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lunes, 15 de mayo de 2017

#hemeroteca #lgtbifobia | Cerco a las pseudoterapias que afirman ‘curar’ la homosexualidad

Imagen: El País / Manifestación del Orgullo en Ciudad de México
Cerco a las pseudoterapias que afirman ‘curar’ la homosexualidad.
Solo tres países prohíben expresamente estos supuestos tratamientos que buscan "reconducir" la orientación sexual. 72 países criminalizan aún las relaciones entre personas del mismo sexo.
María R. Sahuquillo / Yolanda Clemente | El País, 2017-05-15
http://elpais.com/elpais/2017/05/10/media/1494432608_363146.html

Campamentos para adolescentes que ofrecen “curar” la homosexualidad. Grupos de apoyo para “corregir” la orientación sexual. Psicólogos que aseguran que pueden “revertir” la atracción entre personas del mismo sexo. Asociaciones que ofrecen ayuda para “salir de la homosexualidad”. Son las conocidas como “terapias antigay”, pseudo tratamientos que, pese a las llamadas de alerta de la mayoría de las asociaciones médicas y científicas, difunden sin barreras en un gran número de países distintas organizaciones homófobas —muchas de ellas con profundas raíces religiosas— y supuestos ‘consejeros’ y psicólogos. Solo tres países —Brasil, Ecuador y Malta— tienen leyes que prohíben expresamente este tipo de prácticas, que la casi totalidad de asociaciones psiquiátricas considera no solo ineficaces sino también muy dañinas.

Tratamientos como por el que pasó el argentino Lucas Ramón Mendos. A los 23 años, tras contar a su familia que era gay, estos le pidieron que fuese al psicólogo, que hablase de ello con alguien especializado. “Me dijeron que estaban algo inseguros, y que así ellos también tendrían mayor certeza de mi orientación sexual. Todo desde la inocencia y la buena fe”, cuenta Mendos, que hoy es activista en la Asociación Internacional de Gais, Lesbianas, Bisexuales, Transexuales e Intersexuales (ILGA). “En esa consulta, el psicólogo me diagnosticó un caso que llamó 'reversible' y me propuso un camino en el que me ofrecería herramientas para deshacerme de lo que llamó 'vicios y desviaciones”, rememora Mendos. Nunca completó la pseudo terapia que le ofrecían. “Si hoy hubiera seguido esos consejos, probablemente no tendría autoestima, estaría cerca del suicidio como ya hemos visto casos”, afirma.

Hace ya diez años de la experiencia de Mendos. Sin embargo, como alerta el último informe de ILGA Homofobia de estado—del que el abogado argentino es coautor—, que hace una radiografía de los derechos de las personas LGTBI en el mundo, estas prácticas no han desaparecido. Y no solo eso. Quienes las llevan a cabo, han variado sus fórmulas para sortear las leyes que, como en algunos Estados de EE UU (entre ellos, California) o países como Argentina, tratan de ponerles coto cuando se ofrecen por parte de profesionales sanitarios para ‘tratar’ o ‘reparar’ la homosexualidad; algo que hace décadas que dejó de considerarse una patología. Ahora emplean más a consejeros, se hacen en el ámbito privado o se han transformado en grupos de apoyo religiosos.

Asociaciones que en su mayoría se basan en las ‘enseñanzas’ de la Asociación Nacional de Investigación y Terapia de la Homosexualidad (NARTH), una entidad estadounidense fundada y liderada por Joseph Nicolosi, recientemente fallecido, que trabaja para “prevenir” la homosexualidad en niños y ofrece consejo y asesoramiento a padres para detectar lo que llaman “signos tempranos de pre-homosexualidad o disconformidad de género”. Técnicas e indicaciones que siguen o hacia las que apuntan organizaciones como Es Posible la Esperanza (EPE), que ofrece una “red de apoyo” en español para revertir la homosexualidad, que considera la "manifestación, el síntoma, a exteriorización" de "heridas, vacíos y traumas”.

