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viernes, 1 de noviembre de 2019

#hemeroteca #travestismo #historia | El secreto de la espadachín favorita de Jorge IV estaba debajo del vestido: era un hombre

Imagen: El Español / El caballero de Éon, vestido de mujer, en un cuadro de Alexandre-Auguste Robineau
El secreto de la espadachín favorita de Jorge IV estaba debajo del vestido: era un hombre.
El caballero de Éon fue un diplomático, militar y espía francés que vivió media vida disfrazado de mujer y terminó exiliándose en Londres.
David Barreira | El Español, 2019-11-01
https://www.elespanol.com/cultura/historia/20191101/secreto-espadachin-favorita-jorge-iv-debajo-vestido/441206060_0.html

El cuadro fue pintado por el francés Robineau, un tipo peculiar que adoptó el nombre de Alexandre para sus creaciones musicales —era violinista, compositor y director de orquesta— y el de Auguste para firmar sus obras de arte, a finales del siglo XVIII. En el lienzo se retrata un combate de esgrima presenciado por un joven Jorge IV, entonces príncipe de Gales y futuro rey de Inglaterra, entre el caballero de San Jorge, considerado como el mejor tirador de Europa en la época, y el caballero de Éon, registrado en abril de 1787.

Pero lo que llama la atención del lienzo, expuesto por primera vez al público en una muestra en Londres, en Buckingham Palace, que se inaugura en unos días, es el atuendo del caballero de Éon, el espadachín retratado a la derecha y que sería el vencedor del combate. Aparece con ropas de mujer, con un vestido negro, perfilado con clara apariencia femenina. El contrataste entre el título y el físico del personaje levanta inevitablemente el interrogante sobre cuál era su verdadero sexo.

Según la descripción del lienzo proporcionada por la Royal Collection, "el caballero de Éon (1728-1810) fue conocido principalmente porque nadie podía determinar su verdadera identidad orgánica, ya que pasó la primera parte de su vida como hombre y la segunda como mujer". Nacido como Carlos de Éon de Beaumont, trabajó como diplomático y espía de los servicios secretos de Luis XV de Francia en varios países europeos.

Sus primeras misiones de inteligencia las realizó en Rusia, donde ya se registran rumores que señalan que adoptó una presencia femenina para acercarse a la zarina Isabel I y recabar mejor información. Después de combatir en la Guerra de los Siete Años, Éon fue enviado a Londres para seguir con sus labores de espionaje. Sin embargo, una disputa con el embajador francés provocó que rompiese todas sus relaciones con la corte de Versalles.

En 1775 engañó al dramaturgo Beaumarchais, quien le consiguió una pensión, haciéndole creer que realmente era una mujer. Dos años más tarde se le ordenó regresar a Francia, se le arrebataron sus títulos militares y se le obligó a vestir como un hombre. Se exiliaría nuevamente en Londres en 1785, adoptando desde entonces la apariencia de una mujer, lo que generó un profundo debate en las altas esferas inglesas, pues conocía a gente muy importante.

La autopsia
Como refleja el cuadro de Robineau, el caballero de Éon, siempre vestido como una dama, era un habitual de los duelos de esgrima que Jorge IV celebraba en su mansión de Carlton House, al oeste de Trafalgar Square; y se reveló en uno de los grandes tiradores de su tiempo, con un carácter feroz.

Lo que no se puede determinar es si el monarca inglés conocía realmente el secreto de su espadachín predilecto, aunque seguramente estuviese al tanto de los rumores. "No conservamos ningún comentario de Jorge IV sobre el tema más allá de esta pintura, lo que sugiere que estaba lo suficientemente orgulloso del evento no solo para encargar un cuadro, sino también para ordenar impresiones para regalar", ha señalado Kate Heard, comisaria de la exposición Jorge IV: arte y espectáculo.

Al morir el caballero de Éon —o Mademoiselle de Éon— en 1810, la autopsia concluyó que "tenía órganos masculinos perfectamente formados en todos los aspectos" aunque el cuerpo también presentaba características femeninas, como unos "pechos notablemente abultados". Esto disparó las sospechas sobre su hipotética condición de persona intersexual, o incluso hermafrodita. Este personaje histórico dio nombre al concepto de eonismo o transvestismo, es decir, el deseo que experimentan ciertos hombres de vestirse con atributos femeninos.

#hemeroteca #salud #historia | La epidemia que sacó a los muertos de las iglesias

Imagen: El País / Pasai Donibane
La epidemia que sacó a los muertos de las iglesias.
Un estudio revela la magnitud de la peste de Pasajes, la crisis que llevó a Carlos III a impulsar los cementerios civiles.
Oriol Güell | El País, 2019-11-01
https://elpais.com/sociedad/2019/10/31/actualidad/1572531653_582089.html

Hubo un tiempo en el que para conocer la estratificación social de una localidad bastaba con una misa. Allí, en los laterales de la iglesia, descansaban en capillas los difuntos de los clanes poderosos. Bajo las losas del piso, más ricas cuanto más cercanas al altar, se disponían el resto de familias. Y los pobres, sin medios para comprar una sepultura, yacían en el patio anexo. “Todos eran enterrados en el recinto eclesial y el dinero era la vía para tener cerca de los santos las almas de los seres queridos”, resume Mercedes Granjel, profesora de Historia de la Medicina en la Universidad de Salamanca.

La conocida como peste de Pasajes, una virulenta epidemia que acabó en unos meses de 1781 con más del 10% de la población del estratégico puerto de Gipuzkoa, marcó el principio del fin de una tradición tan insalubre como arraigada en la península Ibérica. Y dio lugar a la creación de los modernos cementerios civiles extramuros. La importancia de este episodio quedó recogida en 1787 en la Real Cédula por la que Carlos III prohibió en España las inhumaciones en las iglesias “con ocasión de la epidemia experimentada en la Villa de Pasage [...] causada por el hedor intolerable que se sentía en la Iglesia Parroquial de la multitud de cadáveres enterrados en ella”.

Pese a su relevancia histórica, poco más se sabía hasta la fecha del episodio. “Ahora sabemos que afectó más a mujeres que a hombres y a pobres que a ricos. Tenemos hasta los apellidos de los difuntos”, explica Adrian Hugo Aginagalde Llorente, investigador del Museo Vasco de la Historia de la Medicina de la Universidad del País Vasco (UPV-EHU). Él es el autor principal de una investigación —presentada en el congreso de la Sociedad Española de Epidemiología celebrado en Oviedo—, basada en las hojas parroquiales y documentos hallados en el Archivo General de Gipuzkoa, permite desmenuzar el evento histórico. “Los datos revelan una crisis de subsistencia típica del siglo XVIII, con picos de mortalidad en varias localidades de Gipuzkoa, sobre la que estalló la gran peste de Pasajes”, añade.

El coeficiente de mortalidad —en el que 100 indica los fallecimientos esperables y los valores de 80 a 120 las fluctuaciones habituales— empezó a repuntar en el último trimestre de 1780 y se disparó en el nuevo año, cuando se mantuvo durante los primeros nueve meses por encima de 500 (cinco veces más). “Murieron 83 personas de un censo de 775”, afirma Aginagalde, que califica la peste de “gran crisis” demográfica.

El patógeno causante, sin embargo, no ha logrado ser determinado. “Descartamos la fiebre amarilla porque el mosquito que la transmite no sobrevive al frío. También el cólera, porque sus brotes distinguen poco por clase social y no se prolongan durante el invierno”, explica Aginagalde. “Es posible que fuera el tifus exantemático epidémico o fiebres tifoideas. Al ser un puerto, tampoco podemos descartar la peste bubónica, pero el expediente de la Junta de Sanidad local es bastante parco al describir la sintomatología de los afectados”, añade el investigador.

“La peste de Pasajes fue el detonante que llevó al Estado a moverse para desterrar esta costumbre”, explica Granjel. “Algunos autores habían alertado sobre la necesidad de crear cementerios extramuros. Pero no fue hasta la epidemia que el gobierno de Carlos III, en su afán modernizador, tomó conciencia de la necesidad de hacerlo”, añade.

