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domingo, 19 de abril de 2020

#hemeroteca #identidades #historia | Los judíos conversos usurparon apellidos de nobles para escapar de la Inquisición

Imagen: Público / 'Auto de fe de la Inquisión', de Francisco de Goya
Los judíos conversos usurparon apellidos de nobles para escapar de la Inquisición.
El investigador Enrique Soria destapa una de las estrategias más sibilinas del Siglo de Oro para escapar al "régimen de terror" de la limpieza de sangre y la persecución de la Inquisición española.
A. Moreno | Público, 2020-04-19
https://www.publico.es/sociedad/judios-conversos-inquisicion-judios-conversos-usurparon-apellidos-nobles-escapar-inquisicion.html

Miles de judeoconversos se apropiaron de apellidos de familias nobles entre los siglos XVI y XVII para limpiar su origen manchado y esquivar la implacable política represiva puesta en marcha por la maquinaria inquisitorial y los estatutos de limpieza de sangre. La audaz estrategia de asimilación de la comunidad judeoconversa ha sido estudiada minuciosamente por Enrique Soria, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Córdoba y autor de una prolífica obra investigadora sobre los marranos o cristianos nuevos.

Sus conclusiones son sorprendentes. En medio de una sociedad aparentemente inflexible y sometida a asfixiantes leyes de depuración católica, los judeoconversos encontraron resquicios para escabullirse de su estigma primigenio y activar mecanismos de ascenso social. "El uso de los apellidos entonces era muy caótico", subraya Enrique Soria. "Muchos hijos llevaban apellidos de la madre. Otros de la abuela o de un tío. Y era muy normal que los hermanos tuvieran apellidos distintos. Y, en ese caos, es muy fácil que los conversos jueguen para huir de la marca de la infamia".

El investigador cordobés lleva años sumergido en los archivos. Y ha revisado miles de documentos que revelan una de las prácticas más ingeniosas de reinvención del linaje. "Si yo me llamo Córdoba de apellido, como cientos de personas, porque soy descendiente de un judío, pues me pongo Fernández de Córdoba. Y a un genealogista le pago para que me diga que desciendo de un hijo bastardo de la familia. Y lo injerto en el árbol genealógico. O paso de Ramírez a Ramírez de Arellano. O de Toledo a Álvarez de Toledo. Es decir: usurpo apellidos nobiliarios o que suenan a nobiliario".

Los judeoconversos con poder económico daban un paso más en su sibilina estrategia. Sobornaban a los auténticos nobles, muchos de los cuales vivían en el norte y pertenecían a familias en claro declive. Contactaban con ellos y compraban su inclusión en la estirpe a cambio de un documento que certificara su falso origen hidalgo. "Lo que interesaba es tener una carta que después puedas usar. Una prueba. Y, en efecto, se trataba de toda una industria de la falsificación y el blanqueamiento".

Los estatutos de limpieza de sangre se convirtieron durante siglos en un férreo sistema de depuración ideológica sin precedentes ni parangón en Europa. Una sola gota de sangre judía en generaciones ya manchaba de forma irreparable la reputación personal y desencadenaba todo un proceso de ostracismo social. "Esa monstruosidad demencial hacía que con solo un judío entre tus antepasados ya era suficiente. Podías ser el mejor cristiano del mundo y convertirte en un paria social si alguien demostraba que tenías la sangre manchada. Entonces, no podías entrar en las cofradías, ni en la universidad, ni tener cargos importantes". Son innumerables los casos de obispos, canónigos e incluso santos que tenían huellas judías en su árbol genealógico. "Yo he demostrado en un trabajo que hay una gran parte de la Inquisición que tiene sangre judía. Y esta espada de Damocles permanece encima de la población entre 1550 y 1650, que son los años más duros".

Los judíos ocupaban el vértice del escalafón del desprecio, por encima, incluso, de los moriscos. "Era asco absoluto", describe gráficamente Enrique Soria. Pero, ¿cuál es la razón? El investigador cordobés cree que uno los motores del odio social fue prendido por la Iglesia, que los acusaba de haber matado a Cristo. "Aunque Cristo era judío", remarca el catedrático de la UCO. Los prejuicios y las leyendas antisemitas se expandieron como la pólvora. "Los acusaban de envenenar fuentes y matar niños, y se identificaban con el prestamista y el usurero". El hecho diferencial con el morisco, en opinión de Enrique Soria, es que este es rural y marginal, y el judeoconverso se instala en las urbes, se mezcla con las clases medias y accede a puestos de relevancia, desde escribanos a notarios, contadores médicos o farmacéuticos, lo que excita un fuerte sentimiento de envidia.

