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sábado, 15 de febrero de 2020

#hemeroteca #television #emociones | Una prodigiosa isla

Imagen: El País / Fotograma de 'La isla de las tentaciones'
Una prodigiosa isla.
El amor es la verdadera gran emoción y siempre estamos dispuestos a dejarnos llevar por ella, al ir al cine o al encender el televisor.
Boris Izaguirre | El País, 2020-02-15
https://elpais.com/elpais/2020/02/13/gente/1581623871_093306.html

Tres fuertes emociones nos han sacudido esta semana. La audiencia de los Oscar se desploma. El Mobile en Barcelona se cancela. Y ‘La isla de las tentaciones’ se despide, por ahora, con una audiencia del 30%, convirtiéndose en el programa más visto de Cuatro. Mientras los Oscar se han vuelto una gala predecible y aburrida, el final de 'La isla' es televisión pura y dura. Donde las cámaras lo desnudan todo.

Hace años, cuando escribía telenovelas, Belisario, un productor, irrumpió en el despacho de los guionistas y espetó: “Quiero un final de viernes en cada escena”. El final del capítulo del viernes tenía que enganchar al espectador hasta el lunes, por eso era importante. Pero, claro, enganchar en cada escena es ese punto trepidante que hoy en día solo posee la telerealidad. Y en 'La isla de las tentaciones', en ese momento cósmico de arena y hoguera, con Mónica Naranjo devenida en nueva diosa del fuego catódico, no podías despegarte porque allí estaba ese final de capítulo de viernes en cada pareja concursante.

La casi violenta ruptura de Susana con Gonzalo y su llanto desconsolado fue melodrama moderno, la cara oculta del Instagram. Reconozco que solté un "¡ay!" cuando Rubén dejó sola y abandonada a Estefanía, que ya se relamía de gusto imaginándose el futuro junto al chulazo. Delante del televisor mi grito de impacto reflejó que la televisión había conseguido ese momento mágico de emocionar a la audiencia. Desde el primer Gran Hermano no sentía algo así y eso que en ‘La isla’, todas las parejas eran heterosexuales. No deja de chirriar esta saturación heterosexual del programa. Un reputado peluquero de Madrid nos comentó que los concursantes de esta primera edición de ‘La isla’ habían cobrado poquísimo. Pero eso es solo el comienzo. Podríamos debatir sobre las razones del éxito del ‘show’ pero una explicación podría ser que su emisión coincidió con el nacimiento del nuevo Gobierno y la normalización del curso político. Con la tensión política más disuelta, la infidelidad de esos concursantes blancos y jóvenes se convirtió en un entretenimiento necesario.

La emoción lo mide todo hoy día y con facilidad olvidamos lo pasajera que es. Pero impera aunque es lo que lamentablemente falta en los Oscar. Ya ni es apasionante la alfombra roja porque hace falta alguien que haga una locura, que se salga de ese asfixiante molde de perfección ritual. Charlize Theron pareciera reiterar el mismo error de Sofia Vergara: ir vestida como si tuviera seis vestidos iguales con los que va repartiendo curvas en las alfombras rojas. Y lo de la capa de Natalie Portman con los nombres bordados de las directoras de cine que no fueron nominadas, quedó en ridículo cuando una auténtica activista, Rose Mcgowan, desveló que Portman, a pesar de poseer una potente productora, no contrata a directoras. ¡Qué boba la Portman! Tiene que aprender de Jane Fonda, que cuando recibió su primer Oscar, por ‘Klute’ en 1971, investigada y señalada por su activismo contra la guerra de Vietnam, no dijo ni una palabra acerca de ello en su discurso de recogida y este año salió a escena sosteniendo la chaqueta roja con la que ha sido detenida por manifestarse contra el cambio climático. Eso es emocionar en la dirección correcta, la de la implicación personal.

Algunas veces, los actores se dejan llevar por la intensidad y te dan miedo. Es lo que me pasó con el discurso de Joaquin Phoenix, a punto de volverse un teleevangelizador de la comida vegana. Una buena representante de actores de este país me dijo que a ella le había fascinado esa intensidad. Yo sigo pensando que tomarse a uno mismo demasiado en serio en público, me resulta un ejercicio agotador. Pero es probable que sin ese ingrediente los Oscar pierdan todo encanto.

