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domingo, 7 de abril de 2024

#hemeroteca #feminismo #cuidados | Alva Gotby: “Se utilizan ideas feministas para justificar el individualismo u objetivos de minorías”

Alva Gotby: “Se utilizan ideas feministas para justificar el individualismo u objetivos de minorías”
Alva Gotby, escritora y feminista británica, ha impactado en el debate feminista al analizar el papel de las emociones en la perpetuación del sistema capitalista en su obra más reciente.
Laura Pérez Castaño | El Salto, 2024-04-07
https://www.elsaltodiario.com/feminismos/alva-gotby-cuidado-trabajo-reproductivo

Alva Gotby //
Alva Gotby, escritora inglesa y destacada voz en el ámbito del feminismo contemporáneo, ha dejado una profunda huella en el debate feminista con su análisis de las complejidades de la reproducción social en el contexto del capitalismo actual. Con una sólida formación académica en Estudios de Medios de Comunicación y Filosofía y Teoría Crítica Contemporánea, en su obra más reciente, ‘Ellos lo llaman amor. Una política de las emociones’, publicada por Verso, Gotby desentraña el papel fundamental que desempeñan las emociones en la reproducción del capitalismo.

A través del concepto de “reproducción emocional”, Gotby expone cómo actividades cotidianas, tales como consolar a un ser querido o brindar apoyo emocional en el trabajo, son elementos cruciales para el funcionamiento del sistema económico y social. Desafiando las concepciones convencionales, la autora muestra que el trabajo emocional, mayoritariamente realizado por mujeres, no solo asegura el bienestar individual, sino que también refuerza las jerarquías de poder y la estabilidad del ‘statu quo’. Además, aborda las implicaciones políticas de estas dinámicas, destacando la necesidad de una reestructuración radical de la sociedad para mejorar las relaciones humanas y abordar las desigualdades sistémicas.

Gotby representa hoy el feminismo visionario del que hablaba bell hooks en ‘El feminismo es para todo el mundo’, cuando diferenciaba entre el feminismo que aboga por una revolución total, desafiando directamente las estructuras de poder establecidas, y un feminismo reformista que no pretende acabar con el orden social discriminatorio, sino reformar algunas cuestiones, particularmente las que afectan a las mujeres blancas de clases sociales favorecidas. Durante su visita a Barcelona para presentar su último libro, tuvimos la oportunidad de dialogar con ella sobre esta propuesta de transformación radical del sistema de género, la familia y el trabajo. Eso que ellos llaman amor.

P. Desde la década de los 70, la lucha feminista se ha considerado un gran eje de transformación radical de las desigualdades y ha conseguido enormes avances. A pesar de ello, la feminización de la pobreza y la división sexual del trabajo persisten... ¿siguen intactas las estructuras de dominación o ha cambiado algo?
Creo que ambas cosas, de alguna manera. Definitivamente hay muchas cosas que han cambiado desde los años 70. En la mayoría de los países de Europa, ha habido un cambio de una mayoría de mujeres dedicadas al trabajo en el hogar a más mujeres trabajando en diversas formas de empleo remunerado, e incluso algunas de ellas tienen ocupaciones de alto estatus, de las que habrían sido completamente excluidas hace solo 50 años. También es cierto que los hombres están más involucrados en el cuidado de los niños y asumiendo parte del trabajo doméstico. Pero la mayor parte del trabajo de cuidado no remunerado siguen haciéndolo las mujeres y buena parte de ese trabajo se ha trasladado de las amas de casa a trabajadoras mal remuneradas en sectores feminizados como servicios infantiles o de atención a personas mayores. Aún queda trabajo por hacer para lograr una distribución justa de las responsabilidades de cuidado.

P. En el libro dices que hay que rechazar el papel femenino que el capital ha inventado para nosotras, ¿en qué consiste ese papel y qué tiene que ver el amor en todo eso?
Creo que ese papel se centra en el cuidado de los demás, en estar atenta a sus necesidades y a menudo implica sacrificar el propio bienestar. Aunque este trabajo puede ser difícil, a menudo no se reconoce como trabajo, sino como una expresión de amor y casi se glorifica. Quiero desafiar la idea de que este rol femenino sea natural; cuestionar la noción de que amar a tus hijos implica sacrificar tu propia vida. Podemos organizar el cuidado de una manera diferente.

P. Le das mucha importancia a la parte emocional dentro de los trabajos de cuidado ¿De qué hablas cuando hablas de “reproducción emocional”?
Hay un componente emocional bastante importante en los cuidados. Y eso es algo que mucha gente menciona cuando habla de trabajos reproductivos pero rara vez se teoriza por sí mismo. Yo pienso en la emoción como algo que a menudo estructura las relaciones de cuidado. Y también que hace que sea más difícil para las personas decir que no. Puede hacer que esas relaciones sean más explotadoras, porque si tienes una especie de inversión emocional en el bienestar de otra persona, es muy difícil decir: “no quiero hacer esto, voy a reivindicar mi bienestar o hacer huelga”.

P. Hablas del amor como trabajo... ¿cómo se mercantiliza el trabajo emocional y qué rol juega la clase social en la mercantilización?
Desde los años 70, ha habido un cambio notable en las economías capitalistas de Europa y América del Norte, especialmente con la creciente importancia del trabajo de servicios en los mercados laborales. Esta demanda repentina resalta la habilidad tradicionalmente feminizada de satisfacer las necesidades emocionales de otros, lo cual es interesante ya que intenta valorar algo difícil de medir y que cambia su significado cuando se convierte en mercancía. Al contratar a una cuidadora para atender a tus padres mayores, se crea una dinámica diferente a la de cuidar a un padre por cuenta propia, lo que introduce una nueva jerarquía en las relaciones familiares. Aunque se presenta como una solución para las mujeres que trabajan y necesitan cuidado para sus hijos, también genera nuevas formas de explotación.

P. Y aquí hay claramente un factor de clase... de quién puede pagar y quién necesita el dinero.
Creo que muchas personas que tienen ciertos privilegios en términos de su posición de clase, género o raza, a menudo tienen sus necesidades satisfechas sin tener que pensar realmente en ello. Y eso significa que hay otras personas que tienen que suprimir sus propias necesidades o sentimientos, y simplemente tienen que estar ahí para asegurarse de que las personas en la jerarquía social se sientan bien consigo mismas y con su posición en el mundo. Eso es algo que a menudo no se piensa demasiado. Es tan invisible y está tan naturalizado que algunas personas pueden comportarse como quieran con otras, y no tienen que reconocer sus sentimientos o sus necesidades. En cambio, una persona trabajadora del sector servicios, por supuesto no va a expresar sus propios sentimientos o su enojo hacia su empleador o hacia un cliente. Porque simplemente tienen que suprimir sus propios sentimientos.

P. Dice Silvia Federici ¿Más sonrisas? Más dinero...
Sí, creo que la capacidad de cubrir las necesidades emocionales de otros se está volviendo más importante como habilidad de la clase trabajadora. Especialmente, aunque no exclusivamente, las niñas de clase trabajadora están siendo socializadas para realizar ese tipo de trabajo que ofrece bienestar, porque muchas de las oportunidades laborales que estarán disponibles para ellas implicarán alguna forma de trabajo de servicio o cuidado. Por lo tanto, eso se ha vuelto más importante.

