerando sus derechos de libertad y poder de decisión, algo que va contra nuestros principios, porque creemos en la igualdad, la libertad y el poder de decisión de las mujeres”, han asegurado desde la orquesta en un escrito. 

“Quienes opinan que no respetamos a la mujer por utilizar este tipo de vestuario artístico y por ello no quieren que participemos en sus fiestas, ¿también consideran que Madonna, Beyoncé, Taylor Swift, Jennifer López, Lola Índigo, Rosalía, Bad Gyal y otras muchas no se respetan a sí mismas por elegir actuar con el tipo de vestuario con el que actúan?”, han concluido.

sábado, 24 de julio de 2021

#hemeroteca #sexismo #deportes | La “disculpa femenina” en los JJOO y la eterna polémica por cómo se visten, maquillan y peinan las deportistas

Imagen: El País / Olivia Breen //
La “disculpa femenina” en los JJOO y la eterna polémica por cómo se visten, maquillan y peinan las deportistas.

Las jugadoras de balonmano noruegas, las gimnastas alemanas y una saltadora británica tienen algo en común: a los jueces no les gusta lo que se ponen para competir.
Begoña Gómez Urzaiz | SModa, El País, 2021-07-24
https://smoda.elpais.com/moda/la-disculpa-femenina-en-los-jjoo-y-la-eterna-polemica-por-como-se-visten-maquillan-y-peinan-las-deportistas/ 

Los Juegos Olímpicos de Tokio apenas han empezado, pero el verano ya ha tenido las primeras polémicas en torno al vestuario de las atletas, y casi todas ellas suenan recurrentes. La que ha hecho más ruido tiene que ver con el equipo noruego femenino de balonmano playa, que ha recibido una multa de la Comisión de Disciplina de la Asociación Europea de Balonmano por acudir al torneo europeo con top y mallas cortas, en lugar de ponerse braguitas reglamentarias, “cortadas en un ángulo hacia arriba en la parte superior de la página” y “con un ancho lateral máximo de diez centímetros en el lateral”.

La federación amenazó a las jugadoras noruegas primero con multarlas con 50 euros por cabeza y más tarde con desclasificarlas, por lo que finalmente tuvieron que jugar su partido contra la selección de Hungría con el uniforme oficial. Aun así, aprovecharon la atención que captó el asunto –no nos engañemos, habrá una pandemia y una crisis climática, pero los medios no va a dejar pasar la oportunidad de titular una noticia con “braguitas” e ilustrarla con jóvenes atléticas en poca ropa– para denunciar la “hipersexualización” que se exige a las atletas. La foto de grupo que se hicieron con sus compañeros del equipo masculino lo dice todo: ellas en bikini, ellos con camiseta de tirantes y ‘shorts’ a medio muslo.

Lo que para unas es de reglamento, para otras es demasiado descocado. El mes pasado, la atleta paralímpica inglesa Olivia Breen, que tiene parálisis cerebral, recibió una amonestación de los jueces en el campeonato británico por llevar una braga deportiva “demasiado reveladora”. “No se debería hacer sentir a las mujeres cohibidas por la ropa que llevan cuando compiten, sino cómodas y seguras”, denunció Breen entonces, y dijo también que muchas otras deportistas le habían explicado que habían recibido comentarios similares por parte de jueces y árbitros. La atleta piensa llevar el mismo microshort, de marca Adidas, a los paralímpicos de Tokio.

En cuanto arranquen los juegos y tengan lugar las primeras competiciones de gimnasia artística y de natación sincronizada, volverán a surgir las mismas preguntas que se oyen cada cuatro años: ¿es necesario que las atletas vayan maquilladas?, ¿qué lugar tienen las lentejuelas en el pelo en un uniforme deportivo?, ¿por qué tiene una deportista superdotada como Simone Biles competir con lazos en el pelo, como si estuviera en un recital infantil? En 1978, una catedrática estadounidense de Educación Física y Kinesiología llamda Emily Wughalter bautizó ese fenómeno en un trabajo académico como “the female apologetic”, o “la disculpa femenina”. En su opinión, todos esos elementos, así como, por ejemplo, los segmentos de danza más vistosos en la gimnasia rítmica, se habrían implantado para ahuyentar los estereotipos de lesbianismo asociados entonces con las deportistas y en general para que las mujeres se “hiciesen perdonar” su falta de feminidad tradicional. Para compensar el hecho de estar mostrándose fuertes, rápidas, ágiles y de alguna manera masculinas, se les exigía que lo equilibrasen con “volantes y giritos”, según Wughalter.

En mayo de este mismo año, tres atletas del equipo alemán de gimnasia artística llevaron maillots que les cubrían las piernas en el campeonato europeo que se celebró en Basilea. Lo hicieron, dijeron, en protesta por la sexualización que se exige a las mujeres en ese deporte, en el que los hombres compiten en pantalones cortos y sin maquillaje. “Todas las mujeres queremos sentirnos cómodas en nuestra piel. En la gimnasia, se vuelve cada vez más difícil a medida que creces y dejas atrás tu cuerpo de niña”, explicó una de ellas, Sarah Voss, a la televisión pública alemana. “De niña, no pensaba mucho en los maillots, pero cuando empezó la pubertad, cuando me vino la regla, empecé a sentiré más y más incómoda”.

En este caso, y al contrario de lo que sucedió con las noruegas, la organización se lo permitió porque ese tipo de uniformes están autorizados para gimnastas que tengan objeciones religiosas a la hora de enseñar las piernas.

Sin embargo, por cada mujer deportista que batalla con su federación por llevar un uniforme más parecido al de los hombres, hay otra que quiere lo contrario, y que no cree, como pensaba Wugheiler, que llevar maquillaje, cristales Swarovski en el bañador, como acostumbran las nadadoras de sincronizada, o las uñas largas, esté reñido con su excelencia atlética. La última estrella del atletismo femenino, Sha’carri Richardson, que no puede competir en Tokio porque dio positivo por consumo de marihuana (pero sí protagoniza una campaña de Beats junto a Kanye West), es famosa por su pelo naranja y sus manicuras creativas, que recuerdan a las de Florence Griffith en los ochenta. La jugadora de fútbol femenino Ali Krieger suele jugar con maquillaje, que ella llama sus “pinturas de guerra”, aunque no es habitual en el fútbol, y otra corredora estadounidense, Shannon Rowbury, se pinta los labios de rojo para cada carrera porque lo considera “empoderador”. Lo mismo que dijo la gimnasta Aly Reisman del rímel, que le da confianza.

Según otra profesora canadiense, Elizabeth Hardy, que ha actualizado el asunto de la “disculpa femenina” en el deporte, los medios tienen un papel importante en la persistencia de estos estereotipos, sobre todo en la élite, porque para las atletas es más fácil conseguir cobertura y contratos con marcas que las esponsoricen si se conforman a un físico normativo. “Si enfatizan esa visión idealizada de la feminidad tradicional, se aseguran de permanecer deseables a los hombres”, escribió Hardy en un análisis de los roles de género en los últimos juegos olímpicos, los de Río de Janeiro 2016. Allí, dice Hardy, la cobertura, por ejemplo, del equipo de vóley playa femenino “se concentra en los cuerpos de las atletas y no en el deporte, lo que demuestra que ser estereotípicamente atractiva debería ser más importante para las atletas que ser buena en su deporte”.

La profesora también abordaba en su estudio un asunto más controvertido. Desde hace unos años, una óptica más inclusiva del deporte se está focalizando en las atletas que son madres y en cómo logran compaginar ambos roles, enfatizando que se puede ser a la vez deportista de élite y madre. Esta misma semana, Ona Carbonell ha denunciado las dificultades que le pone la organización de Tokio para seguir dando lactancia materna a su bebé de ocho meses. Para Hardy, sin embargo, si los medios se concentran demasiado en ofrecer una imagen protectora y maternal de esas deportistas, esto va en detrimento de su rol como atletas y de su deporte en general. Ella da el ejemplo de la capitana del equipo de curling de su país. Jennifer Jones, una estrella en Canadá, ganó la medalla de oro en los juegos olímpicos de invierno de Sochi en 2014, cuando ya tenía un hijo de dos años. “La del skip [el capitán] es una posición dominante, autoritaria dentro del curling. Sin embargo, en enfoque de los medios y de las campañas publicitarias que trabajan con Jones se dirige a su lado protector y se enfoca en su papel de esposa y madre, no en su éxito como atleta, lo que genera la impresión de que sus logros deportivos no son suficientemente válidos, que no son lo suficientemente buenos. Esto es dañino para las jóvenes atletas, ya que demuestra que las ambiciones deportivas no importan, porque ser madre debería ser la prioridad en tu vida y aquello por lo que se te conocerá”.

Quizá al enfatizar tanto el enorme mérito de las atletas que logran volver a entrenar al máximo nivel después de haber parido o que compiten embarazadas, como hizo Serena Williams en un Open de Australia, que ganó sin que nadie supiese que ya estaba esperando a su hija Olympia, se está subiendo innecesariamente el listón y lanzando el mensaje secundario de que ser solo atleta y no atleta y madre es menos importante.

