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jueves, 3 de octubre de 2024

#libros #testimonios | Yo no soy esa que tú te imaginas : Mari Trini, una memoria sentimental

Yo no soy esa que tú te imaginas : Mari Trini, una memoria sentimental / Miguel Fernández.
Barcelona : Plaza & Janés, 2024 [10-03].
336 p.

/ ES / Libros / BIO / Artistas / Feminismo / Lesbianismo / LGTBI+ / Mari Trini / Memoria sentimental / Mujeres / Música / Testimonios

📘 Ed. impresa: ISBN ‎9788401035395 / 22.90 €
📝 Cita APA-7: Fernández, Miguel (2024). Yo no soy esa que tú te imaginas : Mari Trini, una memoria sentimental. Plaza & Janés.

Todo lo que nunca se ha contado sobre Mari Trini. “Yo no soy esa que tú te imaginas” nos acerca a una de las artistas más populares y quizá más enigmáticas de la música española; una cantautora inigualable que abrió caminos, en todos los sentidos, a las generaciones que la siguieron. Tras un largo proceso de investigación, esta biografía indaga en las facetas que, durante medio siglo, han alimentado la leyenda en torno a su figura: la singularidad de su aspecto, la enfermedad que marcó su infancia, la relación con Nicholas Ray -menos idílica y desinteresada de lo que aparentaba-, el pulso constante con una industria discográfica manejada por hombres o las razones del injusto ostracismo al que se vio sometida en sus últimos años de vida.

Liberada de la falsa imagen que siempre la presentó como solitaria, arisca y triste, Mari Trini se nos muestra ahora como una mujer luchadora y valiente; empoderada, pertida y solidaria; capaz de vivir su sexualidad sin ocultarse, de plantar cara a la censura y al machismo; y de mantenerse siempre fiel a sus ideas. A medio camino entre la nostalgia y la reivindicación, este libro recupera la voz de una estrella, icono de los movimientos feministas y LGTBIQ+, que se apagó demasiado pronto en el olvido después de haber brillado con intensidad suficiente para iluminar nuestros días.

jueves, 10 de junio de 2021

#libros #testimonios | La vida rota : la biografía definitiva de Amparo Muñoz

La vida rota : la biografía definitiva de Amparo Muñoz / Miguel Fernández.

Barcelona : Roca, 2021 [06-10].
350 p.

/ ES / Libros / BIO / Amparo Muñoz / Capital erótico / Certámenes de belleza / Drogas / Iconos / Interpretación / Mujeres / Testimonios / Transición

Ed. impresa: ISBN ‎9788418557279 / 18.90 €
Cita APA-7: Fernández, Miguel (2021). La vida rota : la biografía definitiva de Amparo Muñoz. Roca.
«Cuando quise decir no, ya era tarde. Lo he pagado caro.» - Amparo Muñoz
En el verano de 1974 el mundo entero sucumbió ante la belleza de Amparo Muñoz, una sencilla muchacha malagueña que acababa de ser elegida Miss Universo en Manila. Apenas seis meses después, se convertiría en la primera miss que renunciaba al título pese al contrato leonino que pretendía ligarla a la organización durante años. Convertida en uno de los iconos de la Transición, en los ochenta Amparo se deslizó por la peligrosa pendiente del consumo de droga que, además de ocasionarle algún problema con la justicia, la llevó a la ruina económica y al ostracismo profesional. Cuando, libre de adicciones, se disponía a recuperar su carrera de actriz, varias enfermedades la obligaron a recluirse en la casa familiar, de la que había salido treinta años antes para presentarse a un concurso de belleza a escondidas de sus padres. Allí murió en 2011, perseguida de cerca por los paparazzis y luchando con todas sus fuerzas por aferrarse a una vida que, en cierto modo, le habían arrebatado mucho antes...

jueves, 7 de mayo de 2020

#libros #testimonios | Desafiando al olvido : Waldo de los Ríos, la biografía

Desafiando al olvido : Waldo de los Ríos, la biografía / Miguel Fernández.
Barcelona : Roca, 2020 [05-07]. 
398 p.
/ ES / BIO / Armarios / Cultura popular / Franquismo / Historia – Siglo XX / Homosexualidad / Memoria sentimental / Música / Transición / Waldo de los Ríos

📘 Ed. impresa: ISBN 9788418014444 / 18.90 €
📝 Cita APA-7: Fernández Miguel (2020). Desafiando al olvido : Ealdo de los Ríos, la biografía. Roca.