De repente, mientras retumbaban las preguntas al ministro Ábalos sobre la rarísima e inoportuna visita de Delcys Rodríguez a Barajas, me topé con la noticia sobre la aparición de una carta de Martin Luther King escrita a un amigo expresando que el amor es la gran fuerza universal. Confieso que mi primera emoción fue pensar que el gran líder americano tuvo un amor homosexual. Sí, lo siento, soy así. Pero lo que sí es cierto es que el amor es esa gran fuerza, la verdadera gran emoción y siempre estamos dispuestos a dejarnos llevar por ella, al ir al cine o al encender el televisor.

miércoles, 15 de enero de 2020

#hemeroteca #television #heteronorma | La isla de la heteronorma

Imagen: Pikara / Grabación de 'La isla de las tentaciones'
La isla de la heteronorma.
El programa ‘La isla de las tentaciones’ es un catálogo de toda la mierda que nos tragamos en nombre del amor romántico y la heterosexualidad cuando los medios de comunicación son el embudo.
Irantzu Varela | Pikara, 2020-01-15
https://www.pikaramagazine.com/2020/01/la-isla-de-la-heteronorma/

Mónica Naranjo ha devenido en presentadora y está -espero que peleando contra la vergüenza ajena- lidiando con un programa, ‘La isla de las tentaciones’, de esos en los que ponen a un montón de gente que se cree muy lista -porque no lo es- y que se cree muy guapa -porque cree que es lo que importa- en los que la edición de los vídeos permite fingir que estás presenciando historias con el más mínimo interés, cuando estás presenciando el anodino espectáculo de la estupidez humana.

La fórmula es sencilla: cinco parejas “ponen a prueba” su relación, permaneciendo separadas unos días, en una villa caribeña, con un grupo de personas que pretenderán tentarlas. La gracia está en presenciar cómo se tambalea o se consolida la fortaleza de las parejas. O eso parece.

Pero este programa de mierda es un gran cañón de mierda heteruza y reproductora de la peor mierda del “romanticismo” (esa cosa que legitima que querer a alguien significa tener poder sobre esa persona y que causa la mitad de los feminicidios).

Y os cuento por qué.

El programa se basa en una serie de dogmas sacados de la manga de la heteronormatividad, según los cuales todo está bien como está y si no has encontrado a tu media naranja que te trate como a una princesa, cambia de frutero, rarita.

Dogma 1. Lo normal es ser heterosexual
Cinco parejas y las cinco son heterosexuales. Que es casi de agradecer, si lo pienso, porque en estos programas, en las pocas ocasiones en las que aparecen personas que muestren la mínima disidencia sexual suelen ser clichés que cumplen con los estereotipos que asustan a los heteros, pero aspiran al mismo tipo de relaciones que ellos. Maricas y (menos) bolleras emplumadas que dan penica y ternurica porque quieren quererse y casarse, como la gente.

Ni por ampliar audiencias se les ha ocurrido meter a alguna tentadora de heterocuriosas entre ellas o a algún tentador de heteroflexibles entre ellos. No vaya a ser que en directo se nos caiga eso de que a la gente normal le gusta la carne o el pescado (las pollas o los coños, vamos).

Dogma 2. Las personas normales son payas y blancas
Entre las veinte personas “tentadoras” hay varias racializadas -pero no mucho- (más entre ellas que entre ellos, ¡oh, sorpresa!) y migradas, por aquello de ponerle un poco de “salsa” y de «exotismo» a las tentaciones. Pero las personas “normales”, esas que han ido al programa a demostrar que El Amor Todo Lo Puede, son bien blancas, bien payas y bien españolas. Como tiene que ser. Y así queda bien clarito quiénes son las personas decentes, las de casarse y llevar a cenar a casa de tu madre, y quienes vienen “de fuera” a quitarnos lo que es nuestro.

Me encantaría escuchar las quejas de las personas que han creado el ‘casting’, protestando porque no tiene nada que ver con el racismo, que salió así, que el público tiene que sentirse identificado, que no ven colores, ven personas. Bueno, no.

