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viernes, 23 de junio de 2017

#hemeroteca #homosexualidad #liberacionsexual | Deseo, represión, revolución: Jean Nicolas y “la cuestión homosexual”

Imagen: La Izquierda
Deseo, represión, revolución: Jean Nicolas y “la cuestión homosexual”.
En los años ´70, Jean Nicolas, militante trotskista y activista del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria francés, publica “La cuestión homosexual”: un brillante análisis de la historia de la opresión a los homosexuales y la lucha por su liberación, y un manifiesto estratégico para luchar por el socialismo y las nuevas relaciones humanas.
Ana Rivera | La Izquierda, 2017-06-23
http://www.laizquierdadiario.com/Deseo-represion-revolucion-Jean-Nicolas-y-la-cuestion-homosexual

Corren los años ´70. En plena época de ascenso revolucionario a nivel mundial, desde el Mayo Francés a la segunda ola del movimiento feminista, desde la resistencia de Vietnam y el movimiento anti-guerra en Estados Unidos, el Cordobazo y la revolución chilena sofocados sangrientamente por las dictaduras latinoamericanas, hasta la Primavera de Praga contra la invasión de los tanques soviéticos, desde el movimiento de liberación de los negros hasta la revuelta gay en Stonewall, y bajo el influjo de las revoluciones en Cuba y en China, la clase obrera y la juventud viven un proceso de radicalización política y hacen tambalear al orden social burgués -sostenido con el pacto con la URSS a la salida de la Segunda Guerra Mundial-.

La explotación capitalista, la dominación colonial, el racismo y el sexismo, las relaciones cotidianas, la familia: todo está sujeto a la lucha y la transformación. En este contexto, en el país donde los estudiantes lanzaron su grito de guerra: “la imaginación al poder”, ve la luz el artículo “La cuestión homosexual”. Escrito por un militante de la Liga Comunista Revolucionaria francesa cuyo seudónimo es Jean Nicolas, y publicado en la revista teórica de la LCR, Critique Communiste, en su edición de Diciembre 1976-Enero de 1977, el mismo busca nuevos lazos entre la izquierda marxista y el movimiento de liberación sexual que está en efervescencia y del cual forma parte con su militancia en el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria y posteriormente en el Grupo de Liberación Homosexual.

A banderas desplegadas, traza las líneas de acción: “para los militantes revolucionarios esto supone una doble tarea: por una parte, convencer al movimiento obrero de la importancia y significación de la lucha por la liberación de la homosexualidad, y por la otra, convencer al movimiento homosexual de la necesidad de combinar su lucha por la liberación sexual con la lucha de la clase obrera en pro del socialismo”. El texto se publica como libro y es ampliamente discutido entre los activistas gais y también en los círculos marxistas y de trabajadores.

La sexualidad, entre la normalización y el deseo
Para Jean Nicolas, lo más precioso de las elaboraciones marxistas sobre la sexualidad es que plantean que ésta se inscribe en el ámbito de las relaciones sociales, y por lo tanto, también está determinada históricamente, de acuerdo a las relaciones de producción dominantes en una época determinada. La opresión a los homosexuales es una de las partes de un “proceso de normalización sexual” construido históricamente, y del cual la burguesía se apropia, profundizándolo, con el objetivo de consolidar el matrimonio heterosexual, monogámico, basado en la propiedad privada, la opresión de la mujer y los niños y la represión de la “homosexualidad latente” en todos los individuos, a fin de reproducir estas relaciones sociales que se ajustan al modo de producción capitalista y crear individuos aptos para insertarse en él.

Estas relaciones penetran profundamente en nuestra psiquis, tiñen toda nuestra vida cotidiana, nuestras emociones, nuestra conciencia: son parte de un proceso de sometimiento indispensable para sostener el dominio burgués. La norma sexual es inculcada por la familia, la escuela, la iglesia. El discurso social sobre la sexualidad es normativo, pero no puede dominar al deseo completamente: las prácticas sexuales y las aspiraciones de la vida sexual y social no se corresponden nunca completamente con la norma, sino que existe un desfase permanente: siempre hay una rebelión del deseo contra lo instituido. Según la época, las necesidades económicas, demográficas, históricas, políticas, se sancionará de una u otra forma la “desviación” de la norma sexual. La burguesía logra, por primera vez, no sólo instaurar un discurso normativo sobre la sexualidad, sino comercializarla y obtener beneficios de la represión sexual.