También se trabajan medidas similares en los campamentos que organiza en Estados Unidos, Polonia, Francia, Israel o Alemania Brothers Road. Esta asociación con base en EE UU ofrece, por unos 600 euros, consejeros y ejercicios prácticos. Entre ellos, por ejemplo, mirar a otro hombre a los ojos para “enfrentar” las emociones que puedan surgir. “Todos los ejercicios son concebidos para identificar y tratar los problemas subyacentes que puedan alejarte de tu auténtica masculinidad heterosexual”, inciden en su página web.

Y reclamos similares podían encontrarse hasta hace poco en Malta, donde un rosario de psicólogos ofrecía abiertamente en sus consultas tratamientos para ayudar a “reorientar” la sexualidad de un individuo. Desde el pasado diciembre está prohibido. El pequeño país, de menos de medio millón de habitantes, se ha convertido en el primer país de Europa en criminalizar cualquier tipo de tratamiento o terapia de conversión la aplique quien la aplique: médicos, psicólogos, consejeros, religiosos. Quien intente reprimir o eliminar la orientación sexual de un individuo puede enfrentarse a una multa de hasta 5.000 euros y a una pena de cinco meses de prisión. Una iniciativa a la que acompañan otra serie de medidas en la misma línea —entre ellas una muy avanzada ley de reconocimiento de la identidad de género— que contrastan con la restricción de los derechos reproductivos; entre ellos el aborto, completamente prohibido en el país.

Homofobia

Las pseudo terapias contra la homosexualidad de las que habla ILGA, y que otros países —como España— pueden llegar a perseguir a través de leyes contra la LGTBI-fobia o los delitos de odio, son solo un ejemplo de que la persecución que enfrenta este colectivo aún es una realidad brutal. Sin embargo, no es la única. En pleno 2017, las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo son ilegales aún en al menos 72 países —la mayoría, de hombres; en 45 de ellos, también en mujeres—. Y en 12 de ellos (o partes de su territorio) pueden llegar a pagarse con la muerte, como apunta el informe de ILGA, que se publica este lunes. Cuatro países —Arabia Saudí, Irán, Yemen y Sudán—, parte de Somalia y 12 Estados de Nigeria recogen en sus leyes la pena capital para estas relaciones. Actores no estatales (fundamentalmente el Estado Islámico) la aplican en Irak y Siria. Además, Catar, Mauritania, Pakistán y Emiratos Árabes Unidos mantienen la posibilidad de aplicarla; aunque no existe evidencia de ejecuciones en los últimos años por relaciones consensuales en privado.

El informe de ILGA, que está elaborado con datos de 2016 y que no habla de los casos detectados en Chechenia, donde detenciones y torturas de hombres identificados como gais han salido a la luz este año, da cuenta de arrestos, procesamientos y condenas a personas por mantener relaciones con personas del mismo sexo en más de 40 países. Delitos que, según el país, pueden denominarse “actos contra natura”, “sodomía”, “promoción de valores no tradicionales”, “moralidad” o “indecencia grave”. En lugares como Uganda, Zambia, Tanzania, India, Barbados o Guyana se prevén penas de entre 14 años de cárcel y cadena perpetua para quienes tengan relaciones homosexuales. Las leyes de otros, como Libia, Argelia, Marruecos o Samoa incluyen penas de entre tres y siete años de prisión.

“Y a menudo las detenciones son realizadas por la policía con el objetivo de sobornar u obtener favores sexuales de personas en situación de vulnerabilidad. No siempre son seguidas de procesos judiciales”, apunta Menos en el informe, que insiste en que estos arrestos buscan además un efecto disuasorio. Como en Malawi, donde en 2016 la policía detuvo a dos hombres en su casa por tener sexo entre ellos, les obligaron a hacerse análisis de sangre para la detección de enfermedades de transmisión sexual y les acusaron de “relaciones carnales ilegales en contra del orden natural”. Mientras, dos países, Belice y Seychelles, han derogado las leyes que criminalizaban la homosexualidad.