El cementerio del Real Sitio de San Ildefonso, impulsado por el monarca en 1783 en la Sierra de Madrid, y el del Poblenou en Barcelona, abierto ocho años antes por el ilustrado obispo Josep Climent, fueron los primeros ejemplos de una nueva corriente que abogaba por camposantos apartados de la población en lugares bien ventilados. “Las nuevas medidas ponen el foco en la contaminación del aire, en los vapores creados por la descomposición del cuerpo, como causa de enfermedad”, cuenta Esteban Rodríguez Ocaña, catedrático de Historia de la Ciencia de la Universidad de Granada. “El objetivo pasa a ser mantener limpia la atmósfera en un momento en el que la monarquía toma conciencia del valor económico de la población como un activo cuya salud conviene proteger”, añade Rodríguez Ocaña.

La Real Cédula de Carlos III no logró acabar con una tradición que en algunos lugares de España se prolongó hasta bien entrado el siglo XIX. El retraso, según Granjel, tiene dos explicaciones: “Con la muerte de Carlos III pierde fuerza el impulso modernizador del Estado. Y la Iglesia se opone casi en bloque a la medida porque con los nuevos cementerios bajo el poder civil pierde una importante fuente de ingresos con la venta de sepulturas”.

Aún hoy, como reducto de otros tiempos, un centenar de familias conservan en España el derecho de enterrar a sus difuntos en catedrales, conventos o iglesias repartidas por toda España. En su mayoría son linajes nobles que lograron mantener sus privilegios, aunque en la lista también figuran apellidos del mundo financiero e industrial que se han hecho un hueco en espacio sagrado a golpe de talonario.

martes, 9 de abril de 2019

#hemeroteca #intersexualidad | El heroico general, ¿era mujer?

Imagen: El País / Casimir Pulaski
El heroico general, ¿era mujer?
Un estudio científico revela que Casimir Pulaski, el padre de la caballería de EE UU, era intersexual.
Antonia Laborde | El País, 2019-04-09
https://elpais.com/internacional/2019/04/07/actualidad/1554670520_885257.html

La revelación del misterio en torno a dónde descansaban los restos de Casimir Pulaski (Varsovia, 1745-Savannah, Georgia, EE UU, 1779) trajo consigo otro descubrimiento. Los científicos que dieron con la tumba del general polaco que sirvió al ejército de George Washington en la guerra de la Independencia estadounidense hallaron un esqueleto aparentemente de mujer: “Tan femenino como se puede”, dijeron. Tras poco más de dos décadas analizando los huesos del que se conoce como el “padre de la caballería” de Estados Unidos, los investigadores concluyeron que Pulaski debe de haber tenido rasgos intersexuales, es decir, discrepancia entre el sexo genético y el genital. "Esa es la única manera de explicar la combinación de las dos características que vemos", sostiene Virginia Hutton Estabrook, antropóloga y directora del estudio sobre Pulaski que aparece en el documental ‘Las historias ocultas de EE UU: ¿El general era una mujer?’, que se estrena este 8 de abril en el canal Smithsonian.

Durante más de un siglo no se supo si Pulaski había sido enterrado en el mar o en una tumba sin nombre en Savannah, Georgia. El polaco, fallecido a los 34 años, combatió contra los rusos en su país de origen y luego escapó a París. Ahí conoció a Benjamin Franklin, quien lo convenció para unirse a las filas de Washington en EE UU. En 1777 el general cruzó el Atlántico para guerrear contra los británicos, convirtiéndose en un héroe cuando murió en la batalla de Savannah. En dicha ciudad se erigió un monumento con su nombre, donde a comienzos de los noventa los científicos descubrieron que bajo la estructura descansaban sus restos en una caja de metal. Al exhumarlos, se percataron de que parecía el esqueleto de una mujer. La duda de si realmente se trataba del oficial de caballería del siglo XVIII quedó inconclusa después de que no lograran reunir los fondos para hacer las pruebas genéticas pertinentes. Pero una nueva generación tendría más suerte.

En 2015, Estabrook, profesora asistente de Antropología en la Georgia Southern University acababa de hacerse cargo de la custodia de las muestras de huesos de Pulaski. Por su parte, Lisa Powell, una de sus estudiantes, recibió entonces el material que su padre, científico, había recabado en las pesquisas realizadas cuando encontraron el cuerpo. Con el apoyo económico del Instituto Smithsonian, el equipo de investigación pudo confirmar que el esqueleto correspondía al héroe de guerra gracias a un examen del ADN mitocondrial de la abuela de Pulaski (cuyos restos también fueron exhumados), además de lesiones del polaco que coincidían con la información acumulada y sus características físicas. Ya lo tenían claro: el hombre del que se dice que le salvó la vida a Washington durante la batalla de Brandywine, el que nunca se casó ni tuvo hijos, no encajaba en las definiciones binarias de hombre y mujer.

“Una de las formas para distinguir los esqueletos masculinos de los femeninos es la diferencia de la pelvis. En las mujeres, la cavidad pélvica tiene una forma más ovalada. Tiene menos forma de corazón que la pelvis de los hombres. La de Pulaski se veía muy femenina", ha explicado Estabrook en una entrevista reciente a NBC News. Charles Merbs, que era antropólogo forense de la Universidad Estatal de Arizona cuando hallaron los restos del general polaco, ha aclarado a la prensa estadounidense que no cree que el general alguna vez creyera que era una mujer o un intersexual. “A lo más puede haber pensado que algo andaba mal", ha teorizado. "En aquella época las personas simplemente no sabían estas cosas". Este descubrimiento se detalla en el nuevo documental del canal Smithsonian.

Según datos de Naciones Unidas, hoy en día el 1,7% de la población nace con rasgos intersexuales. "Aunque hablamos de la intersexualidad como una condición innata, la anatomía intersexual no siempre aparece al nacer. A veces, no se descubre que una persona tiene anatomía intersexual hasta que llega a la edad de la pubertad, o en la edad adulta siendo infértil, o al momento de la autopsia. Algunas personas viven y mueren con la anatomía intersexual sin que nadie (incluso ellos mismos) lo sepa", explica la Sociedad de Intersexuales de Norteamérica.

Pulaski es considerado un héroe tanto en Polonia como en Estados Unidos. El general es honrado cada año en el desfile del Día de Casimir Pulaski, en Nueva York. En Illinois hay un condado de 7.000 habitantes llamado Pulaski y en Chicago es festivo el primer lunes de marzo en su honor. También hay un puente de cuatro pistas bautizado Pulaski Skyway en Nueva Jersey.

lunes, 30 de julio de 2018

#hemeroteca #racismo #historia | El día que se intentó exterminar a los gitanos españoles

Imagen: La Voz del Sur
El día que se intentó exterminar a los gitanos españoles.
El 30 de julio de 1749, Fernando VI ordenó encarcelar y exterminar biológicamente al pueblo gitano, un episodio ocultado del relato oficial de la Historia de España que la comunidad romaní pide desenterrar.
Raúl Solís | La Voz del Sur, 2018-07-30
https://www.lavozdelsur.es/el-dia-que-se-intento-exterminar-a-los-gitanos-espanoles/

La historia oficial que se estudia en los colegios cuenta que los Reyes Católicos expulsaron a los judíos en 1492 y a los musulmanes hispanos en 1609. Sin embargo, nada dicen los libros de texto, ni la literatura, ni el cine, de que en España se mandó detener a todos los gitanos mediante la Real Orden de Fernando VI, firmada y ejecutada tal día como hoy de hace 269 años. Conocido como la Gran Redada, es el intento de genocidio más antiguo que se conoce en el mundo.

A las 12 de la noche del 30 de julio de 1749 comenzó una operación, secretamente urdida por el consejero de Estado de Fernando VI, el Marqués de Ensenada, para sacar por la fuerza de sus casas a todos los gitanos españoles con la intención de separarlos por sexos y encerrarlos para evitar la reproducción de la raza. Unos 9.000 gitanos fueron encarcelados en toda España, de los cuales 5.500 eran andaluces, el 61% del total.

Así, los funcionarios del Estado absolutista fueron a casa de los gitanos a buscarlos para encarcelarlos. Por un lado, las mujeres y sus hijos e hijas menores de 7 años; por otro, los hombres y los niños de más de 7 años. En Andalucía, que es donde más gitanos y gitanas se detuvieron, los hombres fueron recluidos y condenados a trabajo esclavo en La Carraca de Cádiz, un astillero militar donde se reparaban y construían buques, situado en la localidad de San Fernando. Las mujeres, cargadas con sus hijos menores de 7 años, fueron llevadas hasta la Alcazaba de Málaga.

