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jueves, 12 de marzo de 2015

#hemeroteca #homofobia | Javier Sáez: «Para los niños y niñas gays la casa es el horror, la escuela es el horror»

Javier Sáez: «Para los niños y niñas gays la casa es el horror, la escuela es el horror»
Angélica González | Diario de Burgos, 2015-03-12
http://www.diariodeburgos.es/noticia/Z73FE098D-EFC4-F74C-D6AB81394C34B06C/20150312/ni%C3%B1os/ni%C3%B1as/gays/casa/es/horror/escuela/es/horror

La ciudad le acaba de conocer como el hijo del grandísimo pintor Luis Sáez que ha donado parte de su herencia para que con los fondos que se recauden puedan estudiar jóvenes gitanas. Pero Javier Sáez, técnico del departamento de Igualdad y Lucha contra la Discriminación de la Fundación Secretariado Gitano, es mucho más que un tipo generoso, es un activista marica -así le gusta autodenominarse- que lleva años peleando por los derechos y la visibilidad de las minorías dentro de las minorías. Sociólogo de formación, su nombre es una de las referencias intelectuales en España del movimiento queer. Sáez es autor de libros como el muy epatante "Por el culo", en el que analiza la negatividad sociológica que históricamente ha tenido esta parte anatómica -«intentamos ver qué había detrás de ese pánico anal», dice, entre risas, o de "Teoría queer y psicoanálisis", y ahora prepara una nueva obra sobre antigitanismo, «un fenómeno muy extendido del que no se habla nada».

¿Cómo explicamos qué es el movimiento queer?
Empezando por la palabra queer en inglés. Se trata de un insulto homófobo, es como maricón o bollera, y es interesante conocerlo para saber qué carga tiene, que es la de todas las personas que en algún momento nos hemos sentido injuriadas y perseguidas...

¿Y ustedes le han querido dar la vuelta?
Exacto. Es la apropiación del insulto, es como decir movimiento maricón o bollero o transmaricón, tiene una carga rara de apropiación del insulto, algo distinto a las políticas blancas de gays y lesbianas más respetables.

¿Ustedes no persiguen la ‘normalidad’ e inclusión social que es el objetivo del movimiento de gays, lesbianas, transexuales y bisexuales (LGTB)?
Creo que tampoco es una oposición porque hay derechos civiles que tienen que estar al alcance de todo el mundo pero digamos que la agenda queer siempre ha sido más subversiva, ha luchado en otros frentes, en alianzas con movimientos de inmigrantes, antirracistas... vinculando la lucha contra la homofobia con otros grupos más allá del pequeño mundo de gay blanco propietario y burgués. No hay un enfrentamiento pero la agenda es muy diferente porque viene de luchas populares y marginales. Por eso tiene una vinculación muy fuerte con el movimiento feminista, en el caso de Estados Unidos, con colectivos de mujeres lesbianas negras y chicanas o transexuales. En España también se introdujo el elemento de clase social y de marginalidad.

Habla de movimiento subversivo. ¿Cuál es el orden que quieren subvertir?
La normalidad. No se trata de reforzar valores del mundo heterocentrado o patriarcal como la propiedad, el orden o la sexualidad normativa. Dentro de las sexualidades minoritarias puedes adaptarte y decir ‘me caso y tengo un perro y propiedades’ o hacer una alianza con los grupos más excluidos y pensar que tu lucha es también contra el capitalismo y que no te interesan cosas como la transmisión patrimonial.

¿Un ejemplo puede ser lo que usted ha hecho con su herencia?
Exacto. Para mí una herencia es algo que debe volver a la sociedad, no tiene sentido que alguien se quede con un montón de cuadros por muy valiosos que sean.

