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lunes, 4 de febrero de 2019

#hemeroteca #mujeres #arquitectura | Zaida Muxí: "La familia nuclear es una invención del siglo XIX"

Imagen: Público / Zaida Muxí
Zaida Muxí: "La familia nuclear es una invención del siglo XIX".
La arquitecta y urbanista ha publicado su último libro 'Mujeres, casas y ciudades. Más allá del umbral', un repaso por la historia de la arquitectura y el urbanismo a partir de las aportaciones realizadas por mujeres que han sido silenciadas en la Historia.
Marga Tojo | Público, 2019-02-04
https://www.publico.es/sociedad/voces-femeninas-zaida-muxi-familia-nuclear-invencion-siglo-xix.html

“Valga afirmar una obviedad, que sin las actividades de reproducción es imposible e inviable cualquier actividad productiva”. Es una de las frases introductorias del último libro de la arquitecta Zaida Muxí, ‘Mujeres, casas y ciudades. Más allá del umbral’ (dpr-barcelona, 2018), en el que abre las puertas de las viviendas para descubrir el vínculo directo entre su interior y la edificación de la familia nuclear y el sistema capitalista.

El menosprecio de los trabajos relacionados con los cuidados está urdido también en la estructura de las casas. La especialización espacial de las viviendas nobles y burguesas de los siglos XVII y XVIII inicia la importancia de representar la vida privada para construir al hombre público. En esa fórmula se concede un lugar invisible a la mujer, como soporte de toda esa representación.

La obra recoge más de ciento cincuenta nombres de mujeres, sus aportaciones y sus biografías. A través de ellas, Muxí escribe los espacios en blanco de la historia universal de la arquitectura y del urbanismo. La primera en obtener el título de arquitecta fue Mary Louisa Page en la Universidad de Illinois, en 1878, pero antes y después de ella, muchas contribuyeron desde diferentes ámbitos a crear teoría y práctica para ambas disciplinas, en las casas y en las ciudades.

Zaida Muxí es doctora en arquitectura. Es una de las fundadoras del Col·lectiu Punt 6 de investigación y difusión de urbanismo con perspectiva de género y de la red de investigación y visibilización Un día una arquitecta. Ha sido codirectora durante una década del máster Laboratorio de la vivienda del siglo XXI y codirige el Congreso internacional de vivienda colectiva sostenible . Reclama un cambio de paradigma en arquitectura que tenga en cuenta la diversidad y la sostenibilidad y el desafío de “construir un espacio sin género ni orden patriarcal y, por tanto, sin jerarquías”.

P. Dice que presentar una historia de la arquitectura hecha por mujeres es tarea complicada porque se enfrenta al rechazo de quienes creen que la historia ya está bien contada, y que si ellas no figuran es porque no han realizado aportaciones destacables. ¿Cuál es la realidad?

R. A pesar de las dificultades, sí que ha habido mujeres que han aportado desde muchos ámbitos a construir el hábitat rompiendo con los corsés de los conocimientos. No solo desde la arquitectura, a veces son ingenieras, muchas proceden de otros ámbitos, no siempre con una titulación académica, pero con la experiencia como conocimiento.

P. Se ha centrado en la vivienda como elemento relegado de la gran arquitectura, a no ser que se trate de una pieza de autor. Sin embargo, es un componente esencial de los tejidos urbanos.

R. Se da una doble o triple negación con respecto a la importancia de la vivienda. La primera es que, aunque la mayoría de los que se dedican a la arquitectura harán viviendas, en la formación académica recibe una atención relativa menor y muchas veces no puede ser tema de proyecto final de carrera, no se le concede suficiente relevancia, se la considera un proyecto sencillo. La segunda es que para muchas mujeres el ámbito posible del desarrollo profesional ha sido el espacio doméstico, la vivienda, y esta presencia de las mujeres trabajando en lo cotidiano se ha considerado poco relevante. Pero cuando han sido los hombres los que han hecho vivienda, escapan del valor de lo doméstico para ser transformadas en monumentos, en obra singular

P. El hogar, tal como lo conocemos hoy, es una realidad históricamente reciente cimentada en el asentamiento del capitalismo y de la clase social burguesa. ¿Cómo se transforma la vivienda para albergar a la familia nuclear hegemónica en el marco de la eclosión de la ciudad, a mediados del XIX, y cómo pasa a convertirse en el espacio privado que es hoy?