Todos ellos, salvo los que murieron por las condiciones insalubres y la dureza de la tortura, estuvieron recluidos 16 años. Sus bienes y propiedades fueron incautadas y, posteriormente, subastadas para sufragar los costes de la redada contra el pueblo gitano, en territorio peninsular desde 1425.

250 medidas de persecución
La Gran Redada no fue la primera persecución sufrida por los gitanos, pero sí la más cruenta. En 1499, los Reyes Católicos ya firmaron una primera orden de expulsión que no se llevó a cabo. Desde 1499 hasta 1783, los gitanos españoles sufrieron más de 250 medidas de persecución. Llegaron a tener restringidas las ciudades en las que podían vivir, los oficios que podían ejercer y el número máximo de familias que podían habitar en el mismo núcleo urbano.

“La última providencia contra los gitanos estuvo vigente hasta 1978, hace 40 años”, cuenta Beatriz Carrillo, vicepresidenta del Consejo del Pueblo Gitano, entidad que este lunes conmemora la efeméride en un acto institucional en el Ministerio de Sanidad, Igualdad y Bienestar Social, en el que participará la ministra Carmen Montón. “Los querían exterminar biológicamente”, afirma categórica María Sierra, catedrática de la Universidad de Sevilla e investigadora de este episodio negro de la Historia de España que, sin embargo, no forma parte de la historiografía oficial.

Según las previsiones del Consejo de Castilla para Andalucía, publicadas por la revista 'Andalucía en la Historia' que edita el Centro de Estudios Andaluces, organismo dependiente de la Junta, en Sevilla había que detener a 130 familias, 157 en El Puerto de Santa María (Cádiz), 45 en Córdoba, 35 en Écija (Sevilla) y 22 en Antequera (Málaga).

La catedrática María Sierra indica que los detenidos no mostraron resistencia y que el único incidente reseñable tuvo lugar en el Convento de los Mínimos de El Puerto de Santa María, donde treces gitanos y gitanas se escondieron para evitar ser arrestados. El arzobispo de Sevilla exigió garantías de que no iban a ser castigados ni apresados, pero el 12 de agosto de 1749 fueron retenidos por los funcionarios enviados por la administración de Fernando VI.

Daño incalculable
El daño producido a la población gitana fue incalculable, sobre todo porque a quienes detuvieron fueron a los que más integrados estaban, a los que no eran nómadas y tenían domicilio fijo, de ahí que no pudieran apresar a toda la población gitana y no venciera el plan de exterminación diseñado por Fernando VI.

El coste de la operación, incosteable para el Estado, y la incapacidad de exterminar al pueblo gitano fueron dos de los detonantes de que en 1763 se firmara su libertad, aunque muchos de ellos no fueron libres hasta dos años más tarde, y se pusiera punto y final al episodio más negro contra los gitanos españoles que, inexplicablemente, es desconocido por la gran mayoría de la población y no se estudia en el sistema educativo.

Los gitanos y gitanas detenidos estuvieron presos 16 años, hasta que en 1765 fueron indultados por Carlos III, el monarca ilustrado que inauguró una nueva política hacia el pueblo gitano que dio lugar a la pragmática de 1773 en la que los gitanos fueron considerados aptos para cualquier trabajo.

“La sociedad mayoritaria no mira a los gitanos. No hay cine, no hay literatura. Ese silencio es la forma más persistente de no consideración de un grupo, de la persecución cultural. Es un racismo subliminal”, sentencia la catedrática María Sierra, historiadora a la que le debemos gran parte de todo lo investigado en Andalucía sobre el intento de exterminio contra el pueblo gitano. Por suerte, el Estado no consiguió su objetivo: 500.000 gitanos viven en España en la actualidad, de los cuales 300.000 son andaluces.

En la localidad barcelonesa de Pineda del Mar y en Alicante hay sendas placas que recuerdan el intento de genocidio contra el pueblo gitano ocurrido hace 269 años. De momento, son las únicas ciudades españolas donde se ha sacado del armario tan triste y cruento episodio. Las entidades romaní demandan que se sumen más ciudades a recordar esta persecución puesta en marcha por el rey absolutista Fernando VI y su consejero de Estado, el Marqués de Ensenada. Afortunadamente, el pueblo gitano va conquistando espacios de visibilidad, normalización e integración a pesar de las toneladas industriales de gitanofobia que ha sufrido por ser diferente y cuestionar la uniformidad cultural de los regímenes centralistas.

lunes, 9 de abril de 2018

#hemeroteca #libros #historia | La criminal Zaragoza barroca

Imagen: El Periódico de Aragón / Juan  Postigo
La criminal Zaragoza barroca.
El doctor en Historia Juan Postigo ha publicado su obra ‘El paisaje y las hormigas’, un libro que bucea en el cosmos de la transgresión urbana de la capital aragonesa durante los siglos XVII y XVIII.
Marcos Díaz | El Periódico de Aragón, 2018-04-09
http://www.elperiodicodearagon.com/noticias/aragon/criminal-zaragoza-barroca_1276155.html

La Seo y el Pilar como escenarios de crímenes, abundancia de prostíbulos en la ciudad –algunos frecuentados por religiosos– y riñas en casas de juego, peleas callejeras o cuchilladas en los patios de atrás de las viviendas. No se trata del entorno de una novela negra ambientada en la capital aragonesa del barroco, sino el ambiente que describe el doctor en Historia Juan Postigo en su obra ‘El paisaje y las hormigas. Sexualidad, violencia y desorden social en Zaragoza (1600-1800)’.

Editado por Prensas de la Universidad de Zaragoza, Postigo muestra la cara B de una ciudad «muy importante, capital de la Corona de Aragón», en la que recalaban «gentes de toda condición, muchas veces en busca de una vida mejor, que se les estaba vetada de alguna manera»; un hecho que llevaba a buena parte de la población a recurrir «a todo lo posible para poder subsistir», explica.

El texto está relacionado con su trabajo anterior, ‘La Vida Fragmentada’ (2015), en la que ya mostraba las tensiones entre las diferentes clases sociales de la época y las necesidades por hacerse representar de cada grupo. Este segundo repaso a la Zaragoza barroca, sin embargo, «trasciende las tensiones y se mete de lleno en el cosmos de la transgresión urbana y de la criminalidad».

Para su elaboración, el autor buceó fundamentalmente en los archivos de la justicia eclesiástica de la época, conservados en el palacio arzobispal, lo que le permitió el acceso a interrogatorios; a las historias de los criminales e inculpados «narradas en primera persona». Se trata de una fuente «riquísima» que «refleja perfectamente las inquietudes y la forma de ser de la gente de la época», recalca.

Una época dura, en la que la ley y la religión «estaban tan ligadas entonces que casi todo era ilegal». Por esa razón, «la gente tenía que maquinárselas para poder dar rienda suelta a sus impulsos naturales», situación que llevaba a que la criminalidad, en muchas ocasiones, se mezclara «con lo necesario para la vida».

Casas de juegos y peleas
Como muestra, Postigo recuerda uno de las cuestiones que más le llamó la atención: la «relativa abundancia» de prostíbulos en la ciudad. Alguno de ellos, incluso, «aparentemente especializado o frecuentado con muchísima profusión por religiosos», afirma. «Por una calle del centro de Zaragoza, los vecinos se asombraban cuando veían auténticas romerías de religiosos, todos yendo hacia el prostíbulo sin ningún tipo de recato», describe el autor.

También destaca las riñas en las casas de juego o asesinatos dentro de iglesias. «La gente se sorprenderá al saber que tanto la Seo como el Pilar eran escenario de situaciones agresivas constantes». Por ejemplo, eran frecuentes las «peleas entre religiosos». Se trata, pues, de una ciudad que acogía «actuaciones gansteriles de todo tipo».

