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martes, 19 de abril de 2022

#hemeroteca #masculinidad #masturbacion | Las pajas masculinas del ‘Solo sí es sí’

Público / Placeres masculinos //

Las pajas masculinas del ‘Solo sí es sí’.

Cristina Fallarás | Público, 2022-04-19

https://blogs.publico.es/cristina-fallaras/2022/04/19/las-pajas-masculinas-del-solo-si-es-si/ 

Leo que se ha abierto un lugar donde los hombres acuden a masturbarse juntos, hombres homosexuales y heterosexuales, más o menos un LGTBI que sustituyera la L de lesbianas por la H de heteros: HGTBI. En fin, todo aquel que tiene un pene que echarse a la mano y entiendo que solo aquel que tiene un pene.

No sabía de la existencia de tal tipo de oferta, pero a cualquiera que ha visto una escena del género pornográfico llamado doble penetración, pensado por y para consumo de hombres heterosexuales, le queda claro que los dos participantes macho sitúan y penetran a la mujer como excusa para practicar un sexo entre ellos que de otra manera les provocaría pudor o rechazo.

Como dicha oferta anuncia que es "un club de masturbación tradicional", debo entender que hay otros clubes que no son "tradicionales" y, antes aún, que existe una tradición de clubes donde los hombres acuden a masturbarse en grupo. Siento cierta estupefacción, pero se me pasa pronto. El sexo tiene sus vericuetos y este resulta pasmosamente simple. A los hombres le gustan sus pollas, algo de lo que a estas alturas no nos cabe ninguna duda. Les gustan y han sembrado calles y catálogos de objetos con esa misma forma, basta ver un bolardo tradicional, así, con su verticalidad y rematado en glande.

En sus propias palabras, se trata de "un lugar divertido y relajado donde los hombres que simplemente quieren desnudarse y acariciar a otros hombres pueden hacerlo de forma privada y cómoda, independientemente de su edad, raza, etnia, nacionalidad, política, creencias, orientación sexual o capacidad física".

Lo único que se hace allí son pajas. De hecho, según he leído a Guillermo Alonso en El País, pueden llamarse sencillamente ‘Jack off Club’, o sea, literalmente, "club de pajas". Las cosas claras. De pajas con la mano, nada de sexo oral, creo entender al leer sus instrucciones, pero también cabe que no sepa leer sus instrucciones.

Paso a transcribir su interesantísimo código de conducta, versión resumida:
  1. Solo masturbación.
  2. Nada va dentro de nada de nadie.
  3. PERMITIDO: Masturbarse, presumir, mirar, tocar a otros con consentimiento.
  4. NO PERMITIDO: sexo oral, contacto anal, acoplamiento ni nada sin consentimiento.
  5. Todo el mundo se desnuda o se queda en ropa interior o una camiseta.
  6. Pregunta verbalmente, con palabras. Obtén el consentimiento antes de correrte sobre los demás.
  7. Pregunta primero. Di "¿Puedo?" antes de tocar el pene de otro miembro.
  8. Mantener confidencialidad.
  9. Nunca reveles la identidad de otra persona.
  10. Nunca asistas cuando estés enfermo.
  11. Nunca traigas alcohol o drogas y no te presentes intoxicado. Sin poppers.
  12. Sé limpio. Lavarse las manos. Usa enjuague bucal. No uses fragancia.
  13. Interacciona tranquilamente. No distraigas a los demás hablando en voz alta.
  14. Las pulseras son señales de consentimiento. Rojo significa: "No toques mi pene". Verde significa: "Puedes tocar mi pene sin preguntar primero".
Sin duda, las reglas señaladas (por mí) en negrita están inspiradas en la Ley del Solo sí es sí impulsada por el Ministerio de Igualdad que encabeza Irene Montero. Y me sorprende gratamente, porque recuerdo infinidad de risas sobre si habría que llevar un papel para firmar en las citas en caso de querer follar, burlas sobre el hecho de que la mujer tenía que expresar si deseaba o no mantener relaciones sexuales, chacotas sobre la necesidad de "obtener consentimiento", etc. Todas ellas venían de hombres, y mira tú por dónde, cuando abren un club para masturbarse entre ellos, o masturbarse donde otros lo hacen, o masturbarse mirando, es lo primero que exigen.