De momento, la primera polémica que ya han traído los juegos olímpicos con respecto a los uniformes femeninos no tiene que ver con si son demasiado reveladores o demasiado ‘femeninos’, sino con, digamos, la gestión de la diversidad. La Federación Internacional de Natación ha prohibido a las atletas usar los gorros de natación de la marca Soul Cap, pensados para el pelo de las afrodescendientes. La Federación cree que no respetan “la forma natural de la cabeza”. Nadadoras como Danielle Obe, sin embargo, denuncian que la decisión es sintomática de lo blanco y homogéneo que es aun ese deporte. El gorro de natación originario lo diseñó Speedo para evitar que el pelo, generalmente el pelo liso, fuese a la cara al nadar. “Pero el pelo afro sube y desafía la gravedad”, dijo Obe. “Inclusividad significa que ninguna forma de la cabeza se considere normal”.

miércoles, 30 de septiembre de 2020

#hemeroteca #trans | La Veneno no es un ejemplo para las personas trans

Imagen: La Voz del Sur / Fotograma de la serie 'Veneno'
La Veneno no es un ejemplo para las personas trans.
Raúl Solís | La Voz del Sur, 2020-09-30
https://www.lavozdelsur.es/opinion/veneno-no-es-ejemplo-personas-trans_250044_102.html

Estoy viendo la serie ‘Veneno’ y, antes que nada, admito que me está gustando mucho, que la estoy disfrutando y que estoy empatizando con Veneno, que al fin y al cabo es el objetivo de la producción de Los Javis. Me está gustando que se esté reflejando que ninguna mujer, ni trans ni cis, nace para puta, que nadie acaba en la prostitución porque quiere, sino que la sociedad las obliga levantándole un muro de exclusión laboral que es insalvable por subvertir las normas patriarcales del género.

Sin embargo, se repite en mí un malestar cada vez que termina un capítulo que tengo la necesidad de expresar, sin que ello signifique una crítica a la serie de Los Javis, gracias a la cual se va a dar visibilidad a la realidad trans. Veneno no es ningún ejemplo para las mujeres trans. Es más, espero que las chicas trans jóvenes vean en Veneno un ejemplo de cómo no afrontar sus vidas. Convertir a Veneno en una heroína, como se pretende, es hacer recaer en las mujeres trans todo el peso y la responsabilidad en la consecución de sus derechos y dignidad humana. Veneno no es un ejemplo de nada, pero tampoco es una heroína. Simplemente fue una superviviente que lo hizo lo mejor que pudo.

Veneno no hizo nada rompedor. Es más, todo lo que hizo fue tan aplaudido porque sirvió para perpetuar los clichés y prejuicios que la sociedad española tenía de las mujeres trans hace 20 años. Rompedor hubiese sido que con el dinero que ganó en televisión hubiese creado una fundación para favorecer la igualdad de las personas trans y luchar por sus derechos, que por entonces ni siquiera existía la posibilidad de cambiar el nombre en un DNI, ponerse a estudiar lo que de joven no le permitieron o invertir todo el dinero que ganó en un proyecto de futuro.

Rompedor hubiese sido crear una red de camaradería en el Parque del Oeste, no arrancarle el pezón de una teta a otra prostituta con la que rivalizó con ella por el espacio. Rompedor hubiese sido transformar toda la rabia acumulada por su infancia trágica en solidaridad, empatía y hermanamiento con sus iguales, no ir armada con una hoz en el bolso.

La serie Veneno da la impresión de que las mujeres trans sólo se pueden salvar desde la violencia, la exaltación de lo burdo, la hipersexualización y el individualismo. En una sociedad donde hubiese triunfado el modelo Veneno, las personas trans seguirían siendo miradas como un circo y no tendrían ni uno solo de los pocos derechos que tienen en la actualidad. Veneno entretuvo, pero no cambió en un milímetro la realidad de las personas trans. Es más, podríamos decir que el modelo Veneno ha servido para perpetuar la marginalidad que sufre el colectivo trans. Entre Veneno y Bibiana Fernández hay una amplia gama de mujeres trans que nunca han formado parte de la representatividad de lo trans.

Veneno gusta y queda bien en pantalla porque está completamente despolitizada, hipersexualizada, convertida en una caricatura perfecta de lo que le agrada al discurso dominante y que ha servido históricamente para encasillar a las personas transexuales. Precisamente por esta razón, porque es un cliché que legitima la imagen marginal que la sociedad tiene de las mujeres trans, Veneno es fácil de convertirla en una marca comercial que incluso puede gustarle a quienes niegan los derechos trans.

La vida individual de cada uno es muy importante para cambiar la realidad individual, pero lo que cambia el mundo es hacer piña, agruparnos, juntarnos, tener conciencia de que somos desiguales y enfrentarnos al poder que nos explota, oprime o domina de forma colectiva. La Veneno vivió como pudo, seguro que lo hizo lo mejor que pudo, y su vida merece ser contada para que este país sepa, sobre todo ahora que vuelven los discursos transfóbicos, todo lo que han sufrido las personas transexuales por conquistar su derecho a ser, pero Veneno no es un ejemplo de nada, salvo de sobrevivir a un mundo hostil.

Si en este país las personas trans tienen derechos –pocos— es porque ha habido mujeres y hombres trans que se han comportado en sentido contrario de lo que la transfobia esperaba de ellos y ellas y porque ha habido gente que de forma generosa se ha politizado. Las vidas de estas mujeres trans no caben en una serie, pero es gracias a su lucha colectiva y no a su vida individual por lo que las nuevas generaciones trans van a ser más felices que lo fue Veneno.

sábado, 25 de enero de 2020

#hemeroteca #poblacionchina #estereotipos | Ni geishas ni sumisas: la lucha contra los estereotipos de las mujeres chinas en España

Imagen: Nueva Tribuna
Ni geishas ni sumisas: la lucha contra los estereotipos de las mujeres chinas en España.
Con motivo del comienzo, a partir de este sábado 25 de enero, del año número 4718 del calendario lunar, nos acercamos a las mujeres de origen chino residentes en España.
Lucía Cortés · AmecoPress | Nueva Tribuna, 2020-01-25
https://www.nuevatribuna.es/articulo/sociedad/ni-geishas-ni-sumisas-lucha-estereotipos-mujeres-chinas-espana/20200125123423170436.html

Una de las tantas leyendas que circulan en torno al año nuevo chino dice que la rata fue la primera en llegar ante el Emperador de Jade cuando convocó a todos los animales. Con ella dará comienzo, a partir de este sábado 25 de enero, un nuevo ciclo: el año número 4718 del calendario lunar bajo el signo de este pequeño roedor.

En Madrid, se ha convertido ya en una tradición celebrar esta festividad con una amplia gama de actividades que tienen su epicentro en el barrio de Usera. Durante unos días, la comunidad china que vive en España se volverá más visible que nunca. Un colectivo tradicionalmente más reservado que toma las calles para proclamar sus tradiciones y cultura milenarias. Por este motivo nos hemos querido acercar a las mujeres de origen chino y conocer un poco más de cerca los estereotipos y la realidad en la que se mueven.

En la actualidad viven en nuestro país 193.207 personas de nacionalidad china de las que 97.880 son mujeres, según datos del INE a 1 de julio de 2019 (últimas cifras publicadas). El 1 de enero de 2002 eran únicamente 30.268. Buena parte de la migración china que se ha asentado en España procede de la provincia oriental de Zhejiang. El primer boom se vivió en la década de los 80 y 90 aunque en etapas más recientes se han diversificado las zonas de origen. Se trata en todo caso de personas que buscaban nuevos horizontes al albor del crecimiento económico español.

Ellas se enfrentan a una doble discriminación por el hecho de ser mujer y estar racializadas. En ocasiones, además no conocen la lengua española, tan distinta de la suya materna, lo que las hace más vulnerables a sufrir situaciones racistas. Al fin y al cabo, cuando a la condición de género se le suma la diversidad racial, las mujeres se encuentran más desprotegidas ante la exclusión social. A qué estereotipos se enfrentan, cuál es la realidad de su día a día y qué discriminaciones sufren por su origen y por ser mujeres.

Fetichización y exotismo
Quan Zhou, autora de ‘Gazpacho Agridulce’ y ‘Andaluchinas por el mundo’ destaca que “ha habido una hipersexualización y fetichización de lo que es la mujer asiática en el sentido de qué exótica”. “Lo que tienen es esa imagen de chica sumisa que dice que sí a todo, que es cute. También creo que se ha visto influido por el manga”. “Luego no coincide con la realidad, casi todas las chicas asiáticas o descendientes como yo tienen mucho carácter”. Señala lo que ella llama “la fiebre amarilla”, personas fanáticas de la cultura china que pueden provocar que dejen de verlas como una mujer en su individualidad y más como parte de un todo. En el extremo contrario a esta fetichización comenta que también “hay gente que te rechaza por completo debido a tu etnia”. Y rememora anécdotas como cuando a su hermana le dicen “eres muy guapa para ser china”.

“Como esa lejanía, esa idea exótica que a su vez está fomentada por los medios donde siempre sale la misma caricatura estereotipada y simplista de lo que es ser un chino y de lo que es ser una mujer china. No hay variedad en los medios entonces eso crea que la gente con la que nosotros interactuamos diga “ay eres muy guapa para ser china”, “hablas muy bien español” y ese tipo de cosas”. “Nos retratan exactamente igual en todos lados, sea humor o sea noticia, y eso perpetua los estereotipos. No tienen esa sensibilidad y no hay representación. Tiene que haber visibilidad y tiene que haber educación”.