El documento arroja triste radiografía de las legislaciones del mundo, que muestra que en el siglo XXI el 37% de los Estados miembros de la ONU mantienen normas punitivas. Una violación de los derechos humanos que se resiste a desaparecer y que empaña la victoria de grandes batallas, como el avance en el reconocimiento del matrimonio igualitario —legal ya en 23 países—; o la aprobación de leyes para resarcir a aquellos gais condenados por serlo, como las aprobadas en Alemania o Reino Unido.

ILGA alerta también de la proliferación de las leyes de moralidad o propaganda, que están en vigor en 19 países. Normas que prohíben desde hablar de la homosexualidad (como en Rusia) hasta el registro de clubes, organizaciones o manifestaciones gais (como el caso de Nigeria).

sábado, 11 de marzo de 2017

#hemeroteca #homofobia | Muere el doctor Nicolosi, el psicólogo que ayudó a miles de homosexuales: «No tienes que ser gay»

Imagen: Religión en Libertad / Joseph Nicolosi
Muere el doctor Nicolosi, el psicólogo que ayudó a miles de homosexuales: «No tienes que ser gay».
Tenía 70 años y falleció por gripe. Reproducimos un artículo con su pensamiento esencial.
Religión en Libertad, 2017-03-11
http://www.religionenlibertad.com/muere-doctor-nicolosi-psicologo-que-ayudo-miles--55406.htm

El pasado 8 de marzo falleció en la Thomas Aquinas Psychological Clinic de California el psicólogo católico Joseph Nicolosi, de 70 años, a consecuencia de las complicaciones en la gripe que padecía.

Casado y con un hijo, era célebre porque durante sus años de ejercicio profesional ayudó a miles de personas con atracción por personas del mismo sexo a cambiar esa orientación, como firme partidario de las llamadas "terapias reparativas" que consideran la homosexualidad una condición no innata, sino adquirida por el sujeto durante sus primeros años de vida.

Linda Nicolosi, esposa y colaboradora de Joseph durante sus 39 años de matrimonio, difundió un comunicado agradeciendo las oraciones y muestras de solidaridad recibidas a la muerte de su marido: "Nunca le preocupó la corrección política, era faliz nadando contra la corriente cultural cuando estaba seguro de que la cultura caminaba en la dirección equivocada. Eso le trajo problemas unas cuantas veces... Joe tenía apasionadas convicciones sobre la verdad sobre el designio del hombre y la mujer... Su carrera estuvo dedicada a ayudar a la gente a orientar su vida conforme a las convicciones más profundas que ellos tenían. Cada cual, insistía, es libre de vivir una vida como gay, pero somos inevitablemente seres con género y nuestra humanidad más plena nos pide vivir conforme a nuestro diseño biológico".

Nicolosi se doctoró en Psicología Clínica por la California School of Professional Psychology de Los Ángeles y en 1980 fundó en Encino (California) la Clínica Psicológica Tomás de Aquino, donde ha fallecido. En 1992, junto a Benjamin Kaufman y Charles Socarides, fundó la Asociación Nacional para la Investigación y la Terapia de la Homosexualidad (NARTH, por sus siglas en inglés), con la misma finalidad de ayudar a personas homosexuales que quieren dejar de serlo.

Entre sus obras publicadas en español figura precisamente ‘Quiero dejar de ser homosexual. Casos reales de terapia reparativa’, publicado por Encuentro.

El lema de su trabajo era ’You don't have to be gay’ [‘No tienes que ser gay’] que encabeza su página personal.

