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miércoles, 19 de mayo de 2021

#libros #feminismo | Alianzas rebeldes : un feminismo más allá de la identidad

Alianzas rebeldes : un feminismo más allá de la identidad / Clara Serra Sánchez, Cristina Garaizabal, Laura Macaya (coords.).

Barcelona : Bellaterra, 2021 [05-19].
250 p.

/ ES / ENS / Libros / Feminismo / Identidades / Interseccionalidad / Punitivismo / Sexualidad / Trans
📘 Ed. impresa: ISBN 9788418684111 / 17,00 €

[.es] Este libro es un ejercicio de libertad. Es una alianza rebelde entre distintas voces comprometidas con el valor la pluralidad y el disenso en el interior del feminismo. Frente a las falsas unidades impuestas, que siempre son excluyentes, y también contra el cinismo y la indiferencia, este proyecto asume que no hay uno sino muchos feminismos y que tenemos no solo la posibilidad de disentir con algunos de ellos sino el deber de explicar nuestras discrepancias. Las autoras y autores que participan lo hacen desde sus propias perspectivas, diferentes entre sí, pero aliadas en torno a un libro decididamente crítico que afronta los principales debates que atraviesan hoy a los feminismos y toma posición con respecto a ellos. La crítica al uso excesivo que algunos feminismos han hecho de las vías penales y de diversas formas de censura reúne a una serie de voces comprometidas contra algunas derivas dogmáticas y punitivas de ciertos discursos feministas. La defensa de perspectivas no culpabilizadoras ni moralistas en el ámbito de la sexualidad es el compromiso de una serie de textos que toman posición frente a discursos feministas centrados en el peligro sexual. La defensa de un feminismo en alianza con otros movimientos y luchas sociales -en alianza con las trabajadoras sexuales, las personas trans, las mujeres migrantes y otras tantas personas atadas a vidas precarias- aglutina a una serie de autoras que toman distancia con feminismos excluyentes. La crítica a los feminismos centrados en exclusiva en las mujeres como sujeto y la apuesta por un feminismo que nos reúna no por quiénes somos sino por las ideas y proyectos que deseamos defender en común es la idea que subyace a esta defensa rebelde de las alianzas en tiempos en los que parece tan difícil hacer política feminista más allá de la identidad.
 
👥 Autoría: Miriam Solá, Paloma Uría, Santiago Alba Rico, Paz Francés, Violeta Assiego, Laura Pérez Castaño, Miren Otrubay, Noemi Parra, Miquel Missé, Sejo Carrascosa, Nuria Alabao, Mamen Briz y Siobhan Guerrero.

  • ÍNDICE
  • 11 / Prólogo. Empar Pineda
  • 15 / Introducción
  • 25 / Agradecimientos
  • 29 / Primera parte. Debate, pluralidad y disenso. Contra la censura y la imposición de la unidad
  • 31 / 1. El feminismo surca aguas procelosas, Paloma Uría Ríos
  • 41 / 2. Más allá de nosotras mismas, Clara Serra
  • 57 / 3. Vivir en peligro, Santiago Alba Rico
  • 63 / Segunda parte. Transformación social y justicia versus castigo. Contra el punitivismo
  • 65 / 4. A la búsqueda de alternativas en la justicia desde los feminismos, Paz Francés
  • 79 / 5. Justicia feminista: la revolución inaplazable, Violeta Assiego
  • 91 / 6. Una institución feminista, Laura Pérez
  • 99 / 7. Violencia sexista: qué podemos esperar del derecho penal, Miren Ortubay Fuentes
  • 107 / Tercera parte. Un feminismo de la libertad. Contra normatividades sexuales, purezas y moralismos
  • 109 / 8. La violación o la vida: subjetividades punitivas, Laura Macaya Andrés
  • 123 / 9. El sexo en disputa. Relatos feministas sobre sexualidad, Cristina Garaizabal
  • 137 / 10. ¿La juventud está perdida? Jóvenes y sexualidad: entre el placer y el peligro, Noemi Parra Abaunza
  • 145 / Cuarta parte. Construir alianzas. Un feminismo más allá de la identidad
  • 147 / 11. No necesitamos aliados, Miquel Missé
  • 159 / 12. Dime cómo te identificas y te diré qué me chirría, Sejo Carrascosa
  • 167 / 13. Los hombres en el feminismo, Josetxu Riviere Aranda
  • 177 / Quinta parte. Redistribución y derechos para todas. Contra el capitalismo, las fronteras y la desigualdad estructural
  • 179 / 14. ¿A quién libera el feminismo? Clase, reproducción social y neoliberalismo, Nuria Alabao
  • 189 / 15. Un feminismo que defienda los derechos de todas, también de las prostitutas, Mamen Briz
  • 199 / 16. Trabajadoras del hogar y de los cuidados: el feminismo que habitamos, Mamen Briz
  • 209 / 17. Los feminismos de la hispanidad, Siobhan Guerrero Mc Manus
  • 217 / Bibliografia

lunes, 1 de marzo de 2021

#hemeroteca #libertadsexual #feminismo | Objeciones feministas al actual proyecto de Ley de libertades sexuales

Imagen: El País

Objeciones feministas al actual proyecto de Ley de libertades sexuales.

Resulta indefendible la introducción en el Código Penal de delitos sexuales que quedan establecidos volviendo inválido e irrelevante el consentimiento de las mujeres.
Cristina Garaizabal / Laura Macaya / Empar Pineda / Clara Serra | El País, 2021-03-01
https://elpais.com/opinion/2021-02-28/objeciones-feministas-al-actual-proyecto-de-ley-de-libertades-sexuales.html 

Quienes firmamos estas líneas consideramos que dentro de los feminismos existe una rica y poderosa genealogía de luchas por la emancipación que es hoy especialmente importante para hacer frente tanto a la desposesión y precarización generalizada que produce el capitalismo financiero global como a los proyectos reaccionarios que amenazan con recortar nuestros derechos y libertades. Necesitamos hoy un feminismo que apueste por políticas transformadoras fuera del abuso del código penal que caracteriza a la política conservadora, comprometido con ampliar nuestros márgenes de autonomía y libertad y que defienda los derechos de las mujeres más precarias y vulnerables.

Por ello, consideramos urgente y necesario destacar los problemas que en este sentido supone la aprobación del Anteproyecto de Ley Orgánica de Garantía Integral de la Libertad Sexual tal y como ha sido propuesto por el actual Gobierno de coalición. Encontramos en él una preocupante apuesta por el punitivismo, detectamos una deriva puritana que no hace más que reforzar los argumentos patriarcales de la sacralidad del sexo de las mujeres e identificamos medidas que van a suponer aun mayores obstáculos y dificultades para mujeres que ya sobreviven en condiciones de alta precariedad, como es el caso de las trabajadoras sexuales.

Este proyecto de ley es punitivo al suponer una ampliación de las conductas que pueden ser consideradas delitos, como es el caso del acoso sexual callejero, la tercería locativa y una nueva definición de proxenetismo no coactivo. Nos parece que un feminismo emancipador debe ser crítico con las formas tradicionales de ejercer el poder y con el endurecimiento de un sistema penal que siempre recae con más intensidad sobre las poblaciones más vulnerables. En cuanto a las formas de comportamiento sexista más leves que las mujeres pueden vivir —tanto en la calle como en otros espacios—, creemos que el feminismo está hoy en día capacitado para combatir el machismo a través de la educación, la pedagogía y la disputa cultural de los sentidos comunes, pero nunca colaborando en la construcción de un sentido común punitivo que solo puede acabar siendo funcional al avance de las derechas.

El abordaje penal de las violencias de género no se ha demostrado eficaz como estrategia de prevención del delito y no ha dado resultados significativos respecto a la disminución de los índices de violencia. Creemos que el feminismo tiene que apostar más por la transformación de las conductas que por la sanción y el castigo. Si algo sigue estando pendiente en las políticas públicas feministas es la puesta en marcha de políticas basadas en el fortalecimiento de la capacidad de agencia y de decisión de las mujeres. Esperamos por parte de un gobierno progresista la apuesta tanto por un derecho penal mínimo como por políticas decididas contra la pobreza, la precariedad y la falta de independencia económica de las mujeres. En este sentido nos parece preocupante la propuesta de un reforzamiento penal que no está basada en la eficacia y que parece tener más que ver con el derecho penal simbólico o las rentabilidades políticas del populismo punitivo.

Esta ley, de orden proteccionista y centrada en las “soluciones” penales, desatiende que el principal reto para ampliar la libertad de las mujeres es el de deshacer la tradicional estigmatización del deseo y el placer femeninos. En este sentido, la petición de un sexo explicitado que hace la ley, supuestamente purificado de todas las ambigüedades, dudas, inconsciencias o incluso malentendidos que forman inevitablemente parte de la negociación sexual, nos parece que no va a suponer una ampliación del margen de las mujeres para explorar los deseos con libertad, sino un contraproducente incremento de la regulación sexual en nombre de la seguridad. La definición de consentimiento recogida en el anteproyecto de ley, que establece que todo acto sexual en el que no se manifieste la voluntad expresa de participar en el mismo puede ser considerado delito, nos parece que refuerza la imagen patriarcal tradicional de la vulnerabilidad y la fragilidad femeninas. Esta manera de entender el consentimiento promueve una visión sacralizada e infantilizada de la sexualidad de las mujeres al impedirles elaborar, por sí mismas y al margen del proteccionismo estatal, estrategias para establecer límites sexuales ante conductas intrusivas de baja entidad.