Este ensayo refleja una sociedad «que por una parte obedece y, por naturaleza, respeta los órdenes establecidos, marcado tanto por la religión como por las buenas costumbres», pero que por otra «siente, desea y tiene sueños que, en ocasiones, no sabe cómo expresarlos porque no hay posibilidades de dar salida a los deseos», indica Postigo. Una Zaragoza que, a pesar de la crudeza de las historias, «no era ni más ni menos violenta que cualquier otra ciudad del orbe católico de los siglos XVII y XVIII» aunque, claro está, «tenía unos índices de criminalidad que hoy llamarían la atención».

jueves, 29 de marzo de 2018

#hemeroteca #cofradias | El verdadero origen de la Madrugá de Sevilla

Imagen: El País / Nazarenos de la Hermandad de la Esperanza de Triana en La Madrugá de 2017
El verdadero origen de la Madrugá de Sevilla.
Las cofradías, obligadas a no procesionar de noche, interpretaron a su manera el término “alba” descubriendo un amanecer distinto para Sevilla.
Eva Díaz Pérez | El País, 2018-03-29
https://elpais.com/cultura/2018/03/28/actualidad/1522236999_567236.html

Alegre, piadosa, pagana, desmedida, exuberante... La Semana Santa de Sevilla parece un espectáculo medido y perfecto, un prodigio de sensorialidad teatral y mística, pero en realidad es un artefacto organizado estratégicamente siglo a siglo; un fenómeno que sobrevivió a incendios, epidemias, iconoclastias, crisis económicas y revoluciones laicas. ¿Dónde remontar sus orígenes? ¿A las devociones medievales? ¿A las lecturas simbólicas de la Contrarreforma? ¿A los excesos ornamentales del barroco? Hasta hace poco, se argumentaba que la Contrarreforma era el periodo en el que surge. Y el siglo XIX, con los aires románticos de la llamada Corte Chica del duque de Montpensier y la infanta María Luisa de Borbón, el momento en el que se fija su estética definitiva.

Sin embargo, un riguroso estudio plantea ahora una revisión de estos orígenes remontando al siglo más inesperado los inicios de la Semana Santa sevillana: el XVIII. La investigadora Rocío Plaza Orellana plantea en su ‘Los orígenes modernos de la Semana Santa de Sevilla. El poder de las cofradías (1777-1808)’, publicado por El Paseo, esta relectura de una celebración que en muchas ocasiones ha datado sus inicios basándose solo en la tradición, algo mucho más remoto.

Para Sevilla, el XVIII no fue un momento glorioso. Después de los siglos XVI y XVII, con el monopolio comercial con las Indias que la convierten en la capital económica de España, el XVIII será un tiempo de oscuridades. La decadencia cristalizó en 1717, cuando el monopolio con América pasa a Cádiz. Sin embargo, Sevilla, como señalaron en su día los historiadores Antonio Domínguez Ortiz y Francisco Aguilar Piñal, se convertirá esa centuria en un laboratorio para las reformas ilustradas de Carlos III. Las transformaciones anunciarán el cambio del antiguo al nuevo régimen y afectarán al urbanismo, la Universidad, el teatro... y la Semana Santa.

Estos ensayos de modernidad despertarán fuertes tensiones entre el poder civil y el eclesiástico. Y se plasmarán en episodios como el ascenso y caída del asistente ilustrado Pablo de Olavide, quien intentó cambiar la vieja Sevilla —y con ella su Pasión—, pero que sufrirá un proceso inquisitorial por “impío y miembro podrido de la religión”, precisamente por su rechazo a las devociones populares.

“El proceso de Olavide tuvo numerosos vértices. Destacan, por la trascendencia que tendrían después para las cofradías, dos acusaciones: permitir los bailes de máscaras y las comedias y su falta de piedad religiosa”, explica Plaza, profesora de Historia del Arte en la Universidad de Sevilla. La Semana Santa que ahora se vive es hija de ese tiempo, ya que sobrevive a la dura batalla de las reformas ilustradas. Su deslumbrante Madrugá surge en su concepción actual en esa época. ¿Cómo se inventó? Paradójicamente, estos cortejos nocturnos de la madrugada del Viernes Santo se inician en el Siglo de las Luces. La Madrugá es un resultado de ciertas trampas legales que los cofrades usaron para evitar las reformas ilustradas. Por ejemplo, la interpretación —no sin picaresca— del concepto temporal del alba, el momento en que debían salir las procesiones para evitar la noche.

El Consejo de Castilla implanta en 1777 una serie de leyes para controlar las costumbres de las cofradías. En realidad, estas medidas las había iniciado Olavide una década antes como parte de sus reformas ilustradas: una vez caída la noche, las cofradías no podían encontrarse por las calles, ante los posibles desórdenes públicos y delitos amparados en las sombras. Tampoco se permitían los rostros cubiertos de los penitentes y disciplinantes. Las medidas iban en sintonía con las del marqués de Esquilache prohibiendo las capas y sombreros, que terminaron en el motín que hizo caer al ministro de Carlos III.

El rey obligó a que las cofradías estuvieran “recogidas y finalizadas antes de ponerse el sol”. ¿Y qué se hizo en Sevilla? Ni más ni menos que quebrantar las leyes del reino poniendo sus imágenes en la calle de noche amparadas en una curiosa interpretación. Fue la Hermandad del Silencio, fundada en el siglo XIV, la que en 1774, obligada al cambio, dictó que acompañarían a Jesús Nazareno y la Virgen de la Concepción en un “alba” o amanecer, lo que se tradujo por las dos de la madrugada. “Esta decisión vino a formar parte de la compleja estrategia de engaños, resistencias y desacatos que las cofradías ofrecieron a los nuevos ordenamientos provenientes de Madrid, como si Sevilla tuviera otro amanecer”, detalla Plaza.

Igual ocurrió con El Gran Poder, y después lo harían la Macarena —ambas siguen haciendo su estación de penitencia en La Madrugá— y la Carretería —que en la actualidad procesiona la tarde del Viernes Santo—, que procesionaba el Jueves Santo por la tarde y a la que también le sorprendía la noche. Así, salió media hora después del alba, cobijada ya en la madrugada. “Como se contaría muchos años después, fueron capaces de hacer de la noche día, sólo con su presencia. Cuando El Gran Poder se hizo definitivamente con su madrugada, Olavide aún continuaba en manos del Santo Oficio”, añade la investigadora desvelando la Sevilla que ganó la batalla de la Ilustración.

Tonadillas pintorescas y aires teatrales
Una reforma legal de Carlos III tras el motín de Esquilache trajo con ella la trampa. Para evitar más desórdenes como el que tumbó a su ministro, el rey creó nuevas figuras políticas, entre ellas los llamados alcaldes de barrio. Esta medida supuso la entrada en el gobierno de las ciudades de personas de extracción social más baja, pero más dinámica. En Sevilla, muchos eran cofrades y supieron utilizar el poder otorgado para evitar las reformas ilustradas que afectaban a las procesiones.

Tras estos cambios, el XIX impregnaría las cofradías de aires teatrales. “El teatro fue un espejo de influencias. Compartieron el emplumado de los ángeles, el escarchado de los tules de las damas en los rostrillos de las Dolorosas”, afirma la investigadora Rocío Plaza. La Semana Santa se contagió de tonadillas interpretadas en los oficios. En una crónica de la época se lee: “Ya no se oyen más que 'minuets' en las meditaciones, responsos abolerados, coplas o motetes afandangados. (…) O el teatro es un acto religioso o nuestra religión es una comedia”. Llegaba el siglo romántico y con él la Sevilla pintoresca.

lunes, 26 de marzo de 2018

#libros #historia | El paisaje y las hormigas : sexualidad, violencia y desorden social en Zaragoza (1600-1800)

El paisaje y las hormigas : sexualidad, violencia y desorden social en Zaragoza (1600-1800) / Juan Postigo Vidal.
Zaragoza : Universidad de Zaragoza, 2018 [03-26].
234 p.
Colección: Ciencias Sociales ; 127.
ISBN 9788416935857 / 18,00 €

/ ES / ENS
/ Aragón / Criminalidad / Historia – Siglo XVII / Historia – Siglo XVIII / Historia social / Iglesia católica / Poder / Prostitución / Sexualidad / Transgresión / Zaragoza

El presente volumen estudia en exclusividad la atmósfera típica y las circunstancias de la transgresión en la ciudad de Zaragoza durante los siglos XVII y XVIII, tratando de dar una explicación sociológica al característico fenómeno de la ilegalidad urbana en la vida cotidiana, y analizando pormenorizadamente los sitios donde muchas de estas actividades ilícitas tenían lugar: prostíbulos, iglesias, casas de juego… o incluso la calle, que fue un espacio constantemente aprovechado e invadido por las multitudes en los momentos álgidos de cada revuelta popular.