[.es] Poco antes de la medianoche del 28 de marzo de 1977, un amigo encontró moribundo al compositor Waldo de los Ríos en el dormitorio de invitados de su casa madrileña. Desde hacía varios meses, De los Ríos atravesaba una mala racha: había adelgazado mucho, bebía, trasnochaba, tomaba constantemente tranquilizantes y se sentía amenazado por unas extrañas llamadas telefónicas de las que no daba muchos detalles. Además, vivía obsesionado con la idea de perder la fortuna que había amasado desde que, ocho años antes, compusiera el ‘Himno a la Alegría’, un disco que alcanzó el éxito en Estados Unidos, Alemania o Canadá. Su peculiar forma de orquestar había servido, además, para lanzar al estrellato a artistas como Raphael, Karina o Mari Trini. Por sus manos, habían pasado muchos de los éxitos de los años sesenta y setenta: desde ‘Cállate niña’, a ‘La Yenka’ pasando por la sintonía de ‘Curro Jiménez’. Aunque era un personaje popular en España, Argentina o Francia, Waldo de los Ríos se sentía solo y triste en aquél duro invierno de 1977, en el que sucesos como los asesinatos de Atocha, la catástrofe aérea de Los Rodeos o los atentados de ETA sobresaltaron a la sociedad española. Junto a la cama en la que fue hallado malherido, la policía encontró una escopeta, varias fotos, dos casetes que reproducían las voces de un hombre y de su madre, y una cámara de vídeo. Pese a las dudas de algunos amigos y familiares, la investigación policial concluyó con celeridad que el músico se había suicidado. Poco después, el cadáver, fue embalsamado y trasladado en un ataúd sellado a Buenos Aires, donde la dictadura argentina le negó cualquier reconocimiento público. Casi medio siglo después, la pregunta sigue sin respuesta: ¿Qué hubo detrás de la muerte de Waldo de los Ríos?

viernes, 10 de abril de 2020

#hemeroteca #memoria #homosexualidad | ¿Por qué se suicidó Waldo de los Ríos?

Imagen: La Vanguardia / Waldo de los Ríos
¿Por qué se suicidó Waldo de los Ríos?
Una biografía recupera al gran compositor de los años 60 y 70, que lanzó a Raphael, Karina o Mari Trini.
Xavi Ayén | La Vanguardia, 2020-04-10
https://www.lavanguardia.com/libros/20200410/48398557379/waldo-de-los-rios-biografia-musica-raphael-jeanette.html

Atención, pregunta: ¿qué tienen en común ‘Por qué te vas’ de Jeanette, el ‘Himno a la alegría’ que cantaba Miguel Ríos, ‘El tamborilero’ de Raphael, ‘La vida sigue igual’ de Julio Iglesias, ‘El baúl de los recuerdos’ de Karina, la melodía del concurso televisivo ‘Un, dos tres’...? Todas ellas son obra del compositor argentino Waldo de los Ríos (1934-1977), que se suicidó de dos tiros de escopeta en su casa de Madrid y que es responsable, aunque no lo sepamos, de varias de las canciones que más se han tarareado durante los años sesenta y setenta.

Multimillonario hecho a sí mismo que se paseaba por la calle en Lamborghini, esposo de la actriz Isabel Pisano, homosexual reprimido, amigo de Fellini, rival musical de Ástor Piazzolla, actuó ante la reina de Inglaterra, Frank Sinatra o Eva Perón y le dijo que no a Stanley Kubrick cuando éste le suplicó en vano que hiciera la banda sonora de ‘La naranja mecánica’. Es obvio que semejante personaje necesitaba una biografía. Y ya la tiene: ‘Desafiando al olvido’ (Roca Editorial) del periodista Miguel Fernández (Granada, 1962), que se ha puesto a la venta en formato electrónico y espera a la primera semana de junio para su aparición en papel en librerías.