Susana Ye, periodista, colaboradora de El País y Cuarto Poder y creadora del documental 'Chiñoles y bananas', cuenta algunos de los estereotipos a los que se enfrentan las mujeres de origen chino. Ella también ha escuchado aquello de “eres muy guapa para ser china”. “Ese comentario que en principio podría ser halagador, no lo es en absoluto. Por un lado, relativiza tu físico en comparación con un supuesto conjunto; lo que se supone que es un aplauso en realidad es un tortazo”, sentencia. Al igual que Zhou, ella pone el foco en tendencias recientes como fenómeno del k-pop coreano o el boom del turismo chino como promotoras de un cambio de visión hacia las mujeres. Además, apunta a la identificación por parte de muchas personas de la mujer china como “ejemplo de femineidad” desde un punto de vista patriarcal. “Es una mujer delicada, dulce, obediente, que no da problemas, que prioriza la familia, esa compañera de vida que no cuestiona a su pareja. Esto viene un poco por la fantasía que hace muchísimo tiempo se ha instalado a través del cine y la literatura. Al fin y al cabo, ¿cuál ha sido la imagen que se ha instalado tradicionalmente de la mujer asiática? La geisha”. “En general persiste esta idea de que somos serviciales, eso toda la comunidad china, pero en particular sobre las mujeres”.

Líderes del autoempleo
Más allá de estereotipos, bulos y prejuicios, lo cierto es que la comunidad china destaca por poseer una mentalidad ligada a la filosofía del trabajo. El espíritu emprendedor es lo que empuja en multitud de ocasiones a las migrantes chinas de su país de origen hasta España. Pese al bulo extendido a todo el colectivo de migrantes en España, rara vez recurren a las ayudas asistenciales del Estado.

Así lo explica un reciente informe del Ayuntamiento de Barcelona “Barcelonesas de contexto social chino. Retos y oportunidades para la ciudad”, por el cual el consistorio de la capital catalana entrevistó a un grupo de mujeres de origen chino para acercarse a la realidad en la que viven estas mujeres. Entre ellas se señala la tendencia a recurrir a la propia red social y a la capacidad de superación ante situaciones adversas. “Son pocas las que recurren a la administración por desconocimiento de los servicios debido a la barrera lingüística; sensación de falta de eficacia en la intervención debida a los tiempos que requiere; y desconfianza y temor a la fiscalización”.

Desde la campaña Stop Rumores de la Federación Andalucía Acoge, señalan algunos rumores comunes a toda la comunidad china. Y sin duda, todas y todos lo hemos escuchado alguna vez: si abren tantos negocios es porque no pagan impuestos. O que reciben un trato de favor para conseguir nuevos locales o que incumplen la normativa laboral en cuanto a los horarios. Sin embargo, señalan que “la mayoría de personas de China que llegan a España lo hacen para iniciar actividades empresariales, lo que beneficia al país por la aportación vía impuestos o la creación de empleo”. Así lo indican las cifras, una alta prevalencia del autoempleo pues 57.922 personas de nacionalidad china están dadas de alta como autónomas, es decir, un 16,9% del colectivo de autónomos de origen extranjero, según datos de la Federación Nacional de Asociaciones de Trabajadores Autónomos a julio 2019.

En la lucha para contrarrestar las noticias falsas esparcidas contra las personas migrantes y refugiadas está el proyecto Maldita Migración, de Maldita.es. Hasta ahora han podido observar como el bulo más difundido hacia la comunidad china afecta a ambos sexos. Al igual que recoge Stop Rumores, les han llegado numerosos bulos que sostienen que "los chinos no pagan impuestos". “Hemos entrado al contenido y hemos investigado que eso no es así. Y que la nacionalidad no tiene nada que ver en este caso”. Desde Maldita señalan el peligro que entrañan estos bulos, aparentemente inocuos. “Los bulos generados en torno a la población migrante y refugiada alimenta el discurso del odio hacia ellos y les expone al debate público y social”.

La trampa de generalizar
Para Yue Fu, cofundadora de Liwai Acción Intercultural, los estereotipos hacia la comunidad china han ido llegando por oleadas. “En los años noventa hubo una serie de problemas dentro de la propia comunidad china, de forma interna, entonces la gente empezó a la comunidad china como una mafia. De ahí surgieron los estereotipos como que los chinos no mueren, de que todos trabajan para las mafias. Todos estos estereotipos ya están un poco anticuados, pero siguen existiendo. Hace poco surgió otra oleada con que los chinos lavan dinero. El año pasado con el caso del BBVA, que todas las bancas cierran y bloquean cuentas chinas, que lo siguen haciendo hasta el día de hoy. Si vas a un banco, ya sea Bankia o BBVA, y tú dices que tienes nacionalidad china te dicen, literalmente, que no te pueden abrir la cuenta porque eres chino. A mí me lo han dicho”. Fu hace referencia a la situación de bloqueo masivo de cuentas bancarias que afectó muy especialmente a personas de nacionalidad china a las puertas del año nuevo chino del pasado año y que produjo gran malestar en la comunidad ante la falta de información y desamparo en la que se encontraron.

Sobre los bulos señala el daño que hacen algunos rumores: que comen perros y gatos, que trabajan para mafias. Pero hay otro tipo de información a la que no se da relevancia en los medios. “Por ejemplo, la última semana ha habido dos casos de asesinatos de personas chinas. El de Parla fue el primero y hace dos días un estudiante chino fue asesinado en Moncloa. En una semana han muerto dos personas chinas. La comunidad china vivimos una situación de inseguridad extrema y todo eso no sale a la luz. Está ahora por todos lados el año nuevo chino y la gente no se interesa por estos asesinatos, los medios se interesan solo por la festividad que es lo que más llama la atención”, sentencia.

También pide que deje de verse a la comunidad china como un todo y a las mujeres como un único perfil. “Depende mucho de la clase social, de su contexto socioeconómico, hay mujeres empresarias. Había una mujer china que estaba en la directiva de Telefónica, está también el personal de la embajada, gente de la élite. Luego también de la clase de media, empresarias o gente que trabaja en multinacionales como Huawei u Oppo. Hay mujeres chinas por todos lados. Luego hay otra realidad de la clase obrera que trabaja en otros comercios, de camarera, de dependienta, etc., por cuenta ajena”. A muchas de ellas tampoco son ajenos los problemas de conciliación laboral que afectan a tantas mujeres en nuestro país. “La mayoría de estas mujeres cuando tienen hijos mandan a los niños a China para que los cuiden sus abuelos, la otra generación. Hay otras que tienen que contratar a niñeras o a una persona que les recoja y lleve a los niños al colegio y pagar entonces un dinero extra”. Sobre el año nuevo chino nos cuenta que puede ser un arma de doble filo: por un lado es muy positivo en cuanto a visibilización y promoción de la cultura y por otro puede caer en la folklorización. “Todo es muy folklórico. (...) Consideramos que esto significa que la gente se está acerando, se está integrando, pero de hecho esto es bastante superficial. Al final la comunicación y el acercamiento real tienen que ser entre las personas”.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

#hemeroteca #ligoteo #desigualdaddegenero | Tinder, una apisonadora emocional

Imagen: ctxt
Tinder, una apisonadora emocional.
En la ‘app’ de citas se entrecruzan de manera fascinante las lógicas del neoliberalismo, el consumismo de imágenes y experiencias y las estructuras desiguales de género.
Lionel S. Delgado | ctxt, 2019-09-25
https://ctxt.es/es/20190923/Firmas/28349/tinder-app-diferencias-de-genero-mirada-sexualizadora-lionel-delgado.htm

Todas hemos sentido alguna vez ansiedad a la hora de confeccionar un currículum: una de las grandes historias de terror en la época de la precariedad. Un terror ligado en parte a la exposición y a la valoración ajenas. Construirse un currículum tiene que ver con objetualizarse a una misma, convertirse en producto vendible y deseable para una mirada que nos valora duramente: de cómo nos presentamos depende nuestro éxito o nuestro fracaso.

La importancia de exponerse a la valoración ajena no es, sin embargo, única del currículum. Hoy, crear perfiles es común a muchas plataformas: LinkedIn –red social para profesionales–, Instagram, Badi (para buscar compañeras de piso). En nuestras sociedades estamos haciendo perfiles todo el rato. Como los que se hacen para Tinder, la aplicación, para ‘smartphones’, de citas más usada en España y que constituye ya una herramienta básica en la vida social de gran parte de la población. Creas tu perfil eligiendo unas fotos y poniendo (de forma optativa) una descripción, decides un rango de distancia de la persona respecto de tu dispositivo móvil y su edad... ¡Y ya está! Comienza el deporte favorito de muchísima gente: si te gusta lo que ves, le das al corazoncito (‘like’), si no te convence, le das a la X (‘Nope’). Rápido y sencillo, como todo lo que nos gusta.

En mi caso, cuando me abrí Tinder por primera vez, la dinámica se tiñó rápidamente de ansiedad: no tenía casi likes y los que yo daba a las demás casi nunca acababan en 'match' (cuando dos personas se gustan mutuamente). Delante de tus ojos aparece un desfile de personas preciosas con vidas interesantísimas posando en sitios paradisíacos. Y todas esas personas están lejos de ti. Lo de “apisonadora emocional” me lo dijo una colega y me pareció muy certero. En mi caso fue así durante meses.