P. En tu base teórica recoges el legado del movimiento Wages for Housework ¿Qué discursos y qué prácticas articula este movimiento y qué razones lo hacen tan relevante en tu libro, en el reconocimiento de la reproducción emocional?
Sí, este fue un colectivo feminista internacional fundado en los años 70, en un momento en que muchos movimientos feministas empezaron a enfocarse más en lo que ocurría en el ámbito privado y en las tareas domésticas. Lo que encuentro especialmente relevante en los escritos sobre el salario para el trabajo doméstico es tanto su perspectiva teórica, ya que ofrecen un análisis profundo de las inversiones emocionales que muchas madres, pero también otros tipos de trabajadoras de cuidado tienen en relación con aquellos a quienes cuidan. De esta manera, logran destacar cómo estas dinámicas influyen en nuestra percepción de nosotras mismas y en nuestra comprensión del género. Por otro lado, el colectivo también mostraba un claro deseo de transformar el sistema en sí. Su interés no se limitaba a pequeñas reformas que pudieran hacer la vida un poco más fácil para las madres que cuidan de sus hijos u otras cuidadoras. Más bien, aspiraban a un cambio social más amplio que transformara por completo nuestra manera de relacionarnos entre nosotras como personas, así como nuestra concepción misma del cuidado. Considero que este intento de repensar profundamente cómo nos cuidamos mutuamente es sumamente relevante hoy en día. Aunque el discurso feminista y de derechos de las mujeres más liberal ha tenido un impacto significativo, parece haber alcanzado sus límites. Para superar los desafíos actuales, donde muchas personas luchan por conciliar el trabajo remunerado con las responsabilidades de cuidado, es crucial reflexionar sobre cómo podemos transformar la sociedad en un nivel más profundo.

P. Diría que se relaciona de manera muy directa con la propuesta de huelgas feministas que hemos visto en España desde 2018 y hace pocos meses en el País Vasco.
Sí, el movimiento feminista en varios países ha adoptado la idea de la huelga, lo cual es realmente interesante y emocionante. Es algo difícil de hacer, ya que obviamente no queremos dejar a la infancia abandonada ni a las personas enfermas sin cuidado.

Me interesa esto como una forma de cambiar nuestra forma de pensar sobre el cuidado, tratando de convertirlo en una responsabilidad compartida. A veces, esto implica que las mujeres se alejen del trabajo de cuidado y digan: “Necesitamos un descanso, no podemos seguir así”. Esto puede hacer que el cuidado se convierta en un tema político y que se busquen soluciones que involucren a toda la sociedad. Si las mujeres dicen que no pueden seguir bajo estas condiciones, entonces algo debe cambiar.

P. Ese algo está basado en una ética de apoyo mutuo e interdependencia, según explicas en el libro, para superar la dominación, ¿cómo se transforma ese mensaje en un proyecto colectivo?
Definitivamente no es fácil. Y creo que incluso para mí, a menudo es difícil ver cómo podemos avanzar hacia ese tipo de cambio social. Pero también creo que muchas personas realmente sienten la necesidad de ello. Hay bastante ira, hay bastantes personas que sienten que esto es una injusticia y que las cosas no pueden seguir como están. Se utiliza el término crisis reproductiva para describir el momento en el que estamos ahora mismo, lo que sugiere que algo tiene que ceder o que algo necesita cambiar. Creo que, si ponemos esto en la agenda política, y lo convertimos en una lucha colectiva, habría realmente mucha gente receptiva a esta idea. Porque la gente lo siente en su vida diaria, que simplemente no es sostenible.

P. Me parece particularmente complicado en una época en que la cultura popular exalta el individualismo. Es decir, tu libro ‘Ellos lo llaman amor’ convive con “Las mujeres ya no lloran, las mujeres facturan” de Shakira. Es difícil competir con eso.
Sí, entiendo a lo que te refieres. Creo que, desde los años 80 o 90, se están utilizando ideas feministas para justificar el individualismo u objetivos profesionales de minorías. Y tienes este tipo de feminismo ‘girlboss’ que utiliza ideas feministas para justificar llegar a la cima en cualquier carrera en la que estés. Y eso definitivamente es un gran problema para el pensamiento feminista, y por eso creo que es importante cambiar el enfoque lejos del empoderamiento individual o tener, no sé, igualdad de género en el lugar de trabajo. Por importante que sea eso, no será suficiente para cambiar fundamentalmente la sociedad porque, como sabemos, se basa en la explotación de trabajadoras migrantes y otras personas que terminan asumiendo los trabajos de cuidado que las personas necesitan.

P. En tu libro hablas de grupos autónomos de mujeres negras, lesbianas y trabajadoras sexuales, estas últimas, aseguras a la vanguardia de la lucha contra el trabajo sexual(izado) ¿Qué mundo construiremos las malas madres, las trabajadoras sexuales, queers y otros sujetos reproductivos desviados?
Estoy considerando una amplia coalición que abarque a personas de diversas posiciones sociales. Algunos enfoques feministas han destacado la respetabilidad, perpetuando una dicotomía entre mujeres “buenas” y “respetables” y el resto. Mi objetivo, al igual que el del movimiento salario para el trabajo doméstico, es superar esas divisiones y destacar las similitudes en la lucha contra las condiciones laborales. No siempre es sencillo y es cierto que las circunstancias son diversas, por ejemplo, las condiciones laborales de una ama de casa de clase alta difieren de las de una trabajadora sexual migrante. Sin embargo, propongo explorar cómo mejorar las condiciones laborales de las trabajadoras más marginadas, especialmente en el ámbito del cuidado, lo cual también podría beneficiar a aquellas más privilegiadas.


P. ¿Puede ser útil para ello la idea de cuirizar la reproducción emocional?
Se trata de ir más allá de la familia nuclear como el epicentro del cuidado en la sociedad y considerar cómo las personas queer han creado arreglos de cuidado más colectivos y creativos, sí. Las estrategias de supervivencia bajo condiciones restrictivas ofrecen ideas para el futuro.

P. La desigualdad en el trabajo de la reproducción emocional se alimenta del sistema de género. Sobre la abolición del género sostienes dos cuestiones: la primera, que se puede hacer a través de la amplificación colectiva de los sentimientos disponibles para sujetos feminizados y la segunda, que el feminismo tránsfobo socava la abolición del género.
Cuando hablo de abolición de género, tengo en mente un proyecto político para superar la forma en que las personas son categorizadas por género y cómo esto afecta su experiencia y el tipo de trabajo que realizan. No estoy abogando por una sociedad más andrógina, sino que defiendo la libertad para expresar el género como se desee. Creo que la socialización de las mujeres, centrada en el cuidado de otros, es problemática en la sociedad capitalista. Sin embargo, creo que, si logramos superar las restricciones actuales del trabajo de cuidado y la división de género en el trabajo, esto podría llevarnos más allá del individualismo que caracteriza a nuestra sociedad en este momento.

P. ¿Cómo?
Imagina una sociedad donde se generalice la responsabilidad de cuidar a otros, al mismo tiempo que se minimiza la carga individual de hacerlo. Esto podría ser una forma radicalmente diferente de concebir la sociedad y también de relacionarnos con nosotras mismas y nuestra expresión de género. Los puntos que quería abordar sobre el feminismo transfóbico... Muchas de ellas se ven a sí mismas como queriendo ir más allá de una sociedad de género, pero la forma en que lo están haciendo termina reforzando normas de género y reinstalando ideas bastante naturalizadas sobre lo que es el género. Para mí, creo que el potencial de liberación radica en que las personas sean realmente libres de explorar su propia expresión de género y gran parte del pensamiento queer en el que me baso no ha establecido un límite claro entre la sexualidad o la orientación sexual por un lado y la expresión de género por el otro.

P. ¿Y el rol de los hombres en una socialización más justa del cuidado?
Supongo que, en este momento, es importante estar más involucrado en reorganizar el cuidado, sin dar por sentado que es responsabilidad exclusiva de otra persona ocuparse de ello. Considero que esto es fundamental y no quiero minimizar su importancia en absoluto. Pero a menudo, hay una tendencia, especialmente en el discurso feminista más liberal, a convertir esto en una responsabilidad individual. Por ejemplo, sugiriendo que, si los hombres aprendieran a cuidar a sus hijos, todo estaría bien, como una cuestión individual a trabajar en el ámbito familiar. Pero claro, hay un papel para los hombres en esto. Se trata de un proyecto que concierne a toda la sociedad y creo que verlo como una cuestión individual dentro de la propia familia no nos llevará muy lejos. Se necesita la participación de todos, incluidos los hombres, en un proyecto colectivo para repensar el cuidado.