A diferencia de Europa, donde los judíos son atacados ferozmente pero enclaustrados en guetos, en España están insertos en la trama social. "Se sienten parte del sistema pero son rechazados por el sistema", puntualiza el profesor. Ese hecho inaudito propicia, bajo su perspectiva, el fenómeno del Siglo de Oro, que es la "máxima etapa de la creación humana". Muchos de los autores son de origen converso y sus desventuras personales en el contexto de una sociedad que los hostiga constituyen el magma de dos de los géneros más celebrados de la historia de la literatura española: la picaresca y la mística. "La picaresca es impensable fuera de España. Es un cántico a mostrar las miserias del sistema. Los escritores no son pobres, pero saben que, por su sangre, son basura social. Y cada uno a su manera, hasta Cervantes, está escribiendo desde el dolor", afirma.

Sobre la controversia originada por la escritora Elvira Roca y su libro ‘Imperiofobia y leyenda negra’, Enrique Soria coincide con la autora en que la Inquisición española dictaba sus sentencias en el marco de un proceso con garantías, al contrario de lo que sucedía en el resto de Europa. "Aquí no existe el linchamiento de las sociedades anglosajonas. Pero la cuestión no es cuántos quemaron. De lo que se trata es del régimen de terror que genera la Inquisición y la limpieza de sangre. La Inquisición juzga a los malos cristianos y no admite la libertad de creencias. No solo en España. En toda Europa. Lo distintivo de España es la limpieza de sangre. El miedo a que saliera a la luz tu auténtica ascendencia sí es propiamente hispánico. Y es monstruoso". Enrique Soria cree, por tanto, que Elvira Roca maneja datos veraces en relación a la Inquisición, pero considera que la autora malagueña los utiliza para defender "un discurso reivindicativo de la España imperial".

martes, 25 de febrero de 2020

#hemeroteca #historia #identidades | Henry Kamen: “No hubo Reconquista. Ninguna campaña militar dura ocho siglos”

Imagen: El País / Henry Kamen
Henry Kamen: “No hubo Reconquista. Ninguna campaña militar dura ocho siglos”.
El hispanista británico combate los mitos que construyeron la identidad española. “Los políticos de ahora no tienen ni idea de qué es una nación", asegura.
Ricardo de Querol | El País, 2020-02-25
https://elpais.com/cultura/2020/02/24/actualidad/1582544863_181774.html

A este historiador le irrita el debate entre políticos sobre si España es una nación o si hay varias naciones en ella, hay quien dice que son ocho. También le irrita la tendencia del poder político a manipular el pasado, desde la Reconquista a la derrota catalana de 1714, para dar un barniz histórico a su (pobre) discurso. “Los políticos de ahora no tienen ni idea de qué puede ser una nación, o qué sería una nación de naciones. No han investigado qué se quiere decir al hablar de nación. Es solo un juego de palabras”, afirma vehemente Henry Kamen (Rangún, Birmania, 1936), hispanista británico residente en Barcelona, doctorado en Oxford, miembro de la Royal Historical Society de Londres, autor de una treintena de libros sobre España y amigo de la polémica. La mayoría de expertos, advierte, han abandonado el debate de qué es una nación porque no hay forma de llegar a una conclusión indiscutida. Los políticos harían bien en hacer lo mismo.

Kamen publica ahora 'La invención de España' (Espasa), un ensayo demoledor para todos los mitos sobre los que se ha querido construir la identidad nacional. Dicho sea lo de invención sin ánimo de ofender: todos los Estados modernos han tenido que crear su identidad en los últimos dos siglos con lecturas fantasiosas de su pasado. Solo que algunos (Francia) han tenido más éxito que otros (España). “También Francia acusaba, en el siglo XIX, problemas de cohesión, sentimiento nacional y unidad lingüística. Aún en 1870, no lograban reclutar campesinos para el Ejército porque no entendían su habla. No había motivos para que España no pudiera seguir el mismo camino”.

El problema de fondo, defiende en su libro, es que “para unir España ha habido que inventar la nación, procurando, al mismo tiempo, aceptar en ella mil años de diversidad y contradicción”. El autor británico rebate sin tapujos todos y cada uno de los mitos nacionales: desde Sagunto y Numancia a Covadonga y Lepanto, figuras tan ambiguas como El Cid, conceptos tan difusos como la raza hispánica o el discurso de la decadencia inexorable.

El mayor mito de todos quizás sea la Reconquista. Henry Kamen explica por qué no puede considerarse un mismo fenómeno todo lo ocurrido en la Península ibérica a lo largo de ocho siglos. “Ninguna campaña militar en la historia de la humanidad ha durado tanto”. El mismo término Reconquista no aparece hasta 1796. Y se utiliza desde entonces por los conservadores “para subrayar la supuesta gloria de España, usando un concepto equivocado para servir a una ideología”, opina.

