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miércoles, 10 de octubre de 2018

#hemeroteca #lenguaje #feminismo | La vida empuja a la lengua: de señora a señoro

Imagen: El País
La vida empuja a la lengua: de señora a señoro.
'Señoro' tiene un sentido despectivo, señala a los varones que tratan de forma condescendiente a las mujeres.
Lola Pons Rodríguez | Verne, El País, 2018-10-10
https://verne.elpais.com/verne/2018/10/05/articulo/1538748293_739942.html

El escritor José Agustín Goytisolo le daba en un poema este aviso a su hija Julia: "Tú no puedes volver atrás, porque la vida ya te empuja". A su manera, las palabras también son empujadas por la vida, obligadas a adaptarse a las realidades y necesidades de un tiempo y un lugar. Hay cambios obvios: no existe una palabra para escáner hasta que éste no se inventa, y dejan de emplearse las voces télex o béstola porque tales herramientas han sido desplazadas por el correo electrónico y por el arado mecánico, respectivamente. Pero hay otros cambios más sutiles; está la palabra que se ha ido haciendo al devenir de los tiempos, a las reclamaciones y modas que han ido apeteciendo a los hablantes.

La palabra "señor" reúne mucho de lo que le exigimos a una lengua cuando queremos adaptarla a nuestras necesidades. Desde sus primeros usos en castellano hasta el actual "señoro" que empieza a difundirse desde redes sociales, "señor" es una muestra de todo lo que somos capaces de hacer los hablantes con el idioma.

Como la mayoría de las voces de nuestra lengua, "señor" es herencia del latín. Viene de senex, que significaba "viejo"; de senex derivaba el comparativo senior-es, o sea, "más viejo(s)".

La estructura de poder vigente en la Antigüedad reforzaba la idea de que los jefes de familia, los mayores de cada casa, eran las cabezas visibles del grupo. Por eso el mayor, el más viejo, pasó a ser también el más respetable; señor va a ser no solo o no forzosamente el más viejo sino el importante, el tratado con deferencia. En ese punto se encontraba la palabra cuando la heredamos en castellano y aquí empezó la cadena de empujones a la que la hemos sometido.

La evolución a 'señoro'

Primer cambio: creamos un femenino. Por llamativo que parezca, en los textos castellanos más antiguos 'señor' valía para hombre y para mujer. En el siglo XIV leemos que un enamorado quiere cumplir "el mandado de aquesta mi señor" (‘Libro de Buen Amor’), sin a y aludiendo, obviamente, a su amada.

No había ningún sexismo lingüístico en este hecho, sino el esquema que traía la palabra desde su origen; como era un comparativo, no conocía la terminación femenina; de hecho hoy seguimos sin tenerla en la mayoría de los comparativos latinos, no decimos mayora o peora (sí "superiora" porque, como señora, se ha convertido en sustantivo). El nuevo femenino, ya general al final de la Edad Media, se hizo añadiendo una marca, la a, a una palabra que acaba en consonante (como en andaluz, andaluza).

Segundo cambio: señor prestigia, pero también insulta. El uso respetuoso era el común; se podía aludir al "señor duque" o hablar de "mi señor". Pero desde el siglo XVII, el empleo de "señor" acompañado de formas insultantes se hizo frecuente: señor gandul, señora ladrona. Las formas "seor" y "so", con sonidos perdidos por el desgaste, vienen de señor y de ahí que digamos "so gandul" o "so lenta" (de hecho, posiblemente zopenco sea un "so penco", por poco trabajador). La contradicción de nuestro Julio Iglesias, que es un truhan y es un señor, resume bien la doble posibilidad del significado de señor... y lo sabes.

Igual que señor tiene su correlato insultante en so, señora lo tiene en... señora, que puede ser palabra sentida como una forma de cargar de años y de olvido a la mujer: el impecable debate en tres partes entre Elvira Lindo y Álex de la Iglesia cuando este aludía despectivamente a las señoras mayores nos da una muestra de ello.

Tercer cambio: le creamos una familia a "señor". Los sufijos del español nos han dado a señoritas y a señoritos, pero también a señoronas, señoritingos y otras especies. Y aquí también se ha pasado del respeto a los empleos más dudosos: el señorito era el hijo del señor y hoy es el inútil que no trabaja y vive de otros; la señorita era la señora no casada, pero hoy la palabra se ha restringido para la seño del cole, y se prefiere no usar señorita porque implica hacer una distinción de estado civil que no se practica en el masculino. Por su parte, señorones y señoronas hay en la lengua desde el siglo XVII y se convirtieron en palabra común del español cuando aparecieron como personajes en las novelas del XIX.

Cuarto cambio: el nuevo masculino "señoro". La anonimia de Internet hace complejo discernir quién empezó este uso, que hoy se localiza en redes sociales y en canales de mucha agilidad comunicativa. "Señoro" tiene un sentido despectivo, señala a los varones que tratan de forma condescendiente a las mujeres o dudan de la legitimidad del movimiento feminista.

Gramaticalmente, a los señoros les han puesto una marca explícita de género masculino, la o. Como señor es una palabra que ya es masculina, se trata de una especie de doble masculino que subraya peyorativamente el machismo de algunas actitudes.

De momento, el uso parece similar a otros juegos humorísticos con el género que se han hecho alguna vez y que no han pasado de ser empleos esporádicos fundados en las posibilidades del idioma. Por ejemplo, la terminación femenina –isa es rara, pero se da en varias palabras del español, como papisa y poetisa. Pues bien, en algunas ocasiones se ha usado en masculino poetiso, como "señoro", con sentido ofensivo. Pablo Neruda hablaba en sus memorias de un poetiso uruguayo que lo perseguía y criticaba, y llamó a Octavio Paz pululante poetiso en su ‘Canto general’. Tal vez a señoro le ocurra como a poetiso y se quede en ocurrencia inspirada que alguien tuvo, o quizá se extienda como le pasó a otras creaciones.

Tendemos a pensar que la lengua es como el tiempo, que cambia por ciclos que no dominamos y que actúa por caprichos fuera de nuestro control. Y se trata de lo contrario: la lengua no existe sino dentro de nosotros, y es lo que es porque queremos, acordamos y aceptamos que sea así. También está en las palabras para Julia: su destino está en los demás, su futuro es su propia vida. El límite para la lengua no está en el diccionario sino en nosotros.

martes, 17 de julio de 2018

#hemeroteca #etimologia | Los apellidos que significan "hijo de" en Europa

Imagen: El País / Rakitic y Perisic, tras la derrota ante Francia
Los apellidos que significan "hijo de" en Europa.
La terminación "ez" de los apellidos españoles tiene equivalentes por toda Europa: "ic", "son", "ov"...
Emilio Sánchez Hidalgo |Verne, El País, 2018-07-17
https://verne.elpais.com/verne/2018/07/16/articulo/1531736790_024689.html

Esta era la alineación de Croacia en la final del Mundial: Subasic; Vrsaljko, Lovren, Vida, Strinic; Brozovic, Rakitic, Rebic, Modric, Perisic; Mandzukic. El apellido de ocho de los 11 jugadores acaba en “ic”. Este sufijo significa “hijo de”, al igual que el “ez” de Nacho Fernández, Saúl Ñíguez y Lucas Vázquez en la selección española.