La promesa de la felicidad

Estela Ortiz, autora del famoso perfil de Facebook e Instagram Filósofos del Tinder, relaciona este factor de ‘promesa de felicidad’ de la aplicación con una filosofía individualista ligada a la filosofía positiva y el fenómeno del ‘coaching’. La felicidad depende de la voluntad y no alcanzarla es un error atribuible cada uno. En este caso, la felicidad viene prometida en los perfiles que aparecen: gente genial a la que quieres parecerte o gente-símbolo que quieres poseer, a ver si su estatus también se te contagia. Posibles parejas que traen consigo la promesa de vacaciones en yate, fiestas privadas en azoteas, viajes por el mundo y mucha diversión. Si no consigues gustarles es por un problema en ti mismo: no eres lo suficientemente atractivo / interesante / aventurero.

Esto implicar introducirse en una lógica neoliberal de ‘venta del Yo-Marca’. Si valgo lo que me valoran, al final el perfil de Tinder (pero también el de LinkedIn, Instagram, etc.) es un espejo de mi valor real. Parece que con mi perfil debería comunicar “Cómprame, invertir en mi es una oportunidad de mercado”, algo bastante turbio si tenemos en cuenta que el fin último de la aplicación son las citas.

Esta lógica neoliberal, no obstante, se encarna de una manera diferencial según el género. Cuando empecé a investigar Tinder (hablando en plata, también con el interés de hacerme un mejor perfil) pregunté a la gente a mi alrededor y descubrí que la experiencia entre hombres y mujeres (cisgénero, la experiencia ‘trans’ tendrá su particularidad y no soy quién para hablar de ella) difiere radicalmente. Me centro en este artículo únicamente en la experiencia heterosexual ya que la experiencia homosexual merece un artículo aparte.

El perfil masculino

La masculinidad y el Tinder casan bien: el consumo de imágenes de mujeres es una constante en nuestra cultura. Valorar positiva o negativamente cuerpos ajenos, también. Para el hombre heterosexual, la experiencia Tinder es un ‘trance por consumo’, consumo de perfiles a los que se les da ‘like’ indiscriminadamente. Un hombre entiende rápidamente que su ‘like’ vale poco: normalmente no tenemos más que un ‘match’ por cada 20-30 ‘likes’ (o incluso más). Así que cualquier hombre hetero acaba aprendiendo que lo más lógico es no valorar perfiles: se da me gusta a todo y ya se criban luego los pocos que se consigan.

Es, sin embargo, en el momento de la creación del perfil donde los varones sudan más. La estructura de género patriarcal estipula que la que debe ser vista y valorada constantemente es la mujer. El hombre no construye su identidad a través de ‘la mirada sexualizadora del Otro’, y por ello, la creación de un perfil para ligar supone una incomodidad inicial tan fuerte para él.

Para la antropóloga Rita Segato, la masculinidad se presenta en el mundo a través de la exhibición de la ‘potencia’. Una potencia que el hombre demuestra como puede: mediante violencia, su físico, su poder económico, autoridad... Y a la hora de hacer el perfil esa necesidad de demostrar valía se nota: “Hay que sacar rentabilidad de tus puntos fuertes”, me dijo un amigo reflexionando sobre su perfil.

En el mío yo puse fotos de lo que se me daba bien: montaña (potencia aventurera), leer (potencia intelectual), dar charlas (potencia de autoridad) y salir de fiesta (potencia de diversión). Pero exponerse en lo mejor que tenemos y no recibir la atención esperada genera frustración. Y si no estamos atentos, pensaremos que el problema no es la aplicación sino el perfil, y sudaremos tiempo y energía para tener un perfil más atractivo.

De cualquier forma, pensar en cómo podemos llamar mejor al deseo femenino mediante imágenes y descripciones es algo nuevo para los hombres. Normalmente casi la única experiencia en la que nos objetualizamos es la de buscar trabajo. El hombre aprende desde temprano que él es el agente en el cortejo: en las discotecas, en las calles, en el puesto de trabajo. Él es el que le entra a la mujer. Por eso, convertirse en objeto visual y esperar las valoraciones implica salir de la zona de confort de la masculinidad.

El perfil femenino

Para la mujer la experiencia es bien distinta (entiéndase que hago generalizaciones, por motivo de tiempo y espacio, la experiencia es mucho más diversa). En una cultura hipersexualizadora donde la mujer interioriza desde pequeña que ‘ser mujer’ es ‘ser vista por otro’, a la hora de crearse un perfil de una aplicación de ligue, es normal que se muestre más desconfiada: elegirá fotos donde no se le vea mucho, donde no parezca una “fresca” o incluso fotos en las que aparece de lejos o no aparece, como una amiga que sólo puso una foto de su gato. “Quería mostrarme, pero preservando la intimidad”, me decía una colega al respecto. Aquí el ritmo lo marca la desconfianza y la sensación de estar siendo (otra vez) un objeto de escaparate (algo de lo que suelen huir).

Por lo que he ido escuchando, sin embargo, la primera sorpresa que suelen llevarse es la de cientos de 'likes' al poco rato. ¡Incluso la que ponía sólo la foto del gato! Eso, al principio, puede ser estimulante: ¿a quién no le gusta la aprobación de tanta gente? Como me dijo una amiga, “ahí dentro te sientes como una diva, mientras en el mundo de fuera todo es una mierda”. “Me caían los hombres por todos lados y te sientes como importante”, dijo otra.

Pero con el tiempo vas relativizando esa atención desmedida y al final, lo que importa es ‘filtrar’. Esa palabra aparece siempre que hablo con alguna amiga sobre Tinder. Con el tiempo, todo se trata de filtrar para expulsar al indeseable (“esos chicos de los músculos que solo quieren follar”) y conocer a alguien interesante. “Entre 200 tíos, ¿cómo sabes cuál puede ser guay sin perder mucho tiempo?”.

Huir del indeseable no es una cuestión solo de gustos: casi todas las amigas con las que hablé contaban cómo hay muchos tipos que se “ponen violentos” cuando no les respondes como quieren, cuando no accedes a follar rápidamente, cuando no le mandas fotos en las que se te ve más, o cuando no te muestras disponible. Tipos que del piropo pasan rápidamente al insulto cuando no tienen lo que buscan. Y de esos hay a montones.

Lo más interesante, sin embargo, es la contradicción que supone intentar escapar de la lógica Puta / Santa (que explico en otro artículo) en una aplicación de ligue: ¿cómo escapar de la hipersexualización de la Mirada Masculina pero a la vez estar en una aplicación para ligar? ¿Cómo plantearse como persona disponible sin convertirse en un objeto de acoso constante? ¿Cómo salirse del corsé que supone el papel de la Mujer Santa sin caer como castigo en la consideración de la Mujer Puta? Cada tres perfiles que ves, uno tiene que especificar “No encuentros de una noche” y a todas las mujeres con las que hablé les han preguntado sin mediar presentaciones si quieren follar. Querer ligar sin ser humillada en el camino: un difícil equilibrio en ‘apps’ como Tinder.

En este tipo de escenarios se entrecruzan de una manera fascinante las lógicas del neoliberalismo, el consumismo de imágenes y experiencias y las estructuras desiguales de género. Desigualdades específicas desde los dos lados: no conozco ni a un solo hombre al que le hayan insultado por no tener fotos (o por enseñar poco en las que tiene), o que le hayan ofrecido sexo en el primer mensaje. Aunque tampoco conozco ninguna mujer que haya pasado por dificultades enormes para tener un 'match', ni a ninguna que haya desarrollado una fuerte inseguridad por ver que su perfil no gusta.

En ambos casos hay condiciones que hacen que, para hombres y mujeres, estas aplicaciones constituyan una experiencia dura e incómoda. Basándonos, sin embargo, en la célebre cita de Margaret Artwood, podríamos decir que los hombres en Tinder, a lo sumo tienen miedo de que la mujer se ría de ellos; la mujer, mientras, tiene miedo de que su interlocutor pueda llegar a ser violento o acosador.

domingo, 17 de marzo de 2019

#hemeroteca #fiestas #feminismo | Un jurado feminista premia la falla ‘Votes for women’ por no utilizar estereotipos ni roles sexistas

Les Beatrius con su falla feminista
Un jurado feminista premia la falla ‘Votes for women’ por no utilizar estereotipos ni roles sexistas.
La red de mujeres Les Beatrius protesta a la composición exclusivamente masculina del tribunal que decide los galardones y "su negativa a rectificar para conseguir la paridad".
El País, 2019-03-17
https://elpais.com/ccaa/2019/03/17/valencia/1552826875_709806.html

El jurado feminista creado por la red de mujeres periodistas valencianas Les Beatrius ha reconocido a la falla de Almirante Cadarso-Conde Altea como la más igualitaria, al ser "la única que respeta el lenguaje inclusivo" en la máxima categoría y no utilizar imágenes estereotipadas ni roles sexistas. Este colectivo ha otorgado este premio a modo simbólico y en respuesta a la composición exclusivamente masculina del jurado que ha elegido la mejor falla de 2019 y "su negativa a rectificar para conseguir la paridad", dice el colectivo.

