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martes, 10 de febrero de 2026

#hemeroteca #inmemoriam | Muere Teresa de Lauretis, la primera persona que dijo las palabras “teoría queer”

Teresa de Lauretis //

Muere Teresa de Lauretis, la primera persona que dijo las palabras “teoría queer”

Teresa de Lauretis, feminista y teórica cinematográfica de renombre internacional, creadora del sintagma “teoría queer”, falleció en San Francisco (EEUU) el 3 de febrero de 2026, a los 87 años.
El Salto, 2026-02-10
https://www.elsaltodiario.com/obituario/muere-teresa-lauretis-creadora-teoria-queer

Pensadora pionera que aplicó la semiótica y la teoría psicoanalítica a las representaciones cinematográficas del deseo, Teresa de Lauretis impartió clases en la Universidad de California-Santa Cruz desde mediados de la década de los años 80 hasta su jubilación en 2008 como Profesora Emérita Distinguida.

De Lauretis nació y se formó en Italia, donde se doctoró en Lenguas y Literaturas Modernas en la Universidad Bocconi de Milán. Poco después se trasladó a Estados Unidos, donde comenzó su carrera en los años 60 en la Universidad de Colorado-Boulder y la Universidad de California-Davis, antes de trasladarse a la Universidad de Wisconsin-Milwaukee. Allí, su curso de estudios cinematográficos atrajo a cientos de estudiantes, lo que marcó el surgimiento de los estudios cinematográficos como campo académico en Estados Unidos. En el Centro para el Siglo XX de Milwaukee, académicos y académicas comenzaron a profundizar en la teoría cinematográfica británica y francesa a través de una serie de congresos históricos y pioneros.

De Lauretis y Stephen Heath editaron las actas de uno de estos congresos, ‘The Cinematic Apparatus’ (1980), lo que confirmó los estudios cinematográficos como una de las disciplinas más influyentes de finales del siglo XX. Durante este tiempo formó parte del consejo editorial de ‘Ciné-Tracts: A Journal of Film and Cultural Studies’, una de las primeras revistas de teoría cinematográfica surgidas en Estados Unidos. La publicación de ‘Alice Doesn’t: Feminism, Semiotics, Cinema’ en 1984 la consolidó como una teórica brillante en la intersección de estas disciplinas.

En 1985 dejó Milwaukee para aceptar un puesto en Historia de la Conciencia, el aclamado y singular programa interdisciplinar de posgrado en humanidades de la UC-Santa Cruz. En 1990 organizó una trascendental conferencia de trabajo sobre sexualidades lésbicas y gais en Santa Cruz, cuyo título, ‘Teoría Queer’, dio nombre a una línea de investigación académica que transformaría las humanidades en la década de 1990. Los ensayos de la conferencia se recopilaron en un número especial de la revista ‘Differences: A Journal of Feminist Cultural Studies’ en 1991. Sus obras posteriores aportaron su inimitable estilo de escritura y su riguroso intelecto a un profundo compromiso con la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud y Jean Laplanche.

Autora de ocho libros y más de cien ensayos, tanto en inglés como en italiano, de Lauretis abordó una amplia gama de temas como el cine, la ciencia ficción, la semiótica, la literatura, la teoría cinematográfica, la ópera, el psicoanálisis y la pedagogía. Entre sus libros más citados se encuentran 'Alicia ya no: feminismo, semiótica y cine' (1984), editado por Cátedra en 1992; 'Technologies of Gender: Essays on Theory, Film and Fiction' (1987). Algunos de estos ensayos fueron publicados en 'Diferencias. Etapas de un camino a través del feminismo', de la editorial Horas y Horas (2024); 'The Practice of Love: Lesbian Sexuality and Perverse Desire' (1994), de próxima publicación en Ed. Bellaterra, y 'La pulsión de Freud: psicoanálisis, literatura y cine' (2008), editado por Pólvora en 2023. Una colección de sus ensayos, ‘Figuras de resistencia’ (2007), fue editada por su ex alumna de doctorado Patricia White, y editado en España por Kaótica en 2025.

En 2010, recibió el Premio a la Trayectoria Distinguida de la Sociedad de Estudios de Cine y Medios. Sus obras se han traducido a más de 14 idiomas en Europa Occidental y Oriental, América Latina y Asia. Ha sido profesora visitante en Canadá, Alemania, Italia, Argentina y los Países Bajos. Recibió numerosas becas y premios, incluyendo un doctorado honoris causa de la Universidad de Lund, y ejerció la docencia y conferencias internacionales antes y después de jubilarse de la UC Santa Cruz. Vivió en San Francisco. Entre sus amistades más cercanas se encontraban J. Reid Miller, Wally Scott y Giulia Colaizzi. Le sobrevive su hijo Paul Loeffler.

lunes, 1 de septiembre de 2025

#libros #feminismo #queer | Figuras de resistencia : ensayos sobre teoría feminista

Figuras de resistencia : ensayos sobre teoría feminista / Teresa de Lauretis ; introducción de Patricia White ; traducción de Javier Sáez del Álamo.
Kaótica, 2025 [09-01]
350 p.
Serie: Teorías del caos ; 19.

/ ES / Libros / ENS / REC / Feminismo / Lesbianismo / LGTBI / Queer / Teoría queer

📘 Ed. impresa: ISBN 9791399004663 / 25.00 €
📝 Cita APA-7: Lauretis, Teresa de (2025). Figuras de resistencia : ensayos sobre teoría feminista. Kaótica.

Teresa de Lauretis es una de las principales teóricas feministas de las últimas décadas; su pensamiento ha marcado los términos del debate en momentos clave y ayuda a renovar la relevancia de la teoría feminista en nuestro momento actual. Su formación conecta Europa y América, y su trabajo vincula las teorías continentales con el feminismo estadounidense de formas mutuamente productivas. Como editora y autora de la introducción del número especial de 1991 de “differences” titulado “Queer Theory”, es fundadora de ese discurso académico que, sin embargo, sigue suponiendo una crítica aguda del estatus de la teoría feminista y lesbiana dentro del mismo. Su escritura es a la vez exigente y sorprendentemente precisa.

Los once ensayos de esta colección demuestran el impacto del pensamiento de Teresa de Lauretis y su vigencia. Estructurado en tres partes, “Representaciones”, “Lecturas” y “Epistemologías”, el libro incluye textos de referencia, así como aportaciones más difíciles de encontrar. Los ensayos han sido reunidos y contextualizados para destacar sus interconexiones, con un énfasis en la constitución de la subjetividad dentro de la representación, la sexualidad y la epistemología. Este libro será bienvenido por los lectores y las lectoras familiarizados con el trabajo de de Lauretis, pero también puede servir como una introducción para profesores/as y estudiantes de estudios de la mujer y estudios LGTBIQ, así como para numerosos/as lectores/as de fuera de la academia que encontrarán el pensamiento y la escritura de de Lauretis excepcionalmente estimulantes.

sábado, 4 de mayo de 2024

#hemeroteca #lgtbi | Javier Sáez: "La expresión 'PEC' (Por El Culo) refleja un cambio cultural donde el pánico a lo anal se diluye"

Javier Sáez. Sociólogo y activista gay: "La expresión 'PEC' (Por El Culo) refleja un cambio cultural donde el pánico a lo anal se diluye"
María Martínez Collado | Público, 2024-05-04

https://www.publico.es/sociedad/expresion-pec-culo-refleja-cambio-cultural-panico-anal-diluye.html 

Javier Sáez //
Javier Sáez del Álamo es un reconocido sociólogo y traductor, cuyo trabajo sobre los estudios ‘queer’ ha contribuido a visibilizar las experiencias de marginalización y discriminación que sufren las identidades no normativas, así como a destacar la importancia de abordar estas cuestiones de manera interseccional. A través de sus investigaciones, ha cuestionado las normas y expectativas sociales tradicionales en torno la sexualidad. El también activista gay defiende una comprensión fluida y diversa de la identidad, desafiando las categorías tradicionales y binarias de los géneros.

Además, podríamos decir que Sáez es un visionario, un pionero en eso del PEC, ya que junto a su compañero Sejo Carrascosa fueron de los primeros en utilizar la expresión en su libro 'Por el culo. Políticas anales'; si bien en el momento que lo escribieron, hace ahora 14 años, no lo hicieron con intención de que se convirtiera en un aforismo coloquial y divertido de la generación Z.

Recientemente, el sociólogo ha publicado en Bellaterra su último libro, ‘Biopolítica del armario’, donde desentraña las dinámicas de poder que operan en torno a la sexualidad, revelando cómo se construyen y mantienen las fronteras entre lo público y lo privado, lo normal y lo desviado.