Basándose en esta mirada victimizadora de las mujeres y en un excesivo proteccionismo estatal, se niega la capacidad de decisión de las trabajadoras sexuales al establecer como delito el proxenetismo no coactivo. Queremos manifestar nuestro rechazo a un texto legal que considera a las mujeres no aptas para otorgar consentimiento, dando por hecho que encontrarse en una situación de vulnerabilidad te convierte en alguien que no sabe lo que quiere. De nuevo creemos que la tarea de las instituciones ha de ser garantizar derechos para fortalecer, empoderar y ampliar la capacidad de negociación, pero nunca poner en duda la mayoría de edad de las mujeres. No creemos que las mujeres tengan siempre razón —como no lo creemos de los hombres—, pero, como feministas, combatimos el tradicional descrédito que el patriarcado ha hecho de la voz de las mujeres. En este sentido nos parece indefendible, y menos en nombre de lemas como “Yo sí te creo”, la introducción en nuestro código penal de delitos sexuales que quedan establecidos volviendo inválido e irrelevante el consentimiento de las mujeres. Manifestamos nuestra profunda preocupación por la posibilidad de que, en nombre del consentimiento de las mujeres, se apruebe un texto legal que supone la anulación del valor del consentimiento de las mujeres.

Laura Macaya
es especialista en intervención y diseño de políticas públicas en violencia de género. Activista en Proyecto X. Empar Pineda Erdozia es cofundadora de la Comisión proderecho al aborto y del Colectivo de Feministas Lesbianas de Madrid. Clara Serra es filósofa, profesora e investigadora de la Universidad de Barcelona y Cristina Garaizabal es activista feminista y psicóloga. Cofundadora del Colectivo Hetaira.

Firman además este texto Virginie Despentes. Escritora. Carolina del Olmo. Filósofa y escritora. Itziar Ziga. Activista feminista, periodista y escritora. Paloma Uría. Doctora y militante feminista y antifranquista de Asturias Raquel Osborne. Socióloga feminista. Miren Ortubay. Profesora de Derecho Penal. Dolores Juliano. Antropóloga feminista. Nuria Sánchez Madrid. Filósofa y profesora de la UCM. Maria Luisa Maqueda Abreu. Catedrática de Derecho Penal de la Universidad de Granada. Ruth Mestre i Mestre. Profesora de Filosofía del Derecho de la U.V. Nuria Alabao. Periodista y activista. Miguel Missé. Sociólogo y activista trans. Rosa Montero. Periodista y escritora. Alba Pez. Socióloga y militante feminista. Fefa Vila Núñez. Activista queer y profesora UCM. Mamen Briz. Periodista y activista feminista. Rommy Arce. Militante de Anticapitalistas. Marta Jiménez Jaen. Profesora de Sociología del género de la Universidad de La laguna. Noemi Parra Abaúnza. Profesora de Trabajo Social de la ULPGC. María Teresa Márquez González. Abogada y militante feminista Sara Rodríguez Pérez. Pedagoga y sexóloga. Belén González. Educadora social. Programa Por los Buenos Tratos- Acción en red Andalucía. Nerea Fillat. Editora y miembro de la Fundación de los Comunes. Isabel Cercenado Calvo. Activista feminista. Máster en Género y Políticas de Igualdad UV. Belén Gutiérrez García. Feminista y educadora infantil. Sejo Carrascosa Lopez. Activista marika. Lumagorri cisheteroaren aurkako taldea. Ester Pérez González. Periodista. Antonio Navarro Escudero. Miembro de la Ejecutiva Regional de CCOO Castilla la Mancha. Maria Victoria Delicado Useros. Profesora Titular de la Universidad de Castilla la Mancha. María Nebot. Profesora de Filosofía, activista feminista y ex Consejera de Igualdad del Cabildo GC. Santiago Alba Rico. Filósofo y escritor. Concha García Altares. Activista feminista, Cofundadora del Colectivo Hetaira. Josetxu Riviere. Especialista en trabajo en masculinidades e igualdad. Zelia Garcia, Periodista, consello redacción Andaina. Nanina Santos, Equipo redacción ‘ANDAINA, revista galega de pensamento feminista’. María López Montalbán. Educadora y exvicepresidenta de la Asamblea Regional de Murcia. Norma Vázquez García. Terapeuta feminista. Elo Mayo Cabero. Experta en políticas públicas de género. María Valvidares. Profesora de Derecho Constitucional Universidad de Oviedo. Mª Antonia Caro. Educadora social. Activista feminista. Josefina Jiménez Betancor. Enfermera. Activista feminista. Estefanía Acién González. Profesora de Antropología Social de la Universidad de Almería. Participante en la iniciativa #UniversidadSinCensura. Carmen Heredero. Feminista y sindicalista. Especialista en coeducación. Paky Maldonado López. Psicóloga, orientadora educativa, docente LGTBI

viernes, 6 de marzo de 2020

#hemeroteca #feminismo #sexualidad | Ese oscuro objeto de deseo

Imagen: ctxt
Ese oscuro objeto de deseo.
La censura no puede ser un instrumento de lucha feminista, y el Código Penal no es un buen aliado de las mujeres.
Cristina Garaizabal | ctxt, 2020-03-06
https://ctxt.es/es/20200302/Politica/31266/sexo-deseo-feminismo-codigo-penal-cristina-garaizabal.htm

‘El deseo de las demás es cutre, amigas, el mío no’. Con esta irónica afirmación, cinco bolleras del Colectivo de Feministas Lesbianas de Madrid presentamos en 1988 una ponencia cuyo contenido sigue teniendo vigencia.

El objetivo era cuestionar posiciones feministas que abogaban por la censura de la pornografía. Estábamos en contra de la censura y discrepábamos de un análisis simplista de la sexualidad que consideraba las fantasías sexuales como una expresión de las prácticas reales y despojaba el impulso sexual de la carga de deseo, de simbolismo y de relación con el inconsciente que tiene. Pues bien, por desgracia, muchas de estas ideas siguen presentes y han alcanzado una magnitud muy superior a la que entonces tenían. Hoy sigo creyendo que la censura no puede ser un instrumento de lucha feminista, y el Código Penal no es un buen aliado de las mujeres.

Me gustaría hablar de sexo, del deseo, de sus aspectos oscuros, violentos y tenebrosos, que podría parecer que choca con nuestros ideales feministas, pero que nos producen un intenso placer. ¿Qué significan? ¿Qué hacemos con ellos? ¿Son solo producto del heteropatriarcado? No lo creo: podemos transitarlos, gestionarlos y jugar con ellos y no flagelarnos o reprimirlos. El deseo no tiene género; las mujeres cis no tienen deseos y fantasías muy diferentes de los de los hombres cis ni los de las personas trans. La ética y los valores que intentamos que guíen nuestras vidas no pueden servir para juzgar nuestros deseos, sino para orientar nuestro comportamiento. Porque el problema está en cómo gestionamos nuestros deseos, qué hacemos con ellos, cómo los movemos. Lo que en realidad importa son nuestras actuaciones, ya que son las que pueden resultar opresivas, denigrantes, discriminatorias.

En los primeros análisis feministas, pusimos mucho énfasis en la crítica a la desexualización de las mujeres. La ideología heteropatriarcal decía que la sexualidad femenina era menos explícita, más difusa y a las mujeres se nos colocaba en el papel pasivo, esperando siempre que la iniciativa la tomara el otro (un hombre por supuesto), dejándonos a nosotras el papel de consentir o no. Muchas no nos sentíamos del todo reflejadas en esas descripciones, pero las generalizábamos, sin tener en cuenta que una cosa son los mandatos hegemónicos y otra muy diferente es qué hacemos con ellos. Hoy las cosas han cambiado mucho en este terreno y la diversidad se ha hecho más visible. Teniendo esto en cuenta, ¿podemos decir que todas las mujeres tenemos las mismas vivencias sexuales? ¿Se puede generalizar la idea de que las mujeres somos seres menos sexuales? Y aún más, ¿podemos considerar que existe una sexualidad feminista? ¿Hemos de hacer bandera de determinadas prácticas sexuales frente a otras? Desde mi punto de vista, contestar afirmativamente a estos interrogantes implica seguir estableciendo nuevas normas que estigmatizan a aquellas sexualidades disidentes, con los sufrimientos que esto provoca a quienes las practican. Por otra parte, ¿quién determina cuál es la sexualidad feminista y en nombre de qué principios?

Al hablar de la sexualidad, hay que diferenciar muy claramente la sexualidad de las agresiones sexuales. Agredir se puede hacer a través de la sexualidad y de cualquier otra faceta del comportamiento humano, y lo que define una agresión es la imposición mediante la violencia o la intimidación de la voluntad de una persona sobre otra. Resulta, por ello, preocupante que, para hacer hincapié en que se ha producido una violación, se condene también, a veces, el acto sexual en sí y no solo la ausencia de consentimiento. Así ha ocurrido en las movilizaciones contra la sentencia de la ‘manada’ de Pamplona, cuando algunos sectores del feminismo aseguraban con gran convicción que ninguna mujer puede consentir tener sexo con un grupo de chicos. También en la sentencia del caso Arandina el énfasis se ponía en afirmar que se trataba de sexo entre una menor y hombres adultos. Y en el caso de las trabajadoras del sexo, se considera nuevamente que ninguna mujer puede consentir dedicarse a ello voluntariamente. No es esta mi opinión. Creo, por el contrario, que puede ser legítimo tener sexo con varios hombres o que una chica de 15 años lo tenga con un chico de 18 o que haya mujeres que decidan dedicarse al trabajo sexual. Siempre que las prácticas sexuales sean consentidas, no tengo nada que objetar.