Sin embargo, este club donde se juntan solo hombres va más allá. Pregunta primero. Di "¿Puedo?" antes de tocar el pene de otro miembro. En la Ley de Montero, sencillamente se requiere que de la mujer un gesto de asentimiento. Aquí queda claro que debe mediar palabra, debe decirse antes "¿Puedo?".

Ignoro si dicha exigencia se circunscribe solo a las cosas de los machos, o esa que no vale cuando tienen relaciones sexuales con hembras. En realidad, lo ignoro todo sobre este asunto porque trato de imaginar un club exactamente igual para mujeres, más concretamente para seres humanos con vulva, y no lo consigo. Sin embargo, podría tratarse de un avance o de una lectura de la Ley del ministerio de Igualdad llevada al extremo. En cualquier caso, desearía que cundiera el ejemplo. No estaría mal que todos los hombres heterosexuales se pasaran por un club de pajas y aprendieran lo que se llama respeto.

jueves, 5 de marzo de 2020

#hemeroteca #feminismo #violencia | ¿Nosotras contra nosotras?

Imagen: Público / Movilización feminista en Madrid, noviembre 2019
¿Nosotras contra nosotras?
Cristina Fallarás | Público, 2020-03-05

https://blogs.publico.es/cristina-fallaras/2020/03/05/nosotras-contra-nosotras/

Cuando respondes a una pregunta es porque la aceptas. O sea, en tu respuesta va implícito el reconocimiento no solo de quien pregunta, sino de los términos en los que lo hace. Valdría como ejemplo universal e idiota aquel "¿A quién quieres más, a mamá o a papá?".

He pasado un año largo negándome a responder a la siguiente pregunta sobre la prostitución: ¿Eres abolicionista o ‘regulacionista’? Y lo he hecho porque se trata de una pregunta trampa, además de una pregunta, si se me permite, boba. Me la he tenido que oír decenas de veces, en tanto que feminista, y todas y cada una de ellas he respondido lo mismo: Mi lucha es por los derechos de las mujeres y sobre todo contra la violencia física, sicológica, económica, social, política, educativa, sanitaria, legal etcétera que se ha ejercido siembre y se sigue ejerciendo contra nosotras.

Todo este tiempo, además, me he negado a escribir sobre el asunto, y si lo hago ahora es profundamente preocupada por la fractura brutal que se está imponiendo al movimiento feminista. Más bien, fracturas. Porque como la del abolicionismo / regulacionismo no acabó de funcionar, o sea no acabó de quebrarnos, ha llegado una nueva andanada, la de la transfobia. Y parece que esta viene más dura.

El feminismo es un movimiento político, universal y solidario. Político, no social. Universal porque abarca el mundo entero. Y solidario, porque aquello que funciona en Chile se aplica en Alemania, y la agresión de una mujer en Canadá tiene su representación y respuesta en Italia o Filipinas. Deberíamos remontarnos a principios del pasado siglo XX para encontrar un movimiento político de tal envergadura. Y eso da miedo, claro que da miedo. Eso pone en peligro los privilegios de la mitad de la población, pero sobre todo la construcción económica global y toda opresión derivada del hecho religioso. La lucha feminista es una lucha por los derechos de las mujeres y contra la violencia habitual y constante que se ejerce contra nosotras. Y es una lucha de clase.

Por eso resulta evidente que hay enormes sectores de poder empeñados en fracturar el movimiento, en no permitir que crezca, que prospere, que cunda. Y la mejor forma de quebrar una lucha es desde dentro.

En cuanto al asunto del ‘regulacionismo’ o no de la prostitución, la cosa es bastante simple. Demos por buena la idea de que la prostitución es un trabajo que algunas mujeres ejercen por voluntad propia y libremente. Bien, para regularlo, como sucede con cualquier otro sector, sería necesario un censo de trabajadoras. No se puede reglamentar un sector difuso y confuso. Hay que delimitar el objeto. Eliminemos del grupo, en esto el consenso es total, a todas aquellas prostitutas fruto de la trata; eliminemos también a todas aquellas prostituidas por uno o varios seres humanos a la fuerza; eliminemos a aquellas que lo son como consecuencia del maltrato habitual; eliminemos a aquellas que, a raíz de ser prostituidas o abusadas desde menores, han sido educadas en la prostitución... ¿Qué nos queda? ¿Cómo censamos ese poco o nada que queda? ¿Qué tipo de legislación laboral podría crearse, de acuerdo con los derechos humanos y con la no aceptación de una brutal opresión de clase?