Desde el análisis de políticas gubernamentales hasta la representación mediática, Sáez nos invita a cuestionar las estructuras de opresión que perpetúan la invisibilización y la exclusión de las personas ‘queer’ y trans, y, en general, de los cuerpos e identidades disidentes. De alguna manera, el libro es una llamada a la acción donde el autor nos invita a desmantelar los armarios que aprisionan y violentan a tantas personas con el objetivo de abrir el camino hacia una sociedad más inclusiva y justa para todas.

En esta entrevista con ‘Público’, el autor reflexiona sobre las ideas más importantes de ambas obras e indaga sobre su relación con la realidad política del movimiento feminista en la actualidad.

P. ¿Qué es el armario?

En el libro planteo el armario desde un enfoque político. Se ha escrito bastante sobre la salida del armario, sobre cómo eso puede ser beneficioso para las personas, pero mi enfoque consiste en ver cómo afecta el armario a grupos amplios. Es decir, cómo afecta a poblaciones de gays, lesbianas o trans. La idea era entender los efectos sociales y políticos que tiene el armario, no tanto lo que es estar dentro del armario o salir, que es un tema que ya se ha trabajado. La palabra biopolítica tiene que ver con eso, con cómo se gestionan las poblaciones en un sentido ‘foucaultiano’.

P. ¿Por qué cree que hay gente que rechaza esta metáfora o que la vive desde la culpa?

Eso es algo complejo. Además de que hay una represión histórica, para colmo sí que hay cierta culpabilización. Siempre hay un emplazamiento doble o una especie de paradoja: por un lado, el miedo social, la violencia homófoba, te hace entrar en el armario, es una forma de supervivencia; y, por otro, también hay un emplazamiento a salir del él. De modo que las personas ‘queer’ o LGTBI+ estamos siempre en esa doble juego en el que no decidimos las reglas. Es una paradoja que políticamente es una trampa.

P. ¿Qué consecuencias sociales ha tenido para las personas LGTBI+ el hecho de vivir el armario bajo el velo del silencio? ¿Y el hecho de haberlo entendido como una cuestión individual y no como un dispositivo político?


Para responder a eso utilizo a una autora que me parece fundamental en esta historia: Teresa de Lauretis. Ella plantea la idea de tecnología del género, es decir, cómo el armario (más allá de los efectos individuales) es una especie de regulación del género, de qué sexualidades van a ser definidas como positivas y cuáles no. Lo que explico en el libro es cómo el armario regula el espacio público, es una forma más de regular lo que se debe ver y lo que no. Por eso, el libro no va tanto sobre las homosexuales o las personas LGTBI+, que mencionas en tu pregunta, si no de cómo el efecto político del armario da lugar a todo un espacio heterosexual.

La consecuencia política de todo esto es una sociedad donde todo el espacio es heterosexual porque no ves personas LGTBI+, no aparecen. Como cuando el presidente de Irán decía aquello de "aquí no hay de eso, eso no existe". De algún modo, si el armario funciona adecuadamente, lo que crea es un espacio de heterosexualidad global. Me interesaba entender cómo el armario funciona más como una tecnología de la heterosexualidad que como una vivencia personal, que es verdad que puede ser traumática, pero que ya se había abordado por parte del activismo LGTBI+.

P. ¿Opera igual el armario en hombres y en mujeres? ¿Cómo contribuye a mantener el binarismo de género?

Respecto a eso, el libro plantea varios niveles de intervención o de efecto. Primero, que efectivamente no funciona en absoluto igual para hombres que para mujeres. Lo hemos visto y se ve, incluso, en la visibilidad gay. Los hombres gays tenemos muchos más privilegios por vivir en una sociedad patriarcal. Tienes más facilidades, tienes el dominio de la palabra, del espacio, del dinero... Eso permite unas salidas del armario mucho más fáciles, sobre todo si eres de clase media o clase alta.

La sopa de letras LGTBI+ puede dar la impresión de que todas las personas ‘queer’ vivimos en la misma represión o la misma identidad, y no es así. De hecho, en el libro hay un capítulo donde trataba de explicar que, en realidad, el armario también está atravesado por el género y por el patriarcado. Hay temas de clase social, étnicos, de género, un montón de capas o fondos de armario. Cada salida del armario es diferente, pero incluso en términos biopolíticos.

P. ¿Eso quiere decir que poner en crisis la figura del armario supondría poner en crisis el sistema heteropatriarcal en general?

En cierto modo, sí, pero en mi opinión no es simplemente saliendo del armario, como se decía en el activismo de los años 80, sino más bien explicando cómo crea esos binarismos que has comentado antes. Se trata de desmontar los espacios que distribuye el armario, o sea, las realidades que crea.

Fefa Vila explica que el armario también puede ser un lugar necesario de refugio, donde esconderse para hacer complicidades o no estar tanto a la vista de lo público. La cosa no es tan sencilla. El armario estratégicamente también puede ser un lugar de confabulación o de secreto para ser normalizados porque, claro, existen esas jerarquías en las formas de salir del armario. Si sales del armario como gay sin pluma o como gay casado, o como lesbiana sin mucha pluma bollera, no es igual que salir como sadomasoquista de ‘cruising’. Como diría Gayle Rubin, hay sexualidades buenas y sexualidades malas, y eso también se nota.

Me interesan más los espacios que distribuye o los conceptos que consolida el armario, algo que ya criticó también Eve Kosofsky cuando escribió ‘Epistemología del armario’. Son más esas normas del juego que establecen esos binarismos las que tienen que ser cuestionadas, no se trata tanto de asumir que soy gay o lesbiana. El foco está en quién establece las normas, las reglas del juego, quién tiene el poder del lenguaje, de la epistemología (forma de conocer) y de la forma de entender la diversidad sexual.

P. Es decir, que lejos de ser una cuestión que se solucione con puro voluntarismo, se trata de un problema estructural, ¿no?


Claro, para mí el armario establece formas de pensamiento. Pensamos en términos de hombres y mujeres, homos y heteros, gays y lesbianas. Sin darnos cuenta, los discursos del armario ya nos han emplazado a asumir esas cosas. En realidad, deberíamos cuestionar este tipo de conceptos y de binarismos porque, al final, todo es una trampa. Digas lo que digas, salgas del armario o te quedes dentro, siempre estás cumpliendo su ley. Para mí lo subversivo sería cuestionar el propio dispositivo.

P. Y, ¿cómo podemos salir de esa paradoja?

Se puede entender con el tema de la masculinidad. Si se asume la masculinidad como algo natural que corresponde, incluso, a los hombres, no tiene mucho interés. En cambio, si la ves como una especie de armario donde te metes por miedo a que te llamen marica, te confundan con un gay o con una mujer, se entiende como ese refugio que es en realidad. Un espacio, además, que tiene una forma una corporalidad y una forma una gestualidad o de expresiones de género que se cuidan porque si no puede acarrear problemas. Creo que la masculinidad es otra forma de armario, aunque casi nunca se concibe así.

P. ¿Cómo se puede llegar a cuestionar un dispositivo que nos constituye?


Quizá ahí los movimientos ‘queer’ nos dieron una pista, en el sentido en el que empezaron a proliferar identidades, que ya no encajaban tanto en esa cosa tan simplona de gays y lesbianas o homos y heteros. Esa proliferación de identidades como las butch (mujeres que se sienten más cómodas con códigos de género, estilos o identidades masculinos que con los femeninos), las fems (mujeres característicamente femeninas), los osos (hombres de cuerpo fornido y con abundante vello facial o corporal) o los sadomasoquistas.

Creo que esta fluidez descoloca por completo este sistema. Uno de los mecanismos donde ya no funciona el armario, donde se desencaja, si quieres usar una metáfora ‘derridiana’, de algo al que se le se rompen las bisagras o que ya no funciona como distribución epistemológica o cultural, es esa proliferación que, además, molesta tanto.

Mucha gente se enfada un poco y a mí me parece buena señal porque de eso se trata. Ya no puedes distribuir a la gente en binarismos. Esa cosa posidentitaria de no responder al dispositivo del armario para mí es la clave por lo que decíamos antes: si entras en su discurso, en su dinámica o en su lenguaje, ya has caído en la trampa. Hagas lo que hagas, estás perdido, o sea, vas a perder siempre. Por eso usamos la metáfora de los vampiros en el libro, esa cosa de que no quieres que te dé mucho la luz, que es algo que también decía Paco Vidarte en unos textos que tiene, muy divertidos, donde analiza esa huida de la luz reveladora.

O bien ese deslizamiento de identidades, digamos muy diversas, o bien cierta ocultación de no responder a lo que te emplaza el poder, de la confesión psicoanalítica, de la confesión en la prensa, de la declaración de homosexualidad... De algún modo, son una especie de estrategias de fuga. Creo que estos grupos ya no responden tanto en los términos del poder.

P. ¿Cree que la homofobia normalizada históricamente en nuestra sociedad es una condición necesaria de la masculinidad tradicional?