R. Por la cultura que nos han transmitido tenemos la creencia de que la familia siempre ha sido esa y parece que es el siglo XX el que ha venido a cambiarla. La familia nuclear es una invención del siglo XIX. La industrialización trae consigo la separación fábrica versus casa y la especificación de quién vive en esa casa: familia formada por padre, madre y dos o tres hijos, persona que gana el sueldo, persona que cuida y personas cuidadas.

Eso ni ha sido así siempre ni es así ahora y sin embargo la vivienda está pensada para esta unidad, y refuerza una jerarquía desde los propios espacios interiores. Hay una habitación más grande con baño privado para la pareja; la casa es el espacio del descanso y recuperación del hombre, del guerrero, y para la mujer es un espacio de obligaciones, de duro trabajo permanente y oculto.

P. El concepto de ‘hogar, dulce hogar’ parte de la experiencia masculina.

R. Soledad Murillo lo explica muy bien en ‘El mito de la vida privada’. Cómo la familia se regula por el derecho natural. Considera que no puede hablarse de espacio privado para las mujeres ya que el espacio privado solo es posible para quien puede abstraerse voluntariamente de lo público, derecho del rol de género masculino. Reclusión no es privacidad. La casa es un espacio de tareas inacabables, con su propio orden y organización, que establece el lugar adecuado de ser mujer.

Contrasta con la idea de una casa vista como algo mítico desde el punto de vista del reposo del guerrero, que no coincide con la realidad y que se conforma con unos espacios muy predeterminados. Esa casa inmóvil ni siquiera sirve a lo largo de la vida de esa supuesta familia modelo nuclear porque se va modificando en su propia historia, mientras crecen y cambian sus integrantes.

P. ¿Esa idea de la casa solo como descanso no coincide con la de mujeres de fuera de la clase trabajadora, que contribuye a hacer invisible la carga de trabajo doméstico y de los cuidados?

R. No, porque la casa, su orden y su correcta gestión -de espacios, economía, tareas y personas- ha sido asignada a las mujeres, más allá de otros trabajos que pueda tener, aunque no haga con sus propias fuerzas las tareas. Es una cuestión de asignación de lugar y responsabilidad.

P. El libro es también un glosario de mujeres. Algunas fueron detonantes de grandes cambios, aunque su aportación se haya diluido. Flora Tristán (1803-1844) fue pionera en denunciar las desigualdades, la insalubridad y la contaminación de las grandes ciudades. En su obra 'Paseos por Londres' (1840) habla de las infraviviendas, antes incluso de que lo hiciese el grueso de los higienistas que impulsaron el nacimiento del urbanismo.

R. Ese libro es coetáneo a la obra de Edwin Chadwick (1800-1890), que estudió por orden del Parlamento la situación insalubre en la que vivía la clase obrera, aunque para él la solución estaba en manos de los propios habitantes. Sin embargo, la obra de Flora Tristán es poco conocida hoy y en ella reflexiona y pone en cuestión una ciudad que se entendía como la más avanzada del momento. Se adelanta con su denuncia a la famosa obra de Engels ‘Contribución al problema de la vivienda’ (1873).

P. La burguesía fue una fuerza esencial para la construcción del modelo de sumisión familiar. Además, ya a principios del XIX empleaba la mayor precarización de las trabajadoras fabriles como arma de disgregación de clase.

R. Las mujeres burguesas eran el ideal al que todas debían aspirar. La carga de trabajo para las mujeres trabajadoras dentro y fuera del hogar era enorme. Se usaba el peso de la moralidad y la culpa por si los hijos no están suficientemente limpios, la casa suficientemente ordenada… Esto sigue siendo así.

La burguesía, efectivamente, generó el enfrentamiento salarial entre hombres y mujeres al tiempo que instauraba como modelo la mujer ‘ángel del hogar’. La realidad es que el trabajo de las mujeres en las fábricas no disminuía. En Cataluña, en 1839 un 38,5% de los trabajadores eran mujeres y un 8,7% niños y niñas.

P. A lo largo de la historia del diseño de las casas en las grandes ciudades ha habido propuestas de mujeres para disminuir la carga del trabajo doméstico, muchas a través de espacios de colectivización, pero parece que seguimos en un punto parecido.

R. Cuando Melusina Fay Peirce (1836-1923) reivindica las casas sin cocina y acuña el término ‘cooperative housekeeping’, proponiendo la eliminación de los trabajos del hogar individuales, la revista ‘Architectural Record’ de 1902 acaba exponiendo la preocupación hacia las residencias familiares en apartamentos con labores compartidas ya que eso supone más tiempo libre para las mujeres. Eso significaba un peligro en el momento en que las sufragistas estaban en la calle pidiendo el voto. Un peligro para la continuidad de la especie americana, ya que las mujeres no van a poder criar si están en la calle.