Sin responder a las actuaciones y preguntas anteriores, la cuestión de "regulación, sí o no" se convierte en un enunciado vacío cuya única utilidad reside en enfrentar a una parte del feminismo con otra. Y alimentar la risa de todos los puteros que en el mundo son, o sea millones y millones de hombres. Engordar también, sí, la satisfacción de la carcundia antifeminista, de nuevo millones y millones, de hombres y de mujeres.

Vamos ahora con el asunto de la transfobia, porque es más complejo.

En las últimas conferencias o clases o debates en los que he participado, se me han acercado grupos de mujeres jóvenes a afearme mi supuesta transfobia. Entiendo que eso quiere decir que odio a las personas trans. Llevo los suficientes años defendiendo sus derechos como para no tener que extenderme en explicaciones. Pero baste decir que, por supuesto, contemplo el género como algo diferente al sexo, y que respeto cualquier opción, faltaría más. Tener que decir esto, a estas alturas, me produce sonrojo.

En general, las críticas me llueven del hecho de haber afirmado que yo no soy un "cuerpo gestante" sino una mujer. Porque así lo creo, soy una mujer, y tal afirmación no supone negar que otra lo sea, por descontado. ¿Dónde está, pues, el problema? Supongo que en aquello llamado cisgénero que define a aquellas personas cuya identidad de género coincide con su sexo. Yo nazco con vulva y soy mujer. O sea, soy cis. Bueno, pues aceptemos la definición. Se trata de nombrar. El problema empieza cuando cunde la idea de que ese "cis" supone un eje de represión y de fobia, que son equivalentes, que ser "cis", o sea mujer con vulva, me convierte en alguien macerado en odio que ejerce violencia contra quienes no son como yo. En términos de sexualidad, vendría a ser como si el hecho de ser heterosexual encerrara en sí mismo una agresión. O el hecho de ser blanca. Por supuesto, yo puedo ser blanca y antirracista, lo que sería idiota es pretender que soy negra. Yo soy bisexual, lo que jamás ha hecho que observe con recelo a las personas heterosexuales.

Y aquí viene el meollo de la cuestión: Debe mediar una intención aviesa para considerar que toda aquella persona que no es transexual es tránsfoba. Y debe mediar un movimiento bien orquestado para crear una corriente de pensamiento que cunda en tal dirección. De eso se trata.

Estamos hablando de feminismo y de violencia. Es en la construcción del feminismo y la lucha contra la violencia y contra el capitalismo que la sostiene donde deberían centrarse todos nuestros esfuerzos, ¡madre mía lo que todavía nos falta!, y sin embargo llevamos ya demasiado tiempo enredándonos en debates impuestos y aparentemente incomprensibles. Incomprensibles a no ser que una se pregunte el clásico ‘Qui prodest’: ¿A quién beneficia?

Este miércoles, a cuatro días de la manifestación del 8M, he oído a Diana Cardo, activista trans, declarar a un periodista de la cadena Cuatro que si hace falta usarán "la violencia" (¿ella y quién más?) en la movilización para defender sus derechos.

¿De verdad hemos llegado a este punto?

¿De verdad una mujer activista y en teoría feminista cree que va a darse de hostias con otras mujeres feministas en una manifestación organizada a favor de los derechos de las mujeres y contra la violencia machista?

¿De verdad nosotras contra nosotras?

De nuevo: ¿A quién beneficia? Responda cada una lo que le venga en gana, pero tratemos de no lanzar la respuesta contra la cara de la que tenemos al lado. Si acaso, propongo echar una ojeada a los que, un poco más allá, se están frotando las manos muertos de la risa.

miércoles, 17 de julio de 2019

#hemeroteca #antifeminismo #lgtbifobia | Carmena: feminazis, maricones e inmigrantes, no Catalunya.

Imagen: El País / Ada Colau y Manuela Carmena
Carmena: feminazis, maricones e inmigrantes, no Catalunya.
Cristina Fallarás | Público, 2019-07-17
https://blogs.publico.es/otrasmiradas/21350/carmena-feminazis-maricones-e-inmigrantes-no-catalunya/

Vaya por delante que los nacionalismos, sean catalán, español o de cualquier otro sitio, me producen alergia. Todos la misma alergia, cuyos síntomas son prevención, hartazgo por la limitación intelectual y sospecha de corrupción encubierta.