El historiador y vicepresidente de la Asociación de Diplomados en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria, José Luis Sampedro Escolar, explica a Verne por teléfono que los apellidos que incluyen estas fórmulas se llaman patronímicos. “Están muy extendidos por Europa”, dice. Estos son algunos de los patronímicos más importantes, según este experto. Algunos significan “hijo de” y otros “descendiente de”.
  • “Ez” en España. Ejemplos: González, Martínez, Ramírez…
  • “Es” en Portugal. Ejemplos: Gomes, Peres, Lopes…
  • “Ic”, “ich”, “ov” y “ova” en países eslavos o de influencia eslava (como Rusia, Serbia o Croacia): Kalinic, Rebic, Kovacic, Petrov, Romanov…
  • “Son” o “sen” en países bálticos y anglosajones (como Reino Unido, Suecia o Noruega): Johnson, Carlson, Rasmussen...
  • “Mc”, "Mac" y "O'" en Irlanda. Ejemplos: McDonald, McLaren, O’Donnell, O’Ryan...
Hay otros patronímicos en Europa, como “escu” en rumano -Popescu-, “opoulos” en Grecia -Papadopoulos- u “oglu” en Turquía -Calhanoglu-. “Hay que destacar los patronímicos de los musulmanes y también utilizados por los judíos. El más extendido es Ben”, indica Sampedro. Ben Hassan, Bensoussan o Ben Mohamed son algunos ejemplos. “’Benicassim’ (Castellón de la Plana) significa hijos de Casim”, añade Sampedro. Según este experto, en países como China y Japón también utilizan patronímicos.

En Francia también utilizan patronímicos, pero no se identifican con un prefijo o sufijo concreto. Martín, el apellido más extendido en este país, significa "hijo de Martín". En Alemania, los patronímicos más populares son los de procedencia escandinava (terminados en "sen", como Hansen). La mayoría de los apellidos en este país hacen referencia a profesiones, como el más popular, Müller (que significa "molinero"). El patronímico más utilizado en Italia es la preposición "Di" o "De" -Di Carlo, Di Giovanni, De Rossi...-.

Este mapa del lingüista y matemático Jakub Marian muestra los apellidos más populares en cada país europeo en 2016. En los países en azul, el más extendido es un patronímico. Algunos de los verdes también son patronímicos, pero relacionados con un empleo. "Popovic", en Montenegro, significa "hijo del cura".

El origen de “ez” no está claro. “Posiblemente proceda del vasco”, indica Sampredro. Coincide el presidente de la Asociación de Genealogía Hispana, Antonio Alfaro. “Los patronímicos más extendidos son los acabados en ‘ez’, pero ‘Muñoz’ también lo es (hijo de Muño), al igual que ‘Ortiz’ (hijo de Ortún) o ‘Sanchís’ (hijo de Sancho)”, comenta Alfaro.

Los dos expertos aseguran que los patronímicos se empezaron a utilizar en la península ibérica en torno al siglo XI. “Servían para diferenciar a las personas a la hora de recaudar impuestos”, indica Alfaro. Por entonces, el hijo adoptaba el patronímico del padre, de manera que iba cambiando de generación en generación, a no ser que padre e hijo compartiesen nombre. Este sistema, como explicamos en este artículo, se sigue utilizando en Islandia: los hijos adoptan el nombre de los padres como apellidos con el sufijo "son".

“En el siglo XIV se empieza adoptar un mismo patronímico que no cambia de generación en generación. Se elegía el de algún miembro destacado de la familia”, añade Sampedro. Podía ser de hombre o de mujer, según conviniese. Hasta el Concilio de Trento, en el siglo XVI, las parroquias no estaban obligadas a registrar el apellido de las personas que nacían, se casaban y morían. Fue entonces cuando en los países católicos se estableció la obligatoriedad de que el mismo apellido pasara de padres a hijos.

A uno de enero de 2017, últimos datos recogidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE), entre los diez apellidos más extendidos en España [García, González, Rodríguez, Fernández, López, Martínez, Sánchez, Pérez, Gómez, Martín] había ocho terminados en “ez”. Y los otros dos, García y Martín, también son patronímicos según los expertos consultados por Verne: hijo de Garci y de Martín.

Llegados a este punto, parece que todos los apellidos en español son patronímicos, pero no. “Hay otras formas por las que se crean los apellidos. Las más extendidas son por un lugar (Gallego, Medina o Catalán) o un apodo (Rubio, Bravo o Calvo)”, comenta Alfaro.

domingo, 20 de mayo de 2018

#hemeroteca #lenguaje | Que si quieres arroz, Catalina y otros arabismos en español

Imagen: El País / Federico Corriente
Que si quieres arroz, Catalina y otros arabismos en español.
Federico Corriente repasa en su discurso de ingreso en la Real Academia el origen de diferentes frases de uso común.
Antonio Pita | El País, 2018-05-20
https://elpais.com/cultura/2018/05/18/actualidad/1526648485_100200.html

Con frecuencia se asume que el castellano es una lengua llena de arabismos, herencia de ocho siglos de presencia musulmana en la Península. El doctor en Filología Semitíca Federico Corriente ingresó este domingo en la RAE con un discurso que dedicó a desmontar mitos y señalar la realidad sobre estas palabras: no llegan a 2.000 (sin contar topónimos) y varias son insultos, expresiones o términos soeces, transmitidos por mudejares y moriscos, que suenan raro en español precisamente por provenir de otra lengua.

"Ningún experto está libre de ese minutillo de trance etimológico, alegre y confiado en que nos parece lógico y razonable lo que luego se demostrará que era ligereza y disparate", recordaba Corriente (Granada, 1940), al ocupar la silla K, que estaba vacante desde el fallecimiento de Ana María Matute en 2014. Es el ejemplo de "ojalá", considerada una evoución de "law šá lláh" (“si Dios quisiera”) hasta que Corriente encontró en un diccionario neopersa un "viejo y olvidado arabismo"; “lā awḥaša llāh” (Dios no nos prive”).

El nuevo académico subrayó que la inmensa mayoría de arabismos en español no provienen de la versión clásica de la lengua (aquella que se lee y escribe igual en cualquier parte del mundo, independientemente de la variante dialectal que se hable en ese país), sino de los dialectos andalusíes. "Fueron mayormente introducidos por la inmigración de mozárabes cristianos, pero bilingües o incluso arabófonos exclusivos, a los reinos cristianos septentrionales, donde su superioridad técnica y científica les ofrecía un futuro mejor que seguir vegetando como 'clientes' tolerados y tributarios en tierras del Islam". A estas se unieron más tarde neologismos de obras científicas traducidas y otras palabras, algunas por las relaciones comerciales o coloniales con países mediterráneos.