Hay otros muchos ejemplos. Margarete Schütte-Lihotzky (1897-2000), que fue la primera arquitecta austríaca, comenzó a trabajar en 1921 en la Secretaría de Vivienda de Viena y formó parte activa de la resistencia durante la II Guerra Mundial. Dio soluciones pensando en especificidades diferenciales, no la solución única y universal. Proyectó la conocida Cocina de Frankfurt en 1927, la primera cocina modular con todos los detalles para la máxima eficiencia. Antes, se había ocupado de mejorar las condiciones de trabajo de las mujeres en los hogares, planteando las primeras zonas húmedas, lavandería, cocina y limpieza corporal, en los interiores de las viviendas. Uno de sus proyectos de viviendas estuvo destinado a mujeres solas y, otros, a plantear la casa crecedera como una opción de acceso a la vivienda para las familias con menos recursos en el período de entreguerras en Viena.

En esa búsqueda por disminuir la carga del trabajo doméstico están, por un lado, aquellas propuestas que no cuestiona el lugar de las mujeres como responsables y que estudian la cocina como una pequeña fábrica. Por otro, la que considera que las tareas domésticas no han de estar asignadas a las mujeres ni carecer de remuneración, y que ven la necesaria reproducción social como responsabilidad compartida. Pero no hay una única solución perfecta para la vivienda, sino un abanico de posibilidades adaptables a cada realidad. La posición o blanco o negro es un fallo de la modernidad.

P. Habla del mobiliario medieval como algo móvil, transformable o plegable que adapta los espacios. ¿Se podría traer a una nueva concepción de casa sin divisiones de hoy?

R. Los muebles que se esconden o pliegan no siempre funcionan, si bien no deja de ser una idea que siempre ha atraído al mundo del diseño y la arquitectura. Sin embargo, muchas veces no se tiene en cuenta que esta posibilidad de escamotear requiere de un trabajo y unas circunstancias de orden en la casa que no siempre se tienen, por lo que lejos de mejorar puede empeorar la situación.

Catharine Beecher (1800-1878), una de las primeras tratadistas sobre la vivienda y vida doméstica, plantea que las cosas sirvan para más de un uso, sin necesidad de mucha transformación, que no es necesaria una gran mesa para la comida de navidad, sino una mesa que se adapte a varias utilidades. Beecher no cuestionó el rol de la mujer, pero estudió cómo facilitar el trabajo.

P. En su libro se plantea el 'cohousing', la vivienda compartida, como oportunidad de ruptura con los roles tradicionales dentro de las casas. ¿En qué se diferencia esta opción del 'coliving', un término que últimamente se emplea como si fuese la última tendencia de moda en las grandes ciudades, sin mencionar que es el resultado de alquileres muy elevados, salarios bajos y un mercado laboral fraccionado y precario, y que a priori no tiene nada de emancipador?

R. Sin duda, la crisis ha sido el disparador del ‘coliving’, que incluye a quien necesita compartir por razones económicas un piso o una casa. No es el mismo proceso del cohousing, que requiere de un compromiso social por cambiar situaciones de responsabilidad y ayuda mutua diferente al que estamos habituados. El ‘cohousing’ debe trascender la solución económica. La posibilidad de la propiedad colectiva y cooperativa de una vivienda ha estado dificultada por la legislación, es una acción de compromiso político en el sentido de considerarla como bien de uso y que conforma conceptualmente y espacialmente una red de soportes mutuos. Otra de las bases del ‘cohousing’ es la corresponsabilidad social de los cuidados. Es un modelo que puede ayudar a una verdadera igualdad de oportunidades para mujeres y hombres.

P. Jane Jacobs, menospreciada en su día, es hoy un referente del urbanismo. Su obra 'Muerte y vida de las grandes ciudades' (1961), que usted prologó para la reedición en español (Capitán Swing, 2011), sigue teniendo una demoledora vigencia. Jacobs criticó la descentralización que defendía inicialmente Lewis Mumford, la ciudad radiante de Le Corbusier o la city beautiful de Chicago. ¿Qué peso han tenido estos modelos de arquitectura en la configuración de nuestras ciudades?