Y no hay que olvidar que la sexualidad y todos los comportamientos humanos tienen una estrecha relación con la agresividad. La agresividad forma parte del ser humano y negarlo no es buen punto de partida. En cambio, aceptarla en nosotras y jugar con ella en el sexo, en el deporte, en nuestras fantasías, etc. nos ayuda a gestionarla, a transitarla, a modularla y a elaborarla para evitar así, en muchos casos, convertirnos en personas violentas.

Qué hacer con la pornografía y especialmente cuando acceden a ella menores
En primer lugar, la afirmación de que existe una relación causa-efecto entre la pornografía y el aumento de la violencia es más que discutible. Me parece también discutible aceptar el porno escrito pero no el filmado “porque en este último hay mujeres reales implicadas” o defender determinadas prácticas violentas en las que se juega con el poder y el control cuando el sexo es entre mujeres, pero condenarlas en las relaciones heterosexuales porque, como algunas dicen, “entre un hombre y una mujer el poder difícilmente puede ser un juego”.

Ahora bien, creo que lo que nos inquieta realmente es saber qué pasa cuando son los menores quienes acceden a la pornografía y la influencia de esta en la construcción de su sexualidad. Ante este problema, intentar prohibirles el acceso no es la solución, entre otras cosas, porque parece algo imposible. En mi opinión, la solución pasa porque entiendan que el porno es fantasía y que la realidad va por otros derroteros. La educación en valores, el respeto a los deseos de la otra persona, romper los tabúes que aún hoy rodean la sexualidad y que impiden hablar abiertamente de ella son la vía para evitar las consecuencias indeseadas que puede tener su consumo en adolescentes.

La censura para combatir los contenidos artísticos que se consideran machistas
La libertad de expresión y, más en general, la lucha por las libertades y la igualdad de derechos son valores fundamentales en los que deberían asentarse las propuestas feministas. La lucha por las libertades está intrínsecamente ligada a la lucha por las transformaciones sociales y económicas. La libertad para poder ser, para pensar y para decidir tiene que ser uno de los ejes centrales del pensamiento feminista. Prohibir las actuaciones de determinados artistas porque sus obras nos parecen machistas me parece un camino peligroso, especialmente en la actualidad, cuando vamos viendo ciertas derivas antidemocráticas y autoritarias por parte del Estado y una derecha cavernícola que basa su acción precisamente en el recorte de las libertades y en las prohibiciones. Además, ¿quién decide lo que se considera machista? ¿Canciones que exaltan el sexo duro y explícito? ¿Por qué esto es machista? Quizás porque se parte de que son canciones dirigidas a los hombres y que ninguna mujer puede sentirse interpelada por ellas desde una posición activa y empoderada. Así se vuelve a caer una vez más en la idea de que la sexualidad explícita es una agresión a las mujeres, ya que la sexualidad femenina es más sensual que sexual y está siempre ligada al amor.

Pero, incluso aunque estemos ante una producción artística claramente machista, la solución no es la censura. La solución pasa por convencer y discutir críticamente estos contenidos, no por recortar la libertad de expresión. Creo que esta libertad solo puede ser limitada cuando incita abiertamente a la violencia. Incluso la incitación al odio me suscita dudas.

La generalización de la idea de que “los espacios públicos de las ciudades son muy peligrosos porque nos violan y nos matan”
Entre los buenos propósitos de denunciar y alertar a las mujeres sobre la violencia sexual a veces se cuelan determinados mensajes que no ayudan a reforzar nuestra capacidad de agencia en este terreno. Por el contrario, desatan el miedo en las mujeres, paralizan, bloquean la iniciativa e impiden la toma de decisiones. Parto de que las vivencias sexuales son complejas y más para quienes habitamos la categoría mujer. En muchas mujeres, como dice Carole S. Vance en el libro ‘Placer y peligro’ (Ed. Revolución, Madrid, 1989), las vivencias sexuales son claramente contradictorias, moviéndose entre el placer que la sexualidad provoca y el peligro que suscitan las consecuencias indeseadas: los embarazos, las infecciones, las agresiones sexuales, pero también, y esto es muy importante para nuestro horizonte feminista, la sensación de miedo y peligro que nos puede provocar salirnos de la norma y desear aquello “prohibido” por la ideología heteropatriarcal.

La acción feminista no puede basarse solo en alertar de los peligros, tiene que apostar muy claramente por el placer y la libertad sexual, especialmente para las mujeres. La lucha contra las agresiones pasa por desarrollar nuestra capacidad de agencia en este terreno, por desarrollar nuestra autonomía, por tomar el espacio público y hacernos visibles como seres sexuales, por ir vestidas como nos apetezca y educar a las personas en que eso no implica que vayamos “buscando guerra”, muchas veces nos gusta tan solo ser miradas porque cuando se quiere ligar, además de la manera como se va vestida se ponen en danza otras señales. Esta es la acción principal y no seguir tipificando como delito, calificándolas como agresiones, todas aquellas conductas que nos resultan molestas. Como quiere hacer la ministra de Igualdad, Irene Montero, proponiendo un nuevo delito cuando en los espacios públicos se realicen “proposiciones, comportamientos o presiones de carácter sexual que, sin llegar a constituir un trato degradante ni atentado contra la libertad sexual, crean para la víctima una situación intimidatoria” (El Periódico 23/01/2020). No podemos convertir en delito todo aquello que nos molesta, el camino es afirmarnos y enfrentarnos a ello.

Azuzar los miedos no es el camino. La vida es riesgo, y el ejercicio de la libertad puede llevar a correr ciertos riesgos: saberlo, ver si podemos afrontarlos, estar preparadas, autoprotegernos… pero no renunciar a la libertad. La protección es necesaria en algunos casos, pero hemos de ser conscientes de que esta protección se puede contraponer a la libertad y anularla. ¿Cuándo reclamar leyes que nos protejan? ¿Cómo formular aquello que precisa claramente de una respuesta penal, por ejemplo la violación? ¿Qué competencias le otorgamos al Estado? En todos estos debates, partir de una sana desconfianza hacia el proteccionismo estatal me parece imprescindible. Quizás porque sé lo que significó vivir en la sociedad franquista en la que, con la excusa de protegernos, se nos impedía ejercer nuestra libertad.

Agresiones sexuales: el consentimiento. Solo sí es sí
A partir de la sentencia de la ‘Manada de Pamplona’ se ha puesto sobre el tapete la necesidad de reformar el Código Penal en lo relativo a las agresiones sexuales. ¿Es realmente necesario? ¿Es el Código Penal lo que está mal o es su aplicación? La necesidad de esta reforma se argumenta haciendo especial hincapié en el consentimiento, lo que me parece correcto, pero siempre que se tenga en cuenta que el consentimiento es un tema con muchas aristas, su plasmación legal no es fácil y, según cómo se formule, podemos volver a escrutar más a la víctima que al acusado. En los debates actuales vuelven a aparecer algunas ideas cuestionables. En su definición, consentir es “asentir con conocimiento, permitir algo sabiendo de lo que se trata” (como se puede ver la iniciativa de la acción recae sobre el otro). No hay problema si lo consideramos en sentido general. Ahora bien, ¿qué pasa cuando se utiliza fundamentalmente para expresar la voluntariedad o no de las mujeres en una relación sexual? Porque parece que la facultad de consentir es patrimonio exclusivo de las mujeres. Esta preocupación aumenta cuando acaba expresándose mediante la consigna “solo sí es sí”.

El feminismo mayoritario aboga últimamente por cambiar el “NO es NO” por la consigna de “Solo SÍ es SÍ”. Este cambio se presenta como una manera de hacer hincapié en la falta de consentimiento de la víctima en el delito de violación, y tenemos sobre el tapete una ley sobre las libertades sexuales basada en ello, según ha declarado Irene Montero, ministra de Igualdad. ¿Qué implica este cambio? En primer lugar, parece que se parte de que, en el caso de las mujeres, lo habitual frente a la sexualidad es el NO y, salvo que sea muy explícito el SÍ, no hay consentimiento. Nuevamente se vuelve a reproducir la idea de que la sexualidad no va con las mujeres, dando por buena la contención sexual de muchas mujeres y estigmatizando a todas aquellas que se muestran sexualmente explícitas y activas.

Por otra parte, parece presuponerse que a las mujeres les cuesta decir NO. Quizá a algunas les cueste, pero la solución es aprender a poner límites, no pedir al Estado que los ponga por nosotras. Generalizar esta intervención del Estado y partir de ello es esencializar la categoría mujer y colocar a estas como seres vulnerables, incapaces de expresar lo que queremos. Pero más allá de las ideas de fondo, ¿cómo puede llevarse esto a la práctica? La necesidad de expresar “la voluntad expresa de participar en el acto sexual”, como se plantea en el borrador de la nueva Ley del Ministerio de Igualdad, parece difícil de llevar a la práctica. ¿Se tiene que consentir cada acto? ¿Ha de preguntarse a cada paso si se consiente y si no se pregunta es una agresión? ¿El deseo siempre se expresa claramente en un SÍ o un NO? Es posible que estas prevenciones acaben matando el deseo y el juego sexual. La falta de consentimiento ha de quedar suficientemente demostrada cuando exista violencia o intimidación y no parece justificado que se plantee que hay violación cuando no se den esas circunstancias. Además, con esta argumentación, también el ejercicio de la prostitución podría ser considerado delito.