Les Beatrius han iniciado esta mañana el recorrido de las nueve fallas de la ‘categoría de oro’ y han elegido la de Almirante Cadarso, que firma el artista Manuel Algarra y que lleva por lema ‘Votes for women’ [‘Votos para las mujeres’], dedicada al movimiento sufragista. Las juradas lo han elegido tanto por la temática como por el protagonismo que da a las mujeres, por las reivindicaciones de género y por visibilizar a personalidades importantes de la historia feminista como Frida Kahlo.

Durante su recorrido por las fallas de Especial, estas profesionales han apreciado esfuerzos para incorporar la perspectiva feminista, pero lamentan que todavía son insuficientes en la categoría grande de las fiestas falleras. "En general perviven la sexualización, la infantilización y los roles tradicionales asociados a las mujeres", lamentan en un comunicado.

Almirante Cadarso-Conde Altea se ha alzado como la ganadora con un total de 758 puntos, seguida en segundo lugar por la falla Regne de València-Duc de Calabria con 541. Muy de cerca, el bronce ha recaído en Na Jordana con 532 puntos.

L'Antiga de Campanar, la falla ganadora de este año -el fallo se dio a conocer anoche por el jurado oficial- ha quedado cuarta, a juicio de las feministas, seguida de Sueca-Literato Azorín, Convento Jerusalén, Cuba-Literato Azorín, Exposició-Misser Mascó y, por último, El Pilar.

Este jurado feminista es una iniciativa de Les Beatrius, una red de mujeres feministas profesionales del periodismo y el fotoperiodismo de la Comunidad Valenciana, a la que se han sumado otras organizaciones feministas de referencia, en respuesta a la composición exclusivamente masculina del jurado de la Sección Especial 2019 y a "su negativa a rectificar para conseguir la paridad".

Las juradas han puntuado cada monumento en base a un test de auditoría de género con 13 indicadores. Son representantes de Les Beatrius, Escuela de Pensamiento Feminista Amelia Valcárcel, Mujeres Progresistas, Alanna, Casa de la Mujer, Plataforma Cedaw País Valencià, Colectivo de Mujeres Feminista de Montcada, Antigona, Mujeres Grandes y Verònica Gisbert, profesora de Sociología de la Universitat de València.

En general, reconocen que hay más presencia del feminismo en las Fallas, "a pesar de que sea para realizar críticas al propio movimiento feminista o, por el contrario, a hacer visibles sus reivindicaciones en figuras o escenas puntuales, en casi todas las fallas". También ven avances en la incorporación de reivindicaciones o denuncias, aunque lamentan que "no siempre acaban de redondear la manera en que se representa esta voluntad de cambio".

A su juicio, se da "una tendencia de cambio por parte de comisiones de Fallas que no se corresponde con los criterios y actitudes de las instancias de decisión del mundo fallero", ya que la falla ganadora del primer premio del jurado feminista ha quedado última para el jurado de Especial.

Hipersexualización

En cualquier caso, hacen hincapié en "la pervivencia de representaciones del todo rechazables y pendientes de apartar como la hipersexualizacion de mujeres y pequeñas, la infantilización de las imágenes femeninas, los cánones de belleza estereotipados, la infrarepresentación y estereotipos respecto a las mujeres grandes y la pervivencia de roles tradicionales, como hadas, madres, brujas o políticas devoradoras".

El jurado feminista expresa su agradecimiento a todas las comisiones por la acogida y las facilidades para visitar los monumentos.

Y TAMBIÉN…
Fallas y género.
Manuel Gómez Tejedor | Levante, 2019-03-19

https://www.levante-emv.com/opinion/2019/03/19/fallas-genero/1850463.html
'Les Beatrius', el jurado feminista de Fallas que responde al jurado de la Sección Especial formado solo por hombres.
La falla Almirante Cadarso-Conde Altea, premiada por no utilizar estereotipos ni roles sexistas
Europa Press | El Diario, 2019-03-18
https://www.eldiario.es/cv/sociedad/Beatrius-jurado-Fallas-Seccion-Especial_0_879112114.html
Crean un jurado feminista de Fallas en respuesta al de Sección Especial formado solo por hombres.
Europa Press, 2019-03-17

https://www.europapress.es/comunitat-valenciana/noticia-crean-jurado-feminista-fallas-respuesta-seccion-especial-formado-solo-hombres-20190317145200.html
Periodistas feministas crean un jurado de mujeres para las fallas de Especial.
«No podemos dar credibilidad ni autoridad a una asamblea de presidentes, mayoritariamente hombres, que decidieron descartar la propuesta para que en los jurados hubiera paridad», añaden en un comunicado-
EFE | Las Provincias, 2019-03-16
https://www.lasprovincias.es/fallas-valencia/periodistas-feministas-crean-20190316192046-nt.html
Polémica porque solo hombres forman el jurado que elegirá la mejor falla.
"Los 'machotes' pueden insultarme pero esta decisión me provoca mucha tristeza", dice Pere Fuset, el concejal de unas fiestas con un 60% de presencia femenina.
El País, 2019-03-14
https://elpais.com/ccaa/2019/03/14/valencia/1552545212_842585.html
¿Son machistas las Fallas?
El Consell Municipal de la Dona de Valencia analizará si los ‘ninots’ de las fallas ‘cosifican' la imagen de las mujeres
Cristina Vázquez | El País, 2018-01-18
https://elpais.com/cultura/2018/01/18/actualidad/1516268742_073088.html

jueves, 16 de agosto de 2018

#hemeroteca #heterosexualidad | Un libro recoge las consecuencias de tener un salón de juegos en Judimendi

Imagen: Hala Bedi / Gazte Asanblada de Judimendi, Gasteiz
Un libro recoge las consecuencias de tener un salón de juegos en Judimendi.
Hala Bedi, 2018-08-16
https://halabedi.eus/2018/08/16/un-libro-recoge-las-consecuencias-de-tener-un-salon-de-juegos-en-judimendi/

La Gazte Asanblada de Judimendi ha publicado un libro a raíz de la campaña iniciada en el barrio hace un año contra el nuevo salón de juegos. Pretenden, mediante este libro, dar a conocer los problemas que ha generado y genera dicho salón e intercambiar las reflexiones hechas al respecto.

“No queremos hacer un análisis profundo, sino sacar a la luz la información, dudas, conclusiones y opiniones que hemos recopilado”, han remarcado en la presentación. Tras hacer “inspecciones” y encuestas con camareras del local, comerciantes y vecinas, además de dar a conocer los resultados la Gazte Asanblada ha querido dar a conocer su opinión.

A pesar de haber hecho el análisis desde una perspectiva joven, son conscientes que estamos ante un “problema estructural y que afecta más allá del ámbito juvenil”. Además, han querido dejar claro que “no es un problema aislado del barrio” y se han mostrado dispuestas a trabajar con el resto de colectivos de Gasteiz. De hecho, tienen previsto hablar con los barrios de Lakua y Txagorritxu.

El salón de juegos del barrio se encuentra dentro de una cadena que trabaja a nivel de toda la CAV, por lo tanto, los beneficios quedan en manos de “un gran empresario”. Esto, denuncian que “choca” con la filosofía de potenciar el comercio local.

También han querido poner sobre la mesa las condiciones laborales de las empleadas. Según han podido observar, éstas no son nada buenas. “Para poder mantener los precios bajos del local, es una condición indispensable. El bar es también una de las principales fuentes de ingresos”. Denuncian “competencia desleal, ya que mantienen el local abierto más horas de las permitidas”.

Sin embargo, se muestran preocupadas con las opiniones que han escuchado de las vecinas. A pesar de recibir opiniones negativas, han observado que la mayoría de la gente considera que es un bar, “dificultando que se vea de verdad lo que se encuentra detrás de este negocio”. La Gazte Asanblada considera que “están consiguiendo normalizar el juego entre las más jóvenes”.

Perfil masculino y mujeres hipersexualizadas
En cuanto a las personas que entran al local, remarcan que la mayoría son hombres, “ya que está encaminado a hombres heterosexuales”: denuncian que las mujeres que aparecen en las maquinas están “totalmente hipersexualizadas”.

El consumo de drogas ilegales ha aumentado junto a las peleas y la presencia policial. Lamentan ver cada vez más personas jóvenes entrando a estos tipos de locales, “normalizando este tipo de ocio”.

“Este salón no es un bar agradable que tiene precios bajos y música alegre. Este salón quiere generar dependencia a las que menos tenemos e inflar de dinero a un solo dueño”, han concluido.

El libro se podrá conseguir en los siguientes puntos: Candela, Globo, Granje, Lata Kilkerra, Gure Txoko, Rey Luis, Irusta y SUmendi.

sábado, 7 de julio de 2018

#hemeroteca #bisexualidad #orgullo | La bisexualidad también es un orgullo

Imagen: Público / MADO 2018
La bisexualidad también es un orgullo.
Dos años después de haber dedicado la celebración del Orgullo LGTBI a visibilizar esta orientación sexual, el colectivo reivindica que todavía quedan cosas por hacer, estereotipos que derrocar y una batalla pendiente contra la desinformación.
Paola Aragón Pérez | Público, 2018-07-07
http://www.publico.es/sociedad/bisexualidad-orgullo.html

"Una de mis exnovias tenía miedo de que no fuera a rendir sexualmente con ella por ser más gay que hetero", cuenta Álvaro (25 años), recordando una de sus experiencias como persona bisexual. "Hasta acostarnos y que todo fuese bien, puso en duda mi sexualidad", continúa, y cambia de dirección sus palabras: "Ahora, mi pareja es un hombre gay e insiste en negar que me puedan gustar las mujeres, cuando yo he tenido relaciones con ellas, he disfrutado y me siento atraído por algunas". La última parte parece necesaria para justificarse, para acreditarse, para demostrar que sí, que es bisexual.