 R. Jane Jacobs propone en su libro una mirada y comprensión de las ciudades sin veladuras, desde el conocimiento empírico, entendiendo la complejidad de las mismas, y poniendo el bienestar de las personas en el centro de las decisiones. Mumford o Le Corbusier fueron personas de su tiempo. El problema es cuando continuamos hablando de ellas cincuenta años después de su muerte sin espíritu crítico. Obviamente, han aportado cosas importantísimas. Pero también ha sucedido que en la transmisión de sus ideas la complejidad del pensamiento se ha perdido. Si queremos difundir sus ideas, hagámoslo en serio, no repitiendo sus mitos. Como anécdota, un compañero con quién compartía el tribunal de una tesina que yo dirigía sobre Jane Jacobs se quejaba de que ya estaba bien de hablar todo el tiempo de ella, a lo que yo respondí: El día que vosotros dejéis de hablar a todas horas de Le Corbusier podremos hablar menos de Jane Jacobs.

P. ¿Es necesario un cambio de paradigma en arquitectura? 
 
R. Sí, es muy necesario. Los valores de la arquitectura se han creado desde el dominio, desde la situación de poder. También necesitamos que las decisiones sean más democráticas, más conscientes de la finitud del planeta, de la variedad de la población, de las características de cada edad, género y económicas. El urbanismo debe poder responder a estas cuestiones porque lo supuestamente universal no nos acoge a todos, solo es bueno para un grupo privilegiado al que el resto se tiene que acomodar.

Es importante reescribir de nuevo la historia con las aportaciones de las mujeres, dejando de basar la historia en la heroicidad de una sola persona, porque nunca ha sido cierta. Siempre ha sido importante el trabajo colectivo y el resultado de diferentes miradas. Si no lo entendemos así, repetiremos errores.

P. El urbanismo ha estado atravesado en España por pelotazos y especulación, sobre todo durante la época de la Ley del suelo de 1998 y en operaciones que llegan hasta nuestros días. ¿Hasta qué punto impide el desarrollo de otro modelo?
 
R. Una fuente importante de recurso de las ciudades está en la capacidad de recalificación del suelo, generando un sistema que solo es posible si se considera que el mundo es infinito y con ello nuestro crecimiento. Son imprescindibles otros sistemas para la generación de recursos de las ciudades. Los pelotazos urbanísticos los encontramos no solo en las grandes ciudades sino en los cientos de pueblos que entre el 1998 y 2008 más que duplicaron sus superficies urbanas, sin ninguna relación con la demografía.

Aunque el resultado fueran pueblos fantasmas, el negocio ya estaba hecho. El cambio de valor de suelo por la recalificación ya daba un crecimiento de valor financiero del mismo y devengaba unos impuestos. La presencia de firmas arquitectónicas para avalar estas especulaciones ha hecho un flaco favor a nuestra profesión. Es necesario repensar nuestro modelo de estar en el mundo y con ello repensar la arquitectura y el urbanismo para acercarnos a las necesidades de las personas reales en su diversidad, sin poner en juego el planeta.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

#hemeroteca #feminismo #politica | La deuda de la Constitución con las mujeres

Imagen: ctxt / Manifestación 8M 2018 en Madrid
La deuda de la Constitución con las mujeres.
Se necesita un proceso constituyente popular y rupturista que establezca nuevas bases para nuestra vida en común, incompatible con cualquier vestigio patriarcal.
Justa Montero | ctxt, 2018-11-28
https://ctxt.es/es/20181129/Firmas/23060/constitucion-feminismo-iglesia-justa-montero.htm

La celebración oficial de los 40 años de la Constitución da una imagen inequívoca, todo son parabienes a los “padres de la Constitución”, no deja el más mínimo resquicio para la crítica, para conocer la disidencia que se expresó en el momento de su aprobación, en 1978.

La hubo desde diversos ámbitos, por ejemplo en las entonces consideradas “nacionalidades históricas” por no recoger el derecho de autodeterminación. También el movimiento feminista participó activamente en el proceso de debate previo, siguió las propuestas que se fueron planteando, elaboró propuestas alternativas a algunos articulados y finalmente hizo una crítica contundente a la Constitución. La Coordinadora Estatal de Organizaciones Feministas calificó la propuesta de machista y antidemocrática, en octubre de 1978, al igual que la Plataforma de Organizaciones Feministas de Madrid, organizaciones feministas de Euskal Herria, y la Coordinadora Feminista de Barcelona, que se movilizaba bajo el lema “Dona, la Constitució ens ignora”.