Leyendo el libro, uno casi se pregunta más bien: ¿qué es lo que no hizo Waldo de los Ríos? ¿en qué canción conocida no intervino? “Tenía un ego tan fuerte –admite Fernández, en conversación telefónica– que quería estar en todos lados, sufriendo por todo, hiperactivo y obsesivo”.

¿Por qué se suicidó Waldo? “Esa pregunta se la hace todo el mundo. Estaba en plenitud de facultades, era rico y famoso, lo tenía todo... Entre los próximos late un sentimiento de culpa: ¿nadie se dio cuenta del drama? Había perdido cuarenta quilos, dejó de dormir, compraba medicamentos a gogó...”. En su día, se especuló con el asesinato. El autor, que ha leído el sumario judicial, afirma que “la policía franquista cumplió con su tarea: investigó, encontró, hizo hablar a los testigos con todos los métodos y dureza a su alcance y en un plazo rápido llegó a conclusiones y dejó la historia cerrada, aparentemente. Frente a eso, las dudas por la vida noctámbula y las malas compañías”.

¿Cómo distinguir si una canción lleva los arreglos de Waldo o no? Fernández se ríe: “Pues igual que se distingue un coche de lujo de un 600. Waldo trabajaba con orquesta, grabó el ‘Himno a la alegría’ en estudio con más de 120 músicos, actuó ante la reina de Inglaterra con 96 intérpretes más coro. La riqueza musical es enorme. Las canciones de Karina pueden parecer unas letras insustanciales, adolescentes, pero tienen un soporte de violines, cuerdas y metales maravillosos. Karina y Mari Trini grabaron en los 80 y 90 sus viejos temas y ya fue solo con una escasa decena de músicos, un resultado que es una sombra del que habían obtenido con Waldo, quien, además de esa ampulosidad, tenía la idea de la orquesta como algo sublime, él se sentía la reencarnación de Beethoven, y a su idea se consagró la avanzada técnica de Hispavox, que usaba el muro de sonido que hacía servir Phil Spector en EE.UU.”.

Hijo de padre guitarrista y madre cantante (Martha de los Ríos), se casó con la actriz y escritora uruguaya Isabel Pisano, autora de libros como ‘Yo, puta’ o ‘El papiro de Sept’, e intérprete en programas como ‘Los chiripitifláuticos’ o en películas como ‘Casanova’ de Fellini o ‘Bilbao’ de Bigas Luna. Fernández ha hablado largamente con ella y la hizo enfadar al sacarle el tema de la homosexualidad de su marido, “que yo creo que era un rasgo importante de su personalidad”.

Una de sus angustias era arruinarse. “Se mató en marzo –responde Fernández– y tres meses después la serie ‘Curro Jiménez’ se convertía en fenómeno sociológico, con la cabecera musical de Waldo, esa fanfarria con que sale el bandolero por la serranía de Ronda a caballo. Se hubiera vuelto a forrar. Pero sus miedos eran injustificados, nunca tuvo problemas económicos. Ganó muchos millones. Se habla mucho de ‘Macarena’ de Los del Río, pero, en 1970, desde unos estudios musicales en España, se fabrica un disco que fue número 1 en medio mundo, su versión del ‘Himno a la alegría’. Se grabó en español y en inglés, y estuvo en las listas de más vendidos en 65 países, le felicitaron hasta los Beatles. Se vendieron 7 millones de discos, sin mercadotecnia, a pelo, en un plazo récord”. De los Ríos “temía que, con su ritmo de gastos, podía llegar un momento en que quebrara, le entró la angustia de vivir, un miedo a ser feliz, que se le somatizó en esa paranoia a quedarse sin dinero”.