Homosexualidad y represión
Mientras que la antropología da cuenta de que en las sociedades comunitarias primitivas la homosexualidad estaba fuertemente integrada al cuerpo social, la opresión de la homosexualidad es parte de todas las sociedades basadas en la propiedad privada, como también la opresión sobre las mujeres. El desarrollo del monoteísmo, el surgimiento del Estado y de la familia también son parte de este proceso histórico. La herencia de padres a hijos (varones) es la motivación no tan sagrada del tabú de la homosexualidad y la represión de la sexualidad femenina. Las sociedades de la Antigüedad que permitían o valoraban la homosexualidad masculina van transformándose en sociedades basadas en la familia patriarcal y agudizando las restricciones contra la libertad sexual; luego, la tradición cristiana recogerá el tabú contra la homosexualidad y Dios y la Iglesia se convertirán en los guardianes del discurso social sobre la sexualidad.

La penalización de la homosexualidad surge en el Bajo Imperio Romano, cuando el cristianismo se convierte en religión de estado y Constantino sanciona la “sodomía” con la pena de muerte. Durante la Edad Media esta represión se desarrolló y el mito de la relación homosexual como un acto contranatural es creado por Santo Tomás; mito que hoy todavía persiste aún después de ser destrozado por Freud. El sodomita era hereje, y el hereje, sodomita: estas acusaciones de perversiones sexuales eran un arma contra quienes osaran desafiar el poder religioso, y también una herramienta para minar el poder de los señores feudales y quedarse con sus tierras. Y si no, ¡pregúntenle a Cersei Lannister de Game of Thrones!

Pero la burguesía en el poder y en el Estado desacraliza el mundo, la sociedad, la familia. “Desgarró implacablemente los abigarrados lazos feudales que unían al hombre con sus superiores naturales y no dejó en pie más vínculo que el del interés escueto, el del dinero contante y sonante, que no tiene entrañas”, dijo Marx. El centro de la vida humana es el hombre mismo... siempre que pueda pagárselo. ¿Cómo mantener entonces ese orden? ¿Cómo reemplazar el miedo a Dios por el miedo a salirse del rebaño moderno en el capitalismo? Estableciendo categorías de “excluidos”, “asociales”, “desviados”, “enfermos”, reforzando el poder estatal y creando instituciones que se encargarán de ellos, como la cárcel y los hospitales psiquiátricos. Estos desviados son justamente quienes no se integran en el cuerpo social, quienes están por fuera de la producción (y la reproducción) del sistema capitalista. Por primera vez existe una “identidad homosexual”: ya no se sancionan los “actos” homosexuales, sino a los individuos inadaptados, a los que se criminaliza o patologiza. Son los desviados, los enfermos. A la vez, oprime en todos el deseo homosexual, haciendo una separación arbitraria entre las categorías heterosexual/homosexual. Por el contrario el psicoanálisis demostró que no es más natural uno que el otro, y que sólo bajo los efectos de la sociedad la sexualidad se desarrolla en un sentido o en el otro. Es por esto que Jean Nicolas considera esto como el “mito” de la identidad homosexual, afirmando que bajo una sociedad que no oprima sistemáticamente el deseo homosexual el corte arbitrario entre homosexualidad y heterosexualidad cambiaría para dar paso a una auténtica liberación sexual. Por esta razón, critica a las teorías de la homosexualidad como un “tercer sexo” surgidas a fines del siglo XIX, que buscaban darle fundamentos teóricos a las primeras luchas del movimiento homosexual, o las que estaban ligadas al surgimiento del FHAR que postulaban que la homosexualidad en sí misma representa una subversión contra el orden social existente. Esta identificación, el apropiarse de la etiqueta, de la cruz que viene con la estigmatización como “marica”, esto que hoy llamaríamos una “resignificación”, es la respuesta a la represión sistemática y a la desvalorización, cuando la norma no es internalizada llevando a intentos de “corregirse”, a la locura, el suicidio. En ese caso, la burguesía recluye a quienes se identifican como “homosexuales” a su propio ghetto.

El “ghetto” homosexual: si no puedes derrotarlos, lucra con ellos
Las múltiples formas de encierro de los homosexuales no están sólo en las cárceles o los hospitales psiquiátricos, sino también en circuitos comercializados o no comercializados donde encontrar la posibilidad de ejercer el deseo de forma más o menos clandestina. Nicolas distingue entre un ghetto no comercializado que tiene lugar en los espacios públicos, los parques, los baños, donde se frecuentan los homosexuales para encuentros clandestinos, y un ghetto comercializado en las fiestas, clubs, bares, boliches “para homosexuales” donde pueden acceder quienes tengan la capacidad económica para hacerlo. Señala que la burguesía tiene un interés especial en reprimir sistemáticamente los espacios “no comercializados” para canalizar el deseo homosexual a un circuito comercial, del cual obtener ganancias, a la vez que banaliza la identidad gay y la normativiza. Este análisis es cada vez más actual, en tiempos donde el “mercado rosa” se extiende a fronteras inimaginables, con todo tipo de productos, eventos, espacios y lo que se pueda imaginar para el consumo gay. Claro está, sólo para quienes puedan acceder a este circuito. Ciudades enteras hacen gala de ser “gay-friendly”, aunque allí mismo los gais, lesbianas y trans sufran la discriminación laboral, la violencia policial y la falta de derechos. Pensemos, sin ir más lejos, en la “tolerante” Buenos Aires donde “Higui” fue atacada por lesbiana y presa por defenderse, por torta y pobre, y la movilización en la calle logró su libertad.