Dicho está.

Esta misma semana, en una visita a Barcelona, la exalcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, ha responsabilizado al independentismo catalán de la aparición de Vox. Ha situado la aparición de una ultraderecha fuerte en España entre las consecuencias del 1 de octubre. Francamente, al oírla me pesó lo reducido y caduco de dicho análisis.

Recuerdo los movimientos del partido de Santiago Abascal durante la campaña a las elecciones andaluzas del pasado 2018. La extrema derecha arrancó con el “España se rompe” y consiguió movilizar a una parte de la población, de manera que parecía que iba a conseguir un par de escaños. No tardaron mucho en darse cuenta de que ese camino no les iba a procurar tan pingües beneficios como las mujeres, en general, y el feminismo y la violencia machista en particular. Aparecieron entonces con fuerza, durante la segunda semana de campaña, la idea de los “chiringuitos” feministas dedicados a la lucha contra la violencia de género, y la de que respondían a la caradura de unas feministas a las que tacharon de “fundamentalistas” y “supremacistas”, de interponer denuncias falsas e incluso de matar a sus criaturas. Ahí sí que consiguieron que la cosa se pusiera calentita y, de paso, 12 escaños que nadie se esperaba.

En mi opinión, yerran quienes creen, como Carmena, que dicha victoria –lo fue— resultó fruto de una denuncia contra el ‘procés’ o el “España se rompe”. Se trataba de machismo y misoginia puros y duros. Machismo y misoginia que no han dejado de alimentar. Y de criminalizar brutalmente a los y las inmigrantes con un racismo alegre y desinhibido. Cuando un partido alimenta una idea lo hace porque tiene comprobado que aumenta su popularidad, o sea sus votos.

A la ultraderecha de Vox, no nos engañemos, le han dado votos el odio hacia las mujeres o los inmigrantes. Y contra el movimiento LGTBI.

Cabe recordar aquel argumentario del partido publicado por el periodista Antonio Maestre en el que se afirmaba que los participantes en la fiesta del Orgullo “impregnan el centro de la ciudad de un hedor insalubre e insoportable”. O que protagonizan “escenas sexuales grotescas a la vista de familias con niños”. De ahí ya han pasado, como en el caso de las feministas, a acusarles de fundamentalistas, supremacistas y beneficiarios de “chiringuitos” pagados “por todos los españoles”.

Los fachas saben que todo ello no solo da resultados, sino que se esparce y mancha como el pringue que produce la putrefacción: la consejera de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación de la Junta de Andalucía, Rocío Ruiz, de Ciudadanos, no ha tardado en sumarse a sus tesis ‘chiringuiteras’. El Partido Popular, por descontado, ya estaba ahí. De la misma forma que la candidata a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, se sumó a la LGTBIfobia arguyendo que no se podía recluir la fiesta del Orgullo porque “es escenario de las familias”.

No aprendemos. Todo esto lo conocemos bien, o deberíamos conocerlo. Todos los movimientos represivos y la extrema derecha en general se han basado siempre en un odio descarnado que tiene tres patas: las mujeres libres y el feminismo, el colectivo homosexual y transexual, y el racismo contra la inmigración.

¿Hace cuánto que no oímos a la extrema derecha hablar de Catalunya, del procés, del “España se rompe”? Pues eso.

miércoles, 14 de febrero de 2018

#libros #literatura #memoria | Honrarás a tu padre y a tu madre

Honrarás a tu padre y a tu madre / Cristina Fallarás.
Barcelona : Anagrama, 2018 [02-14].
224 p.
Colección: Narrativas hispánicas.
ISBN 9788433998514 / 17,90 €

/ ES / NOV
/ Crónicas / Guerra Civil / Literatura / Historia – Siglo XX / Memoria histórica / Testimonios

«Me llamo Cristina y he salido a buscar a mis muertos. Caminando. Buscar a mis muertos para no matarme yo. ¿Para vivir? No estoy segura. Convocarlos, dialogar con mis muertos.» La protagonista de este libro, que no por casualidad se llama como la autora, emprende un viaje –físico e íntimo– en busca de los secretos del pasado familiar y de su propia identidad.