Su fama le acercó al poder. Una vez, lo llamaron al Palacio del Pardo, y Carmen Polo, la esposa del dictador, le reveló: “A Paco le gusta mucho Karina”. El socialista Felipe González, impresionado con la nueva vida que le dio a la Novena de Beethoven, le encargó que renovara también el himno marxista ‘La internacional’; “creo que ya tienen pereza de cantarla tal cual”, opinó el compositor, que se tomó la tarea en serio “dándole vueltas a un disco del grupo Bandiera Rossa que se trajo de Italia” pero no llegó a consumarla. José María Ruiz-Mateos, en su etapa de plenitud empresarial, le encargó un himno para Rumasa, este sí finalizado. Colaboró en varios proyectos –películas, series y programas– de Chicho Ibáñez Serrador.

Se peleó con Joan Manuel Serrat porque “la discográfica Zafiro le impuso a Waldo, aunque con seudónimo porque éste tenía contrato con Hispavox, pero se lo disputaban. Igual que dinamizó a Marisol, esperaron que con Serrat también funcionaría, y grabaron juntos canciones como ‘Tu nombre me sabe a yerba’ o ‘Poco antes de que den las diez’... y, bueno, están muy bien pero Serrat suena como Alberto Cortez, no se sentía cómodo, aunque se quedó con efectos de Waldo como el sonido de las moscas, que parece que revolotean”.

El sueño de De los Ríos era “haber sido director de música clásica, quería ser Manuel de Falla, a quien llegó a conocer, se sentó en su rodilla de niño, pero para vivir tuvo que recurrir a la industria y hacer arreglos pop, eso le cerró la puerta a la clásica. Él se quejaba de que los compositores ‘serios’ ni siquiera le hablaban, o le ninguneaban. Eso, unido a su debilidad espiritual, le llevó a la depresión. Y la intelectualidad lo machacó por lo de versionar –ellos decían ‘destrozar’– a Beethoven, hay un artículo demoledor de Terenci Moix en ‘Destino’ que lo pone a caer de un burro. El único que lo trató bien fue Manuel Vázquez Montalbán, quien reconoce su labor en ‘Crónica sentimental de España’. La ‘movida’ lo consideró antiguo y cutre, la prueba está en la gran cantidad de material que ha quedado inédito”.

Junto a eso, la parte más sórdida, con los vídeos domésticos en que grabó alguna orgía con hombres; o las dos cintas de casete que se puso el día de su muerte, una con la voz de su madre y otra con la de su amante, al que grababa en sus conversaciones telefónicas.

El libro se ocupa de su labor lanzando a nuevos talentos. “Karina tenía una pequeña carrera y se la llevó a Eurovisión y quedaron segundos, Mari Trini había grabado un disco, Raphael venía de Francia (fue una cesión a Hispavox) pero él los catapultaba a la fama, no hay más que escuchar cómo sonaban antes y después de pasar por sus manos”..

martes, 7 de abril de 2020

#hemeroteca #memoria | Waldo de los Ríos, la soledad era eso

Google Imágenes / Waldo de los Ríos
Waldo de los Ríos, la soledad era eso.
Artículo escrito por el autor de 'Desafiando al olvido’, la biografía de Waldo de los Ríos (Roca Editorial).
Miguel Fernández | Huffpost, 2020-04-07
https://www.huffingtonpost.es/entry/waldo-de-los-rios-la-soledad-era-eso_es_5e8b72d5c5b6e1a2e0f81c70

La música llegó a mi casa al atardecer. Quizás era invierno porque recuerdo que para ir a abrir la puerta, mi tía se apartó de la mesa de camilla, en aquellas casas bajas que el franquismo había repartido para socorrer a los damnificados por el terremoto. El caso es que llamaron a la puerta y en minúsculo cuarto de estar se presentó Juan 'el de la luz', el comerciante que vendía electrodomésticos a plazos en el barrio. Sin que yo lo supiera, mi padre le había encargado un tocadiscos Phillips Al transistor. Acabábamos de terminar de pagar las letras de la televisión Iberia, que habíamos comprado un par de años antes.