Me preocupan estas ideas, sobre todo cuando se dicen al calor de la reforma del Código Penal en lo referente a las agresiones sexuales y especialmente cuando se menciona Suecia como modelo. Allí han reformado su Código Penal y han plasmado legalmente el “Solo sí es sí” introduciendo el concepto de “violación negligente”, por la que el autor podrá ser condenado porque debería haber sido consciente de que la otra persona no consentía, siendo suficiente con que el fiscal pruebe “que las circunstancias eran tales que el autor debió haber entendido que no había consentimiento”. ¿Ayuda esto realmente a reforzar la capacidad de decisión de las mujeres (1)? Estamos ante una reforma del Código Penal en la que lo que está en juego es la privación de libertad y los años de cárcel. Al afán punitivo de una parte del feminismo se une un nuevo puritanismo que reproduce la posición femenina menos sexual y más pasiva.

Por último quisiera mencionar otro problema que frecuentemente surge cuando hablamos de la defensa de las libertades. A Hetaira, colectivo en defensa de los derechos de las prostitutas fundado en 1995, muchas veces se le acusaba de neoliberal cuando defendía las decisiones de las trabajadoras sexuales, porque se decía que la libertad era un privilegio al que solo podían aspirar las clases altas, ya que “las mujeres pobres no podían decidir”. Nada más equivocado y tergiversador. Por el contrario, creo que la idea de que la pobreza impide la toma de decisiones no deja de ser una manera elitista y autoritaria de situarse por encima del resto de personas para decidir por ellas qué es lo que más les conviene. Esto es lo que sucede, por ejemplo, en el debate del trabajo sexual. Soy de la opinión de que todas las personas tenemos capacidad para decidir sobre nuestras vidas, aunque las posibilidades de ejercer esta capacidad no sean iguales para todas. Y de lo que se trata es de apostar porque esta pueda ampliarse precisamente en aquellos sectores de la población que están más marginados y excluidos de la riqueza y de los derechos de los que gozan el resto.

Apuesto por un feminismo inclusivo, radical, que cuestione las estructuras que reproducen la desigualdad, la exclusión y la marginación; que defienda firmemente las libertades para toda la ciudadanía y amplíe los márgenes de decisión de aquellos grupos más marginados y oprimidos; que tenga como centro a las personas excluidas y discriminadas por el sistema de géneros binarios; que apueste firmemente por la libertad sexual, sin moralinas o normativas que estigmatizan; y que tenga especial preocupación por los sectores más empobrecidos y excluidos del reparto de la riqueza.

––––––-
1. Eithne Dowds, profesora de Derecho de la Queen’s University en Belfast, plantea que en la práctica a la hora de demostrar si hubo o no consentimiento, se puede acabar escrutando más a la víctima que al acusado.

Cristina Garaizabal es activista feminista. Cofundadora del Colectivo Hetaira.

sábado, 10 de octubre de 2015

#hemeroteca #medios #prostitucion | El Gobierno sigue el camino de Zapatero y no obliga a los medios a eliminar los anuncios de prostitución

Imagen: El Diario
El Gobierno sigue el camino de Zapatero y no obliga a los medios a eliminar los anuncios de prostitución.
Se ha limitado a "promocionar la suscripción de códigos de autorregulación" para los periódicos, que ingresan por este concepto unos 40 millones al año. El Consejo de Estado instó en 2011 al Estado a aprobar una ley que los eliminara. El actual Gobierno no lo ha hecho en su reciente Plan contra la Trata.
Marta Borraz | El Diario, 2015-10-10
http://www.eldiario.es/sociedad/Gobierno-medios-eliminar-anuncios-prostitucion_0_439206991.html

"Ojalá desaparecieran". Eso manifestó el ministro de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Alfonso Alonso, respecto a los anuncios de prostitución que publica la prensa cuando presentó el "Plan contra la Trata con fines de explotación sexual de mujeres y niñas para el periodo 2015-2018" el 23 de septiembre. A pesar del interés que mostró en que este tipo de publicaciones sean eliminadas, el Gobierno se ha limitado a "promocionar la suscripción de códigos de autorregulación" por parte de las publicaciones.

Con ello, ha renunciado a prohibirlos expresamente, como ya hizo en su día el Gobierno de Zapatero, y lo ha dejado en manos de los propios medios, a pesar de lo que reivindican algunos de los colectivos que trabajan con mujeres víctimas de la trata de personas con fines de explotación sexual. De hecho, el Consejo de Estado emitió un informe en marzo de 2011 en el que se instaba al Estado a aprobar una ley específica que posibilitara la prohibición o "limitación severa", ya que la autorregulación "se ha demostrado insuficiente y baldía", concluía el documento.

Varias organizaciones defienden la eficacia de esta medida porque sostienen que detrás de los anuncios de prostitución, "se esconden, en la mayoría de los casos, mujeres que son forzadas y coaccionadas para ejercerla", asegura Rocío Nieto, presidenta de la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (APRAMP). Partiendo de esta premisa, este tipo de publicaciones alentan, a ojos de Ángeles Álvarez, portavoz de Igualdad del PSOE en el Congreso, "una práctica que es delictiva". Pero lo cierto es que no existen datos fiables al respecto y la opinión está dividida.

Otras voces, como el colectivo Hetaira, consideran que "la gran parte de mujeres que se anuncian en esas páginas ejercen la prostitución de forma voluntaria", sostiene Cristina Garaizabal, una de sus fundadoras. Hace hincapié, además, en la "necesidad de separar prostitución voluntaria y trata con fines de explotación sexual". Una realidad que vulnera los derechos humanos de alrededor de 4,5 millones de personas cada año, la mayoría mujeres y niñas, según calcula la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

"Una medida vacía"
En la presentación del plan contra la trata, que el Gobierno ha tardado tres años en actualizar (hasta ahora usaba el de Zapatero, que finalizaba en 2012), Alfonso Alonso aseguró que el Ministerio negociará "con los medios" y "no contra" ellos. "Se ha considerado que es la medida más sensata para conseguir la erradicación de este tipo de anuncios, debemos sentarnos con ellos y negociar fórmulas", cuentan a eldiario.es fuentes del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

Esas medidas ya fueron propuestas por el Consejo de Estado, a petición del Gobierno del PSOE, hace más de cuatro años. En su informe recomendaba que la prohibición no se llevara a cabo mediante el Código Penal, sino con "una norma legal distinta de la Ley General de Publicidad y que tuviera como objeto exclusivo la prohibición de la publicidad de prostitución". Un negocio con el que en 2007 (últimos datos disponibles), los medios ganaban 40 millones de euros al año, y al que renunciaron algunos como Público, La Razón o 20 Minutos.

El Consejo de Estado argumentaba para ello que los anuncios "contribuyen a que perviva la idea de la mujer como un mero objeto", pueden vulnerar los derechos de los menores porque los medios "cuentan con una presencia relativamente amplia y un acceso fácil sin restricciones de edad" y "pueden encubrir fenómenos vinculados a la trata de seres humanos".

A pesar de ello, el Gobierno no ha dado el paso y ha renunciado a su prohibición. En este sentido, tanto APRAMP como la Comisión para la Investigación de los Malos Tratos a Mujeres coinciden en que la propuesta por el Gobierno "es una medida vacía de contenido" y lo que pretende el Partido Popular con ella "es eludir el tema", denuncia Sara Vicente, abogada y responsable del programa de prostitución de la comisión.

Los socialistas tampoco lo hicieron
"Es algo muy grave porque es frecuente que en estos anuncios el mismo teléfono se repita en varios diferentes", denuncia Vicente, "lo que evidencia que tras estas mujeres que aparentemente se publicitan a título individual hay una mafia". Sin embargo, los colectivos coinciden en que el Ejecutivo no ha querido prohibirlos porque "no quiere tener en contra a los medios de comunicación, que obtienen jugosos ingresos", de hecho, "el Gobierno socialista no lo hizo por la misma razón", explica la abogada.

En 2011, Bibiana Aído, entonces secretaria de Estado de Igualdad y antes ministra, impulsó una propuesta con el objetivo de acabar con estos anuncios para "proteger a las personas de la explotación sexual", pero finalmente acabó quedándose en nada. "El PSOE articuló el sistema contra la trata y no pudo poner en marcha todas las medidas, le tocaba avanzar al PP y no lo ha hecho", afirma la diputada Ángeles Álvarez, que apuesta por la prohibición, "en primer lugar, porque normalizan el acceso al cuerpo de otra persona por medio de dinero".

El debate está abierto. Para Garaizabal, el veto de los anuncios "corta el derecho de las mujeres a captar clientes, convierte en clandestino su trabajo e impone la doble moral imperante: que la prostitución no se vea, no se lea, pero sigue existiendo". Ya en 2011, el colectivo Hetaira mostró su disconformidad con la medida: "La trata es ilegal, ¿cuándo hemos visto que algo ilegal se anuncie?", se pregunta Garaizabal.

jueves, 8 de octubre de 2015

#hemeroteca #pr* | “El concepto de trata se ha construido como forma de control de la migración femenina”

Imagen: Pikara / Gail Petherson, Emilia Arias y Cristina Garaizabal
“El concepto de trata se ha construido como forma de control de la migración femenina”.
Una jornada sobre derechos humanos, trabajo sexual y trata organizada por Hetaira reunió en Madrid a dos referentes del activismo por los derechos de las prostitutas: Cristina Garaizabal y Gail Pheterson. Conversamos con ellas sobre el estigma ‘puta’, sobre las normas que criminalizan a los clientes, y las dejamos discutiendo sobre cómo enfocar la lucha contra la trata.
Amanda Andrades | Pikara, 2015-10-08
http://www.pikaramagazine.com/2015/10/prostitucion-trata-pheterson-garaizabal/

A finales de los ochenta, Cristina Garaizabal descubrió los textos de Gail Pheterson y se empeñó en que la editorial Talasa los publicase. Así vieron la luz ‘Nosotras las putas’ y ‘El prisma de la prostitución’. En 2013 publicó ‘Mujeres en flagrante delito de independencia’ en Bellaterra.