La búsqueda llevará a Cristina a tirar del hilo de las historias de varias generaciones, a descubrir desapariciones, huidas y muertes, heridas que nunca cicatrizaron. Uno de los mayores silencios que la rodean es el que atañe a algunos hechos sucedidos durante la Guerra Civil: un fusilamiento en Zaragoza, alguien que murió en lugar de otro, un alférez de origen mexicano que presenció ese acto bárbaro, dos personas de bandos contrarios que acabaron unidas en la posguerra... Pero esta inmersión en los secretos familiares va mucho más lejos y lleva a otros periodos, a los años veinte, a la guerra de África, a México, a líos de faldas, a niños que fueron criados en un internado...

Este libro singularísimo y fascinante está escrito a caballo entre la crónica y la novela, de modo que la ficción ayuda a iluminar, a desvelar aquellas zonas de sombra hasta las que la protagonista no logra acceder a través de sus indagaciones, de los documentos escritos que descubre y los testimonios que logra escuchar.

Fallarás nos propone una narración que va más allá de los trillados tópicos sobre la Guerra Civil y que, a través de las pequeñas historias, retrata la evolución política y sociológica de un país. Esta es una novela que contiene muchas novelas, una saga familiar sobre hechos reales que parecen dignos de una ficción y una indagación en la que la ficción ayuda a explicar la realidad. Una obra que habla de traiciones, desengaños y violencia, pero también de bondad, resistencia y esperanza.

Cristina Fallarás (Zaragoza, 1968) ha ejercido como periodista en diversos medios de comunicación y ha publicado varios libros, entre los que destacan las novelas ‘No acaba la noche’ (2006), ‘Así murió el poeta Guadalupe’ (2009), ‘Las niñas perdidas’ (2011), Premio Internacional de Novela Negra L’H Confidencial y Premio Internacional Dashiell Hammett, y ‘Últimos días en el Puesto del Este’ (2011), Premio Ciudad de Barbastro de Novela Breve, así como el testimonio en primera persona ‘A la puta calle. Crónica de un desahucio’ (2013).

martes, 30 de mayo de 2017

#hemeroteca #patriarcado | La virgen, la puta y la medalla

Imagen: El Mundo / 'Kichi' en Carnavales 2016
La virgen, la puta y la medalla.
Cristina Fallarás. Periodista | Público, 2017-05-30
http://blogs.publico.es/otrasmiradas/9004/la-virgen-la-puta-y-la-medalla/

Nunca me han insultado tanto como cuando me meto con la Virgen. Así que no voy a enrollarme, que luego se me lían. Voy concisa:

La iglesia católica (o sea lo que somos los/as españoles/as, incluso los rabiosamente ateos) maneja dos modelos básicos de mujer: Eva y la Virgen María.

Los dos modelos están construidos contra la mujer.

Eva somos todas. Y la Virgen, ninguna.

Eva es el paradigma del pecado y la tentación, la lubricidad y el daño al macho. Por culpa de Eva (que, insisto, somos todas), el macho cayó en el pecado. Él no quería, pero la muy puta le dio una manzana y ahí se fue todo al demonio. Eva es culpable. Todas las mujeres, según esa construcción, nacemos ya con el estigma de la culpa (de ahí que no tengamos cabida en las instituciones católicas, entre otras cosas). Y la culpa se castiga, se pena y se hace pagar.

Frente a Eva, la Virgen.

La Virgen es lo opuesto al sexo, al pecado, a la manzana y a la puta, que tienta. O sea, la Virgen es la que no copula, no como tú, marrana. Eso sí, en el colmo de lo rizado de su tirabuzón, pese a no copular, queda preñada. La Virgen es el modelo puro, la aspiración, aquello que no eres (porque eres la otra, so pecadora), pero deberías anhelar. Es lo contrario a la sangre, fuente de toda impureza. No necesita sangre ni sexo para ser madre, a ver si otras aprenden.

Nosotras, con nuestra sangre. Ella, con su paloma.

Así que, del mismo modo que mereces castigo por lo de la manzana, o sea por ser Eva, lo recibirás también por no ser la Virgen, como deberías. Por ambas razones, la mujer es la culpa andante. O sea, merecedora de toda condena, posterior castigo y denigración.

Puede usted ver o no ver relación entre todo esto y la violencia contra las mujeres. Allá su capacidad de conexión.

Ahora, señores de uno y otro lado, Kichis y Fernández Díaz de turno, pónganle una medalla a Santa María de Loquelesplazca.