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viernes, 1 de junio de 2018

#hemeroteca #memoria #homosexualidad | Río Hortega, el español que se quedó sin Nobel por republicano, gay y una pelea con Cajal

Imagen: El Español / Pío del Río Hortega
Río Hortega, el español que se quedó sin Nobel por republicano, gay y una pelea con Cajal.
El vallisoletano Pío del Río Hortega realizó aportaciones fundamentales sobre las células gliales, una parte esencial del sistema nervioso.
José Pichel | El Español, 2018-06-01
https://www.elespanol.com/ciencia/20180524/rio-hortega-espanol-sin-nobel-republicano-cajal/309720032_0.html

A casi todo el mundo el suena que las neuronas son las principales células del sistema nervioso. Y a casi todo el mundo le suena el nombre de Santiago Ramón y Cajal, el Nobel español que tanto ayudó a conocerlas.

No obstante, en la biología y en la vida, como en las películas, los papeles principales ocultan a los secundarios. Hoy en día los científicos saben que las células gliales, consideradas durante mucho tiempo como un simple pegamento que rodea a las neuronas, también son esenciales para el cerebro y uno de los investigadores que más las estudió, Pío del Río Hortega, permanece casi en el anonimato, arrastrado por la corriente del olvido tras su exilio aunque fuera nominado al Nobel en dos ocasiones.

El neurocientífico y divulgador José Ramón Alonso cuenta esta historia en su blog con una anécdota: ni siquiera en su propia tierra saben por qué uno de los hospitales de Valladolid se llama Río Hortega si por allí el que pasa es el Pisuerga.

Nacido en la localidad vallisoletana de Portillo en 1882, estudió medicina y obtuvo la plaza de médico de su pueblo, donde heredó un castillo que a su muerte cedió a la Universidad de Valladolid. Sin embargo, le interesaba más la investigación que atender pacientes, así que se fue a Madrid para realizar un doctorado sobre tumores del encéfalo.

Estamos a comienzos del siglo XX y la ciencia española vive un momento relativamente dulce con el impulso de Cajal y la Junta para Ampliación de Estudios, precedente del actual CSIC, que le permite aumentar sus conocimientos en París y Londres y regresar en 1915 para formar parte de un grupo de investigación que se ubica en el Laboratorio de Investigaciones Biológicas del propio Cajal. Allí perfeccionó técnicas con las que pudo impregnar de forma selectiva estructuras internas de las células y estudiar en detalle neuronas y glía.

El equipo al que pertenecía estaba dirigido por Nicolás Achúcarro, otro prometedor neurocientífico que murió en 1918 con solo 37 años. La muerte de su jefe hizo que Río Hortega se quedase sin sueldo y al conocer la razón se quedó perplejo: en realidad, él nunca tuvo contrato, sino que Achúcarro le había estado pasando la mitad de su propio salario sin decírselo.

Expulsado por Cajal
Finalmente, el vallisoletano pasó a dirigir aquel grupo, muy ligado al de Cajal, y allí empezaron sus problemas. Tímido, bajito y enclenque, las relaciones sociales no se contaban entre sus habilidades. Su increíble capacidad de trabajo sólo despertaba las envidias de los discípulos del premio Nobel, que le dicen a Cajal que habla mal de él a sus espaldas. Para colmo, Río Hortega es homosexual, así que entre unas cosas y otras había barra libre para la difamación.

Cajal le expulsa del laboratorio pero su nefasta relación personal no es óbice para que reconozca sus méritos científicos, así que inmediatamente le recomienda para un nuevo puesto, la dirección de un laboratorio en la Residencia de Estudiantes.

Don Pío, como se le conocía, cambió todos los conocimientos que se tenían hasta entonces de las células gliales y distinguió cuatro tipos, entre ellos la microglía, que pasó a ser conocida como "las células de Hortega" a propuesta de los alemanes Metz y Spatz, aunque hoy en día este nombre está en desuso. El vallisoletano comenzó a forjarse un prestigio internacional que convirtió a Madrid en referencia para estos estudios. Además, se adentró en la investigación de los tumores generados en el sistema nervioso y en 1928 fue nombrado jefe de la sección de Investigación del Instituto Nacional del Cáncer.