La referencia a Santo Tomás de Aquino en la clínica que fundó no responde solo a su condición de católico practicante. El autor de la ‘Summa Teológica’ era su modelo en cuanto defensor de la primacía de la verdad. La persona y la obra de Nicolosi han sufrido durante años los ataques del lobby gay, victorioso en la aceptación pública de sus intereses, pero él siempre estuvo convencido de que la verdad se abriría camino antes o después y prefirió nadar contra corriente y ayudar a las personas que se lo solicitaban.

Uno de sus últimos artículos fue el publicado el pasado 19 de diciembre por Crisis Magazine, 'The traumatic foundation of male homosexuality' ['El origen traumático de la homosexualidad masculina'], que a la postre ha venido a ser el resumen postrero de su debatido pensamiento. Para que ese debate pueda tener lugar con conocimiento de causa sobre sus ideas, lo reproducimos a continuación:

El origen traumático de la homosexualidad masculina

Como psicólogo que asiste a hombres con orientación homosexual, he contemplado con desolación cómo el movimiento LGBT ha convencido al mundo de que “lo gay” exige una nueva comprensión de la persona humana.

La profesión psicológica tiene mucha culpa de este cambio. En tiempos, se consideraba generalmente que la normalidad es “aquello que funciona conforme a su diseño”. No existía el concepto de “persona gay”, porque la humanidad era reconocida como natural y fundamentalmente heterosexual. En mis más de treinta años de práctica clínica, he podido comprobar la verdad de esta idea antropológica original.

En mi opinión, la homosexualidad es ante todo un síntoma de un trauma de género. Aunque algunas personas nacen con condicionantes biológicos (influencias hormonales prenatales, sensibilidad emocional innata) que les hacen especialmente vulnerables a ese trauma, lo que distingue la condición del hombre homosexual es que hubo una interrupción en el proceso normal de identificación masculina.

El comportamiento homosexual es un intento sintomático de “reparar” la herida original que alejó al chico de la masculinidad innata que no consiguió alcanzar. Esto lo diferencia de la heterosexualidad, que surge naturalmente del desarrollo no alterado de la identidad de género.

El conflicto básico en la mayor parte de los casos de homosexualidad es éste: el chico –normalmente un chico sensible, más inclinado que la media al daño emocional- desea amor y aceptación del padre de su mismo sexo, y sin embargo siente frustración y rabia contra él porque experimenta a su padre como indiferente o abusivo. (Este chico puede tener hermanos cuya experiencia del padre sea diferente.)

La actividad homosexual será la reconstrucción erótica de esta relación de amor-odio. Como todas las “perversiones” –y utilizo el término no con intención de ofender, sino en el sentido de que el desarrollo homosexual “pervierte” o “aleja” a una persona de su objeto propio de atracción erótica [etimológicamente, ‘pervertir’ viene del latín ‘pervertere’, es “dar la vuelta completamente a algo”]-, el eroticismo con el mismo sexo incluye una dimensión intrínseca de hostilidad.

Por tanto, la homosexualidad está inherentemente enraizada en el conflicto: conflicto sobre la aceptación del propio género natural, conflicto en la relación padre-hijo, y normalmente conflicto por el ostracismo ante compañeros del mismo sexo. Esto significa que veremos aparecer asuntos de dominación-sumisión contaminando las relaciones gay.

Para los hombres con orientación homosexual, la sexualidad es un intento de incorporar, “tomar” y “manejar” a otro hombre. Actúa como una “posesión” simbólica de otra persona, con frecuencia más agresiva que el amor. Uno de mis clientes describía su sexualización del hombre al que teme como “la victoria del orgasmo”. Otro hablaba de “orgasmo analgésico”.

Hay algunas excepciones al modelo traumático del desarrollo homosexual. En nuestra clínica hemos encontrado otra forma de homosexualidad que se caracteriza por un vínculo de afecto mutuo, que se ve sobre todo en nuestros clientes adolescentes y en algunos adultos inmaduros. En este tipo de atracción homosexual, no hay actos de dependencia hostil, sino más bien un característico romanticismo adolescente, una obsesión que tiene una manifestación sexual. Tales vínculos tienen lugar durante meses o años y luego son abandonados y pasada esa fase de atracción nunca regresan.