Corriente distinguió tres tipos de arabismos en español: los de registro alto, medio y bajo. Entre los segundos destacó un calco curioso: el uso extendido en zonas de Aragón de amante, en vez de querido, por influencia del andalusí ‘ḥabíbi’, una de las palabras árabes más conocidas. "No puede extrañar demasiado en valles como el del Jalón, donde una densa población morisca fue cristianizada y romanizada lenta y pacíficamente durante varios siglos", explicó.

Buena parte del discurso estuvo centrado en los arabismos "de registro bajo o ínfimo", como interjecciones, voces obscenas o blasfemias "a menudo omitidas por los diccionarios más recatados". En algunos casos, su significado en árabe andalusí no era tan ofensivo, pero acabaron sonando peor "por parecido fonético con otras voces romances y por su procedencia de sectores inferiores de la sociedad, tales como las nodrizas y arrieros moriscos".

Droga, por ejemplo, viene del árabe hispánico ‘ḥaṭrúka’ (literalmente 'charlatanería'); faltriquera, de ‘ḥaṭrikáyra’ (lugar para bagatelas) y andrajo, de ‘ḥaṭráč’ (necio, pelagatos). Todas, explicó Corriente, derivan de ‘ḥaṭr’, la pronunciación andalusí de una raíz que significa parloteo o cháchara. Por eso, algunas de esas voces tienen que ver con algo falso, pretencioso o inútil, y así llegaron también a dialectos del norte de África, probablemente de mano de emigrantes andalusíes.

En otros casos se trata de refranes o dichos con una literalidad extraña en castellano, precisamente porque lo que tenía sentido era una expresión andalusí fonéticamente similar. Corriente citó varias hipótesis, como que ‘Tiríd ‘ala rrús, aqṭá‘ lína’, “la frase que se preguntaba a la esposa que se casaba por segunda vez” acabó convertida en “que si quieres arroz, Catalina”. En árabe, las palabras arroz y esposo suenan parecido. El académico también defendió que a troche y moche procede de ‘tuǧíb ma waǧáb’ (“ponga las condiciones que ponga [la esposa para acceder al divorcio])”; a trancas y barrancas, de ‘atrakkán barrámka’ (“busca un rincón con la yegua para defenderte de varios atacantes simultáneos)”, dormir la mona de ‘múna’ (“provisión”, de vino en este caso) y nana, nanita de ‘nám, nám, nám ínta’ “duerme, duerme, duérmete tú”, posiblemente vinculada a que muchos señores e hidalgos cristianos emplearon niñeras moriscas tras la Reconquista.

“Pueden aparecer, sobre todo a partir de la Edad Moderna, palabras cuya etimología más creíble sea árabe andalusí, por el hecho históricamente innegable de que andalusíes de diversas comunidades, mudéjares y moriscos, en particular de ciertos oficios, se mezclaron íntimamente con cristianos nuevos y viejos y les transmitieron un buen número de frases y palabras particularmente expresivas, y a menudo de registro ínfimo”, explicó.

La entrada de algunos términos en el castellano nos da pistas de la sociedad de la época. Corriente recordó el “número considerable de voces, nombres de juegos o términos usados en ellos que parecen implicar que la adusta sociedad cristiana anterior a la conquista islámica jugaba poco”. Han quedado algunas que pronunciamos desde la infancia sin entender su origen: ra, ra, ra (“mira, mira, mira”) o alabí alabá alabín bombá, que es “una mezcla de árabe y romance” que significa “jugadores, venga ya, el juego va bien”.

Aunque centrado en los aspectos lingüísticos, el discurso de Corriente incluyó alguna alusión crítica a la actitud histórica de Occidente hacia el mundo árabe-musulmán, como haber "ignorado o minusvalorado largo tiempo" las "posibilidades conflictivas del salafismo fundamentalista" por "no querer saber de estos países sino que allí había (...) más o menos, el clásico trinomio de petróleo, colonización y cipayos".

Almería, la novia desvelada
El académico también habló de los "falsos orígenes" atribuidos a nombres geográficos hispánicos de étimo árabe. Almería, por ejemplo, viene del andalusí almaríyya “desvelada, por la novia que se quita el velo en la boda”. Nada tiene que ver con el mar, sino con un impuesto, llamado igual que la urbe, que pagaban las bodas mudéjares. Murcia es probable que sea un adjetivo favorecedor (mursíyya, “bien asentada”), como los que recibieron El Cairo (“la victoriosa”) o Medina Azahara (“la ciudad floreciente). "A la recíproca y en error, aún hay quien mantiene la hipótesis del origen árabe del nombre de Madrid", que derivaría del romance Matrice y no de Mayrit, precisó.

lunes, 2 de abril de 2018

#hemeroteca #lenguaje #sororidad | Palabras de ida y vuelta: 'sororidad'

Imagen: El Diario / Manifestación 8M en Uruguay
Palabras de ida y vuelta: 'sororidad'.
‘Sororidad’ es una de esas propuestas léxicas nacidas al amor del activismo y a la que en los últimos tiempos hemos visto asomar la patita en tertulias, pancartas, titulares y redes sociales. Lo que los puristas le afean a ‘sororidad’ es fundamentalmente su pedigrí lingüístico, claramente anglófilo.
Elena Álvarez Mellado | El Diario, 2018-04-02
https://www.eldiario.es/zonacritica/Palabras-ida-vuelta-sororidad_6_756684354.html

El activismo feminista no deja de darnos alegrías lingüísticas. Aunque no es ni de lejos el meollo de esta lucha, la efervescencia feminista de los últimos tiempos está resultando apasionante desde las gafas de la lengua: préstamos nuevos (‘manspreading’, ‘mansplaining’), metáforas poderosas (‘brecha salarial’, ‘techo de cristal’), pronombres subversivos (‘elle’), neologismos arriesgados (‘portavozas’), experimentación morfológica (‘todas, todos, todes’). La jerga feminista es un safari lingüístico bullente de actividad en el que es imposible decidir dónde mirar porque todo es fascinante. No todas las propuestas que están surgiendo sobrevivirán a largo plazo: es posible que algunas arraiguen en la lengua; otras, sin embargo, se las llevará el viento y quedarán tan solo como un ‘souvenir’ lingüístico de los tiempos que nos tocó vivir, sin que esto signifique que sean menos valiosas o resulten menos interesantes lingüísticamente.