Lo que mejor explica eso que planteas es el patriarcado, por eso la reflexión feminista es muy importante para entender estos procesos. El feminismo es quien mejor ha explicado que hay una concepción de la mujer o de lo femenino como algo inferior y de lo masculino o el hombre como algo superior. En realidad, la homofobia emerge como un desprecio por algo que se asimila a una mujer.

Por ejemplo, la expresión "marica", que es ofensiva o era ofensiva, etimológicamente significa ‘el que se viste de María’. Es decir, un hombre que abandona su papel, que traiciona el lugar que le correspondería y se desliza a un espacio femenino. Eso es lo que curiosamente se sanciona. Todo ese rollo machista está muy enlazado con la homofobia porque, en realidad, lo que se está persiguiendo es aquello que teóricamente, culturalmente o simbólicamente se asimila a una mujer porque es algo inferior en el código patriarcal. Por eso para mí es imposible entender el activismo LGTBI+ sin los argumentos del feminismo.

Es algo que hablamos muy bien en el otro libro (‘Por el culo. Políticas anales’) que hice con Sejo Carrascosa. Toda esa persecución del sexo anal en los hombres era como un pánico, una traición, porque significa hacer algo con tu cuerpo que es propio de una mujer, que es ser penetrado. Al final nos dimos cuenta que era un tema de deslizamiento de género.

Para mí, esa es la manera de explicar la homofobia. Volviendo a tu pregunta sobre la masculinidad, a través de la homofobia efectivamente se consolida, por ejemplo, esa idea de lo masculino como un cuerpo impenetrable. Es esa idea de que como hombre tengo que manifestar un cuerpo impenetrable y así adquiero el estatus de masculinidad o de hombría. Creo que estos análisis son útiles para explicar cómo se construye la masculinidad en base a que no haya nada femenino. Sin embargo, a su vez es algo muy frágil porque se tiene que estar consolidando todo el tiempo, ya sea tirando piropos delante de los amigos a las chicas o manteniendo una corporalidad autovigilada.

De esta forma, te vas quedando atrapado por todas esas normas que te prohíben, por ejemplo, la pluma, tener un tipo de voz suave o bailar de forma demasiado elástica. Vas viendo que la masculinidad, primero, es un lugar vacío, o sea, nadie sabe muy bien lo que es, y lo tienes que rellenar con determinados gestos, la ropa, etc.

Yo noto esa vigilancia también en las personas heterosexuales. Incorporas el panóptico, esa vigilancia externa, a tu cuerpo. De modo que ya no necesitas un policía que te insulte o te persiga, sino que lo llevas en la cabeza. Tu propia gestualidad o expresión de género está ya tan limitada y codificada que, además, no la ves. A muchos hombres esto le sonaría un poco raro, dirían, yo soy así de forma natural, pero obviamente no es así.

P. ¿Por qué cuesta tanto desnaturalizar la masculinidad y analizarla como una construcción social, cuando es algo que el feminismo se ha esforzado tanto en analizar en el plano de la feminidad?

Ahí, por ejemplo, a mí me pareció muy revolucionario lo que decía Jack Halberstam en su libro ‘Masculinidad femenina’ porque plantea un desplazamiento muy interesante. Hasta ahora, si te fijas, estábamos identificando la masculinidad con los hombres. Frente a ello, este autor plantea que, además, hay mujeres masculinas. Entonces ahí ya rompe esa asimilación, que es una de las trampas también.

Halberstam explica que la masculinidad, precisamente al ser algo performativo como la feminidad, es decir, que algo que no tiene una esencia u original, sino que es una repetición ritualizada de gestos, no es patrimonio exclusivo de los hombres. Hay mujeres masculinas y también hay muchos hombres femeninos. Así ya se rompe ese esquema tan simple, pero que marca mucho lo que llamamos la policía del género, que lleva a que se reprima o se insulte a quien lo desafía o lo transgrede.

P. ¿Qué te ha parecido que se haya viralizado la expresión 'PEC '14 años después de que Sajo Carrascosa y tú escribierais el libro 'Por el culo. Políticas anales'?


La verdad es que nos sorprendió mucho. Esto me lo dijo mi sobrino, que es muy joven y está en esa onda del ‘PEC’ (Por El Culo). Me pareció sorprendente porque, claro, en la época del libro, en 2010, recogíamos algo que era impensable. O sea, un chico cis o hetero, incluso gay, no diría "Esto me lo meto por el culo" para expresar que algo le encanta. No tengo ni idea de si ha tenido algo que ver el libro, no creo, pero de algún modo lo que sí refleja es un cambio cultural donde el pánico a lo anal se diluye. Es algo positivo y divertido, me parece muy bien, es una pérdida de esa vigilancia.

De algún modo, hace que el culo vaya dejando de ser un lugar de infamia, de miedo o de sospecha de feminidad o de ser gay, que es lo que suele ocurrir, como escribíamos en el libro ‘Por el culo. Políticas anales’. Aunque tampoco tiene por qué, pues muchos gays no practican el sexo anal, hay un montón de malentendidos con esto.

P. ¿Cuánto tiempo nos costará, una vez iniciado ese cambio cultural, abandonar expresiones homófobas como "Vete a tomar por culo" o "Que te den"?


Creo que eso no se radica así como así. Al final, es un discurso asentado y tradicional. La sociedad, por lo menos la española, sigue siendo bastante patriarcal y machista. Ese tema del culo no creo que haya desaparecido ni mucho menos. Sin embargo, también creo que una parte de la juventud, sobre todo tras el impulso del feminismo, está empezando a cuestionar todo lo que implica.

Como consecuencia, creo que una parte de la sociedad se siente un poco amenazada con este tema de la fluidez de géneros, como vemos ahora con esos discursos de la derecha o de las terf, cuando cuestionan a las mujeres trans. Parece que romper ese binarismo amenaza, por un lado, a los hombres de toda la vida que no quieren saber nada, pero también a ciertas mujeres que se habían consolidado en un feminismo un poco antiguo, de la mujer nacida con vagina. Cuestionando eso pareciera como si perdieran su lugar en la política, en la sociedad, cuando en realidad pues no es así. No se deja de denunciar el machismo y la violencia de género porque haya una fluidez de géneros.

Por cuestionar el esencialismo no se deja de denunciar la realidad de la violencia contra las mujeres. Del mismo modo que cuando se cuestiona el concepto de raza, no se deja de denunciar el racismo. El racismo sigue existiendo y tenemos que denunciarlo, pero ya nadie asumiría las razas en términos biológicos. En cambio, la idea de hombre y mujer biológicos se sigue manteniendo y sigue siendo uno de los pilares de la sociedad. Algo que ahora todos estos movimientos de los últimos 40 años han cuestionado ya incluso desde la propia biología. Esa simplicidad de los dos sexos nada más en hombres y mujeres se ha quedado muy antiguo.

P. ¿Qué opina de que haya una parte del feminismo que rechace los estudios 'queer' y que promueva la transfobia?

Me parece sorprendente porque en realidad esta idea de que las mujeres trans eran impostoras surgió a finales de los años 70 en Estados Unidos y en España no había sido un tema hasta hace poco. En realidad, muchas mujeres trans han participado del movimiento feminista sin problema durante años, son igual de impulsoras.

Por otra parte, aquí hubo otro malentendido en el cual se implicaba la teoría ‘queer’ en estas ideas, cosa que no es del todo cierta. El movimiento trans tenía su reivindicación sin necesidad de la teoría ‘queer’ y muchas activistas no lo utilizan, y me parece bien. En cambio, estos discursos empezarán a decir que lo trans es una cosa de las teorías ‘queer’, que están "lavando el cerebro a los chavales". Hay un malentendido muy grande.

Estoy leyendo a Judith Butler para hacer un trabajo sobre ella y ya en 1990, en ‘El género en disputa’, uno de sus libros más influyentes, ella misma explicaba esa fragilidad del género y cómo se configura el sexo incluso como parte del dispositivo de género. Lo hace con un cuidado, no hace desaparecer a las mujeres como se dice ahora ni nada por el estilo. Sin embargo, es una autora que se está malinterpretando con inventos extraños como el borrado de las mujeres. Yo creo que simplemente es una mala lectura de todos esos textos o una no lectura, supongo.

A algunas feministas muy tradicionales o muy instaladas en un espacio muy antiguo, a lo mejor les sorprende un poco o les da la sensación de que pierden cierto poder que tenían en sus cátedras. Yo, de todos modos, he discutido con bastante personas y creo que es una parte bastante pequeña, aunque hagan mucho ruido. Creo que la gran parte del movimiento feminista y transfeminista está totalmente a favor.

viernes, 21 de mayo de 2021

#hemeroteca #queer | Kontuz! Que llega el lobby queer!!!