Demasiado a la izquierda para algunos puestos
En 1929 y en 1934 fue nominado al premio Nobel de Medicina, pero no tuvo suerte. Es posible que a su candidatura a estos galardones, no exentos de presiones políticas e intereses de todo tipo, no ayudasen sus claras convicciones políticas, que lo situaban tan a la izquierda que en plena II República formó parte del grupo de intelectuales españoles que fundó la Asociación de Amigos de la Unión Soviética.

Una anécdota muestra claramente cómo le perjudicó su ideología y retrata el país al que pertenecía. Cuando Cajal murió en 1934, su puesto en la Real Academia de Medicina quedó vacante y Río Hortega aspiraba a ocuparlo. Su amigo Gonzalo Rodríguez Lafora presenta todos los papeles necesarios: el currículum del vallisoletano, sus innumerables méritos y los avales de algunos de los más prominentes científicos del país. Sin embargo, los académicos, que eran conservadores, monárquicos y muy mayores, eligen a otro candidato que no le llega ni a la suela de los zapatos. Tras la decisión, Rodríguez Lafora monta en cólera al ver que el legajo que él mismo había preparado con toda la documentación ni siquiera había sido desatado.

Al rescate subido en una tanqueta
Al comienzo de la Guerra Civil, las tropas de Franco asedian Madrid. El Instituto Nacional del Cáncer está muy cerca del frente y es bombardeado, pero Río Hortega decide que hay que salvar algo, así que se monta en una tanqueta y en compañía de una sobrina y un amigo llega hasta allí y rescata 5.000 preparaciones histológicas y radio comprado en Bruselas para radioterapia.

Tras pasar por Francia y Reino Unido, acaba exiliado en Buenos Aires, aunque su vida allí sería corta. Él mismo se diagnostica un carcinoma y cuando ya está en fase terminal el gobierno de Franco le ofrece regresar, pero se niega para no verse utilizado, así que murió el 1 de junio de 1945 en Argentina –sus restos descansan desde 1986 en el Panteón de Hombres Ilustres del cementerio de Valladolid– y su cadáver fue amortajado con la toga de profesor honoris causa por Oxford y una insignia republicana en la solapa. 

Y TAMBIÉN…
Ramón y Cajal, el joven cachas, pendenciero y carcelario que ganó un Nobel.
El científico español más importante de la historia tuvo una infancia y una juventud turbulentas que no hacían presagiar lo que ocurrió cuando se puso a mirar por el microscopio.
José Pichel | El Español, 2017-07-28
https://www.elespanol.com/ciencia/20170727/234477519_0.html

miércoles, 4 de octubre de 2017

#hemeroteca #mujeres #historia | "Señoritas" andaluzas que rompieron el molde: así eran las primeras moradoras de la Residencia de Estudiantes

"Señoritas" andaluzas que rompieron el molde: así eran las primeras moradoras de la Residencia de Estudiantes.
Jóvenes procedentes de Andalucía sirvieron también de estímulo para hacer crecer "el afán de las mujeres por adquirir cuotas de participación social" entre 1915 y 1936 en la llamada Residencia de Señoritas. La catedrática Encarnación Lemus recorre en un estudio la trayectoria de aquellas mujeres dispuestas a dar la vuelta a los prejuicios sociales. La exposición 'Mujeres en vanguardia. La Residencia de Señoritas en su centenario' del Centro de Estudios Andaluces muestra libros, documentos y fotografías de aquella institución análoga a la Residencia de Estudiantes.
Javier Ramajo | El Diario, 2017-10-04
http://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/Mujeres-vanguardia-Residencia-Senoritas-centenario_0_693630836.html

"Vienen de hogares que tienen como modelo salas que solo se abren cuando viene una visita de cumplido; comedores donde no se come, con aparadores de caoba tallada, con plata regalada en la boda, que nunca se usa más que en algún cumpleaños o funeral (...) Aquí encuentran alegres cortinas de cretona que se corren para que entre la luz del sol (...) estanterías con libros que se leen (....) cuadros que reproducen obras famosas vistas en el Museo del Prado".

Hace poco más de cien años, así se veían las primeras mujeres que empezaban estudios superiores en España y que habían decidido dar un paso importante desde un hogar en blanco y negro a las ventanas abiertas de la investigación y la universidad. Eran jóvenes mentes moradoras de la Residencia de Estudiantes, el primer centro oficial creado en nuestro país para fomentar la educación superior de la mujer que, desde 1915, supuso un gran avance en la lucha por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Sólo cinco años antes se había levantado en España la restricción para que las mujeres pudieran ingresar oficialmente en todos los niveles de la educación.