‘Sororidad’ es una de esas propuestas léxicas nacidas al amor del activismo y a la que en los últimos tiempos hemos visto asomar la patita en tertulias, pancartas, titulares y redes sociales y que hace referencia a la relación de solidaridad y apoyo entre mujeres.
  • Cara de cona / 9 mar. 2018 / Sabéis que ha sido lo mejor de las manifestaciones? Las miradas de orgullo entre compañeras, las sonrisas, el apoyo al agarrarnos de la mano para avanzar por la calle. Eso. La sororidad. Ha sido lo más bonito de todo.
  • M. / 11 mar. 2018 / [Vídeo 8-M: histórica Huelga Feminista] SORORIDAD. Pelos de punta.
  • Cristia A / 8 mar. 2018 / Madre mía, tías, hemos conseguido convertir la calle en el baño de tías de un garito. Sororidad a tope.
  • Laura / 9 mar. 2018 / [Imagen “Lo que no tuve para mí, que sea para VOSOTRAS”] Si esto no es sororidad, ¿la sororidad qué es?
Como siempre, los cenizos de la lengua no han tardado en saltar para tachar el término de innecesario y de atentado contra la lengua:
  • Carlos Campillo / 11 mar. 2018 / Los neopalabros como Sororidad o empoderamiento me ponen de los nervios. En su lugar términos como Hermandad, solidaridad o potenciación existen y se pueden utilizar.
  • sr. apatosaurio / 11 mar. 2018 / A quienes les ha dado por usar la palabra "sororidad": ¿sí están al tanto de que existen "fraternidad" y "hermandad", cierto?
  • Afrusfrus / 15 abr. 2017 / No sois capaces de usar bien la lengua ("Sororidad" no existe) y aún habláis de intentar estar unidas.
  • Daniel Ari / 5 mar. 2018 / Sororidad. ¿Qué es esta cursilería? ¿Anglicismo para 'sorority'? ¿Y esto en boca de feminazis anti capitalistas? Me troncho. En nuestra cultura no hay de eso, pero se traduce como "hermandad" y es una pijada elitista de la IVY League estadounidense, ¡besugas!
  • Luis Malosnov / 25 abr. 2016 / La verdad "Sororidad" es un anglicismo horroroso.
Lo que los puristas le afean a ‘sororidad’ es fundamentalmente su pedigrí lingüístico, claramente anglófilo: ‘sororidad’ es la adaptación española del término inglés ‘sorority’, que en origen denominaba a las asociaciones de estudiantes femeninas de las universidades norteamericanas, y de ahí lo adaptamos al castellano para aplicarlo a la relación de hermanamiento feminista entre mujeres.

Vaya por delante que no hay nada que afear en el origen de los préstamos: las palabras saltan de una lengua a otra constantemente y todos los préstamos son lingüísticamente válidos, provengan de donde provengan. Al fin y al cabo, en una época de dominación cultural anglosajona como la nuestra es esperable que el inglés sea nuestro prestamista léxico fundamental, como en otro tiempo lo fueron el francés o el árabe. Pero lo interesante de ‘sororidad’ es que ni siquiera es verdaderamente un anglicismo de pura cepa como claman los tiquismiquis del purismo, sino que se trata en realidad de un latinajo muy viajado.

La palabra ‘sorority’ es la anglificación del término latino ‘sororitas’, con el que se denominaba en la europa medieval a las hermandades de mujeres (en contraposición a la fraternidad, que sería la hermandad entre varones). La injustamente denostada ‘sororidad’ es en realidad la hija viajera de la muy latina ‘soror’ (“hermana”), y por lo tanto prima no tan lejana de viejas conocidas como ‘sor’ (hermana de una congregación religiosa, como en ‘sor Ángela de la Cruz’) o ‘sœur’(“hermana” en francés). ‘Sororidad’ es un bumerán léxico que saltó del latín al inglés para emprender siglos después el viaje de regreso a las lenguas neolatinas. A pesar de su origen castizo, el tiempo y la distancia han hecho tal mella en ‘sororidad’ que son muchos los hablantes que la toman por forastera y la reciben con desconfianza y suspicacia.

El caso de ‘sororidad’ no es ni de lejos el único: son legión las palabras de ida y vuelta que saltaron de un idioma a otro para, siglos después, retornar a las lenguas que las vieron nacer (o a lo que queda de ellas). El símbolo & que hoy vemos a todas horas en nombres de marcas y comercios (y que solemos leer como ‘and’) puede parecernos una modernez americanizante, pero lo cierto es que el ampersand (que es como se llama esta criatura ortotipográfica) es en realidad una representación abreviada de la conjunción latina ‘et’ (“y”) propuesta por el muy sufrido secretario de Cicerón, Marco Tulio Tirón, que se generalizó en la Edad Media. El ubicuo & es todo un homenaje involuntario a la más exquisita tradición textual latina y medieval.

Lejos de la lógica agorera que entiende el vocabulario como un compartimento estanco inmutable y los préstamos como una agresión externa que hay que combatir, las palabras de ida y vuelta son la prueba viviente de que el préstamo léxico es un carril de doble sentido que no entiende de fronteras y en el que la solidaridad interlingüística funciona en ambas direcciones: tras siglos de préstamos recíprocos y saltos interlingüísticos es difícil discernir cuáles de estas palabras son tuyas y cuáles mías porque, sencillamente, son nuestras.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

#hemeroteca #lenguaje #mariconeo | Del gueto a ‘Operación Triunfo’: así se democratizó la palabra “maricón”

Imagen: El País / 'Los amantes pasajeros', de Pedro Almodóvar
Del gueto a ‘Operación Triunfo’: así se democratizó la palabra “maricón”.
Es un insulto que fue primero apropiado por el colectivo LGTBQI y ahora, mediante figuras ultrapopulares que lo repiten en espacios de máxima audiencia, por España entera.
Guillermo Alonso | El País, 2017-12-20
https://elpais.com/elpais/2017/12/12/icon/1513087264_551314.html

“Marica”, se podía leer el lunes pasado en una pantalla gigante tras el escenario de Operación Triunfo mientras todos los concursantes cantaban el clásico del pop español A quién le importa. No era la primera vez que la palabra se escuchaba en la Academia. Los 'Javis' (los guionistas y directores Javier Calvo y Javier Ambrossi, profesores de interpretación en el programa) usan la palabra “maricón” a menudo en sus clases. Pero el espectador casual podría pensar que es normal dentro de su discurso porque ellos dos son gays. Más llamativo fue la bienvenida que Noemí Galera (directora de la Academia, mujer heterosexual casada y madre de dos hijos) dio a todos los concursantes (mujeres y hombres heterosexuales, homosexuales y bisexuales) tras la primera gala: “Estáis dentro, maricones”. Se lo decía a todos. Y nadie levantó una ceja. La palabra “maricón”, definitivamente, saltaba a la fama.

El camino de este término hasta llegar aquí fue, antes que nada, la historia de una reapropiación por parte de un colectivo del término que históricamente se utilizó para humillarlos, acosarlos y agredirlos. El mecanismo se asemeja al de "nigger" ("negrata") en Estados Unidos, cuyo uso adopta connotación fraternal si se utiliza entre afroamericanos, pero es un insulto inaceptable si lo pronuncia un blanco: la presentadora estadounidense Paula Deen perdió contratos televisivos, editoriales y publicitarios por ello. O al de "feminista" en Europa: el término era inicialmente utilizado de forma despectiva para las mujeres, pues describía una ‘enfermedad’ que afectaba a los varones, pero el movimiento se apropió de la palabra en la década de 1880.

El caso de la española “maricón” caminó paralelo al del término “queer” inglés. “Los nombres con los que se han designado a la homosexualidad masculina por ser vejatorios están cargados de connotaciones históricas”, cuenta el escritor y especialista en género Nacho Moreno, autor del ensayo Ladronas victorianas (Ed. Antipersona) y del recorrido LGTB del Thyssen. “Por ejemplo, hay teóricos que afirman que ‘finocchio’ en italiano o ‘faggot’ en inglés vienen de elementos de tortura y de quema de homosexuales. La reivindicación de esos términos insultantes se produce a finales del siglo XX, en la década de 1990, con el término queer, que podríamos traducir por ‘rarito’ pero, como todo lo homosexual, seguía muy vinculado a lo delictivo”.