Google Imágenes / La hora del cuento con las drag queens //

Kontuz! Que llega el lobby queer!!!

Sejo Carrascosa | HalaBedi, 2021-05-21

https://halabedi.eus/es/iritzia/kontuz-que-llega-el-lobby-queer/ 

Kontuz! Que llega el lobby queer!!!
Últimamente, y parece ser que debido a la futura Ley para la igualdad de las personas Trans, se está hablando mucho de la teoría queer... y lo que es cierto es que hay oír verdaderas barbaridades.
Que si lo queer es la ideología de género que está dispuesta acabar con el feminismo.
Que si lo queer es una práctica neo liberal que antepone el deseo personal a la “verdadera” transformación política.
Que lo queer es un lobby cuyo fin último es el borrado de las mujeres
Que lo trans es utilizado por el lobby queer para lograr sus pretensiones.
Que lo trans es lo queer y viceversa.
Por oír se ha tenido que oír que lo queer es un lobby mundial sufragado por George Soros y Bill Gates. Y ya nos gustaría a muchas recibir un sobre todos los meses con unos cuantos euros que aliviasen en alguna medida nuestra precariedad.
Una suma de imprecisiones verbalizadas con verdadera saña, y que además de ser un argumentario incongruente, lo que dejan claro es que quienes sustentan estas mal llamadas opiniones, adolecen de una falta de conocimiento de lo que es la teoría queer o mejor dicho teorías queer o para aterrizar en un plano más político: los activismos queer.
Querría creer que quedaron atrás, muy atrás, los debates y reflexiones que se producían en los espacios antagonistas, donde la argumentación sosegada brindaba puntos de encuentro y se huía de postulados esencialistas. Postulados estos, basados en una especie de competición de las opresiones, un catalogo de falacias basado en la ignorancia y en una exaltación de un sujeto politico claramente neo-liberal.
Intentare explicar someramente en qué consisten los activismos queer, y no entraré en la ley trans, que parece que es la que ha levantado la veda para encumbrar esta forma de ignorancia supina que supone el argumentario antiqueer. Las personas trans ya saben defenderse muy bien ellas sólitas.
Lo que se llama teoría, o también activismo, queer es una serie de ideas y prácticas bastante diversas que surgen dentro del feminismo en la década de los 80, coincidiendo con la gran crisis del SIDA, como respuesta a una serie de conflictos que se estaban dando en su seno: las reivindicaciones de mujeres trans racializadas, de minorías étnicas y migrantes con diversidad sexual y de género, que no se veían representadas en las imágenes o en discurso dominante, que estaba solo ocupado por mujeres blancas de clases medias en el Feminismo o por hombres gays blancos en lo LGTB. Se trata de una perspectiva que cuestiona el cisheterocentrismo y que problematiza la visión clásica del sexo y del género desde una perspectiva mas interseccional.
El activismo se radicaliza para incluir el racismo, las posturas decoloniales, la clase social, el no-binarismo y problematizando sobre todo las identidades, tal y como se planteaban hasta entonces.
Todo estas cuestiones surgen dentro del movimiento feminista en el que se invisibilizaban ciertas minorías poniendo sobre la mesa necesidad ampliar el sujeto político del feminismo, y no de borrar o negar la realidad, opresión, de las mujeres. De hecho la mayoría de las teóricas de lo queer son mujeres: Butler, De Lauretis, Wittig...
Es decir que el activismo queer nace como un cuestionamiento, desde diferentes perspectivas, a las posturas políticas uniformadoras e invisivilizadoras de unas políticas blancas, capacitistas, heterocentradas y liberales que dejan de lado a una mayoría de cuerpos y deseos condenándolos al silencio, a la marginación y al olvido.
Es por esto que las diferentes falacias, por no decir tonterías, que cuestionan la teoria y el activismo queer, parten del desconocimiento del mismo y la mayoría de las veces son estratagemas para no cuestionarse los propios privilegios.
En nuestra ciudad y en nuestros entornos se lleva haciendo activismo queer desde hace mucho tiempo, puede que haya gente que no lo vea o puede que no quiera verlo. Yo invito a conocerlo para poder ampliar las miras políticas de los nuevos retos que surgen y a los que el feminismo debe dar respuestas más radicales y menos naturalizadoras.

miércoles, 29 de enero de 2020

#hemeroteca #lgtbi #queer | La fiesta de las feministas y queers aguafiestas, desde la memoria al porvenir bien revueltas

La fiesta de las feministas y queers aguafiestas, desde la memoria al porvenir bien revueltas.
Amparo Lasén | Pikara, 2020-01-29

https://www.pikaramagazine.com/2020/01/el-libro-del-buen-vmor/ 

'El Porvenir de la Revuelta...'
«Todos son textos queer de sujetos queer encarnados que son, a su vez, sujetos políticos feministas, que en su pluralidad sexo-genérica desafían al binarismo y las dicotomías revelando las fisuras y el imposible cierre de lo que sea ser hombre o ser mujer». Reseña de ‘El libro del buen Vmor. Sexualidades raras y políticas extrañas’, coordinado por Fefa Vila Núñez y Javier Sáez del Álamo y editado por el Ayuntamiento de Madrid en diciembre de 2019.


La cita de Novalis que abre el libro El libro del buen Vmor. Sexualidades raras y políticas extrañas informa de una de sus intenciones: el arte de escribir con otros como síntoma extraño que anuncia la posibilidad de pensar, escribir actuar de modo colectivo. Y es importante ya, de partida, reivindicar el valor y el rigor de las publicaciones colectivas, dado que así son siempre nuestras autorías, ocurrencias y reflexiones. Aunque quede oscurecido a menudo en las publicaciones individuales, que, sin embargo, se venden y promocionan mejor. Este síntoma extraño es aún más necesario cuando se trata de propuestas como esta que quiere movilizar y hacer pensar en común, desde el feminismo y las teorías ‘queer’, siempre vinculadas, y siempre discurriendo entre ellas y en el “entre”: entre cuerpos diversos, entre teoría y práctica, entre experiencias y activismos, entre memoria y porvenir, entre subjetividades y afectos..., afectándose y siendo afectadas.

El título, como dicen sus editores, le hace un guiño al Arcipreste de Hita invirtiendo la A de Amor. Esta Ɐ invertida invita a la lectura desde el extrañamiento, la pregunta, el desplazamiento y la incomodidad. A mí me parece imposible tratar de amor, y, encima, de buen amor, de sexualidades disidentes, de género, sin extrañamientos, desplazamientos, incomodidades, y desasosiegos. Es, sin duda, un acierto haberse acordado de este símbolo matemático que significa “para todo” para titular un libro que busca cuestionar ese «para todo» que entiende el amor como un comodín, vaciado. Pues para todo es igual que para nada, indiferente, sin memoria, sin historia, sin genealogía. Como en el poema A-mor que recuerda Sayak Valencia en su texto para acercarse a lo que podría ser un Ɐmor decolonial.

De forma que este buen Ɐmor incita a hacer memoria, y contra-archivo, a escuchar lo diferente, lo particular, en su dolor y su gloria. Se recogen “voces y cuerpos” de “much+s amig+s, activistas, pasivistas, artistas, poetas, teoric+s, migrantes, feministas, gitanas, afrodescendientes”. Todos son textos ‘queer’ de sujetos ‘queer’ encarnados que son, a su vez, sujetos políticos feministas, que en su pluralidad sexo-genérica desafían al binarismo y las dicotomías revelando las fisuras y el imposible cierre de lo que sea ser hombre o ser mujer. Textos que en su conjunto se ofrecen a ser leídos y des-leídos como propuesta de un desplazamiento político del amor, de las cosas del querer, ofrecer nuevas propuestas feministas sobre los afectos, cuerpos, sexo, deseoc, sentimientos y sus memorias, de su potencia frente al poder, o poderío, diría yo con mis colegas de sociología ordinaria. Este buen Ɐmor se reclama del poderío subversivo, revolucionario de revuelta y revoltoso, (y cómo veremos también en los distintos sentidos de revolver y andar revueltos) de las sexualidades disidentes, no blancas, no cis, no payas, no cuerdas, no ricas, no propietarias, no masculinas, con diversidad funcional.