¿Cómo es el proceso para que un chico burgués de 17 años, gay en el Burgos de los primeros 80, que se va a estudiar a Madrid, llega al movimiento queer?
Quizás por contactos personales. Dices bien que yo me fui a estudiar a Madrid pero más bien me fui porque Burgos era insoportable, que es una diferencia importante. En realidad mi vocación intelectual estaba en otras materias que podría haber hecho aquí: filología, griego, latín, la lingüística... pero eso suponía quedarme en Burgos, que era el horror por la presión homófoba que había. Había que buscar cualquier excusa para irse y pensé en una carrera que solo se pudiera estudiar en Madrid: vi Sociología, que entonces no sabía lo que era, y me apunté. Pero podía haber sido Física Cuántica, me daba igual, el caso era salir de aquí.

¿Por qué estaba tan ahogado?
A mí nadie me pegaba porque nunca tuve pluma y no me puedo comparar con las víctimas directas del acoso homófobo -que hoy aún existe- pero yo presenciaba aquello y me llenaba de terror y, a la vez, me creaba una especie de esquizofrenia porque tampoco salía en defensa de mis compañeros maltratados. Todavía hoy me siento muy cobarde por aquello.

¿Eso le ha hecho después acercarse a las minorías?
Creo que es más bien un sentimiento de solidaridad con la gente que es oprimida y que intenta sobrevivir. Sí me identifico con ellos a pesar de que yo no he padecido tanto esa opresión por ser un joven de clase media con cultura y blanco. No puedo comparar mi capital social con el de los gitanos o las transexuales. Mi situación es privilegiada pero ese terror y esa destrucción interior estaban allí por los curas, por mi madre...

¿Cómo era aquel Burgos?
Era un entorno muy opresivo porque no había escapatoria y creo que incluso hoy hay muchos jóvenes que lo padecen. En la catequesis de San Lesmes, a la que asistía, nos decían que la homosexualidad era un pecado horroroso, lo peor del Universo y yo, encima, como creyente me sentía muy culpable. Luego mi madre hacía comentarios contra los gays: era muy homófoba y, probablemente la única persona en el mundo que no se enteró de que yo lo era.

Eran los 80. ¿No llegaban los vientos de cambio que soplaban en otras ciudades?
No, aquí se mantenían las esencias medievales pero no solo arquitectónicas. Te decía que para los gays no había escapatoria, no como otras minorías, y estoy pensando en los gitanos, que se pueden refugiar en la familia de todas las persecuciones sociales que pueden sufrir. Pero para los niños gays, las niñas lesbianas, los niños transexuales la casa es el horror, la escuela es el horror, la parroquia es el horror y esa falta de escapatoria hace que muchos jóvenes se suiciden porque no pueden contarle a nadie lo que les está pasando. Y esto es el motor del éxodo, de la emigración silenciosa: te vas pero te vas obligado, dejando a tu familia y a tus amigos.

¿Qué pasó cuando salió del armario?
Pues me llevé una sorpresa. Yo tenía una expectativa de pánico, pensé que aquello iba a ser la hecatombe pero no pasó nada. Tanto mis hermanos como mi padre y mis amigos lo acogieron estupendamente.

¿Cuando vuelve a Burgos en 2015 cree que ha cambiado algo?
Los cambios son muy lentos. Cuando hablo con gente que se ha quedado aquí como Eduardo Nabal, un luchador por la visibilidad gay con un valor inmenso, me da la sensación de que las cosas no cambian. Para empezar, no hay un movimiento asociativo fuerte, y esto es muy significativo, igual que el hecho de que apenas haya bares de ambiente, de que no hay ciclos de cine, seminarios... Dos de los mejores teóricos de España del movimiento queer somos de Burgos y nadie se ha preocupado por traernos aquí a escucharnos.

¿Qué le aconsejaría a un joven homosexual burgalés?
Más bien me dirigiría a los padres, porque los chicos y las chicas saben muy bien lo que desean y lo que sienten. Los que tienen que facilitar el espacio son los padres, decirles que son bien recibidos, que están bien con él o con ella, crear un espacio de comentarios positivos sobre la diversidad sexual. Y les animaría a que se asocien, a que creen espacios de participación, que eso da mucha vida y mucha fuerza.