P. Tú propones un horizonte en el que construir una unidad de clase en la lucha contra la explotación en la que los hombres se sumen en nuestros términos a una revolución feminista.
Esa es en realidad una línea inspirada en Selma James, quien fue una de las personas más conocidas del movimiento salario para el trabajo doméstico y una pensadora feminista muy importante. Ella tiene esta crítica hacia los movimientos sindicales que veían las luchas feministas como una especie de desviación de la verdadera causa, y decían, ¿por qué las mujeres no se unen a nuestra lucha, la lucha de clases, la verdadera lucha? Creo que ella es realmente buena al darle la vuelta a eso y decir, ¿por qué no podemos reconsiderar la lucha de clases desde el punto de vista de las necesidades de las mujeres y luego exigir que los hombres respalden esas demandas? Creo que es una manera útil de pensar en cualquier lucha política, decir: “Mira, todos necesitamos unidad, pero esa unidad no puede basarse en que algunas personas simplemente guarden silencio sobre lo que necesitan”. Debe ser una unidad que realmente esté considerando las necesidades de las personas que son aún más explotadas.

P. ¿Qué papel pueden jugar las izquierdas en Europa?
Gran pregunta. Creo que hay que entender que las demandas que se plantean en torno a la reproducción social, en torno al cuidado, son cosas que nos conciernen a todas las personas. Todas estamos afectadas por el cuidado y la reproducción, en un momento u otro, todas necesitamos cuidado y todas necesitamos que nuestras condiciones de vida sean mejores. Así que creo que hay bastante potencial de unidad en estos temas porque la mayoría de las luchas políticas de una manera u otra tendrán implicaciones sobre cómo nos estamos reproduciendo y cómo estamos viviendo y sobreviviendo en la sociedad capitalista. Y muchas veces se trata simplemente de poner eso en la agenda. Todas necesitamos acceso a una vivienda digna. Todas necesitamos cuidado de ancianos y atención médica decente. Incluso aquellas personas que no tienen hijos probablemente quieren que el cuidado infantil sea bueno y accesible. Creo que sería muy beneficioso que la izquierda buscara más autonomía del trabajo remunerado para replantear nuestras relaciones de cuidado. Sin embargo, las restricciones del actual sistema social limitan esta posibilidad, impidiéndonos simplemente abandonar el capitalismo para reconfigurar nuestras relaciones personales.

jueves, 4 de abril de 2024

#hemeroteca #psiquiatria | Mercedes Navío: «Temo más a los cuerdos que a los locos»

Ethic / Mercedes Navío //

«Temo más a los cuerdos que a los locos»

Elena Herrero-Beaumont | Ethic, 2024-04-04

https://ethic.es/2024/04/entrevista-mercedes-navio/

Mercedes Navío es una reconocida psiquiatra, que hoy dirige los hospitales de la Comunidad de Madrid y coordina la Oficina Regional de Salud Mental. Estudió medicina en Granada, donde se doctoró en Psiquiatría y Neurociencia. Pero ha sido en Madrid donde ha desarrollado su carrera profesional, como jefa de sección de Psiquiatría del 12 de Octubre, entre otros cargos. Ha realizado estancias de investigación en el extranjero para profundizar en fenómenos como la creciente ansiedad, la depresión y el suicidio. Tiene una marcada vocación por la filosofía y la literatura, que impregnan su discurso. Su último libro ‘Felices los normales. Memorias de una psiquiatra’, es una memoria ficcionada y un diálogo entre su historia como terapeuta y la de aquellas personas recreadas que la han marcado. Un libro que pretende, desde la humildad de su autora, revelar una posible respuesta a la eterna pregunta: qué hace que una vida merezca ser vivida.

P. Cuéntanos y descríbenos qué es para ti un normal feliz.

El libro es una invitación desde una ironía tierna y cervantina a reivindicar lo antitético de la felicidad y la normalidad. Es un intento de que el ideal de felicidad imperante hoy, que de alguna forma puede llegar a ser tiránico, no sea el que describen las historias que trato de entrelazar. Yo creo más en la invocación de la especificidad y la singularidad de cada persona, y en el sentido que eso confiere al ser humano, más que en la aspiración inhumana de una felicidad como estado permanente y absoluto de bienestar.

P. Escribes en uno de los capítulos que a veces la muerte social es peor que la física, que no encuentras tu lugar en el mundo, que no hay sitio para ti, que no cabes. Esta experiencia de sentirse al margen, de no ser como los demás, la transmites de una forma u otra a lo largo de todo el libro. ¿No crees, como psiquiatra, que es una experiencia común?

Creo que es una experiencia consustancial a la condición humana, sobre todo en algunas etapas de la vida, en aquellas en las que estamos conformando y construyendo nuestra identidad, en la adolescencia y juventud. Aunque el grado de experimentación en determinados márgenes es especialmente doloroso. Con esto no quiero hacer un planteamiento victimista, porque la gran seducción de los relatos victimistas es una forma de permanecer en una situación de alienación, y de no poder construir un proyecto propio. Creo que el trabajo existencial de la mayoría de nosotros, y particularmente de aquellas personas que han tenido experiencias más cercanas a lo traumático, es la de transitar desde ese lugar en el que perdemos la palabra, que es el lugar de víctima, hasta el lugar de superviviente, que es aquel en el que nos apropiamos del proyecto propio y en el que llegamos a poder construir con los demás un proyecto existencial con sentido.

P. «Estar en los márgenes exige no bajar la guardia, estar siempre vigilante», dices. ¿Has aprendido a vivir en los márgenes y a la vez ser feliz?

Yo creo que vivir o haber vivido en los márgenes te da una hondura en el conocimiento del ser humano y de uno mismo que permite construir un sentido más profundo. Los márgenes, esos lugares híbridos, esos lugares de mestizaje, esos lugares en donde tomas especial conciencia de que no eres un alma bella en el sentido Hegeliano, que habitan en ti claroscuros, que en definitiva también está en ti la fragilidad, es paradójicamente fuente de fortaleza. Desde mi entender creyente (me considero una persona creyente) creo que ha sido un regalo de humildad en un sentido bueno, en un sentido noble, no en el sentido de la falsa modestia. Me ha hecho de alguna forma poder sentir más la bondad, esa que no te coloca en una situación de superioridad moral con respecto a los demás, esa que te permite poder sentir compasión auténtica por el sufrimiento de los demás y por el tuyo propio.

P. Vivimos en momentos donde las políticas de la identidad han ganado un protagonismo frente a la responsabilidad personal, la autonomía, la libertad en clave liberal. Desde la perspectiva de la salud mental, ¿cómo dirías que esta obsesión por la identidad de las víctimas está afectando al bienestar de las nuevas generaciones?

Vivimos un momento en el que nadie quiere ser una víctima, pero todos quieren haberlo sido por el prestigio social que esta identidad ha adquirido. Yo creo que es muy dañino por cuanto es epidérmico, impostado, es algo que no se arraiga profundamente en quién eres y en el sentido de tu propio propósito. En los ejercicios de memoria victimista nos olvidamos de una frase de Saramago: «Somos memoria, sin memoria no seríamos, pero sin responsabilidad no merecemos ser». Yo soy una defensora de la tradición clásica liberal, que nos hace autónomos, pero también nos hace profundamente responsables de nuestra propia existencia. No existe libertad sin responsabilidad, y la gran trampa que han dado estas identidades epidérmicas es una trampa muy seductora pero completamente vacía. Esto a las nuevas generaciones les está haciendo especialmente daño. Hay muchos sucedáneos, muchos falsos profetas que son como una especie de gran hermano en el que te miras permanentemente, porque las redes sociales han traído una mirada tiránica, una mirada que te obliga a la aspiración de un ideal falso y completamente tirano, de perfección, de belleza... esa mirada del otro, de la que somos tan dependientes, sobre todo en las etapas en que nos estamos conformando, está haciendo mucho daño. No soy pesimista en absoluto, creo que cada generación tiene sus amenazas, sus retos y también sus fortalezas. Y estoy convencida de que también esta generación encontrará de manera personal sus proyectos.