“Cabe prever que, si continúa la actual tendencia hacia una relativa «banalización» de la homosexualidad, el poder trate de eliminar el ghetto no comercializado, de sanear los lugares públicos, favoreciendo al mismo tiempo la ampliación del ghetto comercializado sobre el que puede, además, ejercer más fácilmente su control”, dice Nicolas, y parece estar hablando del presente. Por ello plantea la necesidad de que el marxismo revolucionario luche codo a codo contra la represión dirigida al ghetto, y acompañe la lucha de quienes se rebelan contra la brutalidad policial, como en el estallido de Stonewall. Pero el ghetto y su represión sistemática persistirán mientras las raíces de la opresión a los homosexuales se mantengan en pie: en la misma Francia en la que escribía Jean Nicolas se libraba una fuerte lucha para tirar abajo la legislación anti-homosexual establecida por De Gaulle y agravada por la enmienda Mirguet, que llamaban a terminar con esta “plaga social” y castigaban las “relaciones contra-natura” entre individuos del mismo sexo. El movimiento revolucionario debía apoyar incondicionalmente al colectivo gay frente a estas luchas.

Esto suponía también una fuerte pelea contra el Partido Comunista y las corrientes stalinistas que reavivaban los prejuicios homofóbicos en la clase trabajadora, rechazando a la homosexualidad como una “tara”, herencia de la “decadencia burguesa”. La represión a los homosexuales en la URSS fue la política de Stalin, que liquidó las enormes conquistas que había significado la revolución para ellos y para las mujeres, luego de que los bolcheviques transformaran a Rusia en el primer país que legalizaba el aborto y despenalizaran la homosexualidad.

Generaciones de lucha por nuestros derechos
“Las tres generaciones del movimiento homosexual” se titula el capítulo, quizás, más interesante y conmovedor del libro de Jean Nicolas. Marca el surgimiento del movimiento, que continúa hasta hoy, en Alemania y Gran Bretaña hacia finales del siglo XIX, cuando Karl Ulrisch, que pasó a la historia como el “primer abogado” de la causa gay, encabezó la lucha contra la legislación anti-homosexual prusiana, que se extendió a toda Alemania con el famoso Párrafo 175, que establecía la cárcel por el delito de sodomía.

El párrafo 175 estuvo vigente bajo sus diferentes formas hasta 1994 y cientos de miles de personas fueron condenadas a la cárcel por su homosexualidad. Aunque la batalla de Ulrisch no tuvo éxito dio nacimiento a la primera generación que lucharía por nuestros derechos. Ulrisch desarrolló una teoría biologicista de la homosexualidad sobre la cual se apoyó Hirschfeld para su teoría del “tercer sexo”, refutada en el libro por Nicolas y que fue muy cuestionada por el movimiento. Esta primera generación del movimiento homosexual a pesar de ser impulsada por sectores de la burguesía y de la intelectualidad, fue apoyada por las organizaciones marxistas, y el partido socialdemócrata alemán apoyó públicamente la lucha contra la legislación homosexual.

Desde Ferdinand Lasalle hasta August Bebel y Eduard Berstein (quien defendió públicamente al escritor Oscar Wilde, que fue detenido en prisión por su homosexualidad), junto a personalidades de la literatura y la ciencia como Thomas Mann, Herman Hesse o Albert Einstein.

Esta generación y el movimiento homosexual fueron brutalmente aniquilados con el advenimiento del fascismo, y durante la Segunda Guerra Mundial decenas de miles de personas fueron recluidas en los campos de concentración nazis por ser homosexuales, marcadas con el “triángulo rosa” como símbolo de su condición. Esta realidad no fue conocida sino décadas más tarde ya que en un principio se invisibilizó el horror al que fueron sometidas las víctimas homosexuales del Holocausto. El stalinismo se encargó de borrar las huellas de la solidaridad del marxismo revolucionario con la causa homosexual y persiguió brutalmente a los homosexuales en la URSS. La segunda generación del movimiento homosexual surgirá después de la Segunda Guerra mundial entre los años ´50 y los ´60, dirigido a lograr reformas legales y del cual serán exponentes el Comité Científico Humanitario estadounidense y el grupo Arcadia en Francia.