Cristina Garaizabal es una de las fundadoras del Colectivo Hetaira, la primera organización en España de defensa de los derechos de las trabajadoras sexuales. Pheterson fue una de las invitadas en su presentación en sociedad.

Ambas llegaron a la prostitución desde el movimiento feminista. Para Garaizabal, este oficio era lo peor que podía sucederle a una mujer. Poco a poco, las putas que conoció y de las que se hizo amiga le hicieron entender que muchas lo habían elegido. A Pheterson ya en los setenta le intrigaba la división existente entre las mujeres. Quería averiguar cómo el racismo, el antisemitismo, la homofobia, etcétera obstaculizaban las alianzas. Y cómo hacer para crearlas. Una de ellas debía ser con las trabajadoras sexuales.

Garaizabal y Pheterson coinciden en ideas. Disienten, a veces, en estrategias. Se quitan las palabras de la boca con la pasión que da ser aliadas.

P. ¿Qué habéis aprendido de vuestro trabajo con las prostitutas?


G.P. Que todas las mujeres tenemos en común ser vulnerables al estigma de puta desde el momento en que transgredimos los códigos de género. En el caso de las trabajadoras sexuales, está inscrito incluso en las leyes y en las prácticas policiales y judiciales.

C.G. Reconocer que ese estigma funcionaba para que nosotras mismas reprimiésemos nuestra sexualidad. Cuando descubres un deseo nuevo lo primero que se te viene a la cabeza es: ¿Seré una puta? ¿Estaré traspasando la línea roja de las buenas mujeres a las que la sociedad protege? Además, cuando dejamos de ver a las prostitutas como seres victimizados, pudimos ver su fuerza, sus estrategias de empoderamiento, de autonomía, de persecución de sus propios objetivos… en situaciones, a veces, bastante duras.

P. ¿Cuáles son las causas de esa estigmatización?


C.G. Está muy relacionado con una sociedad heteropatriarcal, que sigue juzgándonos en función de nuestra sexualidad. El estigma de puta sirve como castigo preventivo para evitar que salgamos del buen camino. En el caso de las trabajadoras sexuales migrantes, se complica aún más, ya que este permite recortar su libertad de movimiento. Como cualquier mujer con una determinada apariencia y extranjera es susceptible de ser víctima de trata, se impide su entrada. Ahí, por lo tanto, la discriminación ya no es solo ideológica, sino también legal.

G.P. Tal y como me dijo una trabajadora sexual en San Francisco, “no quieren que tengamos dinero. Que podamos movernos, disfrutar. Dependen de nosotras y quieren tenerlo todo. Quieren obtener todos nuestros servicios sin que podamos ver los beneficios”. El estigma es una forma de decirnos que no tenemos libertad sobre nuestros cuerpos. Es un castigo a la independencia, a ser seres humanos. No tenemos aún ese estatus.

C.G. Lo que más asusta de ellas es esa libertad. El que se muestren sexuales de manera activa y sean, además, las que incitan. En el imaginario heteropatriarcal la iniciativa ha de ser masculina. Los servicios sexuales por parte de las mujeres están muy generalizados. Ahora bien, la diferencia es que las putas buscan ganar dinero con ello. Son ellas las que ponen las condiciones y dicen el precio. No ellos. El estigma se agudiza para aquellas que captan su clientela en la calle. Si son estas las que aparecen siempre como las mayores víctimas, es porque son las más peligrosas. Provocan, incitan y se muestran abiertamente en el espacio público. Su persecución tiene que ver, por tanto, con la ocupación de este por parte de las mujeres.

P. En Hetaira proponéis como solución a los conflictos que pueden surgir con la prostitución de calle la negociación colectiva. ¿En qué consiste?


C.G. Lo primero que hay aclarar es que capta –e insisto, capta- a su clientela en la calle. No se ponen en una esquina a hacer actos sexuales, aunque las protestas parezcan, a veces, motivadas por ello. Para nosotras la única salida la negociación. No solo con el trabajo sexual. Estamos en sociedades cada vez más diversas y cómo utilizar el espacio público no tendría que ser una prerrogativa exclusiva de los políticos. Estos los que están haciendo es privatizarlo.

P. Y en Francia, Gail, ¿cuál es la situación?

G.P. En general, muy difícil. Se han dado dos grandes debates: la penalización de los clientes y la captación pasiva. Es decir, el ir y venir, el estar en la calle. El Senado ha reintroducido esto último como delito en la legislación. Si una mujer es identificada como trabajadora sexual, esa es ya una razón para recibir una multa.

P. No se ha penalizado, sin embargo, a los clientes como demandaba una parte del movimiento feminista.

G.P. Es ahí donde las voces feministas más escuchadas por los medios o con más poder institucional no están para nada informadas, no son solidarias. Si piensan en un cliente, ven a Strauss-Khan. Cuando, en realidad, puede ser cualquiera. Además, no se plantean a quiénes ha de dirigirse la policía para encontrar a los clientes. Puesto que no van a perseguir a los hombres durante su día a día, hostigarán a las mujeres en la calle.

P. ¿Hay una culpabilización del cliente?

C.G. Es el gran villano de las normativas municipales. Esta posición viene de un sector del feminismo para el que los hombres son malos, tienen una sexualidad terrible y buscan, por tanto, oprimir sexualmente a las mujeres. Eso es falso. Hay muchos tipos de clientes, según cuentan las propias trabajadoras. Es la estigmatización de la prostitución y el no reconocimiento de sus derechos lo que la convierten en un terreno muy propicio para las actitudes machistas. Ahora bien, la solución no pasa por penalizar al cliente. Eso implica penalizar a la prostituta.

P. ¿Por qué?

C.G. La prostitución es cosa de dos. Tú ofreces algo y tienes que tener quien te lo compre. La penalización de los clientes lleva, además, en la práctica, a una mayor rapidez en los tratos sobre el dinero y los actos sexuales, debido al miedo de estos. Ellas pierden, por tanto, capacidad de negociación. Además, las obliga a trabajar en sitios más alejados e inseguros, con lo que aumenta la posibilidad de agresiones.

P. ¿Qué opinas de las campañas municipales para persuadir a potenciales clientes?

C.G. Las basadas en la idea de que si pagas, estás comprando el cuerpo de una mujer, colaboran en la reafirmación del ideario patriarcal de que con una trabajadora del sexo se puede hacer lo que dé la gana. Debilitan la idea de que es un trabajo pactado entre dos seres adultos que deciden cuáles han de ser las condiciones. Refuerzan la idea de que se va de prostitutas para abusar de ellas. Luego, están afirmando que con las prostitutas sí se puede.

P. ¿Qué negocian las trabajadoras del sexo?

C.G. Actos sexuales pactados y tipificados con un precio diferente cada uno.

G.P. Está muy claramente definido. Mucho más que en las relaciones en las que no está tarifado. Hago esto, esto no. Se paga por adelantado.

C.G. Quienes afirman que se está comprando a alguien no conocen el mundo de la prostitución. Parecería como si no hubiese unas reglas previas. Las cuales ya me gustaría que existiesen en las relaciones heterosexuales. Ojalá el nivel de pacto entre las personas fuese tan claro como en este ámbito.

G.P. De hecho, un análisis feminista sobre esta cuestión muestra que existe un continuo. En el caso de las mujeres que no son pagadas, también existe la negociación todo el tiempo. En todas las relaciones heterosexuales se da, pero está tan mistificado como el amor.

P. ¿Qué consecuencias tienen las actuales políticas contra la trata con respecto de los derechos de las mujeres?

C.G. En España, están consiguiendo volver invisibles a las trabajadoras sexuales por decisión propia. Están absolutamente escoradas y situadas en un lugar inadecuado, la prostitución. Parece como si solo existiese trata en este ámbito y con mujeres y niñas. Siempre las mujeres al lado de las niñas, bien infantilizadas. Algo que no es baladí, sino una manera de recortar nuestra capacidad de decisión al compararnos con niñas.

P. ¿Habrá tenido también aspectos positivos?

C.G. Sí, por ejemplo, el plan español contra la trata incluye una serie de derechos y servicios sociales para las víctimas. Ahora bien, estos deberían de ser independientes del sexo de la persona y de la finalidad que se persiga con este delito. Los estudios de la Organización Internacional del Trabajo sobre trabajo forzoso hubieran sido una buena orientación. Según esta organización, la prostitución es solo uno de los ámbitos en los que se pueden dar situaciones de trata. De acuerdo a sus estudios, solo uno de cada nueve casos se da en el trabajo sexual. Es muy importante, por tanto, que se redefina el concepto de trata que empleamos.