Poderío, también, para remover y sacudir lo ‘queer’, que no se nos quede sólo en teorías y debates universitarios. En este libro se invita a huir de las narrativas académicas, algo que no siempre nos resulta fácil (esta reseña es un ejemplo, mis disculpas a las lectoras y lectores de ‘Pikara Magazine’, lo intento), hasta Teresa de Lauretis lo intenta en este libro, que anima a explorar poéticas distintas para articular otras políticas. Esta intención acerca del lenguaje y la escritura en su conexión poética-poiética-política también forma parte de la memoria de los activismos y artivismos que se recuerdan en este proyecto: desde las LSD, al cine de Chantal Akerman y sus mujeres desconocidas al que dedica su texto Miriam Martín, o el escrito ‘Jinete Ultimo Reino Manifiesto’, de María Salgado y Fran MM Cabeza de Vaca. Para poder escribir colectivamente sobre el deseo, la (dis)capacidad, el poder, la potencia de los cuerpos, la vulnerabilidad, la muerte y el alma, en un texto que se quiere di-vertido y pervertido, para mostrar la contradicción y complejidad del amor o abrirlo a otras líneas de fuga: más de dos, una red, una solidaridad, cuidados, sin propiedades, sin miedo y sin esperanza. Al leerlo me digo cuánto me gustaría movilizar estas lecturas, experiencias y memorias para revolver también las heterosexualidades, para pensar, imaginar y hacer también una heterosexualidad feminista y disidente (ahí es na). La esperanza es lo último que se pierde, parece ser, también nos va la vida en ello. Como nos recuerda Sara Ahmed en sus ‘Notas sobre la supervivencia feminista’, en el feminismo, como también en las sexualidades disidentes, estamos luchando por nuestras vidas, contra un sistema que ejerce su violencia, sin olvidar que aquellas personas que experimentan la violencia de un sistema son las que lo conocen más íntimamente.

Sin ser un catálogo de exposición, este libro colectivo es parte del programa cultural ‘El Porvenir de la Revuelta, Memoria y deseo LGTBI-Q’, que tuvo lugar en Madrid en 2017. Un proyecto colectivo de Ɐmor y Ɐrtivismo, con voluntad de generar debates, reactivar e inventar imaginarios necesarios para vivir y sobrevivir, para hacer vidas visibles, ampliar libertad y soberanía, ampliar nuestra democracia y atrevernos a construir otra, para hacer alianzas, más o menos monstruosas, vinculando memorias y porvenir, al interrogar y escrutar las experiencias colectivas desde la disidencia sexual y sus actores para confrontar el presente, atendiendo a luchas, afectos, logros y fracasos, miedos, silencios, rabias, y deseo, así como el poderío de esas experiencias.

Este programa artístico y pedagógico crítico celebraba el 40 aniversario de la primera manifestación pública en la que las travestis, lesbianas, maricas reclamaban libertades sexuales secuestradas y penadas durante el franquismo, una celebración conectada con la memoria del activismo de las décadas posteriores. Ilustrado por fotos de esa exposición y de las actividades de ese programa del 2017, este libro prolonga su deseo de reivindicar una memoria y un deseo capaces de cuestionar el presente. Se trata también de recordar el pasado ausente de los vencidos, como las que salieron a la calle hace 40 años, de lo fracasado, lo desechado por la lógica dominante de la historia cultural y política reciente. Por esto el libro se cierra con el contra-archivo, un archivo de activismos y afectos que se construye con las imágenes, textos, recuerdos, objetos, que nunca se archivan porque son abyectos, de los que no importan: bolleras pobres, maricas plumeras, trans, migrantes, gitanas raras, personas con sida, las personas ‘queer’ de pueblo… Quienes sin embargo producen materiales, e inmateriales, que merecen ser guardados y archivados, cuidados. Hacer archivo es también tomar el poder de los guardianes e intérpretes del archivo, nos recuerdan los editores del libro, y con nuestros contra-archivos desafiar la representación del pasado y abrir otro futuro.

La realidad no es solamente lo que ha llegado a ser, atañe también a lo que no ha podido ser, lo que no ha querido ser, lo que hoy sobrevive como posibilidad a estrenar. En un presente de devenir político incierto de crisis ecológica, política, civilizatoria, sexual... recordar y retomar la memoria de las perdedoras es un modo de exponer la vergüenza de los triunfadores, dicen Fefa Vila y Javier Sáez. Y su sinvergüenza, añadiría yo, ya que es propio de los privilegiados el lujo también de no tener vergüenza, de ignorar, de no sufrir de sanción social si se comportan inapropiadamente, de ejemplos actuales andamos sobradas, desde la desfachatez de los corruptos a la negación de la violencia de género, o la propuesta de los vetos parentales a la educación en el reconocimiento y respeto de la diversidad y de los derechos humanos fundamentales.

El libro se presenta en cuatro partes: MEMORIA de una revuelta, DESEO de una revuelta, PORVENIR de una revuelta, CONTRA-Archivo. Los distintos capítulos recogen y expresan memorias revueltas, usando la feliz expresión de Dau García Dauder, que revuelven lo personal y lo colectivo. En su texto, por ejemplo, hilando el relato de su infancia y adolescencia en el Madrid y su periferia de los 70 y 80, con las publicaciones y los eventos claves de los activismos feministas que corrían paralelos en el calendario, aunque ignorados en su mundo de entonces. Con una poética que muestra las complejidades de la contemporaneidad, cuando ese presente contemporáneo paralelo que se ignora configura tu porvenir y sus encuentros, al ir dando forma a la red de afectos, cuerpos, textos, espacios, luchas… lesbofeministas, donde se enredará desde su juventud.

Esta memoria revuelta le permite, nos permite, preguntarnos por cómo habría sido nuestro pasado, nuestra adolescencia, si hubiéramos sabido entonces de esos activismos, de esos abrazos y sentidos, si hubiera leído entonces el ‘fanzine’ ‘Nosotras que nos Queremos Tanto’, del Colectivo de Feministas Lesbianas de Madrid (CFLM), que “lesbianizaban los ochenta sin complejos”. Y que aún nos siguen enredando y revolviendo, como lo que cuenta Carmen Romero, cuyo capítulo abre la sección DESEO, del texto de este mismo colectivo: “El deseo de las demás es cutre, amigas mías, el mío no”, cuyas reflexiones sobre lo particular, complejo y elusivo de las fantasías sexuales y los deseos, debieron revolver los cuerpos y cabezas de quiénes lo escucharon en las Jornadas Feministas Contra la Violencia Machista, de Santiago en 1988, como sucede hoy cuando lo volvemos a leer y debatir con nuestr+s estudiantes.

Memorias revueltas y revueltos de deseos de una sexualidad diversa y disidente, de unos cuerpos también revueltos, irreductibles a la normalización. El vínculo entre memoria-deseo-porvenir de esta propuesta apunta a que no es un porvenir que se aguarda. Se sueña, se actúa, se experimenta, individual y colectivamente, en todos los encuentros Ɐmorosos y los enredos íntimos. El sueño, del imaginario, de la fantasía, es otro hilo que enreda memoria, deseo y porvenir, y si algo saben y han sabido las sexualidades disidentes, como dice Dau García Dauder, es reconstruir los escombros de memoria y sueño. Un ejemplo de esto vemos en las fotos que ilustran el texto de Pepe Miralles, de piedras planas apiladas en un lugar de 'cruising' mallorquín para dar asiento a los deseos y placeres (si hay suerte), como sillas hechas con cuidado para poder volver a las felaciones cuando las rodillas ya no te permiten los antiguos gestos. Así como en las voces que recoge Miralles de esos hombres que limpian y cuidan de este espacio que ha acogido sus encuentros e intimidad compartida durante décadas, que se acompañan hoy allí de diversas maneras, y que vuelven porque el deseo perdura, y el placer sigue por venir, aunque el tiempo en sus cuerpos haga que sean más esquivos los encuentros.

Recordar revuelve, desear ni te cuento, así que los hilos y enredos que sostienen esta propuesta dan cuenta también de múltiples malestares y desasosiegos. Como darse cuenta al recordar de la extrañeza que se sintió, pero a la que no se atendió en su momento, y que es capaz de darnos ahora nuevos sentidos, atenciones y reconocimientos; o el recuerdo de una vergüenza, o la vergüenza o resquemores retrospectivos por las desatenciones y olvidos que ahora vemos, como habernos apropiado en exceso de ciertos nombres, como lo puta en el texto de Carmen Romero, cuando llevadas por el legítimo deseo desafiante de reivindicar la fuerza del insulto y de darle la vuelta al estigma, olvidamos nuestras posiciones de privilegio al hacerlo. O que nos saquen los colores con la denuncia de los silencios y olvidos sistémicos, del racismo como olvido, borrado e ignorancia, también dentro de las memorias de las disidencias, como el mutismo antigitano del que trata Iñaki Vázquez en su capítulo sobre la resistencia de la disidencia sexual y de género rromani contra ese mutismo, o como cuando Esther Ortega nos recuerda que las negras siempre fueron ‘queer’.