El caso del español ‘maricón’ es único en el mundo, tal vez, por haber sido un término que primero pasó del terreno del insulto al de la confraternalización entre los propios homosexuales y, después, en los últimos años, a la fama absoluta. La palabra no es nueva para nadie, pero sí el uso extendido y coloquial que se le está dando hoy. En los años ochenta el término estaba presente en el cine de Almodóvar, en los noventa se extendió de forma natural por la obra de sus herederos artísticos (las comedias urbanas de Alfonso Albacete y David Menkes o de Felix Sabroso y la fallecida Dunia Ayaso, por ejemplo) y ya en la década de los 2000 la multiplicación de programas de sociedad en los que presentadores, directores y redactores eran (hombres) homosexuales hizo que la palabra surgiese de vez en cuando en los platos con tono de camaradería.

¿Pero cómo hemos pasado de ese rincón minoritario a que en la televisión pública aparezca la palabra escrita en una pantalla en horario de máxima audiencia y a que la directora de la academia de 'Operación Triunfo' llame "maricones" a todos sus concursantes? Dos factores han sido capitales. Primero están Alaska y Mario Vaquerizo. En el 'docureality' 'Alaska y Mario', producido por el Terrat, emitido por MTV y convertido en un fenómeno mediático en 2011, la palabra campaba a sus anchas para definir a un hombre, a una mujer o a una cosa.

"Para mí no es noticia que alguien diga 'maricón' en ‘Operación Triunfo’, porque yo uso esa palabra en mi día a día", nos cuenta Vaquerizo a través del teléfono. "No es una democratización, es una normalización. Los que la usamos todos los días somos los que hemos conseguido quitarle ese tono peyorativo, hacer que algo que era un insulto se convierta en una palabra habitual y normal". Vaquerizo quiere establecer también la diferencia que él ve entre el término ‘maricón’, considerado despectivo, y el más aceptado ‘gay’. "El gay se toma más en serio, es combativo. El ‘maricón’ es más de andar por casa. Tiene asumida su forma de ser. Por eso a mí me gusta más palabra ‘maricón’".

Algo que hace particular el caso de Vaquerizo es que él –al contrario que Noemí Galera, por ejemplo– sí la ha sufrido como un insulto. "Y me lo siguen llamando, pero no tengo ningún problema porque para mí no es ningún insulto", señala. Él ha pasado de utilizar la expresión en su ‘reality’ (cuya audiencia en MTV rondaba el 2 %) a hacerlo en el espacio de entrevistas de Bertín Osborne ‘En tu casa o en la mía’, en RTVE, en el espacio familiar ‘El hormiguero’, en Antena 3, y en la tertulia de ideología conservadora de Federico Jiménez Losantos en EsRadio, todos ellos mucho más masivos.

"Y nunca he tenido ningún problema. Bertín Osborne, Pablo Motos y Federico Jiménez Losantos no son nada dogmáticos, comparten el mundo maricón y están cerca de muchos amigos maricones. Lo viven con mucha normalidad. Donde he podido tener problemas es en círculos que en principio parecen más cercanos a ti ideológicamente, pero acaban siendo los más políticamente correctos", analiza Vaquerizo.

Además de Alaska y Mario, han llegado una nueva generación de figuras influyentes entre los ‘millennials’ que han normalizado el discurso ‘queer’ tanto en vídeos de YouTube enormemente populares (por ejemplo Soyunapringada o Los Tripletz, cuyos canales en YouTubre suman casi 50 millones de visualizaciones) como en ficciones emitidas en plataformas web. 'Paquita Salas', serie de la plataforma Flooxer de Atresmedia que ha saltado a Netflix y en la que el actor Brays Efe interpreta a una mujer de mediana edad, tiene como 'gag' constante la pluma de algunos de sus actores representados.

Cuando un intérprete de su agencia es rechazado en ‘El secreto de Puente Viejo’ porque “se les sube de pluma”, ella chilla: “¡Ha habido maricones toda la historia de la humanidad! ¡Toda la historia! ¿No puede haber un maricón en puente viejo? ¡’El secreto de Puente Viejo’, el secreto! ¡Pues ese es su secreto!”. El gag es, tal vez, el más celebrado de toda la serie.

“Paquita dice mucho 'maricón", nos cuenta Brays Efe. "Las palabras tienen un viaje, la gente se apropia de ellas y las dota de otro significado. A mí me parece fenomenal. Creo que Paquita Salas lo usa como una secuela de los noventa, del mismo modo en que uno dice 'amore'. Como ella ha estado allí, quiere sentirse parte del grupo. Joan Rivers, mi humorista favorita de toda la vida, utilizaba la palabra “cocksucker” ("chupapollas" en inglés), que se usa como un insulto, porque ella decía: 'Siempre pensé que ‘cocksucker’ era una palabra de unión'. Para mí, 'maricón' es eso: una palabra de unión, no de separación”.

Esa unión parte también de elementos que pertenecen puramente a la estética del sonido. "Maricón" es una palabra sonora, poderosa, parecida fonéticamente a un "chimpón" que puede cerrar una frase, una gracia o un aforismo dejándolo en todo lo alto. "¡Es una palabra muy bonita!", apunta Vaquerizo. "A mí me recuerda a todo el folclore de los sesenta, los setenta y los ochenta, a aquellas travestis que ya usaban la palabra con libertad".

Durante una entrevista a ‘Vanity Fair’, Alaska confesó: "Mis amigos y yo usamos la palabra 'maricón', 'bollera', 'enana', 'ciego'… ¡entre nosotros! Si a ti no te gusta que te lo aplique, no te lo voy a aplicar. Pero creo que es un ejercicio de quitar hierro a las palabras". Mario, en un ejercicio de pontificar con el ejemplo, se lo llama a ella: "Yo estoy casado con 'un maricón', que es Alaska. Pon eso, pon que te lo he dicho".

Agustín Gómez Cascales, DJ y redactor jefe de la revista Shangay, está de acuerdo. "¿Cómo no iba a estar a favor de que se democratize y se destigmatice el término 'maricón'?", nos cuenta desde la redacción en Madrid de la histórica publicación dirigida a un público LGTBQI. "Siempre se agradece escucharlo sin ánimo de acritud ni de señalar a alguien de manera despectiva y prejuiciosa. Para aquellos a los que nos lo han llamado –y en ocasiones siguen haciéndolo– como si de un insulto se tratara es muy positivo comprobar que cada vez son más los que no lo ven así. A aquellos que no sean –o no se consideren– maricones, está bien que se lo llamen alguna vez; si no le dan importancia, genial, si se la dan, que se lo hagan mirar. Aunque tampoco lancemos las campanas al vuelo y pensemos que con que se utilice dicha palabra con cariño en ‘Operación Triunfo’ está todo conseguido. Porque también estamos celebrando un tímido morreo entre dos tíos como algo rompedor en la televisión pública, a estas alturas... Es evidente que queda mucho por lograr, pero esos pasitos son muy positivos, aunque seamos ya muchos –¿o no tantos?– los que utilizamos la palabra 'maricón' con naturalidad, o no nos sobresaltamos al ver a dos personas del mismo sexo besarse en público. La democratización en cuestiones como esas, que siguen descolocando a algunos, es tan justa como necesaria", explica Gómez Cascales.