P. ¿Cuál es este?

C.G. Ahora se aplica a toda mujer que ejerce la prostitución. En especial, si es inmigrante. Esto tiene un efecto perverso. La ONU afirma que una de cada siete prostitutas es víctima de trata. Al exagerar las cifras se diluye la gravedad de que a alguien le engañen, le rapten, le quiten el pasaporte… Me da igual que sea a mujeres en clubes o a hombres en el campo o en la construcción. Sociedades basadas en los derechos humanos no deberían de tolerarlo.

P. Si los datos desmienten la identificación entre trata y prostitución, ¿de dónde surge esta?

C.G. El concepto de trata, tal y como se ha construido, ha recogido lo más patriarcal de la idea de la trata de blancas. Se ha configurado, por tanto, como forma de control de la migración femenina y de la prostitución. Las posiciones abolicionistas han ganado frente a las pro-derecho en las instituciones internacionales [esta entrevista se realizó antes de que Amnistía Internacional anunciase su postura a favor de la despenalización]. Ha vencido la tendenica a hablar solo de trata con fines de prostitución.

G. P. Existe una contradicción en la definición de la trata. Un análisis de la realidad de la migración femenina nos lleva a ver algo diferente. En general, hay un contrato para viajar. Puede no ser muy legal, pero es de mutuo acuerdo. Las mujeres firman porque quieren viajar. A su llegada, tal vez se ven obligadas a trabajar en un club, cuando ellas creían que iban a ser trabajadoras domésticas. Esto es un delito y, por lo tanto, ahí ya es posible intervenir. En otras ocasiones, sabían que venían a trabajar en prostitución, pero descubren que las obligan a tener demasiados clientes, a no usar condón, etcétera. Ahí, también hay un delito. Entonces, ¿por qué no utilizar los instrumentos que ya existen? Se trata de permitir que estas mujeres puedan decir “quiero estar aquí, pero con otras condiciones”. Si el movimiento feminista y de trabajadoras sexuales nos lo planteásemos así, podríamos reivindicar que el problema está en que no pueden venir legalmente.

C.G. Estoy de acuerdo en la dificultad de utilizar un concepto que hemos cuestionado, pero creo que este se ha extendido de tal manera que la única forma de acabar con él es su redefinición. El problema no es el concepto, sino cómo se ha tipificado.

G.P. Ya, pero eso ya lo dijimos hace 25 años. No sé ya el número de veces que he estado en conferencias sobre este tema. Y no ha funcionado. En los medios de comunicación y en la opinión pública sigue pesando más ese concepto de trata igual a prostitución. Y una de las razones es que las ONG reciben cada vez más dinero. Hay un enorme esfuerzo por fortalecer esta idea. ¿Por qué? Porque de ello depende el control de las migraciones. Y las feministas debemos luchar por el derecho a migrar.

C.G. Estoy de acuerdo con tu análisis, pero creo que no tienes en cuenta que sí que hay personas que son esclavas, que realizan trabajos forzosos. Es decir, que no solo no tienen derechos laborales, sino tampoco control sobre sus vidas.

G.P. Para eso hay ya leyes…

C.G. Eso es lo que la OIT define como trata y es lo que debería de ser.

G. P. ¿Por qué necesitamos ese concepto? La esclavitud ya es un crimen de por sí.

C.G. Pero es un crimen que se ha recogido en las leyes como trata. Nadie formula hoy en la legislación, al menos, en la española, que esté prohibida la esclavitud.

G.P. Existen ya instrumentos contra el secuestro. No necesitamos otros instrumentos. Y si no son lo suficientemente buenos, podemos reformarlos.

C.G. Ya, pero lo que no está recogido en la ley es lo que eso implica para esas personas ni sus necesidades de servicios sociales, médicos, etcétera. Mediante los planes contra la trata sí se han conseguido.

G.P. A veces no se necesitan. A veces, sí. La identidad de los inmigrantes o refugiados no es la de víctima. Esa es su situación, debido a la ilegalidad. No, su identidad. La de veces que, en Asia, trabajadoras sexuales me han preguntado: “¿Si voy a Francia, podrías ayudarme?”. Y debería haber podido responder: “Sí, las organizaciones de prostitutas van a recibirte”.

C.G. Me parece que es más un problema de estrategia que de…

G.P. Es un problema de estrategia, pero lo he hemos hecho así durante años y no ha funcionado.

C.G. Sí, pero nos permite no dejar el problema de la trata en manos de quien está exclusivamente en contra de la prostitución. Podemos trabajar para acabar con ello siendo pro-derechos. En estos momentos, a Hetaira no nos dan subvenciones, no nos dejan participar en el Foro contra la Trata, etcétera, porque consideran que o eres pro-derechos o eres de lucha contra la trata. Es una forma de sumar por parte del abolicionismo fuerzas que no son reales. La gente que quiere luchar contra la trata no tiene por qué ser antiprostitución.

G.P. El problema es que no creemos que las mujeres sean capaces de tomar su propia decisión a causa de su pobreza. Es ridículo. Supongo que mi oposición al concepto de trata se debe a que ya hemos luchado mucho para cambiar esta percepción. Creo que no funciona porque la mentira central es que hay intereses estatales. Soy optimista, si lo hacemos juntas, entre mujeres.

C.G. Tenemos que experimentar. Debemos ver cuál es la forma de ganar. En España, por ejemplo, mucha gente que nos apoyaba y que era pro-derechos ha empezado a cambiar de postura debido a esas campañas que difunden la idea de que el 90% de la prostitución es trata.

G.P. Yo tengo muchas más esperanzas en convertir nuestro movimiento en uno de resistencia más fuerte. No nos van dar nada. La única estrategia es decir la verdad y hacerlo juntas. Si nos ponemos a hablar la lengua de los otros, perderemos nuestras referencias.

domingo, 26 de julio de 2015

#hemeroteca #prostitucion | Carmena reabre el debate de la prostitución

Imagen: La Marea
Carmena reabre el debate de la prostitución
Manuela Carmena lanzó una reflexión sobre el “consumo de prostitución” durante su intervención en el congreso celebrado esta semana en el Vaticano
Alba Mareca | La Marea, 2015-07-26
http://www.lamarea.com/2015/07/26/carmena-reabre-el-debate-sobre-la-prostitucion/

Una reflexión sobre los motivos del “consumo de la prostitución“. Esto es lo que pidió Manuela Carmena en su participación en el congreso “Cambio climático y nuevas formas de esclavitud moderna” organizado por la Academia Pontificia Ciencias Sociales del Vaticano y la ONU esta misma semana. “Si queremos evitar el terrible crimen de la esclavitud sexual, tenemos que reflexionar con sinceridad sobre las causas”, señaló la alcaldesa de Madrid en el Vaticano, y añadió que “hay que entender la sexualidad desde la cultura de los cuidados“.

De cara a las elecciones del 24 de mayo, Ahora Madrid propuso en su programa electoral un proyecto piloto para el reconocimiento de los derechos laborales de las trabajadoras del sexo, un tema en torno al que hay debates “eternos, que nunca concluyen”, según aseguró Carmena. “Habría que buscar algún tipo de estructura de apoyo muy grande para el sector que está en contra de la legalización y otra de ensayo de una cierta legalización y sobre todo de reconocimiento de derechos laborales de protección“, afirmó la entonces candidata a la alcaldía de Madrid.

Según Cristina Garaizabal, cofundadora de Hetaira, un colectivo que lleva dos decadas luchando por “los derechos de las prostitutas y la normalización de su trabajo, el reconocimiento laboral de las trabajadoras que ejercen la prostitución por decisión propia “es la única manera de dotarlas de derechos”. “Mientras la prostitución no sea considerada un trabajo, los derechos de estas mujeres están en manos de los dueños de los clubs, de los abusos policiales o de las diferentes legislaciones que se dedican a acosarlas”, concluye.

Respecto a propuestas concretas, por ahora el Ayuntamiento de Madrid se ha limitado a mantener el Plan contra la Explotación Sexual iniciado por el Gobierno municipal anterior, al considerarlo “muy interesante”, tal y como señaló la portavoz Rita Maestre en la rueda de prensa celebrada tras la Junta de Gobierno. En ese sentido, Maestre aseguró que “por ahora no hay cambios sustanciales en cuanto a la puesta en marcha de otros programas”.

Dicho plan tiene como objetivos, según aparece en su introducción, “erradicar la demanda de prostitución y prestar atención a las mujeres que la ejercen ofreciéndoles recursos y alternativas viables para el abandono de la prostitución”. Garaizabal señala que esta medida “ha empeorado notablemente las condiciones de trabajo de las trabajadoras que ejercen libremente la prostitución”, y en esta línea añade que se ha producido una mayor “clandestinización de su trabajo y las prostitutas han sufrido un mayor acoso policial”. “Hay mujeres que no quieren abandonar la prostitución, lo que queremos es trasladarle al Gobierno municipal actual que es más urgente sentarse a negociar espacios y dejar de criminalizar a estas mujeres”, sentencia.

sábado, 16 de mayo de 2015

#hemeroteca #pr* | Cristina Garaizabal: "La propuesta de Ciudadanos de legalizar la pr* está hecha a medida de los empresarios"


Imagen: El Diario
"La propuesta de Ciudadanos de legalizar la pr* está hecha a medida de los empresarios"
Cristina Garaizabal es cofundadora de Hetaira, colectivo pionero que cumple 20 años luchando por los "derechos de las prostitutas y la normalización de su trabajo". Su postura choca de frente contra buena parte del movimiento feminista, que considera que la prostitución supone la mercantilización del cuerpo de las mujeres. "En la sociedad hay trabajos muy desagradables, pero a nadie se le ocurre que tengan que desaparecer. Lo que hay que hacer es dotarlos de derechos".
Marta Borraz | El Diario, 2015-05-16
http://www.eldiario.es/sociedad/Entrevista-Cristina-Garaizabal_0_387411495.html

Cristina Garaizabal lleva 40 años dedicándose al activismo feminista. Psicóloga especializada en terapia de género y transexualidad, comenzó luchando por el derecho al divorcio y al aborto para, años después, convertirse en una de las referentes en la defensa de los derechos de las prostitutas. El Mundial de fútbol de 1982 las expulsó de los alrededores del campo del Fútbol Club Barcelona. Fue el primer contacto que estableció con ellas, a las que no deja de referirse intencionadamente como trabajadoras del sexo.