En un par de meses se cumplen diez años de la modificación del Código Civil que permitió los matrimonios del mismo sexo...
... Pero el deseo de las minorías sexuales no se ha normalizado. Sí lo ha hecho el contrato del matrimonio, que es diferente y está bien porque es un derecho que está ahí al alcance de quien lo quiera disfrutar. Pero no hay cambios en la vigilancia de género y me refiero con esto a las personas que no tienen un aspecto masculino o femenino o en el acoso escolar. No existe el cambio en la percepción de las minorías, hay parejas que siguen siendo apedreadas cuando van de la mano. La ley no ha modificado la realidad.

Le pregunto como sociólogo. ¿Qué le mueve a un tipo heterosexual a tirar piedras contra una pareja del mismo sexo que expresa su afectividad sin quitarle derechos ni invadirle espacios ni molestarle?

Pienso en esas personas con un código masculino muy fuerte en el que han tenido que renunciar a muchas cosas de su deseo. Cuando obligas a toda una sociedad a ser heterosexual por fuerza les has forzado a renunciar a todas las posibilidades del deseo y hay algo de pánico a un deseo propio que no pueden disfrutar como hace esa pareja a la que apedrean.

sábado, 9 de abril de 2011

#hemeroteca #activismo | Soy homosexual. Soy de Burgos

Soy homosexual. Soy de Burgos
Angélica González | Diario de Burgos, 2011-04-09
http://www.diariodeburgos.es/noticia.cfm/Vivir/20110409/soy/homosexual/soy/burgos/29B789CF-E2F2-0A92-699B285F6CC763CD

Acaba de crearse la tercera asociación de gays en Burgos tras el fracaso de las dos anteriores. Se llama Kolectivo Gay Castilla y León y existe, fundamentalmente, en internet. Sus promotores -gente muy joven- no quieren identificarse. No resulta fácil salir del armario en esta ciudad ni quedar al margen de burlas e insultos. Pero no es imposible. Aquí van algunos ejemplos.

Es muy complicado saber cuántos gays hay en el mundo. El 10% del que hablaba en los años 50 del siglo pasado el informe Kensey -el primero que se hizo sobre la sexualidad humana, con entrevistas a más de 20.000 personas- ha generado siempre muchas controversias pero no se conoce otro porcentaje procedente de un estudio con tanta participación. En España, una de las últimas encuestas que se han hecho data de 2009 y se realizó sobre una población de 536 alumnos universitarios: el 6% de los chicos se consideraba homosexual.

Sea como fuere, haya más o menos personas que se salen de la mayoría heterosexual, está claro que existen, que aman y que trabajan. Como médicos, periodistas, camioneros, cantantes, abogadas o amas de casa. Y que deben ser respetadas, no vejadas y poder vivir de acuerdo a sus principios y a sus preferencias. Nadie mínimamente respetuoso con los derechos humanos lo discutiría.

Pero el caso es que esta idílica declaración de intenciones no es más que eso. Las personas gays no siempre pueden decir que lo son, se hacen chistes a su costa y se les señala y hasta se les insulta (cuando no son víctimas de agresiones físicas) si se atreven a mostrar en público afecto a sus parejas.

A pesar de que España se puso a la cabeza de los derechos de los gays cuando en 2005 reformó el Código Civil para que el matrimonio no fuera exclusivo de los heterosexuales y de que en las grandes ciudades la cabalgata del orgullo gay es ya una fiesta para todo el mundo, en Burgos las cosas siguen siendo peliagudas. «Como toda ciudad pequeña, Burgos no nos lo pone demasiado fácil a las lesbianas. La verdad es que yo nunca me he cortado a la hora de caminar de la mano de mis parejas por la calle o de mostrarnos cariño en público pero teníamos que ser conscientes de que cada vez que lo hacíamos íbamos a ser el centro de atención en el mejor de los casos, y, en el peor, objeto de burlas, insultos, y comentarios sexistas y homófobos», asegura Alba Sierra, profesora de Secundaria.