El extracto del arranque de este texto, de la entonces residente Carmen de Zulueta, pertenece al estudio de la catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Huelva Encarnación Lemus ‘Llegar a la Universidad y a la gran ciudad "en femenino"’, publicado por el Centro de Estudios Andaluces, que rescata la historia de las jóvenes andaluzas que pasaron por aquellla Residencia de Señoritas entre 1915 y 1936, una rompedora apuesta por la educación femenina para la época cuando la presencia de mujeres en las aulas universitarias españolas era aún muy minoritaria.

La autora del estudio ha participado este miércoles en la inauguración de la exposición itinerante 'Mujeres en vanguardia. La Residencia de Señoritas en su centenario (1915-1936)', que también ha contado en su apertura con el consejero de Cultura, Miguel Ángel Vázquez, la directora de la Residencia de Estudiantes, Alicia Gómez-Navarro, y la directora del Centro de Estudios Andaluces, Mercedes de Pablos. La muestra, organizada por la Residencia de Estudiantes y Acción Cultural Española, puede verse en el Museo de la Autonomía de Andalucía desde este miércoles 4 de octubre hasta el próximo 18 de noviembre.

Lemus explica a eldiario_es Andalucía que el ingreso progresivo de mujeres en la institución análoga a la Residencia de Estudiantes supuso, bajo el objetivo de incorporar a la mujer a los estudios superiores, "un gran acierto" que principalmente serviría de "estímulo" para que "las llamadas chicas de provincias tuvieran un lugar muy digno donde residir y estudiar en Madrid".

Minoritaria al principio, el boca a boca hizo crecer la demanda para entrar en la Residencia de Señoritas y su éxito corrió "como un reguero de pólvora". "Así, también creció el afán de las mujeres por adquirir cuotas de participación social que, hasta entonces, no tenían", recuerda la catedrática.

Fueron un total de 114 mujeres, según la investigación de Encarnación Lemus, entre ellas quizá la más conocida la malagueña Victoria Kent (una de las mujeres más destacadas del siglo XX, de las primeras en ser colegiada como abogada, primera en participar como tal en un consejo de guerra y primera en ocupar un cargo político al asumir la Dirección General de Prisiones) o científicas como la sevillana Cecilia García de la Cosa, guiadas entre otras profesoras por María Zambrano o María de Maeztu. La Residencia de Señoritas era el nombre coloquial que recibió el grupo femenino de la Residencia de Estudiantes, creado por la Junta para Ampliación de Estudios y cuya vida se alargó durante 21 años.

Otras residentes andaluzas destacadas fueron la malagueña Cándida Cadenas Campos, y dos cordobesas de Bujalance: Silveria Zurita y Mariana Castro. Otras dos jóvenes, Concepción Barrero y Aurelia Mercedes García-Andoin, sin ser oriundas de Andalucía, desempeñarían sus profesiones en nuestra región, recuerda Lemus. La primera, natural de Almendralejo, fue maestra en Sevilla, mientras que la segunda, de Bilbao, acabó dando clases en la Normal de Jaén. Zenobia Camprubí, Gabriela Mistral, Victoria Ocampo, María Martínez Sierra, Clara Campoamor, María Montessori o Concha Méndez también participaron en las actividades de esta residencia femenina.

En la exposición del Centro de Estudios Andaluces se puede observar una selección de libros, documentos y fotografías realizada por las comisarias Almudena de la Cueva y Margarita Márquez. La Residencia pasó de ocupar la pequeña villa en la que se inauguró en la madrileña calle de Fortuny, con capacidad para 30 estudiantes, a tener doce edificios con cabida para cerca de 300. También consiguió que de sus aulas saliera un grupo excepcional de mujeres altamente cualificadas, gracias a las que el modelo social tradicionalmente asociado a la condición femenina empezó a experimentar una auténtica transformación, según explican desde la organización de la exposición.

La Residencia de Señoritas fue un espacio para un aprendizaje no solo académico sino "el aprendizaje de un modo de pensar y actuar liberal e independiente", dice Lemus. Ddesde el comienzo, fue más que un centro de alojamiento ya que se impartían cursos de arte, dibujo, cultura general, música, economía, contabilidad, etc... También fue cobrando gran prestigio la formación especializada en inglés, alemán y francés, así como en biblioteconomía, pedagogía y filosofía y química.