No todos ven con buenos ojos la popularización de este término. Nacho Moreno es uno de ellos. “Personalmente tengo reacciones negativas con la popularizacion de términos como 'maricón', ya que por un lado arrebatan elementos de una subcultura en beneficio propio (los gestos y las palabras eran herramientas de reconocimiento y pertenencia al ámbito gay), pero al mismo tiempo no eliminan su poder como insulto, como herramienta de ataque homófobo en las calles, tal y como demuestran la escalada de tales actos en ciudades como Madrid".

"Nos comenzaron a insultar diciéndonos ‘maricones de mierda", declaró el periodista que tuvo que abandonar su vivienda de Alcalá de Henares con su novio por los continuos ataques. "¡Maricón! Suerte que tengo al niño en brazos”, gritó un hombre en el metro a un pasajero tras propinarle una patada por ser homosexual. "Deja de mirar mal a mis amigos, maricón", dijo otro hombre antes de agredir a un homosexual también en el metro de Madrid.

Todos estos casos han tenido lugar en el último año. La palabra se extiende y se hace popular en lo más alto de la parrilla televisiva mientras sobrevive en lo más bajo de la condición humana. "La popularización de ese término tendría gracia si viviésemos en una sociedad post-homófoba, en la que hemos superado la homofobia", remata Moreno. "Pero, desgraciadamente, no es así".

lunes, 14 de agosto de 2017

#hemeroteca #lenguaje | Masculinas, femeninas y viceversa: palabras con identidad transgénero

Imagen: El País
Masculinas, femeninas y viceversa: palabras con identidad transgénero.
Hay términos que han cambiado de género con el paso de los años, como "puente".
Lola Pons Rodríguez | Verne, El País, 2017-08-14
https://verne.elpais.com/verne/2017/07/27/articulo/1501160416_181007.html

Pasada ya con éxito la celebración del WorldPride 2017 en Madrid, lo traemos a la actualidad para hablar de lengua española. En primer lugar, para preguntarnos: ¿por qué no lo hemos llamado Orgullo Mundial? Hemos oído cosas del tipo “guolpride”, “goldpraid” y similares. En la patria de la “relaxing cup de café con leche”, la opción por hispanizar anglicismos debería ser una cuestión de aceptación de nuestra inutilidad con los idiomas y no tanto de preservación del honor del español frente al inglés.

La segunda cuestión: ¿hay palabras trans? Si el género es fundamentalmente algo gramatical (la ventana es de género femenino) y el sexo una cuestión de identidad (una ventana carece de sexo, pero es de género femenino), las palabras del español que cabrían dentro de la T (de transgénero) de la sigla LGTB serían todas aquellas que han cambiado de masculino a femenino o de femenino a masculino a lo largo de la historia. El español nos proporciona muestras de todo tipo de trasvases, ampliaciones y cambios de esta clase. De hecho, en esto del género vemos que en las palabras casi nada es para siempre y que en ellas, como en las personas, lo del género es más una opción que una obligación de naturaleza o nacimiento (lo que, para el caso de la lengua, viene a ser la etimología).

Hoy separamos el calor, más benigno que la calor, pero otros cambios de género se dan sin que cambie el significado. Nuestros antepasados (y aún hoy algunos viejos del lugar) dijeron la dolor, la sabor, la humor, la honor y la sudor y tanto temían de la serpiente como del serpiente. También han sido denominados con palabras muy trans en cuanto a género los valles, los puentes y los fantasmas en la historia del español.

Palabra con cambio de género fue “valle”. Fue femenina en latín y lo sigue siendo en asturiano, catalán o gallego. Sin embargo, en lenguas también salidas del latín como el francés, el portugués y el castellano, “valle” ha protagonizado un curioso cambio de género hacia el masculino. Si en catalán está la Vall d'Aran, en castellano se dice el valle de Arán. ¿Por qué una palabra cambia de género? A diferencia de lo que ocurre en la sociedad, aquí no son, obviamente, las propias palabras las que deciden cambiar, sino los usuarios del idioma, los hablantes, los que reorientan el género original de la etimología. Normalmente por influencia de otras palabras con las que se convive dentro de un mismo grupo. Si “valle” es complementario del masculino “monte” (del latín MONS-MONTIS, masculino), ¿pudo ser el monte el que se llevó al valle a su grupo? No es descabellado.

No obstante, antes de cambiar de género, “la valle” dejó su rastro en español. Lo vemos poderosamente en todas esas localidades españolas llamadas Valbuena: formas de “valle buena” con eliminación de la terminación de valle por la apócope que se da en palabras de mucho uso. Hay Valbuena en Asturias y Salamanca, está Valbuena de Duero en Valladolid, Valbuena de Pisuerga en Palencia... Y de los nombres de lugar (la toponimia) se salta fácil a los apellidos de persona (la antroponimia): pensemos en Mathieu Valbuena, el futbolista francés de ascendencia española que pasea su “valle buena” por el Olympique de Lyon. Existen también pueblos y personas llamados Valbueno (Guadalajara, León), pero curiosamente son menos que los Valbuena primitivos.

Sean hombres o mujeres, tengan sexo o no, los fantasmas han sido de género bastante fantasmagórico en español. Hoy los hacemos masculinos (los fantasmas), pero, como la palabra acaba en –a, en la lengua antigua los hablantes la interpretaron como femenina para decir “la fantasma”. Por la misma razón, hay quien se queja de la reúma a su médica, que llamará el reúma a este padecimiento. “Profesora, tengo una problema”, nos dicen muchos de los estudiantes extranjeros que aprenden en español. Problema, cisma, reúma... son neutros griegos que se hicieron masculinos pero, como acababan en –a, los hablantes del español a veces reorientaron algunas de estas palabras hacia el femenino.

Más raro es el recorrido de “puente”, palabra cuya identidad genérica ha sido muy trans. Masculino en latín (PONS-PONTIS, desde aquí saludo a todos los Pons del mundo), femenino en castellano antiguo y de nuevo masculino en español moderno. El castellano medieval, como el portugués y algunos dialectos italianos y suizos pasaron la palabra al femenino, la puente. Aunque hoy el personal vea la serie 'El secreto de Puente Viejo', en el mapa de Madrid verán un municipio llamado Puentes Viejas. El masculino original en español empezó a recobrarse en el siglo XVII, en una transición de identidad masculina hacia femenina y de femenina a masculina muy camaleónica. “Ponte” sigue siendo femenino en gallego y portugués, como se ve en Pontevedra (PONTE VETERA, puente vieja) o en un nombre de lugar como As Pontes de García Rodríguez.