lunes, 12 de febrero de 2018

#libros #cofradias | Los orígenes modernos de la Semana Santa de Sevilla. I. El poder de las cofradías (1777-1808)

Los orígenes modernos de la Semana Santa de Sevilla. I. El poder de las cofradías (1777-1808) / Rocío Plaza Orellana.
Sevilla : El Paseo, 2018 [02-12].
472 p.
Colección: Memoria.
ISBN 9788494740459 / 25,95 €

/ ES / ENS
/ Andalucía / Cofradías / Fiestas / Historia – Siglo XVIII / Iglesia católica / Memoria histórica / Sevilla / Tradiciones

Durante la Ilustración y su crisis la Semana Santa de Sevilla tornó su antigua gravedad católica, transformándola en el gran espectáculo religioso de la burguesía sevillana. Para ello, Sevilla la incluyó en esos nuevos tiempos como parte indisoluble de ella misma, como una fiesta diferente que, al fin y al cabo, debía su transformación a la ciudad y las gentes que la celebraban, capaces de darle la vuelta a todo lo que habían sido para adaptarse al compás de los nuevos tiempos. Contra lo que se pudiera pensar, fue entonces cuando se originó el diluvio que cambió todo lo que hasta el momento se entendía por las cofradías; pero también el que ofreció los mecanismos para que ese conjunto saliera adelante tal y como hoy lo conocemos.

En este libro se estudia un tiempo único e imprescindible en el proceso de gestación de la Semana Santa contemporánea. Durante la peculiar Ilustración española se legisló para reformar las cofradías de penitencia. La relación entre las nuevas directrices y quienes debían acatarlas provocaría en Sevilla un huracán que atrapó en su avance a las cofradías, los poderes locales, los representantes estatales y los eclesiásticos durante décadas, dejando a su paso un panorama sumamente delicado. Los complejos intereses en juego generaron una realidad nueva en las calles durante la Semana Santa de los años que se estudian en este libro. Con un nuevo enfoque y considerando muchos aspectos desconocidos hasta ahora, aquí se cuenta cómo las hermandades que sobrevivieron al impulso reformador borbónico fueron el germen de esta celebración religiosa urbana que tornaría su antigua gravedad católica para ser peculiar espejo de la burguesía sevillana. Fue entonces cuando se pusieron los peldaños para los futuros cortejos procesionales que constituyeron el esplendor de las primaveras románticas en Sevilla y el fundamento de la Semana Santa que hoy conocemos. Mediante un ingente aparato documental, especialmente de los propios archivos de las hermandades, se estudia la historia de las cofradías sevillanas de estos años con una intención acusada por saber quiénes fueron sus protagonistas y en relación con las quiebras del clima social, los desastres naturales y políticos, las dificultades económicas o los pro­blemas de orden público que se padecieron; así como con las nuevas diversiones y modas de este nuevo tiempo.

DOCUMENTACIÓN
El verdadero origen de la Madrugá de Sevilla.

Las cofradías, obligadas a no procesionar de noche, interpretaron a su manera el término “alba” descubriendo un amanecer distinto para Sevilla.
Eva Díaz Pérez | El País, 2018-03-29
https://elpais.com/cultura/2018/03/28/actualidad/1522236999_567236.html
El poder de las cofradías.
En «Los orígenes modernos de la Semana Santa de Sevilla», Rocío Plaza Orellana construye un relato historiográfico imprescindible para conocer la Ilustración española y sus múltiples avatares. Sus páginas, prolijas en detalles sociales, políticos y naturales, constituyen un bocado ideal para lectores ávidos de conocimiento no necesariamente cofrades.
Antonio Puente Mayor | El Correo de Andalucía, 2018-02-17
http://elcorreoweb.es/aladar/el-poder-de-las-cofradias-LX3808683
De cómo Sevilla inventó su Semana Santa en el Siglo de las Luces.
Rocío Plaza publica un documentado ensayo que anticipa el inicio de las procesiones modernas en el XVIII y no en las primaveras románticas del XIX.
Eva Díaz Pérez | ABC, 2018-02-14
http://sevilla.abc.es/cultura/sevi-como-sevilla-invento-semana-santa-siglo-luces-201802132257_noticia.html

sábado, 4 de noviembre de 2017

#hemeroteca #lenguaje #historia | 'Botifler', el insulto favorito del 'procés'

Imagen: El País / Fragmento de 'La Batalla de Almansa', de Bunaventura Ligli (1709)
'Botifler', el insulto favorito del 'procés'.
El secesionismo ha reavivado para estigmatizar a sus rivales un término nacido en el siglo XVIII contra el Ejército borbónico.
Ferran Bono | El País, 2017-11-04
https://politica.elpais.com/politica/2017/10/27/sepa_usted/1509063323_633997.html

‘Botifler’ se usa como insulto o apodo, pero es una palabra interesante, al menos desde el punto de vista filológico. No está clara la etimología de este término catalán que ha rebrotado con inusitada fuerza durante el 'procés' secesionista. Designa despectivamente a los seguidores de los Borbones y, por extensión, los separatistas la emplean contra todos los españoles opuestos a la independencia de Cataluña.

Dos son las principales teorías sobre su origen: una sostiene que es una creación culta del habla de influencia francesa y otra apunta a una invención popular autóctona. La primera se remonta al sintagma francés ‘beauté fleur’ (“la bella flor”), en alusión al lis del escudo de armas de la Casa de Borbón. De ‘beauté fleur’ a ‘botifler’ no hay más que un paso fonético. Una derivada postula que el término viene de la adaptación del apellido del mariscal Louis François de Boufflers (1644-1711) y así se documenta a principios del XVIII en algunos textos.

Apoyan la segunda tesis sabios de la filología catalana, como Francesc de Borja Moll o Joan Coromines. El término provendría del catalán ‘bot unflat, inflat’, en referencia a una persona gruesa, rica, en contraposición a la mayoría de población pobre y desnutrida de los siglos XVII y XVIII. “Podía tener también el sentido de una persona conservadora”, apunta Emili Casanova, catedrático de Filología Catalana de la Universitat de València. Moll y Coromines señalan que ‘botifler’ comparte raíz (‘botir’) con ‘botiró’, palabra usada para referirse a los soldados borbónicos.

El término aparece documentado en Cataluña desde principios del XVIII y también en Mallorca, pero en Valencia solo figura en épocas posteriores, señala Casanova. “Siempre tiene un sentido peyorativo, de gabacho, y su uso se remonta a la Guerra de Sucesión. En Cataluña, resurge con mucha fuerza y se extiende en la Renaixença”, el movimiento cultural de reivindicación de la literatura y la lengua catalana de mediados del XIX, agrega.

De lo que no hay duda es de su significado contra los partidarios de Felipe V durante la Guerra de Sucesión (1701-1715), frente a los austriacistas, seguidores de la Casa de Austria, que recibían, entre otros, el mote de ‘maulets’.

La mayor parte de la antigua Corona de Aragón se había decantado por el archiduque Carlos, más respetuoso con la organización de estilo federalista de los territorios, si bien algunos historiadores matizan ahora esa afirmación. Lo cierto es que la victoria del bando borbónico supuso la promulgación de los Decretos de Nueva Planta, que abolieron las leyes e instituciones propias de los reinos de Valencia y Aragón (1707), del Reino de Mallorca (1715) y del Principado de Cataluña (1716).

Los "traidores"
Hoy hay cierta confusión en el empleo de ‘botiflers’ ligado al enconamiento del ‘procés’ y la forma en que lo profieren los independentistas. Algunos consideran que significa “traidor”. Históricamente, está documentado ese uso, pero solo referido a quienes en Cataluña apoyaron a los Borbones. Lo ha reavivado el secesionismo como tal insulto, sobre todo en las redes, dirigido tanto contra políticos (Miquel Iceta, Xavier García Albiol, Paco Frutos…) como contra intelectuales (Marsé,Serrat…). Ya en la Diada de 2012, la primera lanzada al ‘procés’, lo tuvo que escuchar Josep Antoni Duran Lleida, durante 12 años (2004-2016) portavoz de CiU en el Congreso.