Según consta en los registros consultados en el Archivo de la Secretaría de la Residencia que custodia la Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón, un un 10% de las estudiantes que pasaron por la Residencia de Señoritas provenían de Andalucía, superior al ranking que por niveles de alfabetización femenino le hubiera correspondido a esta región, pero inferior a la presencia de las jóvenes procedentes del País Vasco, Asturias y la actual Castilla-León, desde donde llegaron más residentes.

Málaga es la capital andaluza con mayor número de estudiantes, 27, hecho que se explica por el peso del primer director de la Residencia de Estudiantes, el malagueño Alberto Jiménez Fraud, y por la directora de la Escuela Normal de Maestras, Suceso Luengo, destacada feminista cercana a la directora y fundadora de la Residencia, María de Maetzu, que atrajo a estudiantes malagueñas, entre ellas, la citada Victoria Kent, que tendría bajo su cargo el cuidado de la primera biblioteca de la Residencia. La también malagueña María Díez de Oñate llegaría a dirigir uno de cuatro grupos en los que estaba dividida la Residencia durante la etapa republicana, cuando alcanza su madurez con casi 300 estudiantes.

Sevilla destaca con el segundo grupo más numeroso, 25 estudiantes, seguida de Córdoba con 16, Huelva con 15, Almería y Jaén con 9, Granada con 7 y Cádiz con 6. A través de la lectura de sus cartas -más de un millar-, escritas por sus padres a María de Maetzu, por las propias estudiantes a sus familias o a otras compañeras en periodos de vacaciones, Lemus consigue saber también de dónde venían, qué estudiaron y si llegaron a desarrollar una carrera profesional.

Al abrir en 1915, la Residencia de Señoritas aceptaba jóvenes que estudiaran en distintos centros de enseñanza -la Escuela Superior de Magisterio, la Escuela de Música- o incluso que solo quisieran mejorar su cultura general, pero siempre se tuvo claro el objetivo de orientar a las chicas hacia un alto campo de miras y de estímulo intelectual y preferentemente a la Universidad.

Resulta clave la promoción que hicieron algunas figuras vinculadas a la Institución Libre de Enseñanza, como el notario Juan Díaz del Moral, persona cercana a María de Maetzu, destinado en Bujalance y amigo de Pedro de Castro, padre de la residente Mariana de Castro, de lo cual se denota el número de residentes procedentes de esta pequeña localidad cordobesa.

De la lectura de las cartas de las residentes se conoce que muchas alumnas andaluzas pedían realizar trabajos en el centro a cambio de poder reducir el coste de sus estancias o que solicitaron becas a la Junta de Ampliación de Estudios gestionada por Zenobia Camprubí, mujer de Juan Ramón Jiménez.

Realizar tareas de gobierno y atención de los pabellones, de gestión de la biblioteca, secretaría, contabilidad, jardinería, etc., puede ser considerado, según Lemus, como influencia de los colleges norteamericanos, principalmente del International Institute for Girls in Spain, el centro norteamericano vecino con el que se fusionó espacial e institucionalmente logrando un fructífero acuerdo de intercambio: desde 1919 las norteamericanas que quisieran venir a estudiar español se alojaban y recibían clases en la Residencia y en el Centro de Estudios Históricos de la Junta para Ampliación de Estudios (JAE) y, como contrapartida, diversos colleges femeninos ofertaron becas para que las jóvenes españolas pudieran estudiar allí. La malagueña Cándida Cadenas Campos fue una de las primeras becadas en EEUU fruto de los intercambios con los colleges norteamericanos que promovió la institución; y Rosa Herrera Montenegro, natural de Jerez, licenciada en Farmacia y en Ciencias, perfeccionó sus estudios como becaria de la JAE en Suiza.

Esta colaboración supuso un éxito sin precedentes y repercutió en la aparición de la primera generación de mujeres científicas españolas, entre las que destacaron andaluzas como la ya citada Rosa Herrera Montenegro, que llegó a dirigir el prestigioso Laboratorio de la Residencia -Laboratorio Foster-; la sevillana Cecilia García de la Cosa, primera mujer médico en ingresar la Marina Mercante; la almerienses Jimena Quirós Fernández de Tello, oceanógrafa, e Isabel Gómez de Molina, doctora y especialista en psiquiatría infantil; la onubense María García Escalera, ginecóloga y una de las primeras mujeres médicas que abren consulta y que llegó a ser inspectora de sanidad; o Francisca Medina Verdeja, primera malagueña licenciada en medicina.