Las circunstancias de la toma de Granada en 1492 no tienen nada que ver con las que decidieron la batalla de Navas de Tolosa, casi tres siglos antes y en el contexto de una cruzada internacional. “Fernando e Isabel no reanudaron un proceso que se había interrumpido, sino que dieron comienzo a una etapa diferente”, dice. Por no remontarse más allá, a la rebelión de Pelayo en Covadonga, nunca documentada y probablemente ficticia. Kamen tampoco compra el relato de un Al-Andalus idealizado, obra de los románticos extranjeros del siglo XIX fascinados por la herencia islámica en España. El esplendor de Al-Andalus, dice, se limita a un periodo muy breve en Córdoba, en el siglo X, y otro posterior en Granada.

Los Reyes Católicos han sido un símbolo nacional para unos y para otros: para los liberales del XIX eran monarcas ejemplares en contraste con los que les sucedieron, que eran extranjeros, incompetentes y absolutistas; luego es Franco el que pone en su altar particular a Isabel la Católica. “Cuando era estudiante no me gustaba estudiar a Isabel, creía que era una reina fascista”, bromea. “En los ganadores de la Guerra Civil no había cultura, salvo algunos falangistas inteligentes como José Antonio. Tampoco esperaban llegar al poder, así que tuvieron que buscar en el pasado las esencias de una ideología que no existía. Franco no tenía ideología porque no sabía nada de nada”.

El autor se niega a aceptar la unión dinástica de Castilla y Aragón como el momento fundacional de la nación española. “En realidad, no creó ni siquiera un Estado. En los más de dos siglos que siguieron a la unión de las coronas de Isabel y Fernando, no se tomó ninguna medida para lograr la unión política de la Península”. Es a partir de 1700 cuando los Borbones emprenderán la unificación política, en un principio solo administrativa. Fue un proceso lento.

“Hasta las Cortes de Cádiz de 1810 no estalló en España la chispa del patriotismo, pero incluso entonces la fusión de las provincias en una sola nación fue un proceso que dependió mucho del mito y la leyenda”. España no tuvo bandera hasta bien entrado el siglo XIX, y la ‘Marcha Real’ no se adoptó como himno hasta el XX, lo que para el hispanista es un indicador de un débil sentimiento nacional.

La unificación borbónica no acabó de aplastar, en su opinión, los localismos tan arraigados en la Península. Kamen comparte la crítica de que la identidad española se construyera alrededor de la de Castilla, pero discute que la centralización borbónica fuera tan represiva. El catalán, por ejemplo, seguía siendo la lengua común en la calle y las iglesias tras imponerse el castellano a nivel administrativo.

El británico se niega a participar en la polémica entre Imperiofobia e Imperiofilia, los libros de Elvira Roca Barea y José Luis Villacañas, respectivamente, con visiones opuestas de la leyenda negra. Y la corta de raíz: “No veo ningún motivo para usar ese concepto de la leyenda negra. No tiene sentido. Si pasaron cosas desagradables en un país, habrá que analizarlas. Y muchas de las críticas más fuertes y contundentes fueron hechas por españoles”.

Sin embargo, Kamen niega que la Inquisición desempeñara un papel tan relevante como suele considerarse. Calcula que el Santo Oficio no llevó a cabo más de 3.000 ejecuciones en España en toda su historia, que nunca se desplegó en todo el territorio y que su papel era sobre todo de control social. No cabe ver ahí la razón del atraso cultural y científico de España: miren mejor en la educación. Incluso relativiza la influencia de la religión católica en la edad moderna. En el siglo XVI, recuerda, los obispos lamentaban en sus escritos la ignorancia del pueblo de su propia religión. “La Iglesia tenía poder y riqueza, pero el pueblo tenía poco de devoto”, más allá de las manifestaciones folclóricas, dice. El relato de una España profundamente católica se debe a pensadores como Marcelino Menéndez Pelayo, quien a finales del XIX “exageró la realidad sobre la religiosidad de los españoles para enfrentarse a los liberales anticlericales”.

Tiene una visión crítica del Imperio español, pero rechaza que pueda hablarse de la “conquista de América”. “Existe la idea equivocada de que todos los imperios se basan en la conquista, cuando después del romano ninguno fue así”. La colonización no era una conquista, sino una empresa con participación internacional. Del lado de Hernán Cortés luchaba población local contra sus enemigos en América; del mismo modo que en Flandes combatían tropas de muchas nacionalidades; o la presencia española en Filipinas nunca pasó de una porción pequeña del territorio. "Tampoco Inglaterra conquistó la India, pues no habría podido. Hoy EE UU domina el mundo sin haberlo conquistado”, zanja la discusión.

El libro resulta irreverente con la idea de una nación española, pero no lo es menos con el independentismo catalán. Le irrita particularmente el mito del 11 de septiembre de 1714, la caída de Barcelona en la Guerra de Sucesión presentada como una heroica resistencia de los catalanes frente al absolutismo castellano. “Han preparado una versión mítica de la sublevación masiva del pueblo; eso nunca ocurrió, es una falsificación total”. Lo que sí hubo fue “un complot, concebido por un puñado de dirigentes catalanes, para invitar a los británicos a ocupar Cataluña y ayudar a separarse de España”. Y añade: “¿Encontraron los británicos a un pueblo ansioso por liberarse de sus opresores Borbones? De ninguna manera”. Aquel conflicto, dice, fue más bien un enfrentamiento civil entre catalanes dentro de una guerra internacional.