P. En el capítulo «El mundo de ayer» expresas tu resistencia a pertenecer a colectivos y subrayas de alguna forma no explícita tu carácter liberal, que te acerca a todos, pero sin pertenecer a ninguno. Sin embargo, ahí siempre se trasluce un dolor, ¿es ese sufrimiento del que tanto queremos huir consustancial a esa libertad?

El dolor existencial es un dolor consustancial a una vida que tiene límites. Negar el dolor es lo que genera más sufrimiento. Cuando yo digo que no pertenezco a ningún colectivo y que en ese sentido reivindico la visión liberal del mundo, me siento identificada con la tradición liberal de la Tercera España de Unamuno o Marañón, por poner solo dos ejemplos de nuestra herencia específica. Somos seres humanos que necesitamos de los demás. No me considero una persona perteneciente a la religión del individualismo, tampoco me siento en el lugar en el que terminas siendo rehén de aquellos que dicen haberte salvado. Soy ‘arendtiana’ y, como Hannah Arendt, el único amor en el que creo es el amor a las personas o la amistad entre las personas. Mi planteamiento no es individualista y tampoco es colectivista. Es un planteamiento que reconoce la dignidad del ser humano y la necesidad de vincularse significativamente con el resto de personas porque ninguno de nosotros es autosuficiente. Ninguno de nosotros somos un falso dios, si vale la expresión o la metáfora.

P. John Stuart Mill, hablando de liberales, confesó que su gran asignatura pendiente era poder relacionarse mejor con sus emociones. Cuando hablamos de bienestar o de felicidad, ¿qué camino te parece a ti más efectivo para alcanzar una mayor felicidad, para alcanzar un mayor bienestar? ¿El de la filosofía y el pensamiento, la psicología, o la espiritualidad y el silencio?


En mi camino personal no he renunciado a ninguna forma de exploración, y he bebido de lecturas filosóficas, y también psicológicas y psiquiátricas que en absoluto son mutuamente excluyentes. El legado de Aristóteles y la sabiduría de la prudencia en la articulación de lo racional y lo emocional es un camino transitable, que recoge la riqueza del ser humano en su dimensión más racional, en su dimensión emocional y también espiritual. Este sentido de la trascendencia, que en mi caso es confesional, es una fuente de sentido que a mí me ha salvado. Adela Cortina hablaba de la razón cordial, yo creo que es una evolución muy sugerente de transitar desde el racionalismo kantiano a la incorporación de la emoción. No me resigno a tener que elegir entre razón y emoción. Me quedo con un maridaje de ambas que te dé norte pero que no renuncie a la dimensión sensible de la vida y a esa fuente también de riqueza.

P. Ahí es donde veo un movimiento que se ha impuesto, desde la psicología y desde la autoayuda, que ahonda mucho más en la cuestión emocional que en el pensamiento y la racionalidad, y que también tiene sus peligros...

Yo ahí tengo una visión pragmática. Lo que pueda ser útil, bienvenido sea, pero se queda corto porque no desciende a la fundamentación, a la base, a la raíz, a la complejidad del ser humano. Se queda en lo epidérmico y de alguna forma se convierte demasiadas veces en un bien de consumo. Los seres humanos no podemos ser reducidos a ser objeto de consumo. Por eso es importante descender a las bases de fundamentación de arraigo más profundas, no descartando lo que puede aportar en un momento dado una autoayuda, pero sabiendo que lo que estás abordando es un síntoma y que muchas veces lo que nos estamos jugando es algo mucho más profundo. En este sentido, cuando escribía el libro, recuerdo decir, «este no es un libro de autoayuda».

P. «Siempre me han dado más miedo los cuerdos que los locos», dices, y citas la teoría de la banalidad del mal de Hannah Arendt, donde el mal brota no de la locura, sino de la falta de pensamiento. ¿Puedes elaborar un poco más la idea de que el mal y la enfermedad mental tienen existencias independientes?


Cuando digo que temo más a los cuerdos que a los locos, lo que estoy diciendo es que allí donde hay certezas absolutas, allí donde hay visiones unidimensionales del ser humano y del mundo, allí donde podemos encontrarnos maximalismos, sectarios o fanáticos, allí muchas veces lo que hay no es cordura. Es una expresión sociológica de una locura colectiva. Cosa diferente es el concepto de enfermedad mental, y está basado en datos y hechos que las personas con problemas de salud mental, la mayoría de las veces, lejos de ser victimarios, son víctimas.

P. La dialéctica, la contradicción, la duda son otros temazos del libro que están muy presentes. ¿Cómo mantenemos esa duda permanente, Mercedes, sin caer en el actual relativismo moral que lo permea todo?

Antes existían valores de referencia que llegaban a ser, de alguna forma, de un imperativo, incluso de un represivo, que no dejaban brotar la singularidad del ser humano. En ese ejercicio de deconstrucción moral hemos abandonado el justo medio, y hemos llegado a un relativismo moral que desnorta, porque si todo vale no hay nada en donde apoyarse. Hay una nostalgia de esas grandes referencias, y soy la primera en reivindicar lo valioso de las herencias que hemos recibido para poder hacerlas nuestras y entregar el testigo a las nuevas generaciones. Pero hay que ser especialmente prudente con esa nostalgia, porque detrás de épocas de relativismo moral se prepara el retorno de nuevos fundamentalismos que históricamente han demostrado ser semilla de barbarie y de deshumanización.

P. Tenías 20 años cuando en 1989 Mecano lanzó la famosa canción ‘Mujer contra Mujer’, y tenías 21 cuando la OMS excluyó la homosexualidad de su listado de enfermedades mentales. En esa época el 50% de la población española no aceptaba la homosexualidad, ¿nos estamos yendo ahora al otro extremo?

La discriminación del ser humano en función de una condición no elegida ha vivido afortunadamente una evolución en la que se han ido pudiendo reparar injusticias. Dicho esto, los agravios que se han sufrido, que han generado mucho dolor en muchas personas, no deberían ser la excusa para articular algo que pudiera parecerse a la venganza y el resentimiento. Igual que la represión es muy dañina porque deshumaniza, los planteamientos epidérmicos pueden ser fuentes de confusión, y sobre todo en determinadas edades en las que estás construyendo tu propio proyecto existencial. Es responsabilidad de todos que nadie sienta que no cabe o no pertenece. Pero también es responsabilidad de todos que nadie pueda confundirse en esa etapa y pueda asumir de alguna forma ideales que no son propios y que a la vuelta del tiempo puedan ser vividos también como dolorosos y dañinos. La represión daña, ha dañado y seguirá dañando, pero a veces se puede hacer daño por omisión, que supone guardar silencio en ese momento de transición a la edad adulta donde hay confusión.

P. Has hablado de condición no elegida. ¿Uno elige o no su sexualidad?

La homosexualidad no se elige, al menos en mi experiencia no la he elegido. Pude elegir, y no sin dificultad, la posibilidad de dejarme ser quien era, de poder adueñarme de quién era. Y ese camino no fue sencillo, pero afortunadamente fue. Probablemente aquí hay un planteamiento de diferencia generacional que de alguna forma se me pueda escapar. Pero las elecciones autónomas y responsables requieren un nivel de autoconciencia y de proceso de maduración que sí puede ser universal. Me parece difícil que pueda haber un planteamiento impuesto que logre efectivamente que una persona sea quien no es. Los planteamientos represivos hicieron daño, pero no lograron convertir a una persona en lo que no era ni podía ser. Estoy pensando ahora en Álvaro Pombo, cuando hablaba de su propia experiencia y de un orgullo incluso teológico, decía él, en una dimensión creyente de cristiano sin Iglesia.