Finalmente, Nicolas marca el surgimiento de una tercera generación del movimiento homosexual, mucho más radicalizada y que criticaba la integración de la homosexualidad a la sociedad burguesa, un movimiento que tomaría las calles y del cual la rebelión de Stonewall fue la chispa que se extendió como pólvora. Esta generación apuntará al capitalismo como raíz de la opresión y a la unidad con las mujeres, los negros y los sectores oprimidos. La vinculación con el movimiento obrero resultó más compleja, especialmente por la ideología reaccionaria de los Partidos Comunistas y las organizaciones reformistas en el movimiento obrero que reproducían los prejuicios homofóbicos en el movimiento obrero y alejaban a los homosexuales que se acercaban a sus filas. Es en el desarrollo de este movimiento que Jean Nicolas escribe este libro, aspirando a contribuir a los lazos entre homosexuales, trabajadores y organizaciones revolucionarias. No había sido derrotado aún el enorme ascenso revolucionario iniciado con el Mayo Francés, ni habían surgido todavía el movimiento gay de los años ´80 que se nucleó alrededor del activismo contra el SIDA, ni la teoría queer que sigue siendo fuente de agrupamientos y organizaciones.

La verdadera liberación sexual
Para Jean Nicolas la represión ideológica sobre la homosexualidad tiene su base material en el capitalismo: se niega a reducir la lucha contra la opresión a la lucha contra la norma, ya que el poder de la burguesía radica en el poder del capital sobre el trabajo y de él se derivan y refuerzan todos los tipos de opresión. Así como sería estéril pelear contra la explotación capitalista sin pelear contra la opresión y luchar por una verdadera liberación en las relaciones humanas en otro tipo de sociedad, sería inútil dirigir todos los esfuerzos a la lucha por la liberación sexual sin atacar la fuente del dominio burgués, la apropiación de los medios de producción y el control de la riqueza social. El capitalismo nos condena a la miseria sexual, es dueño de nuestros cuerpos en penosas jornadas laborales, nos quita el deseo o lo regimenta. Sin liberar los cuerpos de la esclavitud asalariada, la auténtica liberación sexual será imposible de concretar. Ya en estos años concluye en la necesidad de reducir el tiempo de trabajo, que es una posibilidad al alcance de la mano por el desarrollo de la técnica, y de esta forma abrirle paso al verdadero goce sexual para todos:

“Una de las condiciones previas para una auténtica liberación sexual pasa por el derrocamiento de las relaciones de producción capitalistas y por una masiva reducción del tiempo de trabajo. En efecto, hay que subrayar que uno de los fundamentos más poderosos de la miseria sexual en el régimen capitalista proviene del sometimiento del cuerpo de los trabajadores a un trabajo prolongado y penoso. La posibilidad hoy día concretada gracias al desarrollo del automatismo, de reducir masivamente el tiempo de trabajo y de eliminar aquellas tareas más pesadas, abre paso a una auténtica liberación sexual para socavar, al propio tiempo, las bases de la ideología burguesa, la cual valora el trabajo a la vez que trata de reprimir la actividad sexual (...). Así es como el cuerpo, liberado de un trabajo largo y penoso y del peso de una maternidad no deseada, podrá entregarse verdaderamente al placer”.

En épocas donde el mercado rosa alcanza grados obscenos, y el llamado “pinkwashing” o barniz rosa convierte a los derechos de las personas LGTB en legitimación de gobiernos neoliberales o aún de la extrema derecha –como en Alemania, donde la nueva referente de la ultraderecha es la lesbiana Alice Weider, abiertamente xenófoba y antisemita-, y en la que la represión a los gais, lesbianas y transexuales pobres se recrudece al calor de la crisis capitalista internacional, la lucha por la auténtica liberación sexual y por la unidad del movimiento LGTB y la clase trabajadora contra los capitalistas que nos condenan a la explotación y la opresión cobra más fuerza que nunca.

domingo, 7 de mayo de 2017

#hemeroteca #lgtbi | Fiestas, homosexualidad y libertad: breve historia política de la noche en París

Imagen: PlayGround / Le Pulp, París, 1999, por Nan Golding
Fiestas, homosexualidad y libertad: breve historia política de la noche en París.
O cómo combatir el fascismo y la homofobia desde la pista de baile.
Antonio J. Rodríguez | PlayGround, 2017-05-07
http://www.playgroundmag.net/cultura/Fiestas-homosexualidad-historia-politica-Paris_0_1969603024.html

A comienzos de los dosmil había en París un club de música electrónica muy popular llamado Le Pulp. No era un sitio que tuviera muchos medios, pero todo el mundo quería tocar ahí, en el único club de la ciudad dirigido por mujeres; un espacio punk, libre, experimental, donde la interacción social se fundía con nuevos proyectos políticos. En Le Pulp precisamente nació Kill the DJ, sello de música electrónica con sede en el 3e arrondisement, donde nos encontramos con dos de sus integrantes, Fanny y Estefania, para hablar sobre la historia política de la noche en París y el papel del feminismo en estas elecciones.