Pero lo mismo cabe decir de la Guerra de Independencia. “Esos dos conflictos tienen en común que el elemento decisivo fue la intervención extranjera”. Solo que a partir de 1808 los intereses ingleses se impusieron a los franceses, al revés que en 1714. Destruyamos otro mito: las Cortes de Cádiz. Kamen se remite a José María Blanco White para calificar la Constitución de 1812 como “una fantasía en un trozo de papel”.

Residente en Barcelona desde los años noventa, Kamen se sorprende por la evolución reciente del catalanismo desde el nacionalismo al separatismo, lo que, opina, nunca fue lo mismo. Una aspiración clásica del nacionalismo era “ejercer un papel fuerte en el destino de España, ser importantes en Madrid”. No esto. Lamenta que el sistema electoral en Cataluña beneficie al campo sobre la ciudad, y asegure así el dominio nacionalista del Parlament. Como lamenta la debilidad del Gobierno central por la fragmentación política, que en su opinión dificulta hallar soluciones que estabilicen el país.

Y, tras estudiar a todos los reyes que han pasado por España, ¿cree que tiene futuro la monarquía hoy? “Opino que la actual funciona muy bien. Hace lo que tiene que hacer”. Tiene una historia complicada detrás, sí, porque los españoles “van siempre expulsando a reyes, invitando o rechazando a familias reales, y declarando repúblicas”. De modo que la monarquía española “no tiene tanto apoyo como la del Reino Unido, es una pena, pero es una institución importantísima que hay que mantener”.

domingo, 20 de octubre de 2019

#hemeroteca #historia #identidades | Elvira Roca: "Los derechos históricos no existen y son un privilegio para Euskadi"

Imagen: El Mundo / Elvira Roca
Elvira Roca · Doctora en Literatura Medieval, ensayista y profesora: "Los derechos históricos no existen y son un privilegio para Euskadi".
Se ha empeñado en despojar de sombras a la Historia de España. La autora de 'Imperiofobia' publica ahora 'Fracasología', premio Espasa 2019, y cuestiona sin ambages el Estado autonómico.
Josean Izarra | El Mundo, 2019-10-20

https://www.elmundo.es/pais-vasco/2019/10/20/5dac2b13fdddff4c8e8b45df.html 

P. Tras haber analizado en 'Fracasología' el papel de las élites en la historia de España, ¿la sentencia del Supremo sobre los responsables del 'procés' catalán aumentará la leyenda negra de España?
R. Lo que más me inquieta es hasta qué punto esa sentencia se ha hecho en función de lo que vayan a pensar de nosotros fuera de nuestro país. Creo que debieran haber estado más pendientes de los intereses nacionales que de la opinión ajena.

P. ¿Usted cree que hubo rebelión y no secesión por la que han sido condenados por parte de los líderes independentistas catalanes?

R. Hay otras cosas en la sentencia que son más delicadas como el no haber establecido -probablemente porque no se logró la unanimidad- un mínimo de cumplimiento de las penas a partir del cual se lleven a cabo las reducciones o beneficios. Me temo que en un año muchos de los que protagonizaron el golpe de Estado en Cataluña estén en su casa tranquilamente.

P. ¿El Supremo ha abierto la puerta a una próxima liberación al obviar la petición de la Fiscalía para que al menos la mitad de cada sentencia fuera cumplida?
R. El no haber aceptado esa condición deja abierta todas las puertas para su puesta en libertad.

P. ¿Hay argumentos históricos para reclamar como hacen los independentistas catalanes un Estado propio ajeno a España?
R. No existen argumentos históricos que justifiquen la destrucción de la soberanía nacional. Esta es una confusión gigantesca con la que estos constructores de realidades alternativas han arrastrado a muchísima gente y ha cobrado carta de naturaleza entre nosotros como tautologías inabarcables como los derechos históricos. No existen los derechos históricos, existen los derechos individuales.

P. ¿Los derechos históricos suponen un privilegio para Euskadi?
R. Si. Por supuesto que sí

P. ¿Por qué?

R. Si usted plantea una situación de desigualdad desde el principio es evidente que va a ir socavando, por definición, la convivencia entre las diferentes regiones. Todas querrán alcanzar el privilegio concedido. Se preguntarán el «yo por qué no» e intentarán dar un paso más. Es lo que ha ido convirtiendo el Estado de las Autonomías en algo inviable y se tardará más o menos tiempo en achicharrar la situación hasta volver a reiniciar esto con valentía, coraje y altura de miras. Todos sabemos que esto [por el Estado de las Autonomías] no da más de sí.