El recuerdo de las memorias revueltas hace aumentar el desasosiego ante ciertas iniciativas presentes de olvido y exclusión dentro del feminismo, que tanto dolor, enfado y estupor nos provocan. Las que “quiebran alianzas pasadas forjadas sobre dolores y duelos no plenamente abordados” al pretender arrogarse la capacidad de decidir quién cuenta y quién no como feminista en alegatos en contra de las personas trans o las teorías ‘queer’, o al abordar debates como el de la prostitución calificando de forma ofensiva de proxenetas a las posiciones pro-derechos, faltando a la memoria de la trayectoria y complejidad de estos debates dentro del feminismo, como nos recuerda Romero. La sinvergonzonería de faltarle al feminismo y su memoria: la solidaridad, la sororidad, el apoyo mutuo, las alianzas, el sostenimiento mutuo, reformulando el cuerpo, reconfigurándolo en colectivo, afectándonos, y siendo responsables de esos afectos. Este ‘Libro del buen Ɐmor’ nos recuerda la vigencia de los llamamientos del feminismo de los 80 a que no tenemos que ser iguales para constituir un movimiento, pero debemos rechazar fallarnos las unas a las otras, les unes a les otres, admitiendo nuestro dolor, nuestro miedo y dando cuenta de nuestra ignorancia. No podemos fallarnos, estamos para sostenernos.

El provenir de la revuelta se alimenta de nuestros sueños, y del optimismo y esperanza, a pesar de la cansina persistencia de las violencias sobre nuestros cuerpos, de que los sueños de las que criaturas que criamos “no reflejen la muerte de los nuestros” como dice Audre Lorde, citada por Ahmed, a propósito de criar a criaturas negras en la boca del monstruo racista, sexista, homófobo, capacitista, capitalista. O sea, luchar para no reproducir una herencia, con una lucha que nos permita seguir aferrándonos a nuestros sueños y trasmitirlos para que den forma a ese porvenir y nos sobrevivan, que nos permita seguir en el baile y en la fiesta.

La fiesta de las feministas aguafiestas, inadaptadas y guerreras, sí, ‘queers’, jóvenes y viejas, pero también bailonas, risueñas, comiendo, bebiendo, saltando (si sus rodillas lo permiten, si no explorando los muchos otros movimientos que aún nos quedan) y riendo en fiestas por los sótanos y las azoteas, como reivindica el texto de Materia Hache que cierra el apartado PORVENIR, donde el baile y la fiesta son metáfora de políticas y sociabilidades nuevas, la pista de baile como espacio donde se coreografían las confluencias de memoria, deseo y porvenir, en la noche de baile (o en la sesión vermú para los cuerpos que el tiempo ha vuelto menos noctámbulos) disposiciones que nos permitan estar “vigilantes sobre la menor oportunidad de cambio”, de nuevo Lorde, estar a la que salta, huyendo de las simplificaciones, en común, en procesos colectivos, entre nosotras, nosotros y nosotres, entre cuerpos como en un baile, también de palabras y experiencias, abriéndonos a las preguntas complejas, a darle vueltas a esta realidad tozuda y dañina. Sin fallarnos, sosteniéndonos como cuerpos que bailan apoyándose, atentos, vigilantes y lentos.

miércoles, 20 de febrero de 2019

#hemeroteca #heterosexualidad #pluma | ¿Quién teme a lo queer? – No se nace heterosexual, se llega a serlo

Imagen: Oprimide / Ilsutración de David Lindsay

¿Quién teme a lo queer? – No se nace heterosexual, se llega a serlo.
Breves apuntes sobre el construccionismo y su utilidad para combatir las opresiones de género y sexo. Pluma, heterosexualidad y otras ficciones.
Víctor Mora | Oprimide, 2019-02-20
https://www.oprimide.com/quien-teme-a-lo-queer-no-se-nace-heterosexual-se-llega-a-serlo/

No: no se nace heterosexual. ¿Qué significa esto? ¿No es el impulso erótico algo ‘natural’? No me refiero a la heterosexualidad como ‘deseo’ u orientación sexoafectiva, me refiero a la heterosexualidad como categoría de identidad política. De dónde viene la orientación y cuál es el origen del deseo sexual es algo que no vamos a discutir aquí. Sobre ello hay muchas teorías y conviene recordar que, por encima de todo, no debería ser relevante para garantizar la convivencia democrática. Hoy vamos a encaminarnos en la dirección opuesta al argumento de la ‘naturaleza/biología’, es decir, vamos a preguntarnos qué significados culturales se han vinculado a los deseos y orientaciones, y cómo nos afectan en la construcción de nuestras identidades.

Varias de las preguntas que me habéis mandado este mes proponían cuestiones en esta dirección, y una en concreto podía resumir este problema:

“¿Es también ‘queer’ esa persona que es ‘hetero’ pero a la que clasificamos como “con pluma”?”

¿Qué queremos decir con ‘una persona hetero con pluma’? Hay que tener cuidado y no caer en la trampa discursiva que sólo señala y estigmatiza a las identidades, prácticas y expresiones oprimidas, y deja el marco del privilegio fuera del foco de análisis. El espectro de género y sexo se impone como una fuente de estructuras para la construcción de las identidades y afecta a todas las personas.

Pero vayamos por partes: Hablamos a menudo de que la identidad es algo que escribimos, algo que ‘construimos’, pero, ¿qué quiere decir que la identidad es algo que se ‘construye’? Repasemos un par de cuestiones clave para explicar a qué nos referimos cuando hablamos de cuerpos e identidades en proceso de construcción y por qué esto puede sernos útil para combatir las opresiones.

Cuando Simone de Beauvoir nos dijo en 1949 que ‘no se nace mujer’, se visibilizó de manera incuestionable el origen de la opresión contra las mujeres. El hecho de que se ‘llega a ser mujer’ implica que hay todo un aparato cultural que preexiste y que, efectivamente, socializa a los cuerpos como varones o mujeres, de manera opositiva y jerárquica, con unos significados políticos concretos y con marcados límites sociales que no permiten, además, expresiones arbitrarias o abstractas. Beauvoir puso sobre la mesa una evidencia: el argumento de las ‘diferencias naturales’ se estaba utilizando para construir diferencias políticas.

El siguiente giro lo dio Monique Wittig en 1980, cuando afirmó no sin polémica que ‘las lesbianas no son mujeres.’ ¿Qué quiere decir esto? El feminismo lesbiano de Wittig daba una clave fundamental para comprender la construcción de identidades normativas, ya que ampliaba el marco del género para introducir el sexo. La idea de identidad se sobreentendía dentro de un marco ‘heteronormativo’, es decir, ser hombre o mujer implicaba un orientación única, una ‘heterosexualidad obligatoria’.

El de Wittig fue un paso esencial que abrió la puerta a las teorías ‘queer’. Cada vez quedaba más lejos el argumento de la ‘naturaleza/biología’, y cobraba sentido el ‘construccionismo’ y la sexualidad comprendida como objeto de análisis histórico (es decir, como una estructura social que a lo largo de la historia ha sido interpretada de forma distinta, y sobre la que se han aplicado diferentes valores culturales, sociales y políticos).

Lo ‘queer’ como teoría, de la mano de Kosofsky, de Lauretis, Butler... entre otras pensadoras, advirtió que esos espectros de género y sexo binario, masculino/femenino, se conforman mediante una serie de ‘performances’, es decir, de acciones y expresiones con significado cultural que se repiten de forma constante, y que condicionan nuestro desarrollo como seres sociales (desde la apariencia hasta los modos, desde el lenguaje hasta los afectos). Y la práctica ‘queer’, entre otras cosas (como se ha dicho en este espacio varias veces), combate toda idea determinista del género y el sexo.

En una sociedad democrática, entendiendo ‘democracia’ como el sistema que garantiza la posibilidad de enunciación de realidades diversas en un marco de equivalencia, ¿qué sentido tendría estar divididos por categorías de género y sexo, de identidad y orientación? Lo ‘queer’ propone una crítica a esas fronteras y, como estrategia, plantea el tránsito y la multiplicidad, hasta el punto en que no sea relevante la pertenencia a una categoría o, al menos, que no sea necesario para el acceso a unos derechos civiles, ni condicione la convivencia o el desarrollo vital.

Dicho esto, volvamos a la pregunta: “¿Es también ‘queer’ esa persona que es ‘hetero’ pero a la que clasificamos como “con pluma”?”

Y, ¿qué es la ‘pluma’? En este contexto, podríamos definirla como un conjunto de ademanes, modos o expresiones que dado nuestro ‘género’ se supone que no deberíamos emplear (mujeres masculinas, varones afeminados, por ejemplo), y se utiliza como instrumento de vigilancia normativa (últimamente en auge, por desgracia, también intramuros). Señalar que alguien ‘tiene pluma’ es marcarlo como "no adecuado para su género" y, según el contexto, puede suponer una amenaza, más o menos grave, más o menos violenta.