P. Quería terminar esta entrevista preguntándote si puedes compartir con nosotros tus tres pensadores o pensadoras de referencia.

Hannah Arendt, y si nos vamos al pensamiento más español, Ortega, Zubiri… Y pensando en pensadores relativamente recientes, María Zambrano.

miércoles, 27 de marzo de 2024

#libros #feminismo #emociones | Ellos lo llaman amor : una política de las emociones

Ellos lo llaman amor : una política de las emociones / Alva Gotby ; traducción de Ira Terán.

Barcelona : Verso Libros, 2023 [03-27].
240 p.

/ ES / Libros / ENS / Capitalismo / Cuidados / Emociones / Feminismo

📘 Ed. impresa: ISBN 9788412571561 / 16.00 €
📝 Cita APA-7: Gotby, Alva (2023). Ellos lo llaman amor : una política de las emociones. Verso Libros.

¿Qué papel desempeñan las emociones en la reproducción del capitalismo? El trabajo emocional es un problema feminista, y exige soluciones feministas.
Consolar a un familiar o un amigo, tranquilizar a los niños, hacer compañía a los ancianos o que un hombre se sienta lo suficientemente contento como para trabajo. Sin esta actividad esencial, el capitalismo dejaría de funcionar. Este libro investiga una tarea fundamental gratuita, examinando quién la realiza, de qué manera se organiza y cómo podría subvertirse. En este innovador libro, Alva Gotby acuña el concepto “reproducción emocional”, desvelando así su naturaleza intrínsecamente política. Estas tareas no sólo garantizan el bienestar de las personas, sino que crean vínculos sentimentales con la jerarquía social y el statu quo. Empleando en el pensamiento feminista, la autora demuestra que las emociones son un elemento clave de la reproducción capitalista. Por tanto, para mejorar la forma en que nos relacionamos con los demás es necesaria una reestructuración radical de la sociedad.

sábado, 15 de febrero de 2020

#hemeroteca #television #emociones | Una prodigiosa isla

Imagen: El País / Fotograma de 'La isla de las tentaciones'
Una prodigiosa isla.
El amor es la verdadera gran emoción y siempre estamos dispuestos a dejarnos llevar por ella, al ir al cine o al encender el televisor.
Boris Izaguirre | El País, 2020-02-15
https://elpais.com/elpais/2020/02/13/gente/1581623871_093306.html

Tres fuertes emociones nos han sacudido esta semana. La audiencia de los Oscar se desploma. El Mobile en Barcelona se cancela. Y ‘La isla de las tentaciones’ se despide, por ahora, con una audiencia del 30%, convirtiéndose en el programa más visto de Cuatro. Mientras los Oscar se han vuelto una gala predecible y aburrida, el final de 'La isla' es televisión pura y dura. Donde las cámaras lo desnudan todo.

Hace años, cuando escribía telenovelas, Belisario, un productor, irrumpió en el despacho de los guionistas y espetó: “Quiero un final de viernes en cada escena”. El final del capítulo del viernes tenía que enganchar al espectador hasta el lunes, por eso era importante. Pero, claro, enganchar en cada escena es ese punto trepidante que hoy en día solo posee la telerealidad. Y en 'La isla de las tentaciones', en ese momento cósmico de arena y hoguera, con Mónica Naranjo devenida en nueva diosa del fuego catódico, no podías despegarte porque allí estaba ese final de capítulo de viernes en cada pareja concursante.

La casi violenta ruptura de Susana con Gonzalo y su llanto desconsolado fue melodrama moderno, la cara oculta del Instagram. Reconozco que solté un "¡ay!" cuando Rubén dejó sola y abandonada a Estefanía, que ya se relamía de gusto imaginándose el futuro junto al chulazo. Delante del televisor mi grito de impacto reflejó que la televisión había conseguido ese momento mágico de emocionar a la audiencia. Desde el primer Gran Hermano no sentía algo así y eso que en ‘La isla’, todas las parejas eran heterosexuales. No deja de chirriar esta saturación heterosexual del programa. Un reputado peluquero de Madrid nos comentó que los concursantes de esta primera edición de ‘La isla’ habían cobrado poquísimo. Pero eso es solo el comienzo. Podríamos debatir sobre las razones del éxito del ‘show’ pero una explicación podría ser que su emisión coincidió con el nacimiento del nuevo Gobierno y la normalización del curso político. Con la tensión política más disuelta, la infidelidad de esos concursantes blancos y jóvenes se convirtió en un entretenimiento necesario.

La emoción lo mide todo hoy día y con facilidad olvidamos lo pasajera que es. Pero impera aunque es lo que lamentablemente falta en los Oscar. Ya ni es apasionante la alfombra roja porque hace falta alguien que haga una locura, que se salga de ese asfixiante molde de perfección ritual. Charlize Theron pareciera reiterar el mismo error de Sofia Vergara: ir vestida como si tuviera seis vestidos iguales con los que va repartiendo curvas en las alfombras rojas. Y lo de la capa de Natalie Portman con los nombres bordados de las directoras de cine que no fueron nominadas, quedó en ridículo cuando una auténtica activista, Rose Mcgowan, desveló que Portman, a pesar de poseer una potente productora, no contrata a directoras. ¡Qué boba la Portman! Tiene que aprender de Jane Fonda, que cuando recibió su primer Oscar, por ‘Klute’ en 1971, investigada y señalada por su activismo contra la guerra de Vietnam, no dijo ni una palabra acerca de ello en su discurso de recogida y este año salió a escena sosteniendo la chaqueta roja con la que ha sido detenida por manifestarse contra el cambio climático. Eso es emocionar en la dirección correcta, la de la implicación personal.

Algunas veces, los actores se dejan llevar por la intensidad y te dan miedo. Es lo que me pasó con el discurso de Joaquin Phoenix, a punto de volverse un teleevangelizador de la comida vegana. Una buena representante de actores de este país me dijo que a ella le había fascinado esa intensidad. Yo sigo pensando que tomarse a uno mismo demasiado en serio en público, me resulta un ejercicio agotador. Pero es probable que sin ese ingrediente los Oscar pierdan todo encanto.

De repente, mientras retumbaban las preguntas al ministro Ábalos sobre la rarísima e inoportuna visita de Delcys Rodríguez a Barajas, me topé con la noticia sobre la aparición de una carta de Martin Luther King escrita a un amigo expresando que el amor es la gran fuerza universal. Confieso que mi primera emoción fue pensar que el gran líder americano tuvo un amor homosexual. Sí, lo siento, soy así. Pero lo que sí es cierto es que el amor es esa gran fuerza, la verdadera gran emoción y siempre estamos dispuestos a dejarnos llevar por ella, al ir al cine o al encender el televisor.

sábado, 7 de julio de 2018

#hemeroteca #transexualidad #teatro | Una transición en escena

Imagen: El Páis / Andryen Mehdi en 'Como un guante'
Una transición en escena.
La obra 'Como un guante' explora la reasignación sexual desde una perspectiva emocional.
Alejandro Romero | Tentaciones, El País, 2018-07-07
https://elpais.com/elpais/2018/07/05/tentaciones/1530782823_839730.html

André tiene un sueño: quiere convertirse en un boxeador de éxito. Su entrenador, Rulo, confía en su potencial y lo prepara día y noche para conseguir que gane un combate que podría hacerlo saltar a la fama. Pero André en realidad no es André. Su verdadero nombre es Adén y su sueño es poder convertirse en mujer y ser por fuera del mismo modo que se siente por dentro. Así es ‘Como un guante’, una obra estrenada en mayo en el Teatro Lara, que explora la transición de un cambio de sexo desde una perspectiva emocional.