Y no es el único al que le pasa. Leire (37 años) es activista y bisexual. No empezó a considerarse como tal hasta casi acabada su década de los 20. Ella habla, bromeando, de que hay una especie de "policía de la bisexualidad", que parece que viene a comprobar si tienes "los cupos cubiertos", si has cumplido "con el 50% de chicas y el 50% de chicos en tus relaciones". "Puedes, sin embargo, no haber salido con nadie y saber que eres bisexual", reivindica. El quid de la cuestión: a las personas heterosexuales no se les exige demostrar que lo son. A los gais y las lesbianas, tampoco.

Las discriminaciones que sufren las personas bisexuales no son más ni menos que las de otros sujetos incluidos en los movimientos LGTBI, son distintas, particulares y reciben un nombre concreto: bifobia.

Porque, como explica Noelia Mellado, coordinadora de Políticas Bisexuales de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales a (FELGTB), no se trata de ser 50% homosexual y 50% heterosexual, sino que son personas "100% bisexuales". Y que, además, hay multitud de maneras de vivir la bisexualidad. Sin embargo, continúa siendo una orientación invisibilizada, incomprendida, negada e incluso explotada. Y las personas bisexuales sufren discriminaciones manifestadas de múltiples formas, entre las que demostrar que cumples los requisitos de la "policía de la bisexualidad" es solo una de ellas.

Para empezar, el desconocimiento que existe no ayuda a allanar el camino: la propia Real Academia Española todavía contempla el término hermafrodita como definición de bisexual. Las principales organizaciones –entre las que se encuentra la FELGTB o el Colectivo LGTB+ de Madrid (COGAM)– han acordado adoptar el concepto tal y como lo acuñó la activista americana Robyn Ochs en la década de los 90: "La capacidad de sentir atracción romántica, afectiva y/o sexual por personas de más de un género o sexo (no necesariamente al mismo tiempo, no necesariamente de la misma manera y no necesariamente en el mismo grado ni con la misma intensidad)".

No es una fase. Ni un estado de indecisión, ni transitorio. "Es importante visibilizarnos como seres completos, que no estamos confusos, ni tenemos que elegir, ni estamos experimentando”, reivindica Leire.

En el año 2016, la celebración del Orgullo se dedicó a dar voz y luz a este sector del movimiento LGBTI, algo que aportó conciencia sobre la situación de las personas bisexuales y abrió la posibilidad a muchas de no sentir que estuvieran solas. Pero todavía quedan muchas deudas sin saldar, muchos estereotipos por derrocar y mucha labor por hacer.

"Elige una acera u otra; si no, te atropellan"
Como menciona Álvaro sobre su pareja gay, muchas personas bisexuales ven constantemente negada su orientación y abocadas a tener que elegir entre una u otra opción monosexista –heterosexualidad u homosexualidad– para ser tomadas en serio. "Un día, alguien me dijo que escogiera: o una acera u otra, pero no en la carretera porque allí te atropellan", cuenta Álvaro.

A Leire también le ha ocurrido. "El propio colectivo de lesbianas nos acusa a veces de que, a pesar de decir que somos bisexuales, siempre acabamos con un hombre porque es más fácil", explica, "y yo, cuando me consideran hetero, siento que me están quitando una parte de mi identidad". "Se nos ve como si no supiéramos decidirnos y, que te digan esas cosas desde fuera del colectivo, lo tienes más asumido, pero incluso dentro de él, ocurre", continúa la activista. "Hay lógicas absurdas, como cuando te dicen 'si sales con una chica es porque eres lesbiana'. Entonces, ¿qué pasa si no sales con nadie en ese momento? ¿Eres transitoriamente asexual?", cuestiona Leire.

Sin embargo, la activista reconoce que existe una controversia en este aspecto con respecto a otras colectividades del movimiento, y es el modo en que una persona es leída en sociedad. "Si siendo mujer vas caminando por la calle con un chico, van a catalogarte como hetero, y no vas sufrir las agresiones que sufren otras personas LGTBI", explica.

En este sentido, Noelia Mellado incide en lo importante que resulta entender la bisexualidad como una categoría propia en sí misma, y no una mezcla en la que, una supuesta "mitad homosexual", acarree a una persona las "discriminaciones" asociadas a una lesbiana o un gay, a la vez que la "mitad heterosexual", le otorga "privilegios". "Entendiéndolo así, a esa persona no se la está reconociendo de ninguna manera, se la está invisibilizando", detalla Mellado. "El marco del monosexismo presupone que todo el mundo es monosexual, porque tenemos un sistema que es patriarcal", indica, "hay bifobia incluso dentro del propio colectivo LGTBI".

Beatriz Gimeno, activista LGTBI y escritora, atribuye estas dinámicas a "las definiciones externas, que vienen de la cultura heterosexista, monosexista y sexista", haciendo que "socialmente no se acaba de entender muy bien el concepto de bisexualidad" el cual, en todo caso, "parece que es tener sexo con todos pero solo enamorarte de unos, o algo así".

También hay puntos en que la LGTBIfobia genera intersecciones de opresión entre unos y otros colectivos del movimiento, y la homofobia junto a la bifobia actúa como un elemento potenciador de las discriminaciones. Álvaro cuenta que, como hombre bisexual, "el mundo hetero", sobre todo sus amigos, aceptan su bisexualidad porque "a pesar de que haya tenido más relaciones sexuales con hombres, prefieren incluirme ''en ese pequeño 'porcentaje hetero', intentando evitar ese lado marica que también me define".

Las mujeres bisexuales no existen para tu porno
Los estereotipos bifóbicos que afectan a las personas bisexuales tampoco repercuten de la misma manera en los distintos sujetos. "Los hombres 'bi' son vistos como gays confundidos, o directamente no se habla de ellos", puntualiza Mellado. Sin embargo, en el caso de las mujeres, la tónica es algo distinta.

"La bisexualidad de las mujeres se acepta, sin reconocerla, porque es utilizada para satisfacer los deseos sexuales masculinos", cuenta Gimeno, algo que se debe a que "la sexualidad de las mujeres es vista por la cultura como algo para satisfacer a los hombres como objetos y no para construirse como sujetos de placer".

"Los hombres bisexuales son mucho menos visibles", continúa la experta, "se habla mucho menos de ellos que de las mujeres, porque siempre está ese punto de la bisexualidad como producto de consumo pornográfico para la sexualidad masculina. Por eso las mujeres bisexuales son más visibles".

Leire reconoce que dentro del propio movimiento, las lesbianas a veces consideran que las bisexuales son más visibles, algo que la activista también atribuye a que están "hipersexualizadas, pero infravisibilizadas como seres completos con capacidad de decisión. A veces, por ejemplo, en aplicaciones de contactos te entran directamente con “¿nos hacemos un trío?”. Soy un ser humano, al menos salúdame".

Gimeno, además, destaca como causa significativa que "la heterosexualidad masculina se construye desde el rechazo a las mujeres, a lo femenino, desde el incidir que 'no soy una mujer'". "Los hombres son educados más en una heterosexualidad rígida, mientras que a las mujeres, como nuestra sexualidad no importa y siempre está al servicio de los hombres, es una sexualidad que se construye con los límites menos claros", desarrolla. "Por eso las mujeres tienen más facilidad para experimentar relaciones con otras mujeres sin que eso signifique una pérdida de identidad", concluye.

No es la orientación sexual del "vicio"
Asimismo, la bisexualidad tampoco es una opción sexual de "vicio" que desvincule los afectos. Como explica Gimeno, "parece que cuando se habla de bisexualidad se habla solo de sexo" y añade que esto ocurre a veces también con la homosexualidad. "En ese caso quizá menos, porque la parte afectiva socialmente ya hemos logrado introducirla y todo el mundo sabe que los gais y lesbianas también se enamoran", puntualiza Gimeno, "con la bisexualidad no parece tan asumido".

Mellado corrobora la necesidad de trascender este prejuicio. "Hay una tendencia a asegurar que las personas bisexuales son unas viciosas, cuando eso puedes serlo con independencia de tu orientación sexual", reivindica, y añade que, de ser así, "tampoco pasa nada".

Sin embargo, como menciona Leire, "es importante desligar la bisexualidad de la fetichización" que tienen, ya que lo "preocupante" es que la categorización de "promiscuidad" se dé impuesta, que no exista "la opción de decidir ser promiscua o no".

jueves, 19 de abril de 2018

#hemeroteca #lesbianismo #comic | Tillie Walden: “Los chicos me decían que si teníamos sexo dejaría de ser lesbiana”

Imagen: El País / Tillie Walden
Tillie Walden: “Los chicos me decían que si teníamos sexo dejaría de ser lesbiana”.
Alba Tobella Mayans | Tentaciones, El País, 2018-04-19
https://elpais.com/elpais/2018/04/16/tentaciones/1523912562_903971.html

Tillie Walden tiene un alma gemela, pero vivió una infancia profundamente solitaria. Fría como las pistas de patinaje artístico en las que pasó casi más horas que en el colegio. Oscura como las madrugadas que su móvil interrumpía religiosamente para ir a entrenar. Lo odiaba y la angustiaba. Ahora, Walden (1996) se acuesta y se levanta con el sol. La noche le da miedo y dormir bien, al fin, es para ella lo más parecido a ser feliz.