Sin dicho enconamiento, en la Comunidad Valenciana el término se mantiene vivo en zonas valencianohablantes —el valenciano es una denominación histórica del catalán propia del territorio del antiguo Reino de Valencia— y, sobre todo, en ámbitos nacionalistas, como forma crítica de referirse a quienes pueden representar el centralismo castellano o a quienes reniegan de su lengua y cultura. Pervive, además, el dicho “Quan el mal ve d’Almansa, a tots alcança” (“Cuando el mal viene de Almansa, a todos alcanza”).

Alude a la batalla de Almansa, en la que el ejército borbónico infligió una severa derrota a los austriacistas el 25 de abril de 1707, que abrió el camino al asedio e incendio de Xàtiva, donde sigue cabeza abajo en la municipal Casa de la Enseñanza un retrato de Felipe V.

lunes, 18 de septiembre de 2017

#libros #comic #esclavitud | Los esclavos olvidados de Tromelin

Los esclavos olvidados de Tromelin / Sylvain Savoia ; traducción de Sergio España.

Rasquera, Tarragona : Ponent Mon, 2017 [09-18].
120 p.

/ ES / FR* / Libros / Cómic / Novela gráfica / Esclavitud / Historia – Siglo XVIII / Memoria histórica
📘 Ed. impresa: ISBN 9781912097128 / 24,00 €
Cita APA-7: Savoia, Sylvain (2017). Los esclavos olvidados de Tromelin. Ponent Mon.

[.es] En 1761, una nave de la Compañía Francesa de las Indias, la ‘L’Utile’, naufraga en un islote perdido del océano Índico. Ochenta esclavos son abandonados y sobreviven en ese trozo de piedra castigado por las tormentas. Hasta el 29 de noviembre de 1776, quince años después del naufragio, no llegará el barco del alférez Tromelin para rescatar a los supervivientes: siete mujeres y un bebé de ocho meses. Max Guérout, arqueólogo y exoficial de la Marina francesa, ha liderado varias campañas para encontrar las huellas de los náufragos. En una de las campañas invita al dibujante Sylvain Savoia para que los acompañe a la isla Tromelin. Así nace este libro: un cómic que le devuelve la palabra a esos esclavos olvidados, mezclado con el diario de campaña de una expedición arqueológica. Sylvain Savoia le ofrece a los lectores una magnífica lección de humanidad y dignidad.

DOCUMENTACIÓN
Los esclavos olvidados de Tromelin.
Historia y Cómic, 2017-12-25

https://historiaycomic.com/2017/12/25/los-esclavos-olvidados-de-tromelin/

miércoles, 30 de noviembre de 2016

#hemeroteca #historia | Ataques británicos contra las Islas Canarias en el siglo XVIII

Ataques británicos contra las Islas Canarias en el siglo XVIII / Carlos Fernando Hernández Bento.
La Orotava, Santa Cruz de Tenerife: Le Canarien, 2016 [11-30].
241 p.
ISBN 9788494552755 / 15 €

/ ES / ENS
/ Canarias / Gran Bretaña / Guerras / Historia – Siglo XVIII

La presente obra es un intento de profundizar en los ataques que los británicos realizaron contra las Islas Canarias en el siglo XVIII, desde su propia óptica. Para ello, analizaremos sus fuentes archivísticas, bibliográficas, hemerográficas y museísticas, inéditas en la mayor parte de los casos hasta hoy. Incluye estudios de las acciones de Jennings contra Tenerife (1706), Davidson y Willes en Fuerteventura (1740), Windham contra La Gomera (1743), Nelson en Tenerife (1797) y otras muchas.

DOCUMENTACIÓN
Prólogo al libro de Carlos Hernández Bento "Ataques británicos a las Islas Canarias en el siglo XVIII"
Emilio Abad Ripoll | Amigos del 25 de Julio, [s.d.]

http://amigos25julio.com/index.php?option=com_content&view=article&id=2031:prologo-al-libro-de-carlos-hernandez-bento-qataques-britanicos-a-las-islas-canarias-en-el-siglo-xviiiq&catid=18:prologos-introducciones-&Itemid=17

lunes, 12 de octubre de 2015

#hemeroteca #arte | La gran dama de los retratos

La gran dama de los retratos.
Con sus pinceles, Élisabeth Vigée Le Brun inmortalizó a los protagonistas del siglo XVIII, uno de los más convulsos de la historia europea. Ahora París conmemora a la retratista predilecta de María Antonieta con una retrospectiva en el Grand Palais.
Estrella de Diego | El País, 2015-10-12
http://elpais.com/elpais/2015/10/08/eps/1444299616_378195.html

París ardía. Era una de las noches más dramáticas de la historia de Occidente. La revolución había estallado y las cabezas estaban a punto de rodar. No había vuelta atrás. En medio de aquella situación convulsa, la noche misma en que eran apresados el rey y su esposa, la reina María Antonieta, una mujer frágil y bella huía de la ciudad con su hijita para ponerse a salvo. La pintora Marie-Louise-Élisabeth Vigée Le Brun, nacida en París en 1755 y tantas veces autorretratada y retratada, salía deprisa camino de Italia debido a su muy notoria proximidad con la familia real francesa. Empezaba de este modo un largo exilio: primero en Italia, luego en Viena y una estancia de seis años en San Petersburgo y Moscú –donde también fue muy próxima a los círculos zaristas–, para regresar a Francia en tiempos de Napoleón I, después de que varias personas intercedieran para facilitar su regreso a la patria, limpia al fin de toda sospecha antirrevolucionaria. Sin embargo, pese a la cálida acogida, no permanecería mucho tiempo en París, tal vez porque su mundo había cambiado por completo. De allí marcharía hacia Londres, donde el propio príncipe de Gales posó para ella, como tantos otros hombres y mujeres de la alta sociedad, protagonistas esenciales de la historia. Y luego hacia Suiza, donde pintaría el retrato de Madame de Staël que se conserva en el Museo de Ginebra, una de las representaciones más conocidas de la pensadora del XVIII.

Pero Élisabeth Vigée Le Brun era mucho más que la retratista de éxito que, como cuenta en sus ‘Memorias’ –un testimonio de primera mano para conocer su vida–, no se limitaba a copiar a los modelos siguiendo la moda de la época, sino que trataba de mirar hacia dentro, de retratar también el interior. Quizá por este motivo, una de las representaciones más curiosas de la propia María Antonieta fue la que realizó en 1787, donde se muestra a la reina rodeada por sus hijos, la monarca como madre. Uno de ellos, el delfín –fallecido al poco tiempo–, señala la cuna vacía, haciendo alusión a su hermano muerto. Precisamente por el recuerdo infausto de la doble muerte, María Antonieta quiso esconder de la vista este cuadro de gran tamaño, que acabaría salvándose de las iras revolucionarias.

Es en este tipo de detalles donde se ve el papel privilegiado de ‘historiadora’ en primera persona de la decidida Vigée Le Brun, quien sostenía la economía familiar con su producción artística. De hecho, no solo retrató a muchas personalidades de su tiempo, sino que tuvo ocasión de vivir y ver los grandes cambios en la historia de Europa. Este particular, que a veces se tiende a obviar –tanto su memoria como la de Angelica Kauffmann, otra gran artista del periodo y amiga de Goethe, quedan empañadas por su enorme éxito y sus buenas relaciones sociales–, parece esencial a la hora de entender la pintura de Vigée Le Brun y hasta de valorarla. Fue, desde luego, una mujer de su tiempo, documentalista de una época y sus modos de mirar, como muestra incluso el retrato de María Antonieta como madre. En él se subraya la recién inventada infancia, una de las adquisiciones culturales del XVIII, seguramente siguiendo la moda de lo que Carol Duncan llama “las madres felices”, esas mujeres que pintores como Greuze representaban con sus hijos, atributos de las nuevas diosas, en un momento en el cual en Francia las mujeres empezaban a luchar por sus derechos y, sobre todo, a controlar la natalidad en unos matrimonios de conveniencia. Es la propia representación que Vigée Le Brun hace en sus autorretratos con la hija. Aunque, al margen de las modas, siempre tuvo claro su trabajo: pintando, pintando, olvidó preparar lo necesario para el nacimiento de Julie. Una amiga, Madame de Verdun –cuenta en sus ‘Memorias’–, la acusó de “ser un auténtico chico”. Ser como un chico, la frase que con frecuencia se dice a las mujeres que triunfan, las que a lo largo de la historia han tenido como meta pintar, trabajar, vivir de su trabajo.