La cuestión debería ser ¿qué hace esa persona ‘hetero’ con esa ‘pluma’? ¿La asume como parte de su expresión? ¿La reivindica? ¿O la reprime cuando aprende que ser masculina/afeminado no es algo ‘propio de heteros’, o no es como 'debe ser' un hombre, como ‘debe ser’ una mujer? Si hay una condena generalizada contra la ‘pluma’, lo más probable es que aprendamos que es algo que debemos rechazar (en nosotres y en otres). La ‘heterosexualidad’ como identidad política es algo que igualmente se aprende y se ‘construye’. Y como todos los patrones de moldeo, se basa en potenciar conductas y actitudes, y en reprimir y erradicar otras.

La orientación del deseo (sea la que sea) es independiente del significado social que se le atribuye. El hecho de que unas formas de desear, de expresarse, de experimentar el cuerpo y sus acciones tengan más o menos valor cultural, o sean motivo de discriminación o privilegio, es una convención puramente humana, con clara voluntad, además, de sostener desigualdades. En definitiva, nos construimos, ‘se nos construye’, y ‘llegamos a ser’. Una forma de combatir este determinismo que, amén de no ser ya natural o biológico, parece cultural, parte precisamente de cuestionar de forma activa y crítica esas marcas que nos dicen lo que somos y cómo debemos serlo.

No se nace heterosexual, es sólo ficción política.

*Para profundizar un poco más, consulta esta breve genealogía de la filósofa Carmen González Marín

sábado, 18 de abril de 2015

#hemeroteca #pornografia | El porno es de ellas

Imagen: El Mundo
El porno es de ellas
Se acabó la época del cine pornográfico en el que la mujer era un sujeto pasivo. Ahora, son mujeres quienes dirigen, piensan y materializan esté género. Una 'tarde iniciática' en la Barcelona de 2003 fue el inicio del cambio en España. Disparan el fenómeno 'la muerte del DVD, el auge de internet' y el tecnosexo.
Rebeca Yanke | El Mundo, 2015-04-18
http://www.elmundo.es/cultura/2015/04/18/552d4170268e3ecc158b4583.html

Hubo un tiempo en el que, en reunión social, si una mujer declaraba ver porno los ojos de los interlocutores -hombres y mujeres, tanto daba- se abrían tanto como si afirmase que para ella la masturbación también era una opción. Como si pornografía y masturbación fueran cotos de la masculinidad. Pues nada más lejos de la verdad. La realidad de los últimos 10 años demuestra que el porno ya es de ellas.

Se acuerda Itziar Ziga, autora de ensayos como 'Devenir perra' y 'Un zulo propio', de una "tarde iniciática" en la Barcelona de 2003. Hasta la ciudad catalana había llegado, de la mano del filósofo Paul B. Preciado, Annie Sprinkle, actriz porno al principio, después teórica del mismo, sexóloga y una de las primeras directoras de cine pornográfico. "Todo comenzó en aquella charla, en el hoy maltrecho Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), cuando Sprinkle nos narró sus 'Treinta Años de Puta Multimedia' y acabó exhortándonos: si no os gusta el porno que hay, poneros a hacer el porno que os guste".

Ziga rememora: "En Barcelona nos habíamos 'sexiliado', desde diversas latitudes y galaxias, una buena panda de perras, unas más artistas, otras más políticas, todas con ganas de sacarle brillo a la precariedad y de indagar el éxtasis de las 'monstruas', de las parias sexuales que éramos y que somos. Todo fecundó". Ella - al igual que muchas de las presentes en aquella charla- encontró en la editorial Melusina un lugar donde expresarse.

José Pons, su editor, estaba construyendo la editorial cuando Ziga y otras autoras y activistas -María Llopis, Diana Torres Pornoterrorista y Beatriz Preciado, ahora Paul B. Preciado, entre otras- recalaron en la ciudad catalana. El postporno se estaba gestando. "Todo lo precipita un viaje a París para conocer a Preciado, quien propone que Itziar publique conmigo. Cuando Melusina se adentró en este territorio todavía era un espacio marginal, incomprendido y amenazador que el 'mainstream' editorial intenta ahora fagocitar, no sin cierta dificultad gástrica".

Con Pons editó también María Llopis -'performer' y fundadora junto a Águeda Bañón del proyecto 'Girlswholikeporno'-, su híbrido de novela y ensayo 'El postporno era esto'. "Frente al porno sexista, en el que no nos sentíamos representadas, estaba la necesidad de subvertir la industria, de romper la concepción de que la mujer tiene una sexualidad concreta, no existe una sexualidad de la mujer y una sexualidad del hombre», explicaba Llopis a este periódico hace pocos días.

Hace también una década que la directora de cine porno sueca Erika Lust ejerce el activismo pornográfico, también ha elegido Barcelona para desarrollarlo y, en su equipo, apenas hay un par de hombres; el resto, la mayoría, son estilistas (Claire O'Keefe), directoras de arte (Marta Salazar), fotógrafas (Rocío Lunaire), diseñadoras gráficas (Cristina Pastrana), cámaras (Thais Catala) y productoras (Almudena Monzó). "Es desde hace 10 años que se produce el cambio en la industria adulta, los Feminist Porn Awards acaban de celebrar su décimo aniversario y, sobre todo, no sólo hay mujeres delante y detrás de las cámaras, sino que hay mujeres consumidoras de entretenimiento adulto", amplía.

Los premios de porno feminista que Lust menciona se celebraron ayer en Toronto (Canadá) y una de sus organizadoras, Carlyle Jansen, menciona como causa del cambio también "el abaratamiento de la tecnología".

El auge de internet, primero, y de las redes sociales, después, ha avivado el desarrollo de la mirada femenina y feminista en lo que a porno respecta. Cuenta Lucie Blush -dirige la web We Love Good Sex y trabajó con Lust mientras estudiaba en Barcelona-, que todo comenzó "hace 30 años cuando pioneras del porno feminista como Annie Sprinkle y Candida Royale empezaron a crear su propia versión del porno".

"Luego llegaron más directoras, como Ovidie o Petra Joy, pero eran excepciones en la industria, es con la muerte del DVD y el nacimiento de internet cuando se genera una nueva ola del género. Por ejemplo, es la primera vez que en el Porn Film Festival de Berlín más del 50% de las artistas eran mujeres, ya no somos excepciones", argumenta.

Donde sólo había tres posibles roles - «la puta, la santa y la 'milf'», detalla Lust- aparecen "mujeres más activas y más parecidas a las mujeres de la vida real", y desaparecen los "tipos hiper musculados, súper tatuados, agresivos y descebrados -¡A quién le puede parecer eso sexy!- que tampoco salían muy bien parados", prosigue.

"No estaban elegidos para excitar a las mujeres sino por ser una especie de fantasía aspiracional de macho alfa, de los actores con los que trabajo me suelen decir que 'no parecen actores porno', y éste es un rasgo muy claro de la nueva ola del cine erótico", dice.

Con Lust ha trabajado también la actriz y productora de porno Amarna Miller, Premio Ninfa Primera Línea a la Mejor Actriz Española de 2014. Así explica el panorama ella: "El problema es que las productoras 'mainstream', que al final son las más conocidas, no se arriesgan a poner mujeres dirigiendo y el género femenino ha quedado relegado a un nicho de mercado cerrado: el del porno para mujeres, el postporno y el porno feminista. Casi como un discurso político, en vez de una visión más dentro de la industria".

En ello coincide con Lola Pérez, pornófila y filósofa, autora de la tesis 'Perversum interrumptus: pornografía(s) de la razón sexual', donde se lee que "el feminismo está dividido en dos posiciones antagónicas sobre la pornografía y sólo las feministas prosex consiguen tensar, a través de sus modelos alternativos de sexualidad, la feminidad simbólica dominante".

Pese a los claros avances en materia de visibilidad, la academia sigue clamando. Se pregunta Marisol Salanova, filósofa especialista en postporno, "dónde están las corridas femeninas" y sostiene que "más en el porno amateur y el cibersexo que en la industria pornográfica". "Es la pornografía casera, ésa que se retransmite piel con piel sin inhibiciones ni incomodidades, la más placentera para nosotras, aquella en la que somos reparto y público a la vez", considera.

Es en esa búsqueda de un sexo real donde se enmarca, también, la vorágine del porno amauter, empujado por el desarrollo tecnológico e internet. Pero ya no se puede establecer un paralelismo entre lo pornográfico y lo amateur en lo que a sexo se refiere porque hay empresas que van más allá de esta dicotomía y personas que investigan sus posibilidades.

La inglesa Cindy Gallop, que vive en Nueva York, es la fundadora de Make Love not Porn -ahora en proceso de convertirse en televisión 'on line'- , una iniciativa que promueve una visión realista del sexo frente a la dureza de lo pornográfico. "En el mundo del porno, a los hombres les encanta correrse en la cara de las mujeres y las mujeres disfrutan con ello;en el mundo real, a algunas mujeres les gusta y a otras no, a algunos hombres les gusta correrse en la cara de ellas y a otras no, no es que el porno degrade a la mujer, es que el negocio degrada el porno", sostiene esta gurú que comenzó la andadura erótica tras dar una charla sobre sexo en la red y que ésta se hiciera viral.