“Las patinadoras crecen en un mundo ultrafeminizado y ultrasexualizado. Yo pude ver todo lo que pasaba a mi alrededor porque ser lesbiana me daba unas gafas especiales. No quería que me dijeran cuál era la forma correcta de ser mujer”, recuerda la autora de 'Piruetas' (Ediciones La Cúpula, 2018), una novela gráfica en la que se planteó diseccionar la crueldad del sistema del patinaje profesional en Estados Unidos pero acabó convirtiendo en un relato sobre su mundo y lo difícil de ser distinta en la pista de hielo, donde si una se equivocaba de tono de medias, generaba una crisis en el equipo.

Cuando quiso cortarse el pelo, se lo prohibieron; cuando quiso besar a una chica, buscó un tutorial y cuando empezaron a crecerle los senos, tuvo que ponerse tiritas en los pezones porque a los jueces les molestaba ver las costuras de la ropa interior de las deportistas. El deporte de alto rendimiento es mucho más que una competición, contaba la semana pasada en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona, es un sistema enorme, una jerarquía de valores y que acaba convirtiéndose en toda tu vida.

“Teníamos que esconder nuestro sufrimiento con un montón de maquillaje y vestidos diminutos para contorsionarnos delante de paneles de jueces formados prácticamente siempre por hombres... Era muy asqueroso y eso era lo más complicado, porque yo también sexualizaba a las chicas y me sentía atraída por ellas”, explica con energía y sin bajar la sonrisa esta mujer rapada que a los 22 años ya no tiene mucho que ocultar. Sus compañeras se peinaban y se maquillaban unas a otras, se cambiaban todas juntas y se tocaban mucho: “Si hubieran sabido que era lesbiana, hubieran convertido todo lo que yo hacía en algo sexual y eso me daba mucho miedo”.

Walden es de Nueva Jersey pero creció en Texas, “un estado ‘súuuper’ conservador”, y cuando decidió salir del armario, ni siquiera su hermano gemelo, su “todo”, atinó a apoyarla. En el colegio la identificaban tanto con la patinadora delicada que había sido siempre que los chicos se resistían a creerla: “Se me acercaban y me decían que si teníamos sexo dejaría de ser lesbiana... Nadie entendía nada. No había muchos chicos abiertamente gais por aquel entonces y me acabaron convirtiendo en un referente”.

Empezó a dibujar para ganar aprobación. Los profesores de arte le decían que se le daba bien, así que continuó haciéndolo. “Dibujar no iba a hacer que parara el ‘bullying’ ni me hacía más fácil ser lesbiana... Existe este mito de que dibujar te hace sentir mejor, pero yo culpaba al dibujo de mi insatisfacción y de mi angustia”. Su padre, ingeniero de software, le abrió una página web y la obligó difundir esas viñetas en Twitter.

Un día, a la salida del colegio, estaba comiendo una hamburguesa —“eso es lo que hacen los jóvenes americanos en su tiempo libre, comer hamburguesa”—, cuando recibió una llamada de un editor que le proponía hacer un libro. Ella le respondió que todavía no se sentía preparada. En un segundo intento, cuando ya había decidido entrar al Center for Cartoon Studies, su escuela de dibujo, accedió a publicar. Y desde entonces no ha parado.

Se mudó a Los Ángeles, trabaja por la mañana y de forma “estúpidamente rápida”. No usa guiones porque “le roban el alma al cómic” y cuando se enfoca en un proyecto, deja de leer porque se siente muy maleable y teme copiar.

‘Piruetas’ es su cuarto volumen —el único disponible en España—, tiene también un webcómic de ciencia ficción y ya está trabajando en dos nuevos proyectos de los que no puede hablar aún. De Barcelona sale hacia Colombia, donde el año pasado se publicó 'Esta parte me encanta' (Cohete Cómics, 2017) para participar en la Feria del Libro de Bogotá.

De pequeña, Tillie Walden no pensaba en ser astronauta, ni siquiera campeona olímpica, pese a que tenía toda la trayectoria para lograrlo. Por aquel entonces imaginaba para ella un futuro en una empresa cualquiera, tal vez de secretaria o recepcionista. “Empecé a patinar a los seis y lo hice durante tanto tiempo que ya formaba parte de mi identidad. No sabía que se podía dejar de hacer algo que habías practicado durante tanto tiempo, sobre todo si lo hacías bien. Nadie me había dicho que podía ser lo que quisiera”. Seguía torturándose, ganando medallas, haciendo piruetas y saltando más y más alto hasta que le preguntaron si iba a seguir en serio. Vio una escapatoria y dijo que no: “Supe que si tomaba ese camino nunca llegaría hasta aquí”.

sábado, 10 de febrero de 2018

#hemeroteca #violenciasexual | Niños que violan a niños

Imagen: El País / Edouard Louis
Niños que violan a niños.
La hipersexualización, la barra libre de porno y la escasa educación sexual juegan en contra de los niños.
Berna González Harbour | El País, 2018-02-10
https://elpais.com/elpais/2018/02/09/opinion/1518197174_104144.html

Es mucho más fácil hablar de violaciones colectivas cuando ocurren en un autobús de India y podemos ponernos de acuerdo en que el salto de la miseria a la era de Internet en sociedades poco desarrolladas genera disfunciones difíciles de controlar. La barra libre de porno en ese país de tradición machista y sin revolución sexual es difícil de asimilar. Lo analizaba así la prensa más interesante de India y no el clero de ninguna iglesia ni los dueños de ninguna verdad. Lo difícil —lo espeluznante— es analizar qué ocurre cuando la violación colectiva tiene lugar en el recreo de un colegio español a manos de chicos de 12 a 14 años y la víctima es un pequeño de apenas nueve. Como primera reacción, apetece convocar a los más finos analistas indios.

Pero ha ocurrido. La Fiscalía de Menores investiga la supuesta violación de un niño por parte de cuatro compañeros de la ESO en un colegio de Sierra de Cazorla, en Jaén. La víctima había sufrido meses de acoso y en lugar de estar haciendo sencillas divisiones con restos, distinguiendo conos de pirámides o separando nombres de pronombres bajo el amparo de sus maestros, como corresponde a un niño de su edad, estaba sufriendo una penetración anal.

Desbordaba ya nuestra capacidad de asombro conocer los casos de abusos de menores por parte de religiosos pederastas que han azotado la Iglesia católica en muchos países, también España. Después la desbordaron casos de violación colectiva como la que se vivió en Pamplona en 2016. Ahora simplemente no encontramos ni cómo ni dónde encajar las que hemos conocido de menores que violan a menores. Ni en el plano moral ni en el plano judicial, pues los menores de 14 años ni siquiera son imputables.

Los profesionales que se ocupan del acoso alertan de que se ha adelantado la edad de las víctimas (ahora tienen 8 o 9 años, cuando antes eran principalmente adolescentes) y se han multiplicado los casos. Tampoco sabemos si la violación de una menor por parte de varios menores en Barakaldo o la de este niño en un colegio de Jaén son casos aislados o una señal de alarma de un problema más extendido. Pero sí sabemos que la hipersexualización que inunda la publicidad, la amplia accesibilidad al porno por parte de los niños y la escasa o nula educación sexual deja el aprendizaje en manos ajenas, manos interesadas, en ocasiones pervertidas y sin fácil control parental.

El joven escritor francés Edouard Louis contó crudamente en 2014 las violaciones que sufrió de niño en un libro muy recomendable: ‘Para terminar con Eddy Bellegueule’ (Salamandra). Su autobiografía fue un ‘best seller’ y una espoleta que puso en marcha miles de denuncias parecidas que le llegaron por carta. En 2015, en una entrevista en Babelia, nos regaló una respuesta que tal vez sirva para darnos pistas de lo que no alcanzamos a comprender: “La violencia que he conocido no es responsabilidad de los que la ejercían, sino producida por su propia exclusión”. Y es que, además de proteger a la víctima en primerísimo término, urge estudiar qué ha fallado socialmente para que cuatro compañeros de un colegio de Jaén hayan preferido acosarle y violarle a jugar con él al balón.

martes, 14 de noviembre de 2017

#hemeroteca #vestimenta | La adolescencia de los ‘minishorts’: ¿hipersexualización o moda?

Imagen: El País'¡+
La adolescencia de los ‘minishorts’: ¿hipersexualización o moda?
Ellos visten pantalones caídos dejando ver la ropa interior, más cómodos y sin la misma connotación sexual, ¿qué les preocupa, realmente, a los padres?
Diana Oliver | El País, 2017-11-14
https://elpais.com/elpais/2017/11/08/mamas_papas/1510143163_093243.html

Ellas visten ‘shorts’ imposibles y camisetas que terminan mucho antes de llegar al ombligo. Ellos, pantalones caídos dejando ver la ropa interior, pero mucho más cómodos y sin la misma connotación sexual. Esta podría ser la descripción de la forma de vestir de muchos de los adolescentes pero, ¿se trata de una cuestión generacional que “solo” trae de cabeza a padres que no lo pueden entender, o es la consecuencia más evidente de una sociedad hipersexualizada?