Lo que reflejaba la posición de las feministas era el rechazo a que sus aspiraciones se redujeran a una vaga declaración de igualdad (Artículo 14: “los españoles son iguales ante la ley”), en lugar de responder a la urgencia de dibujar otra sociedad en la que, entre otras cosas, los derechos de las mujeres estuvieran blindados.

Y sucedió que frente a la propuesta de una enseñanza laica, mixta, gratuita, obligatoria con la coeducación efectiva, la Constitución abrió las puertas al concierto de los centros religiosos, defensores de principios en clara confrontación con los planteados por las feministas; frente a la aspiración de cambiar la estructura familiar patriarcal y el reconocimiento de otras formas no institucionalizadas de convivencia, la Constitución consagró la familia patriarcal nuclear como la única institución central de la organización social; (Art. 39: “los poderes públicos aseguran la protección social, económica y jurídica de la familia”); frente al derecho a decidir de las mujeres fijó una redacción que abre la puerta a los recursos de los movimientos anti-elección contra el reconocimiento real del derecho al aborto; frente a la exigencia del derecho al trabajo asalariado, la Constitución estableció el principio de la no discriminación, en un texto atravesado por la idea del varón como el sujeto proveedor y de la complementariedad del empleo y salario de las mujeres. Un derecho que, al igual que otros como el de la vivienda, se ha quedado en una declaración de principios para la inmensa mayoría de las mujeres.

Sin duda la Constitución representó un cambio respecto al anterior régimen, a la Dictadura franquista, y estableció libertades y derechos, pero no recogió ni garantizó las aspiraciones de un movimiento feminista con una potente fuerza transformadora.

Aunque la oposición de la derecha franquista, la Iglesia y otros poderes era fuerte, se prescindió de las aportaciones y el empuje del feminismo: la lógica de pactos y consensos con la derecha, la Iglesia y demás poderes, que caracteriza el régimen del 78, acabó determinando los contenidos del texto constitucional. Además la izquierda parlamentaria actuó, en algunos casos, con la concepción patriarcal que desliga la consecución de la democracia de los derechos de las mujeres, dejándolos “para otro momento”. Nada nuevo bajo el sol. El resultado fue una Constitución que está en deuda con las mujeres.

El Manifiesto de la Plataforma de Organizaciones Feministas de Madrid acababa con una consideración que no deja lugar a dudas: “La Constitución ya está hecha. Ni la hemos hecho nosotras, ni tenemos posibilidad de modificarla. Lo único que podemos hacer es dejar constancia de nuestra protesta”. Finalmente las organizaciones feministas, a nivel estatal, formularían distintas propuestas de voto a la Constitución.

Durante 40 años el movimiento feminista ha ido abriendo brechas en el desarrollo de algunos derechos que se han concretado en leyes y distintas disposiciones. Pero la situación actual está marcada por los efectos en la vida de las mujeres de las salidas neoliberales que se plantean a la crisis social, de cuidados, económica, territorial, ecológica, democrática y de valores. A ello no es ajena la crisis de legitimidad de la monarquía, del poder judicial patriarcal, del propio poder legislativo con la modificación del artículo 135 de la Constitución, algo que ya adelantó el 15M.

La Constitución del 78 no da respuesta a los graves conflictos que genera todo ello en nuestras vidas, por eso urge abrir un proceso, que sin duda no es fácil, que permita repensar las bases de la sociedad, resituar lo que significa poner en el centro el bienestar de las personas y no a los mercados; el reconocimiento real de las mujeres como sujetos de derechos, así como de otras identidades no normativas; establecer una igualdad que no sea un principio abstracto como proclama el liberalismo, que deje de invisibilizar y actuar sobre zonas de desigualdad entre varones y mujeres y que haga efectivos los derechos a todas, todas las mujeres; que responda a una distinta configuración económica del Estado donde se sitúen en el centro los trabajos de cuidados como responsabilidad del Estado y responsabilidad colectiva, acabando pues con la división sexual del trabajo; que garantice el derecho a una vida libre de violencias machistas y de violencias institucionales, y todo lo que lleva implícito los derechos sexuales y reproductivos, el derecho de decisión de las mujeres sobre sus cuerpos; que proclame la laicidad y acabe con los privilegios educativos, fiscales, políticos de la Iglesia fijados en los acuerdos con el Vaticano, firmados siete días después de aprobada la Constitución; que rompa el pacto de silencio y restituya la verdad, justicia y reparación para las víctimas de los crímenes de la Dictadura.