Lo hace así porque para Hetaira, colectivo del que es cofundadora y que ha cumplido 20 años, la prostitución voluntaria es un trabajo que urge normalizar y reconocer con derechos laborales. La suya es una de las muchas voces que hablan de prostitución dentro del movimiento feminista. Otras, que representan el abolicionismo, consideran que es una forma de violencia que debe desaparecer, pues supone la mercantilización del cuerpo de la mujer. La controversia se ha trasladado ahora al panorama político, después de que Ciudadanos se mostrara favorable a legalizar la prostitución.

El partido de Albert Rivera ha apostado por legalizar la prostitución e incorporar al mundo laboral a las mujeres que la ejercen como autónomas ¿Qué te parece la propuesta?

La propuesta de Ciudadanos se ha hecho al más puro estilo neoliberal y coincide totalmente con la de ANELA (Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne), es decir, es una propuesta a medida de los empresarios. En primer lugar, la prostitución no se puede legalizar porque no es ilegal. Lo necesario es reconocer los derechos de las trabajadoras que se prostituyen por decisión propia. Creemos que su intención es controlar a las prostitutas, pues hablan de convertir en delito la prostitución en la calle, que es la más autónoma y libre.

Que todas se hagan autónomas se puede convertir en una terrible trampa, sobre todo, planteado por los empresarios. En otros sectores ya se ha hecho y el resultado ha sido la creación de "falsos autónomos". Es muy sospechoso también cuando hablan de salubridad e higiene, pues la experiencia europea nos dice que esto se traduce en controles médicos obligatorios, que alimentan el estigma social de que son ellas las que transmiten enfermedades a los clientes y no al revés, algo que es totalmente falso. Todos sabemos que no hay grupos de riesgo, sino prácticas de riesgo.

A raíz de la propuesta de Ciudadanos, que abrió el debate, ¿cuál ha sido la relación tradicional entre la izquierda y la prostitución?

En la prostitución no hay izquierda ni derecha, por desgracia. Izquierda Unida y el PSOE tienen discusiones fuertes en su seno, pero normalmente las direcciones están presionadas por los grupos internos abolicionistas. Son personas a título individual las que están a favor de los derechos. No obstante, nos alegramos de que Alberto Garzón, tras decir en La Sexta que "la prostitución es el grado más extremo de violencia de género", nos haya concedido una entrevista en cuanto pasen las elecciones. Por lo menos, evidencia una postura más abierta al diálogo.

¿Los partidos políticos suelen escuchar a las prostitutas a la hora de proponer iniciativas que les afectan?

No. Así de tajante y sin matices. Lo que es cierto es que con los que han surgido últimamente, como Podemos o Ahora Madrid, sí tenemos otras posibilidades, aunque en su interior hay debates importantes. Pero en general, cuesta mucho que los políticos escuchen a las trabajadoras del sexo empoderadas, en pie de igualdad. De ellas no se acuerdan nunca, solo cuando los ciudadanos se quejan porque ha ocurrido algo en la calle o en periodo electoral.

La Ley de Seguridad Ciudadana entrará en vigor el próximo julio ¿Cómo afecta al ejercicio de la prostitución esta norma?

Nos va a afectar a todos de forma terrible. Si además añadimos las lindezas que va diciendo Esperanza Aguirre sobre las personas sin hogar y las manifestaciones por 'perjudicar al turismo', en este país volvemos al franquismo a la que nos descuidemos. La ley mordaza empeorará las condiciones de las trabajadoras del sexo. No hará que desaparezcan. En el fondo, el objetivo de estas normas es que no se vean.

Una parte del feminismo considera que la prostitución es una forma de sumisión de las mujeres hacia los hombres que supone la mercantilización y cosificación del cuerpo de la mujer. ¿Es la prostitución violencia de género?


La prostitución como institución, al igual que el matrimonio, tiene que ver con el sistema heteropatriarcal. Por eso las mujeres que ofrecen o compran servicios sexuales están más estigmatizadas que los hombres que lo hacen. Pero cuando se habla de que la prostitución es la compra del cuerpo de las mujeres, lo que se está haciendo es reforzar la idea de que el hombre que va de prostitutas puede hacer lo que quiera porque las está comprando enteramente. Ellas no se venden, ellas lo que hacen es ofrecer servicios sexuales que tienen su precio. Intercambian actos sexuales por dinero, lo cual no tiene mayor problema a pesar de que mayoritariamente sea entre una mujer y un hombre, aunque no exclusivamente.

Este tipo de afirmaciones hacen un flaco favor a las trabajadoras del sexo y pasan por alto la necesidad de educar a los hombres en que ir a comprar servicios sexuales es igual que ir al bar a pedir un café, por supuesto, teniendo en cuenta las particularidades del trabajo sexual: por mucho que tras la barra esté una mujer inmigrante sin papeles, tu no te crees con el derecho de comprarla a ella por completo, sino que accedes a un servicio concreto.

¿La prostitución es entonces un trabajo como otro cualquiera?

Tiene sus especificidades como las tienen el resto. La primera es que aparece el sexo de por medio; tiene mucho que ver con la intimidad, por lo que es muy importante que las trabajadoras del sexo se profesionalicen y no hagan aquello con lo que no se sienten cómodas. La segunda es que sobre quien ejerce este trabajo recae un estigma enorme: o bien cometen un pecado o representan el colmo de la traición patriarcal. Mira que hay trabajos desagradables en la sociedad...pero a nadie se le ocurre decir que tendrían que desaparecer, sino que habría que dotarles de derechos para ejercerlos en condiciones dignas.

¿De dónde proviene ese estigma?

De la ideología patriarcal, que las criminaliza porque son mujeres que manejan dinero y que consiguen su independencia económica a través de su sexualidad. Es algo revolucionario porque va contra el control de la sexualidad de las mujeres y la reproducción que pretende el patriarcado. El abolicionismo ayuda a alimentar esta idea cuando dibuja a todas las trabajadoras sexuales, independientemente de que lo hagan de forma voluntaria o no, como víctimas.

¿En qué se traduce ese control de las mujeres que, según afirmas, hace el sistema patriarcal?

Hemos sido socializadas desde pequeñas en que existen dos tipos de mujeres: las buenas y las malas. Las primeras no muestran su sexualidad de forma explícita, son recatadas y no llaman la atención. Luego están las malas mujeres, las putas, las que se muestran claramente sexuales, que van "provocando" y, para colmo, piden dinero por algo por lo que las demás deberíamos estar encantadas de hacer: mantener una relación heterosexual. Las trabajadoras del sexo son las representantes de todo lo que no hay que hacer, según los mandatos patriarcales, que nos indican que las buenas mujeres serán protegidas y las malas no.

¿Hay muchas prostitutas que ejercen la prostitución voluntariamente?

Una y otra vez se repite la cifra falsa de que el 90% de las mujeres que ejercen la prostitución son víctimas de trata, pero nadie es capaz de ofrecer estudios concretos que lo avalen. El único informe serio al respecto es de Naciones Unidas, que confirma que una de cada ocho trabajadoras del sexo es víctima de trata. Es decir, en torno a un 85% lo hacen por propia voluntad. Otra cosa es que la capacidad de decisión esté condicionada por las necesidades económicas u otras circunstancias, pero todos lo estamos. La pobreza, aunque empequeñece las alternativas, no elimina la posibilidad de elección. Lo que sí que no se elige son las condiciones de trabajo, que son abusivas por la falta de derechos.

En varias ocasiones habéis alertado del peligro que supone confundir prostitución y trata de seres humanos. ¿Por qué es tan peligroso?

Lo es confundir trata y prostitución voluntaria porque es muy difícil luchar de forma eficaz contra ella cuando no se diferencian bien, pues es más costoso identificar a las víctimas. Meter ambas realidades en el mismo saco hace que no acabe de quedar claro qué es la trata: secuestrar a una persona para someterla a esclavitud. Y esto les pasa a mujeres y hombres y para diversos fines, entre ellos, explotación sexual, pero no solo. No es lo mismo que la prostitución voluntaria.

¿Por qué es tan necesario el reconocimiento laboral de las prostitutas que ejercen por decisión propia?

Porque nadie vive mejor sin derechos. No se puede seguir excluyendo a las trabajadoras del sexo voluntarias porque vivimos en sociedades en las que los derechos ciudadanos se adquieren fundamentalmente a partir de la inserción en el mundo laboral. Con las mujeres inmigrantes ese ha sido uno de los grandes problemas: mujeres que viven en este país y que cuentan con medios autónomos que provienen de la prostitución, no pueden regularizar su situación.