—En general —dice Fanny— los franceses siempre están metidos en política. Creo también que ha pasado con la comunidad LGTB: en los años 80 y en los 90, el movimiento era realmente fuerte. París cuenta con toda una historia queer detrás: Foucault, Deleuze y todos estos nombres no son una coincidencia.

Otro nombre cuyos ecos resuenan detrás de esta historia es el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, conocido por sus siglas FHAR y el hecho de haber dado visibilidad al movimiento homosexual en los setenta, siguiendo los pasos del activismo surgido en el sesenta y ocho.

—Cuando Le Pulp comenzaba en Francia, no había mucha cosa. La comunidad lesbiana en Estados Unidos tenía un montón de espacios y nosotros buscábamos lo mismo: queríamos rock and roll, motos, tatuajes… Fue nuestra primera inspiración de la mano de nuestra conciencia política. Para nosotras, es imposible imaginar lo que es ser gay o lesbiana sin tener conciencia política.

Pero aunque París pueda parecer la clase de ciudad-burbuja alejada de toda clase de comportamientos homofóbicos y retrógrados, no lo es. Una muestra:

—Con el tema del matrimonio homosexual —dice Estefania— tuvimos un debate realmente duro. Salieron un montón de homófobos.

Aunque aprobado en 2013, Francia decidió hacer las cosas a su manera: mientras en el grueso de Europa el matrimonio homosexual se aceptaba sin más, Francia creyó oportuno llevar a cabo un debate público sobre el tema. ¿Resultado? La que salió del armario fue la homofobia…

—Los medios de comunicación empezaron a llamar a gente que estaba en contra y que salía en la tele diciendo barbaridades —cuenta Fanny—. Daba audiencia. Es lo mismo que estamos viviendo hoy con el racismo. Sin embargo, la reacción de la vida nocturna fue salir con más y más energía para luchar contra todo aquello.

Puede que una consecuencia de aquello fuese la derechización de cierta comunidad LGTB , que en estas elecciones ha dado pie a numerosos artículos sobre los gays que apoyan al Frente Nacional. Sin ir más lejos, Florian Philippot, número dos del Frente Nacional, es homosexual.

—No es lo mismo cuando eres negro y gay —dice Fanny—. Si te sientes parte de una minoría, no te pones a excluir a otra gente. Pero sí, es verdad que ahora sí hay gays que participan en los privilegios y la dominación masculina.

Una de las críticas más frecuentes que suelen hacerse a candidatos liberales es que el apoyo a la comunidad gay no significa más que una táctica para hacer creer a la gente que son modernos, aunque no lo sean. Fanny y Estefania son conscientes de que, electoralmente, la comunidad gay se ha convertido en una diana, así sea para apoyarla o para socavarla.

—Cuando Fillon estaba en lo más bajo de las encuestas por sus escándalos, contraatacó con una visión de la familia conservadora y horrible.

Añade Fanny:

—Lo bueno de todo esto es ver que la comunidad queer representa un verdadero peligro para la sociedad conservadora.

¿Es entonces Francia un país machista?

—Totalmente —dicen.

De ello hay pruebas en el mundo de la cultura —como en España, aluden a que el grueso de la programación de festivales es masculina—, pero también en el mundo de la política: ahí están los casos de Strauss Kahn o de Dennis Baupin, diputado de Los Verdes acusado de abuso sexual y acoso —de él se decía que mandaba a sus compañeras parlamentarias mensajes del tipo ‘me gusta cuando cruzas las piernas de esa forma’.

Hablando con la gente de Kill The DJ me viene a la cabeza una idea de Virginie Despentes sobre la masculinidad y el estilo de los candidatos: «[Hammon] —decía la escritora cuando la entrevistamos— tiene una masculinidad híbrida; no tiene esta cosa de: ‘camino con la polla fuera’; no. Él va con su pollita bien metida en los pantalones».

¿Y bien?

—Por eso tuvo los resultados que tuvo —ironiza Fanny.

¿Es Francia un país machista?, decíamos.