Y es que Burgos no se ha caracterizado nunca por ser una ciudad abierta a los cambios y acogedora para las minorías, a pesar de lo cual, y paradójicamente, de aquí son dos de los principales teóricos españoles del movimiento queer (que sostiene que la orientación y la identidad sexuales son el resultado de una construcción social y no un hecho natural): la filósofa Beatriz Preciado, autora de "Manifiesto contrasexual" y el sociólogo Javier Sáez. «En Burgos me hubiese muerto o me habrían encerrado: sobreviví largándome a París», decía Preciado en una entrevista a La Vanguardia en 2008.

Tan homófoba parece resultar nuestra sociedad que muchos tuvieron claro que la decisión de talar todos los setos del Paseo del Empecinado, tomada en 2004, durante la primera legislatura de Juan Carlos Aparicio, se sustentó en las quejas que los vecinos habían presentado al Ayuntamiento por ser este lugar encuentro de parejas gays. La versión oficial fue que las protestas provenían de los robos producidos en la zona. «Era el refugio de muchos drogadictos y de gente que aprovechaba para realizar otras prácticas, por lo que hemos decidido quitarlos», declaró entonces el concejal Santiago González Braceras.

Por todo esto, tuvo un mérito increíble que en 1998 se presentara en sociedad el Kolectivo de Gays y Lesbianas de Burgos (KGLB) con el escritor y crítico cinematográfico Eduardo Nabal a la cabeza de un pequeñísimo grupo de gente. «Al principio éramos pocos; luego se sumaron más pero el proyecto no funcionó porque queríamos vincularlo a un movimiento de izquierdas que no estaba entonces, interesado mas que superficialmente por las llamadas "minorías sexuales"», explica Nabal.

Una década después, un grupo de jóvenes lo intentó otra vez con el Kolectivo Gay de Burgos que incluso celebró el Día del Orgullo en la Plaza del Cid. El partido ultraderechista Alternativa Española (AES) puso el grito en el cielo porque en los folletos anunciadores de la fiesta aparecía una pareja de chicas besándose junto a la Catedral en una de cuyas agujas se había colocado la bandera del arco iris, que identifica a lesbianas, gays, bisexuales y transexuales. «La colocación de semejante simbología ofende a todos los católicos», dijeron. La asociación no duró más allá de unos meses.

Ahora, hace apenas unos días, se ha presentado la tercera. Se llama Kolectivo Gay Castilla y León, y pretende ser «un gran grupo de amigos organizados». Su punto de encuentro es una red social en internet que ya tiene 168 miembros y su más inmediato objetivo, elaborar una guía de la región detallando los espacios públicos (bares, hoteles, tiendas...) en los que se respeta la orientación sexual.

Nabal, Sáez y Sierra creen que es muy positivo el hecho de que estos chavales se hayan animado a organizarse y les desean mucha suerte. Los promotores de la asociación no quieren dar sus nombres ni salir en las fotografías, actitud que es comprendida por los protagonistas de este reportaje: «Entiendo su reparo pero les animaría a ser valientes porque no te pueden respetar si no te haces valer», afirmó el escritor Óscar Esquivias.

Alba Sierra: «Quienes hemos salido del armario tenemos una vida plena y feliz»
«Es importante que los más jóvenes sepan que las personas que hemos salido del armario tenemos una vida plena y feliz». A Alba, que acaba de cumplir 30 años y es profesora de Lengua y Literatura en un instituto de Secundaria de Madrid, no se le ocurre mejor mensaje que enviar en esta visibilización de su homosexualidad. Porque tiene aún muy fresco en la memoria el "calvario" que pasó siendo una cría: «Recuerdo que me daba pavor hasta pronunciar la palabra lesbiana y a veces la escribía en un papel y la leía; supongo que era la única manera que tenía de "expresar" lo que me pasaba: Hubiera dado lo que fuera por recibir información sobre diversidad afectivo-sexual, por ver "de cerca" a una lesbiana o a un gay y hacerles mil preguntas». Por eso, ahora colabora en el área de Educación del Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid (COGAM) que, entre otras actividades, se dedica a dar charlas en institutos.