Del total de 114 alumnas registradas, Lemus llega a conocer los estudios cursados por 83, es decir, el 73% del total: 16 estuvieron relacionadas con Magisterio, preparación de Oposiciones de Magisterio, Acceso a la Escuela Superior o a los cursos de la Escuela Superior; 13 se decantaron por el campo de Filosofía y Letras, en las variantes de Historia, Filosofía, Filología y Biblioteconomía; el mismo número que las que hicieron Farmacia; Ciencias cursaron siete; Medicina, seis; y Piano, tres. Derecho fue más minoritario, en el caso de Andalucía solo lo cursaron la pionera Victoria Kent y Nieves López Pastor, esta última natural de Cabra, Córdoba.

sábado, 25 de julio de 2015

#hemeroteca #historia | La ciencia que desmanteló Franco

Imagen: El País / Investigaciones Agronómicas, 1954
La ciencia que desmanteló Franco
Un libro repasa la destrucción de la investigación científica en España tras la Guerra Civil
Manuel Ansede | El País, 2015-07-25
http://elpais.com/elpais/2015/07/24/ciencia/1437736052_945031.html

“Al carro de la cultura española le falta la rueda de la ciencia”, sentenció Santiago Ramón y Cajal, único científico 100% español que ha ganado un premio Nobel. El investigador recibió el galardón en 1906 por descubrir las neuronas del cerebro y un año después predicó con el ejemplo y se transformó en el carretero del país: se puso al frente de la nueva Junta para Ampliación de Estudios (JAE), una institución que pagaba a los mejores científicos españoles estancias en las grandes universidades europeas y americanas.

La JAE contribuyó al florecimiento de la Edad de Plata de las letras y las ciencias en España durante el primer tercio del siglo XX. Hasta el físico Albert Einstein aceptó dirigir una cátedra extraordinaria en la Universidad Central de Madrid en 1933. Pero el golpe de Estado de 1936 y la Guerra Civil barrieron este progreso. El 8 de diciembre de 1937, el general Francisco Franco disolvió la JAE y creó otra institución para colocar la “vida doctoral bajo los auspicios de la Inmaculada Concepción de María”.

El libro "Enseñanza, ciencia e ideología en España (1890-1950)", editado por la Diputación de Sevilla y Vitela Gestión Cultural, repasa ahora el desmantelamiento de la ciencia en España ejecutado por la dictadura franquista. “A los que estudiamos en la Universidad española entre finales de los sesenta y principio de los setenta nos hacían creer que antes de 1940 la ciencia estaba atrasada y fue casi inexistente, que todo lo que se estaba haciendo entonces provenía del actual régimen, el cual había puesto los medios materiales y las personas adecuadas para que la ciencia española progresara y saliera del atraso en que se encontraba en la década de 1930. Pero nada más lejos de la realidad”, reflexiona el historiador Manuel Castillo, catedrático emérito de Historia de la Ciencia en la Universidad de Sevilla y coautor del libro.

Castillo recuerda que José Ibáñez Martín, ministro de Educación entre 1939 y 1951, asumió la decisión de “recristianizar la sociedad”. La represión vació la universidad. De los 580 catedráticos que había, 20 fueron asesinados, 150 expulsados y 195 se exiliaron, señala Castillo. “La Iglesia supervisó o participó en cada una de estas denuncias”, afirma.

Uno de los primeros en huir fue el físico Blas Cabrera, un experto en magnetismo que había sido elegido miembro de la Academia de Ciencias de París en sustitución del fallecido Svante August Arrhenius, premio Nobel de Química. “A México llegaron medio millar de médicos e investigadores de ciencias biomédicas”, prosigue Castillo. También escaparon grandes figuras de las ciencias naturales, como Ignacio Bolívar, sucesor de Ramón y Cajal al frente de la JAE en 1934, y Odón de Buen, pionero de la oceanografía en España y un divulgador de la ciencia cuyos libros fueron prohibidos por el papa León XIII por defender las teorías de Darwin.