P. ¿Ha fracasado ese modelo institucional? ¿Por qué?

R. Sí porque comenzó desde un modelo asimétrico. Una Constitución que se aprueba con una Disposición Adicional Primera que ya reconoce de arranque una desigualdad entre territorios fue sembrar vientos para recoger tempestades. No establece un cierre competencial que determine qué le corresponde al Estado y a los gobiernos autónomos. Esto es un problema transversal que no se ha resuelto porque ha faltado visión de Estado y valor. Hasta llegar a esta situación de la que nadie es irresponsable.

P. Pero una reforma de la Constitución se suprimiera la Disposición Adicional Primera puede provocar que Euskadi siga los pasos de la Cataluña independentista...

R. Todos los españoles tienen derecho a opinar si quieren vivir en un Estado desigual. Yo soy andaluza y no quiero vivir en un Estado desigual. Me parece indigno. Con mi complicidad o mi silencio, mis hijos no serán ciudadanos de segunda en España.

P. ¿Era imprescindible desenterrar a Franco para cerrar las heridas de la Guerra Civil?

R. La Transición ya tuvo su tiempo y en ella se hicieron una serie de pactos. El problema no es desenterrar a Franco o no sino cómo se ha hecho. La sensación de que hay un revanchismo y de si era o no necesario. Rodríguez Zapatero rompió los pactos de la Transición. Ahora hay que hacer un nuevo pacto de Estado que le dé estabilidad a este país para los próximos años. Con otra crisis económica acechando se va a constatar esa debilidad institucional y lo vamos a pagar los ciudadanos.

P. ¿Vivimos estos días la mayor crisis institucional de España?

R. No. Tuvimos seis años a finales del XIX tremendos. Se echó a un rey, se proclamó una república, vino otro rey, renunció, se declaró el cantonalismo. Hubo seis años en los que cada mañana se levantaban con una situación política diferente. En la historia de España ha habido grandes conflictos políticos pero en otros países también y hoy Europa sufre un peligroso proceso de 'balcanización'. El Reino Unido, por ejemplo, está al borde de la desmembración. La balcanización está afectando a Italia y es una amenaza para Francia. Esto no es un fenómeno sólo español pero hay un silencio absoluto de la intelectualidad europea sobre un fenómeno que asola a Europa.

jueves, 15 de noviembre de 2018

#hemeroteca #libros #historia | España, país de acomplejados

Imagen: Hoyesarte
España, país de acomplejados.
Luis Pardo | Hoyesarte, 2018-11-15

https://www.hoyesarte.com/literatura/ensayo/espana-pais-de-acomplejados_242248/

“Llegó bailando por el agua con sus galeones y sus armas buscando el nuevo mundo en aquel palacio al sol”. Son los primeros versos de 'Cortez the killer', una de las mejores canciones de Neil Young, escrita en 1975, con esos largos y emocionantes solos de guitarra que definen el sonido eléctrico del canadiense. Basta leer el título para saber que arroja un retrato poco favorecedor del conquistador español Hernán Cortés. Y escuchado el temazo de un grande del rock, pensemos en cuánta gente habrá evitado leer la increíble peripecia de Cortés sabiéndole un indeseable y cómo se las gastaba el extremeño con la población indígena en tierras mexicanas. Por eso es inevitable acordarse del viejo Neil cuando se miran los detalles de la portada de 'Imperiofobia y leyenda negra', de la profesora María Elvira Roca Barea (El Borge, Málaga, 1966). Está ilustrada con el 'Lienzo de Tlaxcala' (1522) y en él vemos a Cortés con cuatro caudillos indios, uno de los cuales explica las condiciones de la alianza alcanzada.

El propio Neil Young ha confesado alguna vez poco conocimiento histórico del asunto. Caso muy distinto es –o debería ser al menos– el de la BBC con su colección de documentales sobre la época de los descubrimientos de los siglos XV y XVI de la mano de ingleses, holandeses, portugueses, turcos o españoles. Y sin embargo, oh sorpresa, en estos documentales, con distribución mundial incluida nuestra televisión pública, únicamente los españoles fueron los que “robaron, mataron y acabaron con edénicas culturas indígenas”. ¿Manía a los españoles? ¿Hispanofobia? Más bien, antipatía crónica a un país que fue un imperio, uno de los cuatro más grandes en términos de extensión territorial tras el británico, el mongol y el ruso.

Escrito en un tono de transparente indignación e incluso a veces de muy saludable cabreo, el libro de Roca Barea analiza todas esas leyendas negras asociadas a los imperios hasta casi formar parte de ellos, explicando al detalle cómo se producen y propagan y por qué oscuros intereses algunas de esas leyendas siguen vigentes tantos años después, hasta hoy mismo, sustituyendo a la historia como la canción de Young. Concretamente la obra repasa las fobias varias que despertó Roma y aún hoy despiertan Rusia, Estados Unidos y España.