Los lugares comunes nos dicen que siempre habrá un padre o una madre quejándose de su hijo adolescente. De sus ideas, de su forma de ver la vida, de la música que escucha, de los amigos que le rondan y hasta de la ropa que se pone. Y es ahí, en la forma de vestir, en la que caben tantos planteamientos como adolescentes porque, aunque no lo creamos, estamos ante uno de los grupos sociales más diversos y heterogéneos que existen. Sin embargo, y partiendo de que el concepto de adolescencia es un concepto moderno y no propio de todas las culturas, son precisamente los lugares comunes los que nos conducen una y otra vez hacia un concepto difuso de “moda adolescente”, que no es otra cosa que una forma de llamar a una herramienta identitaria: “Su personalidad se está forjando y por eso la elección de la ropa es importante para ellos. Así se construyen a sí mismos y contribuyen a construir la mirada de los demás sobre ellos mismos; y en ese espectro se han movido y se mueven los adolescentes, tratando de encontrar su sitio también a través de la ropa”, explica Paula Martos, doctora en Historia especialista en género, para quien, además, la globalización ha contribuido a convertir esas identidades diversas en algo “globalizado y reconocible a nivel internacional”.

Para Alba Castellví, educadora, socióloga y mediadora especializada en niños y adolescentes, la elección de la ropa es importante para todos, no solo para los adolescentes ya que no tiene solamente una utilidad práctica, sino que está socialmente codificada: “Vestirse es un juego de múltiples significados que habla de nosotros: de nuestra posición social, de nuestro carácter... La ropa es un mensaje que emitimos acerca de quienes somos e incluso de cómo queremos relacionarnos con los demás. Las adolescentes desean anunciar que dejaron de ser niñas y quieren gustar. Pertenecer a un grupo y contar con la aprobación del entorno es una necesidad muy acentuada entre muchos adolescentes. La pertenencia se expresa a través del aspecto físico y la aprobación se consigue fácilmente asimilándose a los demás. Ello explica cierta uniformización en el vestir: los ‘minishorts’, por ejemplo, se han universalizado entre la población juvenil femenina”.

Crecer en una sociedad hipersexualizada
Ahora bien, para Kepa Paul Larrañaga, sociólogo y presidente de la Asociación del Grupo de Sociología de la Infancia y de la Adolescencia (GSIA), puesto que todo hecho que sucede a nivel económico, social, político y cultural afecta a cualquier grupo social y humano, los adolescentes no escapan tampoco de las influencias externas. Por tanto, para el sociólogo, es evidente pensar que si vivimos en un entorno en el que los contenidos hipersexualizados dominan los medios de comunicación e internet, estos también influyen en el grupo social adolescente, “no como un grupo social sexualizado en sí mismo si lo comparamos con el resto de grupos sociales adultos, sino como consecuencia de la sociedad en la que viven: machista y que cosifica el cuerpo de la mujer”.

Define la socióloga Alba Castellví la hipersexualización como “el enfoque instrumental de la persona mediante su percepción como objeto sexual” y apunta que “son muchas las chicas que se valoran a sí mismas sobre todo en función de su atractivo sexual, que potencian al máximo, y ello empieza pronto: el sociólogo Neil Postman ya habló en 1994 de "la desaparición de la infancia" en su libro 'The disappearance of childhood', en el que exponía la tesis de que la infancia se pierde a causa de su nueva concepción como público consumidor. Hoy lo vemos con toda claridad: incluso las niñas son usadas como objeto cuando se convierten en modelos de la moda sexy”.

Y es que la moda femenina y muy especialmente la moda juvenil son clara expresión de la hipersexualización de la sociedad occidental contemporánea. Según la historiadora Paula Martos, con el desarrollo de las revistas de moda y la aparición de los centros comerciales en el siglo XIX y, más tarde, a partir de la década de 1920, con la popularización de las tendencias de moda y su extensión a todos los estratos sociales, la ropa femenina ha seguido el camino de la sexualización. “En el siglo XX hay algunos modelos especialmente significativos como las chicas ‘pin-up’, cuyo auge se dio en la década de los 40. También de esta época destaca el modelo de la denominada ‘femme fatal’, y en los años 80 hay toda una revolución en la vestimenta, que afecta sobre todo a los jóvenes. Hay muchos hitos: el corsé, el sujetador, los tacones, las medias, la minifalda, el bikini... así como la progresiva desaparición de la ropa que alcanza su punto álgido con el ‘topless’”. Y es esa desaparición la que nos conduce a la pregunta de si llevar menos ropa es una liberación para el cuerpo o es una forma de sexualizarlo. En opinión de la historiadora ambos conceptos son igualmente válidos: “Por un lado, si entendemos que la sexualidad femenina ha estado reprimida y ha tratado de liberarse entonces será “liberadora”. El problema es que normalmente esta "liberación" se ha producido desde la mirada masculina, desde la mentalidad patriarcal, desde una industria de la moda dominada por hombres, por lo que también podría entenderse como una forma de sexualización”.

Comparte esa idea el sociólogo Kepa Paul para quien “la forma en la que nos vestimos refleja un modelo de expresión social que afecta a las adolescentes y a los adolescentes que quieren vestir de manera provocativa, insinuándose el hecho de poder ser libres aunque se propicie la conservación de estereotipos de género evidentes, y sin olvidar que afecta de igual manera a todas y todos los adultos que visten de igual forma de manera provocativa”.

La influencia de las redes sociales e internet
Es imposible cerrar los ojos a una realidad, la tecnológica, y especialmente a cómo esta se ha integrado en la mayoría de los ámbitos de nuestras vidas, desde el personal y familiar hasta el laboral. Y no solo como adultos. Según Kepa Paul Larrañaga, diversos estudios europeos sitúan la edad media de inicio en el uso de las redes sociales e internet en torno a los 6 o 7 años. Teniendo en cuenta que es alrededor de los 10 años cuando se integran los estereotipos de género, son muchos los estímulos a los que los adolescentes han estado expuestos “en relación a la asunción social de su papel de género y por tanto de los estereotipos vinculados socialmente a ese rol de género”. Para el sociólogo, “basta con observar la cantidad de fotos en perfiles de redes sociales donde se presentan tanto adultos como adolescentes con imágenes sexualizadas. Todo enmarcado en una sociedad que continúa queriendo aparentar físicamente ser joven o incluso adolescente para ser más atractivo sexualmente”.

Dado que es a través de las relaciones entre iguales pero también familiares, sociales y del entorno escolar como los adolescentes van configurando su propia identidad social, es importante analizar qué mensajes seguimos lanzando como sociedad en cuanto a los roles de género, estereotipos, culto al cuerpo e hipersexualización. Opina Nora Rodríguez, pedagoga y fundadora de Happy Schools Institute, que hay que ir más allá del concepto de hipersexualización en el uso de un determinado estilo de ropa y hay que mirar cómo son los adolescentes de hoy y quién influye en ellos. “No es solo un estilo de moda que usan para llamar la atención, estamos hablando de iGens, la primera generación de adolescentes cuyas vidas están diseñadas por la tecnología móvil y las redes sociales. El modo en que visten proviene del omnipresente uso del iPhone, con un individualismo inflado. Los adolescentes crecen con móviles, y tienen una página de Instagram antes de comenzar la escuela secundaria. Pasan de cinco a seis horas al día enviando mensajes de texto, chateando, jugando, navegando por la web, transmitiendo y compartiendo vídeos, y pasando el rato en línea; y todo teniendo en cuenta, además, que las niñas son increíblemente vulnerables porque usan más las redes sociales, e informan el doble del índice de acoso cibernético que los niños”.

¿Qué hacer? Para la pedagoga, docentes y familias deberían caminar hacia la construcción de un pensamiento más crítico en una sociedad en la que la mercadortecnia gira en torno a lo sexual. “La ropa está sexualizada, no los adolescentes. Ellos no quieren quedar excluidos por lo que debemos enseñar a los adolescentes que el marketing de los nuevos medios siempre beneficia al vendedor, no necesariamente al comprador”.

Según Alba Castellví, por su parte, “la familia debe actuar, en la medida de lo posible, como filtro en el bombardeo de mensajes del mercado y también como protectora de la autoestima y garante de la capacidad de resistencia de las niñas y jóvenes” ante lo que sugiere que como padres nos planteemos las cosas mucho antes: “En primer lugar, cuando sus hijas son aún pequeñas, los padres deben ser agentes preventivos. Para ello, han de evitar proyectar la imagen de sus hijas. Usarlas en redes como Instagram para mostrar una imagen de éxito, de niña bonita, implica transmitir la idea que la apariencia es importante, y las chicas aprenderán pronto de sus madres a considerarlo de este modo”. Añade que padres y madres debemos ser conscientes y críticos acerca del significado de la moda sexualizada femenina: “Deben tomar consciencia de cómo la imagen les contagia de roles o arquetipos, y de los valores a los que se asocian: seducción, el atractivo como valor supremo...” Y, por último, añade que lo más importante debe hacerse desde el punto de vista educativo, mediante procesos de comunicación adecuados que inviten a las niñas a preguntarse: “¿soy más libre, vistiendo como todas, o lo soy menos? ¿Qué o quién me sugiere cómo debe ser mi imagen? ¿A qué preferencias obedece y por qué?”.