Hija de un retratista al pastel, Élisabeth Vigée Le Brun pronto manifestó su vocación pictórica y miró hacia los grandes maestros, sobre todo Rubens, Rembrandt, Van Dyck… A los 15 años mantenía a su madre y a su hermano, y los retratos a personalidades de la alta sociedad no tardaron en abrirle el camino hacia Versalles. Por eso, cuando la madre le arregló la boda con un marchante de arte, Jean-Baptiste Le Brun, la artista albergó dudas: “Tenía 20 años y vivía sin preocupación por mi futuro. Ganaba mucho dinero y no sentía ningún deseo de casarme. Pero mi madre, que creía que el señor Le Brun era muy rico, me insistió en que no rechazara esta unión tan provechosa. Por fin consentí en casarme, deseosa sobre todo de escapar de la horrible vida con mi padrastro. En todo caso, tan pequeño era el entusiasmo por renunciar a mi libertad que camino de la iglesia no paré de decirme a mí misma: ‘¿Diré sí? ¿Diré no?’. Una pena. Dije sí y mis viejos problemas se transformaron en otros nuevos”, escribiría.

El marido, un jugador empedernido, acabó por llenarle el estudio de alumnas –clases suplementarias para pagar sus deudas–. A diferencia de su enemiga y coetánea Adélaïde Labille-Guiard, Vigée Le Brun nunca se retrató pintando al lado de sus alumnas. Ella no fue nunca una maestra. Ninguna fue bien considerada por la artista salvo Marie-Guillemine Benoist. Otras trataron de dejar muy clara la tutela de Vigée Le Brun, como Marie-Victoire Lemoine, cuyo autorretrato en el estudio con la maestra es un valioso testimonio de esa relación.

Ni sus alumnas fueron jamás bien recibidas por la pintora, ni llegaron a alcanzar el estilo fresco y delicado de Vigée Le Brun, tal vez porque este era personalísimo. Y difícil de imitar. En sus más de 600 retratos y algo más de 200 paisajes –presumiblemente realizados durante el exilio– se muestran no solo esa idealización que tanto gustó en su época, sino una percepción de las cosas poco corriente, una delicadeza inusitada y una lectura atenta de los acontecimientos, aunque algunos se obcequen en negarla. De cualquier manera, está claro que Vigée Le Brun supo aportar algunas innovaciones, como los retratos al aire libre, tradición establecida que ella reafirmó con esa perfección única al pintar mujeres jóvenes, bellas, alegres y sensuales. Vigée Le Brun fue una artista infatigable a la cual nada, ni siquiera la maternidad, pudo apartar del trabajo.

Y pese a todo, entonces como más tarde, estuvo a menudo en el punto de mira, porque resulta siempre muy complicado aceptar a las mujeres triunfadoras. Incluso su entrada en la Academia, en 1783, fue puesta en tela de juicio por estar casada con un marchante de arte y se habló con frecuencia de la presión de la reina misma para su ingreso. Con fama de ser la amante de nobles y hombres poderosos, Vigée Le Brun estuvo siempre expuesta a las más oscuras calumnias, tal y como ocurre con la leyenda que nació en torno al retrato del conde de Calonne, encargado de las finanzas de la corte y pintado en 1785. A propósito de este retrato, la actriz y soprano Sophie Arnould dijo que le había cortado las piernas en el cuadro “para que no se le escapara”. También fue muy comentada la forma en que recibía los pagos por el trabajo: pistachos envueltos en billetes de 300 francos. Historias de la Francia decadente anterior a la Revolución.

Pero sean cuales sean esos pecados que jamás se perdonan a las mujeres triunfadoras, lo cierto es que los cuadros de Vigée Le Brun siguen resplandeciendo con luz propia, la que corresponde a una mujer libre que ­vivió una época de salones y tímidas liberaciones femeninas; la época de la invención de la infancia y la juventud –lo muestra el modo en que retrata a su pequeña–. Y sigue resplandeciendo esa mujer fuerte que recuerda cómo un caballero adivinó su futuro en una fiesta: “Me dijo que viviría una vida larga y que me convertiría en una viejecita encantadora, porque no era coqueta. Ahora que he vivido muchos años me pregunto si me he convertido en una viejecita encantadora. Lo dudo”.

Y es que hay mujeres que nunca llegan a ser viejecitas encantadoras, sino libres hasta el final de sus días: seres beligerantes como esa Vigée Le Brun madura que en Suiza se encontró con Madame de Staël, otra mujer que con la pluma o el pincel iba a abrir el camino para futuras generaciones.

miércoles, 3 de junio de 2015

#libros #intersexualidad | Sobre el derecho de los hermafroditas

Sobre el derecho de los hermafroditas / edición y estudio introductorio a cargo de Daniel J. García ; traducción del latín de Joaquín J. Sánchez Gázquez
Barcelona : Melusina, 2015 [06]
242 p.
Colección: Sic
ISBN 9788415373216 / 9,10 €

/ ES / LA* / ENS
/ Biopolítica / Derecho / Género / Hermafroditas / Historia / Historia – Siglo XVIII / Intersexualidad / Patologización

Este conciso volumen rescata un texto olvidado en la Bibliothèque Nationale de Estrasburgo, una tesis que defendió un brillante joven de 19 años el 13 de junio de 1788 que supone un cierre simbólico del tratamiento de los intersexos en el ámbito estrictamente jurídico. A partir de entonces, el intersexo cambia de manos y pasa de la tutela legal a la médica, del saber jurídico al saber científico para, finalmente, encuadrarse en el paradigma biopolítico.

Junto con el texto original en latín y su traducción, la obra incluye una extensa y lúcida introducción en la que se detalla la naturaleza de este tránsito de «saberes» y se traza la genealogía de los intersexos desde el paso del «mito a la carne», es decir, de la Grecia clásica a la hegemonía de la Iglesia, pasando por la medicalización que culmina en la implantación del siniestro «protocolo» del doctor John Money en la década de 1970, hasta una incipiente nueva etapa, la actual, en la que por primera vez comienza a primar el derecho a la autodeterminación del sexo y género, como pone de manifiesto la ley de identidad de género aprobada en Malta en abril de 2015.

Daniel J. García López nació en Almería en diciembre de 1985. Es Licenciado (con premios a nivel local y autonómico) y Doctor en Derecho. Fue becario FPU (Formación del Profesorado Universitario) y Profesor Sutituto Interino en el Área de Filosofía del Derecho de la Universidad de Almería, institución que decidió no renovar su contrato a pesar de estar acreditado por la ANECA a Profesor Contratado Doctor. Ha sido investigador invitado en centros de reconocido prestigio en Alemania eItalia. Actualmente, mientras su vida laboral transcurre en el desempleo, realiza una estancia de investigación en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales (Madrid). Es autor del libro “Organicismo silente. Rastros de una metáfora en la ciencia jurídica” (Comares, 2013) y coeditor de “Derecho, memoria histórica y dictadura” (Comares, 2009). Su trabajo se centra en la historia de las metáforas, el pensamiento impolítico y la gubernamentalidad de corporalidades disidentes desde la teoría queer.

ENLACES
Melusina | Sobre el derecho de los hermafroditas

http://www.melusina.com/libro.php?idg=51712

lunes, 25 de mayo de 2015

#libros #feminismo #historia | Feminismos europeos 1700-1950 : una historia política

Feminismos europeos 1700-1950 : una historia política / Karen Offen ; traducción de Pedro Andrés Piedras Monroy
[European Feminisms, 1700-1950. Stanford University Press, 2000. Español]
Tres Cantos, Madrid : Akal, 2015 [05-25]
560 p.
ISBN 9788446032694 / 36 €

/ ES / EN* / ENS
/ Europa / Feminismo / Historia – Siglo XVIII / Historia – Siglo XIX / Historia – Siglo XX / Mujeres