Enigma zanjado.

lunes, 4 de mayo de 2015

#hemeroteca #libros #historia | Homosexuales en Barcelona y París: treinta años de intrahistoria

Imagen: Google Imágenes
Homosexuales en Barcelona y París: treinta años de intrahistoria
Luisgé Martín | Revista de Libros, 2015-05-04

http://www.revistadelibros.com/resenas/homosexuales-en-barcelona-y-paris-treinta-anos-de-intrahistoria

El título de este libro, con su regusto irónico, es atinado y brillante, pero el subtítulo, por el contrario, supone un grave error editorial que conviene comenzar aclarando para que no haya lectores que se espanten injustificadamente: Geoffroy Huard, el autor, indaga, describe y reflexiona sobre la homosexualidad en España y en Francia –e incluso, por extensión, en todo el mundo occidental– durante esa época, sin cerrar el ojo investigador tanto como hace creer el subtítulo. Se trata, evidentemente, de un ensayo académico, sostenido por una investigación documental profunda y focalizada en archivos y acontecimientos de las dos ciudades mencionadas, pero la representatividad de éstas resulta algo más que simbólica. París era la capital de Francia y Barcelona era la capital simbólica de España, la única ciudad que conservó trazas europeas durante el franquismo. Lo que en ellas acontecía, por lo tanto, no era sólo circunstancial.

Huard divide el libro en tres grandes partes: «La concepción heterosexista de la sexualidad», «Las subculturas homosexuales de París y Barcelona» y «La concepción homosexual del mundo». En la primera repasa los modos que se usaron para estigmatizar la homosexualidad en las sociedades de posguerra, que se volvieron mucho menos permisivas que las de entreguerras. La tolerancia con la homosexualidad, incluso en la España prerrepublicana, fue mucho mayor que la de los años cincuenta y siguientes. Y para justificar esa intransigencia se recurrió a la identificación del homosexual con el enemigo: en Francia, con los fascistas o los colaboracionistas; en España, en cambio, con los comunistas. Se invocaba el patriotismo necesario para vencer la adversidad, y el patriotismo –entre otras cosas, por razones demográficas– era claramente heterosexual.

Las fórmulas de reprobación social de la homosexualidad –en Francia, en España y en toda Europa, insisto– son bien conocidas, pues se mantuvieron durante décadas y aún quedan expresión de ellas en los segmentos más reaccionarios de la sociedad. El recorrido que hace Huard por ellas tiene, sin embargo, no sólo un interés histórico, sino el valor arqueológico de recuperar ideas y actitudes que hoy resultan sonrojantes. La mancha de la enfermedad, la asociación con la pederastia y la vinculación con la delincuencia son marcas clásicas de la humillación con que se ha apartado siempre a los gays, y Huard puntea con inteligente erudición las terapias psiquiátricas encaminadas a “curar” la homosexualidad y otras lindezas por estilo.

La segunda parte del libro bucea en la cotidianeidad gay de esas décadas. Es la parte más “parisiense” y “barcelonesa”, pues rastrea con un detalle a veces maniático los lugares de ligue, las costumbres clandestinas y los locales célebres de la noche homosexual de ambas ciudades. Menos interesantes quizá para un lector general, estos capítulos reconstruyen con solvencia el submundo en el que tuvieron que sobrevivir los homosexuales. Los meaderos –las famosas «tazas» parisienses–, los jardines y parques con zonas de “cruising”, el metro, las estaciones de tren, las piscinas, las saunas y los bares de ambiente son pintados por Huard con un pincel que trata siempre de superar el costumbrismo y la anécdota. Y lo consigue. La minuciosidad de algunas descripciones y la concreción de nombres, barrios y prácticas sexuales le dan a esta parte de “Los antisociales” un tono a veces enternecedor y nostálgico que no se aparta, en ningún caso, del rigor. Y esto, que puede ser una virtud, puede también dejar insatisfecho a algún lector menos académico, que echará de menos más abundancia de esas historias personales que el autor dispensa con cuentagotas.

La tercera parte, «La concepción homosexual del mundo», es, sin duda, el núcleo del libro y la joya que el autor quiere ofrecer. En ella se procura recuperar la memoria del asociacionismo homosexual –combativo o no– anterior a los años setenta, que es el momento en que, según la historia oficial, se inicia la revolución gay y la reclamación de los derechos civiles. La fecha fundacional es el 28 de junio de 1969, con la revuelta de Stonewall en Nueva York, pero antes hubo individuos y grupos organizados que, más o menos en la penumbra, alumbraron ese instante, según Huard. Arcadie, un grupo creado en 1954 por André Baudry en torno a una revista de larga vida –sobrevivió hasta 1982–, fue el origen y la médula del movimiento francés. Se definían a sí mismos como homófilos, y no como homosexuales, para poner el acento en la forma de sentir, y no en la sexualidad. (Huard, por cierto, no da explicación de este sentido hasta muy avanzado el libro, después de haber utilizado el término reiteradamente).