Sin embargo, la regla general sigue siendo válida: si un niño es traumatizado en una forma específica que afecta al género, se convertirá en homosexual, y si no es traumatizado de esa forma particular, tendrá lugar el proceso natural de desarrollo heterosexual.

Muchos hombres gay refieren haber padecido abusos por parte de una persona del mismo sexo durante su adolescencia. El acoso sexual es un abuso, porque se disfraza de amor. He aquí el relato de un cliente sobre un adolescente mayor que él que le acosó:

“Yo quería amor y atención, y tuve todo ello mezclado con sexo. Sucedió durante una época en la que yo realmente no tenía interés en otros chicos… Pensé que él [el abusador] era ‘guay’. Nunca me dedicaba atención salvo para tontear. Cuando hacíamos algo sexual, parecía especial… Parecía excitante e intenso, algo entre nosotros, un secreto compartido. Yo no tenía otros amigos y mi terrible relación con mi padre no ayudó. Buscaba amistad, pero… en la intensidad de la memoria… lo odiaba. Todo aquello era repugnante, perturbador… Ésa es la raíz de mi atracción por el mismo sexo”.

Este cliente había hecho la siguiente asociación: “Para recibir algo bueno, esto es, ‘amor’ y ‘atención’, debo aceptarme a mí mismo como repugnante y malo, implicándome en una actividad ‘espantosa’, ‘prohibida’, ‘sucia’ y ‘repulsiva’”.

Durante la terapia, al analizar los sentimientos de su cuerpo al experimentar un impulso homosexual no deseado, este cliente descubrió que cuando anteriormente experimentaba un sentimiento homosexual, invariablemente tenía la sensación de haber sido humillado por otro hombre. Al reconstruir su abuso infantil, el “avergonzarse de sí mismo” demostró ser un requisito necesario para su despertar homosexual.

La relación entre el pasado de abusos de este cliente y su actual comportamiento homosexual es un ejemplo de una compulsión reiterativa. En busca del amor y la aceptación, se enreda en una repetición de comportamientos de rendición y castigo de sí mismo, por medio de los cuales busca inconscientemente conseguir una victoria final y resolver su herida fundamental. La compulsión repetitiva incluye tres elementos: uno, intento de dominio de sí mismo; dos, una forma de castigo de sí mismo; tres, evitar el conflicto subyacente.

Para tales hombres, la satisfacción por medio del homo-eroticismo se ve incentivada por el temor anticipado a que su autoafirmación masculina cederá y resultará inevitablemente en humillación. Optan por una reconstrucción ritualizada con la esperanza de que, a diferencia de ocasiones anteriores, “esta vez finalmente conseguiré lo que quiero; con este hombre, encontraré el poder masculino de mí mismo” y “esta vez, la agobiante sensación de vacío interno desaparecerá por fin”. Es al revés: una vez más le ha dado a otra persona el poder de rechazarle, de humillarle, y de hacerle sentir que no vale nada. Cuando la situación que produce humillación se repite una y otra vez, esto solo refuerza su convicción de que él es realmente una víctima sin esperanza y, en última instancia, de que no merece que le amen.

Los hombres gay refieren a menudo que necesitan un “chute de adrenalina” que se ve acrecentado con un elemento de temor puro y duro. Existe toda una subcultura gay de sexo público que revela la excitación de actuar en lugares públicos como parques, baños públicos y gasolineras, y que está conducido eróticamente por el temor al ser descubierto y a la exposición.

El acto de sodomía es intrínsecamente masoquista. La relación anal, como violación de nuestro diseño corporal, es poco saludable y anatómicamente destructiva, daña al recto y difunde la enfermedad porque el tejido rectal es frágil y poroso. Psicológicamente, el acto humilla y desprecia la dignidad y masculinidad del hombre.