Marcelo Soto, el director adjunto de la obra fue contratado para escribir el final de la misma y aportar una mirada desde lo LGTBIQ. Este profesor y dramaturgo ha estado involucrado desde los ochenta en la lucha por los derechos de la comunidad trans y ha colaborado en grupos como COGAM (Colectivo de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales de Madrid) y Radical Gay. Soto explica que la pieza más que hablar desde la transexualidad habla hacia ella. "Está escrita hasta donde sabemos", comenta. "’Como un guante’ habla de la pelea contra la masculinidad, el adiós al macho. Es un proceso de duelo hacia una masculinidad hostil, rota. Por eso no contamos qué hay después de ponerse el vestido. Contamos lo que hacemos para romper con lo masculino. Lo de luego será la palabra de otra persona. Alguien deberá tomar el testigo y contar eso", explica el dramaturgo.

La idea de la obra se le ocurrió a Andryen Mehdi, que interpreta a André/Adén sobre las tablas. Mehdi practica Muay thai, también conocido como boxeo tailandés, y pensó en la premisa de ‘Como un guante’ mientras trabajaba con su entrenador. Para escribirla llevó a cabo un profundo proceso de documentación y se movía por ambientes trans y era aconsejado por ellas para luego plasmarlo en la pieza.

"No es una obra que use el género de forma comercial", explica su director, José Luis Sixto (conocido por ‘Hoy no me puedo levantar’ o ‘Jesucristo Superstar’). "No nos interesaba venderla como la historia de una chica trans y de como encuentra su identidad porque la idea es normalizarla. Queremos hablar más de la transición y de un cambio de género desde una perspectiva emocional y como un gancho".

Sixto, estaba interesado en trabajar en el proyecto porque siente que hay muchos prejuicios en todas partes y que para llegara reflejar la sociedad tal y como es hay que tratar más este tipo de personajes en el teatro y luchar por la normalización de lo diverso. El director echa de menos en las carteleras de cine y teatro "puntos de vista 100% humanizados", afirma. "Querría que la cartelera estuviera llena de personajes que no estuviesen condicionados por su identidad sexual. Algún día llegaremos a eso, pero aún queda mucho camino por delante".

Marcelo Soto tiene claro de cuál es el camino a seguir. "Una de las cosas que yo pediría sería más solidaridad. No quedarnos callados nunca, levantar la voz y avergonzar al transfóbo. La homofobia no es un problema de los gais sino de los homófobos".

viernes, 11 de mayo de 2018

#hemeroteca #musica | Doctor Deseo: “La fuerza extraída de la fragilidad cambiará el mundo”

Imagen: Noticias de Gipuzkoa / Francis Díez
Doctor Deseo: “La fuerza extraída de la fragilidad cambiará el mundo”.
Hoy y mañana Doctor Deseo tiene una cita doble en Donostia para presentar su último trabajo que salió a la luz en abril, ‘La fuerza de la fragilidad’.
Fernando F. Garayoa | Noticias de Gipuzkoa, 2018-05-11
http://www.noticiasdegipuzkoa.eus/2018/05/11/ocio-y-cultura/doctor-deseo-la-fuerza-extraida-de-la-fragilidad-cambiara-el-mundo

Francis Díez desentraña las claves del nuevo disco de Doctor Deseo. La fuerza que emana de la fragilidad es, sin duda, el concepto en las ocho composiciones que integran el álbum, al margen de tres versiones sinfónicas. Originalmente, en Donostia iba a haber un solo concierto en la casa de cultura de Intxaurrondo, fechado para mañana. No obstante, al agotarse las entradas a gran velocidad, apostaron para añadir un nuevo ‘bolo’ para hoy.

-Si salimos a la calle, elegimos una persona al azar y le ponemos íntegro el nuevo disco de Doctor Deseo, quizá le venga a la mente cierto aire esquizofrénico, ya que incluye desde canciones interpretadas con la Sinfónica de Euskadi (con arreglos de Fernando Velázquez) hasta temas con una importante base electrónica u otros que giran hacia el jazz o el swing. Francis siempre ha buscado los contrastes, pero, en este caso, ¿has querido llegar hasta los extremos para ver si se tocan?

-Quizá haya una canción que es de la que parta todo: ‘Adiós’. Que, al fin y al cabo, no es más que la despedida tras la muerte de mi padre. No es muy común en la cultura pop o rock tratar este tipo de temas, sin embargo, todos sabemos que, en un momento dado, nuestros seres queridos van a morir; es más, sabemos que nosotros también vamos a morir, es algo inherente a la especie. Y también somos conscientes de que vamos a atravesar por sufrimientos diversos, por enfermedades... Sabemos poco de nuestro futuro y, en estos tiempos, la incertidumbre todavía es más absoluta, sobre todo, para la gente joven. Todo esto genera angustia. Así, de esta primera canción, que es lenta, para bailar agarrado, de vals... surge un sentimiento: “Buscando, ojalá solo fuera descansar, somos río, somos mar, quizás polvo enamorado, asustados y pequeños”... que es como realmente somos. “Buscando luces en la noche, fuerza en la fragilidad”. De esta búsqueda, de este sentirse así, de ver qué coño puedes hacer con el dolor para transformarlo en algo que merezca la pena, porque si no la vida sería una pena, surge la sensación y el paradigma de que la fuerza la debemos extraer precisamente de saber quiénes somos: seres frágiles, pequeños, que nos asustamos... La fuerza que podemos extraer de aquí nace precisamente de la fragilidad, y a partir de ahí nos vamos a lo contrario... A hacer un disco que es una celebración de la vida, lleno de guitarras próximas al garaje, pero que también tiene estribillos contagiosos, solo que tratados a través de la música dance en diferentes líneas. Por lo tanto, tiene esos contrastes. Esas tres canciones que son como las marcianas, pero que son las que gestan el resto: la citada ‘Adiós’. Otra que se llamaba ‘Escupe a la muerte’ y finalmente ha quedado como ‘Que me quiten lo bailado’, un tema casi siniestro del primer disco al que hemos puesto un poco de luz dándole forma de electroswing para que tenga ese punto de baile. Y la tercera sería el epílogo del disco, ‘Alfarera de sueños’, que es una canción casi a piano y voz (interpretada por Carlos Jiménez, hermano de Josi, bajista de Doctor Deseo), y que plantea de que va la historia. La fuerza la extraeremos a partir de ahora de dos pilares fundamentales de la vida: la fragilidad y la ternura. A partir de aquí construiremos algo distinto...

-Máxima que lleváis al propio disco, ya que el resto de composiciones se diferencian notablemente...

-Sí, son canciones que celebran la vida y que nosotros decimos que están a caballo entre el Living la vida locade Ricky Martin y Nietzsche, cuando, en ‘Así habló Zaratustra’, decía: “¿Es esto la vida? ¡Esta mierda! Pues venga, otra vez.” Y así el disco termina siendo una celebración.

-Pero, en todo este entramado conceptual y musical faltan las referidas piezas sinfónicas.

-Sí. Por otra parte, queríamos incluir el resultado de la oferta que nos hizo la Orquesta Sinfónica de Euskadi de grabar tres temas con ellos. Esto ha sido un lujo y hemos querido regalarlo y que estuviera ahí. Para mí, posiblemente sea lo más cerca del cielo que esté en mi vida. Poder estar en medio de una orquesta sinfónica cantando alguno de tus temas ha sido algo increíble. Además, las canciones se completan con un libro, ‘Palabras ante el espejo’, que incluye todas nuestras canciones, con un diseño impecable de Lourdes Merino. Y así, una vez más, intentamos saltarnos los paradigmas de Montoro, vendiendo un formato de lujo, que para cualquier seguidor va a ser algo entrañable y guapo. Es decir, por el mismo precio que te compras un digipack normal, vas a tener acceso a un libro, al DVD con la Sinfónica de Euskadi y a las canciones del nuevo disco, ‘La fuerza de la fragilidad’, con ocho temas nuevos.

-Pero, ¿podremos ver a la OSE con Doctor Deseo en directo, interpretando estas y otras canciones?