Un personaje tan simbólico para la cultura hispánica como don Juan Tenorio hablaba así a su criado: “Mis llaves en manojo / habréis dado a la fantasma, / y que entre así no me pasma; / mas no saldrá a vuestro antojo...”. Cambios de este tipo muestran cómo los hablantes somos bastante flexibles para modificar la herencia lingüística recibida. No es cuestión de antojo sino de la capacidad para el cambio que tiene una lengua viva. Y eso sí que es para sentirse de lo más orgulloso.

miércoles, 6 de abril de 2016

#hemeroteca #lenguaje | ¿Cómo surge la palabra ‘maricón’?


Imagen: 20 Minutos
¿Cómo surge la palabra ‘maricón’?.
Andrea Puggelli · Activista italiano LGBTQI | 1 de cada 10, 20 Minutos, 2016-04-06

http://blogs.20minutos.es/1-de-cada-10/2016/04/06/como-surge-la-palabra-maricon/

‘Marica’, ‘mariquita’ y ‘maricón’ son las palabras más usadas en España para insultar y señalar a los hombres homosexuales. Sin embargo, en la actualidad, estas palabras también se usan con normalidad entre personas LGBT en sustitución de la palabra ‘gay’. Nos autodefinimos como ‘maricones’, ‘maricas’ y ‘mariquitas’ dejando a la homofobia sin uno de sus insultos preferidos.

Pero ¿cuál es el origen de la palabra ‘marica’? Según una visión heteronormativa de la realidad, un hombre al que le gusten los hombres es como una mujer y por eso se le llama como a estas: ‘marica’ o ‘mariquita’, que son nombres propios derivados de María. Esto es demasiado breve y simple. Otra explicación del origen de la expresión argot ‘marica’ está en la identificación patriarcal.

El patriarcado es un sistema social milenario que, aunque atribuye el poder a los hombres por su mayor fortaleza física, somete todas las personas sean mujeres o sean hombres. Este sistema impone una determinada visión de la realidad, que es reduccionista por el uso de las categorías como hombre, mujer, heterosexual, homosexual. Atribuye una serie de funciones a cada una de las personas según la categoría a la que pertenezcan. De esta forma el patriarcado, sustentado por ambos sexos, decide qué es un hombre, qué es una mujer y cuáles son sus funciones en la sociedad y también en la cama. Pero claro, este sistema, sus categorías y sus dicotomías no incluyen ni explican toda la realidad.

Hasta hace bien poco (y también hoy en día) cualquier cosa que no encaje debía ser transformada, destruida y desterrada, no fuera que aniquilase el mundo por el dedo de algún dios de turno o que se cuestionara el poder establecido. Este sistema redujo la sexualidad de la mujer a la reproducción, y debido al poder de los hombres, permitió que éstos tuvieran vida sexual al margen de la procreación y de las normas sociales. Además estableció que los hombres sólo tenían sexo con mujeres y que las mujeres sólo tenían sexo con hombres, por lo que un hombre que quisiera sexo con otro hombre era como una mujer. Esta es la identificación patriarcal.

La identificación patriarcal atribuye características femeninas a los hombres con comportamiento homosexual, y características masculinas a las mujeres con dicho comportamiento. En este sentido, el patriarcado, además de decir qué es un hombre y qué es una mujer, también dice qué es un gay y qué es una lesbiana, amén de construirlos y maltratarlos.

En este proceso de generación de categorías y roles es donde se encuentra el origen de la palabra ‘marica’ y todos sus derivados como ‘mariquita’ y ‘maricón’. A partir de los nombres propios de mujer, se convierte a los hombres homosexuales en mujeres llamándolos de esa manera, y es por este mismo motivo por el que ante una pareja de personas del mismo sexo, la sociedad se solía preguntar o intentaba adivinar, a veces con curiosidad morbosa, quién era el hombre y quién era la mujer.

Esta identificación patriarcal además de conseguir que todo “encaje” en esas dos categorías tiene una segunda consecuencia: la de permitir a los hombres “heterosexuales” tener un comportamiento homosexual sin menoscabo de su “masculinidad” ya que convierte al objeto de sus deseos en una mujer.

Como insulto, ‘maricón’ no significa solamente gay, sino persona con carácter afeminado: que en su persona, modo de hablar, acciones o adornos se parece a las mujeres. Desde una perspectiva machista “parecerse a las mujeres” es denigrante para el varón. Se suele utilizar como reprimenda «qué maricón eres» y también se usa con el significado de hombre mal intencionado.

Este insulto español no tiene implicaciones de tortura o muerte, a diferencia de sus equivalentes en inglés (‘faggot’: ‘leña’ de una hoguera inquisitorial) o italiano (‘finocchio’, «hinojo», porque se cubría a los homosexuales con estas frescas hojas para que el suplicio de hoguera durara más tiempo).

En un importante sector de la comunidad gay, al menos en España, se usa esta palabra entre los propios homosexuales sin ninguna carga peyorativa. Muchos llevan a cabo una re-apropiación o reivindicación de ‘maricón’ y otros términos con similares connotaciones frente a términos neutros como ‘gay’ como se hizo entre los angloparlantes con ‘queer’. Prefieren usar ‘maricón’ porque consideran la palabra gay un eufemismo extranjero. Hay que recordar que la palabra gay no significa feliz o contento pero es un acrónimo de “Good As You” (Soy como tú).

En la vigésima tercera edición del diccionario RAE, esa traza despectiva del término fue ligeramente modificada, perdiendo ‘marica’ esa naturaleza peyorativa, para pasar a entenderse como una palabra que se utiliza comúnmente como”insulto grosero con su significado preciso o sin él”. Es la definición actual la menos peyorativa y machista pero todavía lo es: “afeminado (que se parece a las mujeres); dicho de un hombre apocado, falto de coraje, pusilánime y medroso; dicho de un hombre homosexual (como insulto).”

Nunca está de más saber de donde provienen las palabras, sobre todo cuando al decirlas nos definimos más a nosotros mismos que a sus destinatarios.

* Esta entrada se ha elaborado a partir de la información disponible en: El Observatorio GLTB y Etimología de maricón

viernes, 13 de febrero de 2015

#hemeroteca #libros #lenguaje | 50 formas para decir puta y otras 14 palabrotas de origen milenario

Imagen: PlayGround
50 formas para decir puta y otras 14 palabrotas de origen milenario
¿De dónde vienen palabras como 'cagar','follar' o 'coño'? 'Palabrotalogía' te lo explica
Natxo Medina | PlayGround, 2015-02-13
http://www.playgroundmag.net/noticias/actualidad/puta-palabrota-palabrotalogia_0_1480651931.html

Virgilio Ortega es un apasionado de las palabras que en 2014 publicó Palabrología, un viaje al centro mismo del origen y evolución del lenguaje. A pesar del éxito, se ve que su tarea quedó inconclusa porque algunos vocablos se le habían quedado en el tintero. Los más soeces. Esos que los académicos no suelen tratar a pesar de que forman parte de nuestra cultura tanto o más que muchos otros.