En esta ambiciosa obra, rescata Karen Offen la historia de las luchas que libraron las mujeres europeas (y también los hombres) en contra de la dominación masculina. A lo largo de un recorrido de 250 años –desde la Ilustración hasta la era atómica–, la autora se marca diversos objetivos. Para lectores menos especializados y para aquellos que estén interesados ante todo en la crónica histórica, ofrece un estudio comparativo de gran aliento sobre los desarrollos feministas en las distintas sociedades europeas, así como una relectura de la historia europea desde una perspectiva feminista. En otro nivel, al ofrecer un análisis histórico amplio y preciso, el libro pretende desenmarañar algunas percepciones erróneas y arrojar luz sobre algunos confusos debates contemporáneos sobre la Ilustración, la razón, la naturaleza, la igualdad frente a la diferencia, y lo público frente a lo privado. La autora plantea que los feminismos históricos tienen mucho más que ofrecernos que meras paradojas lógicas y contradicciones, que tienen mucho más que ver con la política sexual que con la filosofía. Las victorias feministas no están relacionadas, en sentido estricto, con esgrimir las razones correctas, ni el género es tan solo «una categoría útil de análisis»; la diferencia sexual se encuentra en el corazón mismo del pensamiento y la política humana.

jueves, 31 de enero de 2013

#libros #historia | Obscenidad, vergüenza, tabú : contornos y retornos de lo reprimido entre los siglos XVIII y XIX


Obscenidad, vergüenza, tabú : contornos y retornos de lo reprimido entre los siglos XVIII y XIX / XV Encuentro de la Ilustración al Romanticismo, Cádiz, América y Europa ante la modernidad, 1750-1850, Cádiz, 18,19 y 20 de mayo de 2011 ; Fernando Durán López (coord.)
Cádiz : Universidad de Cádiz, 2012
387 p. : il.
Colección: Serie Actas. Historia y Arte
ISBN 9788498283921 [2013-01]
/ ES / ENS / REC / Jornadas
/ Historia – Siglo XVIII / Historia – Siglo XIX / Ilustración / Prejuicios / Romanticismo / Sodomía / Sexualidad / Sexualidad en la literatura / Transgénero
Biblioteca UPV/EHU
http://millennium.ehu.es/record=b1761846~S1*spi

En este volumen colectivo se presentan, convenientemente mejorados, los resultados académicos de la mayor parte de los trabajos expuestos durante el XV Encuentro de la Ilustración al Romanticismo, con el tema Obscenidad, vergüenza, tabú: contornos y retornos de lo reprimido en los siglos XVIII y XIX.

Este volumen colectivo propone un viaje al territorio de las vergüenzas públicas y privadas entre los siglos XVIII y XIX. Cada cultura establece un espacio de representación pública, de aquello sobre lo que se puede hablar, pensar y discutir, de cuanto es considerado decoroso y honorable. A la vez, como correlato simétrico y necesario, se determina un espacio irrepresentable: el de lo indecoroso, obsceno o infamante. Aquello que se oculta o se niega —tabúes, represiones o vergüenzas— se organiza en diferentes niveles de profundidad: lo que admite representación privada, pero no pública; lo que puede ser representado solo por medios indirectos; lo que ha de ser escondido incluso en privado; lo que el individuo o la sociedad reprimen y se niegan ante sí mismos... El cuerpo y lo que le acompaña; las funciones orgánicas, la enfermedad y la muerte; la sexualidad admitida y la proscrita; las interioridades de las familias; la sucia materialidad del dinero; el delito y el pecado, la locura y el crimen; el subconsciente y la represión; la hipocresía y la doble moral... son algunas de las cuestiones que son abordadas en los 24 trabajos que se reúnen, con especialistas de diferentes ámbitos académicos.

La primera acepción que da el DRAE a la palabra tabú es «condición de las personas, instituciones y cosas a las que no es lícito censurar o mencionar». El XV Encuentro de la Ilustración al Romanticismo propone un viaje al territorio de las vergüenzas públicas y privadas, explorando lo que hay alrededor y debajo de la pudibunda hoja de parra que entre los siglos XVIII y XIX ocultaba aquello que no debía ser visto o dicho. Cada cultura establece en cada época un espacio de representación pública, de aquello sobre lo que se puede hablar, pensar y discutir, de cuanto es considerado decoroso y honorable. A la vez, como correlato simétrico y necesario, se determina un espacio irrepresentable: el de lo que resulta indecoroso, obsceno o infamante, y por consiguiente ha de ser excluido del ojo ajeno y a veces incluso del ojo propio, desterrándolo a las estancias más recónditas de la conciencia. Aquello que se oculta o que se niega —tabúes, represiones o vergüenzas— se organiza en diferentes niveles de profundidad: lo que admite representación privada, pero no pública; lo que puede ser representado solo por medios indirectos (el discurso científico; el humor, el exabrupto carnavalesco o la sátira; el moralismo didáctico); lo que ha de ser escondido incluso en privado; lo que el individuo o la sociedad reprimen y se niegan ante sí mismos... El cuerpo y lo que le acompaña; las funciones orgánicas, la enfermedad y la muerte; la sexualidad admitida y la proscrita; las interioridades de las familias; la sucia materialidad del dinero; el delito y el pecado, la locura y el crimen; el subconsciente y la represión; la hipocresía y la doble moral... son algunas de las cuestiones que necesitan ser abordadas desde el punto de vista de una cultura de la vergüenza que abarca todas las facetas de la vida personal y social, y todas las disciplinas del conocimiento. El XV Encuentro de la Ilustración al Romanticismo aspira a reunir aportaciones sobre estas cuestiones en el periodo comprendido entre 1750 y 1850, del ámbito de la historia, el arte, el pensamiento, la literatura, la sociología, la psicología, la lengua y cualquier otro.

SUMARIO
11-14 / Presentación
15-50 / Lo invisible hecho visible. Las publicaciones eróticas en los últimos índices inquisitoriales (1790-1805) / Jean-Louis Guereña
51-72 / El prestigio del desnudo artístico masculino, ¿pero hasta dónde? / Carlos Reyero
73-90 / Escatología literaria / Albert Rossich
91-100 / Los placeres obscenos: espacios y prácticas sexuales durante la Ilustración / Asunción Aragón
101-120 / Los avatares (ibéricos) de la noción de sodomía entre la Ilustración y el Romanticismo / Francisco Molina Artaloytia
121-130 / Con la vergüenza en los bajos / Carmen María Sánchez Morillas
131-138 / Lo que se oculta, lo que se exhibe. Retóricas del cuerpo en la Vida de la Madre del Castillo / Beatriz Ferrús Antón
139-150 / Torres Villarroel y la invención de venderme la vida / David Becerra Mayor
151-168 / "Merdidium Matritense": un reportaje poético de las porquerías de Madrid por Juan de Iriarte / Bartolomé Pozuelo Calero
169-188 / Tabú y contagio en Noches lúgubres: una aproximación a la filosofía del tacto / José Manuel Pereiro-Otero
189-204 / "Identidades transgenéricas" en la España del Antiguo Régimen. Un caso de cambio de sexo en la Andalucía del siglo XVIII / Sonia Muñoz Prián
205-218 / La vergüenza, ese "nimio comienzo" de la sociabilidad. Breve ensayo sobre la antropología del respeto en Kant / Jesús González Fisac
219-240 / Sinvergonzonerías y atrevimientos en las fiestas públicas del siglo ilustrado / María del Carmen Montoya Rodríguez
241-258 / "Juventud, robustez y viripotencia": una mirada al cuerpo en los epistolarios de José Nicolás de Azara y Leandro Fernández de Moratín / María Dolores Gimeno Puyol
259-270 / El reverendo Richard Polwhele al descubierto en The unsex'd females (1798) / María Isabel Calderón López
271-284 / La razón en Valentín de Foronda: el ensayo "Sobre que todos los entendimientos son iguales" / Cinta Canterla González
285-300 / Coprofilia, violencia y alienación en la autobiografía de Santiago González Mateo / Fernando Durán López
301-310 / Delirio de lo innombrable. Subconsciente y represión en las novelas góticas de Pascual Pérez y Rodríguez / Miriam López Santos
311-320 / La vergüenza de Don Álvaro / Sean McDaniel, Joyce Tolliver
321-336 / Hablar con el corazón en la mano: las cartas amorosas y de juventud de Gertrudis Gómez de Avellaneda / Ricardo Rodrigo Mancho, Pilar Pérez Pacheco
337-344 / De vengadores, malditos y penitentes / Paulo Motta Oliveira
345-358 / Ilustración y heterodoxia en el romanticismo de Bécquer / Maribel Parra Domínguez
359-366 / Los oscuros deseos del rey Candaules / Alberto González Troyano
367-387 / La higiene del matrimonio (1853) de Pedro Felipe Monlau y los géneros intermedios para la divulgación científica: la adaptación del Dr. P. Garnier (1879) / Pura Fernández