No es imperio si no se le odia
Merece la pena sumergirse en un relato que comienza antes de Cristo y llega hasta la actualidad, que sabe trazar conexiones del pasado con el presente y está bien condimentado con no pocas reflexiones de enjundia. Cada imperio tiene su propia cruz, amplificada, pervertida o directamente inventada por la anti-propaganda de los envidiosos: la Roma imperial con la destrucción de Corinto; el todopoderoso Estados Unidos como fuente y plaga de todos los males del mundo (“ahora mismo, una parte grande de la humanidad está convencida de que los estadounidenses, además de medio tontos, son unos ignorantes”) y su “colisión con el islam”; o el gigante ruso contemplado desde los años de la Ilustración como un lugar moralmente inferior habitado por verdaderos bárbaros pese a su aspecto de gente civilizada.

El odio a los distintos imperios que en el mundo han sido no es exactamente igual en todos los casos, pero sí hay elementos comunes que la profesora Roca Barea desmenuza con claridad meridiana: el racismo aunque sea el que proyecta el débil hacia al poderoso; el rechazo al diferente a veces apoyado en el color de la piel y otras en la religión; o el apoyo de una clase intelectual capaz de transformar con eficacia los prejuicios en realidades aceptadas por todos que no admiten discusión.

La religión como arma arrojadiza
La religión fue el fundamento de la hispanofobia profesada por los ingleses desde que Enrique VIII se proclamara cabeza de la Iglesia anglicana en 1534. Desarrollaron un sólido y perdurable aparato propagandístico capaz, como escribe Roca Barea, de convencer “al mundo occidental (y sigue convencido) de que los anglicanos eran grandes defensores de la libertad de conciencia y de la tolerancia religiosa mientras que los católicos eran la encarnación misma de la falta de libertad, la intolerancia, el atraso y la barbarie”.

Una máquina de enorme eficacia a la hora de ensuciar la reputación española cuyas debilidades y contradicciones la autora no se cansa de poner en evidencia con multitud de ejemplos. Uno especialmente revelador: hasta 1850 estaba perseguida por ley la presencia de cualquier miembro de la jerarquía católica en Inglaterra mientras que en España hacía ya unos cuantos años que había desaparecido la institución encargada de velar por la pureza católica. Aun hoy los miembros de la familia real británica deben renunciar al trono si se hacen católicos.

Es éste un ensayo sin tiempos muertos que sin duda alcanza sus mejores momentos cuando pone el foco en las dos cargas más pesadas del imperio español: la Inquisición y su relación con las colonias. Roca Barea admite que es poco menos que imposible derribar la idea sesgada que la mayoría de la gente tiene de la Inquisición como sinónimo de mutilaciones y torturas. Éstas se realizaron en no más del 1 o 2% de los casos y no eran barbaridades de patrimonio exclusivo español. “En Inglaterra una persona podía ser torturada o ejecutada –descuartizada para ser más precisos– por dañar unos jardines públicos, y en Alemania las torturas podían llevar a perder los ojos. En la vecina Francia era admisible desollar viva a la gente”.

Batalla perdida de antemano
Lo que irrita a la autora es las pocas ganas, por parte del ‘personal’, de conocer hoy todo aquello que ayude a desmontar los mitos más denigrantes: a estas alturas parece dar igual que los inquisidores fueran abogados que apoyaban sus conclusiones en pruebas y evidencias y no en rumores ni acusaciones anónimas; o que resulte innegable el papel pionero que tuvieron los legisladores del imperio español en el reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas.

A la luz del merecido éxito editorial de esta obra se acaba de reeditar 'La leyenda negra', de Joseph Pérez, que con un estilo bastante más neutro profundiza en los elementos definitorios (la Guerra de Flandes, la Inquisición, las matanzas en las colonias…) de ese periodo de nuestra historia. En la introducción, el hispanista francés se pregunta si España no ha sido desde entonces víctima de una discriminación de orden ideológico, religioso o racial.

La mirada del otro
Lo que es seguro es que la imagen actual de España –la que tienen los propios españoles y la que proyecta fuera de sus fronteras– tendrá no poco que ver con su imagen pasada por mucha modernización, globalización, turismo y redes sociales que hayan contribuido y contribuyan al cambio más favorable. Aun así las transformaciones del siglo pasado y lo que llevamos del actual son innegables. De ello dan buena cuenta en un volumen admirable una veintena de autores, especialistas en historia, política, economía, deporte, literatura o gastronomía. En 'La mirada del otro' queda de manifiesto el papel del arte en el modo en que nos perciben desde fuera más de allá de don juanes y de cármenes, que también: puede ser como seres idealistas y generosos bajo la influencia de Cervantes; puede ser en el otro extremo como seres crueles, fratricidas y brutos con algunos dibujos de Goya en la cabeza; o divertidos, libres y desinhibidos gracias a la mirada almodovariana.