Después de mayo del 68, sin embargo, todo cambió. La docilidad fue convirtiéndose en rebeldía, y de Arcadie surgió el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria. Esta organización, que tuvo una vida breve pero intensa (1971-1974), es el centro de “Los antisociales”. A ella dedica la mayor hondura de su trabajo y de ella irradian muchas de las ideas que sostienen el libro.

El paisaje que se pinta alrededor del FHAR resulta todavía hoy apasionante y conserva la borrosidad de los hechos demasiado recientes históricamente. Según muchos de los protagonistas –avalados por el autor–, la lucha homosexual permitió que las contiendas revolucionarias de la izquierda clásica se reformularan y entraran en la modernidad. En ese recorrido y en esa pesquisa, queda bien retratada la homofobia furibunda de muchos de los compañeros de viaje. El Partido Comunista Francés, por ejemplo, calificó de «mascarada» la manifestación parisiense del 1 de mayo de 1971, la primera manifestación europea en que los homosexuales desfilaron reivindicándose como tales. La homosexualidad, para una buena parte de la izquierda orgánica francesa y española, era una «enfermedad burguesa» que debía ser extirpada. Como llegó a escribir Ramón J. Sender en un artículo delirante que Huard menciona a pie de página, «es difícil entender a los homosexuales» y «el hecho de que se hayan revelado –y rebelado– en España los homosexuales nos extraña y nos ofende un poco a todos».

“Los antisociales”, por lo tanto, está lleno de detalles interesantes de miniaturista y presenta un fresco histórico documentado y riguroso, aunque en ocasiones su ordenación –cronológica y geográfica, con viajes de ida y vuelta de Francia a España y de atrás adelante– resulta un poco confusa y enmaraña la lectura. Donde a mi juicio hace agua sin remedio el libro es en la defensa de las tesis del autor, que enuncia ya en la introducción, que trata de defender en cada una de las partes y que reitera en las conclusiones. Son fundamentalmente dos, y las dos responden a esa necesidad adánica que a veces tienen los investigadores y los ensayistas de reinterpretar revolucionariamente los hechos y reinventar la historia. La primera tesis sostiene que, en contra de lo que se asegura, la persecución de los homosexuales no fue tan intensa ni tan sistemática en esa época. La segunda, también un poco a contracorriente, sostiene que antes de la fecha inaugural de la “insurrección” gay, en los años setenta, ya había movimientos o individuos que peleaban por los derechos de los homosexuales. Ninguna de las dos tesis queda avalada por el libro.

Ya desde el principio, Huard reprocha a los pocos cronistas de la homosexualidad durante el franquismo que hayan caído «en el mito de la persecución basándose en muy pocos testimonios». Y a continuación asegura que «las cifras demuestran que no hubo una persecución o una represión sistemática» ni en España ni en Francia (aunque muestra la paradoja de que, según esas cifras, «las autoridades francesas fueron mucho más represivas que las autoridades del régimen franquista»). Más tarde, con una frivolidad digna de mejor causa, afirma que «tendemos a pensar hoy que, desde la teoría de la liberación gay, la doble vida era forzosamente fuente de desgracia. Pero, aunque pudiera ser el caso algunas veces, no es del todo cierto».

“Los antisociales” describe todo el espectro de la sordidez de las catacumbas gays; relata emboscadas, detenciones y agresiones; y apenas menciona, desvaídamente, la vida «normal» y sosegada de un hombre. Pero, a pesar de ello, agarrándose a las cifras carcelarias, impugna «el mito de la persecución». Él mismo cita en el libro una frase del Comité de Acción Pederástica Revolucionario de la Sorbona que sirve para refutar su tesis: «Por un glorioso Jean Genet, cien mil pederastas [en su sentido coloquial de homosexuales] vergonzosos, condenados a la desgracia».

Tampoco alumbra mucho el libro esa paleohistoria del activismo gay que el autor defiende. Es cierto que existió Jean Genet, que hubo otros escritores “desvergonzados” y combativos, y que algunos intelectuales icónicos se comprometieron contra el orden sexual convencional, pero citar a García Lorca, a Vicente Aleixandre, a Cernuda e incluso a Proust como «ferviente[s] defensor[es] de la causa gay» que «intentaron luchar contra el orden sexual dominante» es, obviamente, un exceso. Es cierto también que existió Arcadie desde 1954, pero, como puede deducirse del propio relato de Huard, tuvo una intencionalidad más contemporizadora que rebelde, y hasta el surgimiento del FHAR, ya en la época “mítica” de los años setenta, sólo existieron fogonazos desarticulados de protesta. Resulta evidente que ningún movimiento nace de la noche a la mañana sin que haya una incubación previa, pero sostener que «todos los discursos y acciones anteriores […] a los años setenta que defendían a los pederastas, invertidos, homosexuales, homófilos, gays […] eran también revolucionarios» resulta cuando menos atrevido y algo inconsistente si nos atenemos a los hechos que él mismo aporta.