Esas son algunas de las urgencias para pensar en un nuevo marco constitucional que garantice una vida digna para todas y todos. Desde una perspectiva feminista requiere abordar todos los conflictos que generan las relaciones de poder de género, sexo, clase, raza, nacionalidad, las diversidades funcionales, y la depredación de recursos naturales. Todo ello atraviesa la vida de las mujeres. No se trata de reformas, ni de algo que se solucione a base de pactos entre partidos, sino de la posibilidad de un proceso constituyente popular, participativo y rupturista que establezca nuevas bases para nuestra vida en común, una vida incompatible con cualquier vestigio patriarcal.

Justa Montero es activista feminista.

miércoles, 11 de mayo de 2016

#hemeroteca #cocrianza | Anna Gabriel: “Me satisfaría tener hijos en grupo, en colectivo”

Imagen: El País / Anna Gabriel
Anna Gabriel: “Me satisfaría tener hijos en grupo, en colectivo”.
La diputada de la CUP ve "muy pobre" el modelo de familia nuclear y prefiere "formar parte de un grupo que decidiese tener hijos en colectivo".
El País, 2016-05-11
http://ccaa.elpais.com/ccaa/2016/05/11/catalunya/1462966185_313983.html

“Si pudiera formar parte de un grupo que decide tener hijos en común, me satisfaría la idea”. Con esta revelación, la diputada de la CUP Anna Gabriel abrió este miércoles el melón sobre la concepción de la maternidad y la crianza de los hijos. Frente al tradicional sistema de familia nuclear, Gabriel defendió un modelo poco usual en la sociedad occidental: la cocrianza, tener hijos en grupo. Esto significa que un grupo de personas crían a sus hijos en común, como si todos fuesen suyos, independientemente de quiénes sean sus padres biológicos.

Con el modelo familiar basado en la crianza colectiva, “la concepción de la paternidad no está tan individualizada”, dijo Gabriel en una entrevista a Catalunya Ràdio. La diputada recordó que este sistema sienta las bases familiares “en muchas culturas del mundo”.

“No se centra en un núcleo tan pequeño como tenemos aquí en la familia nuclear. La concepción es que educa la tribu”, apuntó. Este modelo no da especial importancia a la maternidad o la paternidad biológica. “No tienes ese sentimiento de pertenencia del hijo que has tenido a nivel biológico, sino que son tan hijos tuyos los que has parido tú como el resto” que han parido otras mujeres del grupo, explicó.

La visión de la parlamentaria de la formación anticapitalista se sustenta en que, a su juicio, el modelo de familia nuclear es “muy pobre y enriquece poco”. “Me parece que tiende a convertir a la gente que tiene hijos en muy conservadora porque, como quieres lo mejor para los tuyos y los tuyos son muy pocos, se entra en una lógica a veces perversa”, indicó.

Quiebra del modelo
La apuesta de Gabriel no es nueva ni anecdótica, señalan algunos expertos en modelos de familia consultados. “Cada vez es más común. La pareja monógama heterosexual como forma ideal para la crianza de los hijos está bastante en crisis”, apunta la artista feminista María Llopis, que recoge en su libro Maternidades subversivas algunas experiencias de niños que crecen en grupos y no en familias tradicionales.

“La cocrianza es una forma distinta de familia que consiste en que distintas personas entre las que no tiene por qué haber un vínculo amoroso o sexual, se asocian para criar”, explica Llopis. Para el abogado Carlos Villagrasa, profesor de Derecho Civil en la Universidad de Barcelona y experto en nuevos modelos de familia, lo que propugna Gabriel “es una coparentalidad múltiple, un tipo de familia extensa”.

El jurista señala que, aunque socialmente puede ser aceptado, “legalmente todavía no está resuelto”. “La ley no lo permite, ni siquiera admite pactos firmados ante notario de que estas personas comparten la crianza de un niño. La potestad solo puede ser de una o dos personas”, apunta.

Si en algo coinciden los expertos es que la cocrianza de la que habla Gabriel “quiebra el modelo tradicional” y combate la perspectiva patriarcal desde la que se asume la maternidad.

DOCUMENTACIÓN
Anna Gabriel no apela a nada irreal.
Las palabras de la diputada de la CUP han causado gran impacto en las redes y medios de comunicación.
Cira Crespo | El País, 2016-05-12
http://elpais.com/elpais/2016/05/12/actualidad/1463064115_369621.html