-Hay alguna posibilidad, pero es muy complejo, porque menear a 80 maestros es complicado. Yo espero que en algún momento ocurra, ya que las sensaciones son muy buenas. Cuando me llamó Fernando Velázquez era para un concierto especial con el que la Sinfónica de Euskadi quería acercarse a otros públicos. Y contaron con Zea Mays, Ken Zazpi y nosotros. Como quedaron muy satisfechos, propusieron hacer tres vídeos, que tanto ellos como nosotros pudiéramos utilizar. Son cosas mágicas, de las que no hay que abusar.

-Aunque hables de una celebración de la vida, esta no sigue un orden cronológico en el álbum, ya que el disco arranca con una sobredosis de dolor que acongoja: “No hay manera de dar sentido a tanto dolor”, ‘Pequeños Héroes’; “¿Cómo transformar el dolor en algo que merezca la pena?”;‘La madriguera del conejo blanco’; “Acarician el dolor de estar vivo”, ‘Adiós’. ¿Es necesario darle sentido al dolor para mantener la cordura y por llegar al estadio de celebración?

-Digamos que hay dos cosas. El dolor no lo elegimos, nos cae. Somos los únicos animales en esta jodida tierra que sabemos que vamos a morir. Y, normalmente, es algo que tenemos tapadísimo. Por ejemplo, en la jodida Pamplona, cómo se entiende que padres de familia tengan la necesidad de jugarse la vida siete veces al año, de una forma tan brutal. Porque en realidad, y esto lo decía Hemingway, las culturas más vitalistas tienen la necesidad de estar en contacto con la muerte, por lo menos alguna vez en la vida, para poder decir tú estás ahí y yo aquí. Eso te hacer ser mucho más vital y aferrarte a la vida, porque las culturas en las que la muerte y el dolor están tapados y son tabú, son culturas bastante más milindris, mierdosas y aburridas. Esta canción de ‘Pequeños héroes’ surge de la conciencia de lo que somos... porque somos pequeños héroes que se enfrentan a las incertidumbres y tiran hacia delante. La fuerza que nace de ahí es, por otra parte, la que siempre han extraído las mujeres y que la cultura del patriarcado ha despreciado. Si conseguimos que el paradigma cambie, la fuerza de la fragilidad nos hará ser mucho más empáticos y cambiaremos de una maldita vez aquello de ser competitivos por excelencia y agresivos derivados de la testosterona por ser más colaboradores y saber que nos necesitamos: somos bichos sociales y nos tenemos que apoyar la una en la otra, no nos queda otra. Eso cambiará el mundo, y será más divertido.

-Que de nuevo se agoten las entradas de los conciertos semanas antes si quiera de la salida del disco, no hace sino evidenciar, mal que te pese, que Doctor Deseo se ha convertido en una religión... ¿Cómo se siente uno siendo profeta?

-Pues acojono. En este oficio, si te va mal, sufres porque te va mal. Y si te va bien, sufres porque tienes presión para responder a lo que la gente imagina de ti. Yo soy consciente de que cuando te subes al escenario estás para que todo el mundo proyecte lo que se le ponga en la punta de las narices: lo bueno, lo malo, lo regular... Pero cuando me bajo del escenario, yo no soy profeta en ningún sitio, y menos en mi tierra. Soy un tipo anormal y corriente; tan anormal como el resto.

-El disco comienza con ‘Pequeños héroes’. Al igual que en su día hizo El Drogas, es un evidente homenaje a David Bowie (‘Heroes’), solo que el genio británico aboga por ser héroes al menos un día, pero tú vas más allá, y pides “un día y otro más”.

-Sí, es un darle la vuelta a Bowie. Como decía antes, no es fácil asumir que tu padre ha muerto, que tu madre está en la cuerda floja, que tienes amigos con cáncer... Sabemos que nos vamos a enfrentar a separaciones duras y emocionalmente fuertes. Esto solo lo conoce nuestra especie. Siempre se suele decir que la especie humana es depredadora, unos hijos de puta. Y claro que hay mucha mierda y muchos hijos de puta, pero, ¡hostia!, no lo tenemos fácil, nunca lo hemos tenido y, sin embargo, estamos ahí. Por eso hay que celebrar que seguimos peleando, buscando el placer, buscando lo bueno, intentando metabolizar el dolor en algo que merezca la pena. Quiero pensar que la mayor parte de las personas somos pequeños héroes y heroínas.

-Musicalmente, son varias las canciones de discos anteriores en las que la electrónica ha estado muy presente, pero es que en este álbum casi podría decirse que es una de las principales protagonistas.

-Había una necesidad de energía. Este verano ha sido clave, además de estar escalando en Irán también me fui a Marruecos, un país que visitado 14 veces y del que conozco la parte más folklórica pero también la que evoluciona hacia otros sitios. Y me gustan las discotecas marroquíes, en las que estuve escuchando dj’s, unos venían de París y otros eran locales, pero todos jugaban con elementos de dub step, de house, de hip hop... La verdad es que la música de baile es tremenda, nos conecta con lo más primitivo. Nuestra especie, desde los tiempos más remotos, con un tam tam, bailaba y entraba en trance; era una forma de vivir y de enfrentarse cara a cara con las cosas más bestias. En nuestro caso, la electrónica de este disco ha surgido porque teníamos muchas ganas de volver utilizar guitarras asilvestradas, de garaje, que también era una música de baile, solo que nosotros hemos querido darle un aire más contemporáneo. En canciones como ‘Sigo bailando’ hay elementos de dub step, sin hacer ejercicios de estilo; también hay cosas de house, directas y sin complejos... Y con las guitarras dando candela. Sobre todo queríamos estribillos contagiosos.

-Y llegamos a ‘La madriguera del conejo blanco’, una frase muy difícil de metrar dentro de una canción y que de nuevo utilizas para recuperar conceptos sustanciales en Doctor Deseo, como la curiosidad o el propio deseo.

-Nace de la película de Tim Burton, de ese momento en el que caes por la madriguera de un conejo, que siempre llega tarde a todos los sitios, y entras en otro territorio. Un territorio que hasta ahora se le ha llamado el del inconsciente, de las emociones... en el que ocurren las cosas ciertas. Hemos pensado que la forma cerebral y racional era la que gestionaba el mundo, y no es verdad, son las emociones las que mueven el mundo. Hasta el tipo más cerebral elige un coche basándose en las emociones; luego le podrá poner mil argumentos, pero el impulso inicial surge a través de las emociones. Y ese es el territorio de la madriguera del conejo blanco, el que está al otro lado del espejo.

-Precisamente, ¿qué sucede cuando ponemos nuestras ‘Palabras ante el espejo’ (título del libro que acompaña al disco)?

-Ahí es cuando atravesamos ese territorio de lo que hasta ahora se llamaba el inconsciente, el alma o el territorio de las emociones. El que guía nuestra forma de ser, nuestro mundo. Ese es un territorio que buscamos y por el cual intentamos deambular. Son palabras que vienen de nuestra parte más cerebral pero, en un momento dado, son capaces de transformar; siendo poesía, literatura o canción, entrando al territorio de las emociones. La pregunta es: ¿qué coño ocurre para que, de pronto, esas palabras pasen de lo cerebral a lo emocional? ¿Cómo se conjugan, cómo se ordenan, cómo se hace para que una palabra que nace de la razón entre el territorio de la emoción? Por eso son palabras ante el espejo.

-¿Por qué en este momento has querido ofrecerle al público la compilación de todas las letras de Doctor Deseo (alrededor de 200)?

-Nos parecía que era el momento, habíamos acumulado ya un montón. Cuando haces un objeto físico, tienes que esmerarte a saco, porque si no, ya está Internet. Para editar un CD de plástico, sin más, no lo hago, que la gente se lo descargue y a correr. Me apetecía que fuera un libro, que la gente que tuviera todas las letras a mano, con un diseño guapo, bonito, que se toque, que lo veas... Además, a mí me viene bien, porque así me acuerdo.