Lo sustancial de “Los antisociales”, no obstante, no es la defensa de estas tesis, sino la ingente indagación documental y bibliográfica que permite reconstruir con pincelada bastante fina esa época oscura de la homosexualidad. Y, en esa tarea, Geoffroy Huard sí sale bien parado.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

#libros #historia | Los antisociales : historia de la homosexualidad en Barcelona y París, 1945-1975

Los antisociales : historia de la homosexualidad en Barcelona y París, 1945-1975 / Geoffroy Huard.
Madrid : Marcial Pons, 2014 [12-10]
381 p.
Colección: Estudios
ISBN 9788415963202 / 26,60 €

/ ES / ENS / Tesis
/ Activismo / Barcelona / Catalunya / FHAR / Francia / Franquismo / Historia – Siglo XX / Homosexualidad / Liberación sexual / Paris / Persecuciones políticas

Hoy día se cree que los gais vivieron ocultos hasta la "revolución gay" de la década de 1970 y los primeros movimientos homosexuales de la Transición. Según este lugar común, no hubo prácticamente nada antes de estas fechas. Sin embargo, el historiador Geoffroy Huard demuestra que nada más lejos de la realidad. Gracias a un exhaustivo trabajo —en archivos inéditos consultados por primera vez desde la democracia, como los de la Brigada Mundana de París, los de los juzgados de vagos y maleantes, de peligrosidad y rehabilitación social de Cataluña, además de informes policiales, jurídicos, médicos, artículos de prensa, novelas y entrevistas con actores de la época— el autor reconstruye el intenso mundo gay que existía tanto en el París de los "treinta años gloriosos" como en la Barcelona franquista entre 1945 y 1975. Se trata, por tanto, de un enfoque nuevo que reconsidera la historia reciente de los "invertidos" en ambos países.

Geoffroy Huardes profesor de español en la Universidad de Le Havre. Doctor en Historia y Sociología por la Universidad de Cádiz y la Universidad de Amiens (Premio Extraordinario), ha realizado una estancia postdoctoral en la Universidad de Cambridge y ha sido Visiting Scholar en la Universidad Johns Hopkins. Traductor al español de “El deseo homosexual” de Hocquenghem y “Escapar del Psicoanálisis” de Eribon.

SUMARIO
Introducción. Etiología de la homofobia.
-Primera parte. La concepción heterosexista de la sexualidad
-Capítulo 1. La oleada moralizadora en la posguerra
-Capítulo 2. La diferenciación sexual: un "deber"
-Capítulo 3. La protección de los menores
-Segunda parte. Las subculturas homosexuales de París y Barcelona
-Capítulo 4. La lucha por la desexualización del espacio público en París
-Capítulo 5. El mundo de los "fulleros" y de las "mariconas" en París
-Capítulo 6. Los "invertidos" de las clases populares en los bajos fondos de Barcelona
-Tercera parte. «La concepción homosexual del mundo»
-Capítulo 7. Las manifestaciones por la igualdad sexual: luchar contra las discriminaciones, 1950-1960
-Capítulo 8. Nuevas formas de militancia: la toma de palabra por la "liberación sexual", 1960-1970
-Capítulo 9. El Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, 1971-1974
-Capítulo 10. La solidaridad homófila franco-española, 1970-1975
-Conclusión. Las revoluciones gays
-Fuentes y Bibliografía

ENLACES
Marcial Pons | Los antisociales

http://www.marcialpons.es/libros/los-antisociales/9788415963202/
Web | Geoffroy Huard
http://geoffroyhuard.com/
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TESIS
Histoire de l’Homosexualité en France et en Espagne. Discours, subcultures et pratiques (1945‐1975) / Geoffroy Huard ; directores, Francisco Vázquez García (Universidad de Cádiz) y Didier Eribon (Universidad de Amiens, Francia)
Tesis Universidad de Cádiz. Fecha defensa: 2012-10-19
Documentación
Viernes 19 de octubre: defensa de la tesis doctoral de Geoffroy Huard
Filosofía en Cádiz, 2012-10-27

http://filosofiacadiz.blogspot.com.es/2012/10/viernes-19-de-octubre-defensa-de-la.html
Google Books
http://books.google.es/books?id=5ubloAEACAAJ&hl=es&source=gbs_ViewAPI&redir_esc=y
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DOCUMENTACIÓN
Homosexuales en Barcelona y París: treinta años de intrahistoria
Luisgé Martín | Revista de Libros, 2015-05-04
http://www.revistadelibros.com/resenas/homosexuales-en-barcelona-y-paris-treinta-anos-de-intrahistoria