Los tacos llevan entre nosotros miles de años, y muchos de los que usamos hoy datan del mundo clásico de Grecia y Roma. Por eso Virgilio tuvo que coger de nuevo las alforjas y marcharse nada menos que a la Pompeya del año 79. Allí descubrió un mundo en el que las divisiones entre lo más bajo y lo más alto apenas existían, en el que los hombres hacían sus necesidades en letrinas colectivas mientras charlaban de sus cosas y donde a la gente le daba por escribir por las paredes cosas como "aquí me follaron".

Este mundo queda ahora reflejado en Palabrotalogía, un título que contiene información tan jugosa como la que sigue:

1. Esas letrinas en las que se juntaban los romanos toman su nombre del verbo lavare, lavar, que dará lugar a lavatrina, y de ahí a la contracción.

2. Caca es probablemente una palabra de origen infantil, que tiene equivalencias en muchos idiomas. De ahí vendría el latín cacare, y el cacator, el cagón. Séneca cuenta que las últimas palabras del emperador Claudio fueron “Ay de mí, creo que me he cagado.” Y no es que Claudio fuera un guarro, es que le habían envenenado.

3. Guarro y otros derivados como gorrino o guarrada vienen de la voz del cerdo, gorr-gorr o guarr-guarr. De ese sonido procede hasta la palabra gorrón.

4. Los guarros se tiran pedos, o flatulencias, que vienen de flatum, flato, soplo o ventosidad. El mismo Claudio que se cagaba proyectó un edicto en el que se permitiría por ley tirarse pedos durante los banquetes. Gente muy legal estos romanos.

5. Y muy de practicar sexo a lo bestia, o de joder. Una expresión que viene del latín futuere. El gran poeta Catulo hablaba de una puella defututa, o sea “una muchacha agotada de tanto joder”. También usaban la palabra follar, que viene de follis, fuelle. Se le acabó llamando así a la actividad por los soplidos y bufidos del momento.

6. Debía gustarles mucho la jodienda, de hecho, ya que en la Antigua Roma tenían hasta 50 palabras para referirse a las prostitutas. Las más frecuentes eran meretrix, que venía del verbo merere (cobrar, ganar, merecer), y scortum, que primero significaba piel, cuero, pero que acabó designando a la dueña de esa piel.

7. Las prostitutas ejercían su trabajo en el lupanar, una palabra que viene de lupa, loba. Cada cubículo del lupanar mostraba la postura específica en la que trabajaba la meretriz. Por ejemplo la culiola era la que tenía por especialidad el sexo anal. Parecido pero no igual a la culibonia (culus+bonis), una mujer que tenía buen culo.

8. Estos sitios estarían llenos de cachondos, una expresión que viene de catula, en latín perrita o cachorra. Por eso se decía que Catulo era un cachondo.

9. A las putas no las manejaba ningún proxeneta, sobre todo porque en su origen griego, esa palabra no tenía para nada el significado que tiene ahora. Designaba a una figura similar a un cónsul, un ciudadano que vivía en una polis ajena y se encargaba de defender a los extranjeros, de ahí lo de pro-xenos. Lo contrario a un xenófobo, vamos.

10. Y con tanto fornicio en el ambiente no nos olvidamos de los órganos sexuales. Por ejemplo, pene viene de penis, que en principio se utilizaba para hablar de la cola de los perros. No es de extrañar que entre otras muchas maneras lo hayamos acabado llamando rabo.

11. Otras formas de llamar al miembro: carajo, que viene del latín characulum, que significa palo o verga grande, o minga, que viene de mentula, la palabra más usada por los romanos para referirse al pene, pero que también significa mentón.

11. En cuanto a los cojones vienen de coleus (bolsa, cuero), que cambia en latin vulgar a coleonis. De ahí se formará la palabra cojón que hasta en esperanto se dice kojonok.

12. Y si tienes pene, quizás acabes con fimosis. Esta palabra viene del griego phimosis, que a su vez deriva del verbo phimoun, amordazar, poner un bozal. Solo que el que lleva el bozal es el pene. A no ser que te hayan circuncidado, de circum, alrededor, y cedere, cortar.

3. Esos problemas no los tendrán quienes tengan coño, palabra que viene del latín cunnus, de donde también procede el cunnilingus (coño+lengua). El poeta Horacio tenía claro que la causa de la Guerra de Troya fue el coño de Helena. Los romanos también llamaban al cunnus "conejo" o cuniculus, así que esa expresión viene de lejos.

14. La palabra vagina tampoco ha cambiado con los siglos. Y es una de las más machistas de nuestro lenguaje, ya que su equivalente latino es exactamente el mismo, vagina, pero significa vaina, estuche, y por tanto viene a decir que el órgano femenino es sólo la funda del pene.

15. Y otra cosa que no ha cambiado con el tiempo son los placebos. La medicina que no te cura pero te da la sensación de que sí. Eso es porque placebo es el futuro del verbo placere, dar placer. Significa literalmente “me gustará”.

Como a nosotros nos ha gustado un libro que además de estos esconde muchos más secretos desternillantes.

martes, 10 de febrero de 2015

#libros #lenguaje | Palabrotalogía : etimología de las palabras soeces

Palabrotalogía : etimología de las palabras soeces / Virgilio Ortega Pérez
Barcelona : Crítica, 2015 [02-10]
320 p.
Colección: Ares y Mares
ISBN 9788498928020

/ ES / ENS
/ Etimología / Lenguaje / Obscenidad / Terminología / Vida sexual

¿Sabía usted que los romanos tenían más de sesenta formas de decir 'puta'? ¿No habrá alguna relación entre la palabra 'fuelle' y la palabra 'follar'? ¿Si a usted la llaman 'pelleja', la están insultando o le dicen una palabra etimológicamente afectuosa? ¿Qué tienen que ver el 'fornicar' con una prostituta y la 'hornacina' donde se pone la estatua de una virgen? ¿De dónde viene las palabras 'caca' y 'mierda'? ¿Cómo estaría formada anatómicamente, en la antigua Pompeya, una señorita 'culibonia' ? ¿A quién prefiere usted, a un 'proxeneta' o a un 'xenófobo'? ¿Cuántas faltas de ortografía hay en la expresión "¡Por uebos!"? ¿Había pensado usted alguna vez que las bellas 'orquídeas' tienen un par de cojones? Perlas como esas diez –¡y muchas más!– son las que el lector podrá saborear al leer este libro. Tras el éxito de “Palabralogía” en 2014, el autor da un paso más: en 2015 publica un libro sobre “palabras soeces”, centrándose en las etimologías de las palabras supuestamente obscenas.

DOCUMENTACIÓN
50 formas para decir puta y otras 14 palabrotas de origen milenario

¿De dónde vienen palabras como 'cagar','follar' o 'coño'? 'Palabrotalogía' te lo explica
Natxo Medina | PlayGround, 2015-02-13
http://www.playgroundmag.net/noticias/actualidad/puta-palabrota-palabrotalogia_0_1480651931.html
Más de 50 formas cultas de decir 'puta'
Javier Zurro | El Confidencial, 2015-02-13

http://www.elconfidencial.com/cultura/2015-02-13/mas-de-50-formas-cultas-de-decir-puta_709007/