Dogma 3. Los cuerpos normales son delgados y musculosos

Poca gente de la que sale en la tele se parece a las personas que andamos por la calle. Pero es que en este programa, los cuerpos son prácticamente idénticos, sin grasa, sin vello, sin cicatrices, sin diversidades, con las curvas obligatorias y los músculos de enseñar. Eso le quita hasta un poco la gracia, porque resulta difícil explicar diferencias evidentes entre esa cuadrilla de guerreras y guerreros de terracota, que parecen haber salido de una “cadena de montaje”. Como si no hubiera gente gorda, baja, con lorzas, con cicatrices, con brazos lacios, con tripa, sin culo, con pieles lánguidas, con pelos, sin pelo, con prótesis, con chepa. (O con tatuajes bonitos, porque de verdad, qué espantos.) Como si esas personas no se enamoraran, no follaran, no pusieran en peligro la pareja de nadie. Como si nadie quisiera verlo.

Dogma 4. Todas las parejas están en peligro
Vamos, que el amor de tu vida y tu media naranja y mi vida comienza cuando te conocí, pero tu proyecto vital está a unos días en un ‘resort’ hortera con un montón de maromos o maromas de irse al carajo. Todas y todos los participantes están con la mejor persona sobre la faz de la tierra, pero se cagan de miedo de pensar que ese ser maravilloso y celestial pueda pasar unos días tomando el sol y mojitos (porque les van a dar alcohol como si fuera una fiesta en mi casa, ya te lo digo) con gente depilada que va al gimnasio y respira.

La pregunta es ¿pero qué hace esta gente en su vida? ¿No viajan sin su pareja? ¿No salen de juerga por separado? ¿No trabajan? ¿No conocen gente por su cuenta?
La respuesta es no.

Dogma 5. La única alternativa a la monogamia es la traición
No he tenido que consultar a mi bola, ni leer a Deleuze, para entender que, si te vas a un programa en el que vas a conocer a gente por separado y eso te parece una prueba para tu amor, te has planteado que, en algún momento, una de los dos se folle a alguien. Y, a la vez, te parece que eso es lo peor que puede pasar. Entonces, ¿para qué vas? Si crees que existe la posibilidad de que alguna de las dos personas rompa con la exclusividad, ¿de verdad crees que la mejor opción es que lo graben, te lo pongan, y a la vez que tú se entere tu prima la del pueblo, tu vecino, y decenas de miles de personas desconocidas?

¿Has oído hablar del poliamor, de la negociación, de las parejas abiertas, de los pactos construidos entre personas que deciden cumplir sólo lo que han elegido prometer? Pareciera que el programa se ha construido sobre la obligatoriedad de la exclusividad sexual. Pero no es verdad. La gracia está en que quienes no tienen pruebas de que su pareja les ponga los cuernos (o -al menos- no las tienen también sus vecinos) se rían de cómo sufren quienes descubren lo idiotas que fueron cuando se creyeron que su amor -el suyo sí- era eterno.

Dogma 6. Los chicos tienen empresas y las chicas, su belleza
Y las chicas tienen 20 y los chicos 30. Ahora que ya se puede decir que esa chorrada de que las mujeres somos de Venus y no entendemos los mapas y los hombres son de Marte y no escuchan es una horterada, también hay que decir que es una perpetuación -velada pero eficaz- de los estereotipos sobre la masculinidad y la feminidad que están detrás de las desigualdades entre mujeres y hombres y, por tanto, de la violencia machista; lo que mola son los mismos estereotipos, pero con flecos nuevos.

Ellas (me refiero a “las otras”, las señoras que han sido seleccionadas para “tentar” a los incautos enamorados) son el ideal femenino: veinteañeras, modelos, ‘influencers’, presentadoras (de programas inexistentes). Mujeres jóvenes, bellas y complacientes. Con profesiones (a veces inventadas) que garantizan que su belleza es incuestionable. O que no tienen muchas más cualidades, quién sabe. Ellos (me refiero a “los otros”, los señoros que han sido seleccionadas para “tentar” a las incautas enamoradas) son el ideal masculino: treintañeros, empresarios, surferos. Hombres maduros y activos. Chulazos que hacen cosas. ¿Qué más se puede desear?