Tener su primera relación de pareja le animó a hablar de su orientación a familiares y amigos: «Alguien tenía que haberme dicho que todo iba a resultar tan fácil, me habría ahorrado mucho sufrimiento. Alba dice ser consciente de que muchas veces son los propios gays quienes dificultan su proceso de explicar que lo son: «No se trata de promocionar nuestra homosexualidad, no es necesario llevar un cartel pero tampoco debemos ocultar ni mentir sobre nuestras vivencias», asegura. Y con respecto a salir del armario dice que no se debe obligar a nadie pero también «que ahí dentro no se respira nada bien y está todo muy oscuro».

Eduardo Nabal: «La derecha nos ve como una extraña amenaza; la izquierda, como algo superficial»
Eduardo Nabal es un héroe. Prácticamente un quijote de la causa. Desde los años noventa, cuando de su mano nació el primer colectivo de gays y lesbianas de esta ciudad, el mítico KGLB, no ha parado de trabajar por hacer visible a esta minoría, por reivindicar sus derechos y por exigir un hueco para ella en la sociedad. Y todo, prácticamente en solitario. «La asociación surge por la necesidad de un movimiento reivindicativo y asociativo. Yo había conocido algo del activismo gay en Salamanca y Madrid. Y traté de que esas ideas vinculadas a un cambio social estuvieran aquí. Fue un proyecto demasiado ambicioso porque Burgos no tiene un soporte social adecuado y menos aún lo tenía entonces. La gente estuvo muy interesada pero yo quería traspasar ideas muy avanzadas (y combativas) que no estaban acordes con la realidad burgalesa».

A pesar de este primer revés, y de que la cosa siga sin ser fácil, nunca se ha dado por vencido y ha seguido escribiendo libros y dando charlas. Ahora apoya el nuevo colectivo que acaba de surgir y que en el acrónimo lleva una K como homenaje a su vieja asociación: «El hecho que esto siga siendo difícil se debe a que la derecha en Burgos sigue viendo a gays y lesbianas como una extraña amenaza y la izquierda como algo superficial, un movimiento "poco político". Aún así, creo que las cosas van cambiando aunque algunas declaraciones de políticos y miembros de la Iglesia hagan pensar lo contrario».

Óscar Esquivias: «Me siento orgulloso de ser español por la legislación sobre el matrimonio»
Óscar Esquivias (Burgos, 1972) dice que desde que tuvo conciencia de tener sexualidad siempre supo que era gay «sin ningún género de dudas» y que esta orientación no le supuso ningún conflicto interno ni trauma: «Si acaso, fui un chaval algo solitario porque tenía la sensación de que era el único homosexual del mundo». Ahora, desde la madurez, reflexiona sobre esta naturalidad y se sorprende: «La verdad es que no sé por qué fue así ya que el ambiente social que vivía no era precisamente abierto, y no me refiero tanto a mi familia como al colegio, los amigos, el barrio... El mundo era muy hostil a la idea de que dos personas del mismo sexo pudieran mantener una relación». Al igual que Alba Sierra, Óscar explicó a su gente que era gay cuando tuvo su primera pareja y la reacción fue, al inicio, de desconcierto, pero luego de mucha normalidad.

El escritor, Premio de la Crítica de Castilla y León, asegura sentirse muy orgulloso de ser español, por ser éste uno de los países más avanzados en el respeto a los derechos de las personas homosexuales y por la reforma del Código Civil que hizo que el matrimonio dejara de ser exclusivo para personas de distinto sexo: «Claro que queda mucho por avanzar socialmente y que sigue habiendo estigmas y tópicos, pero lo que vivimos aquí es excepcional. Y los que se oponen a la ley, que ha servido para romper mucho fariseismo, son grupos y personas marginales en la más amplia expresión de la palabra».

Y TAMBIÉN…
Otro día del orgullo
A.G. | Diario de Burgos, 2012-06-13

http://www.diariodeburgos.es/noticia/ZE16DFD46-B6A7-AFEA-E89E1C46A52514F1/20120613/otro/dia/orgullo