La obra es una excelente oportunidad para conocer cómo nos ven hoy los italianos, los ingleses o los chinos. No está mal que nos perciban como un país capaz de paralizar al planeta cuando se enfrentan sus dos equipos de fútbol más punteros. Y es estupendo que vendamos fuera nuestra cocina insuperable cada vez más y mejor. Pero sería bueno también que en esa poda de complejos nos desprendamos también de algunos otros asociados a nuestro pasado. Nunca es tarde.

  • Imperiofobia y leyenda negra. María Elvira Roca Barea. Editorial Siruela
  • La mirada del otro. La imagen de España ayer y hoy. José Varela Ortega, Fernando R. Lafuente y Andrea Donofrío (eds.). Editorial Fórcola
  • La leyenda negra. Joseph Pérez. Editorial Gadir

viernes, 3 de febrero de 2017

#hemeroteca #libros #historia | Imperiofobia y leyenda negra. María Elvira Roca Barea

Imagen: El Mundo / Mural de Diego Rivera
Imperiofobia y leyenda negra. María Elvira Roca Barea
Adolfo Carrasco | El Cultural, El Mundo, 2017-02-03
http://www.elcultural.com/revista/letras/Imperiofobia-y-leyenda-negra/39167

Partir de una perspectiva original, establecer conexiones inéditas y opinar libremente con intención de polemizar sobre un asunto, son las características que distinguen al ensayo. Es lo que ha hecho la profesora Elvira Roca (El Borge, 1966), un ensayo que, si no ha generado aún un debate intenso, es porque lleva pocos meses en la calle. Esperemos que se discutan sus ideas, porque son provocadoras, apasionadas y tocan cuestiones de actualidad. Roca aborda la Leyenda Negra y la vincula a un concepto más amplio, la imperiofobia, enfermedad de la opinión producida por el agente patógeno de la propaganda, que han padecido todos los imperios y cuya versión más actual sería el antiamericanismo.

En el caso español, este mal afectó a su imperio cuando existió -desde finales del siglo XV a 1898- y se ha cronificado en forma de hispanofobia. La Leyenda Negra, forma específica de antiespañolismo, nació hace siglos y pervive hoy dentro y fuera de nuestras fronteras. ¿Por qué?

Eso es lo que trata de esclarecer el volumen. Primero rastrea el origen de la Leyenda Negra dentro de una actitud amplia de rechazo y denigración de los imperios, empezando por Roma hasta el norteamericano. Luego identifica los contenidos básicos de esta construcción propagandística contra toda potencia hegemónica -barbarie, codicia, fanatismo religioso, violencia- y explica cómo se han atribuido tales culpas a los españoles -genocidio americano, Inquisición, militarismo, racismo, incultura-. Y por fin denuncia la vigencia de la Leyenda Negra con unos rasgos muy nítidos desde la Ilustración hasta nuestros días, un prejuicio cuya particularidad más singular, y que a la vez le dota de eficacia, es que no solo pervive entre quienes la crearon -extranjeros-, sino que se pasea con buena salud entre los propios españoles, que nos la creemos.

Eso es lo más penoso y peligroso, según Roca, que hayamos asumido los tópicos que se reprochan a la historia de España. Según su argumentación, fueron los humanistas italianos, alemanes y flamencos quienes forjaron la propaganda antiespañola en reacción contra la potencia dominadora en ascenso. Luego los protestantes de todo lugar unieron España y catolicismo porque necesitaban demonizar a sus enemigos. Después actuaron las potencias rivales, Inglaterra, Holanda y Francia, celosas de un imperio transcontinental envidiado. Y para remate ayudaron a la Leyenda los Estados Unidos cuando se lanzaron a sustituir a España en América.

Historiar prejuicios es delicado porque supone estudiar medias verdades, las mentiras más persuasivas. Para ello Roca lidia sin miedo con literatura de diversa naturaleza, manipulaciones más o menos hábiles y colaboradores ingenuos o malintencionados, pues de todo hubo. Hay que reconocer que frente a los notables éxitos de la propaganda extranjera y protestante, las respuestas españolas y católicas tuvieron mínima repercusión.

Lo más lamentable, según la autora, es el proceso de interiorización de la Leyenda Negra, que arranca de la abrumada reacción ante el llamado desastre de 1898. Sin embargo, la pérdida de Cuba y Puerto Rico no fue más que el certificado de defunción de un imperio ya fenecido. Las elites intelectuales y políticas de entonces, en lugar de buscar en ellos mismos y en la historia reciente las causas de la liquidación, optaron por lo más fácil, que fue achacar el colapso del imperio a quienes lo habían puesto en pie en el siglo XVI y XVII, y de ahí que asumiesen los puntos principales de la Leyenda Negra. Por pereza intelectual y por intereses ideológicos la propaganda vence a la historia.