-‘Nire monstrua’. No podía faltar la canción en euskera, y con unas guitarras que, efectivamente, ejercen de verdaderos monstruos.

-La letra está trabajada con Marta Ortiz, que es como nuestra letrista (en euskera) de cabecera, me conoce perfectamente y sabe lo que quiero. Al fin y al cabo hace referencia al mito del laberinto, que ya lo hemos tratado otras veces. En un momento dado de nuestra vida, todos nos tenemos que meter en el laberinto porque no sabes si la vida viene por delante o por detrás, estamos bastante perdidos y siempre tienes que enfrentarte a tu monstruo. Y luego me encanta eso de que Ariadna, el amor, sea la que te vuelve a sacar del laberinto. Esta canción habla de todo ello y del monstruo, que son todas esas cosas que te joden. La canción semeja el recorrido por el laberinto, primero, deambulas, luego explotas y cuando lo tienes claro de un jodido tiro te cargas a tu monstruo. Pero también hace referencia a esa energía que hasta ahora ha mandado el mundo, a la que llamaremos brutalidad. Es esa energía que alimenta ‘La manada’, la del machote, que todos sabemos que son personas súper inseguras pero que jamás lo admitirán. Y a partir de ahí desarrollan unos monstruos horribles. Esto ocurre en lo individual o en lo personal, pero también lo generan todas las miserias del poder que se ha alimentado de todo esto. Quien se alimenta de la consciencia de que somos frágiles y pequeños es mucho más empático, porque sabes que necesitas a los y las de al lado, y a partir de ahí se genera algo diferente. Porque la fuerza de la fragilidad es empática, solidaria, tiene ganas de colaborar, es consciente de su déficit. Pero esto no se nos ha ocurrido a nosotros porque somos muy brillantes; esto lleva trabajándolo el movimiento feminista un siglo y pico.

-El disco termina con ‘Alfarera de sueños’, abusando del silogismo, ¿eso quiere decir que nuestros sueños están hechos de barro, inicialmente...?

-Alfarera de sueños es la diosa por excelencia. Quizá sería ‘alfareras de sueños’, ya que es una canción que pivota sobre la fragilidad y la ternura, que son el soporte de una nueva vida, sobre eso construiremos todo. Incluso las historias más bestias, guarras, divertidas o transgresoras, su base de ser la ternura. Cuando jugamos al sadomasoquismo, por ejemplo, a nadie le gusta ser esclavo en la realidad de nadie, pero en el plano simbólico, sí, y bajo el soporte de la ternura. La fragilidad y la ternura debieran ser el soporte de la vida; ellas son las alfareras de sueños.

domingo, 19 de febrero de 2017

#hemeroteca #heterocuriosidad | 'Bud Sex': sexo entre hombres que no son homosexuales sólo por placer

Imagen: El Mundo
'Bud Sex': sexo entre hombres que no son homosexuales sólo por placer.
Los miembros de este colectivo no buscan amistad, ni cariño esporádico, ni entablar conversaciones... sólo saciar el apetito sexual.
Diego Bermejo | F5, El Mundo, 2017-02-19
https://www.elmundo.es/f5/comparte/2017/02/19/58a74881e2704ea2488b45bb.html

¿Se pueden mantener relaciones homosexuales sin ser gay o bisexual? Aunque muchos lo consideren imposible, entendiendo la homosexualidad tal y como es definida por la Real Academia de la Lengua Española (RAE), es decir, como la "inclinación erótica hacia individuos del mismo sexo", hay quien sostiene que ni mucho menos lo es.

Esto es lo que reivindica un colectivo, apoyado por la ciencia. Un estudio elaborado por la Universidad de Oregon (Estados Unidos), ha analizado el comportamiento sexual de un grupo de hombres de raza blanca afincados en algunos de los estados más conservadores del país. Los sujetos estudiados se declaraban abiertamente heterosexuales -en muchos casos casados y con hijos- admitiendo al mismo tiempo mantener aproximaciones sexuales esporádicas con otros varones con el único fin de satisfacer así sus instintos más primarios.

Es tras esta investigación cuando se ha acuñado el término Bud Sex (en español, sexo entre colegas). El doctor Silva, al frente de la publicación, explica que, en estos actos sexuales, "los participantes lo interpretan como una ayuda en secreto a un amigo". Además de en ambientes rurales, el otro entorno donde se suelen dar este tipo de prácticas es en las cárceles.

Lejos de lo que pueda parecer, y a pesar de alternar a lo largo de su vida encuentros heterosexuales rutinarios con sus parejas con el ‘Bud Sex’, aquellos hombres que lo practican no suelen sufrir ninguna crisis de identidad sexual a lo largo de su vida debido a cinco factores que, para ellos, les diferencian claramente de los puramente homosexuales y que se también recogían en el citado estudio:

1º.- Ven el ‘Bud sex’ como un entretenimiento, una diversión o un pasatiempo. Los asistentes a estos encuentros no buscan relación personal alguna con la otra parte, ni cariño esporádico, ni una persona con la que compartir una charla de bar.

2º.- Relacionado con el primero, el segundo punto aboga porque en sus gélidos encuentros no hay más deseo que el de saciar el apetito sexual evitando besos, gestos cariñosos y hasta mirarse a los ojos, alejándose de cualquier posible connotación emocional.

3º.- Aún formando parte de sus vidas, estos acercamientos no se producen con una regularidad meridianamente pautada. No tienen por qué ser diarios, ni semanales, si no cuando vuelve el deseo irrefrenable de volver a practicarlo e independientemente de quién sea la pareja de baile.

4º.- Muchas de estas relaciones se desencadenan justo después de una fuerte discusión con sus parejas o cuando los implicados se encuentran bajo los efectos del alcohol y otras drogas.

5º.- Hace referencia al intercambio económico que se produce en muchos de los ‘Bud Sex meetings’ subrayando la ausencia de cualquier ápice de romanticismo en este tipo de desahogos ocasionales. Es un ‘aquí te pillo, aquí te mato’, sin cruce de palabras ni miradas.

Otra publicación, en este caso realizada por Jane Ward, profesora de la Universidad de California, ahonda en la realidad de este colectivo asegurando que sus miembros, a pesar de mantener sexo con otros hombres, "rechazan fuertemente los comportamientos gais", poniendo el acento en lo prosaico de estos desahogos sexuales, cosificándolos y calificándolos en muchos casos como simples "juegos". En estas quedadas no hay sitio para ‘buddies’ mínimamente afeminados.

Unas tesis que, para muchos, no hacen más que confirmar su obsesión por diferenciar sus juegos sexuales de las relaciones homosexuales tradicionales. Algo que les ha valido el calificativo de homosexuales homófobos por parte de miembros de colectivos como el LGTB, quienes creen encontrar en las arraigadas tradiciones socioculturales de muchos de los ‘budsexers’ la raíz del empecinamiento enfermizo en no asumir su verdadera tendencia sexual. Sin embargo, otros como los ‘queer’ ven en su visibilización otra muestra más de la "ficticia y arquetípica construcción social de las identidades de género, las identidades sexuales y las distintas orientaciones sexuales".

Más psicológica pretende ser la reflexión publicada por la teórica Judith Butler, quien entiende las relaciones sexuales como actos tremendamente complejos en los que, a menudo, se manifiestan sensaciones como la atracción o la repulsión, llegándose a veces a dar el caso de que el asco, el deseo y el miedo se entremezclan en un mismo encuentro carnal, pudiendo ser este el caso de muchos ‘budsexers’.

Amparados por muchas de las tesis surgidas a raíz de la revolución sexual de los 60, que aseguraban que las prácticas sexuales no están ligadas al género ni sujetas a etiquetas, además de estar expuestas a una constante evolución en función de los deseos del ser humano, los practicantes del ‘Bud Sex’ lo tienen claro: tener sexo homosexual y no serlo es posible.