El comportamiento sexual compulsivo, con su elevado dramatismo y su promesa de gratificación, enmascara la tendencia subyacente, más profunda, más saludable, de conseguir un auténtico vínculo.

La disfunción en el mundo gay es innegable. Los estudios científicos demuestran las siguientes y tristes comparaciones respecto a los heterosexuales:
  • La compulsividad sexual es 6 veces mayor.
  • La violencia con su pareja es 3 veces mayor.
  • Realizan prácticas sádicas en proporción mucho mayor.
  • La incidencia de los trastornos del estado de ánimo y de ansiedad es casi el triple.
  • El trastorno de pánico es 4 veces mayor.
  • El trastorno dipolar es 5 veces mayor.
  • El trastorno de conducta es 3,8 veces mayor.
  • La agorafobia (temor a estar en lugares públicos) es más de 6,5 veces mayor.
  • La dependencia de la nicotina es 5 veces mayor.
  • La dependencia del alcohol es casi 3 veces mayor.
  • La dependencia de otras drogas es más de 4 veces mayor.
La promiscuidad está bien ilustrada en la investigación clásica de David P. McWhirter y Andrew M. Mattison, dos gay que informaron en su libro 'The male couple' [‘La pareja masculina’] (1984), de que, de 165 relaciones que estudiaron, ni una sola pareja había podido mantener la fidelidad durante más de cinco años. A los autores -ellos mismos pareja gay- les sorprendió descubrir que los “líos” con terceros no solamente ‘no’ perjudicaban la duración de la relación, sino que eran un factor esencial para su supervivencia. Concluían: “El hecho singular más importante que mantiene a las parejas unidas más de diez años es su falta de sentimiento de posesión (p. 256).

Reconociendo la dimensión amor-odio en la actividad homoerótica podemos empatizar con el intento reparativo del hombre homosexual para la resolución de su trauma infantil. Esto ofrece una ventana de compresión de por qué la comunidad gay mantiene una profunda insatisfacción a pesar de sus éxitos sin precedentes en conseguir la aceptación social.

La homosexualidad carece de significación en el mundo natural más que como síntoma, una consecuencia de hechos trágicos. A menos que sea algo de otro mundo, algo hecho de fantasía y deseo. Pero con la ayuda de los medios de comunicación, de Hollywood y del impulso político (el más reciente, el de la Administrción Obama), se ha inventado una nueva definición de la persona humana. Esta prestidigitación lingüística ha creado un producto de la imaginación; la ilusión erótica ha secuestrado la realidad. La antropología clásica ha sido invertida y se ha elaborado un nuevo hombre.

Cuando una persona se etiqueta a sí misma como “gay”, se mueve fuera del ámbito de lo natural y se aparta a sí mismo de la plena participación en el destino del hombre. De padres a hijos y de nietos a bisnietos, la semilla de un hombre es el vínculo entre las generaciones. Por medio de su ADN, vive en otras vidas. Cuando se implanta en el vientre de una mujer, su semilla produce una vida humana. Pero en el sexo homosexual, la semilla de la vida solo puede resultar en descomposición y muerte.

En el acto sexual natural, la raza humana se preserva, y el hombre pervive en las generaciones futuras. Pero en el acto sexual de origen traumático que viola nuestro diseño corporal, su poder generador produce muerte y aniquilación. Y así, la sabiduría del cuerpo presenta este contraste: nueva vida frente a descomposición y muerte.

No es sorprendente que veamos tanta insatisfacción en el mundo gay: no solo por la desaprobación social, sino porque el hombre que vive en ese mundo siente la futilidad de una identidad gay. Supone el fin de esa larga lista de ancestros que un día estuvieron unidos, a través de los tiempos, por el matrimonio natural.

En el mundo real, una identidad gay no tiene sentido. Solo como un síntoma, como una reparación erotizada de una pérdida de afecto, tiene sentido la homosexualida