Por si te quedan dudas, varias de ellas dicen “yo soy una princesa” (y no hay constancia de que, por consanguinidad o como consortes, aspiren a ejercer la jefatura de ningún estado anacrónico) y alguno de ellos dice “soy Thor” (y no hay mazo a la vista).

Dogma 7. Una novia es una propiedad, un novio es un premio
Para ver a un hombre heterosexual comportándose como si la mujer con la que comparte proyecto vital fuera de su propiedad, algunas sólo tienen que abrir un ojo por la mañana. Pero, para las que hemos perdido la costumbre de la cohabitación hetero, o para las que nunca la encontraron, resulta chocante ver cómo chavalotes jóvenes, con su crestita y sus ‘tatoos’, hablan como «cromañones» de “sus” mujeres. Esos seres frágiles e inconscientes de su voluptuosidad, como las orquídeas. A las que ellos tienen que proteger, que no cuidar. Es “su” novia y, como decía Pancho en Verano Azul, cuando se enamoró como un quinceañero (que lo era) de Bea, “que ni el viento la toque”. Pues diría que te has equivocado de programa, chato.

Ellas no. A ellas les ha tocado el premio. Ese tío guapo y fuerte y listo (!), que han tenido la suerte de que las elija, es quien las hace especiales, ‘queribles’, importantes, distintas. Y por eso, uno de ellos, diciéndole a su novia la cosa más romántica que le puede decir un hombre a una mujer (que es, precisamente, la mayor mierda patriarcal que te puede decir un tío), va y le suelta: “No tienes rival”. Que, no os confundáis, amigas, no significa que eres la mejor mujer que hay sobre la faz de la tierra, que eso es una cosa que no te crees ni los primeros días, cuando todo es follar y endorfinas y no tienes ni hambre; sino una expresión misógina y antisororidad como pocas, que viene a decir “tú no eres como las demás”. “Las demás”, o sea “las mujeres”, no molan. Pero tú (y mi madre, ningún machista sin su Edipo), sí.

Dogma 8. Las demás mujeres son tus enemigas, sobre todo las solteras
Porque no hay premio para todas, chicas.

Los chicos majos y buenos y limpios y trabajadores y musculados y tatuados y con los huevos depilados no abundan. Aunque viendo este programa, pareciera que sí. Por eso, que todas lo sabemos, que no hay hombres para todas, la vida es una ‘ginkana’ para encontrar un hombre que te elija para que le chupes los huevos depilados. Y, una vez que lo has encontrado, una batalla como la de Beatrix Kiddo (¿cómo?, ¿que no has visto Kill Bill?) para espantar a todas las lagartas que van a hacer todo lo que puedan para robártelo. Y ser ellas las que le chupan los huevos.

Por eso ya casi todas las “legítimas” (las que pueden demostrar, de momento, que han sido elegidas al menos una vez) han dicho, en referencia a las diez mujeres que han sido seleccionadas para tentar a “sus” electores: “No es su prototipo”. Primero, cayendo en ese error de mierda de confundir “tipo” con “prototipo”, como si tuvieran enfrente a Terminator II. Y, segundo, dando a entender que su propio mayor mérito es responder a las expectativas de su elector, construidas antes de haberlas conocido. Y que su mayor miedo es que aparezca otra que las responda mejor. O que cambie las preguntas.

A ver, ¡par favar!, ¡que una de las parejas se conoció porque ella respondió “correctamente” a un cuestionario de “novia perfecta” que el elector había elaborado!

En resumen, aventuro que este culebrón caribeño, sin personas LGTBI, ni gordas, ni modelos de pareja diversos, ni pelos en el cuerpo, va a acabar con todas esas parejas. Y nos va a ofrecer un espectáculo de normalización del control, de la desconfianza, de la falta de empatía y de los celos. Y, cuando las feministas queramos enseñar nuestros cuerpos diversos, quitarnos o dejarnos los pelos, follar con quien y en los marcos que nos dé la gana, nos preguntarán que qué tiene que ver el feminismo con eso.

Irantzu Varela. Periodista y feminista. Coordinadora de Faktoria Lila, presentadora de Aló Irantzu en Pikara Magazine y creadora de El Tornillo en La Tuerka TV y Público. Lo mejor que le han regalado últimamente es una katana.