Gallop niega la mayor: "La industria del porno todavía no la manejan mujeres porque, como cualquier otra industria, continúa controlada por hombres en su nivel más alto. Hay directoras de cine porno fantásticas pero todavía no acumulan las incursiones suficientes como para ser poderosas en la industria. El verdadero cambio todavía no ha sucedido", concluye.

Tampoco le agradan las descripciones como 'porno para mujeres' o 'porno de mujeres'. "Tengo serias dificultades con estos términos. Las mujeres elaboran un porno innovador que los hombres también disfrutan. No existe la etiqueta de porno pro mujeres porque las mujeres disfrutan de todo tipo de prácticas, exactamente igual que los hombres".

Su iniciativa no es ni pornográfica ni amateur sino que aspira al #realworldsex -"estamos creando una nueva categoría"- a través de libres participantes que suben sus videos sexuales a su web. "Nuestras estrellas no son exhibicionistas, son personas como cualquier otra, muchos de ellos nunca se habían grabado haciendo sexo antes pero ahora lo hacen porque creen en el proyecto, porque les parece transformador para su relación y su empoderamiento", explica.

Para triunfar en el universo del 'bussiness', se sirve del social media y de la tecnología o, mejor dicho, del tecnosexo. "No trabajo sólo en desarrollar mi startup sino también en cimentar su camino en el mundo de los negocios, demostrando que es un movimiento ligado al tecnosexo", sostiene.

Hacia el tecnosexo se dirige también Jennifer McEwen, confundadora de Mikandi, app porno de incomensurables dimensiones. "Personalmente, he vivido más sexismo en la industria tecnológica 'mainstream' que en la adulta. Muchas de las mejores compañías de entretenimiento adulto están lideradas por mujeres, es duro ser intolerante o sexista cuando lo más probable es que tu jefa sea una mujer", explica.

Desde la ley de la oferta y la demanda valora el cambio el estadounidense Todd Glider, que comenzó escribiendo erótica en los 90 y ahora dirige la sede europea de BaDoink, una de las primeras compañías pornográficas transversales, esto es, enfocadas en que el cliente pueda ver su porno en cualquier dispositivo. "Sagazmente, muchos se percataron de que el porno era inevitable y que la inmensa mayoría se dirigía a hombres y no a mujeres. Vieron la demanda y actuaron".

John Lane, compañero de Glinder y director de la revista de Badoink, zanja: "si se trata de sexo, se trata del ser humano".

Activismo postporno
Paul B. Preciado | El Mundo, 2015-04-18

http://www.elmundo.es/cultura/2015/04/18/552e788222601da62d8b458c.html

La sexualidad no es natural: es una construcción cultural. Se trata de un aparato psíquico-somático construido colectivamente a través del lenguaje, de la imagen, apoyado en normas y en sanciones sociales que modulan y estilizan el deseo. Por ello, la relación entre sexualidad y pornografía no es del orden de la representación, sino de la producción. La crítica feminista Teresa de Lauretis afirma que, en la modernidad, la fotografía y el cine funcionan como auténticas tecnologías del sexo y de la sexualidad: producen las diferencias sexuales y de sexualidad que pretenden representar. El porno no representa una sexualidad que le pre-existe, sino que es (junto con el discurso médico, jurídico, literario, etcétera) uno de los dispositivos que construyen el marco epistemológico y que trazan los límites dentro de los cuales la sexualidad aparece como visible.

La sexualidad se parece al cine. Está hecha de fragmentos de espacio-tiempo, cambios abruptos de plano, secuencias a contraluz, primerísimos planos, planos en picado y nadir, planos cenitales, zooms, voces en off... que el deseo, encerrado en la sala de montaje, corta, colorea, reorganiza, ecualiza y ensambla. Ese proceso que tiene lugar en el sistema neuronal privado (otros dirán en el inconsciente) encuentra con la invención de la industria audiovisual una dimensión colectiva, pública y política. La industria audiovisual es la sala de montaje política donde se inventa, produce y difunde la sexualidad pública como imagen visible a partir de finales del siglo XIX.

Desde los años 60 del pasado siglo estamos asistiendo a lo que podríamos llamar un asalto de la sala de montaje por parte de los minorías político-visuales cuyas prácticas, cuerpos y deseos habían sido hasta ahora construidos cinematográficamente como patológicos. Hasta entonces, las mujeres y las minorías sexuales y raciales no tuvieron acceso a la sala de montaje. Eran simples objetos de la representaciones: poco a poco se han convertido en sujetos. De nuevo, cuando hablo de minorías no me refiero a un número sino a un índice de subalternidad. Las mujeres heterosexuales, por ejemplo, eran y en parte siguen siendo una minoría político-visual, puesto que la feminidad como imagen se ha construido como el efecto de la mirada heteronormativa. El cine feminista (Trinh T. Minh-ha), experimental lesbiano (Barbara Hammer) o experimental 'queer' (Freak Orlando de Ulrike Ottinger o Dandy Dust de Hans Scheirl) no buscan representar la auténtica sexualidad de las mujeres, lesbianas o gays, sino producir contra-ficciones visuales capaces de poner en cuestión los modos dominantes de ver la norma y la desviación. Del mismo modo, la 'nouvelle vague' post-porno, transfeminista y tullido hecho sobre todo con video (Eric Pussyboy, Abigail Gnash, Lucie Blush, Courtney Trouble, Virginie Despentes, Gaspar Noe, Post-Op, Del LaGrace Volcano, YesWeFuck...) no busca representar la verdad del sexo sino cuestionar los límites culturales que separan la representación pornográfica y no pornográfica, así como los códigos visuales que determinan la normalidad o la patología de un cuerpo o de una práctica.

Durante los años 80 y 90, el feminismo anti-pornografía de Andrea Dworkin y Catherine Mackinnon define el porno como un lenguaje patriarcal y sexista que produce violencia contra el cuerpo de las mujeres ("el porno es la teoría, la violación la práctica"). Estos argumentos eclipsaron el activismo del feminismo pro-sexo, que veía en la representación disidente de la sexualidad una ocasión de empoderamiento para las mujeres y las minorías sexuales. Por su parte, el movimiento feminista anti-porno, apoyado por movimientos conservadores religiosos y pro-vida, abogaba por la censura estatal como único medio para proteger a las mujeres de la violencia pornográfica. Pero, ¿cómo se puede dejar el control de una tecnología de producción de placer en manos de un estado patriarcal, sexista y homófobo?

La cuestión decisiva, por tanto, no es si una imagen es una representación verdadera o falsa de una determinada sexualidad (femenina, masculina u otra) sino quién tiene acceso a la sala de montaje colectiva en la que se producen las ficciones de la sexualidad. Lo que una imagen nos muestra no es la verdad (o falsedad) de lo representado sino el conjunto de convenciones visuales y políticas de la sociedad que la mira. Aquí la pregunta por el quién no apunta al sujeto individual sino a la construcción política de la mirada. La pregunta no es si es posible un porno femenino, sino ¿cómo modificar jerarquías visuales que nos han constituido como sujetos? ¿Cómo desplazar los códigos visuales que históricamente han servido para designar lo normal o lo abyecto?

Es a este ejercicio de reapropiación de las tecnologías de producción de la sexualidad al que llamamos postpornográfico. El postporno no es una estética, sino el conjunto de producciones experimentales que surgen de los movimientos de empoderamiento político-visual de las minorías sexuales: los parias del sistema farmacopornográfico (los cuerpos que trabajan en la industria sexual, putas y actores y actrices porno, las mujeres disidentes del sistema heterosexual, los cuerpos transgénero, las lesbianas, los cuerpos con diversidad funcional o psíquica...) reclaman el uso de los dispositivos de audiovisuales de producción de la sexualidad. Las producciones postporno (las obras performativas y audiovisuales de Annie Sprinkle y Elisabeth Stepthens, COYOTE, Veronica Vera, Monika Treut, Linda Montano, Karen Finley, Maria Beatty, María Llopis, Emilie Jouvet, GoFist, Shu Lea Cheang, Diana Junyet Pornoterrorista) son el archivo vivo de las sexualidades en resistencia frente al porno de Estado, el porno de papá y mamá, el porno colonial, el porno del cuerpo normalizado. Es la revuelta en la sala de montaje donde se construye el deseo.

(*) Paul B. Preciado es filósofo y activista transfeminista, profesor de Filosofía del cuerpo en New York University y autor de 'Manifiesto Contra-sexual', 'Testo Yonqui' y 'Pornotopia', entre otros volúmenes.