Lo que apareció al retirar el embalaje, me fascinó. La tapadera y al mismo tiempo altavoz era de color blanco, suave al tacto. En uno de los laterales, el asa, quizás un poco oscura, permitía llevar el tocadiscos a cualquier lugar como si de un maletín se tratara. Perfectamente combinado con el resto de elementos, el brazo y la base estaban terminados en un rojo vivo.

El prodigio había durado sólo unos instantes porque enseguida recordé que no teníamos ningún disco que escuchar en aquella maravilla de la técnica y el progreso. Juan nos miró con benevolencia, abrió la cartera donde guardaba las facturas y el dinero y sacó...

–¡Una placa!–exclamó mi tía, que probablemente no estaba al tanto del cambio en la denominación, mientras daba un paso atrás para que mi prima y yo pudiéramos seguir la demostración de 'El de la luz'.

–Una vez colocadas las seis pilas gordas, se deja el aparato en una superficie plana y firme. Nada de ponerlo sobre la mecedora o la cama, que puede desajustarse y romper la aguja. Lo mejor es que lo escuchéis encima de la mesa, como estamos haciendo ahora. ¿Veis? Como vamos a utilizar un disco pequeño se pone sobre el eje esta piececita redonda y esta palanca la llevamos a donde dice 45. Ahora tiramos del brazo hacia atrás y con mucho cuidado...

La voz de Karina se extendió por toda la casa...

–¡Es el Doctor Zhivago! –reconoció mi madre.

–Bájale la voz, los vecinos... –advirtió mi tía.

Desde aquella tarde de mediados de los sesenta, Karina, Alberto Cortez, Los Ángeles y, ya en las puertas de la adolescencia, Mari Trini, se convirtieron en mi compañía diaria. Junto a ellos, de vez en cuando aparecía en la tele Waldo de los Ríos, un personaje de gafas estrambóticas que dirigía la orquesta.

Como a tantos niños de aquel “baby boom”, Waldo, Rafael Trabucchelli y las grabaciones de Hispavox llenaron de luz y color los días azules de una infancia marcada por la aparición de una clase media capaz de comprar piso, utilitario, lavadora y tocadiscos. El mismo grupo social que, en cierta medida, se sintió huérfano y hasta desorientado a la muerte de Franco, a mediados de los setenta.

Entre la llegada de la tele, en blanco y negro por supuesto, a casa hasta la aparición del color discurre la estancia de Waldo de los Ríos en España. O, lo que es lo mismo, entre 'Escala en HiFi' y su intento de adaptar 'La Internacional' para las elecciones de 1977; entre 'Historias para no dormir' y 'Curro Jiménez'; entre los 25 años de paz y la matanza de Atocha. Así se escribe la historia.

Vistos ahora con distancia, no fueron muchos años, apenas quince, en las que el músico no dejó de buscar ni un sólo día su superación como creador y su libertad personal. A medio camino entre lo uno y lo otro, por su vida se cruza, a principios de 1970, el ‘Himno a la alegría’, ese que ahora se canta de balcón a balcón para desafiar el confinamiento y que, mucho antes de internet y la globalización, consiguió ser un éxito en 65 países.

Mientras medio mundo coreaba, como ahora mismo en la pandemia del Covid-19, la fraternidad universal, esa que había llevado al hombre a la Luna pero también a Vietnam, Waldo cobraba cheques con seis ceros en dólares. Ni la fama, ni el dinero, ni su capacidad creativa pudieron evitar que el compositor se deslizara por una peligrosa pendiente emocional que lo llevaría primero a la muerte y después al olvido.

Muchos años después, cara a cara con mi propio pasado, recordaría la tarde aquella en la que 'Juan el de la luz' me llevó a conocer la música. Decidí contar entonces la existencia atormentada de Waldo de los Ríos, aquél tipo grande y silencioso que en la tele o los discos supo hacernos tan felices.

Fueron, apenas, cuarenta y dos años de soledad. Toda una vida.