Los derechos y las leyes laborales impedirían que los empresarios plantearan condiciones abusivas en los clubes, pues no serían libres para hacer lo que quisieran. Se deberían regular las relaciones laborales defendiendo la autonomía y la libertad de las mujeres, respetando a qué clientes y qué servicios desean ofrecer. Los derechos servirían, además, para normalizar el trabajo sexual voluntario como lo que es: un trabajo.

lunes, 12 de enero de 2015

#hemeroteca #activismo | Entrevista a Cristina Garaizabal, militante feminista, de izquierdas y por los derechos de las prostitutas

Entrevista a Cristina Garaizabal, militante feminista, de izquierdas y por los derechos de las prostitutas
Eduardo Nabal | Diario Progresista, 2015-01-12

http://www.diarioprogresista.es/entrevista-a-cristina-garaizabal-militante-feminista-de-izquierdas-y-por-los-59561.htm

Cristina Garaizibal es una veterana militante feminista, de izquierdas y por los derechos de las prostitutas. Psicóloga es de las fundadoras de la asociación Hetaira ahora participa en el proyecto europeo INDOORS y en los grupos por la despatologización de la transexualidad.

Diario Progresista: Hetaira es una asociación pionera en los derechos básicos y libertades de las prostitutas. Pero es un tema que sigue ocasionando cansinos debates dentro y fuera del movimiento feminista. ¿Podías citarme algún país o legislación como ejemplo o no existe tal cosa?

Cristina Garaizabal: Hetaira, desde su nacimiento hace 20 años, se ha inspirado en lo que plantean las trabajadoras del sexo (tanto a nivel internacional como a nivel local) y mantiene contacto con otras organizaciones pro derechos. Por ejemplo, hemos participado en los últimos años, en un proyecto europeo INDOORS donde hemos podido constatar que no existe ningún país que en estos momentos represente bien aquello por lo que luchamos. Quizás lo más próximo pueda ser Alemania pero la tendencia general en Europa en estos momentos es un recorte importante de los derechos de las trabajadoras del sexo imponiéndose una línea más puritana y abolicionista en la forma de legislar sobre este asunto. Por lo general se impone el “control” sobre las prostitutas pero no se legisla desde una perspectiva de derechos.

Diario Progresista: Se habla hoy ya de varios feminismos, sobre todo, dentro del amplio espectro de ese feminismo que “no llegó al poder”. ¿Confías en el compromiso de las nuevas fuerzas políticas surgidas tras el 15-M con los derechos y libertades de las mujeres en todos los ámbitos sociales?

C.G.: Como Hetaira siempre hemos confiado en las fuerzas progresistas surgidas tras el 15-M aunque somos conscientes de que eso no vendrá dado sino que deberá ser conquistado por las personas implicadas. Y particularmente en relación a los derechos de las mujeres trabajadoras del sexo sabemos que es uno de los temas más controvertidos dentro de la sociedad y del propio feminismo y por ello hemos solicitado entrevistas con las nuevas fuerzas políticas y estamos participando, en la medida de nuestras posibilidades, en los espacios donde se discute el asunto.

Diario Progresista: El compromiso de Hetaira no ha sido en un único sentido sino en varios No obstante desde organizaciones como la vuestra habéis sido pioneras en reivindicar los derechos y libertades de las trabajadoras sexuales. Pero lo más importante, como me decía Montse Neira, es que disteis voz a las interesadas, españolas e inmigrantes. Ellas empezaron a hablar sin intermediarios e incluso a contar sus historias por escrito.

C. G: Las trabajadoras del sexo estuvieron presentes en la propia fundación de Hetaira. Siempre hemos tenido claro que el protagonismo en esta lucha tenía que ser de las trabajadoras del sexo. Por ello, cuando tenemos entrevistas con instituciones o con quien sea intentamos que ellas estén presentes y sean las que hablen. Las acciones en las que nos involucramos van precedidas de las necesidades que ellas mismas expresan previamente en asambleas y, entre todas, redactamos las consignas, hacemos las máscaras (para las que no quieren ser reconocidas) y las pancartas, publicamos sus historias… es decir intentamos siempre darles el protagonismo que se merecen porque lo que no tiene sentido son esos actos donde quienes hablan lo hacen desde la teoría, la ideología o sus propias convicciones pero no está la voz de las prostitutas. Uno de nuestros objetivos prioritarios como organización es que cualquier política que se elabore en relación a este tema tenga en cuenta la voz de las trabajadoras del sexo.

Diario Progresista: También te has aproximado a las nuevas visiones sobre la transexualidad. El tema de la despatologización sigue en el candelero porque las leyes no garantizan del todo el fin de protocolos y visitas a todo tipo de consultas. Dentro del propio movimiento transexual y transfeminista hay diferentes visiones ¿Cuál es la vuestra (tuya?)?

C.G.: Como Hetaira apoyamos el tema de la despatologización trans y hemos acudido a los actos y reivindicaciones que desde estos colectivos se plantean. Muchas de las personas que ejercen la prostitución por decisión propia son mujeres trans y, por tanto, estamos muy atentas a sus necesidades.

Personalmente la transexualidad es algo que me ha interesado desde los años 80, tanto desde el punto de vista activista como desde el punto de vista profesional. Algunas profesionales de la psicología nos lanzamos a hacer acompañamientos a las personas trans. Ya en esa época, desde mi perspectiva activista feminista, consideraba que la transexualidad no era una enfermedad. Eso me ayudaba en los acompañamientos pero no extraje las consecuencias de ello que, posteriormente, el movimiento por la despatologización ha planteado. La existencia de este movimiento me parece muy importante y creo que plantea cosas que nos concierne no solo a las personas trans sino a todo el mundo. En este sentido estoy encantada de que exista gente joven que esté desarrollando todo esto. Además creo que la crítica a la dicotomía de géneros y al binarismo nos plantea toda una serie de retos a las teorías feministas tradicionales que, si sabemos recoger y profundizar bien, pueden ampliar el margen de actuación del feminismo (o transfeminismo, como quiera llamársele) y enriquecer en mucho las diferentes teorías feministas.

Diario Progresista: La militancia en una causa -aunque en tu caso haya podido estar unida a tu experiencia profesional- ha sido siempre algo bastante complicado de conciliar con una vida de estudiante o trabajador/a etc. ¿Esto va a mejorar en estos tiempos o al revés?

C.G.: En mi caso particular el activismo ha estado unido a mi experiencia profesional en algunos casos pero no siempre. Mi actividad en Hetaira no está marcada por ser psicóloga sino que hago cosas diferentes en el colectivo aunque a veces atiendo a alguna mujer trabajadora del sexo porque lo necesita. Es decir, mi trabajo en Hetaira es voluntario y nada tiene que ver con lo profesional y, en este sentido, no siempre ha sido fácil conciliar la necesidad de trabajar para vivir y el activismo.

En relación a la perspectiva creo que va a empeorar y se están aumentando ya las dificultades para conciliar el trabajo profesional con el compromiso social (que con la crisis está cada vez peor pagado, con más exigencias y con jornadas laborales interminables… y para quien no lo tiene la angustia de buscarlo y las horas que eso implica. Además, antes algunas personas encontraban trabajo en ONG´s que algo tenía que ver con su militancia pero en la actualidad esto está cada vez más difícil por los recortes que hemos sufrido las organizaciones (algunas más que otras en función de la ideología y la adhesión a los distintos partidos que han estado en el Gobierno) con la tan manida crisis.

Diario Progresista: El tema del derecho al aborto y la negación de los derechos reproductivos de las madres lesbianas parecían devolvernos a un pasado de oscurantismo. También el fin de las campañas contra la expansión del VIH ¿Ha cesado esa amenaza o las feministas no deben bajar nunca la guardia ni dar temas por zanjados?


C.G.: Estas amenazas siguen ahí y no creo que podamos dar ningún logro por definitivo. Más aún cuando los logros conseguidos son tan precarios y nuevos como en nuestro país y algunos de ellos incluso son logros parciales, por ejemplo los derechos reproductivos de las lesbianas. Un tema que el gobierno del PSOE, cuando legisló sobre el matrimonio homosexual dejó “olvidado”, retomó posteriormente y con el gobierno del PP es cuando volvió a estar presente para mal. En resumen, los logros no están tan afianzados y por lo tanto es necesario seguir con la guardia en alto.

Diario Progresista: Personalmente creo que desde la psicología no se han contemplado bien ni las cuestiones de género ni, sobre todo, los problemas de los adolescentes LGTB ni tampoco otro tipo de estigmas ligadas al género y la raza ¿Veis avances importantes en ese sentido o solo se producen en lugares específicos y ámbitos puntuales?


C.G.: Completamente de acuerdo con lo que planteas. Creo que se van dando avances pero son muy lentos y parciales. Parece que la aprobación del matrimonio homosexual y de la Ley de Identidad de Género para muchos sectores de la población ha supuesto la consideración de que los problemas ya están solventados para la población LGTBI. Y nada más lejano a la realidad. Esas leyes acaban con la desigualdad legal en relación a algunos asuntos pero no implican que esta población esté en pie de igualdad en la realidad en todos los ámbitos de la vida. A las personas trans se les sigue exigiendo (según la ley) pruebas diagnósticas y patologizantes, la heterosexualidad se sigue considerando mejor que otras formas de orientación del deseo, las agresiones homófobas y tránfobas siguen a la orden del día, en los colegios se sigue dando el bullying homofóbico y las marcas de géneros concebida de forma binaria (baños y vestuarios diferentes para niñas y niños, uniformes diferentes también…) siguen estando presentes en los colegios. En resumen: queda mucho por hacer aún para acabar con la situación de desigualdad y el estigma que recae sobre esta población.