Un caso evidente es la Inquisición, que si bien ha sido objeto de una notable revisión gracias al esfuerzo de los historiadores en las últimas décadas, sin embargo poco de ello ha calado en la opinión pública, sea más o menos formada. Se sigue pensando sobre el Santo Oficio en los términos de antaño, esa visión negra y criminal erigida por los protestantes por motivos obvios, posteriormente proyectada por los ilustrados europeos y hecha suya por españoles como Goya o Llorente. Pues bien, está viva hoy incluso entre universitarios españoles -doy fe de ello por mi experiencia docente. La lucha entre la búsqueda crítica de la verdad y las impresiones prejuiciosas, heredadas y compartidas por la mayoría, no tiene fin y es una tarea tan hercúlea como incierta.

Ahí se sitúa el ensayo de Roca, en la denuncia del catálogo de mentiras y medias verdades que han alimentado la Leyenda Negra y que la mantienen fresca, transformada en verdad por efecto de la repetición y la falta de reacción de quienes tienen la responsabilidad de combatirla.

No hace falta estar de acuerdo con todo lo que dice la autora. De hecho hay planteamientos suyos francamente discutibles, como por ejemplo que el afán de denunciar la reiteración de determinados tópicos por la historiografía le lleve a impugnar la totalidad del trabajo de algunos historiadores españoles muy meritorios; o que induzca a confusión porque mezcla fenómenos como el victimismo nacionalista con la oposición a lo imperial y con la confrontación ideológica o religiosa, fenómenos cercanos pero de diferente configuración y sentido; o que tienda a simplificar las categorías y las comparaciones y con ello desenfoque las particularidades de cada caso.

Aunque no creo que Elvira Roca haya pretendido que el lector esté de acuerdo con todo lo que dice. De hecho, deja clara su postura personal desde el principio y el tono desinhibido, irónico a veces y apasionado siempre de su escritura revela que su objetivo es la agitación del panorama somnoliento dominante, denunciar sin tapujos algunos de los lugares comunes donde habita una parte amplia del mundo académico español. Es honesta intelectualmente y por eso quiere polemizar contra convencionalismos facilones. Ojalá el libro sirva para debatir, como espera la autora y quien firma esta reseña.

Y TAMBIÉN…
Elvira Roca Barea: "Es un milagro que España siga existiendo".
La profesora malagueña publica un libro contra la leyenda negra que -según dice- persigue a España por culpa de la propaganda de sus enemigos.
Alberto Gordo | El Cultural, El Mundo, 2017-02-06
http://www.elcultural.com/noticias/letras/Elvira-Roca-Barea-Es-un-milagro-que-Espana-siga-existiendo/10380 
María Elvira Roca Barea: "Analfabetos ha habido siempre pero nunca habían salido de la universidad".
Emilia Landaluce | El Mundo, 2016-12-17

http://www.elmundo.es/opinion/2016/12/17/58541208268e3e257c8b465c.html
"La leyenda negra española no es un fenómeno excepcional".
La investigadora malagueña María Elvira Roca, antigua profesora en la Universidad de Harvard, presenta esta tarde a las 19 horas en el Ateneo de Málaga 'Imperiofobia y leyenda negra'.
Alfonso Vázquez | La Opinión de Málaga, 2016-12-08
http://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2016/12/07/leyenda-negra-espanola-fenomeno-excepcional/894943.html

lunes, 31 de octubre de 2016

#libros #historia | Imperiofobia y leyenda negra : Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español

Imperiofobia y leyenda negra : Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español / María Elvira Roca Barea ; prólogo de Arcadi Espada.
Madrid : Siruela, 2016 [10].
460 p.
Colección : Biblioteca de Ensayo. Serie mayor ; 87.
ISBN 9788416854233 / 26 €

/ ES / ENS
/ América / Colonización / España / Historia / Ideologías / Leyenda Negra

María Elvira Roca Barea acomete con rigor en este volumen la cuestión de delimitar las ideas de imperio, leyenda negra e imperiofobia. De esta manera podemos entender qué tienen en común los imperios y las leyendas negras que irremediablemente van unidas a ellos, cómo surgen creadas por intelectuales ligados a poderes locales y cómo los mismos imperios la asumen. El orgullo, la ‘hybris’, la envidia no son ajenos a la dinámica imperial. La autora se ocupa de la imperiofobia en los casos de Roma, los Estados Unidos y Rusia para analizar con más profundidad y mejor perspectiva el Imperio español. El lector descubrirá cómo el relato actual de la historia de España y de Europa se sustenta en ideas basadas más en sentimientos nacidos de la propaganda que en hechos reales.

La primera manifestación de hispanofobia en Italia surgió vinculada al desarrollo del humanismo, lo que dio a la leyenda negra un lustre intelectual del que todavía goza. Más tarde, la hispanofobia se convirtió en el eje central del nacionalismo luterano y de otras tendencias centrífugas que se manifestaron en los Países Bajos e Inglaterra. Roca Barea investiga las causas de la perdurabilidad de la hispanofobia, que, como ha probado su uso consciente y deliberado en la crisis de deuda, sigue resultando rentable a más de un país. Es un lugar común por todos asumido que el conocimiento de la historia es la mejor manera de comprender el presente y plantearse el futuro.