Las matemáticas españolas perdieron a Luis Santaló, uno de los padres de la Geometría Integral, que se exilió en Argentina y continuó investigando en la Universidad de Buenos Aires. En 1983, con 72 años, recibió el premio Príncipe de Asturias de investigación científica. La química también se resintió. Antonio García Banús, catedrático de Química Orgánica en la Universidad de Barcelona, se exilió en Colombia y allí creó la Escuela de Química en la Universidad de los Andes, en Bogotá. Enrique Moles, autoridad mundial en la determinación de los pesos atómicos, también fue depurado, como firmante del manifiesto “Contra la barbarie fascista” publicado tras el bombardeo aéreo de Madrid.

Son solo algunos de los ejemplos que aparecen en "Enseñanza, ciencia e ideología en España (1890-1950)", cuyo segundo autor es Juan Luis Rubio, profesor de Historia de la Educación en la Universidad de Sevilla. El Decreto del 8 de noviembre de 1936, dictado por Franco en Salamanca, había ganado. Era una orden de eliminar “las ideologías e instituciones disolventes, cuyos apóstoles han sido los principales factores de la trágica situación a que fue llevada nuestra Patria”.

Sobre las cenizas de la JAE, y bajo la batuta de José María Albareda, miembro del Opus Dei más tarde ordenado sacerdote, se creó en 1939 el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Albareda propuso en un primer momento que se denominase Nacional en lugar de Superior, pero en cualquier caso el CSIC nació para intentar “la restauración de la clásica y cristiana unidad de las ciencias destruida en el siglo XVIII”, según la ley que lo creó el 24 de noviembre de 1939.

Aquel texto criticaba la supuesta “pobreza y paralización” de la ciencia en España durante el primer tercio del siglo XX. Franco decretaba el olvido de la JAE, una falta de memoria que se repitió de manera sorprendente en 2014, en el 75 aniversario del CSIC, cuando el organismo pasó de puntillas por su pasado de exilios y depuraciones en los actos de celebración. El actual presidente del CSIC es Emilio Lora-Tamayo, hijo de Manuel Lora-Tamayo, ministro de Educación con Franco y también presidente del CSIC, entre 1967 y 1971.

Con la llegada de la dictadura, “El origen de las especies” de Charles Darwin se convirtió en una obra totalmente prohibida. El ministro Ibáñez Martín incluyó pasajes del Génesis bíblico en algunos libros de Ciencias Naturales. La investigación de la evolución humana, que había empezado a despuntar gracias a la JAE, fue sustituida por Adán y Eva. La paleontología “se retrotraía hasta el Cuarto Concilio de Letrán”, organizado por el papa Inocencio III en el año 1215, según Castillo.

“Hay que reconocer que en esto el franquismo fue pionero: se adelantó decenas de años a la corriente creacionista tan en boga hoy en algunas universidades norteamericanas que afinan la inventiva para introducir sus teorías como avaladas por la ciencia”, ironiza el catedrático emérito.

“La falta de libertad de pensamiento y de expresión durante casi 40 años taró al país y lo convirtió en uno de los más subdesarrollados del continente en ciencia y en cultura general”, sentencia Castillo. El Auditorio de la Residencia de Estudiantes, una de las joyas de la JAE en Madrid y sede de importantes conferencias científicas internacionales, fue demolido parcialmente y se convirtió en una iglesia. “Si de las basílicas romanas surgieron las primitivas iglesias cristianas, por qué de un teatro o cine, en donde se pensaba ir ensuciando y envenenando, con achaques de cultura y de arte, a la juventud española, no puede surgir un oratorio, una pequeña iglesia para que sea el Espíritu Santo el verdadero orientador de esta nueva juventud de España”, escribió tras la Guerra Civil su arquitecto, Miguel Fisac, por entonces miembro del Opus Dei.

DOCUMENTACIÓN
El CSIC se olvida de su herencia franquista

Se celebra el 75 aniversario de la creación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Los actos pasan "de puntillas" por el exilio y la depuración de científicos por el régimen de Franco.
Nuño Domínguez | El País, 2014-11-24
http://elpais.com/elpais/2014/11/24/ciencia/1416857980_556372.html
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Y TAMBIÉN…
El "corazón" de la Residencia de Estudiantes

Un profesor encuentra la antigua biblioteca de la institución en la Universidad. La institución trata de recuperar parte de la biblioteca anterior a la dictadura, 2.300 libros hallados y catalogados por un catedrático en la Complutense.
Patricia Ortega Dolz | El País, 2011-03-29
http://elpais.com/diario/2011/03/29/madrid/1301397854_850215.html